Categoría: reflexión

  • La Gaviota y Sofía Castro en el ¡Hola!

    La Gaviota y Sofía Castro en el ¡Hola!

    Un mecanismo de defensa, sí, sólo eso puede ser. ¿Cómo reaccionar psicológicamente cuando perteneces a la familia que gobierna al un pueblo que te detesta? Siéntete superior a él, piensa que estás en un lugar privilegiado, piensa que ese lugar te convierte automáticamente en alguien superior a toda esa «prole». Invéntale adjetivos y etiquetas, di que son unos haraganes, criticones, ardidos, envidiosos. De esa forma puedes justificar tu posición y evitarás que el repudio que muchos te tienen te afecte psicológicamente.

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    Solo así puedo entender la portada del ¡Hola! La revista española conocida por exhibir a las élites tanto europeas como latinoamericanas. La aparición de La Gaviota y Sofía Castro en esa revista lo demuestra. Yo no recuerdo que la esposa o los hijos de Felipe Calderón se exhibieran en esa revista, ni las de Vicente Fox, ni las de Zedillo. Y no hablamos de élites meritocráticas, de empresarios o magnates que se ganaron todo con el sudor de su frente;por el contrario, Angélica Rivera y su hija aparecen ahí por ser parte de la familia presidencial, por ser parte de una historia de una telenovela que ya nadie compra.

    Recordamos cuando La Gaviota nos dio su personal explicación del conflicto de interés en el que ella y su marido incurrieron con el tema de la casa blanca, como si nos hiciera el favor, como si nos estuviera regañando por haber tenido el atrevimiento de cuestionarla; como si debiéramos de dedicarle unos vivas al rey, aunque aquí no hay ni razón para dedicar vivas y menos hay un rey en esta historia. Pero sería aventurado y hasta irresponsable de mi parte afirmar que los únicos culpables son ellos.

    El problema es el sistema en el que vivimos, un sistema que permite este tipo de fenómenos. Ellos siempre han vivido así, con un halo de superioridad; el marido Enrique Peña cobijado bajo el Grupo Atlacomulco, la esposa actriz de Televisa (con todo lo que ello implica) y la hija siguiendo los pasos de su mamá en la cúspide del poder. Posiblemente no terminan de ser conscientes del error en el que están, posiblemente ese acto desproporcionadamente cínico ante nuestros ojos para ellos no significa gran cosa. Posiblemente así los educaron y es el mundo que conocen.

    Seguramente han de oler la «envidia de la prole». Pero yo no creo que todos los envidien, en lo particular a mi no me gustaría estar en esa posición a cambio de la pérdida de mi honor, mi integridad y del juicio que la memoria histórica hará sobre mí. Si ellos nos vieran como iguales ya estarían psicológicamente quebrados dentro de una fuerte depresión, pero como no nos ven así entonces pueden sortear fácilmente el dilema que ello pudiera implicar. Porque su aparición en esa revista no sólo no les podría dar más fama, sino por el contrario, puede incitar a que la gente les tenga más repudio.

    El problema del comportamiento de la familia Peña Nieto es un problema mucho más profundo, estructural y que debemos de empezar a cambiar no sólo como gobierno, sino como sociedad. Necesitamos procurar instituciones más fuertes, necesitamos modificar la estructura social de tal forma que se pueda crear más competencia en vez de que unos pocos detenten el poder y todos los recursos. Si no se hace ese esfuerzo, la historia de Peña y La Gaviota se seguirá repitiendo constantemente dentro de nuestra sociedad.

  • ¿Por qué Maskota debería desaparecer?

    ¿Por qué Maskota debería desaparecer?

    Hay algo que me molesta, me enturbia y me indigna, y eso son las tiendas de Maskota. ¿Han entrado a una tienda de esas? Lo único que veo son perros estresados caminando de un lado a otro en unas jaulas muy pequeñas donde ya no digo que no pueden correr, no pueden ni siquiera caminar; Maskota tiene a sus animales en condiciones deplorables, éstos sufren dentro de sus instalaciones. Los pobres animales nada más están viendo la hora en la cual salir de ahí. Ese trato es inhumano y muy poco sensible con las especies. No es casualidad que las campañas para adoptar perros se hayan puesto tan de moda ante la más creciente negativa de comprar animales en ese establecimiento y otros similares.

    ¿Por qué Maskota debería desaparecer?

    Es que los animales no son accesorios como creen que son los de Maskota, los venden como si fueran productos de supermercado. Enjaulados al lado de los anaqueles donde se encuentran los accesorios para ese animal, cepillos, correas. Mientras los clientes pasan a buscar a un animal, éste araña los vidrios de las pequeñas jaulas donde se encuentra encerrado como pidiendo auxilio.

    Quien es cruel con los animales, no puede ser buena persona. Arthur Schopenhauer.

    Maskota, para tratar de lavar su imagen, tiene un programa de adopción de perros, y en el formulario para tramitar la adopción de uno incluso te preguntan qué es ser un «dueño responsable» ¡como si ellos lo fueran!, y a pesar de estos programas, las jaulas ahí siguen, los perros estresados, los hamsters y los animales que viven hacinados casi como en un campo de concentración y el establecimiento sólo se preocupa de que se encuentren lo suficientemente vivos para que los compren.

    Y hablando de animales, habrá que ver a sus empleados quienes muchas veces no sólo no están capacitados para tratarlos bien, sino que en algunos casos son crueles con ellos y tienen el descaro de presumirlo en las redes (ver videos al final de la nota).

    Los perros son una subespecie del lobo que fueron domesticados de tal forma en que se convirtieron en los animales perfectos para convivir con los seres humanos. Nosotros los humanos los manipulamos tanto (a través de cruzas) que hemos obtenido una infinidad cantidad de razas con un aspecto tan peculiar que algunos a la vista tienen poco en común con el lobo, su inmediato antecesor (como los french poodle). Pero los perros no fueron domesticados para vivir en jaulas insalubres; los perros necesitan correr, jugar, tener un amo y eso es algo de lo cual se les priva en tiendas como Maskota.

    Maskota debería desaparecer, hay muchas formas de adquirir animales sin que estos tengan que ser maltratados para ponerlos «a disposición del consumidor», Maskota es un establecimiento que maltrata animales y no tiene la más mínima preocupación por su integridad. Quien trata mal a los animales, de alguna manera lo hará igual con sus semejantes.

  • Yo, en una misa

    Yo, en una misa

    No sé por qué entrar a la misa de un templo me genera algo de ansiedad, como si no me sintiera cómodo estar ahí sin saber por qué, o tal vez sí lo sé y tiene que ver con que no me siento parte de. Porque ir a una misa no es mi forma de ejercer la espiritualidad. Asisto muy pocas veces a misa, realmente sólo voy cuando se trata de acompañar a mis papás en un día significativo como lo es navidad, o el cumpleaños de alguno de ambos. Desde chico asistía con ellos todos los domingos, y en cuanto cumplí los 18 años dejé de asistir. A esa edad muchos se vuelven «ateos» y pocos años después vuelven a retomar sus inclinaciones religiosas. Yo en realidad nunca me volví ateo porque de alguna forma siempre he creído en la existencia de un Dios, simplemente ejercer mi espiritualidad aferrándome a un dogma y a un orden de valores preestablecidos (y por lo tanto incuestionables) no es algo que haya funcionado conmigo nunca.

    Yo, en una misa

    El padre antes de iniciar nos invita a pasar al piso de arriba (que en un principio se habría contemplado para que ahí estuviera el coro o quienes tuvieran a su cargo la música) desde donde se tiene por así decirlo, una vista panorámica de la misa. No creo que tenga que ver con un problema de concentración, más bien es que a mi los rituales no me funcionan. Ir y repetir lo mismo (Por mi culpa, por mi culpa, por mi grande culpa… Creo en un Dios todopoderoso, etc.) nunca me ha funcionado; desde que era pequeño no terminaba de entender la razón del por qué mi mamá me hacía repetir varias veces los padres nuestros. Cuando era pequeño pedía algo después de comulgar y nunca notaba que eso hiciere alguna diferencia. Tan me cuestionaba todo que cuando mis papás me dejaron de obligar a ir a misa, deje de ir.

    En todo el inicio de la celebración estoy en todo menos en misa, estoy pensando cosas, meditando, analizando a la gente, la estructura de la capilla, el acomodo de los bancos. Solo logro poner algo de atención cuando inician las lecturas y la única parte en la cual me concentro es en el sermón. Aquí voy yo a debatir mentalmente con el Padre. Ok, en esto concuerdo, en esto no, ¿Cuáles son sus fuentes? El padre hablaba sobre la «aberración del matrimonio gay» de los exorcismos, y del papel del padre en una familia. Terminó el sermón y con ello mi interés. Tal vez si las misas tuvieran más momentos de reflexión y menos actos protocolarios me podrían interesar pero no es así.

    Y nunca me he sentido mal por ello, aunque mi postura a ojos de algunos sea considerado un «pecado»; por el contrario, sería deshonesto conmigo mismo tratar de estar en un lugar donde no me siento cómodo. Los humanos tenemos diferentes formas de ejercer la espiritualidad, hay a quienes les gusta ejercerla dentro de un marco de ideas y valores ya fijados y se respeta, habremos quienes no somos así, quienes ejercemos nuestra espiritualidad de mejor forma al adquirir conocimientos nuevos, al sentirnos libres y capaces de llegar a nuestras conclusiones personales. Posiblemente se deba a una predisposición genética, al temperamento, o a alguna otra cosa.

    Posiblemente eso que tú sientes en misa es algo que yo siento leyendo un libro o analizando artículos de revistas. Posiblemente el efecto de un Padre Nuestro en tu cuerpo sea el mismo que el efecto en el mío a la hora de redactar un artículo. La espiritualidad es algo muy importante, pero creo que no existe ni debería existir un monopolio sobre como es que ésta se debería de ejercer; los seres humanos somos o deberíamos de ser libres de buscar como ejercerla.

    No me considero un «anti religioso» ni me parece mal que la gente ejerza su religión (en tanto haya un respeto entre ambas partes), por lo contrario me parece que puede ser una buena opción para que muchas personas ejerzan su espiritualidad. No soy de los que se para en la Iglesia y empieza a emitir mentalmente una cantidad de críticas implacables y a reprochar. Solo me llego a molestar cuando veo expresiones de fanatismo, o cuando desde su postura emiten juicios o etiquetas a quienes ejercemos nuestra espiritualidad de forma diferente. La Iglesia para mi es tan imperfecta como el ser humano mismo, con virtudes y defectos, con aportaciones valiosas a la humanidad y con otras que provocan un efecto adverso.  Y así como puedo criticar a la Iglesia por algunas razones (muchas conocidas e incesamentemente repetidas) puedo valorar también las cosas positivas que ésta como institución pueda hacer.

  • ¿Quién es el «Piojo» Herrera?

    ¿Quién es el «Piojo» Herrera?

    Estábamos en las vísperas del Mundial de Estados Unidos 94, y yo tenía mi álbum de estampas. En una había un jugador un poco regordete con una melena rubia que se desplazaba sobre un rostro no muy agraciado, era un hombre fornido; y le preguntaba a mi papá por qué ese hombre no había ido al Mundial. Mi padre me comentó que se había vuelto loco y fue separado del plantel porque había perdido la cabeza cuando jugaba con el Atlante:  El «Piojo» Herrera había agredido a un aficionado que lo estaba provocando.

    ¿Quién es el "piojo" Herrera?

    Dicen que las primeras impresiones jamás se olvidan, y yo me quedé con esa impresión de él, de un jugador (ahora técnico) incapaz de controlar sus impulsos. La historia reciente me lo confirma.

    Miguel Herrera puede parecer simpático, puede ser visto como luchón, como aguerrido, pero es un individuo desequilibrado. Basta ver sus festejos en el campeonato del América a quien dirigía, o los propios en el Mundial de Futbol donde tuvo un desempeño aceptable, pero cuyo mérito fue el haber logrado sacar a la Selección Mexicana del basurero.

    Quienes se desempeñan como figuras públicas dentro del deporte tienen una responsabilidad para con quienes los admiran. Generalmente los deportistas, por su naturaleza, son quienes se erigen como héroes de forma constante. Por eso es que se espera que lleven vida más o menos íntegra y congruente. Son el «ejemplo» de muchos niños y nuevas generaciones que los ven en la televisión o en el estadio. Y más se espera que quien dirige a un equipo, quien es el cerebro, el estratega, el mentor, posea una honorabilidad ejemplar. Miguel Herrera no la tiene.

    Una de sus cualidades es la de ser motivador, como estratega debe de tener algunas, pero como ejemplo a seguir tiene más bien pocas. No sé que tan buen ejemplo a seguir sea un entrenador que pierde los estribos, sea por euforia o sea por coraje. Un entrenador que no teme en hacer el ridículo abrazándose en el suelo con los entrenadores o gritando como un niño pequeño que festeja el gol del primer campeonato de su eterno equipo. Un entrenador satisfecho con los múltiples ingresos que le generan los varios comerciales que realiza, y no se diga del atropello contra las instituciones del cual formó parte, al apoyar ilegalmente al Partido Verde dentro de la veda electoral.

    Las agencias de publicidad lo contratan en el supuesto de que se trata de un héroe nacional, el ejemplo a seguir, quien sacó a la Selección Mexicana del hoyo cuando los hombres de pantalón largo veían como los millonarios ingresos publicitarios estaban a punto de perderse ante la muy probable eliminación de la selección y por lo cual decidieron contratarlo. Los méritos no se le dejan de reconocer, pero una persona ejemplar no es, una persona que viola la vida institucional del país a cambio de una cantidad monetaria, como la que recibió para apoyar a los verdes no puede ser considerada ejemplar.

    Dicen que en éste mundo se necesitan «locos», gente que rompa paradigmas. Pero eso no implica ser un desequilibrado mental que agreda aficionados, que grite como niño, o viole la ley. No, eso no es un ejemplo a seguir.

    Ahora le toca pagar los platos rotos. Con su fracaso en la Copa América (que cabe decir, la Federación Mexicana de Futbol, por intereses económicos decidió llevar a la selección B para disputar la Copa de Oro) le han recordado su «puntada» de apoyar al Partido Verde. Hasta el ex Presidente Felipe Calderón se ha subido al «tren del mame».

  • Donald Trump, el Lagrimita estadounidense

    Donald Trump, el Lagrimita estadounidense

    Donald Trump de entrada ya puso un clavo en su ataúd dentro la carrera por las elecciones presidenciales en Estados Unidos. El votante latino es cada vez más importante en éste país; este sector aumentó 18% de 2010 a 2014. Según Pew Center hay 25.2 millones de latinos listos para sufragar (algo así como el 8% de todo el electorado). Una cifra que no se puede subestimar dentro de unas elecciones y los candidatos (bueno, menos Trump) lo saben. No es que dichos candidatos se vean forzados a prometer derribar la frontera con México, pero sí a tomar una postura cuando menos prudente ante un sector que puede ser clave y al cual ya no se puede ignorar.

    Donald Trump, el Lagrimita estadounidense

    Los latinos son lo suficientemente importantes en Estados Unidos como para que Jeff Bush, quien se destapó por el Partido Republicano, presuma haber conocido a su esposa en un programa de intercambio en León Guanajuato, al tiempo que tiene una versión en español de la página web que usará para la campaña. La destapada por los demócratas, Hillary Clinton, también tiene una versión en español de su página. Saben que los latinos son lo suficientemente importantes como para no ignorarlos (aunque en la práctica, sus políticas no sean del todo benéficas para ellos).

    Trump, en su destape, declaró que «México no es nuestro amigo», que promete levantar un gran muro en la frontera norte que nosotros vamos a pagar, que los mexicanos mandamos no a nuestra mejor gente, sino a la gente que tiene problemas, que traemos drogas, crimen, violadores. Así, su primera estrategia de campaña fue perder a ese 8% de los electores, pero no sólo a ellos, porque a varios estadounidenses no les cayeron muy en gracia sus declaraciones, como a Rob Schneider:

    Trump es un mal ejemplo de lo que debe de ser un empresario estadounidense, el antípodas de los jóvenes empresarios de Silicon Valley que obtienen su riqueza gracias a su constante innovación y no procuran presumirla. Trump, un especulador inmobiliario, que además escribe junto con Robert Kiyosaki literatura barata compartiendo nada de los conocimientos que lo han hecho poseer una fortuna y cuyos libros son recomendados por empresas piramidales que muchas veces terminan en fraude. Trump, ese hombre desagradable que se ha mandado levantar torres en Nueva York con su nombre, y quien posee un peinado que decepcionaría hasta a las mujeres que lo siguen por el interés en su dinero.

    No es de sorprender que Trump se haya destapado. Es lo suficientemente excéntrico para hacerlo, porque a Trump le gusta llamar la atención, le gusta hacer circo (aunque no use una nariz roja como Lagrimita). Trump puede ser racista con Obama, afirmar que ganó por medio de un fraude electoral, desconocer los resultados y convocar a una marcha hasta Washington al tiempo que él mismo es demandado por fraude en Tijuana, sí, en ese país que según él, manda a los peores delincuentes.

    Por supuesto que Trump nunca llegaría a ser Presidente de los Estados Unidos. No es político, no sabe hacer política, no sabe conciliar; su postura radical y beligerante sólo podrá atraer el voto de los más radicales, de los más «anti-latinos» y tal vez de algún redneck despistado o algunos miembros del Tea Party.

    Donald Trump es el Lagrimita estadounidense, muchos lo conocen, algunos lo siguieron, pero casi nadie votaría por él.

  • La socialdemocracia abunda en los opinólogos, no en la política

    La socialdemocracia abunda en los opinólogos, no en la política

    Yo me considero un socialdemócrata, un «centro izquierda» que está a favor del mercado (más no a ultranza y no estoy en contra de la existencia de ciertos programas sociales redistributivos) con un sentido social, y a favor de las libertades sociales (tal vez como excepción el aborto, aunque estoy en contra de que se criminalice a la mujer); si me preguntan si mi postura ideológica está representada dentro del congreso, o dentro de la partidocracia mi respuesta es un rotundo no. El PAN es conservador, el PRI es autoritario, la izquierda es revolucionaria, dogmática y también autoritaria. De pronto aparecen algunos políticos de forma muy esporádica, pero nada más.

    Posiblemente esto se puede entender por la aversión que tenemos los mexicanos a la libertad (la libertad, hay que recordarlo, conlleva una responsabilidad y cierto sacrificio). La clase empresarial tiende a ser conservadora en temas sociales, algo así como un «conservar lo que ya tienen»; mucha otra gente cree que es obligación del gobierno proveerles bienestar (cuando su papel debería ser más bien crear las condiciones para que el individuo tenga la capacidad para generarla por sí mismo), pero no mucha gente cree en la libertad individual; incluso mucha gente que ostenta adquirir dinero busca hacerlo dentro del servicio público (porque ahí es más fácil) o como empresarios esperan que el gobierno juegue algún papel en el desarrollo de sus empresas (por eso es que tenemos las élites que actualmente tenemos). Tal vez es nuestra tradición vertical y conservadora, a los mexicanos a través de nuestra historia no nos enseñaron a ser libres.

    Pero si hago una lista de Twitter con los opinólogos más relevantes, veré que los socialdemócratas abundan. Que León Krauze, que Jesús Silva Herzog, que Denise Dresser y muchos otros más. En portales políticos como sinembargo.mx o Animal Político, abundan los socialdemócratas. Pero la socialdemocracia no tiene relevancia política dentro de nuestro país. Los países desarrollados coinciden en que su panorama político está compuesto en su mayoría por socialdemócratas y conservadores (aunque para muchos sus políticas económicas no sean tan diferentes). Esa composición ideológica tal vez es explicada por la historia que tienen esos países. Los países menos desarrollados o no tienen socialdemócratas o dicen serlo de dientes para fuera. Es que tal vez es difícil hablarles de libertades a pueblos históricamente sometidos y acostumbrados a obedecer con una pequeña élite acostumbrada a ser obedecida.

    La comentocracia socialdemócrata puede sobrevivir, porque quienes los leemos somos una minoría, los lectores de columnas tenemos cierto perfil, además de que no es indispensable que el lector deba tener completa afinidad política con una pluma para leerla. Por ejemplo, un panista puede leer a Denise Dresser porque le encantan sus críticas hacia el gobierno de Peña Nieto, pero no estará de acuerdo cuando hable sobre temas como el aborto. Los socialdemócratas al quedar más o menos al centro del espectro político, pueden atraer cierta simpatía tanto de gente de derecha como de izquierda, debido a que encontrarán ciertas coincidencias; coincidencia más difícil entre un derechista y una pluma de izquierda (en el sentido mexicano-revolucionario de la palabra) y viceversa.

    Los socialdemócratas queremos un mundo más justo y equitativo pero respetando la libertad del ser humano. No queremos ver pobres ni vivir en un mundo socialmente injusto pero no a costa de nuestra libertad personal; dicho sea de paso, si un individuo se volviera más rico que otro con base en su esfuerzo (cosa que no es regla en México), seria algo justo.

    En cuanto tengamos más socialdemocracia, nos daremos cuenta que hemos avanzado más como país. En cuanto dejemos de pensar en términos como asistencialismo y dependencia y los cambiemos por bien común o una sociedad autónoma, horizontal y cooperativa, habremos dado un paso grande. La socialdemocracia parece una moda, esa «onda que traen los universitarios hipster» cuando regresan de Europa; pero no debe de serlo; la socialdemocracia debe de ser una alternativa real en nuestro país.

  • Los cables de Apple

    Los cables de Apple

    Modo hiperconsumista de Cerebro = ON.

    Me gusta mucho la marca Apple, sin ser un enajenado fan de la marca (por ejemplo, estoy escribiendo desde una PC) siempre me ha gustado su ecosistema, me gusta como cuidan los detalles de todo lo que fabrican, todo está pensado y no dejan nada a la improvisación. Pueden tener aparatos cuya potencia no supera a la de la competencia, pero esa sensación de perfección que le ponen a cada uno de sus productos es algo en lo particular para mí, muy atractivo.

    Los cables de Apple

    Pero como en toda buena familia hay una oveja negra y esa son los cables, sobre todo los cables para los teléfonos celulares. Yo compré hace poco más de 7 meses un iPhone 5s, el cual está muy bien tratado y parece que sigue siendo nuevo. Pero el cable está, roto. Nunca lo he forzado ni lo he tratado mal, funciona sí, pero está roto. Y el cable de mi iPhone 4s anterior, terminó completamente pelado; incluso alguna vez llegó a darme toques. Algo de más curioso en una marca como Apple tan acostumbrada (gracias a la chinga que les ponía Steve Jobs a sus empleados) a cuidar todos los detalles.

    Las elecciones intermedias terminaron, por fin podremos descansar de tanto bombardeo visual y auditivo, de propuestas y spots tan malogrados más mallugados que, precisamente un cable de Apple. De pronto la política empezará a dejar de estar de moda, no sin que antes toda la comentocracia empiece a reflexionar y hacer una análisis (a veces certero, y a veces no) sobre lo acontecido. En estas elecciones no pasó mucho (el PRI, PAN y PRD  ganó acá, perdió allá y acuyá, que algún independiente), pero como afirman algunos, aparecieron pequeñas grietas que de alguna forma pueden dar esperanza de un cambio posterior, y es que veo difícil que el modelo político actual (me refiero más a la práctica que a las leyes y el «deber ser» de las instituciones) se pueda sostener por mucho tiempo. Precisamente en ese modelo tan bien diseñado para ellos, hay un cable de Apple que nos deja ver que no todo es perfecto.

    Las aguas empiezan a calmarse, es tiempo de contar el número de amigos que tenemos y ver cuantos perdimos en el transcurso. Si el teléfono celular no tiene pila, podemos conectarlo al malogrado y maldito cable blanco con los cobres pelados para abrir nuestras redes sociales, contar el número de amigos y determinar cuanto nos dejaron de seguir y a cuantos bloqueamos. Tal vez lo haremos ignorando a quienes nos acompañan en la mesa, tal vez esos dos unfollows de personas que ni conoces hagan que no prestes atención a la chica que tanto te gusta y que está frente a ti. Tal vez camines con el celular, te estrelles contra un poste, o alguien te lo robe. Tal vez ibas tan distraído leyendo el artículo de Carlos Puig que se te fue el camión, o alguien te quitó el lugar en la fila mientras estabas realizando trámites en el gobierno.

    Todo volverá a ser tan cotidiano que habrá espacio para hablar de un cable de Apple. Los relatos sobre la política irán desapareciendo, posiblemente se hable escuetamente de quienes generaron esperanzas cuando lleguen al poder y nada más. Por alguna razón los individuos siempre tenemos alguna esperanza en el período electoral, como si a partir de ahí se fuera a gestar un gran cambio, como si fuera la única oportunidad para que nuestra realidad como sociedad cambie. Aunque en la práctica las cosas o sea mantienen mas o menos igual, o subestimamos las mejoras que se den a través del tiempo al punto de ignorarlas y integrarlas a nuestra monotonía, o bien en caso contrario, lamentamos profundamente todo lo que se haya puesto peor, aunque haya sido un poco.

    Y lo haremos como si sintiéramos que ya nada puede cambiar, hasta las siguientes elecciones, aunque los vergonzosos spots e impresentables candidatos nos adviertan que las cosas no pueden cambiar mucho, o más bien se pueden poner peor que un cable de Apple que se rompe con más rapidez que lo que se corrompe un candidato.

  • ¿Por qué Aristegui no puede ser Presidenta de la República?

    ¿Por qué Aristegui no puede ser Presidenta de la República?

    Se acabaron las elecciones y ahora sí viene la carrera por la grande. Desde hoy se empezarán a mover las aguas de donde saldrán los candidatos. ¿Quiénes serán? A excepción de López Obrador quien seguramente contenderá, es algo difícil saberlo. No sólo hay que pensar en los partidos, hay que pensar en los independientes que levantarán la mano. Éste ejercicio intermedio les dio mucha relevancia al cosechar triunfos que se contaban como perdidos, y debido a eso muchos se animarán a intentarlo. Hay varias figuras, algunas no afiliadas, otras que pueden estar afiliadas a un partido pero que podrían ir por su cuenta como Javier Corral y Marcelo Ebrard.

    ¿Por qué Aristegui no puede ser Presidenta de la República?

    Dado esto, algunos tienen la osadía de sugerir a Carmen Aristegui para el puesto. La afirmación es idealista e ingenua, Pero, ¿Por qué Aristegui no puede ser Presidenta de la República?

    La periodista es la figura con mayor reputación en la prensa mexicana, hasta algunos de sus detractores tienen cierta admiración por ella, y en muchos casos (discutible o no) ha jugado también cierto papel de activista desde su profesión. El problema es que, no tiene experiencia política. Y las buenas intenciones en la política son insuficientes. No es lo mismo un Kumamoto que empezará desde abajo (y ya de por sí, si algún handicap le veo al tapatío es precisamente su inexperiencia) que una Carmen Aristegui buscando, sin haber adquirido experiencia alguna, el puesto de Presidenta de la República.

    No es lo mismo criticar desde afuera, aunque se haya tomando duros riesgos, que estar adentro; teniendo que negociar con poderes fácticos, con distintas corrientes. Incluso su carácter un tanto contestatario que le funciona muy bien como periodista y que le ha valido varios reconocimientos, puede ser un problema dentro del poder donde se necesita ser mesurado y conciliador. Carmen Aristegui no podría irse a la yugular del PRI como lo hace desde su noticiero en CNN.

    Si llegara al poder, aunque intentara hacer las cosas bien, decepcionaría a muchos. Tendría que satisfacer a ciertos sectores de la sociedad en detrimento a otros. Dentro del Gobierno ya no podría criticar al Gobierno, porque precisamente ella sería Gobierno.

    Cuando se sugiere que Aristegui deba gobiernar este país es algo así como pensar que Superman o Batman pudieran llegar a rescatarnos. Aristegui es una buena periodista, más no es una estadista, no tiene experiencia alguna.

    Tal vez el próximo Presidente de la República no venga de algún partido, las cosas en la política se habían vuelto tan insoportables que se tuvieron que mover y así comenzó a ocurrir en las elecciones donde los partidos tradicionales, unos más, otros menos, fueron castigados; y si no se replantean las cosas para 2018 podrían acabar muy mal, como ahora ocurrió en Nuevo León y en Guadalajara. Hay figuras con talento que pueden optar por la figura independiente, hay quienes como «El Bronco», renegando de las decisiones de su partido, tome esa ruta a pesar de su perfil eminentemente tradicional. Sin duda el 2018 podrá ser una elección sui géneris. Pero sugerir a Carmen Aristegui en la terna, es algo un tanto ingenuo.