Categoría: reflexión

  • Todas somos putas

    PUTAS, santas, brujas y lesbianas son los epítetos que más comúnmente son arrojados a las mujeres para etiquetarlas, e indirectamente negar a la persona que hay en ellas. Santas son las mujeres decentes, las que se cubren su anatomía y cruzan propiamente las piernas al sentarse, colocando los brazos cerca del cuerpo, intentando ocupar el menor espacio posible; es la madre abnegada, la esposa sumisa, la mujer intachable a la cual jamás se le relacionaría con algún acto carnal.

    Las brujas son las intelectuales, las que desprecian su labor como objetos decorativos y reclaman su ciudadanía total, son las que demandan equidad y rechazan a los machos, quienes les devuelven el favor con dicho adjetivo; son las que ofenden al ego masculino con su desdén, apelando a un tipo diferente de masculinidad, son las sor Juana, las Rosario Castellanos, las que ofenden al patriarcado con su emancipación.

    De las lesbianas hay dos tipos: aquellas que escogen serlo porque es ésta su orientación sexual, y a las que les ponen el calificativo en forma peyorativa, sin tener otro sustento que el simple hecho de que dicha mujer sea particularmente brava, que rechace la intimidad con algún hombre, quien la catalogará de esta forma hasta comprobar que prefiere estar con otros varones, con lo que pasará a referirse a ella como bruja o puta; son las que realizan tareas “típicamente” masculinas, aquellas que se dedican a la esfera pública como la política o la seguridad, ámbito que durante mucho tiempo estuvo reservado para los hombres y que aún existen quienes consideran que las féminas que escogen este tipo de profesión es porque comparten sus gustos sexuales.

    Puta es aquella que reconoce su sexualidad y la ejerce, ya sea por gusto propio o por obtener una recompensa, que al final en la mente del macho esto no hace ninguna distinción. Es tanto la trabajadora sexual, como la edecán que con su belleza “decora” los eventos, pues vende su cuerpo en alguna medida, y sus movimientos, gestos o palabras pueden ser fácilmente interpretados como insinuaciones sexuales. Es la mujer-objeto que es juzgada sumariamente desde una única perspectiva, la del observador, que la encasilla en un eterno sujeto pasivo.

    Por eso putas somos todas, no existe un término más democrático en todo el mundo que aquel que se le otorga a una mujer tan sólo por haber nacido con genitales femeninos, pues santa, bruja o lesbiana, una fémina siempre tendrá la potencialidad de convertir su cuerpo en moneda de cambio; aun cuando no reciba ninguna remuneración, el mismo sexo forzado podría ser el pago de una mujer que “pedía” ser violada de acuerdo a las ropas que portaba, o la actitud que ostentaba.

    Esta idea, aunada a la creencia de que los hombres son más sexuales por naturaleza y, por lo tanto, su masculinidad es susceptible de ser duramente criticada o puesta en tela de duda si se niegan a satisfacer sexualmente a una mujer que se les insinúe, es la que alimenta la retórica usada por algunos (y algunas) de que hay mujeres que provocan a los hombres al grado de exponerse a ser vulneradas, la cual ha sido una excusa utilizada por muchos hombres, e incluso por varios de nuestros notables políticos.

    Michael Sanguinetti, un policía canadiense, comentó en un seminario sobre agresión sexual en la Universidad de York, en Toronto, que “las mujeres deben evitar vestirse como putas para no ser víctimas de la violencia sexual”, lo que provocó que miles de féminas de esa ciudad salieran a la calle ataviadas según el estereotipo, para manifestar que la vestimenta no justifica este tipo de agresiones, marcha que ha sido replicada en otras entidades del orbe con el mismo fin, pues la discriminación sexual se ha ejercido como política en todo el mundo, del cual México no es la excepción.

    Para solidarizarse en contra de este discurso, el pasado 12 de junio se realizó una manifestación denominada “La Marcha de las Putas”, que partió de La Palma de Reforma hacia el Hemiciclo a Juárez, donde mujeres mexicanas se vistieron con faldas cortas, tacones y demás prendas típicamente relacionadas con las de las trabajadoras sexuales, para dejar en claro que sin importar el atuendo o la actitud que una mujer emplee, es su deseo de tener o no relaciones sexuales lo que debe respetarse.

    Enarbolando el eslogan de “NO, significa NO”, Minerva Valenzuela, una de las organizadoras, declaraba: “Aunque use medias de red y tacones de aguja: si digo no, significa no. Aunque la apertura de mi falda suba hasta mi muslo: si digo no, significa no. Aunque en cualquier momento decida no consumar el acto sexual: si digo no, significa no. Aunque me ponga una borrachera marca diablo: si digo no, significa no. Aunque baile de forma sensual: si digo no, significa no. Aunque el escote de mi vestido sea tentador: si digo no, significa no”.

    El nombre provocativo de este movimiento tiene la finalidad de apropiarse de un adjetivo que ha sido utilizado como arma para discriminar a las mujeres y deshumanizarlas, ya que una puta es nada comparada con una “mujer decente”, que con su pudor se ha ganado el respeto y la protección de los hombres, pero incluso hasta esta última es susceptible de perder tal grado si su interlocutor percibe en ella un atisbo de deseo, para pasar a formar parte de esa “nada” y volverse vulnerable, además de ser considerada como la culpable de su propia vulnerabilidad.

    Esta doble moral, expuesta como una negociación entre los sexos, donde el fuerte protege al débil, permite que el primero ejerza un control sobre la segunda en el tipo de comportamiento que ésta debiera o no tener para evitar ser transgredida, muy parecido al que los padres despliegan sobre sus hijos o hijas, en el entendido de que no tienen un conocimiento cabal de qué es lo que mejor les conviene, lo que supone una sumisión de las mujeres hacia los hombres, para ser protegidas de ellos mismos.

    Obviamente, no todos los hombres violan, pero si fuéramos a emplear la misma política con ellos, tendríamos que suponer que así como toda mujer es una puta en potencia, todo hombre es también un potencial violador, lo que expone lo ridículo de la teoría, que sin embargo ha sido y sigue siendo usada por funcionarios en todo el país. Ahí está el jefe de Recursos Humanos de Huatulco, Oaxaca, prohibiendo minifaldas y escotes en el ayuntamiento para evitar el acoso sexual. Ahí está el antiguo secretario de Salud de Colima declarando que había “putas tapadas” en el gobierno, quienes además eran las responsables de transmitir las enfermedades venéreas, en un claro ejemplo de la despersonalización que se hace de las mujeres, al ni siquiera considerarlas como parte afectada de la epidemia, sino tan sólo la causa de que los hombres se enfermen.
    En un intento por recuperar el poder que se nos arrebata con estos epítetos, es por lo que estas féminas lo hicieron suyo, buscando demostrar que somos sujetos de derechos, y nuestra voz debe de ser escuchada y respetada, incluso cuando ésta sea usada para pronunciar un simple NO contra un potencial perpetrador, dicho desde unos labios pintados de rojo fuerte.

     

    PUTAS, santas, brujas y lesbianas son los epítetos que más comúnmente son arrojados a las mujeres para etiquetarlas, e indirectamente negar a la persona que hay en ellas. Santas son las mujeres decentes, las que se cubren su anatomía y cruzan propiamente las piernas al sentarse, colocando los brazos cerca del cuerpo, intentando ocupar el menor espacio posible; es la madre abnegada, la esposa sumisa, la mujer intachable a la cual jamás se le relacionaría con algún acto carnal.


    Las brujas son las intelectuales, las que desprecian su labor como objetos decorativos y reclaman su ciudadanía total, son las que demandan equidad y rechazan a los machos, quienes les devuelven el favor con dicho adjetivo; son las que ofenden al ego masculino con su desdén, apelando a un tipo diferente de masculinidad, son las sor Juana, las Rosario Castellanos, las que ofenden al patriarcado con su emancipación.


    De las lesbianas hay dos tipos: aquellas que escogen serlo porque es ésta su orientación sexual, y a las que les ponen el calificativo en forma peyorativa, sin tener otro sustento que el simple hecho de que dicha mujer sea particularmente brava, que rechace la intimidad con algún hombre, quien la catalogará de esta forma hasta comprobar que prefiere estar con otros varones, con lo que pasará a referirse a ella como bruja o puta; son las que realizan tareas “típicamente” masculinas, aquellas que se dedican a la esfera pública como la política o la seguridad, ámbito que durante mucho tiempo estuvo reservado para los hombres y que aún existen quienes consideran que las féminas que escogen este tipo de profesión es porque comparten sus gustos sexuales.


    Puta es aquella que reconoce su sexualidad y la ejerce, ya sea por gusto propio o por obtener una recompensa, que al final en la mente del macho esto no hace ninguna distinción. Es tanto la trabajadora sexual, como la edecán que con su belleza “decora” los eventos, pues vende su cuerpo en alguna medida, y sus movimientos, gestos o palabras pueden ser fácilmente interpretados como insinuaciones sexuales. Es la mujer-objeto que es juzgada sumariamente desde una única perspectiva, la del observador, que la encasilla en un eterno sujeto pasivo.


    Por eso putas somos todas, no existe un término más democrático en todo el mundo que aquel que se le otorga a una mujer tan sólo por haber nacido con genitales femeninos, pues santa, bruja o lesbiana, una fémina siempre tendrá la potencialidad de convertir su cuerpo en moneda de cambio; aun cuando no reciba ninguna remuneración, el mismo sexo forzado podría ser el pago de una mujer que “pedía” ser violada de acuerdo a las ropas que portaba, o la actitud que ostentaba.


    Esta idea, aunada a la creencia de que los hombres son más sexuales por naturaleza y, por lo tanto, su masculinidad es susceptible de ser duramente criticada o puesta en tela de duda si se niegan a satisfacer sexualmente a una mujer que se les insinúe, es la que alimenta la retórica usada por algunos (y algunas) de que hay mujeres que provocan a los hombres al grado de exponerse a ser vulneradas, la cual ha sido una excusa utilizada por muchos hombres, e incluso por varios de nuestros notables políticos.


    Michael Sanguinetti, un policía canadiense, comentó en un seminario sobre agresión sexual en la Universidad de York, en Toronto, que “las mujeres deben evitar vestirse como putas para no ser víctimas de la violencia sexual”, lo que provocó que miles de féminas de esa ciudad salieran a la calle ataviadas según el estereotipo, para manifestar que la vestimenta no justifica este tipo de agresiones, marcha que ha sido replicada en otras entidades del orbe con el mismo fin, pues la discriminación sexual se ha ejercido como política en todo el mundo, del cual México no es la excepción.


    Para solidarizarse en contra de este discurso, el pasado 12 de junio se realizó una manifestación denominada “La Marcha de las Putas”, que partió de La Palma de Reforma hacia el Hemiciclo a Juárez, donde mujeres mexicanas se vistieron con faldas cortas, tacones y demás prendas típicamente relacionadas con las de las trabajadoras sexuales, para dejar en claro que sin importar el atuendo o la actitud que una mujer emplee, es su deseo de tener o no relaciones sexuales lo que debe respetarse.


    Enarbolando el eslogan de “NO, significa NO”, Minerva Valenzuela, una de las organizadoras, declaraba: “Aunque use medias de red y tacones de aguja: si digo no, significa no. Aunque la apertura de mi falda suba hasta mi muslo: si digo no, significa no. Aunque en cualquier momento decida no consumar el acto sexual: si digo no, significa no. Aunque me ponga una borrachera marca diablo: si digo no, significa no. Aunque baile de forma sensual: si digo no, significa no. Aunque el escote de mi vestido sea tentador: si digo no, significa no”.


    El nombre provocativo de este movimiento tiene la finalidad de apropiarse de un adjetivo que ha sido utilizado como arma para discriminar a las mujeres y deshumanizarlas, ya que una puta es nada comparada con una “mujer decente”, que con su pudor se ha ganado el respeto y la protección de los hombres, pero incluso hasta esta última es susceptible de perder tal grado si su interlocutor percibe en ella un atisbo de deseo, para pasar a formar parte de esa “nada” y volverse vulnerable, además de ser considerada como la culpable de su propia vulnerabilidad.


    Esta doble moral, expuesta como una negociación entre los sexos, donde el fuerte protege al débil, permite que el primero ejerza un control sobre la segunda en el tipo de comportamiento que ésta debiera o no tener para evitar ser transgredida, muy parecido al que los padres despliegan sobre sus hijos o hijas, en el entendido de que no tienen un conocimiento cabal de qué es lo que mejor les conviene, lo que supone una sumisión de las mujeres hacia los hombres, para ser protegidas de ellos mismos.


    Obviamente, no todos los hombres violan, pero si fuéramos a emplear la misma política con ellos, tendríamos que suponer que así como toda mujer es una puta en potencia, todo hombre es también un potencial violador, lo que expone lo ridículo de la teoría, que sin embargo ha sido y sigue siendo usada por funcionarios en todo el país. Ahí está el jefe de Recursos Humanos de Huatulco, Oaxaca, prohibiendo minifaldas y escotes en el ayuntamiento para evitar el acoso sexual. Ahí está el antiguo secretario de Salud de Colima declarando que había “putas tapadas” en el gobierno, quienes además eran las responsables de transmitir las enfermedades venéreas, en un claro ejemplo de la despersonalización que se hace de las mujeres, al ni siquiera considerarlas como parte afectada de la epidemia, sino tan sólo la causa de que los hombres se enfermen.
    En un intento por recuperar el poder que se nos arrebata con estos epítetos, es por lo que estas féminas lo hicieron suyo, buscando demostrar que somos sujetos de derechos, y nuestra voz debe de ser escuchada y respetada, incluso cuando ésta sea usada para pronunciar un simple NO contra un potencial perpetrador, dicho desde unos labios pintados de rojo fuerte.

  • Horas / Pantalla

    ¿Cuántas horas al día pasamos frente a una pantalla? ¿Cuántas horas al día somos audiencia?

    Si definimos ser audiencia como estar “mediados” por una pantalla para participar en un proceso de comunicación (esto incluye televisión, celulares, smartphones, computadoras, Ipads, etc.), podría decir que más de la mitad del tiempo que estoy despierto, interactúo con algún aparato de estos. Y eso que no estoy contando medios como el cine y la radio (periódicos sí, por Internet). En promedio, soy audiencia nueve horas al día. Hagan el ejercicio antes de seguir leyendo y verán que es un tiempo considerable. Guillermo Orozco, un reconocido investigador del área de Comunicación, nos mencionaba esto en un curso la semana pasada: “Ser audiencias es el rol distintivo de los sujetos sociales en el siglo XXI”.

    ¿Qué implicaciones tiene esto? ¿Es algo negativo pasar tanto tiempo “conectado” a estos dispositivos y “desconectado” de la realidad? Sí y no.
    En primer lugar, cada pantalla fue diseñada para algún tipo de audiencia. Y aunque todos tuviéramos las mismas pantallas; cada aplicación que usamos, cada programa que vemos y cada contenido que consumimos en ellas, fue planeado por alguien, para alguien, y con un propósito. ¿Cómo nos conciben en cada uno de estos casos? O como preguntaría Orozco: ¿Cómo nos están (estamos) “haciendo” audiencia y cómo podemos incidir de manera efectiva y creativa en esta hechura?

    Como nunca antes en la historia, tenemos la posibilidad de ser productores y no sólo receptores de contenidos y mensajes. Pero no lo estamos logrando porque estamos acostumbrados a ser audiencias pasivas. Lo único que logramos con esto, es perpetuar la lógica de producción de conocimiento orientada al consumo. Dicha lógica se encuentra en la mayoría de los medios. Y pasar la mayoría del tiempo frente a las pantallas de forma pasiva no tiene muchos beneficios.

    Todos los medios comerciales nos conciben como consumidores antes de concebirnos como ciudadanos. Esto es claro en la Televisión y en otros medios tradicionales, que son más autoritarios. Pero en Internet, que se supone es el lugar donde podemos ser libres y crear, ¿en realidad estamos haciendo algo diferente? ¿Qué tipo de audiencia somos en Facebook, Twitter, Blogs, etc.? ¿Producimos algo o sólo consumimos? Me parece que hay más pasividad que producción. Y si hubiera más producción, ¿significaría que estamos haciendo buenos contenidos?

    Independientemente de ser audiencias pasivas o activas (o hiperactivas, como Orozco también identifica), hay que ser audiencias críticas. Y para esto no sólo necesitamos entendernos y asumirnos como audiencia. También como productores de mensajes. El reto para tener buenos productores es promover “alfabetismos comunicacionales”. Así llama Orozco al hecho de generar capacidades para producir mensajes que vayan más allá de solamente “estar presentes” (no es lo mismo darle “like” a todo lo que vemos en Facebook, que convocar a una manifestación e ir a la manifestación). Fomentar estos alfabetismos es un reto para los maestros. Pero también para nosotros. La ubicuidad del aprendizaje nos permite formarnos en varios sentidos. No necesitamos que un profesor nos enseñe (aunque ayudaría bastante) a ser audiencias críticas.

    No estamos condenados a ser audiencia como nos han hecho los medios hegemónicos. Podemos educarnos (y educar) como audiencias críticas y activas. No sólo hay que leer, también hay que escribir. Ya que urge multiplicar habilidades para identificar agendas ocultas. Y para pensar, en general. Y si nuestra búsqueda e interacción con los medios es sólo para encontrar gratificaciones, al menos estaremos buscando mejores contenidos.
    PD: Si les interesa leer más al respecto pueden contactarme y les paso la bibliografía del excelente curso que nos dio el Dr. Orozco.

  • El día del padre

    Ser padre es algo muy difícil. No pretendo restarle importancia al día de las madres, más bien creo que a veces no se le da la importancia necesaria al día del padre, y pasa a un segundo término. Yo creo que es algo injusto porque el que se la tiene que «rajar» para mantener un hogar es el padre. Y vaya que es una situación difícil, porque no solo tiene que lidiar con los problemas de los hijos, sino tiene que procurar que la comida (predial, colegiaturas, ropa, etc…) llegue siempre a casa.

    Mi padre en mi niñez fué exigente conmigo, me pedía buenas calificaciones, que me comportara bien, que fuera disciplinado, y creo que eso me ayudó a forjar mi caracter. Me imagino lo difícil que ha de haber sido para él que yo llegara con tres cincos en mi boleta de calificaciones (que sí llegó a suceder) cuando el llegaba estresado y preocupado del trabajo. Yo ni me imaginaba el esfuerzo que el tenía que hacer para traer el pan a la casa, para mí como niño, todo los lujos que tenía estaban dados.

    Afortunadamente tengo a mi padre a mi lado, hay muchas personas que ya no tienen a sus padres y es algo triste. Ahora ya tal vez a mi padre se le hace más difícil traer la comida a la casa y pues a los hijos a veces nos toca ayudar.

    Me cuesta trabajo escribir sobre este tema, sobre todo en un día como hoy donde no me siento bien. Pero si quería agradecerle a mi padre por todo lo que me ha dado.

     

  • Los pobres son pobres porque…

    Manuela vive en un hogar hecho de tabique y piso de tierra en el Estado de México, ella despierta cuando el sol todavía no ha salido, debe de recorrer varias calles malformadas para llegar al camión que la trasladará a Jilotepec, este hace su recorrido y Manuela se baja para tomar otro autobus que la llevará a Periférico Norte, de ahí uno más al Toreo y para terminar otro que la dejará en el acaudalado fraccionamiento La Herradura. Son 130 kilómetros de recorrido y 3 horas de trayecto. Pero el esfuerzo no termina ahí, tiene que caminar 20 minutos para llegar hacia el hogar donde tiene que hacer el aseo (un tipo de trabajo particularmente pesado). Todo ese recorrido lo debe de hacer de vuelta hacia su casa.

    ¿Me pregunto, quien hará un mayor esfuerzo, Manuela, o Roberto, un empleado que trabaja de lunes a viernes en una empresa de 8 de la mañana a 6 de la tarde, el cual se traslada en automóvil?. ¿Podemos llegar a la concusión de que Manuela es güevona?, al contrario, ella se la parte para poder traer algo de dinero a la casa, y así existen muchas personas. ¿Que es lo que hace entonces que Manuela sea pobre?. Son muchos factores, la falta de educación, oportunidades, y una cosmovisión que no le permite avanzar más alla de su nivel social. Una persona pobre puede llegar a ser muy inteligente y hábil para abandonar su situación precaria, pero este avance no solo depende del esfuerzo, porque muchos pobres como Manuela se esfuerzan demasiado y no logran trascender. Esa persona pobre debe de romper con el conjunto de ideas y paradigmas que tiene en su cabeza, lo cual es bastante difícil. Ese paradigma es moldeado por las creencias y la educación. Por eso una persona mejor preparada tendrá oportunidad de salir adelante.

    ¿Existen pobres flojos? Claro que los hay, existen aquellos que lo poco que ganan en su trabajo se lo gastan en borracheras, aquellos que hacen que trabajan, o aquellos que son mantenidos o acarreados por algún gobierno o partido. Pero si nos fijamos, esta descripción aplica también para los ricos, los juniors mantenidos, que van de juerga en juerga con el dinero de mamá y papá. Creo que la pobreza y la riqueza no esta tan relacionada con el esfuerzo como se piensa, aunque tampoco debemos de quitar el dedo del renglon en que el esfuerzo puede ser clave para que un pobre aspire a más o un rico baje en el escalafón social.

    Creo que en México hay un problema cultural que no les permite a los pobres avanzar, es muy cierto que a ellos se les ha educado para ser dependientes, no se les ha inculcado la cultura de la independencia y del «valerse por sí mismos». Uno de los defectos de la herencia del PRI revolucionario fué ese, a los pobres se les controlaba por medio del partido, de los sindicatos, y esa mentalidad todavía existe. A pesar de que muchos se esfuerzan por traer el pan a casa, les cuesta trabajo independizarse de todas esas «marañas» que les han inculcado.

    La pobreza en México no se va a erradicar a menos de que se implementen políticas públicas encaminadas a crear oportunidades, dar educación y sobre todo, romper el paradigma de la dependencia que tienen los menos privilegiados. También es urgente acabar con la precaria situación alimentaria, porque naturalmente una persona mal alimentada no tendrá posibilidades de sobresalir en la sociedad. No se trata de quitarle al rico para darle al pobre como algunos piensan (eso solo contiene la pobreza, pero no la elimina), se trata de que los pobres puedan ser productivos en la sociedad y que aspiren a una mejor calidad de vida.

    Los pobres son pobres porque… ¿Tu que piensas?

  • La revolución de los cuerpos

    La semana pasada hablaba, en esta misma columna, sobre la enérgica manifestación que hizo Madaí Díaz frente al Palacio Municipal de Manzanillo, para reclamar los malos tratos y despido injustificado de los que fue víctima por parte de la empresa coreana administradora de la regasificadora.

    El jueves 2 del presente mes, Díaz Rodríguez se encerró en una jaula frente al edificio público, declarándose en huelga de hambre hasta que le resolvieran sus peticiones –lo que sucedió en 7 horas– y al mediodía se cosió los labios y amenazó con cortarse las venas.

    Hubo quienes criticaron la forma en la que Madaí Díaz actuó para exigir lo que ella creía era justo, incluso el secretario de Fomento Económico, Rafael Gutiérrez, la tildó de exagerada, desestimando sus demandas, e invitando a aquellos que no estuvieran conformes con su trabajo sencillamente a renunciar sin hacer tanto escándalo, obviamente más preocupado por el posible alejamiento de las multinacionales que por el trato que éstas les brinden a las y los trabajadores colimenses.

    Pero lo que no puede negar nadie es que el actuar de Díaz Rodríguez funcionó, ya que no sólo fue reinstalada en su trabajo, sino que se convirtió en una especie de heroína para el resto de los obreros, por haber puesto encima los ojos de la opinión pública, la cual se indigna particularmente cuando los extranjeros abusan de los nacionales en su propia patria, quizás como una reminiscencia de la conquista.

    ¿Fue entonces la representación de Madaí Díaz exagerada? ¿Le habrían prestado la misma atención si lo hubiera hecho de otra forma? Me atrevería a decir que no. Tal vez el ensimismamiento por el sometimiento que tenemos a la rutina nos hace ignorar aquello que nos parece común, como se han vuelto las expresiones en pro de derechos humanos en sus distintas vertientes, como huelgas de hambre, marchas y bloqueos. La gente ya no reacciona positivamente a ellas, sino que las ignora, se molesta e incluso las insulta, ya sea interna o externamente, cuando éstas se convierten en un motivo del incumplimiento de su agenda personal.
    Se necesita, pues, hacer algo fuera de lo común, atrevido, irreverente, escandaloso, para atraer la atención de la gente y hacerla reflexionar, forzarla a tomar partido, obligarla a mirar. Inventar frases creativas y escribirlas en una pancarta ya no es suficiente para despertar a la población, se requiere algo más dramático, como romper las normas naturales de la autopreservación y coserse los labios, intervenir obras de arte público para mandar un mensaje, e incluso, ¿por qué no?, aprovechar el calor del verano para organizar un bicipaseo al desnudo.

    El sábado pasado tuvo lugar la sexta Marcha Mundial Ciclista al Desnudo, donde miles de hombres y mujeres se aligeraron las vestiduras para dar un bicipaseo atípico en ciudades alrededor de todo el mundo, como Madrid, Barcelona, Los Ángeles, Halifax, Ottawa, Londres y muchas más; en México participaron en Guadalajara, Morelia y el Distrito Federal.
    Los ciclistas y ambientalistas decidieron unirse y pasearse sin (o casi) ropa para reclamar su espacio por las calles, visibilizándose para exigir respeto al ciclista y al peatón, quienes son continuamente acosados y en ocasiones atropellados por los automóviles, los cuales se han convertido en un fuerte problema, tanto de movilidad como de contaminación atmosférica y auditiva, en prácticamente todas las ciudades del orbe (quizás con la excepción de Ámsterdam, en Holanda, donde hay más posibilidades de ser arrollado por una bicicleta que por un auto).

    Hombres y mujeres se despojaron de sus vestiduras y en su lugar decoraron sus bicicletas o sus cuerpos recurriendo al body painting, o escribiendo mensajes en sus espaldas u otras partes de su anatomía como: “¿Ahora sí me ves?”, “Andar en bici fortalece las pompis”, o “conductor, no me mates”.

    Los grupos organizadores de este movimiento en México, como Guadalajara en Bici, expresaron claramente sus objetivos en su página de internet, entre los que estaban el cuestionar la excesiva dependencia que tenemos a los combustibles fósiles; promover el uso de transportes de locomoción humana, relacionando el ejercicio a la salud; enaltecer la fuerza individual y corporal y promover el respeto al ciclista y al peatón al desnudarlos ante el tráfico.

    A pesar del gran conservadurismo que existe en nuestro país, el cual se acentúa en las provincias, las manifestaciones se realizaron en paz y con respeto, lo que animó a muchos de los participantes a irse despojando de su ropa, hasta quedar completamente desnudos, donde el cuerpo se volvió un medio de comunicación, dejando de ser un objeto de morbo, y donde lo chocante que pudiera parecer la desnudez para muchas personas, sirvió para que volcaran su atención en ellos, y aunque sea por un día hacerlos pensar en el ciclismo como una forma alternativa de locomoción, y a las autoridades a enfocarse en la bicicleta como una opción efectiva y motivarlos a crear más vías y espacios para ellos.

    Mas lo interesante de este experimento social son las acciones utilizadas para atraer la atención de los más adormilados, las cuales no sólo parecen cada vez más irreverentes, sino que además reclaman la autonomía y la propiedad de sus propios cuerpos, ya sea cosiéndose los labios o desnudándose en público, haciendo de ellos no sólo el vehículo primario de movilidad, sino también el más llamativo lienzo u objeto de intervención, que irónicamente exige derechos al mismo tiempo que los ejerce y que parece decir: “Este cuerpo es mío, y mostrarlo, mi prerrogativa”, en un significado más amplio de libertad. ¡Bienvenida la nueva revolución social!

  • Los sueños de las personas

    Cuando me refiero a los sueños de las personas, no me refiero a lo que soñamos al acostarnos en la cama. Si no a los sueños y anhelos que tenemos en vida. Paulo Coelho, que por cierto no es precisamente de mis escritores favoritos, dijo una frase que me gustó, dice así «Nunca desistas de un sueño. Sólo trata de ver las señales que te lleven a él.» Si, a eso que llamamos autorrealización. Eso que es el motor de nuestras vidas y muchas veces nos determinan, porque se percibe de una forma diferente al ser humano autorrealizado, que al ser frustrado. El primero sirve de ejemplo y al segundo no muchas personas se le acercan.

    Cumplir un sueño es difícil, porque para que un sueño valga la pena, debe de tener cierto grado de dificultad, pero a la vez debe (o debería) ser alcanzable (digo debería, porque muchas personas se plantean sueños irrealizables o utópicos). Al principio uno está motivado por lograr su sueño, pero en el recorrido se va encontrando con piedras en el camino que muchas veces lo hacen desanimarse, aunque aquí hay una diferencia: Unos se rinden, pero otros deciden cambiar de estrategia, porque para lograr las metas es cierto que no existe un único camino, sino que la persona se debe de plantear alternativas para llegar a él.

    Yo a mis 29 años tengo muchos sueños y anhelos, algunos van en el camino de ser, otros han quedado un poco estancados. También he buscado variar y tener varias alternativas. Esto de hacer algo y ser alguien en la vida es algo difícil. Uno tiene el anhelo de aportar algo a la sociedad y a uno mismo. No me quejo, tengo mi pequeño negocio, tengo mi blog, tengo mis proyectos, pero pues quisiera realmente que todo esto fructificara y se consolidara. Estoy en la búsqueda de la independencia personal y económica y vaya que es difícil lograrlo. Existen diferentes caminos, y parece que he escogido uno de los más difíciles.

    Según Maslow, el punto culminante del ser humano es la autorrealización, es cuando el ser humano se reafirma como tal y pasa de ser algo a alguien. El que logra sus sueños logra reconocimiento, el que no, simplemente pasa a ser un don nadie, pasa a engrosar las estadísticas de la población. Yo me dí cuenta al comparar los sepelios de gente que había triunfado en sus vidas y de gente que no lo había hecho. En los dos casos iban siempre los seres queridos (familia nuclear, familia extensa, amigos cercanos), pero en el caso de la gente autorrealizada me dí cuenta de que el sepelio estaba lleno, porque aparte de los amigos y seres queridos, estaban aquellos que admiraban al fallecido, había mucha gente curiosa; en cambio en los sepelios de las personas que no lograban nada, todo se reducía a un pequeño círculo de seres queridos y amistades cercanas.

    Las religiones dicen que la vida no culmina aquí, sino que es una etapa para llegar a un mundo superior. Yo difiero, independientemente de si exista o no ese mundo superior. La vida solo es una y culmina con la muerte, y creo que la persona es más grande cuando logra trascender en ella. Un defecto que yo le veo a algunas personas religiosas (digo algunas porque no son todas) es que en la vida se quedan esperando, no luchan dentro de ella, solo buscan la salvación divina, y para mí, ese es una forma muy mediocre de ver las cosas.

    La vida está hecha de eso, de sueños y anhelos. De la búsqueda de la gloria personal y de la capacidad de compartirla con los demás. La vida no es ningún trámite, la vida es el fín del ser humano. Quien lo niegue pasará inadvertido por ella. Y para mí, ese tipo de gente no debería merecer la gloria eterna.

     

  • Descanse en paz la risa mexicana

    risa mexicanaDecía el sociólogo Peter Berger que lo cómico construye mundos interpretativos diferentes en los que la condición humana supera sus propios límites. Lo cómico dibujado y vehiculizado por medio del humor, conforma una capacidad de burlarse de uno mismo y/o de las circunstancias. Durante muchos años, los mexicanos hemos construido un espacio de humor político que nos permite hacer que las desgracias de las acciones políticas sean menos dolorosas o bien, que las corruptelas y la impunidad con la que actúan quienes están en espacios de poder, puedan ser sobrellevadas. Si pasábamos por devaluaciones y crisis económicas, compartíamos el doloroso camino de sobrellevarlas con un chiste, con una burla, una sátira.

    Burlarnos del poder político, era la única forma de tener un espacio de redención. Escuchar casos de corrupción e impunidad política nos activaba en la sorpresa y la molestia, ante lo cual, la solución inmediata era reír y ser sarcástico; enfrentar nuestra fatalidad con humor y contar un chiste. Cuando Felipe Calderón llegó a la presidencia e inició la así llamada Guerra contra el narco nuestra capacidad de reír se vio sensiblemente disminuida. A pesar de que Posadas nos enseñó a reír y a burlarnos de la muerte, la realidad del México-narco ha transformado nuestra visión de la muerte acoplándola más al dolor y al pánico que a la burla.

    La nueva realidad interpretativa de este México-narco ha generado en nuestra cualidad de redención política, una minimización de la risa como instrumento de lucha y capacidad de resistencia. Nadie puede reír por las estrategias fallidas para combatir la violencia. Las dosis de indignación ya son tantas y tan dolorosas, que hoy es imposible hacer chistes y ser sarcásticos con respecto a nuestra propia fatalidad política. Si la risa y el chiste están imbricados (como dice Berger) de un sueño que anhelamos llevar a la realidad en la vida cotidiana, en este hoy del México en guerra, no hay sueño posible que nos permita reír para construir una realidad y una experiencia cotidiana diferente. Hemos aterrizado en un espacio obligado de lucha en donde la risa ha dejado de ser colectiva (a través de un chiste, por ejemplo) y se vuelve individual. Hemos dejado de reír sobre los “problemas serios” porque el ecosistema de violencia y muerte en el que convivimos todos los días, nos ha obligado a callar y a tener miedo, angustia y dolor; y nadie, puede reír cuando teme, cuando se llora tanto, cuando se suple la risa por el silencio.

    La nueva composición estética del dolor y de la violencia desdibuja nuestras sonrisas. Lo subversivo de un chiste político se suple por una frase de indignación y hartazgo. Estar “hasta la madre” de las dimensiones simbólicas y reales de la violencia en la que vivimos ha dejado de ser jocoso y hoy, solo es una sensación de dolor permanente. Hemos perdido nuestros interludios de risa y animosidad. Lo cotidiano ha dejado de estar enlazado con lo mundano y hoy, todo lo que vivimos en este país ha dejado de ser tan musical como la risa. En las narcofosas y las calles ensangrentadas descansa en paz nuestra tranquilidad y también nuestra risa. En este país, las instituciones nos han ofrecido ya demasiadas razones para indignarnos, muy pocas razones para reír. Nuestras autoridades, deberían de estar preocupadas por este hecho, sobre todo porque si una sociedad no ríe, la paciencia disminuye y el enojo se vuelve potente.

    Fuente Original

  • Liberales, Ateos y Fieles. Más inteligentes.

    “La paranoia ayuda a la vida, y si los humanos son paranoicos, se vuelven más religiosos y ven las manos de Dios en todas partes”, asegura el investigador.

    Me vino a la mente si los liberales eran más inteligentes cuando ví que un regidor de Navolato quería prohibir las minifaldas para evitar los embarazos prematuros. ¡Que semejante estupidez!, yo me acostaría con una mujer esté vestida como esté vestida, hasta se me haría más sensual desabrochar la chaqueta de la mujer poco a poco a tenerla con poca ropa desde un principio. De verdad que en algunos círculos del conservadurismo parece que lo que hace más falta es la inteligencia, parece que actúan bajo los impulsos de las emociones y no de la razón (tal vez porque es más difícil). Pero bueno, resulta que la CNN publicó un estudio donde se reveló que los liberales, ateos y fieles son más inteligentes. Este estudio fué realizado por la Escuela Londinense de Ciencia Económica y Política, allá en Inglaterra.

    Empecemos con la cuestión de la religión. En un principio no hay que generalizar porque yo he conocido religiosos muy inteligentes y estudiados, pero pues es la cruda realidad. El promedio de este estudio arrojó que los ateos tenían un 103 de IQ en promedio y los religiosos de un 97. Si me he fijado que muchos de los que creen en una religión lo hacen por tener que creer en algo, y los que son ateos suelen cuestionarse más las «cosas de la vida». También hay que entender que la religión está parte basadas en dogmas (verdades ya dichas) y los ateos se esfuerzan torturan mentalmente para llegar a una verdad a la que tal vez nunca van a llegar. Por eso tal vez los ateos son más racionales y tienden a tener el IQ más elevado. El profesor Bailey, quien es uno de los realizadores del estudio afirmó «El ateísmo “permite cuestionar y especular sobre la vida sin preocuparse por los dogmas de una religión”.

    Seguimos con la cuestión de liberales y conservadores. Ahí también se reveló que el IQ de los liberales es más alto que el de los conservadores (105 los liberales, 96 los conservadores), y de hecho son más generosos. Los liberales suelen preocuparse más por personas totalmente ajenas a ellos, mientras que los conservadores sólo muestran preocupación por quienes les son afines. La preocupación de los conservadores por sus seres más cercanos encaja también con la necesidad de mantenerse a salvo, en contraste con la tendencia de los liberales por aventurarse hacia lo desconocido. Totalmente de acuerdo, he visto que los conservadores son más reacios a debatir que los liberales sobre ciertos temas, porque para los conservadores, todo ya está escrito y explicado. Yo no comulgo con toda la ideología liberal, pero estoy de acuerdo en que el debate y la reflexión es necesaria para decidir por donde encaminar a la sociedad. Se reafirma este estudio al ver algun otro panista trasnochado (véase Emilio González, Gobernador de Jalisco) o a los del Tea Party, quienes no creo que muestren un alto nivel de Inteligencia.

    Ahora vamos con lo de la monogamia, o fidelidad, o como lo quieran llamar. Esto se dá solo en los hombres, y como ya lo había dicho en otro artículo. Los hombres inteligentes son menos propensos a ser infieles porque pueden reconocer las ventajas que les proporciona una relación exclusiva. Yo ya había escuchado por medio de otras voces, que las personas que suelen engañar a sus parejas suelen no ser muy inteligentes. Todos ellos a los que les gusta la juerga, y andar acostándose con otras mujeres, pues en realidad no son muy inteligentes. Aunque según los evolucionistas, la monogamia va en contra de su deber evolutivo, que les indica que deben de esparcir su semilla con varias parejas. Y parece que en occidente no seguimos nuestro deber evolutivo porque los que son infieles usan algo que se llama condón. A la mayoría de los infieles no les gustaría tener varios hijos a los cuales mantener y por lo cual se protegen. No siempre con éxito, claro.

    Pero bueno. ¿De que sirve ser inteligente?. Así como la escasa inteligencia es una anormalidad, el ser muy inteligente también lo es, y no siempre suele ser una ventaja, de hecho a veces trae complicaciones como problemas de adaptación ante una sociedad que no es «tan inteligente» como la persona en cuestión. Los ateos son una minoría, los liberales no tanto pero también lo son, y los fieles, pues según estudios revelados, la mitad de las personas son fieles. La inteligencia no garantiza la felicidad, por el contrario, en algunos casos puede ser un estorbo para tener una vida plena.