Categoría: reflexión

  • Las mujeres como accesorio

    Las mujeres como accesorio

    -¡Ponte una falda larga! ¿Cómo puedes salir a la calle así? La gente te va a tratar como un objeto. -¡Una mujer no debe de hablar de política en la mesa, eso es tarea de hombres!. ¡El espacio de una mujer es la casa, una mujer puede cambiar al mundo desde su casa!, -¡Te vi, te vi, navegando en esa página de elcerebrohabla.com, eres una zorra, una puta, una cualquiera, degenerada, no tienes principios!.

    Las mujeres como accesorio

    Se me hace curioso que a una mujer le digan que no puede usar falda corta, que se tape los hombros, porque eso hará que los hombres la vean como un objeto. Caray, pero si históricamente han tratado a las mujeres como objeto, como accesorio de los hombres. Leyendo ese libro de El Espíritu de las Leyes del francesito Montesquieu ese, veo como en la mayoría de las culturas a la mujer le daban menor valor que a los hombres. La mujer ha sido sometida históricamente al hombre, posiblemente en algún momento de la historia funcionó. El hombre tenía que salir a cazar mientras la mujer se quedaba a cuidar a sus hijos. Físicamente el hombre era fuerte y la mujer más débil. El problema es que para sobrevivir en el mundo actual se necesita más cerebro que músculo, y las mujeres tienen cerebro, mucho, con la capacidad de sobresalir al igual que el hombre.

    Un hombre fuerte físicamente en épocas antiguas era signo de admiración, de supremacía. Hoy esa «ventaja» te sirve para ser modelo de comida energética, güarura de alguien importante, o atleta, pero nada más. El cerebro es tan importante que en la actualidad una persona que padece esclerosis múltiple (Stephen Hawking) puede ser un líder intelectual a nivel mundial mientras en otra época hubiera sido matado por deforme.

    Por eso no entiendo el machismo en estas épocas. Todavía en algunos sectores de la población se cree que la mujer se tiene que quedar a barrer y a trapear la casa mientras el esposo «se la raja en el trabajo». Menos entiendo como algunos países de medio oriente no han llegado siquiera al renacimiento, y siguen vistiendo a sus mujeres con un velo tan insultante que solo permite ver sus ojos, incluso países que han tratado de occidentalizar sus gustos como Irán.

    Dicen que la mujer «no debe de enseñar» porque provocan la lujuria en el hombre. Pero históricamente, con o sin ropa, los hombres han tenido fantasías sexuales con las mujeres, o han querido abusar de ellas. Incluso algunos de quienes critican a las mujeres por esta situación, son los mismos que se atreven a culpar a las mujeres por ser violadas y no a los hombres que cometieron la violación. Una forma muy útil para evitar el abuso hacia las mujeres es invitarlas a que se respeten, se valoren, y para eso es necesario dejar la cultura del machismo. En general las mujeres en la actualidad usan «poca ropa» por comodidad más que para pervertir a los hombres. Naturalmente a varias de ellas les gusta tener una buena figura y resaltarla con la ropa, pero haciendo a un lado aquellas que se dedican a la prostitución, no creo que las mujeres se vistan de tal o cual forma para pervertir a los hombres.

    Montesquieu hablaba de las religiones. Decía que la protestante se acomodaba más a la república (ahí el caso de los países europeos), la católica a la monarquía, y la mahometana a los déspotas. Se ven muchas similitudes con los estados actuales y podemos ver que el patrón del que habló hace 3 siglos sigue vigente. Pero lo que me importa aquí son los déspotas árabes, que a diferencia de los estados cristianos, no pasaron por la etapa de la  ilustración y quedaron estancados socialmente (y muchos de esos países también en el sentido económico). Los árabes pueden tener varias esposas, los hombres tienen más ventajas ante la ley, una mujer violada tiene muchos problemas para demandar al violador dado que las leyes favorecen al último. Mientras que en las entidades cristianas (protestantes y católicas) vemos un avance en materia de derechos civiles y donde la mujer tiene cada vez una participación más activa en la sociedad, en las musulmanas se les sigue tratando como objeto, como una de tantas opciones que tiene el déspota para hacerse placer en la noche.

    Triste es que a las mujeres se les vea como accesorio. Tanto la pornografía como el velo, y el sometimiento, denigran a la mujer (paradójico que quienes más condenan la pornografía son también los que someten más a la mujer). Creo que debemos superar como sociedad tabúes y mitos falaces que atentan a la humanidad.

  • Exaltación a la mediocridad

    Exaltación a la mediocridad

    En las elecciones pasadas, tenía una conversación interna. Me decía, sé que hay mexicanos, muchos, con grandes dotes para salir adelante y ¿Dónde están?. Veía a los entonces candidatos y me preguntaba como es que no tenemos algo mucho mejor que eso, los observaba y parecían ser ciudadanos comunes, mediocres, y no mucho más que eso. Incluso décadas atrás en la época del autoritarismo veíamos que muchos presidentes en su vida buscaron aparte del hueso, adquirir conocimiento y habilidades, eran ávidos lectores, estudiosos, ¿Qué está pasando? Esto no ocurre solo a nivel política, ocurre a nivel social totalmente.

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    De alguna manera, esta es una continuación de mi artículo, La Mediocracia Mexicana, pero con un matiz un tanto diferente.

    Oda a la mediocridad. El número de lectores en México bajó de 56% a 46% en México, paradójicamente en una época donde las nuevas tecnologías nos permiten adquirir a costos más bajos (o incluso gratis) libros electrónicos que pueden ser consumidas en una PC o en una tablet. La gente en búsqueda de lo fácil, de lo cortoplacista. Muchos conocidos míos buscan emprender en aquello que sea fácil y deje mucho dinero aunque sea en el corto plazo. Abundan las empresas piramidales y ofertas que te prometen mucho dinero sin hacer casi nada (claro que casi nunca cumplen). Pareciera que la gente quiere sobrevivir y no quiere esforzarse. La gente está perdiendo la cultura del esfuerzo, de la visión a largo plazo, sin pensar en que ello trae más satisfacciones que lo primero.

    Muchos me dirán -Cerebro, no mames, en mi trabajo me hacen quedar tarde y salgo a veces a las 10 de la noche-. No se trata de lo cuantitativo, se trata de lo cualitativo. A esas personas que «trabajan de más» habría que preguntarles que tan bien administran su trabajo, o si se quedan porque «tienen que cumplir». Eso no es esfuerzo, eso es masoquismo. En mi Facebook hay una campaña fuerte en contra de los lunes, cuentan cuantos días faltan para que sea viernes. Lo entiendo en quienes tienen un trabajo que no les gusta (y solo lo entiendo cuando es por necesidad y no por mediocridad), pero muchos dicen estar contentos con su trabajo, hacen lo que decían que querían hacer y están esperando el maldito viernes (y si se combina con la quincena, mejor).

    Cuando uno en la vida tiene una visión a largo plazo, cuando quiere algo, termina disfrutando su trabajo. Sí, a veces es cansado y demandante, pero esas fiestas y «saliditas» de los viernes y sábados terminan siendo lo que deberían ser: Un espacio para descansar (y sí, las salidas al bar o a bailar son una forma de descansar también) y atender otros asuntos, pero terminan siendo lo que son, una «evasión de la realidad que implica la tortura laboral».

    Parece que mucha gente no quiere progresar, la mass media premia la cultura de la mediocridad, programas de televisión con contenido mediocre que no implica el más mínimo esfuerzo mental, no leer mucho porque es de nerds, no interesarse de temas como las ciencias (naturales, sociales, astronomía bla bla) y sí aspirar a tener una vida mundana de la inmediatez. Como ese trabajo de horas extras, este espíritu mediocre provoca más desgaste en el ser humano, ve al trabajo como una tortura, su desempeño es mediocre, y como es mediocre le requiere más horas de su tiempo para sacarlo adelante.

    Que un político no sepa leer y no sepa el nombre de una de las instituciones encargadas de procurar una de sus «promesas más importantes», diga literalmente que Benito Juárez esté vivo y sea cuarentón, que no sepa siquiera hacer bien las cuentas de su presupuesto como candidato y tarde 15 años en terminar su carrera universitaria, todo eso es reflejo de la cultura de la mediocridad. Curioso que lleguen aquellos que parece nunca aspiraron a ser mejores.

    El hombre mediocre y autómata es el más promovido en la sociedad actual. Difícil es poder separarse de toda esta dinámica estandarizadora de hombres masa. Y no es fácil porque requiere esfuerzo entenderlo y separarse de ella.

     

     

  • Lance Armstrong y su éxito «fake»

    Lance Armstrong y su éxito «fake»

    Lance Armstrong y su éxito "fake"Ahora que dicen por ahí que Lance Armstrong confesó a Oprah Winfrey que sí se dopó para ganar el Tour de Francia (digo, dicen porque el programa no ha salido al aire) me pregunto que necesidad existe (excepto la económica) para hacer trampa, y lograr un triunfo que en el estricto sentido de la palabra no lo fue. Lance Armstrong gozó la gloria gracias a su éxito fake, pero toda su reputación ganada se tiró por la borda al descubrirse una verdad, la cual siempre Armstrong sabía que existían posibilidades de que saliera a flote (sobre todo por esa relación entre el ciclismo y el antidoping).

    Solo la parte económica podría explicarlo de una forma racional. Por más que le quiten todos sus títulos y los patrocinios rescindan contratos, ya ganó más dinero del que pudo haber obtenido si no hubiera ganado todos esos tours. Pero viene la otra parte, la incómoda, y es que a Armstrong se le recordará de por vida como un tramposo, un traidor, un bufón.

    Hace 8 años más o menos, la gente masa portaba sus pulseritas Nike contra el cáncer lanzadas por su organización Livestrong (el cual creó debido a que sintió lo que era tener cáncer). Esas pulseritas se vendieron tanto debido a que la gente más que ayudar a la causa al final buscó ser parte del rebaño, o buscó «ser diferente siendo igual que los demás». Pero hubo quienes se unieron a la causa de Armstrong y es que en esos momentos, el ciclista tenía autoridad moral como para convencer a la gente de sumarse a la causa. Era un «ganador» pero era humano a la vez, era exitoso pero la naturaleza era caprichosa.

    Curioso que el éxito de alguien que alguna vez fue considerado uno de los mejores deportistas del mundo, terminó siendo una trampa, un engaño. Un presidente de algún país puede hacer trampa para llegar al poder y no tener que pagar tanto debido a que como sea, obtuvo el poder. En cambio la gloria de Armstrong tiene hondas raíces en la legitimidad de sus triunfos, al ver la ilegitimidad de ellos, la gloria se pierde, termina siendo un fraude.

    Armstrong parece dispuesto a disculparse con todos, podrá resarcir un poco su imagen, pero el daño está hecho. Solo por no hacer las cosas bien pasó de la cima a la sima.

  • No es la economía, estúpido

    No es la economía, estúpido

    Mucha gente se pregunta ¿Por qué México no sale adelante? o al menos como debería. Alguna vez comenté que los mexicanos somos un poco fatalistas en nuestra percepción sobre lo que ocurre en el país, donde en todo momento, la frase preferida del mexicano es: -La situación está difícil-, ya sea en momentos de crisis o prosperidad. Pero también es cierto que desde hace mucho tiempo el país no ha tenido un despegue importante e históricamente siempre nos hemos quedado «a medias», en un país que no puede ser comparado con Bolivia, Ecuador o Nicaragua; pero tampoco con Estados Unidos o Noruega.

    No es la economía, estúpido

    ¡No es la economía, estúpido!, México ha transitado por varios regímenes económicos a través de su historia, y siempre se busca aquí la respuesta a todos los males, que la intervención del estado echó todo a perder, que fue el neoliberalismo, el despilfarro, una macroeconomía sana que no se refleja en la microeconomía, dicen. El problema es que se sigue buscando la respuesta, tal cual tecnócrata, en términos puramente económicos, y dentro de este análisis a veces parecen quedar los factores sociales a un lado.

    El cómo se conforman las estructuras sociales en el país, me parece que tiene que ver con nuestros rasgos culturales e idiosincrasia heredada de nuestros ancestros. Curioso es, cómo en cualquier régimen económico, pareciera emularse ese sistema vertical, donde existía una nobleza y un monarca. Así lo fue en esa época cuando el gobierno creó todas esas instituciones para procurar el bienestar de la población, la relación gobierno-gobernado fue totalmente vertical, tal cual monarquía. El presidente típico del ese PRI parecía ser algo así como un rey, un monarca con algunos rasgos de déspota, los cotos de poder eran verticales y rígidos. Ahora en tiempos donde se promueve la propiedad privada y el libre mercado, esta idiosincrasia se adapta a esa realidad. Los líderes sindicales la hacen de monarcas, los gobernadores son unos pequeños déspotas, y algunas empresas privadas que más que acercarse al libre mercado se acercan a las prácticas monopólicas pareciendo emular la nobleza, o rey absoluto del mundo incluso.

    Los progresos que se han visto frente a este problema no sólo tienen que ver con lo económico, más bien tienen que ver con lo cultural. En un mundo globalizado donde el mexicano empieza asimilar otros sistemas de pensamiento, sobre todo aquellos que percibe que funcionan bien. Esta apertura es benéfica porque el mexicano podrá entender aquellos rasgos de otros pueblos que funcionan, tropicalizarlos, adaptarlos, y a la vez mantener aquellos rasgos propios que si funcionan. Más que cartillas morales como afirmaba algún candidato (porque un cambio cultural debería ser promovido y no impuesto), la comparación con otros tipos de cultura para hacer un análisis de lo que funciona y lo que no, nos podría ayudar a ir mejorando esos rasgos que en algún momento significaron un lastre.

    En este siglo XXI se habla mucho de reformas económicas, las cuales se pueden discutir, pero se sigue pensando en que la economía es la solución a todos los problemas, que una reforma fiscal por sí sola cambiará el destino de nuestra sociedad. Algo así como si le diéramos dinero a una persona que arrastra problemas fuertes de autoestima en toda su vida para que lo invierta y de esta forma se haga exitoso y querido por todos.

    Insisto yo en que el desapego de la cultura ancestral del tlatoani, del régimen rígido, paternalista, podrá traernos muchos beneficios, naturalmente el cambio solo puede ser gradual y este consiste en modificar la forma en que se educa a la gente, lo cual se puede hacer solo con las nuevas generaciones, y no con las viejas que ya tienen un patrón de comportamiento establecido.

  • Más frío hace ¿Más desarrollo humano?

    Más frío hace ¿Más desarrollo humano?

    Para explicar por qué ciertos países o ciertos estados son más desarrollados que otros, tendríamos que hacer un gran análisis que abarca historia mundial, cultura, antropología, y muchas otras cosas más. Pero siempre me ha picado la curiosidad de que tanto influye el clima en este sentido, y al leer el Espíritu de las Leyes de Montesquieu me acordé de esta curiosidad mía.

    Mas frío hace ¿Más desarrollo humano?

    A ver, veo un mapa como el que les puse abajo, el cual en específico habla del PIB per cápita (una de tantas variables para medir el desarrollo de una nación, y aunque este no es infalible en tanto no toma en cuenta la concentración de la riqueza si sirve bastante) y podemos ver que casi todos los países desarrollados son fríos. Incluso, con sus excepciones, parece que por más frío sea un país, más desarrollado es. La cuestión es que si más frío hace ¿existe más desarrollo humano?

    Montesquieu afirmaba que sí era así, consideraba que el humano en países fríos adquiría más vigor debido a la circulación de la sangre, que se mantenía más activo y por lo tanto era más trabajador. En cambio en los países cálidos, donde el ser humano tiende a desfallecer, las personas tendían a la flojera y a la pasividad. También comentaba que las personas que viven en lugares fríos son menos pasionales que los que viven en lugares cálidos, con lo cual tácitamente sugiere que los primeros pueden tener un mejor control de las emociones, por eso las leyes con respecto de los hombres y las mujeres variaban en función del clima en que vivían.

    Es curioso, porque ya hace algunos siglos que Montesquieu escribió su obra pletórica, y desde el siglo XVI a la fecha, el ordenamiento geográfico ha cambiado bastante y se percibe la misma constante. Algunos pueden argumentar que hace varios siglos, aquellas naciones o imperios consideradas potencias se encontraban en regiones más cálidas, es cierto, aunque también es cierto que la raza humana todavía no se terminaba de extender a los lugares más fríos del planeta y las mayores concentraciones se encontraban en las primeras, sobre todo en las ahora regiones árabes.

    En la actualidad si vemos el mapa mundial, observaremos que por más calor haya, menos desarrollo existe. Dentro de estas áreas geográficas hay algunas excepciones, como Arabia, los Emiratos Árabes Unidos, Qatar y Libia. Pero estos países no han logrado cierto desarrollo gracias al vigor de su población, o a la innovación; sino por el petroleo. Igualmente vemos un caso paradójico como Rusia, donde hace frío (y mucho) hay petroleo, y su nivel de desarrollo es más bajo que el de varios países europeos.

    ¿Qué tanto influye el clima? No lo sé a ciencia cierta, pero el patrón es claro. Los países cálidos son mas fiesteros y emocionales (pregúntenle a los jamaicanos) los desarrollados son más fríos, pero son más «vigorosos».

    Y por cierto, Montesquieu dijo otra cosa que también cuadra. Dice que los países con muchos recursos naturales tienden a esforzarse menos y a ser más decidiosos debido a que tienen la riqueza al alcance de su mano, mientras que aquellos países que no tienen muchos recursos naturales terminan siendo más fuertes debido a su necesidad de ir a buscar los recursos. ¿Les suena? ¿El petroleo es de todos los mexicanos? ¿Por qué dicen que México debería ser potencia mundial con todos los recursos que tenemos?

    Queda para la reflexión. Por cierto, me gusta mucho el frío

    frijol

  • La gente que no te quiere

    La gente que no te quiere

    Si tienes la autoestima baja, te recomiendo no seguir leyendo este artículo. Seré duro, franco, sin importar «unfollows» y esos «me quito y no veo» virtuales. Estimado, en este planeta hay gente que no te quiere. ¿Y quieres saber algo? la gente tiene el derecho de no quererte.

    La gente que no te quiere

    A los seres humanos no nos gusta que nos rechacen, a algunos les afecta más, a otros no tanto, pero a nadie le gusta, y seguramente a todo ser humano le gustaría que todos lo acepten ¿Por qué no nos ponemos de acuerdo todos, y firmamos un «pacto por nosotros» donde todos nos queramos? Porque no se puede, porque los humanos discriminamos, porque así somos.

    Como a los seres humanos nos duele el rechazo, muchas veces inventamos historias (chaquetas mentales más bien) del por qué cierta gente nos rechaza. Empezamos por decir que es gente que «no vale la pena». Buscamos defectos en su personalidad. Si la que nos rechaza es una mujer bonita entonces es superflua; si está fea, está amargada; si es un hombre, de seguro nos tiene envidia. Historias para tratar de convencernos erroneamente que la gente nos tiene que aceptar y eso es algo totalmente equivocado; incluso esa postura es incongruente porque «todos», absolutamente todos, rechazamos.

    Hace unos años estuve en un curso donde teníamos que hacer pareja con otra persona para realizar ciertas actividades. Una amiga que estuvo conmigo en dicho curso, una amiga que lucha contra la discriminación de la homosexualidad, de género y otros más, me comentaba que se sintió incómoda porque sentía cierto repudio hacia la pareja que le tocó. Esta última era una mujer fea, chaparra, muy morena, con muy baja autoestima. Y ella me comentaba, yo lo sé, -de cierta forma discriminé-, y es que es demasiado difícil poder sentirse afines con todos y tratarlos de la misma manera.

    Ciertamente, puede existir gente «mala» que te rechace, al igual que uno puede rechazar a cierta gente por ser mala. Pero no son las únicas condiciones, y ahora sí lo voy a decir muy fuerte, repito, si tienes autoestima baja sería bueno que dejaras de leer este artículo. Va a existir gente muy buena, que sí vale la pena, y que te va a rechazar. Disculpen pero así es.  Pueden haber varias razones, igual le recuerdas algo malo, igual tu personalidad no es de su agrado, igual irradias baja autoestima y esa persona no quiere contagiarse de losers, o al revés, puede que tengas una autoestima tan alta que dicha persona se sienta incómoda contigo o te tenga envidia. Hay tanta gente que te va a rechazar que a veces ni siquiera vale la pena analizar por qué fue, porque muchas veces tiene que ver con sus estructuras mentales y no contigo.

    Cierto es, que por más te valores y tengas más que ofrecer, habrá menos gente que te rechace. Pero la seguirá habiendo, y siempre la habrá hasta que termines en la tumba. Bueno, no, porque algunos te seguirán maldiciendo muerto.

    Si la gente que te rechaza es demasiada, ahí sí, es que tienes algún problema (a menos que vivas en un entorno que promueva el rechazo, tal como diferencias religiosas, de clase, de raza, preferencia sexual). Porque de cierta forma la gente te abrirá sus brazos en tanto tengas la capacidad de satisfacer sus necesidades, tanto aquellas que deberían considerarse como valiosas, tales como la filiación, comprensión, empatía; otras como el tener cosas en común, u otras tal vez más superfluas que tienen que ver con lo material. Si eres una persona que no se quiere, tendrás menos capacidad de satisfacer las necesidades de terceros y difícilmente podrás lograr lazos afectivos con ellos. Ya si te quieres pues más gente te querrá, pero ojo, no toda.

    Para satisfacer nuestros lazos afectivos no necesitamos que toda la gente nos quiera. Pero claro que hay un punto mínimo, y cuando hay demasiado rechazo como para no tener los suficientes lazos afectivos, es cuando uno tiene que trabajar.

    Espero no haber dejado a nadie angustiado, pero así es. Y aunque en este caso, los humanos no nacimos «tan iguales» como para ser aceptados por los demás, con esfuerzo y con el trabajo de una buena autoestima, todo ser humano puede aspirar a satisfacer sus necesidades de filiación.

  • Malas calificaciones

    Malas calificaciones

    ¿Las calificaciones que obtiene uno en la escuela son proporcionales al éxito que uno tenga en el ámbito laboral o empresarial? Yo creo que no mucho. No quiero abordar el tema desde un punto de vista pedagógico porque no tengo la facultad para hacerlo. Pero sí trataré de abordar el tema desde un punto de vista un poco más mundano, más basado en la experiencia diaria y en la percepción que en algún estudio. Pero quisiera darles el beneficio del a duda a aquellos que sacaron malas calificaciones.

    Malas calificaciones

    Cuando éramos niños, tanto en la familia como en la escuela nos enseñaron de forma explícita o tácita, que al obtener mejores calificaciones, tendríamos un mejor futuro. Al salir de la escuela me di cuenta que no es «tan así» en realidad. Esto lo puedo constatar al ver a mis ex compañeros de clase, y es que debo empezar diciendo que la calificación no siempre refleja lo realmente aprendido por el estudiante. Si se trata de adquirir información y hacer una evaluación para determinar que tanta de esa información que se dio permanece en la cabeza del estudiante, posiblemente las calificaciones si den un dato muy aproximado. Pero intervienen otros factores como el hecho de ¿qué se hace con la información que se adquiere?. Dicha información se debe procesar, se debe reflexionar y se debe entender, algo que generalmente (al menos cuando yo estudiaba, hace 10 a 15 años) no se medía bien en la escuela.

    Pongo un ejemplo. Imaginen que en el examen de economía te lanzan esta pregunta: -¿Quién creó el concepto de la «mano invisible del mercado»? Las respuestas son: a)Karl Marx, b)Adam Smith c)Luis Videgaray. Un estudiante podrá aprenderse que fue Adam Smith quien acuñó ese concepto, lo cual es correcto. En una siguiente pregunta se pregunta que es eso de la mano invisible, y la respuesta correcta es: «la representación de la capacidad autorreguladora del mercado». El estudiante que se aprenda («de machete» como se suele usar en el argot estudiantil) la pura información solo sabrá que un tal Adam Smith acuño la frase de la mano invisible que representa la capacidad autorreguladora del mercado. Pero posiblemente no habrá una reflexión sobre que implica ese concepto. Tal vez  porque el estudiante no está interesado en adquirir conocimientos, sino en obtener una buena nota para ser complacido por sus padres o por aparecer en el cuadro de honor. Este estudiante posiblemente olvide el concepto y años después cuando vea en la TV una discusión sobre economía, no podrá utilizar dicho dato para interpretar lo que dicen quienes discuten. Cosa que sí podrán hacer aquellos que han asimilado la información que se les ha enseñado.

    Cierto es, que el estudiante que esté más dispuesto a adquirir conocimientos, tenderá a obtener mejores calificaciones, pero no necesariamente sucede a la inversa por lo que acabo de explicar. Conozco casos de personas que estuvieron en el cuadro de honor, y de verdad, parece que en la escuela aprendieron poco.

    Yo siempre fui un estudiante regular, y solo obtuve calificaciones buenas hasta llegar a la universidad. ¿Qué pasaba conmigo? Simplemente estudiaba lo que me interesaba, y no es algo que se deba recomendar hacer, por supuesto que no, sobre todo por aquellas asignaturas que si bien pueden no tener parecido con lo que un estudiante quiera ser en un futuro, le pueda desarrollar habilidades. En mi caso, cuando se trataban temas de sociología, filosofía, economía, psicología o historia, casi siempre había una muy buena calificación asegurada, en cambio cuando las asignaturas eran física o química, la aspiración era no irme a examen extraordinario. Aún siendo un alumno regular hasta la preparatoria, ahora soy una persona a la que le gusta adquirir conocimiento constantemente, me gusta leer, informarme y seguirme preparando en mi especialidad. Y a lo que quiero llegar es que muchos estudiantes a veces optan por estudiar (ya en facultad) aquello que les gusta y que tiene como raíz aquellas asignaturas en las que destacaban más antes de entrar a la universidad. Entonces la brecha entre estos estudiantes «promedio» y los matados, se cerraba.

    Aún con todo lo que se ha comentado, hay otros «peros». La calificación evalúa tu nivel de conocimientos, pero generalmente no la habilidad de ponerlos en la práctica. En un trabajo, el diploma y el cardex premiado no son garantía, más porque entra el juego de las relaciones personales y la inteligencia emocional que son fundamentales para destacarse en un empleo o empresa. Un matado «antisocial» al salir a trabajar vivirá las complicaciones que le generará esa «actitud antisocial» a menos de que su trabajo exija muy pocas habilidades sociales.

    También sucede otra cosa extraña que yo he visto en algunos casos. Existe gente que es muy floja para estudiar, pero cuando se trata de trabajar o de hacer negocios, la actitud es totalmente diferente. Aunque bien la falta de conocimientos pueda llegar a afectar a este tipo de gente, esa enjundia y esas ganas por trabajar puede colocar en un nivel más alto a este tipo de personas que a otras personas que fueron brillantes en las notas.

    En general, a los únicos que he visto «condenados» son a los que de verdad tuvieron un pésimo desempeño, fueron expulsados del colegio una o varias veces. Pero he visto como incluso alumnos mediocres de alguna forma, ya en el ámbito profesional, han tenido posibilidades de salir adelante. Con esto no quiero fomentar la mediocridad en lo absoluto, sino decir que el solo obtener buenas notas no es garantía de éxito, se necesita algo más.

    Esto fue un aprendizaje interesante para mí. Nos enseñaron a buscar la mejor nota, más que el adquirir conocimiento y peor aún, las instituciones no vieron tan necesario el incentivo para mejorar la inteligencia emocional y capacidad de relacionarse del estudiantado.

  • Propósitos de año nuevo

    Propósitos de año nuevo

    El año nuevo es una coincidencia astronómica y también numérica. Esta última existe debido a la necesidad de interpretar la primera. Con los años, fechas y calendarios los humanos buscamos ponerle un orden al tiempo para que fuera más tangible y medible. Y en torno a esta medición del tiempo, los humanos pensamos en ciclos, los que se vienen y los que van. De esta forma, una coincidencia termina teniendo un significado, y debido a este es que tomamos diversas acciones.

    Propósitos de año nuevo

    Basta esa coincidencia para que una empresa decida planificar su siguiente año, para que los políticos armen la partida presupuestal del siguiente año, y por supuesto, para que los mortales (gente de a pie, e incuso políticos y empresarios) se impongan a sí mismos propósitos de año nuevo, derivados generalmente de una corrección o mejora de lo vivido en el año anterior. Y a estos últimos son a los que me quiero referir.

    Los propósitos anuales son algo sano dentro de los seres humanos. Al poder medir el tiempo en años, podemos hacernos una evaluación de como nos fue en el año que termina para pensar que cambios debemos hacer a nuestra vida que siempre será perfectible. Muchas veces cometemos el error de crear propósitos cortoplacistas, o bien, que implican mucho esfuerzo a corto plazo. Por ejemplo, uno de los más tradicionales propósitos es bajar esa panza generada por el maratón «Guadalupe-Reyes», que acumula la grasa que generamos antes y que nunca nos hicimos el propósito de eliminar de nuestro sistema. Siempre escucho a gente decir, -empezaré con un régimen intensivo, o comenzaré a correr 10km- en lugar de ser realistas y empezar con un régimen que tenga una visión más integral y largoplacista donde se entienda que al cuerpo hay que darle su tiempo y no hay que forzarlo.

    A mí en lo particular no me gusta planear propósitos específicos, porque a veces creo que al terminar el furor de año nuevo, se van terminando los propósitos. Raro es ver a la persona decirte en Julio que saldrá a correr como lo prometió al comerse las 12 uvas en 31 de diciembre. Prefiero yo, hacer una extensa meditación de lo que fue el año, tanto cosas positivas como negativas, y en base a eso ir planeando acciones a seguir que sean permanentes y no solo sean el pretexto de un nuevo año, y no necesariamente todas se tengan que comenzar el primero de enero, porque es necesario un orden, ir tomando algunas acciones para luego tomar otras.

    Un año nuevo debe servir como pretexto para reflexionar. Pensar como uno quisiera que fuera el siguiente año, que tenga ciertas cosas que no tuvo el anterior. Se debe hacer una reflexión que abarque tanto lo material, lo espiritual, e incluso las cuestiones filiales (familia, amigos). También creo que se deben de buscar nuevos retos, porque son los que ponen sabor a la vida. Aunque las cosas vayan bien, no se debe caer en la zona de confort porque todo terminará rutinario. ¿Qué tal un nuevo hobbie? ¿Un viaje a Europa? ¿E ingresar a una organización nueva?

    Un año es demasiado tiempo para desperdiciarse, por lo tanto hay que planearlo. ¿Y tú ya hiciste tus propósitos, o se quedaron ocultos en la trágica peda del 31 de diciembre?