Categoría: reflexión

  • 3 materias que deberían de impartir las escuelas y no lo hacen

    3 materias que deberían de impartir las escuelas y no lo hacen

    Muchos alguna vez batallamos con las calificaciones en la escuela. Nunca fui un «niño diez»; más bien era un alumno promedio que en algún momento recibió una reprimenda al llegar a la casa con calificaciones no satisfactorias. ¿Pero saben? A más de una década de dejar la universidad (donde sí tuve notas más altas, porque vaya, estudiaba lo que me gustaba), no encuentro relación alguna entre las calificaciones de la secundaria o preparatoria que obtuve y mi situación actual.

    Las materias que deberían de impartir las escuelas y no lo hacen

    ¿Por qué? Porque las calificaciones son menos importantes de lo que parecen; vaya, al final del día son pocos relevantes. Y si el Conacyt te pide un promedio no muy alto (8.0) para que te otorgue una beca en un posgrado, lo hace solamente para asegurarse de que tus estudios no te valieron madre.

    No, no estoy sugiriendo que los padres fomenten a hijos mediocres en la escuela ni que los consientan por irse a examen extraordinario. Las calificaciones de alguna manera ayudan a medir el desempeño de éstos en el colegio, pero en realidad sirve para poco más. Las calificaciones miden de una forma a veces un tanto imperfecta el aprovechamiento escolar de los niños, pero no evalúan la calidad del conocimiento que reciben, ni la calidad de quien imparte la clase. No es lo mismo un 10 en una secundaria pública que un 10 en Harvard.

    “Sean cuales sean sus calificaciones, éstas rápidamente se convierten irrelevantes en sus vidas. Porque en la vida no te van a preguntar cuáles fueron tus notas. Si éstas significan algo, es sólo lo que eras en ese momento pero no te definirán para el resto de tu vida”.

    -Neil deGrasse Tyson-

    Pero si bien las calificaciones logran medir de cierta forma el desempeño del individuo en la escuela, en la vida real se requiere mucho más que la obtención de un número; las calificaciones se vuelven irrelevantes primero, porque es algo extraño que en una entrevista de trabajo te pidan tus notas, porque saliendo de la escuela puedes seguir adquiriendo conocimientos y llenar esos «huecos» por no prestar mucha atención a clase (además de que posiblemente haya una tendencia donde el alumno obtenga notas más bajas en aquellas áreas que no son de su interés) y porque en el mundo real se necesitan otras habilidades que no te enseñan en la escuela, habilidades que pueden ser más importantes que las notas escolares.

    La pedadogía usada en las escuelas es más bien propia de una sociedad industrial ya caduca, llena de reglas fijas, horarios preestablecidos, timbres que suenan, orientadas a inculcar a los alumnos conocimiento de una forma mecánica y poco reflexiva. – Apréndanse estas fechas, ¿Quién dijo esta frase? ¿Cuándo nació Morelos?. El tipo de individuo que requiere la sociedad de la información difiere bastante del modelo que buscan la mayoría de las escuelas.

    En el mundo actual donde el individuo tiene que valerse por sí mismo, donde los empleos de por vida ya casi no existen, donde la seguridad social es menor y se espera de él resultados concretos más que horarios y asistencias perfectas, se necesitan inculcar otro tipo de habilidades que me parecen indispensables y las escuelas las ignoran. Naturalmente hay más cosas por mejorar, y sin ser experto en pedagogía me atrevo a sugerir tópicos o materias que por puro sentido común, deberían de ser enseñados en las instituciones educativas:

    1.- Seguridad personal:

    Seguridad personal

    Las escuelas valoran a los alumnos en cuanto al desempeño escolar (la boleta de calificaciones casi determina el valor de los alumnos). Quien está en la tabla de honor es un ejemplo a seguir, quien no lo está se convierte en lo contrario. Porque siendo honestos, no les enseñan mucho a valorarse como personas. Para que un individuo se desarrolle en sociedad satisfactoriamente, lo más conveniente es que su psique esté sana. Una persona sin confianza en sí mismo tendrá más problemas para sobresalir; si en la actualidad hay demasiada literatura sobre como adquirir seguridad es por alguna razón.

    Las escuelas deberían de apuntar a esto, los alumnos deberían de recibir una atención más personalizada para trabajar sobre su psique, ayudarles a desarrollar las habilidades para las cuales son más aptos y sobre todo, confianza sobre sus habilidades. Hoy en día con una educación tan estandarizada, un probable genio de la ciencia podría sufrir dentro de clase y sufrir reprimendas frente al salón porque las matemáticas no son lo suyo.

    2.- Relaciones sociales:

    Relaciones sociales

    ¿Qué pasa si un cerebrito no sabe vender su idea? Sus talentos posiblemente serán desperdiciados. Los niños diez que no desarrollan habilidades sociales terminan pasando desapercibidos, o escondidos bajo el escritorio de un empleo mediocre.

    El niño tímido que se sentó en primera fila y siempre obtuvo diez posiblemente crezca y se sienta frustrado porque los que estaban hasta atrás y le aventaban avioncitos de papel están teniendo éxito y él no. No es que haya estado mal que obtuviera notas buenas, sino que no se molestó en desarrollar habilidades sociales y al darse cuenta que en la vida real tenía que hacerlo, se dio cuenta que estaba en desventaja.

    Por eso en una institución deberían de enseñar a los alumnos a relacionarse, a hacer networking, a saber vender sus habilidades y sus servicios. No todos tenemos las mismas habilidades, hay quienes tienen un carisma nato, pero una institución educativa debería de ayudar a quienes no la tienen o no son tan capaces, a desarrollar sus habilidades hasta un punto aceptable de tal forma que su «imbecilidad social» no sea una desventaja.

    3.- Finanzas:

    Finanzas

    No estoy sugiriendo en sí una materia de finanzas en el sentido estricto. Más bien estoy sugiriendo que a los alumnos les enseñen a administrar el dinero. Un problema que tenemos arraigado en nuestro país es que no sabemos administrar nuestro dinero, al grado en que alguien talentoso y que «sabe moverse» podría quedar en la ruina.

    Desde como organizar tus ingresos hasta los gastos fijos. Que necesitas un seguro de gastos médicos, necesitas ahorrar para el futuro, instrumentos de inversión (que yo nunca he probado, para ser sinceros), todo eso es muy importante. Ya no estamos en la época en que hacíamos carrera en una empresa, teníamos nuestro seguro y nuestro ingreso fijo. Esa modalidad es cada vez más escasa. Los ahora alumnos posiblemente tendrán varios empleos o trabajarán de independientes para varias empresas, eso hace que sea más necesario aprender a administrar su dinero; y eso es algo que nadie enseña en las escuelas.

    Conclusión:

    El conocimiento es muy importante, de hecho es indispensable para formar individuos preparados, hábiles y críticos. Pero para que ese conocimiento funcione y pueda ser aplicado, se debe de enseñar al alumno a poder interactuar en su entorno. Porque la idea más revolucionaria se puede quedar en el papel si su creador no sabe comunicarla.

  • McFly volvió al futuro, y se encontró con esto

    McFly volvió al futuro, y se encontró con esto

    Volver al Futuro 2 fue una de las primeras películas que vi en el cine (exactamente en el que fue el Cine Chaplin en Guadalajara), lo cierto es que en 1989, fecha de su estreno, efectivamente eran tiempos bastante diferentes a los actuales y la sociedad como tal también era bastante diferente. La forma de vestir, la forma de comunicarse, las formas de consumir; todo ha cambiado.

    McFly volvió al futuro, y se encontró con esto

    Volver al Futuro como la mayoría de los intentos de nuestra especie humana para adivinar como sería el futuro (valga la redundancia), terminó errando en su predicción, al menos en la mayor parte (aunque atinó en algunas tecnologías como los lentes inteligentes o el cine en 3D). En realidad predecir el futuro es algo muy difícil, si no imposible. Basta ver a los Supersónicos o revisar esas curiosas fotografías de principios de siglo pasado donde se ilustraban coches voladores (una constante) y mensajeros de correo que llegarían volando (pero prácticamente nadie predijo la existencia de los teléfonos inteligentes).

    Patinetas voladoras, hornos que te permiten hacer la comida más grande, robots barberos o que se encargan del aseo, coches que vuelan, zapatos autojustables, hogares en el espacio. Todo eso se daba por sentado y no existe, porque o bien, no hemos logrado desarrollar la tecnología necesaria o porque se trata de productos comercialmente inviables.

    Pero los smartphones o el Internet (que volvieron automáticamente inviables algunas de las tecnologías propuestas por estos «Nostradamus del siglo XX») no fueron casi considerados. Se vaticinaron de alguna forma las videollamadas, pero en un formato más tradicional, como un teléfono clásico pero con video, sin interactividad ni nada por el estilo. No se hablaba de periódicos digitales, ni de blogs, ni mucho menos de big data. De alguna forma parecían asumir que el futuro tendría un cambio tecnológico sin que este implicara un cambio social. Es decir, se trataba de avances tecnológicos para personas que tenían las costumbres de esa época, los cambios sociales se subestimaron y todavía más se subestimó como es que las tecnologías alterarían la dinámica social.

    Cuando en la actualidad se hacen predicciones sobre el futuro se suele caer en el mismo error (aunque tampoco es que existan muchas alternativas), se toma como base el presente para poder vaticinar el futuro. Smartphones más avanzados, o incluso dispositivos conectados al cerebro para que éste realice directamente el trabajo que ahora hacen los teléfonos inteligentes. Pero posiblemente el futuro sea completamente diferente, posiblemente Internet tal y como lo conocemos sea visto como un capricho del pasado. No lo sabremos hasta que el tiempo nos rebase.

    Ahora que se cumple el 30 aniversario de la «llegada» de McFly al futuro (nuestro presente), en las redes sociales hay un enorme júbilo por comparar ambas épocas, ver que es lo que se predijo y lo que no. Aunque el director de la película había afirmado que no trataron de ser muy estrictos en sus predicciones:

    Estábamos tratando de divertirnos con el futuro, quisimos presentar un futuro que es optimista, divertido y gracioso. Es una comedia, después de todo.

    A la conclusión que hemos llegado es a que como especie somos lo suficientemente ineptos para predecir nuestro futuro, incluso por medio de tendencias estadísticas.

     

  • Ajalpan, dos vivos quemados, y una nación que no funciona

    Ajalpan, dos vivos quemados, y una nación que no funciona

    Muchos subestiman el concepto del Estado de derecho. Eso es lo que ayuda a que «todo esto» funcione:

    Estado de derecho: Estado ideal de cualquier nación porque todos los poderes que conforman el estado se encuentran a derecho, es decir sometidos a la autoridad de las leyes vigentes.

    La gran mayoría de las personas interesadas en los temas políticos y sociales emiten opiniones con base en argumentos ideológicos. Creen que el funcionamiento correcto o incorrecto de un Estado está determinado por las corrientes ideológicas. Entonces culpan al neoliberalismo o al socialismo de todos los males.

    Ajalpan, dos vivos quemados, y una nación que no funciona

    No estoy diciendo que esas corrientes ideológicas, que cada vez son más retóricas y sirven como estrategia publicitaria más que otra cosa, no influyan. En el siglo pasado las batallas ideológicas determinaban el rumbo de nuestra civilización global, ahora estas se han venido neutralizado, pero al final del día siempre habrán quienes se encuentren en el poder y quienes se quieran rebelar a él (en mayor o mayor medida, dependiendo de la desigualdad existente en un estado), eso es algo natural y simplemente le pusimos etiquetas como izquierda o derecha, que pueden ser un tanto ambiguas.

    Pero quienes se rasgan las vestiduras defendiendo alguna corriente ideológica como el fin a todos los males caen en un error, más cuando se subestima o no se le da importancia a eso llamado Estado de derecho, que es pilar de una democracia y un estado funcional.

    Por un ejemplo, muchos satanizan la apertura económica que vivió México, el culpable de todo es el «neoliberalismo», por su culpa no hemos crecido. Y la realidad es que esta apertura incompleta y con resultados ambiguos se debe a un Estado de derecho débil mediante el cual se pudiera hacer un proceso de apertura óptimo. Ya sabemos que varias empresas se vendieron a los «cuates» cercanos al gobierno actual.

    Cuando veo el video de los «presuntos secuestradores» que fueron linchados en Ajalpan, no puedo pensar en términos de posturas ideológicas, es casi un absurdo. Pienso en un Estado de derecho casi inexistente en nuestro país, donde ante unas autoridades frágiles (tanto en las acciones preventivas como en las correctivas) los ciudadanos en un estado casi primitivo (resultado de un entorno donde no hay algún tipo de orden) hacen justicia por cuenta propia quemando a dos jóvenes que al parecer eran en realidad estudiantes.

    Naturalmente un proceso judicial apegado a la ley es mucho más eficiente para juzgar a una persona por un delito que una turba despojada de su racionalidad y que actúa por medios de sus instintos básicos. La diferencia evolutiva entre las dos opciones es de más de 20 siglos. Pero quienes son autoridad y tienen la posibilidad de optar por la primera opción son lo suficientemente incapaces y débiles como para que sus gobernados opten por la segunda.

    Lo que vimos en Ayotzinapa, las turbas en Guerrero y Oaxaca, y demás expresiones de violencia son ejemplo de una autoridad débil. Naturalmente no sugiero un gobierno de talante autoritario (este concepto también va contra la noción de Estado de derecho).

    Es débil no sólo por su ineficacia, sino por su incapacidad de garantizar (o crear las condiciones) un mínimo nivel de bienestar entre la población. Cuando se vive en un país muy injusto o cuando quienes están a la cabeza no tienen autoridad moral, la sociedad termina por percibir a los gobernantes como inútiles, entonces si quienes hacen las leyes o garantizan su ejecución no logran servir, los gobernados terminarán por no importarle las leyes y buscarán satisfacer sus necesidades a su arbitrio pasando a éstas y a las mismas autoridades por encima.

    Y esto sin importar si se vive en un país capitalista o socialista. Un Estado disfuncional no respeta preceptos ideológicos.

    Que el asesinato de estos dos presuntos delicuentes que parecen ser más bien estudiantes o encuestadores que posiblemente nada tuvieron que ver, sea una noticia, y más, una noticia que no nos sorprenda tanto, es sintomático de un país con un Estado de derecho fallido, casi inexistente, y en su lugar tenemos un orden de las cosas (si se le puede llamar así) que beneficia a unos pocos, a quienes tengan el «varo» para pagar a los mejores abogados o para corromper a las instituciones para hacerse justicia propia.

    Si eres sensible, no veas el video, el contenido es fuerte:

  • México es como la vieja mula, ya no es lo que era

    México es como la vieja mula, ya no es lo que era

    No sé si se han dado cuenta, pero México está perdiendo influencia en el concierto de las naciones. No sólo a nivel mundial, sino en América Latina.

    México es como la vieja mula, ya no es lo que era

    En términos cuantitativos. En el 2000 México era el país con mayor PIB per cápita de todo el continente. Es decir, el país económicamente más fuerte. Ahora no, ahora nos hemos desplazado hasta el quinto lugar. Nos rebasan Argentina, Chile, Uruguay y Panamá (aunque no sé si Argentina lo haga por mucho tiempo).

    Y no, no es culpa del neoliberalismo. Casi todos estos países han implementado políticas económicas similares.

    Pero tal vez esos datos sean los menos importantes, aunque son ejemplares.

    México está perdiendo influencia cultural sobre los demás países (eso que llaman poder blando). México ya no es el país más fuerte de nuestro continente tampoco en ese sentido.

    Hace unas décadas ejercíamos cierta autoridad cultural: Nuestros programas y nuestras telenovelas de esa época eran muy vistas en los países del cono sur, Chespirito (con todo y lo sobrevalorado que fue ese comediante), conjuntos musicales, artistas, escritores sobre todo. No es que ahora ya no ejerzamos influencia, pero ésta es más débil. México ya no es el que está al timón del continente.

    En quince años, México descendió del primer al quinto lugar en PIB per cápita en América Latina.

    Cuando se conversa sobre países latinoamericanos (excepto cuando se tratan de inserciones pagadas ¿Verdad Gobierno Federal?), se habla de Chile, de Uruguay, de Brasil (aunque éste país va de capa caída) inclusive de Colombia.

    El último suceso mexicano que se extendió por todo el cono sur fue Ayotzinapa. No creo que la masacre de 43 de estudiantes sea una forma de publicidad, menos es una representación del «poder blando». Todo lo contrario, una vergüenza. Una realidad que pensamos ya habíamos superado desde hace décadas.

    Antes se relacionaba al narcotráfico con Colombia. Ahora nuestro país le quitó esa etiqueta. Ya no se habla de Pablo Escobar ni el Cártel de Medellín; se habla del Chapo o de los Zetas, de las débiles instituciones que permiten la fuga del Chapo. Otro golpe duro para la imagen de nuestra nación.

    Nuestro país ha perdido mucho de su prestigio, incluso a nuestro Gobierno no lo respetan. Los diarios extranjeros critican diariamente a nuestras autoridades, y si los poderes de las naciones más importantes no lo hacen, es así porque en la política entre naciones existe algo llamado diplomacia. Posiblemente Merkel u Obama le estrechen la mano al Presidente en persona y aplaudan sus reformas estructurales, pero en lo privado, fuera de cámaras, posiblemente su percepción sea en realidad otra.

    El prestigio importa, el prestigio es poder, es parte de ese soft power tan cacareado por los internacionalistas.  El prestigio tarde que temprano influye en la economía y en el bienestar de la población. Un país grande si quiere prosperar, necesita tener un papel estratégico en las relaciones multitera multiratil multiratel multilaterales con los otros países, necesita tocar su propio instrumento en el concierto de las naciones y no ser simplemente el chalán que afina las cuerdas.

    Y por eso México, como la vieja mula, ya no es lo que era. México ya no manda en Latinoamérica, aunque pese.

    Y como México no es una empresa que pueda sacar un producto del estante por su poca reputación, solo queda mejorar el branding de la marca México y empujar desde abajo.

     

  • ¡Ya chole con tus quejas!

    ¡Ya chole con tus quejas!

    Primero, antes que nada, debes de ver este video:

    Creo que el Gobierno debería de reemplazar a su equipo de comunicación social. O al menos debería de ponerles una buena reprimenda.

    Su nombre lo dice «comunicación social», que es básicamente un enlace entre el Gobierno y la ciudadanía. Es el medio mediante el cual, el Gobierno se comunica con el pueblo. Y para poder lograr una comunicación eficiente, el emisor debe de entender el entorno bajo el cual se encuentra el receptor (que en algunos casos va ligado a la relación que tiene con el emisor).

    Si quiero comunicar algo a alguien, debo de entender la situación en la que nos encontramos. Si estamos solos, tal vez te tenga que hablar en voz baja, si es un grupo de más de 100 personas posiblemente necesite buscar un micrófono. Si el receptor está triste debo de ser cauteloso y empático con éste. Eso es lograr una buena comunicación.

    Y el Gobierno no lo hace, en gran medida porque no sólo no entiende el entorno en el que está, sino que parece tener una negación deliberada. El discurso triunfalista aparece en el anuncio: «El Gobierno y sus grandes reformas». Parece, y lo he insistido varias veces, en que viven en un mundo paralelo que sólo ellos entienden. Posiblemente en realidad ellos crean que es así. Posiblemente bajo su escala de valores ellos están haciendo las cosas bien y «nosotros no los entendemos».

    Que el Gobierno de Peña ha tenido algunos aciertos, sí. Pero los errores son mucho más graves que una cuenta de luz que no ha subido. La gente es muy escéptica al Gobierno no necesariamente por grilla, o por diferencias ideológicas; sino porque de verdad muchos perciben que todo va muy mal.

    No necesitas suponer para llegar a la conclusión de que la mayoría de la población está molesta contigo, puedes usar un instrumento estadístico (resultados se pueden encontrar a montones en Internet) para llegar a esa conclusión.

    Entonces si quieres comunicar algo, debes de tomar en cuenta que la gente está muy enojada. Y lo peor que puedes hacer cuando la gente está muy molesta es aplicarle reprimendas. ¡Ya chole con tus quejas!

    Si estás seguro de los buenos resultados de tu gobierno, si estás seguro de que vas bien y la gente realmente no lo entiende, entonces debes de poner a tu equipo de comunicación a trabajar para que diseñen una campaña de tal forma que la gente pueda entender esos resultados, hay muchas formas creativas de hacerlo.

    Si tu gobierno va mal y lo sabes, entonces debes de crear una estrategia (que va más allá del aparato de comunicación) para mostrar signos de apertura, como invitar a la gente a involucrarse más, a organizaciones civiles y ciudadanos (que sí, implica ceder algo de poder, pero le da legitimidad a tu Gobierno que no podría obtener de otra forma), o al menos hablar de cambios de rumbo o que se yo.

    Pero no puedes regañar a tus gobernados. Si una persona va pasando por la calle y por un descuido la tumbo al suelo, lo peor que puedo hacer es reprenderla y más bien debería de hacerme responsable y ayudarla.

    Pero ni el Gobierno ni su equipo de comunicación social entienden el entorno. Por eso creyeron que Peña era Obama y lanzaron el tweet del #CalcetaGate, pero Peña no era Obama y le llovieron críticas. Si el Presidente no tiene prestigio tienen que obrar de otra forma, deben de pensar en recuperarlo, no en aprovechar un prestigio que no tiene para ganarse a la población.

    Siguen sin entender que no entienden.

  • Mañana es pinche lunes

    Mañana es pinche lunes

    Mañana es pinche lunes.

    El fin de semana ha llegado a su conclusión. Los 4 jinetes del apocalipsis sonarán en forma de alarma que emitirá un estridente sonido una y otra vez hasta que terminemos de estar conscientes de que estamos despiertos, y por lo tanto debemos de empezar con nuestras actividades.

    Mañana es pinche lunes

    Tengo que organizarme, volver a recordar aquello que olvidé el fin de semana (necesitaba relajarme) organizar mis ideas, los pendientes, muchos pendientes; recordar que tengo mucho trabajo y poco dinero porque uno de mis clientes se ha retrasado algunos meses con los pagos y tengo que «ir a pelearme», viene la boda de mi hermana y tengo muchos gastos, entonces la liquidez no abunda (a nadie le agrada sentir que no tiene dinero).

    Se acabó un fin de semana donde hice ejercicio, leí un libro muy interesante llamado «El Fin del Poder» de Moises Naim, fui a celebrar el cumpleaños de mi sobrino, y  claro, descansé. Ahora toca buscar a los clientes, ver con ellos los avances de los proyectos. Apurar dichos proyectos porque como no tengo liquidez, espero recibir la liquidación de estos en cuanto antes.

    Pero a pesar de todo esto, el lunes para mí no es el fin del mundo. Por el contrario, es una oportunidad.

    Cuando no te gusta lo que haces, el lunes por consiguiente se vuelve más pesado, una carga: Tengo que… tengo que… Los días hábiles y el fin de semana conforman una dicotomía de «dolor – placer». Cuando sucede eso, es que algo está mal.

    Hace unas décadas o siglos, la gran mayoría de la gente tenía que trabajar para sobrevivir, tenía que ir a la fábrica o debía ocupar puestos burocráticos a realizar labores rutinarias propias de la era industrial jerárquica y vertical idealizada por Max Weber. Bueno, técnicamente en el mundo todavía son mayoría quienes trabajan para sobrevivir. Pero nosotros somos parte de una clase media con la suficiente capacidad de construir un proyecto de vida, de tal forma que nuestro trabajo no debería de ser una cuestión de supervivencia sino de superación personal y autorrealización.

    Claro, no es un parque de diversiones, el estrés está ahí, los clientes, los trabajos que tengo que entregar, mi futuro, la agencia que tuve que posponer por un tiempo o si quiero estudiar una maestría y todavía no sé de que. Pero cuando tu trabajo forma parte de un proyecto de vida, los lunes no pesan tanto. La semana ya no es una dicotomía de «dolor – placer», sino de «esfuerzo – reposo». Es decir, uno utiliza la mayor parte de las energías entre semana y en el fin se busca descansar el cuerpo y mente por medio de actividades lúdicas que no requieren tanto esfuerzo físico e intelectual.

    Entonces, si te encabronan los lunes, pregúntate si el trabajo donde estás de verdad te llena, si forma parte de tu proyecto de vida. Y si no es así, posiblemente requieras un cambio. Tu encabronamiento con los lunes es directamente proporcional a la satisfacción que tienes con tu trabajo. ¡Recuérdalo!

  • Desmitificando el nacionalismo bananero pt 1: Las empresas mexicanas

    Desmitificando el nacionalismo bananero pt 1: Las empresas mexicanas

    A partir de hoy estaré escribiendo una serie de artículos que subiré a este sitio esporádicamente y donde intentaré desmitificar todas esas creencias nacionalistas absurdas que tenemos y que nos han tratado de repetir por generaciones dentro de nuestras cabezas. No, no haré lo que hacen sitios como el Mitófago donde solamente cambian la versión oficial por la versión de «la derecha»; y no hablaré necesariamente de historia, sino de creencias que llevamos a lo cotidiano, que tomamos como normales pero son absurdas.

    Desmitificando el nacionalismo bananero pt1: Las empresas mexicanas

    Hoy empezaré con el tema de las empresas mexicanas: Siento que los mexicanos somos aprehensivos con lo «nacional», es algo que no se nos debe de escapar de las manos. Por más mexicano sea algo más mexicano será, si alguien se envuelve en la bandera mexicana más mexicano es, como si importara más la forma que el fondo.

    La gente se sintió orgullosa porque supuestamente el novio de Emma Watson era mexicano. ¡Eso lo dice todo, carajo!

    Cuando se habla de empresas mexicanas salen muchas voces críticas (algunas críticas acertadas, otras absurdamente erróneas o sacadas de contexto): -Son monopolios, son corruptas, no generan competencia, son parte de «la mafia del poder». Pero cuando una de esas empresas es vendida a algún conglomerado extranjero los sastres se llenan de trabajo porque hay muchas vestiduras rasgadas. La venta de una empresa mexicana al extranjero es una derrota, una humillación, un gol de Landon Donovan en un Mundial.

    Pero las empresas son de sus accionistas, no de México.

    Los accionistas tienen todo el derecho a hacer lo que quieran con sus empresas. Las empresas la trabajaron ellos, no son una concesión del gobierno, no nos deben nada; por el contrario, han generado empleos y en la gran mayoría de los casos, después de que estas empresas pasaron a manos de extranjeros, esos empleos siguen ahí.

    Pero algunos insisten que con la venta de la Cervecería Moctezuma y la Corona a conglomerados extranjeros, hemos perdido algo de «nuestro México».

    Venden Corona al extranjero

    Vivimos en un mundo cada vez más globalizado, agentes extranjeros intervienen cada vez más en nuestra economía, no porque seamos necesariamente más débiles, sino porque los progresos tecnológicos y sociales fomentan esta dinámica. Esto no sólo pasa en México, en Estados Unidos pasa lo mismo.

    Para muestra basta un botón, o muchos: Me imagino que ustedes saben que Detroit es una ciudad decadente. Esto lo es porque esta ciudad dependía mucho de la industria automotriz. Muchos de los empleos que generaban en esa ciudad se fueron ¿Y a donde se fueron? En gran parte a nuestro país.

    O sea, empresas estadounidenses, con el fin de abaratar costos dejaron de dar empleos a su país para traerlos al nuestro. En México por menos que eso estarían solicitando la nacionalización de las empresas, dirían que vendieron su alma al diablo. Pero esto en realidad es un proceso natural. Los países en desarrollo pueden ofrecer mano de obra barata (otra cosa es que algunas de estas empresas abusen y contraten trabajadores en condiciones infrahumanas como China), conforme estos países crecen y el poder adquisitivo también, esa ventaja competitiva naturalmente se pierde, pero dado el crecimiento (con una sociedad más educada y con más capacidad de compra) entonces pueden aspirar a generar empleos más cualificados (en lugar de obreros que maquilen, se opta por ingenieros que tienen una mayor preparación).

    Y hablando de empresas que se venden, sucede lo contrario. Por ejemplo, Carlos Slim va a Estados Unidos y ya es el mayor accionista de The New York Times con el 16.8% de los papeles clase A. ¿Los gringos se rasgaron las vestiduras? No (bueno, tal vez Donald Trump si tenga posibilidades de pegar un grito). Por otro lado, Bimbo tiene una considerable participación de mercado en Estados Unidos, y Cemex es una de las cementeras más importantes de Europa.

    Y si Corona, nuestra cerveza emblemática ya no es «mexicana», la Budweiser, la cerveza más emblemática de Estados Unidos ¡ya no es gringa! La vendieron a un consorcio brasileño-belga.

    Ustedes saben que la India con Bollywood es la segunda meca del cine y ellos tienen una considerable influencia en Asia y Europa del Este sobre todo. Bueno, resulta que alumnos de Stanford le sugirieron a Alejandro Ramirez dueño de Cinépolis, que invirtiera en ese país porque a pesar de la importancia que tiene la industria cinematográfica en ese país, las salas no eran de la mejor calidad. Ahora si vas a India, te vas a topar con uno o varios Cinépolis, te vas a sentir casi como en casa. Los inconformes (muchos de izquierda y algunos conservadores colados) seguramente no conocen esta historia. Y menos saben que Cinépolis tiene presencia también en Turquía, Brasil, Colombia e incluso Estados Unidos – ¡Pero Corona es de México, no se la lleven!

    Cinépolis en la India

    Y menos conocen a los mexicanos que fabrican drones y los exportan. No conocen la historia de Jordi Muñoz y Guillermo Romero quienes sólo después de los chinos son quienes venden más drones para uso civil ¡En el mundo!

    En lugar de esperar que el gobierno venga y proteja a nuestras empresas (cosa que ya hizo con el modelo de sustitución de importaciones y salió mal), y peor aún, tachar de antinacionalistas a aquellos que decidan vender sus acciones al extranjero, se debería de promover más el emprendedurismo y la innovación en nuestro país. En vez de llorar porque la Corona se fue, deberíamos de enfocarnos en generar más empresarios mexicanos. En resumen: en vez de cerrar nuestros mercados deberíamos de abrir más nuestras mentes. En vez de rasgarnos nuestras vestiduras, deberíamos crear emprendedores que diseñen vestiduras que no se rompan.

    Es sentido común, pero nuestros traumas nacionalistas a veces nos nublan la mente.

    Esperen mi siguiente entrega.

  • Tú, como tú te comportas cuando estás en las redes sociales

    Tú, como tú te comportas cuando estás en las redes sociales

    Las redes sociales parecen haber creado (o más bien crearon) un mundo virtual. No es un mundo propiamente paralelo, más bien podría considerarse como complementario porque lo que sucede ahí tiene cierta repercusión en el mundo real. Las redes pueden deprimir personas al punto de llevarlas al borde del suicidio, pueden lograr que un producto lanzado al mercado sea exitoso o (por el contrario) que una marca termine deteriorándose, o bien, incluso pueden llegar a derribar políticos o hasta a un gobierno entero. Pero si bien las redes son un complemento, la dinámica en la que entran los participantes no es exactamente igual a la que juegan en el mundo real.

    Tú, como tú te comportas cuando estás en las redes sociales

    ¿Por qué no es igual? Porque la arquitectura de las redes hace que las personas se comporten de alguna u otra forma, de hecho la dinámica no es igual entre las distintas redes sociales. Facebook parece ser una extensión virtual de la relación de una persona con sus círculos cercanos. Twitter más bien parece ser una red orientada al intercambio de opiniones e información (aunque con ciertas limitaciones, una puede hacer lo que hace otra).

    Facebook ayuda a la gente a «estar conectada» con sus seres queridos, esta red (junto con los servicios de mensajería instantánea) ha desplazado al teléfono como principal medio de comunicación con los cercanos. El usuario puede saber que es lo que están haciendo sus amigos, puede estar al tanto de lo que hacen los demás y sentirse en contacto. Esta tecnología tiene muchos aspectos positivos, como también algunos negativos (como crear una narrativa de vida idealmente sesgada que puede hacer creer a otra persona que los demás tienen una vida más interesante que la propia, tratar de equiparar una relación o lazo en la red a uno personal, o bien, usar esta red para evadir o tergiversar el mundo real).

    Mientras en Facebook por razones obvias, los usuarios tienden a mantener la compostura de forma parecida a la que tomarían en la vida real (se trata de amigos y seres queridos reales), en Twitter la cuestión es diferente: No existe esa necesidad, y como no existe, los usuarios tienden a tomar posturas más intolerantes frente a ciertos temas.

    Algunos usuarios o personalidades se llegan a preguntar por qué ocurre este fenómeno. – ¿Por qué en redes como Twitter o foros de discusión la gente toma una postura muy agresiva? Personajes como Enrique Krauze intentan relacionar esto con una democracia incipiente y una sociedad que no ha terminado de madurar; puede haber una relación pero no lo explica todo, en tanto en cierta medida y con sus particularidades esto ocurre en diferentes latitudes del mundo.

    Adicción redes sociales

    La explicación más obvia es que muchas de las personas con las que interactuamos no son personas con las que tenemos alguna relación cercana. Cuando discutimos con gente que queremos buscamos guardar las formas y llegamos a la conclusión de que vale más la pena conservar una amistad que ganar una discusión de un tema que no es muy relevante. Podemos ganar poco, y a cambio podemos perder mucho.

    En cambio en las redes como Twitter los usuarios no perdemos nada a la hora de tratar de «humillar al rival». Podemos difamar a alguien, decirle de lo que se va a morir y la consecuencia más extrema sería recibir una sanción por parte de la red social (claro, exceptuando gobernadores autoritarios que son capaces de llevarlo a otra dimensión). Se trata de defender nuestra postura, y no sólo eso, sino de exhibirla tal cual es como no lo haríamos con nuestros seres queridos. Si el tío es «conservador» o es un «chairo» procuraremos no discutir, o si accedemos a la discusión, trataremos de no llegar a los insultos y buscaremos cerrar el debate de forma cordial.

    Pero siendo sinceros, cuando eso ocurre, el pleito continúa latente en nuestra mente. Muchas veces la discusión desgarradora de ideas sigue en nuestra cabeza cuando el tío no está o cuando hemos dado por concluido el tema. Ese hábito más que ser una postura hipócrita es un acto de tolerancia e inteligencia emocional. Pero en las redes, al no tener nada que perder, insisto, el usuario asume que no hay necesidad de guardarse nada. Incluso es capaz de proyectar en las otras personas a esos seres queridos a los cuales por prudencia no les mienta la madre, debido a sus diferencias ideológicas, políticas, religiosas, o ve tú a saber que.

    Muchas personas que son agresivas en las redes, en la vida real pueden ser muy tranquilos e incluso inseguros con dificultad para expresar sus sentimientos.

    Dentro de las redes como Twitter no hay lazos afectivos con la mayoría de las personas con las que se interactúa. Uno no puede lamentar romper un lazo que no existió. Tampoco hay necesariamente un interés en esa relación, ni afectivo, ni económico ni de interés. Vaya que una discusión con un anónimo no corre el riesgo siquiera de llegar a los golpes. Además el juicio que hacemos de los demás usuarios tiende a ser muy apresurado (efecto halo) y nos asignamos atributos y características a una persona solamente por su forma de pensar (y en la mayoría de los casos, con respecto a un tema específico).

    Las redes sociales como Twitter o los foros de discusión no tienen el propósito de crear lazos afectivos entre las distintas personas, no son Facebook (que más bien busca consolidarlas) ni mucho menos Tinder. Esas redes buscan generar discusión, es su propósito. Habrá quienes discutan de forma moderada y respetuosa, pero los que no lo hacen (independientemente de si pudieran tener problemas de personalidad, psicológicos o de autoestima), no tienen barreras que les impidan ser agresivos.

    No es que la gente «cambie» o se haga «más buena» o «más mala»; es que la gente se comporta de forma diferente de acuerdo el entorno en el que está. Así como un mexicano puede ir a Estados Unidos y respetar las leyes que aquí jamás respetaría, en las redes sociales tendría comportamientos que no manifiesta cuando interactúa con otras personas en la vida real. Los seres humanos jugamos distintos roles (con amigos, familiares) y las redes sociales solo vinieron a crear nuevos roles, porque el individuo sigue siendo el mismo.