Categoría: política

  • Volviendo a casa. La Casa Blanca de Peña y Angélica

    Volviendo a casa. La Casa Blanca de Peña y Angélica

    Ser rico no es malo, y si tu riqueza que obtuviste en base a tu esfuerzo te alcanza para comprar la casa más opulenta, que la adquieras no tiene nada de malo tampoco. En la vida hay gente que triunfa y gente que no, pero los seres humanos hemos creado instituciones para que la gente que lo logre, lo haga respetando los derechos que tienen las demás personas. Que un empresario logre posicionar un producto en el mercado, y que gracias a su éxito pueda vivir cómodamente no sólo no es malo, sino que es admirable y se puede volver un ejemplo a seguir. Ese honor (que tan positivo o negativo sea) está dado por la ética y la legalidad con que haya adquirido ese bien.

    Volviendo a casa

    El caso de la ahora llamada «Casa Blanca» de Angélica Rivera y Enrique Peña Nieto no entra en esa categoría. Es irrisorio pensar que ese bien fue adquirido de forma ética. Un servidor público no puede ganar 7 millones de dólares con su sueldo (por más altos sean los cargos que ostente). También sería absurdo pensar que la trayectoria de Angélica Rivera en Televisa sea lo suficientemente redituable como para que tenga los recursos para comprar una casa que ni la actrices de Hollywood se pueden comprar. La casa de Meryl Streep está cotizada en 4.5 millones de dólares, la de Natalie Portman en 3.8 millones de dólares.

    Que Televisa donó la parte colindante, que si Angélica Rivera, como dice Presidencia, adquirió la casa en base a su trayectoria como actriz. Pero el hecho de que la casa haya estado a nombre de Grupo Higa, esa empresa que ganó la licitación para la construcción del tren México – Querétaro, nos habla cuando menos de tráfico de influencias.

    Peña Nieto había asegurado el año pasado que tiene propiedades que le fueron donadas, pero nunca explicó quien se las donó ni como. Lo de la Casa Blanca no tiene explicación, incluso la gravedad del hecho es lo suficientemente contundente como para que medios el alemán Deutsche Welle afirme que Peña Nieto podría terminar en la cárcel (cosa que sabemos, no va a suceder). Muchos quieren que Peña Nieto renuncie a la Presidencia, algunos en una pronunciación legítima, u otros líderes, haciéndolo con un interés particular, pero lo cierto es que si el sistema de justicia funcionara cabalmente, así como el Estado de derecho y las instituciones, Peña Nieto tendría que ser procesado y tendría que rendir cuentas ante la justicia.

    La noticia bomba entró en un momento perfecto, por lo cual no sería descabellado pensar que alguien con algún interés particular soltó la información (así como sucedió con el famoso Watergate de Nixon, donde mucho tiempo después se supo que quien soltó la información había sido William Marl Felt o Garganta Profunda, quien tenía rencillas con el ex Presidente), y posiblemente sería alguien de círculos cercanos al Presidente o de un grupo opositor. Lo cierto es que la imagen de Peña Nieto ha quedado ya muy debilitada tanto a nivel nacional como internacional por este hecho.

    Llama la atención que a sólo dos años de su mandato, la figura de Enrique Peña Nieto esté ya tan desdibujada y descalificada. Generalmente eso ocurría al momento en que el Presidente iba a dejar su cargo. La duda es ¿Qué hará Peña Nieto para recuperar algo de legitimidad? ¿Cuál será su golpe de timón cuando ya ha gastado casi todos sus cartuchos? ¿Montiel?

  • Qué quede bien claro, Fue el estado

    Qué quede bien claro, Fue el estado

    Hoy la Selección Mexicana «se vengó» de Holanda y a casi nadie le importó. Se habló del golazo de Carlos Vela quien regresaba después de 3 años a la selección y del Chicharito. Pero no hubo esa catársis que muchos (algunos convenientemente) esperaban. Al menos en las redes sociales nadie trajo a colación el #NoEraPenal, ni se habló del que algún momento fue el enemigo nacional (Arjen Robben). Eso es sin duda una buena noticia, no porque esté mal que la gente siga el futbol, sino porque sabe que en estos momentos hay otras prioridades que buscar la «revancha» contra Holanda. Porque 43 muertos en una masacre son mucho más importantes que un penal que no fue (o eso dicen).

    Qué quede bien claro, Fue el estado

    Ahora muchas voces han salido a relativizar los hechos de Ayotzinapa. Y es que dentro de la natural indignación de la sociedad, hay también una batalla electoral. No miente el Padre Solalinde cuando afirma que el Gobierno ha manejado éste profundo problema con tintes políticos y electoreros. En realidad lo que podemos ver es una batalla entre PRI, PRD e incluso MORENA. El PRI creyó que Ayotzinapa iba a manchar al PRD. Por eso Peña Nieto, después de varios días cuando habló del tema, lo mencionó como «ese asunto que ocurrió solamente allá en Iguala». El PRD y López Obrador han señalado a Peña Nieto como el principal responsable «de esta tragedia», a pesar de que Abarca militaba en el PRD y a pesar de que AMLO apoyó la candidatura de Abarca, o al menos no hizo nada cuando le contaron de sus antecedentes.

    La realidad es que hay muchos responsables. La realidad es que sí «Fue el estado». Como menciona Juan Pablo Becerra-Acosta en su columna, el Diccionario de la Lengua Española lo define así: «Conjunto de los órganos de gobierno de un país soberano«. Quien mató a los estudiantes fue el gobierno de Iguala que es parte del Estado.

    No se vale, como muchos hacen, relativizar la masacre apuntando a que fueron unos simples delincuentes o policías como si se hubiera tratado de un hecho aislado. No, el gobierno mató, el culpable aquí es el gobierno. El Gobierno de Iguala es una ínfima representación del estado, pero es parte del estado, y para encontrar una solución a este problema, tenemos que empezar por reconocer que quien mató a los estudiantes de Ayotzinapa fue el estado.

    Quienes tratan de relativizar la masacre, quieren crear la idea de que «un gran número de personas maquiavélicas o cuando menos ingenuas e ignorantes» piensan que Peña Nieto fue el asesino. Yo creo que esa idea la tiene más bien una ínfima minoría (muy gritona, sí). Esa aseveración la hacen en base a los reclamos de los manifestantes que piden que renuncie Peña. Si hubiera sido Peña Nieto el autor intelectual, no estarían pidiendo su renuncia, estarían pidiendo la cárcel y pedirían que fuera procesado por delitos de lesa humanidad en La Haya, esto no es así.

    Con todo y que algunos políticos y líderes quieran hacer creer interesadamente que con la renuncia de Peña se soluciona Ayotzinapa, la mayoría de quienes quieren que Peña Nieto se vaya, lo quieren por la ineptitud con la que ha manejado el conflicto, lo hacen porque desde su llegada la impunidad y la violencia ha aumentado, lo hacen porque un cúmulo de resentimientos explotaron: Las elecciones del 2012, la Reforma Fiscal, el intento frustrado de censura con la Reforma de Telecomunicaciones y un sin fin de molestias de los ciudadanos para con el gobierno. Podemos debatir si es prudente pedir su renuncia o no, pero los motivos que provocan dicho deseo son genuinos y razonables.

    Quienes intentan relativizar la masacre buscan encasillar para de esta forma desprestigiar. Dicen que quienes afirman que fue el estado y que desean que Peña renuncie, son necesariamente izquierdistas ligados a López Obrador. Ciertamente López Obrador busca, al igual que lo hace el PRI, usar la masacre para obtener la mayor rentabilidad política (o bien, para control de daños). Pero basta que cada uno revise sus redes sociales para constatar que quienes hacen esas afirmaciones, lo hacen desde distintas posturas ideológicas y no se trata de una consigna de un personaje.

    La gente está muy molesta, en el Amsterdam Arena donde jugó la selección se escuchó el grito de justicia. Ayotzinapa recorre el mundo, la indignación es total. Los medios internacionales son implacables con Peña Nieto (y quienes intentan relativizar la masacre no creo que puedan encasillar a The Financial Times, The New York Times o a El País en esa misma masa de izquierdistas pro AMLO). El gobierno debe de lidiar con una fuerte crisis de legitimidad (al que se suma el penoso asunto de la Casa Blanca de Angélica Rivera), el problema es que ya nadie cree en el gobierno, y los ciudadanos se sienten solos.

    Y algunos todavía tienen el empacho de afirmar que ese resentimiento con un gobierno que no trabaja para ellos tiene que ver con una campaña de odio, y con sentimientos negativos que deben de ser paliados con florecitas en Facebook.

     

  • Cuando la puerta de Palacio Nacional se quema

    Cuando la puerta de Palacio Nacional se quema

    Lo que vi ayer me dejó pasmado. No podía creer que la indignación llegara a tanto. Ver la puerta de Palacio Nacional en llamas, por el simbolismo que ello genera, es escalofriante, me deja en shock y habla de como este conflicto político ha escalado a niveles que en lo personal no recuerdo haber visto.

    Cuando la puerta se quema

    Lo peor de todo es que las imágenes subidas por varios usuarios parecen sugerir que se trató de infiltrados (es decir, vándalos pagados con tus y mis impuestos). En ellas vemos que hacen y deshacen con guardias de seguridad permitiéndoles hacer lo que sea, otro vándalo parece tener un micrófono y otro inclusive es protegido por los granaderos. Pero independientemente de que esto haya sido una infiltración, la rabia ante el Gobierno Federal va in crescendo. Ciertamente Peña Nieto no es el principal responsable de la matanza en Ayotzinapa, fue un alcalde del PRD, pero no deja de tener responsabilidad como Ejecutivo Federal, y es que el país se le está yendo de las manos. El actuar de su Gobierno ante la masacre mostró su completa ineptitud (tardaron 3 semanas en anunciar lo mismo que el Padre Solalinde) y eso acumulado a los agravios que siente la sociedad con el gobierno (Elecciones 2012, Reforma Fiscal y mucho más), está poniendo al país en un punto álgido.

    Ciertamente hay algunos líderes que buscan canalizar la indignación a su favor, como López Obrador y otras organizaciones. Pero el curso de estos dos años de Gobierno, y no sólo el de Peña Nieto sino todo en su conjunto (estatales y municipales) nos deja entrever que si seguimos haciendo las cosas igual, la olla de presión va a explotar. A Peña Nieto se le está saliendo todo de las manos, la inconformidad en varios sectores de la población (sean de derecha o de izquierda) sigue aumentando. Lo más razonable (aunque algo utópico pensando en que nadie va a soltar el poder sin más) sería que dejara el poder, se hicieran elecciones, o una coalición gobernara con el fin de resolver este conflicto político, porque la verdad es que el gobierno de Peña Nieto ya no puede.

    La quema de la puerta coloca el conflicto en una nueva etapa, más álgida, más preocupante. Peña Nieto se va (o huye) a China a la cumbre de la APEC, pero por el tamaño del conflicto debería quedarse en México a resolverlo. No lo hace, lo que deja entrever que en realidad no tenemos un Presidente. En este más de un mes de conflicto, la figura de Peña Nieto ha brillado por su ausencia, por su displicencia y por su ineptitud. Un gobierno débil no tiene la capacidad de manejar este conflicto, más bien el conflicto se dio, en parte, gracias a la presencia de un gobierno débil.

    El problema es que de ese México bronco de antaño todavía hay mucho. Muchos claman una revolución, y te invitan a leer la historia para «no repetirla», pero ellos mismos la ignoran, porque de revoluciones como las que anhelan, salió eso que ahora señalan como el enemigo: El Partido «Revolucionario» Institucional. El problema es que corremos el riesgo de repetir la historia, y es que muchos no han sabido canalizar correctamente su indignación.

    Es más difícil construir, y habrá que pensar cómo le podemos hacer para que a partir de esto que tenemos, muy poco, y muy deteriorado; podamos reconstruirnos como país, que México sea un país de leyes y no de corrupción. Es una tarea más difícil y menos catártica que buscar la revolución o la deposición del gobierno a como dé lugar, como si eso por sí mismo fuera a traer el tan deseado progreso del país. ¿Cómo podemos convertir una puerta quemada en un Estado de derecho? ¿Cómo podemos convertir la indignación en ciudadanos responsables? Son preguntas que nos tenemos que hacer, tenemos mucho que resolver: Pobreza, desigualdad, inseguridad, corrupción, impunidad. ¿Quiénes serán los nuevos líderes de México? Porque me queda claro que por el momento no hay, y menos en política.

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  • #YaMeCansé

    #YaMeCansé

    Y es que Murillo Karam se había cansado de responder tantas preguntas.

    En este momento las cosas en mi vida van bien, aparentemente las cosas van por buen rumbo. Pero me pongo a pensar en la tristeza que me da ver que mi país no es parte de esa armonía, es más bien una incómoda disonancia que arruina mi magistral pieza musical. Adquirir nuevos clientes no sabe igual que perder compatriotas míos que fueron matados por el estado, no sabe igual confiar en mis proveedores cuando no puedo confiar en la policía ni en el gobierno. Me da tristeza.

    Y es que como Murillo Karam afirma, yo ya me cansé también, pero me cansé de verlo a él, al Presidente Peña Nieto y  a sus cercanos, verlos hablar, hablar y más hablar, sin notar alguna sensibilidad por la tragedia. Porque de la tragedia hacen política, porque el Padre Solalinde ya sabía lo que el gobierno nos viene a decir unas semanas después, según ellos después de un incansable trabajo. Lo cual pueden significar dos cosas (por separado o a la vez), que fueron profundamente incompetentes, o bien, que manejaron el problema para sacar la mayor rentabilidad política (y si fue así, lamento decirles que no lograron su cometido). También me canse de ver a otros personajes que se aprovechan del dolor de la gente, de los mexicanos y buscan canalizar ese coraje para su beneficio propio: ¿Nombres? López Obrador.

    Porque sí, a mí me gustaría que renunciara Peña Nieto porque ya ha demostrado que es un total inepto como Presidente y temo pensar que faltan 4 años más de su gobierno y el peligro que eso conlleva para México. Pero gente como el ahora líder de Morena ve en ese hecho la oportunidad para redimirse, para aparecer como el salvador, el justiciero, cuando no sólo ha hecho absolutamente nada, sino que tuvo el empacho de no hacer nada cuando le dijeron quien era Abarca (con quien se tomó la foto).

    Todo esto me da una gran profunda tristeza. Me incomoda llenar este espacio de artículos haciendo crítica de los gobernantes, muchas veces no me gusta hacerlo pero siento que tengo que. Lo que más me preocupa es que los gobernantes a la vez son ciudadanos, y de alguna forma son representantes del pueblo de México, no son entes ajenos ni extraterrestres que no tienen nada que ver con el mal llamado «pueblo noble y bueno», lo cual nos hace parte del problema. Hay mejores ciudadanos y peores ciudadanos, pero en promedio es algo como lo que tenemos allá arriba.

    Cuando tú das una mordida al tránsito tienes un poquito de Abarca en tu espíritu, cuando tratas de usar palancas para beneficiarte tienes un poquitín de Peña Nieto, de AMLO, de Javier Duarte, y de todos esos políticos que denostas. Todo lo que está pasando es la culminación de todo lo que hemos hecho mal como mexicanos, de la muestra de que no hemos podido organizarnos lo suficientemente bien como para tener un país fuerte.

    Y es que caray, duele, que el estado les prive de su vida a 43 estudiantes. No importa si recibían teoría marxista o los usaban, seguramente querían una sociedad mejor, querían ser maestros, querían tener un futuro, querían enseñar en sus pueblos. Y el estado les privó de su vida. Ver a Abarca y a su narco esposa detenidos no es suficiente, no sana las heridas.

    ¿Y cómo confiar en el estado cuando una parte de él fue el asesino? No fue Peña Nieto ni el Gobierno Federal, pero sí fue un gobierno producido en parte, por las políticas federales a través de muchos años, por la cultura de la corrupción establecida.

    Esto no es solo culpa del «Regreso del viejo PRI» es todo un sistema que no funciona. Pediría por sus oraciones, pero no sé si eso sea de utilidad en un país tan católico y descompuesto a la vez, un país que debe de dejar de pedir y se debe de empezar a poner «a hacer».

    México cae bajo, muy bajo, pero estos son los momentos en que ya no podemos evadir nuestra realidad, debemos de reconocerla por más dura que sea. Y así como yo y muchos de ustedes como personas pensamos en que ya no íbamos a salir adelante y lo logramos, creo, sí creo, que tenemos la capacidad de superar esto, y que de alguna forma, sea el parteagüas para lograr de éste país, un México mejor, el cual podamos ofrecer y dedicar a nuestros estudiantes, los que se han ido, los que dejamos que el estado matara. Porque a pesar de todo, yo creo que México si tiene futuro.

    Porque no vale cansarse, duele mucho, demasiado, pero hay que mirar hacia adelante.

  • En tu cara, Peña Nieto

    En tu cara, Peña Nieto

    Lo que hizo el padre del normalista no fue entrar a Facebook y hacer un meme burlándose de la inteligencia de Peña Nieto, lo que hizo el padre del normalista no fue mentarle la madre en las redes sociales ni en la comida de su casa (aunque posiblemente por el coraje, esto último sí lo haga constantemente), lo que hizo el padre del normalista, fue lo que hubiéramos querido hacer millones de mexicanos y de alguna forma la voz del padre del normalista se convirtió por un momento en todas nuestras voces.

    En tu cara, Peña Nieto

    Es cierto que ni Peña Nieto ni el Gobierno Federal fueron los autores intelectuales de la masacre de Ayotzinapa, al menos no tenemos pruebas para pensar eso. Pero sí que el Gobierno Federal tiene responsabilidad sobre todo lo que está ocurriendo en el país y la realidad es que la inseguridad con la llegada del Presidente se ha disparado, y también se han disparado los atentados a los derechos humanos.

    El padre le sugirió la renuncia a Peña Nieto no porque fuera el «asesino», sino porque como todos nosotros, él percibe un gobierno totalmente incapaz y displicente ante una masacre de tan grandes proporciones que su único antecedente más grande es la matanza del 68. El padre le puso al Presidente un plazo de 2 a 3 días para encontrar a los estudiantes (lo cual evidentemente no cumplió). El padre del normalista no trató al Presidente como un dios o una figura intocable, como siempre han pretendido ser los de ese partido, lo trató como un servidor público, el padre se asumió como uno de los más 100 millones de jefes que tiene el Presidente que debería de trabajar como empleado de todos ellos.

    “Creo yo que si usted no tiene la capacidad para darnos la respuesta ya, también debe estar pensando lo mismo que el Gobernador de Guerrero, porque también tiene responsabilidad, ¿a los cuántos días el gobierno federal toma el caso? Hoy estamos aquí con la intención de decirle a usted que le ponemos un plazo no mayor de dos, tres días para tener resultados concretos”

    El padre normalista no es un «fanatiquillo rojillo chairo que está en contra del gobierno», es un padre indignado porque el Estado (sea el de Iguala, el de Guerrero o el de México, «Fue el Estado») atentó contra su hijo (el cual tuvo la fortuna de salir vivo) y contra muchos hijos de otros padres que ahora están muertos o desaparecidos. Él, como muchos padres, carga con una enorme frustración y dolor. A Peña no parece importarle, porque parece importarle más el efecto negativo que pueda tener en su imagen la filtración de este video que sirve de alguna forma de catarsis para millones de mexicanos que están indignados con su gobierno.

    ¿Debería renunciar Peña Nieto? Sé que con un cambio de mandatario no es como que se vayan a solucionar las cosas, porque toda la problemática que arrastra el país es mucho más profunda que un solo presidente o equipo de gobierno. Pero yo creo que sí sería muy conveniente que Peña Nieto (junto con todo su gobierno) dejara el poder y se convocara a nuevas elecciones para que al menos estuviera en el poder un gobierno con al menos un mayor margen de credibilidad y confianza para tener mayores condiciones donde los mexicanos (incluyendo tú, que estás leyendo este artículo) nos pongamos a trabajar para solucionar todo este problema en el que estamos metidos.

    Y te lo dijeron en tu cara Peña Nieto, lo mismo que muchos millones de mexicanos hemos querido decirte y a quienes ignoras olímpicamente.

  • Abarca y su esposa debajo del colchón de Iztapalapa

    Abarca y su esposa debajo del colchón de Iztapalapa

    Abarca y su esposa, los presuntos autores intelectuales del crimen fueron encontrados en una casa en Iztapalapa. Dato curioso que esta casa se encontrara sólo a 15 minutos del centro de mando de la Policía Federal.

    Abarca y su esposa debajo del colchón de Iztapalapa

    Quien crea que con su detención el asunto está resuelto se equivoca.

    Porque las preguntas siguen al aire ¿Dónde están los 43 estudiantes desaparecidos? ¿Ya murieron o no, y si fue así, quienes fueron todos los culpables? ¿Cómo explican las fosas clandestinas que siguieron apareciendo? Llevamos más de un mes y no hay respuestas. La detención del alcalde y su esposa no hará mucho, sobre todo porque el problema de Guerrero (que proviene desde la Guerra Sucia de los años 70) va mucho más allá, y éste alcalde es más que la creación del problema, la manifestación del problema.

    Es natural que el asunto de Ayotzinapa se le salió de control al gobierno. Hemos tenido una de las manifestaciones más grandes de los últimos tiempos, y es que la gente no sólo está molesta por lo sucedido en Iguala, las inconformidades con el gobierno actual son muchas y vienen tanto de la izquierda como de la derecha. Llegamos al punto en que personajes como Eugenio Derbez (que trabaja en una televisora oficialista) arremete contra el gobierno, y se publican columnas como la de Jorge Ramos en el Reforma cuyo titular habla sobre «La renuncia de Peña Nieto».

     

    El gobierno busca por todos los medios que esto les afecte lo menos posible, aunque parte del daño a su alicaída imagen ya está hecho. Para ellos la detención de Abarca y su esposa puede ser una buena noticia desde el punto de vista mediático. Pero la gente se sigue preguntando dónde están los estudiantes, la gente no ve la masacre como un incidente aislado cometido por Abarca y su esposa, sino como lo que es, un problema que está enquistado en todos los niveles de gobierno, narcotráfico, impunidad, corrupción.

    Que los partidos creen un Pacto contra la Inseguridad es poco menos que insultar a los gobernados. Primero, porque los partidos han tenido mucho que ver en las manifestaciones de violencia actuales, y parte de lo sucedido es consecuencia de sus decisiones. Segundo, porque el Pacto por México firmado hace dos años tenía un propósito que traería resultados distintos a los que hoy vemos. Gracias a este se aprobaron reformas cuya calidad está en tela de juicio, y porque fue una estrategia que al final trató de beneficiar la imagen del gobierno actual en detrimento de los otros partidos. Gracias a ese pacto, Peña Nieto se presumió como el reformador (sin otorgarle ningún crédito a los otros partidos) aunque ese hype ha sido ya completamente opacado por Tatlaya y Ayotzinapa. A esto hay que traer a colación los miles de acuerdos y apretones de manos que sólo han servido para la foto.

    La detención de Abarca y su esposa sólo es una pequeña cosa de las tantas cosas grandes que se deberían de hacer. Creer que el asunto estará resuelto con la detención es minimizar lo ocurrido y evadir culpas y responsabilidades. Porque lo de Ayotzinapa no es un hecho aislado de un alcalde, es la punta del iceberg de un sistema que no funciona bien. Porque atrapar a un alcalde otorga un efecto poco menor a detener un capo de la droga para después ver que el narcotráfico sigue creciendo a niveles alarmantes. Porque debería ser sólo una anécdota, y porque supondríamos que la detención e interrogatorios deberían de ayudarles a dar con los desaparecidos (vivos o muertos) pero mientras no suceda, esto es poco menos que nada.

    Poco menos que nada.

    P.D. Al tiempo que termino de escribir este artículo, aparece una nota en el portal de aristeguinoticias.com que afirma que los integrantes de guerreros unidos fueron quienes dieron la orden de matar a los 43 estudiantes: http://aristeguinoticias.com/0411/mexico/integrantes-de-guerreros-unidos-confiesan-ejecucion-de-normalistas/

  • ¿Por qué nos volvemos más violentos?

    ¿Por qué nos volvemos más violentos?

    Les cuento, en Guadalajara se llevó a cabo un operativo «antipiratería», específicamente en el Mercado San Juan de Dios. Ciertamente en este tianguis, el más popular de la capital de Jalisco, se venden muchos productos pirata e incluso algunos otros de dudosa procedencia. Así se entiende que se haga este tipo de operativos, los cuales son rutinarios, pero ahora las cosas se salieron de control, y ésta ciudad no tan acostumbrada como el Distrito Federal a las manifestaciones, y mucho menos a las violentas, vivió una tarde de saqueos a tiendas de conveniencia y autos quemados. ¿Qué es lo que está pasando?

    ¿Por qué nos volvemos más violentos?

    Se me vienen a la mente varias cosas:

    ¿Por qué quienes critican al Gobierno y a los que tachan de rateros pueden ir a saquear tiendas? ¿Los ciudadanos no deberían marcar una diferencia frente al gobierno en vez de comportarse como ellos o como lo que dicen ser? ¿No deberíamos ser coherentes entre lo que pensamos y lo que decimos? ¿Cómo acabar con este círculo vicioso? Si no existe un Estado de Derecho decente, como es el caso de nuestro país, la gente se brincará a las instituciones asumiendo que no trabajan para ellos sino para unos cuantos. Pero este caso va más lejos. ¿Qué culpa tiene una tienda de conveniencia de la forma en que el gobierno los trata? Al final se trata de un acto irracional donde los individuos repiten esos patrones que tanto les achacan al gobierno, las «víctimas» no tienen empacho en romper un vidrio para llevarse cartones de cerveza para disfrutar en la comodidad de su hogar.

    Pero por otro lado tenemos a un gobierno donde estas escaladas de violencia han aumentado. Independientemente de si los violentos lo son como una respuesta ante las injusticias, o porque no tienen algún problema en robar y atentar contra bienes ajenos, hay una tensión social cada vez mayor que se ha ido acrecentando desde la llegada del PRI al poder. ¿Por qué antes un operativo no llegaba a estos niveles y ahora sí? ¿Por qué hay estudiantes asesinados? ¿Por qué se destruye violentamente el Palacio de Gobierno en Chilpancingo? ¿Por qué el ejército mata a quemarropa a presuntos delincuentes como en Tatlaya?

    Cuando en un gobierno reina la impunidad, la falta de credibilidad y el cinismo, estos lamentables hechos se acrecientan. Cuando un gobierno ha perdido contacto con la ciudadanía, el ambiente se torna ríspido, lo cual incita a la violencia. Y cuando la «desinstitucionalidad» se vuelve un cáncer social, todos esos patrones deleznables se multiplican tanto en los gobernantes como en los gobernados. ¡Alguien tiene que romper éste círculo vicioso! Y el ciudadano molesto e indignado debería empezar por él.

    En estos momentos de incertidumbre es cuando la falta de legitimidad pesa, cuando un gobierno no tiene la aprobación de la gente y estos últimos lo perciben como lejano e incluso espurio, los gobernantes tienen menor margen de acción para tomar decisiones necesarias. Un gobierno con una gran dosis de legitimidad podría tomar decisiones no muy populares, pero un gobierno con tan poca legitimidad, tiene que pensársela dos veces antes de actuar por el capital político restante que todavía podría perder. Por eso vemos a un gobierno que en momentos, no toma cartas en el asunto, y en otros, se le pasa la mano.

    Vivimos momentos difíciles, donde la época de los «sesenta mil muertos de Calderón» parecía cosa menor ante lo que vivimos. Porque antes era el narco, ahora es el gobierno y parte de la ciudadanía en respuesta. El clima es cada vez más tenso y a nivel federal son muy comunes decisiones orientadas a ganar o preservar capital político en vez de servir y la gente se da cuenta de ello. Los gobernantes no se han dado cuenta que la política de la simulación ya no es tan rentable y se les está saliendo de las manos, al tiempo que un sector de la sociedad más que fungir como contrapeso, termina agravando el problema.

  • Por qué López Obrador es un político deleznable cualquiera

    Por qué López Obrador es un político deleznable cualquiera

    Posiblemente algunos al leer este texto pensarán lo siguiente:

    1. El PRI (y el PAN y Salinas y el imperio neoliberal) le pagó a Cerebro para desacreditar a López Obrador y fomentar una campaña de odio en su contra.
    2. Cerebro odia a López Obrador, seguramente se dejó llevar por lo que dice Televisa y los que hicieron la campaña de odio en su contra.

    Pero realidades son realidades. Como he comentado en mi Twitter, que me caiga mal Peña Nieto, no significa que me caiga bien López Obrador ni viceversa. A mí me caen mal los dos personajes. Me dirán que mi postura ante López Obrador está condicionada por el odio, aunque en realidad en el 2012 tuve el penoso honor de decidir votar por él con tal de que no llegara Peña a la Presidencia (pero como dice la Rana René, luego recuerdo que EPN está hundiendo al país y se me pasa).

    Por qué López Obrador es un político deleznable cualquiera

    En estos últimos días ha quedado patente que López Obrador es un político más, que es un político deleznable, es un político como todos los demás. Me dirán -Cerebro, es que es una estrategia del PRI para hundir al político más honesto de México-. En parte es cierto (menos lo de «honesto») y naturalmente el PRI quiere exhibir a López Obrador para que no se hundan solos, sino que todos se hundan juntos. Pero sólo basta ver como se deslindó AMLO de su relación con el alcalde de Iguala (muy a la Peña Nieto pero sin teleprompter).

    ¿Es culpable AMLO de la matanza de Ayotzinapa que incluso pareciera que está sugiriendo el PRI? No, no creo que tenga nada que ver en la masacre. Pero queda patente que si a AMLO le conviene políticamente se puede aliar con este tipo de alcaldes ligados al narco, o con el ex candidato del PRD en Durango que también está aliado al narco. ¿Honestidad valiente? Yo tampoco lo creo.

    Muchos creen en López Obrador porque se presenta como distinto a los demás políticos. Dice ser honrado y ser austero, pero la verdad es que tiene para vivir como un clasemediero bien acomodado sin haber trabajado 8 años. Dice que su honestidad es impecable, pero ¿Bartlett? -Ya cambió, ahora bueno, dice López Obrador. Para López Obrador son buenos cuando están con él y son malos y maquiavélicos cuando no están con él.

    Después de todo, López Obrador es un priísta, comparte los mismos genes de corrupción y ambición de poder que tienen los priístas actuales. La diferencia entre López Obrador y Peña Nieto no es tan grande como muchos podrían pensar, son parte de esa misma cultura que le ha hecho daño a México por tanto tiempo.

    López Obrador es uno como muchos otros. Entiendo que al ver un país donde hay tanta injusticia y tantos problemas hayan quienes quieran ver en algún político una luz de esperanza (como si los políticos fueran a cambiar al país), lamentablemente no es así, y más cuando hablamos de un político que lo único que sabe hacer es mover masas y utilizarlas como capital político.

    Sé que muchos se van a enojar conmigo y no me importa. Sé que algunos dirán que este artículo fue comprado por el PRI, PAN, la CIA, Texaco, Salinas etc. Pero es simplemente lo que pienso y ya. Así como en su momento critiqué a Calderón y ahora critico constantemente a Peña Nieto (si no lo criticara ahí sí duden de mi inteligencia) de la misma forma voy a criticar a López Obrador.

    En el México de hoy casi no hay políticos en quien confiar, esa es la realidad, y sólo aceptando esa realidad podemos construir algo mejor, porque los únicos que podemos hacer un cambio son los ciudadanos y tenemos que empezar por cambiar nosotros, por poner el ejemplo y dejar de permitir que los que tienen el poder abusen a diestra y siniestra mientras somos displicentes.

    Esa es la realidad, no hay otras. Los mesías tropicales no nos van a venir a salvar, menos cuando tienen problemas psicológicos y delirios de persecusión.