Categoría: reflexión

  • Gilberto Lozano, ¿ha llegado la derecha populista a México?

    Gilberto Lozano, ¿ha llegado la derecha populista a México?

     

    Gilberto Lozano, ¿ha llegado la derecha populista llega a México?
    Fotografía: Periódico ABC

    Marine Le Pen, Donald Trump, Nigel Farage son nombres que nos preocupan a quienes estamos interesados en la política. Sin embargo, muchas veces creemos que en México no están «dadas las condiciones» para que un populista de derechas surja en el país. 

    Ciertamente hay rasgos que no se pueden replicar, como por ejemplo, mantener una postura firme hacia los migrantes porque son pocos los que habitan en nuestro país. A algunos ni siquiera los rechazamos -sobre todo aquellos americanos y europeos- porque algunos dicen que «vienen a aportar algo» y a veces se les tiene en demasiada estima. Por otra parte, esos otros pocos que algunos ven con algo de desprecio, son aquellos que solo vienen de paso.

    Pero haciendo lado esta eventualidad, no somos un país que esté «vacunado» contra este tipo de líderes. Que no los hayamos visto, o que no hayamos presenciado fenómenos de este tipo -que creemos que sólo se pueden concentrar en la izquierda, sobre todo en la de MORENA- no significa que un líder de este tipo, un Trump mexicano, pueda surgir.

    Alguien ya levantó la mano, se llama Gilberto Lozano. Él es un regiomontano que ha ocupado cargos importantes como Director de Recursos Humanos en la cervecería Cuauhtémoc Moctezuma, mismo puesto que ocupó en FEMSA, y también fue directivo de los Rayados del Monterrey, a quien salvó del descenso.

    Este peculiar personaje se ha vuelto cada vez más popular por su activismo en redes sociales y por sus ataques estridentes contra el gobierno mexicano. Hace pocos días organizó la marcha contra el gasolinazo en Monterrey que aglutinó a decenas de miles de personas.

    Me dí a la tarea de analizar los videos de Lozano para conocer cómo es que piensa y que propone, y me encontré con lo siguiente:

    Gilberto Lozano se asume como antisistema, no sólo ataca a Peña Nieto, a quien denunció por traición a la patria, sino a toda la clase política:

    Yo desaparecería la Cámara de Diputados y Senadores porque ellos no conocen las leyes.

    Ha aprovechado el descontento generalizado por el gasolinazo  -en el cual ha llamado a la desobediencia civil y a no pagar impuestos- para hacer crecer su movimiento llamado Congreso Nacional Ciudadano. Digamos que ha entendido a la clase media mexicana conservadora -aunque su discurso bien podría atraer a algunas personas de izquierda- y ha creado un discurso fácil, de lugares comunes, y muy estridente: «son sátrapas, son zánganos». Gilberto Lozano es políticamente incorrecto y puede insultar con malas palabras a Enrique Peña Nieto y a Andrés Manuel López Obrador. 

    Te están temblando las piernitas, estoy seguro que cuando diste tu mensaje Peña Nieto, traías pañal deshechable, por lo mentiroso, y porque ya traes diarrea de lo que vamos a hacer los mexicanos contigo. 

    Pero no sólo es en la estridencia y en el lenguaje vulgar donde podemos ver paralelismos con otros populistas como Donald Trump. También es nacionalista. En sus videos propone no consumir productos extranjeros y mantiene una postura beligerante hacia las empresas transnacionales:

    Vamos a mexicanizar a México, no vamos a caer en el juego de la globalización, aquí tenemos riqueza y la vamos a rescatar para los mexicanos.

    Y por si faltara poco, al igual que ocurre con los populistas de derecha de Estados Unidos y Europa, arremete y desprecia a los intelectuales y académicos: 

    La Ley 3 de 3 es un engaño, pero la parafernalia de los intelectualoides, de la gente que escribe, los editorialistas, te hacen creer falacias. Te inventan con que estamos avanzando.

    Gilberto Lozano toma también algunas banderas de la izquierda como la masacre de Ayotzinapa o el desprecio a las «televisoras del régimen» (Televisa y TV Azteca), porque básicamente desprecia al sistema. Pero Lozano también incluye a la izquierda lopezobradorista como parte del régimen que hay que extirpar. 

    En un país en el que ciertamente todos estamos hasta la madre de la clase política, hay quienes han levantado la mano para proponer un modelo de cambio: Jorge Castañeda y Pedro Ferriz habían sido las dos principales voces que pretenden contender por la candidatura independiente, y aunque han sido muy críticos con el gobierno, se han mostrado más moderados que Gilberto Lozano, quien por medio de un lenguaje soez, estridente, y políticamente incorrecto, podría canalizar de mejor forma a la sociedad indignada por lo que pasa dentro de la política de su país. 

    Falta un año y medio para las elecciones, no es demasiado tiempo, pero tampoco es lo suficientemente poco como para que Gilberto Lozano no pueda aspirar a alguna candidatura. Aunque no ha afirmado de forma explícita que quiere contender por la Presidencia de la República, sí propone acabar con la clase política e instaurar un gobierno ciudadano con su lema «cheranizar a México«. Con el tiempo veremos qué tanto crece este fenóneno, y también podremos conocer de mejor forma quién es él. 

    Pero al día de hoy, no dejo de advertir esos varios paralelismos con la derecha populista que está creciendo en Occidente. Raro sería no ver algo así cuando tenemos una clase política tan desprestigiada y degradada. 

    Aquí pueden consultar su página oficial

     

  • Las redes y los saqueos ¿quién fue?

    Las redes y los saqueos ¿quién fue?

    La mano negra detrás de los actos vandálicos

    Hoy hablaré del tema menos importante -que no por eso deja de ser importante- con respecto al tema del gasolinazo. Lo considero así porque aunque los saqueos no son cualquier cosa -es un atentado contra la propiedad privada, y a la vez, se dice, es una expresión llevada al extremo de la indignación que el gasolinazo ha causado- tienen menos importancia que aquello sobre lo que se debate, que es de interés nacional y no se debe de dejar al lado: primero, entender por qué se ha elevado el precio de la gasolina; y segundo, cuál es el origen del problema -que a la vez exhibe las fallas dentro del gobierno como el mal manejo de las finanzas, el ordeñamiento de Pemex, la corrupción, entre otros temas.

    Pero hablemos pues, de los saqueos.

    Primero puedo advertir que las redes se han convertido en una batalla campal, algunos no se han percatado que dentro de esa batalla hay quienes buscan manipular la opinión pública -cosa que ya se ha vuelto costumbre en las redes-. Esto ocurre dentro de los dos bandos, en mayor o menor medida. Por ejemplo, cadenas de Whatsapp invitando a no salir a manifestarse por el peligro que esto conlleva, y otros mostrando textos apócrifos donde algunos aseguran que el PRI los invitó a saquear tiendas.

    También se percibe esa ya clásica polarización donde las etiquetas caben más que los argumentos: «chairos», «vendido del sistema», «eres de Televisa» y demás, para desprestigiar así al otro bando sin siquiera haber debatido el argumento. Me alejaré de esas malas prácticas que enturbian el debate para poder hacer mi argumentación.

    ¿Son los saqueos manifestaciones espontáneas, son orquestados por alguien, o es una estrategia del gobierno?

    Los saqueos y el vandalismo pueden ser una manifestación espontánea producto del enojo y la indignación, como ha ocurrido en mucho lados. Por ejemplo, en el diario The Guardian, Bryn Phillips, quien participó en los actos vandálicos que ocurrieron en 2011 en Londres, afirma que estaban muy enojados y no sabían como expresar su enojo. Una investigación posterior de la Universidad de Oxford afirma que la desconfianza en la policía y la desigualdad fueron los detonantes. 

    Si uno compara los actos vandálicos de Londres con los ocurridos en México va a encontrar algunas diferencias notables. En el caso de Londres, es evidente que es el enojo el móvil, los manifestantes trataron de destrozar todo lo que había a su paso, prendieron fuego y agredieron a los policías. 

    En el caso de México, aunque sí hubo vidrios rotos y agresiones en algunos casos -un policía murió y en algunos casos se escucharon balazos-, nunca adquirieron la intensidad de los hechos que ocurrieron en Londres. No vimos comercios prendidos con fuego ni vimos batallas campales entre los vándalos y la autoridad. De hecho, hay videos donde usuarios aseguran que la propia autoridad participó en los saqueos

    El propósito, más que destrozar lo que había a su paso, era hurtar tiendas y robar televisiones o productos perecederos. Si uno observa los videos de los actos se podrá dar cuenta que quienes participan no están invadidos por el odio; en algunos casos parecen estar más bien divirtiéndose, e incluso entran a hurtar en las tiendas de una forma muy tranquila.

    Entonces lanzaría la pregunta ¿sí están estos vándalos movidos por la indignación provocada ya sea por el gasolinazo o el gobierno de Peña Nieto, o porque quieren una nueva televisión? Si uno observa detenidamente, estos saqueos tienen más en común con los que ocurrieron en Los Cabos después del huracán Odile, que con los actos de violencia de Londres. Analice su comportamiento y compare. 

    Por ejemplo, en el siguiente video podemos observar que algunos de los saqueadores salían de las tiendas tranquilamente, y quienes no, lo hacían para huir de las autoridades:

    https://www.youtube.com/watch?v=0PtWkhnKPug

    La segunda cuestión es, si el vandalismo es producto del gasolinazo, entonces esperaría que ocurrieran dos cosas: que los vándalos atacaran oficinas o establecimientos que tienen relación alguna con el gobierno o Pemex, o que lo hicieran de forma indiscriminada contra cualquier establecimiento -sea cualquier comercio-, porque una persona llena de cólera no es alguien que se vaya a comportar de una forma racional. Nunca vimos casetas quemadas, ni siquiera una gasolinera, y sí saqueos bien focalizados en tiendas de autoservicio como Soriana, Coppel u Oxxo.

    Llama la atención que este vandalismo «focalizado» se haya reproducido de la misma forma en varias entidades de la República donde atacaron las mismas cadenas de autoservicio, tal vez con excepción del Palacio de Gobierno de Monterrey donde rompieron vitrinas y voltearon algunos carros de medios de comunicación y donde los manifestantes -pacíficos- se deslindaron señalándolos. Pero incluso en este caso no vemos individuos que estén movidos por el rencor o la indignación, compare a éstos vándalos con aquellos de Londres. 

    La tercera es que en las redes sociales aparecieron cuentas convocando a saquear tiendas, no fueron cuentas aisladas sino bots programados para amplificar el mensaje.

    Entonces puedo pensar lo siguiente. Que difícilmente esta puede tratarse de un acto espontáneo, porque no parece que la rabia o los sentimientos desbordados sean el móvil, y junto con la aparición de convocatorias en redes sociales programadas con alguna entidad que tiene algún interés podemos pensar que están orquestados o incitados por alguien.

    Entonces, si fueron orquestadas, ¿quién fue?

    La primera teoría, y que sostienen muchos, es que fue el Gobierno Federal. Algunos argumentos a favor de esta teoría son los siguientes:

    La credibilidad que el gobierno tiene es muy baja, y pueden temer que las manifestaciones logren crear una suficiente masa crítica como para que el problema adquiera otra dimensión. A diferencia de otras ocasiones, los manifestantes se han sentido lastimados en los bolsillos, por lo cual muchas personas -sobre todo de clase media- que antes no estarían dispuestas a manifestarse, lo harían. Una manifestación heterogénea sería más preocupante para el gobierno que una propia de un sector focalizado, porque se trataría de un repudio generalizado -que no respeta clase social, posición económica, etc-.

    Los saqueos inhibirían a los manifestantes a salir a las calles al crear una sensación de psicosis, esto sin importar que las manifestaciones no quedaran deslegitimadas -por ejemplo, con manifestantes capaces de deslindarse de los vándalos-, porque pueden creer que su integridad podría estar en riesgo si salen a la calle.

    Bien, podría pensar que esto también podría servir para desviar la atención. Que se hable más de los saqueos que de las malas finanzas públicas y el endeudamiento del gobierno que hacen mandatorio mantener a las gasolinas gravadas con impuestos. 

    Otro argumento es que la policía no se anticipó a los saqueos, los cuales fueron convocados en las redes sociales. Cuando los saqueadores llegaron al establecimiento, no se toparon con policías que les prohibieran el acceso. Basta ver varios videos, como los que puedes encontrar en Youtube, donde la autoridad brilla por su ausencia. 

    Otra es que la mayoría de los saqueos se llevaron a cabo en el Estado de México, que es básicamente el centro de operaciones del partido del gobierno, y de donde suelen reclutar acarreados -como es el caso de las ceremonias del Grito de Independencia-.  

    Y la última es que se propagaron mensajes -que recibieron familiares, amigos, y conocidos míos- por Whatsapp invitando a la gente a no salir a manifestarse porque podrían arriesgarse y el entorno podría volverse violento. Con lo cual sí podemos confirmar que hay alguien interesado en que estas manifestaciones no crezcan. Adjunto una imagen que me compartió un amigo desde su Whatsapp:

    Un argumento en contra de esa teoría es la reacción que podrían tener las empresas que sufrieron agresiones, que son grandes y cuyas inversiones son fuertes: -FEMSA, Wal Mart-, de saber que esos vándalos fueron enviados, o de menos incitados, por las autoridades. Esto en un contexto donde la relación entre el gobierno de Peña y la cúpula empresarial ya no es muy buena.

    Y si no fue el gobierno quien participó en la organización o en la promoción de estos saqueos ¿quién pudo ser?

    La primera respuesta que viene a la mente de muchos es López Obrador. Pero en el contexto actual, lo que menos le conviene a López Obrador es ese escenario, no sólo porque las posibilidades de que quede exhibido son altas -empezando porque el gobierno concentra a los servicios de inteligencia- sino porque a López Obrador, quien aspira a ganar las elecciones del 2018, le conviene un escenario donde el gobierno sea lo más impopular posible para rentabilizar la indignación de la gente, pero donde el país, a su vez, sea lo suficientemente estable para que pueda gobernar. A año y medio de una elección en la cual tiene serias posibilidades de ganar, desestabilizar al país sería un suicidio. 

    La segunda es que se podría tratar de algún grupo anarquista o extremista opuesto al gobierno, pero este tipo de grupos suelen adjudicarse sus actos. A juzgar por la vestimenta de los manifestantes, no parecen pertenecer a algún tipo de organización.

    Otra teoría sería que a alguna agrupación -que posiblemente no sea lejana a la clase política- tenga algún interés específico en mostrar al país y al gobierno de Peña Nieto en descontrol. Quienes consideran esta teoría, dicen que la mayoría de las manifestaciones ocurrieron en el Estado de México porque es un estado muy importante para el PRI, y donde se llevarán a cabo las siguientes elecciones. Entonces mostrar caos y una autoridad inoperante podrían influir en el resultado de las elecciones. 

    ¿Quién fue? Lo dejo a consideración al lector, yo simplemente he trazado los argumentos que se me vienen a la cabeza. Si llegas a una conclusión, puedes dejar tu comentario abajo.

  • ¿Gasolinazo? Mejor vamos a marchar por una Reforma Política

    ¿Gasolinazo? Mejor vamos a marchar por una Reforma Política

    ¿Gasolinazo? Mejor vamos a marchar por una Reforma Política

    Si tú estás leyendo esto, seguramente estás indignado. Naturalmente ver un incremento del 20% de la gasolina, que reduce tu capacidad de compra -y que puede afectar en algún grado tu calidad de vida-, es un motivo para sentirte frustrado. Peor aún, cuando los políticos, en vez de hacer sacrificios, se autoregalan bonos, iPhones, y demás, la indignación se hace más grande.

    He leído muchas peticiones para que eliminen el IEPS o subsidien la gasolina. Déjame decirte algo, este gobierno está en serios aprietos económicos, han manejado tan mal las finanzas que no tienen margen de maniobra. Gran parte del dinero -porque hace dos años, el gobierno de Peña tenía mucho dinero- se ha utilizado para programas sociales electoreros y asistencialistas, alguna otra porción no sabemos donde está (tal vez en los bolsillos de los gobernadores prófugos). 

    La cuestión es que estamos en una situación tal que eliminar el IEPS puede meternos en un problema económico serio, también subsidiar la gasolina. Entonces pensarás que no se puede hacer nada si no es viable revertir el gasolinazo.

    Pero sí se puede hacer algo, no para bajar el precio de la gasolina, pero sí para combatir las causas.

    ¿Cómo?

    ¿Por qué la economía está mal? Básicamente porque tenemos un gobierno corrupto, que gasta mucho, que roba mucho, cuyas políticas son un desastre. La oposición, ya sean azules, verdes, naranjas o morenos, no se puede lavar las manos. Son en cierta medida parte del problema. todos ellos son parte de una clase política amoral, sin principios, y que no funciona. Entonces ataquemos ese problema. ¿Cómo? Con una Reforma Política rompedora. 

    Cierto que hay avances en la materia, existen candidaturas independientes, se han logrado avances en transparencia. Todo esto gracias a la presión de la ciudadanía. 

    Entonces si vamos a salir a marchar, lo hagamos para pedir una Reforma Política de gran calado que cimbre las estructuras de este país, donde los ciudadanos tengan un papel más importante, y donde los políticos estén limitados por la rendición de cuentas y la vigilancia ciudadana.

    Y claro, que no tengan privilegios. Eso significa, para empezar, quitarles el fuero

    Además de eso que se me hace indispensable se podrían proponer otras cosas, por ejemplo:

    1. Que los servidores públicos demuestren la capacidad para desempeñarse en su cargo: a) Qué muestren llevar una vida honrada b) Qué se les apliquen exámenes psicológicos y de conocimiento c) Qué el Presidente, diputados, senadores, y gobernadores tengan estudios de maestría en áreas afines.
    2. Que los políticos paguen su jubilación, su seguro de salud, y que no puedan votar su propio aumento de salario. Que transparenten y justifiquen sus viajes al extranjero.
    3. Que se implemente la #Ley3de3 como estaba concebida originalmente, donde los políticos estén obligados a presentar sus 3 declaraciones. 
    4. Que se pongan menos candados a las candidaturas independientes.

    Seguramente hay muchas más cosas que podemos proponer, ya hay un trabajo de organizaciones civiles con respecto al tema y que podrían colaborar, pero necesitamos que esta indignación la traslademos a lo que realmente importa, a las causas reales que hacen que nuestros políticos trabajen para sí mismos y no para nosotros. 

    Que toda esa desobediencia civil -no, eso no incluye saqueos-, todas las propuestas para presionar al gobierno, vayan en ese sentido. Hoy México está enojado, pero hay que utilizar ese coraje productivamente. Si vas a marchar hoy sábado o en los días que vienen, sal con tu pancarta que clame por una Reforma Política, convence a los tuyos, comparte este artículo. Vamos a luchar por los cambios que México necesita.

  • México, tan lejos de Dios, tan cerca de los 16 pesos de Magna

    México, tan lejos de Dios, tan cerca de los 16 pesos de Magna

     México, tan lejos de Dios, tan cerca de los 16 pesos de Magna

    Los gobiernos de vez en cuando tienen que tomar medidas impopulares; medidas que en el corto plazo tendrán una afectación en la ciudadanía, pero que sin ellas, las consecuencias a mediano y largo plazo serían más graves. 

    Muchos de los afectados no entienden la necesidad de implementar medidas, ya no tanto porque piensen a corto plazo, sino porque no tienen el conocimiento que se supone tienen quienes son especialistas dentro del gobierno, o bien, porque las simpatías políticas o ideológicas pueden nublar la razón. 

    Sabiendo esto, que el gobierno necesita de la legitimidad del pueblo para gobernar pero que no siempre le puede dar gusto -quien lo hace, se dice, se convierte en demagogo-, entonces tiene que jugar bien sus fichas. El gobierno tiene que procurar mantener la suficiente legitimidad para poder tomar una medida impopular sin que lo ponga en jaque. 

    El problema se agrava cuando la medida no sólo es impopular, sino que no está completamente justificada. Cuando pasa eso, entonces la mayoría de los líderes de opinión -y no sólo los que simpatizan con la facción opositora- se lanzan contra el gobierno o contra su medida, amplificando todavía más el descontento de la sociedad. 

    Habiendo dicho esto, el tema del gasolinazo es uno muy complejo. Se trata de una medida impopular, que se pudo evitar, y cuyo ejecutor -no sólo el gobierno al mando, sino las facciones involucradas- no tiene legitimidad.

    Pero a la vez es un tema que la gente desconoce. Es decir, la indignación puede estar justificada, pero el diagnóstico que hacen suele estar errado, movido por las emociones, y en algunos casos, por intereses políticos que buscan manipularles:

    Por ejemplo, una de las primeras reacciones tiene que ver con culpar a la Reforma Energética. Si el precio de la gasolina subió y los precios se liberaron -fenómeno propio de la Reforma-, entonces la liberación de precios es responsable del incremento de la gasolina. Pero en realidad el precio no está tan liberado porque tiene una fuerte carga impositiva que el gobierno dice necesitar para poder financiar el gasto público y que deriva de la Reforma Fiscal que impulsaron PRI y PRD.

    El gobierno, por su parte, busca manipular a la opinión pública culpando a agentes externos, que si bien existen y sí juegan un papel, no son los únicos actores. Ellos hablan del alza del precio internacional del petróleo o del contexto mundial.  Las facciones opositoras, sobre todo las que se presentan como las más fuertes en 2018 -PAN y MORENA- juegan su papel tratando de obtener un beneficio del descontento de la gente. El PAN desde la derecha pide que eliminen el IEPS, y López Obrador desde la izquierda culpa más bien a la Reforma Energética impulsada por la «mafia en el poder».

    En realidad el gobierno no tiene otra ruta más que esperar que esta decisión no impacte tanto, que las manifestaciones no sean lo suficientemente grandes para que puedan poner en riesgo la estabilidad, y que la cantidad de legitimidad que se pierda -y de la cual ya no tienen mucha- sea la menor posible.

    El gobierno ya no puede utilizar la alternativa que en muchos otros escenarios sería la más sensata, la de explicar al pueblo la necesidad de tomar esa medida y esperar que lo entiendan, o que al menos no se opongan tanto, oposición que lograrían contener con sus «reservas de legitimidad».

    No se puede hacer porque los gobernados los perciben con una gran falta de legitimidad y autoridad moral. Basta ver los escándalos de corrupción en los que se vieron directa o indirectamente involucrados, los gobernadores que desfalcaron estados y que no han pasado por la justicia. 

    Peor aún, el gobierno tampoco tiene alternativas si hablamos de políticas que podría implementar para aminorar el descontento. Todos sabemos que el gobierno ha manejado pésimamente las finanzas de este país, y por eso se entiende que el gobierno no pueda prescindir en ningún grado de esa carga impositiva que tienen las gasolinas. Es decir, el impuesto está ahí para cerrar los boquetes producto de su ineptitud, pero si el gobierno decide eliminar el impuesto (IEPS), el problema en realidad podría tornarse aún más grave. Volver a subsidiar la gasolina para aminorar el descontento es dar un paso atrás. 

    Tal vez quienes se manifiestan ahora debieron ser más insistentes desde hace algunos años sobre la forma en que el gobierno manejaba las finanzas, sobre los escándalos de corrupción, sobre las programas sociales que se han convertido en mecanismos clientelistas y electorales -como Prospera- pero que tan necesarios son para el partido en turno -basta ver a Ochoa Reza decir que sin el impuesto a la gasolina no podrían financiar dichos programas «tan necesarios»-. sobre la forma en que esa élite política ordeñaba Pemex, o sobre aquel PRI y PRD que bloquearon la Reforma Energética el sexenio pasado y que aprobaron la Reforma Fiscal en este sexenio. De hecho no sólo es este gobierno el «culpable», y tendríamos que preguntarnos sobre lo que hicieron o dejaron de hacer pasadas administraciones. 

    Ahora no hay margen de salida, el aumento del costo de la gasolina puede ser injusto por las razones que mencioné anteriormente, pero cualquier intento por aminorar el impacto o satisfacer a la población legítimamente indignada podría terminar creando un problema todavía peor. 

    No se me haría demasiado descabellado que el gasolinazo se termine convirtiendo en la gota que derrame el vaso. A diferencia de todos esos episodios bochornosos e indignantes -Casa Blanca, Reunión Peña-Trump, huída del Chapo-, este evento afecta directamente a los bolsillos de los ciudadanos, y algunos de quienes nunca pusieron un pie en el asfalto para manifestarse por el conflicto de intereses de la Casa Blanca, Ayotzinapa, Trump y demás, ya están en las calles. Ante tal nivel de indignación y ante aquella acumulada a través del sexenio, la mecha podría encenderse.   

  • La dictadura del like

    La dictadura del like

    La dictadura del like

    La serie británica Black Mirror, famosa por su crítica a la forma en que la tecnología influye en nuestras vidas, tiene un episodio que me llamó la atención, el cual presenta un futuro distópico donde todo el mundo califica a las demás personas mediante su smartphone, tal y como calificamos un servicio o a un chofer de Uber. Todos pueden conocer tu calificación, y con ella, la gente puede saber si eres una persona agradable, o bien, una empresa puede decidir si te contrata para su nuevo puesto de trabajo.

    A pesar de que el planteamiento que hace el episodio tiene algunos detalles cuestionables -no creo que el rating pueda tener alguna utilidad para poder comprar una casa o rentar un coche, como lo muestra la serie-, logra su cometido: mostrar un mundo posible donde los individuos puedan hacer un juicio de las demás personas por medio de la opinión que los demás tienen de ellas.

    Entonces tenemos que hacernos la siguiente pregunta:

    ¿Hasta qué punto la tecnología y la ciencia pueden afectar a las estructuras sociales y a nuestras relaciones?

    Con el progreso de la humanidad, y sobre todo, con el método empírico, el individuo aprendió a medir fenómenos para sacar conclusiones a través de éstos. Por ejemplo, podemos hacer estudios cuantitativos para medir la opinión o preferencia que el individuo tiene sobre alguna cosa, para que con sus resultados podamos anticiparnos y hacer los necesarios ajustes para que dicha cosa logre su cometido en función tanto de quien oferta como de quien consume.

    Con el crecimiento de la tecnología digital y la irrupción del big data, este tipo de herramientas ha adquirido otra dimensión. Ya no sólo puede el individuo evaluar el servicio que recibe de tal forma que los usuarios puedan hacer un juicio a priori de aquel producto que van a consumir con base en la calificación y críticas que las otras personas hacen, sino que puede de alguna forma evaluarse, e incluso puede intentar hacer un juicio acerca de su valía como persona.

    Pero, ¿es posible, en estos momentos, que un individuo pueda hacer un juicio de sí mismo con base en los instrumentos cuantitativos que miden la interacción del individuo en redes sociales, como por ejemplo, los likes o el número de seguidores de Facebook?

    Mi respuesta sería que no del todo. Si bien los datos pueden tener algún valor en este sentido, es todavía muy difícil llegar a una conclusión objetiva e imparcial.

    Algo sí sabemos, estos instrumentos cuantitativos ya afectan la psique de las personas. Un like o un share generan una sensación de bienestar en el organismo de muchos de los usuarios de Facebook, mientras que la ausencia de, suele generar el efecto contrario. Esto se debe a la dopamina, sustancia, que por cierto, es altamente adictiva, la cual puede generar problemas de aislamiento en quienes usan en exceso las redes sociales. 

    Debido a esto, muchos usuarios pueden tentarse a hacer un juicio de ellos mismos con base en el número de seguidores que tienen en Facebook o el engagement (número de likes, comentarios o shares) que sus publicaciones tienen comparándose con los demás usuarios. Y lo hacen porque se ha incrustado la idea de que un mayor número significa una mayor popularidad: las empresas que tienen presencia en redes siempre quieren obtener un número mayor, un influencer (como un videoblogger o un líder de opinión) suele tener muchos seguidores y muchos likes. Entonces se asume que:

    A más seguidores o likes, mayor popularidad, y quien es más popular es más exitoso.

    Y de eso se sigue que quien no tiene muchos seguidores o tiene pocos likes en comparación con otras personas es menos popular y menos valioso. Y así mucha gente lo cree: muchos usuarios intentan incrementar su engagement por medio de fotos más atrevidas (véanse las selfies) o citas que piensan que a todos les va a gustar. 

    Pero como dije, no creo que el usuario pueda hacer un juicio objetivo sobre su persona de acuerdo a su popularidad en redes o al engagement de sus publicaciones, existen variables que un like no puede medir por sí solo. Es más, ni siquiera puede el individuo comparar la calidad de su vida con la de otros de acuerdo a lo que publican en redes. Existen muchos factores que sesgan ese análisis, enlisto algunos: 

    • Frecuencia de uso: Una persona que usa poco sus redes sociales suele tener menos followers que una persona similar a él y que es un usuarios constante. 
    • Representatividad de seguidores: Una persona que tiene 400 seguidores podrá tener mucha gente cercana dentro de ellos, mientras que otro puede presumir tener a 1,000 amigos de los cuales muy pocos son gente muy cercana a él. De la misma manera, un individuo podrá tener muchos amigos que prácticamente no interactúan en redes sociales mientras que otros tienen a todos sus amigos en Facebook. No está de más decir que de acuerdo al Número de Dunbar, una persona, debido a la neocorteza del cerebro, es incapaz de tener una relación cercana en la vida real con más de 150 personas. 
    • Sesgo cualitativo: Las redes contabilizan la cantidad de seguidores, pero no qué tan valiosos son ni qué tanto interactúa el individuo -tanto a nivel virtual como real- con ellos. Tampoco puede medir la motivación que hay detrás de un like. Si bien, redes como Facebook han agregado otros estados de ánimo con ese propósito -como «estoy enojado» o «estoy asombrado»-, dos personas pueden dar un like a una publicación por razones muy distintas y que tienen distinto valor.
    • Historia de vida ideal: Los usuarios suelen exaltar los acontecimientos positivos de sus vidas en las redes al tiempo que minimizan los negativos. Así, el usuario, al ver las publicaciones de los demás, puede pensar que tiene una vida más desgraciada que la de sus seguidores cuando no es así.
    • La ilusión de la mayoría: Los usuarios tienden a seguir a otros usuarios que tienen más seguidores que ellos, porque básicamente quien tiene más seguidores tiene mayores posibilidades de ser seguido. De esta forma, el usuario podría creer que es menos popular de lo que en realidad es.
    • Personalidad del usuario: La personalidad del individuo afecta la forma en que usa las redes, y por tanto, la respuesta que reciben sus publicaciones. Una persona introvertida que es selectivo a la hora de elegir amigos no tendrá la misma respuesta que aquel que se siente el alma de la fiesta.
    • Tópico de los contenidos: Por ejemplo, un post de política o de un tema especializado generará en Facebook menos engagement que una foto de cumpleaños o un acontecimiento importante mientras que, en Twitter, el fenómeno suele ser inverso.
    • Formato: Los formatos de las publicaciones condicionan el alcance. Por ejemplo, en Facebook las imágenes generan más engagement, mientras que los contenidos compartidos generan muy poco. 
    • Algoritmo: Facebook determina qué publicaciones tienen más relevancia de acuerdo a un algoritmo que está en constante cambio.

    Y sumado a esto, deberíamos de recalcar que la popularidad no siempre es condición necesaria para que alguien sea una persona exitosa, y menos se puede pensar que eso tenga relación alguna con la valía de la persona.

    Ahora habría que hacernos otra pregunta: ¿habrá un momento en el cual la inteligencia artificial evolucione tanto que por medio del comportamiento en las redes el individuo pueda saber cómo lo perciben los demás?

    La respuesta es que eso eventualmente ocurrirá, tomando como punto de partida la evolución que la inteligencia artificial ha tenido en los últimos años. 

    Imaginemos un futuro no muy lejano donde un individuo que tiene problemas de depresión por no sentirse aceptado va con el psicólogo, quien le pide su acceso a Facebook, para que por medio de una aplicación, pueda determinar por qué no es agraciado y por qué las demás personas no son muy receptivas a él.

    Imaginemos que, gracias a las redes sociales, el individuo pueda, con base en una análisis que hace una computadora tomando como base la información que comparte, conocer de forma objetiva y veraz cómo es que lo perciben los demás.

    Imaginemos que un tercero pueda pedir a Facebook o cualquier red social un examen psicométrico de un individuo, el cual deriva de su interacción en la red social, para ver si es apto para algún puesto de trabajo.

    El usuario con mayor razón se preocupará por tener más likes o que sus contenidos sean más atractivos, porque entonces ya sabrá la relación que tienen con su «cruda realidad» y sabrá que eso podrá afectarle a la hora de aspirar a un puesto de trabajo. Tal vez en ese momento, la sociedad sí podría parecerse un poco más al episodio de Black Mirror. 

    Porque una herramienta como Facebook que puede ser muy útil para estar en contacto con quienes queremos, cuando es mal usada, puede crear una sociedad narcisista donde la exacerbación del «yo» sea ya no sólo algo propio de un megalomaniaco, sino una necesidad para sobrevivir dentro de un mundo cada vez más individualista, más «cuantitativo», y menos «cualitativo». 

  • Adiós 2016, y el 2017 que se viene

    Adiós 2016, y el 2017 que se viene

    Adiós 2016, y el 2017 que se viene

    Lo había dicho el año pasado, cómo me encanta esa inclinación que tenemos para considerar un ente a una unidad de tiempo determinada por la traslación de la tierra con respecto al sol, como si un año tuviera incluso consciencia. «¡Ya vete maldito 2016, te odio!» A dicha unidad de tiempo la consideramos un ciclo, y de alguna forma tiene sentido no sólo porque nos ayuda a estructurar el tiempo, sino porque organizamos nuestras actividades con respecto de él. Cuando se termina esa unidad de tiempo, planeamos aquello que vamos a hacer en la siguiente, los gobiernos determinan presupuestos, las empresas llevan a cabo planeaciones estratégicas, y los de a pie delinean sus propósitos de año nuevo -que no los lleven a cabo es otra cosa-.

    Esa unidad de tiempo, la que acaba hoy, no nos trajo buenos dividendos. La gente se indignó con dicha unidad de tiempo que llamamos 2016 porque ocurrieron dos fenómenos simultaneos, que por cierto, no tuvieron relación alguna entre si. Primero, la tendencia hacia el populismo reflejada en el Brexit o en la elección de Donald Trump; y segundo, el alza de número de muertes de celebridades que de alguna forma marcaron la vida de las generaciones actuales. 

    No tienen relación alguna porque se trata de fenómenos muy diferentes. Lo único que tiene que ver el 2016 con el ascenso del populismo de derechas -y en menor medida- de izquierdas- es que tuvo la mala fortuna de ser el punto de quiebre. Pero la realidad es que este fenómeno se estaba gestando desde hace varios años, posiblemente tendríamos que remitirnos al fin de la guerra fría. En el 2016, esa ola populista generó la suficiente masa crítica para ganar elecciones y llegar al poder.

    Por su parte, el alza del número de muertes de las celebridades tiene mucho que ver con que gran parte de aquellos -músicos, actores y demás artistas- baby boomers que nos marcaron, pertenecen a una generación que está comenzando a partir por causas naturales. La gran mayoría de ellos ya sobrepasan los 60 años, edad a la que las posibilidades de morir son bastante más altas: David Bowie, Juanga, o el Profesor Jirafales.  

    Muchos esperan que este año se acabe, pero es muy probable que el que viene sea más difícil, será un «2016 en la práctica». Todas las malas elecciones que se hicieron en 2016 surtirán efecto, la geopolítica mundial comenzará a cambiar, las consecuencias que ello tenga en economía y en la política comenzarán a notarse; y a pesar que tratamos de regresar al pasado para tratar de entender qué va a pasar con el argumento de que la historia es cíclica, la realidad es que el mundo de hoy es muy diferente a esos puntos de referencia, y por tanto, no hay forma de acabar con la incertidumbre hasta que topemos de frente con la que será nuestra realidad.

    Por ejemplo, para tratar de entender qué es lo que pasa en Europa y en Estados Unidos nos remitimos al fascismo, porque encontramos ahí algunas similitudes. Pero también hay bastantes diferencias. Por ejemplo, el fascismo de entreguerras era imperialista, es decir, buscaba expandirse. Hoy es lo opuesto, la mayoría de esos países no buscan expandirse sino encerrarse en sí mismos mediante medidas económicas proteccionistas y cerrar el paso a migrantes. La sociedad que sufrió la crisis del 1929 tampoco es la misma que la que padeció la del 2008. Se antoja difícil que esta nueva realidad desate guerras físicas como en el siglo pasado en tanto que existen otras formas más sofisticadas de desatar un conflicto, sobre todo aquellas que tienen que ver con la cibertecnología y la economía. Una sociedad donde el conocimiento crea más riqueza que la industrial hace menos rentable una guerra, si bien hay zonas muy sensibles como Siria «punto estratégico si hablamos de petróleo», muchas de las unidades de producción que proveen insumos están externalizadas en otros países y gran parte de la riqueza actual se encuentran tanto en las mentes como en servidores que son capaces de propagar y replicar información por todo el mundo. 

    En México la situación es bastante parecida, existe un gran desencanto de la sociedad con la clase política; y la inoperancia del gobierno, al tiempo que es incapaz de reaccionar ante las difíciles circunstancias, está dejando un vacío de poder cada vez más grande en espera de llenarse. No sobra decir que el panorama externo no le favorece mucho. Aunque muchos asumimos que el punto de quiebre se dará en las elecciones del 2018, si el descontento sigue creciendo, podría ocurrir antes y de una forma menos tersa. 

    Viene el 2017, viene un año difícil, muchas cosas cambiarán, muchos posiblemente tendremos que pelear por eso que antes dábamos por sentado. Posiblemente, como se dice cotidianamente, pueda ser también un año de oportunidades. Este año de cambios probablemente pueda ayudarnos a redefinirnos como personas, entidades o países. Creo que este punto de quiebre puede hacernos conscientes de aquello que hicimos mal e ignoramos y nos haga salir de la zona de confort. Lo que se viene no será fácil, pero creo que, a pesar de todo, como seres humanos tenemos un margen de maniobra -porque nosotros escribimos la historia, nosotros creamos nuestros éxitos y nuestras tragedias- para que, al final de todo, sigamos progresando como especie y no caigamos la tentación de quedarnos estancados en la irracionalidad.

    ¡Feliz 2017! 

  • Propongo dignificar el transporte público con el gasolinazo

    Propongo dignificar el transporte público con el gasolinazo

    Propongo dignificar el transporte público con el gasolinazo

    En la mayoría de mis viajes, tengo que usar mi automóvil ¿por qué? Porque lamentablemente es la única forma en que me puedo transportar de una forma regularmente eficiente. Y digo regularmente porque al final la calidad del traslado no termina por ser buena: mucho tráfico, estrés, etcétera.

    Si el transporte público de mi ciudad fuera digno, ya hace tiempo hubiera vendido mi carro. El automóvil entonces es un mal necesario. Lo necesito para ahorrar tiempo -debido a la mala cobertura del transporte público-, tiempo que puedo invertir en mi trabajo y otras actividades.

    El problema es que la cultura del automóvil no sólo hace poco digno al transporte público, que queda relegado a un segundo plano en las políticas públicas, sino que hace lo propio con el traslado en automóvil. Más carros, más tráfico, más estrés, ciudades menos vivibles.

    Entonces, ahora que todos están indignados con el gasolinazo, yo preferiría proponer que éste sí tenga efecto, que sí aumente la gasolina el 20%, pero que el IEPS -impuesto que hace la diferencia para que la gasolina sea más cara- se destine a las entidades federativas, se utilicen para la mejora de transporte público y que con ese dinero las ciudades puedan llevar a cabo una reestructuración urbana donde se de prioridad a infraestructura peatonal -y no me refiero a los excluyentes pasos peatonales-, ciclovías, mejoramiento del transporte urbano y construcción de líneas de transporte como BRT, Tren Ligero o Metro. 

    De la misma forma, propongo que se exente de este impuesto a quienes consumen gasolina como parte de actividades productivas tales como traslado de insumos. Esto para aminorar el efecto de la inflación y evitar que el incremento impacte en el costo de los productos, sobre todo aquellos de primera necesidad. 

    ¿Por qué propongo esto? Porque basta de seguir alimentando esa cultura del automóvil que está colapsando nuestras ciudades. Basta de alimentar ese concepto del automóvil como una herramienta que otorga prestigio y status social, que reafirma la clase social a la que pertenece un individuo. ¡Basta! Nos está haciendo mucho daño.

    Basta de pensar en nosotros mismos, tenemos que comenzar a pensar en nuestra comunidad -lo que es bueno para nuestra comunidad es bueno para nosotros-. Necesitamos crear ciudades dignas para todos, ciudades que fomenten la convivencia, ciudades más ecológicas, ciudades para las personas y no para los automóviles. Tenemos que romper con un modelo que está por llevar a nuestras ciudades al colapso. 

    Para eso tendremos que romper paradigmas y conceptos que no sirven: habrá quienes se opongan a las ciclovías porque van a tener menos espacio para estacionar los coches que ya no les caben en la cochera, habrá quienes se molesten porque el carril de calle de su casa ya no estará tan grande. Pero tenemos que romper esas barreras y conceptos mal fundados. 

    Además, el subsidio a la gasolina no beneficia a los más pobres como afirman ciertos líderes políticos, por el contrario, el subsidio es altamente regresivo y beneficia a los ricos:

     

    Por eso, yo propongo presionar al gobierno para que el IEPS se utilice en la mejora del transporte público digno para todos sin importar clase social o económica, e infraestructura urbana para tener ciudades más habitables, que por consecuencia se convertirán en ciudades más seguras, y no que se utilice para tapar los agujeros fiscales que el propio gobierno ha creado. 

    Comparte esto, pasa la voz.

  • De las manifestaciones posmodernas sin sentido

    De las manifestaciones posmodernas sin sentido

    De las manifestaciones posmodernas sin sentido

    El primer comentario que se virtió con el anuncio del alza de gasolina y su posterior desabasto fue: «todos están distraídos con los XV de Rubí, bola de ignorantes, tenemos que ser ciudadanos responsables y debemos tomar acción».

    ¿Cuál fue la acción? Bueno, llenar el tanque y no cargar de gasolina los siguientes 3 días. Hice eso que llaman facepalm.

    Ya argumenté lo absurda de esta propuesta en mi artículo anterior: No reduce el consumo de gasolina, no va a afectar las arcas del gobierno, puede agravar el problema de abastecimiento afectando a más personas, y también, que simplemente todas las manifestaciones de «deja de consumir x o y» -en este caso ni eso es- no sirven para nada porque están muy mal focalizadas.

    No quiero herir susceptibilidades al mostrar mi frustración por la forma en que los mexicanos a veces queremos mostrar nuestra indignación y queremos hacer presión. Y es que la indignación no debería estar peleada con lo racional ni con lo estratégico ni con el sentido común.

    Hablo de ese tipo de manifestaciones que no sé como llamarlas, porque no son ni desobediencia civil ni son nada. Es más, son todavía mucho menos eficientes que las protestas tradicionales -de esas donde sales a la calle con una pancarta-. Estas manifestaciones tan estériles e improvisadas no le requieren al indignado ningún esfuerzo, ni pararse de su cama siquiera.

    En una manifestación, la fuerza del voluntad y el sacrificio amplifican el mensaje. Ya sea quienes se van a acampar, quienes enfrentan directamente a sus políticos, quienes hacen huelgas de hambre, o mínimo salen a la calle. Si el indignado hace un sacrificio es porque está dispuesto a dar algo a cambio de luchar por una causa. Sin eso, una manifestación no vale la pena.

    ¿Por qué la huelga de hambre de Ghandi fue muy simbólica y efectiva? Por los sacrificios que él y su gente estuvieron dispuestos a hacer para luchar por lo que creían, porque así dieron a entender que eso por lo que luchaban es muy importante: Si un individuo está dispuesto a morir de hambre por algo, es porque ese algo tiene mucho valor y porque no se van a rendir fácilmente. 

    Entonces, si la gente se manifiesta llenando el tanque, el mensaje es que no están dispuestos a hacer casi nada por hacer que el gobierno de marcha atrás con ese impuesto que incrementará el costo de las gasolinas. 

    En este mundo digital posmoderno comelikes #TodosSomosQuienSabeQuéCabrón nos hemos acostumbrado a manifestarnos desde el sillón, o desde acciones que requieren poca o ninguna fuerza de voluntad. Porque vaya, se nota la poca fuerza de voluntad cuando se crea alguna actividad que no está bien focalizada, que no tiene pies y cabeza, y cuyos organizadores ni siquiera se informaron bien para entender el entorno, o cómo es que esa manifestación puede lograr su cometido.

    Un ejemplo de ello es la campaña que se propuso para dejar de consumir productos extranjeros para «ponerle en su madre a Trump», ignorando que muchas de esas empresas se opusieron al magnate en la campaña. Es decir, las empresas no tenían responsabilidad alguna en el destino político de los Estados Unidos y menos en las propuestas que pueden afectar a nuestro país. Peor aún, muchas de esas empresas dan trabajo a mexicanos. 

    No, no estoy hablando de usar la violencia ni de quemar casetas. Bajo la legalidad y el respeto al Estado de derecho se pueden hacer manifestaciones que cambien realidades. Pero son más complejas, mejor pensadas y requieren, sí, de fuerza de voluntad. 

    ¿Por qué la gente no propone, por ejemplo, no poner gasolina a su auto durante un periodo de tiempo, lo cual le obligue a usar el transporte público durante unos días? Los quejosos podrían publicar en las redes con la leyenda «yo estoy en huelga por el gasolinazo, por eso hoy tomo el camión», eso me parecería al menos un poco más sensato, lo es porque en ese caso sí estarían dejando de consumir gasolina y estarían dispuestos a hacer un sacrificio. ¿Pero por qué no se hace?

    Por eso mismo, porque requiere un sacrificio: tomar el camión -lo cual implica más tiempo de traslado- es un sacrificio que no todos estarían dispuestos a tomar. 

    Incluso pondría mucho en tela de juicio la efectividad de esta propuesta, pero al menos podría decir que tiene más sentido y está mejor pensada. 

    Armar una manifestación inocua y estéril como la de los 3 días sin consumir gasolina es muy fácil, basta propagar la propuesta por redes sociales o Whatsapp y todos se unen porque siente que están participando en algo y haciendo algo, y que ese algo no significa un gran esfuerzo para ellos. Es como algo gratis. Al final, parece que la gente lo hace por ser parte de algo -que entiendo que ese sentimiento de unidad es parte de las protestas- pero más allá del objetivo final, basta hacer un análisis muy superficial para entender que la propuesta no tiene sentido.

    Y lo mismo pasa con muchas manifestaciones «digitales». Un caso especial son las firmas de change.org que sólo funcionan cuando unos pocos deciden llegar con esas firmas, encarar gente -ya sean políticos o a quienes se están oponiendo- y pagar el precio que los muchos no pagaron. 

    Es sentido común, si quieres algo, tienes que esforzarte por conseguirlo.

    Sí, también aplica cuando se trata de causas sociales.