Llevo dos días sin despegar la pestaña desde la computadora para tratar de ayudar desde aquí, sin importar si me tengo que desvelar. A veces angustiado por la situación, otras veces contento por ver todas las manifestaciones de solidaridad. Sólo me levanto para comer, cuando necesito hacer llamadas telefónicas y cuando voy a centros de acopio. Apenas este es uno de mis pocos descansos en que me doy tiempo de escribir.
He tenido una sensación de impotencia, como deseando tener dos cabezas, ocho brazos, o estar en tres partes al mismo tiempo, como si pudiera hacer más, porque llego a ser poco consciente de mis limitaciones. Preocupado por el estado anímico por mis amigos y seres queridos que viven allá, porque si yo estaba shockeado ellos debían estarlo mucho más. Me sentía impotente porque sólo les puedo mandar mensajes de Whatsapp o una llamada (por Internet) y no podía darles un abrazo para ayudar a que bajara un poco la angustia.
Y sé que lo que hago no es nada a comparación de lo que muchos están haciendo, muchos están allá afuera arriesgando su integridad por salvar la de los demás, aquellos héroes que salieron de la nada, aquellos que borran cualquier sentimiento de pesimismo hacia la sociedad mexicana, esos que te dicen que otro México sí es posible, que la materia prima para ello existe y que basta con voluntad, de esa que se ha manifestado en estos difíciles días en la Morelos, Puebla, Oaxaca y la Ciudad de México. Esos que te animan, esos que vale la pena compartir una y otra vez para que las «neuronas espejo» hagan su trabajo e inspiren a otros más.
Y, al menos esta vez, quiero hablar de algo positivo. Ya después habrá tiempo para las críticas y análisis profundos de lo que se puede hacer mejor. Hay cosas que criticar y a quienes señalar, pero este no es el momento.
Hoy quiero hablar de ese México del que me siento orgulloso. Ese que es mucho más grande, tanto en cantidad como en calidad, que aquel México que no deseamos y tanto criticamos:
Ese México que veo en todos mis amigos, seres queridos y conocidos que me preguntan cómo pueden ayudar, con los que le pido ayuda y con todo gusto acceden, con aquellos con los que hacemos equipo, que nos unimos, a pesar de las diferencias o algún conflicto personal reciente.
Ese México que veo en las redes sociales donde todos tratan de hacer algo. Donde el caos no es tanto producto de la improvisación, sino del deseo desbordado de ayudar.
Ese México donde las manos sobran, y si faltan, siempre hay alguien que dice, vamos para allá.
Ese México que demuestra la validez de los estudios neuropsicológicos recientes que afirman que el individuo es altruista por naturaleza. Nuestro impulso fue natural.
Ese México real, ese México que habíamos olvidado en nuestra vida rutinaria, ese México que quiere superarse a sí mismo, que quiere trascender y que sabe que tiene con qué.
Ese México del que ahora los medios extranjeros hablan muy bien por su capacidad para solidarizarse con su prójimo. Ese que no da material para la nota roja sino para la nota de esperanza.
El mexicano, con todos sus talentos, con su ingenio, con su esfuerzo, puso lo que tenía que dar. Se sacrificó por los demás; y buscó, desde su trinchera, hacer lo mejor posible de acuerdo sus capacidades.
Los jóvenes, los millennials tan vilipendiados, tan criticados y señalados de flojos y apáticos, fueron quienes pusieron el mayor esfuerzo, quienes utilizaron la fuerza que les dota su juventud para remover escombros, para rescatar gente, para cargar con víveres, para organizar. La milicia, tan vilipendiada por algunos líderes políticos, fue aplaudida por la gente por su incansable labor. La gran mayoría hizo algo, los que se quedaron atrás, lo que quisieron no participar, hacer memes y reírse de la tragedia fueron pocos, muy pocos.
México no se cayó, todos lo estamos sosteniendo, todos estamos manteniendo esto de pie.
Hoy no nos dueles México, hoy nos sentimos bien orgullosos de ti.
En estos momentos tan difíciles, salió el México bueno al rescate. Ese México del que somos parte tú y yo.
1.- El asesinato de Mara Fernanda sí debe de ser considerado un feminicidio. No todos los asesinatos a mujeres deben de ser considerados como tal (por ejemplo, una mujer que se resistió a un asalto), sino aquellos donde su condición de mujer fue determinante. En este caso sí lo fue porque el asesino decidió violar a la víctima para obtener placer sexual y luego asesinarla.
2.- Las mujeres tienen todo el derecho a indignarse y a salir a las calles. Los hombres tenemos que ser empáticos con las mujeres y entender cómo repercute en las mujeres esta noticia. Las mujeres se sienten más vulnerables e inseguras porque sienten que les puede tocar a ellas un día. Y como los hombres son más fuertes que ellas, saben que es probable que no puedan aplicar mucha resistencia. Nuestro papel debe de ser como el que tomaríamos con cualquier ser humano que se siente vulnerable y en riesgo: el de solidaridad y apoyo.
3.- Muchas personas argumentan que las mujeres son dramáticas porque «a los hombres también nos matan y nos matan más». Pero también es cierto que el hombre mata más y tiende a involucrarse más en actividades donde su vida está en riesgo (pandillerismo, o incluso narcotráfico). Además, partiendo de que los mexicanos tenemos derecho a la libertad de expresión, ellas tienen derecho a manifestarse como quieran.
4.- Si un grupo de mujeres va a organizar una marcha, ellas tienen el derecho de poner sus reglas. Si ellas deciden que los hombres no deben involucrarse en la marcha (como ocurrió en la CDMX), los hombres deben de respetar su decisión ni deben decirles como hacer su marcha. Dicho esto, Jenaro Villamil no fue respetuoso a la hora de intentar integrarse a la marcha a sabiendas de que las mujeres decidieron que la marcha fuera así.
5.- Que las mujeres no dejaran que los hombres se integraran fue, a mi consideración, una mala decisión. Los hombres que quisieron solidarizarse se sintieron excluidos y creo que las mujeres deberían aceptarlos para tener más aliados a su causa. Algunos recibieron insultos tales como «asesinos» o «represores» por parte de algunas feministas radicales. En cambio, en Guadalajara, al menos por lo que pude ver, los hombres que se incorporaron se mantuvieron en silencio mientras las mujeres gritaban las consignas. Eso mandó un mensaje muy poderoso porque los hombres se mostraron solidarios con su causa y a la vez reconocieron que se trataba de un movimiento de mujeres y que ellas eran las que tenían la batuta. Así, los hombres que son machistas dispuestos a abusar de una mujer se pueden dar cuenta que no sólo son reprobados por las mujeres, sino por cada vez más personas de su mismo género.
6.- Lamentablemente, el feminismo radical termina desvirtuando mucho estos movimientos. No sólo porque hacen mucho ruido, sino porque empoderan a quienes sí son machistas. Aquel feminismo excluyente (que más que feminismo debe de ser considerado hembrismo) donde los hombres son machistas a priori, y que a veces excluyen a las propias mujeres por ser feministas privilegiadas (por ser blancas o tener dinero) y también aquel que busca atacar al hombre y no al sexismo. Si bien, es un error generalizar y pensar que el feminismo radical es todo el feminismo, lo cierto es que muchas personas, sobre todo aquellas que no se molestan mucho en indagar, tienden a generalizar lo que ven. Es responsabilidad de nosotros los hombres no caer en generalizaciones y ver que el feminismo como tal es diverso, pero también es responsabilidad de ellas de desligarse de los grupos que predican la intolerancia.
Cuando me preguntan si el feminismo es necesario (en el sentido muy amplio de la palabra) yo respondo que sí, porque a pesar de los grandes avances en materia de género todavía no se ha llegado a la equidad.
Todavía existen varias manifestaciones que lo dejan ver así y enumeraré algunas de ellas. Es cierto que yo, al ser hombre, puedo no terminar de entender algunas de las problemáticas que las mujeres viven, pero para eso me he molestado en platicar con varias amigas al respecto:
La violencia en contra de las mujeres persiste en algunos sectores. En pleno siglo XXI, las mujeres tienen que cuidarse a ellas mismas para no ser víctimas de una violación o de un homicidio como sucedió con el caso de Mara Fernanda.
En algunos sectores sociales, mientras que es un sacrilegio que la mujer sea infiel, el hombre puede serlo sin consecuencias graves.
Algunas amigas me han contado que, dentro de las empresas en las que trabajan, han infravalorado en más de una ocasión su trabajo por el hecho de ser mujeres. Esto sobre todo en aquellas áreas que tradicionalmente han estado dominado por los hombres, tales como ingenierías y STEM.
La objetivación de la mujer en la publicidad y, especialmente, dentro de la industria pornográfica.
Falta de respeto a las mujeres con frases inapropiadas, piropos callejeros insultantes, etc.
Pero al mismo tiempo, varias amigas con las que he platicado me han comentado que se les dificulta o no están dispuestas a llamarse feministas por lo que, dicen, ese término representa hoy en día. O bien, me dicen, sí soy feminista, pero «no de esas». Otras señalan que la causa se ha desviado, que se ha atrincherado, o bien, que se ha dogmatizado.
Por eso, yo mismo quise analizar al feminismo actual, a ese que llaman «feminismo de la tercera ola», para tratar de entenderlo y así poder emitir una crítica. Anteriormente había hablado de las corrientes filosóficas subyacentes a este tipo de feminismo y de las malas experiencias personales que tuve con algunas personas que dicen representarlo, sobre todo, por la poca disposición a debatir.
Para esto me molesté en leer un libro llamado Feminism is for Everybody de Bell Hooks, quien es una de las más importantes representantes del feminismo de la tercera ola. Escogí este libro porque, después de analizar la filosofía que sostiene a esta corriente con anterioridad, se me hizo propio leer una obra que busca introducir al lector al feminismo sin muchas complicaciones. Contrastaré este libro con El Segundo Sexo de Simone de Beauvoir, y también retomaré el tema de las bases filosóficas de este tipo de feminismo. Estas tres herramientas, junto con información que consulté en Internet y otros medios, me ayudarán a hacer la crítica.
Es paradójico, por ejemplo, que el libro de Hooks se llame Feminism is for Everybody cuando en su libro queda patente una y otra vez lo contrario, y que refleja uno de los más grandes problemas del feminismo actual:
Mientras Simone de Beauvoir no hace distinciones y describe el problema para plantear algunas soluciones de las cuales todos son parte, Hooks sí las hace y parece sugerir que entre más oprimido sea el individuo, más autoridad moral tiene. Se trata de una especie de «discriminación a la inversa». Hooks no fundamenta mucho sus argumentos en fuentes ni estudios y hace muchas generalizaciones, a diferencia de Beauvoir que sí lo hace (con todas las desventajas de hacerlo en la primera mitad del siglo XX donde el acceso a la información era mucho más escasa), además que es más rigurosa.
Hooks afirma que no se puede ser feminista y estar en contra del aborto, argumento que contradice el título de su obra porque entonces el feminismo no es para las personas que no son pro-choice. Pero luego muestra de forma constante cierto recelo a las mujeres blancas y de buena posición económica (quienes son privilegiadas). Entonces las puertas del feminismo de Hooks se reducen: el feminismo es para todas las mujeres pro-choice que no sean ricas y no sean blancas.
La filosofía posmoderna (postestructuralista), que toma de Foucault el concepto del poder y la opresión, pero sobre todo, la idea derridiana de la oposición binaria y la deconstrucción del lenguaje, ha creado una receta explosiva: la esencia del feminismo de la tercera ola son las relaciones de opresión. Es decir, en todas las categorías binarias una oprime necesariamente a la otra: Así, el hombre oprime a la mujer, la burguesía al proletariado, el blanco al negro. Este concepto, cuya autoría pertenece al filósofo francés Jacques Derrida, queda muy patente en la obra de Bell Hooks.
Pero luego se le agrega un ingrediente más y es el de la interseccionalidad, un término acuñado por la activista Kimberlé Williams Crenshaw. Este término básicamente refiere a la idea de que los individuos viven identidades múltiples formadas por varias capas, y donde en cada identidad opera una relación de poder binaria donde una oprime a la otra.
Por ejemplo, una mujer no sólo es mujer, también puede ser blanca o negra, homosexual u heterosexual, rica o pobre. Con base en las múltiples identidades que un individuo tiene, entonces se puede determinar qué tan privilegiado es.
De acuerdo a esta teoría, el indigente de la foto de arriba es un privilegiado de acuerdo a su género, su orientación sexual y el color de su piel, y no lo será de acuerdo a su posición económica. En cambio, Oprah Winfrey es privilegiada solamente por su orientación sexual y su posición económica. Para estas corrientes postestructuralistas que ejercen influencia sobre el feminismo de la tercera ola y varios movimientos de izquierda como los Social Justice Warriors, el indigente puede ser considerado mayormente privilegiado y representante de la «supremacía blanca heteropatriarcal», aunque en la práctica veamos que los privilegios que tiene son más bien pocos.
Después de haber explicado las categorizaciones binarias de Dérrida, el concepto de la interseccionalidad y agregando los antecedentes marxistas de los filósofos postestructuralistas, entonces entendemos que en el libro de Bell Hooks se repita ad nauseam la siguiente frase:
La supremacía blanca patriarcal capitalista y colonialista.
La frase intenta dejar patente una condición de opresión. La supremacía blanca oprime a la gente de otras razas, el patriarcado (hombre) oprime a la mujer, dentro del capitalismo los capitalistas explotan a los trabajadores y a los que menos tienen, y dentro del colonialismo un país oprime al otro.
Además, se asume que dentro de las oposiciones binarias hay una relación de suma cero. Por ejemplo, el capitalista siempre oprimirá al pobre o el hombre a la mujer. Como una categoría binaria siempre oprime a la otra, no hay posibilidad de que se complementen.
Así, se ignora que en la práctica el hombre y la mujer tienen la capacidad de complementarse al tener un objetivo en común como una familia o un equipo de trabajo; se ignora que el capitalismo pueda generar riqueza que terminará elevando el nivel de vida de la mayoría de la población y se ignora el hecho que fue dentro de las sociedades capitalistas donde se vieron los más grandes avances en cuestión de los derechos de la mujer; y de la misma forma, se ignora que la influencia de un país sobre otro no siempre genera resultados negativos. Por ejemplo, los programas de becas ofrecidas a los extranjeros son un claro ejemplo donde un país intenta influir sobre otro y donde a la vez los dos países ganan (el que ejerce la influencia y el estudiante que regresa con conocimientos a su país).
Este mismo concepto de la interseccionalidad es propensa a generar severas contradicciones. Una muy conocida es que dentro de estos movimientos no es posible defender a la mujer oprimida en países como Arabia Saudita, de hacerlo, se incurriría en un acto de islamofobia. Consideran que el colonialismo también es una forma de opresión de suma cero, y como todas las culturas deben ser consideradas igualmente valiosas, entonces es incorrecto criticar al Islam. En ese afán de «revisar sus privilegios» son capaces de ser implacables con las religiones propias como el cristianismo, pero a la vez son muy tolerantes con el islamismo, aunque en los países islámicos se oprima a las mujeres con base en El Corán.
Peor aún, Bell Hooks se atreve a afirmar que «dentro de las culturas de dominación supremacistas blancas y patriarcales, los niños no tienen derechos«. Yo me pregunto ¿cuáles derechos les están quitando a los niños? ¿Cómo es que el padre blanco y la madre blanca oprimirán al niño blanco por ser blancos? Hooks relaciona al patriarcado con los actos de violencia hacia los niños y también critica a la mujer cuando lo hace, pero aún cuando la mujer lo haga lo sigue llamando «patriarcado» (lo cual no tiene sentido), como si culpara al hombre de los actos que la propia mujer hace, porque hasta donde entiendo, el patriarcado consiste en la autoridad del varón dentro de una sociedad.
Me es imposible imaginar cómo es que por medio de estas corrientes filosóficas se pueda aspirar a construir un sociedad incluyente, porque asumen que la opresión es una condición necesaria en las oposiciones binarias y que no tienen la capacidad de llegar a acuerdos aceptando sus diferencias, ni de complementarse ni de trabajar en equipo.
Al final, lo que obtenemos es un conflicto eterno que sólo puede ser paliado con una igualdad absoluta y artificial ¿les suena?
Dentro de esta cosmovisión, la identidad no es individual sino colectivista. Es decir, tu identidad no está dada porque eres un ser único e irrepetible, sino porque eres mujer, eres homosexual o eres negro. Dicha cosmovisión genera actitudes discriminatorias dentro de los colectivos, por ejemplo, hay casos donde las mujeres blancas o gays blancos «privilegiados» son vistos con recelo o son relegados.
Por esta razón es que proponen políticas de acción afirmativa (o discriminación positiva) como la cuotas de género o los «safe spaces«, que, con el afán de «proteger a las minorías» los aíslan de las mayorías cerrando la oportunidad del debate y el diálogo. Si los gays o los negros son discriminados, no hay que integrarlos para que quienes son heterosexuales o los blancos los conozcan, empaticen con ellos y hagan sus prejuicios a un lado, más bien hay que separarlos para que estén seguros y no reciban insultos. Así se promueven las cámaras de eco dentro de las minorías que se han aislado de las mayorías y también dentro de las propias mayorías que terminan teniendo menos contacto con dichas minorías.
El feminismo de la tercera ola no es un feminismo en el sentido amplio, sino uno sujeto a ciertas ideas filosóficas rígidas pero a la vez subjetivas y relativas. Basta comparar El Segundo Sexo de Simone de Beauvoir con el libro de Bell Hooks. Éste último se ve atado a la filosofía postestructuralista como si de seguir una receta se tratara, aunque no la mencione. Recurre a lugares comunes, a frases trilladas, estigmatiza a quienes dice, se encuentran en una postura de privilegio. En cambio, en el libro de Simone de Beauvoir se advierte una argumentación mucho más libre y flexible, no sin dejar de advertir que el nivel intelectual de Simone de Beauvoir es diametralmente superior al de Bell Hooks. Simone de Beauvoir apuesta al empoderamiento de las mujeres como la solución a la inequidad. Bell Hooks aspira al Estado de bienestar y a la estigmatización de los «opresores». Hooks insiste en que el feminismo no va contra el hombre sino contra el sexismo, pero exhibe constantemente al hombre como culpable de todos los males.
El feminismo de la tercera ola insiste tanto en el patriarcado que parece ignorar los logros de sus antecesoras. Si bien todavía no llegamos a una condición de equidad, también es muy cuestionable decir, al menos dentro de las sociedades urbanas occidentales, que vivamos bajo un régimen patriarcal. El patriarcado asume que el varón tiene la autoridad dentro de la sociedad, pero vemos que cada vez más mujeres se integran a puestos de poder, cada vez más mujeres dirigen empresas grandes, son intelectuales o son idolatradas por sus hazañas deportivas. Si bien todavía existe una condición de inequidad, ya no podemos hablar de una sociedad completamente dominada por el hombre, incluso las actitudes del hombre hacia la mujer ha cambiado (gracias, en parte, a la lucha del feminismo).
Actitud hacia la mujer (en Estados Unidos los hombres de 1995 eran más feministas que las mujeres de 1970). Fuente: The Better Angels of Our Nature de Steven Pinker.
Cuando se habla de una opresión hegemónica patriarcal se ignoran los cambios de actitud, la disposición de cada vez más hombres para darle a la mujer el lugar que merece, tanto en el terreno personal como en el profesional. Así, en lugar de partir de que habría cada vez más hombres aliados a su causa, asumen que el hombre (y todas las personas que se puedan encasillar dentro de las «categorías privilegiadas») es opresor por defecto, como si se tratara de un «pecado original», y que es culpable hasta que demuestre lo contrario.
Cuando se habla de una opresión hegemónica patriarcal, también se ignora que cada vez más hombres reprueban la violencia contra las mujeres y que, a pesar de todo, cada vez menos hombres ejercen violencia contra ellas (aún así se debe luchar para erradicarla por completo).
Dentro de las sociedades urbanas se puede hablar de manifestaciones patriarcales, machistas o sexistas, pero ya no de un régimen patriarcal como un todo. Eso es importante notarlo para poder atacar de mejor forma los problemas que todavía existen. Asumir que existe un régimen patriarcal como tal sólo alienará a los hombres que ya no presentan rasgos machistas o sexistas.
A diferencia del Segundo Sexo de Simone de Beauvoir, que me hizo lograr empatizar con la mujer como pocas veces, el libro de Bell Hooks generó en mí el efecto contrario, como si tuviera que sentir alguna especie de conmiseración, como si me tuviera que compadecer de ellas por la constante opresión que sufren. Yo me niego a hacerlo, por el contrario, yo preferiría aplaudirles por todo su esfuerzo, por mostrarnos de que están hechas, por callarles la boca una y otra vez a personas de nuestro género con sus logros, con su esfuerzo y con su dedicación.
Y para terminar aclaro: con mi crítica no les estoy diciendo a las mujeres lo que tienen que hacer. Nadie puede decirles como hacer su lucha. Pero si yo considero a las mujeres al mismo nivelo que los hombres entonces ejerceré mi crítica sin hacer distinción de género.
La muerte de Mara Castilla es algo que nos consternó a quienes nos enteramos de lo ocurrido.
La joven, estudiante de Ciencias Políticas, pidió un Cabify a través de su smartphone y nunca volvió a aparecer. Después supimos que había muerto y que el principal responsable había sido el conductor de Cabify, uno de esos servicios que nos prometían, hasta hace poco, mayor seguridad que los taxis convencionales.
Muchas amigas mías, cuando toman un taxi, procuran irse en el asiento trasero, mientras que para nosotros los hombres irnos en el asiento delantero no representa ningún problema. Hay quienes no entienden por qué esto sucede.
Lo que ocurre es que la mujer suele sentirse vulnerable ante un hombre de quien no tiene referencia. Para entenderla mejor podría decir que un hombre para una mujer es algo así como un negro fornido de dos metros para nosotros. Uno de los grandes miedos de la mujer es que ella sea violada o abusada sexualmente (y dicho miedo tiene bastante justificación ante los constantes abusos), no sólo por la violación en sí, sino porque en algunos lugares todavía existe la creencia de que una mujer violada es algo así como una mujer sucia, una mujer que «ha perdido algo». En ciertos círculos sociales, la mujer que fue violada tiene que cargar, además, con un estigma.
Dicho esto, una violación es el acabose para la mujer. Pero lo que ocurrió con Mara Castilla es peor, porque ella perdió la vida.
Me pregunto, frustrado, cómo en pleno siglo XXI, cuando se supone que presumimos tantos avances en materia de derechos humanos y de capacidad para vivir de forma civilizada, existan personas que sean capaces de matar al prójimo a cambio de varios minutos de estímulo genital.
Los primeros señalados son el propio Cabify (y de paso Uber) por no ser estrictos a la hora de seleccionar a su personal. Evidentemente, Cabify tiene responsabilidad en lo sucedido, empresa que parece no quiso asumir cuando envió un comunicado que más bien parece sacado de un machote donde lamenta el «fallecimiento» de Mara Castilla (el cual fue un cobarde asesinato y violación perpetrado por uno de sus empleados).
Tienen razón los colectivos feministas cuando critican a Cabify por relativizar el asesinato de Mara Fernanda Castilla. No se puede hablar de un simple fallecimiento, sino de un asesinato que ocurrió, entre muchas otras cosas, por su poco profesionalismo a la hora de hacer la selección de personal. Quienes usamos servicios privados como Uber y Cabify nos hemos dado cuenta cómo estas empresas son cada vez más laxas al contratar a los choferes.
Pero si nos quedamos en la crítica a estas empresas no llegaremos al fondo del asunto. ¿Por qué pasan estas cosas? ¿Qué estamos haciendo para que personas que debieran ser hombres de bien se convierten en violadores que impunemente abusan sexualmente de otras personas? ¿Qué es lo que pasa en el tejido social de las comunidades de nuestro país para que esto ocurra? Porque este no es un caso aislado, como este caso hay varios de los cuales no nos enteramos. Las feministas dirán que la raíz de todos los males es el machismo, y en parte tienen razón: ciertamente este es un acto machista, porque el hombre somete a la mujer para obtener un deseo sexual. Pero podemos profundizar todavía un poco más, yo me atrevería a hablar de la impunidad.
El asesino se atrevió a abusar de Mara Castilla porque, como casi todos los criminales saben, las posibilidades de que sea castigado por su fechoría son bajas. Parece que el chofer pagará por sus actos. Pero si esto ocurre es porque, primero, no planeó muy bien el crimen (al ser conductor de una unidad, es muy fácil rastrearlo), y segundo, por la presión de la familia, de la sociedad y de la gente en las redes sociales.
Como suele ocurrir, algunas personas empezaron a sugerir que Mara fue violada y asesinada por su culpa. Las frases: «es que ella iba vestida así o ella se lo buscó» volvieron a aparecer.
Si me matan es porque me gustaba salir de noche y tomar mucha cerveza – Mara Castilla.
Las violaciones y los ataques a las mujeres son síntoma de que muchas cosas no están funcionando bien dentro de la sociedad. Tiene que ver no sólo con la cultura, sino con las instituciones débiles, con la impunidad, con la educación en casa.
Se entiende completamente por qué las mujeres se la tienen que pensar dos veces a la hora de pedir un taxi o un servicio privado. Como sociedad hemos hecho más bien poco para que eso cambie. Allá afuera hay muchos hombres trastornados que son capaces de violar y matar, y lo peor es que pueden hacerlo con completa impunidad.
Hay quienes dicen que la naturaleza es despiadada, que no se toca el corazón.
¿Pero desde cuándo a acá la naturaleza tiene conciencia?
La naturaleza no se puede «vengar» del ser humano porque ésta es un ser vivo, ni es una entidad que posea conciencia alguna. La madre naturaleza es, en realidad, el ecosistema de nuestro planeta, el cual está regido por las leyes de la física, y cuyo equilibrio permite nuestra existencia.
Los huracanes que han devastado varias ciudades del norte de América no son un acto de venganza, aunque puedan tener relación con el cambio climático provocado por los seres humanos. Simplemente sucede que el ser humano, como una «externalidad» de su voracidad, ha manipulado de alguna forma el equilibrio de nuestro ecosistema, no lo suficiente como para romper con dicho equilibrio (porque de ser así ya no estaríamos aquí) pero sí para desbalancearlo lo suficiente de tal forma que las alteraciones tengan efectos nocivos en algunas comunidades. Después de ser alterada, la naturaleza busca regresar a su punto de equilibrio, para lo cual nosotros debemos pagar los platos rotos.
El argumento de la «naturaleza vengativa» es menos válido aún cuando nos referimos a los movimientos telúricos, dado que los terremotos son producidos por la fricción de las placas tectónicas que se encuentran decenas o centenas de kilómetros bajo nuestros pies, a las cuales el hombre no tiene acceso directa o indirectamente. Así, podemos afirmar de forma categórica que el ser humano no ha influido de ninguna forma en estos eventos. Los que crean teorías de la conspiración (por ejemplo, aludiendo a las bombas de Corea del Norte) quedan evidenciados cuando se percatan que dichos terremotos siempre tienen lugar en aquellos lugares de la tierra próximos a las fallas sísmicas, nunca en otro lado.
Los seres humanos siempre hemos querido explicar por medio de mitos o narraciones románticas aquello que no podemos controlar. Que yo sepa, todavía no tenemos la capacidad de desviar o aniquilar huracanes artificialmente (e incluso sería peligroso hacerlo por el desequilibrio que podríamos causar) y ni siquiera tenemos la capacidad de predecir terremotos. Las alarmas sísmicas, por ejemplo, no predicen terremotos; sino que se activan cuando comienza el temblor en el epicentro que generalmente se encuentra a varios kilómetros de distancia de aquellas ciudades donde se encuentran las alarmas sísmicas (por ejemplo, la Ciudad de México o Puebla).
Posiblemente en el futuro podamos tener más control sobre la naturaleza. Pero antes de darle vida a aquello que no la tiene por sí misma, tenemos que aceptar que la naturaleza es como es y adaptarnos a ella. No podemos desactivar un terremoto, pero podemos tener mejores códigos de construcción y una sociedad más educada. Lo mismo ocurre con los huracanes, podemos evitar de mejor forma que muchos seres humanos mueran en las catástrofes.
Los de este año no serán los últimos huracanes que veamos en nuestra vida (posiblemente veamos algunos más devastadores), de la misma forma, terremotos seguirán habiendo en nuestro país, y algunos de mayor intensidad.
La naturaleza es mucho más grande que nosotros. Ella no depende de nosotros (aunque ciertamente, tenemos la capacidad de destruirla), nosotros sí que dependemos de ella. No nos queda de otra que convivir con ella de una forma más armónica. Aunque no tenga vida, no piense y no tome decisiones (porque no tiene una conciencia).
Intento ver las cosas de una perspectiva positiva. Tal vez sea un mecanismo de defensa, esto ya es demasiado para mi psique.
Pero en vez de enfocarme en el atropello que naturalmente luego lo voy a abordar (porque lo que hizo el Gobierno Federal es un atropello a todos los mexicanos que debería poner a Peña Nieto y a todos los involucrados tras las rejas). Esta vez me voy a enfocar en la parte positiva de todo esto.
La parte positiva de esta historia tiene que ver con el periodismo.
Tiene que ver con periodistas que trabajan profesionalmente y ponen en riesgo su integridad (porque vaya, un periodista arriesga su integridad al destapar una cloaca de este tamaño) para decirnos a todos los mexicanos que tenemos un gobierno miserable.
Es una noticia devastadora, pero es una noticia que los mexicanos merecemos saber. Grave sería que no nos enteráramos de esto.
Grábate los siguientes nombres: Salvador Camarena, Daniel Moreno Chávez, Daniel Lizárraga, Francisco Sandoval, y todo el equipo que hizo esto posible. Se merecen un gran reconocimiento. Merecen el aplauso de todos los mexicanos. Lo hicieron con Javier Duarte, ahora exhibieron la putrefacción de todo el Gobierno Federal. También un aplauso para la organización civil Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad presidida por Claudio X González, a quien su padre, el propio Peña Nieto le dijera a su hijo que «ya no hablara tanto de corrupción»:
Y a pesar de la «amenaza presidencial» Claudio X González no cedió. Explotó la bomba.
Ellos nos muestran, que a pesar de todo, hay esperanza. Que dentro de ese México de corrupción, de cinismo y de desfalcos, muy por debajo se está gestando un cambio. A pesar de las amenazas, del espionaje gubernamental, de las campañas de desprestigio, ahí están luchando, luchando por México. Se están arriesgando el pellejo.
No solamente tenemos que hablar de «los güevos» que mujeres y hombres, profesionistas profesionales, pusieron en esta investigación, sino de la calidad de la propia investigación. Es una joya, es una obra de arte; se nota claramente que es producto de un minucioso trabajo, muy bien planeado, muy bien detallado, fueron hasta el fondo.
Y el reconocimiento es más grande al ver que éste será uno de varios reportajes que saldrán los siguientes días. El 6 de junio viene un reportaje de la Sedesol y el dinero que no llega a los más pobres, el día siguiente uno de Pemex, y el otro, uno del que no tenemos tantos detalles que trata de un empresario de Villahermosa.
De verdad, se merecen un gran reconocimiento. Esto es periodismo ejemplar.
Agradéceles, dona dinero a Animal Político para que puedan seguir haciendo estos reportajes que dan un poco de aliento a la moribunda vida democrática de nuestro país.
Y por supuesto, consulta su reportaje aquí. Enójate, mienta madres, rompe algo, estás en tu derecho. Nadie que quiera a su país puede sentirse indiferente ante esta noticia.
¡Muchas felicidades Animal Político! Gracias por el enorme trabajo.
Guadalajara es una ciudad donde se está sembrando, y se está sembrando muy bien, un futuro promisorio. Por un lado tenemos que hablar de su apuesta como hub tecnológico, donde una comunidad enfocada en tecnologías IT está creciendo de tal forma que está consolidando a nuestra ciudad como pionera en el ramo en Latinoamérica. Colectivos como Hackers & Founders donde cada vez más mujeres y hombres se reúnen, comparten sus iniciativas y crean redes, eventos como Campus Party o iniciativas del propio gobierno estatal que ha entendido muy bien su papel al crear la Secretaría de Innovación y festivales como Epicentro, son un claro ejemplo.
Pero también, si hablamos de Guadalajara, tenemos que hablar de su «despertar ciudadano». Junto con la Ciudad de México, Guadalajara es una de las ciudades con una mayor cultura de participación ciudadana en nuestro país. Esto hay que decirlo, porque si queremos entender qué es #LaOcupación debemos entender el contexto en el que se lleva a cabo.
El crecimiento de la participación ciudadana no sólo consta del surgimiento de ciudadanos que deciden involucrarse en el activismo o aquellas personas que crean organizaciones civiles o empresas sociales, sino de su articulación; para que así, todos aquellos individuos que participan activamente sean capaces de generar redes para fortalecer sus causas u organizaciones y puedan ir juntos consolidando una fuerza ciudadana que funja como un nuevo sector que se diferencie del público (gobierno) y del privado (empresas), de tal forma que tenga una mayor incidencia dentro del quehacer público. El tamaño de la fuerza ciudadana no sólo consta del número, sino de la forma en que está organizada.
Así como Hackers and Founders, Campus Party y Epicentro buscan amalgamar a toda la comunidad tecnológica de la ciudad para consolidarla como tal, el propósito de La Ocupación tiene el mismo propósito dentro de la participación ciudadana.
Algunos podrán cuestionar si dicha iniciativa es completamente ciudadana o no porque entre los organizadores se encuentra Wikipolítica (una organización que aspira ser un partido) y Pedro Kumamoto (quien es diputado independiente) quien se ha ganado un respeto dentro de la sociedad tapatía (y nacional) por su forma horizontal de hacer política. Y podrán cuestionar si dichas organizaciones, al llegar al poder o tener más relevancia dentro de la política, seguirán manteniendo su carácter ciudadano, cuestionamientos muy válidos y necesarios. Pero lo que es incuestionable es que este tipo de eventos es resultado de una comunidad (o más bien una ciudad) que ya ha comenzado a consolidar cierta fuerza dentro del «tercer sector», una comunidad que ya tiene la capacidad de articularse y que ya no se trata de meras iniciativas aisladas o ciudadanos participando cada uno por su propio lado.
¿Qué es La Ocupación? Básicamente es una especie de festival o evento que tiene ese fin: articular mejor a la ciudadanía participativa para hacerla más fuerte; y donde pueda, dice en su página web, construir nuevo conocimiento, compartir experiencias de la participación social y diseñar nuevas formas de colaboración. En este evento participan no sólo la sociedad organizada de la ciudad, sino que han sido invitadas organizaciones de todo el país e incluso de otros países de América Latina, de tal forma que los ciudadanos puedan adquirir conocimiento y compartir experiencias no sólo con sus pares, sino con aquellos que están haciendo cosas interesantes dentro de todo nuestro continente.
En La Ocupación, por medio de talleres y mesas de trabajo, los participantes pueden hablar, compartir sus experiencias y darse a conocer. Las temáticas son muy variadas: desde la educación, la libertad de expresión, la participación ciudadana, el rol de la mujer, emprendimiento, cultura, economía y muchos otros temas que van encaminados a fortalecer a la sociedad misma. Así, los ciudadanos pueden compartir y escuchar experiencias de personas que trabajan en diversos sectores, de tal forma que pueden enriquecerse al conocer diferentes puntos de vista.
Por ejemplo, yo tuve la oportunidad de asistir a una mesa de trabajo de la educación, ahí me tocó escuchar experiencias de personas involucradas en muchos sectores de quienes aprendí mucho: los diversos y a veces contrastantes puntos de vista y perspectivas muy diferentes de abordar un problema me ayudaron a pensar sobre el problema de la educación desde una perspectiva más amplia. Muchos vieron en ésta, una gran oportunidad para tejer redes e incluso hacer alianzas.
México necesita una ciudadanía más activa y menos apática si se quieren ver cambios sustanciales dentro de nuestro país. Cuando la ciudadanía se fortalece, las mismas instituciones se democratizan e incluso los actores políticos empiezan a entender de mejor forma su rol y a desempeñarse mejor. Ya no sólo porque los políticos saben que el sector ciudadano actúa como contrapeso, sino porque una ciudad más activa, participativa y desarrollada es capaz de engendrar una mejor clase política.
Al igual que el desarrollo de una comunidad tecnológica dentro de la ciudad ha derivado en políticas públicas orientadas al desarrollo tecnológico, la participación ciudadana engendra una clase política que entiende, cada vez más, que no puede ignorarla. A pesar de que en Guadalajara el nivel de satisfacción que tiene la ciudadanía con la clase política no es la mejor, es muy difícil ver la presencia de regímenes tan despóticos como sucede en entidades como Veracruz o Chihuahua. Incluso, si tomamos como referencia a un mismo partido, el PRI por ejemplo, vemos que su forma de hacer política en Jalisco es un tanto diferente y más abierta que la de otras entidades (donde es más vertical y opaca).
La Ocupación es una manifestación de eso, de una «clase ciudadana» que comienza a fortalecerse y a ganar relevancia. Por eso es que hay que festejarlo y hacerlo notar, porque estos eventos no sólo fortalecen a la sociedad, sino que son consecuencia, a la vez, de los años de desarrollo de la ciudadanía participativa.
Vamos a recapitular un poquito. ¿El mundo está mejor que antes?
Bueno, vivimos en el mundo más pacífico de la historia de la humanidad, la brecha entre mujeres y hombres es más estrecha que nunca, la violencia doméstica es cada vez menor y el número de violaciones a mujeres va en picada, cada vez tenemos menos personas dentro de la pobreza extrema, la esperanza de vida es la más alta de la historia y un largo etcétera. Hay datos duros que confirman todo esto.
Sin embargo, en el mismo mundo se vive un ambiente más bien pesimista, como si todo hubiera sido peor que antes. Este vicio no hace distinciones políticas (tanto desde la derecha como de la izquierda se dice que el pasado fue mejor).
Va un ejemplo: Aunque la mujer tiene un papel cada vez más preponderante en la sociedad y el hombre es más feminista que la mujer de hace 15 años, hoy se insiste cada vez más en la opresión del patriarcado. Cierto que todavía no se ha llegado al punto ideal y es cierto que las feministas tienen camino por recorrer, pero no se puede negar todo lo que ya se ha avanzado y los cambios dentro de la sociedad con respecto a este tema.
Va otro: Hoy más que nunca se habla de la violencia que existe dentro del mundo (excluyo a México porque en nuestro país la violencia ciertamente no ha menguado), se toman como referencia los ataques terroristas en diversas urbe como Europa, pero cuando se suman la cantidad de muertos por año, llegamos fácilmente a la conclusión de que la violencia se ha venido reduciendo de forma dramática.
Incluso el siglo pasado, que vivió dos crueles guerras mundiales, fue más pacífico que los siglos pasados. Pero la percepción es que no fue así, se pinta al mundo moderno como el más violento, cuando en realidad el ser humano se ha vuelto más pacífico con el tiempo.
Y va otro: Hoy cada vez más que nunca se habla de las injusticias sociales que derivan en la pobreza. Ciertamente, nuestro mundo no es muy justo y tampoco es como que la distribución de la riqueza sea algo para presumir. Pero no se habla mucho de la reducción de la pobreza extrema, de cómo muchos países asiáticos se han enriquecido considerablemente elevando la calidad de vida de sus habitantes. Incluso muchos cuestionan la tesis que sostiene que el mundo es cada vez más desigual.
Ciertamente, falta mucho trabajo por hacer: la violencia y los conflictos bélicos todavía existen; todavía hay un gran porcentaje importante de personas a las que hay que sacar de la pobreza extrema; la violencia contra la mujer no ha desaparecido del todo; de igual forma sucede con la discriminación con las minorías. Pero no, no estamos peor que nunca.
Gracias a la democracia liberal el mundo se ha vuelto más pacífico. Y no sólo si hablamos de guerras externas, sino de conflictos internos, de violencia doméstica e incluso de las actitudes de los individuos (relacionados con el género, raza, religión).
Esto se explica por muchas razones. Steven Pinker, tomando a Immanuel Kant como antecedente, afirma que los regímenes democráticos con un Estado de derecho sólido suelen ser más pacíficos. Primero, porque la opinión pública desaprueba las guerras y su voz tiene un peso mayor que en los regímenes autocráticos y fallidos (hay que recordar el costo político que padeció George W Bush por su decisión de llevar a cabo intervenciones militares en Afganistán e Irak). Segundo, porque en una democracia moderna con un Estado de derecho sólido, los individuos confían en las autoridades y por tanto tienen menos necesidad de resolver sus conflictos de forma violenta. Tercero, porque en las naciones que basan su riqueza en el comercio y el intercambio de bienes, es cada vez más provechoso hacer negocios que conquistar territorios. Cuarto, porque en las democracias que garantizan la libertad de expresión y manifestación, los individuos pueden luchar por sus derechos (no es casualidad que prácticamente todos los avances en materia de derechos humanos de los últimos dos siglos como el combate al racismo, el feminismo, y los derechos de la comunidad LGBT+ se hayan dado dentro de democracias liberales).
Pero las democracias liberales son consideradas más bien las culpables de todos estos males. Los ensayos sobre género hablan sobre el «heteropatriarcado capitalista o neoliberal» (aunque haya sido en gran medida al comercio y a la iniciativa privada que las mujeres empezaron a acceder al mundo laboral), los ensayos de sociología culpan al «neoliberalismo» de la pobreza (aunque la creación de riqueza y el desarrollo de la tecnología, en gran medida desarrollada por entidades privadas, estén sacando a muchas personas de ahí), también la culpan por la violencia y ponen como ejemplo el carácter bélico (menguante) de Estados Unidos.
Celebremos que somos más pacíficos, pero no celebremos que estemos educando individuos cada vez más débiles de espíritu a los cuales se les enseñó que deben evitar el dolor a toda costa.
¿Por qué, a pesar de todo, existe un ambiente muy pesimista?
Me preguntaría más bien si no se trata de una paradoja: que gracias a todos los progresos en cuanto a riqueza, a la pacificación de nuestra especie, y a los avances en educación y en acceso a la información, nos estemos volviendo una sociedad comodina que ha llevado su aversión al dolor demasiado lejos.
Celebramos que ya no solucionemos nuestros conflictos por medio de la violencia, pero a la vez nos hemos olvidado de que el dolor y el sacrificio son esenciales en el desarrollo del individuo. Ante una sociedad que busca combatir el dolor a como dé lugar, hemos creado una sociedad muy poco tolerante a la frustración (cuando hablo del dolor me refiero al estrés, al miedo, a postergar placeres). Ya no es raro ver que en algunas universidades algunas personas deseen que se considere el estrés como algo malo: si el estudiante se estresa por sus exámenes, entonces hay que consentirlo y apapacharlo para que no sufra.
Celebremos que somos más pacíficos, pero no celebremos que estemos educando individuos cada vez más débiles de espíritu a los cuales se les enseñó que deben evitar el dolor a toda costa en lugar de enfrentarlo, a los cuales se les dijo que el estrés es indeseable, que la angustia por los exámenes es una forma de opresión.
Celebremos nuestro evidente progreso en cuanto a derechos humanos producto de los colectivos feministas, pacifistas, y demás, pero no celebremos que recurrimos cada vez más a la victimización en vez del empoderamiento. No celebremos que en vez de mejorar la autoestima de quienes se encuentran en desventaja y abrirles más puertas, tengamos que modificar el lenguaje y promover la corrección política para evitar que se sientan lastimados.
Y es natural: una sociedad a la que se le enseñó evitar el dolor a toda costa verá que todo a su alrededor es negativo y sombrío porque es muy sensible al dolor, no sabe cómo enfrentarse a él. Verá las injusticias y los actos de maldad (que ciertamente existen) y determinará que vive en un infierno del cual debe de ser protegido. Por esto se entiende que cada vez más personas sean proclives a caer en las garras del populismo y aquellos regímenes que amenazan con regresarnos a una «etapa anterior» que no conocen porque asumen que el pasado fue mejor, que hoy todo es más violento e injusto.
Ese sí es un peligro latente, más si recurrimos a la dialéctica histórica de Hegel: que ante esta «tesis» liberal, le suceda una «antítesis» muy conservadora y oscurantista. Ver que tanto la derecha como la izquierda nieguen a la ciencia de forma cada vez más constante es algo que sí nos debería de preocupar.
Algunos podrán decir que esta hipersensibilidad es positiva dado que gracias a ella la gente es más sensible ante lo que le ocurre al prójimo. Pero dicha hipersensibilidad más bien paraliza, porque luchar por las causas también implica dolor y sacrificio, el cual muchos no están dispuestos a pagar. Por eso es que el activismo de sofá, ese que sólo consiste en dar likes y firmar peticiones de change.org, está en boga. También dicha condición hace que se victimice a quien sufre como si fuera un pobre diablo: el hipersensible sentirá compasión por la víctima y poco más, no lo verá siquiera como su igual.
El mundo avanza, pero la sociedad es cada vez más pesimista. Este estado paradójico de las cosas, de continuar así, comenzará a provocar una fuerte fricción (dado que dicha condición no se puede sostener por mucho tiempo). Tenemos que alertarlo, tenemos que alertar sobre nuestra pérdida de espíritu, de tesón, tenemos que replantearnos como sociedad, una sociedad de principios y valores, que tenga una identidad, que se forje, que sea más culta (la ignorancia y el exceso de información disponible es otra paradoja), que sea crítica (en vez de criticona), que asuma el dolor no como algo inevitable, sino a partir del cual los individuos se forjen como personas de bien.