Categoría: reflexión

  • La tolerancia en las diferencias políticas e ideológicas en México

    La tolerancia en las diferencias políticas e ideológicas en México

    Escrito para México desde México.

    Una amiga mía que vivió un tiempo en Argentina, me relató que presenció una discusión política que se llevó a cabo entre diversas personas. La discusión había sido muy dura, al punto en que llegaron a los gritos. -Que si el peronismo, que si Menem, que si no se qué-. Hasta aquí todo normal, lo que llamó la atención fue que al terminar la discusión, los debatientes dejaron el tema político dentro de ese salón, y salieron todos como amigos que son. Es decir, demostraron cierta madurez donde pudieron separar las diferencias políticas e ideológicas, de la amistad, de la relación con las demás personas.

    La tolerancia en las diferencias políticas e ideológicas en México

    Dicen que en la mesa no hay que discutir de política, religión o futbol. Pero más bien habrá que decir que el individuo debe procurar tener la tolerancia para debatir sobre esos temas. Una posición intolerante no sólo puede deteriorar una relación interpersonal, sino que priva a la persona de la oportunidad de compartir información y nutrir su postura.

    En un país como el nuestro, se ha usado mucho la discusión política para atacar y degradar a la otra persona, símbolo inequívoco de un país que no ha podido consolidar una democracia no sólo a nivel gobierno, sino a nivel sociedad. Y en este ataque se ha supeditado la integridad de la persona a una preferencia política. -Este señor votó por Peña Nieto, entonces debe de ser corrupto, le dieron su despensa, quiere un puesto en el gobierno, su empresa tiene relaciones con el PRI-, -Este otro votó por Andrés Manuel, seguro quiere que lo mantenga, es un radical que tiene problemas personales-. Trasladamos una indignación que A Priori sería sana, sea objetiva o subjetiva, hacia otro individuo al cual de forma tácita e incluso explícita, termina culpando de la desgracia política en turno, tan sólo por emitir un voto o expresar una preferencia.

    El problema también viene cuando el individuo se toma de manera personal una crítica hacia el político, partido o ideología de su preferencia. El individuo tiene la entera libertad de expresión de emitir una crítica, indignarse, o aplaudir cualquier acto político. Algunos podrán arguir que quien critica, no sale de la crítica, o no propone, o no participa. Debate en cierta forma válido, pero el cual no cancela de ninguna forma, el derecho que tiene el individuo de expresar su postura ante cualquier expresión política. Claro, mientras esta no tenga una intención deliberada de causar un daño a alguien relacionado con esa postura a la que se quiere criticar -¡Ojalá estuviera Díaz Ordaz para matar a los maestros de la CNTE!- -¡Ojalá fusilen a Peña Nieto y a toda su familia!-.

    En la gran mayoría de los casos, estos ataques no son personales hacia quienes concuerdan con la ideología, preferencia, político al cual emito la crítica. Pensar que Peña Nieto es una persona corrupta, frívola, marioneta, no implica de ninguna manera, que quienes hayan votado por él, lo sean. Y la indignación frente a un personaje o acto no implica tampoco que esta vaya en contra de las personas que lo apoyan, o que al emitirla, busque atacar a las personas que respaldan al político o a la decisión tomada.

    Creo que la mayoría de las personas concordamos en que queremos que éste sea un país mejor. La cuestión es que, los seres humanos, animales políticos, cuya ideología y forma de pensar está formada por muchos factores, como la educación, el entorno, la experiencia, la información adquirida, e incluso el temperamento, tienen diferentes concepciones sobre cómo es que podría o debería mejorar el país. Al punto en que dos concepciones pueden ser diametralmente opuestas una de la otra, lo que puede generar un conflicto. Esta heterogeneidad de opiniones fue lo que hizo surgir las diferentes ramas políticas como derecha, izquierda, conservadurismo, liberalismo etcétera.

    Por eso es que la intolerancia no abona para construir democracia en nuestra sociedad. Porque si algo puede consolidar nuestra forma de pensar, ponerla a prueba, hacerla más objetiva, es el debate. Y para esto se tiene que partir de que se debe asumir que muchas personas pensarán de una forma diferente a nosotros. Y que eso no tiene que ver con la integridad de las personas, y que una persona critique lo que yo creo no significa que me esté atacando, que más bien podría ser una oportunidad para crear un debate, una discusión donde cada uno se quede con lo mejor.

    En este tema falta mucho avanzar. La intolerancia forma un círculo vicioso, porque la poca información, o la información sesgada propicia el dogmatismo, lo cual cancela el debate, y la falta de debate cancela la posibilidad de adquirir más información. Las discusiones se convierten en peleas e insultos, desde el bloquear contactos en las redes sociales porque «no tengo la capacidad de ver que otras personas critiquen a algo con lo que yo sí concuerdo» hasta a los golpes. Discusiones que podrían formar una sociedad más preparada y políticamente más madura, terminan en el encono y la agresión.

  • Un grito de independencia desolado

    Un grito de independencia desolado

    Enrique Peña Nieto dio su primer Grito de Independencia. El panorama no era alentador. El conflicto con la CNTE puso en riesgo la celebración del grito, aunque afortunadamente los maestros decidieron desalojar ante el ultimatum del gobierno, que si bien el desalojo no estuvo exento de violencia, no pasó lo que muchos temimos que pudiera pasar. Un cada vez más creciente sector de la sociedad se pronunció en contra de Peña Nieto, sobre todo por el tema de las reformas que despertó discrepancias en sectores disimiles entre sí.

    Un grito de independencia desolado

    El resultado de todo concuerda con lo que ha sido el gobierno de Peña Nieto. El Grito de Independencia fue uno de los más desolados de la historia moderna de México. Personalmente no recuerdo ni a Felipe Calderón, ni a Vicente Fox, ni a Zedillo, ni a Carlos Salinas, en un evento tan desolado, donde ni siquiera las cámaras y el audio pudieron ocultar lo acontecido.

    El primer signo de desolación tuvo que ver con la forma en que Peña Nieto dio el grito. Este se dio de una forma muy desangelada. Tal vez algunos puedan comentar que debido a la operación de la tiroides no puede alzar tanto la voz (comentario que supongo mas hasta ahora no he escuchado), pero el lenguaje corporal (tan practicado por los priístas) delató la falta de pasión. Parecía seguir un guión, un teleprompter, como tanto se le ha criticado.

    El segundo tuvo que ver con los abucheos que recibió. En cada «viva» se escuchaba un abucheo cortado deliberadamente por el audio. Al ser un abucheo más prolongado que un «viva». El audio se cortaba después del «viva» para disimularlo. Fue demasiado notorio como para pensar que fue emitido por una pequeña minoría. Además de que los «viva» apenas se escuchaban, al contrario del grito de Felipe Calderón en el 2007 (que también fue criticado por el tema electoral) donde se escucharon muchos «viva» enjundiosos.

    El tercero tuvo que ver con la censura de los medios. Además de cortar el audio, como acabo de mencionar, nunca se pasó una toma completa del Zócalo, con lo cual uno puede suponer que ni siquiera se llenó.

    El cuarto tiene que ver con los acarreados. Inclusive en las tomas «oficiales» pudimos ver gente de escasos recursos con propaganda de Enrique Peña Nieto. En especial aquellos pertenecientes a Tultitlán Estado de México que cargaban unos globos con ellos. Posiblemente fueron minoría, pero su ausencia hubiera hecho más notoria la desolación que se vivió ahí hoy.

    Esta desolación es el reflejo fiel de la Presidencia de Enrique Peña Nieto. Criticado por varios sectores de la sociedad que van desde la derecha a la izquierda. Y quien precisamente no ha logrado erigirse como el representante de los Mexicanos, y el cual ha utilizado a las clases bajas en su beneficio, ha despreciado a la clase media, y sólo ha representado a cierto grupo de la clase alta del país. Peña Nieto se está quedando sólo. A pocos meses se apagó la expectativa final que generalmente despiertan los presidentes del PRI al inicio.

    Habrá que preguntarse cual será el «as» bajo la manga de Peña Nieto. Las reformas que impulsó no alcanzan para esperar un efecto positivo palpable al corto y al mediano plazo más que el sentir una posible leve mejora de la economía debido al déficit del 1.5% que propuso para poder hacer más inversión pública. La sensación de «eficacia» que quiso transmitir se ha apagado y parece dar muestras de que no él y su equipo no saben como tener al país bajo control, lo que puede despertar cierto temor.

    No todo se puede con desplantes mediáticos y anuncios de «sí se puede» bien elaborados. La presentación de la Reforma Hacendaria «con sentido social» lleno de aplausos, halagos y presuntos reconocimientos de lo que se hizo mal, no ayudo a evitar la lluvia de críticas, sobre todo de una sociedad media que ya no toma a la televisión oficial como medios primordiales para informarse.

    Habrá que ver que pasa, pero su gobierno ha empezado con el pie izquierdo. Y más conviene no sólo a él, sino a todo el país, que se retome el rumbo y denote un amor a México que estuvo ausente en el Grito de Independencia.

    Y para muestra basta un botón. Vean primero el grito de Felipe Calderón, cuestionado. Y el de Peña Nieto. Es de notar quien muestra algo de pasión y a quien literalmente le vale madre el país:

  • El mexicano derrotado

    El mexicano derrotado

    Cualquier psicólogo podrá comentarte que aquella persona en cuya infancia se acostumbró a perder, tenderá a tener más dificultades para desarrollar una buena autoestima. Naturalmente la confianza y el buen concepto de uno mismo está en parte sustentado en las experiencias vividas. Si bien es cierto que el hombre tiene que fracasar como forma de aprendizaje para obtener un éxito ulterior, hay quienes al final del día se sienten satisfechos con su vida porque los éxitos son más contundentes que los fracasos que tuvieron que vivir para llegar a éstos, mientras que otros se sienten insatisfechos porque ven a su vida como una alegoría a la derrota.

    El mexicano derrotado

    Tomando en cuenta esto, el mexicano, como integrante de este país, se siente derrotado. No es una falta mía de amor por la patria, es simplemente que la colectividad tiene los mismos rasgos del individuo derrotado.

    Todos los países, en cualquier evento que sean representados, tienen descalabros. Pero nuestra tendencia a perder, hace que nos sintamos identificados con la derrota. Se habla de la eliminación de la Selección de Futbol, de la pelea de box donde el estadounidense Mayweather barrió al «Canelo» Álvarez. Y lo que viene a la mente de los mexicanos es el ¡Como siempre! ¡Los ratones verdes! ¡Siempre perdemos!. Incluso en temas políticos y sociales nos sentimos humillados. -¿Por qué tenemos a un Presidente así? ¿Por qué los que mantenemos a este país somos los que tenemos que pagar más? ¿Cuándo diablos vamos a tener políticos que se preocupen por la nación?-. E incluso históricamente nos sentimos tan derrotados que caemos en el victimismo y la conmiseración. Culpables colectivos como Los franceses, los «gringos» que nos robaron territorio, los españoles, Hernán Cortés, Landon Donovan etc.

    Tal vez por eso nuestro nacionalismo es endeble y más que tener su base en la fortaleza real de la nación, como hacen los estadounidenses, tenemos símbolos rígidos e inalterables que tratan de suplir esa carencia: Dar el grito el 15 de Septiembre, no poder interpretar el himno nacional si no se respeta completamente la partitura original, desgarrarse las vestiduras porque un cartonista extranjero hizo mofa de nosotros con la bandera mexicana (cuando a cada rato estos utilizan también los símbolos de sus países para hacer crítica), pensar que el petróleo es de todos los mexicanos y que es un orgullo. Todo esto delata un sentimiento de derrota.

    Gritos como el ¡Sí se puede! dejan ver también ese sentimiento de derrota, donde el mexicano quiere redimirse, superarse, pero partiendo de la realidad donde está derrotado. Gritar ¡Sí se puede! ante la selección italiana de futbol, por un decir, implica que por naturaleza, el mexicano se siente derrotado, que es el estado natural de las cosas. Pero con ese grito, trata de alterar la realidad, de que suceda lo que normalmente no pasa. Es decir, ganarle a Italia en un partido de futbol.

    Mientras los grandes pierden como parte de un proceso de aprendizaje o renovación. En México se pierde por costumbre. Cuando por decir, Estados Unidos pierde en un evento en que está acostumbrado a ganar, la derrota se usa como reflexión para pensar en qué se están haciendo mal las cosas, en que tiene que haber una renovación para volver a ser dominante. En México es una costumbre y este proceso sólo sucede a medias cuando comienza a perder todavía más de lo que está acostumbrado a hacerlo.

    Naturalmente tenemos una autoestima colectiva que está por los suelos. El mexicano comienza a pensar como cambiarla, pero el entorno en el que vive lo frustra. Ver el estado de la política, de la sociedad, de las instituciones lo lleva a la conclusión de que no puede hacer mucho al grado de mimetizarse con las masas e imitar las prácticas «de la mayoría» como supuesto mecanismo de supervivencia.

  • La desigualdad papá

    La desigualdad papá

    La Reforma Hacendaria de Peña Nieto tiene la misión, al menos en la retórica, de disminuir la desigualdad. Algunas de las propuestas son absurdas y ya las mencioné en el post anterior en mi crítica, otras son algo razonables (aciertos manchados por una verborrea de lo social algo hipócrita). No está del todo mal tampoco la reforma, aunque queda lejos, es insuficiente, y movida en parte por intereses políticos. Pero me pregunto si con una reforma ya, se acabó la desigualdad. Si con reformas vamos a cambiar una de las características tan peculiares de nuestro país. La desigualdad donde podemos encontrar modos de vida equivalentes a los de Finlandia a tan sólo unos kilómetros de unos más parecidos a los de Somalia.

    La desigualdad papá

    Algunos le atañen la desigualdad al «neoliberalismo«. Esto debido a que la implementación de las políticas del Consenso de Washington abrió más la brecha de la desigualdad en varios países. Primero. México no es un país «neoliberal». En el sentido estricto del término (y no en la ambigüedad tomada por la izquierda) es aquel estado donde la intervención gubernamental en la economía es muy limitada, donde existe el libre comercio y donde se privatizan empresas estatales. México no es neoliberal porque muchas empresas privadas han entrado al cobijo del gobierno, porque en un estado neoliberal se pagan pocos impuestos pero todos pagan, mientras que en México algunas empresas privadas evaden mientras a la clase media le suben los impuestos.

    De hecho, México ha tenido gobiernos socialistas, o gobiernos que han combinado la iniciativa privada con la gestión gubernamental con la sustitución de importaciones. A pesar de las «implementaciones sociales» la desigualdad siguió existiendo. Mientras en otros países las medidas sociales funcionaron para distribuir la riqueza y generaron sociedades más igualitarias a la vez que competitivas, en México la desigualdad persistió. Y es cuando te das cuenta que la pobreza no sólo tiene que ver con lo económico, sino con lo cultural.

    Una clase pobre (llamada falsamente humilde) históricamente sometida, pero que se ha permitido someter en un acto sutilmente masoquista al punto en que creen no merecer más, les basta las dádivas del gobierno. Es un problema de dos, el sistema de alguna manera que ha fomentado, en muchos casos deliberadamente, este problema. Platiquen con una persona pobre de sus aspiraciones, no van más allá de la supervivencia, del trabajo durante la semana y las novelas, la religión y el futbol y la cerveza como paliativos para sentir algo de placer en sus vidas. Están en un estado donde son fácilmente controlables y manipulables. No se manifiestan si no es por medio de un líder dadivoso. Porque muchas veces ni siquiera son tan conscientes de su miseria, de que al ser humanos podrían merecer algo mejor.

    La muchacha del aseo de mi casa que tarda mucho en hacer sus quehaceres, que no tiene alguna pizca de sentido común y que truena los dedos mientras preparo mi cena para que ella pueda hacerle su cena «al señor» en una clara falta de respeto. ¿Quién podría ser muchacha del aseo y llegar motivada a hacer el quehacer de la casa? ¿Cómo esperar profesionalismo en un empleo sin mayores aspiraciones que llevar dinero a casa o en el mejor y menos común de los casos, ahorrar para continuar los estudios? Nunca he visto a esa muchacha leyendo un libro, o tratando de aprender algo que le pueda ayudar dar un paso adelante, pero a pesar de las diferencias económicas, pueden contraer deuda y comprarse un smartphone de gama media para lo cual usan el wifi de mi hogar (lo cual no me molesta en lo absoluto) para conectarse a las redes sociales, o ver los chismes para dar su filosófica opinión sobre la nueva cirugía de Alejandro Fernández.

    Parece y actúa como una persona sometida. Miente mucho, una característica del sometimiento mexicano, que no sólo atañe a las clases pobres. ¿Nadie le dijo que podría hacer algo con su vida? ¿No habría forma en que tuviera la oportunidad de estudiar en vez de barrer mi casa, lo cual no le generará ningún currículum ni le abrirá las puertas a un empleo? Hay una cierta intención de entrar al mundillo del consumo, pero sin la creencia de que puedan trascender y, valga la redundancia, con la creencia de que no tienen derecho a saltar de uno a otro decil económico.

    Hay quienes preservan sus usos y costumbres, y a quienes se debe de respetar. Pero hablamos de una clase pobre mayoritaria que de alguna forma quisiera tener una realidad económica más decente, y la cual sirve de botín para algunos cuantos que en este uso los despojan de su dignidad. Personas que quisieran tener una casa decente, comida todos los días, actividades lúdicas, pero a las que les han enseñado que no merecen más, a las que mal educan, a las cuales no les enseñan a pescar. Pero ellos, como parte de su responsabilidad, dando por contado su libre albedrío, han asumido su sometimiento y se han conformado con él, porque ese sometimiento mismo les provee de unos mínimos recursos a cambio de que aspiren a no tener más.

    Ni la estadística dura, ni el IDH ni el Coeficiente de Gini, son suficientes para entender todo este complejo problema que tiene siglos en las raíces de nuestra sociedad. Y es que cuando asumamos dicho problema y nos propongamos a combatirlo, dejando de lado los intereses que esta complejidad cultural le otorga a algunos que se benefician de ella, poco a poco será menos drástico el contraste entre la zona privilegiada de Santa Fe, y el pueblo al lado con el mismo nombre.

  • Carta a Peña Nieto con motivo de la Reforma Fiscal

    Carta a Peña Nieto con motivo de la Reforma Fiscal

    Señor Presidente:

    He analizado completamente la reforma fiscal, y si bien tiene algunos aciertos como la eliminación del IETU, el IDE, la eliminación del régimen de consolidación fiscal, veo algunos otros que me preocupan y que como ciudadano me molestan.

    Entiendo que el que gana más, paga más, y estoy de acuerdo que sea así. Entiendo que en algunas ocasiones se tienen que aumentar los impuestos. Entiendo que en otros países se pagan más impuestos (dónde precisamente se usan bien). Entiendo que haya decidido no cobrar IVA a alimentos y medicinas, lo cual hubiera sido imprudente en este momento, no tanto por motivos políticos que los mueven a ustedes, sino por motivos económicos y sociales. Pero con su reforma comete no sólo un error, sino que quiere engañarnos al afirmar que es una reforma social y que acaba con todos los privilegios.

    Quiere recaudar más, en parte para crear un seguro social universal y un seguro de desempleo. No se oye mal, pero el problema es que para que éste exista, quiere que lo financien quienes ya pagamos, y no hay tanta intención de ampliar la base tributaria y hacer que paguen los que no pagan. El problema es que quiere gravar con IVA servicios de los cuales depende el bienestar de la clase media como son la compra o renta de casas, y también la educación privada.

    Usted habla del discurso de los privilegios, pero si bien quienes ganan $40,000 pesos o más son los menos en el país y los pobres los más, están lejos de ser privilegiados. Al final siguen siendo de la clase media ¿Y le digo algo? son contribuyentes cautivos, es decir, gran parte de los impuestos que recibe el país viene de ellos.

    Yo tuve el privilegio de estudiar en una escuela privada, en mi casa se pagaron impuestos, mis papás hicieron su patrimonio desde abajo sin necesidad del gobierno o la corrupción. Podré decir que soy privilegiado en el sentido que nací en una posición económica de clase media, media alta. Pero no tenemos ningún privilegio, somos contribuyentes cautivos, si no pago impuestos me multan, y de hecho no me molesta pagarlos, más bien es un deber como ciudadano. Muchos de nosotros, que hacemos nuestro patrimonio de forma honesta, no hemos contribuido a la desigualdad. Los que evaden impuestos, los que crecen sus negocios a expensas del gobierno, los políticos, esos son los que han creado un país más desigual ¿Y qué ha hecho usted? Hace poco el SAT condonó una fuerte cantidad de deuda a Televisa, a quien usted le debe en gran parte la presidencia. Tenemos que hablar de Azcárraga, de Slim, de todos aquellos que ingresan millones muchas veces no bien habidos y cuya aportación al erario se traduce en migajas.

    Comprendo que graven los espectáculos, el cine, que graven artículos de lujo. Pero estoy totalmente en desacuerdo que grave la educación privada, forzando a que familias inscriban a sus hijos en escuelas públicas, escuelas que ustedes han dejado en total abandono y cuya calidad no creo que cambie mucho con una reforma donde los maestros tienen oportunidad de reprobar hasta dos veces, y si no lo hacen, ganarán un puesto administrativo. No es elitismo, por el contrario. A mí me encantaría que más mexicanos estudiaran en escuelas privadas a sabiendas de la situación de la educación pública. Por el contrario, ahora la educación privada será un lujo de menos personas. Igualmente con las casas. Donde una persona que aspire a adquirir una casa mediana, tenga que pagar IVA. Una casa que le permite vivir bien, pero que no es un lujo, un despilfarro como para considerar gravarlo.

    Entiendo que por razones políticas proponga una reforma con tintes izquierdistas. Pero parece ser más retórico que nada. Porque usted busca una supuesta igualdad tratando de trasferir riqueza de la clase media cautiva y que es la que saca adelante a este país, a la gente que no tiene. Y no transferirlo de quienes evaden, de quienes son responsables de la desigualdad social de nuestro país.

    Por último, ya que nos quiere cobrar más, exijo que utilicen bien mis impuestos. No quiero volver a financiar con el sudor de mi trabajo tarjetas Monex y Soriana para vulnerar un proceso que debe de ser democrático como las elecciones, no quiero volver a financiar deudas como las de Moreira, no quiero financiar robos estrafalarios como los de su tío Arturo Montiel, no quiero financiar anarquistas comprados que destruyen negocios con mi dinero con el fin de reventar manifestaciones que deberían controlarse por otros medios, no quiero que los políticos se vuelvan ilegalmente ricos con mis impuestos, no quiero que con mi dinero se les pague a maestros que en lugar de dar clases, bloquean aeropuertos mientras usted no se molesta a detener a sus líderes que los engañan, no quiero que con mi dinero operen instituciones que son capaces de poner en la calle a Caro Quintero y de exonerar a Raúl Salinas o liberar a Florence Cassez, no quiero que mi dinero se vaya a televisoras que promueven ilegalmente candidatos a la presidencia, no quiero que mi dinero sea para crear asistencialismo electoral como en la Cruzada contra el Hambre.

    Gracias.

    Publicado en México desde México http://mexicodesdemexico.com/2013/09/11/carta-a-pena-nieto-con-motivo-de-la-reforma-fiscal/

  • Maestros, bullying y redes sociales

    Maestros, bullying y redes sociales

    La historia comienza con un tweet de la alumna Marina que dice así:

    @Grimaldonas vist lo ke m hizo hoy vieja esa de mierda idalia? pero m las ba a pagar maldita perra ojala renunsie de la scool

    La maestra se ha percatado de que la alumna la insultó en Twitter. Entonces prepara una sorpresa en clase. A Marina y a Grimaldo (quien retuiteo el texto) los puso a leer un texto sobre valores, redes sociales y el bullying. Pero todo era una trampa. Al final la maestra con su celular le muestra el tweet a Marina, mientras algunos alumnos (evidentemente a petición de la maestra) graban la forma en que expone a la alumna, para decirle que así como la difamó en Twitter, ella subiría a las redes a Marina pidiéndole disculpas por el incidente. Idalia amenanzó tanto a Marina como a Grimaldo (quien compartió la publicación de la primera) con llevar esto hasta las últimas consecuencias. Marina fue expulsada del colegio y enfrenta una demanda.

    Maestros, bullying y redes sociales

    ¿Y dónde están los papás? Las redes sociales terminan siendo un arma de doble filo. Al tiempo que se concientiza e incluso exagera el fenómeno del bullying, las redes pueden llegar a ser una amenaza para sus víctimas. El acoso ya trasciende las aulas, y una difamación a un alumno, no sólo queda como un evento traumático, sino que puede ser viralizado y replicado por las redes sociales para mostrarle al alumno cómo es que la molestaron.

    ¿Y dónde están los papás? No es algo anormal que cuando como alumnos estamos enfadados o indignados con algún maestro, vayamos con nuestros amigos a hablar mal de ellos: -Pinche profe cara de sapo, me reprobó-. Puede ser cierto que la maestra debería suponer que los alumnos siempre «se quejan» de los maestros, pero hacerlo en redes sociales no sólo es bastante imprudente, sino que se magnifica y se humilla al afectado al punto que puede destruir a su persona.

    ¿Y dónde están los papás? Creo que la postura de la maestra es exagerada y posiblemente no es una persona muy estable psicológicamente. Al exponer a sus alumnos en redes sociales, de alguna forma se ha rebajado a lo que ellos han hecho. Una situación así se debería de arreglar en la dirección o con los padres. La falta es muy grave, pero la maestra se lo llevó al terreno personal, al punto que al final estuvo a punto de llorar por la forma en que la alumna se expresó de ella. Eso no justifica de ninguna manera la conducta de los alumnos.

    ¿Y dónde están los papás? Parece que la figura del maestro va perdiendo autoridad paulatinamente, no sólo por la forma en que se comportan los alumnos. Sino porque en la actualidad, los padres le reclaman a los maestros el mal desempeño de los alumnos, en vez de reclamarles a sus propios hijos. Algunos padres «no quieren aceptar» su mal comportamiento o desempeño, por el simple hecho de que los alumnos muchas veces suelen ser de una forma en casa, y de otra forma en la escuela. La maestra no sólo no ganó respeto con su actitud, sino que la perdió. Porque el mensaje oculto es «me afecta lo que digan los alumnos». Un maestro de secundaria me comentó algo muy cierto: -Con los alumnos tienes que actuar como encabronado sin realmente estarlo, porque si realmente estás encabronado, entonces ellos ganaron-.

    Los niños necesitan disciplina. Si quieren ser realmente libres, deben tener una estructura y una escala de valores que permita que lo sean. El maestro tiene que ser figura de respeto, eso no implica que siempre lo sea por medios coercitivos, sino que se aprenda a respetar, que tenga una verdadera intención y motivación de educar a los alumnos. Los padres deben enseñar a los niños a obedecer y respetar al maestro, y no al revés como se empieza a frecuentar, donde el padre victimiza al alumno y culpa al maestro de todas sus desgracias.

     

  • Un México sin mundial

    Un México sin mundial

    Tal vez sí, tal vez el futbol de alguna manera sea algún tipo de reflejo del país si se toma en cuenta que es dirigido y organizado por mexicanos que comparten nuestras mismas virtudes y defectos culturales y de idiosincrasia. Pero algo que también refleja un problema nuestro, es la desmedida atención que se le da al futbol, sobre otros asuntos que deberían de importar más.

    Un México sin mundial

    Hay mucho encono y molestia en el aficionado mexicano, así como en el grueso de la población mexicana, con la selección, con El «Chepo» de la Torre, con los jugadores, directivos. A la gente no le cabe en la cabeza la idea de que «su» selección no vaya al mundial y eso está a punto de suceder. Pero hay que ser sinceros y preguntarnos ¿Qué pasaría si México no va al mundial? ¿Cómo nos afectaría a los mexicanos?

    Primero: Habrán menos motivos para considerar Brasil el siguiente año como un lugar al cual viajar. Algunos de todos modos considerarán ir a otros partidos interesantes, o considerarán viajar a otro destino. Segundo: Como aficionados nos perderemos algunos partidos de la selección nacional el siguiente año. Tal vez unos 5 de preparación, y otros 3 o 4 de mundial, donde la satisfacción no está garantizada en alguno de estos partidos. Tercero: Las televisoras perderán algunos ingresos al no poder vender espacios triple A a la hora del partido. Cuarto: Alguna que otra empresa no podrá usar la imagen de la selección mexicana para posicionar su marca. Quinto: Los aficionados se sentirán molestos con el hecho de que los estadounidenses sí asistan al mundial y México no, lo cual no deja de ser solamente una molestia. Sexto: De alguna forma podría afectar la carrera de algunos jugadores, o bien su deseo de ir al mundial.

    ¿Estas razones implican una catástrofe para el individuo? Desde luego que no, a menos que se trate de una persona obsesiva, su influencia en el estado emocional será ínfima. En el tema económico, a menos que haya una apuesta de por medio que es un número muy reducido de casos, el individuo no recibirá una alteración alguna.

    Luego habría que hacer el ejercicio con temas que sí importan y pueden ser determinantes como la reforma fiscal, la educativa o la energética, que de alguna manera puede afectar para bien o para mal, el futuro de muchas personas. Puede implicar una pérdida de ingreso, o por el contrario. Y cuando una decisión gubernamental afecta al individuo, lo hace tanto en el estado económico, como en el emocional como consecuencia del primero.

    Algunos me podrán rebatir ¿Por qué no hay marchas contra «El Chepo» y sí contra las decisiones gubernamentales? El problema es que en el segundo caso fuera de los 20,000 manifestantes no encontrarás muchas personas interesadas en el tema, y en el primer caso, desde donde sea, la gente se mostrará inconforme. Incluso si tomamos en cuenta que al Estadio Azteca le caben más de 100,000 personas y todas ellas pidieron la renuncia del entrenador, entonces lo podríamos contar como una forma de manifestación.

    ¿Qué pasa en realidad si México no va al mundial? Técnicamente nada. Pero le prestamos más atención que a los temas que sí podrían alterar nuestro modelo de vida o el de muchos ciudadanos. ¿Cuántos se acuerdan que el gobierno presentará su iniciativa de reforma fiscal el domingo? ¿Cuántos ya hicieron cuentas de cuantos partidos tiene que ganar México y que combinaciones se deben de dar para que pase al mundial?

    Si México no califica no pasa nada, sólo tendremos que buscar alguna alternativa en cuanto a entretenimiento se refiere. Con las decisiones de nuestros gobernantes sí pasa. Sin embargo lo ignoramos con el argumento de que: «A mí no me gusta la política, todos son iguales, yo ya voté, que ellos se hagan cargo de todo-.

    Sin embargo, mucha gente sigue frustrada porque posiblemente, no vayamos al mundial, tengamos un México sin mundial.

     

  • Ciudad Hospital Civil de Guadalajara

    Ciudad Hospital Civil de Guadalajara

    En la mañana antes de trabajar, abro el Facebook y veo que todos están hablando del Hospital Civil de Guadalajara. Todos mis contactos afirman que viven en este lugar y lo presumen. ¿Se trata de una campaña? ¿Se han unido a una causa a favor de los enfermos? Porque para ir a este afamado hospital y ver a los enfermos, se necesitan agallas.

    Ciudad Hospital Civil de Guadalajara

    Descubro que se trata de un error de la red social. Todos se lo atribuyen a Facebook. Aunque en realidad, el usuario que registró la ciudad de Guadalajara, le cambió de buenas a primera el nombre. Pero me llama la atención cómo algo tan simple se puede viralizar. Sin duda se trata de algo gracioso para los que viven aquí. Algunas personas con una altivez concienzuda piden en la red que en lugar de mofarse de la situación apoyen a los enfermos y ayuden al hospital, otros, la mayoría, crean memés y los distribuyen a través de todas las redes sociales. La Reforma Educativa pasa a segundo plano (que en realidad no se le puso atención en las redes a un tema tan trascendente como ese) ni el CNTE, ni el informe de Peña Nieto. Es más, ni el partido del América.

    Llama la atención como tenemos la capacidad de viralizar en las redes temas que pueden ser cotidianos pero en realidad no tienen alguna importancia real. Porque por más gracioso que sea para los tapatíos, ese desperfecto no implica nada más que ver la ubicación de «Hospital Civil» a la hora de publicar cualquier contenido. ¿Y por qué los temas más importantes no se viralizan? ¿Por qué no se viraliza en mis redes algún análisis sobre la reforma educativa? Incluso las partes más frívolas de estos temas son las que se suelen difundir más. Que si nuestro querido Presidente debería de ser evaluado (que mala idea, tampoco es), que si los del CNTE son unos revoltosos a los que hay que aniquilar. Pero no hay debate y cuando lo hay, este se reduce a un círculo muy reducido. Y se trata de un tema que implica el futuro de los niños. Aunque claro que hay que aclarar que la reforma es lo suficientemente pequeña para pensar en cambios de verdad (es más bien una reforma laboral).

    Alguna vez comenté en las redes, que el Facebook, o más bien el uso que se le da, pareciera una Televisa del Siglo XXI. Y digo, no espero (porque ni yo lo hago) que todos los contenidos publicados tengan cierta altura intelectual. A veces las bromas, las frivolidades son sanas para distraernos un poco. Pero cuando se analiza la generalidad de los contenidos en la red, se llega a la conclusión de que los usuarios pueden producir contenido casi de la misma talla que las televisoras lo hacen. Y lo hacen autónomamente, aunque es preferible que se así, a que un ente unidireccional como lo es una televisora les diga que contenidos deben o pueden consumir.

    ¿Tiene algo de malo mofarse de vivir en el Hospital Civil de Guadalajara? No. En realidad no lo es. Incluso yo utilicé esta curiosidad dentro de la publicidad de mi negocio. El problema no es tanto la existencia de contenidos frívolos. El problema más bien es, la ausencia de contenidos útiles, máxime que Internet es un lugar donde la información está al alcance de la mano (aunque se necesita voluntad para buscarla, y formación para saberla interpretar). Me gustaría más que se hablara sobre estos temas trascendentales, o sobre el conflicto de Siria, donde es un hecho que comenzará una intervención militar en Estados Unidos. Que la gente diera su opinión sobre estos temas, que hubiera más debate, ver a los usuarios (ciudadanos) con más disposición de informarse de estos temas.

    En redes como Twitter si hay mayor intercambio de información. Pero en muchos casos más que el debate se llegan a las descalificaciones desde posturas dogmáticas de «izquierda o derecha», signo inequívoco no sólo de falta de tolerancia, sino de falta de capacidad de debatir.

    Tal vez estoy pidiendo mucho, estoy exigiendo mucho. Pero me preocupa que no podamos generar un buen debate en las redes sobre temas trascendentales. Su formato de dejar comentarios (incluso de dejar «likes«) y replicar, lo permite hacer. Porque si pongo una frase chusca sé que recibiré más palmaditas por medio de los «likes» que al poner algún artículo sobre alguna noticia trascendental. Porque tal vez el mundo es lo suficientemente complejo y difícil, que la gente no quiere pensar en más problemas que en los que ya tiene en su vida cotidiana, aunque en realidad cuando uno adquiere la capacidad de interesarse en dichos temas y asumir que el mundo es así, termina ayudando al espíritu y no al contrario.