Categoría: reflexión

  • Pi pi pi pi pi pi pi

    Pi pi pi pi pi pi pi

    Pi pi pi pi pi pi pi Sí, crecí de alguna forma con Chespirito. Era lo que había en la tele, las noches en el canal 2 (en mi niñez sólo había tv abierta y la señal de Imevisión no siempre llegaba bien), lo veía soportando una y otra vez los mismos chistes en circunstancias siempre parecidas y con los mismos clichés. Las primeras veces me reí, luego ya no tanto, y luego paré de reír. Pero en mis épocas no existían los iPads y apenas teníamos Nintendo, no podía no ser parte de nuestra infancia.

    Por alguna razón Chespirito es uno de los comediantes más reconocidos de América Latina, pero su comedia a mí no me gustó. Su éxito se basó en una fórmula repetida una y otra vez. Las primeras veces era gracioso ver a Don Ramón, a Quico, hasta al Chómpiras, pero la diferencia entre uno y otro capítulo era nulo, los mismos chistes (no te juntes con esta chusma), y esas mismas fórmulas se repitieron por años.

    Chespirito, sobrenombre derivado de Shakespeare, logró colocar sus clichés en lo más profundo de la cultura mexicana, su torta de jamón, Don Ramón pateando su sombrero, el barril, el amorío entre el Señor Jirafales y Doña Florinda. Repetidos incesantemente hasta el hastío, a algunos nos hartaron pero a otros no tanto, y de tanta repetición siguen siendo tan recordados. Marcaron la infancia de algunos, y de otros lo hizo sin querer queriendo, como decía el Chavo del Ocho.

    Prefiero otorgarle el crédito de un «gran actor» en base a la opinión pública y no a la mía. En mi particular punto de vista, han habido comediantes mucho mejores que Chespirito. Incluso Cantinflas, quien también recurría a fórmulas, era en mi particular punto de vista, bastante mejor que Roberto Gómez Bolaños. No, no quiero ser aguafiestas, pero tampoco quiero afirmar cosas que no creo, ni glorificar a quien nunca he glorificado.

    Qué en paz descanse, su muerte no es lamentable debido a que por circunstancias naturales ya le tocaba descansar. Ojalá algunos medios no utilicen este hecho (que sería una falta de respeto para este personaje) para tratar de distraer a la gente de los graves problemas del país, de las muertes de los normalistas (que sí son lamentables) y de los estudiantes detenidos arbitrariamente y posteriormente torturados (lamentables también).

  • 10 cosas que debes saber sobre Teletón

    10 cosas que debes saber sobre Teletón

    10 cosas que debes saber sobre Teletón

    1.- Teletón no es de Televisa. Que esa televisora lo transmita no significa que sea de Televisa.

    2.- Teletón es una AC independiente, lo que significa que el dinero que dona la gente, no lo puede deducir Televisa.

    3.- Y si estás dado de alta en el SAT, puedes tu mismo pedir un deducible de impuestos en la página de Teletón.

    4.- Grandes empresas donan a Teletón y lo deducen de sus impuestos. Eso es tan legal, que como comenté en el punto anterior, tú lo puedes hacer.

    5.- ¿Y a dónde quieres que vayan tus impuestos?, con Teletón sabes que van a una buena causa. Si se va al gobierno no sabes si van a usar tu dinero para comprar votos, o para pagarle a vándalos infiltrados para que quemen la puerta de Palacio Nacional y revienten manifestaciones.

    6.- Que sale Lucerito llorando, o sale la pareja presidencial invitando a donar para que creas que tienen una pizca de bondad en toda esa miseria. ¡Ignóralos!

    7.- La ONU exhorta a los gobiernos a no donar a Teletón porque el gobierno debería cumplir con su función, pero no dicen que tú como individuo no dones

    8.- Lo que importa es que Teletón como sea, ayuda a muchos niños que no tienen las mismas condiciones que tú tienes.

    9.- No tienes que donar al Teletón, hay muchas otras opciones, y posiblemente encuentres mejores. Eso no es problema.

    10.- Pero no dejes de donar o incites a los demás a no donar por la falacia de que es un negocio de Televisa para no pagar impuestos.

    Y lo digo yo que me c&);ha la m&-€dre Televisa

  • ¿El cambio está en uno mismo?

    ¿El cambio está en uno mismo?

    Pareciera que este mes estoy inspirado para escribir, aunque lamentablemente la inspiración proviene de cierto sentimiento de indignación ante lo que está pasando en el país. Y es que a veces nos dicen a quienes escribimos (tanto a bloggers como nosotros como a periodistas profesionales) que lo hacemos como acto catártico o pretendemos sacar todo lo que traemos dentro, y es cierto. A mí me funciona más hablar aquí que gritar consignas en una marcha, no se me da, ya lo intenté el jueves pasado y  mejor me dediqué a documentar dicha marcha con mi cámara réflex.

     Ese momento en que cada vez más mexicanos deciden dejar de quejarse en la comida o en su smartphone y salen a las calles a reclamar lo que es suyo. Denise Dresser tiene mucha razón cuando dice que desestabilizar no necesariamente es algo malo, porque lo que se quiere desestabilizar es la corrupción, la impunidad, la violencia y la injusticia. Porque los mexicanos queremos un gobierno de leyes, justo, que promueva la paz y que genere las condiciones para que podamos crear nuestro proyecto de vida.

    Me viene un tema a la mente, una consigna que fue repetida varias veces hace dos años, consigna que ahora se vuelve repetir. Dicen que para cambiar al país, tienes que empezar a cambiar tú, que el cambio está en uno mismo, como si hubiera una incongruencia por el simple hecho de manifestarte o señalar a los gobernantes. Que si quieres que México cambie, tienes que empezar por sacar la basura, por estacionar bien tu coche y así. El argumento puede tener razón pero hasta cierto punto, hasta el punto en que puede usarse deliberadamente para desinhibir a quienes protestan contra los gobernantes o los políticos, como si no tuvieran derecho de hacerlo.

    Es cierto que una parte de lograr un cambio en la sociedad tiene que ver con el ejemplo, con ser un buen ciudadano. Pero paradójicamente sumado a todo ello (no invadir banqueta, no dar mordida, pagar impuestos, y un sin fin de etcéteras) está la natural inconformidad del ciudadano con quienes se corrompen, con quienes promueven la injusticia. Si yo decido no ser corrupto porque he asimilado que la corrupción es mala, entonces por consecuencia me debería indignar que terceros practiquen la corrupción, y entonces me debo indignar mucho más que las autoridades, en quienes he depositado el rumbo del país, sean corruptas. Entonces no sólo no tengo «prohibido» moralmente manifestarme o señalar como algunos sugieren, sino que es muy deseable y es muy congruente con lo que pienso.

    No ser corrupto es muy difícil. Muy posiblemente tu umbral de corrupción es mucho más bajo que el de los políticos, pero la constante práctica de estos actos son los que hacen que se asuman como normales y el individuo crezca en una espiral de corrupción donde lo que vemos como reprobable se termina viendo como algo normal. Posiblemente en diversos momentos has cometido actos que pueden pasar como corruptos y ni siquiera te has dado cuenta. Otras veces lo has hecho porque has sentido que no tienes de otra, o porque crees que si lo haces «de manera honesta» no podrás avanzar en un sistema que promueve la corrupción. El hecho de despertar y darte cuenta que tu país está sumado en un mar de corrupción y de impunidad, de alguna manera te puede llevar a una reflexión personal, a hacer un análisis de tu propia persona y meditar tu papel dentro de la sociedad.

    En la marcha del jueves que tuve posibilidad de asistir en Guadalajara, entre los manifestantes hubo una gran civilidad: Habían personas y grupos de diversas ideologías, unas que puedo no compartir tanto pero respeto; pero se palpó un sentimiento de unión, de solidaridad, de capacidad de organización. Los manifestantes tenían la capacidad de autogobernarse, se señalaban a aquellos que se tapaban la cara y se les invitaba a que se hicieran a un lado, y procuraban en todo momento que todos se portaran con civilidad. Eso es algo muy positivo porque es muestra de que los mexicanos tenemos la capacidad de organizarnos bien. En la manifestación constantemente se señalaban a personas o instituciones, pero más que señalarlas per sé, el significado de fondo era reprobar esas malas prácticas que a ojos de muchos pueden representar, y las que han orillado a tener los problemas que padecemos (como los 43 desaparecidos de Ayotzinapa).

    El hecho de que la sociedad se manifieste por temas totalmente ligados a problemas de corrupción e impunidad muestra que se reconoce que dichos actos son negativos, y el hecho de que sean reprobados por toda la sociedad puede ayudar a que el individuo se la piense dos veces antes de cometer algún acto de ese tipo. Tomando los datos de un estudio de Transparencia Internacional, hago una comparación entre México y Rusia. Los dos tienen un nivel de percepción de corrupción similar (en ambos países el 79% de la población cree que la corrupción es un problema en el sector público), pero la mayoría de los mexicanos creen que la gente ordinaria puede hacer algo por abatir la corrupción (un 81%) mientras que menos la mitad de los rusos cree en ello (44%). Eso pone en ventaja a nuestro país al haber una mayor intolerancia ante la corrupción. Creo que el problema estriba más en hacer consciente a la gente como es que pequeños actos que pueden ser calificados como corruptos, son la base para tener un país que no puede construir un Estado de derecho aceptable.

    El cambio está en uno mismo, sí. Pero parte del cambio tiene que ver también con procurar no sólo que el individuo no sea corrupto, sino que también la comunidad no lo sea. Por eso es positivo saber que en México se empieza poco a poco a tener la costumbre de exhibir en las redes sociales a quienes incurren en estos actos, y también que la sociedad cada vez se anima más a salir a las calles para reprobar a aquellos gobiernos que a su juicio, representan corrupción e impunidad.

    Cierto que para cambiar al mundo hay que saber proponer, pero para ello, primero hay que señalar las carencias y reconocerlas. Es inclusive antinatural pretender ser una persona derecha y que al mismo tiempo no te importe que quienes rodean decidan no serlo. Porque al final, parte de no ser corrupto tiene que ver con la sensibilidad y el deseo para que los demás no lo sean.

    Publicado en www.mexicotecalifica.org

  • La verdadera Revolución Mexicana, no mamadas

    La verdadera Revolución Mexicana, no mamadas

    Mi madre me preguntó cuando fui a comer con ella por qué no estaba vestido de negro (me sorprendía que se volviera activa políticamente). Mi padre llegaba con un encono tremendo a decirme barbaridades de Enrique Peña Nieto. Nunca los había visto tan molestos, era signo de algo, y no formaban parte de una estrategia para desestabilizar al país. De último momento decidí asistir a la marcha. Eso de las marchas no es lo mío, pero la indignación hizo que esta vez cambiara de decisión. Además prometía ser un día histórico, y así fue.

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    Creo que esta es la manifestación más importante desde 1968, porque se trató de una manifestación global, marchas en todo mundo pidiendo justicia por los normalistas de Ayotzinapa y pidiendo la renuncia de Peña Nieto. Yo asistí a la de Guadalajara, no tan multitudinaria como la de la Ciudad de México, pero muy concurrida siendo una ciudad no tan acostumbrada a salir a las calles. La marcha fue muy heterogenea, los socialistas son los que se hacen notar más, pero eramos de diversas ideologias, de diversas clases sociales con una misma preocupación en común. Éramos de izquierda o de derecha, éramos jóvenes, padres, estudiantes, orábamos, éramos diferentes pero estábamos ahí por una causa en común.

    Queda claro que no se trata de una «estrategia» bien planificada para desestabilizar al gobierno. El gobierno de Peña Nieto se ha desestabilizado solo, y por eso la gente está en las calles, por eso la gente quema al muñeco de Peña gigante en medio del Zócalo capitalino, porque está molesta, porque se siente muy frustrada. Porque la gente caray, quisiera un México más estable, más justo, y no esto que tenemos ahora. Ahora muchos de esos que antes gritaban -mejor ponte a trabajar- se solidarizaron, ahora no sólo le gritan a Peña Nieto y a su gobierno que se pongan a trabajar, ahora piden su renuncia.

    A diferencia de 1910 donde se tomaron las armas y donde los revolucionarios se comportaban como caciques, la gente salió a las calles pacíficamente a manifestar su inconformidad. En Guadalajara las reglas entre los manifestantes estaban claras, la violencia estaba estrictamente prohibida, nadie podía llevar cubierta la cara o se le separaba de la manifestación. La policía brilló por su ausencia, pero no se necesitó, quienes asistimos pudimos regularnos solos. No había algún indicio de que fuéramos a «desestabilizar el país».

    En México algunos cayeron en actos violentos, pero fueron muy pocos, algunos posiblemente infiltrados o inducidos por ese gobierno al cual le conviene mostrar que se trató de un acto violento cuando no fue así. Porque el gobierno ya no sabe que hacer, está acorralado. La hija de Angélica Rivera, Sofía Castro, es increpada en Las Vegas cuando fue a recibir un premio mientras en la misma ciudad, Calle 13 recuerda a Ayotzinapa en el Grammy Latino, y mientras el Chicharito Hernández se solidariza con las manifestaciones (seguramente el Chicharito quiere desestabilizar al gran proyecto de gobierno desde la banca).

    El gobierno inepto vive en una burbuja, no es sensible ante lo que ocurre en el país cuando ellos deberían de ser los primeros en sensibilizarse porque para eso se les paga. En vez de eso pretenden regañarnos e inventan «teorías del compló» (igual que su símil intelectual de las izquierdas) para desacreditar a la gran mayoría de mexicanos que estamos en contra de lo que representan, no por querer estarlo sin sentido, sino porque ellos representan la corrupción, la impunidad, y todo aquello que ya no queremos.

    Y no les importa, ellos siguen haciendo lo mismo. Todo parece indicar que los Vázquez Raña ganarán la licitación para las nuevas cadenas de televisión abierta, siguen haciendo negocios con sus amigos, no les importa, quieren seguir enriqueciendo a sus cercanos. Por eso los mexicanos estamos hasta el queque, por eso los mexicanos estamos encabronados, porque estamos hartos de que los gobernantes quieran saquear los recursos que nosotros creamos con el sudor de nuestra frente, porque para nosotros son poco menos que delincuentes en el poder, porque no se vale, porque están moviendo a Méxicco al precipicio.

    Pero los mexicanos estamos despertando… Y el Gobierno debe de saber que ya no se encuentran ante la sociedad sumisa y agachada de mediados del Siglo XX. Porque no se trata de una revolución violenta compuesta por revolucionarios que violaban a las mujeres que encontraban a su paso y después se «institucionalizaron», porque se trata de personas que buscan revolucionar conciencias. Esos somos los mexicanos.

    Por último les comparto fotografías que tomé de la manifestación en Guadalajara:

  • Tu tele grandota en el Buen Fin

    Tu tele grandota en el Buen Fin

    No, no voy a negar esa simbiótica relación individuo – tele. Las pantallas planas (muchas veces mal llamadas plasma porque la gran mayoría son LCD que no son lo mismo) terminan siendo una extensión del cuerpo del individuo. Los establecimientos configuran las televisiones de tal forma que la vista sea espectacular, incluso los contenidos que proyectan están hechos para que creas que la pantalla es mejor de lo que es. Naturalmente cuando llegas a tu casa en la sala de estar, donde posiblemente haya una ventana al lado y la forma que entra la luz es muy diferente al del establecimiento, te das cuenta que en realidad no es tan espectacular y termina siendo una pantalla plana normal, pero sí, es tu nueva tele.

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    Posiblemente tu televisión sea muy buena, posiblemente tu tele resuelva bien los negros, tenga un muy buen contraste y sonido surround para proyectar toda esa basura que, no nos hagamos, te encanta. Posiblemente te emociones por el detalle y el realismo con el que ves el humito de La Rosa de Guadalupe. Aunque ateniéndonos a la naturaleza del ser humano, te irás acostumbrando y en unas semanas lo que parecía salido de otro mundo ahora es algo completamente normal.

    Pero dentro de toda esta aventura donde compraste tu nueva tele (aparato tan indispensable para el ser humano que el gobierno ya está regalando teles a la gente pobre con el logote de «Mover a México») posiblemente no hiciste un buen análisis de los precios en El Buen Fin. Posiblemente el establecimiento subió el precio de lista al doble y después ofreció el 50% de descuento, para que tú, amigo ingenuo, te la creyeras. -¡Ya viste mi tele Pedro, me costó $10,000 pesos, ya vamos a poder ver La Academia! -¿$10,000, tan caro? ¡Es un robo!, si está bien chafa tu tele. -¡Claro que no está cara, la agarré en promoción, tenía el cincuenta por ciento de descuento, deja de estarme molestando!

    Posiblemente creíste que el Buen Fin era el Black Friday donde los descuentos son de verdad, y no promociones de pagos a crédito con un ínfimo porcentaje de descuento, descuentos que valen la pena hay pocos y sí se pueden encontrar televisiones a buen precio, pero hay que buscarle bien y no siempre hace eso la gente. Posiblemente creíste que con ver el precio con el descuento en el mostrador asumiste que era un descuento real, y seguramente no investigaste con días de anticipación cuando costaba en realidad tu nueva tele.

    Y es que hay que ser realistas, nuestra economía no da para hacer un Black Friday. No es que las empresas sean más maquiavélicas que en Estados Unidos, es que simplemente ofrecer descuentos onerosos en la mayoría de los casos no funciona y no es rentable. Pero la gente se va con la finta, pensando que se trata de una ganga, y en la gran mayoría de los casos no es así. Pero la gente es irracional, se deja llevar por las emociones. Eso lo sabemos los mercadólogos y por eso tratamos a la gente como ratas de laboratorio creamos promociones apelando al sentimiento y no a la razón. Nosotros queremos vender productos a como dé lugar, no somos maestros que queremos poner a pensar y a razonar a los demás.

    Pero tú tienes tu tele nueva ¿Qué te endeudaste?, -Aah no pasa nada, hasta el gobierno se está endeudando y todo sigue igual, todos nos endeudamos, es normal-. ¿No revistaste si esa deuda la podías pagar? ¿No te fijaste si todos esos pagos chiquitos al mes sumados dan un precio más alto que lo que te costaría tu televisión en precio de lista pagándola de contado? Porque hay que ser sinceros, el humito de la Rosa de Guadalupe es ficticio y no va a venir a resolver tus problemas económicos derivados del Buen Fin.

    Pero tienes tu telesota nueva.

     

  • Combatir la violencia con violencia

    Combatir la violencia con violencia

    ¡El México bronco por fin ha despertado! Afirman algunos con júbilo.

    Mientras en las principales ciudades los manifestantes salen a las calles de forma pacífica (aquellas con un ingreso per cápita alto, aquellas que no están en la zona jodida de México), en otros lados, en sectores vulnerables, que se han quedado estancadas en el tiempo (igual que sus ideas y su madurez civil) vemos ese México bronco, ese México violento que es más parecido a ese de donde salieron los caciques revolucionarios. Los que se pueden presumir víctimas del Estado, pero también víctimas de ellos mismos, de sus impulsos, de sus ideas que perdieron vigencia desde antes de la caída de la URSS.

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    Los manifestantes violentos son una contradicción. Tratan de evidenciar al gobierno como inútil, pero no lo logran dejar patente por alzar la voz, sino por la permisividad que tienen para realizar sus actos. Los gobernantes o son displicentes (CNTE) o los reprimen (Atenco) pasándose las leyes por el arco del triunfo, pero nunca actúan conforme a derecho contra ellos. De las dos formas ayudan a que los vándalos ganen el discurso.

    Cuando quemaron la sede de Gobierno de Chimpalcingo, la sociedad no aplaudió el hecho, pero lo interpretó como entendible ante la rabia. Pero cuando los hechos se repiten una y otra vez, la conclusión es diferente. La violencia no se puede combatir con violencia, es una contradicción. Como así es una contradicción buscar atacar al Partido «Revolucionario» Institucional con una revolución, inspirada paradójicamente en la Revolución Mexicana.

    Que nos solidaricemos con los normalistas no implica que debamos compartir su forma de actuar. El que sean históricamente acosados por el Estado no les da derecho a bloquear carreteras, incendiar inmuebles, porque de esa manera muestran una retrogradez incluso más profunda que el Estado mismo. Su forma de conducirse no debe por ningún motivo relativizar la masacre ni mucho menos justificarla, pero a la vez tampoco lo segundo puede ser pretexto para justificar lo primero.

    La indignación puede ser justificada, pero la madurez de una sociedad está dada también por las formas en que buscan resolver dicha indignación. En tiempos recientes la creatividad ha sido básica para cambiar sistemas, la caída de Pinochet en Chile es un ejemplo claro. Cuando los individuos están atados a mecanismos clientelares (que son típicos de los gobiernos que repudian) y sus ideas son lo suficientemente cerradas como para no aceptar que son caducas, y cuando sus métodos de lucha son aquellos que muchos países ya dejaron en el pasado como parte de su natural evolución, entonces estarán condenados al fracaso.

    La quema de edificios, el bloqueo de carreteras y demás actos, son una muestra de la inoperancia de las autoridades, pero también de la de ellos. Mientras en las ciudades, el gobierno acude a infiltrados para desvirtuar las manifestaciones pacíficas, en los sectores vulnerables se ausenta, porque los mismos actos reprobables pueden, paradójiamente, beneficiarles a aquellos quienes dicen combatir. Mientras mayor es su rabia, más capital mediático ganan los gobernantes.

    No es con más rabia ni con más violencia, es con una mayor madurez, creatividad y capacidad crítica que se podrán lograr cambios. De lo contrario estamos condenados a repetir la misma historia.

  • Qué quede bien claro, Fue el estado

    Qué quede bien claro, Fue el estado

    Hoy la Selección Mexicana «se vengó» de Holanda y a casi nadie le importó. Se habló del golazo de Carlos Vela quien regresaba después de 3 años a la selección y del Chicharito. Pero no hubo esa catársis que muchos (algunos convenientemente) esperaban. Al menos en las redes sociales nadie trajo a colación el #NoEraPenal, ni se habló del que algún momento fue el enemigo nacional (Arjen Robben). Eso es sin duda una buena noticia, no porque esté mal que la gente siga el futbol, sino porque sabe que en estos momentos hay otras prioridades que buscar la «revancha» contra Holanda. Porque 43 muertos en una masacre son mucho más importantes que un penal que no fue (o eso dicen).

    Qué quede bien claro, Fue el estado

    Ahora muchas voces han salido a relativizar los hechos de Ayotzinapa. Y es que dentro de la natural indignación de la sociedad, hay también una batalla electoral. No miente el Padre Solalinde cuando afirma que el Gobierno ha manejado éste profundo problema con tintes políticos y electoreros. En realidad lo que podemos ver es una batalla entre PRI, PRD e incluso MORENA. El PRI creyó que Ayotzinapa iba a manchar al PRD. Por eso Peña Nieto, después de varios días cuando habló del tema, lo mencionó como «ese asunto que ocurrió solamente allá en Iguala». El PRD y López Obrador han señalado a Peña Nieto como el principal responsable «de esta tragedia», a pesar de que Abarca militaba en el PRD y a pesar de que AMLO apoyó la candidatura de Abarca, o al menos no hizo nada cuando le contaron de sus antecedentes.

    La realidad es que hay muchos responsables. La realidad es que sí «Fue el estado». Como menciona Juan Pablo Becerra-Acosta en su columna, el Diccionario de la Lengua Española lo define así: «Conjunto de los órganos de gobierno de un país soberano«. Quien mató a los estudiantes fue el gobierno de Iguala que es parte del Estado.

    No se vale, como muchos hacen, relativizar la masacre apuntando a que fueron unos simples delincuentes o policías como si se hubiera tratado de un hecho aislado. No, el gobierno mató, el culpable aquí es el gobierno. El Gobierno de Iguala es una ínfima representación del estado, pero es parte del estado, y para encontrar una solución a este problema, tenemos que empezar por reconocer que quien mató a los estudiantes de Ayotzinapa fue el estado.

    Quienes tratan de relativizar la masacre, quieren crear la idea de que «un gran número de personas maquiavélicas o cuando menos ingenuas e ignorantes» piensan que Peña Nieto fue el asesino. Yo creo que esa idea la tiene más bien una ínfima minoría (muy gritona, sí). Esa aseveración la hacen en base a los reclamos de los manifestantes que piden que renuncie Peña. Si hubiera sido Peña Nieto el autor intelectual, no estarían pidiendo su renuncia, estarían pidiendo la cárcel y pedirían que fuera procesado por delitos de lesa humanidad en La Haya, esto no es así.

    Con todo y que algunos políticos y líderes quieran hacer creer interesadamente que con la renuncia de Peña se soluciona Ayotzinapa, la mayoría de quienes quieren que Peña Nieto se vaya, lo quieren por la ineptitud con la que ha manejado el conflicto, lo hacen porque desde su llegada la impunidad y la violencia ha aumentado, lo hacen porque un cúmulo de resentimientos explotaron: Las elecciones del 2012, la Reforma Fiscal, el intento frustrado de censura con la Reforma de Telecomunicaciones y un sin fin de molestias de los ciudadanos para con el gobierno. Podemos debatir si es prudente pedir su renuncia o no, pero los motivos que provocan dicho deseo son genuinos y razonables.

    Quienes intentan relativizar la masacre buscan encasillar para de esta forma desprestigiar. Dicen que quienes afirman que fue el estado y que desean que Peña renuncie, son necesariamente izquierdistas ligados a López Obrador. Ciertamente López Obrador busca, al igual que lo hace el PRI, usar la masacre para obtener la mayor rentabilidad política (o bien, para control de daños). Pero basta que cada uno revise sus redes sociales para constatar que quienes hacen esas afirmaciones, lo hacen desde distintas posturas ideológicas y no se trata de una consigna de un personaje.

    La gente está muy molesta, en el Amsterdam Arena donde jugó la selección se escuchó el grito de justicia. Ayotzinapa recorre el mundo, la indignación es total. Los medios internacionales son implacables con Peña Nieto (y quienes intentan relativizar la masacre no creo que puedan encasillar a The Financial Times, The New York Times o a El País en esa misma masa de izquierdistas pro AMLO). El gobierno debe de lidiar con una fuerte crisis de legitimidad (al que se suma el penoso asunto de la Casa Blanca de Angélica Rivera), el problema es que ya nadie cree en el gobierno, y los ciudadanos se sienten solos.

    Y algunos todavía tienen el empacho de afirmar que ese resentimiento con un gobierno que no trabaja para ellos tiene que ver con una campaña de odio, y con sentimientos negativos que deben de ser paliados con florecitas en Facebook.