Categoría: reflexión

  • Los prejuicios de ser, o pretender ser culto. Sobre todo cuando no lo eres.

    Los prejuicios de ser, o pretender ser culto. Sobre todo cuando no lo eres.

    Dice uno: -No entiendo como hay gente que va y paga miles de pesos para ver pasar en chinga unos carros en una pista.

    Luego dice el otro: -Y yo no entiendo como es que a muchos les gusta ver a once monitos patear una pelota. Y luego gritan gol cuando uno de esos monitos meten una bolita dentro de tres palos. No le veo el sentido. Son puros borregos.

    Los prejuicios de ser, o pretender ser culto. Sobre todo cuando no lo eres.

    En realidad, que no entiendas las aficiones del otro no implica que quienes las disfrutan sean personas ignorantes. Incluso una postura así puede denotar lo contrario, que quien emite ese tipo de juicios, tiende a hacerlo desde la ignorancia.

    Esos juegos de carritos que corren y de monitos que se pasan una bola tienen ciertas reglas y rituales que le otorgan cierto espíritu a dicho juego, afición o deporte. Naturalmente quienes hacen ese tipo de juicios desconocen dichas reglas.

    A mi no me gustan mucho las carreras de automóviles, pero entiendo que por alguna razón muchas personas disfrutan de ella. Y esa razón tal vez pueda justificar el desembolso una cantidad mayor a los 10,000 pesos. No todos somos iguales ni tenemos los mismos gustos.

    Si te parece que sabes mucho y entiendes muy bien, ten por cierto que es mucho más lo que ignoras. Tomás de Kempis

    Puedo ser crítico de algunas expresiones culturales como el reaggetón y algunas formas de expresión en la música banda, porque hacen apología al machismo o al narcotráfico, pero no al mero hecho de ser aficionado a ese tipo de música, sino a la aceptación de los antivalores que promueven (no es algo aplaudible disfrutar letras que hagan apología al narco o que denigren a la mujer). Y si hay estudios serios que afirman que los oyentes del reaggetón tienden a ser menos inteligentes (una tendencia, no una generalidad; es decir, no porque escuches ese tipo de música eres necesariamente un tonto; incluso puedes ser inteligente) tiene que ver más con la aceptación de dichos antivalores y la poca capacidad de crítica ante ellos. Por ende criticar y etiquetar a priori a quienes escuchan a este tipo de música puede ser irresponsable.

    Estos tipos de música también tienen sus normas y sus rituales. Incluso para rastrear el origen de la música banda (música que no tolero), tendríamos que irnos a ese «docto y culto continente» que se encuentra al otro lado del charco.

    Yo hace unos años fui a un concierto de U2 y me formé 8 horas para encontrar un buen lugar (no acampé fue porque trabajaba el día anterior; y por cierto, no me tocó la pizza gratis que Bono mandó llevar a las casas de campaña). U2 no es Rachmaninov, ni son virtuosos en sus instrumentos; es más, no es necesario tener una gran habilidad en la guitarra para aprenderse todas sus canciones (un músico tarda más en dar con el sonido de The Edge que en aprenderse sus piezas); pero la esencia de su música, sus rituales y características le imprimen eso especial que hace que vaya a un concierto y lo disfrute en demasía. Y eso no me convierte en un ignorante.

    Ignorancia

    Conforme adquieres conocimientos, lees más y amplías tu cultura, te vas forjando de un criterio propio; empiezas de alguna forma a volverte más exigente con lo que percibes. Te empiezas a dar cuenta que una pieza de Mozart es mucho más compleja y tiene más matices que una pieza pop. Para disfrutarla necesitas desarrollar ciertas habilidades en tu mente, pero no por eso, la música más simple se debe forzosamente de dejar de disfrutar.

    Pero aquí viene la diferencia entre quienes tienen criterio y entre quienes «pretenden tenerlo» o pretenden imponer su «nueva virtud «para demostrar su supuesta superioridad moral. Hay quienes buscan en su pretensión por ser cultos (que no es lo mismo que ser culto) de desdeñar todo aquello que es simple. Para ellos, un intelectual no puede disfrutar de un partido de futbol, ni mucho menos un director de orquesta puede escuchar música pop o rock ligero, aunque muy posiblemente no conozcan a ninguno, y si conocieran a alguno se podrían llevar una sorpresa.

    Que se tenga la capacidad de saber disfrutar e interpretar lo complejo, no implica que se deba de dejar disfrutar de aquello que es simple.

    Gerardo Esquivel es doctor de economía por Harvard; hace poco publicó un reporte con Oxfam sobre la desigualdad en México, reporte que fue lo suficientemente relevante como para que toda la comentocracia lo tomara como referencia: Economistas, politólogos, periodistas; todos hablaron de su trabajo.

    Hace unos días, Gerardo Esquivel lamentó el desempeño del Cruz Azul (su equipo predilecto) en la Liga MX. ¿Eso lo demerita? Por supuesto que no.

    Muchas personas no gustan del futbol, y es válido. A otros les gusta y también lo es. Hay quienes por medio de ese deporte demuestran su ignorancia (barristas violentos, o quienes llevan su afición hasta un grado de enajenación), pero su ignorancia no está dada por la afición a ese deporte.

    De igual forma conozco gente muy inteligente que escucha a Luis Miguel, o que fue a ver a Kabah + OV7 para recordar su infancia. Y esas mismas personas fueron al Teatro Degollado a escuchar a una orquesta sinfónica.

    Las mentes más brillantes necesitan descansar (el cerebro es un músculo), y lo simple les puede traer un momento de placer a su mente sin forzarla ni hacerla trabajar demasiado. Para un matemático destacado, ver una comedia ligera en el cine puede ser algo reconfortante.

    Quien de verdad es culto, quien de verdad busca adquirir conocimientos para crecer como persona y no para imponerse frente a los demás, tiene la capacidad de disfrutar las cosas simples. Quien busca satisfacer su ego, las rechaza para reforzar la idea de que es culto, aunque si se ponen a pensar bien, esto último es un contrasentido.

    SFGS

    Y volviendo al principio, hay quienes al tratar de presumir su supuesta cultura criticando las aficiones de los demás con argumentos como los carritos que corren o los monitos que patean bolas. De ignorantes es criticar algo que no conoces.

    La cultura es algo que se debe de poner al servicio de la sociedad, no al servicio de uno mismo. Los cultos hacen lo primero, los ignorantes que pretenden ser cultos hacen lo segundo.

    Y no es necesario ser culto para saberlo. Yo no me puedo considerar uno, me queda un largo camino por recorrer. Tal vez tú tampoco lo seas, pero posiblemente estés menos lejos que aquellos que pretenden restregarte su cultura en tu cara.

    P.D. No es lo mismo ser culto que inteligente. El culto posee una gran cantidad de conocimientos asimilados, la inteligencia tiene que ver con la capacidad del cerebro de realizar ciertos procesos y tiene varias vertientes, como la inteligencia racional, emocional, espacial, musical y un sinfín más.

  • La ley Fayad y cómo el gobierno quiere que cierres la boca

    La ley Fayad y cómo el gobierno quiere que cierres la boca

    En resumen, si esta iniciativa se convirtiera en ley, podrías ir a la cárcel por subir un meme de Peña Nieto a las redes, por calificar un acto de corrupción como el de las casas blancas de Peña Nieto (porque eso denosta “su bien prestigio”) por decirle incompetente a un político, o por modificar un software. Lo que quiere hacer Fayad y sus compinches es callar a los críticos de las redes sociales.

    Érase una vez un humilde carpintero llamado Geppetto, que vivía muy solo y sin hijos. Esta soledad le apenaba tanto, que Geppetto planeó construirse un muñeco de madera, al cual daría forma con mucho tiento, como lo hacía con cada trozo de madera que debía trabajar.

    • Lo llamaré Pinocho- se dijo el carpintero a sí mismo, sonriente, tan contento como estaba con su proyecto.

    Y así fue como poco a poco, Geppetto le fue dando forma a la madera. Primero las piernas, después los brazos…Hasta estar completamente terminado. El muñeco se veía precioso, casi parecía un niño con aquellos ojos pintados tan brillantes. Sin embargo, el pobre Geppetto pronto se dio cuenta de que con aquel muñeco no iba a aliviar su soledad:

    • Ojalá tuviera vida…- se dijo con los ojos enjugados en lágrimas.

    Al caer la noche, mientras Geppetto descansaba de su jornada, un Hada de los deseos se apareció en la casa del carpintero frente al muñeco Pinocho. El Hada, que había escuchado las súplicas del carpintero, decidió concederle su deseo en recompensa a su esfuerzo y bondad. Y con un toque de magia, de pronto Pinocho fue moviendo cada una de las partes de su pequeño cuerpo, que sin embrago, permanecía de madera. ¡No podía creer Geppetto lo que vio al amanecer!

    • ¡Hola papá!- exclamó Pinocho
    • Pero… ¿eres tú, Pinocho, y no estoy soñando?- contestó Geppetto algo aturdido de la alegría.

    A partir de entonces, Geppetto se convirtió en el hombre más feliz de la tierra. Tenía un hijo al fin y ya no estaba solo. Y poco a poco fue enseñándole cada una de las cosas que Pinocho necesitaba para sobrevivir. Le enseñó a hablar y caminar correctamente, y hasta empeñó parte de sus enseres para poder comprarle libros con los que ir a la escuela. ¡Qué contento y agradecido estaba Pinocho! Pero a pesar de todo, el pequeño seguía sin ser un niño de carne y hueso como los demás, y para serlo, el hada le encomendó ser un niño muy bueno, y le regaló un pequeño grillito llamado Pepito Grillo para acompañarle en su camino.

    Mientras se dirigía a la escuela, se imaginaba Pinocho aprendiendo miles de cosas y haciéndose muy, muy listo, para poder ganar dinero cuando se hiciera mayor, y comprarle a su padre todas las cosas que había vendido para pagar sus libros.  Pero en el camino, Pinocho se encontró con un lobo malvado que a cambio de algunas monedas y mucha diversión, consiguió conducir a Pinocho hasta el teatro de títeres de la ciudad, desoyendo a Pepito Grillo que le advertía una y otra vez de su error.

    • ¡Vengan, señores, al teatro de títeres!- Vociferaban desde la plaza del pueblo.

    Pronto Pinocho se unió a la fiesta y se puso a bailar frente aquel teatro lleno de marionetas, como uno más. Aquel niño de madera era tan inocente aún, que no sabía distinguir el bien del mal, acostumbrado como estaba a las bondades de su padre. Y Pinocho, fue engañado de este modo por el titiritero más famoso de la ciudad. Aquel hombre, egoísta y muy cruel, había observado pacientemente al extraño hijo del carpintero, y pensó que podría hacerse rico llevando a su teatro al primer muñeco de madera con vida, habido jamás en ningún lugar. Rápidamente, encerró al pobre Pinocho  bajo llave en una jaula de hierro, y el pobre Pinocho lloró y lloró junto a Pepito Grillo arrepentido de su acción.

    Aquel llanto conmovió al Hada de los deseos, que se presentó junto a la jaula de hierro preguntando a Pinocho cómo había llegado hasta allí:

    • ¡Me atraparon unos malvados camino de la escuela y me encerraron en esta jaula! – exclamó Pinocho.

    Y el Hada de los deseos, sabedora de la realidad, hizo crecer la nariz de Pinocho en castigo por no decir la verdad.  Decidió, sin embargo, dar otra oportunidad de demostrar su bondad a Pinocho y deshizo con su magia todos los barrotes de la jaula de hierro que le encerraban. Una vez libre, Pinocho volvió a olvidar los consejos del hada y de su amigo Pepito Grillo, y de nuevo, se dejó tentar por unos niños que hablaban, a su paso, de la llamada Isla de los juguetes. Una vez allí, Pinocho disfrutó de lo lindo con montones de juegos durante largas horas, hasta que de pronto, las orejas de Pinocho comenzaron a crecer y crecer hasta convertirse en unas grandes orejas de burro, destino de todos los niños que abandonaban la escuela solo por diversión. ¡Qué avergonzado se sentía Pinocho por todo! Y lloraba frente a Pepito Grillo pidiéndole perdón, y suplicando al Hada de los deseos, que su padre no se hubiera olvidado de él.

    Lejos de eso, Geppetto buscaba a su hijo perdido por tierra y mar, y casi frente a la misma Isla de los juguetes, el carpintero fue tragado por una ballena gigante, que tras engullirle, se adentró de nuevo en el mar. Pinocho, avisado por Pepito Grillo del suceso, no dudó en echarse al mar para intentar liberar a su padre de las zarpas de la ballena. Nadando como pudo con sus pequeños bracitos de madera, Pinocho se situó sobre la boca de la ballena siendo también engullido por ella.

    Dentro de la boca de la ballena, padre e hijo se sintieron inmensamente contentos. No tenían miedo. Al fin Geppetto había encontrado a su pequeño y juntos se contaron todas sus historias. Pepito Grillo, mientras tanto, urdía un plan para poder escapar de aquel lugar, y enciendo una fogata en la boca del animal, consiguió hacerle estornudar, y con ello, salir despedidos de nuevo hacia el mar.

    Tras todo aquello, Pinocho nunca volvió a desobedecer a Geppetto ni a portarse mal, y el Hada de los deseos decidió premiar al pequeño por todo su esfuerzo, convirtiéndole al fin en un niño de carne y hueso, como los de verdad.

  • Los delincuentes no son víctimas pt 2. Cuando mamá no hace bien su trabajo

    Los delincuentes no son víctimas pt 2. Cuando mamá no hace bien su trabajo

    En Guadalajara existe una forma de asalto peculiar: Dos sujetos deambulan por las calles en una motocicleta y éstos a punta de pistola asaltan tanto a automovilistas como a transeúntes para después escapar en su aparato móvil de dos ruedas. Hace dos años se viralizó un video donde unos «motoladrones o motorratones» (como se les llama) asaltaron y golpearon a un sujeto para dejarlo muy lesionado; el Gobierno reaccionó de una manera displicente y desde ese momento la gente ha tomado muchas precauciones con esos sujetos que han visto en esa de asalto una forma muy redituable de robar:

    Ante la ineficacia de las autoridades, los ciudadanos han tratado de defenderse de estos delincuentes por cuenta propia. En algunas ocasiones ante un asalto frustrado, los motoladrones han sido agredidos físicamente por personas que ya están hartas de este tipo de sujetos, y en otros, tanto las víctimas como terceras personas que se percatan de un asalto, han utilizado su automóvil para atropellarlos, o bien como venganza hacia quienes los acaban de asaltar, o para intentar frustar un asalto. Hace pocos días un hombre fue despojado de 200,000 pesos y después de consumado el asalto, atropelló con su automóvil a los asaltantes para recuperar su dinero (no sin pasar algunos días detenido).

    Pero de lo que quiero hablar (para seguir con el tema) tiene que ver con la noticia donde un automovilista atropelló a dos motoladrones para después darse a la fuga matando a uno e hiriendo de gravedad al otro (aunque después las autoridades afirmaron que éstos en realidad se habían estrellado contra un árbol).

    La madre del motoladrón fallecido, con una pésima ortografía, despotricó en las redes sociales con quienes se congratulaban con la muerte de su hijo: Los llamó «bola de pendejos sin vida social», ignorantes (el chiste se cuenta solo) y justificó los actos de su hijo asegurando que «el gobierno roba más» (lo cual, si hacemos cuentas, puede ser técnicamente cierto, pero deja entrever como es que una autoridad que rompe las leyes, puede incitar a que los individuos de a pie hagan lo mismo):

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    Lo que me llama la atención es que los actos que ha cometido su hijo son en parte consecuencia de la educación que ha recibido de sus padres. La familia, como todos sabemos, es la base de la sociedad, y tal vez no se pueda esperar algo muy diferente por parte de una madre que justifica sus actos.

    La madre dice que una muerte no se puede comparar a la pérdida de un celular. ¿Pero qué no estos individuos asaltan siempre a punta de pistola poniendo en riesgo la vida de los asaltados? ¿Eso no le importa a la madre? Su hijo es una víctima. Pero quienes realmente atentaron contra su vida no fueron los automovilistas, más bien ella carga con parte de la responsabilidad por darle una educación lo suficientemente deficiente como para que eligiera la delincuencia como su profesión.

    Pero son víctimas, pobrecitos, cuando te estén matando piensa que estas pobres personas han llevado una vida muy difícil, que no es personal, comprende el dolor de la pobre madre.

    Parece que estas personas han normalizado este tipo de actos dentro de su cabeza. Se han convencido de que robar no es tan malo, al cabo los gobernantes también lo hacen, al cabo es sólo un celular, -Lo material no importa, lo bueno es que están bien y no les metimos un plomazo, pero a mi hijo me lo mataron.

    Y mientras estos zánganos delincuentes se multiplican y las autoridades no saben como o no quieren pararlos, los ciudadanos buscan medidas cada vez más severas contra este tipo de criminales. «Si la autoridad no lo hace, entonces nosotros vamos a hacerlo». En las redes circulan memes y campañas con el slogan «haz patria, mata a un motoladrón» con un dibujo explícito. Ante la incapacidad de las autoridades, como he venido reiterando, la gente busca hacer justicia por cuenta propia y en algunos casos pueden cometer actos irracionales.

    Pero insisto, los delincuentes no son víctimas. La señora debería de sentirse avergonzada consigo misma después de darse cuenta que no le transmitió los valores suficientes como para no delinquir. Su hijo no fue víctima, fue victimario, y ella lo educó para que fuera así. Y no señora, su hijo no está en el cielo.

  • Los delincuentes no son víctimas

    Los delincuentes no son víctimas

    Hay quienes piensan y aseguran que los delincuentes son víctimas. Sí, son víctimas del sistema, son víctimas de la corrupción, son víctimas de sus padres, son víctimas de la desigualdad rampante en nuestro país, de la falta de oportunidades, de los medios de comunicación, del gobierno. Y como son víctimas, se transformaron en delincuentes.

    Los delincuentes no son víctimas

    Es cierto que todas esas razones influyen para que un individuo se convierta en delincuente. Ciertamente si queremos combatir la delincuencia deberíamos de pensar en el tejido social de la comunidad, en crear más oportunidades para los jóvenes, en generar una economía más justa y demás. En efecto, esas medidas preventivas son muy necesarias si queremos combatir la delicuencia. Pero…

    Pero, los delincuentes no son víctimas. El problema viene cuando se piensa que los delincuentes lo son exclusivamente por estas causas. Otros son los culpables, sus papás, las autoridades, los monopolios, la pobreza…

    Eso sería negar el libre albedrío que tenemos los seres humanos. Los delincuentes no son autómatas ni seres que no tienen capacidad más allá de responder a un estímulo. Los delincuentes deciden delinquir.

    Hace unos días robaron la casa de una amiga mía, a punta de pistola se metió el delincuente y amenazándolas con violarlas las despojó de casi todas las propiedades de su casa. Hace poco tiempo a una conocida la golpearon unos delincuentes en la vía pública para despojarla a ella y su amiga de sus pertenencias. A ella la golpearon en el ojo, a la otra la patearon en el suelo. Son historias que parecen cotidianas hasta que le ocurren a uno, o a seres queridos cercanos.

    Y en efecto, estos delincuentes no son autómatas que responden a estímulos como un ratón de laboratorio para replicar un experimento de Skinner. Tan es así que muchas veces planean muy bien la forma en que van a delinquir.

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    Los delincuentes deben de ser tratados como tal. Los delincuentes al privar a otras personas de sus derechos deben de perder los suyos. Los seres humanos vivimos en sociedad por medio de un contrato social. Tú cedes ciertas libertades al soberano (las autoridades o el Gobierno, elegidas democráticamente y quienes están encargadas de velar por el bienestar de sus gobernados) con fin de que la sociedad pueda vivir en paz y pueda crear su proyecto de vida. Al mismo tiempo adquieres derechos: A la seguridad, la integridad, el derecho a poseer bienes personales.

    Si un delincuente priva de esos derechos a otra persona, está rompiendo dicho contrato social. Entonces con ello debería perder sus derechos.

    El problema viene cuando tenemos un sistema donde el Gobierno es incapaz de garantizar en un grado aceptable los derechos de los demás. Más cuando algunos de esos delincuentes son policías.

    Yo me opongo a la pena de muerte por el simple hecho de que una sociedad con tasas altas de crimen tiende a tener un Estado de derecho lo suficientemente distorsionado como para usar sus leyes de forma errónea y ventajosa (además de que este tipo de penas en realidad no reducen la delincuencia como algunos presumen), y si una sociedad tuviera un Estado de derecho sólido, los niveles de criminalidad se reducirían al punto en que no se necesitaría alguna medida de este tipo.

    Eso no significa que esté a favor de la vida de los delincuentes: Si un individuo es asaltado con violencia, agredido o violado, de tal forma que el delincuente ponga en peligro su legitimidad, el primero debe tener el derecho de asesinar al delincuente en defensa propia.

    Incluso, como acaba de suceder en mi ciudad. Una persona fue despojada de 200,000 pesos a punta de pistola. El asaltado persiguió en su automóvil a los delincuentes y los atropelló. Los dos quedaron lesionados y recuperó su dinero.

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    Lo idóneo es que las autoridades tengan la suficiente capacidad como para que los afectados no tengan que hacer justicia por cuenta propia, porque cuando una autoridad es débil, esto inclusive conlleva riesgos. Pero ante la falta de autoridad, el individuo tiene derecho a defender su vida y su integridad despojando al otro de la suya. ¿Por qué?

    Porque los delincuentes no son víctimas. Porque muchas personas que se desarrollan en familias disfuncionales o en condiciones adversas logran llevar una vida digna. Prueba irrefutable de que el delincuente posee de libre albedrío y puede decidir no serlo.

    Y porque todos los seres humanos sabemos que despojar a otro de sus bienes está mal, sabemos que agredir a otra persona, que violarla o asesinarla, está mal. Son nociones tan básicas que se repiten en todas las culturas de la humanidad.

     

  • Epicentro: La innovación a la calle

    Epicentro: La innovación a la calle

    Opinión invitada:

    Cuando pensamos en el Internet, la red de redes que ha cambiado no solo la comunicación si no la manera en que muchos seres humanos se relacionan día a día. Tendríamos que pensar cuál fue la filosofía, ideas o preceptos que originaron dicha maravilla. Algunos se quedarían hoscos al saber que su origen fue la guerra. Arpanet el abuelo de Internet se concibió como una estrategia de defensa en Estados Unidos ante la guerra fría.


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    Pensemos que Rusia había enviado misiles con ojivas nucleares a Cuba y que podía destruir bases completas de información. La única manera de no perder información ante un ataque nuclear era la posibilidad de conectar 3 bases que pudieran compartir la “misma información” si una era destruida: quedaban otras 3. El inicio del Internet fue bélico, pero su entrega posterior de la guerra hacia las universidades y a los jóvenes programadores (como una transferencia tecnológica) de la red le dio el carácter lúdico que ahora conocemos.

    Cuando Freeman Dyson, científico publicó “El Sol, El Genoma y el Internet” se preguntaba si los motores de la ciencia solamente eran la industria de la guerra o nuestro sistema de empresas buscando competir e “innovar” en su competencia económica descarnada.

    Para Dyson el motor real de la ciencia debían ser las problemáticas sociales: ¿Cómo resolver el problema de exclusión en todo sentido de las favelas o villas miseria? Se podría tomar el Sol como fuente de energía para estos asentamientos humanos, el genoma para transformar los arboles en recolectores de energía y el internet como un espacio de educación e inclusión para los habitantes de las favelas. Esta simple (y muchos dirán imaginativa formula) podría ser el motor para buscar resolver el problema de la exclusión con ciencia e innovación.

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    Pero hacer que nuestro motor innovativo como civilización sea la resolución de problemáticas sociales, públicas, ambientales, culturales, etc. solo el principio. Hay muchos retos que como humanidad nos deberíamos plantear: ¿Cómo damos soporte a todos los hacedores, innovadores, generadores de nuestra sociedad? ¿Cómo democratizar la innovación lo suficiente para que este llegue a la base de toda la sociedad?

    En una reciente reunión de laboratorios ciudadanos de Iberoamérica en el Media Lab Prado, escuche una de las definiciones mas lindas y con sentido que existe de la innovación. En palabras de Laia Sánchez del Citilab en Barcelona: “La innovación es el derecho a cambiar lo que ya no funciona y poder hacerlos nosotros mismos”. Pasamos de una capacidad relegada a los laboratorios de guerra o las grandes empresas, a un derecho ciudadano: el poder transformar la realidad con nuestra imaginación.

    Hace apenas dos años que un grupo de innovadores sociales, empresas de impacto no tradicionales, y gobiernos buscamos empezar a establecer un festival que pudiera tener uno de los retos más imaginativos posibles: llevar la innovación a la base social, llevar la innovación a la calle.

    El reto fue grande y más si pensamos que festivales como la Feria Internacional del Libro, El Festival de Cine de Guadalajara o el de Morelia y otros han tratado de lograr su cometido acercando lo más posible la cultura a la gente. Nuestro reto era llevar algo tan dinámico y poderoso como la innovación en forma totalmente gratuita a la calle y mezclarlo con la alegría y potencia de la música. El resultado fue el Festival Epicentro.

    Del primer festival recuerdo un poderoso concepto remix: se inundaron las calles de Guadalajara, Zapopan y Tlaquepaque con conferencias, conciertos y talleres de personajes tan variopintos como Jimmy Wales (creador de Wikipedia), Los Angeles Azules (el grupo máximo de cumbia sondear), Lauri Järvilheto (un filósofo que buscaba trascender la educación por medio del juego y apoyado por Rovio de Angry Birds), Azul Violeta (legendario rock tapatío), etc.

    Es un orgullo que del 4 al 7 de noviembre este festival de nuevo vida y se repita tratando nuevamente en la calle para tratar de conectar ideas, la innovación y la música entre los ciudadanos de a pie.Este año la cartelera viene recargada con Sean Hewens y Luisa Cavaría de IDEO; un centro de diseño centrado en las personas para acabar con la pobreza; los rockeros incorrectos de Plastilina Mosh; Edgard Gouveia el creador de un videojuego llamado “Play the Call” para educar a los niños en la cooperatividad, el medio ambiente o la economía de la abundancia; el cuarteto San Juan Project los creadores de un nuevo género de jazz. ¿Quieres conocer el programa completo? Accede a: http://epicentrofestival.com/

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    Actualmente nuestra época es un tiempo de muchas revoluciones: la revolución urbana, la revolución cívica, la revolución innovativa. Todas producidas por la imaginación, la resistencia y el gusto por compartir nuevos derechos para poder crear. Epicentro Festival es un excelente espacio para poder conectar con todas estas ideas y lo mejor de todo: es un festival gratuito y en la calle en el Occidente de nuestro país.

    Por Gustavo Acosta

    @cyber_gusy

    Fundador y coordinador de Incuba Social y Zapopan Lab.

  • ¿Por qué la gran mayoría de los libros de autoayuda no sirven?

    ¿Por qué la gran mayoría de los libros de autoayuda no sirven?

    No, nunca he sido fanático de los libros de autoayuda; crecí con los libros de Carlos Cuauhtémoc Sánchez porque en mi casa los leían, y ustedes me pueden entender que sus libros no me ayudaron mucho a querer al género, pero conforme le di la oportunidad a otros, me di cuenta que los libros de autoayuda «ayudan» a la cartera del autor más que a quien consume sus obras.

    ¿Por qué la gran mayoría de los libros de autoayuda no sirven?

    A Carlos Cuauhtémoc Sánchez por ejemplo, no le aprendí absolutamente nada. Incluso lo considero una persona no muy preparada en el tema, pero tiene la capacidad tanto para comunicarse de forma oral y escrita (sí, también me llegaron a llevar a una de sus conferencias hace muchos años) como para vender sus libros y conferencias, y sobre todo, para venderse. Alguna habilidad debe de tener un autor mediocre para ser conocido en todo el país.

    ¿Cuál es el problema de estos libros?

    Que muchas veces asumen tener la respuesta a los problemas de la gente. Pero hay un problema, las personas no somos iguales, por lo tanto las recetas no funcionan para todos. Cada uno de nosotros tiene una mente completamente diferente, tenemos distintos problemas, distintas formas de pensar (lo peor ocurre cuando algún autor de estos libros trata de imponer su cosmovisión a los lectores) y no a todos nos funciona lo mismo.

    ¿Quieres educar a tus hijos? Compra un libro de autoayuda. ¿Estás deprimido? Compra mi libro ¿Vas a buscar trabajo? Te recomiendo mi best seller. Existe un libro de autoayuda para cada uno de los problemas que aquejan al individuo. Los libros son un negociazo, y muchos de los autores ni siquiera tienen la suficiente preparación como para dominar ciertos temas. Carlos Cuauhtémoc se atreve de escribir de todo, de libros sobre noviazgo, sexo, adolescentes, drogas, asertividad, familia, éxito financiero, productividad. ¿De verdad creen que es un experto en todos esos temas? Yo leí «Un Grito Desesperado» y «Juventud en Éxtasis», sus dos obras más «grandes» y puedo afirmar que ni de lejos es un experto.

    Autoayuda

    Cuando el lector termina la obra, tiene ganas de comerse al mundo y de poner en práctica lo que aprendió. Tal vez el autor «le dejó de tarea» realizar ciertas actividades, o le recomendó que cuando su esposa llegara a casa, aplicara el «Método Carson» o la teoría del círculo o como le quieras llamar. Posiblemente la esposa se extrañe ante al comportamiento tan mecánico y ensayado del marido. -¡Hoy no voy a ser una víctima!. ¡Soy grande, soy grande, soy grande! ¡Repítelo 100 veces! ¡Soy grande, soy grande, soy grande!

    Y es que la mayoría de los libros de autoayuda no son profundos, los autores no terminan de entender la esencia del ser humano y muchas veces ni siquiera entienden su comportamiento; abordan los temas que exponen de una forma superficial basada muchas veces en anécdotas y experiencias más que en estudio de las ramas de la ciencia que pueden ayudar a entender al ser humano (esto es, antropología, psicología, sociología, filosofía entre otros).

    Algunos incluso tienen la desfachatez de utilizar pseudociencias para desarrollar sus argumentos: Que los planetas se van a alinear, que si lo deseas te va a llegar, ¿Recuerdan El Secreto? un best seller norteamericano donde afirman haber encontrado el secreto que guardaron los genios y los más importantes pensadores. Lo más triste es que venden.

    Deepak Chopra

    ¿Entonces puedo encontrar libros de autoayuda que sirvan? Sí. Son los menos, pero existen. Hablaré muy brevemente de algunos y me servirán para darme a la tarea de explicar por qué los demás no sirven.

    Estoy leyendo un libro que se llama «Los 7 Hábitos de la Gente Altamente Efectiva» del recién fallecido Stephen Covey. Es interesante porque en ningún momento pretende dar recetas ni pretende inventar soluciones mágicas, simplemente toma conocimientos que son universales (y no sacados de la manga o inventados) y los sintetiza en un libro ordenado y bien esquematizado para que el lector los pueda poner en práctica y pueda generar hábitos en su conducta.

    Otro es Inteligencia Emocional de Daniel Goleman, que no es un libro de autoayuda típico, o tradicional, tal vez no se le pueda llamar explícitamente así, más bien trata de exponer este concepto de inteligencia, comenzando con la teoría pura para después llevar su tesis a la práctica. Su idea se ha vuelto muy popular en estos tiempos donde el ser humano padece mucha ansiedad y es emocionalmente torpe.

    Los Cuatro Acuerdos de Miguel Ruiz (cuya propuesta está basada en la sabiduría tolteca) es un buen ejemplo de lo que debería de ser un libro de autoayuda. Sin pretensión alguna propone, valga la redundancia, cuatro acuerdos. 1.- Ser impecable con las palabras, 2.- No tomarse nada personal, 3.- No hacer suposiciones, y 4.- Hacer siempre el máximo esfuerzo. El texto, como lo menciona, toma como base la sabiduría de los toltecas, y cuando uno lee el libro, nota al instante que hay algo mucho más profundo que simples soluciones superficiales.

    El libro de autoayuda, por llamarlo así, que más me ha llamado la atención, es «La Conquista de la Felicidad» de Bertrand Russell, filósofo que ganó el Premio Nobel en 1960. Este reconocido filósofo inglés tuvo la ocurrencia de escribir un libro para decirle a la gente como ser feliz. Es un libro sumamente fácil de leer (cosa que no es muy común cuando hablamos de filósofos de este calibre), pero a pesar de la lectura ligera y de la facilidad con la que explica los conceptos, es completamente evidente que quien está detrás de esas letras es alguien muy culto.

    Bertrand Russell, 1951

    ¿En que coinciden estas obras que acabo de mencionar? Que ninguna propone recetas y que sus autores están suficientemente preparados para exponer su tesis. Cierto, la obra de Covey tiene un formato más de típico escritor comercial norteamericano y plantea un plan de acción (que no es lo mismo que proponer recetas; además es de notar que se molestó en fundamentar bien sus argumentos).

    Un libro de autoayuda funciona cuando proporciona sabiduría y conocimiento al lector, y no un manual de que es lo que debe de hacer con su vida. Los libros de autoayuda que valen la pena (los menos) pueden servir, mientras no se abuse de ellos y se piense que un libro por arte de magia podrá ayudar al lector a dejar de sufrir. Mejorar la calidad de la vida requiere de mucha voluntad, espíritu, sabiduría, esfuerzo, y sobre todo paciencia.

    Pero habría que aclarar que todos los libros valiosos de cualquier género, son de alguna forma, libros de autoayuda. Porque acumular conocimiento le ayuda al ser humano a expandir sus horizontes y romper paradigmas. Además el lector asiduo adquiere más habilidades y tiende a ser más tolerante que aquel que no está acostumbrado a leer.

    Sí, si hay libros de autoayuda que podrían serte útiles, pero debes de ser muy selectivo y no esperar que esa literatura sea la solución a todos tus problemas.

  • Ya bájale a tu pinche odio en las redes

    Ya bájale a tu pinche odio en las redes

    En esta semana de huracán me di cuenta en las redes de algo. No, más bien ya me había dado cuenta de ello pero la reacción en las redes en tiempos de huracán fue la gota que derramó el vaso.

    Ya bájale a tu odio en las redes

    Hay gente a la que no le importa que a México y a su gente le vaya mal con tal de ver caer al Presidente.

    Muchos somos muy críticos con Peña Nieto, no nos gusta en lo absoluto su Gobierno lleno de ineficacia, corrupción, conflictos de interés, inseguridad, economía deprimida y un sin fin de tópicos más (en un país más desarrollado posiblemente estaría en la cárcel). Pero su gobierno nos indigna precisamente por eso, por lo que representa para nuestro país. Somos muy críticos con Peña porque somos críticos con las corrupción o los conflictos de interés.

    Pero hay quienes tienen una postura de odio fanática contra el Presidente. Y no son pocas las personas (basta echarse un clavado en Twitter).

    Es decir, más que «odiar» a Peña por lo antes mencionado, lo odian por odiarlo, o porque su político favorito (AMLO) no llegó a la Presidencia en 2012. Entonces toda acción que él haga es medida con una vara donde no se puede reconocer nada bueno, porque es imposible que nuestro «antípodas» haga algo bueno. Y no sólo eso, para ellos es inaceptable que haga algo bueno. Si hace una mala acción, más que indignarse, sienten cierto placer al ver como las críticas le llueven al Presidente.

    Cierto, en este sexenio han pasado tan pocas cosas buenas, que cuando nuestras autoridades tienen un acierto (como fueron las acciones preventivas del Gobierno frente al huracán Patricia) hasta nos sorprendemos. Pero quienes queremos a México tenemos la capacidad de aceptar e incluso de reconocer cuando se ha hecho algo bueno. Aunque no simpaticemos con Peña, ni con el Gobierno ni su partido.

    Ese tipo de fanatismo destruye y polariza. Porque no es propositivo, es destructivo. Aunque dudo que exista algún tipo de fanatismo propositivo.

    Algunos incluso esperaban ansiosamente los desastres del huracán y los muertos para tener un pretexto y hacerse que se indignan para saborear las mieles de lo que muy dentro de sí considerarían un triunfo «¿Cuántos muertos más Peña Nieto, cuántos más? ¡Peña los mató! Se decepcionaron al ver que los desastres fueron mucho menores y comenzaron a crear teorías de las conspiración. Que si el gobierno nos engañó, que si nos manipuló. No podía caber ninguna posibilidad donde el Gobierno terminara bien parado.

    Lo triste es que ellos, a su respectiva escala, se terminan convirtiendo en algo peor de lo que critican. ¿Como gobernarían este tipo de personas si se les diera poder? Personas a los que no les importa el bienestar de sus semejantes con tal de ver a una facción política caer. En el mejor de los casos serían igual que ellos.

    Habrá que ver si este tipo de personas tienen conflictos emocionales que descargan en las redes. Hablan de un «gobierno represor» pero no admiten críticas y descalifican a quienes los cuestionan con etiquetas, estereotipos e insultos.

    Y si tenemos un Gobierno que está haciendo las cosas mal, la actitud de estas personas simplemente lo hace peor. Porque no son una oposición real. Simplemente son personas que hacen ruido, pero nadie los oye.

    Y nadie tendría por qué escucharlos, cuando no tienen nada que decir.

  • El huracán Patricia y el exceso de imaginación

    El huracán Patricia y el exceso de imaginación

    Ahí donde un fenómeno no termina de ser comprendido por las mentes obtusas, éstas en vez de acudir a la ciencia e incluso al sentido común para recibir una respuesta fiable prefieren usar su imaginación y contarse un triller atractivo para que todo tenga sentido.

    El huracán Patricia y el exceso de imaginación

    Todos estábamos aterrados. Teníamos al huracán más fuerte del mundo frente a nuestras costas (y técnicamente lo era, tuvo los vientos más veloces jamás registrados en la historia), la comunidad internacional se consternó y nos mandaron porras y abrazos para que libráramos este mal día. Parecía ser una catástrofe histórica, fotografías tomadas desde el espacio, predicciones, alertas.

    Y no pasó mucho en realidad…

    Y como el fenómeno metereológico más grande de la historia no causó gran cosa, entonces hay que buscar explicaciones para saber que fue lo que pasó. Que a priori no está mal hacerlo. Pero resulta que algo tan complejo para muchos tiene una respuesta simple.

    Que si hay una manipulación deliberada del Gobierno (compraron líderes de opinión y hasta astronautas), que si les pagaron a los gringos para que manipularan el clima (HAARP) o que crearon el fenómeno deliberadamente para vender esos terrenos a corporaciones transnacionales. De verdad, hay gente que piensa eso:

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    Los estragos de un huracán no sólo tienen que ver con la fuerza que éste tiene, sino con el entorno en que éste se desenvuelve.

    Ese mismo huracán en otras condiciones hubiera causado una devastación histórica de decenas de miles de muertos. El tifón Haiyan en Filipinas con una magnitud parecida a la de Patricia dejó estos rastros de destrucción:

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    El huracán Katrina, por su parte, devastó Nueva Orleans. ¿Entonces por qué Patricia no acabó con Jalisco?

    La respuesta (compleja para muchos, tanto que algunas personas son capaces de escribir aberraciones como la imagen de arriba) es simple. Nueva Orleans se encuentra debajo del nivel del mar y la ciudad estadounidense está protegida por diques. Estos cedieron y la ciudad terminó completamente inundada.

    En cambio, el huracán Patricia arribó a una zona poco menos que inhóspita, donde hay pequeños poblados (no hay mucho que destruir). Ciudades como Manzanillo se vieron afectadas, pero el huracán no llegó directamente de tal forma que los daños que habrá en ese puerto, no serán de mayor consideración.

    Además los fenómenos metereológicos son impredecibles. Pueden bajar de categoría, pueden desviar su ruta. El año pasado el huracán Odile (menos potente) arrasó con Los Cabos porque surgió de imprevisto. En cambio, a Patricia la conocimos con dos días de antelación y las autoridades pudieron ejecutar medidas preventivas. Después de las vergüenzas pasadas en otros fenómenos, nuestras autoridades ahora sí mostraron mayor organización (además tuvieron más tiempo). La sociedad civil estuvo activa, por medio de las redes sociales la gente se informó y tomó medidas precautorias.

    Algunos cuestionan por qué a la gente se le dijo que el huracán iba a ser peor y no lo fue tanto. La verdad es que la respuesta es muy sencilla: Más vale un apanicado que un muerto por exceso de confianza. También tenemos que mencionar que no fueron las autoridades las primeras en afirmar que este sería el huracán más fuerte de la historia. Esa afirmación fue hecha por instancias internacionales y académicos. Y de hecho así lo fue, tuvimos en nuestras narices al huracán más potente, pero regresamos al tema del entorno, el cual no fue propicio para que se presentara una catástrofe de gran magnitud: Terrenos inhóspitos, la forma en que el huracán entró a la tierra, las medidas preventivas, montañas que hacen que el huracán no se pueda desplazar con su potencia máxima por un gran tramo del territorio y un sinnúmero de razones más.

    Las autoridades deben de plantear el peor de los escenarios. Si una catástrofe puede ocurrir, se debe de alertar tomando en cuenta que ello es una posibilidad. Cuando no se hace así, cuando se supone que el fenómeno no va a ser tan fuerte, entonces es cuando vienen las desgracias. Así George W Bush desestimó el huracán Katrina y las consecuencias las conocemos todos.

    La respuesta a las cuestiones es simple. El huracán más potente de la historia no produjo una tragedia de grandes proporciones, y no hay contradicción en esa afirmación, no hay complot.

    En vez de inventarnos historias, deberíamos de congratularnos de que la cultura de protección civil y también la fortuna hasta el momento nos han mantenido a salvo.