Categoría: política

  • El primer año de Enrique Peña Nieto

    El primer año de Enrique Peña Nieto

    El tiempo vuela rápido, y parece que fue ayer cuando Enrique Peña Nieto se convirtió en el Ejecutivo Federal. Llegó al poder en medio de muchos cuestionamientos, y llega a su primer año también muy cuestionado por sectores sociales disimiles. Peña le apostó a realizar muchas decisiones políticas con un gran desplante mediático para afianzarse en el poder. El encarcelamiento de Elba Esther Gordillo, el Pacto por México, y demás recursos para obtener fuerza, para reducir sus negativos a un nivel tolerable. Pero sus efectos fueron magros, y esa ilusión que llegó a causar en algunos se disipó rápidamente.

    El primer año de Enrique Peña Nieto

    Sinceramente es difícil hacer una lista de aspectos positivos de su Presidencia. Sin duda los hay, pero inclusive esos «logros» se encuentran rodeados de errores u omisiones que le pueden robar mérito. Por ejemplo, un logro de su gobierno fue haber encarcelado a Elba Esther Gordillo. Como quiera que se vea, es un acierto por el daño que esta mujer le hacía a la educación. Pero el motivo de su detención (que tiene que ver más con política que con justicia) no da para pensar que se trata de un gobierno que sí va a hacer justicia. Crear el Pacto por México fue otro logro, después de una parálisis legislativa durante los gobiernos del PAN de la cual ellos mismos fueron parte. Pero un pacto que pudo haber facilitado las transformaciones que necesitaba el país, terminó reduciéndose a casi nada. Como dijo Denisse Dresser, se cambió para seguir igual.

    La Reforma Educativa se podría considerar un logro. El gobierno volvió a tomar la rectoría de la educación y eso es positivo. Pero esto es sólo una de tantas cosas que se tienen que hacer para mejorar la educación, y si lo demás no se hace posteriormente, esto terminará siendo una llamarada de petate. La Reforma de Telecomunicaciones también implica cierto avance, pero pudo haber sido mucho mejor si se toma en cuenta que sólo se apretó a aquellos monopolistas no alineados (Carlos Slim) mientras que Azcárraga al final terminará más beneficiado.

    La Reforma Política va por el mismo camino que todas las demás, de pasar de ser una gran reforma, parece que no se avanzará mucho y conforme continúa negociándose (el PAN condiciona la Reforma Energética a cambio de que se apruebe ésta), va perdiendo fuerza, para convertirse posiblemente en una miscelanea que no cambiará mucho las cosas. El Pacto por México ya estaba de capa caída y ahora con la salida del PRD, este recurso por el cual el Presidente se aplaudía, está condenado a su desaparición.

    Y si eso fueron los aspectos positivos. Habrá que mencionar los aspectos negativos que fueron más. Empezando por el tema económico donde no sólo hay estancamiento, sino que el país se está desacelerando al grado que las proyecciones de crecimiento decrecen continuamente. Si bien este problema no es totalmente responsabilidad del Gobierno, sí lo es en gran parte. Sigue el tema de la inseguridad. Las encuestas revelan que los ciudadanos se sienten más inseguros, y el tema del narcotráfico sigue igual que con su antecesor, con la diferencia de que se ha apartado a los medios de este asunto para generar un falso clima de seguridad con respecto a este asunto.

    Luego tenemos que hablar de la opacidad. Volvemos a la época en la cual el gobierno omitía información y la disfrazaba. También el PRI ha buscado hacerse del control del IFAI. Así también habrá que recordar que Peña Nieto y su equipo fueron opacos al rendir cuentas sobre sus bienes. Le sigue la corrupción donde vemos como varios criminales han sido exonerados, tal como Florence Cassez, Raúl Salinas de Gortari, Caro Quintero. Para rematar, tenemos la Reforma Hacendaria cuyo planteamiento es demasiado dudoso, demasiado cuestionado, y más que implicar un avance, se podría hablar de un retroceso en la economía, así también podría generar resultados adversos a los esperados, como lo que toca a la economía informal.

    Si con Calderón comentaba que no se veía un rumbo definido, al menos se podía decir que en muchos aspectos se encontraba estable. Con Peña Nieto el barco va a la deriva. Ya han agotado muchos de los recursos para dar un golpe de timón (las Reformas) y la aprobación que tiene Peña Nieto en la ciudadanía va cayendo constantemente. Ha sido un año difícil y fatídico para Peña Nieto, las cosas no van bien, y Peña Nieto necesitará tener un as bajo la manga, porque un año más gobernando de esta manera podría ponerlo a él y a su partido, tras las cuerdas. Porque incluso los que hemos sido críticos del Presidente, quedamos en cierta medida decepcionados, porque pensábamos que debido a su experiencia, iban a generarnos la falsa ilusión de que las cosas van bien.

    Las luces rojas deben de estar prendidas en Los Pinos. Seguramente hay una estrategia detrás de todo esto y «están haciendo política», pero no se pueden dar el lujo de volver a tener un año tan malo como éste. Y no hay que olvidar la oposición, tanto la oposición institucional (PAN, PRD) como la no institucional (AMLO), no han ayudado en mucho para que las cosas mejoren. Esta mezquina oposición que busca beneficios más propios que para la sociedad, no está exenta de esa calificación reprobatoria que merece el gobierno actual.

  • La Presidencia no debe de ser para cualquiera

    La Presidencia no debe de ser para cualquiera

    Varios usuarios se mofaron de un video en Youtube donde aparecía entrevistado el hijo del dueño de la Revista Q (por esa misma revista) con evidentes limitaciones para hablar, con un discurso demasiado simple e ingenuo tratando de convencer a la gente del por qué él quería ser Presidente de la República. Naturalmente el perfil de este joven dista muchísimo de lo que uno esperaría como político. Pero las dolorosas comparaciones de este joven con Enrique Peña Nieto entre los usuarios, no se hicieron esperar.

    La Presidencia no debe de ser para cualquiera

    Es evidente que esta persona no tiene capacidad para aspirar a un cargo de esta envergadura. Y eso me hizo reflexionar hasta llegar a la conclusión de que La Presidencia no debería de ser para cualquiera. Quienes debieran estar al mando de una nación deberían ser personas excepcionales, que logran sobresalir sobre el individuo común. No por nada Hobbes hacía hincapié en la confianza que debería generar el soberano para que el Estado no se desintegrara. Y es que cuando un Presidente no muestra dotes de excepcionalidad, cuando no tiene con qué ser algo más que un individuo común (que es diferente a cuando un político actúa demagógicamente como «uno más del pueblo» para obtener votos), cuando no muestra talento, las dudas empezarán a ceñir su investidura y los cuestionamientos vendrán.

    El hecho de que el famoso sitio de Internet que publica noticias de broma tenga éxito al subir notas cuyos encabezados son «Peña Nieto pidió permiso a la Gaviota para salir a jugar con el granizo» es una muestra del poco respeto que el mandatario genera sobre sus gobernados, y denota limitaciones intelectuales que no se esperarían en una persona con ese puesto. Igualmente el hecho de que López Obrador en el debate electoral no supiera formular una sencilla propuesta económica donde tuvo problemas con las cuentas, mostró al izquierdista como una persona poco preparada. A la panista Josefina Vázquez Mota se le criticaba su poca capacidad de generar empatía hacia la gente.

    Una persona que quiera aspirar a un cargo público de esta envergadura debe de ser una persona preparada, alguien que pueda actuar como estadista, y que busque superarse día a día no sólo tejiendo redes políticas, sino aumentando su conocimiento y experiencia. Ciertamente no todos los políticos que hacen carrera pueden aspirar a estudiar doctorados en universidades reconocidas en el extranjero. Muchos han empezado desde abajo y se han formado inclusive en la pobreza. Pero sí es deseable, que de acuerdo a sus capacidades, se intenten superar, que lean, que conozcan las bases de lo que están haciendo (algo de teoría política básica al menos). No se les pide que sean expertos en todas las ramas de gobierno (que para eso se tiene a un gabinete y asesores) pero que sí tengan nociones básicas de las áreas que los involucran como mandatarios.

    Platón decía que quienes estuvieran frente al poder deberían ser científicos, filósofos, sabios. Que fueran más inteligentes que los demás, porque de esta forma tendrían la capacidad de gobernarlos. Aunque él veía su utopía desde una perspectiva aristocrática, lo ideal es que en un mundo donde la gran mayoría de las naciones pretenden ser democráticas, quienes tengan la capacidad de ser elegidos por el pueblo para gobernarlos, deben de ser hombres capaces, que comprendan la realidad bajo la que están gobernando, y que efectivamente sean servidores públicos que tienen millones de jefes a los que tienen que rendir cuentas. Y así como cuando un individuo lleva su currículum lo más detallado posible, sus diplomas y reconocimientos para poder ser candidato a un puesto de trabajo, los ciudadanos debemos de pedirles credenciales a los políticos por los cuales votamos, exigirles preparación y no promesas de campaña, aunque estén firmadas por notario.

  • La palabra de Peña Nieto no cuenta

    La palabra de Peña Nieto no cuenta

    Thomas Hobbes en su Leviatán decía que no se podía fiar de las palabras de los individuos, por lo cual se crearon los contratos. La palabra de un individuo es garantía de poco. En realidad, todas las personas tenemos seleccionados a unos pocos individuos con los que interactuamos y a los que podemos darle a su palabra un fuerte grado de confianza y certeza. En temas de negocios, o en temas donde un conflicto de intereses puede pesar más que «la palabra», es indispensable firmar contratos, pactos, para que en el caso de que uno falle, una autoridad designada pueda mediar para hacer justicia, darle a cada quien lo que le corresponde, y sancionar a aquel que haya quebrantado el pacto.

    La palabra de Peña Nieto no cuenta

    En la práctica sabemos que incluso las autoridades pueden fallar, que se pueden encontrar lagunas, que la ingenuidad puede tener cierto peso. Pero debido al progresivo deterioro de la palabra, fomentado en algún modo también por los políticos, estos mismos, o más bien él, o su equipo, crearon una «novedosa forma» de darle peso a las promesas de campaña sin necesidad de que la gente acuda a su «historial político» para analizar si el candidato tiene palabra o no. En la campaña del 2012, Peña Nieto realizó 266 promesas en las 32 entidades federativas firmadas ante notario, lo cual, ante los ojos de varios ciudadanos, comprometería al entonces candidato a cumplirlas.

    En realidad, el notario se limita a dar fe de la firma de dicho compromiso, y nada más. Enrique Peña Nieto no puede ser sancionado por haber incumplido alguna promesa. Entonces «da lo mismo», porque al final de cuentas, con o sin notario, se puede llevar un registro de las promesas por un candidato. En el primer año, Enrique Peña Nieto lleva cumplidas solamente 4 de 266 promesas firmadas ante notario. Esto aunado a otras que posiblemente no firmó, pero que existe evidencia digital de haberlas hecho. Un caso es cuando se comprometió a dar un trato de excepción a la frontera dentro del régimen fiscal, para después por medio de la Reforma Hacendaria, homologar el IVA de la frontera (que siempre ha sido menor) al nacional.

    Queda claro que la palabra de Peña Nieto no cuenta. Incluso una constante entre sus opositores (de derecha e izquierda) es la fragilidad de su palabra. Un Peña Nieto cuya contracampaña el año pasado fue el «Peña no cumple». Un Peña Nieto que en su limitado léxico como Presidente se encuentra varias veces la palabra «democracia» pero que en las últimas elecciones (sean locales o federales) vimos la sombra de como siempre han manejado los asuntos electorales en su partido. Un Peña Nieto que hizo énfasis en la cultura en las elecciones pero que reduce drásticamente el presupuesto a la Conaculta. Un Peña Nieto que nos trató de convencer del aumento de impuestos a bebidas azucaradas con el fin de eliminar la obesidad para después hacer un drástico recorte a la CONADE.

    Lo último que genera Peña Nieto en sus gobernados es confianza. A pesar de ser de un partido no acostumbrado a convivir con la libertad de expresión, las críticas hacia su gestión por varios columnistas de ideologías diversas son una constante, y varias de ellas hacen énfasis en la poca confianza que su palabra tiene. Y gran parte de ello tiene que ver porque su gobierno nos miente a los mexicanos en la cara, para después pensar que con un spot publicitario de «entonces sí se puede» le demos nuestro voto de confianza.

    La palabra de Peña Nieto no cuenta. No importa si se traten de compromisos firmados ante notario, del «Pacto por México», su promesa de fomentar la productividad, su promesa de incentivar la cultura, de mejorar la educación. Su promesa de acabar con la elusión de impuestos debido a las lagunas del Régimen de Consolidación Fiscal para después crear otro demasiado parecido.

    Es preocupante, y mucho, que los ciudadanos no puedan tener confianza alguna, en quien se supone, debería liderar un barco llamado México.

  • Intromisiones

    Intromisiones

    Cuando uno trata de imaginar las razones por las que Washington decidió espiar seriamente a Felipe Calderón termina por convencerse de que la única manera en la que alguien puede creer que el ex mandatario mexicano es una persona peligrosa es por un malentendido… A continuación una propuesta de cómo pudo haber ocurrido:

    Barack Obama, Felipe Calderon

     

    21 de enero del 2007, 01:23 horas. Dos agentes de la CIA empiezan a cubrir su turno de la madrugada cuando se les ocurre una idea: grabar las conversaciones telefónicas que el presidente mexicano sostenga en un lapso de veinticuatro horas. El objetivo es simple; echarse unas buenas carcajadas antes de empezar su próxima jornada laboral.

    Lo que encontraron al día siguiente, sin embargo, los sorprendió.

    Llamada registrada a las 03:31 horas del 21 de enero del 2007.

    —Bueno, eh, uhm,… quiero hablar con el encargado del despacho.

    —Él habla.

     

    —Did he say “encargado del despacho”?

    —He must be talking with a national secretary.

     

    — ¡Soy yo!

    —Sí señor, ya lo noté.

    —Ya sé que, ehm, es un poco tarde, uh, pero quiero consultarte sobre algo.

    —Aja, pero antes de que continúe, dígame, ¿ha estado beb…

    — ¡No, no, no!… Bueno, un poquito; es que recordé que había unos “Cabritos” con los que no había acabado, y, pues, ya sabes como soy de, uhm, perseverante.

     

    —Apparently he has been working a lot; he sounds tired.

    —Yes, but, what is “cabrito”?

    —Well, I remember that is a word that the mexicans use to talk about an enemy.

    —I see. So he has been studying the moves of the “Zetas” or another cartel.

    —Now we know that he’s talking with the secretary of defense.

     

    —Definitivamente, señor.

    —En fin, ehm, estaba ya por irme a la cama cuando me pregunte “¿qué tan poderoso sería un “caballito” combinado?”, y. ehm, quién mejor para responder eso que mi consultor de cabecera.

    — ¿Un “caballito” combinado”? ¿Se refiere a uno hecho con varias…

    — ¡Claro!, ¡uno patrocinado por todas las empresas!

     

    —I don’t understand, it seems that they are talking in a kind of…

    —Wait a minute!, he said “horse”, maybe he’s talking about the war… I get it!, he wants to create special fighting groups with people different forces.

    —You say commands with militaries, police officers, special agents…

    —This guy is smarter than what I thought.

     

    —Definitivamente sería muy fuerte, por no decir peligroso.

    — ¿Sólo peligroso? No, pues, una vida sin riesgos no es una vida de hombre, ¡¿qué no?!

     

    —Did you listen to him?

    —The man won’t rest until he finishes with everyone.

     

     

    — Como usted diga, señor, ¿me necesita para algo más?

    —Pues, uhm, nada más para que me mandes pronto lo mejor que tengas en tus reservas.

    —No hay problema.

    —Perfecto, perfecto…

    —Ahora, si me disculpa, volveré a descansar.

    —Sí, buena idea, mañana será un día duro… especialmente para mí.

     

    —We need to follow him closely.

    —Absolutely.

     

     

     

     

  • El mejor Presidente no es el más popular

    El mejor Presidente no es el más popular

    Periódicamente, diversas casas encuestadoras publican una tabla de quienes son los Presidentes más populares de una región (Latinoamérica, Europa, América del Norte, o todo Occidente en su conjunto). En estos ejercicios se les pide a los encuestados que le den una calificación al gobierno del Presidente en turno, o bien, que lo aprueben o reprueben. Pero este tipo de ejercicios, a pesar de que metodológicamente sean correctos, en muchos casos pueden ser engañosos, sobre todo cuando se pretende pensar que ese resultado también habla de lo bien que pudieran estar haciendo su trabajo.

    El mejor Presidente no es el más popular

    Se dice que el mejor candidato es el peor Presidente y viceversa. Los políticos usan el arte de la demagogia, tienen detrás un equipo con una estrategia grandilocuente de publicidad, prometen lo que no saben si van a cumplir, o incluso hacen promesas que firman ante notario, pero que bien analizadas no llevan a ningún lado. Este tipo de candidatos son los que terminan triunfando. Un candidato honesto, que confiese a sus electores la realidad en que gobernará, y acepte sus limitaciones, es un candidato, que en un país como México, no tiene muchas posibilidades de ganar. Por eso es que las frases alusivas al cambio, desde el «Hoy» de Fox, hasta el «País de la Esperanza» de López Obrador o el «Mover a México» de Peña Nieto venden. Más en un electorado que ante un país que no se mueve mucho, finca sus esperanzas en alguien y lo idealiza.

    En realidad Fox no fue el «cambio» que se nos prometió, y tal vez pudiera parecer que Peña Nieto esta «moviendo a México», pero a escenarios preocupantes. Pero el problema de ese respaldo en lo popular, llamado «populismo», no termina ahí. El Presidente muchas veces puede tomar decisiones cortoplacistas para mantener satisfecha a la población con un afán más bien electoral, y esos se reflejan en esos estudios. Pero muchas veces un buen Presidente, alguien que realmente quiere hacerlo, en algunos escenarios debe tomar medidas impopulares que no lo ubiquen en la parte más alta de las encuestas incluso al terminar su gestión, un Presidente que deje del lado el afán electoral, el afán de la permanencia en el poder, para sembrar cambios que florecerán en años posteriores.

    Ello no implica automáticamente que un Presidente impopular sea buen mandatario. En muchos casos los ciudadanos lo reprueban con razón. O puede ser, como en el caso de Peña Nieto, que busque popularidad en cierto sector (en los sectores más vulnerables del país donde tiene mayor base de votos) en detrimento de otros sectores para obtener triunfos electorales posteriores. Incluso otros, como López Obrador, pueden basar su popularidad en cierto sector (clases medias y populares) en el desprecio de otros (privilegiados), y ello no implica que la impopularidad que puedan ganar sea proporcional a lo buenos que pueden ser como políticos.

    Un mandatario que quiere a su país, se debería preocupar más por lograr los cambios que se requieren para transformarlo, y menos por su posición en las encuestas. Es cierto que una alta impopularidad puede quitar margen de maniobra a un mandatario. Pero quien obra honestamente en el poder, de alguna manera encontrará el suficiente respaldo como para no tener un nivel de popularidad tan bajo que no le permita hacer casi nada.

     

  • El oportunista Andrés Manuel López Obrador

    El oportunista Andrés Manuel López Obrador

    López Obrador vive de las manifestaciones, de la gente que lo sigue. Está tan cómodo ahí que, como refirió alguna vez su asesor Costa Bonino (asesor de Lula y Miterrand), López Obrador se sentía más cómodo en su especie de «activista» que como Presidente de la República y parte de su derrota electoral (más los otros factores que ya conocemos) tuvo que ver con un supuesto miedo a la presidencia. Ahora que aspira al 2018, conforme a su natural terquedad, vuelve a usar casi la misma fórmula pero adaptada a la realidad actual donde ya no tiene cobijo del PRD, por lo cual buscará hacer su nuevo partido MORENA.

    El oportunista Andrés Manuel López Obrador

    Algunos dicen que López Obrador es el último idealista que queda en una República Mexicana donde la falta de ideales (valga la redundancia) aunado a un exceso de pragmatismo ha deteriorado la república. Lamentos decirles que no es cierto. Andrés Manuel López Obrador también es un oportunista, un hombre que quiere aprovechar todo el descontento a su favor y canalizarlo a su nuevo partido.

    López Obrador es hábil para canalizar descontentos. Así lo hizo con el desafuero con el cual Vicente Fox quiso hacerlo un lado, así con el conflicto electoral del 2006, el del 2012, el fraude que Madrazo le cometió a Tabasco y demás. López Obrador preocupado por la división de las izquierdas, partidas en tres: en los moderados (cuya línea entre moderación y venta al mejor postor es difusa), en Marcelo Ebrard, y en el mismo (e incluso en su corriente hay jaloneos), encontró una mina de oro electoral con una reforma energética propuesta en un país donde la mayoría de los mexicanos está en contra de la privatización de Pemex, y en una reforma hacendaria que ha hecho enojar a las clases medias y medias altas.

    Si analizamos la propuesta de Reforma Hacendaria, nos podemos dar cuenta de que la férrea oposición de López Obrador no es ideológica, es pragmática. Es decir, un López Obrador en la Presidencia hubiera propuesto una reforma no tan diferente a la propuesta por el PRI. Y eso es tan fácil de saber, porque la intención del PRI con su reforma es quedar bien con las izquierdas y tratar de captar simpatías en esas regiones donde tiene mayor oposición. Es decir, eso que vemos en el PRI, una reforma sin convicciones ideológicas pero con oportunismo electoral, lo vemos en López Obrador que responde de la misma manera oponiéndose a la reforma porque es del.. PRI, del partido de donde viene López Obrador.

    La cuestión de la Reforma Energética cae como anillo al dedo, aunque en este caso, su reclamo sí está alineado a sus convicciones reales. Pero la fórmula en todos los casos es la misma, oponerse a todo, canalizar el descontento y magnificarlo con frases como «el desfalco a la nación», «no al robo de todos los tiempos».

    López Obrador es consciente de su peso, porque aunque tiene una legitimidad marginal (sus seguidores), tiene algo, a diferencia de Enrique Peña Nieto. Por eso Peña Nieto tiene que recurrir a la figura de Lázaro Cárdenas y hacer una Reforma Energética más timorata.

    Se trata de un juego político donde lo que importa es el poder. Donde lo que lo último que les preocupa al PRI de Peña y a AMLO es el bienestar de su país, y si les llega a importar algo, queda supeditado a su deseo de poder.

    Ya decían que muchas veces los buenos presidentes son impopulares (porque a veces tienen que tomar medidas difíciles que generarán beneficios a mediano o largo plazo). Pero parece que tanto Peña como AMLO, lo único que quieren es «dorarles la píldora» a los ciudadanos, sin importar si sus propuestas o políticas terminen siendo perjudiciales. Sin importar ambiguedades ideológicas, como un PRI tomando posturas de la izquierda que la amenaza y un López Obrador que se atreve a sugerir que el PAN y el PRD deben unirse para ir contra la Reforma Hacendaria.

    ¿Entonces donde está el último idealista de la nación?

  • Brenda Patricia Treviño y su osadía para cuestionar a los líderes

    Brenda Patricia Treviño y su osadía para cuestionar a los líderes

    A veces hacen falta pantalones para cuestionar a la clase política y empresarial, en público, y no sólo eso, frente a ellos. Y a pesar de que en algún momento parecía que los nervios la traicionarían, Brenda Patricia Treviño hizo lo que muchos mexicanos hubiéramos querido haber hecho, cuestionar a aquellos que tienen la capacidad de modificar el rumbo del país, y que en muchos de los casos, terminan sirviéndose de él.

    Brenda Patricia Treviño y su osadía para cuestionar a los líderes

    Después de que Peña Nieto «presumiera» y defendiera sus propuestas de reformas, Brenda Patricia Treviño, estudiante de la UP becada para asistir a la Cumbre de Negocios que se llevó a cabo en Guadalajara tomó el micrófono para hacer un reclamo. Tenía un texto preparado, pero se lo censuraron y le entregaron otro que tenía halagos y agradecimientos, con lo cual ella no se sintió conforme, y por ende, en su discurso se salió del guión para improvisar lo que había preparado ya desde un principio y para a su vez hacer reclamo de esta censura: –Uno como joven está abajo del gobierno, uno recibe golpes del gobierno cuando van y te dicen que lo que tú preparaste para hablar aquí no es bueno, que mejor digas ‘gracias por la oportunidad de traernos, me gustó el programa, muchas gracias-.

    Brenda Patricia, tratando de combatir contra sus nervios, y con un jóven que arremetía con quitarle el micrófono, le reclamó al gobierno que le hacía falta sentir al pueblo. Le reclamó a los líderes por no dejar que los mexicanos salieran adelante y afirmó que el sistema tenía manipulada a la gente para que así fuera. Si bien es una generalización, porque creo que hay líderes (en el ramo político y empresarial) que aportan cosas positivas a México, también tenemos personas como los Azcárraga cuya presencia es nociva en nuestro país, y muchos otros políticos, como por ejemplo, los que rodean al gobierno actual. De esta forma fue un reclamo a quienes desde posiciones de poder, en vez de incidir para hacer que este país salen adelante, hacen lo contrario. Brenda Patricia lanzó las palabras, que deberán ser profundamente reflexionadas por aquellos a quienes les quedó el saco.

    Brenda Patricia se atrevió a cuestionar la censura del gobierno. Pero el intento de censura no quedó en el cambio de discurso al que ella se negó. Sino que fue «cortada» del video de la Presidencia de la República. Pero logró su cometido, en una cumbre donde todo eran elogios y aplausos de «lo bien que va México», le puso el tono de protesta, la voz de la gente, la voz de aquellos que gobiernan los líderes. Brenda tuvo su momento de Gloria, fue reconocida por los usuarios de redes sociales, sin importar su posición política. Por cuestionar un gobierno que ha sido muy criticado por las clases medias e ilustradas. Y no sólo eso, recibió un fuerte aplauso por todos los asistentes a esta cumbre.

    El incidente también es muestra del descontento que existe en nuestro país, donde hay una pérdida de confianza progresiva en los gobernantes y en las instituciones. Una ruptura cada vez mayor entre los muy pocos, y los muchísimos. Un país que en poco tiempo se reconfiguró de estar polarizado entre la derecha calderonista y la izquierda obradorista, a estar ya de alguna manera unido dentro de las clases medias frente al gobierno actual, y si no tomó mucho tiempo en hacerse esta reconfiguración, es porque hubo razones de peso.

    Por cierto, es algo curioso que dentro de las constantes pifias de Enrique Peña Nieto, haya errado al pronunciar el mismo término «epidemiólogos» que errara Elba Esther Gordillo en el 2009.

  • Si le escribo a Carlos Romero Deschamps

    Si le escribo a Carlos Romero Deschamps

    Un conocido hizo una lista de todas las cuentas de Twitter de todos los senadores, un amiga recopiló los correos de ellos. La intención. Presionarlos para que no se apruebe la reforma hacendaria propuesta por el ejecutivo por las razones que ya conocemos. Me sumé a esta última causa. Abrimos una petición vía Internet para que todos firmaran. Sí, tal vez los clasemedieros no somos tan dados a manifestarnos (claro, con la excepción del proceso electoral del año pasado) y buscamos generar masa crítica de formas más sutiles (antes ni eso pasaba). Pero había que hacer algo, porque el nivel de encono no dista tanto de aquellos que usan la calle como forma de presión, sólo basta con «darle una checadita al feis».

    Si le escribo a Carlos Romero Deschamps

    Se supondría que el diputado, el senador, debe de ser un conducto de las expresiones y necesidades del pueblo. Se supone, al menos en la teoría, que deberían de conocer a fondo dichas necesidades, llevarlas al congreso y subirlas al pleno. En México, cuando estas personas ganan la elección (salvo los plurinominales a quienes no se les vota), se olvidan de aquellos a quienes representan, en algunos casos ni siquiera regresan a su ciudad de origen. Y uno se acuerda de esto cuando se da cuenta que después de varios correos y varios tweets enviados, no ha recibido respuesta alguna, ni siquiera algún correo automatizado que te agradezca haberte puesto en contacto con el diputado. Cosa contraria a los tiempos electorales, donde no es tan raro ver que el político «responda personalmente» tus dudas.

    Por eso es que me sentí un tanto extraño cuando envié el correo a Carlos Romero Deschamps. ¿De qué forma un personaje como él, vividor de la política, succionador de la riqueza de Pemex, se va a preocupar en poner atención a los correos que se le envían? ¿A quién representa Carlos Romero Deschamps por favor? ¿Una persona que malgasta nuestros recursos, tendrá dentro de sí un alma caritativa para preocuparse por todos los mexicanos? Habría que ser muy ingenuo para pensar eso.

    A veces el problema es de dos cuando la gran mayoría de los ciudadanos ignoran quien es el diputado o senador que los representan. Apenas una minoría está generando conciencia en el papel real del significado, y tratan de buscar a los diputados (locales, o nacionales) o senadores para abordar un tema que les preocupa. Posiblemente tiene que ver con el hecho de que vivimos en un sistema simulado, en una dictadura donde el congreso servía como adorno para hacer creer a la gente que había una democracia, y donde la participación ciudadana era nula.

    Esos diputados, esos senadores, antítesis de la frugalidad, que ganan mucho, y que hacen poco, al menos en gran parte de los casos. Esos que aparecen dormidos en el canal del congreso, jugando al Candy Crush mientras se vota una reforma estructural. Esos son los que dicen representarnos, y en parte su apatía, su poca disposición al trabajo, tiene que ver con el hecho de que los ciudadanos no los hemos acostumbrado a exigir cuentas. Y en muchos de los casos, creen solo formar parte de una masa política que vota o sirve de contra peso en una votación de leyes que a veces ni se molestan en leer.

    Tal vez por eso, mi esfuerzo tenga algo de utilidad, aunque me conforme con el «al menos es mejor que no hacer nada». Que al menos vean su bandeja de entrada con más correos que los que tenían antes, que vean que allá afuera se les está pidiendo cuentas y que cumplan. Porque lo deben de saber, un diputado es un servidor público, es un empleado de todos los mexicanos, y nosotros debemos actuar como sus jefes, exigiendo resultados.

    Y claro, que si quieren mandar correos para invitar a los Senadores a no aprobar la Reforma Hacendaria, tienen todo lo que necesitan aquí: