Categoría: reflexión

  • La diferencia entre el rico mexicano y el rico estadounidense

    Millonarios

    ¿Por qué los estadounidenses suelen admirar a los empresarios más ricos de ese país, como Rockefeller, Carnegie, o Bill Gates, mientras que los mexicanos solemos criticar a Carlos Slim, a Emilio Azcarraga o Salinas Pliego?. ¿Será envidia?, ¿será nuestra idiosincracia de no dejar avanzar al que destaca sobre los demás?, ¿o tendrá que ver que los ricos mexicanos se comportan de una manera distinta de la que lo hacen los estadounidenses?.

    Como había comentado anteriormente. El PRD y el PT, habían dado a conocer un listado que publicó la SHCP, sobre las empresas grandes que no pagan impuestos, y donde curiosamente, la gran mayoría de estas empresas eran mexicanas. Lo que quiere decir que las empresas extranjeras suelen apegarse más a la legalidad que nuestros connacionales. Ahí podría explicarse algún motivo.

    Yo creo que la aversión a los ricos por parte del mexicano es dado por diferentes causas, es un juego donde todos colaboran. Y si, es muy cierto que el mexicano suele ver con más envidia que admiración a aquellos que logran destacar y hacerse de un nombre, pero también es cierto que el comportamiento de aquellos que tienen dinero también colabora para que estos no sean bien vistos por un gran sector de la sociedad. Sobre todo cuando ellos no quieren jugar bajo las mismas reglas que todos queremos jugar.

    En Estados Unidos el rico se apega a la legalidad. Y es cierto, también hay corrupción o juegos de intereses (como lo vimos con las petroleras en la guerra de Iraq), pero generalmente ellos pagan sus impuestos, y buscan pagar menos en base al marco legal. Apoyarán al candidato que les prometa bajar los impuestos, buscarán pedir al gobierno que ellos paguen menos porque generan puestos de trabajos, invitarán y promocionarán a economistas o pensadores pro libre mercado (como una vez apoyaron a Milton Friedman), pero todo lo harán respetando el marco legal en Estados Unidos. Y si no les parece, mandarán su dinero a las Islas Caiman, o donarán dinero a beneficiencias, como cualquier rico buscarán obtener el mejor rendimiento, pero ellos parecen ser respetuosos del sistema que les exige contribuír.

    En cambio el rico mexicano (es una generalización solamente, cabe decir) se las ingenia para no pagar impuestos, contratan contadores lo suficientemente hábiles para la evasión fiscal, utilizan contactos en el gobierno, o presionan a este para mantener sus privilegios. El rico mexicano se pasa por el arco del triunfo el marco legal sobre el que está sentado, porque tiene el suficiente poder para hacer lo que quiera con él. Es más, los mexicanos acá entre nos sabemos que se admira a aquel que logra ingeniárselas para no pagar. Evadir las responsabilidades es un logro que cualquiera quiere imitar.

    También la idiosincracia y la brecha de bienestar entre los dos países hace que haya una percepción diferente hacia los ricos. Sobre todo cuando estamos en un país con una desigualdad paupérrima, y donde muchos viven en condiciones ínfimas, los cuales no pueden admirar y aprender a los ricos porque no tienen los recursos ni la capacidad de ser como ellos. También cabe mencionar el paradigma que todavía no se puede romper, donde se creé que «papá gobierno» debe de solucionar todos los problemas de los mexicanos; lo cual hace que muchos odien a los ricos, porque estos pueden ser parte de una «conspiración privatizadora que busque acabar con lo poco que el gobierno todavía puede regalar».

    Para que haya una aceptación hacia los ricos, tendrían que pasar dos cosas. Que el mexicano común acepte el papel del rico como generador de empleos y de riqueza en el país. Y que por su parte el rico respete el marco legal y se dedique exclusivamente a lo que debe de dedicarse, a generar riqueza, y no a evadir impuestos y a poner trabas a la libre competencia.

    En el video que muestro a continuación, Denisse Dresser explica muy bien esta diferencia de los ricos, con Carlos Slim y Bill Gates:

  • El Valor de una Persona.

    ¿Cuanto vale una persona?. Hoy ando con ganas de filosofar un rato, y esta pregunta me la hice cuando iba manejando en mi ciudad sobre la avenida Terranova en mi ciudad que es Guadalajara. Y no voy a profundizar en corrientes filosóficas, sino que más bien voy a imponer arbitrariamente las dos categorías en las que divido el concepto del valor de una persona. Y ya será cuestión de ustedes de refutar mi teoría o llámesele como se le llame.

    Estas dos categorías parecerían ser contrarias, pero en realidad puede haber algún punto de coincidencia, o un punto donde se retroalimenten. Ninguna es más importante que la otra, y en la práctica las dos formas de pensamiento son totalmente válidas. Me refiero a los conceptos que he bautizado como «el valor esperado de la persona», y «el valor práctico de la persona».

    1.- El valor esperado de la persona (o el valor innato).

    Este concepto trata sobre cuanto debería valer una persona. Este concepto tiende a ser más personalista, porque le dá a la persona un valor independientemente de los factores externos, y se centra en el «ser».

    Este tipo de valoración se adquiere mediante la educación y la transmisión del conocimiento. Se dice que la persona, por el solo hecho de ser una persona, tiene un valor innato; por lo cual tiene ciertos derechos, los cuales se le deben de respetar.

    Este tipo de valor es el que trata de inculcar la religión, y es también el valor plasmado en la carta de las Naciones Unidas, o bien, en las constituciones de muchos países. Y la transmisión de este valor sirve para lograr la cohesión social y una sana convivencia en una sociedad.

    Lo he bautizado de esa forma, porque en este concepto, el valor de una persona no es dado por los factores externos ni por evaluaciones o juicios, sino porque se espera que los demás valoren a las personas por el simple hecho de ser personas o seres humanos.

    2.- El valor práctico de una persona.

    Este concepto determina el valor de una persona, en base a las evaluaciones y juicios realizados por las demás personas (es decir, se evalúa a las personas en base a los valores externos, y no los innatos). Este concepto es más utilitario (no quiero decir que el utilitarismo no otorgue algún valor innato a las personas) y se basa en el hacer.

    Es decir, el valor de una persona es determinado por el juicio que realicen otras personas sobre ella en base a su creencia y cultura. Por ejemplo, Juan es un empresario admirado, el cual es amigable y querido por todo el mundo, y Pedro es un empleado mediocre con mal caracter. Bajo este argumento, el valor práctico de Juan es más alto que el de Pedro, porque la sociedad hará una mejor evaluación a la primera persona que a la segunda.

    Pero el valor práctico de las personas puede variar dependiendo del grupo o cultura social que la juzgue. Por ejemplo, frente a una sociedad de extrema izquierda los papeles se pueden invertir. Por ejemplo, los miembros del sindicato pueden percibir que Juan por el simple hecho de ser empresario, es un explotador, y Pedro aún con mal caracter, es una persona que se queja con justicia del trabajo. Entonces la valoración real se invierte, porque las características del grupo social que emite el juicio cambia.

    Este tipo de valor es el que tratan de fomentar los publicistas que al vender un producto o servicio, buscan que la gente sienta aumentado su valor práctico, es decir, que un grupo social emita un mejor juicio de la persona.

    3.- El valor real de una persona. Cuando los valores convergen.

    El valor esperado (o innato) y el valor práctico no son excluyentes. Más bien, las personas terminan evaluando a las otras en base a una mezcla de los dos tipos de valores. Le dan un valor práctico en base al juicio que hacen de la otra persona, pero también le dan en parte el valor que se espera que le den.

    Por un ejemplo, Carla es una prostituta. Un religioso le dará un valor práctico muy bajo, pero también le otorgará un valor innato por el simple hecho de ser persona. Entonces el religioso podrá decir -Carla ha caído en lo más bajo de su vida, pero merece ser respetada porque es un ser humano.

    Entonces yo me atrevo a definir valor real de una persona, como un promedio de los dos tipos de valores. Es decir, sabemos que una persona obtiene resultados por parte de otras personas, en base al valor promedio de los dos conceptos, que le otorguen, aunque la balanza pueda diferir en algunos casos. Por ejemplo, en la búsqueda de un candidato para un empleo, se utiliza más el valor práctico que el innato, en cambio, en el amor de un padre a un hijo, el valor innato es más importante que el práctico.

    ¿Entonces cuanto vale una persona?. Para un empleador, valdrá de acuerdo a sus facultades laborales, aunque también le puede otorgar cierto valor por ser persona. Para un padre, un hijo valdrá mucho por el hecho de ser un hijo (valor innato) y en mucho menor medida por lo que haga (práctico).

    En resumen, todos tenemos cierto valor por el hecho de ser humanos (que es una parte), pero también las demás personas (dentro de diversas circunstancias) nos otorgan un valor. El promedio de los dos será el valor real, y podrá diferir dependiendo de el contexto social en el que se esté.

    ¿Entendido?.

  • Si ambicionas poco, nadie te estorbará parte II. Revisión

    Después del comentario que hizo MUN en el primer artículo de estos dos, que puedes ver aquí. Decidí hacer una segunda parte para aclarar algunos puntos que creo que quedaron sin definir, de los que me dí cuenta gracias a su comentario, y que pueden llevar a malas interpretaciones.

    MUN puso en tela de duda la parte en que comenté qué algunas personas se conformaban con tener solamente una pareja, un hijo y darle una vida decente. Me cuestionó porque hay diferentes personalidades y necesidades, y se refirió a que no todo mundo desea triunfar económicamente, sino que muchas personas buscan la felicidad de muchas otras maneras.

    Esta es la parte que tal vez yo no logré explicar bien en mi post anterior. Las ambiciones no deben ser necesariamente económicas. Este tipo de ambiciones son estrictamente para aquellos que buscan tener dinero, éxito o poder.

    Yo puedo perfectamente ambicionar no mucho dinero, pero si ambicionar tener mucha cultura, o tener ambiciones espirituales. Existen muchas formas de triunfar en la vida y no necesariamente esto se debe reflejar en el concepto utilitarista de tener y poseer.

    A veces conocemos personas que tal vez no tienen mucho dinero, tienen un carro austero, pero que te transmite una buena vibra, porque ha logrado cumplir sus objetivos personales. Posiblemente quiso ser un gran maestro, un gran padre de familia, o un gran escritor, que tal vez no ambicionó la fama, o el dinero, sino el conocimiento y transmitir este a la comunidad. Pero a fin de cuentas este tipo de personas debieron hacer el mismo esfuerzo y romper barreras similares a aquellas personas que son exitosas en lo económico.

    Este tipo de personas también tienen que sortear a las personas envidiosas. Una persona con más lujos podria envidiar a su vecino que a pesar de tener menos lujos, ha logrado formar una grán familia, a diferencia de la de él, que es un caos. O una persona culta también podría ser envidiado por aquellos que no lo son.

    Existen muchas formas de triunfar y tener éxito en la vida. Como dije, el exitoso es como el oro, brilla donde se encuentre, a pesar que no sea el éxito reflejado en los estereotipos. Se sabe que es exitoso porque lo refleja en su forma de ser y en lo que hace.

    El ser ganador en la vida no es cumplir los estereotipos de triunfo que nos venden. Es saber honestamente, desde adentro, que uno ha logrado cosas importantes, que ha sabido vencer retos y se siente satisfecho con lo que ha logrado. Y simplemente, repito el ejemplo, decir, -yo me doy con dar una vida aceptable a mi familia, es no ambicionar, y eso lo hace a uno mediocre, porque no se siente capaz de ir más allá, y no me refiero, como ya reiteré, a lo económico, sino a cualquier área de la vida donde se pueda triunfar.

  • Un simple tiro de gracia

    Es tan simple, como agarrar una pistola apuntando a la cabeza y jalar el gatillo. Es tan simple, como agarrar una soga, hacer un nudo y colgarse de ella. Tan simple como tomar veneno y vertirlo en un vaso, no sin antes con un potente somnífero para que no se sienta nada. Es tan simple, solo se requiere de una acción, y una pequeña inversión monetaria para acabar con esa vida de desgracia.

    Para creer que se es lo suficientemente desgraciado como para acabar con la vida, no se necesita ser pobre, ni vivir como prisionero ni nada de eso, ni es necesario tener problemas psiquiátricos que alejen de la realidad al individuo. No señores, solamente se necesita ser lo suficientemente cobarde como para no tolerar alguna pérdida en la vida. Y muchas veces ni siquiera es la pérdida de la esposa amada, o aquel amor imposible. Puede ser la creencia de que se ha perdido la dignidad, una pérdida económica, de status, una pérdida que puede ser revertida con esfuerzo y lucha diaria.

    No entiendo porque un hombre que ha logrado ser rector de la U de G como Carlos Briseño Torres, que si, fué víctima de grilla política, pero que tenía todo como dinero, y una familia que lo quería, decide terminar con su vida. Y entiendo que a veces los seres humanos sentimos unas crisis de angustia y sentimos que podemos perderlo todo, pero he ahí la diferencia entre los que son valientes y los que no lo son. Entre los que tienen la capacidad de ver una luz dentro de la oscuridad y de quienes no pueden, o se niegan a verla.

    Porque a veces parece la solución más simple. La religión católica que es mayoritaria en México, dice que si uno se suicida, se va al infierno. Pero el suicida está tan desesperado que ya creé vivir en el, y tiene más fé en que la doctrina esté equivocada que en que el pueda arreglar las cosas. Si es ateo o agnóstico no hay tanto problema, suicidarse es como lanzar unos dados y esperar que suerte le toca, si reencarna, si va a otro mundo o quien sabe que pase.

    Pero yo lo digo y lo he dicho siempre. Suicidarse es el camino fácil que lleva a ninguna parte. El camino difícil es superar la pérdida o el fracaso, pero es el más redituable.

  • Si ambicionas poco, nadie te estorbará.

    Hoy estaba viendo Los Simpsons, en un episodio donde Marge Simpson adquiere una franquicia de pretzels. ¿Que tiene de especial eso?. Bueno, hubo una frase que dijo, y se me quedó grabado, porque ¿cuantas veces en el inconsciente nos recordamos esa frase, a pesar de que tal vez no la hayamos escuchado nunca?.

    Marge Simpson en ese episodio, muestra una aversión al riesgo y a mordedientes se había decidido a invertir en la franquicia, solo después de que las ex-socias la habían corrido por su temerosidad. Al iniciar la franquicia, se empieza a dar cuenta que no es fácil y que la competencia (encarnada en sus ex-amigas) es dura. Entonces menciona esa frase mágica:

    Si ambicionas poco, nadie te estorbará.

    Puta madre, cuantas veces no nos hemos repetido esa frase. Y en realidad es una frase certera y llena de lógica. Porque como sabemos, y lo he repetido varias veces en este blog. El que no arriesga es un perdedor, ¿y quien en esta maldita vida quiere ser un perdedor?, pues nadie. Entonces al perdedor nadie lo envidia y nadie lo estorba. Solo lo patean para burlarse de él, y no para quitarlo del camino.

    En cambio el triunfador tiene la incómoda tarea de sacudirse a la bola de envidiosos que van tras él. Y ya no digamos en México, donde es parte de nuestra idiosincrasia bajar al que va pa’rriba para quedarnos todos en el agujero. Pero al perdedor le da miedo enfrentarse a los envidiosos (perdedores de closet) y mejor queda en un bajo perfil, aspira a poquito, para que nadie vea lo que hace.

    Y he aquí la «triunfobia», un padecimiento común en el ser humano. ¿Cuantas personas se atreven a decir, -yo quisiera ser un empresario exitoso o tener mi banda de rock?. Seguramente el triunfóbico no lo dice porque creé que se van a reír de él (y a veces así sucede). Entonces por eso cuando uno le pregunta a sus amigos que es lo que quiere ser de grande, salen con que -yo con que tenga a mi pareja, y le pueda dar una vida decente al único hijo que deseo tener, me doy.

    Y es cierto, en la vida es muy difícil ser triunfador. Se requiere de mucho esfuerzo, saber moverte, y tambien un poco de suerte. Pero el error está en que muchos ya lo descartan y dan por hecho que no van a triunfar. Y le agregamos que no quieren conocer a nadie que les quiera meter la pierna por detrás, entonces ya se condenan a un mundo de mediocridad.

    Por eso, tu, amigo perdedor, recuerda: Si ambicionas poco, nadie te estorbará.

  • Yo, todopoderoso

    Se acabaron las épocas en donde el presidente podía hacer y deshacer lo que quisiera en la República Mexicana. Ahora lo cierto es que Felipe Calderón está lejos de tener el poder que tenían los presidentes de antaño. Y según Forbes no solo no es el más poderoso de México, sino que un empresario (Carlos Slim) y hasta un narcotraficante (Joaquín «el chapo» Guzmán) tienen más poder que él. Seguramente habrán muchos más, pero la lista que publica la revista estadounidense, se acaba antes de revelar los otros que están delante de él.

    No solo no es el más poderoso. Felipe Calderón seguramente tampoco es el más popular. Y si bien los procedimientos que utiliza Forbes para elaborar esas listas pueden ser cuestionables, no se puede poner en tela de duda el majestuoso abucheo que se llevó el presidente en el nuevo estadio del Santos Laguna, ubicado en Torreón, una ciudad generalmente panista.

    En Reporte Índigo han venido apareciendo reportajes sobre la batalla entre Felipe Calderón y Carlos Slim que se teje muy por debajo de la liquidación de Luz y Fuerza del Centro. El presidente tiene la oportunidad histórica de darle un fuerte golpe al monopolio de Telmex con el Triple Play que se instalaría en la otrora infraestructura de la LyFC, con lo cual seguramente ganaría popularidad. Al tiempo que las malas voces aseguran que Carlos Slim está metiendo su cuchara en la manifestación del Sindicato de Electricistas (SME) para evitar que se ofrezca la infraestructura a otra empresa que no sea de Telmex.

    Carlos Slim es tan poderoso, que si fuera por él, con un tronido de dedos, muchos de nosotros no tendríamos teléfono ni Internet. Tan poderoso que si sacara su dinero e inversiones de nuestro país, México sería 7% más pobre. Y no solo eso, Carlos Slim mantiene fuertes inversiones en varios países sudamericanos, y tiene una de las 3 empresas de telecomunicaciones más grandes del mundo. ¿Como pudo llegar a hacer tanto en un país emergente?. Algo de astucia, y algo de eso otro que es común hacer en México…

    El puede defenderse diciendo que genera miles de empleos con todas sus empresas. Pero también es cierto que si no mantuviera prácticas monopólicas, los servicios de telefonía e Internet serían más baratos, y seguramente habría más empresas que generarían todavía más empleos que los que el genera por sí mismo. Es por eso que Felipe Calderón busca combatirlo legítimamente, y si logra dar el golpe, habrá hecho una hazaña mayor a la liquidación de Luz y Fuerza del Centro. Por que aquí ya no habría quien le reclame por los empleos perdidos.

  • El muro de Berlín contra el muro fronterizo.

    Se celebran dos décadas de la caída del Muro de Berlín. En 1989 Occidente tenía motivos para celebrar, y es que no solo se volvían a unificar las dos alemanias, sino que marcaba el principio del inevitable fin de aquel inflexible comunismo que tanto trabajo costó al hemisferio occidental (los gringos y sus secuaces) combatir.

    El comunismo había quedado moribundo. Era cuestión de meses para que con la desaparición de la Unión Soviética, dejara de tener peso a nivel mundial, y solo quedaran migajas de él, las cuales todavía no desaparecen (Cuba y Corea del Norte). La libertad (valga la redundancia) del liberalismo económico y social había triunfado y quedaba sin ningún contrapeso ni nadie a quien buscar vencer.

    El muro de Berlín dividía dos formas distintas de pensamiento y de comprensión del mundo. Era la libertad contra la colectividad, por lo cual era entendible que se construyera un muro. Ambas partes no podían coexistir, al grado que a la parte ex-comunista le costó mucho trabajo integrarse al capitalismo occidental. Pero en el festejo de los estadounidenses por este aniversario hay tal vez una contradicción, y es el muro que ellos mismos han construído en el sur de su territorio.

    Ellos tendrán derecho de construír su muro, es su territorio y están en el derecho de hacer lo que sea con él. Pero hay una contradicción cuando los mismos norteamericanos buscan una unificación económica (tratado del libre comercio) y social (América para los americanos), al igual como lo promovieron en Alemania. Pero en este caso en lugar de derribar el muro que han construído, lo han fortalecido, y están decidido a hacerlo cada vez más fuerte e impenetrable.

    Conforme se busca más la penetración de la cultura estadounidense al suelo mexicano, se hace más fuerte el muro. Pero a pesar de él, esta penetración se sigue dando al derecho y a la inversa. Los mexicanos que brincan la frontera alcanzan ser suficientes para convertirse en una cultura con el peso necesario como para que algunos «chicanos» lleguen a ocupar puestos importantes en empresas o gubernamentales. Y curiosamente lo hacen en aquellos estados que fueran alguna vez mexicanos. En California, Texas, Nuevo México y otros más, los «chicanos» son una amplia minoría, y si bien aceptan la cultura estadounidense, no dejan de lado las tradiciones mexicanas. Siguen siendo católicos, siguen rezando a la Virgen de Guadalupe, siguen viendo el futbol, aunque sean las Chivas USA.

    Poco a poco los dos países comienzan a fusionar sus culturas (con su respectivo peso), no porque se haya caído el muro como en Berlín. Sino a pesar de él. A pesar de la contradicción, a pesar de que esperaría lo contrario, y a pesar de los deseos de muchos estadounidenses de no sentirse invadidos en sus usos y costumbres. El muro crece, pero pareciera haberse caído.

  • Dar pescado y no aprender a pescar.

    En 1984 se llevo a cabo un concierto en Londres llamado Live Aid, Organizado por Bob Geldof, y donde varios grupos famosos como U2, Queen o Led Zeppelin actuaron en un concierto memorable, el cual es recordado hasta la fecha. Pero el propósito de este concierto falló estrepitosamente.

    El propósito era recaudar dinero para ayudar a África. Y no es que no lo hayan logrado. Lograron recaudar bastantes millones, pero el problema fué que todo ese dinero que se envió al continente negro no sirvió para nada. África sigue sumido en la pobreza a pesar de todas las ayudas que ha recibido. Tan es así que una economista africana crítica de las ayudas humanitarias llamada Dambisa Moyo, escribió un libro llamado Dead Aid, donde explica como esas ayudas «humanitarias» están hundiendo al continente africano y que gracias a estas contribuciones, los gobernantes corruptos africanos pueden mantenerse en el poder.

    En África, con un sistema tan corrupto, no se puede saber donde para ese dinero. Muchos gobernantes los utilizan para beneficios personales, o bien para acarrear gente. Pero al desentenderse de la población, no lo utilizan para el propósito que tenía ese dinero, que es ayudar a reactivar la economía.

    Los tiranos africanos viven en mansiones de lujo mientras la población se muere de hambre y viven de la caridad de occidente, por lo cual, estos últimos no tienen ninguna motivación para progresar por sí mismos. Entonces, ¿de que ha servido toda la ayuda que reciben?.

    El problema está en regalar el pescado y no enseñar a pescar. Lo mismo sucede en México cuando López Obrador regala despensas, o Felipe Calderón regala lavadoras a los pobres. Esa ayuda no se condiciona y por lo tanto la gente que recibe la caridad se convierte en inútil. Porque se queda acostumbrado a que le dén, y no se le invita a que aprenda a desarrollarse.

    Por el contrario, cuando la ayuda va encaminada a que la gente tenga herramientas para «que aprendan a pescar», entonces es factible esperar un progreso. A una familia pobre se le puede dar dinero, condicionando que los hijos dejen de trabajar y estudien una carrera, se pueden ofrecer becas, e inclusive alimento para que la gente más necesitada esté en condiciones físicas para salir adelante. Pero esta ayuda deberá estar condicionada para asegurarse que vaya encaminado a generar independencia en los ayudados, y no codependencia.

    Esto es lo que la izquierda mexicana parece no aprender (y que a la derecha a veces también se le olvida). Ellos prefieren regalar porque así generan una dependencia del necesitado para con los que buscan acarrearlos y usarlos como botín político. Y es el problema de los sindicatos que más que defender derechos, desean regalar privilegios a los trabajadores a cambio de fidelidad.

    Esto no significa que se deban desmantelar el estado de bienestar. En los países desarrollados el sistema benefactor funciona (con sus bemoles), por que en gran parte procura que la gente esté en las condiciones propicias para salir adelante por medio de derechos laborales, seguro social, seguro para el retiro y otras muchas prestaciones. Por eso en los países europeos, a pesar de que muchos tienen la vida resuelta, siguen buscando crecer; y en cambio en los países latinoamericanos y africanos, el que recibe dinero, se queda estancado.

    Imagina a dos familias adineradas. El padre de la primera familia le regala un coche a su hijo para que pueda pasear a las chavas, le regala la casa para que pueda vivir con su esposa sin preocupaciones, y por si fuera poco, le da dinero cuando el hijo le pide, ¿que pasará con este hijo cuando el padre no esté?. Por otro lado imagina a un padre adinerado que le ayuda con dinero al hijo para que ponga su negocio, si, le regala un coche, pero a condición de que lo utilice para ir a visitar a los clientes de su negocio, y le regala una computadora para su trabajo.

    Los dos hijos son privilegiados, pero seguramente al primero le costará mucho más trabajo sobrevivir sin el padre que al segundo. Porque al primero le regalan el pescado, y al segundo le dan las herramientas para que se enseñe a pescar.