Categoría: sociedad

  • Todos estamos ideologizados

    Todos estamos ideologizados

    Todos estamos ideologizados
    Ilustración: The Financial Times

    Amigo, te voy a hacer una pregunta: ¿guardas simpatía con una o algunas de estas corrientes de pensamiento?

    Capitalismo, liberalismo, conservadurismo, catolicismo, socialismo, feminismo, protestantismo, comunismo, cientificismo, anarquismo, machismo, islamismo, humanismo, masculinismo o cualquiera de todos los ismos habidos y por haber.

    Entonces temo decirte que estás ideologizado, o de la misma forma, adoctrinado. Y no hay escapatoria.

    Incluso si eres una persona que no conoce nada de política ni de la vida, seguramente sigues alguna de ellas cuando menos aunque no la sepas nombrar.

    Y es natural, porque nosotros nos valemos de relatos para explicarnos el mundo. Incluso los más tecnócratas y aquellos a los que les encanta el positivismo.

    Y en este mundo posmoderno donde el individuo aspira a construir su propio relato, es posible que sigas más de una doctrina (conservador en lo social y liberal en lo económico; o liberal en lo económico y feminista y un largo etcétera) pero de igual forma estás ideologizado.

    El conservadurismo ha renegado de esa definición argumentando que ellos no siguen ideologías (Russell Kirk) sino que aspiran a que los cambios sociales sean lo suficientemente lentos como para que no trastoquen el tejido social. Pero esa aspiración en sí ya es una idea, una idea sobre cómo el mundo debería funcionar.

    Peor aún, el conservador actual sigue ciertas ideologías que, al estar ya establecidas en el ethos social, considera casi como naturales. Algunos de ellos siguen el liberalismo económico, algunos otros profesan el catolicismo.

    Algo similar pasa con las religiones. La diferencia más notable entre una religión y una ideología secular es el componente trascendental de la primera que una ideología no tiene. No es gratuito que algunos aseguren que una ideología es una religión secular. Tanto las ideologías como las religiones tienen dogmas (aunque la religión los reconoce de forma más abierta) y de igual forma, de las dos se desprenden una serie de valores éticos y morales. La religión no deja de ser una suerte de ideología.

    Y lo diré claro: en tanto una persona tenga la capacidad de comunicarse, interactuar con las demás personas y formar parte de una sociedad, estará ideologizada. Es imposible no estarlo porque la ideología (o el conjunto de ideologías) le sirve como una suerte de brújula para entender el mundo y porque sin ideología no puede existir cohesión social alguna.

    Que una serie de ideas te parezcan normales o naturales no dejan de formar parte de una ideología por su mera condición de ideas. Puede sonar chocante pero lo explicaré de una forma sencilla: en el medievo, la idea el progreso básicamente no existía: el mundo se concebía como algo estático. Esta idea que nos parece natural, de ver al mundo como algo que progresa y evoluciona la heredamos de la modernidad o, mejor dicho, del liberalismo y no ha estado siempre con nosotros.

    El liberalismo también nos trajo esa herramienta útil que llamamos «método científico» que aspira llegar a los hechos reales (no falsables, como diría Karl Popper) y lo más limpios posible de cualquier sesgo ideológico. Realmente es útil y gracias a éste se explica gran parte del desarrollo que hemos alcanzado, pero ni el método científico está libre de ideología porque parte de su legitimidad está articulada por argumentos ideológicos (adheridos al liberalismo y su concepción de lo que el mundo debe ser) y porque es inevitable que lo ideológico (no necesariamente liberal) opere en el proceso de las siguientes formas:

    1) El individuo hace ciencia o busca conocer la verdad motivado por razones que a su vez están influidas por razones ideológicas. El individuo que hace ciencia no es neutro, siempre tiene una motivación, y ello puede hacer que publique su paper en caso de que su hipótesis haya resultado verdadera, pero es posible que no lo haga cuando ella sea falsa (este fenómeno tiene un nombre que no recuerdo, se los debo) dando más visibilidad a la forma de pensamiento afín de los científicos que la llevan a cabo.

    2) Los hechos en sí son objetivos en tanto que residen fuera de la mente del individuo, pero la interpretación de éstos puede estar influenciada por razones ideológicas al punto de correr el riesgo de hacer interpretaciones erróneas de un fenómeno que es en sí verdadero. Ya que todos los seres humanos estamos condenados a conocer la realidad de forma subjetiva o intersubjetiva (consenso de varios individuos subjetivos) y porque nuestras convicciones ideológicas afectan ese «conocer la realidad», nadie, absolutamente nadie, es ajeno a esa posibilidad y sólo puede evitarse en tanto los instrumentos utilizados sean lo más precisos posible. A mayor precisión, el sesgo ideológico queda más restringido. De igual forma, el consenso entre distintos científicos, producto de experimentos practicados por diferentes personas y en distintas circunstancias también ayudan a reducir el sesgo ideológico a su mínima expresión (y aún así no hay nada que nos garantice que éste estará completamente ausente).

    Reconocer que operamos bajo relatos ideológicos no quiere decir que debamos caer en el relativismo absoluto y pensemos que todas las ideologías valen igual; por el contrario, es completamente sano y deseable defender las convicciones ideológicas propias. También es cierto que unas ideologías han probado ser más eficientes que otras (el liberalismo probó ser más eficiente que el comunismo, por poner un ejemplo); unas perviven y otras son vencidas fácilmente, unas se adaptan bien a ciertas circunstancias y otras no.

    Del mismo modo, hay algunas ideologías más flexibles que otras, unas que restringen más la libertad del individuo que otras. Pero todas son, al final del día, ideologías.

    Y por eso estamos ideologizados e incluso adoctrinados. Incluso quienes somos liberales y nos regodeamos en la flexibilidad de nuestra doctrina, fuimos educados de tal forma y recibimos información tal que somos liberales. Evidentemente el adoctrinamiento no tiene por qué ser coercitivo, uno puede «adoctrinarse» producto de la voluntad propia, de la deliberación en nuestro fuero interno y de la adquisición de conocimiento, aunque nuestros valores previos, la cultura en la que estamos insertos, nuestra experiencia de vida y nuestro temperamento en cierta medida nos llegan a predisponer, lo cual se comprueba al darnos cuenta que en un país occidental existen muchas más personas liberales que en uno de Oriente Medio.

    Los autores posmodernos decretaron el fin de los metarrelatos (Lyotard, en específico) para ser reemplazados por un relato propio o microrrelato. En algo tienen razón al hablar de la sociedad posmoderna, pero dicho relato propio es, al final, una combinación de distintas doctrinas e ideologías: un ejemplo es una mujer que va a la Iglesia, en la tarde va al Yoga y estudia economía monetaria. El individuo apela a distintas doctrinas para distintos ámbitos de la vida, pero la ideologización pervive.

    El eclecticismo más profundo no libera a una persona del hecho de que está ideologizada.

    Es imposible desentenderse de ello. Sin ideologías no puede haber civilización y no puede existir orden alguno, sin ellas el individuo entraría en una profunda crisis existencial. Debe, a pesar de todo, existir algo parecido a un consenso.

    Ese consenso es lo hegemónico. La hegemonía actual en Occidente es la democracia liberal en lo político, capitalista en lo económico y progresismo en lo cultural, lo cual es sostenido y promovido (comprendiendo a Gramsci) por ciertos conglomerados como la educación, el intelectualismo y los medios de comunicación. No todos están de acuerdo y pueden disentir o profesar «ideologías distintas», pero al final terminan viviendo, de una u otra forma, el discurso hegemónico del cual la sociedad es parte: un socialista que se pone a vender camisas para pagar la renta puede ser un claro ejemplo, o también un aspirante a dictador sabe que la mejor forma de llegar al poder es mediante elecciones.

    Entonces, decir que alguien está ideologizado o adoctrinado (en sentido peyorativo) es impreciso porque de cierta forma todos lo estamos. Se dice en el argot popular que una persona lo está cuando se adhiere a otra ideología que no comulga con la nuestra, o cuando su postura ideológica es demasiado inflexible y sigue dicho credo a rajatabla y de forma profundamente dogmática. Pero que nosotros guardemos una mayor flexibilidad o sigamos la ideología dominante no implica no sigamos ideología o doctrina alguna, es absurdo.

    Los conservadores pueden argumentar si es mejor que los cambios sociales (y por tanto ideológicos) deben ser lentos y es válido, pero ello no implica que no sigan una ideología. La siguen.

    También es válido argumentar si una ideología puede ser peligrosa, pero ello no nos exime del hecho de que sigamos una o algunas.

    Pero siempre, en cualquier sociedad se cumplirán dos cosas: 1) Siempre existirá un discurso hegemónico dominante y 2) Todo aquel individuo que es parte de sociedad alguna profesará una o más ideologías bajo las cuales regirá su vida y tratará de entender el mundo.

    Estamos condenados a seguir ideologías, y ciertamente ser muy inflexible no es buena idea, pero tampoco lo es tratar de despojarnos por completo de ellas ya que nos conducirá irremediablemente al nihilismo. Lo responsable, a mi parecer, es siempre mantener un mínimo de flexibilidad a la hora de defender la doctrina que seguimos. Las ideologías son muy útiles, pero el mundo es lo suficientemente complejo como para enmarcarlo en una sola ideología, por lo cual habrá un momento en que cualquier ideología tenga deficiencias a la hora de mostrarnos la realidad de forma fidedigna.

  • Violencia hacia la mujer, lo privado y lo público

    Violencia hacia la mujer, lo privado y lo público

    Violencia hacia la mujer, lo privado y lo público

    Hasta hace apenas unas décadas la violencia intrafamiliar hacia la mujer no era muy mal vista. Era correcto que «los varones corrigieran a sus esposas». El hombre era la cabeza de la casa y los asuntos familiares, en este sentido, eran privados. El mismo hombre era quien, a la vez, fungía como protector de la mujer ante la violencia externa.

    En términos generales, el hombre era lo público y la mujer lo privado. El hombre es quien trabaja y produce y la mujer se queda en casa a cuidar a los niños.

    Ello tiene un efecto en el diseño en el orden institucional. Si la cultura siempre dijo que los problemas domésticos y privados eran «asunto privado», entonces sería iluso esperar que el orden institucional atienda lo privado como debiera. Pero ese estado de cosas que buscaba proteger a la mujer en lo privado es el mismo que invisibiliza este tipo de violencia.

    Dado que la mujer ha querido liberarse de la condición anterior (patriarcal) muchos de estos mecanismos de contención (protección de los padres, vigilancia a la hora de seleccionar pareja, por ejemplo) se han vuelto más laxos ya que dichos mecanismos contemplaban a la mujer como un asunto privado. Pero esos mecanismos no han terminado de ser sustituidos por aquellos que contemplen a la mujer en la misma condición de equidad que el hombre.

    Puede sonar algo chocante pensar que el proceso de liberación femenina las ha dejado en un proceso de mayor vulnerabilidad, pero no porque la liberación femenina esté mal, sino porque no se han terminado de construir los mecanismos de contención que contemplan a la mujer dentro de lo público, como ser autónomo y que no necesita la «protección paternalista del hombre que está a cargo de ella».

    Una porción del «también la mujer tiene responsabilidad por juntarse con esa gente» parte del mismo esquema. Como los asuntos domésticos son privados, entonces es la mujer quien debe evitar de estar con una persona violenta y no es tanto la autoridad o la sociedad quien debe defender a la mujer en caso de ser abusada (problema que se traslada también a situaciones laborales y de noviazgo).

    Por eso los padres de familia han sido históricamente mucho más estrictos al evaluar a las parejas de las hijas que la de los hombres. Por ello las mismas mujeres deciden guardarse sus historias, porque como se asume que hay corresponsabilidad ya que en ese estado de cosas anterior es la presión social la que evitaba que se fuera a involucrar con un gañán, entonces se le estigmatiza, como ocurre con las mujeres que han sido violadas.

    Lo que estás viendo es, en resumen, una crisis producto de una transición de un sistema patriarcal a un sistema de plena equidad entre ambos géneros. Los avances obtenidos por la mujer son muy evidentes, pero igual es evidente también que esa transición no ha, de ninguna forma, terminado.

    Una transición implica una crisis porque no todas las variables evolucionan a la misma velocidad lo cual provoca disonancias. Implica un salir de la zona de confort en aras de llegar a otra estado de cosas estable superior. Algunos hombres a estas alturas todavía ven con recelo que las mujeres se emancipen. Otros, al ver que la mujer está más presente en lo público y al ver que los mecanismos de protección «patriarcales» son más laxos y que no han sido sustituidos aquellos otros, tienen más estímulos para abusar, acosar o violar a una mujer.

    Evidentemente habrá siempre resistencia, ello es inherente a todos los cambios sociales. Hay quienes quieren ver la violencia contra la mujer como cualquier violencia, como si debiéramos de categorizarla en la sección de «misceláneos». Y tiene sentido, porque es una negación de que aquello está ocurriendo porque antes no importaba, y como no se veía, no se tenía una dimensión real.

    Hay quienes insisten en que la mujer busca privilegios, pero en realidad quiere un estado de cosas que la considere como parte de lo público al igual que el hombre y que desde ahí vele por su seguridad y su integridad.

    Algunos se niegan a verlo por el shock que genera el conocer la dimensión real del problema, que la cultura del acoso y la violación es una plaga (con todo y que les parezca reprobable y nunca se hayan involucrado). Algunos otros se resisten por la pérdida de privilegios, porque el mero hecho de hacer público algo privado de lo cual se beneficiaban los hace sentir vulnerables.

    No solo se trata de crear instituciones fuertes que obedezcan a esta nueva realidad de equidad, se trata también de cambios culturales, de nuevas normas, valores y convenciones dentro de las propias familias, amistades y los distintos ámbitos que implique una relación entre hombres y mujeres.

    Y tienen todo el derecho a buscar cambiar esa condición.

  • ¿Por qué no quieres ver lo que tienes que ver?

    ¿Por qué no quieres ver lo que tienes que ver?

    Justicia para Fátima

    ¿Por qué se rayan paredes?

    Para muchos, este ha sido el tema de discusión principal. Y mientras eso ocurre, nos enteramos que a una mujer la desollaron, luego a otra, y luego incluso a Fátima, una niña de siete años.

    Y tal vez he ahí la respuesta.

    La respuesta está en eso que pasa por debajo de ellos.

    Y se enfocan en el tema de las paredes como si fuera causa y no efecto de algo. Para no ver, prefieren reducir el tema con argumentos como: «son personas antisociales o están manipuladas», como para decir que lo que pasa es que simplemente ellas están mal y que el problema no existe o está sobreestimado, como si no hubiera un detonante real.

    ¿O por qué crees que en México el feminismo crece como la espuma cuando muchos insisten en las redes en que «se ha tergiversado la causa» y casi pronostican el fin de estos movimientos? ¿Por qué cada vez más mujeres, contra sus expectativas, se solidarizan con el tema? La respuesta es simple y muchos no lo quieren ver, porque la sensación de riesgo y vulnerabilidad es real.

    Y no lo quieren ver porque prefieren tener una sensación de orden y estabilidad que es, dicho sea de paso, ilusoria. Porque así ignoran que «les puede tocar a ellos y a los suyos». Mejor decir que todo ese encono es producto de una mera manipulación, que no hay nada que lo detone.

    Y su afán por vivir en un estado ilusorio de estabilidad entorpece, paradójicamente, las tareas que se deben llevar a cabo para combatir el problema, porque para combatir un problema debe reconocerse. Pero el problema, para su mala fortuna, existe y no es ajeno a ellos. Les puede llegar a tocar.

    ¿Qué se puede pensar de un país en el cual este tipo de crímenes inhumanos se vuelven pan de cada día?

    El entramado social, cultural e institucional está fallando y gacho.

    Hay quien dice que la sociedad no tiene responsabilidad de ello, pero sí la tiene. Si no, no se explicaría por qué en México estos crímenes son el pan de cada día y en muchos otros países la tasa es mucho menor.

    Luego, hay quien dice que el machismo no tiene nada que ver.

    ¡Claro que tiene que ver! No es la única razón y no se puede reducir solamente a una cuestión de género, pero claro que es parte de la ecuación, y podría quedarme a hablar sobre cómo es que una cultura del machismo abona a que este tipo de tragedias sean más constantes, pero lo dejaré para una ocasión posterior.

    Pero regreso a mi punto ¿qué es lo que está pasando en nuestro país como para que estas cosas pasen? Que pasan, aunque no nos guste admitirlo ¿Qué es lo que está pasando para que haya tanta insensibilidad con respecto al tema?

    Hay quien dirá que el asesino es un psicópata como para excusarse, como para negar que hay en nuestro país-sociedad-instituciones algo que está podrido, como para negar que como sociedad tenemos un grado de responsabilidad. Muchos asesinos no son psicópatas y su condición de asesinos se explica por el contexto en el que éste se desarrolló. No, no son meras víctimas de su contexto, no es como que no tengan libre albedrío y deben ser castigados con la fuerza de la ley, pero el contexto, como expliqué hace poco, no está ausente.

    El problema existe, y no hay nada que te asegure que a ti, a tu esposa o a tu hija no le pueda llegar a tocar.

    ¿Y ven por qué ese sentimiento de vulnerabilidad?

    Este tipo de noticias es el que hace que las personas tengan miedo de hacer su vida cotidiana. Ambas reacciones tienen que ver con eso: unos se ponen a la defensiva y hacen como que no pasa nada, los otros, en una postura más proactiva, tratan de visibilizar el asunto para que se cambie el problema desde abajo. Es evidente que la segunda postura es más productiva.

    Y tal vez en un contexto así ponerse a la defensiva puede terminar siendo, no solo una postura irracional, sino tal vez un tanto egoísta. Porque implica negarles la atención a aquellas personas que sufren con tal de sentir una falsa sensación de tranquilidad.

    Nos arrebataron a Fátima, una inocente niña de tan solo 7 años, en un crimen de lo más cruel, vil, indignante e inhumano, y que como sociedad no podemos tolerar en lo absoluto.

    Y no tengo palabras para ello, es algo muy fuerte.

    Error sería que lo normalizáramos.

  • ¿Qué tanta responsabilidad tiene la sociedad de los actos de los individuos?

    ¿Qué tanta responsabilidad tiene la sociedad de los actos de los individuos?

    ¿Qué tanta responsabilidad tiene la de los actos de los individuos?

    Hay quienes dicen, «no es la sociedad la que engendra a los asesinos o maleantes, son sus padres, es solamente el asesino que decidió matar». ¡No culpes a la sociedad, culpa a los padres o culpa al maleante en cuestión!

    Evidentemente, el asesino es el principal responsable de lo ocurrido, sus padres también pueden cargar con mucha responsabilidad. Eso es innegable. No quiero que se piense preguntarnos si debemos cargar con cierta responsabilidad a la sociedad implica eximir la decisión del individuo ni mucho menos victimizarlo.

    ¿Pero se puede eximir por completo a la sociedad de lo ocurrido?

    Si se pudiera hacer ello, entonces nos encontraríamos que entre distintas sociedades la diferencia entre el número de asesinatos sería, a lo mucho, producto de la aleatoriedad, pero no ocurre así.

    La ciencia y la evidencia empírica exhibe el error producto de un evidente sesgo ideológico de quienes piensan así, ya que hay sociedades y naciones que engendran más asesinos, violadores y psicópatas que otros.

    La sociedad, ciertamente, está compuesta por individuos heterogéneos y no es un monolito donde todos son iguales, pero en su heterogeneidad, la sociedad tiene patrones, normas y leyes que la trascienden en mayor o menor intensidad. Si estos patrones comunes no existieran, no podría existir ni cultura ni las leyes ni las instituciones.

    Resulta que los individuos no somos seres disconexos; si lo fuéramos, entonces sería imposible construir civilización alguna. Nuestra esencia como personas está determinada, en cierta medida, por la relación que tenemos con los demás. El individuo construye su realidad de acuerdo con el entorno en el que está inserto, su actuar está moldeado por el entorno al que pertenece y que está determinado por la cultura, el diseño institucional, la idiosincrasia y un largo etcétera.

    Ello es condición suficiente para preguntarnos qué relación tiene la sociedad actual con estos fenómenos. ¿Qué influencia tiene la cultura, las instituciones, los paradigmas, las distintas relaciones y redes en los actos antisociales de las personas? Sí, el individuo tiene libre albedrío y no se le puede considerar esclavo de sus circunstancias, pero tampoco es ajeno a ellas de tal forma que un individuo en un entorno dado puede ser más propenso a asesinar que en otro.

    Me parece que ese argumento de «no es la sociedad, es exclusivamente el individuo» busca hacer ver tal o cual problema como algo completamente ajeno a mí. relegando a victimarios y víctimas a la otredad. Ese argumento implica que el individuo está disconexo de la sociedad y ello solo sería posible en un entorno donde los individuos están completamente aislados uno del otro, y aún así el contexto no dejaría de ejercer influencia sobre el individuo (por ejemplo, el clima donde habita, la disposición de recursos naturales y cómo ello influye en el individuo).

    El liberalismo presupone la libertad individual, que el individuo pueda velar por sus intereses y que el gobierno no intervenga de forma excesiva en su cotidianeidad. Pero dicha libertad individual no implica que el sujeto esté «desconectado de los demás», sino que su libertad no será restringida ni reprimida en favor del bien común. De hecho, el individuo en este caso pertenece a una «sociedad liberal», sociedad al fin y al cabo. El decir que un evento dado ocurrió solamente por decisión del individuo sin que el entorno ejerciera alguna influencia sobre él solo puede ser producto de un sesgo ideológico y no de la realidad.

  • El asesinato de Ingrid Escamilla

    El asesinato de Ingrid Escamilla

    El asesinato de Ingrid Escamilla

    Ingrid Escamilla fue asesinada cobardemente por Erik Francisco Robledo Rosas, asesino, feminicida, bestia, a raíz de una discusión.

    En un país normal, esto habría suscitado una indignación y escándalo terrible. Pero estamos en México, donde ya acostumbramos a normalizar la violencia.

    Muchas personas son asesinadas a diario (como si tuviera que ser algo normal), pero la forma en que fue asesinada Ingrid (después de darle varias puñaladas, le sacaron los ojos y la desollaron) es terrible.

    Sí, hubo quien se indignó, la nota salió en la prensa. Pero la noticia rápido se va a perder dentro de toda la cotidianeidad.

    Y si algunos se indignaron, otros se burlaron:

    «Tenemos como hombres que exigir justicia por el señor quien sabe qué vieja loca tenía por esposa #NiUnoMenos» dijo uno.

    «La dejó en los puritos huesos» dijo otro.

    Muchos de ellos seguramente son acosadores o violadores potenciales.

    Hubo quienes cobarde e inhumanamente compartieron las fotos del cuerpo desollado, como si la tragedia pudiese ser vista como un espectáculo. Esas personas tienen un poco de Erik en su interior.

    No es la primera vez que el morbo se manifiesta. Ocurrió lo mismo con aquel niño que disparó a sus compañeros de clase en Monterrey. Y lo peor es que la prensa llega a tener el descaro de capitalizarlo.

    Algunos hombres (y mujeres) culparon a la víctima: que es su culpa también por andar juntándose con ese tipo de gente. Algunos por ser hijos de su madre, otros por protección psicológica: la teoría del mundo justo en su máxima expresión.

    Hace dos años, la misma Ingrid había criticado al feminismo, diciendo que termina cuando su mejor argumento es «por el hecho de que somos mujeres». Dos años después, Ingrid murió a causa más atroz violencia que un hombre le puede causar a una mujer.

    Seguramente ella no se imaginó que le podía tocar. Seguro pensó, como muchas personas, que no correría con esa suerte, que no podría ocurrirle a ella, y le ocurrió.

    Y muchas mujeres se espantan y se indignan por una noticia como esta, porque al ver que si a una mujer como Ingrid, con una vida cotidiana como la de ellas, le tocó, entonces también les puede tocar.

    Seguramente los colectivos feministas verán su tamaño crecer. Ante estos casos, más mujeres verán en estos colectivos una contención, un escudo de protección.

    Hubo algunas mujeres, leí en redes, que buscaron adjudicarle cierta responsabilidad a la víctima. De nuevo la teoría del mundo justo entra en acción. No quieren pensar que exista posibilidad alguna de que a ellas les toque: que por andarse metiendo con gente más grande, que por buscar hombres de ese tipo. No es por mamonas necesariamente, sino porque quieren protegerse psicológicamente.

    En la mañanera, AMLO no quiso responder las preguntas relacionadas con el feminicidio. Esa palabra, la de feminicidio, que causa escozor en un sector de la opinión pública.

    «Se han manipulado mucho los feminicidios… la prensa dice muchas mentiras» dijo López Obrador.

    Y es la misma discusión ideológica (que si las feministas exageran, que si esto y lo otro) lo que termina sobresaliendo dentro de la opinión pública más que el denigrante e inhumano asesinato de Ingrid Escamilla.

    Seguramente mañana más de una mujer tendrá más miedo de salir a la calle. A los hombres nos matan más, pero tenemos mayor margen de maniobra para que no nos maten (no meternos en pedos), al punto en que yo me siento más seguro saliendo a la calle que lo que se siente una mujer.

    Yo no tengo que estar tomando excesivas precauciones a la hora de tomar un Uber. Los riesgos que tengo en la calle también los tienen las mujeres (que me asalten, me agredan o me maten para despojarme de mis pertenencias) pero ellas tienen otros que nosotros no tenemos (que te violen, por ejemplo).

    Y ni qué decir del ámbito privado, que es donde suceden las más dolorosas tragedias. Y no solo es un tema de género (que sí está presente dentro de la ecuación) sino de instituciones que no funcionan (ni para mujeres ni para hombres), de un pacto social tan endeble que no funciona bien como contención frente a gentes enfermas e inhumanas como Erik Francisco Robledo Rosas y que orilla a muchas personas a hacer justicia por cuenta propia (con los problemas que ello acarrea).

    Yo no sé si era buena o mala persona, si cometió errores, si engañó a alguien, si fue una persona ejemplar. Pero ella no mereció morir así, de eso puedo estar seguro. Y puedo seguir hablando…

    …y podría extenderme más y más. Pero ya es noche y tengo que irme a dormir, porque mañana tengo que trabajar en mi cotidianeidad, esa que le rebataron a Ingrid.

    Pero Ingrid ya no está.

    Que en paz descanse.

    #NiUnaMás

  • Occidente capitalista y progre. 20 puntos para entender los discursos hegemónicos

    Occidente capitalista y progre. 20 puntos para entender los discursos hegemónicos

    Occidente capitalista y progre. 20 puntos para entender los discursos hegemónicos

    En política siempre hay un discurso hegemónico dominante, incluso en las democracias consolidadas. Los discursos hegemónicos siempre han existido y siempre van a existir.

    Un discurso hegemónico es básicamente un conglomerado de valores o ideas impuestos o promovidos por una élite o clase dominante (dice Gramsci) bajo los cuales se dice lo que el mundo es y lo que debería de ser.

    En las democracias distintos discursos hegemónicos pueden coexistir, en tanto que aquellos discursos que no son dominantes pueden llegar a tener cierta expresión por las garantías que la democracia misma les da.

    Aún así, el discurso hegemónico dominante siempre va a tener más visibilidad, tendrá más puertas abiertas en los medios de comunicación y en la mayoría de las instituciones. Siempre existirá cierto consenso en torno a dicho discurso hegemónico.

    En Occidente, existen tres discursos hegemónicos dominantes. Pueden coexistir entre sí porque uno trata de explicar la organización política, otro lo económico y el otro lo cultural.

    Esos discursos son la democracia liberal (la forma de organización política) la economía de mercado (la forma de organización económica) y el progresismo social (lo cultural).

    Aunque epistemológica e ideológicamente estos discursos puedan tener diferencias, coexisten porque rara vez uno invade el espacio del otro e incluso pueden interactuar. Un claro ejemplo son todas las empresas participando en el mes del orgullo LGBT y expresando libremente su postura.

    En los medios de comunicación, una persona tendrá más puertas abiertas si va a hablar de economías de mercado y si los cuestionamientos a éste no implican su supresión (por ejemplo, hablar sobre desigualdad o de subir impuestos en tanto el sistema de mercado no quede comprometido). Si hablas de un intervencionismo muy excesivo o incluso de un cambio de modelo, pocas puertas te serán abiertas. Lo mismo pasa con el tema social: las posturas liberales y progresistas tienden a ser mejor recibidas en la mayoría de los medios de comunicación que el conservadurismo confesional.

    Lo que no coincide con el discurso dominante se convierte en lo extraño, en lo otro. El conservadurismo social y el socialismo económico son vistos con recelo por parte de lo establecido.

    Y lo «otro», al no ser bienvenido en la mayoría de las plataformas del establishment, busca espacios alternativos de expresión. En el pasado consistía más en panfletos, revistas o medios alternativos, aunque en la actualidad las redes sociales juegan un papel muy importante.

    La Segunda Ley de la Termodinámica dice que todos los sistemas tienden a la entropía, y si los sistemas tienden a la entropía, los discursos hegemónicos también lo hacen. La ventaja de las democracias sobre los regímenes autocráticos en este sentido es que permiten, en cierta medida, criticar al discurso hegemónico, aunque ésta sea limitada en comparación con el poder político y mediático que el poder dominante tiene. Ello puede ayudar a que los discursos puedan recibir cierta retroalimentación y pervivan por más tiempo o incluso se actualicen. A la vez, podrán ser sustituidos más fácilmente si los discursos terminan siendo ineficientes.

    La polarización ideológica de estos últimos años es muestra patente del deterioro de este mecanismo de retroalimentación, ya que requiere un mínimo de apertura. Cuando discurso hegemónico deja de recibir y asimilar retroalimentación entonces se comienza crear un contradiscurso que se vuelve cada vez más fuerte.

    Pueden ocurrir dos cosas: 1) que en algún punto el sistema logre ser consciente de su deterioro y asimile la retroalimentación (que se ha acumulado) para mantenerse vigente o 2) que sea sustituido por otro: esta sustitución puede ocurrir en un relevo de poder (democrático), un cambio cultural que no es (mayormente) promovido por el poder político o por medio de una revolución.

    El primer punto implica entrar en un terreno fangoso, porque el discurso hegemónico debe asimilar qué tanta retroalimentación está dispuesta a admitir pero que no sea tanta que el discurso se modifique a tal grado que termine perdiendo su esencia, ni tan poca que termine creando un discurso adverso dispuesto a suplantarlo.

    En el segundo, se puede dar el caso de que el relevo de poder sea insuficiente para hablarse de un cambio. Un régimen que ha relevado a otro con un discurso distinto, podrá verse con el problema de que, aún estando en el poder, su discurso no es el hegemónico. Podrá toparse con que los medios de comunicación tienen más influencia en la sociedad que su gobierno.

    También se puede dar el caso que un régimen hegemónico cambie sin que haya grandes cambios dentro del poder político. Por ejemplo, que la cultura sea modificada por los medios de comunicación dominantes o instituciones ajenas al poder político-institucional.

    Las posibilidades de que un discurso hegemónico sea sustituido serán más grandes en tanto el discurso se acerque más a la entropía, pero dichos discursos suelen mantenerse por un buen periodo de tiempo, sobre todo aquellos que son más eficientes que los otros.

    La sustitución de un discurso hegemónico por otro se puede dar de dos formas:

    1) Una sustitución total por otro relato opositor que mantiene su misma forma al volverse hegemónico.

    2) Por medio de una dialéctica (a la Hegel) donde el discurso hegemónico actual (tesis) se contrapone a un discurso opuesto (antítesis) para dar paso a una superación de ambas (síntesis). Un ejemplo podría ser el liberalismo del siglo XIX contrapuesto con las corrientes socialistas que dieron paso a una economía de mercado con un Estado de bienestar.

    En los regímenes democráticos es más deseable la segunda (dado que implica menor inestabilidad) en tanto que en los autocráticos, sobre todo cuando la opresión y la concentración de poder sea mayúscula, puede llegar a ser más deseable la primera.

    Y para terminar, es muy probable que el nuevo discurso hegemónico termine, con el tiempo, repitiendo muchos de los vicios del discurso al que sustituyó. Los discursos, en tanto son oposición, apelan con más energía a la libertad que cuando ya se han vuelto hegemónicos.

  • Minorías, gobierno y paternalismo

    Minorías, gobierno y paternalismo

    Minorías, gobierno y paternalismo

    Veo, con un poco de preocupación, que se recurra cada vez más a ese vicio de pedir al gobierno o a las autoridades pedir silenciar a aquellas personas que expresan algo que se considere ofensivo (lo sea o no).

    Que si x persona se burló del baile feminista, que si aquella persona criticó a otra cultura o que el gobierno no debe dejar entrar a Agustín Laje (por más nefasto se me haga el tipo). ¿Qué no se puede defender uno o una?

    El problema es que, a la larga, quienes pierden más son precisamente aquellos sectores que quieren integrarse a la sociedad y ser vistos como iguales. ¿Por qué?

    1) Porque pedirle al gobierno que me defienda es opuesto al espíritu de empoderamiento y corre el riesgo de establecer una relación de paternalismo y codependencia entre individuo y Estado. Al hacer eso, el individuo no se está empoderando, está empoderando al Estado de quien se está haciendo dependiente.

    2) Porque el exceso de corrección política sólo genera gente hipócrita: gente que en su fuero interno tiene prejuicios pero no los expresa, gente que hace como que te tolera pero para la cual eres una patada en los huevos porque al pedirle que no hable, gente que solo termina reforzando más su postura y basta con que encuentre una válvula de escape para soltar todo. Energías y tiempo que se podrían usar en empoderar realmente a las minorías y mostrarle al mundo que valen y se merecen su lugar, se gastan en sobreprotección.

    3) Porque en la práctica ello hace poco o nada para cambiar los paradigmas y combatir prejuicios contra dichas personas. Peor aún, aquello que está prohibido se vuelve atractivo, no solo para quienes disienten, sino también para quienes guardan serios prejuicios en contra de algún sector de la población. Así, el acto de discriminación corre el riesgo de convertirse en un acto de rebeldía: «soy rebelde por decir que los negros son inferiores o por decir que las mujeres deben quedarse en la cocina».

    4) Porque en un mundo tan interconectado, la censura es contraproducente. Incluso aquellas personas que realmente guardan prejuicios aprovechan la situación para empoderarse y legitimar su discurso. Así se crea un círculo vicioso: las voces antagónicas y discursos reales de odio crecen y se le pide aún más ayuda al Estado que absorbe el empoderamiento que debería ser propio de las mismas minorías.

    Conclusión: El gobierno sólo debe intervenir en aquellos casos donde la integridad de alguien esté en peligro producto del discurso de odio a un sector de la población. Dejarle la tarea al gobierno una chamba que debe ser de la sociedad y los activistas mismos solo termina dando más poder a aquel. Porque empoderarse implica ser independiente, valerse por sí mismo para colocarse en el centro y no en la periferia y, de esa forma, exigir su lugar dentro de la sociedad.

  • ¿Mi compu tiene coronavirus?

    ¿Mi compu tiene coronavirus?

    ¿Mi compu tiene coronavirus?

    La paranoia y la ignorancia juntas pueden ser letales. Cuando el miedo tiene como base un supuesto falso, el único resultado probable es el resultado equivocado, donde se pierde y no se gana.

    ¡Se va a acabar el mundo! ¡Es la nueva peste negra, y tú sigues escribiendo como si nada!

    No, no es como que esté despreocupado. Es cierto que hay una nueva cepa de coronavirus que ha infectado a decenas de miles de personas y ha matado a cientos. Su tasa de mortalidad (más baja que el SARS pero se propaga de una forma más rápida) es del 2.1 hasta el momento. Esto quiere decir que de cien personas mueren dos (la mayoría de ellos con algún problema inmunológico, defensas bajas, etc). No es despreciable como para que la comunidad internacional se confíe y no tome cartas en el asunto, pero tampoco es tan alta como para pensar que va a acabar con la humanidad.

    Pero hay gente allá afuera que está terriblemente asustada, tanto que los restaurantes de comida china en México han visto sus ventas bajar drásticamente. ¡Paranoia!

    Es más. El día de hoy no es el mejor día para ser chino en México (o japonés o cualquier persona con ojos rasgados): ¡Álvaro, es un chino, qué tal si trae el coronavirus! ¡Mejor vayámonos por el otro lado!

    Obviamente se tienen que tomar medidas contundentes para evitar que una cepa así se transmita por todo el mundo, como China afortunadamente lo está haciendo; sobre todo si hablamos de un nuevo virus que todavía no se conoce por completo y cuya vacuna demorará algunos meses. Pero tampoco hay que caer en la paranoia, no se va a acabar el mundo. Simplemente habría que estar atento a las indicaciones que puedan dar las autoridades y a lo que digan las fuentes calificadas (porque sí, hay que revisar fuentes).

    No habrá quien insista en que hay una conspiración detrás, que «fueron los gringos», que hay toda una estrategia geopolítica. Pero cuando saquen la vacuna dirán que es un invento para «controlar a la gente» y volverla autista.

    Y todo ello ocurre por la poca disposición para informarse. Reconozco el trabajo no solo de especialistas, sino incluso de Youtubers divulgadores que han tratado de explicar la dimensión del problema:

    Pero, con todo, la gente prefiere confiar en sus instintos que en las recomendaciones de los especialistas. Muchos creen que «algo les ocultan», que «les están mintiendo a propósito». Pero los instintos no sirven de mucho para darle la dimensión a un evento que desconocen casi por completo, y por ello lo mejor es apegarse a que las autoridades y lo que «los que sí saben» recomienden que se haga.

    Peor aún, quienes actúan bajo la paranoia corren, paradójicamente, más riesgos ante una eventualidad así. Digamos que el Coronavirus se expande a lo largo de todo el país. Una persona sensata hará lo que le digan lo que tiene que hacer como usar cubrebocas, lavarse las manos, toser en el antebrazo y no en la mano y demás. Pero una persona paranoica probablemente llegue a ignorar o a subestimar alguna de estas indicaciones y se concentre más bien en aquello que no le ayudará evitar contagiarse: ¡no mames, parece chino! ¡Cuidado!

    Las personas que están en mayor control de sí mismas y que están informadas toman mejores decisiones que las personas que están completamente invadidas por el miedo, y naturalmente van a tomar mejores decisiones para evitar contagiarse. ¿Pueden estar asustadas? Sí. Y no es que ello sea malo, es una reacción natural y hasta cierto punto deseable porque te mantiene en alerta. Pero, al final del día, están en control de ellos mismos y no pierden la noción de lo que deben hacer en una contingencia así. Quien cae en la paranoia ha perdido el autocontrol y queda, sin saberlo, desprotegido.

    Lo que toca es estar alerta de lo que digan las autoridades y los especialistas, no toca caer en desesperación.