Categoría: reflexión

  • Los listos sí van al cielo

    Los listos sí van al cielo

    Los listos sí van al cielo

    El ser humano no es unidimensional.

    Es decir, podemos decir que un hombre es feo, pero no sólo es feo, también puede ser inteligente, fuerte, o antisocial. 

    Algunas de estas características pueden ser cambiadas del todo, otras sólo pueden ser cambiadas parcialmente, mientras que hay otras que están completamente determinadas y no se pueden modificar.

    El bienestar del individuo y su supervivencia dependen del papel que dichas características jueguen en un entorno dado, y cómo dicho individuo pueda jugar con ellas.

    Por ejemplo: un hombre que no es atractivo físicamente (aunque los gustos, se diga, se rompen en géneros, el ser humano tiende a considerar bello aquello que es simétrico) sabe que si llega a un bar, las mujeres (u hombres, si es homosexual) no se van a derretir por él ni mucho menos. Pero tal vez aquel hombre sea muy inteligente o sea muy bueno para entablar conversaciones y por medio de esos atributos logre conquistar a una mujer que le atraiga mucho.  

    Y decimos que el entorno importa mucho. Tal vez dicho hombre esté dentro de un grupo de personas que tienen gustos e intereses muy diferentes a los de él y aunque intente usar «su labia» terminará aburriendo a los demás.

    Lo mismo pasa con aquello que determina quienes sobreviven, quienes llegan a formar parte de las élites, quienes tienen una vida más provechosa o quienes quedan rezagados: La supervivencia del más apto. 

    En la antigüedad, la fuerza y la habilidad física era muy importante. Una persona débil (aunque fuera inteligente) no tenía muchas esperanzas de sobrevivir, ya sea porque era menos apto para cazar o recolectar comida o porque era uno de los primeros que sucumbía ante el ataque de una tribu rival. Esto también puede explicar en parte la supremacía del hombre a lo largo de la historia. La mujer, al ser más débil físicamente, tenía entonces un rol secundario.

    Actualmente, en la sociedad de la información, la fuerza y la habilidad física sirve para ser un atleta de élite y poco más. Tan sólo se requiere que mantenga una vida saludable (que haga ejercicio y se alimente bien). La fuerza tiene poca correlación con el bienestar y la prosperidad. En cambio, la inteligencia es determinante. Esto también explica que la mujer tenga un rol cada vez más activo dentro de la sociedad y que la brecha sea menor en aquellos sectores de la sociedad donde se usa la mente producir que en aquellos donde se usa la fuerza. 

    Pero aquí viene un problema: La inteligencia no es una característica muy maleable (está determinado, en parte, por la genética). Las personas que tengan fortuna en adquirir una inteligencia superior tendrán más posibilidades de tener una mejor calidad de vida. Aunque en la actualidad se hable mucho de la inteligencia emocional y de las inteligencias múltiples (que no dejan de ser importantes), lo cierto es que a mayor cociente intelectual hay mayores posibilidades de obtener un ingreso mayor, como podemos ver en esta gráfica:

    También hay una correlación directa entre la puntuación que los alumnos obtienen en el SAT (el examen que se aplica en Estados Unidos para entrar a la universidad) y el ingreso que tendrán. El SAT, el GRE, o el CENEVAL son básicamente exámenes para medir la inteligencia, de tal forma que se da prioridad a quienes son más inteligentes sobre quienes no lo son:

    Entre los especialistas hay discrepancias sobre si el cociente intelectual se puede modificar por medio de entrenamiento. Algunos dicen que sí, pero que hay un techo. También es cierto que la alimentación y educación a edad temprana influye. Es decir, las personas menos inteligentes pueden acortar la brecha con respecto a quienes son más inteligentes pero muy difícilmente podrán alcanzarlos. Las personas menos inteligentes tienen que hacer un mayor esfuerzo no sólo para tratar de no quedarse rezagados en el IQ sino para poder hacer las tareas que hacen las personas más inteligentes, con lo cual quedan en desventaja.

    ¿Cuál es el problema de esto?

    Que la tecnología y la inteligencia artificial están comenzando a sustituir los puestos de trabajo, y como la inteligencia artificial crece «de abajo para arriba» (su inteligencia va creciendo con el paso del tiempo), entonces irá sustituyendo primero aquellos puestos de trabajo que suelen ser hechos por personas menos inteligentes, como los puestos operativos.

    Ciertamente, en una sociedad inequitativa los puestos de trabajo no sólo tienen que ver con la inteligencia sino con la falta de oportunidades y con la poca movilidad social, pero pensemos en una sociedad relativamente equitativa donde los puestos corresponden al mérito y a las capacidades, tal y como suele ocurrir en algunos países desarrollados. 

    Los empleos que se crearán en sustitución de los primeros (si es que se alcanzan a reemplazar todos) serán más complejos porque requerirán una inteligencia mayor. Se requerirá que el individuo tenga más conocimientos en ciencias exactas (matemáticas, lógicas) y una mayor comprensión del lenguaje, lo que le requiere sí o sí, un mayor grado de inteligencia. Las personas menos inteligentes terminarían rezagadas o desempleadas. No cualquier persona puede programar o modificar las máquinas que harán automáticamente las labores que ésta haría manualmente.

    Es cierto que el cociente intelectual a nivel mundial se ha incrementado 20 puntos en los últimos años. Podría argumentarse que cuando «el futuro nos alcance» vamos a ser más inteligentes. Pero lo que han demostrado estos estudios es que el incremento ha ocurrido más bien en los países en desarrollo como China o India. Al parecer, cuando alcancemos un nivel de desarrollo en el que todas las personas estén bien nutridas y tengan un decente nivel de educación, el cociente intelectual tenderá a estancarse. 

    ¿Y cuando eso suceda, podrán absolutamente todos los individuos tener la capacidad cognitiva para ser ingenieros o desempeñarse en profesiones de alta demanda intelectual? ¿Podrá el ser humano, como producto de la evolución, lograr incrementar su cociente intelectual al punto en que practicamente todas las personas puedan desempeñar puestos que hasta ahora son para los «cerebritos»?

    Si eso no sucede, las personas que no son inteligentes estarán en muy serios aprietos. La inteligencia artificial ya está a la vuelta de la esquina. Los expertos en el tema pronostican que a mediados del siglo la inteligencia artificial empatará o incluso superará a la inteligencia del ser humano (sí, si eres millennial, vivirás para contarlo). Está tan próximo que cada vez más expertos hablan del tema y de los riesgos que esto conlleva (que la AI supere nuestra inteligencia conlleva muchos riesgos, en tanto que podría llegar a dominar a nuestra especie).  

    Y ciertamente, esto podría no ser justo. La biología no nos dota con las mismas capacidades a todos los individuos y es un tanto complicado que quienes sean poco inteligentes puedan «inclinar la balanza» con otro de sus rasgos en tanto que los otros rasgos que son y serán requeridos (como la capacidad para socializar) son más maleables y pueden trabajarse más que la propia inteligencia, por lo que pueden ser trabajados por quienes son más inteligentes para perpetuar su superioridad sobre quienes no lo son.

    Termino como empecé, diciendo que el hombre no es unidimensional, sino multidimensional. Pero el contexto importa, y el contexto se está inclinando mucho a favor de la inteligencia. 

  • La ciencia no tiene la culpa

    La ciencia no tiene la culpa

    La ciencia no tiene la culpa

    Desde la extrema izquierda se han hecho últimamente ataques a la ciencia. Nos piden que dejemos de considerar a la ciencia como una verdad

    Dicen, que la ciencia se ha utilizado para discriminar e incluso para impulsar políticas fascistas como es el caso de la eugenesia o el uso que Hitler le dio a la teoría de la evolución. De la misma forma dicen, que la ciencia evolutiva (la psicología y la biología evolutiva) busca oprimir a la mujer diciendo que existen diferencias en el comportamiento y en el cerebro.

    Pero ¿que Hitler haya usado la teoría evolutiva para fines oscuros le quita validez a dicha teoría? No, de hecho se mantiene más vigente que nunca. 

    Estas personas críticas de la ciencia (que sólo la defienden cuando es atacada desde el conservadurismo pero no desde el progresismo) no entienden que las ciencias (refiriéndome a las naturales y a las exactas) son meramente descriptivas; es decir, describen como son los fenómenos: se enfocan en el ser y no en el deber ser; por tanto, la ciencia descriptiva es amoral, no te puede decir qué es bueno y qué es malo (aunque sí te pueden llegar a decir qué es beneficioso y qué es perjudicial).

    Entonces, si Hitler se justificó en la teoría evolutiva para cometer atrocidades, la culpa no es de la teoría evolutiva sino de quien la usa (o en este caso, la malinterpreta). 

    Algunos progresistas acusan a los biólogos evolutivos de promover el machismo porque constantemente señalan que hay diferencias entre hombres y mujeres que inciden en el comportamiento. Pero los biólogos, al hacer ese descubrimiento, no están haciendo ningún juicio de valor, tan sólo están describiendo las diferencias de comportamiento que han encontrado a través del método científico. 

    ¿Pueden estar equivocados los biólogos en ese hallazgo? La posibilidad existe, la ciencia no es infalible, pero es la misma ciencia la que se autocorrige. Si una persona no está de acuerdo, puede investigar haciendo uso de los recursos que la ciencia misma le da, con el fin de refutar la teoría que dice que los cerebros son diferentes. Pero el posmodernismo rara vez busca argumentar por medio de la ciencia sino por medio de la doctrina ideológica. Le dan atribuciones a la filosofía que son exclusivas para la ciencia.

    Decíamos que la ciencia (descriptiva) es amoral y por lo tanto no puede otorgar una escala ética o moral. Para eso se encuentran las ciencias normativas o tradicionalmente conocidas como humanidades donde entran la filosofía, la sociología y demás. Me referiré de aquí en adelante como ciencia a las ciencias descriptivas y como humanidades a las ciencias normativas. 

    Tanto la ciencia como las humanidades se complementan, no se puede entender una sin la otra; pero a la vez, ninguna puede invadir arbitrariamente el terreno de la otra. La ciencia no puede decir por sí misma qué es moralmente bueno o malo y las humanidades no pueden cuestionar un hecho científico como tal. 

    La ciencia dice, por poner un ejemplo, que existen algunas diferencias biológicas que inciden en el comportamiento de los hombres y las mujeres. La filosofía por sí misma no puede refutar ese argumento como hacen los postestructuralistas al decir que las diferencias entre géneros son meramente performativas y que las diferencias sexuales son meramente anatómicas. Si se quiere llegar a esa conclusión sólo se puede hacer por medio de la ciencia. Es decir, tendrían que refutar la teoría que dice que sí hay diferencias y comprobar científicamente que no las hay. El ser humano no puede decidir la naturaleza de las cosas por medio de la interpretación, el humano no puede decidir por mera interpretación la edad que tiene, sólo puede limitarse a describirla. 

    Dicho esto, la ciencia debe preguntarse ¿existen diferencias biológicas que inciden en el comportamiento de ambos sexos? ¿en qué medida influyen las condiciones biológicas y en qué medida inciden los factores culturales en el comportamiento?

    Tomando el caso de que las diferencias biológicas fueran ciertas, las humanidades y la filosofía se deberían preguntar cosas como: Tomando esto como una realidad objetiva que no podemos refutar dado que no nos compete ¿es moralmente justificable discriminar a la mujer tomando como referencia estas diferencias? ¿Estas diferencias hacen a un género más valioso que el otro? ¿Con base en los hallazgos científicos, cómo es que podríamos aspirar a la equidad de género o cómo debería ser el modelo de sociedad para que sea más justa y equitativa para todos?

    Si entendemos esto, podemos darnos cuenta que la ciencia por sí misma nunca discrimina porque no puede hacer juicios de valor, tan sólo describe la naturaleza de las cosas. Es la calidad ética y moral de quien usa la ciencia la que determina si se usa para un acto discriminatorio. Si una persona dice que hay que relegar o discriminar a las mujeres (con base en los hallazgos científicos) el problema no es de la ciencia, es del uso de la ética que la persona está haciendo, la ciencia simplemente se limita a describir hechos. 

    Quienes critican a la ciencia de ser opresiva o hasta patriarcal deberían en su caso criticar a la ética de quienes hacen mal uso de ella.  Querer desconstruir o negar un hecho científico en aras de la igualdad es algo muy peligroso. 

  • Los blancos supremacistas y la radicalización ideológica de la sociedad

    Los blancos supremacistas y la radicalización ideológica de la sociedad

    Los blancos supremacistas y la radicalización ideológica de la sociedad

    Un amigo me decía, considero de forma acertada, que hay que temer más a los movimientos de ultraderecha que al radicalismo de algunos progresistas. Los ultraderechistas pueden imponerse más fácilmente en tanto los progresistas terminan, con el tiempo, siendo víctimas de sus propias contradicciones. Podemos condenar la corrección política que se promueve desde el progresismo, pero son más graves los actos racistas de la ultraderecha que per sé incitan a la violencia y que no se pueden explicar sin ella. 

    Lo que ocurrió en Virginia es una muestra de ello. Charlottesville tiene la peculiaridad, como algunas otras ciudades de Estados Unidos, de tener varios monumentos confederados, por lo cual Alt-Right decidió llevar a cabo su manifestación con antorchas ahí (dicha ciudad había decidido remover la estatua de Robert E. Lee), para que un día después, en la «contramanifestación», algunos ultraderechistas estamparan su automóvil contra los manifestantes liberales matando a uno e hiriendo a casi veinte más. 

    Pero las dos facciones políticas, que explican la polarización ideológica en Estados Unidos, no pueden entenderse sin su contraparte. El progresismo radical y el ultraderechismo son antípodas, pero como lo sugiere la teoría de la herradura, los extremos ideológicos suelen parecerse más bien:

    Entiéndase aquí muy liberal como muy progresista. Fuente: Pew Research Center.

    Ambos movimientos son utópicos, románticos (en el sentido de que son excesivamente idealistas) y tienen sus orígenes en la «contrailustración». Es decir, ambos movimientos son antiliberales (aunque algunos de izquierda se hagan llamar liberales) y están influenciados por corrientes de pensamiento irracionales. Son utópicos porque quieren establecer un modelo de sociedad de forma artificial. uno con base en el racismo y otro en el igualitarismo.

    Ambos se fortalecen y se radicalizan gracias a la presencia de su contraparte. Por un decir: la ultraderecha defiende un modelo de sociedad de supremacía blanca; luego, en consecuencia, el progresismo encuentra un argumento para fortalecer su discurso del «white privilege«. Entonces sugieren políticas públicas orientadas a buscar un estado de igualitarismo artificial por medio de políticas de acción afirmativa (que no debe de confundirse con acceso a oportunidades a todos con independencia de su raza, género y demás), y eso a su vez fortalece el discurso de la ultraderecha. Ahí está el ejemplo del ex empleado de Google, James Damore, que fue despedido y linchado en las redes sociales por sugerir que la diferencia entre la representación de género en las STEM se debía a ciertas diferencias de carácter biológico. Alt-Right ha decidido presentar a Damore como víctima, como mártir del progresismo, para así, fortalecer su discurso racista.

    Así, ambas facciones caen en un círculo vicioso. Peor aún, piensan que para combatir a su contraparte deben ser más beligerantes, pero eso sólo termina fortaleciendo a su oposición. Conforme crece más, entonces creen que deben serlo aún más.

    Ambas facciones son proclives a la generalización o incluso a la adopción de mitos para sostener sus argumentos. Mientras la ultraderecha afirmará que los negros son menos inteligentes, los progresistas radicales dirán que todos los hombres blancos son patriarcas opresores hasta que no demuestren lo contrario. Ambos optan por la coerción y en muchos casos la violencia para impulsar sus agendas. Los ultraconservadores buscan controlar a la mujer condenándola a roles tradicionales, pero los progresistas radicales también buscan controlarla para que adopte una forma de ser que no represente aquello que asumen que es parte de la «cultura del patriarcado». Así, mientras unos le prohiben a la mujer tener un rol activo en la sociedad, otros le prohiben ser tiernas, sensibles o sentirse orgullosas de su maternidad

    Es también una generalización decir que el feminismo como tal es una conspiración marxista (el espíritu marxista es patente sólo en sus vertientes radicales, que ciertamente hacen mucho ruido) o que todos los conservadores son racistas o machistas (de la misma forma, es algo que se ve más bien en sus vertientes extremistas). Pero los extremos intentan convencer al individuo que la otra facción política (desde la moderada a la radical) es completamente igual para así fortalecer su discurso: Todas las feministas son «locas feminazis marxistas» o todos los conservadores son «mochos blancos supremacistas». 

    Entonces, lo que sucede es que las posiciones moderadas, aquellas que van de la centro-izquierda a la centro-derecha, terminan en el limbo y poco a poco son superadas por sus vertientes extremistas. Este fenómeno es muy peligroso y es algo que tenemos que aprender a parar.

    Y no puedo terminar este artículo diciendo que el ascenso de Donald Trump (quien relativizó descaradamente el atentado de los supremacistas blancos) y los amagos de la ultraderecha en Europa se explican, entre otras muchas razones, por este fenómeno que acabo de explicar.

  • San Google, el sexismo y la corrección política

    San Google, el sexismo y la corrección política

    San Google, el sexismo y la corrección política.

    El día en que escribo este artículo se suscitó un escándalo porque Google despidió a un empleado suyo por criticar sus ideas progresistas y porque el memorandum que envió (y que se filtró), llamado «Google’s Ideological Echo Chamber» (La Cámara de Eco de Google) iba en contra de las políticas de inclusión y diversidad de la empresa. 

    No quiero culpar a Google porque hablamos de un empleado que criticó a la empresa en la que trabaja dentro de la empresa. Dicho esto, Google tiene derecho a despedirlo. (no, no estoy exculpando a Google porque tema que penalice a mi blog).

    Pero sí quiero criticar a quienes han linchado a este ex empleado y lo han tachado de sexista.

    Me molesté en leer ese memorandum que pueden encontrar aquí y yo no veo el sexismo por ningún lado.

    El autor, entre otras cosas, quiso decir que no hay tantas mujeres en STEM (ciencia, tecnología, ingenierías y matemáticas) porque dice, que como resultado de la biología, hay diferencias de personalidad que provocan que los hombres estén más orientados a los objetos y las mujeres a las personas. Por eso, dice, los hombres prefieren estudiar ingenierías y matemáticas, mientras que las mujeres estudian biología, psicología entre otros temas. Dice también que las mujeres experimentan mayores niveles de ansiedad, lo cual hace que sean menos mujeres las que ocupen cargos de mucho estrés. 

    Nunca dijo que las mujeres son inferiores, dijo que son diferentes. 

    La afirmación de que hay diferencias biológicas que inciden en la psique de ambos sexos no lleva implícita una discriminación. La llevaría si dicha afirmación la justificara o se utilizara dicho argumento para promoverla, lo cual no sucede aquí. 

    Algunos sospecharán de sexismo porque, de acuerdo a su argumento, menos mujeres se encuentran en posiciones de alto estrés o en ingenierías. Pero los sospechosistas no se indignarán por el hecho de que haya menos hombres en campo como la biología o en aquellas áreas donde se requiera una mayor interacción humana. 

    Pero el autor no sólo no es sexista, sino que esboza una serie de propuestas para combatir la discriminación y eliminar los sesgos ideológicos. Dice:

    Afortunadamente, los científicos y los biólogos no están en la derecha conservadora, pero la mayoría de los sociólogos y personas involucradas en humanidades sí están muy cargados a la izquierda.

    No se trata siquiera de una persona conservadora.

    ¿Es correcto el argumento del exempleado de Google?

    Es una pregunta compleja de responder, no concuerdo del todo con el autor (creo que le da más importancia a la biología de la que realmente tiene) aunque hace algunos señalamientos interesantes. Incluso dentro la ciencia parece que no ha sido fácil determinar contundentemente hasta donde las diferencias entre ambos géneros son producto de construcciones sociales y hasta que punto influye la biología. Sabemos que los roles como tales no son fijamente establecidos por la biología como se señala desde algunos círculos conservadores, pero tampoco podemos dar por sentado que la biología no ejerce ninguna influencia: No hay un cromosoma que diga que la mujer deba quedarse en casa o que el niño debe vestir azul y la niña rosa. 

    Por un lado podríamos argumentar que a los hombres se les enseña a ser más competitivos y menos sensibles que a las mujeres, y que por eso les atraen más las vocaciones orientadas a objetos, mientras que a la mujer se le enseña a ser más sensible y por lo tanto tiene una mayor empatía con otras personas. También podríamos pensar que algunos estudios científicos no toman esto en cuenta de la mejor forma a la hora de hacer sus estudios. Es decir, que en las distribuciones de las gráficas que presentan muestran la diferencia de preferencias entre hombres y mujeres les es difícil medir cómo es que las convenciones sociales influyen para que así sea.

    Pero por otro podríamos discutir, por un decir, el efecto que las hormonas tienen dentro del comportamiento: por ejemplo, la forma en que influye la testosterona en el comportamiento de los hombres. También podría decir que quienes promueven la idea de que el género es meramente performativo lo hacen desde una postura meramente filosófica y no basada en la ciencia. 

    Yo me atrevería a hacer la siguiente afirmación:

    Parte de la diferencia de roles entre ambos géneros son producto de construcciones sociales, pero sí podrían existir algunas diferencias de orden biológico que incidan de alguna manera en el comportamiento, y por ende, en algunas de las decisiones que el individuo tome a lo largo de su vida. Si estas existen, no justifican de ninguna manera la supremacía de un género sobre otro ni mucho menos la inequidad.  

    Y lo razonable a mi parecer para evitar cualquier tipo de discriminación es que ambos géneros tuvieran las puertas abiertas en las distintas áreas de trabajo, que en su proceso educativo se les de herramientas tanto para habilidades orientadas a objetos como a personas y que sean las mismas personas las que decidan qué camino tomar. 

    Esté en lo correcto o no, el exempleado no fue sexista, nunca buscó poner a la mujer en un peldaño inferior al hombre. Su planteamiento empieza mencionando que pueden existir sesgos tanto a la izquierda política como a la derecha, menciona algunos ejemplos de sesgos (la izquierda es muy idealista, la derecha muy pragmática, la izquierda suele ser muy cooperativa en tanto la derecha es muy competitiva), explica los vicios de las empresas cargadas a ambas orientaciones del espectro político y argumenta que Google está cargado a la izquierda. 

    El planteamiento que hace es de carácter político e ideológico, y lo hace evidentemente desde el centro político: a partir de ahí es que busca explicar las diferencias de género. El documento ni siquiera parte de un argumento relacionado con el género. Su argumento es, ¡Oigan Google, estoy a favor de la diversidad racial y la equidad de género, pero hay un sesgo ideológico y propongo algunas formas para abordar el tema de una mejor manera!

    El error del empleado fue criticar a su empresa dentro de la empresa y difundir a través de un memo su opinión. Google está en el derecho de despedirlo porque su acción no fue profesionalmente ética. Técnicamente Google también tiene derecho a tener el código que la empresa desee y si quiere cargarse a la izquierda o a la derecha lo puede hacer porque se trata de una empresa privada. Lo que es reprobable es que, por argumentar un supuesto sexismo, se restrinja su libertad de expresión al buscar ser censurado y linchado por usuarios de las redes sociales.

    Este es el peligro de la corrección política, que en aras de una supuesta igualdad se censuren cada vez más opiniones en vez de llevarlas a la mesa de debate. Ni siquiera se toleran ya las discrepancias sobre cómo es que se puede aspirar a ese mundo más equitativo que muchos deseamos. 

    Gracias a quienes llevaron a cabo este linchamiento la organización ultraderechista Alt-Right ya encontró un nuevo mártir ¡Gracias!

  • Gordofobia

    Gordofobia

    Gordofobia

    El relativismo y la deconstrucción del lenguaje ha llegado a la panza. 

    Últimamente, he escuchado mucho el término «gordofobia»  por parte de personas que tienen obesidad y que se sienten rechazadas. 

    Tenemos aquí otra vez el concepto de la «victimización»: yo soy oprimido, por tanto, hay que combatir al opresor. Ahí está la categorización binaria: gordo-flaco, el flaco oprime al gordo, lo señala y se burla de él (dicen).

    Una persona con sobrepeso que se acepta a sí misma ni siquiera estaría preocupada por ello, no se sentiría oprimida. Hay gente con sobrepeso que se acepta sin ningún problema y es feliz.

    El odio a mí misma se esconde entre las palabras de mi padre y la sentencia de que me tengo que poner a dieta «por salud». Entre que los jeans no me cierran. En el no querer prender las luces con mi pareja: María.

    Quien denuncia la gordofobia es alguien que no termina aceptar su condición de sobrepeso; las críticas le afectan, que le digan que tiene sobrepeso tiene una incidencia negativa sobre su autoestima. María narra y denuncia la gordofobia: Ella dice: «No soy gorda, tengo gordura», lo cual es correcto porque apelando a la metafísica una persona no es gorda, lo está, su gordura no la define: la gordura es el accidente, la esencia es la persona misma. La articulista también acierta cuando dice que a la mujer la señalan más por su gordura que al hombre, y ahí existe una situación de inequidad. Pero ella puede hacer algo, y no quiere. 

    Solo espero que mi amor propio pueda más que el odio a mi cuerpo que me inculcan en mi familia y en los medios: María.

    Primer problema: Ella aspira, por medio de la corrección política, a que se inhiba la libertad de expresión para que nadie le haga un señalamiento por su gordura; de esta manera, busca no verse afectada emocionalmente. La culpable de su baja autoestima, piensa, no es su gordura, mucho menos ella, es su familia y los medios, ellos son los opresores: ¡Tú papá, tienes la culpa de que yo me sienta mal con mi peso! ¡Tú, televisión, tienes toda la culpa, me oprimes porque las modelos de la TV no son gordas y yo sí! ¡Quiero leyes para que las modelos estén gordas y no me sienta discriminada!

    Ciertamente, nadie puede decirle a María qué hacer con su cuerpo, Pero ella tampoco podría culpar a sus padres de una realidad que ella puede cambiar. María tiene dos posibilidades:

    • Aceptarse con sobrepeso. 
    • Bajar de peso.

    Ambas opciones le implicarían un esfuerzo (y tal vez dinero). Para lo primero tal vez tenga que ir con el terapeuta para resolver los conflictos psicológicos que su peso le generan. Para lo segundo, con un nutriólogo y tal vez pagar la membresía de un gimnasio. 

    Pero la idea de que somos personas más allá de nuestros cuerpos y que nuestros cuerpos son hermosos, así como son, tiene que brillar más fuerte que ese odio: María.

    Segundo problema, y tiene también que ver con la corrección política. Ella quiere que le digan que su cuerpo es hermoso. Si yo la viera, si no se me hiciera hermosa y si le dijera «hermosa» me convertiría en un hipócrita, sería incluso injusto con ella porque haría que su autoestima se basara en una mentira. Por más que algunos pretendan deconstruir el lenguaje para que María se sienta hermosa, la realidad objetiva es que yo, desde mi punto de vista (subjetivo), no considero que su cuerpo es hermoso. La realidad objetiva es que yo me voy a comportar con ella de acuerdo a la valoración que yo hice de su belleza en mi mente (podría ser injusto hacer un juicio categórico de María con base en su sobrepeso y eso tal vez me convertiría en una persona superficial, pero tanto hombres y mujeres, incluso a nivel inconsciente, hacemos evaluaciones de nuestros semejantes).  Podré decirle hermosa «porque es políticamente incorrecto decirle que no lo es» pero tal vez su aspecto físico incida en mi decisión de cortejarla o no cortejarla. A María la van a seguir rechazando de los trabajos donde el sobrepeso sea un problema (a menos que exija leyes de «acción afirmativa» como «cuotas de gordura» donde un porcentaje de los contratados tenga que ser gordo para no discriminarlos). 

    Tercer problema, al promover una cultura para que la «gordofobia» sea políticamente incorrecta y los gordos no se sientan discriminados, se está promoviendo un estilo de vida poco saludable. Ya de por sí los niveles de obesidad en México y otros países son alarmantes. Así como es grave que los medios promuevan un prototipo de mujer que induzca a la anorexia y la bullimia, también lo es lo contrario, decir que hay que defender a la gordura y que es políticamente incorrecto sugerir que bajen de peso por su salud. 

    Es decir, María se sentirá bella por afirmaciones que recibió y son falsas, al tiempo que tendrá más posibilidades de contraer diabetes e incluso de ser candidata a un marcapasos. Vivirá en una mentira y con problemas de salud. Quienes le alertan por el sobrepeso, a su vez, estarán censurados por la corrección política. 

    No puedes intentar controlar todo tu entorno porque crees que eres víctima de él, menos aún cuando tienes opciones a la mano para resolver tu problema. Ese es el problema con las corrientes ideológicas de extrema izquierda que dicen proteger y luchar por las minorías, sólo terminan atrofiando la iniciativa y la voluntad propia de la gente.  ¿Para qué quiero tratar mi problema por mí misma, si mejor puedo pedir al Estado que me proteja y crear una cultura para que nadie se atreva a hablar de mi sobrepeso?

    También se ignora que el ser humano no es unidimensional sino que tiene varias dimensiones. La gordura no la define, pero a veces siente que sí lo hace lo cual incide en su comportamiento. La gente puede hacer un juicio negativo por algún rasgo nuestro (vaya, no somos perfectos y no le podemos gustar a todo mundo), puede que no seamos físicamente atractivos, puede que no tengamos una complexión fornida, pero quien se encuentre «en desventaja» puede jugar otras cartas. Tal vez María sea gordita, pero también puede tener una gran capacidad para conversar lo cual le da una ventaja. 

    Duele decirlo, pero la gente tiene todo el derecho de construir una idea sobre tu persona de acuerdo a su percepción. No tiene derecho a insultarte y a no degradarte deliberadamente como persona, pero sí tiene derecho a pensar lo que quiera de ti. 

    Y vaya, entiendo la gordura de María. Yo vengo de bajar 30 kilos. Estuve bastante más gordo que ella. 

    *He decidido mantener el anominato de quien llamo María, quien escribió un artículo en el que me basé para hacer esta crítica. 

  • No, no es todo el feminismo. Así no es el feminismo

    No, no es todo el feminismo. Así no es el feminismo

    No, no es todo el feminismo. Así no es el feminismo

    No, no es todo el feminismo. Concuerdo. Señalar las incongruencias de una corriente feminista y decir que todo el feminismo es así es hacer que muchas mujeres, muchas que buscan la equidad de género, paguen los platos rotos.

    Comencemos pues:

    Hace unos meses me molesté en leer a Simone de Beauvoir, aquel libro llamado «El Segundo Sexo» que tiene más de 800 páginas. Quería entender el feminismo y cuando leí dicho libro quedé impresionado. Ningún libro a la fecha me había hecho sentir tanta empatía por la mujer. Podré tener algunas diferencias en algunos aspectos, pero fue un libro tan provechoso de una mente tan inteligente y brillante como la de Beauvoir.  Sugerí que todas las feministas. las mujeres y los propios hombres lo leyéramos. 

    Hace unos días estuve toda la tarde de malas por el caso de Isabela Otero. Me dolía que un piloto violador y machista intentara abusar de ella y que muchos actuaran como cómplices para que el crimen quedara impune. Me enojé porque la reacción de algunos fue de «maldita feminazi» «tú te lo buscaste». 

    Soy parte de una familia donde mi mamá y mis hermanas trabajan, y a las cuales defendía cuando era más chico para que las dejaran salir al antro. La gran mayoría de mis primas trabajan, la gran mayoría de mis amigas son independientes, he tenido jefas de trabajo mujeres de quienes he aprendido mucho y a quienes les agradezco mucho. Prácticamente todas las mujeres que conozco tienen su propia vida.

    Yo no fui educado en un ambiente donde la mujer tenía que obedecer al hombre, incluso me enseñaron a respetar a las mujeres. 

    El día de hoy recibo adjetivos como: machiprogre, machista, «feminista light», me acusaron de «mansplanning».

    No, no soy machista, no me queda el saco.

    Me sugieren (sugerencia a la de a hüevo) no criticar al feminismo, porque no es mi lucha. Me dicen, que nosotros sólo tenemos que observar, que el hombre puede ser solo aliado y no feminista. Lo que consiste en echar porras (no muy fuerte para no opacarlas) y no opinar.

    ¿Echar porras y no opinar? ¿Venezuela? ¿Corea del Norte? ¿La URSS? ¿Dónde escuché eso? Claro que ante esa actitud sí me voy a alertar. 

    ¿Cuál fue el pecado?

    Defender a una mujer, a Paola Espinosa, para que se respetara su derecho de decir que «ser madre era su mejor medalla» porque algunas «feministas» o pseudofeministas (lo expresé así para dar a entender que no estaba generalizando ni afirmando que el feminismo en su conjunto era así) la atacaron a ella y a la marca Gatorade por replicar en un póster lo que Paola dijo.

    Es cierto que el feminismo es una lucha de las mujeres y que nadie les puede imponer cómo es que deben de dirigirse.

    Pero estoy absolutamente en desacuerdo con eso que algunas personas dicen (entendiendo que también hay hombres que se asumen como defensores de la causa) que el hombre no pueda opinar ni hacer una crítica del feminismo o de alguna corriente del feminismo. Es tan absurdo como decir que la mujer no puede opinar del hombre porque no es hombre.

    ¡Por supuesto que las mujeres pueden decir y hacer las críticas que quieran de nosotros! Y si asumimos que lo que se busca es la equidad de género, entonces nosotros también podríamos opinar y hacer crítica del feminismo. Porque si bien no es nuestra causa como tal, la piedra angular del feminismo tiene que ver con la relación entre el hombre y la mujer, también trata de nosotros.

    Y sugerir no es imponer porque ellas tienen la libertad de aceptar o no nuestras sugerencias o críticas.

    Las críticas construyen. Son los juicios de valor, la denigración, los ataques los que no construyen. Y creo que como seres humanos civilizados sabemos o deberíamos saber que atacar o denigrar, se trate de quien se trate (feministas, gays, religiosos), es moralmente reprobable. 

    Me dicen que soy machista porque «no me doy cuenta de mi machismo» dado que estamos culturalmente condicionados; pero luego me dicen que si me quiero subir «tren del mame» revise mis privilegios (y si no, también). Si dicen que hay algo oculto que no puedo ver, ¿cómo puedes pedir a alguien que revise algo de lo que no es consciente? ¿No es más fácil que las mujeres nos digan que tal actitud les molesta o que ciertas conductas hacen que no se sientan valoradas o las limitan? Creo que entendiéndolas a ellas podríamos entender qué conductas podemos tener internalizadas si es el caso.

    Pero algunas personas piensan que quienes son feministas no tienen «la obligación de informar al hombre», y a la vez dicen que no podemos entender el feminismo porque tenemos que ser mujeres para hacerlo. 

    ¿Entonces cómo le hago? 

    Piden que seamos empáticos pero no pueden serlo con nosotros. Mujeres y hombres adheridas a esta corriente del feminismo no están dispuestos a explicarnos. ¡Investíguenlo ustedes! Me dicen.

    Entonces ya me siento perdido, ¿la lucha es por la equidad de género o es una venganza de la mujer que fue sometida históricamente y ahora los hombres nos tenemos que someter? Porque a mí me queda claro que en un estado de equidad de género, ambos géneros deberían poder emitir críticas, debatir, dialogar y retroalimentarse. 

    ¿Cómo me puedo o pienso adherir a una causa donde no me siento bienvenido porque sólo puedo aplaudir y bajito? ¿Cómo puedo motivarme a entenderlas si me dicen que soy machista por default (aunque sea a nivel inconsciente o no me de cuenta)?

    ¿Cómo le hago para adherirme a una corriente si ésta parece que en vez de luchar contra el machismo va directo contra el hombre? Porque parece que no hay ni siquiera el beneficio de la duda. Somos culpables por el simple hecho de ser hombres. Los hombres nacimos con una suerte de «pecado original patriarcal». 

    ¿Acaso los hombres que no somos machistas tenemos la culpa de lo que hacen o hayan hecho otros hombres?

    Si me echo un clavado, leo sobre filosofía, leo opiniones a favor y críticas y llego a la conclusión de que esa corriente del feminismo parece estar cooptada por una ideología de izquierda creada por filósofos posestructuralistas que es irracional desde una postura epistemiológica, cuya metafísica es extremadamente relativista, y que asume que hay un eterno conflicto dentro de las categorías binarias (Derrida) tales como hombre-mujer, blanco-negro, y sí, burguesía-proletariado. Si llego a esa conclusión y le digo a un defensor o defensora de esa corriente que por naturaleza incita a la división y al autoritarismo (y que en muchos casos no la conoce y no se percata de ello). Si hago eso y me preocupo, ¿cómo les puedo decir eso sin que se sientan ofendidas o juzgadas, ya sea para que se den cuenta o para que me den su punto de vista y me digan que estoy en el error? ¿Cómo les puedo decir que la crítica que quiero hacer no tiene el fin de relegar a la mujer, sino que temo que aquello pueda desprestigiar su movimiento? ¿Cómo les puedo decir que esa observación no tiene por ningún motivo desacreditar la lucha de la mujer ni hacerla sentir menos capaz?

    ¿Cómo puedo debatir sin que se tome como un juicio de valor y reciba juicios ad hominem como me sucedió hoy con un conocido que dice ser «feminista» que me dijo que era un ser despreciable (por mi comentario de Paola Espinosa) para que después me borrara del Facebook? Si yo creo en la libertad, en la tolerancia y en el intercambio de ideas ¿cómo podemos construir una relación así sin que haya sospechosismos ni todo se interprete como un ataque?

    La respuesta será: tú no eres mujer, sólo las mujeres entendemos el feminismo, ergo, tú no entiendes el feminismo.

    Y comprendo muy bien que los hombres no entendamos muchas cosas de las mujeres y a veces podemos tener problemas para entender sus sentimientos y sus frustraciones, pero eso no quiere decir que no pensemos. Por el contrario, las opiniones externas a veces son muy buenas. Yo, como muchos, creo con firmeza que la mujer no tiene ninguna limitación intelectual (como se llegó a sugerir hasta hace algunas décadas) y tienen la capacidad de discernir entre una crítica constructiva y una crítica que busca atentar contra ellas. 

    Y repito, ellas son libres de tomar o no las opiniones o comentarios que hagamos e incluirlos o no a su movimiento. Los seres humanos somos libres, por lo tanto, ellas son libres. Igual que los hombres somos libres, y cómo ellas, tenemos garantizada la libertad de expresión. 

    Y creo que el discurso puede crear una trampa (aunque no lo haga a propósito). Y esa trampa es pensar que las críticas son necesariamente manifestaciones de una resistencia natural ante la causa:

    Entendemos que una causa social generará, por defecto, resistencia. A muchos hombres no les fue grato ver que las mujeres empezaran a crear sus proyectos de vida, pero con el tiempo esas resistencias fueron cediendo. Pero con esta corriente no parecen romperse dichas resistencias de forma progresiva; por el contrario, lo que vemos es una polarización cada vez mayor. Los discursos excluyentes sólo dan alimento a los grupos de derecha y ultraderecha como Alt-Right para darle fuerza a sus movimientos. Entonces el peligro es doble, porque además de lo que alertamos, tenemos grupos de extrema derecha que toman fuerza. 

    Y si lo alertamos no es porque seamos antifeministas. Sino por el contrario: reconocemos todos los logros del feminismo, desde las sufragistas, las que lucharon para que la mujer accediera a puestos de trabajo, a puestos políticos, a puestos de poder. Por eso nos preocupa, porque el feminismo ha hecho mucho y entendemos que todavía no llegamos a la equidad de género a la que debemos ambos géneros aspirar, y creo que estas corrientes deslegitiman la causa.

    Y lo hacen porque no todas las personas están dispuestas a discernir la información y muchos pueden crearse la idea de que todo el feminismo es radical y excluyente, que todo el feminismo concibe a la mujer como la víctima del heteropatriarcado, cuando lo que deberían ser no son víctimas, sino mujeres que se la crean, salgan y muestren que no existe razón alguna para que queden en desventaja ante el hombre.

    No es casualidad que sólo leí la palabra patriarcado como cinco veces en el Segundo Sexo de Simone de Beauvoir que tenía como 800 páginas mientras que en un paper o ensayo de esta corriente del feminismo puedo leer el término patriarcado o heteropatriarcado como veinte. Yo me quedo con la mujer de Beauvoir, la que es capaz, la que rompe cadenas, la que puede formar con el hombre equipo donde ambos estén al mismo nivel. 

    Yo soy hombre, pero no sólo somos los hombres los que vemos con preocupación esto. Por el contrario, son muchas mujeres las que ven con recelo estas corrientes. Y no, no son necesariamente conservadoras ni mucho menos sumisas o reprimidas. Muchas de ellas ni siquiera dependen de un hombre, son independientes y tienen una vida hecha. ¿Lo que tienen que decir ellas no cuenta? ¿No es más fácil escucharlas que decir que están condicionadas por el patriarcado como algunas personas sugieren?

    Si se aspira a la equidad de género hay que sumar, no dividir; incluir, no excluir. Si excluyen, perderán la oportunidad de generar un cambio en muchos hombres. Por el contrario, sólo lograrán que refuercen sus creencias. Ya lo estamos viendo, los resultados son claros.

    La lucha debería ser por la mujer, no por una doctrina ideológica o un orden de ideas. La mujer debe tener el derecho a ser tierna o sensible (cosa que a veces les restringen, porque dicen, es manifestación de la opresión patriarcal) así como a ser dura o fria. Coincido en que varios de los roles tienen que ver con convenciones o construcciones culturales, que el hecho de que la mujer juegue con muñecas y el hombre con carros no está necesariamente dado por la naturaleza como afirman algunos conservadores. Entonces yo creo que la gente tiene la libertad de ser como quiera ser y no se le debe imponer ser de ninguna forma. Esa es la lucha con la que yo empatizo, con aquella mujer libre, donde sea ella, su persona, su esencia y su descubrimiento personal y espiritual la que determine como es y no un puñado de normas ideológicas que le digan que sea de tal forma para que «no refleje la opresión del patriarcado». 

    Y sí, los hombres debemos de colaborar, debemos también ser críticos con nosotros mismos y con el comportamiento que tenemos con las mujeres, debemos preguntarnos si con determinada conducta las estamos relegando o las estamos haciendo sentir de tal forma y cambiarlo. y sobre todo, debemos ser empáticos con ellas. Pero eso no quiere decir que no podamos ser críticos porque la crítica no implica dominación.

    Esa es mi opinión. Algunas personas podrán sentirse aludidas, otras no, hay quienes me dirán esto sí y esto no. Mi crítica es un resumen de lo que he vivido en los últimos días, de lo que he observado en redes, de lo que he platicado con otras personas, hombres y mujeres. Mi intención es poner mi granito de arena para crear un sociedad y una convivencia entre los dos sexos más sana y cordial. Sé que recibiré también muchas críticas, las cuales asumiré- Sé que algunas serán constructivas y otras destructivas, pero lo asumo, pago el precio por ello. No importa cuantos unfollows me cueste. Creo que era mi deber escribir esto, y lo hice. Es mi opinión, no es ninguna imposición ni afrenta. 

    Y termino como inicié. Esto no es todo el feminismo, dudo muchísimo que sea la mayoría. Pero hace mucho ruido, el suficiente para que la gente piense que el feminismo es así y se sientan ahí sí, en el derecho de ser machistas y cobardes. 

  • Paola Espinosa es una gran mujer y Gatorade no es misógino

    Paola Espinosa es una gran mujer y Gatorade no es misógino

    Paola Espinosa es una gran mujer y Gatorade no es misógino

    Paola Espinosa es un ejemplo de mujer. 

    Ella es una mujer que se hizo a sí misma, que a través del duro esfuerzo se hizo un lugar dentro del olimpismo con medallas de plata y bronce, así como medallas de oro en mundiales de clavados y Juegos Panamericanos. 

    Si Simone de Beauvoir resucitara, estaría orgullosa de Paola Espinosa. Paola es una de las mejores clavadistas (de ambos géneros) que ha tenido México en la historia. Ella no se «sometió al plan de vida del hombre», ella creó su propio plan de vida, e incluso se casó con Iván García, otro clavadista exitoso, porque tienen un plan de vida en común.

    Pero al parecer (a ojos de unos) cometió un error: decir que su mejor medalla era ser mamá. 

    La indignación de ciertos círculos que dicen ser feministas no se hizo esperar, las críticas a su persona, pero sobre todo, las críticas a Gatorade por publicar una imagen con dicha frase, desató la furia de las feministas más radicales, aquellas influenciadas (sin saberlo en muchos casos) por el postestructuralismo

    Lo primero que se les viene a la mente es que decir que la mejor medalla de Paola es ser mamá es símbolo inequívoco de una cultura heteropatriarcal que la reprime. Ven represión en todos lados. Si su mejor medalla es ser mamá, es «símbolo inequívoco de la represión que viven las mujeres sometidas al yugo del hombre».

    No se molestan en pensar siquiera que Paola Espinosa ha construido ella misma su carrera. Eso no cuenta. Lo que cuenta es buscar cualquier símbolo que huela a opresión. Más como producto de un adoctrinamiento ideológico que por un sincero deseo de la equidad de género o una auténtica liberación de la mujer, este pseudofeminismo, más que liberarla, hace lo contrario: para ellas no está bien que una mujer diga que lo mejor que le ha pasado es ser mamá.  Instan a la policía del pensamiento a censurar cualquiera de esas ideas. Ellas aprenden a oprimirse a sí mismas para combatir la opresión, no entienden que la liberación de la mujer implica que ella tenga el derecho de crear el plan de vida que quiera sin que sea restringida u oprimida y no que sólo adopte el plan de vida permitido por la ideología. 

    Bueno, ni siquiera se les vino a la cabeza que colocaron esa frase en la publicidad porque vino de la propia Paola.

    Por eso es que quieren cambiar el lenguaje, porque en cualquier categoría o relación binaria, existe necesariamente, para ellos, una relación de opresión.

    Basta, sí, con encontrar juntas las palabras, mujer – mamá, o mujer – matrimonio para sospechar. Si esas palabras están juntas hay que revisar el contenido porque muy probablemente exista ahí un indicio machista latente o un «condicionamiento cultural heteropatriarcal hegemónico». 

    Paola Espinosa respondió lo siguiente:

    En su respuesta, muchos vemos a ese ejemplo de mujer liberada, la que piensa por sí misma y la que está a cargo de sus propias decisiones.

    El pseudofeminismo radical, no. Ellos ven ese «condicionamiento cultural». Es víctima de la opresión del patriarcado, insistirán. 

    Por eso insisto en que las verdaderas feministas deben desligarse cuanto antes de estas corrientes ideológicas. 

  • Frente al dogma, una mente abierta

    Frente al dogma, una mente abierta

    Frente al dogma, una mente abierta

    La otra vez estaba discutiendo con un amigo lo que había escrito en este espacio, que la corriente posmodernista (o postestructuralista), influenciada por el marxismo, estaba generando una influencia que considero negativa dentro de la sociedad occidental. Comentaba que filósofos como Michel Foucault, Jacques Derrida y psicoanalistas como Jacques Lacan le dieron, en cierto sentido, forma esta corriente; la cual, como comentaba, tiende a la irracionalidad y a la subjetividad (en eso más bien difieren con el marxismo). 

    Hay quienes me dirán: entonces nunca hay que leer ni a Foucault, ni a Derrida, ni a Lacan, son unos lacayos manipuladores.

    Aquí yo sugeriría frenar en seco.

    ¿Por qué? Porque resulta que en la filosofía no existe un bando de los buenos y otro de los malos sino distintas formas de pensamiento. Conforme uno aprende filosofía uno se va inclinando a favor de una corriente, y de esta forma simpatizará más con los filósofos que pertenecen a ella que con aquellos filósofos que son adversarios. Eso es algo natural, si le diéramos el mismo valor a todas las corrientes filosóficas nos perderíamos.

    Lo que hay son distintas corrientes de pensamiento, unas surgen a raíz de otras o en contraposición con otras. Si Platón es idealista, Aristóteles entonces es realista. Gracias a esa constante lucha de pensamiento es que el ser humano ha evolucionado. 

    Cuando hablamos del posmodernismo (en el amplio sentido de la palabra y que no sólo se limita a la corriente encasillada en el postestructuralismo) lo podemos entender como una reacción al modernismo: factores como un objetivismo radical (patente, sobre todo, en Estados Unidos) hasta el desencanto con el futuro,  el desencanto que producía ver que la tecnología se podía usar para crear guerras nucleares o el desencanto político que significó la guerra de Vietnam, desencadenaron el surgimiento del posmodernismo. Bajo este escenario, que coincidía con el fracaso del comunismo, es que crecieron aquellos filósofos considerados posmodernos. La izquierda (tanto la marxista como la moderada) al ver sus tesis económicas evidenciadas, buscó refugio en la cultura: desde los derechos humanos hasta la ecología. 

    Algunas personas, sobre todo aquellas pertenecientes a los círculos conservadores, creen que las políticas públicas promovidas dentro de las naciones y los organismos internacionales tienen un fin necesariamente oscuro: por ejemplo, que la intención es reducir la población (convirtiendo a todos en gays). La realidad es un tanto más aburrida que las teorías de la conspiración, y las corrientes ideológicas que permean son más bien consecuencia de un eterno conflicto ideológico y filosófico. Quienes defienden determinadas corrientes ideológicas suelen impulsar o defender agendas, ciertamente entran en un juego de poder, al punto que pueden llegar a buscar el poder por el poder dejando al pensamiento como un actor secundario. Que una ideología o una corriente ideológica no tenga un fin oscuro ni sea parte de una supuesta teoría de la conspiración no implica que no pueda ser dañiña y que no se deban exhibir sus carencias. 

    Es más fácil asustar a las personas con las teorías de la conspiración a esperar a que aprendan sobre filosofía y así se convenzan, como los que lanzan el grito de alerta, por qué una forma de pensamiento podría traer efectos más bien nocivos. Esto es patente dentro de las distintas corrientes ideológicas, tanto conservadoras como liberales. 

    Un claro ejemplo es el marxismo. Dicha corriente ideológica no se construyó con el fin de instaurar un gobierno totalitario, no creo que a Marx le haya pasado por la cabeza la idea de un dictador represor y asesino como Stalin; pero ciertamente nos hemos dado cuenta que el pensamiento marxista aplicado en la práctica tiene una fuerte proclividad a generar gobiernos totalitarios.

    ¿Todo lo que escribió Marx debe ser entonces descartado? No. Primero, porque ver el mundo desde otra perspectiva (aunque no comulguemos con ella) nos puede dar una visión más amplia del mundo. Segundo, porque el hecho de que su teoría llevada a la práctica haya producido resultados funestos no significa que Marx no tenga nada que decir ni que sea totalmente inútil. Y tercero, porque conocer a Marx nos puede dar más herramientas para criticar al marxismo.

    Lo mismo ocurre con los filósofos considerados como posmodernistas. Que Foucault sea uno de los artífices de una ideología que no toma la verdad ni la objetividad como piedra angular y que ve mecanismos de opresión en todas partes no me priva de valorar su argumento donde señala que la sociedad está compuesta por infinitas relaciones de poder (entre el padre y el hijo, gobernadores y gobernados, etc). Al dar por descontado todo el pensamiento de un filósofo por las carencias que podamos encontrar en algunas de sus tesis no sólo incurrimos en una falacia ad hominem, sino que también nos priva de adquirir una perspectiva más amplia y de distintos puntos de vista que alimenten nuestra sabiduría. A Derrida lo conozco menos, pero aplica el mismo argumento: su argumento de los mecanismos de opresión dentro de las categorías binarias no es del todo falso (ha existido, a través de la historia, opresión de los negros a los blancos o del hombre a la mujer), el problema viene cuando ese concepto se eleva a su máxima expresión haciendo creer que en todas las categorías binarias siempre existe un mecanismo de opresión.  

    Si alguien se hubiera conformado con un panfleto que dijera «No a la ideología de género impuesta desde tal o cual lugar que busca destruir a la humanidad» se hubiera privado de conocer más aquello con lo que no comulga. Pero en vez de hacer una descalificación a priori por lo impactante del encabezado decidí tener curiosidad y entender bien a bien qué es aquello que se critica. Si indago, trato de entender a los precursores y a quienes sostienen la teoría postestructuralista podría darme cuenta, primero, de que el término «ideología de género» es un tanto tramposo y que aparte tiende a la generalización, y segundo, de las falencias específicas del postestructuralismo.

    Si alguien se hubiera conformado con el argumento de «el marxismo cultural creado en la Escuela de Frankfurt para destruir a la familia», al descontar a dicha escuela se habría privado de varios filósofos, intelectuales y pensadores que tienen algo que decir como Theodor Adorno o Erich Fromm (éste último, a pesar de su influencia marxista y freudiana, es frecuentemente citado dentro de algunos círculos católicos). Lo mismo puede ocurrir a la inversa, un ateo receloso de las religiones no tendría por qué dar por descontada a la filosofía aristotélico-tomista. El ateo podría darse cuenta que a pesar de que no cree en Dios, varias de sus creencias, ciertamente seculares, tienen un origen religioso. Después de entender eso adquirirá una perspectiva más amplia.

    Si el individuo tiene la disposición y es capaz de crearse la capacidad de abrirse a aquello que no le gusta, de entender a sus adversarios ideológicos, podrá entonces generar una mayor capacidad para empatizar con el prójimo, una capacidad que escasea hoy en día tanto en el conservadurismo como en el progresismo. El individuo, contrario de lo que podría pensar, no se sentirá «tentado por cualquier cosa» ni abandonará sus ideales, pero sí entenderá mejor la postura del otro y tendrá más elementos para persuadir en vez de atacar y oprimir. Así, el contraste se llevará a cabo por medio del debate y no de la exclusión.

    Allá afuera hay un montón de conocimiento, lo peor que podemos hacer es sólo encasillarnos en el que más nos gusta o nos conviene. Hasta al «enemigo» hay que leerlo, no sólo para combatirlo, sino porque en una de esas hasta le aprendes algo.