Si un candidato te ofrece una bajada de impuestos y más prestaciones sociales, no le creas: Umberto Eco.
¿Saben?, me he puesto a reflexionar un rato, y creo que los mexicanos nos solemos contradecir mucho entre lo que hacemos y pedimos. Y creo que a veces esa peculiaridad hace que tengamos un escenario político tan sui géneris como el que tenemos. Miren, en Estados Unidos por citar un ejemplo hay dos tipos de personas, aquellos que desean no pagar impuestos y que el fruto de su esfuerzo sea el que les dé los servicios básicos (los conservadores de derecha) y los que están dispuestos a pagar más impuestos para que el gobierno les dé más prestaciones (los liberales demócratas).
Esa distinción entre los ciudadanos es la que hace que en los países existan partidos de derecha o izquierda bien definidos (o conservadores y liberales en el caso de Estados Unidos) y tengan por lo tanto programas más definidos al menos en el papel. Pero en México ocurre una cosa, la mayoría de los ciudadanos no quieren pagar impuestos, pero a la vez quieren que el gobierno les proporcione los servicios básicos, subvenciones y mucho más. Sara Sefchovich cree que esto se debe a que en México tuvimos un régimen vertical y autoritario, y nosotros estuvimos acostumbrados a que el gobierno se tuviera que ocupar de todo. Este fenómeno lo podemos ver en todas las clases sociales.
Lo vemos desde las clases bajas que desean tener un buen servicio de salud pero trabajan en el mercado informal sin pagar ningún impuesto, el clasemediero que odia pagar impuestos y busca deducirlos a cuanto más no poder pero se enoja si suben la gasolina porque resulta que el gobierno decide reducir la subvención a esta, o los ricos que prácticamente no pagan impuestos pero desean que el gobierno invierta en seguridad, e infraestructura para que puedan llevar a cabo sus negocios. Parece que todos los mexicanos sin importar nuestra condicion social estamos esperando a que el gobierno nos solucione los problemas sin ofrecer algo a cambio.
Por poner un ejemplo. En España recuerdo cuando te despiden de un trabajo, se te paga un año de salario íntegro a partir del despido. Pero para que se pueda llevar a cabo eso, a los españoles se les deduce más impuestos de su salario que lo que se hace en México. Si a los mexicanos nos dijeran que van a aplicar una reforma laboral donde tendríamos ese mismo derecho que los españoles, estaríamos encantados de la vida; pero bajaríamos la mano al momento en que nos informaran que para eso, tendrían que aplicar un aumento en el ISR de nuestro sueldo.
Los partidos políticos caen en las mismas contradicciones dada la contradicción del ciudadano. Por ejemplo, López Obrador dice que el gobierno debe de conducir la economía del país (para lo cual se necesitan captar más recursos), pero se opone y llama criminales y traidores a sus oponentes cuando estos deciden subir el IVA o subir las gasolinas. También el PRI cae en esa contradicción cuando en una medida abiertamente populista clama que va a bajar el IVA al 12% pero no dice cual es el precio que van a pagar los ciudadanos y el estado por una menor recaudación.
Los modelos económicos de la izquierda y la derecha en México son algo difusos por esa razón. Y también entiendo que por esa misma razón, partidos tan ambiguos ideológicamente como el PRI y el PVEM han logrado captar tanto electorado. Porque se pueden mover de un lado a otro del espectro ideológico para ofrecer soluciones pero sin decirle al elector el precio que debe pagar para que estas se lleven a cabo.
En México muchos siguen creyendo en el asistencialismo y en la creencia de que el gobierno se debe de hacer cargo de ellos. Sienten que no deben ofrecer nada más que su lealtad a los partidos y a los gobernantes para que estos les solucionen la vida. Una de las claves para crecer es deshacernos de esa contradicción que ha estado inmersa en nuestra cultura desde siglos atrás.
Si un candidato te ofrece una bajada de impuestos y más prestaciones sociales, no le creas: Umberto Eco.
Inicia febrero y mi pluma está más activa que nunca (4 artículos en dos días). Es que esta semana han ocurrido varias cosas de las cuales puedo sacar temas para exponer. Hablaba en el artículo pasado sobre
Hasta el día de ayer yo pensaba que en Guadalajara éramos inmunes a los estragos del narcotráfico. En nuestra ciudad siempre han existido narcotraficantes, eso lo sabemos, pero estos veían a nuestra metrópoli como un sitio de descanso de su ajetreado trabajo. Muchos de los que vivimos aquí sabemos que en zonas residenciales como Puerta de Hierro y Colinas de San Javier viven algunos de ellos, pero nunca molestaban a la sociedad, y si llegaban a hacer uso de un arma era para realizar un ajuste de cuentas entre ellos. Los ciudadanos comunes y corrientes ni siquiera sentíamos su presencia.
A veces, cuando de telebasura o noticias irrelevantes se trata, buscamos culpables en la televisión, en la deficiente calidad educativa en México, en el gobierno, etc… Pero estimado lector, ¿sabe usted una cosa?, me he dado cuenta que ellos no son los únicos culpables (tampoco es que haya de dejar de atribuírles su correspondiente responsabilidad), sino que en muchos casos la sociedad misma es la que pide ese tipo de contenidos. Muchos desearíamos que la gente buscara cultivar más la cultura, buscara leer, ver programas culturales en televisión, o ya de pérdida ver los capítulos de History Channel en el cable. Pero ¿saben algo?. El acercarse a ese tipo de contenidos más fructíferos requiere un esfuerzo mental, requiere disciplinar a la mente pare encontrarle el sentido. En cambio para ver un talk show, una telenovela, o ver un escándalo mediático como el de Kalimba, o el de JJ, no se necesita hacer ningún esfuerzo mental para poder saborear los contenidos. Es como si comparáramos la comida chatarra con las verduras. Las primera sabe en un principio sabe más deliciosa y para saborear las verduras uno se tiene que acostumbrar, pero el que logra apreciar el sabor de las verduras no solo las termina disfrutando, sino que se nutre más que el que consume la comida chatarra.
Ahora estoy con ánimos de hacer polémica y la voy a hacer. Últimamente he escuchado del aborto y no había publicado nada, pero ahora sí voy a postular mi postura. Y así como en el tema de la adopción de parejas gay, los fundamentos por los cuales me postulo en contra del aborto no son religiosos, sino que son simplemente éticos. La adopción por parte de parejas homosexuales no se me hace algo «grave» y como comentaba, dije que habían cosas más importantes en la vida que preocuparse si las parejas gay adoptan, pero en el caso del aborto, creo que si es un problema grave, porque se trata de la vida de una tercera persona.
Los adornos navideños en mi casa son muy curiosos (y supongo que así ha de ser en varios de los hogares mexicanos), porque se mezclan dos tradiciones navideñas totalmente diferentes: La versión inglesa-norteamericana (con el Santa Claus, el trineo y el árbol de navidad) y la versión Mexico-latinoamericana (El niño Dios, la virgencita, el nacimiento). De hecho cuando poníamos árbol de navidad (algo que por alguna extraña razón ya no hacemos) le poníamos la estrella de Belén arriba de este y también solíamos poner imágenes de la Virgen y el niño Dios, junto con imágenes de Santa Claus.
No se me hace nada anormal que el gobierno panista actual quiera minimizar el Centenario de la Revolución Mexicana, dado que este suceso fué abanderado por el Partido Revolucionario Institucional y ahora también por el Partido Revolucionario Democrático. Los dos partidos ven (o dizque ven) en la Revolución la raíz de su ser. El PRI se hizo de la famosa frase: «La Revolución les hizo justicia» que podemos ver en documentos e inclusive en varias películas mexicanas que criticaban el priísmo revolucionario. Y a pesar de que el PRI actual no tiene mucho que ver con el PRI que nació después de la revolución, se siguen vanagloriando por los logros que trajo dicha revolución a nuestro país.