Categoría: reflexión

  • Quienes son demócratas de «a de veras» y quienes cuando les conviene

    Quienes son demócratas de «a de veras» y quienes cuando les conviene

    Es fácil hablar, es muy fácil usar cierta retórica para dar una imagen ante la sociedad de democracia, tolerancia y demás palabrería que son parte del supuesto progreso. Es todavía más fácil cuando las circunstancias externas te permiten utilizar dichos términos, sobre todo cuando los principios democráticos están del lado de la postura o de tus intereses propios.

    Quienes son demócratas de "a de veras" y a quienes cuando les conviene

    Desde antes del 2000 y hasta hace poco (quién sabe por qué) se empleó mucho el término «transición democrática» para hablar de los avances democráticos que se estaban llevando a cabo en en nuestro país. Aún en la actualidad hay agentes políticos y ciudadanos que van en el sentido de seguir con esta transición y acercar al país a una democracia cada vez más sólida, pero las tentaciones autoritarias son muy notables, y de los muchos que hablaban de «transición democrática» ahora sólo algunos hablan de este riesgo.

    Me refiero a las leyes secundarias propuestas por el Presidente relativas a la Reforma de Telecomunicaciones donde busca censurar el Internet con el pretexto de la seguridad. No son muchos los que hablan de este problema, en algunos medios alternativos como animalpolitico.com o sinembargo.mx sí han abordado el caso. También la periodista Carmen Aristegui lo ha hecho. Curiosamente (y lo digo porque muchos tratan de asociar todas las críticas hacia el gobierno con la izquierda) quien sacó este tema a la luz, fue el panista Javier Corral, al cual le llovieron críticas por aquellos que están contentos con la regresión o con los intereses de Televisa, diciendo que trabaja para Carlos Slim (aunque el historial del panista refleja lo contrario). Algunos otros a quien he visto alertar sobre esta situación es a Jesús Silva Herzog, Sergio Aguayo, Denisse Dresser, Jenaro Villamil entre algunos otros.  Algunas voces como la de Enrique Krauze han tocado el tema tal vez de una forma más discreta usando sus redes sociales.

    Otras personas, que pregonan la democracia, simplemente han callado. El principal caso es el de Sergio Sarmiento, libertario (es decir, apoya el libre mercado y las libertades sociales). El día de hoy toca el tema del autoritarismo y la censura debido a que Graco Ramírez, el gobernador de Morelos, canceló el concierto de Komander por razones «de seguridad». Pero Sergio Sarmiento jamás ha hablado del tema de las leyes secundarias ni hecho crítica alguna.

    Esta doble cara no exenta a ninguna posición política. Mientras el panista Javier Corral legisla para que esto no suceda, otro panista, Javier Lozano, Senador y Presidente de la Comisión Federal de Telecomunicaciones defiende esta ley y descalifica de una manera burlona a los críticos o escépticos. Algunos personajes que han estado muy «preocupados» por el gobierno dictatorial de Nicolás Maduro en Venezuela y la represión a los manifestantes, callan ante esta reforma y piden que se regulen las manifestaciones en México. Pero esto depende de la postura política y el ambiente. En San Luis Potosí un panista puede pedir su regulación y en Quintana Roo, al mismo tiempo, un panista defiende el derecho a manifestarse, porque la propuesta de regulación por parte del PRI, argumenta, es represiva.

    Y hablando de las mismas incongruencias vamos con los manifestantes y el tema de Venezuela, para ahora enfocarme a la izquierda mexicana. Muchos de los personajes que hablan de la «represión de Peña Nieto» y presumen como tatuaje la bandera de la izquierda, o apoyan a López Obrador, callan ante lo que sucede en Venezuela y no expresan solidaridad alguna, sobre todo los más radicales, quienes incluso se muestran del lado de Maduro contra «el imperialismo», justificando la represión hacia quienes se oponen (muertes incluidas).

    Igualmente, si gobernara López Obrador y al igual que lo vemos con Peña Nieto, buscara pasar leyes con fines de regresión, habría que ver, quienes de los que ahora gritan, terminarían callando y defenderían.

    Es más fácil defender los «principios democráticos» cuando estos satisfacen a uno y a sus intereses. Pero entonces el planteamiento se vuelve una falacia porque en realidad no se defendería principio democrático alguno, sino sólo los conductos para que «mis intereses y mi forma de pensar» puedan ser satisfechos.

    Para ser tolerante y aceptar el derecho de la libre expresión, sobre todo cuando se trata de posturas diferentes a la nuestra, falta madurez, tanto individual y colectiva. No basta con pronunciar la palabra «democracia» y defender el término, porque entonces nos habremos dado cuenta que de mil demócratas, ya sólo nos quedaron cien.

     

  • ¡Odio los lunes!

    ¡Odio los lunes!

    ¿Quieres ver a un México más desarrollado, productivo, menos desigual y con más oportunidades? Empieza por amar los lunes

    Todos los domingos ocurre un fenómeno colectivo en el Facebook y en todas las redes sociales, no importan los medios, puede ser textos, una ilustración, un meme. Es como un mantra, una frase (con todas sus variaciones) repetida de tal forma que se podría pensar en alterar el curso de las cosas para cambiar una realidad inmutable: «Odio el pinche lunes». Salen las frases chuscas -Plácido Domingo tiene un hermano ingrato llamado Puto Lunes-, se desea que ese día no exista, que sea derogado, como si fuera un castigo impuesto.

    ¡Odio los lunes!

    Entiendo que una persona que viva en condiciones precarias repita esa frase, su trabajo o es muy monótono, o implica un gran esfuerzo físico, o un riesgo para su vida o las tres cosas a la vez. Por eso estas personas se refugian en el alcohol, en la TV abierta o en el futbol y ahí llega su perspectiva. Pero asumo que la mayoría de los usuarios de redes sociales tienen una posición económica como para tener un trabajo al cual se le pueda sacar alguna gratitud. Un vendedor y su lucha encarnizada para obtener más ventas, el freelance en búsqueda de clientes, el abogado que debe de defender casos, el que lucha por un ascenso en el trabajo. Pero es cierto, en México no todos tenemos la oportunidad de «trabajar donde nos guste», pero quienes se enfocan bien y no se conforman sí pueden lograr hacerlo.

    Dicen los textos bíblicos, que cuando Adán y Eva fueron expulsados por Dios del paraíso por comer esa manzana el fruto prohibido después de ser exhortados por la serpiente, los castigó con el dolor, la vergüenza y el trabajo. Pero creo que el buen Moy no le entendieron bien al Señor, o el corrector de su iPhone lo traicionó a la hora de recibir las sabias palabras del creador (luego Apple, el corporativo que terminó fundando la serpiente al ver el éxito de su primera manzana, no quiso cambiarle el teléfono cuando se le mojó el aparato en el diluvio), porque el trabajo no tiene que ser algo doloroso. Por el contrario, el trabajo dignifica al ser humano. Imagínense que pasaría si estuvieran en un paraíso solos con una pareja no elegida por ustedes, sino que fue «creada» con una de sus costillas, con toda la vida resuelta sin tener que mover un dedo. ¿Estarían en la gloria? No, en realidad terminarían aburriéndose hasta el hartazgo, porque su vida no tendría retos, o ambiciones. Su estado iría en contra de la teoría evolutiva.

    Entonces al darnos cuenta que el trabajo puede ser gratificante, llegamos a la conclusión de que quejarse de los lunes expresa una profunda insatisfacción con el trabajo que uno desempeña. Después de años y años de luchas por los derechos sociales, se determinó que el individuo tenía derecho al descanso y por eso es que descansamos sábados (unos la mitad) y domingos. Cierto, el trabajo es cansado, y es totalmente natural porque deseamos gastar todas las energías para obtener un ingreso óptimo. Pero se supondría que los fines de semana son para eso, para descansar del esfuerzo empleado entre semana.

    Quien se siente satisfecho con su trabajo no tendría por qué verlo como una molestia o un castigo. Cierto que los trabajos a veces generan situaciones de estrés y cansancio, pero nunca un estrés tan agudo como el no tener trabajo. El trabajo debería redimir al ser humano, hacerlo sentir completo, productivo, útil, y no se debería de ver como un ritual de castigo

    Quejarse en las redes sociales del «maldito lunes» puede funcionar como catarsis, pero nada más, eso no hará que el trabajo sea mejor (aunque veces sí que puede abonar para que sea lo contrario). Y creo que en vez de eso, uno debería de reflexionar y ver si la carrera laboral que uno ha delineado para sí es la correcta, si se está en un trabajo que le gusta, o sólo está ahí porque no le pagan mal. Se tendrá que pensar si ese trabajo le puede dar perspectivas a futuro (porque el que no lo haga, abona más al desencanto), y si pueden haber alternativas mejores. Si tienes esa costumbre, tal vez eso es indicativo de que no sería mala idea buscar otra oportunidad de empleo, o pensar en independizarte poco a poco, sobre todo si no tienes compromisos fuertes como mantener a una familia.

    Créelo, los avances humanos, científicos, tecnológicos, humanos y filosóficos en los que se sienta tu bienestar actual, no existirían si no hubiera un «pinche lunes».

    Y cuando hay puente, luego el martes se pregunta por que hay un linchamiento generalizado en contra de él.

  • Los chismes, la farándula y los amantes de las historias ajenas

    Los chismes, la farándula y los amantes de las historias ajenas

    Hace mucho tiempo en un trabajo en el cual laboraba, una empleada que trabajaba también ahí llevaba cada semana sus revistas de TV y Novelas y TV Notas. Los leía con una pasión desmedida. Página 30 «Niurka termina con su novio», la empleada hacía una cara de espanto, no lo podía creer. Parte de su vida estaba redactada en las revistas de cotilleo que se venden bien. Y no es que a estas revistas le interesaran la vida de la empleada, sino que ella se apropiaba de las vidas ajenas que se exponían en dichas revistas.

    Los chismes, la farándula y los amantes de las historias ajenas

    Cualquiera en su vida ha visto alguna de esas revistas, por morbo o por curiosidad. Pero hace unos dos años cuando fui a una peluquería donde abundan esas revistas, junto con otras de Proceso, y el DVD de «Fraude» de López Obrador (al parecer no todos los izquierdistas están descontentos con la «manipulación de Televisa»), decidí agarrar una revista TV y Novelas para analizarla mientras me cortaban el pelo. El 80% del contenido de esas revistas consiste en chismes de los artistas. Su nuevo galán, una visita a su mansión, su rompimiento, su divorcio, sus fechorías. Sí, de artistas que en su mayoría no tienen un talento destacable, y sobre todo, que no tienen relación alguna con quien lee esas revistas. ¿De que me sirve a mí saber, por poner un caso hipotético, que Eugenio Derbez tiene impotencia sexual? ¿O que Belinda se haya besado con Carlos Vela?

    Pero para personas como la empleada de la cual les relataba, es algo muy trascendente. ¿Por qué? Vamos a ser honestos y vamos a plantear una teoría: «La importancia que una persona le da importancia a los chismes de la farándula es directamente proporcional a lo aburrida que es su vida«. No creo que una persona cuya vida sea interesante se moleste en leer estas revistas. El individuo que no tiene vida propia, para tratar de suplir esa carencia agarra una de estas revistas y trata de fantasear e imaginar mundos maravillosos con Luis Miguel, Anahí, Sara Maldonado, Lucerito, y demás «famosos» cuya vida, a pesar de su fama, no es en todos los casos la más feliz o equilibrada. Por eso es que está al pendiente de lo que hacen, como si se tratara de una historia paralela, como para tratar de sentir otras vidas a las cuales ellos sienten que no pueden aspirar.

    Alguno me argumentará: -Cerebro, no empieces con tus tonterías pseudointelectuales, es gente que no tiene dinero para cultivarse como tú-. Entonces reflexiono de una manera sencilla. Una persona que compra sus dos revistas del corazón dos veces por semana, podría comprarse fácilmente dos libros al mes. Porque para leer este tipo de revistas no sólo es necesario tener una vida aburrida y mísera, sino que se necesita tener algún nivel de ignorancia (aunque la ignorancia colabora de alguna manera con la miserabilidad de una vida). Una persona cultivada conoce mundos mucho más interesantes y productivos que la vida de una persona totalmente ajena. Sabe que leer este tipo de revistas es una pérdida de tiempo, y que no abona al desarrollo del individuo, por el contrario, lo deja atado y sin capacidad de acción al enajenarlo con historias en las que no tiene ninguna relación.

    Tal vez parezca muy agresivo en mis comentarios, pero más bien me apego a la realidad y con un simple análisis se puede llegar a estas conclusiones. Algunas de estas personas lectoras de dichas revistas tienden incluso a imitar lo que los «famosos» hacen en su vida diaria, hablen con un psicólogo que haya tratado con estos casos y verán que es verdad. Lastimosamente muchas personas de acuerdo a su entorno, a su voluntad, o su nivel de inteligencia, son parte de una vida que no tiene sentido alguno y de alguna forma no están dispuestas a cambiarlo porque esto conlleva un esfuerzo, un esfuerzo mayor (en apariencia) al que se necesita para adquirir estas revistas y postrarse a ver diariamente dos o más telenovelas en la televisión.

    ¿Qué se puede hacer? Bueno, el lector de este tipo de revistas puede empezar por hacer más interesante su vida. Convivir más con su familia, realizar actividades lúdicas (Que vaya que con el dinero que invierten en esas revistas surgirán muchas opciones), ir con un terapeuta que les ayude resolver problemas que puedan tener, o leer. No les voy a pedir que lean El Contrato Social de Rousseau, pero pueden leer alguna novela o relato que sea mucho más interesante que las fantasías que se crean con los artistas o las telenovelas que ven. Alguna novela de Benedetti, o que sé yo, que seguramente podrían ser de su agrado.

    Ah, y si la revista que analicé contenía 80% de chismes ¿Qué contenía el 20%? Bueno, publicidad, la programación en la TV Abierta, y una «columna política» a favor de ese ex candidato, ahora Presidente, ahora casado con una «famosa» de telenovelas que sale en este tipo de revistas.

     

  • Las Chivas y el nacionalismo

    Las Chivas y el nacionalismo

    A pesar de nuestro nacionalismo barato, en nuestro país dicha manifestación no desemboca en violencia y radicalismos como sí sucede en otros países. Pero eso sí, tenemos un equipo alimentado por nuestro típico nacionalismo. Las Chivas Rayadas del Guadalajara. El equipo rojiblanco fue presentado ante la sociedad como el equipo del pueblo (a diferencia de su contraparte, el Atlas, que representaba a las élites tapatías), y el ingrediente que lo diferenció, fue el hecho de que en el equipo sólo pueden jugar mexicanos.

    Pablo Mejía quedó muy bueno el efecto de la taza jajaj

    No recuerdo algún otro equipo en las ligas más importantes del mundo, eregido como el más importante debido a esta característica nacionalista. Paradójico es, que los colores del uniforme de las Chivas deriven de la bandera de Francia.

    El equipo es considerado como el más importante de México por su historia, aunque si juntamos las últimas 3 décadas, veremos que ya varios equipos superan a la escuadra rojiblanca. Y la intención con esta no es hablar de futbol, sino más bien, advertir un cierto paralelismo entre los efectos del nacionalismo futbolero al nacionalismo común y corriente (que en parte puede ser casual y en otra sí puede haber una correlación).

    Términos como «orgullo mexicano», «pueblo», «tradición», los encontramos en las Chivas, pero también tienen un tufo revolucionario. Parecería que las Chivas fueran herederas de la Revolución Mexicana en versión balompié. Es curioso también que en la época de la sustitución de importaciones, donde el gobierno intervenía fuertemente en la economía, y protegía a lo mexicano de lo extranjero, las Chivas escribieron la mayor parte de su historia. De la misma forma, cuando México empezó a alejarse de los preceptos de la Revolución Mexicana y empezó a abrir su economía con Miguel de la Madrid. El América, plagado de extranjeros, tuvo su auge.

    Ahora en un momento donde el nacionalismo mexicano entra en crisis, sobre todo por su incompatibilidad con el mundo actual, tenemos a unas Chivas que están más cerca de descender que de levantar otra copa.

    Pero el nacionalismo en el equipo sólo, y ya sólo se limita al equipo. Lo extranjero termina invadiendo al equipo sólo hasta el límite que el mito lo impone. El equipo tapatío ha tenido técnicos extranjeros, es vestido por una marca extranjera (Adidas), y es patrocinada, en su mayor parte, por marcas extranjeras que visten a un equipo que juega en un nuevo estadio construido por extranjeros. De la misma forma, el nacionalismo en nuestro país empieza a arrinconarse. Lo extranjero lo invade todo, hasta el punto en que el mito se lo permite.

    Y de pronto nos dimos cuenta que vivimos en una aldea global, donde quienes no están satisfechos con el nivel de la liga mexicana, pueden ver la Champions League. Donde los jugadores pueden saltar de una nación a otra y jugar en varios equipos. Donde ya no es rentable (ni para el Barcelona) no llevar patrocinador en el pecho.

    Al final del día, las Chivas (el nacionalismo) fueron goleadas por el América (qué más que representar a la globalización, podrían ser más cercano a ese corporativismo privado cómplice del gobierno).

     

     

     

  • Las barras del futbol, un espacio para el desadaptado

    Las barras del futbol, un espacio para el desadaptado

    El futbol es parte de la cultura mexicana, y cierta mayoría de mexicanos tiene predilección por un equipo. Posiblemente el futbol logre neutralizar ciertos impulsos nacionalistas donde el juego parece simular una guerra o confrontación entre naciones (aunque en algunos casos el juego pueda servir de pretexto para respaldar cierto nacionalismo). Ahí están los paralelismos, la cancha es el espacio donde se lleva a cabo la guerra, los espectadores que cargan la bandera de su equipo, que en muchos casos podría pasar por la de un país. Hay ganadores, hay perdedores. Nada más que en esta simulación no hay un riesgo a la integridad de la persona que defiende un color ¿o sí?

    Las barras del futbol, un espacio para el desadaptado

    Hace no mucho tiempo (menos de 20 años) el futbol era un deporte familiar donde el padre llevaba a sus hijos para ver ganar (o perder) a su equipo predilecto. Pero algunos voltearon a esas coloridas y ruidosas tribunas argentinas y decidieron que «eso» daría más espectáculo al futbol. Nada más que dentro de esos cánticos, luces, y papelitos, se esconden muchas historias de violencia e intolerancia. Los clubes fomentaron esas formas de organización y ahora no saben que hacer con ellas.

    El sábado, en el clásico tapatío entre el Atlas y las Chivas que terminó en un empate después de un emocionante juego, la barra de las Chivas del Guadalajara agredió despiadadamente a policías que resguardaban la seguridad de los aficionados. Dos de ellos están en estado grave.

    Habría que hacer un análisis del por qué muchos pseudoaficionados se comportan de esa manera. Algunos podrían explicar que esto se debe a que en el país existen muchos problemas y los individuos buscan sacar sus frustraciones de esta forma. Pero este lamentable fenómeno también se puede dar en países desarrollados como el Reino Unido. Podríamos hablar de problemas psicológicos (que seguramente los hay), alienación o enajenación (que un aficionado llegue a ese punto para mostrar su apoyo a un equipo sí o sí es un enajenado) y muchos otros factores. Yo haría hincapié en este último punto, el de la enajenación.

    No veo nada de malo que un individuo apoye un equipo, se compre la camiseta, vaya al estadio y grite los goles de su equipo. Que muchos individuos y medios de comunicación utilicen al futbol para distraer a la gente de lo que realmente importa, no implica que ser aficionado sea malo per sé. Por el contrario, se puede ser aficionado y a la vez estar completamente al pendiente de los temas que importan al país. Se puede ser aficionado y ser culto. El problema viene cuando esa afición sobrepasa la línea de la racionalidad y el individuo entrega su ser a un equipo del cual sólo es parte por simpatía. Esta enajenación es reflejo de un trastorno de la personalidad, y es reflejo de una mente que no está sana.

    Estos que se dicen ser simpatizantes de las Chivas seguramente tienen problemas, y en muchos casos el entorno que los rodea no es lo suficientemente amigable, con lo cual pueden desarrollar un perfil donde hay mucho resentimiento y donde por conducto de esta enajenación, intentan paliar sus frustraciones en contra de terceras personas. Cierto que no se puede culpar a toda la barra ni pensar que todos sus integrantes son así, pero sí es cierto que estos fenómenos, estos grupos sociales se han convertido en el pretexto para que los desadaptados puedan saciar sus conflictos perjudicando a terceras personas.

    No creo que los clubes de futbol tengan capacidad económica como para preocuparse por aquellos motivos (personalidad, problemas sociales) que originan esta violencia, y por lo mismo creo que deberían de limitarse a prohibir la entrada a los estadios a estos individuos, y al menos, regular este tipo de grupos sociales y condicionarlos a que no usen la violencia. Pero sí es un llamado de atención para la sociedad porque es un reflejo de que algo no está del todo bien porque este tipo de personas pueden desatar su ira no sólo en el estadio, sino en muchas otras partes.

  • Las máscaras, el sé tú mismo y los mitos de la personalidad

    Las máscaras, el sé tú mismo y los mitos de la personalidad

    Naturalmente como individuos nos desarrollamos y empezamos a cuestionar la forma en que nos comportamos. Nos damos cuenta que de pronto somos más hábiles que otros en algunas cosas, mientras que en otras nos encontramos rezagados. Cuando uno es adolescente está definiendo su personalidad, es la etapa en la cual empieza a construir las bases del individuo que tendrá en un futuro que valerse por sí mismo. y a partir de esta etapa en adelante (porque el que nuestra personalidad sea mejorable, quiere decir que siempre está en desarrollo) muchos le aconsejarán y empezará a analizar como es que su personalidad podrá satisfacer sus necesidades. Pero para eso de pronto se nos enseñan muchos mitos que más que ayudarnos, podrían despersonalizarnos.

    Las máscaras, el sé tú mismo y los mitos de la personalidad

    Las máscaras.

    Yo recuerdo que cuando cursaba la preparatoria nos explicaban sobre lo malo que era usar máscaras. Una máscara nos la explican como un rol, o un papel que juega un individuo ante cierta circunstancia, en el cual presuntamente parecería que estamos ocultando la esencia de la personalidad porque esta la usamos como protección, pero no es así, y no sólo eso, la «máscara» no es mala, más bien la ausencia de ella podría meterte en varios aprietos.

    La forma en que me comporto con mis papás, con mis amigos, con la novia, con el cliente, con el jefe, son totalmente diferentes. Si me comportara con mi papá de la forma que me comporto con el cliente, mi papá podría asegurar que soy un ventajoso. Si me comporto con mi novia como me comportaría con mis amigos, podría pensar que soy mal educado -¿Qué onda pinche cabrona, amos a ver la pinche película no?-. La relación que tengo con mi padre satisface necesidades diferentes que la que tengo con mis amigos. El que el cariño que le tenga a mi padre sea igual de real y sincero que el que le tengo a mis amigos, no implica que ambos satisfagan las mismas necesidades.

    Uno de los rasgos de la personalidad es la protección. Tengo que proteger mi integridad y una de las características de mis relaciones tienen que ver con la protección. Es por esto que uno no puede ser «uno mismo» en todas las circunstancias.  Es de humanos llorar, por poner un ejemplo, pero es cierto que el llanto te puede dejar ver como vulnerable, entonces sabes que puedes llorar con tu mejores amigos, pero no es prudente hacerlo con toda «la bola de cuates». Nuestra personalidad hasta cierto punto es estratégica, porque queremos a través de todos nuestros círculos sociales, satisfacer nuestros intereses y necesidades (necesidad de afecto, filiación, amor) de la forma más óptima. Y sabemos que exponernos sin máscaras (lo cual implicaría sacarte un moco en público como lo haces en la intimidad) más que ser «nosotros mismos» podrá deteriorar nuestras relaciones. Y aquí es donde vamos con el siguiente mito: El ser tu mismo.

    Sé tu mismo.

    Cuando quieres cortejar a una mujer, cuando quieres que un grupo de amigos te acepte en su círculo social, nos aconsejan que seamos «nosotros mismos». Pero ¿Qué es ser tú mismo? Pregúntale a quien te dio esa sugerencia y te pondrá como ejemplo a una persona que se desenvuelve fácilmente, y debido a esa naturalidad afirmamos que esa persona es «ella misma». En parte es cierto, pero en parte no lo es.

    Las habilidades sociales, como la cultura, y como un cuerpo musculoso, se construyen a base de esfuerzo. Cierto que algunas personas debido a factores externos tienden a desarrollarlas más fácilmente que otros. Pero al final del día las habilidades sociales son algo aprendido y practicado. Esta persona la cual aducen que es «ella misma» en realidad es alguien que tiene un buen desarrollo de sus habilidades sociales, por ende confía en ellas, y gracias a esta confianza es que se puede desenvolver fácilmente. Una persona que no tiene habilidades sociales hablará torpemente y con nervio. Tú le sugieres que sea ella misma, pensando como si tuviera un obstáculo para presentarse como lo que él es, pero sabes que él no tiene la capacidad de desenvolverse como la primera persona. En realidad, él es una persona torpe con sus habilidades sociales y es timorato, entonces «ser el mismo» es ser esa persona torpe con esas habilidades sociales. Porque así es él. La diferencia entre ambas personas no es que uno sea «el mismo» y el otro no. La diferencia estriba en el desarrollo de las habilidades sociales.

    ¿Les ha tocado ver que hay personas que tratan de integrarse y no encajan, se ven falsas y se ven forzadas? Cierto que en algunos casos (los menos) tiene que ver con algún trastorno de personalidad. Pero en realidad la mayoría lo está haciendo bien, está haciendo lo correcto aunque tú pienses lo contrario. Me explico. Este tipo de personas no tiene muchas habilidades sociales, o no tiene habilidades para ciertas circunstancias (una persona popular entre los amigos puede no saber ser vendedor por poner un ejemplo), entonces tiene que practicar para desarrollarlas y no sabe como hacerlo. Entonces la forma para hacerlo es a través de la prueba y el error. Posiblemente contará malos chistes, se dará cuenta de que es lo que no funciona, de que es lo que funciona, y poco a poco se empezará a desenvolver y así se sentirá más cómodo, porque tendrá más conocimiento de sus habilidades y sus capacidades. Y yo sé que es así porque a mí me ha tocado estar en ambos lados. De ser una persona incompetente en lo social, hasta tener las suficientes habilidades para satisfacer mis necesidades sociales y de afecto.

    Seguramente habrán circunstancias en las cuales te sientas como un incompetente. A pesar de que seas popular entre los amigos y tus selfies del Facebook tengan mil likes. Imagina que te gusta una mujer a la cual no sabes como abordarla. Te darás cuenta que te sientes como el incompetente que conociste en la preparatoria, y tú mismo te darás cuenta que tendrás que improvisar. Muy posiblemente esa mujer no te haga caso, porque la incompetencia refleja inseguridad. Pero seguramente esa experiencia te ayudará a la hora de conocer a otra mujer con un aspecto similar. De esta forma poco a poco te convertiras en un casanova y abrirás tu agencia de ligue.

    No se trata de ser uno mismo. Uno es uno mismo siempre debido a que tratamos de hacer lo que creemos mejor para satisfacer nuestras necesidades sociales. Se trata de adquirir habilidades sociales para sentirnos satisfechos. La confianza en esas habilidades es lo que hace que el individuo se desenvuelva con mayor facilidad y se sienta libre. No se trata de decidir si se es uno mismo o si no, se trata de adquirir habilidades, de aprender, de experimentar, hasta llegar un punto en que no sintamos cómodos y confortables.

  • ¿Por qué tengo que escuchar música mexicana?

    ¿Por qué tengo que escuchar música mexicana?

    En mi recámara tengo una colección de más de 100 cd’s. Serían más a no ser porque ahora con Spotify ya no tengo que estar comprando discos. Antes tenía la costumbre de bajar música y si el disco me gustaba, me lo compraba. Ahora no, bajo muy poco y este servicio de streaming hace el resto. Sucede que entre esa colección muy pocos álbumes son de grupos mexicanos. Es más, de los no muchos discos que tengo en español la mayoría no son mexicanos, más bien están repartidos entre varias nacionalidades.

    ¿Por qué tengo que escuchar música mexicana?

    -¡Cerebro antipatriota, primero nos criticas por que le exigimos a Cuarón que reparta su Óscar entre todos los mexicanos, y ahora resulta que no oyes música mexicana! ¿Dónde está tu país maldito? ¿Por qué no apoyas al talento nacional?-.

    Yo cuando escucho música, lo hago porque esa música me gusta, y no me importa si es de Estados Unidos, Inglaterra, Timbuktú o México. Si los grupos mexicanos quieren tener relevancia a nivel internacional, no deben de esperar a que todos los mexicanos les hagamos el favor de escucharlos. Por el contrario, estaríamos fomentando de cierta forma la mediocridad.

    ¿Qué hay músicos mexicanos talentosos? Sí, los hay muchos, hay muchas bandas muy buenas, grupos que muchos no conocen, otros que fueron estudiar a Berklee. Bandas que son ignoradas por los mismos nacionalmente nacionalistas pero que tienen éxito en el extranjero (véase el caso de Rodrigo y Gabriela). Pero si en México hay 20 grupos buenos, y en Inglaterra por un decir 200, entonces es natural que tenga 9 discos británicos y uno mexicano.

    Pareciera que a incluso a los músicos se le exige un compromiso con su país, y no es así. Carlos Santana siempre se ha asumido como ciudadano del mundo y ha afirmado no tener nacionalidad (ni mexicano, ni estadounidense) a pesar de ser de Autlán Jalisco y haber podido desarrollarse en Estados Unidos. Los chauvinistas seguramente empezarán a jugar con su apellido al hacerlo pasar de Santana a Santa Anna, de comparar los solos de su Europa con la cesión de territorios a los estadounidenses.

    Otra cosa es que en México pareciera que los músicos deben acostumbrarse a ponerle «detalles mexicanos» a su música, para recordar a ese país que «tanto le debe». Cierto, hay grupos que añaden folklor mexicano a su música con muy buenos resultados como Café Tacvba, pero si uno analiza el escenario musical, vemos que llega un momento en que los músicos parecen tentados a hacerlo y no tienen por qué. Si yo quiero escuchar música vernácula puedo comprar el disco de Alejandro Fernández y no necesito comprar un disco de metal con los guitarristas con trajes de charro.

    Ese nacionalismo mal entendido y acomplejado donde hay que resaltar al país ante la escasez de triunfos también invade a la música. Cierto que la nacionalidad y la cultura pueden llegar a influenciar la música (algo relativamente notorio entre EEUU e Inglaterra, o la música tendiente a lo alegre de los países cercanos al Ecuador y la melancolía de los septentrionales), pero otra cosa es pretender que hay un compromiso donde el músico le tiene que poner siempre lo mexicano a sus composiciones.

    A veces se llega a criticar a bandas que adquieren un estilo en boga de otro país: -Suena muy británico, es un Massive Attack región 4, guácatelas-. Pero yo no he visto que en Inglaterra hayan criticado a Muse por tener influencias de músicos como Rachmaninov (ruso) o Wagner (alemán). Ni he visto que critiquen a las bandas de metal nórdicas como Opeth por un genero que se empezó a cocinar en Inglaterra y tuvo su apogeo en Estados Unidos. La música debería ser vista como algo internacional y globalizado, que sí, puede estar influenciada por la región de origen de los músicos, pero no por la razón de sentir que le deben algo a su país, sino porque les gusta.

  • Ser

    Ser

    Todo individuo ha venido a este mundo a «algo». Tu estancia en este mundo no es casual, si piensas que tirarte en el sillón a ver pornografía después de haber trabajando tus angustiantes 45 horas semanales es vida, entonces desconoces el concepto de vida. O tal vez la teoría evolutiva puedan explicar mejor tu situación. Jean-François Bouvet, biólogo francés, afirma que la humanidad está viviendo una retroevolución, donde hay cada vez más gorditos, precoces e individuos infértiles. Tal vez te consideres parte de ese curioso fenómeno. Pero está claro que si el hombre tiene la necesidad de autorrealizarse, es porque está llamado a ello. Algo tan sencillo como la pirámide de Maslow lo explica.

    Ser

     Viktor Frankl, aquel psiquiatra judío que sobrevivió al holocausto, ha basado su logoterapia en la búsqueda de la autorrealización, en el sentido de la vida. En su obra magistral cuenta como aquellos prisioneros que sentían que tenían algo por que vivir tenían mucho más posibilidades de supervivencia que quienes o habían perdido las esperanzas, o no nunca la tuvieron. No necesito quebrarme la cabeza, no tener por qué vivir termina convirtiendo al individuo en un sujeto vegetante. En un sujeto que se limita a ser autómata de la gran maquinaria llamada humanidad. Que sin importar su posición o clase social, tal cual enajenado, es arrastrado por la corriente, preocupándose solamente por su mera supervivencia.

    Frankl afirmaba que el dolor (el cual generalmente es catalogado como un sentimiento negativo a evitar) a veces es necesario en esta búsqueda del sentido de la vida. Se muestra escéptico ante el «perfecto equilibrio del ser humano» debido a que las carencias o sentimientos negativos que puedan afectar al individuo de alguna manera pueden empujar a que éste individuo busque autorrealizarse. El problema es que se nos ha enseñado a vivir mediante una fórmula gastada y previsible. Estudia, consigue un empleo, cásate, jubílate y muere. Muchos no estudian lo que desean por presión social o inseguridad en sí mismos, consiguen un empleo para sobrevivir y no para sentirse plenos con éste, o se casan porque así lo manda la tradición. El problema es que el sentido de la vida es diferente para cada quien.

    Es curioso que los adultos más fracasados y frustrados tienden a ser aquellos que siempre buscaron evadir el dolor. El dolor de alguna manera puede funcionar muy bien como una inversión a largo plazo. Antes estaba bastante gordito, decidí cambiar mi hábito de alimentación y hacer ejercicio. Eso implicó dolor. Acostumbrarme a madrugar para correr implicó sacrificio, saber que ya no iba a comer «todo eso» que me gustaba comer implicaba la supresión de un placer. 6 meses después, la inversión funcionó, obtuve más gozo que el que hubiera podido obtener tirándome en la cama o comiendo comida chatarra.

    La gente fracasada trata de darse placeres que le retribuyan a corto plazo y que les implique poco esfuerzo. La gente fracasada basa su felicidad en el placer y no en la virtud. La gente fracasada no podrá entender el gozo de las personas realizadas, porque éstas para poder gozar, tuvieron que sufrir primero. Y no estoy sugiriendo alguna especie de masoquismo, sino por el contrario. El dolor y el sacrificio formará el carácter del hombre y lo hará virtuoso, en cambio el hombre débil que aspiró a evitar el dolor, terminará sumergido en el sufrimiento. El hombre virtuoso sabe que es lo que quiere en la vida, sabe cual es el sentido de su vida y se esfuerza por ello; el hombre mediocre no, es mediocre y ya.

    Todos tenemos un objetivo en la vida, eso que le da sentido. Buscarlo implica mucho sacrificio, a veces implica pagar el precio, y es algo a lo que los espíritus débiles no están dispuestos a hacer. Por eso ellos vegetan esquivando el dolor. El hecho de que pareciera que hay ya un manual preestablecido de como vivir para todos y el que el sentido de la vida se diferente para cada persona, causa ya una disonancia, una de las tantas que el individuo aspirante a virtuoso tendrá que enfrentar.

    Por eso, tú, que estás viendo pornografía después de una exhausta jornada en tu odioso trabajo tratando de evadir tu triste realidad, te digo, que eso que quieres evitar, el sufrimiento, lo tienes enfrente, es parte de ti, eres tú.