Categoría: reflexión

  • ¿Por qué no me gustan las empresas multinivel?

    ¿Por qué no me gustan las empresas multinivel?

    Voy a empezar con este pensamiento:

    «Todos necesitamos dinero. Ciertamente, el dinero por sí solo no da felicidad, pero sí es una herramienta que te hace más libre y te da mayores posibilidades para desarrollarte. El dinero es un medio, es una herramienta, nunca es un fin. Bajo esta idea, entonces debemos entender que nuestro proyecto de vida nunca puede ser el dinero, sino que éste último debe de servir al primero. Si nos obsesionamos con el dinero, será difícil que lleguemos a él; y si lo hacemos, toda nuestra autoestima dependerá de éste; si nos enfocamos, en cambio, a desarrollar nuestro proyecto de vida, entonces el dinero llegará en consecuencia.»

    ¿Por qué no me gustan las empresas multinivel?

    Uno de los errores que cometen los recién egresados es buscar el puesto de trabajo mejor pagado. La mayoría de los recién egresados no necesitan una cantidad razonable de dinero para vivir, casi todos viven con sus padres y su ingreso tendrá en su mayoría fines lúdicos. Entonces pueden sacrificar cierto ingreso con el fin de obtener un puesto en el que se sientan más realizados, o donde ganen mayor experiencia, porque los ayudará a crecer profesionalmente y encarrilarse en lo que desean hacer. No sólo llegará el dinero como consecuencia, sino que, el joven tendrá un desarrollo profesional más pleno.

    Algo así pasa con las empresas multinivel o de network marketing.

    Cuando una persona trata de invitarme (o enrolarme) a una empresa multinivel, el término que se repite una y otra vez es el dinero, el dinero lo es todo, tienes que cambiar la perspectiva que tienes con el dinero, no seas «el padre pobre», sé el «padre rico». Piensa en el auto de tus sueños, piensa en la casa de tus sueños, piensa en cómo el dinero puede cambiar tu vida.

    Y yo sólo estoy esperando a que deje de hablar.

    Y entiendo que esté haciendo su esfuerzo, entiendo que esté tratando de, enrolarme para ganar más dinero. Pero quedamos que si quieres ganar dinero, no tienes que pensar en el dinero de una forma tan obsesiva.

    Te sugieren dejar tu «monótona vida de empleado» para ser un «empresario independiente». Pero la verdad, es que estás vendiendo productos de una empresa multinivel.

    Voy a hacer franco. Conozco a muchas personas que le han entrado a «la onda de los negocios multinivel». De todas ellas, ni una sola se ha vuelto rica, y la gran mayoría ha dejado ese negocio al poco tiempo (menos de un año). Cierto, hay personas a las que les ha llegado ir muy bien, que parecen tener un talento nato, hay quien sí se compró su Mercedes Benz o se fue al hotel del lujo, pero son los menos, en realidad son muy pocos. Lo mismo pasa con los empleados que logran llegar a puestos directivos o emprendedores que «la arman», hay personas con talento nato que en cualquier circunstancia sobresalen.

    No, no te vas a hacer rico trabajando en un negocio multinivel.

    Un negocio multinivel no necesariamente es una estafa como tal, es un negocio legal. A diferencia de las empresas piramidales que presentan un esquema muy parecido, quienes pertenecen ahí no serán estafadas económicamente ni les robarán su dinero.

    Pero no dejan de ser parecidas a una «típica empresa piramidal», de hecho, el modelo (multinivel al final es un eufemismo) sigue siendo una pirámide, mantiene un orden jerárquico donde por más arriba se esté, más dinero se gana.

    Observa esta imagen:

    Negocio multinivel

    Debido a la mala fama de los «negocios pirámidales», las empresas reniegan de la estructura piramidal, y cuando se trata de presentar la forma en que funcionan, intentan mostrarla con otra estructura donde la cabeza está al centro y no en la cima de la pirámide. Esto genera una sensación de mayor inclusión y equidad. También usan otros nombres como «network marketing» para alejar su negocio del concepto de la «pirámide».

    Pero para efectos prácticos es casi lo mismo. Digamos que no es una pirámide perfecta, cada rama puede generar sus propias ramas, pero al final, el dinero siempre fluirá hacia la punta.

    Quien está en la punta o en el centro se beneficia de todas las que están en las extensiones, y conforme se van extendiendo las raíces, los miembros progresivamente obtienen menos beneficios. Aunque ciertamente la capacidad de enrolar a cierto número de personas influye en la cantidad de dinero que vas a poder recibir, la posición importa. Una persona en una posición más alta siempre ganará más que otra persona con el mismo número de enrolados, a menos que la persona que se encuentre más cerca del centro (o de la punta de la pirámide) enrole mucho menos que quien le sigue.

    Los primeros que hayan entrado en el negocio tendrán más posibilidades de hacer más dinero puesto que sus ramas se comenzarán a extender más conforme el negocio se expande. Ciertamente quienes entran después, con mayor esfuerzo, pueden generar algún ingreso significante y hacer su propia «sub-pirámide», pero corren el riesgo de que el mercado se sature y deje de ser rentable.

    A diferencia de las empresas piramidales donde la inversión inicial es alta y el riesgo de ser estafado también es alto, en las empresas multinivel la inversión inicial suele ser más bien baja. Las empresas multinivel están bien constituidas, pagan impuestos, y sus productos cumplen con las normas exigidas por las autoridades, aunque eso no implica que sean efectivos y en muchos casos echan mano de lagunas legales.

    Esquema multinivel

    Hasta aquí todo bien, hemos entendido que se trata de un negocio legal y he explicado de forma breve su estructura. A partir de ahí es cuando empieza mi crítica a estos esquemas de negocio.

    En los negocios multinivel te insistirán en la independencia financiera, que muchas personas trabajarán para ti. La realidad es que todos los cursos de coaching, los libros y seminarios no tienen como objetivo que seas independiente, sino que seas rentable para el negocio.

    Ciertamente, en un negocio multinivel no tienes horarios fijos y no tienes un jefe, ganas de acuerdo a lo que trabajas. Pero la independencia termina en el punto que no puedes tener decisión alguna sobre el producto, o sobre las metodologías. Tan sólo tienes que vender y vender.

    Desde esa perspectiva, trabajar como vendedor de seguros puede generar una mayor independencia. Un agente de seguros puede llegar a obtener el número suficiente de clientes como para dejar de trabajar la mayor parte del día, darle seguimiento solamente a los clientes que ya tiene, y «echar la máquina a andar». Esto ocurre porque un seguro es indispensable, nadie se puede dar el lujo de no tener un seguro de gastos médicos o de automóvil, y lo más probable es que lo renueven año con año, a menos que otra agencia de seguros ofrezca mayores prestaciones. No es algo fácil de lograr, pero es plausible. Además una agencia de seguros tiene mayor solidez que casi cualquier empresa multinivel.

    El tema de la «libertad e independencia» en un negocio multinivel es algo más relativo de lo que sugieren, pero es importante hacerles ver el contraste. Para una empresa multinivel ser empleado es malo, muy malo.

    Los negocios multinivel proponen colocar el dinero en el centro, la verdad es que en realidad el dinero es un medio y una herramienta, no un fin.

    Lo primero que hacen es contrastar tu aburrida vida de empleado con esa vida de dinero y viajes a Las Vegas que tendrás con ellos. En realidad lo que están haciendo es una terrible generalización.

    Porque primero, no todos los empleados lo son porque no les queda de otra. Cierto, hay empleados que vegetan en sus puestos de trabajo y que no tienen una aspiración en su vida, pero hay quienes siendo empleados se sienten realizados y sienten que están contribuyendo a algo. Naturalmente las empresas multinivel tratan de ir por los primeros. Quien no se siente realizado piensa más en términos meramente económicos, y un discurso de independencia financiera es un buen gancho.

    Varias veces he afirmado que en México faltan emprendedores y sobran empleados. Pero para este efecto, también sobran los «independientes de multinivel».

    En una empresa multinivel tratarán de cambiar el concepto que tienes sobre el dinero.

    Ciertamente, la mayoría tenemos que cambiar el concepto que tenemos sobre nuestro dinero, en general necesitamos conocer más a manejar nuestro dinero, conocer más los instrumentos financieros disponibles y saber administrarlo. Saber administrar el dinero es algo que urge en el país y es algo que debería de enseñarse en las escuelas.

    Pero la idea de las empresas multinivel es poner el dinero al centro de tu vida. Estás ahí porque quieres la casa de tu sueños o el coche de tus sueños. Para una persona que no se ha trazado un propósito específico en su vida, ese discurso puede sonar alentador, pero en realidad es un argumento estéril y un cliché.

    Todos quisiéramos tener más dinero, todos quisiéramos vivir bien. Pero tener mucho dinero, carros y viajes sin tener un proyecto de vida que vaya más allá y nos ayude a trascender como personas nos hará emocionalmente dependientes del propio dinero. Si el dinero se va, se va nuestra autoestima, se va nuestro honor. Y vaya que una empresa multinivel las fuentes de dinero pueden ser lo suficientemente inestables para que eso pase.

    Y es eso lo que te ofrece una empresa multinivel, una vida superflua: Dinero, coches y viajes. Cuando te hablan de cambiar tu visión sobre el dinero, van en ese sentido.

    Para eso siempre echan mano de libros como Padre Rico, Padre Pobre de Robert Kiyosaki, quien es algo así como el gurú o mentor. No he leído el libro, pero conozco gran parte del pensamiento que imprime en ese libro (por medio de artículos, listas de consejos, y referencias a él). Por ejemplo, Kiyosaki desestima la educación tradicional:

    Mamá y Papá creían en las escuelas tradicionales como las universidades, facultades de derecho y las escuelas de medicina. Ellos valoraban las buenas calificaciones, títulos y credenciales, como el título de abogado o el título de médico.

    Para una persona que solamente le importe el dinero, no le importe en lo absoluto aportar algo a la comunidad y no tenga algún propósito ulterior en su vida, esta frase pueda tener algo de sentido. Pero está claro que ese tipo de perfiles no los necesitamos en el país.

    Robert Kiyosaki y Donald Trump

    En las empresas multinivel se trata de mover el dinero, no de crearlo. Para crear dinero necesitas sí, conocimientos y educación. Cierto, Bill Gates y Steve Jobs dejaron la universidad para enfocarse en sus negocios, pero adquirieron conocimientos constantemente y se rodearon de gente muy estudiada. En un negocio multinivel, sólo vas a aprender a vender, y de acuerdo a sus lineamientos. No vas a adquirir un gran valor agregado como profesionista. No necesitas innovar, no necesitas capacitarte (más allá de los seminarios y coaching de ventas propias del negocio multinivel). vaya, no necesitas tener conocimientos para entrar a un esquema así, no necesitas siquiera un diploma universitario.

    Y constantemente hablamos de que vivimos en la sociedad del conocimiento ¿o no?.

    El problema con la filosofía Kiyosaki y que adoptan este tipo de negocios es ese. Fomentan una mentalidad del acaparamiento donde quien tiene más dinero no debe de ser el que lo crea, sino el que «lo mueve». Ese tipo de cultura va en contra de la cultura de la innovación tan indispensable para que una sociedad se desarrolle. Una persona es más útil innovando o aportando valor agregado que trabajando en una empresa multinivel, cuya única actividad es vender productos. Por eso es que digo que también «sobran independientes de multinivel».

    Si Bill Gates o Steve Jobs se hubieran hecho ricos en un negocio multinivel en vez de hacerlo con sus compañías, el mundo de la computación estaría más rezagado. De hecho, ninguno de los dos pensó meramente en el dinero a la hora de comenzar con su negocio. No es que el dinero no haya importado, pero lo que los movía era meter un producto innovador en el mercado, el dinero para ellos era un medio y no un fin. Ellos se sintieron autorrealizados al ver como sus compañías y sus ideas crecían, eso importó todavía más que su cuenta de cheques.

    Queda patente que los millonarios innovadores de la costa oeste de Estados Unidos fueron movidos por algo más que el dinero cuando observas que Bill Gates dona gran parte de la fortuna a causas benéficas, mientras que Mark Zuckerberg en vez de presumir sus carros de lujo, maneja un Acura o un Honda por las calles de California.

    Y no, esta imagen no es real. De hecho este tipo de mentiras son usadas constantemente para tratar de enrolar gente.

    Bill Gates, Steve Jobs

    Los millonarios tipo Donald Trump tienen una filosofía tipo Kiyosaki, y es la que tratan de enseñar en las empresas multinivel, forman individuos que quieren acaparar mucho dinero pero no aportan nada. La diferencia es enorme, Google y Facebook son grandes plataformas que han cambiado al mundo, Donald Trump es un individuo con tendencias fascistas, cuyas aspiraciones presidenciales son un riesgo para Estados Unidos.

    Pero hablábamos que en una empresa multinivel es muy difícil que llegues a ser rico.

    Y lo entiendo, muchas personas quieren formar una familia y quieren darles una vida decorosa a sus hijos. No reniego del dinero, por el contrario, todos estamos preocupados por el dinero, necesitamos pagar gastos, queremos salir de viaje, queremos educar a nuestros hijos, queremos invertirlo en un negocio o en un propósito ulterior. Pero el dinero es un medio para todo eso.

    Una empresa multinivel no te da casi nada más allá del dinero. Eso la pone en desventaja incluso frente a varias modalidades de empleo (cuando a un empleado lo ascienden a gerente o director, no sólo es movido por el dinero, sino por el rango y por el reto que significa la nueva responsabilidad). Una empresa multinivel no es un proyecto de vida, estando ahí no habrás creado nada, nada es tuyo más que el dinero que generes, todo lo demás será artificial.

    Luego vienen los productos. Casi ninguna persona que no es parte de esas redes utiliza sus productos. Los productos, sus propiedades y su branding no están orientados al público en general, por el contrario, está orientado a los mismos vendedores. Se trata de que los vendedores se convenzan del producto y salgan a venderlo. Generalmente quienes los usan son sus amigos cercanos y familiares (a los que muchas veces también tratan de enrolar).

    Un ejemplo son los productos de Omnilife (de Jorge Vergara, el dueño de las Chivas). Recuerdo que muchas personas sugerían que había lavado dentro de esa empresa puesto que pocos conocían a gente que utilizaran esos productos. Pero la razón es que en realidad quienes los consumen son, o los mismos vendedores, o gente muy cercana a ellos. Todo el mundo sabe que es Omnilife (así incluso se llama el estadio de las Chivas), pero nadie conoce los productos Omniplus o Power Maker. Algunos productos pueden cumplir con lo que ofrecen y sirven, muchos otros en realidad están ahí porque sólo cumplieron con los requisitos mínimos que las autoridades piden, aprovechando de vacíos legales que puedan encontrar.

    Recordemos, el core business de una empresa multinivel no es su producto, sino la estructura de ventas. Importa más convencer a los vendedores que al consumidor final. El vendedor, sugestionado, a quien le repitieron muchas veces lo rico que se podría hacer, tendrá muchas razones para vender (o sobrevender) el producto que tiene en la mano. Productos naturistas, cosméticos, herbolarios, alternativos, para la salud. El negocio multinivel estará más motivado en crear una gran red de mercadeo que en lanzar un gran producto. Muchos productos entre varios negocios multinivel son muy similares y no tienen un valor agregado o ventaja competitiva, básicamente porque ahí no reside la esencia del negocio.

    Para terminar.

    Seguramente un vendedor me dirá que estoy peleado con el dinero, que me estoy conformando con mi vida de empleado (aunque no soy empleado, soy freelancer y por tanto, independiente), que lea a Kiyosaki y a Donald Trump. Es totalmente falso.

    Se trata de no poner el dinero en el centro (modelo Kiyosaki y Donald Trump), como si nuestra integridad y autoestima dependiera de los billetes verdes. Se trata de vivir una vida integral, donde el dinero sea un medio, una herramienta al servicio de nuestra vida (modelo Bill Gates o Mark Zuckerberg), no lo opuesto, que la vida quede al servicio del dinero. Pensar en el dinero como fin último hace nuestras vidas miserables, de nada sirve tener casas grandes o autos de lujo cuando somos personas ignorantes, vacías y nuestra vida no tiene un sentido más allá del dinero. Pensarlo como un medio para desarrollar nuestro proyecto de vida, sí que es una buena estrategia si queremos hacer lo que siempre hemos querido hacer.

    Y siento decirte que los negocios multinivel, como ya lo dije, ponen el dinero en el centro. El dinero, los coches y los viajes es lo más importante, es prácticamente lo único que importa.

  • ¿Tienen derechos los animales?

    ¿Tienen derechos los animales?

    Conforme evolucionamos como sociedad, las prioridades cambian. Cuando una necesidad ha quedado satisfecha, se necesita saciar otra ulterior. Los humanos nunca vamos a terminar de vivir en el proceso de la satisfacción de alguna necesidad, porque básicamente le da sentido a nuestras vidas y es parte de la supervivencia de nuestra especie.

    La famosa pirámide de Maslow que tantas veces nos repitieron en la escuela es un ejemplo de lo que trato de explicar. Si tus necesidades primarias de alimentación han quedado satisfechas, luego entonces tienes que satisfacer tus necesidades sociales y luego entonces, tu necesidad de autorrealización.

    Pirámide de Maslow

    Una porción de los seres humanos ya hemos satisfecho nuestras necesidades primarias: tenemos comida, techo, tenemos amigos, tenemos un sueldo, nos sentimos aceptados en un grupo social. Entonces se vuelve importante tratar de satisfacer otras, entre ellas está preocuparnos por nuestros semejantes, por medio de donativos a quienes han sido víctimas de un desastre natural o participando en organizaciones civiles. De la misma forma nos volvemos más conscientes de nuestro entorno. Nos preocupamos por la naturaleza y por la fauna. Suena paradójico, pero vivimos en una época donde hemos tomado más conciencia por nuestro entorno que nunca.

    Si crees que nuestros antepasados, quienes eran nómadas y se organizaban por medio de tribus, coexistían armoniosamente con la naturaleza, estás muy equivocado. De hecho, cuando el homo sapiens se extendió dentro del mapa mundial, devastó lo que encontró a su paso y modificó ecosistemas. Abundan hallazgos arqueológicos que lo dejan patente. Cuando nuestra especie llegó a lo que ahora es Australia, acabó con la mayoría de las especies que se encontraban ahí. Y toda esa devastación se hizo «a mano» (con manos flechas y palos), no contábamos con tecnología alguna en ese entonces.

    Gracias a que gran parte de nuestras necesidades primarias están satisfechas, podemos preocuparnos por los que no lo han hecho, podemos enviar donativos para acabar con la malaria en África, o podemos adoptar un niño de algún otro país que se encuentra en condición de pobreza. Voy más allá, somos capaces de crear movimientos para proteger a nuestra naturaleza y nuestro entorno. Esto no existía en esa prehistoria que muchos anhelan e idealizan. Nuestros antepasados se tenían que preocupar por sobrevivir.

    Pero dentro de estos progresos producto de nuestra evolución como especie, hay causas que se pueden desvirtuar, al punto de querer colocar a otras especies al mismo nivel que el del ser humano, o incluso por encima.

    Ninguna persona en sus cinco sentidos y que tenga una psique sana puede negar que debemos respetar nuestro entorno. Una persona que golpea a un perro y se congratula de ello es una persona que seguramente tiene algún desorden mental, y es una persona que tiene más posibilidades de ejercer violencia sobre otra. Una persona normal no puede permanecer indiferente ante el sufrimiento de un perro, un caballo, o un gato.

    Pero cuando estamos hablando de derechos, estamos hablando de otra cosa. Un animal no puede tener derechos.

    ¿Tienen derechos los animales?

    Y no puede, porque para tener, valga la enorme redundancia, derecho a «tener derechos», se debe ser parte de una comunidad que vive bajo un contrato social. Cuando una persona vive en una comunidad, acepta perder ciertas libertades (como la libertad de matar, robar o lastimar la integridad de otra persona) a cambio de la adquisición de ciertos derechos, de tal forma que un conjunto de personas pueda coexistir pacíficamente dentro de una comunidad y le sea más conveniente integrarse a ésta.

    Los derechos son parte de ese contrato social, el individuo sabe que los tiene y puede exigir que se le respeten. Pero al mismo tiempo, sabe que bajo ese contrato social tiene obligaciones, como no afectar los derechos de terceros, pagar impuestos, entre otros.

    Un animal, por ejemplo, un perro, no puede tener derechos en tanto no está sujeto a contrato social alguno. Si un perro muerde a otra persona o se roba las croquetas del perro vecino, no hay ley alguna que haya infringido (naturalmente un perro que sea peligroso puede ser «dormido» con el único fin de que no ponga en riesgo la integridad de las otras personas), no tiene que pagar impuestos. El perro se limita a obedecer a su amo, pero lo hace por instinto.

    Nuestros antepasados no fueron amigables con el entorno, por el contrario, a su llegada, destruyeron ecosistemas y desaparecieron muchas especies.

    No sólo eso, el perro no es consciente de «sus derechos», ni mucho menos sabe que tiene obligaciones. El perro actúa por instinto, el perro no tiene la capacidad de votar ni de dar su opinión sobre los derechos u obligaciones que se le han adjudicado. Cierto, un bebe no es consciente de sus derechos, pero éste vive bajo la tutela de sus padres (que responden por él) quienes se encargarán de procrear al niño que crecerá, y se convertirá en un ciudadano sabedor que vive en una comunidad que se rige por medio de un contrato social.

    Cierto que hay animales como los chimpancés y los delfines que tienen altas capacidades cognitivas, y tienen, de acuerdo a científicos, algún modo de conciencia. Pero es una conciencia muy limitada comparada a la de los seres humanos. Por ejemplo, un chimpancé puede comunicarse con otro y por medio de símbolos y sonidos decirle «cuidado, viene un león», también puede solucionar problemas matemáticos simples. Pero el Chimpancé no es capaz de desarrollar un lenguaje complejo y entenderlo. Un chimpancé no se puede sentar en la mesa para hablar derechos o leyes. El chimpancé tiene alguna forma de conciencia, pero no es consciente de su derechos u obligaciones tal y como nosotros los concebimos.

    Tampoco es necesario que un animal tenga «derechos» para que el ser humano respete su integridad. Claro que se pueden poner penas a los humanos que atenten la integridad de animales como perros o gatos. Claro que se puede evitar la cacería y matanza discriminada de animales. El problema no es el fin que buscan estos movimientos con los derechos que pretenden darles, que básicamente es que estos seres vivos gocen de una mayor protección, el problema son las formas, el problema es querer tratar de subir a los animales al nivel de los humanos.

    La verdad es que ninguna especie hace eso. Una especie por naturaleza protege antes a los suyos que a los demás, a quienes cuya cadena de ADN es más similar a la propia. Por la misma razón por la que los humanos tendemos a preocuparnos más por nuestra familia nuclear que por nuestros primos, y más a nuestros primos que a la gente desconocida.

    Eso, claro, no significa que tengamos que devastar a la naturaleza como lo hemos venido haciendo. Tenemos que aprender a respetarla.

    Pero en pleno siglo XXI hay muchos seres humanos que viven en condiciones de esclavitud, personas que no tienen derechos, o personas cuyos derechos no se le respetan. Es un contrasentido dotar a otra especie de derechos sin tener siquiera la capacidad de garantizar los nuestros.

    Por eso, antes de hablar de derechos de los animales, o catalogar como «personas no humanas» a ciertas especies como los delfines o los chimpancés con el argumento de que tienen una mayor inteligencia que las demás especies y poseen algún modo de conciencia, tenemos que hablar de nuestros derechos, de los derechos de muchos que son violados día a día, personas asesinadas por su forma de pensar, por su creencia religiosa o su preferencia sexual; personas que son privadas de la libertad, que son utilizadas como mercancía sexual dentro de redes de tratas de personas.

    Estoy de acuerdo en que debemos proteger a la fauna y debemos de ser respetuosa con ella. Pero en cuanto a derechos hay prioridades, y de acuerdo a la naturaleza, la prioridad de la especie, es la especie misma.

  • Orlando, cuando la homofobia tiene una pistola en sus manos

    Orlando, cuando la homofobia tiene una pistola en sus manos

    ¿No te has puesto a pensar lo difícil que ha de haber sido para un gay llegar a la recámara de sus papás, pararse de frente y decirles, papá, mamá, soy gay?

    Primero, esa escena rompe con el tabú que reza que los gays son débiles de carácter, porque son «muy afeminados», que tienen que hacerse muy hombrecitos. Muchos de quienes somos heterosexuales posiblemente no vivamos una escena tan estresante como esa durante toda nuestra vida.

    Orlando, cuando la homofobia tiene una pistola en sus manos

    Ahora imagina que la respuesta del papá es: -¡Te largas de la casa! ¡Yo no quiero maricones ni putos viviendo aquí!

    Imaginemos que es lo suficientemente joven como para no tener un ingreso bajo el cual vivir solo; sus padres le pagan la escuela, comida, servicios médicos. Imagina el impacto que eso tendrá en la vida del joven. Posiblemente su vida cambie para mal, que sus aspiraciones profesionales queden truncas. Peor aún, todos los valores y educación que recibió en su casa quedarán en entredicho. Posiblemente piense que todo lo que aprendió en casa no tenga validez. Y sí, posiblemente tendrá más posibilidades de llevar una vida desenfrenada, llena de drogas y excesos, que al estar dentro del seno familiar.

    Paradójicamente, la decisión del padre atentaría contra la familia. Acaba de expulsar a uno de sus miembros.

    Esto me vino a la mente al escuchar la lamentable noticia del asesinato de más de 50 personas en un club gay de Orlando. Al momento que escribo este texto, parece que el autor intelectual Omar Mateen no tiene relación con DAESH o algún movimiento similar, sino que más bien fue movido por un puro acto de homofobia. Su padre afirmó que se había enfadado hace dos meses al ver a dos hombres besándose en Miami.

    El miedo irracional nubla y nos dirige a un odio que destruye eso mismo que este tipo de personas temen que los gays, dicen, pueden destruir: el tejido social.

    Muchas de estas personas, desde una postura desinformada, creen que los gays son personas que tienen la firme intención de destruir a la sociedad, que son personas que «decidieron enfermarse», que tienen serios conflictos psicológicos y quieren destruir el planeta. Peor aún, algunos creen desde su religión, que es un trabajo del diablo que conspira contra los designios de Alá, o el dios que sea; que los gays fueron tentados por satanás. Esta creencia naturalmente no empata con los miles de casos de hijos que tienen que ver de frente a sus papás para confesar su preferencia sexual.

    El fuerte conflicto que los gays tienen que enfrentar en esa escena es muestra patente de que no se trata de «una moda» o una «simple desviación que se puede cambiar con un tronido de dedos»; el precio de enfrentarse a los padres, so pena de ser apartados del seno familiar, es muy grande. Sería, de hecho, más rentable dejar del lado «la moda» que lidiar con el riesgo de perder contacto con tus seres queridos, un techo, y estabilidad económica.

    Tiroteo bar gay Orlando

    Hace poco escribí sobre las posturas en contra del movimiento LGBT, que no todas necesariamente implicaban un acto de homofobia como a veces se sugiere, y que temas polémicos como el matrimonio igualitario o la adopción podrían y deberían debatirse desde un nivel más alto del que se hace. Mi argumento es que tener escepticismo ante estas figuras propuestas, no implica necesariamente un miedo a lo gay o un rechazo, en tanto algunas personas que no se muestran a favor de éstas tienen amigos (algunos muy cercanos) con preferencia sexual por personas del mismo sexo, y su rechazo a estas instituciones no tiene que ver con un rechazo a los gays per sé.

    Pero cuando se trata de hablar de un rechazo que incluye el ostracismo, la expulsión del seno familiar, la negativa a ser contratado por una empresa por su mera condición, ahí sí tenemos que hablar de la homofobia, de una homofobia muy condenable, basada en prejuicios, miedos y concepciones sociales arcaicas.

    El asesinato en masa perpetrado por Omar Mateen es un acto de homofobia, y así se debe de recalcar, es un «asesinato en masa homofóbico». Es lamentable que en pleno siglo XXI resolvamos así nuestras diferencias (peor cuando los prejuicios tienen un papel preponderante), cuando el fanatismo y la absoluta desinformación tienen una gran influencia.

    Ojalá este lamentable evento sea motivo para reflexionar, entender una vez más que el miedo irracional nubla y nos dirige a un odio que destruye, que destruye eso mismo que este tipo de personas temen que los gays, dicen, pueden destruir: el tejido social.

    Mis condolencias al pueblo de Estados Unidos y a todos quienes lamentablemente perdieron la vida gracias a una persona cegada por el fanatismo.

  • Aprender a buscar en Internet ¿Por qué es importante?

    Aprender a buscar en Internet ¿Por qué es importante?

    Google es un herramienta maravillosa. No sólo tienen tus datos para poder lanzarte publicidad ni analizan tu comportamiento dentro de sus portales o los sitios web que tienen instalado su Google Analytics. Google se concibió como una… herramienta de búsqueda. A pesar de ser junto con Facebook el portal más popular que existe en el mundo, mucha gente no sabe buscar en Internet.

    Aprender a buscar en Internet ¿Por qué es importante?

    No hay ningún otro sistema creado por el ser humano que haya albergado tanta información en el mundo, ni la biblioteca más grande. En Internet hay montones de sabiduría y conocimiendo. El único requisito es saber buscarlo.

    Pero mucha gente no sabe buscar, por eso es que un meme o un artículo mal redactado en un sitio de dudosa calidad creado dentro del war room de un partido político que pagó pauta en Facebook suele ser la fuente primaria de información de muchas personas. Porque les da pereza buscar.

    Y buscar no es un trabajo que te lleve horas, las tecnologías han avanzado lo suficiente para que lo puedas hacer en cuestión de minutos.

    Internet es una maravilla, porque si quieres sustentar un argumento basta con echar algunas «googleadas». Unas pocas, pero bien dirigidas y pensadas, te llevarán a las fuentes indicadas.

    En Internet también puedes aprender muchas cosas. La mayoría de los conocimientos que me generan ingresos como profesionista los obtuve buscando en Internet. Y la mayoría de esos conocimientos están ahí gratis y disponibles para todo el mundo. Se trata de saber llegar a ellos.

    Muchos millennials (con lo paradójico que suene el término) no saben buscar en Internet. Son expertos en el arte del Facebook y el Snapchat, pero no en el de la investigación digital. Y por investigación digital no me estoy refiriendo siquiera a un procedimiento académico, sino a la capacidad de buscar información en los buscadores, de usar las palabras indicadas, y saber desplazarte de una fuente a otra.

    Por eso es que mucha gente se atreve a citar Wikipedia en la tesis cuando por sí misma no es una fuente de información, pero es lo primero que encuentran y porque es más fácil entrar a la enciclopedia virtual y encontrar un tema en un solo clic, que darse a la tarea de buscar fuentes fiables. Curiosamente, al menos en la mayoría de los casos, los artículos de Wikipedia contienen esas fuentes. Es decir, bastaba uno o dos clics más para no hacer un oso frente a los sinodales o los accionistas al decirles que «encontraste la referencia en Wikipedia».

    En este sentido, Internet no es tan democrático como podrías pensar. Porque traza una línea entre quienes saben investigar, quienes tienen la habilidad de sustentar sus argumentos buscando fuentes en artículos o documentos (vía búsqueda en Google), quienes buscan información que ayude a reforzar sus conocimientos y a actualizarse como profesionistas, y quienes están distraídos con las cadenas de Whatsapp, y los videos chuscos. Los primeros están en franca ventaja sobre los segundos.

    Los primeros pueden adquirir en unos años, más conocimientos que los que pudieron ganar en una carrera (posiblemente a excepción del método pedagógico con el cual, las carreras universitarias transmiten el conocimiento), y los segundos habrán perdido el tiempo tal y como si estuvieran sentados frente al televisor.

    Saber buscar en Internet puede marcar una diferencia en tu carrera como profesionista. Es algo que todo mundo puede hacer, pero no todo mundo hace, muchas veces por pereza o conformismo.

    Imagen

  • Alan Pulido y el mal humor social

    Alan Pulido y el mal humor social

    A veces no dimensionamos el tamaño del problema hasta que nos toca, le toca a algún familiar o amigo querido, o a un futbolista (o cualquier persona considerada héroe o modelo a seguir). Todos hablamos de lo mal que está México, pero nos hemos acostumbrado a ello. Es decir, el México «cuasi-fallido» es ya la regla y no la excepción.

    Alan Pulido y el mal humor social

    El secuestro de Alan Pulido nos recuerda un poco lo que se vive en el país y de pronto olvidamos, o ya damos por sentado. Lo que ha ocurrido al futbolista es lo que le ocurre a miles de mexicanos.

    También nos recuerda cómo es que trabaja la justicia en México. La justicia es selectiva, y su trabajo es directamente proporcional al impacto que cada caso pueda tener en sus intereses. Es decir, si es una persona famosa, un artista, un político, toda la maquinaria se pone a trabajar, si no, no.

    Alan Pulido es privilegiado. Y no es su culpa, yo no puedo «no congratularme» por haber sido liberado un día después. La maquinaria trabajó porque es un jugador importante, independientemente de que posiblemente haya escapado por cuenta propia.

    Lo que me preocupa es que tuvo que ser Alan Pulido para que el gobierno se pusiera a trabajar. Que el crimen atente contra un jugador de futbol relevante, es algo imperdonable a los ojos de la opinión pública. Si por ejemplo, Pulido hubiera muerto, el gobierno hubiera quedado exhibido en todos los niveles, y el tema hubiera tenido repercusiones internacionales; porque es un jugador importante y juega fuera de nuestro país (en Grecia).

    Y porque a todo el mundo le gusta el futbol. Para muchas personas, un jugador es una suerte de héroe que lo saca de su vida rutinaria cada semana. No sólo es la tragedia, sino pensar en quien lo va a reemplazar en la alineación cuando la selección vaya a la Copa América Centenario.

    El Gobierno, por ejemplo, no reaccionó cuando desaparecieron los 43 estudiantes de Ayotzinapa. Se pusieron a hacer algo (o al menos simularon) cuando toda la opinión pública estaba volcada hacia ellos, cuando todo México quería respuestas. Pero la intención nunca fue resolver el caso, las acciones fueron resultados de su estrategia de control de daños (que ni eso les salió bien). Hay que invitar a los familiares con el Presidente para dialogar, hay que traer al GIEI para que los quejosos piensen que estamos haciendo algo, para luego sacarlos a patadas cuando se vuelvan incómodos a nuestros intereses.

    Los estudiantes no tienen muchos recursos, no son gente de poder, no son gente de influencia, son comunistas, son morenitos (por no decir, naquitos, de acuerdo a la jerga usada para discriminar a las demás personas). No importaron, y sólo importaron (dizque), cuando la presión de la sociedad los asfixió.

    ¿Se ha resuelto el caso? No.

    La justicia en México es para los privilegiados, para quienes tienen los mejores abogados, para quienes tienen dinero, influencia o poder con los que al gobierno no le conviene pelearse; para quienes tienen «conectes» en el partido en el gobierno. El Estado de derecho existe para unos pocos, las personas de a pie no importan mucho, si son pobres menos. A las personas de escasos recursos se les detiene constantemente por fumar un porro. Es que los policías tienen que cumplir con sus cuotas:

    – Mira Julián, ahí agárrate a ese bato que parece que trae un porro en la mano, así ya cumplimos nuestras cuotas el día de hoy. – Oye, ¿pero ese bato no es el defensa del Puebla? – No, disculpe señor, lo confundimos, no vuelve a pasar; mi hijo ve sus partidos, oiga ¿no me puede dar un autógrafo? Mi hijo va a llorar de la emoción. Ya sabe, cuando necesite algo de la ley, pues ai tamos, pa’poyar a la Franja, y si alguna vez tiene un pedo, que andaba chupando y manejando, ahí nos da un pitón. Pero no con el pito de Mancera, ¡por favor!

    Gracias a estos organismos de justicia selectivos que no tienen que rendir cuentas, es que México es un país compuesto por unas élites privilegiadas y por una gran masa de mexicanos para los cuales, el gobierno no trabaja. Nuestro país no es meritocrático, el sistema no está hecho para premiar a quien se esfuerza más, sino a quien es más leal al sistema y a quienes se benefician de éste. Pero no sólo ganan recursos, influencia, y poder. También tienen privilegios en aquello que debería de ser «para todos», la justicia trabaja mejor para ellos, incluso los defienden de gente inocente. Pueden madrear gente y casi esperar que la víctima termine tras las rejas. El sistema no sólo consiente a las élites, las refuerza.

    Figuras como López Obrador se entienden perfectamente en este contexto. En México no es difícil crear el discurso de la mafia en el poder, discurso aprovechado por demagogos como el tabasqueño para reemplazar a las élites actuales, por otras.

    Y todo esto, si es que este secuestro no fue una puesta en escena porque pues… elecciones.

  • La homofobia y la discriminación de la que nunca se habla

    La homofobia y la discriminación de la que nunca se habla

    Tengo el privilegio de tener amigos quienes tienen diferentes formas de pensar entre sí. Algunos de ellos son conservadores y asisten a misa, otros son liberales, algunos tienen otra preferencia sexual. Esto me ha ayudado a entender algo más a las dos partes que suelen enfrascarse en un debate tan ríspido como el tema de los matrimonios entre las personas del mismo sexo; y así, tratar de explicar, sin siquiera tener la necesidad de defender una postura (para efectos de este artículo no será necesario hacerlo), el contexto bajo el cual se desarrolla este debate (si es que podemos llamarlo así).

    La homofobia y la discriminación de la que nunca se habla

    En este sentido, las críticas que emitiré no tendrán que ver con una postura propia y sí mucho con las formas. Porque no sólo es lo que se dice o lo que se promueve, sino la forma en que se hace. Las formas también inciden en el resultado que un cambio genera dentro de la sociedad.

    He tratado de entender a ambas partes. Entiendo que un cambio de tal envergadura genere conflicto. Por un lado puedo divisar a la comunidad LGBT quienes han buscado expandir sus derechos, o a quienes simplemente concuerdan con la propuesta, así como a los conservadores que quieren mantener el modelo de familia tradicional. Si te pones a pensar, sin importar que estés de acuerdo o no, ambas posturas tienen sentido:

    Los seres humanos siempre entramos en conflicto cuando se pretende un cambio estructural en la sociedad por instinto de supervivencia. Es decir, una estructura social no puede permanecer rígida porque se atrofia, pero tampoco puede permitirse cambios estructurales de forma intempestiva (en vez de ser progresiva) porque ello amenaza la cohesión misma de la sociedad.

    Gracias a este jaloneo entre ambas partes, es que hemos podido implementar cambios de forma progresiva dentro de nuestra sociedad con sus propias particularidades. Cuando los cambios se imponen de forma súbita, sin importar si el fin último es bueno, pueden generar más bien caos. Un ejemplo de ello es el Consenso de Washington que proponía libre mercado, reducción del estado, privatizaciónes, y demás medidas.

    A priori, podríamos estar de acuerdo que un estado con una fuerte injerencia en la economía termina inhibiendo el progreso económico, pero al imponerse como una misma receta para todos, y sin pensar en la realidad propia del país, generó en muchos casos resultados adversos que se convirtieron en caldo de cultivo para el ascenso de dictadores como Hugo Chávez.

    La homofobia existe y es un problema, pero la discriminación en muchos casos es recíproca y tiene que ver más con una actitud que con una postura ideológica.

    Es decir, las resistencias, aunque estas representen una idea que será reemplazada por otra que la hará obsoleta, tienen un sentido dentro de nuestra evolución como especie.

    Un liberal, asumiendo el estricto significado de la palabra, debería ser respetuoso de la resistencia propia de los conservadores, donde el debate y el conflicto sea con las argumentaciones y no con las personas. Lamentablemente, en muchos casos no ha sido así.

    Me explico, me he molestado en leer ambas posturas, quienes apoyan estos cambios, y quienes desde el conservadurismo se oponen a la adopción por personas del mismo sexo y a un cambio en la currícula que tiene como fin integrarlos a la sociedad. Dichos cambios efectivamente implicarían un cambio en la agenda educativa, donde la familia pasaría de ser entre mamá y papá para dar entrada a otros modelos. Independientemente si se está de acuerdo o no se está de acuerdo con las argumentaciones, hay una constante que me cuadra. Y es, que muchos de los conservadores (u opositores) se sienten condenados al ostracismo cuando menos al expresar sus opiniones.

    Muchos gays se sienten discriminados y apartados de la sociedad por su mera preferencia sexual. Son discriminados de puestos de trabajo, son expulsados de sus familias, son insultados con términos como «joto o puto», son excluidos, etiquetados, tachados de enfermos, pecadores, a algunos los motivan a «quitarse lo gay» y demás. En ese sentido, se me hace correcto que en este tipo de actos se perciba una expresión de homofobia y se señale.

    Es decir, la homofobia sí existe, pero no abordaré eso con profundidad porque abunda literatura sobre la homofobia y la discriminación a los gays. Voy a hablar de lo que casi no se habla y se debería de hablar.

    Se me hace incorrecto que algunas personas pretendan encasillar y relegar a quienes, desde una postura no homófoba, disienten con alguna o algunas de propuestas, leyes o agendas que busca impulsar la comunidad LGBT como quienes expresan preocupaciones no por la preferencia sexual, sino por las consecuencias que en su opinión podrían acarrear este tipo de medidas. Por ejemplo, quienes dicen que los hijos pueden confundirse o no puedan desarrollar una identidad plena sin un mamá y un papá.

    De esta forma, asumimos una postura maniquea donde solo existen dos bandos, y se ignora la escala de grises.

    116650-bfb3f40e5637ac82c_pf-0937ogp070517-homofobia10-a-d

    Les contaba que yo tengo amigos conservadores que no están a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo. Y tal vez te sorprenderías si te dijera que varios de ellos tienen amigos gays. De hecho me atrevería a decir, que la distancia entre uno de ellos y una persona pro LGBT es menor, a la que hay entre ellos y quienes sí son homofóbicos y sí son partícipes de actos de discriminación. Es decir, apoyan el modelo de familia tradicional, pero no relegan a los gays ni los discriminan.

    Mis amigos pueden convivir con ellos sin ningún problema; a pesar de que la postura entre ambos es diferente, se respetan, porque la amistad, consideran, es más fuerte.

    Pero para algunos, ya son homofóbicos. Y entonces al constatar esto, la conclusión es que la discriminación es recíproca. Un sector de quienes se oponen (no todos) incurre en actos de homofobia, mientras que un sector de los que están a favor (tampoco todos) discrimina de la misma forma.

    Pero en vez de tolerar la disensión y debatir con argumentos, las descalificaciones abundan. Esto no sólo reduce el nivel de debate, sino que no ayuda mucho a nuestro crecimiento como sociedad.

    Otra cosa importante que debemos entender es que los cambios dentro de la estructura de valores y creencias de cada persona son progresivos. Cuando éstos ocurren de forma súbita, se debe fundamentalmente a dos razones. 1.- Por interés, o 2.- Como resultado de un lavado de cerebro intensivo.

    Vamos a hacer un ejercicio. Vamos a suponer que el matrimonio igualitario es deseable, que es consecuencia de nuestro progreso como especie humana, y que no hay argumentos sólidos, de acuerdo a nuestros avances en la ciencia, filosofía, psicología, o psiquiatría, para oponerse a ello.

    Una persona que no concuerde o su postura sea «en contra», no lo hace por ser una mala persona, o por que no es inteligente, o es intolerante. Tiene que ver más con una escala de valores y creencias que ha adquirido en el seno de su familia, la escuela, o la religión. Ese conjunto de creencias le otorga una esencia como persona y le ayuda a construir su personalidad (en conjunto con su temperamento y rasgos producto de los genes).

    A los individuos no se les puede obligar a cambiar de ideas de la noche a la mañana. Debido al instinto de supervivencia humana, esto requiere un proceso y quienes no estén de acuerdo con su postura, deberían de ser más empáticos.

    Cambiar esa escala de valores de la noche a la mañana tendría consecuencias nefastas para su psique, si lo hiciera podría sufrir una severa crisis de identidad que lo orille a suicidarse; por eso es que el individuo opta por defender su postura en un primer instante, porque es más sano para su mente. En cambio puede progresivamente, conforme a su experiencia, realizar «ajustes» en esa escala de valores sin el riesgo de que su estructura colapse. Para generar el primer resultado, está la degradación y la humillación (aunque en realidad, el individuo terminará reforzando más sus ideas), para el segundo, la persuasión.

    El tema del matrimonio igualitario es algo completamente novedoso en nuestro país, ni siquiera era parte de la discusión hasta hace poco tiempo. Cuando degradamos, etiquetamos, y condenamos al ostracismo, estamos obligando al individuo a hacer lo primero, que cambie su conjunto de creencias de forma inmediata. Como «defensores del matrimonio igualitario», en este caso hipotético, no estamos siquiera respetando el proceso psicológico que debería de llevar a cabo para convencerse de que ese conjunto de creencias con respecto al tema era obsoleto.

    Imagina que eres un activista que toda su vida ha luchado contra los GMO (transgénicos), ha dado conferencias, ha marchado a la calle, se ha hecho un nombre, y eso le ha dado un sentido a tu vida. De pronto, un estudio por parte de científicos respetados que no deja ninguna duda, demuestra que los GMO no tienen ningún problema. Naturalmente tú te vas a mostrar muy escéptico ante esa nota y no la vas a creer. Pero ahora imagina que el siguiente día sales a la calle y te empiezan a señalar como «GMOFóbico», al punto en que te la piensas dos veces antes de publicar algo en Facebook sin ser juzgado por tus amigos.

    Algo así es lo que pasa. Si bien, lo que le da sentido a la vida a la mayoría de los opositores no es «odiar a los gay», sí lo es la creencia en un modelo de familia tradicional. Entonces puedo entender su sentimiento cuando son señalados por no estar de acuerdo con algún punto, cuando ellos no son homófobos e incluso tienen amigos gay. Es lo mismo que sintieron Dolce & Gabanna, la famosa pareja gay creadora de la marca de moda del mismo nombre al oponerse al matrimonio igualitario. Muchos los amenazaron con ya no volver a comprar sus productos, y los humillaron en las redes sociales cuando ellos mismos no pueden ser homófobos porque eso implicaría darse un balazo en el pie.

    Dolce & Gabanna. Matrimonio gay

    Sí, sí se debe de señalar a quienes sí incurren en actos de homofobia porque van en contra de derechos esenciales como el respeto a la integridad de las demás personas, y esa postura tiene que ver más con una «escala de prejuicios». Pero quienes sin hacerlo desde una postura homófoba disienten, deberían merecer el mismo respeto que quienes están a favor.

    Tenemos que aceptar que la discriminación es recíproca, y que ésta tiene que ver más con una actitud de la persona que con una diferencia ideológica o de opinión. Tanto quienes están a favor de expandir los derechos de la comunidad LGBT por medio del matrimonio igualitario, como aquellos que defienden el modelo de familia tradicional, deben de aprender que lo que va en la zona de guerra son los argumentos y no las personas. Deben de aprender a no hacer juicios morales por tan solo disentir o pensar diferente. No se puede ser liberal si se coarta la libertad del otro a expresar su opinión. De igual forma un conservador que vive bajo la premisa de la familia y los valores, no puede discriminar a otra persona por su preferencia sexual.

    En democracia, ambas partes están en el derecho de defender su postura, de promover un modo de familia nuevo, o de defender un modelo tradicional. Palabras como liberalismo y democracia son atractivas, pero a veces no es tan atractivo ser congruente con dichos términos; porque eso implica tolerancia a la opinión del otro, y que a pesar de que se luche por ideales opuestos, el respeto a la persona y su derecho a la libertad de expresión siempre debe de garantizarse.

    Se trata de elevar el nivel de debate, de aprendernos a respetar a pesar de las diferencias.

  • Las relaciones sociales en tiempo de estafas piramidales

    Las relaciones sociales en tiempo de estafas piramidales

    Una de esas personas de las que hace mucho no sabía nada (más de dos años), me saluda en Facebook. Ni siquiera sabía que existía, ni que la tenía como contacto. La última vez que la había visto, me había invitado a su evento multinivel. Esa vez se había portado muy amable. Ella era bonita, simpática y tenía un poco de carisma. Me sonreía, porque ella sabía que tenía una sonrisa bonita, y así pensó en persuadirme aquella vez. Algún ingenuo (o urgido) habría caído. Pero yo ni era ingenuo ni estaba urgido.

    Las relaciones sociales en tiempo de estafas piramidales

    Pero que yo recuerde, mi «NO» a entrar a esa «pirámide» había sido contundente, categórico e implacable. No sé por qué ella me guardó en su lista de prospectos.

    Pero los entrenan para hacerles creer que son personas valiosas, capaces y que pueden mover montañas. La verdad es que a mí ese tipo de negocios se me hace una aberración.

    ¿Para qué me estará buscando? Déjame adivinar, déjame adivinar. Lo primero que recordé fue el nombre de la empresa piramidal, ella comenzó con una introducción que consistía en tratar de hacerme sentir especial:

    – ¡Hace mucho que no sabía nada de ti! ¿Cómo estás? – Como si fuera una persona especial para ella, como si le cayera muy bien. Pero conozco muy bien esos trucos, los conozco más que ella misma.

    Y entonces, mencionó la palabra mágica:

    ¿Qué andas haciendo ahorita? ¿Te acuerdas de (inserte aquí el nombre de la empresa piramidal)?

    Su aspiración era que le dijera que me estaba yendo de la chingada y que entrar a (inserte aquí el nombre de la empresa piramidal) sería un aliciente para mí.

    Pero ¿cómo podía cortarla de tajo sin herir sus susceptibilidades? Traté de responder mejor la primera pregunta «¿Qué andas haciendo ahorita?» para desarmarla:

    – Ahorita me está yendo muy bien, trabajo por mi cuenta y tengo la intención de ir a estudiar al extranjero, por lo cual ando con muchos pendientes en este momento.

    Jaque Mate. ¿O no?

    Vamos a ser sinceros, a la mujer en cuestión le importo un bledo, y básicamente me importa un bledo que le importe un bledo. La comprendo, sé lo que hacen en esos negocios; bastó con ir al seminario de introducción al que me invitó hace 3 años (desde esa vez no me saludaba en Facebook) con el pretexto que era una entrevista para un proyecto. Que te mientan para que vayas a uno de esos seminarios es motivo suficiente para rechazarlos.

    Me quedé ahí por curiosidad para ver el lavado de cerebro que les hacían, quise entender sus técnicas de persuasión. Que se van a volver millonarios, que son especiales, que sí pueden, que no son una empresa fraudulenta porque patrocinaban a un equipo de medio pelo de la liga de Estados Unidos. A los que venden más (pero no ganan ni un 1% de lo que les prometen) se los llevan de viaje, y si venden todavía más, se los llevan a un país todavía más exótico. Saben jugar con las necesidades de la gente.

    Les dicen que son grandes, que sí pueden, que son poderosos. Les dicen que lean su libro sagrado, el cual es el infame libro de «Padre Rico, Padre Pobre de Robert Kiyosaki. – Lee a Kiyosaki, es tu nuevo gurú, todos sus libros, hasta los que escribió con Donald Trump: – Pero va a construir un muro y nosotros lo vamos a pa… ¡Que te calles y leas a Donald Trump también!

    Y por eso entiendo que me haya buscado cuando no le importaba un bledo. La pobre mujer simplemente siguió un manual de instrucciones llamado «Cómo enrolar a un prospecto por segunda vez»:

    • Paso 1, comunícate con el prospecto.
    • Paso 2, hazlo sentir especial y pregúntale sobre su vida.
    • Paso 3, recuérdale sobre (inserte aquí el nombre de la empresa piramidal).
    • Paso 4, suelta la pregunta gancho. La frase matadora.
    • Paso 5, si la respuesta es afirmativa, invítalo a un seminario de introducción (A.K.A. cocowash). Si la respuesta es negativa, insiste y háblale cómo es que tu vida ha cambiado con (inserte aquí el nombre de la empresa piramidal), cuéntale una historia bonita, o cómo enfrentaste a la adversidad con (inserte aquí el nombre de la empresa piramidal). No importa que tu vida sea una mierda (lo más probable, porque te estamos viendo la cara), recuerda que eres parte de (inserte aquí el nombre de la empresa piramidal), y por eso ya eres especial y privilegiada.
    • Paso 6, si la respuesta vuelve a ser negativa, manda al prospecto a la chingada.

    Mientras la mujer trataba de aplicar los pasos conmigo, ella se decía en su interior ¡Sí puedo, soy poderosa! ¡No voy a ser víctima! ¡Yo lo puedo generar!. Al mismo tiempo, yo repasaba mi feed de Facebook después de un día entero sin entrar: Las versiones alternativas del video de la mujer con la máscara de Chewbacca, medio leía un artículo de un amigo que se las da de economista crítico del neoliberalismo, tomaba un sorbo de agua, y le contestaba a la dama, ¡aha!, ¡ah, ok! ¡Ah, está bien! ¡Mucha suerte!

    La mujer, al obtener una respuesta negativa de mi parte, volvió a intentar. – Hoy soy muy feliz con (inserte aquí el nombre de la empresa piramidal), me dijo. Le deseé suerte en su negocio. Es decir, básicamente la batee.

    Si le hubiera importado hubiera seguido la conversación. No lo hizo. Esa emoción por volver a saber de mí se enfrió súbitamente. El Paso 6 decía que si la respuesta era negativa me mandara a la chingada. Y eso hizo. De pronto «ya no estaba emocionada» por saber de mí, y la conversación paró. Yo perdí un minuto de mi vida que hubiera podido invertir en sacarme una lagaña del ojo:

    Bueno, si de todos modos estaba viendo el video de la mujer histérica con la máscara de Chewbacca.

    Después de cortarme, me saqué mi lagaña, ella se puso ansiosa, hojeó su libretita para encontrar más prospectos a quienes enrolar, porque tiene que enrolar al menos uno antes de echarse a dormir.

  • Chivas fuera de Televisa y lo que significa para México

    Chivas fuera de Televisa y lo que significa para México

    Chivas es el equipo más importante del futbol mexicano, es el equipo de más tradición, y el que más representa a México. Chivas, a la vez, encarna ese «nacionalismo defensivo», del rechazo a lo que es extranjero y que junto con sus glorias, ha creado una gran base de aficionados en todo el país.

    A pesar de que en los últimos tiempos no ha presumido muchos triunfos, además que las decisiones de sus directivos han dejado mucho que desear, es un club que siempre será representativo (sí, más que el América) de nuestro futbol.

    Chivas fuera de Televisa y lo que significa para México

    Chivas tomó una decisión trascendental. Rompió con Televisa.

    Es una decisión trascendental no sólo por lo que significa Televisa en el futbol mexicano, sino por lo que significa para México.

    El duopolio televisivo se ha ostentado como dueño del futbol del país. Basta recordar que «El Piojo» Herrera fue colocado como director técnico por medio del dedazo de Emilio Azcárraga, después de que la selección quedara muy cerca de quedar eliminada del mundial. Cierto que Herrera cumplió, clasificó e hizo un mundial decoroso (#SíEraPenal). Pero la forma (básicamente una imposición del dueño de una televisora) dejó entrever como se maneja el futbol mexicano, que a pesar de ser el deporte favorito del país por mucho, siempre ha mostrado un nivel mediocre.

    Sí, Televisa. Una televisora que controló el futbol de una forma tan dictatorial, que llegó a meter a la cárcel a quienes amenazaran con afectar sus intereses.

    Chivas, al romper con Televisa, no sólo lesiona los intereses de Televisa en el futbol, sino en todo el país.

    Esto se da en un contexto donde Televisa pierde mucha influencia, y sobre todo, recursos económicos. En la cartera de Televisa hay un boquete por donde se escurre el dinero. Perdieron la transmisión de los Juegos Olímpicos, están perdiendo muchos televidentes porque prefieren ver series en Netflix (no, Blim no es una opción), perdieron credibilidad por impulsar a Peña Nieto en el 2012, y a pesar de que nuestro mandatario trató de regresarles el favor en el marco de la Reforma de Telecomunicaciones, la reacción del mercado fue implacable y no sirvió de mucho, los jóvenes de hoy ya no quieren ver Televisa, la televisora es obsoleta.

    Televisa se metió en un problema donde parece que ya no hay forma de retornar. Porque a sus garrafales errores, se le unieron los cambios de hábitos de consumo.

    Es decir, estamos hablando del principio del fin de Televisa. No significa que vaya a desaparecer, pero su poder seguirá menguando hasta volverse irrelevante.

    Esto quiere decir que el «monopolio» de la información seguirá fragmentándose. Y así como este rompimiento seguramente le quitará fuera a Televisa cuando hablamos de manejar el futbol mexicano y donde se ha comportado de una manera despótica, también le quitará fuerza (por ingresos y capacidad de influencia) como empresa y como músculo político.

    Y lo hará porque esta decisión muy seguramente generará una reacción en cadena, es decir, que más equipos del futbol mexicano decidan romper con el duopolio para irse a la televisión restringida o crear su propio medio, como lo pretende hacer Chivas, a quien por cierto, Televisa maltrató los últimos años, mientras beneficiaba a su retoño, las Águilas del Ámerica, incluido el apoyo del jugador número 12 (el árbitro), y que representa el modus operandi de Televisa y del antiguo régimen de corrupción y trampas (títulos arreglados, árbitros a modo).

    Habrá un momento en que el duopolio pierda el gran negocio del futbol mexicano, de la misma forma en que pierde influencia y poder político dentro del país.

    Azcárraga Televisa

    Sectores que estaban a atados a intereses privados creados bajo la tutela del Gobierno quedan expuestos al libre mercado, que ciertamente no es perfecto, pero es mucho mejor a ese corporativismo tipo «Televisa-PRI» al cual tanto nos acostumbramos y que le hizo daño tanto a México, «aunque fuera un día soleado».

    Paradójico es que bajo una presidencia caracterizada por los conflictos de intereses, tráfico de influencias y favoritismos, se de este quiebre tan necesario para México: esta desconcentración de los medios de comunicación que tanto se necesitaba. De la misma forma, Carlos Slim (esto sí se puede considerar un acierto del gobierno) también pierde fuerza como monopolio en la telefonía. Por muchas razones, gracias al gobierno, o a pesar del gobierno, el mercado, o los hábitos de consumo, México está dando un paso importante en materia de telecomunicaciones. Y todo ese poder tan abrumante que se convertía en poder político, se cae a pedazos.

    Y por eso el rompimiento de Chivas es importante. Sobre todo por lo que representa. Lo más mexicano de nuestro futbol rompe con uno de los «mayores vicios» creados por el sistema rígido que nos gobernó durante tantos años. Así como México como tal, empieza a romper en ese sentido con ese régimen monolítico que rigió por muchos años los medios de información en el país.

    Los aficionados de las Chivas, a pesar de que perdieron en la liguilla con su rival de la televisora, el América, con esta decisión se pueden ir contentos y exclamar una y otra vez que ch.. a su m… el América.

    Felicidades a Chivas por esa gran decisión.