Categoría: sociedad

  • ¿Por qué el mundo está mejor que nunca y la gente piensa que está peor que nunca?

    ¿Por qué el mundo está mejor que nunca y la gente piensa que está peor que nunca?

    ¿Por qué el mundo está mejor que nunca y la gente piensa que está peor que nunca?

    Vamos a recapitular un poquito. ¿El mundo está mejor que antes?

    Bueno, vivimos en el mundo más pacífico de la historia de la humanidad, la brecha entre mujeres y hombres es más estrecha que nunca, la violencia doméstica es cada vez menor y el número de violaciones a mujeres va en picada, cada vez tenemos menos personas dentro de la pobreza extrema, la esperanza de vida es la más alta de la historia y un largo etcétera. Hay datos duros que confirman todo esto.

    Sin embargo, en el mismo mundo se vive un ambiente más bien pesimista, como si todo hubiera sido peor que antes. Este vicio no hace distinciones políticas (tanto desde la derecha como de la izquierda se dice que el pasado fue mejor).

    Va un ejemplo: Aunque la mujer tiene un papel cada vez más preponderante en la sociedad y el hombre es más feminista que la mujer de hace 15 años, hoy se insiste cada vez más en la opresión del patriarcado. Cierto que todavía no se ha llegado al punto ideal y es cierto que las feministas tienen camino por recorrer, pero no se puede negar todo lo que ya se ha avanzado y los cambios dentro de la sociedad con respecto a este tema. 

    Va otro: Hoy más que nunca se habla de la violencia que existe dentro del mundo (excluyo a México porque en nuestro país la violencia ciertamente no ha menguado), se toman como referencia los ataques terroristas en diversas urbe como Europa, pero cuando se suman la cantidad de muertos por año, llegamos fácilmente a la conclusión de que la violencia se ha venido reduciendo de forma dramática. 

    Incluso el siglo pasado, que vivió dos crueles guerras mundiales, fue más pacífico que los siglos pasados. Pero la percepción es que no fue así, se pinta al mundo moderno como el más violento, cuando en realidad el ser humano se ha vuelto más pacífico con el tiempo.

    Y va otro: Hoy cada vez más que nunca se habla de las injusticias sociales que derivan en la pobreza. Ciertamente, nuestro mundo no es muy justo y tampoco es como que la distribución de la riqueza sea algo para presumir. Pero no se habla mucho de la reducción de la pobreza extrema, de cómo muchos países asiáticos se han enriquecido considerablemente elevando la calidad de vida de sus habitantes. Incluso muchos cuestionan la tesis que sostiene que el mundo es cada vez más desigual.

    Ciertamente, falta mucho trabajo por hacer: la violencia y los conflictos bélicos todavía existen; todavía hay un gran porcentaje importante de personas a las que hay que sacar de la pobreza extrema; la violencia contra la mujer no ha desaparecido del todo; de igual forma sucede con la discriminación con las minorías. Pero no, no estamos peor que nunca.

    Gracias a la democracia liberal el mundo se ha vuelto más pacífico. Y no sólo si hablamos de guerras externas, sino de conflictos internos, de violencia doméstica e incluso de las actitudes de los individuos (relacionados con el género, raza, religión).

    Esto se explica por muchas razones. Steven Pinker, tomando a Immanuel Kant como antecedente, afirma que los regímenes democráticos con un Estado de derecho sólido suelen ser más pacíficos. Primero, porque la opinión pública desaprueba las guerras y su voz tiene un peso mayor que en los regímenes autocráticos y fallidos (hay que recordar el costo político que padeció George W Bush por su decisión de llevar a cabo intervenciones militares en Afganistán e Irak). Segundo, porque en una democracia moderna con un Estado de derecho sólido, los individuos confían en las autoridades y por tanto tienen menos necesidad de resolver sus conflictos de forma violenta. Tercero, porque en las naciones que basan su riqueza en el comercio y el intercambio de bienes, es cada vez más provechoso hacer negocios que conquistar territorios. Cuarto, porque en las democracias que garantizan la libertad de expresión y manifestación, los individuos pueden luchar por sus derechos (no es casualidad que prácticamente todos los avances en materia de derechos humanos de los últimos dos siglos como el combate al racismo, el feminismo, y los derechos de la comunidad LGBT+ se hayan dado dentro de democracias liberales).

    Pero las democracias liberales son consideradas más bien las culpables de todos estos males. Los ensayos sobre género hablan sobre el «heteropatriarcado capitalista o neoliberal» (aunque haya sido en gran medida al comercio y a la iniciativa privada que las mujeres empezaron a acceder al mundo laboral), los ensayos de sociología culpan al «neoliberalismo» de la pobreza (aunque la creación de riqueza y el desarrollo de la tecnología, en gran medida desarrollada por entidades privadas, estén sacando a muchas personas de ahí), también la culpan por la violencia y ponen como ejemplo el carácter bélico (menguante) de Estados Unidos. 

    Celebremos que somos más pacíficos, pero no celebremos que estemos educando individuos cada vez más débiles de espíritu a los cuales se les enseñó que deben evitar el dolor a toda costa.

    ¿Por qué, a pesar de todo, existe un ambiente muy pesimista?

    Me preguntaría más bien si no se trata de una paradoja: que gracias a todos los progresos en cuanto a riqueza, a la pacificación de nuestra especie, y a los avances en educación y en acceso a la información, nos estemos volviendo una sociedad comodina que ha llevado su aversión al dolor demasiado lejos. 

    Celebramos que ya no solucionemos nuestros conflictos por medio de la violencia, pero a la vez nos hemos olvidado de que el dolor y el sacrificio son esenciales en el desarrollo del individuo. Ante una sociedad que busca combatir el dolor a como dé lugar, hemos creado una sociedad muy poco tolerante a la frustración (cuando hablo del dolor me refiero al estrés, al miedo, a postergar placeres). Ya no es raro ver que en algunas universidades algunas personas deseen que se considere el estrés como algo malo: si el estudiante se estresa por sus exámenes, entonces hay que consentirlo y apapacharlo para que no sufra.

    Celebremos que somos más pacíficos, pero no celebremos que estemos educando individuos cada vez más débiles de espíritu a los cuales se les enseñó que deben evitar el dolor a toda costa en lugar de enfrentarlo, a los cuales se les dijo que el estrés es indeseable, que la angustia por los exámenes es una forma de opresión.

    Celebremos nuestro evidente progreso en cuanto a derechos humanos producto de los colectivos feministas, pacifistas, y demás, pero no celebremos que recurrimos cada vez más a la victimización en vez del empoderamiento. No celebremos que en vez de mejorar la autoestima de quienes se encuentran en desventaja y abrirles más puertas, tengamos que modificar el lenguaje y promover la corrección política para evitar que se sientan lastimados.

    Y es natural: una sociedad a la que se le enseñó evitar el dolor a toda costa verá que todo a su alrededor es negativo y sombrío porque es muy sensible al dolor, no sabe cómo enfrentarse a él. Verá las injusticias y los actos de maldad (que ciertamente existen) y determinará que vive en un infierno del cual debe de ser protegido. Por esto se entiende que cada vez más personas sean proclives a caer en las garras del populismo y aquellos regímenes que amenazan con regresarnos a una «etapa anterior» que no conocen porque asumen que el pasado fue mejor, que hoy todo es más violento e injusto.

    Ese sí es un peligro latente, más si recurrimos a la dialéctica histórica de Hegel: que ante esta «tesis» liberal, le suceda una «antítesis» muy conservadora y oscurantista. Ver que tanto la derecha como la izquierda nieguen a la ciencia de forma cada vez más constante es algo que sí nos debería de preocupar.

    Algunos podrán decir que esta hipersensibilidad es positiva dado que gracias a ella la gente es más sensible ante lo que le ocurre al prójimo. Pero dicha hipersensibilidad más bien paraliza, porque luchar por las causas también implica dolor y sacrificio, el cual muchos no están dispuestos a pagar. Por eso es que el activismo de sofá, ese que sólo consiste en dar likes y firmar peticiones de change.org, está en boga. También dicha condición hace que se victimice a quien sufre como si fuera un pobre diablo: el hipersensible sentirá compasión por la víctima y poco más, no lo verá siquiera como su igual.

    El mundo avanza, pero la sociedad es cada vez más pesimista. Este estado paradójico de las cosas, de continuar así, comenzará a provocar una fuerte fricción (dado que dicha condición no se puede sostener por mucho tiempo). Tenemos que alertarlo, tenemos que alertar sobre nuestra pérdida de espíritu, de tesón, tenemos que replantearnos como sociedad, una sociedad de principios y valores, que tenga una identidad, que se forje, que sea más culta (la ignorancia y el exceso de información disponible es otra paradoja), que sea crítica (en vez de criticona), que asuma el dolor no como algo inevitable, sino a partir del cual los individuos se forjen como personas de bien. 

    Estamos a tiempo.

  • Los listos sí van al cielo

    Los listos sí van al cielo

    Los listos sí van al cielo

    El ser humano no es unidimensional.

    Es decir, podemos decir que un hombre es feo, pero no sólo es feo, también puede ser inteligente, fuerte, o antisocial. 

    Algunas de estas características pueden ser cambiadas del todo, otras sólo pueden ser cambiadas parcialmente, mientras que hay otras que están completamente determinadas y no se pueden modificar.

    El bienestar del individuo y su supervivencia dependen del papel que dichas características jueguen en un entorno dado, y cómo dicho individuo pueda jugar con ellas.

    Por ejemplo: un hombre que no es atractivo físicamente (aunque los gustos, se diga, se rompen en géneros, el ser humano tiende a considerar bello aquello que es simétrico) sabe que si llega a un bar, las mujeres (u hombres, si es homosexual) no se van a derretir por él ni mucho menos. Pero tal vez aquel hombre sea muy inteligente o sea muy bueno para entablar conversaciones y por medio de esos atributos logre conquistar a una mujer que le atraiga mucho.  

    Y decimos que el entorno importa mucho. Tal vez dicho hombre esté dentro de un grupo de personas que tienen gustos e intereses muy diferentes a los de él y aunque intente usar «su labia» terminará aburriendo a los demás.

    Lo mismo pasa con aquello que determina quienes sobreviven, quienes llegan a formar parte de las élites, quienes tienen una vida más provechosa o quienes quedan rezagados: La supervivencia del más apto. 

    En la antigüedad, la fuerza y la habilidad física era muy importante. Una persona débil (aunque fuera inteligente) no tenía muchas esperanzas de sobrevivir, ya sea porque era menos apto para cazar o recolectar comida o porque era uno de los primeros que sucumbía ante el ataque de una tribu rival. Esto también puede explicar en parte la supremacía del hombre a lo largo de la historia. La mujer, al ser más débil físicamente, tenía entonces un rol secundario.

    Actualmente, en la sociedad de la información, la fuerza y la habilidad física sirve para ser un atleta de élite y poco más. Tan sólo se requiere que mantenga una vida saludable (que haga ejercicio y se alimente bien). La fuerza tiene poca correlación con el bienestar y la prosperidad. En cambio, la inteligencia es determinante. Esto también explica que la mujer tenga un rol cada vez más activo dentro de la sociedad y que la brecha sea menor en aquellos sectores de la sociedad donde se usa la mente producir que en aquellos donde se usa la fuerza. 

    Pero aquí viene un problema: La inteligencia no es una característica muy maleable (está determinado, en parte, por la genética). Las personas que tengan fortuna en adquirir una inteligencia superior tendrán más posibilidades de tener una mejor calidad de vida. Aunque en la actualidad se hable mucho de la inteligencia emocional y de las inteligencias múltiples (que no dejan de ser importantes), lo cierto es que a mayor cociente intelectual hay mayores posibilidades de obtener un ingreso mayor, como podemos ver en esta gráfica:

    También hay una correlación directa entre la puntuación que los alumnos obtienen en el SAT (el examen que se aplica en Estados Unidos para entrar a la universidad) y el ingreso que tendrán. El SAT, el GRE, o el CENEVAL son básicamente exámenes para medir la inteligencia, de tal forma que se da prioridad a quienes son más inteligentes sobre quienes no lo son:

    Entre los especialistas hay discrepancias sobre si el cociente intelectual se puede modificar por medio de entrenamiento. Algunos dicen que sí, pero que hay un techo. También es cierto que la alimentación y educación a edad temprana influye. Es decir, las personas menos inteligentes pueden acortar la brecha con respecto a quienes son más inteligentes pero muy difícilmente podrán alcanzarlos. Las personas menos inteligentes tienen que hacer un mayor esfuerzo no sólo para tratar de no quedarse rezagados en el IQ sino para poder hacer las tareas que hacen las personas más inteligentes, con lo cual quedan en desventaja.

    ¿Cuál es el problema de esto?

    Que la tecnología y la inteligencia artificial están comenzando a sustituir los puestos de trabajo, y como la inteligencia artificial crece «de abajo para arriba» (su inteligencia va creciendo con el paso del tiempo), entonces irá sustituyendo primero aquellos puestos de trabajo que suelen ser hechos por personas menos inteligentes, como los puestos operativos.

    Ciertamente, en una sociedad inequitativa los puestos de trabajo no sólo tienen que ver con la inteligencia sino con la falta de oportunidades y con la poca movilidad social, pero pensemos en una sociedad relativamente equitativa donde los puestos corresponden al mérito y a las capacidades, tal y como suele ocurrir en algunos países desarrollados. 

    Los empleos que se crearán en sustitución de los primeros (si es que se alcanzan a reemplazar todos) serán más complejos porque requerirán una inteligencia mayor. Se requerirá que el individuo tenga más conocimientos en ciencias exactas (matemáticas, lógicas) y una mayor comprensión del lenguaje, lo que le requiere sí o sí, un mayor grado de inteligencia. Las personas menos inteligentes terminarían rezagadas o desempleadas. No cualquier persona puede programar o modificar las máquinas que harán automáticamente las labores que ésta haría manualmente.

    Es cierto que el cociente intelectual a nivel mundial se ha incrementado 20 puntos en los últimos años. Podría argumentarse que cuando «el futuro nos alcance» vamos a ser más inteligentes. Pero lo que han demostrado estos estudios es que el incremento ha ocurrido más bien en los países en desarrollo como China o India. Al parecer, cuando alcancemos un nivel de desarrollo en el que todas las personas estén bien nutridas y tengan un decente nivel de educación, el cociente intelectual tenderá a estancarse. 

    ¿Y cuando eso suceda, podrán absolutamente todos los individuos tener la capacidad cognitiva para ser ingenieros o desempeñarse en profesiones de alta demanda intelectual? ¿Podrá el ser humano, como producto de la evolución, lograr incrementar su cociente intelectual al punto en que practicamente todas las personas puedan desempeñar puestos que hasta ahora son para los «cerebritos»?

    Si eso no sucede, las personas que no son inteligentes estarán en muy serios aprietos. La inteligencia artificial ya está a la vuelta de la esquina. Los expertos en el tema pronostican que a mediados del siglo la inteligencia artificial empatará o incluso superará a la inteligencia del ser humano (sí, si eres millennial, vivirás para contarlo). Está tan próximo que cada vez más expertos hablan del tema y de los riesgos que esto conlleva (que la AI supere nuestra inteligencia conlleva muchos riesgos, en tanto que podría llegar a dominar a nuestra especie).  

    Y ciertamente, esto podría no ser justo. La biología no nos dota con las mismas capacidades a todos los individuos y es un tanto complicado que quienes sean poco inteligentes puedan «inclinar la balanza» con otro de sus rasgos en tanto que los otros rasgos que son y serán requeridos (como la capacidad para socializar) son más maleables y pueden trabajarse más que la propia inteligencia, por lo que pueden ser trabajados por quienes son más inteligentes para perpetuar su superioridad sobre quienes no lo son.

    Termino como empecé, diciendo que el hombre no es unidimensional, sino multidimensional. Pero el contexto importa, y el contexto se está inclinando mucho a favor de la inteligencia. 

  • La teoría de la tolerancia

    La teoría de la tolerancia

     

    La teoría de la tolerancia

    A raíz de la grosera relativización que hiciera Donald Trump sobre la violencia de los supremacistas blancos se ha hecho un acalorado debate sobre si a los nazis y a los blancos supremacistas deberíamos colocarlos a la derecha política o a la izquierda, como atreven hacer algunos por el término «nacionalsocialista», término que fue más bien producto de una estrategia para atraer a los obreros a su movimiento. En realidad, a pesar de que el nazismo buscó, en un principio, tener una retórica de izquierda, sus acciones fueron más bien de «derecha».

    A pesar de ser un movimiento ateo (lo cual debo señalar en tanto se suele asociar a la derecha con la religión), el nazismo (porque el fascismo como tal en Italia o en España sí llegó a tener una relación estrecha con la Iglesia) tiene que ver más bien poco con la justicia social y mucho con mantener un status quo basado en la superioridad racial, la expansión de sus territorios (el espacio vital) y la consolidación del capital, donde la empresa privada estaba permitida en tanto estuviera alineada con el Estado (a diferencia de los regímenes comunistas donde era más bien poseída por el Estado).

    En la práctica hemos visto que cuando un individuo se inclina mucho hacia la derecha, comienza a adoptar algunas creencias fascistas, en tanto que quien se inclina muy a la izquierda comienza a adoptar ideales marxistas. Así también, dentro de los partidos de derecha, las células radicales (dentro de partidos que como tal no lo son) tienden hacia el fascismo (por ejemplo, en México los simpatizantes nazis suelen encontrarse más bien en el PAN o en alguna otra organización de derecha). 

    Se dice que lo ideal es un justo medio, que la política no debe estar muy cargada a ninguno de esos dos extremos. Pero también es cierto que en la práctica ese justo medio no es algo estático ni un pensamiento único, sino que producto de la suma de la interacción de varias corrientes (que se ubican en la derecha o en la izquierda).

    Pero hoy me quiero enfocar en el ámbito social y hacer el tema económico a un lado.

    Y con ámbito social también me refiero al rol que juegan los individuos. Ciertamente un partido político que presuma estar cercano al centro puede corromperse e incluso incurrir en prácticas autoritarias, pero la siguiente definición que hago tiene que ver un poco más con el rol de la sociedad y no tanto de los partidos en sí.

    Empecemos pues, con lo que he decidido llamar la teoría de la tolerancia

    Dentro de la mayoría de los esquemas de espectros ideológicos se propone la vertiente liberalismo vs conservadurismo. Pero yo he decidido no hacerlo así, y he preferido emular, de alguna forma, el concepto de moral de Aristóteles con relación a las virtudes y a los vicios en la que la virtud es el medio y los vicios son los extremos para así tratar de aplicarlo dentro del espectro político dentro de su vertiente social. Por ejemplo, para Aristóteles una virtud es la amistad, la cual se encuentra en el punto medio; el odio se encuentra en un extremo, y la adulación en el otro.

    De la misma forma, yo podría decir que la democracia es una virtud en tanto que el ultraconservadurismo o el fascismo son defectos y el progresismo radical es un exceso (o bien, se puede hacer el mismo ejercicio a la inversa). El ultraconservadurismo usa la coerción para mantener el estado de las cosas en tanto que el progresismo radical también es coercitivo cuando se trata de promover cambios radicales.  

    La democracia liberal, por el contrario, cree en la libertad y que mediante el diálogo, el debate y el consenso, la sociedad puede ir construyendo y reformando el estado de las cosas. 

    Si en el mundo dominara el conservadurismo, la especie humana se mantendría estancada y no avanzaría, además de que se perpetuarían las injusticias y la inequidad. En cambio, si en el mundo dominara el progresismo radical, se generaría un estado de caos donde el individuo no tendría ninguna base ética ni moral sobre la cual sostenerse. 

    Con la siguiente imagen, se puede entender mejor el esquema que propongo. A diferencia de las virtudes de Aristóteles donde uno es amistoso o aduloso a la vez, con las corrientes políticas el punto medio abarcaría no sólo un punto, sino todo un tramo de la franja. Explicaba que no se trata de un pensamiento único, sino que el punto medio es producto de la interacción de corrientes políticas que se contraponen entre sí.

    Dicho esto, el liberalismo (lo que entendemos por democracia liberal y no tanto lo que se entiende por liberalismo en Estados Unidos) no sólo es un punto que se encuentra en el medio, sino que es capaz de abarcar parte del espectro político en el que pueden caber el progresismo moderado y el conservadurismo moderado. Slavoj Zizek sugiere que el punto medio (lo que llama el centro radical) está carente de ideología y es apolítico. Aquí no lo considero así, el punto medio es más bien consecuencia del jaloneo entre conservadores y progresistas. Es decir, es el justo medio al que se suele aproximar el estado de las cosas producto de dos batallas políticas.

    No debemos aspirar a un pensamiento único que se inserte en el justo medio, hacer eso implicaría una paradoja dado que el pensamiento único es por definición antidemocrático. También hay que señalar que los individuos (en gran medida por su temperamento, pero también por su experiencia de vida) suelen ubicarse en uno de ambos espectros ideológicos, lo cual no sólo es natural, sino que es deseable. Por ejemplo, las personas de izquierda suelen ser creativas pero no son muy hábiles para implementar sistemas porque están acostumbradas al cambio y no al orden; y por otro lado, las personas de derechas son poco creativas, pero sí son hábiles cuando de implementar sistemas se trata porque están acostumbradas al orden y no al cambio. No es coincidencia que empresas como Google o Facebook tengan una tendencia progresista, ni que las empresas financieras suelan ser más bien conservadoras.  

    Pero hablamos de que el progresismo y el conservadurismo deberían mantenerse dentro de lo que consideramos una democracia liberal. Cuando las corrientes políticas se mantienen dentro de ella, el estado de las cosas suele inclinarse hacia el punto medio (como si fuera una campana de Gauss), y cuando se concentran fuera de ella, suelen más bien polarizarse. En el primer estado, las distintas facciones son capaces de llegar a consensos, en la segunda se polarizan y atrincheran y apelan a un discurso de odio que justifica la radicalización de la contraparte cayendo así en un círculo vicioso: 

    Entendemos que quienes se inserten dentro de la democracia liberal podrán tener muchas diferencias ideológicas, pero también comparten algunas similitudes que les permiten estar dentro de lo que llamamos democracia liberal y son las siguientes:

    • Creen en el debate como mecanismo para resolver conflictos.
    • Creen en la libertad de expresión.
    • Respetan la independencia de la ciencia con respecto de las doctrinas ideológicas.
    • Creen que una sociedad con diversidad de opiniones es deseable.
    • Respetan la libertad del individuo y no utilizan la coerción para llegar a sus fines. 

    Eso no implica que sus peticiones deban ser timoratas. Algunas pueden llegar a ser un tanto radicales, pero siempre se deben insertar en la lógica de la democracia liberal donde se respeta la integridad del otro. 

    De esta forma, podemos analizar si los canales de comunicación, la forma en que hacemos política y nos organizamos, contribuyen a la polarización; o bien, a llevar al estado de las cosas cerca del justo medio. Por ejemplo, podríamos pensar que gracias a Internet, que almacena información de las distintas corrientes ideológicas, el individuo estaría expuesto ante contenidos diversos lo cual lo haría una persona más abierta y tolerante. Pero en ocasiones ocurre lo contrario: por medio de las cámaras de eco que se forman en las redes (que suelen mostrar a los usuarios los contenidos que les interesan) los usuarios suelen más bien atrincherarse, lo que fomenta la polarización.

    A continuación muestro algunos roles que suelen tomar las 3 posturas que he mencionado con respecto de distintos temas. Ciertamente, una persona puede no compartir todos los rasgos propios de una postura pero sí tenderá hacia una. Recordemos que aquí hablamos meramente del ámbito social. Hay quienes, por ejemplo, pueden considerarse de izquierda en el ámbito económico mientras que en el social suelen ser más bien conservadores:

    La democracia liberal asume que el ser humano es digno, valioso y es libre. También asume que la democracia es conflicto y que el disentimiento es esencial, que no se trata de un pensamiento único, pero que sí debe coincidir en el respeto al prójimo y a sus libertades. Es válido que los conservadores, dentro de una democracia liberal, vivan plenamente sus creencias religiosas y se sientan inspirados por ellas, de la misma forma que es completamente válido que los progresistas utilicen la teoría crítica para analizar las condiciones de inequidad que existen en la sociedad. 

    Y para terminar, debo de decir que más que como una referencia para elegir el voto en las siguientes elecciones, esto que acabo de explicar debería funcionar más bien a nivel individual y colectivo. Que el individuo, preocupado por la creciente polarización política cuestione si es tolerante con la demás personas, o por el contrario, suele relegar a quienes no piensan como él. Este esquema puede servir incluso para revisar nuestras conductas en redes sociales y en las discusiones en la sobremesa. La radicalización no sólo no construye una sociedad incluyente, también puede hacernos perder amigos y seres queridos. 

  • Los blancos supremacistas y la radicalización ideológica de la sociedad

    Los blancos supremacistas y la radicalización ideológica de la sociedad

    Los blancos supremacistas y la radicalización ideológica de la sociedad

    Un amigo me decía, considero de forma acertada, que hay que temer más a los movimientos de ultraderecha que al radicalismo de algunos progresistas. Los ultraderechistas pueden imponerse más fácilmente en tanto los progresistas terminan, con el tiempo, siendo víctimas de sus propias contradicciones. Podemos condenar la corrección política que se promueve desde el progresismo, pero son más graves los actos racistas de la ultraderecha que per sé incitan a la violencia y que no se pueden explicar sin ella. 

    Lo que ocurrió en Virginia es una muestra de ello. Charlottesville tiene la peculiaridad, como algunas otras ciudades de Estados Unidos, de tener varios monumentos confederados, por lo cual Alt-Right decidió llevar a cabo su manifestación con antorchas ahí (dicha ciudad había decidido remover la estatua de Robert E. Lee), para que un día después, en la «contramanifestación», algunos ultraderechistas estamparan su automóvil contra los manifestantes liberales matando a uno e hiriendo a casi veinte más. 

    Pero las dos facciones políticas, que explican la polarización ideológica en Estados Unidos, no pueden entenderse sin su contraparte. El progresismo radical y el ultraderechismo son antípodas, pero como lo sugiere la teoría de la herradura, los extremos ideológicos suelen parecerse más bien:

    Entiéndase aquí muy liberal como muy progresista. Fuente: Pew Research Center.

    Ambos movimientos son utópicos, románticos (en el sentido de que son excesivamente idealistas) y tienen sus orígenes en la «contrailustración». Es decir, ambos movimientos son antiliberales (aunque algunos de izquierda se hagan llamar liberales) y están influenciados por corrientes de pensamiento irracionales. Son utópicos porque quieren establecer un modelo de sociedad de forma artificial. uno con base en el racismo y otro en el igualitarismo.

    Ambos se fortalecen y se radicalizan gracias a la presencia de su contraparte. Por un decir: la ultraderecha defiende un modelo de sociedad de supremacía blanca; luego, en consecuencia, el progresismo encuentra un argumento para fortalecer su discurso del «white privilege«. Entonces sugieren políticas públicas orientadas a buscar un estado de igualitarismo artificial por medio de políticas de acción afirmativa (que no debe de confundirse con acceso a oportunidades a todos con independencia de su raza, género y demás), y eso a su vez fortalece el discurso de la ultraderecha. Ahí está el ejemplo del ex empleado de Google, James Damore, que fue despedido y linchado en las redes sociales por sugerir que la diferencia entre la representación de género en las STEM se debía a ciertas diferencias de carácter biológico. Alt-Right ha decidido presentar a Damore como víctima, como mártir del progresismo, para así, fortalecer su discurso racista.

    Así, ambas facciones caen en un círculo vicioso. Peor aún, piensan que para combatir a su contraparte deben ser más beligerantes, pero eso sólo termina fortaleciendo a su oposición. Conforme crece más, entonces creen que deben serlo aún más.

    Ambas facciones son proclives a la generalización o incluso a la adopción de mitos para sostener sus argumentos. Mientras la ultraderecha afirmará que los negros son menos inteligentes, los progresistas radicales dirán que todos los hombres blancos son patriarcas opresores hasta que no demuestren lo contrario. Ambos optan por la coerción y en muchos casos la violencia para impulsar sus agendas. Los ultraconservadores buscan controlar a la mujer condenándola a roles tradicionales, pero los progresistas radicales también buscan controlarla para que adopte una forma de ser que no represente aquello que asumen que es parte de la «cultura del patriarcado». Así, mientras unos le prohiben a la mujer tener un rol activo en la sociedad, otros le prohiben ser tiernas, sensibles o sentirse orgullosas de su maternidad

    Es también una generalización decir que el feminismo como tal es una conspiración marxista (el espíritu marxista es patente sólo en sus vertientes radicales, que ciertamente hacen mucho ruido) o que todos los conservadores son racistas o machistas (de la misma forma, es algo que se ve más bien en sus vertientes extremistas). Pero los extremos intentan convencer al individuo que la otra facción política (desde la moderada a la radical) es completamente igual para así fortalecer su discurso: Todas las feministas son «locas feminazis marxistas» o todos los conservadores son «mochos blancos supremacistas». 

    Entonces, lo que sucede es que las posiciones moderadas, aquellas que van de la centro-izquierda a la centro-derecha, terminan en el limbo y poco a poco son superadas por sus vertientes extremistas. Este fenómeno es muy peligroso y es algo que tenemos que aprender a parar.

    Y no puedo terminar este artículo diciendo que el ascenso de Donald Trump (quien relativizó descaradamente el atentado de los supremacistas blancos) y los amagos de la ultraderecha en Europa se explican, entre otras muchas razones, por este fenómeno que acabo de explicar.

  • San Google, el sexismo y la corrección política

    San Google, el sexismo y la corrección política

    San Google, el sexismo y la corrección política.

    El día en que escribo este artículo se suscitó un escándalo porque Google despidió a un empleado suyo por criticar sus ideas progresistas y porque el memorandum que envió (y que se filtró), llamado «Google’s Ideological Echo Chamber» (La Cámara de Eco de Google) iba en contra de las políticas de inclusión y diversidad de la empresa. 

    No quiero culpar a Google porque hablamos de un empleado que criticó a la empresa en la que trabaja dentro de la empresa. Dicho esto, Google tiene derecho a despedirlo. (no, no estoy exculpando a Google porque tema que penalice a mi blog).

    Pero sí quiero criticar a quienes han linchado a este ex empleado y lo han tachado de sexista.

    Me molesté en leer ese memorandum que pueden encontrar aquí y yo no veo el sexismo por ningún lado.

    El autor, entre otras cosas, quiso decir que no hay tantas mujeres en STEM (ciencia, tecnología, ingenierías y matemáticas) porque dice, que como resultado de la biología, hay diferencias de personalidad que provocan que los hombres estén más orientados a los objetos y las mujeres a las personas. Por eso, dice, los hombres prefieren estudiar ingenierías y matemáticas, mientras que las mujeres estudian biología, psicología entre otros temas. Dice también que las mujeres experimentan mayores niveles de ansiedad, lo cual hace que sean menos mujeres las que ocupen cargos de mucho estrés. 

    Nunca dijo que las mujeres son inferiores, dijo que son diferentes. 

    La afirmación de que hay diferencias biológicas que inciden en la psique de ambos sexos no lleva implícita una discriminación. La llevaría si dicha afirmación la justificara o se utilizara dicho argumento para promoverla, lo cual no sucede aquí. 

    Algunos sospecharán de sexismo porque, de acuerdo a su argumento, menos mujeres se encuentran en posiciones de alto estrés o en ingenierías. Pero los sospechosistas no se indignarán por el hecho de que haya menos hombres en campo como la biología o en aquellas áreas donde se requiera una mayor interacción humana. 

    Pero el autor no sólo no es sexista, sino que esboza una serie de propuestas para combatir la discriminación y eliminar los sesgos ideológicos. Dice:

    Afortunadamente, los científicos y los biólogos no están en la derecha conservadora, pero la mayoría de los sociólogos y personas involucradas en humanidades sí están muy cargados a la izquierda.

    No se trata siquiera de una persona conservadora.

    ¿Es correcto el argumento del exempleado de Google?

    Es una pregunta compleja de responder, no concuerdo del todo con el autor (creo que le da más importancia a la biología de la que realmente tiene) aunque hace algunos señalamientos interesantes. Incluso dentro la ciencia parece que no ha sido fácil determinar contundentemente hasta donde las diferencias entre ambos géneros son producto de construcciones sociales y hasta que punto influye la biología. Sabemos que los roles como tales no son fijamente establecidos por la biología como se señala desde algunos círculos conservadores, pero tampoco podemos dar por sentado que la biología no ejerce ninguna influencia: No hay un cromosoma que diga que la mujer deba quedarse en casa o que el niño debe vestir azul y la niña rosa. 

    Por un lado podríamos argumentar que a los hombres se les enseña a ser más competitivos y menos sensibles que a las mujeres, y que por eso les atraen más las vocaciones orientadas a objetos, mientras que a la mujer se le enseña a ser más sensible y por lo tanto tiene una mayor empatía con otras personas. También podríamos pensar que algunos estudios científicos no toman esto en cuenta de la mejor forma a la hora de hacer sus estudios. Es decir, que en las distribuciones de las gráficas que presentan muestran la diferencia de preferencias entre hombres y mujeres les es difícil medir cómo es que las convenciones sociales influyen para que así sea.

    Pero por otro podríamos discutir, por un decir, el efecto que las hormonas tienen dentro del comportamiento: por ejemplo, la forma en que influye la testosterona en el comportamiento de los hombres. También podría decir que quienes promueven la idea de que el género es meramente performativo lo hacen desde una postura meramente filosófica y no basada en la ciencia. 

    Yo me atrevería a hacer la siguiente afirmación:

    Parte de la diferencia de roles entre ambos géneros son producto de construcciones sociales, pero sí podrían existir algunas diferencias de orden biológico que incidan de alguna manera en el comportamiento, y por ende, en algunas de las decisiones que el individuo tome a lo largo de su vida. Si estas existen, no justifican de ninguna manera la supremacía de un género sobre otro ni mucho menos la inequidad.  

    Y lo razonable a mi parecer para evitar cualquier tipo de discriminación es que ambos géneros tuvieran las puertas abiertas en las distintas áreas de trabajo, que en su proceso educativo se les de herramientas tanto para habilidades orientadas a objetos como a personas y que sean las mismas personas las que decidan qué camino tomar. 

    Esté en lo correcto o no, el exempleado no fue sexista, nunca buscó poner a la mujer en un peldaño inferior al hombre. Su planteamiento empieza mencionando que pueden existir sesgos tanto a la izquierda política como a la derecha, menciona algunos ejemplos de sesgos (la izquierda es muy idealista, la derecha muy pragmática, la izquierda suele ser muy cooperativa en tanto la derecha es muy competitiva), explica los vicios de las empresas cargadas a ambas orientaciones del espectro político y argumenta que Google está cargado a la izquierda. 

    El planteamiento que hace es de carácter político e ideológico, y lo hace evidentemente desde el centro político: a partir de ahí es que busca explicar las diferencias de género. El documento ni siquiera parte de un argumento relacionado con el género. Su argumento es, ¡Oigan Google, estoy a favor de la diversidad racial y la equidad de género, pero hay un sesgo ideológico y propongo algunas formas para abordar el tema de una mejor manera!

    El error del empleado fue criticar a su empresa dentro de la empresa y difundir a través de un memo su opinión. Google está en el derecho de despedirlo porque su acción no fue profesionalmente ética. Técnicamente Google también tiene derecho a tener el código que la empresa desee y si quiere cargarse a la izquierda o a la derecha lo puede hacer porque se trata de una empresa privada. Lo que es reprobable es que, por argumentar un supuesto sexismo, se restrinja su libertad de expresión al buscar ser censurado y linchado por usuarios de las redes sociales.

    Este es el peligro de la corrección política, que en aras de una supuesta igualdad se censuren cada vez más opiniones en vez de llevarlas a la mesa de debate. Ni siquiera se toleran ya las discrepancias sobre cómo es que se puede aspirar a ese mundo más equitativo que muchos deseamos. 

    Gracias a quienes llevaron a cabo este linchamiento la organización ultraderechista Alt-Right ya encontró un nuevo mártir ¡Gracias!

  • Gordofobia

    Gordofobia

    Gordofobia

    El relativismo y la deconstrucción del lenguaje ha llegado a la panza. 

    Últimamente, he escuchado mucho el término «gordofobia»  por parte de personas que tienen obesidad y que se sienten rechazadas. 

    Tenemos aquí otra vez el concepto de la «victimización»: yo soy oprimido, por tanto, hay que combatir al opresor. Ahí está la categorización binaria: gordo-flaco, el flaco oprime al gordo, lo señala y se burla de él (dicen).

    Una persona con sobrepeso que se acepta a sí misma ni siquiera estaría preocupada por ello, no se sentiría oprimida. Hay gente con sobrepeso que se acepta sin ningún problema y es feliz.

    El odio a mí misma se esconde entre las palabras de mi padre y la sentencia de que me tengo que poner a dieta «por salud». Entre que los jeans no me cierran. En el no querer prender las luces con mi pareja: María.

    Quien denuncia la gordofobia es alguien que no termina aceptar su condición de sobrepeso; las críticas le afectan, que le digan que tiene sobrepeso tiene una incidencia negativa sobre su autoestima. María narra y denuncia la gordofobia: Ella dice: «No soy gorda, tengo gordura», lo cual es correcto porque apelando a la metafísica una persona no es gorda, lo está, su gordura no la define: la gordura es el accidente, la esencia es la persona misma. La articulista también acierta cuando dice que a la mujer la señalan más por su gordura que al hombre, y ahí existe una situación de inequidad. Pero ella puede hacer algo, y no quiere. 

    Solo espero que mi amor propio pueda más que el odio a mi cuerpo que me inculcan en mi familia y en los medios: María.

    Primer problema: Ella aspira, por medio de la corrección política, a que se inhiba la libertad de expresión para que nadie le haga un señalamiento por su gordura; de esta manera, busca no verse afectada emocionalmente. La culpable de su baja autoestima, piensa, no es su gordura, mucho menos ella, es su familia y los medios, ellos son los opresores: ¡Tú papá, tienes la culpa de que yo me sienta mal con mi peso! ¡Tú, televisión, tienes toda la culpa, me oprimes porque las modelos de la TV no son gordas y yo sí! ¡Quiero leyes para que las modelos estén gordas y no me sienta discriminada!

    Ciertamente, nadie puede decirle a María qué hacer con su cuerpo, Pero ella tampoco podría culpar a sus padres de una realidad que ella puede cambiar. María tiene dos posibilidades:

    • Aceptarse con sobrepeso. 
    • Bajar de peso.

    Ambas opciones le implicarían un esfuerzo (y tal vez dinero). Para lo primero tal vez tenga que ir con el terapeuta para resolver los conflictos psicológicos que su peso le generan. Para lo segundo, con un nutriólogo y tal vez pagar la membresía de un gimnasio. 

    Pero la idea de que somos personas más allá de nuestros cuerpos y que nuestros cuerpos son hermosos, así como son, tiene que brillar más fuerte que ese odio: María.

    Segundo problema, y tiene también que ver con la corrección política. Ella quiere que le digan que su cuerpo es hermoso. Si yo la viera, si no se me hiciera hermosa y si le dijera «hermosa» me convertiría en un hipócrita, sería incluso injusto con ella porque haría que su autoestima se basara en una mentira. Por más que algunos pretendan deconstruir el lenguaje para que María se sienta hermosa, la realidad objetiva es que yo, desde mi punto de vista (subjetivo), no considero que su cuerpo es hermoso. La realidad objetiva es que yo me voy a comportar con ella de acuerdo a la valoración que yo hice de su belleza en mi mente (podría ser injusto hacer un juicio categórico de María con base en su sobrepeso y eso tal vez me convertiría en una persona superficial, pero tanto hombres y mujeres, incluso a nivel inconsciente, hacemos evaluaciones de nuestros semejantes).  Podré decirle hermosa «porque es políticamente incorrecto decirle que no lo es» pero tal vez su aspecto físico incida en mi decisión de cortejarla o no cortejarla. A María la van a seguir rechazando de los trabajos donde el sobrepeso sea un problema (a menos que exija leyes de «acción afirmativa» como «cuotas de gordura» donde un porcentaje de los contratados tenga que ser gordo para no discriminarlos). 

    Tercer problema, al promover una cultura para que la «gordofobia» sea políticamente incorrecta y los gordos no se sientan discriminados, se está promoviendo un estilo de vida poco saludable. Ya de por sí los niveles de obesidad en México y otros países son alarmantes. Así como es grave que los medios promuevan un prototipo de mujer que induzca a la anorexia y la bullimia, también lo es lo contrario, decir que hay que defender a la gordura y que es políticamente incorrecto sugerir que bajen de peso por su salud. 

    Es decir, María se sentirá bella por afirmaciones que recibió y son falsas, al tiempo que tendrá más posibilidades de contraer diabetes e incluso de ser candidata a un marcapasos. Vivirá en una mentira y con problemas de salud. Quienes le alertan por el sobrepeso, a su vez, estarán censurados por la corrección política. 

    No puedes intentar controlar todo tu entorno porque crees que eres víctima de él, menos aún cuando tienes opciones a la mano para resolver tu problema. Ese es el problema con las corrientes ideológicas de extrema izquierda que dicen proteger y luchar por las minorías, sólo terminan atrofiando la iniciativa y la voluntad propia de la gente.  ¿Para qué quiero tratar mi problema por mí misma, si mejor puedo pedir al Estado que me proteja y crear una cultura para que nadie se atreva a hablar de mi sobrepeso?

    También se ignora que el ser humano no es unidimensional sino que tiene varias dimensiones. La gordura no la define, pero a veces siente que sí lo hace lo cual incide en su comportamiento. La gente puede hacer un juicio negativo por algún rasgo nuestro (vaya, no somos perfectos y no le podemos gustar a todo mundo), puede que no seamos físicamente atractivos, puede que no tengamos una complexión fornida, pero quien se encuentre «en desventaja» puede jugar otras cartas. Tal vez María sea gordita, pero también puede tener una gran capacidad para conversar lo cual le da una ventaja. 

    Duele decirlo, pero la gente tiene todo el derecho de construir una idea sobre tu persona de acuerdo a su percepción. No tiene derecho a insultarte y a no degradarte deliberadamente como persona, pero sí tiene derecho a pensar lo que quiera de ti. 

    Y vaya, entiendo la gordura de María. Yo vengo de bajar 30 kilos. Estuve bastante más gordo que ella. 

    *He decidido mantener el anominato de quien llamo María, quien escribió un artículo en el que me basé para hacer esta crítica. 

  • No, no es todo el feminismo. Así no es el feminismo

    No, no es todo el feminismo. Así no es el feminismo

    No, no es todo el feminismo. Así no es el feminismo

    No, no es todo el feminismo. Concuerdo. Señalar las incongruencias de una corriente feminista y decir que todo el feminismo es así es hacer que muchas mujeres, muchas que buscan la equidad de género, paguen los platos rotos.

    Comencemos pues:

    Hace unos meses me molesté en leer a Simone de Beauvoir, aquel libro llamado «El Segundo Sexo» que tiene más de 800 páginas. Quería entender el feminismo y cuando leí dicho libro quedé impresionado. Ningún libro a la fecha me había hecho sentir tanta empatía por la mujer. Podré tener algunas diferencias en algunos aspectos, pero fue un libro tan provechoso de una mente tan inteligente y brillante como la de Beauvoir.  Sugerí que todas las feministas. las mujeres y los propios hombres lo leyéramos. 

    Hace unos días estuve toda la tarde de malas por el caso de Isabela Otero. Me dolía que un piloto violador y machista intentara abusar de ella y que muchos actuaran como cómplices para que el crimen quedara impune. Me enojé porque la reacción de algunos fue de «maldita feminazi» «tú te lo buscaste». 

    Soy parte de una familia donde mi mamá y mis hermanas trabajan, y a las cuales defendía cuando era más chico para que las dejaran salir al antro. La gran mayoría de mis primas trabajan, la gran mayoría de mis amigas son independientes, he tenido jefas de trabajo mujeres de quienes he aprendido mucho y a quienes les agradezco mucho. Prácticamente todas las mujeres que conozco tienen su propia vida.

    Yo no fui educado en un ambiente donde la mujer tenía que obedecer al hombre, incluso me enseñaron a respetar a las mujeres. 

    El día de hoy recibo adjetivos como: machiprogre, machista, «feminista light», me acusaron de «mansplanning».

    No, no soy machista, no me queda el saco.

    Me sugieren (sugerencia a la de a hüevo) no criticar al feminismo, porque no es mi lucha. Me dicen, que nosotros sólo tenemos que observar, que el hombre puede ser solo aliado y no feminista. Lo que consiste en echar porras (no muy fuerte para no opacarlas) y no opinar.

    ¿Echar porras y no opinar? ¿Venezuela? ¿Corea del Norte? ¿La URSS? ¿Dónde escuché eso? Claro que ante esa actitud sí me voy a alertar. 

    ¿Cuál fue el pecado?

    Defender a una mujer, a Paola Espinosa, para que se respetara su derecho de decir que «ser madre era su mejor medalla» porque algunas «feministas» o pseudofeministas (lo expresé así para dar a entender que no estaba generalizando ni afirmando que el feminismo en su conjunto era así) la atacaron a ella y a la marca Gatorade por replicar en un póster lo que Paola dijo.

    Es cierto que el feminismo es una lucha de las mujeres y que nadie les puede imponer cómo es que deben de dirigirse.

    Pero estoy absolutamente en desacuerdo con eso que algunas personas dicen (entendiendo que también hay hombres que se asumen como defensores de la causa) que el hombre no pueda opinar ni hacer una crítica del feminismo o de alguna corriente del feminismo. Es tan absurdo como decir que la mujer no puede opinar del hombre porque no es hombre.

    ¡Por supuesto que las mujeres pueden decir y hacer las críticas que quieran de nosotros! Y si asumimos que lo que se busca es la equidad de género, entonces nosotros también podríamos opinar y hacer crítica del feminismo. Porque si bien no es nuestra causa como tal, la piedra angular del feminismo tiene que ver con la relación entre el hombre y la mujer, también trata de nosotros.

    Y sugerir no es imponer porque ellas tienen la libertad de aceptar o no nuestras sugerencias o críticas.

    Las críticas construyen. Son los juicios de valor, la denigración, los ataques los que no construyen. Y creo que como seres humanos civilizados sabemos o deberíamos saber que atacar o denigrar, se trate de quien se trate (feministas, gays, religiosos), es moralmente reprobable. 

    Me dicen que soy machista porque «no me doy cuenta de mi machismo» dado que estamos culturalmente condicionados; pero luego me dicen que si me quiero subir «tren del mame» revise mis privilegios (y si no, también). Si dicen que hay algo oculto que no puedo ver, ¿cómo puedes pedir a alguien que revise algo de lo que no es consciente? ¿No es más fácil que las mujeres nos digan que tal actitud les molesta o que ciertas conductas hacen que no se sientan valoradas o las limitan? Creo que entendiéndolas a ellas podríamos entender qué conductas podemos tener internalizadas si es el caso.

    Pero algunas personas piensan que quienes son feministas no tienen «la obligación de informar al hombre», y a la vez dicen que no podemos entender el feminismo porque tenemos que ser mujeres para hacerlo. 

    ¿Entonces cómo le hago? 

    Piden que seamos empáticos pero no pueden serlo con nosotros. Mujeres y hombres adheridas a esta corriente del feminismo no están dispuestos a explicarnos. ¡Investíguenlo ustedes! Me dicen.

    Entonces ya me siento perdido, ¿la lucha es por la equidad de género o es una venganza de la mujer que fue sometida históricamente y ahora los hombres nos tenemos que someter? Porque a mí me queda claro que en un estado de equidad de género, ambos géneros deberían poder emitir críticas, debatir, dialogar y retroalimentarse. 

    ¿Cómo me puedo o pienso adherir a una causa donde no me siento bienvenido porque sólo puedo aplaudir y bajito? ¿Cómo puedo motivarme a entenderlas si me dicen que soy machista por default (aunque sea a nivel inconsciente o no me de cuenta)?

    ¿Cómo le hago para adherirme a una corriente si ésta parece que en vez de luchar contra el machismo va directo contra el hombre? Porque parece que no hay ni siquiera el beneficio de la duda. Somos culpables por el simple hecho de ser hombres. Los hombres nacimos con una suerte de «pecado original patriarcal». 

    ¿Acaso los hombres que no somos machistas tenemos la culpa de lo que hacen o hayan hecho otros hombres?

    Si me echo un clavado, leo sobre filosofía, leo opiniones a favor y críticas y llego a la conclusión de que esa corriente del feminismo parece estar cooptada por una ideología de izquierda creada por filósofos posestructuralistas que es irracional desde una postura epistemiológica, cuya metafísica es extremadamente relativista, y que asume que hay un eterno conflicto dentro de las categorías binarias (Derrida) tales como hombre-mujer, blanco-negro, y sí, burguesía-proletariado. Si llego a esa conclusión y le digo a un defensor o defensora de esa corriente que por naturaleza incita a la división y al autoritarismo (y que en muchos casos no la conoce y no se percata de ello). Si hago eso y me preocupo, ¿cómo les puedo decir eso sin que se sientan ofendidas o juzgadas, ya sea para que se den cuenta o para que me den su punto de vista y me digan que estoy en el error? ¿Cómo les puedo decir que la crítica que quiero hacer no tiene el fin de relegar a la mujer, sino que temo que aquello pueda desprestigiar su movimiento? ¿Cómo les puedo decir que esa observación no tiene por ningún motivo desacreditar la lucha de la mujer ni hacerla sentir menos capaz?

    ¿Cómo puedo debatir sin que se tome como un juicio de valor y reciba juicios ad hominem como me sucedió hoy con un conocido que dice ser «feminista» que me dijo que era un ser despreciable (por mi comentario de Paola Espinosa) para que después me borrara del Facebook? Si yo creo en la libertad, en la tolerancia y en el intercambio de ideas ¿cómo podemos construir una relación así sin que haya sospechosismos ni todo se interprete como un ataque?

    La respuesta será: tú no eres mujer, sólo las mujeres entendemos el feminismo, ergo, tú no entiendes el feminismo.

    Y comprendo muy bien que los hombres no entendamos muchas cosas de las mujeres y a veces podemos tener problemas para entender sus sentimientos y sus frustraciones, pero eso no quiere decir que no pensemos. Por el contrario, las opiniones externas a veces son muy buenas. Yo, como muchos, creo con firmeza que la mujer no tiene ninguna limitación intelectual (como se llegó a sugerir hasta hace algunas décadas) y tienen la capacidad de discernir entre una crítica constructiva y una crítica que busca atentar contra ellas. 

    Y repito, ellas son libres de tomar o no las opiniones o comentarios que hagamos e incluirlos o no a su movimiento. Los seres humanos somos libres, por lo tanto, ellas son libres. Igual que los hombres somos libres, y cómo ellas, tenemos garantizada la libertad de expresión. 

    Y creo que el discurso puede crear una trampa (aunque no lo haga a propósito). Y esa trampa es pensar que las críticas son necesariamente manifestaciones de una resistencia natural ante la causa:

    Entendemos que una causa social generará, por defecto, resistencia. A muchos hombres no les fue grato ver que las mujeres empezaran a crear sus proyectos de vida, pero con el tiempo esas resistencias fueron cediendo. Pero con esta corriente no parecen romperse dichas resistencias de forma progresiva; por el contrario, lo que vemos es una polarización cada vez mayor. Los discursos excluyentes sólo dan alimento a los grupos de derecha y ultraderecha como Alt-Right para darle fuerza a sus movimientos. Entonces el peligro es doble, porque además de lo que alertamos, tenemos grupos de extrema derecha que toman fuerza. 

    Y si lo alertamos no es porque seamos antifeministas. Sino por el contrario: reconocemos todos los logros del feminismo, desde las sufragistas, las que lucharon para que la mujer accediera a puestos de trabajo, a puestos políticos, a puestos de poder. Por eso nos preocupa, porque el feminismo ha hecho mucho y entendemos que todavía no llegamos a la equidad de género a la que debemos ambos géneros aspirar, y creo que estas corrientes deslegitiman la causa.

    Y lo hacen porque no todas las personas están dispuestas a discernir la información y muchos pueden crearse la idea de que todo el feminismo es radical y excluyente, que todo el feminismo concibe a la mujer como la víctima del heteropatriarcado, cuando lo que deberían ser no son víctimas, sino mujeres que se la crean, salgan y muestren que no existe razón alguna para que queden en desventaja ante el hombre.

    No es casualidad que sólo leí la palabra patriarcado como cinco veces en el Segundo Sexo de Simone de Beauvoir que tenía como 800 páginas mientras que en un paper o ensayo de esta corriente del feminismo puedo leer el término patriarcado o heteropatriarcado como veinte. Yo me quedo con la mujer de Beauvoir, la que es capaz, la que rompe cadenas, la que puede formar con el hombre equipo donde ambos estén al mismo nivel. 

    Yo soy hombre, pero no sólo somos los hombres los que vemos con preocupación esto. Por el contrario, son muchas mujeres las que ven con recelo estas corrientes. Y no, no son necesariamente conservadoras ni mucho menos sumisas o reprimidas. Muchas de ellas ni siquiera dependen de un hombre, son independientes y tienen una vida hecha. ¿Lo que tienen que decir ellas no cuenta? ¿No es más fácil escucharlas que decir que están condicionadas por el patriarcado como algunas personas sugieren?

    Si se aspira a la equidad de género hay que sumar, no dividir; incluir, no excluir. Si excluyen, perderán la oportunidad de generar un cambio en muchos hombres. Por el contrario, sólo lograrán que refuercen sus creencias. Ya lo estamos viendo, los resultados son claros.

    La lucha debería ser por la mujer, no por una doctrina ideológica o un orden de ideas. La mujer debe tener el derecho a ser tierna o sensible (cosa que a veces les restringen, porque dicen, es manifestación de la opresión patriarcal) así como a ser dura o fria. Coincido en que varios de los roles tienen que ver con convenciones o construcciones culturales, que el hecho de que la mujer juegue con muñecas y el hombre con carros no está necesariamente dado por la naturaleza como afirman algunos conservadores. Entonces yo creo que la gente tiene la libertad de ser como quiera ser y no se le debe imponer ser de ninguna forma. Esa es la lucha con la que yo empatizo, con aquella mujer libre, donde sea ella, su persona, su esencia y su descubrimiento personal y espiritual la que determine como es y no un puñado de normas ideológicas que le digan que sea de tal forma para que «no refleje la opresión del patriarcado». 

    Y sí, los hombres debemos de colaborar, debemos también ser críticos con nosotros mismos y con el comportamiento que tenemos con las mujeres, debemos preguntarnos si con determinada conducta las estamos relegando o las estamos haciendo sentir de tal forma y cambiarlo. y sobre todo, debemos ser empáticos con ellas. Pero eso no quiere decir que no podamos ser críticos porque la crítica no implica dominación.

    Esa es mi opinión. Algunas personas podrán sentirse aludidas, otras no, hay quienes me dirán esto sí y esto no. Mi crítica es un resumen de lo que he vivido en los últimos días, de lo que he observado en redes, de lo que he platicado con otras personas, hombres y mujeres. Mi intención es poner mi granito de arena para crear un sociedad y una convivencia entre los dos sexos más sana y cordial. Sé que recibiré también muchas críticas, las cuales asumiré- Sé que algunas serán constructivas y otras destructivas, pero lo asumo, pago el precio por ello. No importa cuantos unfollows me cueste. Creo que era mi deber escribir esto, y lo hice. Es mi opinión, no es ninguna imposición ni afrenta. 

    Y termino como inicié. Esto no es todo el feminismo, dudo muchísimo que sea la mayoría. Pero hace mucho ruido, el suficiente para que la gente piense que el feminismo es así y se sientan ahí sí, en el derecho de ser machistas y cobardes. 

  • Paola Espinosa es una gran mujer y Gatorade no es misógino

    Paola Espinosa es una gran mujer y Gatorade no es misógino

    Paola Espinosa es una gran mujer y Gatorade no es misógino

    Paola Espinosa es un ejemplo de mujer. 

    Ella es una mujer que se hizo a sí misma, que a través del duro esfuerzo se hizo un lugar dentro del olimpismo con medallas de plata y bronce, así como medallas de oro en mundiales de clavados y Juegos Panamericanos. 

    Si Simone de Beauvoir resucitara, estaría orgullosa de Paola Espinosa. Paola es una de las mejores clavadistas (de ambos géneros) que ha tenido México en la historia. Ella no se «sometió al plan de vida del hombre», ella creó su propio plan de vida, e incluso se casó con Iván García, otro clavadista exitoso, porque tienen un plan de vida en común.

    Pero al parecer (a ojos de unos) cometió un error: decir que su mejor medalla era ser mamá. 

    La indignación de ciertos círculos que dicen ser feministas no se hizo esperar, las críticas a su persona, pero sobre todo, las críticas a Gatorade por publicar una imagen con dicha frase, desató la furia de las feministas más radicales, aquellas influenciadas (sin saberlo en muchos casos) por el postestructuralismo

    Lo primero que se les viene a la mente es que decir que la mejor medalla de Paola es ser mamá es símbolo inequívoco de una cultura heteropatriarcal que la reprime. Ven represión en todos lados. Si su mejor medalla es ser mamá, es «símbolo inequívoco de la represión que viven las mujeres sometidas al yugo del hombre».

    No se molestan en pensar siquiera que Paola Espinosa ha construido ella misma su carrera. Eso no cuenta. Lo que cuenta es buscar cualquier símbolo que huela a opresión. Más como producto de un adoctrinamiento ideológico que por un sincero deseo de la equidad de género o una auténtica liberación de la mujer, este pseudofeminismo, más que liberarla, hace lo contrario: para ellas no está bien que una mujer diga que lo mejor que le ha pasado es ser mamá.  Instan a la policía del pensamiento a censurar cualquiera de esas ideas. Ellas aprenden a oprimirse a sí mismas para combatir la opresión, no entienden que la liberación de la mujer implica que ella tenga el derecho de crear el plan de vida que quiera sin que sea restringida u oprimida y no que sólo adopte el plan de vida permitido por la ideología. 

    Bueno, ni siquiera se les vino a la cabeza que colocaron esa frase en la publicidad porque vino de la propia Paola.

    Por eso es que quieren cambiar el lenguaje, porque en cualquier categoría o relación binaria, existe necesariamente, para ellos, una relación de opresión.

    Basta, sí, con encontrar juntas las palabras, mujer – mamá, o mujer – matrimonio para sospechar. Si esas palabras están juntas hay que revisar el contenido porque muy probablemente exista ahí un indicio machista latente o un «condicionamiento cultural heteropatriarcal hegemónico». 

    Paola Espinosa respondió lo siguiente:

    En su respuesta, muchos vemos a ese ejemplo de mujer liberada, la que piensa por sí misma y la que está a cargo de sus propias decisiones.

    El pseudofeminismo radical, no. Ellos ven ese «condicionamiento cultural». Es víctima de la opresión del patriarcado, insistirán. 

    Por eso insisto en que las verdaderas feministas deben desligarse cuanto antes de estas corrientes ideológicas.