Categoría: reflexión

  • El Grito

    Grito de IndependenciaEn Twitter aparecía como trend topic #gritosmexicanos en alusión al Grito de Independencia que se llevara acabo en el Zócalo. Muchos hablaban de los peculiares gritos mexicanos que tiene que ver con nuestra cultura e idiosincrasia: Por ejemplo, gritos como «el gaaaaas», «Ay Jalisco no te rajes», «Goya Goya», «puuuuuto (al portero del equipo contrario», el novedoso «fuaaaaa», o algunos proponían algunos importados como el de Laura Bozo: «Que pase el desgraciado». Lo cierto es que el verdadero grito lo dará como siempre el Presidente de la República, Felipe Calderón. Nada más que ahora no habrán malogrados festejos del bicentenario ni nada por el estilo. Será un grito como el de cualquier año.

    O quizá no tanto. Estuvo apunto de tener que ser movido de lugar porque el SME no se quería retirar de la plancha del Zócalo, por lo que el gobierno tuvo que negociar. Y no solo eso, un sector de la población por medio de las redes sociales convocó a no asistir al grito para dejar al Presidente solo, como una forma de repudio a su gestión. Aunque claro, con todo y el clima de inseguridad y todo lo que le rodea, seguramente millones de mexicanos asistirán al Zócalo y a sus sucursales estatales a dar el famoso grito. Aunque muchos no sepan lo que signifique, aunque su valor histórico esté en tela de juicio.

    Como todo país, México necesita tener algun mecanismo para apelar ese sentimiento de nacionalismo, y el grito es uno de esos mecanismos (además, claro está, la selección mexicana y el excesivo respeto cuasireligioso por los símbolos patrios).  Pero es curioso nuestro nacionalismo, porque la mayoría de los mexicanos percibimos que México está mal, le encontramos los defectos por todos lados, no sentimos algo por lo que estar orgullosos como sociedad (ese orgullo se limita a los recursos naturales y tradiciones), nuestra historia, siendo sinceros no nos da mucho orgullo, porque nunca fuimos una potencia mundial o algún país que influenciara de alguna forma al mundo, más bien fuimos receptores de otras culturas más fuertes que la nuestra.

    Pero claro que teníamos rasgos culturales de los cuales sentirnos orgullosos, pero los desechamos en pos del progreso, un progreso no basado en nuestras raíces, sino en otras culturas que asimilamos como más avanzadas. En cambio el vecino del norte, Estados Unidos, sin una base cultural sólida, pero con una idea y camino claro a seguir, comenzó a construír un sentimiento de nacionalismo, que los ha hecho fuertes como sociedad. Fué una mezcla de varias culturas (eran originarios de varias partes de Europa), pero decidieron empezar desde cero. Al grado que dentro de ese nacionalismo caben diferentes razas, y nacionalidades.

    A ellos, su nacionalismo les da orgullo, a nosotros no tanto, porque asociamos a México con un centenar de problemas. A pesar de que algunos estudios digan que México es uno de los países más felices, el mexicano siente que por su condición, le tocó sufrir, batallarle, el mexicano se siente víctima: Víctima de su historia, de sus gobernantes, de la injusticia, de la inseguridad, de la violencia. El norteamericano en cambio no lo ve así, ellos ven su país como una tierra de oportunidades, son el «self made man«, a pesar de que caigan en el otro extremo de no reconocer cuando los gobernantes los engañan, o cuando las grandes corporaciones se infiltran en el gobierno para imponer su agenda de acuerdo a sus intereses en detrimento del pueblo.

    Por eso al mexicano no le queda más que arroparse en lo simbólico. Su país no le puede dar lo que quiere, pero los símbolos que lo representan le dan un cobijo para no sentirse desolado. La sociedad mexicana puede ser imperfecta, corrupta, injusta, pero el simbolismo que representa el grito o los símbolos patrios son a prueba de todo aquellos males. Por un decirlo, México es como aquella persona que ha tenido una vida traumática, difícil, pero ostenta de un buen apellido el cual maquilla todos sus males. Pero para que México progrese, se deberá enfrentar consigo mismo, así como esa persona, deberá aceptar y asimilar sus defectos históricos y perdonarse todos sus errores. México es un país traumado, y en este caso, el grito no es de independencia, porque en realidad no somos independientes del todo (somos más dependientes de nuestras propias ataduras que de las situaciones externas) más bien el grito es de frustración y de dolor.

  • Día del programador

    Soy mercadólogo, pero por azares del destino, terminé haciendo páginas web (aunque sigo también ofreciendo servicios relacionados con la mercadotecnia). Recuerdo, empecé con HTML, CSS, y luego empecé a coquetear con Javascript, en especial su librería (jQuery), y lenguajes de servidor como PHP y su respectiva base de datos MySQL. El aprender a programar me cambió la perspectiva sobre lo que son las páginas web y como funcionan. Porque desde hace 10 años el Internet ha evolucionado tanto que ha cambiado el panorama mundial. Mucha de la historia de hoy no se podría entender sin el Internet.

    A través de la programación uno puede entender que son las páginas web y como funcionan. Aprender a programar siempre lo he dicho, es como una rara mezcla entre aprender un idioma y aprender matemáticas (más bien lógica). Para que una página web se conciba como tal, se necesita una serie de comandos que le den forma a dicha página. Para alguien que no es programador, no entenderá esos comandos, así como sucede como cuando uno abre un libro de un idioma que no conoce. Para hacer un ejemplo, dale en el menú de tu navegador en «ver» y luego «código fuente de la página». Seguro no entenderás nada si no eres programador, pero es lo que nosotros hacemos para crear dichas páginas. Y lo que ves, no es necesariamente todo lo que hemos escrito, porque si la página web es dinámica (es decir, que usa un lenguaje de servidor como PHP, ASP, Phyton o Ruby on Rails) no verás lo que hemos escrito en esos lenguajes, solo su traducción al HTML, lo cual lo hace mucho más complejo.

    Todos este tipo de lenguajes, hacen equipo con los navegadores, los servidores donde están hospedados, y las empresas que proveen el servicio de Internet, para crear toda una red de información y contenidos. En un inicio la mayoría de las páginas eran estáticas y estaban creadas en HTML, pero vinieron lenguajes de programación (que si bien en su mayoría existían desde que apareció Internet, terminaron por penetrar en la red más tarde) y se crearon las páginas dinámicas. Donde por medio de una serie de comandos, el usuario final puede administrar un sitio web sin necesidad de saber programación. Un ejemplo es este blog, que es un sitio dinámico bajo un sistema llamado WordPress (el sistema de blogs más extendido a nivel mundial), y donde yo escribo sin necesidad de programar nada (claro que si tengo que utilizar programación para hacer cambios en la imagen del sitio pero ese ya es otro boleto). Las redes sociales más populares también son dinámicas, Facebook, por ej, está programado en PHP, Twitter en Ruby on Rails, Google usa varios lenguajes, en especial Phyton, etc.

    Quería hacer mención de todo esto, porque hoy es el día del programador, y creo que habría que tomarlo en cuenta, porque gracias a ellos existe Internet. Programar no es tarea fácil. Hacer una página web no es como crear un documento en Word. Se necesita aprender comandos, aprender como funcionan los lenguajes, su sintaxis, sus reglas, las cuales varían entre uno y otro, a pesar de que en la base muchos de estos lenguajes tienen atributos parecidos. Se puede crear desde una página web sencilla la cual al programador no le tome ni un día, hasta sitios tan complejos que necesitan equipos de más de 100 personas, los cuales desarrollan y actualizan dichos sitios conforme pase el tiempo. Y si, los que están detrás de las computadoras programando, generalmente no son gente conocida, son gente con un perfil relativamente bajo ante la sociedad, casi nadie sabe como se llaman los creadores de los lenguajes más populares que hacen que Internet funcione, mucho menos quienes los utilizan para crear dichos sitios. Pero gracias a ellos en Internet se ha logrado encontrar un espacio democrático donde en muchos países, la sociedad se ha organizado para manifestarse, para debatir, y para reclamar sus derechos.

  • A 10 años

    Ayer hizo 10 años que, mientras conducía mi auto al trabajo, escuché en la radio la narración de una de las peores tragedias que Estados Unidos ha sufrido desde el ataque de los japoneses a Pearl Harbor: dos aviones comerciales acababan de estrellarse contra las torres del World Trade Center. Apuré mi paso, y al llegar, observé por televisión cómo sucumbían aquellos íconos neoyorquinos, compartiendo la mirada atónita de mis compañeras y compañeros de trabajo. Las cámaras de televisión no perdonaron nada.

    Podíamos ver el pánico reflejado en los rostros de las y los espectadores, la angustia y el desconcierto por lo que estaban viviendo. Parecía irreal. Los edificios estaban ahí, aún erguidos, pero mortalmente heridos; varios pisos habían sido cercenados por el impacto de dos aviones comerciales; el primero aparentaba ser un accidente, pero el segundo dejó en claro que se trataba de un atentado terrorista. Nueva York se paralizó. La atención estaba centrada en los humeantes rascacielos y las tres mil personas que se encontraban atrapadas dentro; algunas de ellas no soportaron el calor o la idea de morir calcinadas y prefirieron lanzarse al vacío. Las imágenes parecían sacadas de una película de terror de Hollywood.

    Cincuenta y seis minutos después del primer impacto una de las torres comenzó a derrumbarse; le tomó sólo 12 segundos desmoronarse por completo. A los 102 minutos, su gemela la siguió. Un tsunami de humo y escombros persiguió a las y los espectadores que corrían ahora despavoridos para ponerse a salvo, parecía la nube piroclástica de un volcán. Después todo fue desolación, incredulidad, parálisis. Nueva York se volvió gris. Desde lejos su perfil se había modificado definitivamente, faltaban los dos rascacielos. Una nube de polvo cubría Manhattan, la cual se equiparaba a la sombra que cubría los corazones de todos los estadounidenses, quienes por primera vez se sintieron vulnerados.

    Se informó también que otro avión se había estrellado contra El Pentágono, cuyas imágenes no podían dejar de llenar de incredulidad a todo aquel que las mirara. ¿Cómo habían podido llegar tan lejos los ataques? ¿Cómo al mismo centro de inteligencia del país más poderoso del mundo? Se supo entonces de un cuarto avión secuestrado: el vuelo Q93 de United Airlines que se dirigía a Washington. Todos asumieron lo peor: la Casa Blanca.

    Más tarde se supo que dicha aeronave se había estrellado en Pensilvania, no estaba claro si se había desplomado o si la había derribado la fuerza aérea estadounidense; la verdad fue más dramática: fueron los mismos pasajeros quienes lo hicieron para evitar que se perdieran más vidas que las suyas. Un acto de heroísmo que levantaba un poco el ánimo después de los golpes recibidos. Y todo quedó grabado.

    La desmoralizadora tragedia que lastimó el corazón y la cabeza del gigante norteamericano tuvo tal trascendencia porque fue transmitida en vivo y en directo. Porque todo el mundo pudo ver el dolor que se vive en este tipo de actos inhumanos, y se sintió vulnerable, aterrado. Las guerras posteriores «contra el terror», que en realidad fueron contra Afganistán e Irak, injustificadas ambas –la segunda más que la primera–, no tuvieron un eco tan profundo porque las cadenas internacionales no interrumpieron las transmisiones para relatar el dolor que las familias afganas o iraquíes vivían. El odio que 19 secuestradores suicidas dirigidos por un grupo fundamentalista provocaron se transformó en xenofobia que árabes y latinos sufrieron por igual dentro del territorio de Estados Unidos, y fuera de éste causó la desensibilización por la masacre que se estaba llevando a cabo en nombre de la venganza.

    George W. Bush relata en sus memorias lo que sintió cuando supo del impacto del segundo avión al WTC: «Me hervía la sangre. Íbamos a encontrar a los que lo habían hecho y les íbamos a machacar (…)». ¿Pero contra quién fue la venganza? ¿A quiénes machacaron? Olvidándonos de todas las teorías de conspiración que surgieron a partir de ese funesto día, ¿se hizo justicia con la invasión a aquellas dos naciones?

    En el atentado contra las Torres Gemelas murieron un estimado de dos mil 819 personas. El total de los decesos desde el inicio de la guerra en Afganistán e Irak, según el Departamento del Trabajo de EU, oscila entre 14 mil y 34 mil. Al día de hoy han perecido en combate seis mil 26 militares estadounidenses de acuerdo al Washington Post, además de que los ataques desataron un odio y una desconfianza injusta hacia los musulmanes en general.

    Las y los practicantes del Islam –o quienes aparentaran serlo– fueron el blanco principal de la guerra contra el terror personal de muchos que decidieron tomar la venganza en sus propias manos. Hubo agresiones a personas por el único hecho de ser musulmanas –o parecerlo. Los crímenes de odio se dispararon: un Sikh fue asesinado porque se consideró que su turbante lo catalogaba como sospechoso, y un cristiano murió sólo porque era egipcio (Miller-McCune, A Spotlight on the 9/11 Anti-Muslim Backlash 2011). El Islam, sus practicantes y quienes tuvieran rasgos físicos típicos de los originarios del medio oriente o similares, se transformaron en el enemigo. La guerra contra el terror se convirtió en la guerra a lo diferente, como pasa cuando se lucha contra adversarios subjetivos.

    Tuve la oportunidad de compartir una clase en la Universidad para la Paz con varios compañeros y compañeras de religión musulmana, y encontré que deseaban la paz tanto como el resto del mundo, y que, al igual que los católicos, cuentan con fundamentalistas en sus filas que provocan que el resto del mundo les tema. A todos los recuerdo con mucho cariño y tengo la fortuna de nombrarme amiga de ellos y ellas, con quienes compartí experiencias que lograron desmitificar en mí los estereotipos que la mala prensa y mi desconocimiento habían construido, pero hay una en especial que me marcó desde el inicio. Al preguntarnos el profesor al comienzo del curso qué era lo que entendíamos por paz, Mohammed Ali, musulmán iraquí de 26 años, dijo: «Desde que yo nací he visto a mi país en guerra, para mí la paz es cuando no se escuchan balazos».

  • 11 de Septiembre de 2001

    La vida se pasa volando, no cabe duda. Conforme avanzan los años, el tiempo parece acelerar su curso. Yo recuerdo muy bien que estaba haciendo cuando ocurrieron los atentados del 11 de Septiembre. Yo tenía 19 años y estudiaba mercadotecnia. En mi universidad (UNIVA) colocaron en el auditorio unas pantallas para que el alumnado pudiera seguir los acontecimientos. Vi como se derrumbaron las míticas torres gemelas, quedé impactado. Yo sabía que el mundo iba a cambiar desde ese entonces, que era un antes y un después. Como decía un analista, el siglo XXI empezó el 11 de Septiembre del 2001.

    Y creo que el cambio fue malo. Porque en todos estos acontecimientos no hubo un ganador. Al-Qaeda está ahogándose y los E.E.U.U. están en declive; también los países donde intervinieron para instaurar la supuesta democracia no están bien, ni Afganistan ni Irak. Los ciudadanos estadounidenses también perdieron al ver como les recortaban sus libertades personales en pro de la guerra contra el terrorismo. Pero esperen, creo que pensandolo bien, si hubo ganadores, pero nada más que no les conviene hacer público su triunfo. Esas empresas estadounidenses (mayormente petroleras) que aprovecharon la guerra para extraer petroleo de Irak y enriquecerse, al tiempo que el gobierno norteamericano creaba un ambiente tenso y de terror en la población, tan intenso que no lo han logrado superar. Muchos sospecharon de un atentado terrorista en este décimo aniversario y fuentes oficiales se atrevieron asegurar que unos paquistaníes y un estadounidense estaban preparando un atentado. También unos hackers tuvieron acceso a la cuenta de Twitter de la NBC donde inventaron noticias las cuales afirmaban que un avión se había estrellado contra la Zona Cero, lo que causó el pánico de la población.

    En los años 80’s en Estados Unidos bajo la batuta de Reagan, se implementaron políticas económicas que beneficiaron a los ricos y degradaron las condiciones de la clase media y trabajadora. En la primera década del siglo XXI, bajo el gobierno de George W Bush los corporativos se volvieron a beneficiar, y las clases medias estadounidenses vieron degradados sus derechos, muchos sin que se dieran cuenta. Todo esto bajo un partido republicano que apeló a un nacionalismo asfixiante para que el estadounidense común no se diera cuenta de lo que estaba sucediendo. Pero los que estabamos afuera lo vimos, vimos como mientras unas pocas empresas con influencia en el gobierno se hacían millonarias, dejaban al país caer en declive, entrar en una guerra innecesaria que ni siquiera trajo una aceleración económica (dado que las guerras generalmente tienen beneficios económicos a los países vencedores), sino todo lo contrario. Estados Unidos cayó en una recesión económica nunca antes vista desde 1929 y arrastró a casi todo el mundo. Pero claro, las grandes corporaciones estadounidenses como Goldman Sachs vieron aumentar sus ingresos. Estas mismas en contra del neoliberalismo que durante décadas promovieron, solicitaron la «ayuda del estado» para ser rescatadas, por medio de los impuestos de los ciudadanos.

    Por eso no es gratis que algunas personas se atrevan a creer que el gobierno estadounidense perpetró el ataque contra las torres gemelas como pretexto para entrar en guerra contra Afganistan e Irak. Si bien esa teoría no se puede comprobar, si hay indicios de corrupción y de comportamientos por parte del gobierno que van en contra de los ideales democráticos que pregonan, que pudieron ser uno de los detonantes de estos atentados. Los mismos estadounidenses apoyaron a las células árabes extremistas para combatir al comunismo, ellos hicieron grande Al-Qaeda. Tampoco es un secreto que los Bush mediante sus empresas, alguna vez hicieron negocios con los Bin Laden.

    Ahora en el 11 de Septiembre del 2011 las cosas son muy diferentes. Estados Unidos no encuentra el rumbo, aunque un caso curioso es que si bien el país norteamericano ha ayudado a la democratización del mundo recientemente (esa que tanto han prometido), no ha sido por iniciativa del gobierno. Sino por empresas de su propio país que han facilitado los medios a los ciudadanos a través del mundo para rebelarse ante tiranos o exigir mejoras. Redes sociales creadas en Estados Unidos como Facebook, Twitter, empresas como Google, Apple o RIM (Blackberry) han facilitado una especie de revolución mundial equiparable a lo sucedido en el 68.

    Y también es curioso que muchas de esas rebeliones (con excepción de Egipto y Libia), como las ocurridas en España, Inglaterra o Chile, son en alguna medida producto del declive del sistema económico promovido por los estadounidenses. Dentro del país norteamericano hay cada vez más críticos de su sistema económico y de la intervención extranjera. Todo esto es producto de un país que se empezó a enviciar, que quiso ejercer su poder sobre el mundo, pero no tomaron en cuenta que algún día tenían que pagar la factura. Tal vez en algún momento, la guerra contra el comunismo fue legítima, pero muchas veces las formas no lo fueron, y eso provocó que el «paquete» se les viniera encima. Se crearon nuevos enemigos. Y no solo eso, el prestigio como nación en el exterior se ha deteriorado.

    Hoy, exáctamente a 10 años vivimos en un mundo muy diferente. En el 2000 las condiciones globales y macroeconómicas eran estables y había un sentimiento de esperanza, en México también lo había con el cambio y la alternancia. Pero a partir del 2001, a todo el mundo nos tocó vivir momentos oscuros que terminaron tocando su punto más bajo en la crisis del 2008, pero parece que la sociedad empieza a despertar. Parece que son más los que han entendido que la democracia es no solo tachar una papeleta, sino participar activamente en el quehacer público. En México tal vez el problema de la inseguridad (y el debate que esto provoca) opaca el surgimiento de una democracia ciudadana, pero si está surgiendo, mediante asociaciones civiles, ciudadanos que se manifiestan. Si, estamos en un momento difícil, pero parece que hay una luz en el camino.

     

  • Saturado de Felipe Calderón.

    Les cuento, hace 3 días (a partir del día que escribo este artículo) había recibido una requisición del SAT porque no había declarado el IEPS, un impuesto que no debería declarar, pero que por un error de Hacienda me lo metieron en mi lista de obligaciones (de hecho tengo pleito con ellos porque ha sido engorroso el trámite para aclararles que por mi giro yo no debo de declarar dicho impuesto. Bueno, sucede que cuando te llega una requisición por una omisión de declaración corresponde una multa de mínimo 8,000 pesos. Dicha multa la puedes evitar si presentas la declaración el mismo día en que te llegó dicha requisición. Y eso hice, declaré el IEPS en ceros para no tener ningún problema. Pero dos días después me llega una carta del SAT. Mi primera sensación fue de susto, de que tuviera una irregularidad y me hubiera llegado una multa. Pero oh sorpresa, cuando abro la carta veo que se trata de todo lo contrario.

    La carta era una felicitación por parte de Felipe Calderón por haber cumplido con mi declaración anual, el presidente me tutea: Te felicito por presentar en tiempo y forma tu Declaración Anual ante el SAT. Gracias por ser un contribuyente cumplido. Después de eso, la carta está llena de demagogia y de proselitismo político. Dice que ha simplificado el procedimiento para presentar la declaración anual (pero no dice que ha complicado los demás trámites como las declaraciones mensuales, y el IETU, además de que la programación de la página es un asco, solo funciona en Internet Explorer). Dice que gracias al cumplimiento de mis obligaciones, estamos construyendo un México más fuerte, habla de sus obras, proyectos como Oportunides o el Seguro Popular que se sustentan gracias a nuestros impuestos. Después de terminar con su discursito, me manda un saludo y firma la carta. Obviamente es una carta automatizada la cual se envía a todos los contribuyentes, pero los del SAT ni siquiera se molestaron en revisar bien mi nombre porque lo escribieron con faltas de ortografía.

    Me pregunto ¿Para qué me mandan esta carta desde Los Pinos?. ¿Qué el Presidente que me va a simpatizar más por haberme felicitado y por haberme tuteado?. A mí lo que me provoca es hastío y una enorme saturación. Porque de cara a las elecciones del 2012 por alguna razón Felipe Calderón se está haciendo mucho proselitismo, no solo con su informe que fue opacado por los recientes hechos violentos, sino con sus Talk Shows, y recientemente con su programa «Pregúntale al presidente». Quiere mejorar su imagen, quiere dar el aspecto de que es un mandatario democrático, con apertura a las ideas diferentes y que escucha las necesidades de la gente, aunque incluso gente que fuera de su mismo partido como Manuel Espino lo tacha de autoritario y antidemocrático.

    No solo eso, también Felipe Calderón ha aparecido practicando deportes extremos para promocionar el turismo del país. Utiliza mucho su imagen, aunque no sea una figura carismática, pero parece que solo se dirige solo a aquellos que creen en el, solo a un tercio de México que está alineado con el Presidente. Pero para la mayoría de los mexicanos, esto nos satura, nos satura escuchar los supuestos logros en contra del narcotráfico en la radio, nos satura todo. Parece que le preocupa más la forma en que la historia lo juzgará que realizar un buen mandato en el año que le queda. Obviamente parte de la apuesta es política, porque necesita mejorar su percepción ante la ciudadanía para que de esa forma, los candidatos de su partido tengan más peso político de cara a las elecciones, aunque su gallo, Ernesto Cordero, es ya un pez perdido.

    Y creo que en este sitio últimamente he hablado mucho de Felipe Calderón, y la razón es que ha dado mucho de que hablar. Espero darle un descanso al tema del Presidente y hablar de otras cosas más interesantes. Pero si, quería expresar que yo estoy saturado de Felipe Calderón.

  • Cerebro Vs Enrique Krauze

    Enrique Krauze me cae bien, no lo niego, tenemos algunos puntos ideológicos en común (otros no tanto), es un gran historiador (si no es que el mejor de México), aunque también tiene sus bemoles. Es parte del consejo de Televisa y por ende, que yo sepa, nunca ha emitido crítica alguna contra esa televisora, el dice que si lo ha hecho, pero en una rigurosa búsqueda por Internet no encontré nada. Ese compromiso con la televisora se nota en las obras históricas que ha escrito. Explica muy bien sobre lo de Tlatelolco, pero nunca menciona el nefasto papel que tuvo la televisora al censurar lo realmente ocurrido. Lo mismo en las elecciones del 88 donde el acepta que hubo un fraude (encubierto por Televisa).

    También Krauze se ha caracterizado por ser muy complaciente con el gobierno en turno (la única vez que ví criticarlo fue relativo a los festejos del Bicentenario), a pesar de que su «supuesta linea ideológica» es diferente a la del Presidente. Krauze se define como «izquierda liberal», y Calderón es de la «derecha conservadora». Es cierto, ambas ideologías están abiertas a la globalización y al mercado (aunque la linea de Krauze supone la intervención parcial del gobierno en la economía), pero en lo social, deberían tener conceptos muy diferentes sobre el quehacer político, pero parece en la práctica que para Krauze no es así.

    La crítica que vengo a hacer ahora viene de un artículo que escribió llamado concenso contra el crimen (el cual pueden consultar aquí). El dice que su artículo que no hay un «repudio generalizado contra el crimen«, pero se contradice al mostrar las cifras. Dice que hay un 83% de la población que apoya el uso del ejército. Solo el 17% lo rechaza, y no significa que ese porcentaje no repudie al crimen, sino que no creen en que se deba sacar al ejército para combatirlo. A mi punto de vista, el concenso contra el crimen que menciona Krauze, si existe en la mayoría de la población, casi todos estamos en contra de los narcotraficantes y estamos hartos de la violencia que generan. El pone el ejemplo de la ETA en España y el caso de Colombia. De como el concenso de la población en contra de ellos ayudó para minar su poder e influencia.

    Dice Krauze, que lo que no permite generar ese concenso es el rechazo a la estrategia de seguridad de Calderón. En realidad solo un pequeño porcentaje de los mexicanos la rechaza por completo. Lo que criticamos muchos de los mexicanos no son los «qués» sino los «comos», hay un repudio hacia la estrategia de Calderón porque estuvo muy mal planteada desde su origen y ese mal diseño de la estrategia provocó una escalada de violencia, la cual no hubiera ocurrido (o hubiera sido más tenue) si la hubiera planteado de otra forma. El mismo Krauze dice, que el concenso nacional contra el crimen no supone en absoluto el apoyo a la política de Calderón y menciona las discrepancias que tiene Krauze con la política de Felipe Calderón: Se puede -es mi caso- criticar el énfasis en el ángulo militar del problema. Y se debe, con mucho mayor razón, deplorar la falta de resultados en temas cruciales como el lavado de dinero, la vigilancia de las aduanas o las ligas corruptas entre el poder y el crimen.

    Dice que se critica al gobierno y que a los criminales se les deja en segundo plano, los cuales tienen sus 15 minutos de fama, se desvanecen, van a la cárcel, y muchos recobran su libertad. Que yo sepa, todos sabemos quien es el JJ, La Barbie, o los Beltran Leyva; y también conocemos a narcos a los cuales no se ha tocado como el Chapo Guzmán. Todos sabemos quienes son los Zetas, conocemos su poder y su falta de escrúpulos, conocemos a La Familia (ahora templarios). Si algunos de los criminales recobran su libertad, es entonces responsabilidad del gobierno y de las débiles instituciones que permite que terminen fuera de prisión. Hay un concenso generalizado en que todos los queremos tras las rejas, e incluso muchos piden la pena de muerte.

    Es cierto, que cuando ocurre una tragedia relacionada con el narcotráfico normalmente los ojos de la población apuntan al gobierno y no a los criminales. Sucede por lo mismo, la gente ve estos atentados como resultado de una estrategia fallida en contra del narcotráfico. La población podrá condenar a los maleantes, pero sabe que ellos seguirán con su mismo propósito mientras las condiciones sigan igual. El que tiene el poder de cambiar las circunstancias del juego es el gobierno, y si a 5 años de haber iniciado una guerra contra el narcotráfico las cosas están saliendo así, es porque necesariamente se necesita replantear la estrategia. En este caso yo estoy de acuerdo con que la población recrimine al gobierno, por su capacidad de cambiar las cosas, porque él es el que tiene el poder para regresar la paz, habrán muchas teorías entre los ciudadanos, muchas discrepancias, pero lo que exigen al gobierno es la paz.

    Cita Krauze a Sicilia donde dicen: «Los delincuentes también son víctimas», aquí le tomo la palabra a Krauze y creo que Sicilia si peca de ingenuo. Yo creo que los delincuentes fueron víctimas hasta que decidieron transformarse en delincuentes, pasaron de ser de víctimas a victimarios, las personas tienen la decisión de pasarse al otro bando. Pero Sicilia tiene mucha razón al decir que hay que analizar el tejido social y ver porque los niños crecieron y se volvieron así. Ahí está el punto neurálgico, lo que se tuvo que combatir primero para evitar el engrosamiento de personas a las filas del narco. Eso Calderón no lo tomó en cuenta y por eso los resultados están como están.

    Sicilia hace una correlación entre pobreza y crimen, Krauze nos dice que esta correlación está basada en la teología moral católica, que llega a atenuar la gravedad del crimen mediante la comprensión de sus causas y determinaciones. Hay una correlación entre pobreza y crimen, la cual dice Krauze que es falsa, que hay narcotraficantes con estudios (los cuales en realidad terminan importando poco cuando hay falta de oportunidades). Yo creo que aquí no les doy la razón ni a Sicilia ni a Krauze, la correlación correcta sería entre desigualdad y crimen. Un ejemplo es si comparamos a Cuba con Brasil. Cuba es pobre pero es igualitaria y sus índices de criminalidad son bajos, Brasil es un país más rico que Cuba pero es muy desigual y los índices de criminalidad son altos. Lo mismo sucede si comparamos a Estados Unidos (más desigual) con varios países europeos (menos desigual).

    Es cierto que no nos podemos esperar a tener altos índices de educación y riqueza (yo le agregaría una mejor distribución de la riqueza). El problema ya esta ahí y hay que tomar medidas correctivas, no se puede negociar con los cárteles ni rendirse ante el narcotráfico. Pero también se necesita un cambio de estrategia. Krauze sugirió algunos puntos como el lavado de dinero y la seguridad en las aduanas. Pero hay que implementar desde ya las medidas preventivas para que cuando se empiecen a debilitar los cárteles, exista la menos gente posible que pueda engrosar sus filas.

    Es cierto, todo el estado tiene el deber de ejercer en un marco de la legalidad, la violencia para proteger al pueblo. Pero esta debe de ir acompañada de otras medidas. En una guerra contra otro país bastará con usar la violencia, pero cuando el problema es interno, se debe paliar el origen de raiz que provoca dicho problema. Y creo que ahí Calderón se equivocó. Antes de utilizar los métodos violentos, debió utilizar los «no violentos» para debilitar al crimen. Utilizando los sistemas de inteligencia, rastreando lavado de dinero, reduciendo la corrupción en las instituciones, y comenzar a recomponer el tejido social, para que así cuando se utilicen los métodos violentos, el crimen organizado esté debilitado, pero Calderón hizo las cosas al revés y están las consecuencias. Ahora que quiere meter una reforma sobre el lavado de dinero, queda parada por intereses políticos, cuando antes del 2009 hubiera podido pasar.

    El combate al crimen ya no se puede postergar porque ya «se metió la pata» y ya salieron las cucarachas. Los errores de Calderón durante 5 años trajeron esta escalada de violencia, pero puede recomponer el barco. Claro, los resultados tardarán en llegar, pero no existe otra alternativa. Para generar más concenso el presidente debería de ganar legitimidad, recordemos que el 49% de la población cree que ganó las elecciones por medio de unas elecciones fraudulentas y si decidiera recontar todas las boletas (en caso de que si haya sido el ganador) ganaría más legitimidad por parte de la población. Pero creo que ya es demasiado tarde  sabiendo que solo falta un año para que deje el poder. Creo que lo que más puede hacer es enderezar el barco y replantear la estrategia lo más que pueda a su alcance, para que el siguiente mandatario siga con ella.

    Krauze ignora o no menciona otro punto. El fenómeno del narcotráfico se debe a que el consumidor es Estados Unidos, mientras ellos no reduzcan el consumo, el narcotráfico difícilmente dejará de existir. El problema es muy complejo, tan complejo que no solo se puede solucionar por medio de la violencia, se necesitan otros métodos y es importante empezarlos a usar ya.

    El concenso creo que existe, pero es necesario que el gobierno nos demuestre que va por el camino correcto para que esto se fortalezca. Y yo también pienso que la sociedad se unirá cada vez más en contra del narcotráfico. Las autoridades tienen la palabra.

     

  • México Feliz

    SI bien la felicidad como tal es difícil de clasificar, puesto que es un estado de ánimo y por lo tanto algo intangible, algunas asociaciones como Happy Planet lo han intentado para poder medir los niveles de satisfacción de y entre las naciones. Happy Planet toma como base una pregunta, donde la gente responde sobre su grado de satisfacción personal en los últimos días, en la cual los mexicanos han respondido positivamente, ubicando a México en el lugar 18 entre los países más felices del mundo, donde nuestra calificación baja por el escaso cuidado al medio ambiente.

    Por su parte, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (sic) (OCDE), en su índice para una vida mejor, toma en cuenta 11 factores para hacer su evaluación, los cuales son: vivienda, ingresos, empleos, comunidad, educación, medio ambiente, gobierno, salud, satisfacción de vida, seguridad y equilibrio entre lo laboral y la vida.
Los resultados que arroja esta última institución, aunque se reconoce el progreso que México ha tenido en la última década, señalan la baja calificación que nuestro país tiene en comparación con la mayoría de los demás Estados miembros, aunque el nivel de satisfacción personal está cerca del promedio que manejan. En sí, el único factor en el cual México está por encima de la media en comparación al resto de los países miembros es en el de contaminantes en el aire que puedan entrar a los pulmones y dañarlos, siendo éste de 33 microgramos por centímetro cúbico, mucho más alto que el encontrado en la mayoría de las demás naciones evaluadas.

    Sin embargo, es curioso analizar que a pesar de que México está como reprobado en 10 de los 11 calificadores, el nivel de satisfacción (el único que se acerca al promedio manejado) de los mexicanos sea positivo.

    De los datos arrojados más alarmantes se encuentra el de gobierno, que revela que sólo el 38 por ciento de los mexicanos dijo confiar en las instituciones políticas, lo que constituye el indicador más bajo en los estándares de la OCDE. El otro apartado donde nuestro país rompe récord es en el de seguridad personal, donde se evalúa el riesgo de ser asaltado físicamente, o ser víctima de otro tipo de crímenes. En México, el 15 por ciento reporta haber sufrido un asalto en los últimos 12 meses, mucho más alto que el 4 por ciento que maneja como media la OCDE, y el más elevado en los niveles que registra la organización.

    En el balance entre el trabajo y la vida, se reveló que los mexicanos laboran mil 857 horas al año, 118 horas más que el promedio manejado de mil 739 horas, lo que indica que la gente tiene menos tiempo para convivir con su familia, relajarse, con lo que se incrementa el estrés y declina la salud personal.

    En educación, sólo el 40 por ciento de la gente comprendida entre los 25 a los 34 años ha terminado la preparatoria, lo que convierte a este país como uno de los peores para preparar a sus jóvenes adultos en nivel preparatoria. Por otro lado, en el Programa de Evaluación para Estudiantes Internacionales (PEEI o PISA, por sus siglas en inglés), que determina si los alumnos poseen las herramientas y conocimientos para participar en la sociedad moderna, reveló en 2009 que el estudiantado mexicano había obtenido 425 de 600 en habilidades de lectura, lo que constituye el grado más bajo del PISA. Otros resultados han demostrado que el 50 por ciento de los jóvenes de 15 años están por debajo del nivel básico de aptitudes y conocimiento.

    En todos los otros indicadores México no cumple con los estándares de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, sin embargo, el 78 por ciento de la ciudadanía dijo tener como promedio más experiencias positivas que negativas en un día, indicador mucho más alto de lo que se percibe en los demás países evaluados, lo que hace del país azteca uno de los más felices de los miembros de la OCDE.

    Siempre he creído que un país se distingue por su gente y lo que ésta produce: cultura, obras de arte, adelantos tecnológicos y científicos, etc., pero también por la calidad de vida que pueda proporcionarle a sus habitantes, y no por su nivel de sobrevivencia.

    No se trata de ser el más rico o el que más produce, sino contar con una menor pobreza y disparidad económica, lograr satisfacer los requerimientos de empleo a la mayor cantidad de personas, y tener un salario mínimo decoroso para llevar una vida digna. El dinero no lo es todo, es cierto, pero ayuda mucho.

    El no ser capaz de satisfacer las necesidades básicas provoca la desilusión de saber que el salario mínimo alcanza apenas para sobrevivir, y a veces ni siquiera para eso. La conciencia de que una vida ardua de trabajo será quizás suficiente sólo para mantener a las y los hijos hasta que éstos tengan la edad conveniente para buscarse el pan individualmente, mientras se observa desde el otro lado de la acera a las y los más privilegiados pasearse en los autos que jamás se llegarán a tener, no es un aliciente para ser felices.

    La razón por la que mucha de nuestra población ha migrado a los Estados Unidos es para buscar ese derecho a la felicidad que está escrita en la propia Constitución de ese país, y que el nuestro falló en darles, para poder satisfacer las necesidades mínimas personales y de sus familias, para huir de la violencia que atenaza nuestra sociedad, o para garantizar que su descendencia no la sufra.

    No es para mí clara entonces la relación felicidad-nivel de vida que se maneja en estos índices. No es congruente con los demás resultados, a menos que en realidad las y los mexicanos nos hayamos resignado a vivir por debajo de la mediocridad, pues ni siquiera cumplimos con el promedio de los demás países socios de la multicitada organización.

    En la víspera del regreso a clases, después de los números que tanto el índice para una vida mejor del OCDE y el PEEI arrojan, me preocupa que las y los mexicanos estemos siendo adoctrinados para no darnos cuenta de las diferentes enfermedades que acosan a nuestra nación, las cuales pueden ser enumeradas en los 11 indicadores descritos párrafos arriba, lo cual puede ser en beneficio de unos cuantos que han secuestrado nuestro sistema educativo y mantienen a México como un país productor de mano de obra barata.

    El engaño que sufrimos es tanto que un 81 por ciento de los mexicanos cree pertenecer a la clase media, cuando sólo el 32 por ciento lo hace, según el área de Estudios Sindicados de la firma especializada en estudios de mercado De la Riva Group, esto quiere decir que sus ingresos familiares son menores a 13 mil 500 pesos mensuales, lo que los coloca por debajo de esta categoría.

    Engañarnos para creer que no vivimos esta realidad, o que nuestro país (o estado, que por ahí se empieza) se encuentra en el camino correcto para llevarnos a un mejor nivel de vida podrá crear el espejismo de que todo está bien, y congraciarnos con quienes les conviene que esa mentira se mantenga, pero eso no cambia nuestra calidad de vida ni mejora el futuro de México en ningún sentido, sólo genera un panorama desolado y oscuro para los que seguirán después de nosotros.

  • ¿Cómo parar la violencia en México?

    México se está volviendo un país cada vez más violento. Es cierto, en Latinoamérica existen otras entidades más violentas. Según la BBC mientras en México hay 15 homicidos por cada 100,000 habitantes, en Brasil hay 21, en Colombia hay 34, y en Venezuela hay 57. El caso de Venezuela es extraño, porque si bien, se cree que la violencia aumenta con la desigualdad, según la CEPAL Venezuela ha logrado reducir la desigualdad y la pobreza en el mandato de Hugo Chávez, pero la violencia se ha disparado. Si comparamos a Estados Unidos (más desigual) con los países Europeos (más igualitarios), o bien países como Brasil con Cuba, la teoría de que la violencia aumenta con la desigualdad es cierta. Pero Venezuela es un caso excepcional, desde luego hay otras variantes, cómo un estado de derecho: La presencia de cierto número de policías, la educación, y otros factores, tal vez sea el caso de Venezela, no lo sabemos. Tampoco sé que certeras sean las cifras de CEPAL, las cuales son similares a las del gobierno venezolano. Pero hay que tomar en cuenta que CEPAL a pesar de ser una dependencia de la ONU, siempre ha tenido una marcada ideología socialista (un claro ejemplo es que Alejandro Encinas tuvo un buen puesto en dicha organización) y puede haber un sesgo a favor de el gobierno de Chávez, como igual lo puede haber en contra cuando hablamos del FMI o el Banco Mundial.

    Pero ahora vamos a lo que nos atañe. México. No, México no es el país más violento, pero ciertas características hacen que parezca que sea eso. En países como Venezuela o Brasil, los homicidios son más de «tipo común» (asaltos, pleitos entre pandillas), en cambio en México con el fenómeno del narcotráfico la estela que deja la violencia es más visible, porque hablamos de decapitados, descuartizados, balaceras afuera de los estadios, granadas, bombas, y eso desde luego provoca el pánico en la gente. A pesar de no ser el país más violento, la violencia continúa aumentando a pesar de los constantes esfuerzos que ha hecho el gobierno para acabar con los cárteles del narco.

    Tal vez ahí estaría un error, en que el gobierno se ha focalizado en acabar con los cárteles y no con la violencia que estos generan. No se trata de sentarse a negociar con los cárteles como algunos proponen, sería un tremendo error, más cuando tenemos el ejemplo de lo sucedido en Colombia. Cuando el ex-presidente Pastrana decidió negociar con ellos, los cárteles colombianos hicieron lo que quisieron y la violencia aumentó. Se trata mas bien de cambiar la estrategia con que se les combate orillándolos a que dejen el uso de la violencia y que no penetren dentro del aparato político. Lamentablemente la «desaparición» de los cárteles es una tarea casi imposible, porque mientras exista mercado potencial (que se encuentra en Estados Unidos) y existan condiciones socioeconómicas que orillen a la gente a enrolarse al narco, el problema no va a desaparecer. Se debe de ir al fondo del problema, desde las cuentas bancarias de los narcotraficantes, hasta la reconstrucción del tejido social, el trabajo será arduo y durará mucho tiempo. Porque México tiene que crecer económicamente y en base a ese crecimiento lograr un mejor reparto de riqueza para desincentivar que más personas se conviertan en narcotraficantes o delincuentes. Tiene haber mayor justicia social, más oportunidades de empleo y de crear riqueza por parte de la sociedad.

    Muchos hablan del éxito de Colombia donde el narcotráfico se ha debilitado. Pero hay que ponernos a analizar bien. Mientras las autoridades colombianas (con ayuda de Estados Unidos) acababan con líderes del narco como Pablo Escobar, en México comenzaron a surgir los Chapo Guzmán, los Beltrán Leyva. Es decir, el mercado meta (que se encuentra en Estados Unidos) no cambió, si no que los proveedores cambiaron de manos, Colombia le pasó «la bolita» a México, quien se convirtió en el principal proveedor de estupefacientes a los Estados Unidos. Para acabar con el narcotráfico ¿deberíamos pasarle la bolita a otro país?. No creo, más siendo México vecino de los Estados Unidos. Los norteamericanos naturalmente se van a cuidar para que el problema del narco no cruce la frontera, por eso a veces se hacen de la vista gorda.

    Lo que nos tiene que preocupar no es si existe narco o no. Si los cárteles de la droga se dedicaran solo a traficar droga a Estados Unidos, sin la necesidad de violentar a la sociedad, de matar, de descuartizar o de penetrar en las áreas del gobierno, no tendríamos que estar preocupados, porque si bien el fenómeno del narcotráfico se da aquí, los que lo padecen son los norteamericanos, que son los que consumen los estupefacientes. y ellos son los que deberían en este caso implementar medidas para que la droga no pase.

    Y reitero, no se trata de negociar con ellos, sino limitarlos, acabar con cualquier tipo de violencia que estos generen. Esta claro, que el narcotráfico debe de estar penalizado, pero no fue una decisión correcta la de llevar una guerra frontal en contra de ellos. Estamos pagando la mala decisión de Felipe Calderón, balaceras afuera de un estadio, granadazos en un casino, muertos civiles, daños colaterales. Muchos dicen que es el precio que se tiene que pagar. Pero me pregunto, ¿hay señales de que esta guerra, ya no que si se este ganando, que esté dando pasos al frente?.

    La estrategia se debe de cambiar, Colombia no solo bajó sus niveles de inseguridad por las acciones bélicas de Álvaro Uribe, también lo hizo porque en ciudades como Medellin, gente como Sergio Fajardo se dedicó a reconstruír el tejido social, a invertir en escuelas, en mejorar las colonias. Medellín antes era una ciudad a la que no se podía entrar, y ahora si bien tampoco podemos presumir que es la ciudad más segura de Latinoamérica, ya no se corren los riesgos que se corrían antes.

    Quien definirá si el narcotráfico sigue existiendo o no en México es Estados Unidos, ellos son los que han creado el mercado, y de hecho se encargaron de hacer crecer los cárteles del narcotráfico en México porque la CIA negoció con ellos a cambio de que llevaran armas ilegalmente a Nicaragua en el caso Iran-Contras. El gobierno estadounidense es responsable de si su sociedad se sigue drogando, los mexicanos no tenemos que pagar con muertos y degradación de nuestra sociedad por un problema que nosotros en parte no creamos.

    El día en que se focalicen los esfuerzos en acabar con la violencia que los narcos y delincuentes generen, comenzaremos a ver frutos, tal vez pasará algún tiempo y costará mucho esfuerzo. Pero es más redituable a combatir al narcotráfico mismo, que es como una especie de bestia al cual le salen más tentáculos cuando le mutilas uno.