Categoría: reflexión

  • De críticas a críticas

    De críticas a críticas

    Para tener una mejor sociedad, para que el quehacer político y público mejore, debemos por ende, tener un buen nivel de crítica. Lo he mencionado varias veces, la crítica en una sociedad es absolutamente necesaria, y yo no comparto esa postura evasiva hacia ella que algunos toman, debido a que muchos la ven con una connotación negativa (en cierta medida así es, porque en la crítica se señala algo que está mal o se percibe como que está mal). La crítica es el primer paso para la construcción. Cuando construimos lo hacemos para suplir una carencia. Bueno, lo que hace la crítica es señalar dicha carencia con el ulterior objetivo de buscar soluciones para saciarla. Esas afirmaciones donde se dice: «no te quejes de lo malo de tu país, tenemos playas, gente alegre», «no critiques, el cambio está en uno mismo», más que ayudar, entorpecen el proceso y fomentan el conformismo con el entorno en que se vive. Pero también cabe señalar que para que la crítica sea efectiva se debe de procurar que el nivel de esta sea alto y me explico:

    De críticas a críticas

    Tomo el ya manoseado caso de la postura de un gran sector hacia el ahora Presidente Enrique Peña Nieto. Durante y después de las elecciones era algo totalmente normal y entendible que la gente se mofara del personaje. Parte de los ciudadanos (entre los que me encuentro yo) se sintieron insultados por todo lo que rodeaba al personaje, a las elecciones; y como una expresión de catarsis se mofaban de este. Pero sabemos que cuando las pasiones no son educadas con la razón, terminamos yendo hacia ninguna parte. Lo digo porque veo un preocupante fenómeno donde la gente se sigue mofando del personaje, pero no se molesta siquiera en analizar sus políticas, que son las que en dado caso pueden determinar el rumbo del país, y no lo será la mala pronunciación de una palabra o el sweater de un osito cariñosito. ¿Supiste de que trató la Reforma a las Telecomunicaciones? ¿Te preguntaste que tanto va a beneficiar a la sociedad dicha reforma? ¿Te tomaste un minuto para analizar desde el contenido de esta hasta el por qué Carlos Slim compró los derechos de las Olimpiadas? Para analizar se necesita pensar, y me preocupa que sea muy poca gente la que se moleste en hacer un análisis, de uno de los temas que fueron centrales para el surgimiento de movimientos estudiantiles como el #YoSoy132.

    No, no se trata de olvidar, aquellas cosas que nos indignaron no se deben de olvidar porque deben de servir de referencia, pero tampoco es sano obsesionarse con ellas. Y a estas alturas veo que la crítica mundana ha bajado solo «algo», mientras que la crítica profunda ha desaparecido. Pareciera que nos esforzamos en «pensar» solo ante una coyuntura, desaparece esta y el esfuerzo también, aunque aquello que criticamos en realidad sigue ahí presente y puede volverse más grande si dejamos de prestar atención. Dentro de un gobierno que muchos cuestionamos se han generado algunas cosas positivas en gran medida gracias a la presión de la población. Si esta se relaja, la presión que recibe el gobierno por hacer bien las cosas se relajará también.

    Llegamos a un punto donde lo más prudente sea emplear críticas profundas. Dónde tenemos que ver más allá a la adversidad hacia un personaje. No se trata en lo absoluto de decir «ya, es el Presidente y lo vamos a apoyar», por el contrario, tenemos que ser garantes de que las políticas que se traten de implementar sean lo más adecuadas, donde un contrapeso como lo puede ser la sociedad, limite la capacidad del gobierno de actuar en forma corrupta y ventajosa. Para eso se necesita esfuerzo, se necesita informar, leer, analizar. Una sociedad que funja como contrapeso será una piedra más grande para los gobernantes corruptos, que una sociedad que les haga una crítica meritoria de una «sopa de videos«. Se necesita además, una sociedad crítica lejos de dogmas rígidos y paradigmas, lejos de fanatismos, que tenga la capacidad de generar una crítica propia, retroalimentada, y no una vil copia de la retórica de un tercero, de un político, o una televisora.

    Es simple, llegó la hora de pensar, en un momento que a los ojos comunes y corrientes no es coyuntural, pero que en realidad sí lo es, porque la política está viva los 365 días de año las 24 horas. Un descuido y daremos a las autoridades la capacidad de hacer lo que se venga en gana. Una democracia se basa en los contrapesos, si los partidos no quieren asumir el papel, nosotros lo tendremos que hacer.

  • Espontáneos politólogos

    Espontáneos politólogos

    Espontáneos politólogosCreo que los mexicanos tenemos una visión corta, parece que nos movemos por la coyuntura y no por el fondo. Reaccionamos «al momento», pero cuando pasa ese «momento» simplemente nos echamos a dormir.

    Es cuestión de verlo en mi muro de Facebook (más en el personal que en el de mi Fan Page, pero esta última no se escapa). Si hace algunos meses publicaba un tema de política, eran varios los que discutían, alguno trataba de hacerse el gracioso colocando algún memé de Peña Nieto, alguno se enojaba por lo que decía, algún otro lo compartía. Todo era política, el ambiente era tan denso que la fijación de la gente en este tema que hasta parecía un poco exagerado. Todos «le sabían» al tema, traían frases históricas y hasta estadísticas: -¡A ver güey, acuérdate que Azcárraga dijo que era el soldado del PRI! ¿Qué no tienes memoria?-, -El amigo del sobrino del tío del abuelo del amigo de la clienta de mi mamá fue a Venezuela y dijo que se caía a pedazos. Por eso no votaremos por López Obrador, hasta les gusta el beisbol como a los venezolanos, está escrito-, -Aquí te muestro una gráfica a partir de una toma de muestra estratificada hecha por el MIT en conjunto con el departamento de criminología adjunta de Cambridge que demuestra el fracaso de la Guerra de Calderón-. Todo mundo buscaba, investigaba, me preguntaban que «qué onda» con x o y cosa. Que si sabía algo que dijeron que el #YoSoy132 era una conspiración comunista nazi judeomasónica planeada en el Club de Bilderberg.

    ¿Ahora que pasa? Pasamos de un extremo al otro, de un interés obsesivo con el tema, al casi desconocimiento. Si hablas de la Reforma de las Telecomunicaciones la «manita del like» de Facebook se llena de telarañas.  Si hablas del regreso del presidencialismo, muchos de los que estaban indignados y hasta decían que debía haber una revolución para deponer a Peña Nieto y sodomizarlo como a Gadaffi, parece que el tema ya no existe y la palabra «política» fue desterrada de su diccionario. Es más, ni siquiera pasa lo opuesto, gente que en las redes diga, que Peña está haciendo bien su trabajo, que se nota la «eficacia», que sí pueden hacer lo que el PAN nunca hizo. Si acaso se habló del tema de Elba Esther Gordillo y no hubo tanta halaraca tomando en cuenta que caía uno de los «venenos históricos» del país. De la Reforma a las Telecomunicaciones nada, y eso que los medios eran «tema bandera» hace meses, y eso que la gente se queja por la mensualidad del celular. -Ai haber [sic], esas cosas son tecnicismos, que el must carry, el must offer, yo no le entiendo a esas cosas, ¿Telecomu.. qué?-. Lo que sí sigue vivo es esa ya tradición de burlarse del ahora Presidente, pero más que nada ya parece un fenómeno tipo Ninel Conde. Que si se puso la banda presidencial al revés (que fue debido en realidad a una modificación de las leyes), que si encontraron una foto de joven de Peña Nieto con un sweater con un osito cariñosito». ¿Qué acaso no se están fijando en las políticas que implementan? ¡Caray!, y eso que todo se está moviendo mucho más rápido que de costumbre.

    Me preocupa un poco, porque creo que como buenos ciudadanos deberíamos preocuparnos por lo que pasa en nuestro país, siempre. Entiendo que venimos de unas elecciones donde el tema de la política termina cansado. Pero el quehacer público nunca duerme. Sí, hay muchas cosas más que la política en la vida (el futbol es una, y es menos importante que la política) pero creo que debemos estar al tanto, analizar aunque sea de reojo que es lo que pasa con nuestro país. A nuestro país le faltan contrapesos, y uno de ellos deberían ser los ciudadanos atentos y vigilantes de las acciones de nuestros políticos.

    Sí, de los temas actuales se hablan en los diarios, las plumas los analizan y los desmenuzan. Pero parece que a la gente de a pie parece ya no importarle tanto, aunque el tema tenga que ver con el que se obsesionaron hace algunos meses. La política no puede ser una moda ni un fenómeno coyuntural, porque esta hasta cierto grado determina nuestras vidas todos los años, los 365 días y las 24 horas. Así de simple.

  • Aprender a decir «no». Libérate del yugo represor

    Aprender a decir «no». Libérate del yugo represor

    Pongo un caso ficticio, pero que representa lo vivido en mi experiencia: En el ámbito profesional me desespera. Un cliente me busca y pregunta por mis servicios, le elaboro una propuesta de trabajo, me dice que lo va analizar, que le hable la siguiente semana. Le regreso la llamada como pactamos, no lo encuentro; después lo logro encontrar, me dice que están evaluando algunas cosas, luego me dice que está esperando un pago, para que pasado el tiempo me haya dado cuenta que el trabajo que se supone iba a realizar, lo realizara otra empresa. ¿Qué no pueden aprender a decir «no»? De verdad, no nos «agüitamos», por el contrario, nos ahorran tiempo y esfuerzo. ¿Por qué diablos no sabemos decir no? ¿Por qué una chica no puede decir no a un hombre que no le atrae y busca cortejarla? ¿Por qué tenemos que recurrir a las indirectas, a los eufemismos? ¿Por qué si en una empresa decidieron no contratarme, en lugar de decirme que decidieron no hacerlo, me dan largas? ¿Por qué?

    Aprender a decir “no”. Libérate del yugo represor

    Creo que tiene que ver con nuestra historia cultural de sometimiento, dónde nuestros antepasados no le podían decir «no» a quienes los oprimían. Pero ¡Hello! Ya pasaron décadas e incluso siglos de eso. Bienvenidos al siglo XXI. No sé si entiendan el desperdicio de tiempo y esfuerzo que generan en la otra persona, con tal, según ustedes, de no «lastimar» a esa otra persona. ¿Qué no la están lastimando más alargando sus expectativas? Salgan de ese canal donde confunden el sometimiento con la educación. ¡Por favor! Cuando uno titubea, trata de ser indirecto, evade, en realidad no lo hace tanto por ser educado, sino porque no quiere pagar el precio, no quiere evitar lastimar a la otra persona, más bien él no quiere correr un riesgo.

    No solo eso, esa cultura del sometimiento se hace presente cuando no tenemos la capacidad de recibir cumplidos (de cualquier índole) de los demás, como si no fuéramos merecedores de ello. Típico que nos entregan un regalo, obsequio o premio, y decimos. ¡No, como crees, me da mucha pena! Y nos rehusamos a recibirlo porque nos creemos menos, creemos que no lo merecemos, al punto que pensar otra cosa es una falta de respeto, hay que rebajarse, al cabo somos miserables y no lo merecemos. Qué difícil es aceptar con gusto el regalo, agradecerle a la persona por haberlo entregado y mostrarle estima. El regalo valdrá más cuando la persona que lo recibe lo acepta gustoso. A mí en lo particular se me hace incómodo cuando doy un regalo y me dicen -No, que pena, no-, porque de cierta forma me transfieren ese sentimiento al punto de pensar si fue buena decisión comprar ese regalo. Por el contrario, cuando esa persona lo recibe con gusto, la gratificación es mucho más grande. ¿Y a eso le tienen miedo?

    Otra palabrita que no me gusta es el «mande». De chico yo siempre decía «qué» y me enseñaron que esa palabra denotaba malos modales, que debía usar el «mande». Y se me hizo normal, pero comencé a reflexionar sobre lo que significaba esa palabra, y es poderosa; porque técnicamente le estás otorgando todo el poder a otra persona. Es como decir «ordéneme lo que usted quiera, y yo lo haré», como si fuera una relación amo-esclavo. En los países anglosajones que yo recuerde no hay algo así como «command me» (que sería la traducción literal) y en vez de eso tienen el «excuse me» de connotación más moderada, de respeto, pero sin someter la voluntad al otro. Y le sigo con otras expresiones como «ordéneme» y equivalentes. Me dirán que son buenos modales, ¿Pero de dónde salieron esos modales? ¿Por qué se consideran a esas expresiones buenos modales? Entonces uno se da cuenta que ese léxico tiene que ver mucho con la dominación y el sometimiento.

    Lo tengo que decir, muchos extranjeros se sienten cómodos en nuestro país debido a la amabilidad con que son recibidos. Pero esa amabilidad en cierta medida es dada por la cultura del sometimiento (no en toda pero si una buena parte). El mesero que se agacha, el personal que le da un trato especial al extranjero por serlo debido a que en calidad mexicano se siente menos. Sí, hay una parte donde el mexicano es de un temperamento más cálido, más fresco, y eso es agradable. Pero está también el mexicano sumiso. Y creo que hay que distinguir entre las buenas maneras, la amabilidad, la cordialidad, y la sumisión y el sometimiento.

    Si como ciudadanos queremos aspirar a la libertad, creo que deberíamos de ajustar un poco nuestro léxico que se fue desarrollando más bien en un ambiente de sumisión ante un ente superior, que podía ser el patrón, el político, el rey, el sacerdote. No, no significa de ninguna manera ser groseros con los demás, sino que la amabilidad y el trato cordial no debe de implicar el entregar nuestra voluntad al otro. Y ser amable no significa evadirse para no decir una verdad que puede ser incómoda a otra persona. Y no, y no y no.

     

  • ¿Y cuándo diablos los humanos somos valorados?

    ¿Y cuándo diablos los humanos somos valorados?

    Creo estar en esa etapa dónde seré menos discriminado por mi edad. Poco llevo de entrar en esa que empieza a los 30 años y termina a los 40 años. Según todos nuestros prejuicios como seres dominantes en este colonizado planeta azul, ese sería el rango dónde los seres humanos no seremos discriminados. Pero esperen, que según los prototipos de vigor másculino y femenino. Esos que dicen, imponen modas y tendencias, ya los treintones no somos tan atractivos. ¿Entonces cuando diablos los humanos somos valorados? 

    ¿Y cuándo diablos los humanos somos valorados?

    Empiezo. Los niños son vistos en parte con ojos de envidia porque no se tienen que preocupar de nada, porque «viven la vida» y no tienen responsabilidades. Pero no son autónomos, necesitan de los adultos para sobrevivir, su cerebro todavía no ha terminado de desarrollarse y los conocimientos que tienen son demasiado escasos como para poder incidir deliberadamente en la vida cotidiana.

    Siguen los adolescentes, que básicamente viven la transición de la niñez a la adultez. Cambio no muy fácil (de ahí el nombre de adolescente, de adolecer), los pubertos se dan cuenta que les salen pelos en las axilas, en los genitales, se dan cuenta que el pene cambia de tamaño cuando ven a una persona del sexo opuesto, a las mujeres les crece el busto y menstrúan. Los adolescentes son vistos como personas que no saben controlar sus emociones, que quieren empezar a asumir un papel de adulto aunque no tienen todavía la autonomía en muchos sentidos.

    Luego entra la etapa juvenil temprana, que la pondría entre los 18 y los 30 años. En esa etapa las personas se dan cuenta que empiezan a ser autónomas, estudian, empiezan a ganar su dinero, a tener sus primeros empleos e incluso a emprender sus primeros negocios. Cuando se habla de «los jóvenes» se refiere a esta etapa, los rebeldes, los universitarios, las personas que tienen «la chispa de la innovación», «la energía». Pero se les subestima por ser jóvenes, ¡No tienen la suficiente experiencia!, ¡Son unos rebeldes, no saben como es la vida! ¡Qué dejen de soñar y que mejor se pongan a trabajar! En los partidos políticos se crean espacios juveniles donde estos tal pollitos recién nacidos, pueden participar, pero «sin incidir mucho», porque todavía son muy polluelos como para participar en juegos de adultos grandes.

    Después viene la etapa juvenil tardía, que constaría entre los 30 y 40 años, donde los jóvenes ya no somos tan jóvenes, pero todavía emanamos frescura. Esta etapa, que no representa más del 15% de nuestras vidas, es donde los humanos somos menos discriminados. Ya tenemos «un poco de experiencia» y todavía tenemos «ese algo de chispa juvenil». Dicen que en esta etapa el ser humano es cuando debe empezar a consolidarse. Las mujeres se empiezan a sentir frustradas si no se han casado, los hombres no tanto pero pobre de ti si a esta edad no te has acostado con alguien, pobre de ti si a esta edad no trabajas y mami y papi te mantienen (que hay muchos casos). Pero los juveniles tardíos no están exentos de discriminación. Ellos ya no están «tan en onda», si bien todavía pueden asimilar las tendencias actuales (hipsters treintones), ya no las crean, al menos como los jóvenes tempranos, ya están grandecitos.

    Luego vienen los adultos mayores, que digamos, constaría de entre los 40 y 60 años. Ellos ya son gente grande, gente que debe tener un grado de autorrealización, que debe estar consolidando su vida y no pueden estar improvisando ya. ¡Adivinen qué! Son demasiado viejos para poder buscar empleo. Se acabó la edad productiva, y si no están ya dentro de uno van a estar en problemas. Sí, ya tienen la suficiente experiencia y sabiduría, pero ¡ya no están en onda!. ¡Pobre del cuarentón que salga con su máquina de escribir vieja y sus lentes alternativos hipster a un parque de La Condesa o la Colonia Americana a redactar su currículum, porque no solo se van a burlar de él, sino que no va a encontrar trabajo!

    Y por último viene la tercera edad. Que constaría de entre los 60 años hasta la tumba. Ellos tienen mucha experiencia y sabiduría, pero se cansan rápido y son una enorme carga fiscal pa las empresas, así que ¡pa fuera!. La gente grande sale perdiendo en una sociedad de la immediatez y del muy poco valor del conocimiento y la cultura. -Nieto, te voy a contar como viví mi juventud en la II Guerra Mundial, mi tío estuvo en un campo de concentración dónde vio como… -¡Cállate vejete! ¿Qué no ves que estoy viendo mi megaconcierto de Justin Bieber? ¡Tu no estás en onda! A nosotros no nos interesan esas historias que ya nos enseñan en la escuela-. El adulto mayor antes era símbolo de sabiduría, ahora la gente la ve como un estorbo y no valora lo que esta gente puede dar.

    En resumen, los seres humanos nos damos muy poco tiempo para la plenitud. O no estamos preparados para los trancazos de la vida, o si lo estamos, ya estamos grandes y no estamos al tiro. A pesar de los siglos, todavía no terminamos de valorar lo que un joven puede aportar, o lo que un adulto mayor puede. Paradójico ¿no?

     

  • Un papa americano

    Un papa americano

    Hay aspectos que no quiero profundizar por desconocimiento. Primero, no conozco bien a Jorge Bergoglio (Francisco I) y lo que sé es en base a la información que he ido recibiendo a causa de su nombramiento. Es un papa americano, es latino, es ¡argentino! y claro, es jesuita. Afirman que es una persona humilde, cercana a los pobres, que su forma de vivir es austera, y le critican un presunto apoyo a la dictadura de Videla, además de su férrea crítica contra los matrimonios entre homosexuales y el aborto. Sinceramente eso es lo que sé. Al ser jesuita uno esperaría que fuera como uno de esos padrecitos progres que te invitan a abrazar los árboles de la Ibero o su equivalente en Guadalajara, el ITESO. No necesariamente tiene que ser así, sobre todo en la gente de ya avanzada edad (esa transición de los jesuitas a la izquierda no tiene tanto tiempo de haberse dado). Como muestra está el jesuita español, Jorge Loring, que de progre, no tiene mucho.

    Un papa americano

    Dicen que como sea, los jesuitas tienen una visión más amplia de la cosas. Llama la atención que sea Francisco y no Ignacio (referente a San Ignacio de Loyola) el nombre que se ha puesto, relativo a San Francisco de Asís, quien llevó una vida austera como Bergoglio (guardando las distancias claro). Posiblemente con esto se quiera mostrar una nueva cara, un papa humilde, lejano de todas las ostentaciones de la Iglesia que han sido criticadas porque «no va» con la vida de Jesús, quien vivió muy lejos de todos los lujos.

    Independientemente de quien sea este nuevo personaje, los alcances que tenga, y la línea con la cual fungirá como el representante de Dios (como al menos sus feligreses lo catalogan) es necesaria una renovación en la Iglesia. Cada vez son menos las personas creyentes, la Iglesia está perdiendo adeptos, existen menos sacerdotes, viven una crisis de credibilidad debido a la pederastía. Muchos pueden entender esa renovación como algo diferente. Algunos piensan en una renovación moderada, otros van mucho más allá y dentro de esta sugieren la aprobación de los matrimonios entre homosexuales e incluso el aborto. Sea como sea, la Iglesia tiene que renovarse, porque muestra cada vez más incompatibilidad con la sociedad actual. En Europa se ven las Iglesias vacías, en México, país tradicionalmente devoto, solo haría falta un cambio de generación para arribar a la situación europea. La Iglesia debe pensar seriamente en como abordar a los jóvenes de hoy, y lo tendrán que hacer de una manera diferente.

    Se pueden argumentar muchas razones (sean verdaderas o falsas), que si el desarrollo económico y social hace que la gente tenga menos necesidad de una religión, que si hay una conspiración de la masonería (rival de la Iglesia desde hace mucho tiempo), que la gente se ha vuelto individualista y materialista, que el acceso a más información (que no significa siempre más cultura) hace que la gente encuentre más argumentos para no creer. Se pueden decir muchas cosas, pero la realidad es palpable. La Iglesia debe de adaptarse a la realidad actual (que no significa que modifique o tergiverse sus preceptos), mucha gente tiene un profundo vacío espiritual pero la Iglesia cada vez se ve menos capaz en ofrecer una solución, porque muchos la perciben como antigua, como estancada e incluso como represora o prejuiciosa por sus críticos más acérrimos.

    El hecho de que Jorge Bergoglio sea una persona más cercana a la pobreza (o así se presume), que posiblemente la entienda más, y sea desapegada de la vida llena de lujos, puede ser un paso adelante para la Iglesia Católica, en un mundo dónde todos los sistemas (políticos, económicos y hasta religiosos) se han olvidado de los pobres. Será necesario buscar una forma de comunicarse con los jóvenes, y creo yo, reformar la Iglesia. Bergoglio tiene un gran reto, ha entrado al papado en un momento en que la Iglesia se encuentra en una condición crítica.  Sobre lo que se le critica, siendo realistas, no es algo muy diferente a lo que podamos ver en papas pasados. Que Benedicto XVI haya estado en las juventudes nazis no desembocó en una Iglesia más «represora y dura» que antes, así mismo, no creo que el presunto apoyo a la dictadura de Videla vaya a hacer la diferencia en el papado.

    Ya si hubiera sido el Cardenal Juan Sandoval Íñiguez el elegido (y seguramente se hubiera hecho llamar Emilio I) podríamos hablar de una tragedia y del fin de la Iglesia, pero no pasa nada. Veremos si Francisco I tiene la capacidad de sacar a la Iglesia de la crisis en la que está.

     

  • De dioses a servidores públicos

    De dioses a servidores públicos

    Al menos así debería ser: El Presidente de la República es un servidor público, los ciudadanos lo eligen entre varias opciones que tienen para escoger y «contratarlo» (así como un empleador elige uno de entre varios currículums). Su puesto es muy bien pagado, hasta incluye pensión vitalicia; es un trabajo sí, extenuante. Porque resulta que el Presidente de la República tiene más de 100 millones de jefes. Tiene que tomar decisiones que den dividendos a dichos jefes, y en muchas ocasiones tiene que tomar algunas decisiones que A Priori no gustarán a varios de sus jefes (medidas impopulares) pero que sabe que a la larga los beneficiarán. El Presidente es un empleado, es el responsable del timón del barco y por eso recibe cierto respeto de los ciudadanos, pero no es ni el dueño del barco, ni es un enviado de los dioses marinos para conducir el barco a la tierra prometida. De dioses a servidores públicos, y sobre una necesaria transición de lo primero a lo segundo trata este texto.

    De dioses a servidores públicos

    En México tenemos a un López Obrador, un «luchador social», que ha logrado capitalizar el natural descontento de la población debido a la poca representatividad de los políticos tradicionales. López Obrador sí escucha a los ciudadanos. Deja el puesto de servidor, para dar paso al solucionador de todos los problemas de la gente. La relación se convierte en paternalista: López Obrador proveerá, López Obrador te saciará las inconformidades al darlas por hechas, al repetirlas hasta el cansancio, aunque decirlas no deba necesariamente resolver nada. Sus seguidores más férreos le tienen mucha fe. Si no están con su causa, están en contra de la causa de todos los mexicanos, porque no existe otra verdad más que la verdad. Las buenas intenciones y la integridad, a ojos de los seguidores, pueden más que la capacidad y la técnica; y si en la práctica ocurre lo contrario, se culparán a terceros de sus desgracias. Si López Obrador pide marchar, marchan. Si piden cerrar una calle, la cierran. El pueblo solo puede salvar el pueblo, pero su pueblo se llama López Obrador. Entonces sin López Obrador, el pueblo no se puede salvar a sí mismo.

    Luego tenemos a un Peña Nieto, priísta. Se erige como servidor monarca demócrata/totalitario. Recibe frases de sometimiento psicológico disfrazadas de normas protocolarias como «El Señor Presidente Licenciado Enrique Peña Nieto», «El Señor Presidente Peña Nieto nos prometió construir una carretera» o el clásico «Disculpe usted, Señor Presidente«. ¿Manejado por otros? Tal vez, pero él es el que da la cara, y representa al poder. El Señor Presidente debe mostrarse como eficaz, nadie puede estar encima de él, ni Televisa, si no hay palo. Como afirmaba Luis XIV, «El Estado soy yo», te construiré carreteras, ¿López Obrador te daba una despensa por tu avanzada edad? ¡Yo, el Señor Presidente Licenciado Enrique Peña Nieto me comprometo a entregártela!. ¡Nuestro Compañero, el Presidente de la República! dicen dentro del PRI, con ese tufo light de la camaradería soviética. Un monarca que de pronto niega su esencia, ¡México es una democracia!, pero luego pone su condición en práctica. Manotazos, viajes en aviones de lujo, la mano extendida, copete bien ajustado, primera dama cuya foto podría aparecer en las paredes de los edificios más importantes como en Corea del Norte o la Unión Soviética, pero que más bien aparece  repetida varias veces de cuerpo completo en las refaccionarias y tlapalerías.

    Los venezolanos van más atrás en esta transición de la deificación hacia el presidente empleado que debe rendir cuentas. Tendríamos que magnificar al cubo los aires mesiánicos de López Obrador, magnificar también el tufo monárquico de Peña Nieto, y colocarlos en una licuadora.  De esta forma tenemos a un Hugo Chávez, recién fallecido y a quien le deseamos un eterno y pacífico descanso. Amado por los chavistas apostólicos ortodoxos, ¡Pide una despensa y se os dará! Y odiado por los ateos bolivarianos, ¡Está loco, destruyó Venezuela, populista, demagogo!. Chávez puede crear una realidad alterna en sus súbditos. Dirá que la supeditación ante los Estados Unidos es arrodillarse ante el imperialismo, pero hacerlo ante Cuba, es un ejemplo de democracia.  Democrático dicen, pero embalsamado como Lenin y Mao. Él no es solo el estado, él es la democracia, él es el socialismo. Todos los términos tienen que tener un significado de tal forma que se adapte a su deificación, la ausencia de Hugo Chávez es la nada.

    Yo prefiero un servidor público, no un dios (si a veces tengo problemas para poner mi fe en el Dios que me enseñaron en el catecismo de niño). Quiero un servidor que esté preparado, que tenga principios, creencias, y que tenga como propósito el bien común. Un Presidente que acepte los aplausos cuando acierte, pero que asuma los silbidos cuando erre. Un Presidente que procure el bienestar, pero que sepa que los ciudadanos deben a la vez procurarse su propio bienestar. Que votar por él sea algo así como contratar un servicio y no una niñera o un padre autoritario. Lo podré llamar Presidente como forma de respetar su puesto, pero lo juzgaré por sus acciones y no por su «investidura».

     

  • Día Internacional de la Mujer, nada que celebrar, mucho que reflexionar

    Día Internacional de la Mujer, nada que celebrar, mucho que reflexionar

    Dicen que este día no hay que celebrarlo, hay que reflexionarlo. El día de la mujer (al igual del día del hombre, que sí existe) no es un aniversario de algún evento histórico, más bien debe de ser un día para ponernos a meditar, sobre el género representado por la mitad de la población (y un poquito más) el cual históricamente ha sido subestimado y relegado, pero que han hecho lo posible por ganarse un lugar en la sociedad, por llegar a puestos más altos y por demostrar que no tienen muchas de las limitaciones que se les han asignado.

    Día Internacional de la Mujer, nada que celebrar, mucho que reflexionar

    Estamos dentro de un país, México, todavía machista. Dónde para un sector de la población, golpear a una mujer no es tan malo, engañarla tampoco porque es muestra de la hombría del varón (mientras que si la mujer hace lo mismo, pierde todo su honor), donde más de 3 millones de mujeres en México piden permiso a su pareja para votar, e incluso varias leyes no son equitativas. En México, la mujer históricamente ha sido un objeto. Tradicionalmente los varones presumían ser personas de principios, firmes, pero dentro de su matrimonio, tenían su «nalguita», y si eso se sabía, no era motivo para cuestionar fehacientemente dichos principios que presumían; mientras que por lo mismo, una mujer era vista como una «puta». El hombre ha usado a la mujer incluso como objeto para presumir ante los demás, como si fuera un trofeo ante su virilidad. La mujer debía quedarse en casa, no debía hablar de política en la mesa, y tenía que acompañar al hombre a los eventos importantes.

    La mujer es un ser que derrocha inteligencia, pero que ha sido limitada por el hombre. Los varones como género, hemos tenido problemas para «dejar soltar», para reconocer lo que las mujeres pueden aportar a la sociedad y por lo mismo varios, en pleno siglo XXI, tienen problemas para admitir que no se les puede confinar a unas cuatro paredes con escoba en mano. Pero las mujeres poco a poco se han hecho un espacio en la sociedad, poco a poco reclaman su lugar, reclaman el hecho de haber sido tratadas como objeto sexual, como trofeo, cuyo cuerpo ha sido utilizado meramente como estrategia para vender productos.

    Sería equivocado decir que la mujer es igual al hombre. Ambos géneros tienen características diferentes. Pero eso no quiere decir de ninguna manera que un género tenga más valor que el otro y por lo tanto debemos sobreentender que ambos tienen el mismo derecho a ser libres y que ninguno se puede someter al otro. Posiblemente ese confinamiento histórico de la mujer al hogar tiene que ver con que el hombre tenía que proveer los recursos por medio de la fuerza, donde en la gran mayoría de los casos, tenía ventaja. Pero en la actualidad, son otras las cualidades las necesarias para poder sobrevivir, cualidades donde la mujer se puede desempeñar igual de bien que el hombre. Parte de la evolución humana implica el asimilar la equidad entre los dos géneros. Que no son iguales, pero que su diferencia no implica, como decía, el sometimiento.

    Admiro a las mujeres, tengo muchas amigas mujeres, y es interesante como ambos géneros se pueden complementar. Se me hace admirable el como se han ido ganando un merecido terreno en la sociedad, han tenido que romper paradigmas, tabúes, resistencia del otro sexo. Sus aportaciones han sido benéficas. Y sí, como humanas que son, han cometido sus errores también, pero se les debe medir con la misma vara que se les mide a los hombres.

    Estoy seguro que con el tiempo se lograrán consolidar y se creará una sociedad equitativa en la que ambos sexos tengan las mismas oportunidades. Entiendo en que habrá áreas donde los hombres tendrán preferencia por sus características, y otras donde las mujeres la tendrán. Pero espero que el sexo por sí mismo ya no sea criterio para discriminar a alguien. Creo que los humanos debemos ser racionales y dejar al lado los tabúes.

    Sí, las mujeres no son tan buenas para manejar un automóvil, pero la verdad son mejores que nosotros los hombres para manejar los sentimientos. Tenemos diferencias, pero valemos lo mismo. Somos seres humanos pensantes.

     

  • Modelo de belleza femenina, ¿Y si es gordita qué?

    Modelo de belleza femenina, ¿Y si es gordita qué?

    Este artículo es bastante subjetivo, sí. Pero creo que con la subjetividad que puedo derrochar, se pueden sacar conclusiones interesantes. Y es que no, no estoy a gusto con el modelo de belleza femenina que nos han vendido. Empezando porque la belleza hasta cierto grado es algo subjetivo, y porque el prototipo de mujer que se vende, hace que se force a las mujeres a emularlo, con todas las consecuencias (de autoestima y de salud principalmente) que vienen implícitas.

    Modelo de belleza femenina, ¿Y si es gordita qué?

    Busto grande, cadera muy pequeña, glúteos llamativos, una figura presuntamente escultórica con la piel bronceada, sonrisa perfecta, cabello perfecto (y algunas veces, cerebro chiquito). Y me pregunto si a todos los hombres nos atraen las mujeres así. En lo personal, no caben en mi concepto de belleza femenina, y no se me hace determinante. Pero para tener esa figura a la que se les invita a las mujeres a emular, se requiere de demasiado trabajo, al punto que dichas mujeres a veces llegan a denotar inconscientemente que su cuerpo va por encima de cualquier otra cosa en sus vidas, debido al esfuerzo que ello implica.

    A este tipo estereotipado de belleza, hay que agregar el hecho de los ya archiconocidos y cada vez más frecuentes «retoques» en Photoshop. Donde un «Burn Tool» puede hacer más que un bronceado en la playa. O un «Liquify» puede bajar toda esa grasa que ni las dietas. A la mujer se le exige mucho, y yo realmente veo en esos estereotipos, cuerpos demasiado artificiales. ¿Y qué tiene que una mujer tenga su longita? ¿Qué tiene que sus pechos no sean prominentes? ¿Y si es gordita qué? Yo sé que el hombre suele fijarse más en el cuerpo de una mujer que la mujer en un hombre, pero eso no quiere decir que no deseemos mujeres inteligentes, que tengan una personalidad atractiva, pero eso muchas veces queda de lado. Y en lo personal se me hace triste, porque al menos en mi caso, la personalidad de una mujer si puede llegar a opacar su atractivo físico.

    De cierta forma por eso me gustan las campañas de Dove. Al menos en su afán de obtener utilidades, ellos resaltan cualidades de la mujer que han quedado olvidadas. Donde en una presunta cultura abierta, se siguen denotando los valores machistas, debido a que la mujer tiene que estar lo más esculturalmente perfecta «para él». Me veré grosero, pero creo que es la forma de poder expresar eficazmente lo que quiero decir. Una figura de una mujer escultural invita al hombre a tener una simple aventura sexual con ella, o en su defecto, a masturbarse. O bien, para fungir como una especie de trofeo que posee el hombre, para presumir a los amigos, colegas, compañeros de partido. La realidad es que cuando buscamos a la mujer con la que queremos pasar el resto de nuestras vidas (casados, en unión libre, whatever) o de la que nos vamos a enamorar profundamente, la inteligencia de la mujer, su personalidad, importa y mucho. No es casualidad que muchas personas afirmen que tuvieron novias físicamente más esculturales que su pareja definitiva o seria, pero se sienten mucho mejor con estas últimas. Lo cual de alguna forma me dice que todo este aparato publicitario, invita a la mujer a ser un «rapidín» y no a ser algo serio.

    Lo triste es que esta adoctrinación femenil es contraproducente. Porque la belleza (basada en la juventud), tal y como se propone, se termina. No es gratis que veamos a muchas mujeres grandes hacerse cirugías plásticas como una forma de no querer soltar esa «juventud que ya se fue». Basar la autoestima meramente en el físico es un error.

    Con esto no quiero decir que la mujer se deba desentender de su apariencia. No es así en lo absoluto, el problema está cuando dicha apariencia es lo único que importa, y no solo eso, sino que el prototipo de apariencia que se vende es uno más difícil de alcanzar. Aquellas mujeres no agraciadas se frustrarán de por vida gracias al imperio mediático. Aquellas personas que supeditaron su integridad a su apariencia y degradaron su inteligencia, podrán ser mujeres de un rato fácil, modelos de calendario en una refaccionaria, actrices con talento discutible que obtuvieron su papel a base de «darle duro», muñecas de aparador, Miss Universo que muestran su poca cultura a la hora que se les formula una pregunta, e incluso si tienen suerte de vivir en un país no muy evolucionado, hasta de primera dama (eso sí, que no hablen).

    No sé ustedes, pero que flojera andar con una mujer escultórica que no tenga temas de conversación más que temas de moda, ex novios, anécdotas casuales que dan flojera cuando menos. Pero eso es lo que nos quieren vender, y sobre todo, eso es lo que quieren vender a las mujeres. Yo prefiero una mujer inteligente, con dignidad y que tenga una personalidad atractiva. Compeeer!!

    Les dejo un video de Dove que lanzaron hace ya algunos años y seguramente algunos de ustedes conocen, pero que en lo personal me dejó impactado: