Categoría: reflexión

  • Andrea Legarreta y el dólar no es culpa de Peña

    Andrea Legarreta y el dólar no es culpa de Peña

    Me sorprendió un poco el ruido que generaron las «declaraciones», por llamarlo así, de Andrea Legarreta.

    Me sorprende, porque primero que nada, no sé que haría una persona con estudios universitarios cuando menos (que representa el grueso de las personas que utilizan las redes sociales) viendo ese programa.

    https://www.youtube.com/watch?v=a16sF1q9thg

    Me sorprende porque no debería de sorprender que Andrea Legarreta y Raúl Araiza hagan infomerciales a favor del Gobierno de Peña Nieto. Ya lo han hecho varias veces, y no sólo eso, también han hecho proselitismo a favor del Partido Verde. ¿O qué? ¿No recuerdas cuando ibas a ver alguna película el cine durante las campañas electorales de 2012 o 2015? ¿O no recuerdas los tweets que publicaron junto con muchas otras celebridades que debió merecer la pérdida del registro del partido al que apoyan?

    Legarreta y Araiza son artistas, no son analistas, no son economistas. Es completamente natural que no puedan expresarse bien cuando tratan de hablar de un tema que no dominan en lo absoluto. Ellos siguen un guión y tienen que hacerlo suyo, pero no entienden bien lo que dicen.

    Voy a ser franco y lo que voy a decir posiblemente va a molestar a más de uno. Lo que en realidad me viene importando un pepino:

    En lo realidad, parte de lo que dijeron Legarreta y Araiza es cierto (esto si quitamos el tufo oficialista y nos remitimos a los meros datos).

    Andrea Legarreta y el dólar no es culpa de Peña

    Si el Gobierno usa este tipo de estrategias para tratar de engañarnos y para meternos cierta idea en nuestra cabeza, no es como que cuando les asista la verdad vayan a prescindir de este tipo de recursos, al contrario. Mucha gente cree que la «devaluación» (porque hablamos más bien de una depreciación y es importante entender la diferencia) es culpa de Peña Nieto y su Gobierno. Lo relacionan con las devaluaciones del 82 y del 94. Una diferencia importante es que en ese entonces, el Gobierno «devaluaba» la moneda. Ahora, el valor del peso está sujeto a los vaivenes del mercado.

    De hecho, como comenté hace unos días, son varias las monedas las que se han depreciado. No soy economista, pero allá afuera en Internet hay muchas fuentes que puedes consultar para entender por qué el peso sufrió una depreciación. En resumen:

    • La FED sube sus tasas de interés
    • La economía de China
    • La caída de los precios del crudo (en parte porque han levantado sanciones a Irán)

    Y te preguntarás por qué a pesar de todo no hay crisis. Ciertamente, no es una buena temporada para comprar productos en Amazon ni para adquirir el nuevo iPhone, pero la inflación (que en este caso, sería sintomática de una crisis provocada por una devaluación) se mantiene estable. La mayoría de los productos mantienen sus precios, y las familias casi no han visto reducir su poder adquisitivo. De hecho, los problemas económicos que pueda tener México en la actualidad, algunos sí, derivados de la corrupción de este Gobierno que hace que los inversionistas se la piensen dos veces antes de invertir en nuestro país, junto con reformas fiscales que han estancado nuestra economía.

    Y tal vez podrías argumentarme, que si tuviéramos una economía más fuerte, el peso no se devaluaría tanto. Pero este fenómeno como tal no es culpa del Gobierno.

    Técnicamente lo que dicen Legarreta y Araiza es cierto, claro, agregando claro, algunos apuntes triunfalistas para ensalzar a este Gobierno: -Quesque la gasolina y la luz bajó. Naturalmente un argumento pierde peso cuando quienes lo emiten no dominan el tema y sólo improvisan siguiendo un guión, como ocurre en el caso de estos actores. Pero basta ver la opinión de gente experta en la materia (muchos de ellos, duros críticos de este Gobierno) para darse cuenta que no están tan alejados de la realidad.

    El gobierno de Peña Nieto tiene muchos defectos, y en este blog he hecho sobradas críticas sobre ellos. Pero en el caso de la depreciación del peso frente al dólar, no, no es culpa de Peña, y sí se explica más por medio de fenómenos exógenos como los que ya he mencionado.

    Más que el dólar, me preocupa más que veas ese programa por las mañanas.

  • Tajamar, los manglares y cómo estamos acabando con nuestro entorno por unos pesos

    Tajamar, los manglares y cómo estamos acabando con nuestro entorno por unos pesos

    Entiendo que los seres humanos tenemos la necesidad de desarrollarnos, tenemos que construir ciudades y satisfacer nuestras necesidades, es parte de nuestra naturaleza.

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    Pero para poder coexistir, necesitamos mantener el equilibrio de nuestro entorno, lo cual significa que se tienen que poner restricciones a muchas de nuestras ambiciones por las repercusiones que se pueden tener a largo plazo debido a éstas.

    ¿Te has preguntado el sinfín de casualidades que se tuvieron que dar para que estemos donde estamos, en un mundo de más de 6 billones de personas quienes habitan un planeta que les puede procurar recursos para sobrevivir (excepto cuando trata de nosotros mismos)?

    Que la tierra tuvo que estar a tal distancia frente al sol y que necesito tener ciertas características para desarrollar vida (desde su formación hasta la misma casualidad para que con dichas condiciones la vida surgiera). La tierra tiene una atmósfera de ciertas condiciones muy específicas, y se tuvo que dar una gran casualidad para que de la nada se formara vida, y ultimada-mente vida inteligente.

    Entonces nos damos cuenta de que nuestra existencia pende de un hilo muy delgado, y los seres humanos tenemos la capacidad de romperlo.

    La tierra nos está dando señales claras de que algo estamos haciendo mal. Fenómenos climáticos que no sólo son debido a causas exclusivamente naturales y que han cobrado la vida de muchas personas. Ahí está el derretimiento de los polos que está comprometiendo el futuro de grandes ciudades debido al nivel del mar.

    Basta ver la fotografía del manglar de Tajamar. Mírala y piensa si esa forma de convivir con la naturaleza es sana.

    Tajamar, los manglares y cómo estamos acabando con nuestro entorno por unos pesos

    Cierto, no es como que tengamos que regresar a las cavernas; el hombre debe modificar el estado de la naturaleza para poder satisfacer sus necesidades y hasta para sobrevivir. La cuestión es cómo se hace y es nuestra responsabilidad que el impacto sea el menor posible. No es lo mismo construir un conjunto de edificios de departamentos en una zona estéril, cuya vegetación no es tan abundante; que desarrollar un coto o un conjunto de condominios en un bosque para que sus habitantes se sientan artificialmente arropados por la naturaleza (la cual, en parte, ya fue destruida) porque el desarrollador decidió poner pasto en las casas con vista a lo que queda de bosque.

    Destruir manglares sin siquiera tener precaución por el ecosistema o los animales que ahí habitan, como si simplemente fueran un estorbo en una época donde tenemos muchas especies en peligro de extinción y las áreas verdes se están acabando.

    Todo «en pro del progreso».

    El Estado débil sucumbe ante la voracidad de los desarrolladores. Muchos provocan incendios para que cuando el área afectada quede sin vida, ya no pueda restringir ahí su construcción. El Estado, la academia, y la ciudadanía deberían de pensar en un modelo urbanístico que permita al ser humano desarrollarse de forma armoniosa con el medio ambiente. Lo que ocurrió en Cancún es muestra de la voracidad de algunos cuantos por ganar un buen fajo de billetes en un mundo donde según la Oxfam el 1% más rico ya tiene tanto como el otro 99%.

    Y ciertamente, Cancún es una ciudad que ha crecido sobre manglares que han sido destruidos con el tiempo, y no se trata regresar a este destino a su «Estado selvático», sino que las autoridades deberían de tener un mayor criterio sobre lo que se debería de construir ahí y menos debería permitir la forma en que el manglar de Tajamar fue destruido, sin siquiera molestarse por respetar a la fauna que ahí vivía.

    De igual forma, en Guadalajara, desarrolladores han intentado construir departamentos sobre el bosque de los Colomos, que es considerado después del bosque de la Primavera (también afectada por su voracidad) el pulmón más importante de la ciudad, y un lugar casi sagrado por la ciudadanía.

    Su intención es ganar dinero en el corto plazo sin importar como afectan a la ciudad y su entorno. La estrechez de miras donde lo único importante es el negocio, asumiendo que en todos los casos lo que es bueno para los negocios es bueno para la sociedad, no permite crear ciudades sostenibles donde los ciudadanos puedan desarrollarse en un ambiente sano. Dicha voracidad ha terminado por construir ciudades improvisadas llenas de tráfico, compuestas por cotos y edificios desparramados por todos lados sin orden ni propósito alguno, donde la calidad de vida disminuye por la mala calidad del aire, por las congestiones de tráfico y el deficiente transporte público. Y este, con pequeñas diferencias, es la constante en las ciudades de nuestro país.

    Con esto, podemos concluir que dichas decisiones no sólo afectan a nuestro planeta a largo plazo, sino que la ciudad ya lo reciente en un corto y mediano plazo.

    No importa que muchas instancias internacionales insistan en tener una mayor preocupación por el medio ambiente y sugieran ciertas políticas públicas para que los gobiernos hagan el papel que les toca. La corrupción, los estados débiles, una clase empresarial obsoleta sin preocupación por su entorno y una sociedad que todavía no termina de estar tan preocupada por el tema, son un obstáculo para que nuestro país se involucre y tome decisiones firmes que ayuden a preservar nuestro medio ambiente.

    Los temas de los manglares devastados y de los bosques amenazados por torres de departamentos «con vista a lo que queda del maravilloso bosque» nos deberían de preocupar, porque esto no sólo nos afecta a nosotros, sino que afectará sobre todo, a las nuevas generaciones quienes tendrán centros comerciales de sobra construidos sobre las otrora reservas ecológicas y espacios verdes a los que acudirán preguntándose por qué la ciudad está tan contaminada y por qué sus vías respiratorias enferman con frecuencia.

    Esto es un problema de todos.

  • Más competencia y menos Récord Guinness

    Más competencia y menos Récord Guinness

    ¿Por qué nos encanta romper los Récord Guinness?

    Préndale a la televisión. Sintonice alguno de esos noticieros matutinos o programa de revista, siempre hay un récord que se está rompiendo: La enchilada más grande del mundo, el vaso de jugo de naranja más grande, la mentada de madre más grande del mundo, la torta ahogada, la rosca de reyes, la piñata, la pirámide de vasos inspirada en Star Wars. Basta entrar a la página oficial para ver cómo México destaca por romper este tipo de records.

    Más competencia y menos Récord Guinness

    Lo peor del caso es que eso nos da orgullo.

    Los Récord Guinness,  curiosa iniciativa de la famosa cervecera que lleva el mismo nombre, anima a los curiosos a romper cualquier tipo de récord para plasmarlo en el libro que publican anualmente. Cuando hablamos de «récords» hablamos de cualquier tipo de «récord» por haber. Es decir, desde 100 metros corridos en trajes de baño, hasta el ser humano más longevo del mundo. Algunos de sus registros sí, son interesantes, pero muchos otros son poco menos que circo o una divertida forma de perder el tiempo. Los nuestros no suelen ser los más ingeniosos, sin faltar a la verdad.

    Y se me hace curioso porque México no es un país donde estemos acostumbrados a competir. Muchas de nuestras empresas se han desarrollado en condiciones monopólicas y quieren mantener su status quo. No somos un país meritocrático, las palancas importan más que el esfuerzo, la inventiva o la iniciativa: Ser hijo de alguien para aspirar tal puesto, estar en la «prepa oficial» (que no necesariamente es la que tiene la mejor calidad) para poder entrar a estudiar a la universidad pública sin examen de admisión, tener contactos en el Gobierno para que a mi empresa le vaya bien.

    No acostumbramos a ganarnos las cosas con base en el esfuerzo, sino que más bien, aprovechando el status quo y la cuestionable estructura social en la que vivimos (de la cual tanto nos quejamos, pero de igual forma echamos mano) tratamos de subir escalones en la pirámide social. No, no nos gusta competir.

    Por eso es que los Récord Guinness funcionan en nuestro país. Si te pones a pensar bien, en muchos casos no estamos compitiendo contra nadie. ¿En cuantos países se hacen tortas ahogadas? ¿En cuantos países se preparan enchiladas? Tampoco necesitamos ser creativos, no es lo mismo juntar a 1,000 músicos aficionados para tocar un cover de Foo Fighters y que suene bien, que hacer una rosca de reyes, que es una rosca común, pero que mide un kilómetro.

    Lo más triste del caso, es que muchas veces se le da más cobertura noticiosa a este tipo de actividades, que a los records que se rompen y sí valen la pena. Mexicanos que ganan torneos de robótica, campeones de las matemáticas, científicos connacionales que logran trascender en otros países.

    Los Récord Guinness en México funcionan porque no se requiere de un enorme esfuerzo ni de disciplina para romperlos. Juntar a cientos de personas para mentarle la madre al Gobernador de Jalisco (que sí, es Récord Guinness por ser la más grande del mundo), no sólo no requiere de esfuerzo, sino que es fácil encontrar los voluntarios que deseen participar.

    Mientras que en todo lo demás, en lo que sí importa, preferimos mantener nuestros privilegios donde no tenemos que salirnos de nuestra zona de confort.

     

  • Cuando yo tenía pesadillas con David Bowie

    Cuando yo tenía pesadillas con David Bowie

    Cuando era niño tenía pesadillas con David Bowie, y ahora creo que las volví a tener.

    Me explico. Mis papás me rentaron la película de Laberinto en el Videocentro. En la trama de esa película aparecía un personaje muy excéntrico (sobre todo por la edad que tenía en ese entonces) cargando un bebé, hermano de Sarah. Dicho personaje (Jareth) fungía como el rey de los goblins, quien retó a Sarah a cruzar un laberinto que tenía un sinnúmero de acertijos en 13 horas para que su hermano no se convirtiera en un goblin.

    Tuve pesadillas con dicho personaje. Después, tiempo después, me daría cuenta que quien había entrado a mis sueños con saña era David Bowie.

    Décadas después, no pedo dejar de admirar el escalofriante video de Lazarus que se desprende de su último disco Black Star. Esto por varias razones:

    Porque la canción es realmente buena, porque esa línea de bajo tan trip hop acompañada por unos muy exquisitos y oscuros arreglos la convierten en una gran obra.

    Segundo, porque el video es «escalofriantemente bueno».

    Y tercero, porque hablamos de una de las mejores canciones de un disco que se lanzó días antes de su muerte. De hecho queda muy patente en esta obra la lucha de Bowie contra el cáncer. Ver este video recién publicado, tomando en cuenta que él acaba de morir y que lo hizo días después de lanzar este disco, le da un gran valor. Se pone la piel china al ver y escuchar Lazarus en estas circunstancias.

    Basta escuchar la letra para entender de que trata y cómo es que se vuelve muy significativa en el lecho de su muerte:

    Look up here, I’m in heaven

    I’ve got scars that can’t be seen

    I’ve got drama, can’t be stolen

    Everybody knows me now

    Se dice (y generalmente así ocurre) que los cantantes y bandas de rock llegan a un climax creativo del cual después bajan. En el caso de Queen (otra banda grandiosa) no se terminó ese ciclo y la banda dejó de existir cuando mantenían un gran nivel compositivo y creativo. Pero fue la muerte de Freddie Mercury la que se cruzó en el camino. Freddie y su banda se despidieron de gran forma con The Show Must Go On meses antes de morir. Freddie estaba muy enfermo y ya sabía lo que venía. Los genios lo son hasta el momento el adiós, y habiéndose ido lo siguen siendo.

    A diferencia de Queen, Bowie murió a los 69 años. A esa edad, quienes continúan activos, siguen viviendo de glorias pasadas y creando espectáculos (algunos bastante buenos) dirigidos a aquellos quienes fueron sus seguidores y a los más jóvenes curiosos de conocer a «esa leyenda»; en tanto que siguen publicando discos mediocres o decentes cuando mucho (o simplemente ya no lo hacen y se dedican a dar conciertos). Los Rolling Stones son un ejemplo.

    Pero David Bowie no se fue con un disco mediocre, ni con una obra que simplemente rememorara al Bowie de antes. Lo hizo con una gran obra, básicamente una gran obra de despedida: Las letras, la música y los videoclips lo delatan.

    Y Bowie desde hace más de una década se rehusó a dar conciertos y a hablar en público.

    Son muy pocos los artistas que se pueden dar el lujo de despedirse de esa forma. Bowie lo hizo con Blackstar, donde prácticamente «rompió» con lo establecido, y en vez de pretender que músicos de rock trataran de tocar jazz en su último álbum, decidió hacer lo opuesto: que músicos de jazz trataran de hacer rock, y el resultado es admirable.

    Bowie se fue haciendo lo que mejor sabe, romper esquemas:  Los genios lo son hasta el momento el adiós, y habiéndose ido lo siguen siendo.

    Nunca fui un gran fan de David Bowie en el sentido de que «no compraba todos sus discos» y conozco tan sólo sus obras principales (no más allá de 20 canciones). Pero no es necesario romperse mucho la cabeza para entender que fue un genio, una persona irreverente que marcó a muchas generaciones, que creó sus propios alter-egos (como Ziggy Stardust), y se codeó con otras grandes bandas como Queen o Pink Floyd, además de influir musicalmente en muchas otras.

    Tan grande que tuvo el honor de ver a un astronauta interpretar su Space Oddity:

    Y da gusto ver que un genio se vaya así, dignificándose; recordándonos en su último respiro su capacidad para sorprendernos. Casi en el lecho de su muerte emitió su última chispa, pero fue una grande, o más bien un luminoso fuego pirotécnico.

    DEP David Bowie

  • Las teorías de la conspiración, las cortinas de humo, y el uso de tu imaginación

    Las teorías de la conspiración, las cortinas de humo, y el uso de tu imaginación

    Hace poco más de 10 años, entre a un «curso de superación personal» llamado Mexworks. Resultó que dicho curso, a pesar tener algunas dinámicas útiles, también tenía una estructura piramidal de reclutamiento donde a los miembros se les insistía hasta el cansancio enrolar a nuevos participantes. Utilizaba ciertos mecanismos de manipulación para hacer que funcionara y fuera rentable para quienes lo dirigían. No era una secta como tal, pero sí que tenía muchos elementos sectarios (varios cuyo origen están en la cienciología). Durante mi estancia en el curso, investigué en Internet sobre Mexworks y comencé a abrir los ojos. Podía más mi curiosidad que todo ese sinnúmero de sensaciones (positivas y negativas) que se tienen en el curso, y que hace que quienes participan en él, lo defiendan a capa y espada.

    Las teorías de la conspiración, las cortinas de humo, y el uso de tu imaginación

    Al ver y vivir dicho, quedé sorprendido con la forma en que se podía jugar con la mente del ser humano y eso me llevó a despertar mi curiosidad sobre el tema; y gracias a ello fue que me empezaron a interesar las teorías de la conspiración. Si con un curso donde encierras varios días a varias personas en un salón puedes hacer que hagan cosas que en otro momento las avergonzaría, ¿qué no pueden hacer los gobiernos para manipularnos?

    Di con esta página web (la cual sigue intacta desde ese tiempo) y me dije a mí mismo: ya entendí todo. Adquirí inmediatamente los libros de 1984 de Orwell y Un Mundo Feliz de Huxley para reforzar mi idea de que vivíamos en un brainwash masivo.

    Pero muy pronto me di cuenta de que no era tan así.

    Es decir, sí, los gobiernos engañan y mienten. De hecho, a diario estamos sujetos a diversos impulsos que tienen el fin de beneficiar a terceras personas. Tanto la marca que se quiere posicionar en tu mente para que la recuerdes, el político que persuade o medios que pretenden favorecer a un político o corriente ideológica. Son tantos impulsos que se hace muy indispensable el criterio propio para poderles dar su justa dimensión.

    Y ciertamente, hay muchas cosas que no sabemos ni sabremos nunca. No conocemos todo lo que ocurre tras bambalinas, lo que ocurre en las conversaciones privadas de los congresos, de las juntas de políticos con empresarios, en los organismos internacionales.

    «Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo.» Abraham Lincoln.

    Pero sería absurdo pensar que existe una estrategia mundial efectiva y bien delineada para lavarnos el cerebro. Durante ese curso, estaba en un cuarto cerrado donde se tenía prohibido utilizar el teléfono celular, habían numerosas reglas, había un gran control sobre los participantes. En los regímenes totalitarios donde hay un férreo control de la población es más factible pensar algo así, y lo es porque el castigo por disentir es muy alto (prisión o pena de muerte). Seguramente muchos norcoreanos son muy escépticos sobre el régimen que los gobierna, pero saben que rebelarse puede costar la vida (y la de sus seres queridos).

    En nuestro caso no es así. En los países occidentales existe mucha mayor flexibilidad para disentir. Si bien hay muchas instancias que tratan de llevar nuestra forma de pensar por alguno que otro rumbo, es posible criticarlas y ponerlas sobre la mesa, lo cual impide un control absoluto.

    La persuasión es, entonces, la forma más utilizada para promover alguna ideología o pensamiento (ya sea por convicción o interés). De hecho, nuestra cultura actual es resultado de varios intentos de persuasión, desde el derecho del voto a la mujer, la pena de muerte en algunas entidades, el aborto. Lo que se promueve puede ser benéfico para la sociedad o puede no serlo (o puede estar en discusión), se puede utilizar a los medios de comunicación, puede invertirse mucho dinero y sí, se puede obtener un resultado, pero el ser humano tiene la capacidad de disentir. Al final, el ser humano puede no tomar la mejor elección (que beneficia a algún grupo de interés), pero incluso ya puesta en marcha puede cuestionar sus efectos.

    Para persuadir de forma acertada se necesita algo más que «unos pocos que controlan al mundo», para que eso suceda y puedan controlar siempre a todos, tendrían que tener legitimidad por medio de aquellos que lo controlan para sostenerse en el poder, y para ello se necesitaría un férreo control. En realidad el ejercicio de poder en el mundo moderno es más bien vago, y como afirma Moisés Naím, éste se está fragmentando. No sólo no podemos pensar en un orden mundial, más bien quienes detentan poder se han dado cuenta que este es más volátil y más difícil que mantener que antes.

    Entonces podemos hablar de gobiernos que nos persuaden. Nos persuaden a pensar que López Obrador es un «Peligro para México», que Peña Nieto «mató a los estudiantes de Ayotzinapa», o que la privatización de los hidrocarburos es necesaria. Estos argumentos que pongo de ejemplo pueden ser válidos o no, o pueden tener solamente una validez parcial, pero son argumentos que se han repetido de forma incesante.

    conspiranoide

    Te puedes dar cuenta de que muchas personas toman como válidos dichos argumentos, pero no todos, y algunos otros se muestran escépticos. Esto es porque tenemos libre albedrío (que a veces algunos conspiracionistas parecen negar), y muestra también de que es muy difícil manipular a toda la población en su conjunto.

    Entonces quienes lo hacen sólo pueden aspirar a convencer a cierto número de personas que generen la suficiente masa crítica para obtener un beneficio. Por ejemplo, convencer de una mentira al 30% de la población de tal forma que x o y candidato no pueda obtener mayoría absoluta o pueda pasar una ley.

    Es decir, los «manipuladores» saben que se enfrentan a un grupo de individuos lo suficientemente complejos y bajo circunstancias tan complejas, que la premisa «estímulo – respuesta» termina siendo poco precisa e ineficiente.

    En realidad tenemos a muchas personas (políticos, medios) tratando de convencernos de muchas cosas. Incluso posturas antagónicas pueden ser falaces las dos: Juan puede decir que Pedro es la encarnación de Satanás, y Pedro decirse un ángel santo. Este tipo de falacias son muy comunes dado que los individuos muchas veces toman alguna postura y se aferran a ella. Es más cómodo hacerlo así.

    Y la realidad es que para encontrar la verdad, o algo parecido a ella, tenemos que investigar. Pero ¡sorpresa! Muchas personas no tienen el tiempo de hacerlo, y a muchas otras les da pereza.

    Es más fácil crear teorías de la conspiración, y sobre todo, es más divertido.

    Es más fácil afirmar que el mundo está manipulado por unos pocos, por una orden, por los Illuminati quienes supuestamente tienen el control absoluto, que entender la complejidad de nuestro mundo.

    Las teorías de la conspiración son eso, argumentos que no tienen sustento empírico. Los conspiracionistas tratan de tapar huecos de información sobre algún tema hilando temas donde en realidad no hay relación alguna: Si no entiendo bien como se forma un huracán, si no confío en las autoridades porque mienten cada rato (un hecho), y si escuché por ahí «quesque» se puede manipular el clima con químicos, entonces la conclusión es que el huracán es una fabricación deliberada. Aunque ese argumento sea fácilmente rebatible, aunque información sobre huracanes abunde en Internet.

    Por eso a veces ni siquiera son huecos, es pereza.

    Entonces es más fácil encontrar divertidas relaciones: Que la captura del Chapo se utilizó como cortina de humo para ocultar la depreciación del peso.

    Es más fácil que leer algún artículo de algún economista que explique por qué nuestra moneda se está depreciando. Que nos digan que el peso se depreció al igual que muchas monedas en el mundo por la devuación del Yuan o porque los gringos subieron sus tasas de interés, se escucha menos atractivo que una atractiva historia donde el Gobierno quiere empobrecer a su población ocultándola de la verdad a través de cortinas de humo.

    Y ciertamente, nuestra historia (ésto es básico) muestra una relación muy desgastada entre Gobierno y gobernados. Quienes crean dicho argumento del Chapo y el dólar, toman sí, como base las devaluaciones que han derivado en crisis económicas y donde el Gobierno ha tenido responsabilidad.

    Pero cada situación es diferente. Aquí por ejemplo, partiendo del hecho de que el Gobierno ya no puede devaluar por decreto, sino que la relación peso – dólar se establece automáticamente por el mercado.

    Pereza para investigar + desconfianza = la fórmula perfecta para crear este tipo de teorías.

    No, no estoy insinuando que creas todo lo que dicen las autoridades, por el contrario. Pero para «desconfiar» se necesita información y argumentos, no suposiciones. De hecho, paradójicamente, algunas teorías de la conspiración se promueven para beneficiar a algún grupo de interés. Ejemplo, cuando sectores de la izquierda trataron de colocar el mensaje de que el Presidente Peña Nieto mandó a matar a los estudiantes de Ayotzinapa, o cuando el mismo Peña Nieto sugirió que el tema de la casa blanca era una mentira creada por grupos de interés focalizados que lo querían afectar (y algunos de los columnistas oficialistas comenzaron inmediatamente a sugerir a Carlos Slim y López Obrador como los artífices de la conspiración en su contra).

    Dicen que las sociedades más preparadas son más difíciles de manipular, técnicamente es cierto. De la misma forma, la gente más informada tiende menos a creer teorías de la conspiración porque son más proclives a investigar del tema sobre el que guardan escepticismo.

    Ciertamente, no sabemos todo lo que ocurre en el mundo, pero pensar que vivimos bajo una gran teoría conspirativa sólo nos llevará a ser más paranoicos y a tener menos herramientas de dilucidar qué es lo que está pasando. Entendido todo esto, te darás cuenta de que los conspiracionistas tienen menos capacidad de cambiar la realidad, aunque crean que es lo contrario, y que ellos se dieron cuenta de la manipulación a la que todos, dicen, somos sujetos.

  • Y estaban sentados a la derecha del Chapo

    Y estaban sentados a la derecha del Chapo

    Sean Penn y Kate del Castillo cometieron un error.

    No sólo desde el punto de vista legal, porque quien se encuentra con un criminal buscado por el Estado, está obligado de informar a éste, de lo contrario se convertiría en un cómplice. Según un agente del Gobierno Federal que platicó con CNN Expansión, un periodista puede entrevistar a un criminal (como lo hizo Julio Scherer al entrevistar al Mayo Zambada), pero ni Kate del Castillo ni Sean Penn son periodistas. En estos momentos se debate si lo que hicieron fue un delito o no, pero lo que queda claro es que cometieron un error.

    Y estaban sentados a la derecha del Chapo

    Me refiero más bien al tema de la congruencia.

    Sean Penn durante mucho tiempo ha denunciado los excesos cometidos por el Gobierno de Estados Unidos, pero al mismo tiempo se ha encargado de deificar a figuras autoritarias como Hugo Chávez o Fidel Castro. Ahora, aunque reconociendo a regañadientes los nocivos efectos del oficio del Chapo, nos presenta al narcotraficante más buscado del planeta como una víctima del sistema:

    El Chapo asegura que las drogas destruyen, pero no se siente responsable del daño que ha hecho, porque afirma que si él no estuviera, el tráfico y las organizaciones seguirían existiendo. También le comentó a Penn en el video que le envió, que entró a ese negocio, porque no había otra forma de salir adelante.

    Kate del Castillo fue por mucho tiempo actriz de Televisa. Después actuó en películas como Colosio y La Reina del Sur, para después planear sin éxito el filme autobiográfico del Chapo.

    No sé que haya pasado en Televisa o que haya acontecido en su vida, pero Kate más que volverse opositora al régimen de Peña Nieto, se convirtió en una ferviente opositora a todo lo que huela a sistema establecido, como los políticos, la Iglesia, los medios, o el matrimonio. Me imagino que a partir de ahí nació su curiosidad por conocer al capo, con quien tenía contacto desde que le escribió una carta en supuesto tono irónico (parece que en realidad lo único irónico era la ironía misma).

    Basta leer el extenso artículo en Rolling Stone donde se percibe cierta admiración hacia el criminal por parte de Sean Penn.

    Por cierto, ese artículo me fue útil para mejorar mi vocabulario del idioma inglés, y nada más; es poco menos que basura.

    Sí, la noticia, la primera plana, es que los actores se vieron con El Chapo para entrevistarlo, el encuentro causó el suficiente revuelo como para escribir de eso. Pero el contenido del artículo es basura. Lo único relevante es que uno puede ver al Chapo hablar, y responder a preguntas mal formuladas respuestas muy predecibles y obvias.

    Bueno, hay otro detalle que también es relevante, y es que viendo el video, me pregunto como el narcotraficante más buscado del mundo, y una de las personas más ricas del planeta tiene dificultad para articular frases y su léxico es demasiado pobre. No espero a una persona culta en un narcotraficante, pero me impresiona que un capo que ha creado todo un imperio y que ha tejido redes en varias partes del mundo, tenga problemas para expresarse:

    Es decir, Kate y Sean Penn se sumergieron en esta «aventura» para traernos un artículo sin valor periodístico.

    Y se entiende que muchos periodistas estén indignados, porque hay que recordar que gracias a capos como El Chapo, muchos periodistas han muerto en nuestro país. Los actores hicieron una entrevista a modo, donde todo lo publicado tuvo que ser aprobado por el narcotraficante, con quien convidaron, tomaron tequilas y comieron tacos:

    “It’s not on par with the sacrifice of many of my colleagues in Mexico and throughout the world who have lost their lives fighting censorship. (no es parejo con el sacrificio de muchos de mis colegas en México y todo el mundo quienes han perdido sus vidas combatiendo la censura) – Alfredo Corchado”

    Puedo entender (más no justificar) cómo una comunidad puede admirar a un narcotraficante porque éste ha construido escuelas, alimentado bocas y proporcionado servicios que el Gobierno no otorga. Pero no puedo comprender que personas quienes supuestamente tienen cierta preparación, tengan la osadía de admirar a este tipo de criminales, o al menos de presentarlos como víctimas.

    Porque vaya, es muy válido estar en contra del Gobierno de Peña Nieto o también es válido recriminar las acciones del Gobierno de Estados Unidos, de hecho es algo sano en una democracia. Pero la congruencia termina cuando para ese efecto muestras cercanías con figuras autoritarias o hasta narcotraficantes que representan algo igual o peor a quienes te estás oponiendo.

    Ya lo dijo Kate del Castillo, preferiría al Chapo que al Gobierno.

    Sí, en el Gobierno hay mucha corrupción, de hecho cuando hablamos del Chapo, tenemos que hablar de la complicidad del Gobierno en varias etapas de la historia.

    Pero sería estúpido pensar en tumbar a ese Gobierno y dejarnos en manos de narcotraficantes.

    Porque a fin de cuentas como sociedad necesitamos un Gobierno, un contrato social, y si no funciona bien hay que arreglarlo, no tirarlo para dejarnos a la intemperie y a la merced de personas nocivas cuya ausencia de valores es notable.

    También están quienes preferirían tener al Chapo en las calles con tal de no tener que aceptar que el Gobierno tuvo un acierto. Como he mencionado antes, se debería recriminar a Peña Nieto porque sus acciones tienen en mal estado a nuestro país, no desear que al país le vaya mal para ver a Peña Nieto fracasar (como se puede constatar reiteradamente en las redes).

    Esos que dentro de sí lamentaron su detención porque implica darle crédito a quien consideran «el enemigo» (más enemigo que el Chapo). Mientras que al mismo tiempo, en el estacionamiento del departamento, dos niños juegan a ser narcotraficantes.

    Muestra sí, de la pérdida de valores, aunque quienes dejan ver patente ese problema presuman lo contrario y afirman estar preocupados por la pobreza, la injusticia y la desigualdad. – Yo soy bueno, soy de izquierda (cuando ser de izquierda o de derecha no tiene nada que ver con la integridad o la bondad), arriba el «Che», arriba Pancho Villa, viva Chávez, el Chapo es una víctima del sistema capitalista-neoliberal, #FueElEstado.

    La ideología y la necedad antes que la empatía con los semejantes.

    Y mientras, miles de personas siguen muriendo a cada día por el crimen organizado. Esos parecen no importar tanto.

  • El Chapo y tu imaginación. Mis primeras impresiones

    El Chapo y tu imaginación. Mis primeras impresiones

    Hace unas horas escribí mi artículo. Por alguna extraña razón técnica desapareció (WordPress, el sistema que sostiene a este sitio, hace continuos respaldos de tal forma que eso no debería de suceder). Ya con las ideas desarrolladas posiblemente logre escribir un mejor artículo que no puede considerarse el definitivo, y sí, una especie un compendio de las primeras impresiones. Considero imprudente escribir un artículo profundo dado que apenas ha pasado medio día de la captura del Chapo, y el Gobierno, hasta lo que he entendido, no ha dado muchas explicaciones.

    El Chapo y tu imaginación. Mis primeras impresiones

    Pero a pesar de esto, hay cosas que son palpables a primera vista, y sobre ellas quiero hablar y hacer mi crítica. Después, conforme pasen los días, podré hacer una crítica más profunda sobre la detención del Chapo, así que ahora me limitaré a analizar lo que rodea a este suceso.

    Hace tiempo no había visto con buen semblante a Peña Nieto. Naturalmente sabe (o al menos piensa) que un suceso de esta naturaleza podrá ayudarle un poco a levantar esa alicaída imagen.

    https://www.youtube.com/watch?v=UYEs3UN_7NI

    Seguramente él o su gente giraron instrucciones a su equipo de comunicación para aprovechar mediáticamente esta detención. Los medios «tradicionales» (cada vez más frecuente eufemismo de «oficialista») harán un gran eco del suceso, del logro del Presidente (porque en México cada acierto es acierto del Presidente y cada error, es error del Presidente), mientras que los medios digitales (en su mayoría) tomarán la noticia con pinzas y un mayor escepticismo.

    Mientras Peña y su equipo anuncian su logro con grandilocuencia y con la parsimonia típica de los gobiernos del PRI, los opositores en las redes (entiéndase desde ciudadanos comunes hasta opinadores, escritores y demás especies) toman la nota con dos formas distintas escepticismo: Una forma de escepticismo sana, y otra más cercana a la teoría de la conspiración.

    Algunos insisten en ver una macrabra relación entre la depreciación del peso frente al dólar y la detención del Chapo. Aunque sería absurdo crear una cortina de humo cuando esta depreciación está a la vista de todos. Además, hay que entender la depreciación del peso como un fenómeno global producido por la devaluación del Yuan, la caída de los precios internacionales del petróleo y el aumento de las tasas de interés de la FED (Reserva Federal de Estados Unidos). De hecho monedas como el peso colombiano, o el won surcoreano se han depreciado más frente a la moneda estadounidense.

    Es decir, al menos en la mayor parte, la depreciación del peso no es culpa del Gobierno Federal, aunque tener un Estado de derecho y una economía poco productiva naturalmente hace que el país resienta mucho más esta coyuntura internacional.

    Pero la realidad es más aburrida y más difícil de entender (requiere imaginar menos y pensar más).

    Y hablando de «inventar historias», el Gobierno Federal también inventa la suya. Se postran como los héroes que han detenido al Chapo.

    Sí, su detención se puede considerar un acierto del Gobierno. Se les puede reconocer, mas no se puede festejar y mucho menos vestirlos como héroes. No se puede levantar en brazos a quien apagó un incendio que él mismo provocó. Menos se puede hacer cuando las raíces del mal, las raíces de la corrupción y de la débil institucionalidad que provocaron la fuga del Chapo siguen ahí y no se ha hecho nada por combatirla.

    Apagaste el fuego de una casa que has quemado y a la hora de salir a celebrar, has dejado prendida la estufa.

    El Gobierno aplaude con grandilocuencia y hasta con una dosis de cinismo su logro. No esperan a ser aplaudidos, ellos lo hacen, se reconocen intentando no con mucho éxito que sus gobernados los emulen. Esto en su ya clásica lejanía aislados en una especie de burbuja o mundo paralelo.

    No recuerdo haber visto a Obama «festejando» el abatimiento de Osama Bin Laden. En cambio, en una detención, que pudo haber tenido su dosis de suerte, dado que el propósito de dicha operación era detener a «El Cholo Iván» y no a Joaquín Guzmán Loera, Osorio Chong (como muestra el video que inserté arriba) festejó, aplaudió y abrazó como si hubiera ganado algún tipo de concurso. En la cuenta de Facebook de Peña Nieto se puede ver a él y a su gabinete de seguridad con una gran sonrisa y una pose triunfalista, como si dicha imagen fuera premeditada o preparada con antelación:

    El chapo y el dólar

    Se habla de Estado de derecho, de misiones cumplidas, de «todos los mexicanos» como esperando que con esto, el pueblo por fin le de un voto de confianza. Pero esa parsimonia, esa simulación, termina creo yo, creando desconfianza. Mientras en un país desarrollado como Estados Unidos o Francia, el mandatario ejerce su figura de líder ante los gobernados, pero no un líder absoluto, sino uno ejercido con seriedad y que pende de su relación con quienes gobierna, en el México que no ha terminado de democratizarse, quien debería ser el líder, considera que tiene el derecho de «auto festejarse y autorreconocerse» antes de que el pueblo lo haga.

    Y ahí está el error:

    Porque el Presidente, si se considera democrático, debería fungir como un empleado con más de 100 millones de jefes.

    Y en una empresa los empleados no se mandan a hacer sus diplomas, ni uno se autodesigna el empleado del año. El Presidente puede hacer o comunicar, pero el que debe de hacer el juicio es el pueblo a quien gobierna.

    El Gobierno se preocupó más por el «auto aplauso» que por darle una explicación de lo ocurrido a la ciudadanía. Pasaron horas para que empezaran a hablar de los detalles cuando ya se habían vanagloriado una y otra vez. Nadie niega que el Gobierno merece una dosis de reconocimiento, pero quien reconoce es la ciudadanía, y la dosis que ha empleado el Gobierno para «auto reconocerse» ha sido bastante excesiva.

    Justo hace dos días escribía sobre la preocupante calma que se vivía en el país, donde parecía que no pasaba nada, donde el Presidente no hacía mucho ruido y sus más férreos opositores dejaban de subir memes. Bastó este acto para recordarnos la realidad de las cosas, que dicha tranquilidad era algo así como una tregua no pactada, un descanso tal vez necesario.

    Pero la realidad sigue ahí, y la cuestión es ¿qué vamos a hacer con ella?

  • Es el 2016, y en México todos estamos dormidos

    Es el 2016, y en México todos estamos dormidos

    No sé ustedes, pero desde hace tiempo llevo escuchando más bien poco sobre nuestro querido, amado y guapetón mandatario Enrique Peña Nieto.

    Parece ser que últimamente no se ha metido en problemas, pero al mismo tiempo se ha exhibido muy poco. No sé por qué sea. Posiblemente han considerado que tiene que mantener un perfil bajo pensando en que las elecciones del 2018 están cada vez más cerca. Posiblemente esperen a que para ese entonces las reformas hayan surtido algún tipo de efecto.

    Es el 2016, y en México no pasa nada, todos siguen durmiendo

    Las redes sociales casi ya no hablan de él, casi no hay memes, ni mentadas de madre. Hay una curiosa y tensa calma. Algo de llamar la atención.

    El sistema sigue trabajando como sabe. El New York Times exhibió duramente en sus planas a nuestro querido presidente, para que después la misma presidencia respondiera afirmando que este diario está tergiversando la información. Lo cuestionaron duro sobre los temas que conocemos: La Casa Blanca, la fuga del Chapo y Ayotzinapa. Y los medios mexicanos callaron. Tan sólo Grupo Reforma, conocido por su enemistad con el gobierno actual, hizo caso de la nota.

    Y esa es una muestra del control que tiene el gobierno sobre los medios tradicionales. La crítica ya todos la conocemos, más bien es el peso de quien ahora emite dicha crítica.

    Pero aún así, esta nota sólo tuvo eco en la comentocracia y en algunos usuarios despistados de las redes sociales. Porque es la misma cantaleta que ya conocemos todos. Incluso me atrevería a apostar que si los medios tradicionales hubieran tomado la noticia, tampoco es como que la sociedad hubiera salido a las calles, ni siquiera habríamos hecho una campaña masiva en las redes sociales.

    Posiblemente porque de alguna forma ya nos resignamos. Ya entendimos que los estudiantes de Ayotzinapa no van a aparecer, y a pesar de que el GIEI y demás instancias han puesto en evidencia la «verdad histórica» posiblemente ya no pase mucho. Ya entendimos que Peña quedará inmune ante el tema de la Casa Blanca, y ya entendimos que el Chapo se escapó poniendo en vergüenza a todo nuestro sistema penal.

    Es decir, ya cerramos las heridas, mal cicatrizadas, por cierto.

    Y por eso, hemos preferido continuar con nuestras vidas. Al cabo ya en dos años ya estaremos eligiendo a quien nos gobierne durante los siguientes ocho.

    ¿Y sabes que es lo peor del caso?

    Que hasta el momento, la terna de candidatos que se perfilan no dan pie a la ilusión:

    Moreno Valle, Osorio Chong, El Bronco, López Obrador, Margarita Zavala. No sólo no ilusionan, sino que no se ve que alguno pueda hacer algo por cambiar el estado de las cosas. Algunos, como los primeros cuatro, cada quien en su forma, representan la forma de hacer política a la vieja usanza. Y la última, pues es una mujer que a mi parecer no tiene el suficiente liderazgo.

    Y es triste porque México supuestamente se encuentra en una coyuntura favorable con el bono demográfico. Es decir, en este lapso de tiempo nuestra población tiene el mayor porcentaje de individuos en edad de ser productivos. Antes, nuestra población era muy joven para que se diera esta condición, y en unos años (poco más de una década) cuando esta coyuntura termine, la población será muy vieja.

    En estas circunstancias es donde un país tiene mayores posibilidades de desarrollarse. Por ejemplo, Corea del Sur aprovechó dicha coyuntura para lanzarse al desarrollo. ¿Y nosotros estamos haciendo algo?

    Exceptuando algunos esfuerzos valiosos, pero todavía aislados (sobre todo en términos de innovación y desarrollo donde algunas cuantas instancias gubernamentales y ciudadanas parecen preocuparse por el tema), creo que estamos desaprovechando esa oportunidad.

    Y es que un país con instituciones tan débiles y con casos de corrupción que involucran al mismo presidente, es difícil pensar en que podamos aprovechar al máximo dicha coyuntura. Y hay que sumarle a candidatos que convencen a su seguidores fieles  de volver a atrás, como López Obrador, de defender «nuestro pinchi petróleo», de regresar la constitución a 1917 y de colgarse de la luz como estrategia de desobediencia civil.

    Es decir, en México no pasa nada cuando debería de estar pasando cosas buenas. Los más entusiastas me hablarán de las reformas, y posiblemente algunas vayan en el sentido correcto (no todas), pero para que funcionen bien se necesita un Estado de derecho sólido. A nuestro gobierno le parece interesar sobremanera los spots donde presumen «sus logros» en vez de tratar de crear las condiciones para que dichas reformas sean ejecutadas de manera óptima.

    Y yo no creo que Osorio Chong, el Bronco o López Obrador den en el clavo. Los distintos personajes por distintas razones.

    Los ciudadanos mientras, nos sentimos tranquilos, a la deriva, esperando que las circunstancias nos lleven por buen puerto.

    Algunos se organizan, crean organizaciones civiles, Think Tanks, pero todavía sin lograr esa masa crítica como para irrumpir en la realidad de nuestro país. No por su culpa, más bien es culpa de esa mayoría que no hace nada.

    Esa mayoría cuya máxima aspiración inmediata es compartir los memes de «sé como José» o de la camioneta dibujada o de Confused Travolta, y demás temas cotidianos.

    Entonces ¿Qué tendría que pasar en un país donde no está pasando nada?

    Y tal vez en 30 o 40 años nos lamentemos cuando algunos países que se encuentran en nuestro nivel, terminen superándonos por goleada, como Chile. Y volvamos a nuestro mantra de que no hicimos nosotros que sí hicieron Corea del Sur y China.

    Y no, no pasa nada…