Categoría: sociedad

  • 10 características que debería tener la oposición hacia López Obrador

    10 características que debería tener la oposición hacia López Obrador

    10 características que debería tener la oposición hacia López Obrador

    Primero: En ella no deberían poder participar los políticos de siempre. Esto naturalmente excluye a Margarita Zavala, Felipe Calderón, gente como Javier Lozano y demás miembros de la clase política que fue sacada a patadas en el 2018. Su mera presencia deslegitimaría cualquier movimiento de oposición. Muestra de ello fue el movimiento #HijasDeLaMX (que tuvo el «beneplácito» de la clase política que fue barrida) y que cayó en el desprestigio casi en el momento en el que surgió.

    Segundo: Debe tratarse de una coalición entre diversas corrientes de pensamiento pero que tengan la capacidad de defender el modelo de democracia liberal con división de podres, contrapesos, libertad de expresión, participación ciudadana, Estado de derecho, economía de mercado que esté acompañada de un sistema de seguridad social, que busque combatir los vicios estructurales que derivan en una sociedad injusta e inequitativa (falta de oportunidades, manifestaciones de clasismo o racismo). Dicho esto, esta oposición puede englobar tanto a movimientos de izquierda democráticos (por ejemplo, socialdemócratas), liberales (en el sentido clásico) e incluso corrientes de centro-derecha que coincidan en defender este modelo de democracia.

    Tercero: Debe blindarse ante cualquier injerencia de movimientos de corte populista (de derecha) que pudieran surgir y que busquen aprovechar el descontento de la gente opositora hacia López Obrador para promover una agenda iliberal o, peor aún, autoritaria.

    Cuarto: A partir de la defensa de ese modelo se debe de crear una narrativa poderosa, coherente y contundente que logre contrarrestar la narrativa de López Obrador. Naturalmente este sería uno de los retos más difíciles pero indispensables, y por ello esta oposición debería desligarse de los gobiernos anteriores, lo cual me lleva al siguiente punto:

    Quinto: Deben de ser críticos con los regímenes anteriores y no aspirar a ser una reedición del estado anterior de las cosas. Deben ser oposición de López Obrador, pero también deben ser férreos críticos de los gobiernos anteriores, reconocer lo que se hizo mal de tal forma que puedan ofrecer un modelo nuevo.

    Sexto: Es importante que quienes conformen este grupo (en especial las cabezas visibles) sean gente honorable, reconocida por la sociedad y que no vayan a promover o representar intereses nocivos, ya sean políticos o económicos. Deben saber establecer puentes de diálogo con los diversos sectores pero, a la vez, deben mostrar independencia de éstos.

    Séptimo: Deben de ser capaces de integrar a gente de distintos sectores, de distintas clases sociales y personas que si bien, pueden tener discrepancias en algunas cuestiones políticas, coincidan en su entusiasmo de promover y defender un sistema democrático.

    Octavo: Debe comportarse como una oposición responsable cuyo fin sea velar por los intereses de este país y de todas y todos los ciudadanos que la componen, y no que su papel sea llevar la contra al gobierno nada más por llevarla; mucho menos hacerlo de forma visceral. En este sentido, también debe de ser capaz de reconocer los que desde su consideración sean aciertos del gobierno actual. No debe caer en la tentación de polarizar a la sociedad ni de estigmatizar a quienes piensan diferente.

    Noveno: Debe centrarse no solo en la oposición hacia determinadas políticas del gobierno que se consideren cuestionables, sino que deben estar dispuestos a analizar bien dichas políticas en vez de hacer críticas «por encimita» con base en el primer artículo que vea. Pero sobre todo, debe de ser capaces de plantear alternativas hacia las políticas propuestas y defenderlas.

    Décimo: Debe tener un carácter incluyente y plural, que sea capaz de escuchar a las distintas voces y a los distintos sectores de la sociedad, que no viva en una burbuja y sepa abrirse e incluir a todos los «Méxicos».

  • AMLO contra las organizaciones civiles

    AMLO contra las organizaciones civiles

    Desde el terremoto de 1988, la cultura civil en México comenzó a transformarse. Ante la incapacidad del gobierno para responder, la sociedad se organizó para rescatar a los suyos u partir de ahí comenzaron a florecer varias organizaciones civiles de toda índole. El sismo de 2017 fue prueba de ello donde, a diferencia de 1988, ya existían organizaciones bien conformadas que con su expertise ayudaron a hacer más eficiente el rescate de personas (además, claro, con la ayuda de tecnologías más avanzadas).

    Las organizaciones civiles como tales no representan necesariamente a toda la población, ni la representan en todo. Más bien suelen atender problemas muy específicos y suelen adquirir un alto grado de especialización en ello: que si unos se preocupan por los niños con cáncer, que si otros buscan solucionar problemas de movilidad, etcétera. Gracias a esta peculiaridad, estas organizaciones llegan a adquirir más conocimientos que el Estado dentro de esas problemáticas específicas que desean mejorar.

    Así, las organizaciones civiles son un complemento del Estado mas no una sustitución de éste. Sería un error pensar que las OSC deben sustituirlo, pero de la misma forma es un error pensar que todo el quehacer público debe de ser «propiedad del Estado».

    Las organizaciones civiles democratizan más la sociedad ya que permiten a diversos ciudadanos incidir en lo público. Su presencia puede servir como contrapeso del Estado, pueden llevar a cabo tareas que el propio Estado es incapaz de resolver (ya sea por desinterés, falta de alcance o capacidad) o incluso pueden trabajar de la mano con éste para solucionar problemas muy específicos.

    Esas OSC que desprecia AMLO, como el IMCO, Mexicanos contra la Corrupción y demás, surgieron como un contrapeso al gobierno. Aunque sostienen una postura liberal en lo económico, no son parte del status quo. Todos fuimos testigos de que su postura ante el régimen de Peña fue lapidaria.

    Pero en México organizaciones civiles en México las hay liberales, y también de izquierda y de todos colores y sabores. El Estado no puede aspirar, como afirmara López Obrador, a purificarlas, ello sería atentar contra los derechos políticos y civiles de los individuos. La única obligación de las OSC para con el Estado tiene que ver con el apego al Estado de derecho, el respeto a las instituciones y a su entorno.

    Es cierto que la mayoría de quienes conforman las organizaciones civiles en México viene de una clase relativamente acomodada, y evidentemente suele tener una mayor representatividad que la gente que vive en la base de la pirámide, ya que los primeros tienen tiempo y recursos para involucrarse en el quehacer político en tanto las personas que viven en condiciones más difíciles no suelen tener mucho tiempo y no suelen tener acceso a un buen nivel de educación (que suele ser indispensable para formar una OSC). Pero recordemos que las organizaciones civiles como tales no buscan representar los intereses de toda la sociedad en su conjunto sino que buscan resolver problemas específicos. Recordemos también que las OSC no vienen a sustituir al Estado.

    Tampoco se sigue que el hecho de que la mayoría de quienes participan en las OSC vienen de clases medias o altas implique que solo defiendan sus intereses. Muchas de las OSC buscan combatir problemáticas que afectan a los menos privilegiados.

    Y tampoco implica que haya que ser rico para tratar de incidir en una OSC. Es posible que el hecho de que los más afortunados suelan involucrarse en actos de caridad o filantropía haya creado la percepción de que las organizaciones civiles son para ricos. La realidad es que incluso estudiantes jóvenes de clases medias sin mucho presupuesto pueden conformar sin problema una OSC.

    Si descalificáramos en automático a las OSC por el hecho de que las clases medias o altas tienen más representación que las bajas, entonces tendríamos que descalificar a priori cualquier tipo de manifestación o activismo. No tendríamos por qué esperar a que la sociedad de nuestro país fuera muy igualitaria o se haya acabado la pobreza, más aún cuando incluso hay OSC que buscan de alguna u otra forma, atacar o aminorar las causas que mantienen una sociedad profundamente desigual.

    Que la mayoría de quienes integran las OSC provengan de clases medias, medias-altas o altas, no implica que, como dice AMLO, estas organizaciones (evidentemente las que están bien constituidas y descartando las que utilizan la figura jurídica para cometer abusos) busquen mantener el status quo y los privilegios.

    Las declaraciones de AMLO son un golpe y un mensaje de desprecio hacia un sector civil que, si bien todavía es incipiente, que ha crecido de manera sostenida en los últimos 30 años y ha adquirido una mayor relevancia en lo público. Con sus declaraciones le manda un mensaje a la ciudadanía diciéndole que es el Estado quien tiene la completa rectoría sobre lo público y que ella debe de sacar sus manos.

  • La intelectualidad opositora en tiempos de la 4T

    La intelectualidad opositora en tiempos de la 4T

    Algo que también me da tristeza ver es el papel de muchas de las plumas, opinólogos e intelectuales durante este sexenio. Y de ambos bandos.

    A veces es buen ejercicio ver el papel que juegan dichos intelectuales ante un cambio de régimen. Evidentemente, su postura no tiene por qué ser exactamente la misma ya que, por lo general, tendrán más afinidad ideológica con un régimen que con el otro. Pero ello no implica privarse de cualquier tipo de crítica ni comprometer su calidad como intelectuales que son o dicen ser por medio de críticas superfluas y viscerales.

    Por un lado, son evidentes aquellas plumas que eran férreas críticas del gobierno hasta diciembre, ahora callan y hacen mutis ante medidas o decisiones que hubieran criticado ferozmente si hubiesen sido tomadas por un político del otro bando.

    Pero en esta ocasión me quiero enfocar en la oposición.

    Muchos de los artículos escritos contra la Cuarta Transformación me parecen viscerales y solo recurren a lugares comunes, me atrevo a decir que la mayoría son así. Pareciera que están escritos para que circulen con éxito en los chats familiares de Whatsapp.

    Un claro ejemplo de este «intelectualismo» mediocre es el artículo de «Neosovietismo» de Isabel Turrent. El mismo título es muy descriptivo sobre lo que este texto trata y el cual contiene más que nada analogías muy forzadas para convencer al lector, apelando al comunismo soviético, del peligro de López Obrador como un izquierdista radical que está en contra de la iniciativa privada y que desea estatizar todo.

    En estos artículos no hay un análisis serio, son superficiales, suenan forzados, viscerales y pasan sin ver porque los consumen los férreos opositores de AMLO , son rechazados de forma contundente por los pejistas e ignorados por quienes tienen una postura ambigua por su falta de seriedad. Estos artículos solo sirven para reforzar posturas y caen en el mismo juego del gobierno al que critican, ya que contribuyen a la polarización. No generan opinión pública.

    No estoy diciendo que no se hagan opiniones duras y callen. Por el contrario, ojalá se hagan y muchas. Pero es necesario que esa dureza, esa contundencia, tenga sustancia, análisis, que diseccionen y deconstruyan las decisiones políticas que realmente son de interés para la gente. Artículos así podrían poner aunque sea a reflexionar a más de uno.

    Una de las excepciones de las que hablo es Jesús Silva-Herzog, quien ha escrito artículos contundentes y demoledores contra este gobierno, pero sus artículos son bien pensados, es contundente y ecuánime a la vez, no se convierte en esclavo de sus pasiones: piensa, profundiza, analiza. Es contundente, porque después de un análisis dentro de su fuero interno, sabe poner el dedo en la llaga, ahí donde duele. No por nada sus artículos, a diferencia de otros, viscerales y predecibles, han merecido críticas del propio Andrés Manuel López Obrador. Escribir un artículo con las vísceras es fácil, y no ofrece nada muy distinto a los comentarios y los memes de la gente común en las redes sociales. Escribir un buen artículo es más complicado y requiere de mucha reflexión.

    Si los que se dicen ser «intelectuales de oposición» creen que van a combatir a este régimen por medio de columnas viscerales llenas de lugares comunes, siento decirles que están equivocados. Si hay algo que beneficia a regímenes como los de López Obrador es la polarización, y en tanto polaricen con este tipo de artículos, le van a dar más herramientas a AMLO para separar entre el «pueblo bueno» y la «élite fifí de la mafia del poder».

  • Gracias Yalitza Aparicio, por exhibir nuestro racismo

    Gracias Yalitza Aparicio, por exhibir nuestro racismo

    Gracias Yalitza Aparicio, por exhibir nuestro racismo

    En nuestro país, con excepción de los deportes (ahí donde la clase y el status no importan tanto) es complicado ver a un indígena o con rasgos indígenas triunfar y que se le reconozca mediáticamente por ello. Y cuando ello ocurre, se le reconoce de tal forma que no se le reconozca como parte de y no se le integre, sino como una entidad externa, una excepción. No fue ella, sino «aquella» quien triunfó.

    La actriz Yalitza Aparicio, al convertirse un fenómeno internacional, sobrepasó todos esos paradigmas y conveniencias sociales. Triunfó y fue reconocida ahí donde se supondría que solo las personas que forman o aparentan formar parte de una élite artística y social pueden ser parte. Los mexicanos nos regocijamos al presumir la belleza de nuestras mujeres en el cine como si se tratara de un orgullo nacional: «miren a Salma Hayek, miren a María Felix», actores que sobresalen en tanto los más «oscuritos» quedan muchas veces condenados a representarse a ellos mismos como clase social inferior. Pero aquí algo diferente pasó.

    Aunque en la película Roma Yalitza Aparicio siguió representando a los de «su clase», algo muy diferente ocurrió. Alfonso Cuarón le dio un papel protagónico e hizo que la película girara en torno a ella en su mayor parte, logró que el espectador empatizara con ella y no la viera como esa «aquella» que tanto nos han mostrado las telenovelas. Ayudó también que ese racismo tan oculto pero presente dentro de nuestras estructuras sociales no haya estado tan normalizado en otros lares. A Yalitza la trataron de una forma en que en su propio país tal vez no la hubieran tratado: la buscaron para entrevistarla, la invitaron a programas de televisión y no la trataron con esa conmiseración con la cual se suele tratar a una persona de rasgos indígenas.

    La verdad es que a muchas personas les molestó que Yalitza Aparicio, alguien con «la apariencia de la señora del aseo», acaparara tantos reflectores y fuera nominada como mejor actriz para el Oscar. Ese racismo, ese que todos dicen que no existe, ese que muchos esconden y disfrazan como un imposible bajo el manto de la fe religiosa o de la supuesta opresión de las culturas consideradas superiores (como la estadounidense). se exhibió y tomó forma. Bastó que el cine y la prensa internacional le diera reflectores a una indígena para que «la caca saliera a flote».

    Personas como Sergio Goyri no se tentaron el corazón. El actor, en una comida privada, expresó su molestia llamándola una «pinche india que sólo sabe decir, sí señor, no señor» para después ofrecer una disculpa fría e hipócrita. Muchas otras personas pertenecientes a la farándula mexicana, si bien, no fueron tan agresivos, sí minimizaron su logro criticando su apariencia, diciendo que fue un golpe de suerte, que sí actúa bien, pero que no es como para ser nominada.

    Varias personas también se indignaron en las redes. Y dada la naturaleza de la interacción que existe en las redes, ahí las manifestaciones racistas y agresiones verbales no se hicieron esperar. Ahí no cuidaron las formas. Dijeron lo que siempre han pensado, y se dieron el permiso de hacerlo al tener un foro donde expresarse. Tal vez Umberto Eco no se había equivocado tanto con eso de la «legión de idiotas».

    Pero eso tampoco significa que todos los mexicanos sean racistas. Muchas otras actrices salieron en su defensa, muchas otras personas entraron a las redes para defenderla e incluso la presumieron en sus posts con orgullo. Les dio gusto que una persona de «tan abajo» hubiese llegado «tan arriba». Y eso es bueno, porque por cada manifestación de racismo hay otro mexicano que se molesta en reconocer el problema, trabaja por cambiarlo y se contagia del ejemplo que Yalitza Aparicio es. Seguramente más de uno reflexionará sobre el trato que les da a las personas indígenas y hará algo por mejorar en ello y verlas más como «nosotros» que como «aquellos».

    Pero que se manifieste todo ese racismo no es en sí una mala noticia. Dicho racismo siempre ha estado ahí presente, pero siempre ha estado tan escondido que no se había hecho nada al respecto. El que se manifieste hace que le demos forma, que lo entendamos y así asumamos que es un mal que debemos combatir. Gracias al éxito de Yalitza que tanta «indignación» causó en unos, nos damos más cuenta de que como sociedad tenemos un problema. Que allá afuera Yalitza puede acompañarse de Angelina Jolie mientras acá despreciamos a los indígenas bajo la cortina de humo de la conmiseración. Yalitza nos mostró que esa concepción de los «pobres indígenas» bajo la cual justificamos la discriminación no tiene sustento alguno.

    Yo no sé si Yalitza vaya a ganar el Oscar y no sé si sea la mejor actriz (básicamente porque no he visto las otras actuaciones), pero lo que sí puedo decir es que es alguien de quien los mexicanos debemos sentirnos muy orgullosos. Ella es uno de nosotros, no de «aquellos».

  • Ser influencer en tiempos del ego

    Ser influencer en tiempos del ego

    Querer ser influencer está de moda. No son pocas las personas que quieren ingresar a este mercado cada vez más saturado. El mismo término anglosajón se carga de un hype que para qué les cuento.

    Está de moda porque Internet le ha dado al individuo de a pie un canal para aspirar a ser famoso. No tiene que tocar las puertas de Televisa ni algún otro medio tradicional para ver si después puede aparecer en una novela, en un programa de revista o de debate político, basta un canal de Youtube, una cuenta en Instagram o Twitter y cómo grabarte ¿no?

    Suena muy sencillo, pero no lo es.

    Muchas de las personas que aspiran a ello creen que no es tan difícil. Ven algún video de Yuya y dicen «es banal y frívolo, que cualquiera lo puede hacer». Entonces, los ilusos y las ilusas hacen cualquier cosa, como irse a emborrachar a un antro para subirlo a Instagram Stories y presumir una vida frívola o empezar a seguir a multitud de personas esperando que les den follow-back, de esas personas me he topado mucho en Instagram.

    Pero detrás de los videos de Yuya y de los influencers exitosos hay mucha preparación y mucho trabajo: hay que escribir guiones, investigar, y mientras no tengas los recursos necesarios, encargarte de toda la edición, y eso de verdad que es algo bastante pesado. Implica encerrarte un día y «picarle» al Adobe Premiere e implica que le estudies en Internet para que ese producto quede lo suficientemente decente. Implica prueba y error. Vaya, implica «ponerte en la madre».

    A diferencia de los influencers con mucha audiencia, que al final son muy pocos, que son los que llegaron primero y que tienen una estrategia y muchas horas de esfuerzo duro detrás, estas personas que aspiran a ser influencers no tienen una estrategia clara y creen que todo se trata de inflar followers para venderse a las marcas. Creen que basta un cuerpo bonito o que se trata de presumir su vida cotidiana para hacerse famosos y así monetizar a su persona para vivir de ahí. Vieron que otra persona ya lo hizo y le funcionó, pero esa persona ya acaparó el mercado, y lo hizo de una forma mucho más inteligente que ellos.

    Ellas y ellos creen que la vida de influencer es fácil y, en realidad, no lo es. Hay que chingarle, como en cualquier proyecto, como en cualquier empleo, y más aún ahora cuando el sector está cada vez más saturado.

    El problema más grande de estos influencers de medio pelo es que se concentran tanto en su ego (que me conozcan, que tenga muchos followers) que olvidan que se trata de generar contenido para los demás. No se preguntan bien siquiera ¿qué es lo que la gente quisiera ver? ¿Es mi contenido original? ¿A qué segmento de mercado puedo aspirar a entrar con mis talentos y habilidades? Se preguntan ¿Cómo me voy a ver? ¿Qué tan famos@ voy a ser? ¿Cuánto voy a ganar?

    Creen que son lo suficientemente cool como para atraer a las masas a sus cuentas, pero no lo son. Muchos influencers ni siquiera necesitan ser tan cool (algunos incluso son antipáticos y saben explotar esa antipatía a su favor), necesitan una fórmula que funcione, para eso se necesita mucha creatividad, trabajo y esfuerzo.

    Y por eso entendemos que la mayoría de aspirantes a influencers están condenados al fracaso.

  • Tlahuelilpan. La tragedia como farsa social

    Tlahuelilpan. La tragedia como farsa social

    Tlahuelilpan. La tragedia como farsa social

    Lo que sucedió el día de antier fue algo (o debía ser) muy doloroso. Muchos nos topamos con los terribles videos donde las personas corrían envueltas en llamas tras la explosión que ocurrió en Tlahuelilpan después de que una gran cantidad de personas ordeñara un ducto. ¿Cómo pudimos llegar hasta aquí? La respuesta no es tan fácil y me temo que no hay un único culpable sino que es la consecuencia de muchísimos factores.

    Pero a la vez todos esos factores se pueden explicar por medio de algo más simple: para simplificar esa explicación y no perdernos entre complejidades y demasiados detalles, podría decir que es producto de la descomposición social e institucional. Es la muestra de nuestra incapacidad de construir un país que funcione, donde el ciudadano respete las leyes y donde las mismas autoridades respeten a los ciudadanos y velen por ellos: en Tlahuelilpan no vimos nada de eso, vimos a más de un centenar de personas ordeñando un ducto, lo cual es ilegal, y a unas autoridades que estuvieron presentes pero que se vieron rebasadas y que solo se limitaron a decirle a la gente que no se acercara.

    Cuando las instituciones no funcionan, cuando el tejido social está quebrantado, cuando los ciudadanos se quejan de sus circunstancias pero violan la ley a la primera, cuando se preocupan por sus problemas pero les vale gorro su entorno, cuando un gobierno habla de buenas intenciones pero sus militares están solamente ahí mirando de forma displicente, cuando todo eso pasa es cuestión de tiempo para que la desgracia se haga presente, y terminó ocurriendo. AMLO no se puede sentir completamente ajeno a lo ocurrido, pero sería una irresponsabilidad achacar toda la responsabilidad a él: ¿qué pasa con los anteriores presidentes que no hicieron nada para combatir la ordeña de los ductos? ¿qué pasa con todos los políticos que han gobernado por medio de una cultura de la corrupción y el pillaje? ¿Y qué pasa con todos los ciudadanos que hemos crecido bajo el paradigma de que en México las leyes están para torcerlas?

    No se equivoca la gente que habla sobre esta tragedia como resultado de la falta de oportunidades y la profunda desigualdad que existe en el país. Tampoco se equivoca quien habla sobre esta tragedia como resultado del displicente papel de las autoridades al no hacer lo suficiente para que las personas se acercaran y poner orden a toda costa. En realidad se trata de una combinación de muchos factores, pero los cuales apuntan al mismo lado, a un tejido social y unas instituciones débiles.

    Igual de grave me pareció la reacción de mucha gente ante la desgracia. Es cierto que lo que hicieron estas personas era ilegal y a lo cual corresponde una sanción, pero ello no quita que son seres humanos que no tendrían por qué haber muerto de esta forma ni tampoco alguien razonable podría argumentar que «se lo merecían», menos cuando seguramente no eran conscientes del riesgo al que se estaban exponiendo. Con mucha pena e indignación vi cómo varias personas (unas pro-AMLO y otras anti-AMLO) celebraron la tragedia. También con mucha pena fui testigo sobre cómo muchas personas compartieron los videos y fotografías explícitas de la tragedia por morbo o incluso para divertirse con sus amigos.

    Terrible es nuestra falta de sensibilidad ante una tragedia de esta magnitud, como si se tratara de algo tan cotidiano y ajeno a nosotros. Ello es muestra de la descomposición social que existe en nuestro país donde y que explica por qué somos capaces de dejar pasar una tragedia como si nada hubiera pasado o como si solo fuera meritoria de la nota roja que va acompañada de encabezados cómicos e insultantes de ciertos diarios.

    Tristemente, más de 66 personas murieron, más de 66 familias se quebraron, más de 66 historias de vida desaparecieron tras la tragedia. Y nosotros estamos aquí, como si nada hubiera pasado, como si se hubiese tratado de algo cotidiano, sin reparar siquiera en un paradigma de país deficiente que hemos construido y el cual no nos garantiza que una tragedia así no nos llegará a ocurrir a nosotros.

  • La Guardia Nacional y desabasto. Nuestras prioridades al revés

    La Guardia Nacional y desabasto. Nuestras prioridades al revés

    La Guardia Nacional y desabasto. Nuestras prioridades al revés

    Ayer, el Congreso (MORENA + PRI) aprobó la Guardia Nacional propuesta por AMLO que, de alguna forma, profundiza (aunque digan lo contrario) una estrategia que comenzó con Felipe Calderón.

    Sin escuchar a la sociedad civil y a los organismos internacionales, el gobierno hizo realidad algo que podría tener muchos riesgos ya que termina de militarizar al país otorgándole tareas de seguridad pública, lo cual puede generar un aumento de desapariciones forzadas y puede constituir un riesgo para los Derechos Humanos.

    Pero es curioso que esta noticia no haya merecido mucha indignación ni manifestaciones como sí lo hizo el desabasto. No vimos a los denominados chalecos amarillos (que es una esquizofrénica tropicalización de las manifestaciones en Francia que incluyeron vandalismo y saqueos traducida en personas de clase media alta que salen con lentes para que no les dé el sol) ni a movimientos similares en las calles como sí los vimos con el desabasto.

    ¿Por qué una medida que generará incomodidades en algunos días genera más indignación que otra que puede generar problemas más graves en el mediano y largo plazo?

    La respuesta es sencilla, porque nos molesta más las incomodidades que podamos tener en nuestra vida cotidiana que las afectaciones a toda la nación en su conjunto. Es una visión muy individualista.

    En realidad, parece ser que los chalecos amarillos y organizaciones similares no salieron a las calles porque estuvieran preocupados por su país, sino porque estaban preocupados por ellos mismos. Al momento que escribo esto en su fan page no hay casi ningún contenido sobre la Guardia Nacional y sí lo hay sobre el desabasto y alertas sobre cómo México se podría convertir en Venezuela.

    Podría argumentarse que estas organizaciones compuestas en lo general de personas de clase media-alta ya están saliendo al espacio público. Pero eso no implica necesariamente que haya un involucramiento con el quehacer político y social del país ni el deseo de hacerlo, sino que quieren que aquello que les aqueja en lo inmediato como personas se resuelva. En su Fan Page no vemos algún ideal o alguna causa sino tan solo la solución a sus problemas inmediatos, tampoco vemos siquiera una postura o contrapropuestas. Tan solo vemos un escueto análisis a la estrategia de AMLO que no profundiza y hace muchas suposiciones. Dicho esto, es difícil esperar que de este tipo de agrupaciones pueda surgir alguna oposición real ya que son meramente reactivas.

    Es evidente que el desabasto genera incomodidad, la gente tiene derecho a sentirse molesta por ello (independientemente de si éste haya sido un mal necesario para el combate al huachicol o no). Pero lo que me llama la atención es que las medidas que nos afectan como país no nos importen sino solo las que nos afectan como personas en lo inmediato.

    A diferencia del combate al huachicol, la Guardia Nacional ya era de dominio público desde hace ya algunos meses, la cual recibió más bien críticas dentro de los comentaristas y especialistas y no tanto en la calle, donde solo llegó a ser abordada de forma muy secundaria y marginal por alguna de las primeras manifestaciones en contra de AMLO.

    Tal vez tengan razón quienes se han atrevido a dominarnos como «liberales salvajes», todavía nos falta un buen tramo para aspirar a ser una sociedad que se involucre en lo público y que logre construir una oposición fuerte y responsable ante un gobierno que se ha encontrado sin una ni dentro de las instituciones políticas ni en la sociedad civil.

  • Crónica de un desabasto no anunciado

    Crónica de un desabasto no anunciado

    Crónica de un desabasto no anunciado

    Ayer me fui a formar para ponerle gasolina al automóvil. Era una fila kilométrica que daba vuelta en varias cuadras. En la esquina unos automovilistas se agarraron a golpes porque uno había tratado de meterse a la fila. Otro ya no tenía gasolina y tenía que empujar su automóvil. La situación era caótica, la gente estaba desesperada porque no sabía si iba a alcanzar a llegar a la gasolinera. La gente temía que se acabara el abasto de gasolina antes de que le tocara el turno, que pasara eso implicaba ir a buscar otra gasolinera y hacer el mismo procedimiento.

    El gobierno de López Obrador ha tomado una decisión muy impopular con el fin de acabar con el huachicoleo, un problema que se ha convertido en un cáncer, no solo por la afectación a las finanzas públicas sino porque termina financiando a los mismos grupos de delincuentes que se benefician de ella (incluidos cárteles de la droga). Su gobierno hizo bien en hacerle frente y era necesario tomar medidas drásticas.

    Y como toda medida drástica, esta iba a tener afectaciones en la vida cotidiana de la gente. Así como cuando la policía tiene que cerrar toda una cuadra para perseguir a un criminal o como cuando el gobierno tiene que hacer recortes producto de la mala gestión del gobierno anterior o cuando algunos negocios terminan perjudicados debido la construcción de un transporte público que era necesario, se entiende que una medida como la actual tenga afectaciones en la vida cotidiana. Sería pecar de ingenuo pensar que algo así no fuera a ocurrir.

    Esta parte, esta voluntad política puede reconocerse y no podría negarse. El gobierno de AMLO está haciendo frente a un cáncer que los otros gobiernos dejaron crecer (lo cual los convierte en automático en corresponsables de lo que estamos viendo el día de hoy) y está apostando parte de su capital político combatirlo.

    Pero el infierno está pavimentado de buenas intenciones…

    El tomar medidas drásticas también conlleva responsabilidades, responsabilidades que han sido omitidas por este gobierno y que pueden terminar comprometiendo la estrategia que está llevando a cabo.

    Entre todos los errores, el que me parece más grave es el que tiene que ver con la comunicación pero que también puede estar explicado por los otros (que tienen que ver con una deficiente planeación, deficiencia que, por cierto, no conocemos a profundidad ni podemos dimensionar bien por la misma falta de comunicación entre el gobierno y sus gobernados).

    La comunicación es importantísima cuando le quieres pedir a la gente que haga sacrificios. Si la gente va a tener una alteración en la vida cotidiana de menos debería saber para qué fin ésta se va a ver alterada (tal vez esto es lo único que sabe y a medias), por qué debe combatirse ese problema, en qué consiste el problema, qué estrategia se va a seguir (aunque no pueda darse a conocer al público por completo, al menos que se delineen algunos puntos de ella para que la gente sepa que hay una estructura y un plan detrás), cuáles son las medidas a largo plazo para que el huachicoleo no resurja y para que los huachicoles no terminen delinquiendo en otras cosas, aproximadamente cuánto va a durar, o qué medidas va a tomar el gobierno para que el impacto, inevitable, sea el menor posible.

    Como todas estas cuestiones no han sido respondidas, la gente llega a la conclusión de que no hay estrategia alguna y se trata de una mera ocurrencia a la cual ya le han sentenciado un rotundo fracaso a pesar de que lleva pocos dias (producto de la poca disposición del gobierno de comunicarla). De la misma forma, la gente tampoco dimensiona el problema que se busca combatir (el huachicoleo) y, aunque reconoce que sí es un problema, le puede restar importancia. La gente tampoco entiende cómo funciona Pemex, no sabe por qué se tuvieron que cerrar los ductos, no sabe cuándo van a abrir, no sabe nada. Esto es responsabilidad del gobierno y de nadie más.

    El gobierno no puede exigir a los ciudadanos que se solidaricen, más bien deben ganarse la comprensión de la ciudadanía. El gobierno debe de ser empático y explicar bien por qué ese sacrificio que van a hacer vale la pena, lo cual no ha hecho. En cambio, hemos visto declaraciones de AMLO y los suyos que llegan a rozar en la burla y la arrogancia, vemos descalificaciones a diarios a la Trump e incluso burlas de algunos de los suyos en redes sociales.

    La comunicación podrá parecer una nimiedad, pero ésta puede determinar el éxito o el fracaso de la estrategia. Por ejemplo, con la comunicación tan deficiente que el gobierno está teniendo, el umbral de tolerancia de la gente se reduce considerablemente. Con una mejor comunicación la gente podría estar más dispuesta a hacer sacrificios y eso le daría un mayor margen de maniobra al gobierno para actuar.

    Pero en vez de ver una estrategia de comunicación sensata, lo que vemos son flyers que no dicen nada, que contienen un tufo de culto a la personalidad y que incluso violan el artículo 134 de la constitución. Es paradójico que se viole el Estado de derecho para anunciar una estrategia que busca fortalecerlo:

    También, podemos ver que detrás de esta estrategia están ausentes previsiones y mecanismos que tengan el fin de aminorar el impacto y las externalidades. En caso de que no se haya podido avisar a la ciudadanía con tiempo (por la mera estrategia), sí podría haberse implementado medidas tales como coordinación con las gasolineras para racionalizar la gasolina de forma ordenada, se me ocurre algo así y también agrego una sugerencias que un amigo mío hizo: por ejemplo, que solo puedan despachar gasolina los automóviles que tengan menos de medio tanque lleno, que tal terminación de placas pueda abastecerse tal día para que las colas no sean tan grandes, o que si bien es cierto que Pemex tiene poca capacidad de almacenaje (lo cual explica por qué hay barcos varados en el mar) haber buscado la forma de tener una reserva, aunque sea la mínima. Otra medida debería haber sido priorizar la gasolina a los vehículos automotores que trasladan insumos de primera necesidad tales como alimentos perecederos, medicinas así como ambulancias. Si la gente hubiera visto alguna forma de coordinación tal vez no estaría tan enojada. La poca coordinación que hay es producto de los mismos ciudadanos, no del gobierno. Son los ciudadanos los que se han tenido que organizar por sí mismos.

    Es cierto que la gente está haciendo muchas suposiciones, que si cerrar los ductos es una tontería, que si de verdad están combatiendo el problema del huachicoleo e incluso corrieron teorías de la conspiración que tenían el fin de acabar con las importaciones en aras de la soberanía energética. Algunos activistas piden a AMLO que abra ya los ductos sin saber bien si esto es una buena idea porque ni siquiera conoce bien la estrategia. Pero el gobierno es en gran medida responsable de esto. La gente no tiene la suficiente información porque el gobierno no se las ha dado. Lo que la gente percibe allá afuera es desorden porque el gobierno ha sido incapaz de explicar el por qué del caos, los ciudadanos opinan y especulan con lo que tienen a la mano (que es poco, y eso poco les es muy molesto).

    La gente no cree en la estrategia porque no ve detenidos. En efecto, no necesariamente tendría que haberlos a estas alturas del juego, pero la gente lo entendería si el gobierno hubiera comunicado mejor. Como la gente no conoce la estrategia, se imagina o asume cómo debería de ser y con base en ello hace esas suposiciones. Pero eso no es responsabilidad de la gente, sino del propio gobierno.

    Yo apoyo la decisión de AMLO, creo que ha tomado una medida necesaria e incluso valiente para combatir un problema producto de la complicidad o la displicencia de los gobiernos anteriores. Yo quiero que se acabe con el huachicol porque es un problema gravísimo y si para eso algunos días nos vamos a tener que formar en las gasolineras estoy dispuesto a asumir el sacrificio. Pero el apoyo también significa ser crítico con lo que se está haciendo mal y con lo que se puede hacer mejor y no podemos negar que detrás de esta estrategia, bien intencionada, sí, falta planeación y hay mucha improvisación.

    Al final, lo que importa y lo que debe importar no son las buenas intenciones, que se agradecen pero nada más. Lo que importa son los resultados, nosotros votamos a los candidatos para que den resultados, no para que «le echen ganas» y se jacten de ello. La gente quiere ver resultados tangibles y concretos. Si no existe eso, entonces esta estrategia habrá fracasado y la gente tendrá todo el derecho de estar molesta porque su vida se vio interrumpida a cambio de absolutamente nada.