Categoría: reflexión

  • ¿Existe la realidad? ¿La conocemos?

    ¿Existe la realidad? ¿La conocemos?

    ¿Existe la realidad?

    Hasta no hace mucho tiempo yo pensé que la realidad tal cual era eso que tenía enfrente.

    Sí, creía que lo real es eso que estoy viendo con mis ojos y que mi contacto con la realidad es directa. Pero en realidad ello no es así y voy a explicar por qué.

    Partamos del hecho de que la realidad objetiva existe (aquella que reside fuera de la mente del observador).

    Ciertamente no tengamos la certeza absoluta de ello, no podemos comprobar que no estamos siendo engañados, o que no estamos conectados a una computadora de tal forma que vivamos en una realidad virtual (algo parecido al argumento principal de The Matrix). Pero para efectos de este texto asumamos que la realidad objetiva existe.

    Sigamos: nuestro contacto con la realidad no es objetivo, sino subjetivo y, además, indirecto. Lo que tenemos enfrente no es la realidad en sí, es la reinterpretación hecha por nuestro cerebro de aquello que nuestro organismo percibe de la realidad y cuyo objetivo no es conocer la realidad en sí, sino sobrevivir y adaptarse al entorno.

    Para nuestro organismo la supervivencia es más importante que la búsqueda de la verdad.

    No conocemos toda la realidad porque no es prioritario para nuestro funcionamiento, sólo conocemos una porción de ella que recibimos a través de los sentidos. Por ejemplo, no podemos ver todo el espectro de radiofrecuencia, sino solo aquello que llamamos «luz visible»; no podemos ver directamente los rayos infrarrojos; no vemos el wifi del Internet pero sería terrible si lo pudiéramos ver ya que obstruiría toda nuestra vista.

    Tampoco podemos ver la materia en sí, lo que vemos son los fotones de luz que interactúan con ella. Prueba de ello es cuando apagas la luz de tu recámara, casi no hay fotones de luz merodeando de tal forma que entonces no puedes ver nada y lo poco que alcanzas a ver lo ves en blanco y negro: esa camisa roja que tanto te gusta de pronto se «volvió gris» pero esa cosa en sí no sufrió el más mínimo cambio.

    Dicho esto, digamos que si percibiéramos la realidad tal cual es en sí misma tendríamos todo un desmadre frente a nosotros y nos veríamos profundamente saturados por un gran exceso de información, nos volveríamos disfuncionales y ni siquiera podríamos sobrevivir como especie. Una página de Internet puede servirnos para explicar este caso: esta página en la que estás leyendo está compuesta por distintos tipos de código que no ves y que no necesitas conocer, sino que tan solo ves la reinterpretación que el navegador ha hecho de dicho código. ¿O a poco te sería útil ver mi sitio web así?

    Este pedazo de código me permite mostrar extraer de la base de datos los últimos artículos y mostrarlos.

    Lo mismo ocurre con la realidad. No necesitas conocerla toda, sino sólo representaciones que tu organismo hace de ella. Kant no estaba muy equivocado cuando decía que no percibimos la cosa en sí (noumeno) sino representaciones de ella (fenómeno).

    Y aquí no termina todo, apenas estamos empezando. No solo estamos frente a una reinterpretación que nuestro cerebro hace de algunos elementos de la realidad porque además éste utiliza atajos para poder interactuar con el mundo exterior y no perdernos dentro de él. ¿Por qué podemos distinguir un vaso de un monitor y por qué podemos guardar ciertas actitudes ante ciertos elementos que se nos presentan a nuestros sentidos? Digamos que nuestro cerebro «simboliza» aquello que ve para identificarlo. Ello no es tarea de la realidad tal cual es, sino de nosotros quienes categorizamos aquello que se nos presenta a nuestros sentidos.

    La materia y la disposición de la materia tal que configura un tren existe objetivamente, pero la definición de lo que es un tren no, es un hecho social que ontológicamente no puede ser objetivo porque no reside fuera de la mente del espectador; se trata más bien de una categorización intersubjetiva ya que hay un consenso entre diversas personas donde tal disposición de la materia configura un tren. Aunque no sea objetiva la definición no la puedo cambiar arbitrariamente porque, aunque yo quiera decir que eso no es un tren, no puedo romper el consenso social que dice que sí lo es.

    Lo mismo ocurre con las categorías hombre y mujer. Las definiciones como tales son hechos sociales con base en fenómenos que podemos observar y que los seres humanos construimos para interactuar con la realidad. Podemos ver que un sexo puede embarazarse y tiene una vagina mientras que el otro tiene un pene: es decir, existen algunas diferencias en las disposiciones de la materia de tal forma que decidimos categorizarlas y a partir de ahí construimos identidades. Las diferencias de las disposiciones de la materia son hechos brutos o realidades objetivas, las categorizaciones que hacemos de ello no, ni la construcción de identidades. Todo ello es un hecho social que yo no puedo cambiar arbitrariamente pero que la sociedad en su conjunto sí puede cambiar en tanto modifique o rompa el consenso. Podremos decir «ya no vamos a categorizar dichas disposiciones de la materia a través de los conceptos hombre y mujer y vamos a crear otras a partir de otras disposiciones de la materia, ¿qué tal si en lugar de hombre y mujer catalogamos a las personas por su temperamento?».

    Los significantes pueden cambiar si cambia el consenso, aunque las disposiciones de la materia como tales no pueden ser cambiadas porque son hechos brutos y objetivos, y también es cierto que hay formas de significar la realidad más eficientes que otras: posiblemente deshacernos del género para construir nuestra identidad en favor del temperamento no sea la mejor idea.

    ¿Asustado? No hemos terminado porque resulta que hay cosas que creías que eran objetivamente reales y no lo son.

    Resulta que hay cosas que creemos que son reales y que existen por sí mismas, pero en realidad son construcciones humanas: el dinero, las marcas y los países son un buen ejemplo. Imaginemos que el ser humano desaparece y ya no hay nadie quien observe lo que hay en nuestro mundo. El dinero no va a existir, tan solo tendremos cúmulos de papel que no tendrán valor ni significado alguno. Los logotipos de las marcas comerciales no serán más que alguna suerte de jeroglífico sin significación alguna y se perderán entre toda la materia. ¿Los países? Desaparecerán por completo.

    Para entender esto pongo un claro ejemplo: dale un billete de 500 pesos a un niño de un año. Posiblemente lo rompa porque el niño todavía no sabe que hay un consenso que dice que ese billete puede ser cambiado por otros bienes. Lo único que existe para ese niño es la materia con la que interactúa y no tiene más valor más allá de la materia en sí.

    La realidad objetiva existe, pero la percepción que tenemos de ella es más bien problemática.

    Y si esto no fuera suficiente para matar la ilusión de que tenemos contacto directo con la realidad en sí, estamos condenados a tener predisposiciones cuando interactuamos con la realidad de tal forma que aquello que tú percibes de una forma, alguien más lo percibe de otra o le evoca sentimientos distintos, ¿por qué pasa eso?

    Porque nuestro cerebro no solo representa la realidad, sino que también la va construyendo a medida que interactúa con el mundo exterior, y como ninguna persona interactúa con el mundo exterior exactamente de la misma forma, entonces ninguna persona percibe la realidad exactamente de la misma forma. La acumulación de experiencia a través de los años, la educación recibida y el entorno en el que uno se encuentra inserto determina la forma en que una persona percibe la realidad.

    Haz un simple experimento. Pregunta a varios amigos tuyos que se imaginen un vaso. Luego pregúntales qué vaso se imaginaron y te van a hablar de vasos diferentes. Tal vez uno de ello haya recordado un vaso de cristal mientras que otro se acordó del vaso de los Tiny Toons.

    De igual forma, una misma cosa puede evocarnos distintos sentimientos e impulsarnos a llevar distintas acciones, y ello es resultado de la construcción de la realidad (o de la representación que se hace de ésta) a lo largo del tiempo. La foto de un niño no provocará los mismos impulsos en mi cerebro que en el tuyo, tal vez ese niño me haga recordar un momento feliz de mi infancia y tú recuerdes uno más bien sombrío.

    Los seres humanos interpretamos la realidad a partir de relatos o ideologías que nos dicen cómo es o cómo debería ser el mundo y que recibimos por medio de la educación, la escuela, los medios de comunicación u otras formas. Estos relatos o cosmovisiones son abstracciones muy complejas que incluyen una serie de valores éticos y morales, patrones culturales y significantes que son muy útiles para movernos dentro del mundo real pero que, a su vez, siempre terminan siendo insuficientes para explicar la realidad como un todo.

    Al interactuar con la realidad estamos condicionados por dichos relatos. No podemos interactuar con ella sin ningún condicionamiento porque sin éste no tendríamos formas de conducirnos en la realidad. Gracias a los relatos es que podemos darle una forma al entorno con el que interactuamos. El recién finado Mario Bunge, férreo defensor del método científico, llegó a decir que las hipótesis (científicas) necesariamente cuentan con un soporte cultural que consiste en su compatibilidad con la concepción del mundo prevaleciente, que la ciencia no crece en un vacío cultural y que a lo más que podemos aspirar es a cobrar conciencia de ello. Es decir, podremos hacer mejor ciencia en tanto reconozcamos que estamos, como personas y sociedad, condicionados por nuestra construcción de la realidad y la cosmovisión vigente.

    Para concluir, podemos observar que nuestra interacción con la realidad es más bien problemática. No solo porque lo que nos llega no es la realidad tal cual es sino una representación de ella por parte de nuestro cerebro que recibe impulsos del exterior por medio de los sentidos, ni porque muchas cosas que asumimos como objetivamente reales no lo son, sino también porque de la misma forma nos hacemos necesitamos valernos de símbolos y patrones psicológicos y culturales que no son objetivamente reales para darle una forma y poder funcionar dentro del mundo.

  • La marcha del #8M ¿quiénes ganaron y quiénes perdieron?

    La marcha del #8M ¿quiénes ganaron y quiénes perdieron?

    Ganaron quienes tenían que ganar, perdieron quienes tenían que perder. Un evento como tal no es un juego de suma cero, pero algunos trataron de esmerarse en que lo fuera: esos mismos fueron quienes perdieron y nadie más.

    Los ganadores

    Las mujeres: Puede parecer una obviedad decir que las mujeres ganaron, pero lo hicieron porque lo que pasó hoy fue histórico. Habrá que ver los números, pero estoy seguro que ésta fue una de las marchas más grandes de la historia moderna de México. Ganaron porque están logrando visibilizar aquello que quieren visibilizar y necesitan visibilizar. Su triunfo, que apenas representa un paso de muchos que tendrán que darse, es irrebatible.

    Los hombres: Ganaron los hombres, por más paradójico que parezca. Ganaron porque con todo esto que está pasando, más personas están tomando conciencia de lo que está ocurriendo, más hombres están reflexionando sobre el tema e incluso ello podría ayudarles a mejorar sus relaciones.

    México y la democracia: México ganó también y la razón es obvia. Un país más equitativo, donde haya una cultura de equidad de género, siempre será un mejor país. Un país donde la gente salga a protestar por lo que es suyo, donde use su derecho a la participación mexicana, es un mejor país. Es cierto que hubo algunos conatos de violencia que afectaron a dos mujeres y una reportera así como algunos vandalismos, pero representan una minoría muy pírrica dentro de una mayoría abismal pacífica, esta fue una marcha histórica y que posiblemente será muy recordada.

    Las personas que tenían diferencias pero se sumaron: Muchas personas que tal vez no concuerdan con todos los postulados feministas o que están en desacuerdo con los sectores más radicales se sumaron porque a pesar de las diferencias (válidas) las unió una causa en común. Por ejemplo, muchas amigas que están en contra del aborto se sumaron porque sabían que era necesario hacerlo, y porque el aborto no estaba en el centro de la discusión. Ellas ganaron también porque se escuchó lo que querían que se escuchara.

    Los perdedores

    Andrés Manuel López Obrador: Curioso que sea a un Presidente que hizo de la marcha su forma de vida a quien le tocara una de las marchas más grandes de la historia moderna de México. Si bien no fue una marcha explícita contra AMLO, sino contra el machismo y los feminicidios, la displicencia de su gobierno conservador fue clave para que se gestara esta marcha de enormes proporciones. AMLO se escondió, fue uno de los principales perdedores.

    Los reaccionarios: Perdieron también los sectores reaccionarios más rancios como los encabezados por Juan Sandoval y sus voceros con una versión arcaica de lo que debe de ser la sociedad que, en lugar de sumarse y simplemente apartarse de temas donde no hay consenso como el aborto (que nunca fue centro de la marcha, tanto que fue el morado y no el «temido color verde» el que predominó) decidieron orquestar una fallida y petulante campaña para desprestigiar la marcha por medio de voceros como Brenda del Río y Agustín Laje y no lo lograron. Hasta obispos católicos más sensatos y sensibles decidieron sumarse y no cayeron en la paranoia irracional.

    El PAN y México Libre: Perdió también la derecha que se la quiso dar de «feminista» como el PAN y México Libre quienes afortunadamente no lograron capitalizar nada y solo quedaron en evidencia como partidos que que lo único que buscan es votos sin importar la doctrina.

    Todas las personas que se opusieron a la marcha: No hablo de quienes guardaban escepticismo, sino quienes en general se burlaron de la marcha y buscaron cualquier pretexto para descalificarla durante todas estas semanas. No lograron el efecto que querían, lo que pasó hoy fue un evento histórico.

    El machismo: Seguramente esta marcha será un parteaguas para ir creando una cultura con una mayor equidad de género. Como dije atrás, muchas personas están dialogando sobre el tema y se está reconociendo que hay un problema en nuestra sociedad la cual todavía es muy machista. Hoy el machismo recibió una estocada.

  • ¿Hay equidad de género? ¿Qué pasa con el acoso? Se lo pregunté a varias mujeres y es preocupante:

    ¿Hay equidad de género? ¿Qué pasa con el acoso? Se lo pregunté a varias mujeres y es preocupante:

    ¿Hay equidad de género? ¿Qué pasa con el acoso? Se lo pregunté a varias mujeres y es preocupante:

    A raíz de una discusión que tuve con un amigo donde debatíamos si existía equidad laboral para ambos géneros, pensé que podría ser una buena idea hacer una encuesta. Hace poco leí el libro Talking to Strangers de Malcolm Gladwell cuyo argumento es que los seres humanos tenemos muchas más dificultades en entender a los demás de lo que pensamos, y por ello me pregunté: ¿podemos, nosotros como hombres, ver la realidad desde la perspectiva de una mujer? ¿No será que asumimos muchas cosas?

    Seguramente ocurre lo análogo cuando una mujer trata de entender a un hombre, pero en este contexto lo que importa es lo primero. ¿Somos los hombres capaces de terminar de entender las problemáticas reales de la mujer? Mi respuesta es que no, y por eso pensé que este ejercicio podría servir, al menos, como una aproximación para tener más información al respecto.

    ¿Existe el machismo? ¿Existe una cultura patriarcal? ¿Qué podemos decir de la cultura del acoso y la violación? Tuve que dejar del lado otras preguntas que hubiera querido hacer, pero era necesario que la encuesta fuera breve para que la tasa de respuesta fuera mayor (lo que se logró afortunadamente).

    A lo largo de dos días, 48 mujeres que forman parte de mis círculos sociales y que son parte de mi generación (entre 25 y 40 años aproximadamente) contestaron esta encuesta de forma anónima. En ella participaron hermanas, primas, amigas, ex colaboradoras. Traté de que fuera lo más plural porque, si bien es cierto que estadísticamente no representa la realidad nacional (para ello tendría que haber invertido bastante tiempo y dinero o contratar a una agencia), sí me podía dar una idea de lo que se vive en mis círculos sociales, que yo asumo como sanos, donde supongo hay menos problemas de este tipo que en muchos otros sectores.

    Este iba a ser un ejercicio personal, pero decidí publicarlo porque creo que puede ayudarnos a los hombres a entender lo que es una realidad, que vivimos en una cultura machista (lo cual queda comprobado categóricamente en las respuestas que esta encuesta recibió).

    Equidad de género y la mujer en el ámbito profesional

    La primera pregunta es ¿Hay equidad de género hoy en día en México? La respuesta de las mujeres de mis círculos sociales fue categórica: NO. Por algún momento pensé que la distribución iba a ser algo así como 70% NO y 30% SÍ. Pero la respuesta fue contundente, el 97% asegura que no existe:

    En la segunda se les preguntó si creen que había equidad de género en el ambiente laboral. La respuesta, de nueva, fue categórica: el 94% dijo que no.

    Pregunté por qué razones no existe equidad de género en el ambiente laboral. Las respuestas que me llamaron la atención fueron estas (se pueden consultar todas aquí):

    Aún no se toma en serio la equidad de género, pareciera más una cuota que cubrir más que realmente buscar la equidad.

    Lo he vivido. En mi mismo puesto al hombre le pagan dos mil pesos más y eso que yo llevo trabajando más tiempo en la empresa.

    Porque ciertas jerarquías son únicamente para hombres, las mujeres tienen límite o tope, en ciertas áreas no se nos permite figurar.

    Experiencia propia durante los 9 años que trabaje en un ayuntamiento y el año en que trabaje para una empresa. Un ejemplo es que nunca fui bien remunerada en mi trabajo “porque yo no tenia que pagar cuentas, eso es de hombres” siempre lidié con el acoso, vi el acoso que sufrían mis compañeras a diario y solo vi un caso de un hombre acosado, que por cierto, era acosado por otro hombre.

    Los hombres siguen haciendo sus «club de Toby» en los corporativos y la generación que está manejando muchas grandes empresas todavía no deja sus ideas arcaicas de «rol de género»

    Luego pregunté esto:

    En resumen: más de la mitad de las mujeres de mis círculos sociales se ha sentido personalmente limitada en el ámbito profesional por ser mujer. ¿Hay equidad laboral en México? Yo creo que la respuesta es contundente.

    Acoso y violación

    Entremos al terreno de la vulnerabilidad. Aquí quise hacer más preguntas pero por cuestión de practicidad quise dejar solamente las más importantes. Las respuestas me dejaron frío, y es evidente que sí hay un problema:

    Esta estadística ya es difícil de digerir: 3 de cada 4 mujeres que conozco han sufrido acoso sexual.

    Y todas conocen a una persona cercana a ellas que ha sido acosada sexualmente:

    Por naturales razones no quise preguntar directamente si han sido víctimas de violación. Pero sí pregunté si conocen a una persona cercana a ellas que haya sido violada sexualmente: 2 de cada 3 personas dijeron que sí. Y si esta cifra ya en sí misma es (o debería) ser escalofriante, tendríamos que sumar aquellas que han ocultado ser víctimas de violación por miedo a la estigmatización:

    6 de cada 10 mujeres conocen al menos un hombre en sus círculos cercanos que ha acosado a una mujer. Solo 1 de cada 10 conocen a una mujer que acosó a un hombre y 3 de cada 10 sospecha de alguien. Solo 1 de cada 10 dijo no conocer a nadie. Evidentemente, habrá más casos que las encuestadas desconozcan.

    Y casi 1 de cada 3 mujeres conoce a un hombre de sus círculos cercanos que violó a una mujer:

    Postura hacia ciertas ideas que circulan en las conversaciones

    Por último, les pregunté que valoraran frases que generalmente se repiten en las discusiones y en las redes sociales. Algunos de los resultados me sorprendieron.

    Para entender mejor estas gráficas, digamos que por más clara tienda a ser la barra, hay más acuerdo con respecto de la frase, y si es más oscura hay un mayor desacuerdo. Vayamos de izquierda a derecha.

    Casi el 80% de quienes que contestaron la encuesta afirman que en México existe un sistema patriarcal que oprime a las mujeres. El 28% está totalmente de acuerdo y el 49% muy de acuerdo.

    Aproximadamente el 78% de las mujeres están en desacuerdo con la frase que dice «No deberíamos enfocarnos en la violencia hacia las mujeres porque discrimina a los hombres, a los hombres también los matan».

    Más del 80% dicen que se sienten vulnerables al salir a la calle por ser mujer.

    El 67% de las mujeres considera que los hombres no entienden la situación de las mujeres.

    Existe una opinión muy dividida sobre la frase «un hombre no puede ser feminista, solo puede ser aliado» con una ligera tendencia a estar en desacuerdo.

    Y por último, menos del 20% de las mujeres que participaron en la encuesta piensan que el término «feminicidio» no debería existir.

    Conclusión

    De este sondeo puedo concluir lo siguiente:

    1) Personalmente, creí que habría opiniones un poco más divididas sobre ciertos temas. Pensé que habría más mujeres que dirían que sí hay equidad de género. No creí que las estadísticas sobre acoso y violación fueran a ser tan fuertes, y creí que la opinión sobre la idea de un «patriarcado opresor» estaría más dividida cuando en realidad sí parece haber cierto consenso hacia dicha frase.

    2) Comprendiendo que este sondeo buscó representar a las mujeres de mis círculos sociales, entonces puedo decir que dentro de mis círculos sociales la equidad de género no existe y que dentro de los círculos que me muevo también hay una situación de inequidad laboral.

    3) Puedo concluir que sí existe una cultura machista o patriarcal dentro de mis círculos sociales. Seguro es menor que en el pasado, y seguro es menor que en otros sectores. Pero existe y queda corroborado no solo porque haya un consenso sobre la idea, sino por el consenso hacia la idea de la inexistencia de equidad de género en lo general y en lo laboral.

    4) También puedo concluir que sí existe una cultura del acoso y la violación. No, no son todos los hombres y seguramente no es mayoría la involucrada en este tipo de actos, pero sí es la suficiente cantidad como para que los hombres sepamos que tenemos responsabilidad en el tema, que seguramente tenemos conocidos que sí han acosado y tal vez violado a una mujer y que, desde nuestras trincheras, tenemos que construir una contención para evitar que este problema siga pasando.

    Está claro que hay una cultura que hay que cambiar desde abajo.

    Son libres de compartir este sondeo con quien quieran.

    Aquí puedes consultar el estudio completo

  • George Soros ya me mandó mi cheque

    George Soros ya me mandó mi cheque

    George Soros ya me mandó mi cheque

    ¿No se le hace raro que el lopezobradorismo y los sectores reaccionarios del país digan que George Soros está detrás del paro de las mujeres? ¿Por qué coinciden en ese argumento?

    La respuesta es simple, tienen un profundo interés en desacreditar dicho paro.

    ¿Pero por qué George Soros?

    George Soros es un multimillonario que tiene fundaciones que buscan promover la corriente de pensamiento que él defiende. Soros es un personaje influido por el filósofo Karl Popper. De hecho, su organización «Open Society» toma su nombre del famoso libro de Karl Popper «The open society and its enemies«. Entendiendo a Popper, se puede entender mucho del pensamiento de George Soros.

    A través de dicha organización (Open Society), George Soros busca promover una visión del mundo de economías y fronteras abiertas, y aunque se ha manifestado en contra de lo que llama el «fundamentalismo de mercado», su visión de la economía es, en general, capitalista. Así mismo, en el terreno de lo social George Soros defiende los valores progresistas como los que tienen que ver con el feminismo, el matrimonio igualitario entre otros, además de defender todo aquello que tiene que ver con democracia y libertad de expresión (al menos es lo que aparece en su página web). Ello lo hace en parte por medio de su universidad en su tierra natal, también ofrece becas y financia algunos movimientos sociales afines a su forma de pensamiento como Black Lives Matter.

    Soros también es conocido por ser un especulador de bolsa y poner a la libra esterlina en varios aprietos hace unos años. Ello seguramente ha abonado a la creación de este «gran enemigo».

    El problema es que los sectores reaccionarios han creado de George Soros algo así como un enemigo para hacer creer a la gente que hay una gran conspiración que está manipulando y utilizando a la gente para crear un gobierno global totalitario. Ese mismo discurso, que era más propio de las posturas reaccionarias, ha sido adoptado por el lopezobradorismo.

    Una cosa es que George Soros financie algunos movimientos sociales afines a su pensamiento o que otorgue becas a algunas feministas para estudiar género, y otra es afirmar que él sea la mano oscura que está detrás de ellos manipulando a la gente con el fin de «controlar el mundo», y que todo esto que estamos viendo en nuestro país es un «montaje de George Soros» quien, según dicen los pejistas, le paga a la comentocracia mexicana y a los medios de comunicación para «imponer el neoliberalismo a través del paro».

    Es curioso, porque mientras que los pejistas dicen que George Soros busca imponer el neoliberalismo (cuando él ha criticado eso que él mismo ha acuñado «fundamentalismo de mercado»), los reaccionarios dicen que quiere imponer el comunismo a través de lo que llaman la «ideología de género» (cuando Soros es más bien anticomunista).

    Porque en sentido estricto, hay muchas organizaciones y movimientos que reciben también apoyo de empresarios y gente que tiene dinero que quiere promover su visión del mundo. ¿Les suena CitizenGo? Esa organización es completamente análoga a lo que hace Open Society pero con ideales conservadores. ¿Les suena el Frente Nacional por la Familia? ¿O creen que no hay gente que financia las venidas de Agustín Laje a México? Y que ello ocurra no es nada anormal ni implica que «la gente está siendo sujeta a una macabra manipulación». Hay muchas organizaciones de distintas posturas ideológicas que buscan influir culturalmente, como think tanks de diversos tipos y colores, e incluso gobiernos que dan becas a personas de otros países para influir sobre dichos países.

    Es evidente que George Soros busca influir políticamente en Occidente a través de sus ONG que tiene en varios países. Otra cosa son los alcances irreales que los reaccionarios le atribuyen, como si él controlara o depusiera gobiernos o como si los mandatarios de las naciones fueran sus titiriteros, como si las causas sociales fueran una creación suya para hacerse con el «poder mundial». Ello es un despropósito absurdo.

    Comprendamos lo absurdas que son estas teorías de la conspiración: los sectores más reaccionarios de México dicen que George Soros quiere abrir las fronteras de Europa para destruir al cristianismo; sin embargo, es curioso que la postura de la Iglesia Católica sea más bien pro migrante, basta ver la crítica que el Papa Francisco le hiciera a Donald Trump al respecto. No solo ello, la misma Iglesia ha hecho una ardua labor para acoger a migrantes en diversas latitudes del mundo. ¿O a poco la Iglesia Católica se está dando un disparo en el pie de una forma tan ingenua?

    La figura de George Soros se convierte así en lo que fueron los Rothschild o los Rockefeller, millonarios de los cuales se crearon diversas teorías de la conspiración. E igual que como ocurrió con los Rothschild, dichas teorías de la conspiración tienen un dejo antisemita.

    George Soros como ese ser endemoniado que busca controlar al mundo se ha convertido en una herramienta para lograr persuadir a la gente por medio del temor y la sospecha en vez de hacerlo por medio de argumentos claros y específicos sobre por qué se deberían apoyar o no ciertas posturas. La verdad es que en estos debates George Soros se vuelve irrelevante, porque entonces tendríamos que hablar de las organizaciones análogas que están en el otro lado del espectro político, y que haya gente que financie algunos movimientos no me debería privar de decir si soy provida o proaborto o feminista, tradicionalista y un largo etcétera, y ello debería ser producto de mis convicciones.

    Este tipo de artimañas paranoides lo único que hacen es enturbiar la discusión y el debate privando a la gente de adquirir la información necesaria para poder tomar posturas de una forma más sólida y responsable.

    Ah, ¡Esperen! Me acaba de llegar el depósito de George Soros a mi cuenta perfiles, de 20 euros por escribir este artículo.

  • ¡Auxilio! Mi hijo es un niñonazi

    ¡Auxilio! Mi hijo es un niñonazi

    ¡Auxilio! Mi hijo es un niñonazi

    Hola, soy Ramiro, y quería comentarles algo que me tiene muy preocupado. ¡Creo que mi hijo se convirtió en un niñonazi!

    Les cuento: era el mediodía y mi hijo había llegado de la escuela. Como siempre, su madre la había traído. Mi esposa se encarga de traerlo, ella nos hace de comer y yo soy el que trabajo, ya sabe.

    Pero esta vez, mi niño llegó llorando. ¡Sea hombrecito! ¡Los hombres no chillan! A ver, ¿por qué llora usted chamaco? Le dije:

    Papá, es que tengo miedo de que un robachicos me secuestre. Hoy uno se robó a uno de segundo de primaria en la entrada.

    ¿Por eso te estás quejando Ricardo?

    Papá, es que tengo mucho miedo. ¿Qué tal si el robachicos llega y me rapta? Él está grandote y fuerte, y pues un niño como yo no puede defenderse.

    ¡A ver Ricardo! Esto no es de adultos contra niños ni de robachicos, esto es de gente buena contra gente mala.

    Pero los robachicos siempre son adultos (decía Ricardo hundido en llanto). ¿A poco has visto a un niño robándose un adulto? Los niños tenemos miedo de que una persona grande nos secuestre. Por eso, cuando estamos solos en la calle esperando a que nos recojan y pasa un adulto extraño que no conocemos nos da miedo.

    ¡Ricardo! Vamos a ser racionales. Según el Instituto de la Estadística Mexicana treinta niños son secuestrados cada mes y cien son adultos ¡A los adultos nos secuestran más!. ¿Entonces cómo vienes a decirme a mí, un adulto, que me preocupe por los robachicos cuando a nosotros nos pueden secuestrar más?

    Pero Papá, a muchos grandes los raptan no solo para pedir recompensas, sino también como ajustes de cuentas entre pandillas, por eso son más. Y claro que me dolería mucho que a ti te raptaran, pero los niños tenemos mucho miedo por lo que pasó ¿por qué está mal que digamos que tenemos miedo de que un robachicos llegue y nos rapte?

    Aparte estás viendo mucha televisión Ricardo, ahí se la pasan hablando de robachicos. ¿Qué no ves que todos esos medios de comunicación reciben dinero del tal George Soros ese que quiere que los adultos y los niños nos peleemos para instaurar el comunismo en las familias?

    ¡Pero papá, tengo mucho miedo!

    Evidentemente mandé a mi niño a su cuarto por chillón. ¡Me dio coraje! ¿Cómo mi hijo pudo, así de fácil, convertirse en un niñonazi?

  • Pejesplaining: la pérdida de popularidad y la venganza de AMLO contra las feministas

    Pejesplaining: la pérdida de popularidad y la venganza de AMLO contra las feministas

    Pejesplaining: la pérdida de popularidad y la venganza de AMLO contra las feministas
    Imagen: Malv News

    AMLO está incómodo. Por primera vez desde que llegó a la presidencia tiene la sensación de haber perdido el control. Lo vemos más enojado en los mítines donde regaña a los simpatizantes que lo cuestionan, pero lo vemos, sobre todo, con una actitud hasta beligerante hacia los grupos feministas que organizaron el paro del 9M.

    Las feministas cometieron el «pecadillo» de robarle lo más preciado que López Obrador tiene: su discurso y su agenda.

    Pero no se lo robaron por querer «fregarse al Presidente». Se lo robaron básicamente por culpa del propio López Obrador quien desestimó los feminicidios y enardeció a los colectivos feministas quienes, en teoría, tendrían que esperar de la izquierda cierto apoyo, pero no en ésta (y eso lo sabíamos desde hace tiempo).

    El producto de la displicencia y el desprecio de López Obrador se vio reflejado en las encuestas publicadas el lunes, donde todos los estudios demoscópicos reflejaron una caída que ya venía arrastrando desde hace tiempo. Lo interesante es que dicha caída es más notoria en aquel sector que hace unos días comenté que podía perder, en las personas con educación universitaria:

    Ese sector, que le daba hasta hace un año una contundente aprobación del 79%, prácticamente le volteó la cara y tan solo el 43% lo apoya. Ahí perdió más del 35% de simpatizantes. Y para redondear las malas noticias, en los sectores con menos educación, mayormente beneficiarios de sus programas sociales, también ha perdido simpatizantes.

    Imagen

    Pero enfoquémonos en el tema de las mujeres, porque podría convertirse en el «Ayotzinapa» de AMLO, en ese punto de inflexión que puede marcar un punto de no retorno (como sucedió con Peña Nieto).

    Venía hablando del gran error que cometió López Obrador al despreciar el tema de los feminicidios y enemistarse con los grupos feministas. Las encuestas le mostraron a López Obrador la factura de su error. Era obvio que ocurriría porque trató de desprestigiar el paro organizado por las mujeres y cuya convocatoria fue mucho más allá de los sectores feministas y/o progresistas del país.

    Pero no solo estos sectores le voltearon la cara, porque esta iniciativa trascendió el activismo progresista. Muchas mujeres se sumaron y se solidarizaron al ver cómo en solo una semana, una joven (Ingrid) era desollada y una niña de 7 años (Fátima) cruelmente asesinada. Mujeres y hombres que se sintieron afectados por estas noticias, simplemente le voltearon la cara.

    Si el problema era que la derecha estaba sacando provecho de la iniciativa (lo cual no es falso), entonces AMLO pudo hacerla criticado como tal, pero no a la iniciativa misma. En la práctica, la influencia que los partidos de derecha pueden ejercer en el 9M es muy marginal y tal vez hasta insignificante, y en teoría tampoco es como que su «simpatía» fuera muy bien recibida ni por los colectivos feministas ni por la comentocracia.

    López Obrador no quiso hacer esa distinción, no porque no pudiera, sino porque, al parecer, estaba molesto por el hecho de que le habían logrado arrebatar su agenda, y si ya las feministas estaban enojadas con él, entonces el ambiente se enturbió aún más.

    Ya era notoria la tesitura, algunos influencers adheridos a López Obrador como El Chapucero hicieron parte del trabajo sucio al decir que el #9M estaba organizado por George Soros para usar a las feministas e imponer «el neoliberalismo». Sorprendentemente era la misma teoría de conspiración de los sectores ultraconservadores acoplada al discurso del gobierno actual:

    ¿Y cual es la reacción de AMLO al ver su popularidad en declive? ¿Tratar de dialogar con las feministas? ¿Tratar de buscar puentes? ¿Comprometerse a combatir la violencia hacia la mujer para recuperar las simpatías de algunos de los decepcionados? Todo lo contrario. Un solo día después, López Obrador anunció que iniciaría la venta de los boletos de la rifa del avión el mismo día del paro nacional.

    Revanchismo puro, porque esa decisión no se puede explicar de otra forma:

    Si tú me arrebatas la agenda yo te voy a arrebatar la tuya, y lo haré con aquello mismo que opacaste: la rifa del avión presidencial.

    Estos movimientos ya no sólo son incómodos, ya se volvieron adversarios de López Obrador y él es el único responsable de que aquello sucediera. Los colectivos feministas tan solo hicieron lo que se esperaba que harían ante un gobierno que desestima los feminicidios. López Obrador no solo se echó encima a estos colectivos, sino a un considerable sector de la población indignada por los feminicidios.

    Además del evidente mensaje: que a López Obrador no le importan esas causas, que su forma de pensar es arcaica y hasta «patriarcal» al punto en que, al parecer, no le gustó que su esposa se sumara al paro (Beatriz luego «cambió de opinión») está otro aún más preocupante: uno donde la preocupación por la gente, incluso por esa abstracción tramposa llamada «pueblo», está supeditada a las ansias de poder.

    Los miembros de su gobierno también se han dado a la tarea de descalificar a estos movimientos, o bien, a tratar de encauzarlos a su favor. John Ackerman básicamente les dijo a las mujeres cómo es que tienen que llevar a cabo sus causas (es decir, en consonancia con los intereses de la 4T) e incluso buscó apropiarse de una de sus consignas para convertirla en propaganda gubernamental: «La Cuarta Transformación será feminista o no será».

    https://www.youtube.com/watch?v=BT3RNyxZZHE&feature=emb_logo

    López Obrador está tan confiado de su papel en la historia mexicana (o el que se imagina que debe ser) que cualquier cosa que parezca navegar contracorriente se convierte no solo en un problema, sino en un adversario. Está claro que ese paraíso cuasiutópico que AMLO imaginó lograr está muy lejos de llegar y que la forma en que concibió su gobierno como agente de cambio para llegar a éste ha cometido más errores que aciertos.

    El problema es que si López Obrador está cometiendo estos errores, ya de por sí graves, al ver que las cosas no le funcionan como quiere, ¿qué va a pasar cuando vea cada vez más imposible su ulterior objetivo? ¿Podrá tomar decisiones irracionales que puedan poner en jaque la estabilidad del país? Hay que poner mucha atención y estar vigilantes.

  • ¿Son opresoras las jerarquías?

    ¿Son opresoras las jerarquías?

    ¿Son opresoras las jerarquías?

    En las últimas décadas, las jerarquías han recibido una avalancha de críticas (unas injustas otras injustas), sobre todo por aquellas corrientes posmodernas quienes, desde una perspectiva muy foucaultiana, ven en ellas relaciones de poder y, por tanto, de opresión.

    Pero ¿podemos reducir a las jerarquías a una relación de poder donde el uno domina al otro? ¿No existe algo más allá de eso para explicarnos la esencia de las jerarquías?

    Las jerarquías han estado presentes a lo largo de la historia de nuestra especie y gracias a ellas hemos logrado configurar sociedades. Es cierto que a lo largo de nuestra historia hemos atestiguado en muchas ocasiones cómo una jerarquía puede llegar a ser opresora con quienes están debajo de ella, en especial dentro de las dictaduras o de las relaciones rígidas donde quien estaba arriba de dicha jerarquía no tenía contrapeso alguno para evitar el abuso de poder sobre sus subordinados.

    En nuestros tiempos casi se ha asumido que por más horizontal sea una forma de organización ésta va a ser irremediablemente mejor, y es cierto que en muchos casos hemos logrado construir cosas muy interesantes con jerarquías muy flexibles. El problema es que si no existiera una jerarquía alguna la sociedad básicamente no podría existir.

    Evidentemente en cualquier jerarquía habrá una relación de poder, pero quienes insisten en que las jerarquías son per sé opresoras están ignorando dos cosas: 1) ignoran que dentro de una jerarquía puede existir un componente consensual (es decir, que todos pueden estar de acuerdo en la existencia de una jerarquía) y 2) que las relaciones humanas no son necesariamente relaciones de suma cero.

    Por ejemplo, si yo soy una persona que quiere estudiar filosofía, entonces podré ir con un profesor filósofo y que me dé clases. Al momento en que yo reconozco que el filósofo sabe mucho más de filosofía que yo se crea una jerarquía en el cual él es profesor que me va a enseñar y yo soy el alumno que va a recibir ese conocimiento. Con la jerarquía se establece una relación de poder ya que el maestro, dada su posición jerárquica superior, puede influir intelectualmente sobre mí y por lo tanto influir sobre mi pensamiento, cosa que yo muy poco o nada podré hacer con él.

    ¿El maestro obtiene un beneficio a la hora en que ejerce este poder intelectual? Obviamente sí, no solo recibirá dinero de mi parte, sino también el placer de influir intelectualmente sobre otros. Pero nótese que en esa dinámica no hay una condición de opresión per sé (a menos que el maestro decida abusar de su poder) y también está presente un elemento consensual, ya que ambas personas acordaron crear esta dinámica jerárquica. Tampoco existe un juego de suma cero, ambos ganan con ello.

    Lo mismo pasa en una familia sana donde los padres ejercen poder sobre sus hijos. Los padres se valen de ese poder para educarlos, y los hijos se benefician de ello. Es cierto que los padres pueden llegar a ser muy rígidos, autoritarios y abusar de su poder, pero ello no es una condición para formar una familia. Es cierto también que el relajamiento excesivo de dicha jerarquía (permisivismo) derivará en hijos con pocos valores y una escasa tolerancia a la frustración.

    La sociedad patriarcal, esa de las que las mujeres buscan emanciparse por completo (y a lo cual tienen todo el derecho en tanto seres que valen lo mismo que el hombre) tampoco se explica meramente por una condición de opresión (aunque evidentemente el componente existe). Es evidente que en una sociedad patriarcal hay una asimetría de poder entre el hombre y la mujer: la mujer es desprovista de parte de su libertad y a cambio se le otorga la protección que le da el hombre (protección que, en algunos casos, también podía derivar en abusos, en tanto que casi no había quién sancionara la conducta del protector). El hombre, quien estaba a la cabeza, era quien tenía mayor libertad, quien escribía la historia y construía el mundo, aunque no necesariamente todo fue miel sobre hojuelas para el hombre: a los hombres no se nos permitía llorar ni expresar nuestras emociones mientras que a las mujeres sí. Ello nos trajo muchas consecuencias adversas a nuestra psique, de la misma forma que explica por qué nuestra esperanza de vida sea históricamente menor que la de las mujeres.

    La asimetría de poder, como decía, era evidente, al grado en que no se podía concebir que la mujer votara e incluso que hablara de política. Pero, con todo esto, esta jerarquía (hombre sobre mujer) patriarcal no solo se reduce a una condición de opresión (que evidentemente está presente, e incluso se llegó a decir que por naturaleza era inferior al hombre), sino que, hasta cierto punto, tenía un elemento consensual y es el que tiene que ver con la protección que la mujer recibe del hombre. La mujer no cedía su libertad a cambio de nada, sino más bien recibía protección a cambio. Muchos de los patrones de conducta que nos parecen todavía normales tienen que ver con esta cultura patriarcal y es posible que desaparezcan por consecuencia: la caballerosidad es un gran ejemplo: si la mujer es débil, nosotros tenemos que protegerla, ayudarle, dejarla pasar primero, abrirle la puerta. También este estado de cosas patriarcal explica por qué una mujer ha tenido, por lo general, preferencia sobre la patria potestad de sus hijos que el padre.

    Hoy cuestionamos esa jerarquía patriarcal debido a que la mujer, dado el estado de cosas, ha luchado por obtener la libertad de la que solo gozaba el hombre en el pasado y porque conforme evolucionan nuestras formas de organización nos va pareciendo incluso repugnante que exista una asimetría de poder entre el hombre y la mujer por el simple hecho de su género. Esa jerarquía que nuestra especie consideró necesaria durante mucho tiempo se ha vuelto progresivamente inviable al punto de buscar desaparecerla por completo, pero de ahí no se sigue de ninguna forma que desaparezca la jerarquía que tienen ambos padres sobre los hijos, dada su necesidad para criarlos. La jerarquía se ha vuelto inútil y por eso está desapareciendo, no por el hecho de ser una jerarquía per sé.

    Al pensar que las jerarquías se reducen a simples condiciones de opresión también caemos en el riesgo de ignorar todo el legado histórico de nuestras sociedades, ya que con este reduccionismo no lograremos nunca entender nuestra historia en el debido contexto y pensaremos inevitablemente que todo nuestro pasado es negro y que tenemos que deshacernos de éste (como si ello se pudiera hacer).

    Las jerarquías son necesarias porque sin ellas es imposible construir cualquier cosa (Las críticas de Habermas a Foucault lo explican bien), lo que habría que evitar en dado caso son los abusos de poder dentro de ellas, para ello habrá que considerar lo siguiente:

    1) Evitar la concentración excesiva de poder. El poder per sé no es malo y Michel Foucault acierta cuando dice que el poder está siempre ahí presente y que se trata de una serie de relaciones recíprocas o bien de relaciones humanas, pero falla cuando parece reducir esta dinámica a una mera opresión. No hay que erradicar el poder ni mucho menos las jerarquías, ello es imposible y es un despropósito, pero sí es importante evitar que alguien en la punta de la pirámide jerárquica acumule un poder tal que nadie le pueda hacer frente en caso de que abuse de él.

    2) Crear contrapesos dentro de la jerarquía. Del primer punto se sigue que para evitar los abusos de poder se vuelva necesaria la creación de contrapesos. Por ejemplo, si un patrón aprovecha su poder para acosar sexualmente a su empleada, entonces debe haber un mecanismo para que el patrón reciba una sanción tal que el costo de acosar a una mujer sea más alto que el beneficio que recibe. De igual forma, si un padre agrede violentamente a sus hijos, debe verse en la necesidad de enfrentarse a la ley y, en algunas circunstancias, de perder la patria potestad.

    3) Flexibilidad. Es importante que exista cierta flexibilidad dentro de la jerarquía a un punto en que prevenga el abuso de poder pero no al punto en que termine comprometida. Por ejemplo, el alumno podría cuestionar los argumentos que esgrime su profesor en vez de aceptar lo que dice sin ningún cuestionamiento en tanto ello no implique dejar reconocer su jerarquía de superioridad intelectual que el maestro goza sobre el alumno.

    4) Los privilegios no pueden trascender la jerarquía a la que pertenece. Una persona millonaria con dinero bien habido tiene el derecho de gozar de los privilegios inherentes a la jerarquía a la que pertenece (es parte de una élite económica y tiene empleados a su cargo) como ganar dinero producto de sus negocios, pero no puede transmitir dichos beneficios a otros órdenes jerárquicos a los que no pertenece, por ejemplo, que gracias a sus recursos pueda comprar beneficios excepcionales ante la ley la cual presupone a todos los individuos iguales.

    5) La jerarquía no puede trasladarse a lo moral ni a la dignidad humana. Se puede reconocer cuando una persona está en un orden jerárquico más alto que el nuestro y, por tanto, puede ejercer poder sobre nosotros. Pero esa condición por sí misma no le debe dotar de una superioridad moral ni mucho menos lo hace más digno que nosotros. Evidentemente yo puedo dotarle a un individuo cierta superioridad moral de forma voluntaria (por ejemplo, un líder social) pero él no puede exigirla de ninguna manera por el hecho de estar en un orden jerárquico superior.

    6) Humildad. La humildad guarda estrecha relación con el punto anterior. La humildad y la sensibilidad con aquellos sobre quien ejerce el poder es necesaria dentro de aquellas personas que están dentro de una jerarquía privilegiada. Podemos obtener beneficios de el ejercicio del poder sobre otro jerárquico, pero la humildad y la sensibilidad con el otro nos privará de perjudicarlo, ya que procuraremos su bienestar y que él también obtenga un beneficio de dicha relación.

    Para concluir: no, las jerarquías no son per sé opresoras, pero es cierto que muchas veces nos hemos valido de ellas para oprimir a alguien más. No se trata de acabar con ellas, son necesarias para sostener cualquier tipo de civilización humanas, sino de repensarlas, de pensar en el diseño que cualquier orden jerárquico debiera tener de tal forma que pueda crear un entorno humano y justo del cual todos nos beneficiemos.

  • Todos estamos ideologizados

    Todos estamos ideologizados

    Todos estamos ideologizados
    Ilustración: The Financial Times

    Amigo, te voy a hacer una pregunta: ¿guardas simpatía con una o algunas de estas corrientes de pensamiento?

    Capitalismo, liberalismo, conservadurismo, catolicismo, socialismo, feminismo, protestantismo, comunismo, cientificismo, anarquismo, machismo, islamismo, humanismo, masculinismo o cualquiera de todos los ismos habidos y por haber.

    Entonces temo decirte que estás ideologizado, o de la misma forma, adoctrinado. Y no hay escapatoria.

    Incluso si eres una persona que no conoce nada de política ni de la vida, seguramente sigues alguna de ellas cuando menos aunque no la sepas nombrar.

    Y es natural, porque nosotros nos valemos de relatos para explicarnos el mundo. Incluso los más tecnócratas y aquellos a los que les encanta el positivismo.

    Y en este mundo posmoderno donde el individuo aspira a construir su propio relato, es posible que sigas más de una doctrina (conservador en lo social y liberal en lo económico; o liberal en lo económico y feminista y un largo etcétera) pero de igual forma estás ideologizado.

    El conservadurismo ha renegado de esa definición argumentando que ellos no siguen ideologías (Russell Kirk) sino que aspiran a que los cambios sociales sean lo suficientemente lentos como para que no trastoquen el tejido social. Pero esa aspiración en sí ya es una idea, una idea sobre cómo el mundo debería funcionar.

    Peor aún, el conservador actual sigue ciertas ideologías que, al estar ya establecidas en el ethos social, considera casi como naturales. Algunos de ellos siguen el liberalismo económico, algunos otros profesan el catolicismo.

    Algo similar pasa con las religiones. La diferencia más notable entre una religión y una ideología secular es el componente trascendental de la primera que una ideología no tiene. No es gratuito que algunos aseguren que una ideología es una religión secular. Tanto las ideologías como las religiones tienen dogmas (aunque la religión los reconoce de forma más abierta) y de igual forma, de las dos se desprenden una serie de valores éticos y morales. La religión no deja de ser una suerte de ideología.

    Y lo diré claro: en tanto una persona tenga la capacidad de comunicarse, interactuar con las demás personas y formar parte de una sociedad, estará ideologizada. Es imposible no estarlo porque la ideología (o el conjunto de ideologías) le sirve como una suerte de brújula para entender el mundo y porque sin ideología no puede existir cohesión social alguna.

    Que una serie de ideas te parezcan normales o naturales no dejan de formar parte de una ideología por su mera condición de ideas. Puede sonar chocante pero lo explicaré de una forma sencilla: en el medievo, la idea el progreso básicamente no existía: el mundo se concebía como algo estático. Esta idea que nos parece natural, de ver al mundo como algo que progresa y evoluciona la heredamos de la modernidad o, mejor dicho, del liberalismo y no ha estado siempre con nosotros.

    El liberalismo también nos trajo esa herramienta útil que llamamos «método científico» que aspira llegar a los hechos reales (no falsables, como diría Karl Popper) y lo más limpios posible de cualquier sesgo ideológico. Realmente es útil y gracias a éste se explica gran parte del desarrollo que hemos alcanzado, pero ni el método científico está libre de ideología porque parte de su legitimidad está articulada por argumentos ideológicos (adheridos al liberalismo y su concepción de lo que el mundo debe ser) y porque es inevitable que lo ideológico (no necesariamente liberal) opere en el proceso de las siguientes formas:

    1) El individuo hace ciencia o busca conocer la verdad motivado por razones que a su vez están influidas por razones ideológicas. El individuo que hace ciencia no es neutro, siempre tiene una motivación, y ello puede hacer que publique su paper en caso de que su hipótesis haya resultado verdadera, pero es posible que no lo haga cuando ella sea falsa (este fenómeno tiene un nombre que no recuerdo, se los debo) dando más visibilidad a la forma de pensamiento afín de los científicos que la llevan a cabo.

    2) Los hechos en sí son objetivos en tanto que residen fuera de la mente del individuo, pero la interpretación de éstos puede estar influenciada por razones ideológicas al punto de correr el riesgo de hacer interpretaciones erróneas de un fenómeno que es en sí verdadero. Ya que todos los seres humanos estamos condenados a conocer la realidad de forma subjetiva o intersubjetiva (consenso de varios individuos subjetivos) y porque nuestras convicciones ideológicas afectan ese «conocer la realidad», nadie, absolutamente nadie, es ajeno a esa posibilidad y sólo puede evitarse en tanto los instrumentos utilizados sean lo más precisos posible. A mayor precisión, el sesgo ideológico queda más restringido. De igual forma, el consenso entre distintos científicos, producto de experimentos practicados por diferentes personas y en distintas circunstancias también ayudan a reducir el sesgo ideológico a su mínima expresión (y aún así no hay nada que nos garantice que éste estará completamente ausente).

    Reconocer que operamos bajo relatos ideológicos no quiere decir que debamos caer en el relativismo absoluto y pensemos que todas las ideologías valen igual; por el contrario, es completamente sano y deseable defender las convicciones ideológicas propias. También es cierto que unas ideologías han probado ser más eficientes que otras (el liberalismo probó ser más eficiente que el comunismo, por poner un ejemplo); unas perviven y otras son vencidas fácilmente, unas se adaptan bien a ciertas circunstancias y otras no.

    Del mismo modo, hay algunas ideologías más flexibles que otras, unas que restringen más la libertad del individuo que otras. Pero todas son, al final del día, ideologías.

    Y por eso estamos ideologizados e incluso adoctrinados. Incluso quienes somos liberales y nos regodeamos en la flexibilidad de nuestra doctrina, fuimos educados de tal forma y recibimos información tal que somos liberales. Evidentemente el adoctrinamiento no tiene por qué ser coercitivo, uno puede «adoctrinarse» producto de la voluntad propia, de la deliberación en nuestro fuero interno y de la adquisición de conocimiento, aunque nuestros valores previos, la cultura en la que estamos insertos, nuestra experiencia de vida y nuestro temperamento en cierta medida nos llegan a predisponer, lo cual se comprueba al darnos cuenta que en un país occidental existen muchas más personas liberales que en uno de Oriente Medio.

    Los autores posmodernos decretaron el fin de los metarrelatos (Lyotard, en específico) para ser reemplazados por un relato propio o microrrelato. En algo tienen razón al hablar de la sociedad posmoderna, pero dicho relato propio es, al final, una combinación de distintas doctrinas e ideologías: un ejemplo es una mujer que va a la Iglesia, en la tarde va al Yoga y estudia economía monetaria. El individuo apela a distintas doctrinas para distintos ámbitos de la vida, pero la ideologización pervive.

    El eclecticismo más profundo no libera a una persona del hecho de que está ideologizada.

    Es imposible desentenderse de ello. Sin ideologías no puede haber civilización y no puede existir orden alguno, sin ellas el individuo entraría en una profunda crisis existencial. Debe, a pesar de todo, existir algo parecido a un consenso.

    Ese consenso es lo hegemónico. La hegemonía actual en Occidente es la democracia liberal en lo político, capitalista en lo económico y progresismo en lo cultural, lo cual es sostenido y promovido (comprendiendo a Gramsci) por ciertos conglomerados como la educación, el intelectualismo y los medios de comunicación. No todos están de acuerdo y pueden disentir o profesar «ideologías distintas», pero al final terminan viviendo, de una u otra forma, el discurso hegemónico del cual la sociedad es parte: un socialista que se pone a vender camisas para pagar la renta puede ser un claro ejemplo, o también un aspirante a dictador sabe que la mejor forma de llegar al poder es mediante elecciones.

    Entonces, decir que alguien está ideologizado o adoctrinado (en sentido peyorativo) es impreciso porque de cierta forma todos lo estamos. Se dice en el argot popular que una persona lo está cuando se adhiere a otra ideología que no comulga con la nuestra, o cuando su postura ideológica es demasiado inflexible y sigue dicho credo a rajatabla y de forma profundamente dogmática. Pero que nosotros guardemos una mayor flexibilidad o sigamos la ideología dominante no implica no sigamos ideología o doctrina alguna, es absurdo.

    Los conservadores pueden argumentar si es mejor que los cambios sociales (y por tanto ideológicos) deben ser lentos y es válido, pero ello no implica que no sigan una ideología. La siguen.

    También es válido argumentar si una ideología puede ser peligrosa, pero ello no nos exime del hecho de que sigamos una o algunas.

    Pero siempre, en cualquier sociedad se cumplirán dos cosas: 1) Siempre existirá un discurso hegemónico dominante y 2) Todo aquel individuo que es parte de sociedad alguna profesará una o más ideologías bajo las cuales regirá su vida y tratará de entender el mundo.

    Estamos condenados a seguir ideologías, y ciertamente ser muy inflexible no es buena idea, pero tampoco lo es tratar de despojarnos por completo de ellas ya que nos conducirá irremediablemente al nihilismo. Lo responsable, a mi parecer, es siempre mantener un mínimo de flexibilidad a la hora de defender la doctrina que seguimos. Las ideologías son muy útiles, pero el mundo es lo suficientemente complejo como para enmarcarlo en una sola ideología, por lo cual habrá un momento en que cualquier ideología tenga deficiencias a la hora de mostrarnos la realidad de forma fidedigna.