Categoría: política

  • Ya bájale a tu pinche odio en las redes

    Ya bájale a tu pinche odio en las redes

    En esta semana de huracán me di cuenta en las redes de algo. No, más bien ya me había dado cuenta de ello pero la reacción en las redes en tiempos de huracán fue la gota que derramó el vaso.

    Ya bájale a tu odio en las redes

    Hay gente a la que no le importa que a México y a su gente le vaya mal con tal de ver caer al Presidente.

    Muchos somos muy críticos con Peña Nieto, no nos gusta en lo absoluto su Gobierno lleno de ineficacia, corrupción, conflictos de interés, inseguridad, economía deprimida y un sin fin de tópicos más (en un país más desarrollado posiblemente estaría en la cárcel). Pero su gobierno nos indigna precisamente por eso, por lo que representa para nuestro país. Somos muy críticos con Peña porque somos críticos con las corrupción o los conflictos de interés.

    Pero hay quienes tienen una postura de odio fanática contra el Presidente. Y no son pocas las personas (basta echarse un clavado en Twitter).

    Es decir, más que «odiar» a Peña por lo antes mencionado, lo odian por odiarlo, o porque su político favorito (AMLO) no llegó a la Presidencia en 2012. Entonces toda acción que él haga es medida con una vara donde no se puede reconocer nada bueno, porque es imposible que nuestro «antípodas» haga algo bueno. Y no sólo eso, para ellos es inaceptable que haga algo bueno. Si hace una mala acción, más que indignarse, sienten cierto placer al ver como las críticas le llueven al Presidente.

    Cierto, en este sexenio han pasado tan pocas cosas buenas, que cuando nuestras autoridades tienen un acierto (como fueron las acciones preventivas del Gobierno frente al huracán Patricia) hasta nos sorprendemos. Pero quienes queremos a México tenemos la capacidad de aceptar e incluso de reconocer cuando se ha hecho algo bueno. Aunque no simpaticemos con Peña, ni con el Gobierno ni su partido.

    Ese tipo de fanatismo destruye y polariza. Porque no es propositivo, es destructivo. Aunque dudo que exista algún tipo de fanatismo propositivo.

    Algunos incluso esperaban ansiosamente los desastres del huracán y los muertos para tener un pretexto y hacerse que se indignan para saborear las mieles de lo que muy dentro de sí considerarían un triunfo «¿Cuántos muertos más Peña Nieto, cuántos más? ¡Peña los mató! Se decepcionaron al ver que los desastres fueron mucho menores y comenzaron a crear teorías de las conspiración. Que si el gobierno nos engañó, que si nos manipuló. No podía caber ninguna posibilidad donde el Gobierno terminara bien parado.

    Lo triste es que ellos, a su respectiva escala, se terminan convirtiendo en algo peor de lo que critican. ¿Como gobernarían este tipo de personas si se les diera poder? Personas a los que no les importa el bienestar de sus semejantes con tal de ver a una facción política caer. En el mejor de los casos serían igual que ellos.

    Habrá que ver si este tipo de personas tienen conflictos emocionales que descargan en las redes. Hablan de un «gobierno represor» pero no admiten críticas y descalifican a quienes los cuestionan con etiquetas, estereotipos e insultos.

    Y si tenemos un Gobierno que está haciendo las cosas mal, la actitud de estas personas simplemente lo hace peor. Porque no son una oposición real. Simplemente son personas que hacen ruido, pero nadie los oye.

    Y nadie tendría por qué escucharlos, cuando no tienen nada que decir.

  • La arrogancia de las izquierdas

    La arrogancia de las izquierdas

    Muchos consideran que ser de izquierda es una virtud por el simple hecho de serlo. Pensar eso es tan absurdo como asegurar que un religioso sólo por serlo ya es una buena persona.

    La arrogancia de las izquierdas

    Tan lo creen, que algunos de quienes se consideran de izquierda presumen a los cuatro vientos su ideología política tal como si fuera una condición inherente a ellos mismos. A diferencia de quienes caben en la derecha del espectro político, decir que se es de izquierda es un honor.

    Pero no lo es, ser de izquierda o ser de derecha es una cosmovisión o una forma de percibir al mundo de acuerdo a ciertas ideas o conceptos. El honor se gana cuando el ser humano transforma sus ideales en acciones positivas. El religioso solamente es bueno cuando es coherente con su credo y con los valores que dice promover (la religión no tiene el monopolio de lo que es la bondad, se puede ser ateo y bueno sin ningún problema), el izquierdista puede solamente sentirse honorable cuando en la práctica hace algo valioso por promover la igualdad y la justicia (y no, no hablo de compartirle a un amigo El Capital de Carlos Marx, ni compartir gráficas de la pésima distribución de la riqueza en las redes sociales).

    Algunos que se denominan de izquierda parecen creer que tienen cierta superioridad moral sobre los demás. Creen que abordar el discurso de la igualdad y la justicia desde su particular punto de vista es meritorio como para sentirse superiores. Creen que su postura casi representa el fin de la evolución intelectual humana, y quienes a su juicio son de derecha (porque en algunos casos etiquetan como derechistas a quienes no lo son) están rezagados en ese proceso intelectual. Por eso es que algunos presumen ser leídos o tienen el atrevimiento de crear una relación entre sabiduría e izquierda.

    Pero se equivocan. La izquierda no tiene el monopolio de los conceptos de la igualdad o la justicia, la izquierda más bien los aborda desde cierta perspectiva. La misma religión, que se ha relacionado históricamente más bien con las posturas de derecha, también habla, desde su particular punto de vista, de la igualdad y la justicia. Un economista liberal puede encontrar en el «libre mercado» una expresión de igualdad y justicia (aunque el concepto de éstos puedan diferir un poco). La bondad o la solidaridad con el prójimo no es exclusivo de la izquierda.

    Pretender tener superioridad moral por el mero hecho de pertenecer a una corriente política no sólo es un error y una irresponsabilidad; esa postura también puede conducir al dogmatismo y a la arrogancia.

    Personas honorables de izquierda han habido muchas, y perteneciendo a esa corriente política han logrado muchos cambios positivos. Pero son honorables por sus aportaciones y no por el mero hecho de ser izquierdistas.

    Y esto sin hablar de la ambigüedad y hasta obsolescencia de los términos.

  • Ajalpan, dos vivos quemados, y una nación que no funciona

    Ajalpan, dos vivos quemados, y una nación que no funciona

    Muchos subestiman el concepto del Estado de derecho. Eso es lo que ayuda a que «todo esto» funcione:

    Estado de derecho: Estado ideal de cualquier nación porque todos los poderes que conforman el estado se encuentran a derecho, es decir sometidos a la autoridad de las leyes vigentes.

    La gran mayoría de las personas interesadas en los temas políticos y sociales emiten opiniones con base en argumentos ideológicos. Creen que el funcionamiento correcto o incorrecto de un Estado está determinado por las corrientes ideológicas. Entonces culpan al neoliberalismo o al socialismo de todos los males.

    Ajalpan, dos vivos quemados, y una nación que no funciona

    No estoy diciendo que esas corrientes ideológicas, que cada vez son más retóricas y sirven como estrategia publicitaria más que otra cosa, no influyan. En el siglo pasado las batallas ideológicas determinaban el rumbo de nuestra civilización global, ahora estas se han venido neutralizado, pero al final del día siempre habrán quienes se encuentren en el poder y quienes se quieran rebelar a él (en mayor o mayor medida, dependiendo de la desigualdad existente en un estado), eso es algo natural y simplemente le pusimos etiquetas como izquierda o derecha, que pueden ser un tanto ambiguas.

    Pero quienes se rasgan las vestiduras defendiendo alguna corriente ideológica como el fin a todos los males caen en un error, más cuando se subestima o no se le da importancia a eso llamado Estado de derecho, que es pilar de una democracia y un estado funcional.

    Por un ejemplo, muchos satanizan la apertura económica que vivió México, el culpable de todo es el «neoliberalismo», por su culpa no hemos crecido. Y la realidad es que esta apertura incompleta y con resultados ambiguos se debe a un Estado de derecho débil mediante el cual se pudiera hacer un proceso de apertura óptimo. Ya sabemos que varias empresas se vendieron a los «cuates» cercanos al gobierno actual.

    Cuando veo el video de los «presuntos secuestradores» que fueron linchados en Ajalpan, no puedo pensar en términos de posturas ideológicas, es casi un absurdo. Pienso en un Estado de derecho casi inexistente en nuestro país, donde ante unas autoridades frágiles (tanto en las acciones preventivas como en las correctivas) los ciudadanos en un estado casi primitivo (resultado de un entorno donde no hay algún tipo de orden) hacen justicia por cuenta propia quemando a dos jóvenes que al parecer eran en realidad estudiantes.

    Naturalmente un proceso judicial apegado a la ley es mucho más eficiente para juzgar a una persona por un delito que una turba despojada de su racionalidad y que actúa por medios de sus instintos básicos. La diferencia evolutiva entre las dos opciones es de más de 20 siglos. Pero quienes son autoridad y tienen la posibilidad de optar por la primera opción son lo suficientemente incapaces y débiles como para que sus gobernados opten por la segunda.

    Lo que vimos en Ayotzinapa, las turbas en Guerrero y Oaxaca, y demás expresiones de violencia son ejemplo de una autoridad débil. Naturalmente no sugiero un gobierno de talante autoritario (este concepto también va contra la noción de Estado de derecho).

    Es débil no sólo por su ineficacia, sino por su incapacidad de garantizar (o crear las condiciones) un mínimo nivel de bienestar entre la población. Cuando se vive en un país muy injusto o cuando quienes están a la cabeza no tienen autoridad moral, la sociedad termina por percibir a los gobernantes como inútiles, entonces si quienes hacen las leyes o garantizan su ejecución no logran servir, los gobernados terminarán por no importarle las leyes y buscarán satisfacer sus necesidades a su arbitrio pasando a éstas y a las mismas autoridades por encima.

    Y esto sin importar si se vive en un país capitalista o socialista. Un Estado disfuncional no respeta preceptos ideológicos.

    Que el asesinato de estos dos presuntos delicuentes que parecen ser más bien estudiantes o encuestadores que posiblemente nada tuvieron que ver, sea una noticia, y más, una noticia que no nos sorprenda tanto, es sintomático de un país con un Estado de derecho fallido, casi inexistente, y en su lugar tenemos un orden de las cosas (si se le puede llamar así) que beneficia a unos pocos, a quienes tengan el «varo» para pagar a los mejores abogados o para corromper a las instituciones para hacerse justicia propia.

    Si eres sensible, no veas el video, el contenido es fuerte:

  • El Papa y López Obrador. Sálvanos del infierno y de la mafia del poder

    El Papa y López Obrador. Sálvanos del infierno y de la mafia del poder

    Ya se ha insistido mucho en la procedencia de los recursos que tiene López Obrador. Por lo expuesto en los videos donde él aparece (como en el que aparece cantando con su hijo) mal no vive. Tiene un estilo de vida de clase media-alta, le puede dar iPads a su hijo y vestirlo con los jerseys de los equipos de futbol europeos más importantes. También puede hacer campaña por 6 años a través del país y viajar al extranjero. Recursos tiene y deben de salir de algún lado ¿Su partido?

    El Papa y López Obrador. Sálvanos del infierno y de la mafia del poder

    Bueno. Como somos un país mariano y como las izquierdas mexicanas se alimentan de nuestra tradición religiosa (muy típico de América Latina), aunque lo nieguen, López Obrador decidió que era buena idea pegar primero que los demás e ir a Roma a visitar al Papa. Pero naturalmente no fue una visita diplomática, sino que como cualquier persona de a pie, López Obrador le entregó al Papa Francisco una medalla de Fray Bartolomé de las Casas y una carta para expresarle su beneplácito por su próxima visita a México en 2016. No era una relación de jefes de Estado (en tanto López Obrador no lo es), fue algo más parecido a un joven que se acerca a su artista favorito para pedirle un autógrafo.

    El discurso del Papa Francisco le ha caído muy bien a las izquierdas. Su encíclica Laudato si, donde habla de calentamiento global y critica al capitalismo para muchos ha legitimado el discurso de la izquierda. Si bien es palpable cierta apertura y un cambio en el discurso, la doctrina de la Iglesia permanece intacta. Aunque lo que cambie sea el discurso más que otra cosa, a largo plazo puede sí, devenir algún tipo de cambio en la estructura.

    Y quiero referirme al hecho de que la estructura de la Iglesia sigue intacta. La Iglesia sigue desaprobando el matrimonio entre homosexuales, el aborto y el condón. Pero esto no es un problema para López Obrador. Es bien sabido que AMLO es conservador, no es «progresista»; es de izquierda (y si se le puede llamar así) en lo económico, pero en lo social es de derecha.

    Un mesías político que busca legitimidad en el Papa, el mesías religioso por excelencia.

    López Obrador sabe que la noticia de la venida del Papa es algo que agrada al grueso de los mexicanos. El Papa Francisco presuntamente se había negado a incluir a México en la gira recién pasada debido a que deseaba oficiar misa en Ayotzinapa y el Gobierno mexicano no vio esa idea con buenos ojos. Ahora se ha gestionado su visita y pisará suelo en 2016. López vio una oportunidad política en su viaje a Roma.

    Con esto López Obrador quiere apropiarse, para decirlo de cierta forma, del discurso del Papa Francisco. Le viene como anillo al dedo, el Papa critica al capitalismo, habla de justicia social; y sobre todo, es para AMLO, una oportunidad de conquistar al electorado conservador (aunque dudo que tenga mucho éxito): – Mira Ramona, no sé si sea un peligro éste hombre, pero se acercó al Papa, posiblemente Dios lo esté iluminando; Dios sabe lo que hace.

    De esta forma, López Obrador trata de legitimar su discurso, busca encontrar coincidencias para que muchos de los que le temen, no le teman tanto. El Papa habla de la desigualdad, de las empresas voraces, y el Papa es infalible.

    El Papa Francisco es la primera estrategia de campaña (junto con su lucha contra el Bronco y los independientes dizque manipulados por Salinas y controlados por la «mafia del poder») en su lucha por llegar a la Presidencia en el 2018. Tener «supuestamente» la bendición del Papa es su primer arma, aunque a ciencia cierta no sé que opinen de él en el Vaticano, creo que posiblemente no lo tienen en el mejor de los conceptos, igual que el Presidente que actualmente comanda este país.

  • México es como la vieja mula, ya no es lo que era

    México es como la vieja mula, ya no es lo que era

    No sé si se han dado cuenta, pero México está perdiendo influencia en el concierto de las naciones. No sólo a nivel mundial, sino en América Latina.

    México es como la vieja mula, ya no es lo que era

    En términos cuantitativos. En el 2000 México era el país con mayor PIB per cápita de todo el continente. Es decir, el país económicamente más fuerte. Ahora no, ahora nos hemos desplazado hasta el quinto lugar. Nos rebasan Argentina, Chile, Uruguay y Panamá (aunque no sé si Argentina lo haga por mucho tiempo).

    Y no, no es culpa del neoliberalismo. Casi todos estos países han implementado políticas económicas similares.

    Pero tal vez esos datos sean los menos importantes, aunque son ejemplares.

    México está perdiendo influencia cultural sobre los demás países (eso que llaman poder blando). México ya no es el país más fuerte de nuestro continente tampoco en ese sentido.

    Hace unas décadas ejercíamos cierta autoridad cultural: Nuestros programas y nuestras telenovelas de esa época eran muy vistas en los países del cono sur, Chespirito (con todo y lo sobrevalorado que fue ese comediante), conjuntos musicales, artistas, escritores sobre todo. No es que ahora ya no ejerzamos influencia, pero ésta es más débil. México ya no es el que está al timón del continente.

    En quince años, México descendió del primer al quinto lugar en PIB per cápita en América Latina.

    Cuando se conversa sobre países latinoamericanos (excepto cuando se tratan de inserciones pagadas ¿Verdad Gobierno Federal?), se habla de Chile, de Uruguay, de Brasil (aunque éste país va de capa caída) inclusive de Colombia.

    El último suceso mexicano que se extendió por todo el cono sur fue Ayotzinapa. No creo que la masacre de 43 de estudiantes sea una forma de publicidad, menos es una representación del «poder blando». Todo lo contrario, una vergüenza. Una realidad que pensamos ya habíamos superado desde hace décadas.

    Antes se relacionaba al narcotráfico con Colombia. Ahora nuestro país le quitó esa etiqueta. Ya no se habla de Pablo Escobar ni el Cártel de Medellín; se habla del Chapo o de los Zetas, de las débiles instituciones que permiten la fuga del Chapo. Otro golpe duro para la imagen de nuestra nación.

    Nuestro país ha perdido mucho de su prestigio, incluso a nuestro Gobierno no lo respetan. Los diarios extranjeros critican diariamente a nuestras autoridades, y si los poderes de las naciones más importantes no lo hacen, es así porque en la política entre naciones existe algo llamado diplomacia. Posiblemente Merkel u Obama le estrechen la mano al Presidente en persona y aplaudan sus reformas estructurales, pero en lo privado, fuera de cámaras, posiblemente su percepción sea en realidad otra.

    El prestigio importa, el prestigio es poder, es parte de ese soft power tan cacareado por los internacionalistas.  El prestigio tarde que temprano influye en la economía y en el bienestar de la población. Un país grande si quiere prosperar, necesita tener un papel estratégico en las relaciones multitera multiratil multiratel multilaterales con los otros países, necesita tocar su propio instrumento en el concierto de las naciones y no ser simplemente el chalán que afina las cuerdas.

    Y por eso México, como la vieja mula, ya no es lo que era. México ya no manda en Latinoamérica, aunque pese.

    Y como México no es una empresa que pueda sacar un producto del estante por su poca reputación, solo queda mejorar el branding de la marca México y empujar desde abajo.

     

  • Elecciones 2018, primera llamada

    Elecciones 2018, primera llamada

    No sé si ya te diste cuenta, pero la disputa por las elecciones ya comenzó. Pasadas las elecciones del 2015, las piezas del juego se están comenzando a mover en el tablero; el poder comienza a sufrir algunos ajustes estructurales porque en el 2018 van a pasar muchas cosas. En ese año seguramente habrá un rompimiento del estado de las cosas que estamos viviendo actualmente.

    Elecciones 2018, primera llamada

    Ya tenemos un candidato, López Obrador. Tenemos otras figuras a quienes ya «están candidateando» como El Bronco. Nuestro querido Presidente ya está empezando a mover las piezas dentro del gobierno en aras de las elecciones. Bastará algún tiempo (posiblemente menos de un año) para que veamos mejor como va la cosa; pero el 2015 con el auge de las candidaturas independientes modificó el escenario para las elecciones venideras.

    Hay dos cosas que casi son un hecho: 1) López Obrador en la boleta, y 2) el PRI no repite. La primera la damos por sentada porque López Obrador buscará en su tercer intento llegar al poder, ya está haciendo campaña (por lo cual debería de perder el registro su partido) y él mismo ya ha declarado que va por la grande. Hasta aquí no hay ningún secreto.

    La segunda cosa tiene que ver con la pésima gestión del gobierno actual. Naturalmente Peña Nieto es uno de los peores presidentes del México moderno y el margen de maniobra que tiene es bastante poco como para poder dar un golpe de timón. Ya son demasiados tropiezos en su gobierno de tal forma que tendría que hacer algo heroico para poder quedar «tablas» en cuanto a la percepción de su Gobierno.

    Si en las elecciones pasadas al PRI no le fue tan mal fue porque muchos de los inconformes no salieron a votar y las estructuras (cada vez más rebeldes, que ni siquiera llenaron el Zócalo el día del grito) le alcanzaron para obtener mayoría relativa en el congreso. Eso no va a pasar en 2018, menos cuando el PRI no tiene una figura que siquiera tenga el arrastre que tuvo Peña Nieto en 2012. ¿Videgaray, Osorio Chong? ¡Ja!.

    Posiblemente el PRI termine negociando indirectamente con alguna otra fuerza de tal forma que sus intereses no se vean tan trastocados al irse del poder. Posiblemente ni a eso aspire. Todo lo que ganaron en 2012 (triunfo que de alguna forma los llenó de soberbia, y ahí están las consecuencias) se irá en el 2018.

    El PAN y el PRD no pueden aspirar a contender solos. Estos partidos están lo suficientemente desprestigiados. ¿Margarita Zavala? Los afines a Felipe Calderón la querrán, pero electoralmente la percibo como un perfil parecido a Vázquez Mota, no tiene arrastre, se presenta como mojigata. El PRD podría hacer la tontería de lanzar a Miguel Mancera, a quien le ha llovido críticas (en 2018 el PRD podría perder al DF). Posiblemente estos dos partidos vayan juntos (con toda la incongruencia ideológica que eso representa), posiblemente el PRD al final vaya con MORENA. Solos no ganan.

    Los dos principales contendientes de la batalla en la arena electoral serán a mi parecer Andrés Manuel y algún candidato independiente. ¿Por qué? Porque son los únicos dos que pueden aprovechar el descontento de la población. Ni PRI ni PAN ni PRD pueden asumir ese papel porque son vistos como parte del problema.

    Por eso no sorprende que López Obrador arremeta contra los independientes. El Peje ganaría si las elecciones se llevaran a cabo hoy, pero un independiente que cargue la bandera de la oposición al sistema y al mismo tiempo sepa recorrerse un poco más al centro será una amenaza para las aspiraciones del tabasqueño. El Bronco ha vendido un perfil así, Juan Ramón de la Fuente también podría desempeñar ese papel aunque no tiene el recorrido mediático que ya tiene el regiomontano. Jorge Castañeda podría postularse debido a que siempre ha cargado con la bandera de los candidatos independientes, pero meto que no tiene la frescura de los primeros dos.

    La estrategia de López Obrador es vincular a los candidatos independientes, sea quien sea, con lo que él llama «la mafia del poder» para restarles impacto. De hecho ya lo está haciendo.

    López afirma que detrás del Bronco está Salinas, y que cualquier otro que se postule (véase De la Fuente) es por un complot orquestado por la mafia del poder. Insistirá reiteradamente que los independientes no lo son y en realidad son más de lo mismo.

    Saber quien será el candidato del PRI, del PAN y/o del PRD podrá dar curiosidad y poco más. Es muy posible que por primera vez ninguno de los partidos grandes logre ganar. Ni creo que aspiren siquiera al triunfo dividiendo votos, sobre todo si el puntero es un candidato independiente, por que éste es el que tendría más capacidad de apropiarse del voto útil.

    Si el candidato independiente es endeble (o si se postula más de uno, de tal forma que se anulen entre sí), López Obrador estaría en ventaja. Incluso posiblemente alguno de los partidos podría declinar a favor de uno de los candidatos independientes si este escenario se da (lo contrario sería inviable).

    Faltan 3 años, muchas cosas pueden cambiar, pero mi lectura en el 2015 es esa, quienes se subirán al ring serán López Obrador y algún candidato independiente. Los demás partidos quedarán a la expectativa de quedarse con algo, de no perder muchas curules (o ganar algunas más en caso de los partidos chicos) y tal vez de llegar a algún acuerdo con quien podría ser el próximo Presidente de la República.

     

  • López Obrador: Las candidaturas independientes son un compló en mi contra

    López Obrador: Las candidaturas independientes son un compló en mi contra

    Lo sé, siempre que critico a López Obrador me convierto en un judas, entonces empiezan las descalificaciones hacia mi persona, me llaman vendido, me dicen que estoy obsesionado con él (ah pero cuando critico a Peña Nieto, lo cual es más constante, callan). Pero esto no es un concurso de popularidad ni trato nunca que quedar bien con todo mundo. Simplemente trato de mostrar las cosas como son, realidades que a muchos pueden incomodar porque lo que expongo va contra su círculo de creencias. Y no, no tengo que ser un vendido de Televisa ni un lacayo de la Mafia en el Poder. Solamente quiero desnudar a este personaje, al cual, sí, alguna vez voté (no quiero recordarlo), pero que con el tiempo sólo me demuestra que lo único que quiere venir a hacer es a terminar de destruir lo que a Peña Nieto no le alcanzó; a través de sus tergiversaciones, de su discurso maniqueo y tramposo.

    López Obrador: Las candidaturas independientes son un compló en mi contra

    López Obrador quiere llegar al poder, eso es una obviedad y no es un secreto para nadie. No es coincidencia que, valga la redundancia, coincida con algunos priístas en luchar en contra de las candidaturas independientes; a los autoritarios no les gusta que se abran más espacios de participación, y menos cuando atentan contra sus intereses.

    Si hoy hubiera elecciones, López Obrador ganaría. Es cierto, ganaría porque en un día no alcanzarían a posicionarse competidores quienes necesitarían un tiempo para darse a conocer ante la sociedad. Pero sumando el desconocimiento por parte de la mayoría de la población de perfiles interesantes, más el desprestigio de los perfiles más conocidos (Beltrones, Osorio Chong, Velasco y demás) tenemos eso: Que López Obrador en este momento podría obtener el mayor número de votos. AMLO ya se vio, y quiere mantener este orden de la cosas hacia el 2018; los partidos están sumamente desprestigiados y muchos piensan que un candidato que provenga de ellos no tendría las fuerzas para contrarrestarlo, pero un independiente sí lo podría hacer.

    Entonces viene Pablo Hiriart, columnista «muy afín» del Gobierno de Peña Nieto (recordemos que algunos priístas, y sobre todo cercanos al Presidente, no les gusta la idea de los independientes) y publica una columna donde afirma que Diego Fernández de Cevallos, Jorge Castañeda y otros personajes se reunieron para buscar promover a un candidato independiente de cara al 2018, entre quienes podrían estar el propio Castañeda y Juan Ramón de la Fuente. Debido a esto se lanzó una iniciativa llamada Cancha Pareja donde buscan defender y promover la figura del candidato independiente para que en 2018 pueda ser una opción.

    Los lopezobradoristas toman la columna de Hiriart (recordemos que es afín al Gobierno de Peña Nieto, para que vean que cuando le conviene a López Obrador, no importa replicar a uno de sus críticos) y con base en ella hacen afirmaciones tramposas como que la Mafia en el Poder quiere hacer que AMLO no llegue, que Carlos Salinas está detrás (según López Obrador, hasta Salinas jala los hilos de mi madre cuando dice que saque la basura),  que los independientes no lo son (para ellos sólo se es independiente cuando se está con el tabasqueño) y son parte de una conspiración macabra.

    López Obrador y sus afines ya salieron a descalificar a todos los firmantes, pero hay un problema. Entre los firmantes hay algunos personajes que han apoyado a Andrés Manuel como Lorenzo Meyer y los Bichir, el propio Juan Ramón de la Fuente iba a ser designado Secretario de Educación en caso de que AMLO llegara al poder en 2012. Los firmantes buscan nuevas alternativas de hacer política, pero para López Obrador, la única alternativa es, él mismo; y como este listado de personajes, muy diverso, muy heterogéneo, que van desde la izquierda y el progresismo, hacia la derecha, tiene su propia apuesta, entonces son parte del complot.

    Que se puede esperar de un personaje que cuando le conviene, defiende al Bronco, y cuando no, días después, asegura que es sólo un peón de la Mafia en el Poder.

    Basta ver lo que sus cercanos, como Gerardo Fernández Noroña, opinan (quien por cierto, me bloqueó de Twitter por hacerle una simple crítica, para que vean el grado de convicción democrática que presumen esos personajes), básicamente descalifica a todos los firmantes menos a quienes se han mostrado muy cercanos a Andrés Manuel (pa’ que no se vea la incongruencia), como si todos ellos quisieran conspirar contra López Obrador.

    Básicamente López Obrador quiere el poder para sí sólo, «el Estado soy yo». Aunque muchos lo nieguen, aunque algunos digan que se trata de un socialdemócrata mal comprendido, aunque digan que se trata el Lula da Silva mexicano, del Roosevelt siendo combatido por los «republicanos más recalcitrantes». No sé si se parezca a Hugo Chávez o a Maduro, pero López Obrador surgió del PRI y se parece mucho a ellos (sobre todo a esos nefastos mandatarios que tuvimos en los años 70), y sí, tiene los mismos genes en su sangre política que Peña Nieto, aunque duela.

    Y si se trata de combatir a un personaje así, pues que mejor.

    Todo unidos contra López Obrador

    Posted by sdpnoticias on Miércoles, 30 de septiembre de 2015

  • Los estudiantes de Ayotzinapa ya están muertos

    Los estudiantes de Ayotzinapa ya están muertos

    Este 26 de Septiembre es el primer aniversario de uno de los días más trágicos de la historia moderna de México, y hablo de la matanza de los estudiantes de Ayotzinapa. A un año, y por más que el Gobierno trate de hacer que la población olvide el tema (porque el Gobierno se mostró incompetente, porque Ayotzinapa evidenció al Gobierno, evidenció la colusión del crimen organizado con el Estado, y también porque hay quienes se han querido aprovechar de la tragedia y manipular a los padres con intereses políticos), el dolor ahí sigue, no se ha ido.

    Los estudiantes de Ayotzinapa ya están muertos

    Hay una cosa que a mí me parece tristemente cierta, y es que los estudiantes de Ayotzinapa están muertos. Entiendo a los padres, me imagino que en su dolor no quieren perder las esperanzas, pero no veo como es que los estudiantes puedan estar vivos, menos a un año. La forma en que murieron puede ser debatible: La PGR tiene su «verdad histórica» y el GIEI por su lado afirma que esa versión es más bien una «mentira histórica». Pero los estudiantes ya murieron.

    Los padres están en su derecho de no aceptar la verdad porque es muy doloroso aceptar la muerte de un hijo, más cuando no se conocen con certeza las condiciones en que murieron. Pero a nosotros si bien no nos deja de doler el hecho, no nos han matado a un niño y podemos pensar de forma más racional y objetiva. ¿De verdad creen que los estudiantes están vivos, escondidos en algún lado? De verdad lo veo muy difícil, si no es que imposible. ¿Para qué el Gobierno simularía una tragedia que no existió? Se me hace algo absurdo.

    La tragedia nos duele mucho, de hecho Ayotzinapa es la razón por la cual el Papa Francisco (según palabras de Raymundo Riva Palacio) no pisó México en esta visita a América. El Papa Francisco pidió ir a la normal de Ayotzinapa para oficiar una misa, lo cual no le pareció al Gobierno de México. Es un secreto a voces que la relación entre el Gobierno de Peña Nieto y el Vaticana no es la mejor.

    La tragedia nos duele mucho, porque a pesar de que los estudiantes posiblemente no eran un ejemplo a seguir (en una manifestación en la Autopista del Sol, quemaron una gasolinera donde murió una persona) no se concibe que una autoridad coludida con el crimen perpetre una masacre de semejantes proporciones. Los estudiantes debían ser calmados o sancionados, no ejecutados.

    La tragedia nos duele mucho, porque aunque yo no creo que el Gobierno de Peña Nieto los haya mandado a matar, como algunos sugieren, el Gobierno fue tan displicente que el mensaje que recibimos fue de «me vale madre» y porque el nivel de corrupción que han permitido (y hasta fomentado) de alguna forma han permitido que el Estado pueda ponerse al servicio del narcotráfico para perpetrar una masacre, porque sin importar si fue de orden local o estatal, #FueElEstado, porque el estado se puso al servicio de los narcotraficantes.

    Sí, es doloroso aceptar que están muertos, porque eso significa una herida más en nuestra historia, un hecho cuyas causas posiblemente nunca conozcamos a fondo, porque hay muchos interesados en que no se sepa, o hay quienes quieren jugar tramposamente con la historia.

    Vivos se los llevaron, pero… muertos están. Y al Gobierno no le importa, el Gobierno sólo quiere lavar su imagen, el Gobierno no quiere resolver nada, sólo se quieren lavar las manos, y seguir en su acostumbrada dinámica del poder.