Categoría: reflexión

  • El Teletón, los niños, y las teorías de la conspiración

    El Teletón, los niños, y las teorías de la conspiración

    Exageraciones, ataques ad hominem, y demás formas de falacias argumentativas son lo que escucho cada vez que algún personaje o medio pide no donar o recrimina a los que sí lo hacen.

    El Teletón, los niños, y las teorías de la conspiración

    Nadie tiene la obligación moral de ir a donar al Teletón. Puedes ayudar de otras formas, puedes acudir a otras instituciones, puedes crear la tuya propia, puedes ayudar a los migrantes (decidí donar dinero a los migrantes y no al Teletón este año), Eres libre de decidir a quien donar.

    El problema viene cuando se invita a la gente a no hacerlo (y en algunos casos se les recrimina). Mi crítica no va dirigida a aquellos que simplemente creen que el Teletón es una «mentira y manipulación», a quienes sólo trataré de convencer de que su concepción es falsa; sino a quienes quieren convencer a la gente de ello.

    Cuando prendes la televisión y observas a las empresas que patrocinan al Teletón, te das cuenta que participan emporios de todo tipo, desde aquellos que se desarrollaron gracias al esfuerzo y a su capacidad de innovar, hasta aquellos que gracias a su relación (histórica o actual) con el gobierno, gozan de un puesto privilegiado en el comercio de productos o servicios.

    ¿Por qué las empresas están ahí donando?

    Por una sencilla razón: Relaciones públicas. Las empresas te quieren convencer de que son un alma de la caridad donando dinero (algunas podrán una intención ingenua, otros una más interesada). Y no les cuesta nada porque lo que donan lo deducen de sus impuestos. Eso es completamente legal y de hecho si tú estás dado de alta puedes deducir tu donativo por medio de la página web. El único «negocio» es ese, las empresas donan dinero que no les cuesta porque lo van a deducir, y se venden a los consumidores como empresas responsables.

    Es decir, en lugar de dárselo al gobierno (sabemos a donde van a parar muchos de nuestros impuestos) se lo dan a esta institución. Al menos puedes saber que ese dinero será mejor usado que estando en manos de políticos.

    En esto pueden haber puntos cuestionables, que la congruencia de algunas empresas, que éste es un papel que debería de hacer el gobierno; son argumentos que pueden ser válidos. Pero a partir de aquí vienen las falacias y la desinformación.

    Por ejemplo. se invita a no donar al Teletón porque «es de Televisa».

    Y sí, creo que Televisa se ha encargado de lavar el cerebro de los televidentes, con su apoyo incondicional al gobierno, y con los programas que insultan la inteligencia de los mexicanos.

    Pero el Teletón no es de Televisa. La gente ha hecho esa asociación porque la televisora se encarga de transmitir los eventos año con año.

    Teletón Televisa

    Teletón es una organización civil constituida de tal forma ante la ley, y por eso es imposible que el dinero que se done en la calle, o en los boteos, «se lo clave Televisa». Para deducir impuestos, tú, como empresa tienes que emitir un donativo para que el beneficiario te entregue un comprobante que funciona como deducible. Es decir, no existe mecanismo para que «Televisa se clave el dinero del Teletón«.

    Voy más allá. Si Teletón fuera de Televisa. ¿Qué hacen las empresas de Carlos Slim, competidor acérrimo de la televisora y enemigo casi declarado, donando dinero? El magnate que en varias ocasiones ha sido el más rico del mundo, quien por cierto, apoyó por debajo del agua a López Obrador en el 2006 para intentar que se anulara la elección que llevó a Felipe Calderón a la silla presidencial, retiró la publicidad por varios años del duopolio televisivo en un acto que fue algo así como una declaración de guerra; sobre todo al verse perjudicado por de la Reforma de Telecomunicaciones donde Televisa, su rival, se vio beneficiada (muy probablemente por su cercanía con el gobierno actual).

    Hay cosas que no me gustan del Teletón, no me gusta que se apele a la lástima (aunque el año pasado lo dejaron de hacer, lo cual se agradece), que las «estrellas» lloren para invitarte a donar. El año pasado, ante la convocatoria menguante, la reacción de quienes condujeron la transmisión fue más que lamentable reprendiendo a quienes no decidieron donar.

    Pero a pesar de esto, se olvida lo más importante. Y es que Teletón le ha cambiado la vida a muchos niños.

    A veces parece que las preferencias ideológicas o las modas importan más que la oportunidad que reciben los niños con discapacidad, quienes habían sido casi olvidados por las instituciones públicas.

    Y vienen más generalizaciones:

    Que hay que satanizar a Teletón porque Fernando Landeros se formó con los Legionarios de Cristo, que no hay que donar porque Peña Nieto apareció en la televisión donando.

    Al final los más afectados por esta división son los niños, no los empresarios ni los políticos corruptos.

    Un video me llamó la atención. Gerardo Fernández Noroña, el ex diputado por el PT, muy cercano a López Obrador, fue a visitar un CRIT, y estas fueron sus conclusiones:

    Sí, éste ferviente opositor al gobierno y a las élites del poder acostumbrado a linchar a quien no esté de acuerdo con él, llegó a la conclusión de que el Teletón sí ayuda a los niños.

    Lo que es un hecho es que gracias a esta iniciativa, muchos niños con alguna discapacidad tienen un nivel de vida que de otra forma nunca hubieran tenido. Los CRIT ahí están construidos en varias partes del país, e incluso hay uno en Estados Unidos. Sí, en el mismo país donde el Estado de derecho es lo suficientemente sólido para evitar esas «trucuñuelas» que se le adjudican al Teletón.

    En lo particular se me hace irresponsable que algunos «líderes de opinión» traten de desprestigiar a esta iniciativa por razones políticas o ideológicas con base en juicios a priori y un sinnúmero de falacias sin presentar pruebas contundentes de sus acusaciones. ¡No se vale!

    Se me hace incluso increíble e inconcebible como los seres humanos podemos negarnos solidaridad por razones políticas o ideológicas disfrazadas de buenas intenciones. – No te solidarices con los franceses, no dones al Teletón.

    Y cada año tengo que estar escribiendo sobre el tema.

    Y no, no me pagó el Teletón, ni Peña Nieto, ni el PRI, ni Televisa. Simplemente uso mi libertad de expresión y mi razón para emitir mi opinión.

  • Las edecanes y la cosificación de la mujer

    Las edecanes y la cosificación de la mujer

    Si existe algo que está tan normalizado en nuestra sociedad mexicana y debería de ser algo reprobable es el uso de edecanes para vender productos y servicios.

    Las edecanes y la cosificación de la mujer

    Camino por el tercer piso de la Gran Plaza y una mujer con un conjunto azul pegado a su cuerpo intenta persuadirme para que adquiera un Paquete Telcel. De forma muy discreta pero ensayada intenta sin éxito que me detenga para convencerme de las bondades de dicho paquete, una artificial sonrisa y una pose un tanto atrevida es su estrategia de ventas. No funciona conmigo en parte porque a mí no me gusta que me interrumpan para venderme algo.

    Ese mismo día voy a la gasolinera y una mujer con un atuendo muy atrevido y de mal gusto (el cual tapa poco más que el pezón de sus voluptuosos senos), intenta venderme un aditivo para mi automóvil. Es de notar que no la capacitaron bien para explicar los beneficios de ese producto, pero el cuerpo lo puede todo y básicamente lo que hizo esa dama es colocar sus senos a la altura de la ventana de mi automóvil como si ellos hablaran por ella. Lamentablemente no tuvo suerte, porque yo no acostumbro a comprar los aditivos para mi coche en una gasolinera.

    Primero habría que llegar a la conclusión de que casi ningún hombre saldrá con la mujer en cuestión a cambio de comprar el producto, menos tendrá una aventura sexual. Básicamente ese tipo de estrategia consiste en atraer sexualmente al hombre de tal forma que éste preste mayor atención a la edecán y se deje convencer de una forma más fácil. Es casi como una forma light de prostitución, lo suficientemente discreta para que sea considerada como aceptable socialmente.

    Estas empresas utilizan a las mujeres como un objeto para excitar a los hombres a cierto grado que puedan lograr persuadirlos para que adquieran sus productos o servicios.

    Y a pesar de todo, es algo que se considera normal o aceptable en varios sectores de la sociedad.

    Basta con ir a eventos que conglomeran muchas edecanes, como la Expo Ferretera en Guadalajara, donde su cuerpo resaltado con las prendas ajustadas atraen la mirada de los hombres. De hecho el éxito de este tipo de exposiciones no sólo consiste en los productos, sino en las propias edecanes. – Juan, no sólo me interesa buscar que equipos venden para la construcción, también hay unas edecanes bien sabrosas ¡ándale, vamos!

    Es curioso que en la sociedad mexicana donde muchos se dan golpes de pecho ante temas como los gays haciendo énfasis en los «valores morales» se considere normal el uso de edecanes con prendas muy ajustadas y escotes que muestran la mitad del seno para atraer a los clientes con el fin de que, por medio de sus instintos sexuales, se les invite a adquirir un producto o servicio.  En realidad esa distinción hecha «con base en los valores morales» no tiene el fin de distinguir entre lo que atente a la integridad humana o no, como argumentan; sino más bien entre lo que es la regla y la excepción, entre lo que se conoce y lo que no ¿Qué atenta más a nuestra integridad? ¿el uso de la mujer como objeto sexual para vender algo, o la preferencia sexual de un individuo? La respuesta es obvia.

    En nuestra sociedad hemos acostumbrado a cosificar a la mujer, incluso en la propaganda se les muestra como objetos de venta «nuestras playas, nuestras mujeres». A las mujeres históricamente se les ha exigido un mayor número de normas morales que a los hombres, y a pesar de que ese rasgo machista mexicano ha ido menguando con el tiempo gracias a la apertura, la globalización y el crecimiento de nuestra sociedad; las mujeres todavía tienen sueldos más bajos por el hecho de ser mujeres y su presencia en altos puestos directivos y de poder sigue siendo minoritaria. En pleno Siglo XXI, muchos siguen pensando que las mujeres deben de quedarse en casa, o bien que no pueden aspirar más que a edecanes de alguna exposición de productos concurrida.

  • Haz patria, atropella a un ciclista

    Haz patria, atropella a un ciclista

    Atropella a un ciclista.

    Eso es lo que sugieren algunas personas. Van manejando en su automóvil en medio de un embotellamiento, o bien tienen mucha prisa y de pronto una de estas personas se les atraviesa.

    Como son automovilistas, consideran que la calle es suya porque dicen, fueron planeadas para los autos; y pueden tener cierta razón, pero no del todo.

    Haz patria, atropella a un ciclista

    Resulta que cuando se inventó el automóvil y se pusieron a estos vehículos a circular sobre las calles; se pensaba que no serían muchos los que circularan sobre la carpeta de asfalto. Luego llegó Henry Ford a popularizar su automóvil con el modelo T, creando, sí, una evolución en la industria (no sólo del automóvil) al fabricar los automóviles en serie, para lo cual contrató a gente poco especializada que sólo necesitara operar sus máquinas (y luego uno entiende por qué Detroit valió queso cuando las compañías automotrices se fueron de la ciudad: Dejaron a empleados poco calificados sin trabajo).

    Entonces las calles se saturaron; y siempre en algún momento, todos aquellos freeways, segundos pisos o nodos pensados para paliar el problema de tráfico, terminaban saturados. La nueva obra de fin de trienio o sexenio construida por un político que aspira a un puesto de elección popular superior, pocos años después termina siendo intransitable.

    Entonces tendríamos que construir segundos pisos, terceros pisos que en algún momento se van a saturar.

    Tal vez por esto, algunas personas han decidido bajarse y montar su bicicleta. Ya no son los estigmatizados «pobres bicicleteros», ahora son los «hipsters sin conciencia».

    Para los automovilistas, los ciclistas son algo así como los mosquitos que rondan por tu cuerpo en la noche. Pequeños, insignificantes, ágiles pero fáciles de aplastar. El automovilista tiene un arma con el que puede matar con tan solo dirigir su vehículo motor a una velocidad promedio hacia una persona, el ciclista se tiene a sí mismo y a un aparato mecánico que cuyas dimensiones no son mucho más grandes que las que él mismo posee.

    Pero habría que pensar. Si agarramos un trozo de calle, digamos 20 metros, que se encuentra congestionada por 20 automovilistas, a estos los bajamos y les damos una bicicleta: ¿Qué pasa? La mayor parte de la calle quedará vacía:

    Haz patria, atropella a un ciclista

    Para el automovilista, la presencia de un ciclista es una pérdida (le quitaron un carril para construir una ciclovía, o se tuvo que hacer a un lado, o no entiende por qué no se van «por la banqueta»), pero su mente le juega una trampa. Si a esos ciclistas los subiéramos a un automóvil a cada uno, ocasionarían más congestionamientos, porque simplemente ocupan más espacio.

    No es gratuito que muchas de las ciudades desarrolladas están desincentivando el auto. Muchos urbanistas como la mítica Jane Jacobs o el economista urbano Edward Glaeser sugieren que las ciudades deberían de ser densas (con edificaciones de varios pisos) con comercio a nivel calle de tal forma que gasten menos tiempo en desplazarse de un lado a otro. Así contaminarían menos, ahorrarían más tiempo y congestionarían menos las calles. En este modelo de ciudad, de hecho, los habitantes tendrían menos razones para usar su automóvil frecuentemente.

    Por ejemplo, si te pregunto que imagen contamina más, posiblemente afirmes que la derecha. La primera tiene áreas verdes y la segunda no tiene un árbol siquiera.

    urbanismo

    Pero de hecho la respuesta es la contraria. El que vive en una casa en un coto o en un suburbio hace traslados más largos en automóvil (consumo de gasolina) y su residencia gasta más energía que un departamento (aunque hablemos de uno lujoso en una zona exclusiva). No es casualidad que ciudades como Houston o Los Ángeles, ciudades horizontales, estén bastante más contaminadas que Nueva York, donde la mayoría de la gente vive en departamentos y usa el transporte público para trasladarse.

    Y en ciudades con una planeación urbana prácticamente nula como las de nuestro país, el problema es más grave: Más embotellamientos, más contaminación. Y cuando se trata de hacer más angostos los carriles para poner una línea de BRT (Metrobus o Macrobus) o para colocar una ciclovía, los automovilistas explotan. Porque les enseñaron que la vía es suya, nada más que suya, y que a los peatones debíamos de segregarlos con puentes peatonales colocados a kilómetros de distancia.

    De hecho, en ciudades congestionadas como la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey debería ser impensable en seguir apostando al automóvil; la arcaica planeación urbana hace insostenible este modelo, por más parches, nodos o segundos pisos que se construyan. Nuestras ciudades deberían apostar al transporte público (que más gente se suba) y a los medios de transporte alternativos.

    Y eso requiere cambiar la cultura. Somos una sociedad muy clasista e incluso este rasgo juega en contra.

    ¿Cómo hacer que más gente se suba al transporte público cuando muchos piensan que «el camión es para los nacos»?

    ¿Y cómo hacer que se suban cuando el transporte público parece ideado para eso, para la gente a la que no le queda de otra? Camiones sucios, choferes sin preparación, inseguridad, y un sinfín de etcéteras.

    Y las bicicletas son para los pobres, o para enfadosos hipsters que sólo le llevan la contra a todo.

    Entonces nos damos cuenta que no sólo se trata de cambiar el modelo, sino la cultura. En Nueva York, un negro de Bronx con ingresos escasos puede estar en el mismo vagón del gerente de un banco importante. En México eso es impensable.

    Y entonces el automovilista piensa que todas las políticas públicas deben de girar en torno a su coche. Pero está equivocado, porque el automovilista es un privilegiado, conduce un aparato que lo traslada más rápido, ocupa más espacio y contamina más. Las políticas públicas deben de enfocarse a los medios de transporte más eficientes y más limpios, el automóvil no lo es.

    Es cierto, hay algunos ciclistas que no respetan las señales de tránsito …

    … pero muchos automovilistas tampoco no lo hacen; de hecho a veces tienden a hacerlo menos. Y en este caso ambos tienen una responsabilidad a la hora de salir a la calle.

    Pero recordemos, el automovilista tiene un arma consigo. Si el automovilista atropella a un ciclista el que se muere es el ciclista, si un ciclista se estampa contra un automovilista, el que se muere, de nuevo, es el ciclista.

    Y supongo que ahora has entendido por qué no debes de enojarte por la nueva ciclovía o el nuevo transporte público que pasa por tu avenida.

  • La verdad debe decirse. México es un pueblo muy ignorante Parte 2

    La verdad debe decirse. México es un pueblo muy ignorante Parte 2

    México es el país más ignorante del mundo.

    La verdad debe decirse. México es un pueblo muy ignorante Parte 2

    Bueno, eso es lo que algunos encabezados de algunas páginas web sugieren erróneamente para llamar la atención del público. Muchos lo creyeron y muchos lo compartieron como si esa afirmación fuera cierta.

    Es paradójico que trate de exponer el problema de ignorancia que tenemos en nuestro país con un encabezado sensacionalista que sugiere que somos el país más ignorante del mundo.

    Muchas personas compartieron esa nota en las redes sociales. La vi varias veces en mi muro de Facebook, y bastó con hacer una búsqueda en Twitter para ver la resonancia que tuvo.

    En realidad la gente no se molestó en leer, o abrieron notas cuyos escritores no se molestaron en leer bien el estudio original.

    Sin ver el estudio, haciendo un juicio a priori, sé que esa afirmación es una falacia.

    Cierto, somos un pueblo muy ignorante. Pero existen países más pobres y con mayor falta de recursos que México (de hecho son más los más pobres que los más ricos), que por lo tanto tienen un sistema educativo más raquítico que tiene a su población sumida en la ignorancia. Sería absurdo pensar que el pueblo de Burkina Faso o Malawi es más culto que el de México.

    Eso es tan fácil de concluir, no necesitas haber ido a la universidad para saberlo.

    Pero mucha gente lo dio por sentado. Vieron la frase junto con el nombre de una institución, y vualá, lo dieron por hecho.

    Y aquí todavía no me he molestado en ver de que trata todo esto. Pero bastó con un razonamiento simple para explicar la trampa en la que cayeron muchos: «Si un cabezal lo dice, entonces es cierto». No sólo no verificaron la fuente ni mucho menos leyeron el contenido, sino que ni siquiera cuestionaron el contenido del cabezal.

    Bueno, ahora vamos al estudio. Supongo que sabes algo de inglés de tal forma que puedas entenderlo.

    Primer punto, dicho estudio tomó en la muestra a 33 países (de 197 países reconocidos en el mundo), la mayoría de dichos países son desarrollados, o bien, tienen cierto peso en el concierto de las naciones (como India o China). Cierto, estar en el fondo de esa lista no es nada halagador, pero eso de ninguna forma muestra que seamos el país más ignorante del mundo.

    Segundo punto, ese estudio no toca la ignorancia como un todo (solamente con relación al entorno de las poblaciones estudiadas). Más bien lo que cuestiona es que tan precisas son las percepciones de la población sobre algún tema frente a la realidad medible y cuantificable. El abstract del estudio relata el caso de la Gran Bretaña donde a los encuestados se les realizó preguntas cuantitativas sobre diversos temas como obesidad, población no religiosa, empleo femenil. En el caso de la isla, la gente piensa que en promedio el 1% más rico  tiene el 59% de las riquezas cuando en realidad es el 23%, o bien, creen que el 60% de las mujeres trabaja cuando en realidad lo hace el 69%.

    El propósito final del estudio no es exhibir que país es más ignorante que otro (aunque de alguna forma lo haga), más bien trata de medir las discrepancias entre la percepción y la realidad (que sí, a más amplia sea, el número de ignorancia es mayor) para determinar por qué esto sucede. Cito:

    There are multiple reasons for these errors – from our struggle with simple maths and proportions, to media coverage of issues, to social psychology explanations of our mental shortcuts or biases. It is also clear from our “Index of Ignorance” that the countries who tend to do worst have relatively low internet penetrations: given this is an online survey, this is therefore likely to reflect that this more middle-class and connected population generalise from their own experience rather than consider the much greater variety of circumstances in the full populations of their country.”

    Entonces tenemos tres conclusiones contundentes.

    1.- Que el cabezal por sí mismo es falso, y eso se puede comprobar mediante un razonamiento lógico sin siquiera ver el contenido.

    2.- Que la muestra del estudio abarca a 33 de 197 países.

    3.- Que no mide la ignorancia como un todo, más bien lo que hace es medir que tan bien está informada la población confrontando su percepción contra la realidad.

    Insisto, no necesitas ser un letrado para darte cuenta, una persona sin estudios universitarios tiene la capacidad de detectar la gran falacia, que es exhibida punto por punto.

    Aún así, hay quienes (posiblemente para vender más o para obtener más clics) colocaron ese título tramposo, manipulador, y falso per sé.

    Lo peor es que hay quienes se lo creyeron. Vieron el cabezal e inmediatamente abrieron sus redes para esparcir la idea de que México es el país más ignorante del mundo.

    Y algunos incluso con un dejo de arrogancia lo hicieron. O para mostrar que tan mal gobernados estamos y cómo es que este país no funciona.

    «Bean como estamos sumidos en la hignoransia».

    Si tomáramos los resultados de las pruebas PISA de la OCDE donde se evalúa la educación de los países miembros, podríamos tener en nuestras manos un resultado más contundente. No es que demerite este estudio de IPSOS, más bien es que este mide una variable en específico, y el de PISA mide diferentes habilidades adquiridas por medio de la educación.

    Pero para mucha gente lo importante no fueron las métricas ni las estadísticas (que tampoco vaya, es algo difícil de entender) ni mucho menos el abstract, sino el título sensacionalista.

    Es tan tramposo el título, que si tomamos el factor de que México fue el peor evaluado de 33 de los países más importantes del mundo, y tomando en cuenta que en total son 197, podría crear un encabezado que diga «México es uno de los países más cultivados del mundo», y en términos estadísticos podría ser cierto. De hecho ese encabezado sería menos falaz que el de «México es el país más ignorante del mundo».

    Y seguimos con lo mismo, nadie revisa las fuentes, nadie se cuestiona nada, y entonces muchos son susceptibles a la manipulación. Cualquiera los puede engañar (aunque algunos se jacten de ser intelectuales críticos de la ignorancia y la manipulación de los medios).

    Umberto Eco tenía razón.

  • El día en que el agua se convirtió en Coca Cola

    El día en que el agua se convirtió en Coca Cola

    ¿Qué pasaría si quitáramos el agua de los ríos y colocáramos en su lugar Coca Cola? Bueno, la respuesta no es difícil de adivinar. Prácticamente todo ser vivo en la confluencia de esos ríos desaparecería (tal vez a excepción de algunas bacterias que se saldrían con la suya).

    El día en que el agua se convirtió en Coca Cola

    Otra pregunta:

    ¿Por qué en México tenemos muchos pobres con problemas de obesidad?

    Respuesta: Coca Cola.

    Y comienzo con estas dos preguntas para ir a donde quiero ir. Es que en México consumimos Coca Cola como si fuera agua, como si se tratara del líquido vital. México es el mayor consumidor per cápita del mundo: los mexicanos consumimos en promedio 675 botellas de 237 mililitros por habitante al año, es decir, dos botellas de Coca Cola chicas diarias por habitante o medio litro diario). A su vez, bebemos en promedio un litro de agua (los expertos recomiendan consumir entre 2 y 4 litros al día), es decir, por cada dos vasos de agua, consumimos uno de Coca Cola.

    Pero la Coca Cola no es agua. La Coca Cola (y sus similares como Pepsi y Big Cola) contiene gases y una gran cantidad de químicos, algunos nocivos para el cuerpo:

    No sólo eso, la Coca Cola daña el riñón, el pancreas, provoca obesidad y aumenta el riesgo de contraer diabetes (esto a pesar de las campañas mediáticas de la refresquera para lavar su imagen).

    No, no es que tenga algo en contra de los refrescos, más bien critico la forma en que los consumimos y la forma en que nos los venden. Entiendo que compremos refrescos para la fiesta, para una reunión, para un partido de futbol; entiendo que estos sean consumidos de forma esporádica. Lo que no entiendo es que se coloquen refrescos en la mesa de las familias que se disponen a consumir sus alimentos, sustituyendo al agua natural o a las aguas frescas; ni tampoco que se beba este tipo de productos con el argumento de que el agua no tiene sabor (detalle cultural, el agua potable no es completamente incolora, inodora ni insípida como te enseñaron en la escuela, porque ésta contiene minerales; solamente el agua destilada tiene dichas propiedades).

    Alguna vez lo comenté. Hace algunos años consumía mucha Coca Cola Light con el argumento de que «no engordaba». En algún momento de mi vida dejé de consumirla, y el cambio que sentí en mi cuerpo (inclusive en mi mente) fue drástico. Seguramente mis riñones y un sin fin de órganos vitales están agradecidos conmigo. Al «desintoxicarme» me di cuenta que le estaba metiendo veneno a mi cuerpo.

    Y regresando al inicio del artículo. Si cambiamos el agua de los ríos por Coca Cola y casi todo ser vivo, en consecuencia, muere: ¿Por qué deberíamos de esperar que éste refresco sea completamente benévolo con los humanos?

    Luego entonces, Coca Cola lanza un comercial donde trata de mostrar su solidaridad con los indígenas enviando a un grupo de jóvenes bien a la comunidad Mixe en Oaxaca para llevarles la navidad (que vaya que la navidad, sobre todo en su versión americana, nada tiene que ver con los usos y costumbres de esta comunidad que se terminan por ver agredidos). ¿Qué es lo que llevan estos jóvenes? Sí, Coca Cola.

    Para la refresquera, ser solidario con los indígenas es llevarles felicidad marca Coca Cola (una felicidad muy distinta del concepto de felicidad que ellos tienen), sin importar si alteran sus usos y costumbres, y sin importar las consecuencias que este tipo de bebidas tendrán en su salud. Coca Cola entiende que la gente es lo suficientemente ignorante (incluso la subestima de más) para hacer creer que llevar refrescos con un sin fin de sustancias químicas a una comunidad acostumbrada al autoconsumo es un lindo detalle, al tiempo que invaden su cultura con profundas raíces con otra artificial y orientada al consumismo:

    Coca Cola vende momentos, vende felicidad, vende lo peor de una cultura insípida y artificial; patrocina eventos deportivos en los cuales los deportistas tienen casi prohibido consumir sus productos por parte de sus entrenadores o cuerpo médico. Coca Cola va a todos los pueblos y pinta muros con la marca de su refresco, invade camisetas de futbol, espectaculares, comerciales, hace product placement, y todo lo necesario para mantener su cuota de mercado; y no sólo eso, sino que busca también que cada vez más personas consuman, y lo hagan de una forma más frecuente.

    Por eso varios pueblos están tapizados con Coca Cola, y también varios barrios marginales. Para que la gente, incluso la de escasos recursos, sustituya el agua por la Coca Cola como el principal líquido de consumo.

    Y como Coca Cola vende momentos. Entonces nos muestran a una pareja de dos novios caucásicos, parecidos y felices (o bien, negros o latinos cuando se quieren subir al tren del mame multicultural), a una familia saludable, a una comunidad solidaria. Pero en realidad tenemos niños sedentarios consumiendo sus productos frente al televisor, tenemos adultos con un preocupante pero normalizado sobrepeso eructando debido a los gases que tiene el refresco. Esos son sus consumidores más frecuentes.

    Y así es como tenemos una gran cantidad de personas obesas y diabéticas (sin importar su clase social ni sus ingresos). Un líquido que parece más bien una sustancia química que un producto natural sigue siendo la predilección para muchos mexicanos. Porque a pesar de las piedras en el riñón, la diabetes o el riesgo de eructar en la cara de tu novia cuando tratas de besarla, porque a pesar de eso, tiene sabor. Ah ¡Y es cool!

     

     

  • Revolución Mexicana: La Revolución que no fue

    Revolución Mexicana: La Revolución que no fue

    Los revolucionarios buscan romper con el estado de las cosas para establecer uno nuevo. Mientras que una evolución implica una transformación gradual de un proceso y una involución es el retroceso de éste (lo contrario que lo primero), una revolución, consistiría entonces, en romper un proceso para sustituirlo por otro. En este entendido, una revolución solo se podría justificar cuando el proceso anterior (el que se quiere romper) está lo suficientemente viciado como para que éste ya no tenga posibilidades de mejorarse en el trayecto. Es decir, cuando cierto estado de las cosas ya no puede ser mejorado sobre la marcha.

    En este sentido, Zapata era un revolucionario, también el  «Che» Güevara. Pero también a los integrantes del Estado Islámico se les podría considerar revolucionarios, en tanto buscan romper un proceso para iniciar otro.

    El México pre-revolucionario no era perfecto. Nuestro país tenía un dictador llamado Porfirio Díaz, quien logró transformar económicamente a un país sumido en la miseria debido a un sin fin de conflictos. Aunque esta figura fue condenada al ostracismo de la Historia Mexicana (escrito precisamente por la familia revolucionaria) muchas de sus obras perduran hasta la fecha. Los pecados de Porfirio Díaz básicamente fueron dos, ser un dictador (que vaya, tampoco esperes en esa época la existencia de mandatarios democráticos sujetos a mecanismos de transparencia) y que el crecimiento económico que logró se distribuyó en unos pocos, manteniendo a gran parte de la población en la miseria, en condiciones infrahumanas y sin derechos.

    Porfirio Díaz

    Que las épocas también se entienden. Lo que hoy es inconcebible, antes era más tolerado.

    Es decir, el estado de las cosas de esa época tenía defectos; pero era perfectible, no estaba condenado al fracaso. Una apertura democrática (en términos de principios del siglo XX) y una mejor distribución de la riqueza que ya existía habrían podido cambiar la historia de nuestro país. De hecho, a principios de siglo, ésta a nivel mundial estaba muy mal distribuida; no era una condición exclusiva de nuestro país; en la belle epoque, unos cuantos poseían la mayoría de toda la riqueza y la mayoría vivían en la pobreza. Las guerras mundiales, al destruir las grandes posesiones y haciendas de los ricos, junto con el ascenso de políticas redistributivas (en algunos casos creadas para alejar a las poblaciones de la tentación del comunismo) crearon una sociedad más igualitaria.

    Las guerras mundiales destruyeron a Europa, en tanto los revolucionarios destruyeron gran parte de las riquezas que existían en México. La diferencia estriba en que las naciones fueron destruidas por sus adversarios. En cambio, México fue destruido por quienes después ascendieron al poder.

    Revolución Mexicana: La Revolución que no fue

    Y ese es el problema de la Revolución Mexicana, no corrigió los problemas del México de Porfirio Díaz, sino que destruyó todo lo que había, fuera bueno o malo. De hecho, con la Revolución surgió una dictadura disfrazada de democracia simulada que duró 70 años.

    El Monumento a la Revolución es para mí, uno de los monumentos más representativos en cuanto a su significado. Porfirio Díaz mandó a construir un palacio legislativo que tendría dimensiones mayores a las del Capitolio de Washington D.C. y que albergaría a las cámaras de senadores y diputados. Porfirio Díaz puso la primera piedra, después Madero intentó continuar el proyecto, pero éste se frustró gracias a la Revolución. Al final, sólo se aprovechó una parte de la obra que sirvió para erigir el monumento actual: Una obra mocha e incompleta.

    Es peculiar que un dictador haya propuesto crear un parlamento, mientras que los revolucionarios nos trajeron la dictadura.

    Monumento a la Revolución

    En ese sentido, la Revolución Mexicana fue algo mocho, incompleto. No trajo la democracia al país, destruyó gran parte de la riqueza que Díaz se guardó para unos pocos, en lugar de distribuirla mejor. Si bien ciertos sectores de la población vieron beneficios y la educación pública (inexistente en tiempos de Don Porfirio) se desarrolló (el cual es prácticamente es el único derecho social que nuestro país obtuvo gracias a este evento); los revolucionarios al institucionalizarse, crearon organizaciones que más que promover la igualdad. promovieron la dependencia del individuo con el aparato gubernamental. Varias de estas instituciones siguen funcionando después de medio siglo (ejemplo, la CTM, la CROC o el SNTE).

    En realidad, la igualdad era sólo para quienes estaban dentro de la familia revolucionaria. Los más beneficiados eran quienes pertenecían a algunas de estas organizaciones:

    No vivir del presupuesto es vivir en el error: César Garizurieta Erenzweig «El Tlacuache».

    La familia revolucionaria creó lo que Mario Vargas Llosa llamó la dictadura perfecta. Nuestro país fue uno de los últimos de América Latina en transitar a una democracia, porque se nos hacía creer (y también al mundo) que éramos una democracia. Posiblemente ese sea uno de sus más grandes legados, y no es algo que podamos presumir.

    La familia revolucionaria

    Los beneficios de la Revolución Mexicana son cuestionables. Pero a pesar de eso, en pleno siglo XXI se sigue celebrando, y el Presidente Peña Nieto, militante del partido creado por la familia revolucionaria, realiza una ceremonia pomposa en el Campo Marte para conmemorar su aniversario.

    El PRI, a pesar de llevar tatuado en su nombre a la Revolución Mexicana (Revolucionario Institucional es un contrasentido por sí mísmo, de hecho es casi un oximorón) ha sido cuestionado por las izquierdas quienes se consideran los auténticos revolucionarios; y cuyos miembros salieron del PRI, porque dicen, éstos traicionaron sus valores para venderse a lo que llaman «el neoliberalismo». El PRD y López Obrador pelean por ser los herederos legítimos de una revolución fallida, que no creó riqueza, trajo autoritarismo, monopolios públicos (Pemex y un sin fin de empresas que fueron torpemente privatizadas hace pocas décadas) y privados (Televisa, la televisión de la familia revolucionaria). Dichos monopolios, hederedos (de forma directa o muy indirecta) de la Revolución Mexicana, son los que ahora tienen a un país sumamente desigual donde el 50% de la población es pobre.

    Esa es la paradoja de la Revolución Mexicana, trajo todo eso que habían prometido combatir.

    Y lo más paradójico es que la sigamos celebrando.

    P.D. Por cierto, creo que casi no mencioné a ningún personaje de la familia revolucionaria. No hubo necesidad.

  • Las becas, y por qué el Gobierno quiere acabar con ellas

    Las becas, y por qué el Gobierno quiere acabar con ellas

    Hasta el economista más liberal entiende la función que tienen las becas. Una beca, para empezar, ayuda a generar mayor movilidad social (que es algo que México carece y luego uno se pregunta por qué las familias de los ricos son las mismas y por qué la distribución de la riqueza es de dar pena). Muchas personas que no tienen ni de lejos la capacidad de costearse una maestría en alguna universidad de su país, pueden ir a cursarla al extranjero. El estudiante de clase media que no puede pagar una maestría en el ITESM, puede irse al MIT, o al London School of Economics, sin haberse endeudado y sin gastar prácticamente un clavo (aunque sí mucho tiempo de esfuerzo, papeleo y competencia).

    Las becas, y por qué el Gobierno quiere acabar con ellas

    Pero eso es lo de menos, las becas son muy necesarias para un país que está rezagado. Son muy útiles para la transferencia de conocimiento; no solo por parte de quienes regresan a su país. Incluso, según menciona Andrés Oppenheimer en su libro Crear o Morir, a pesar de la «fuga de cerebros» el país de origen al final termina obteniendo beneficios de ellos, porque en un mundo globalizado no deberíamos de hablar de «fuga de cerebros», sino más bien de «circulación de cerebros». Muchas de esas personas que terminan trabajando fuera viajan a sus países de origen a impartir seminarios o de alguna forma terminan compartiendo el conocimiento que han adquirido.

    Entonces tenemos dos puntos clave: Movilidad social y transferencia de conocimiento (la cual a su vez genera mayor riqueza y esta a su vez generar más movilidad social) obteniendo el expertise de los países más desarrollados.

    Imagina que tienes un negocio de marketing y tanto tus socios como tú son personas recién graduadas con muchas ganas de romperla pero no tienen experiencia. Tú te vas a trabajar por uno o dos años a una de las empresas más importantes del ramo, y regresas con muchos conocimientos para mitigar la falta de experiencia. Bueno, eso es lo que sucede con las becas, pero a nivel país.

    Pero parece que el Gobierno Federal no lo entiende.

    La SEP, según reporta Proceso, canceló un programa de becas dejando a estudiantes desamparados en el extranjero. De buenas a primeras, eliminaron el Programa de Movilidad Internacional de Posgrados, ni siquiera se preocuparon por afectar a quienes ya estaban cursando sus estudios. Y esto a pesar de que Aurelio Nuño, el titular de la SEP, y posiblemente el delfín de Peña Nieto para 2018, se había comprometido a no hacer recortes presupuestales; asegurando que era “el momento más importante en la transformación del sistema educativo” y que “la prioridad de este gobierno es la educación. Si se claudica el futuro de este país puede ser gris”.

    Y claudicaron…

    Bueno, no claudicaron, más bien les valió madre.

    El argumento es que no hay dinero.

    Y no es la primera vez que lo hacen, o lo intentan.

    A los estudiantes se les cierra una de las puertas que da el Gobierno para estudiar en el extranjero. Sí, el Conacyt, quien otorga un mayor número de becas ahí sigue, pero…

    Pero sí tienen dinero para llevar una comitiva de varias personas a Inglaterra y Francia. La comitiva de 200 personas que llevaron a Inglaterra nos costó 7.1 millones de pesos a los mexicanos. Con ese dinero tirado a la basura podrían haber creado más de 10 becas.

    No es que no haya dinero como asegura el gobierno, es que usan nuestros impuestos pésimamente. Parte de esos recursos no sabemos a donde van a parar. Parte de ese dinero se otorga a amigos o parientes, quienes les agradecen el favor con una casa blanca. Varios gobernantes se quedan con parte del dinero, otros simplemente roban y desvían recursos. Y entonces luego ven que las arcas están vacías y no pueden destinar el dinero suficiente a varios rubros, y para obtener más, hay que gravar a los empresarios, a quienes generan el dinero. Entonces esa reducción del costo de la gasolina que habría al liberar su precio al mercado hay que eliminarla a través de un impuesto. Entonces hay que eliminar becas: Al cabo la mayoría de los estudiantes que quieren estudiar en el extranjero no votan por el PRI.

    Y la educación no es prioritaria para este Gobierno. No lo es.

    La Reforma Educativa es más bien una Reforma Laboral para poder tener el control de los maestros y quitárselas a las cúpulas sindicales. Si bien, puede parecer necesaria para quitarle el control a grupos como la CNTE, dicha reforma sólo propone eso. No propone mejoras sustanciales a la currícula.

    La educación no es prioridad para este gobierno. Menos cuando su cabeza de lo que menos entiende es de educación.

    Y menos entenderá la necesidad de transferencia de conocimiento. En las viejas épocas de su partido, las becas al extranjero se usaba para mandar a los opositores para que estuvieran allá lejos del país. – Mira, tú que eres líder activista, ¿No te gustaría ir a estudiar al MIT, o a Yale? No, no tienes que pagar nada.

    Luego se entiende por qué este Gobierno está acéfalo. Ni siquiera parecen entender para qué sirve cada cosa. Al cabo en este tipo de decisiones las consecuencias se ven a largo plazo (y no el día de las elecciones).

    Y también se entiende que el Conaculta manipule la metodología para hacernos creer que leemos 5 libros al año. Simular, simular…

  • La verdad debe decirse. México es un pueblo muy ignorante

    La verdad debe decirse. México es un pueblo muy ignorante

    No son todos, pero sí los suficientes como para preocuparnos

    Algunos estaban felices con la noticia de que en México se leen, según el Conaculta, 5 libros al año. Esta institución afirmó haber aplicado una metodología diferente, y yo la verdad creo que el incremento de libros leídos se debió a dicho cambio más que otra cosa.

    La verdad debe decirse. México es un pueblo muy ignorante

    Yo no, yo no estoy feliz con el nivel de cultura que tenemos en México. Más bien me llega a dar algo de pena. De verdad que somos un pueblo muy ignorante.

    Lo noté cuando el huracán Patricia, y lo noté más con los atentados en Francia. En estos dos lamentables sucesos (más el segundo que el primero) como se dice cotidianamente, sacamos el cobre.

    Hablo de la ignorancia entendida no sólo como escasez de conocimiento, sino también como actitud. Puedo entender que una persona pobre que no terminó la primaria sea ignorante, pero no puedo entender que alguien con un título universitario y que tuvo los recursos humanos y económicos para prepararse, lo sea.

    De verdad me encontré un cúmulo de opiniones penosas en las redes sociales, sobre todo en Twitter donde los usuarios entran a ese espacio para mostrar su dizque perfil docto y cultivado.

    Muchos creen que ser intelectual es llevarle la contra a la opinión pública. Es decir, si «los borregos» todos creen lo que se dice, entonces voy a afirmar lo contrario para mostrar mis dotes de intelectualidad, por ejemplo:

    – Yo estoy en contra de Peña Nieto porque no sabe decir los 3 libros que ha influenciado su vida; ergo, yo derrocho cultura.

    Porque es muy distinto ser crítico (con la opinión pública o un gobierno) que simplemente llevar la contra. Ser crítico implica todo un proceso de razonamiento; llevar la contra es eso, nada más decir negro cuando dicen que es blanco, es un ejercicio muy fácil y simplón.

    Y lo triste es que esta demostración de ignorancia no sólo se denotó en las personas comunes, sino en algunos que presumen ser escritores o muestran sus títulos. Escritores medianamente conocidos hablando de teorías de conspiración sin ninguna prueba y mucho sesgo ideológico.

    Hace unas horas (tomando como referencia la hora de publicación de este artículo), un twittero me reprendió por publicar una foto de una de las mexicanas fallecidas, reclamándome por qué no he subido fotos de todos los mexicanos asesinados. ¡Es un absurdo! Tan absurdo que raya en lo cómico y se convierte en una autoparodia.

    Y mucha gente se subió al barco sin entender bien que es lo que ocurre en Francia. Incluso algunos se enojaron con los franceses por declararle la guerra a Siria, cuando los galos le declararon la guerra al Estado Islámico. Y desde esos argumentos comenzaron a hacer reclamos. Nos llamaron «manipulados» cuando nosotros siempre hemos sido conscientes del papel (histórico y actual) que ha jugado Occidente en Medio Oriente para llegar a la realidad actual y de la gran responsabilidad que tiene.

    Otros comenzaron a narrar teorías de la conspiración absurdas que se imaginaron para venderlas como la verdad absoluta. – El Ocsidente te está manipulando Cerebro.

    Sí, puede ser sesgado que redes como Facebook coloquen la bandera de Francia y no la de Siria u otros países no occidentales (que como comenté, es un error si pretende ser una empresa global que de Internet a los países más pobres), por muchas razones. Facebook es un negocio que da servicios al público a cambio de publicidad de los anunciantes, no una empresa altruista, y naturalmente tenderá a reflejar sus valores occidentales. Usarla no convierte a las personas en ignorantes, aunque posiblemente sería prudente alertar de ese sesgo y entender que esa red social es un negocio «pro-occidental».

    Quienes reclamaron a quienes se solidarizaron, lo hicieron desde la ignorancia. Como si los ciudadanos occidentales estuvieran de acuerdo con lo que sus gobernantes han hecho en Medio Oriente. Generalizaciones, conjeturas, palabras al aire. Esa ha sido la constante.

    Dentro de la basura que hay en las redes sociales, hay información muy buena que puede ayudarte a entender el conflicto de una forma fácil y sencilla. Parece que ni eso sirve.

    Y me da coraje, y escribo esto porque estoy enojado, y decepcionado.

    Porque dentro de nuestra ignorancia hemos sido malagradecidos. Sí, hemos sido malagradecidos con el pueblo francés; muchos les han negado la solidaridad que ellos nos dieron cuando mataron a 43 estudiantes en Guerrero, y lo han hecho por ignorancia (y porque quieren seguir montados en ella). Nos hemos visto mal como pueblo, hemos sacado el cobre. Me da pena.

    Un amigo me comentaba molesto por la decadencia que percibe en la educación en Guadalajara. En la Universidad de Guadalajara, dice, los alumnos sólo se preocupan por la fiesta y hacer relaciones (pero eso pasa en todos lados).

    Y entonces salen de la escuela sin la vocación de adquirir conocimientos. No leen, no estudian, les preocupa sólo la fiesta, el dinero (y no es que quienes se preparan no vayan a fiestas, sólo que no es su única prioridad). Al final terminan siendo personas sin criterio propio que se tragan todo lo que ven. O bien, son aquellos que se creen intelectuales por darle la contra a todo sin construir argumento sólido alguno (esos que peyorativamente denominan chairos).

    Sí, se vale ignorar, nadie tiene conocimientos absolutos; se vale equivocarse en las argumentaciones, no somos perfectos. Lo que me molesta es que la gente opine sin saber nada pretendiendo que saben y cuando nunca se han molestado en saber. Desde ese punto es que la gente te reclama por solidarizarte con los franceses, casi te tachan de antipatriota.

    Cuando discuto con otras personas cultivadas me doy cuenta que ignoro muchas cosas, incluso cuando platico con gente que no tiene tanta cultura; pero eso me gusta, porque les aprendo. Muchas personas no, muchas personas bajo su ignorancia descalifican a los demás, por medio de frases gastadas, predecibles y repetitivas. Basta con entrar a Twitter para ver dichos argumentos repetidos que no entiendo por qué no usaron la función del retweet para no gastar energía en el teclado.

    Entonces me doy cuenta de que no puedo debatir con mucha gente.

    Y eso me frustra. Incluso la cultura en un momento dado te puede hacer sentir aislado e incomprendido (y ojo, estamos hablando de alguien como yo cuyo nivel cultural debería ser considerado promedio, pero no lo soy porque soy un vil tuerto en un mundo de ciegos, cojos y mancos al mismo tiempo).

    Y entonces entiendo por qué estamos como estamos como país, entiendo por qué tenemos a los gobernantes que tenemos.

    Entonces entendemos que más o menos sí tenemos el gobierno que merecemos. Que gente tan ignorante como Peña Nieto, López Obrador, El Bronco, y sin irme más lejos, Carmen Salinas o Cuauhtémoc Blanco, sean de los políticos más relevantes.

    Me duele. Curiosamente los dos artículos pasados tratan sobre eso, la reacción de mucha gente ante los atentados, y yo, con mis limitados recursos, tratando de señalar contradicciones que me parecen muy evidentes. De verdad me desesperé, por lo que todo esto refleja y dice de mi país.

    Esta tragedia (y no lo digo con algún afán cínico o de modo insensible) pudo ser aprovechada para que aprendiéramos más sobre lo que pasa en Medio Oriente, para conocer como es que Occidente prácticamente creó varios países en esa zona, lo cual generó un territorio inestable que ha derivado en lo que conocemos ahora. Pudimos aprender sobre cómo es que un extremista llega a serlo. Sobre como Estados Unidos colaboró indirectamente (sin querer) para armar al Estado Islámico. Pudimos aprender sobre Kurdistán (territorio de los kurdos, clave en esta dinámica geopolítica). Pero no lo hicimos, nos dejamos llevar por lo fácil, por las descalificaciones. Por repetir las mismas frases que todos repiten y que no quiere mucho raciocinio porque si muchos lo dicen, entonces es verdad.

    Y prefiero decirlo, aunque duela, y aunque me critiquen. Estoy muy enojado, pero creo tener los argumentos para estarlo. Enojado porque esta ignorancia se convirtió en una ingratitud no sólo para nuestros hermanos franceses, sino para las mexicanas que fallecieron en Francia, que pagaron los platos rotos, por estar en Francia y porque una de ellas es hija de un empresario.

    Es triste, y es nuestra dura realidad. Que aunque le pese a muchos, debe decirse.