Categoría: política

  • Ser capitalista y socialista al mismo tiempo

    Ser capitalista y socialista al mismo tiempo

    El capitalismo y el socialismo han sido los eternos rivales dentro de la teoría económica desde hace algunos siglos, y su eterna enemistad se hizo más patente al entrar en el terreno de lo político durante la Guerra Fría con la vertiente más extrema del socialismo. Se consideran opuestas porque uno defiende la libertad económica sobre la igualdad y otro hace lo contrario.

    Ser capitalista y socialista al mismo tiempo

    Los términos se han ido moldeando con el tiempo. Por ejemplo, no es lo mismo un socialista soviético de mediados del siglo pasado a un socialista europeo de nuestros tiempos, pero en realidad la esencia se mantiene intacta. El capitalismo pugna por la libertad económica, y el socialismo busca crear un mundo más igual y más justo.

    Entonces pensé. ¿Por qué capitalismo y socialismo deben de ser enemigos eternos?

    Si partimos de esos valores esenciales, posiblemente podamos encontrar un punto de inflexión donde ambas corrientes puedan coincidir. Muchas de las políticas socialistas han quedado en descrédito, pero no así su esencia. No porque el comunismo soviético y el chavismo hayan mostrado su inviabilidad significa que aspirar a un mundo más justo y humano sea inviable.

    Para tener un mundo más justo, donde la pobreza extrema pueda pasar a la historia, necesitamos no solamente redistribuir mejor la riqueza, tenemos que crear más riqueza. La historia nos ha enseñado que esta sólo se puede crear a través de la innovación y el desarrollo tecnológico, y también nos ha mostrado que la competencia entre empresas privadas ha sido el modelo más eficiente para hacerlo. Eso sí, sin ignorar el papel que puede tener el Estado en la investigación básica y como agente que pueda crear sinergia con las empresas e instituciones académicas.

    De hecho, a pesar de muchas inconformidades y a pesar de los defectos del sistema económico que prevalece, erradicar la pobreza extrema es una posibilidad y muy posiblemente vivas para contarlo. Y uno de los agentes importantes en esa lucha (porque es quien genera la mayor parte del dinero que se dona o se recauda vía impuestos para la campaña de United Nations Millennium Development Goals, que lidera estos esfuerzos) es la propiedad privada.

    Entonces, desde un punto de vista social, la competencia entre empresas privadas no es algo totalmente indeseable.

    Las empresas, en tanto tienen la capacidad de crear riqueza, de alguna forma colaboran para el bienestar de los habitantes de nuestro planeta. Naturalmente no pueden ser los únicos agentes: Los gobiernos y las instituciones no gubernamentales deben de jugar un papel muy activo.

    Por su parte, los gobiernos pueden implementar mecanismos de redistribución que no desincentiven la competitividad en el terreno privado, llegando un punto en que sea posible crear un ambiente propicio para la innovación y al mismo tiempo que los ciudadanos tengan garantizada una base sobre la cual partir, de tal forma que gobierno e iniciativa privada no se estorben entre sí, sino que se complementen.

    Por ejemplo, un gobierno que pueda garantizar la salud y educación a sus gobernados, crea las condiciones para que la iniciativa privada pueda contar con mano de obra calificada, o bien, que dichas condiciones fomenten la innovación y el desarrollo de empresas por parte de nuevos emprendedores (así fomentando la creación de nuevas empresas en vez de que el capital se concentre en un pequeño conglomerado privado). Un gobierno, proveyendo educación y una mejor salud, con la iniciativa privada que crea empleos, pueden dar mayor posibilidad para que los pobres aspiren a una mayor movilidad social. De tal forma que las generaciones subsecuentes tengan un rol importante en la sociedad y no se queden rezagados.

    En este escenario es donde el capitalismo y el socialismo pueden encontrar su punto de inflexión, donde la iniciativa privada cree la riqueza, y el gobierno se encargue de crear mecanismos para que más personas puedan aspirar a ella. En vez de redistribuir ésta directamente, los impuestos se deben utilizar para que una mayor parte de la población tenga más oportunidades.

    Así podríamos aspirar a vivir en un mundo donde puedan coexistir el emprendurismo y la justicia social.

    Y no hay que olvidar como es que las nuevas tecnologías cambian la dinámica la economía y la política. Ahora los ciudadanos podemos tener un poco más injerencia en el terreno de lo público y lo político gracias a Internet y las redes sociales. Del mismo modo tenemos mayor capacidad de «regular» a las empresas sin el brazo interventor del Estado al denunciar sus malas prácticas que pueden orillarlas a dejar sus nocivas prácticas a un lado al poner su prestigio en entredicho.

    Pero para llegar a ello tenemos que acabar con los dogmas. Tenemos que aceptar que las políticas socialistas tradicionales que pugnan por un Estado fuerte han fracasado no sólo una, sino varias veces. Y por otro lado también debemos de aceptar que el mercado no puede hacer la tarea sólo y que el progreso nunca podrá ser producto de la simplista proposición de «desaparecer al Estado».

  • El principio del fin del chavismo, o el día que el sentido común regresó a Latinoamérica

    El principio del fin del chavismo, o el día que el sentido común regresó a Latinoamérica

    La historia nos ha enseñado que la excesiva intervención del gobierno atrofia a los países. Tenemos que remontarnos a la Revolución Industrial y preguntarnos por qué fue Inglaterra el lugar donde esta se gestó. Antes de este suceso, las naciones tenían mas o menos los mismos niveles de pobreza, pero los ingleses eran una nación relativamente más libre y abierta, lo cual creó las condiciones, entre algunas otras razones, para que fuera ese lugar donde se comenzara a gestar el cambio de una sociedad agricultora a otra industrial.

    Revolución Industrial

    Durante la Guerra Fría, el mundo se dividió en tres: El primer mundo, cuyos miembros eran los países capitalistas desarrollados de Occidente que permitían en libre comercio, el segundo mundo lo integraban los países comunistas miembros o satélites de la URSS, y el tercer mundo los países no alineados que decidieron implementar una economía mixta que permitía el capitalismo dentro de las naciones pero que mantenía muy altas restricciones por medios altos aranceles al comercio exterior. No está demás recordar a que naciones les fue mejor.

    Tanto la excesiva intervención en la economía como en lo social son un lastre para las naciones. De hecho las naciones que pugnan por una excesiva intervención en una de las ramas, terminan siendo, en la mayoría de los casos, intervencionistas en la otra (por eso es que se dice que al final del día la ultraderecha y la izquierda radical se parecen).

    Hace unos años, gran parte de América Latina giró a la izquierda intervencionista, debido a que las instituciones supranacionales como el FMI y el Banco Mundial (Consenso de Washington) pensaron que bastaba con darles a las naciones latinoamericanas en crisis, la misma receta para liberalizar sus economías sin analizar a cada país de forma individual. Eso hizo que muchos países no resistieran bien el shock, traduciéndose esto en golpes de Estado, o en la creación de élites económicas rígidas (capitalismo de cuates) como en el caso de México. Esto dio a pie al surgimiento de líderes que pugnaban por un estado anterior de las cosas amparándose en la apología al nacionalismo, la excesiva intervención del Estado y un discurso imperialista – conspiracionista.

    El discurso anti imperialista ha sonado todos los días en los medios oficiales de Venezuela. Pero PDVSA es propietaria de CITGO, empresa estadounidense que posee varias gasolineras en esa nación.

    Bastó algún tiempo para mostrar que estas políticas económicas estaban equivocadas. El Kirchnerismo (que paulatinamente se volvió afín al chavismo) perdió el poder a manos de Macri, y ahora el mismo chavismo en su tierra recibe un duro golpe en las elecciones parlamentarias, lo cual muy posiblemente se puede considerar como el inicio del fin del chavismo. Maduro tendrá un congreso de oposición liderado por la Mesa de la Unidad Democrática que aglutina a partidos de centro-izquierda, centro y derecha. Ésta es la primera vez que el chavismo gobierna sin controlar el congreso.

    El principio del fin del chavismo, o el día que el sentido común regresó a Latinoamérica

    El chavismo se desinfló gracias a los pésimos resultados en economía, gracias a las tiendas vacías, a la hiperinflación, y al autoritarismo. Estas son en realidad, consecuencias naturales de los gobiernos excesivamente intervencionistas. Durante el chavismo, Venezuela se rezagó; basta ver sus ciudades que parecen estar atrapadas en el pasado, y las torres financieras sin concluir que se han convertido en favelas verticales.

    La política redistributiva en Venezuela ha consistido en reducir la desigualdad haciendo más pobres a todos.

    La mejor forma de traer prosperidad a una nación es por medio de mercados lo suficientemente libres como para que puedan transferir conocimiento, producir, transferir y absorber innovación. Los avances tecnológicos y la innovación, como lo ejemplifica la Revolución Industrial, son los que traen prosperidad a las naciones.

    No digo con esto que el gobierno no deba tener ningún papel. Los gobiernos pueden implementar políticas redistributivas para procurar una sociedad más equitativa, en tanto éstas no atrofien a sus benefactores. Los gobiernos deberían de garantizar el acceso a la salud, la educación y el agua a sus habitantes, y también deberían implementar mecanismos para que los más pobres tengan mayor posibilidad de movilidad social (es decir, saltar de una posición social a otra).

    Pero los gobiernos no pueden pretender sustituir la productividad y la capacidad de innovar de la iniciativa privada, y mucho menos puede pretender castigar a ésta (como ahora lo hace el gobierno de Peña Nieto) para obtener más recursos, debido a que su despilfarro irresponsable los ha dejado con las arcas vacías.

    Las izquierdas deberían de pensar en buscar mecanismos para redistribuir mejor la riqueza sin castigar la productividad y la innovación de la iniciativa privada.

    Esos males que las izquierdas atañen al «neoliberalismo» son más bien producto de la intervención del Estado y a del favoritismo de éste para beneficiar a determinadas empresas. Las izquierdas deberían de pugnar por un mercado libre, y hecho esto, implementar mecanismos redistributivos. Si las izquierdas, como la de MORENA, siguen pensando en que el Estado debe de tener un papel activo en la economía, estaremos condenándonos al fracaso como ya está ocurriendo con algunos países de América Latina.

    Hoy Venezuela es el país con la inflación más alta del mundo, el chavismo ha creado pobreza (55% de la población) y desabastecimiento (89%) además de tener uno de los salarios mínimos reales más bajos del mundo de menos de $12 dólares al mes (paradoja en un país socialista), su petrolera es una de las más ineficientes del mundo y sus políticas han hundido a los sectores industriales. Además éste régimen se ha caracterizado por su intolerancia, la represión (como el encarcelamiento de Leopoldo López) y la persecución como formas de mantenerse en el poder.

    Esos son los resultados del socialismo latinoamericano, y en el caso de México, a pesar de las evidencias empíricas, palpables y sonantes, todavía muchas personas ven en López Obrador a la figura que por medio de las mismas políticas fracasadas, rescate a nuestro país; sobre todo porque consideran al «neoliberalismo» (que en realidad nuestro país no es muy «neoliberal») y a la mafia en el poder (cuya existencia se debe al conturbenio con el Estado y no al libre mercado) como los responsables de las problemáticas actuales de nuestro país.

  • México es un delicioso pastel que pueden comerse unos pocos

    México es un delicioso pastel que pueden comerse unos pocos

    Cada cierto tiempo en México algunos medios y opinólogos nos alertan sobre el peligro del populismo. Lo hacen incesantemente. El primer nombre que viene a la cabeza es el de López Obrador, y tal vez en mucho menor medida, el de «El Bronco».

    México es un delicioso pastel que pueden comerse unos pocos

    Existen videos realizados por estos medios que explican las características del populista, y de alguna forma aciertan en su crítica. Su discurso es maniqueo, dividen al país entre el pueblo bueno el cual siempre tiene la razón (y con tener la razón me refiero a que cómo el líder no se equivoca, y el pueblo cree ciegamente en él, entonces el pueblo no se equivoca) y los bandidos, los empresarios, los imperialistas, la mafia en el poder.

    Pero quienes hacen esas críticas suelen olvidar una cosa: Las causas por las cuales surge el populista.

    En realidad no es que las olviden, es que muchas veces son parte del problema y prefieren ignorarlas. Una televisora coludida con el gobierno puede hablar en su noticiero sobre como México podría desmoronarse si «el populista» llega al poder, cuando en realidad esa dinámica donde dicha empresa recibe favores del gobierno a cambio de concesiones, está destruyendo el país.

    Ni la Venezuela antes de Chávez, ni la Cuba antes de Castro, ni la Bolivia antes de Evo eran ejemplos de democracias funcionales. En realidad eran países muy injustos donde algunos pocos capitalistas estaban coludidos con el aparato gubernamental, lo que se traduce en mayores beneficios para ellos en perjuicio de la población, se enriquecen a costa de los demás y generan un país más desigual. Es decir, un juego de suma cero, cuando en un mercado libre, el juego no es de suma cero, sino que ambos ganan.

    Y ese es el estado actual de México. El México de hoy se parece mucho a la «Venezuela antes de Chávez».

    A la fecha, empresas como Televisa siguen ejerciendo poder sobre la clase política para beneficiarse. A la fecha, a las empresas que crecieron al cobijo del gobierno no se les ha hecho participar en un esquema de libre mercado. Las élites son las mismas, no cambian, y eso es sintomático de la concentración de poder en la parte más alta de la pirámide.

    No es casualidad que en México existan 50 millones de pobres coexistiendo con algunos de los empresarios más ricos del planeta.

    Es fácil para demagogos como López Obrador etiquetar a esa clase beneficiada como la «mafia en el poder». De hecho dicha etiqueta no es del todo errónea, porque es un pequeño grupo que posee la mayor parte del poder del país, como si se tratara, sí, de una pequeña mafia.

    El problema está en que personas como AMLO usan dicha circunstancia para crear un discurso maniqueo de buenos contra malos y erigirse como líderes espirituales; peor aún, aseguran que el culpable es el mercado, el neoliberalismo; y entonces pugnan por una mayor intervención del Estado en la economía y en la vida cotidiana. Pero en realidad es todo lo contrario. A esa dicha concentración de poder se les debería de quitar los privilegios que tienen con el gobierno y hacerlos competir justamente en un mercado libre, donde sea la calidad de los productos y servicios, y no de las relaciones que tienen con el Presidente, o con los diputados que ellos mismos han colocado en las cámaras (telebancada), los que determinen su éxito.

    En realidad, una mayor intervención del Estado propiciará a la larga la aparición de más «Televisas» y «Carlos Slim». Democracias disfuncionales e inequitativa como las de México y Rusia han sido antecedidas por una fuerte intervención del Estado en la economía. Ahora tanto México como Rusia presumen de tener magnates poco innovadores y sí muy hábiles políticamente para saber jugar con la ley a su antojo.

    Entonces para evitar la llegada de un «populista» como muchos temen, primero se debería modificar este orden donde unos pocos concentran la riqueza del país por su cercanía con el poder. Si no se hace, será cuestión de tiempo para que uno arribe al poder.

    Los partidos políticos no tienen intención alguna de hacer algo. México es un delicioso pastel que pueden comerse unos pocos, y los partidos entonces prefieren comer un pedazo grande en vez de crear las condiciones para que toda la población pueda aspirar a comer una rebanada del pastel.

    Al final tenemos un país muy dividido donde algunos de los políticos prefieren alinearse con «la mafia» mientras otros se preocupan más por alinearse al demagogo, sin que queden muchos que puedan, desde un postura objetiva, luchar por un México más justo por medio de un Estado de derecho que funcione para todos y no líderes demagogos que la violen porque la consideran injusta, en vez de legislar para hacer reformas a ésta y exigir su cumplimiento.

    Dentro de ese punto medio y objetivo podemos vislumbrar a algunos académicos, intelectuales u opinólogos, pero los políticos ubicados ahí son muy escasos.

    Entonces llegamos a la conclusión de que antes de alertar sobre los populistas, deberíamos alertar sobre lo que ya está pasando y arreglarlo. Porque de lo contrario no tendremos siquiera la autoridad moral de emitir dichas alertas.

  • La mitad de Peña Nieto

    La mitad de Peña Nieto

    ¿Se acuerdan cuando Peña Nieto presentó un decálogo para la seguridad en respuesta a la presión social por los 43 estudiantes de Ayotzinapa? ¿Saben cuantos puntos de ese decálogo se han cumplido? Ninguno. Ni siquiera el más sencillo, cambiar el número de emergencias a 911 (porque pues todos vemos películas gringas ¿no?).

    La mitad de Peña Nieto

    Y lo digo porque esta anécdota es un reflejo de su gobierno. Peña Nieto es el mandatario más impopular a mitad de sexenio, y posiblemente el juicio histórico lo coloque como uno de los peores presidentes de la historia moderna del país.

    Peña Nieto ya se gastó casi todas las balas que tenía en su pistola, ya jugó todas las cartas. Desde un punto de vista político no había empezado tan mal, había logrado unir a las tres fuerzas políticas más importantes del país en el Pacto por México. Parecía que dentro de su gobierno al menos había oficio político (eso que tanto presumen lo de su partido).

    Los que fuimos pesimistas al final tuvimos algo de razón, y es que un gobierno que se sostiene con las peores facciones del PRI (como el Estado de México e Hidalgo) no puede dar muchas razones como para celebrar. Al final en estos tres años, la corrupción (Casa Blanca), el autoritarismo (cese de Pedro Ferriz y Carmen Aristegui), la indiferencia y la inseguridad (Ayotzinapa) han sido una constante. Aciertos los hay, pero palidecen rápidamente ante los errores de este gobierno.

    Mencionar un logro de Peña Nieto…

    … entonces me doy cuenta que tengo que hacer un esfuerzo mental. Eso es una mala noticia, porque basta con ser un gobernador mediocre para que los ciudadanos recuerden uno, sólo uno. – Este gobernador es bien rata, pero puedo decir que limpió el centro de ambulantes, o este otro mandatario nos metió en una guerra sin salida, pero amplió la cobertura social universal.

    Podría remitirme a las reformas, pero incluso dentro de los logros que pudiera tener dentro de éstas, uno puede encontrar peros sin ningún problema: – Se necesitaba una reforma a las telecomunicaciones, pero le dio preferencia a su amigo Azcárraga y entonces resulta que pudo ser mejor; o instrumentó una reforma energética necesaria, pero nadie le quiso entrar a la primera ronda porque muchos inversionistas critican la falta de Estado de derecho.

    Y todo esto es una mala noticia para México, porque mientras a Peña le vaya mal, a México le irá mal (aunque claro, hay quienes desde su postura política desean que a Peña le vaya muy mal, sin importar las consecuencias que esto puede tener para el país).

    A Peña le debería de ir bien. Eso nos conviene a todos.

    Luego entonces, Peña Nieto incurre en un conflicto de interés, razón suficiente como para que en un país más desarrollado fuera procesado, y para tapar el ojo al macho se trae a su amigo Virgilio Andrade en lo que fue la máxima expresión del cinismo, la consecuencia inmediata es que ahora los ciudadanos no tenemos razones para confiar en él. Peña ha roto eso que es tan delicado. Peña está divorciado de la ciudadanía y posiblemente ya poco pueda hacer.

    Tener un mandatario sin legitimidad es una mala noticia para México. Pero dicha pérdida de legitimidad se la ha ganado. No es tanto consecuencia de que quienes no simpaticen con su partido lo detesten; lo preocupante es que los cercanos a su mismo partido le siguen aplaudiendo a pesar de lo evidente. Posiblemente si el PRI no tuviera las estructuras que tiene, las encuestas de popularidad dejarían todavía peor parado a Peña. Un mandatario priísta nunca tendrá una popularidad del 10% o menos como ha sucedido en países como Argentina, precisamente por eso, porque su partido tiene los miembros y estructura suficientes para tener adeptos independientemente de la forma en que gobierna. Siempre habrá un acarreado, una persona en busca de un puesto, un priísta de corazón porque su partido lleva los colores de México; siempre habrá incondicional que esté en las buenas, en las malas, y en las muy malas.

    Pero visto desde fuera, el gobierno de Peña Nieto ha sido bastante malo, y visto desde más fuera (desde el extranjero) la situación se complica. Los medios extranjeros han sido demasiado críticos con su gobierno y razones no les faltan. Los medios hablan de las Casas Blancas, de la fuga del Chapo, de Ayotzinapa, de la frivolidad del mandatario y su familia.

    Hace 6 años hice la misma dinámica con Felipe Calderón (nótese que es evidente que en ese transcurso de tiempo mi redacción mejoró mucho, así que no se asusten) y fui muy crítico con él; pero al leer dicha columna para compararla con esta que estoy acabando de escribir, es de notar que la forma en que hago la crítica es completamente diferente: Calderón era alguien que podría dar mucho y no dio tanto, mientras que Peña Nieto podría dar poco y no dio absolutamente nada.

    Sin haber sido un gran presidente, entiendo por qué la gente extraña a Felipe Calderón. La diferencia entre ambos mandatarios es abismal. Es más, creo que Calderón ha de estar agradecido con Peña porque el contraste le ayuda mucho al primero para que el juicio histórico sea más complaciente.

    Así las cosas, no hay nada que celebrar. Por el contrario, es agobiante pensar que apenas vamos a la mitad.

  • El candidato independiente visto como un tlatoani

    El candidato independiente visto como un tlatoani

    Entré a la sala ubicada en la Expo Guadalajara, donde en el marco de la FIL se llevaría a cabo una charla entre los antes candidatos independientes, y que conduciría Leo Zuckerman.

    No sé si estaba en una conferencia o en un estadio, pero había mucha emoción entre quienes asistieron a esta mesa. El público, que abarrotó el auditorio, recibió a los «independientes» casi como si fueran rockstars.

    El candidato independiente, visto como un tlatoani

    Cuando alguien mencionaba la palabra independiente, la gente aplaudía; cuando se trataba de palabras como «partidos», «PRI» o «Peña Nieto» los abucheos no se hacían esperar. No importaba si los argumentos expuestos por parte de los independientes eran válidos o eran sólo simplemente palabras al aire.

    Era patente la molestia del público con la clase política, de alguna forma los asistentes (y yo creo que la mayoría de los ciudadanos comunes interesados en política) han depositado su fe ciega en los independientes y aquí es donde yo freno el carro:

    Jorge Castañeda (quien trató de contender sin éxito como independiente por la presidencia en 2006), Jaime Rodríguez «El Bronco» (ex Priísta que llegó como independiente al gobierno de Nuevo León contra todos los pronósticos), Manuel Clouthier (hijo del «Maquío» quien ganó un escaño en el senado como independiente), Pedro Kumamoto (Diputado Local por el distrito 10 de Zapopan que llegó sin el apoyo de los partidos), y Alfonso Martínez (alcalde de Morelia quien llegó por la misma vía). Todos ellos son independientes, pero son figuras muy diferentes entre sí. No se pueden poner en un mismo saco.

    Jorge Castañeda es un académico, canciller hijo de canciller, con toda una vida tanto en la educación como en la política. El Bronco militó varias décadas en el PRI, y al no poder contender por ese partido, decidió salir y hacerlo por cuenta propia. Clouthier, un ex panista, hijo de los principales bastiones del PAN (cuando este partido tenía dignidad). Kumamoto es un joven que todavía vive en casa de sus papás, sin experiencia política alguna, pero con muchas ilusiones y ganas de hacer las cosas bien. Y Alfonso Martínez cuya trayectoria no conozco a fondo, pero que también surgió del PAN.

    Sus historias son muy diferentes. Su honorabilidad también. Depositar toda la fe en ellos es un error.

    Las candidaturas independientes son muy necesarias. De hecho, en un México donde existen partidos políticos viciados, son no sólo un recurso alterno que tiene el elector, sino un incentivo para que los partidos políticos se renueven.

    Pero son necesarios. Todo país democrático está compuesto de éstos. Las candidaturas independientes son simplemente un complemento, otro agente en la arena que estimula más la competencia.

    A pesar de la insistencia de algunos panelistas (como Jorge Castañeda y Pedro Kumamoto) de no ver a los candidatos independientes como la panacea, el público mostraba una gran admiración hacia ellos, como si se tratara de los cuatro fantásticos. Pero no lo son.

    El Bronco

    La diferencia intelectual entre Jorge Castañeda y El Bronco es abismal. Al primero le sobra cultura y conocimientos (aunque a veces no se esté de acuerdo con algunos de ellos), El Bronco, me parece más bien una persona relativamente ignorante, pero que sabe como ganarse a las masas. Algo así como un Fox con una pizca de López Obrador.

    Pero la mayoría de los asistentes no se daba cuenta de su demagogia. El Bronco repetía constantemente que los partidos políticos eran totalmente innecesarios y que había que borrarlos del mapa (una afirmación irresponsable): Todos aplaudían y algunos se ponían de pie. El neoleonés arremetía contra los medios de comunicación, decía lo que la gente quería escuchar: confrontación, promesas, pero casi ninguna idea congruente.

    Hasta Pedro Kumamoto (a quien dobla en edad) terminó exhibiendo sin querer al neoleonés. Mientras Kumamoto reconoce el handicap inherente a su juventud y por lo cual trata de prepararse y asesorarse, El Bronco hace gala de su larga experiencia en el PRI. Basta con vociferar «arriba los independientes, mueran los partidos o los medios de comunicación» para hacer explotar al público en júbilo.

    Afortunadamente para El Bronco, éste tiene la ventaja de suceder al clan de los Medina. Basta con hacer caer algunas cabezas y gobernar de forma un tanto decente como para poder erigirse como «El cambio» que México necesita, y que los neoleoneses lo presuman. ¿Les suena?

    Y aquí es donde quiero dejar en claro que no todos los independientes son iguales, que un independiente también puede gobernar mal y se puede corromper. Están hechos de la misma materia que cualquier ser humano.

    Imaginemos que el líder de alguna iglesia evangélica sumamente conservadora lance su candidatura como gobernador independiente y al llegar al poder prohiba los besos en público o lleve a cabo una cruzada en contra de los homosexuales.

    O bien, que una figura que tiene relación con el narcotráfico use ese medio (aprovechando su fama en algún Estado) para buscar una gobernatura.

    La figura de los independientes cae bien, porque mientras los partidos están viciados y atados a un sinnúmero de intereses, los independientes no lo están y «necesitan más de la ciudadanía» para llegar al poder (lo cual los compromete más con ésta). Entonces cuando se vuelven una competencia real, los partidos llegan a la conclusión de que necesitan renovarse; posiblemente limpien sus filas y logren una mejor comunicación con los ciudadanos.

    Los partidos a su vez ofrecen una plataforma ideológica y en ese sentido representan, o deberían de respresentar, a una fracción de los ciudadanos. Un empresario, una madre de familia tradicional, un activista gay o un maestro debería poder simpatizar con un partido político que le sea afín a su forma de pensamiento.

    Un político partidista podrá tener el respaldo en las cámaras que el independiente posiblemente no tendrá. Por esto es que al final del día, los partidos son necesarios; lo que necesitamos es que se renueven, y en el caso de no poder hacerlo, que sean reemplazados por otros.

    México necesita una reflexión más profunda que júbilos ante frases ensayadas y repetidas hasta el cansancio. Si concebimos al independiente como tlatoani, estaremos cayendo en el mismo error histórico en el cual hemos caído siempre y poco después nos preguntaremos por qué las cosas no han funcionado como esperábamos.

    Porque al final es un trabajo de todos. No sólo de los políticos. Tuyo y mío también.

  • Las becas, y por qué el Gobierno quiere acabar con ellas

    Las becas, y por qué el Gobierno quiere acabar con ellas

    Hasta el economista más liberal entiende la función que tienen las becas. Una beca, para empezar, ayuda a generar mayor movilidad social (que es algo que México carece y luego uno se pregunta por qué las familias de los ricos son las mismas y por qué la distribución de la riqueza es de dar pena). Muchas personas que no tienen ni de lejos la capacidad de costearse una maestría en alguna universidad de su país, pueden ir a cursarla al extranjero. El estudiante de clase media que no puede pagar una maestría en el ITESM, puede irse al MIT, o al London School of Economics, sin haberse endeudado y sin gastar prácticamente un clavo (aunque sí mucho tiempo de esfuerzo, papeleo y competencia).

    Las becas, y por qué el Gobierno quiere acabar con ellas

    Pero eso es lo de menos, las becas son muy necesarias para un país que está rezagado. Son muy útiles para la transferencia de conocimiento; no solo por parte de quienes regresan a su país. Incluso, según menciona Andrés Oppenheimer en su libro Crear o Morir, a pesar de la «fuga de cerebros» el país de origen al final termina obteniendo beneficios de ellos, porque en un mundo globalizado no deberíamos de hablar de «fuga de cerebros», sino más bien de «circulación de cerebros». Muchas de esas personas que terminan trabajando fuera viajan a sus países de origen a impartir seminarios o de alguna forma terminan compartiendo el conocimiento que han adquirido.

    Entonces tenemos dos puntos clave: Movilidad social y transferencia de conocimiento (la cual a su vez genera mayor riqueza y esta a su vez generar más movilidad social) obteniendo el expertise de los países más desarrollados.

    Imagina que tienes un negocio de marketing y tanto tus socios como tú son personas recién graduadas con muchas ganas de romperla pero no tienen experiencia. Tú te vas a trabajar por uno o dos años a una de las empresas más importantes del ramo, y regresas con muchos conocimientos para mitigar la falta de experiencia. Bueno, eso es lo que sucede con las becas, pero a nivel país.

    Pero parece que el Gobierno Federal no lo entiende.

    La SEP, según reporta Proceso, canceló un programa de becas dejando a estudiantes desamparados en el extranjero. De buenas a primeras, eliminaron el Programa de Movilidad Internacional de Posgrados, ni siquiera se preocuparon por afectar a quienes ya estaban cursando sus estudios. Y esto a pesar de que Aurelio Nuño, el titular de la SEP, y posiblemente el delfín de Peña Nieto para 2018, se había comprometido a no hacer recortes presupuestales; asegurando que era “el momento más importante en la transformación del sistema educativo” y que “la prioridad de este gobierno es la educación. Si se claudica el futuro de este país puede ser gris”.

    Y claudicaron…

    Bueno, no claudicaron, más bien les valió madre.

    El argumento es que no hay dinero.

    Y no es la primera vez que lo hacen, o lo intentan.

    A los estudiantes se les cierra una de las puertas que da el Gobierno para estudiar en el extranjero. Sí, el Conacyt, quien otorga un mayor número de becas ahí sigue, pero…

    Pero sí tienen dinero para llevar una comitiva de varias personas a Inglaterra y Francia. La comitiva de 200 personas que llevaron a Inglaterra nos costó 7.1 millones de pesos a los mexicanos. Con ese dinero tirado a la basura podrían haber creado más de 10 becas.

    No es que no haya dinero como asegura el gobierno, es que usan nuestros impuestos pésimamente. Parte de esos recursos no sabemos a donde van a parar. Parte de ese dinero se otorga a amigos o parientes, quienes les agradecen el favor con una casa blanca. Varios gobernantes se quedan con parte del dinero, otros simplemente roban y desvían recursos. Y entonces luego ven que las arcas están vacías y no pueden destinar el dinero suficiente a varios rubros, y para obtener más, hay que gravar a los empresarios, a quienes generan el dinero. Entonces esa reducción del costo de la gasolina que habría al liberar su precio al mercado hay que eliminarla a través de un impuesto. Entonces hay que eliminar becas: Al cabo la mayoría de los estudiantes que quieren estudiar en el extranjero no votan por el PRI.

    Y la educación no es prioritaria para este Gobierno. No lo es.

    La Reforma Educativa es más bien una Reforma Laboral para poder tener el control de los maestros y quitárselas a las cúpulas sindicales. Si bien, puede parecer necesaria para quitarle el control a grupos como la CNTE, dicha reforma sólo propone eso. No propone mejoras sustanciales a la currícula.

    La educación no es prioridad para este gobierno. Menos cuando su cabeza de lo que menos entiende es de educación.

    Y menos entenderá la necesidad de transferencia de conocimiento. En las viejas épocas de su partido, las becas al extranjero se usaba para mandar a los opositores para que estuvieran allá lejos del país. – Mira, tú que eres líder activista, ¿No te gustaría ir a estudiar al MIT, o a Yale? No, no tienes que pagar nada.

    Luego se entiende por qué este Gobierno está acéfalo. Ni siquiera parecen entender para qué sirve cada cosa. Al cabo en este tipo de decisiones las consecuencias se ven a largo plazo (y no el día de las elecciones).

    Y también se entiende que el Conaculta manipule la metodología para hacernos creer que leemos 5 libros al año. Simular, simular…

  • AEROAMLO, y el aeropuerto patito para volar a la Presidencia en 2018

    AEROAMLO, y el aeropuerto patito para volar a la Presidencia en 2018

    Dicen que la primera impresión jamás se olvida. Lo primero que ve un extranjero al llegar a un país es su aeropuerto, y el primer juicio que dicho extranjero hará de ese país tiene que ver con éste. Por eso es que en general los aeropuertos tienden a estar bien cuidados y uno se puede encontrar obras llamativas en un país que no ha alcanzado el desarrollo.

    Norman Foster

    El actual aeropuerto de México, además de estar saturado, está obsoleto. Es un vil parche, y a excepción de segunda terminal encargada al arquitecto Francisco Serrano que se ve bien a secas, la capital no puede presumir de un gran aeropuerto. No, no está a la altura siquiera de la Ciudad de México.

    La propuesta del Gobierno Federal para construir un nuevo aeropuerto en sensata y completamente lógica. Pagarle a Norman Foster (uno de los arquitectos más importantes del mundo, y por cierto, especialista en aeropuertos) quien con Fernando Romero, estará encargado del diseño del nuevo aeropuerto no es un contrasentido. México merece un aeropuerto que se encuentre a la altura.

    López Obrador no está de acuerdo y para eso pretende proponer una solución, que no es digna siquiera de un alumno de primaria.

    En un punto tiene razón, y tiene que ver con la corrupción. Seguramente con el nuevo aeropuerto, algunos funcionarios están sacando baba por la boca con el «negociazo» que van a hacer, y más en este gobierno de casas blancas y corrupción. Pero el problema no es el proyecto del aeropuerto, que puede tener sus defectos y críticas, sino que más bien que tanto opositores como ciudadanos deberíamos hacer un frente para vigilar que esta obra no sirva para que algunos funcionarios se jubilen con todas las comodidades que otorga el erario público.

    AEROAMLO, y el aeropuerto patito para volar a la Presidencia en 2018

    El proyecto de López Obrador es una burla a la inteligencia de los mexicanos.

    AMLO afirma que es un despropósito cerrar dos aeropuertos (el actual y el de Santa Lucía, que hasta la fecha sólo ha servido para propósitos militares) por interferencia en el espacio aéreo. Para eso, él y sus «expertos» proponen construir una nueva pista en el aeropuerto de Santa Lucía. De esa forma el actual AICM serviría sólo para viajes nacionales, y el de Santa Lucía para vuelos internacionales.

    ¿Saben que significa eso para los que no vivimos en el DF y tenemos que hacer escala en la ciudad, lo que ocurre muy seguido, o para los extranjeros que viajan a otra ciudad que no es el DF y no hay conexiones directas desde su ciudad de origen?

    Eso significa viajar 48 kilómetros de carretera de un punto a otro. Es decir, si hoy quiero ir de Guadalajara a Washington en Aeroméxico, hago escala en el DF donde tengo que esperar de dos a tres horas y de ahí viajo a la capital estadounidense (lo cual ya no es de lo más cómodo). Con la propuesta de AMLO tendría que llegar al aeropuerto actual y de ahí desplazarme 48 kilómetros (un viaje de una hora si bien me va), con lo cual pierdo mucho tiempo, dinero, y además termino más agotado.

    Eso incluso podría hacer desistir a algunos extranjeros de viajar a nuestro país. No quiero pensar el ridículo que haríamos cuando en el extranjero se enteren que «así son las cosas» para viajar.

    López Obrador naturalmente tiene el propósito de exponerse y hacer campaña rumbo al 2018. La propuesta está demasiado improvisada, no hay siquiera un estudio técnico detrás. Toda la propuesta (él afirma que se ahorrará el 70% del dinero) está hecha con base en suposiciones, porque un anteproyecto serio costaría millones de dólares (que sabemos no los tiene).

    Y si lo que se debería de proponer es evitar la corrupción dentro del nuevo aeropuerto, de una vez deberíamos proponer quitarle el registro a López Obrador para que no pueda participar en el 2018, porque lo que está haciendo, es una forma de corrupción.

     

  • La ley Fayad y cómo el gobierno quiere que cierres la boca

    La ley Fayad y cómo el gobierno quiere que cierres la boca

    En resumen, si esta iniciativa se convirtiera en ley, podrías ir a la cárcel por subir un meme de Peña Nieto a las redes, por calificar un acto de corrupción como el de las casas blancas de Peña Nieto (porque eso denosta “su bien prestigio”) por decirle incompetente a un político, o por modificar un software. Lo que quiere hacer Fayad y sus compinches es callar a los críticos de las redes sociales.

    Érase una vez un humilde carpintero llamado Geppetto, que vivía muy solo y sin hijos. Esta soledad le apenaba tanto, que Geppetto planeó construirse un muñeco de madera, al cual daría forma con mucho tiento, como lo hacía con cada trozo de madera que debía trabajar.

    • Lo llamaré Pinocho- se dijo el carpintero a sí mismo, sonriente, tan contento como estaba con su proyecto.

    Y así fue como poco a poco, Geppetto le fue dando forma a la madera. Primero las piernas, después los brazos…Hasta estar completamente terminado. El muñeco se veía precioso, casi parecía un niño con aquellos ojos pintados tan brillantes. Sin embargo, el pobre Geppetto pronto se dio cuenta de que con aquel muñeco no iba a aliviar su soledad:

    • Ojalá tuviera vida…- se dijo con los ojos enjugados en lágrimas.

    Al caer la noche, mientras Geppetto descansaba de su jornada, un Hada de los deseos se apareció en la casa del carpintero frente al muñeco Pinocho. El Hada, que había escuchado las súplicas del carpintero, decidió concederle su deseo en recompensa a su esfuerzo y bondad. Y con un toque de magia, de pronto Pinocho fue moviendo cada una de las partes de su pequeño cuerpo, que sin embrago, permanecía de madera. ¡No podía creer Geppetto lo que vio al amanecer!

    • ¡Hola papá!- exclamó Pinocho
    • Pero… ¿eres tú, Pinocho, y no estoy soñando?- contestó Geppetto algo aturdido de la alegría.

    A partir de entonces, Geppetto se convirtió en el hombre más feliz de la tierra. Tenía un hijo al fin y ya no estaba solo. Y poco a poco fue enseñándole cada una de las cosas que Pinocho necesitaba para sobrevivir. Le enseñó a hablar y caminar correctamente, y hasta empeñó parte de sus enseres para poder comprarle libros con los que ir a la escuela. ¡Qué contento y agradecido estaba Pinocho! Pero a pesar de todo, el pequeño seguía sin ser un niño de carne y hueso como los demás, y para serlo, el hada le encomendó ser un niño muy bueno, y le regaló un pequeño grillito llamado Pepito Grillo para acompañarle en su camino.

    Mientras se dirigía a la escuela, se imaginaba Pinocho aprendiendo miles de cosas y haciéndose muy, muy listo, para poder ganar dinero cuando se hiciera mayor, y comprarle a su padre todas las cosas que había vendido para pagar sus libros.  Pero en el camino, Pinocho se encontró con un lobo malvado que a cambio de algunas monedas y mucha diversión, consiguió conducir a Pinocho hasta el teatro de títeres de la ciudad, desoyendo a Pepito Grillo que le advertía una y otra vez de su error.

    • ¡Vengan, señores, al teatro de títeres!- Vociferaban desde la plaza del pueblo.

    Pronto Pinocho se unió a la fiesta y se puso a bailar frente aquel teatro lleno de marionetas, como uno más. Aquel niño de madera era tan inocente aún, que no sabía distinguir el bien del mal, acostumbrado como estaba a las bondades de su padre. Y Pinocho, fue engañado de este modo por el titiritero más famoso de la ciudad. Aquel hombre, egoísta y muy cruel, había observado pacientemente al extraño hijo del carpintero, y pensó que podría hacerse rico llevando a su teatro al primer muñeco de madera con vida, habido jamás en ningún lugar. Rápidamente, encerró al pobre Pinocho  bajo llave en una jaula de hierro, y el pobre Pinocho lloró y lloró junto a Pepito Grillo arrepentido de su acción.

    Aquel llanto conmovió al Hada de los deseos, que se presentó junto a la jaula de hierro preguntando a Pinocho cómo había llegado hasta allí:

    • ¡Me atraparon unos malvados camino de la escuela y me encerraron en esta jaula! – exclamó Pinocho.

    Y el Hada de los deseos, sabedora de la realidad, hizo crecer la nariz de Pinocho en castigo por no decir la verdad.  Decidió, sin embargo, dar otra oportunidad de demostrar su bondad a Pinocho y deshizo con su magia todos los barrotes de la jaula de hierro que le encerraban. Una vez libre, Pinocho volvió a olvidar los consejos del hada y de su amigo Pepito Grillo, y de nuevo, se dejó tentar por unos niños que hablaban, a su paso, de la llamada Isla de los juguetes. Una vez allí, Pinocho disfrutó de lo lindo con montones de juegos durante largas horas, hasta que de pronto, las orejas de Pinocho comenzaron a crecer y crecer hasta convertirse en unas grandes orejas de burro, destino de todos los niños que abandonaban la escuela solo por diversión. ¡Qué avergonzado se sentía Pinocho por todo! Y lloraba frente a Pepito Grillo pidiéndole perdón, y suplicando al Hada de los deseos, que su padre no se hubiera olvidado de él.

    Lejos de eso, Geppetto buscaba a su hijo perdido por tierra y mar, y casi frente a la misma Isla de los juguetes, el carpintero fue tragado por una ballena gigante, que tras engullirle, se adentró de nuevo en el mar. Pinocho, avisado por Pepito Grillo del suceso, no dudó en echarse al mar para intentar liberar a su padre de las zarpas de la ballena. Nadando como pudo con sus pequeños bracitos de madera, Pinocho se situó sobre la boca de la ballena siendo también engullido por ella.

    Dentro de la boca de la ballena, padre e hijo se sintieron inmensamente contentos. No tenían miedo. Al fin Geppetto había encontrado a su pequeño y juntos se contaron todas sus historias. Pepito Grillo, mientras tanto, urdía un plan para poder escapar de aquel lugar, y enciendo una fogata en la boca del animal, consiguió hacerle estornudar, y con ello, salir despedidos de nuevo hacia el mar.

    Tras todo aquello, Pinocho nunca volvió a desobedecer a Geppetto ni a portarse mal, y el Hada de los deseos decidió premiar al pequeño por todo su esfuerzo, convirtiéndole al fin en un niño de carne y hueso, como los de verdad.