Categoría: reflexión

  • Isabela Otero, Interjet, y una historia de acoso sexual

    Isabela Otero, Interjet, y una historia de acoso sexual

    Isabela, Interjet, y una historia de acoso sexual

    Decía Simone de Beauvoir que la mujer ha sido considerada históricamente como el segundo sexo, como el otro, como un subproducto del hombre, como la «costilla de Adán». La mujer, entonces no podía entenderse sin el hombre: el hombre es el todo y la mujer es un derivado de éste. Y aunque muchos hombres ya han aprendido a ver a las mujeres como sus iguales, muchos otros no, y en muchas ocasiones se encuentran dentro de puestos de poder o decisión. 

    Una sobrecargo de la aerolínea Interjet subió un video estremecedor. Envuelta en llanto, narra cómo uno de los pilotos la acosó sexualmente e intentó violarla sin éxito (gracias al segurito de la puerta de hotel de su cuarto). Lo más doloroso e inquietante de la historia es la cadena de complicidades que han dejado el caso impune. No sólo las otras azafatas o los pilotos, sino el personal de la aerolínea. En lugar de defenderla, la han acusado de difamación, e incluso le han pedido que se someta a exámenes psicométricos porque creen que es esquizofrénica o tiene algún otro padecimiento mental.

    Pero a juzgar por el video, dudo mucho que se trate de un montaje o que la sobrecargo, de nombre Isabela Otero, esté mintiendo. Tendría que ser una actriz excepcional para grabar ese video y aparecer tal como apareció. Primero, porque de hacerlo (suponiendo que quisiera acabar con la reputación del piloto o algo así) tendría muy poco que ganar y mucho que perder (porque no tendría pruebas y porque podría ser despedida de su trabajo). Segundo, porque a juzgar por el video, yo no percibo actuación alguna, no existe un discurso armado (porque si vas a mentir, debes estructurar la mentira para que parezca verdad, no la puedes improvisar, menos en el transcurso de una hora) y basta analizar su llanto: Isabela empieza llorando fuertemente, con el tiempo parece calmarse, pero cuando recuerda alguno de aquellos momentos difíciles, vuelve a romper en llanto. Dudo muchísimo que una persona que tenga la intención de mentir gaste una hora llorando narrando algo que podría tomarse cinco o diez minutos en hacer.

    En efecto, es un video muy largo que ver. Y es notorio que lo hace después de ser ignorada por el personal de la aerolínea, de darse cuenta que se encuentra sola y que nadie la va ayudar. Es notorio que se encuentra en un trance, y bajo esos efectos es muy difícil ordenar bien aquello que se quiere decir. 

    Como suele ocurrir, no todas las personas en Internet la apoyaron. Unos, como su servidor, se indignaron ante lo sucedido, otros están solicitando firmas para hacer justicia; pero algunos otros (no muy pocos) se han burlado de ella, la han insultado. Desde el clásico «eres una feminazi», «tú te lo buscaste», o el «¿y no te gustó»?, al «aprende a hablar bien, no te entendí nada, pónganle subtítulos». 

    No quiero pensar por lo que está pasando Isabela. Son cuatro cosas las que la tienen sumida en la angustia: El hecho de que hayan intentado abusar de ella, el hecho de que no se haga justicia, el hecho de que podría perder su puesto de trabajo, y el miedo que ella tiene de que el piloto ejerza represalias contra ella.

    Su condición de mujer la deja en desventaja, porque muchos son incapaces de ponerse en sus zapatos. Para muchas personas, ella es culpable hasta que muestre pruebas contundentes de que fue acosada sexualmente (lo cual suele ser muy difícil de probar en muchas ocasiones), ella es la difamadora, la esquizofrénica, la que necesita terapia. La aerolínea, así como muchas empresas mexicanas, parece que no tienen siquiera algún mecanismo para evitar el acoso sexual entre sus empleados, siendo que es un problema muy grave. Lo que sufre Isabela no es la excepción, es algo que viven muchas mujeres en nuestro país. 

    Me apena que ante un video de un ser humano que sufre, bañado en lágrimas, devastado, muchas personas no puedan ser sensibles: aquellas que ven a la mujer como «el otro», como el subproducto, aquellas personas en redes que responden con imágenes de mujeres semidesnudas para joder, aquellas personas que se burlan para tratar de paliar sus frustraciones psicológicas. 

    Triste que muchas mujeres puedan ser abusadas sexualmente y que el acosador quede impune, y hasta protegido. 

  • Rotaciones de mentalidad

    Rotaciones de mentalidad

    Rotaciones de mentalidad

    Me llama la atención que en un país donde reina la pasividad y donde la participación ciudadana, aunque creciente, todavía es muy minoritaria, algunos (pseudo)aficionados vayan a recibir al entrenador Juan Carlos Osorio y a la selección mexicana para insultarlos y mentarles la madre. 

    Que están encabronados por el escandaloso fracaso y por las famosas rotaciones que tanto molestan a muchos. He escuchado la palabra «rotaciones» más veces que la palabra corrupción últimamente y eso que no soy un aficionado de hueso colorado ni mucho menos.

    Pero vamos a poner las cosas en contexto:

    La Copa de Oro, un negocio que es lo suficiente lucrativo como para realizarse cada dos años en vez de cuatro como todos los torneos continentales porque básicamente los mexicanos llenan los estadios para ver a su selección (por eso se procura que siempre llegue a la final) y los ingresos son en dólares, es un torneo donde participan selecciones menores que no tienen mucho peso. Ninguna de las selecciones, ni México, ni Estados Unidos ni Costa Rica, son selecciones de élite ni mucho menos. Rara vez podemos colocar a alguna de ellas entre las diez mejores selecciones del mundo. No es un torneo atractivo y ni debería de serlo porque además de esas 3 selecciones que son «las mejorcitas», las demás suelen ser de ínfima calidad. Es un torneo donde ir y ganar el título es cumplir un trámite.

    Luego, la selección mexicana fue con una selección B porque llevó a la principal a la Copa Confederaciones donde tuvo un desempeño regular. Cuando llevas una selección B a un torneo, por más sea de la Concacaf, sabes que el desempeño no será el mismo que el que una selección A te puede dar. Recuerdo que hace varios años, en esa misma copa, la selección mexicana goleó 5-0 a Estados Unidos que llevó a una selección B caminando y sin despeinarse. Cuando los equipos llevan a selecciones alternativas (con excepción de Alemania, claro) el desempeño siempre es menor.

     México lleva a esa selección B y pierde contra Jamaica, lo cual ciertamente no deja de ser un resultado bastante malo (tampoco históricamente malo como algunos dicen), y entonces se desata la indignación.

    Una derrota en un torneo que no tiene importancia alguna con una selección B contra otra selección irrelevante como es Jamaica es suficiente incentivo para ir al aeropuerto y gritarle al entrenador Juan Carlos Osorio: «pendejo, vas a chingar a tu madre, estamos hartos de tus putas rotaciones».

    https://www.youtube.com/watch?v=HTu6nkDHjgo

     ¿De verdad, no tienen una vida propia?

    Es cierto, que aunque el futbol es un espectáculo (que es lo que debe de ser y nada más), el aficionado tiene derecho a criticar y exigir a su selección o equipo predilecto. Pero insultar y agredir (cosa que ya no es válida) a un entrenador por perder con una selección alternativa una copa a quien nadie le importa más que a los hombres de pantalón es algo demasiado penoso.

    Más triste, es que ni para el futbol muchos de estos aficionados tienen el criterio para exigir y criticar. No me quiero imaginar cuando se trata de cosas que sí importan como la vida pública y política del país. Piensan que, con correr a un entrenador, ¡sorpresa! la selección va a trascender. Los medios de comunicación les han metido a la cabeza a los aficionados que la selección tiene el mejor equipo de la historia, que tenemos unos jugadorazos, que hay muchos de ellos en Europa y quién sabe qué más.

    La realidad es que de los que juegan en Europa, ningún jugador es de élite, cosa que sí puede presumir la selección de Chile y ya no se diga Argentina y Brasil. Los únicos jugadores de élite que la selección ha tenido son Hugo Sánchez y Rafael Márquez cuando estuvo en el Barcelona. Todos los que juegan en Europa juegan con equipos medianos, o si llegan a jugar en equipos grandes (como Chicharito en Real Madrid) no son titulares indiscutibles. No son malos, tienen calidad, pero no se encuentran entre los mejores jugadores del mundo. 

    Pero los aficionados, como los que fueron a mentar madres al aeropuerto, creen que tenemos una selección de primer nivel con un pésimo entrenador, creen que basta con traer a Bielsa o al entrenador de las Chivas para construir una selección que haga historia. No entienden que México no tiene una selección ganadora porque toda la estructura que sostiene al futbol está viciada, y que para empezar, dicha estructura tiene que ser reformada desde abajo y una vez hecho esto, se debe crear un plan a largo plazo (sí, hay que esperar). Pero eso se oye más difícil porque implica construir, sugerir y aportar. Pedir una cabeza es muy fácil, inmediato y comodino.

    Y me podrán preguntar qué es lo que tiene de relevante este tema. Mucho, porque si la gente no puede tener el criterio suficiente para pedir que se mejore la calidad de un espectáculo, menos lo va a tener para exigir a sus gobernantes; peor aún, para involucrarse en temas sociales y políticos.

    Este tipo de eventos nos muestran donde estamos parados como país y como sociedad. 

  • ¿Por qué Bill Gates no tiene una imagen de éxito?

    ¿Por qué Bill Gates no tiene una imagen de éxito?

    ¿Por qué Bill Gates no tiene una imagen de éxito?

    Cuando estudiaba en la universidad, una «especialista en imagen» impartió una conferencia sobre el vestir. Nos explicaba por qué es importante un traje, qué es lo que cada traje transmite y cómo debe de ser la imagen personal del profesionista. Algunos de nosotros nos sentimos algo intimidados. Resultaba que cuando saliéramos de la universidad tendríamos que vestirnos de tal forma y comportarnos de tal forma, como si tuviéramos una camisa de fuerza que no nos dejara ser nosotros mismos. 

    Pero lo que más me llamó la atención fue el receso de dicha conferencia: la conferencista, elegante y bien vestida (tal vez en exceso para la ocasión) parecía tener dificultades para platicar casualmente con los alumnos como generalmente sucede en esos recesos. Parecía que estaba atrapada en su propia imagen; imponía tanto que más que generar atracción, intimidaba a los demás. ¿Para qué tanta sabiduría del vestir si no eres capaz de hacer algo tan elemental? Me preguntaba. ¿Para qué nos dice que no usemos traje café porque refleja, decía, que ganamos poco dinero, o que el negro inspiraba poder si no era capaz de hacer algo que es elemental inclusive en el mundo de los negocios, que es poder tener una plática casual y desenfadada?

    Siempre que escucho a los gurús de la autoayuda insistirnos en proyectar una imagen de éxito, recuerdo a esta conferencista. No es que la imagen no importe, si voy a una junta sin bañarme o con el traje arrugado voy a causar una impresión desastrosa, pero muchos de los gurús de la autoayuda se la toman tan en serio que a veces sólo logran despersonalizar a los individuos. Los despojan de su identidad para que se «acoplen» a lo que ellos consideran que es una imagen de éxito. Acompañándose de frases como «si lo deseas, el universo conspirará para que obtengas eso que anhelas» (casi siempre son cosas superfluas como dinero o un auto) o «todo lo que te sucede es responsabilidad tuya» engañan a sus lectores diciéndoles que la imagen por sí misma los llevará al éxito, como si fuera más importante que el talento o el esfuerzo.

    Para empezar, el concepto de «imagen de éxito» es por sí mismo una falacia. Porque las personas que consideramos exitosas no sólo no coinciden entre ellos cuando se trata de la vestimenta que usan, sino que varias de ellas serían severamente criticadas por personas como la conferencista o el gurú de autoayuda. A Carlos Slim a veces se le ve un tanto desaliñado (al menos de acuerdo a los criterios de los gurús); Mark Zuckerberg tan sólo se preocupa por no verse sucio y descuidado, utiliza casi siempre la misma camisa deportiva y unos pantalones de mezclilla, algo parecido de lo que sucedía con Steve Jobs; Bill Gates no es conocido por su impecable imagen personal. ¿Por qué a pesar de romper las reglas de lo que una imagen de éxito debería ser, son tan exitosos?

    Basta leer la biografía de estos personajes para entender que estas personas tienen tantas cosas en que pensar, tantas decisiones que tomar, que sería insensato enfocar todas sus energías en la imagen. Más aún, ellos no tienen la necesidad imperiosa de decir con su imagen que son personas de éxito, tan sólo se preocupan por serlo y no se preocupan por mostrarlo. 

    imagen de éxito
    Mark Zuckerberg

    No, no estoy diciendo que no debas cuidar tu imagen, ni que no te importe cómo te ves frente al espejo; ciertamente, las primeras impresiones cuentan (y no sólo tiene que ver con la imagen, sino con el lenguaje corporal y muchas otras variables) y es importante oler bien, que tu ropa esté presentable y que tu vestimenta sea ad hoc al entorno (para una entrevista de trabajo gerencial lo ideal es irte de traje a menos que la cultura de la empresa no lo amerite, si vas a una cena de gala tal vez debas ponerte un traje de etiqueta, o lo ideal será una combinación de ropa sport si sales con tus hijos a hacer deporte el fin de semana).

    Lo que quiero decir es que no debes ser esclavo de la imagen como los gurús de la autoayuda lo quieren vender. Porque hay que aclararlo: la imagen es una extensión de tu esencia como persona, no al revés. Tú te tienes que sentir cómodo con tu vestimenta, que refleje lo que eres, y no lo que dicen que tienes que mostrar. 

    Por ejemplo: si eres una persona creativa, nadie te tiene que decir que no puedes usar pantalones de mezclilla y camisas estampadas; si eres una persona bohemia o intelectual, nadie puede decirte que no uses un traje café. No existe una imagen de éxito como tal, lo único que existe son personas que buscan trascender en su vida (porque hasta las formas de trascender son mucho más amplias que el concepto de éxito que tienen los gurús de la autoayuda) y que se visten de acuerdo a su personalidad.

    No es casualidad que para los gurús de la autoayuda el éxito siempre tenga una estrecha relación con el dinero, los carros, los puestos directivos, la casa grande, la reputación social. Una persona que trasciende de verdad ve en ello la consecuencia de su trascendencia, no la trascendencia misma. Una persona que tiene sueños trabaja duro por ellos, y generalmente, como consecuencia llega la estabilidad económica y a veces hasta la fama, pero ni el dinero ni la fama ni los carros son su sueño (y ni siquiera son mandatorios, porque por ejemplo, una persona cuyo sueño es aportar a las comunidades indígenas tal vez nunca sea rica, porque posiblemente ni le importa). Para los gurús de la autoayuda sí lo creen, muchos de ellos asumen que los individuos necesariamente quieren dinero y poder, y que no hay nada más allá. En los templetes de sus conferencias siempre aparece el hombre que se volvió rico, el hombre de traje, el hombre que pasea con varias mujeres en el auto deportivo. 

    La imagen es el reflejo de las personas. La imagen es la consecuencia del estado psicológico y hasta espiritual del individuo. Una persona que no se quiere, por más intente engañar a través de su imagen, transmitirá que tiene una baja autoestima. Aunque use un traje de marca, bastará la primera expresión de su lenguaje corporal para delatar el engaño. Una pobre holgazana vestida de Dolce & Gabanna siempre será una pobre holgazana. 

    Hay personas que sí, son amantes del vestir, que son excesivamente pulcras, les encanta que la corbata haga contraste con el saco. Y está bien, porque así es su personalidad. Que les guste la moda, que les «encante verse bien» no tiene nada de malo. Muchos abogados usan trajes oscuros y está bien, porque por su profesión (que tiene una relación estrecha con su personalidad), el traje genera un efecto cuando se trata de litigar. Muchas personas se quitan la corbata en diversas ocasiones porque sienten que así pueden generar mayor empatía con el público, porque entienden el efecto que la imagen realmente tiene y no es algo rígido como los gurús de la imagen del éxito nos quieren vender. 

    Las personas «de éxito» no se atan a su imagen. Por el contrario, atan su imagen a su esencia, a su identidad, a su actividad, a lo que quieren lograr como individuos. Aunque existen convenciones o reglas no escritas para determinadas situaciones, no hay una ley que te impida ser tú cuando se trata de tu vestimenta. La vestimenta es tu extensión, tú no debes de ser la extensión de ella.

    O te ocurrirá lo que a la pobre conferencista. Tan atada a la moda y a las costumbres de etiqueta que nunca pudo ser ella. 

    Por que al final, lo que más importa es el individuo y su esencia. Y eso, no debe estar condicionado por algo más superfluo. 

  • ¿Cómo sería el mundo sin religiones?

    ¿Cómo sería el mundo sin religiones?

    ¿Cómo sería el mundo sin religiones?

    Occidente se está secularizando, cada vez más personas de países desarrollados están dejando del lado la religión porque ésta ya no les satisface o porque simplemente no creen en la idea de que un dios creó todo el universo, ni creen que su sistema de valores deba estar sujeto a lo que diga una institución religiosa. Algunos anhelan que esta secularización se complete, que la religión desaparezca del mapa, porque dicen, superarla implicaría un avance evolutivo. 

    Algunos especialistas como Gabe Bullard aseguran que dicha secularización se da más en aquellos países o regiones donde los individuos han alcanzado un mayor nivel de vida y cuentan con la suficiente seguridad económica y social como para sentirse tranquilos (lo que explica que sea más marcado en Europa, que en Estados Unidos donde hay más pobreza y donde la red de protección social es más débil). El psicólogo Paul Bloom asegura, a su vez, que la razón por la que la religión tiene una mayor importancia dentro de los países menos favorecidos no es que ésta produzca la ignorancia y la pobreza (como algunos afirman) sino al contrario: como aquellos países son más pobres, son menos equitativos y más inseguros, la gente encuentra en la religión una forma de sentirse protegida y unida. 

    Además debemos hablar de las mujeres: ellas fueron más religiosas a través de la historia porque era la única forma en que podían trascender desde su pasividad, mientras que los hombres trascendían por medio de su rol activo dentro de la sociedad. La equidad de género y el rol cada vez más activo de la mujer hace que su interés en la religión se equipare cada vez más con el interés que los hombres ponen en ella.

    Así, algunos aseguran que la desaparición de las religiones será consecuencia del desarrollo económico y social, y que cuando lleguemos a un mundo más desarrollado y menos equitativo, las religiones no tendrán razón de ser. La realidad, pienso yo, es algo más compleja que esto e incluso me atrevería a poner en tela de juicio el argumento de que la religión desaparecerá de la faz de la tierra. 

    Para tratar de entender el papel de la religión, primero me atrevería a hablar de tres etapas evolutivas (en realidad existen más, como las etapas prehistóricas, la de los humanos nómadas, los cazadores y agricultores) y que son las más recientes: El premodernismo que tiene lugar en la Edad Media y donde la verdad estaba determinada por el mandato divino, el modernismo que inicia con la Ilustración donde por medio de la razón (racionalismo) y la experiencia (empirismo) se llega a la verdad, y el posmodernismo, donde la verdad no es algo objetivo sino que está construida socialmente. A la vez, debemos decir que estas tres etapas no avanzan al mismo ritmo ni a nivel mundial ni dentro de los países ni entre los propios individuos. Generalmente hay una vanguardia que es la primera en avanzar de una etapa a otra. Por ejemplo, últimamente se dice que la vanguardia, ante las evidentes deficiencias de la filosofía posmoderna, está avanzando a un estado ulterior donde se busca compaginar la razón con algunos de los temas que abraza el posmodernismo como la justicia social y los derechos de las minorías, corrigiendo sus errores epistemológicos (como el irracionalismo) para así huir del dogma y poder sostener una escala de valores éticos y morales. 

    A partir de Copérnico y Galileo comenzó la revolución científica que comenzó a separar la ciencia de la religión. La ciencia ya no debía estar basada en las Sagradas Escrituras sino en la razón y la experiencia.

    Que se ancle a la religión en el premodernismo no significa que la propia religión no pueda trascenderlo, aunque sea de forma parcial, y ello explica que siga viva dentro de muchos países desarrollados. Desde antes de la Ilustración, Santo Tomás de Aquino intentó conciliar la fe divina y la razón. Fuertemente influenciado por la filosofía de Aristóteles, cuyos textos fueron rescatados durante la Edad Media, buscó explicar la existencia de Dios por medio de cinco vías.  A la fecha, la filosofía de Aristóteles y la de Santo Tomás de Aquino (filosofía aristotélico-tomista) constituye la base filosófica de la religión cristiana e incluso de parte del legado filosófico que sostiene a la sociedad occidental.

    Hasta la llegada de la Ilustración, gran parte de la ciencia (o filosofía natural, como se le llamaba en ese entonces) estaba determinada por los postulados de Galeno e Hipócrates (medicina), y sobre todo, Aristóteles (casi todo lo demás). La filosofía natural tenía que estar fundamentada en la «autoridad de las Sagradas Escrituras». Si la disección de un cadáver contradecía lo postulado por las escrituras, lo que estaba mal era el cadáver. A partir de Copérnico y Galileo comenzó la revolución científica que comenzó a separar la ciencia de la religión. La ciencia ya no debía estar basada en las Sagradas Escrituras sino en la razón y la experiencia. Así, gracias a una vanguardia de científicos y filósofos que arriesgaron su pellejo durante la épocas de la Santísima Inquisición, comenzamos a transitar del premodernismo al modernismo. La religión se mostró muy reticente en ese entonces, pero algunas religiones le terminaron dando, con el tiempo, la razón a la ciencia y aceptaron su separación (entre ellas, la Iglesia Católica que acepta la teoría de la evolución) aunque otras religiones protestantes siguen oponiéndose a ello.

    La razón y la ciencia como los pilares de Occidente trajeron los mayores avances dentro de nuestra especie. Pero después pasó algo. A mediados del siglo XX, se comenzó a abandonar la idea de un futuro promisorio producto de los avances tecnológicos y científicos ante uno más pesimista y que persiste con más fuerza, lo que cedió el paso al posmodernismo que se centró en la justicia social, la ecología y los derechos de las minorías. El posmodernismo tardío, como consecuencia de la influencia del marxismo, del nihilismo y el irracionalismo, comenzó a radicalizarse en las últimas décadas «infectando» varias de las causas que defendía originalmente.

    Naturalmente, el papel de la Iglesia Católica ante el posmodernismo de los últimos años es profundamente adverso, postura que se entiende en tanto el posmodernismo tardío busca derribar todas las estructuras y convenciones sociales reinterpretándolas arbitrariamente. Es imposible desde cualquier punto de vista que la Iglesia se adapte a una corriente ideológica que niega cualquier forma de estructura. Pero a la vez podemos ver avisos donde la Iglesia intenta asimilar el posmodernismo temprano (el que no estaba corrompido) y que queda patente en la encíclica del Papa Francisco, Laudato Sí, donde la ecología y la justicia social son la base de dicho texto. De la misma forma, hemos visto al Papa Francisco mostrar una mayor tolerancia ante la comunidad homosexual. 

    A pesar de los intentos de las religiones de adaptarse (en mayor o menor medida) a la época, éstas pierden cada vez más influencia en Occidente. Cada vez más niños nacen dentro de familias ateas o agnósticas que no les dieron ninguna instrucción religiosa. Nuestra generación es aquella que decidió negar a la religión, pero la siguiente será aquella que ni siquiera la conoció.

    Decir que las religiones han tenido la función de «manipular y controlar a las masas» es una afirmación demasiado reduccionista y parcial. Las religiones han mostrado tener una función importante dentro de la sociedad si hablamos de cohesión social y de su capacidad de otorgar una escala de valores morales a los individuos. Ciertamente, muchas personas han matado en nombre de Dios, o han discriminado o relegado en su nombre; y ciertamente, la religión, en algún momento de la historia, obstaculizó cualquier avance científico condenando, por medio de la Santísima Inquisición, a quien se atreviera a refutarla. Incluso podemos ver que algunos, en nombre de la religión, niegan derechos a las minorías. Pero también es cierto que la religión ha hecho una labor muy importante por los pobres y los desvalidos: la asistencia social y la filantropía tienen orígenes profundamente religiosos.  

    El individuo cada vez tiene menos referencias para sostener una escala de valores éticos y morales, lo cual le genera un incremento de angustia y ansiedad.

    Menos podemos olvidar el legado del pensamiento religioso en la filosofia occidental, que ha influido, inclusive, en muchos los valores que sostiene la izquierda política (solidaridad, justicia social, equidad).  

    Los religiosos, sobre todo en Estados Unidos, suelen ser más felices que los ateos porque ellos, al ser parte de una comunidad, crean más lazos sociales generando un sentimiento de pertenencia. Y esto sin olvidar el beneficio psicológico que otorga la espiritualidad y el sentimiento de trascendencia al creer en un ser divino (aunque ciertamente un ateo o un agnóstico puede desarrollar la espiritualidad de otra forma).  

    Ante un mundo posmoderno donde el nacionalismo (que surgió durante la Revolución Francesa para cohesionar a la sociedades que integraban determinado país) ha quedado casi descartado y donde ahora cada vez más gente abandona la religión, deberíamos preguntarnos cómo es que logrará ser sustituida. El individuo cada vez tiene menos referencias para sostener una escala de valores éticos y morales, lo cual le genera un incremento de angustia y ansiedad. En esta modernidad líquida, como le llama Zygmunt Bauman, el hombre tiene cada vez menos referentes desde donde sostenerse. Se pensó que tendríamos la capacidad de construir una escala de valores con base en la razón y toda la herencia de pensamiento filosófico, pero el posmodernismo (tardío) parece anular esa opción. Se pensó que seríamos capaces de crear un escala de valores más evolucionados y desarrollados. Ciertamente, hemos avanzado de forma considerable en algunos temas como los derechos humanos y hemos logrado reducir los índices de violencia (el mundo actual es el más pacífico de la historia), pero nos hemos quedado cortos al crear una escala de valores integral bajo la cual los individuos puedan tener un referente y sostenerse. 

    Si no somos capaces de construir un sistema de valores universal, el individuo se sentirá lo suficientemente perdido y angustiado que buscará el primer recurso a la mano para sostenerse.

    Jonathan Haidt, en su libro The Righteous Mind, se pregunta preocupado qué es lo que pasará cuando en todos esos países desarrollados que se han secularizado ocurra un cambio generacional donde la religión pase a ser algo desconocido, donde no exista ese algo que logre cohesionar a la sociedad. ¿Cómo se podrá sostener una sociedad si no mantiene cohesión alguna? De acuerdo a Hannah Arendt, una sociedad atomizada y con poca cohesión tiene mayores probabilidades de caer dentro de un régimen fascista o totalitario. De hecho, los nazis y los comunistas destruyeron en la medida de lo posible todos los lazos sociales (incluso familiares, como fue el caso de la URSS) para establecer sus regímenes. 

    Un futuro sin religiones promisorio sólo se podrá dar en la medida en que el ser humano logre construir una escala de valores universal, producto de toda la herencia de su pasado, y que logre dar una identidad y una guía al individuo que en la actualidad se siente más ansioso, angustiado y perdido. Un futuro sin religiones promisorio sólo se podrá dar en la medida en que el individuo sea capaz de generar un sentimiento de trascendencia sin la necesidad de un ser divino. Un futuro sin religiones promisorio sólo se podrá dar si el ser humano es capaz de construir un sistema ético y moral que supere y represente un avance de aquel que estaba basado en la religión. Al contrario de lo que postulan los posmodernos, los valores no deberían de deconstruirse, deberían de evolucionar y adaptarse a la etapa evolutiva en la que se encuentra el ser humano. Y para que eso suceda, el hombre no puede negar su pasado; por el contrario, debe considerar que se encuentra en hombros de gigantes.  

    Si eso no ocurre, si no somos capaces de construir un sistema de valores universal, el individuo se sentirá lo suficientemente perdido y angustiado que buscará el primer recurso a la mano para sostenerse. El crecimiento de la ultraderecha en Europa (que parece haber sido contenida temporalmente) es uno de los primeros avisos. Pero también podría ocurrir cierto resurgimiento de las religiones, que ante el vacío en el que cada vez se sumerge el ser humano, no termine por abandonarlas y termine recurriendo a ellas. El ser humano necesita una estructura ética y moral para vivir, para relacionarse con los demás, y para ser feliz: es una necesidad intrínseca a él. 

  • De Duarte a Miarte

    De Duarte a Miarte

    De Duarte a Miarte

    Javier Duarte no es la excepción, más bien es la regla exhibida de forma extravagante y desorbitante, como caricaturista que exagera los rasgos de aquel al que está dibujando, rasgos que pueden ser exagerados, pero que son reales. Porque el caricaturista exagera lo que existe, no lo que no. 

    Ni Javier Duarte ni todas las circunstancias que lo rodean son la excepción, son la norma. Duarte no llama la atención por tratarse de algo nuevo (un gobernador corrupto dentro de un mundo de gobernadores que no lo son) sino por tratarse de aquello que es común pero en su máxima expresión (la norma es que sean corruptos, pero el caso de Duarte lleva la corrupción al exceso).

    El tremendo desorden y descuido (muy posiblemente de forma premeditada) con el que la PGR presentó su caso también es algo común en su máxima expresión. No es como que sea la excepción en un país donde la justicia sea pronta y expedita. 

    Tampoco es excepción que Duarte parezca más prioritario (en resolver «su problema», no en hacer justicia) que el padre y el hijo que murieron el socavón del paso exprés, el cual, dado lo que ya sea explicado, debería ser considerado un homicidio imprudencial, y en vez de eso, Gerardo Ruiz Esparza conserva muy campante su trabajo y hasta se atreve a ser cínico. Duarte sonríe y recita poemas mientras que a la gente de pie que fue agraviada le dicen que ni tiene caso que presente su denuncia porque no se va a resolver nada.  

    Mucho menos es la excepción la frustración que la gente siente cuando ve que en lugar de hacerse justicia, parecería que «le están haciendo el paro» al ex gobernador de Veracruz, al grado que muchos sospechan que no pisará la cárcel, o al menos, que estará muy poco tiempo ahí mientras su esposa merece la abundancia, merece la abundancia, merece la abundancia. 

    Periodistas muertos, niños que murieron porque les dieron un «placebo» para su cáncer, personas que vieron su calidad de vida reducirse como «daño colateral» de las tropelías y robos de Duarte. Ese gobernador, que no es excepcional sino que es la norma llegada al exceso recibe un trato que parece sí ser excepcional. En cambio, ni los periodistas, ni los niños, ni los veracruzanos verán justicia jamás. 

    No la verán jamas:

    Aborrescencia
    Displicencia
    Verbal indolencia
    Dominio de influencias
    ¿Fraudulencia o violencia?
    Según conveniencia.

    Porque sí merezco la indulgencia
    Sí merezco la indulgencia
    Sí merezco la indulgencia.

     

  • #SíAlaCiclovía, o el día en que los ciudadanos hicieron historia

    #SíAlaCiclovía, o el día en que los ciudadanos hicieron historia

    #SíAlaCiclovía, o el día en que los ciudadanos hicieron historia
    Fuente: cuenta de Facebook de GDL en Bici.

    Hoy muchos tapatíos estamos de fiesta, no es para menos.

    Lograr mantener una ciclovía que se construyó en una avenida que no es de las arterias más importantes de la ciudad (aunque por su ubicación y por los inmuebles que se encuentran en ella la hacían indispensable) puede sonar a poco, pero el simbolismo y el significado que hay detrás de ese logro lo hace algo muy grande:

    Primero, porque al votar por su permanencia han sentado las bases de lo que será la postura de la ciudadanía ante los asuntos de movilidad urbana; es decir, una agenda progresista en materia de movilidad será más rentable pensando en una elección que otra más arcaica y que apueste al auto. Segundo, porque se trata de un triunfo ciudadano, producto del trabajo que varios colectivos y organizaciones han venido haciendo durante varios años en materia de movilidad.

    Guadalajara, gracias a estas organizaciones de la sociedad civil (OSC), se ha convertido en una de las ciudades pioneras en materia de movilidad. La presión de dichas organizaciones ha hecho que se instalen sistemas públicos de bicicletas (MiBici), que se instalen ciclovías, que se construyan rampas en las banquetas para personas con alguna discapacidad, que se lleven a cabo vías de recreación los fines de semana para fomentar la convivencia y el deporte (Vía Recreactiva). Varias de estas organizaciones han adquirido un conocimiento sobre la materia tal que han logrado incidir en el gobierno para que se logren cambios sustantivos. Naturalmente esta tarea no ha sido fácil y ha enfrentado a muchas resistencias.

    Es natural que estas resistencias existan cuando se trata de cambiar paradigmas de un modelo de movilidad orientado al automóvil a otro orientado al transporte público y al transporte no motorizado como han venido haciendo los países desarrollados. Causa resistencias porque construir una ciclovía implica que los automovilistas ya no podrán estacionar su coche en la banqueta que ahora está confinada para la ciclovía. Eso implicará para ellos que tarden más tiempo en buscar un cajón de estacionamiento, o peor aún para quienes viven sobre una calle donde se ha construido una y ya no sepan donde estacionar el automóvil que ya no cabe en la cochera. 

    Pero las políticas públicas deben estar orientadas a beneficiar a la mayoría, a la sociedad a su conjunto, a veces en detrimento de los intereses de una minoría que durante décadas se había acostumbrado a dejar el coche en la banqueta o estacionarse en doble fila (minoría que, a la larga, y al haber asimilado dicho cambio de paradigma, también será beneficiada). Las tendencias en movilidad no son modas, son necesidades, y responden a la inviabilidad del modelo del automóvil por el impacto negativo que tiene en la calidad de vida. Debemos recordar que el trazo de las calles no fue pensado para albergar tal cantidad de automóviles. Como afirma Edward Glaeser, las calles de Nueva York se trazaron antes de la fabricación en serie del mítico Ford T, cuando los coches eran exclusivos para una selecta minoría y cuando la gran mayoría de las personas se movía por medio de transporte público. Muchas ciudades han decidido desincentivar el uso del automóvil para fomentar una sociedad con menos estrés, menos contaminación y para crear más espacios de convivencia. 

    Ellos tuvieron un papel crucial

    Fue un error someter a consulta la decisión de construir una ciclovía por el simple hecho de que al intentar cambiar un paradigma se deben romper resistencias (no llamarlas a votar). Es un error porque gran parte de los ciudadanos, sobre todos aquellos acostumbrados vivir en un modelo autocéntrico, no tienen conocimientos en movilidad y no entienden cómo este cambio de paradigma los terminará beneficiando (beneficio que naturalmente no es palpable en unos pocos días). El logro de la ciudadanía, aquella que tenía conocimiento en la materia, que impulsó el voto por el SÍ para la permanencia de la ciclovía en la avenida Blvd General Marcelino Barragán, es muestra de que la mejor forma en que las y los ciudadanos pueden incidir en una democracia es por medio de organizaciones y agrupaciones, que tienen el conocimiento para promover una agenda que será benéfica para la comunidad.

    Fueron las organizaciones, ante la posibilidad de que dicha consulta «tumbara» la ciclovía, quienes promovieron el voto a favor de ésta; fueron ellos quienes informaron a la gente y la persuadieron para salir a votar. Dichas organizaciones no sólo han logrado impulsar una agenda dentro del gobierno, sino dentro del imaginario colectivo, convenciendo a los habitantes de la ciudad de la utilidad del transporte no motorizado. 

    Las consultas, los referendums y los plebiscitos son atractivos dado que len da voz a cualquier ciudadano. Pero en muchos de los casos dichos instrumentos son promovidos para legitimar a un gobierno o para aprobar agendas que se sabe de antemano serán votadas de determinada forma. Incluso muchos líderes carismáticos autoritarios los promueven constantemente para legitimarse y dar la apariencia de ser un gobierno democrático. Peor aún, en la mayoría de los casos, los ciudadanos no están preparados para ejercer el voto sobre un determinado tema. Por eso es que, dentro de la democracia representativa, los ciudadanos elegimos a nuestros gobernantes para que tomen decisiones en nuestro nombre, asumiendo que ellos están preparados e informados (lo cual no siempre sucede) para tomar decisiones en su área de competencia. Por medio de las OSC y de los colectivos, el ciudadano puede incidir de mejor forma, porque éstos tienen el conocimiento necesario (en muchos casos más que el propio gobierno) para poder incidir. 

    Este logro de la ciudadanía es el claro ejemplo de que se pueden lograr cambios sustanciales cuando hay voluntad y ganas, cuando se logra romper ese otro paradigma dentro del cual nos enseñaron que el gobierno tomaba las decisiones y los ciudadanos nos quedábamos callados para pasar a uno que requiere que el ciudadano se involucre en los asuntos públicos para que los cambios sucedan. Lo que pasó hoy es una muestra de ello, las cosas van a empezar a cambiar en el momento en que nosotros decidamos involucrarnos y abandonemos la apatía y el conformismo. Nada del progreso en materia de movilidad, ni las ciclovías, ni los servicios de bicicletas, ni las rampas, ni las dependencias que comienzan a remover los puentes peatonales que confinan al peatón a tomar un rol secundario donde el auto es el rey, nada de eso habría ocurrido si no fuera por la presión ciudadana, de esas mujeres y de esos hombres que decidieron dar un paso más. 

  • Sabiduría en tiempos de Pictoline y PlaygroundMag

    Sabiduría en tiempos de Pictoline y PlaygroundMag

    Sabiduría en tiempos de Pictoline y PlaygroundMag

    Cuando veo alguna publicación de PlaygroundMag o Pictoline y la gente la asume como la verdad absoluta lo primero que hago es poner un grito en el cielo.

    La otra vez, los chavos de Pictoline publicaron una de esas atractivas infografías donde decían que los cerebros del hombre y la mujer eran iguales y se comportaba exactamente igual (posiblemente inspirados en la falacia posmodernista que insiste en que no existe diferencia entre sexos más allá de la anatomía). Me puse a investigar un poco en Internet en sitios más acreditadospapers, artículos de neurólogos y especialistas desmentían el dato. Pero esa afirmación era consideraba veraz por el simple hecho de que abajo en chiquito ponían una escueta fuente (que la gente nunca consulta). Basta con que pongan la URL de la fuente para dar el contenido de la infografía por cierto, sin molestarse siquiera a acceder a ella.  

    Posiblemente sea duro con los de Pictoline quienes intentan (no siempre con éxito) condensar y compactar información y conocimiento para que sea atractivo, porque que recuerde ellos son más bien diseñadores gráficos y creativos, y se pueden equivocar. Pero tal vez sí tenga que ser más duro con quienes consumen ese tipo de contenidos dándolos por sentado.

    Con PlaygroundMag, Upsocl y otros portales similares el problema es más grande, porque si con Pictoline puedo hablar de una falta de rigor en algunos de los casos (no son académicos o investigadores), en éstos otros pareciera haber una intencionalidad, posiblemente tenga que ver con su afán de generar tráfico (y hacer dinero con ello) antes que informar a la gente.

    En estos portales me he encontrado con artículos que dicen que los inteligentes suelen ser distraídos, se la pasan en las redes sociales, suelen consumir mucho alcohol o incluso suelen ser perezosos o procrastinadores (curiosamente se parece a su target). Lo curioso es que la mayoría de esos artículos citan como fuente a un paper que interpretaron muy mal o de plano no existe. No sé si sea a propósito pero tiene sentido: dile a la gente procrastinadora (que es la que más consulta las redes sociales y por tanto tienen más posibilidades de consumir tus contenidos) que su condición es característica en la gente con una inteligencia mayor. Así ellos se reafirman como inteligentes y ante ello le dan crédito al portal web y así lo consumen más y más. 

    Otro ejemplo: uno de estos medios se atrevió a «publicar» un estudio que decía que las personas más inteligentes son más altas y que por lo tanto si eras más alto la probabilidad de ser más inteligente era mucho mayor. Pero cuando uno consulta la fuente dicha información, uno se da cuenta que ignoran la correlación principal (porque le quitaría impacto a la nota). El estudio en cuestión decía que la gente que tiene una buena alimentación (como ocurre en los países desarrollados) suele ser más alta (derivado de su buena alimentación) y más inteligente (también como consecuencia de la buena alimentación). Es decir, en realidad la correlación entre altura e inteligencia no implicaba causalidad, sino que, por el contrario, la altura y la inteligencia tenían correlación con la alimentación.

    Pero naturalmente si el encabezado fuera «las personas que tienen una buena alimentación en edad temprana son más inteligentes» (lo cual sucede con casi todas las personas que no viven en condición de pobreza) no hubiera ganado tantos likes ni tantos clics en los banners de publicidad.

    De esta forma, aprovechando el poco rigor que la gente utiliza para consumir contenidos, se podría por medio de estos portales inculcar ideas, agendas o incluso posturas políticas en beneficio de alguien o algo. No importa que se ponga la fuente al estudio que se malinterpretó (de todos modos nadie la va a consultar o se verán disuadidos o intimidados por las enormes cantidades de texto que los papers tienen). 

    En tiempos de Internet está muy de moda (y en la mayoría de los casos la intención es buena) condensar y organizar el conocimiento para mostrarlo en videos animados e infografías. Incluso ya hay videobloggers que intentan acercar el conocimiento filosófico al usuario común. Eso no me parece malo y a muchas personas las puede acercar a distintas fuentes de conocimiento y despertar su curiosidad; pero a la vez también es de alguna forma sintomático de que hemos perdido progresivamente la capacidad de investigar y buscar la sabiduría esperando que alguien más nos la muestre en un formato empaquetado y colorido. La sabiduría es algo que el individuo tendría que aprender a buscar por sí mismo como producto de la curiosidad y la ambición de alimentar su cultura y su espiritualidad; y por lo tanto, como todo lo que vale la pena en la vida, eso implica un esfuerzo, un esfuerzo que cada vez menos gente está dispuesta a llevar a cabo.

    Las tecnologías deben, sí, ayudar a acercar la sabiduría y el conocimiento a la gente. No deberían, en cambio, suplir la tarea que el individuo debe hacer por sí mismo para cultivarse. Y esto no siempre es culpa de dichas tecnologías, de hecho posiblemente no lo sea en la mayoría de los casos, sino de los individuos que no están dispuestos a hacer un esfuerzo por informarse bien y aprender. 

     

  • Madrear delincuentes

    Madrear delincuentes

    Madrear delincuentes

    Últimamente han circulado varios videos donde los ciudadanos se «ajustician» a los delincuentes. Uno de ellos empieza a grabar con su smartphone mientras los otros le propinan golpes y patadas al victimario; a veces hasta hacerlo bañar en sangre: ¡Qué vean todos los delincuentes lo que les va a pasar si siguen delinquiendo, que ni se atrevan!

    A veces lo amarran contra el poste y ahí le propinan una golpiza, a veces lo tiran al suelo y todos en círculo lo patean, a veces son un poco más compasivos y tan sólo lo despojan de la ropa y lo dejan completamente desnudo. Quienes ven esos videos ven la escena con júbilo: ¡Justicia al fin!

    Pero por el contrario, estas manifestaciones son reflejo de que algo está muy mal en el país. Primero, que se vive una tremenda inseguridad en muchas ciudades del país, y segundo, que las autoridades son incapaces de castigar a los delincuentes por lo cual los ciudadanos toman justicia por su propia mano. Una persona podrá, al ver esos videos, sentir una sensación de justicia y de venganza, pero que los individuos tomen justicia por su propia mano en vez de que las autoridades se encarguen de castigar al delincuente es más bien una manifestación de retroceso casi hacia un estado de anarquía.

    ¿Por qué se creó el Estado? En la antigüedad, dentro de una economía de escala en un entorno violento, quienes eran improductivos y eran fuertes atacaban a quienes sí producían pero eran débiles. Luego los que eran débiles se agrupaban para que la suma de todos ellos tuviera más poder que los fuertes que los acechaban, pero al mismo tiempo los fuertes que no producían podían agruparse no sólo para despojar a los débiles que sí producían, sino a los fuertes que sí lo hacían, encarnando así una espiral de violencia. Debido a eso, el hombre creó el Estado donde, de acuerdo a Hobbes, los individuos debieron renunciar a ciertos derechos naturales (como el derecho a matar o a robar) y cederle cierto poder al soberano para que así pudiera vivir de forma civilizada. 

    Cuando vemos a los ciudadanos golpeando al delincuente, lo que vemos es a los débiles que sí producen agrupados (débiles no tanto por la fuerza, sino porque no suelen poseer armas como los delincuentes) propinándole una lección al «fuerte improductivo». La «puesta en escena» es primitiva, es un estadio anterior a la civilización, es la ausencia del soberano, de un Estado que es incapaz de castigar, por medio de las leyes y del poder que la ciudadanía le confiere, al delincuente. Como el 99% de los delitos en México quedan impunes, no queda de otra más que hacer justicia por cuenta propia. 

    Posiblemente los ciudadanos vengativos no sean los más responsables, de hecho ellos reaccionan como lo haría casi cualquier persona que está siendo asaltada y ve la oportunidad de agruparse para defenderse. Los ciudadanos lo hacen también por impotencia, porque sienten que no tienen otro recurso y no les queda más que agredir al delincuente, filmar el acto y subirlo a las redes como forma de exposición mediática para que «todos los delincuentes vean lo que les va a pasar si se atreven a delinquir». A juzgar por los índices de delincuencia, dicha exposición mediática no tiene mucho efecto ni parece disuadirlos de seguir cometiendo crímenes.

    Promover estos videos es el camino visceral, el camino corto y más fácil, y el que más enjundia genera porque casi todos los que han sido asaltados alguna vez y ven esos videos lo disfrutan. El camino difícil y deseable es la construcción de un Estado fuerte capaz de garantizar la seguridad a sus ciudadanos. Tan no existe ese Estado fuerte que si quien se encuentra en el timón de éste (el Presidente de la República) saliera a la calle sin ningún elemento de seguridad, posiblemente sería tratado igual que los delincuentes que son golpeados en dichos videos.