Categoría: política

  • ¿Por qué, a pesar de todo, depositamos nuestra fe en un político?

    ¿Por qué, a pesar de todo, depositamos nuestra fe en un político?

    Si tratamos de hacer una lista de los políticos destacables del pasado a la fecha, nos encontraremos con que, de acuerdo a nuestro juicio, son muy pocos: que de esos pocos la mayoría pertenecen al partido político con el que simpatizamos o simpatizábamos (la probabilidad de sesgo es alta). Si a alguna persona de a pie le preguntas que alcalde-gobernador-presidente ha levantado a su ciudad-estado-nación, posiblemente se quede callado. Incluso puede que te mencione algún político que generó mucha expectativa pero que jamás llegó a gobernar (ejemplo, Colosio).

    ¿Por qué, a pesar de todo, depositamos nuestra fe en un político?

    Pero a pesar de esto, cuando vienen nuevas elecciones, muchos optan por depositar su esperanza en alguien. El perfil de ese depositario gana adeptos no tanto por medio de sus resultados, sino por el de su discurso basado en la esperanza, en la confrontación contra un Gobierno sin legitimidad, o contra una situación en particular. También lo hace por las propuestas que ese depositario presenta, porque vamos, proponer es algo sencillo, hacer diagnósticos es muy fácil, lo difícil es llegar e implementarlos.

    Contrario a lo que piensan muchas personas, gobernar no es fácil. Es cierto que dentro de la política hay mucha corrupción, y en algunos ocasiones el que manda es parte del problema, pero éste, sea honesto o no, se tiene que enfrentar a muchas cosas y debe jugar con muchas piezas para poder implementar, hasta donde quepa, su estrategia de Gobierno. El poder de quien está al frente de una nación o una porción de él es mucho más limitado de lo que muchos creen (varios años de régimen autoritario nos acostumbraron a una figura ya casi inexistente, de quien gobierna y hace de acuerdo a lo que cree conveniente).

    El político del discurso esperanzador se sienta en su silla y se da cuenta (en caso de que haya sido lo suficientemente ingenuo como para pensar que toda su lista de buenas intenciones se puede implementar al pie de la letra) que tendrá que negociar, que tendrá que dejar del lado algunas «promesas» para poder conservar otras, se dará cuenta que lo que gobierna es algo tan complejo que es imposible solucionarlo con una receta. No es tan difícil encontrar políticos «bienintencionados» que al final, abandonaron su puesto en medio de un mar de críticas.

    Y si bien, mantener con firmeza los ideales es una cualidad esperada en un político, éste también tiene que aprender a ser pragmático. El pragmatismo no es atractivo para el electorado (a veces por el contrario) y por tanto, no es algo que se pueda «vender» en una campaña, pero es un rasgo que todo político debe de tener.

    Una figura como Bernie Sanders puede ser muy atractiva cuando se trata de enfrentar a las engorrosas multinacionales y el 1% más rico, por eso su popularidad aumenta hasta amenazar a Hillary Clinton, pero en la silla presidencial necesitará mucho más que eso para satisfacer las promesas hechas a sus seguidores. Sobre todo, cuando se trata de un país democrático, o al menos un país que intenta conformar una democracia, tendrá que llegar a acuerdos, tratar de persuadir a otros actores de la política, acordar con algunos grupos de interés para poder confrontar a otros. Es decir, necesitará mucha cabeza, y mucho de ese no tan querido pragmatismo para poder llegar a gobernar bien.

    Democratic presidential candidates Hillary Clinton and Bernie Sanders started the MSNBC debate in Durham, N.H. sparring over foreign policy and campaign finance reform, but ended the night on a friendly note.

    Posted by Washington Post on Thursday, February 4, 2016

    Pero a pesar de esto, la mayoría del electorado asume que "el nuevo" lo podrá con todo, que dará un giro radical a la ciudad-estado-nación que pretende gobernar (cuando la experiencia nos dice que los cambios son más bien progresivos, producto de una continua práctica de políticas públicas acertadas), y que meterá a todos los corruptos a la cárcel. Pero a pesar de que "el nuevo" realmente tenga la intención de hacerlo, en realidad no podrá hacerlo todo. Posiblemente los "esperanzados" tengan que involucrarse más para generar los cambios que desean y no solamente ser meros espectadores.

    Generalmente cuando llegan las elecciones, llega el momento de la esperanza, tal como si no hubiera alguna otra época en donde las cosas pudieran cambiar. Pero son pocos los momentos en los que transcurre el tiempo para llegar a la conclusión de que aquel político que tanto nos emocionó con sus discursos, terminó alzándose como aquel quien marcó un antes y un después. En realidad pasan dos cosas, que dicha figura "se quedó un tanto corta" en relación a nuestras exageradas expectativas, a veces producto de una vasta lista de promesas, o bien de una exagerada idealización. Pudo ocurrir que éste terminó siendo como cualquier otro político o aún peor; o bien, que no tuvo la disposición de enfrentarse a toda esa maraña de intereses considerada como el enemigo a vencer en la campaña (pregúntenle a Vicente Fox).

    Es curioso que depositemos todavía nuestra fe en un político (basta con que sea de oposición, o ahora, un candidato independiente), cuando la evidencia empírica parece no invitarnos mucho a hacerlo. Pero a la vez no es difícil entender este tipo de fenómenos. La gente necesita alguna luz de esperanza ante la generalizada concepción de que no están siendo bien gobernados. Aunque también es cierto que a veces no parecen darse cuenta de que pueden jugar un rol más activo dentro de la sociedad, más allá de lo que esa figura que los entusiasmó, pueda hacer.

  • Andrea Legarreta y el dólar no es culpa de Peña

    Andrea Legarreta y el dólar no es culpa de Peña

    Me sorprendió un poco el ruido que generaron las «declaraciones», por llamarlo así, de Andrea Legarreta.

    Me sorprende, porque primero que nada, no sé que haría una persona con estudios universitarios cuando menos (que representa el grueso de las personas que utilizan las redes sociales) viendo ese programa.

    https://www.youtube.com/watch?v=a16sF1q9thg

    Me sorprende porque no debería de sorprender que Andrea Legarreta y Raúl Araiza hagan infomerciales a favor del Gobierno de Peña Nieto. Ya lo han hecho varias veces, y no sólo eso, también han hecho proselitismo a favor del Partido Verde. ¿O qué? ¿No recuerdas cuando ibas a ver alguna película el cine durante las campañas electorales de 2012 o 2015? ¿O no recuerdas los tweets que publicaron junto con muchas otras celebridades que debió merecer la pérdida del registro del partido al que apoyan?

    Legarreta y Araiza son artistas, no son analistas, no son economistas. Es completamente natural que no puedan expresarse bien cuando tratan de hablar de un tema que no dominan en lo absoluto. Ellos siguen un guión y tienen que hacerlo suyo, pero no entienden bien lo que dicen.

    Voy a ser franco y lo que voy a decir posiblemente va a molestar a más de uno. Lo que en realidad me viene importando un pepino:

    En lo realidad, parte de lo que dijeron Legarreta y Araiza es cierto (esto si quitamos el tufo oficialista y nos remitimos a los meros datos).

    Andrea Legarreta y el dólar no es culpa de Peña

    Si el Gobierno usa este tipo de estrategias para tratar de engañarnos y para meternos cierta idea en nuestra cabeza, no es como que cuando les asista la verdad vayan a prescindir de este tipo de recursos, al contrario. Mucha gente cree que la «devaluación» (porque hablamos más bien de una depreciación y es importante entender la diferencia) es culpa de Peña Nieto y su Gobierno. Lo relacionan con las devaluaciones del 82 y del 94. Una diferencia importante es que en ese entonces, el Gobierno «devaluaba» la moneda. Ahora, el valor del peso está sujeto a los vaivenes del mercado.

    De hecho, como comenté hace unos días, son varias las monedas las que se han depreciado. No soy economista, pero allá afuera en Internet hay muchas fuentes que puedes consultar para entender por qué el peso sufrió una depreciación. En resumen:

    • La FED sube sus tasas de interés
    • La economía de China
    • La caída de los precios del crudo (en parte porque han levantado sanciones a Irán)

    Y te preguntarás por qué a pesar de todo no hay crisis. Ciertamente, no es una buena temporada para comprar productos en Amazon ni para adquirir el nuevo iPhone, pero la inflación (que en este caso, sería sintomática de una crisis provocada por una devaluación) se mantiene estable. La mayoría de los productos mantienen sus precios, y las familias casi no han visto reducir su poder adquisitivo. De hecho, los problemas económicos que pueda tener México en la actualidad, algunos sí, derivados de la corrupción de este Gobierno que hace que los inversionistas se la piensen dos veces antes de invertir en nuestro país, junto con reformas fiscales que han estancado nuestra economía.

    Y tal vez podrías argumentarme, que si tuviéramos una economía más fuerte, el peso no se devaluaría tanto. Pero este fenómeno como tal no es culpa del Gobierno.

    Técnicamente lo que dicen Legarreta y Araiza es cierto, claro, agregando claro, algunos apuntes triunfalistas para ensalzar a este Gobierno: -Quesque la gasolina y la luz bajó. Naturalmente un argumento pierde peso cuando quienes lo emiten no dominan el tema y sólo improvisan siguiendo un guión, como ocurre en el caso de estos actores. Pero basta ver la opinión de gente experta en la materia (muchos de ellos, duros críticos de este Gobierno) para darse cuenta que no están tan alejados de la realidad.

    El gobierno de Peña Nieto tiene muchos defectos, y en este blog he hecho sobradas críticas sobre ellos. Pero en el caso de la depreciación del peso frente al dólar, no, no es culpa de Peña, y sí se explica más por medio de fenómenos exógenos como los que ya he mencionado.

    Más que el dólar, me preocupa más que veas ese programa por las mañanas.

  • Angélica Rivera y su disco para el Papa. Siempre la misma canción

    Angélica Rivera y su disco para el Papa. Siempre la misma canción

    Angélica Rivera no es Michelle Obama. La esposa del mandatario de Estados Unidos es reconocida por una considerable porción de los estadounidenses. En cambio, a la mayoría de los mexicanos no les simpatiza Angélica Rivera, quien hace un año, nos «regañó» a todos por haberla cuestionado, así como a su marido por el conflicto de intereses de la Casa Blanca. Michelle Obama que recuerde, no ha incurrido en conflicto de interés alguno, y tampoco ha regañado a los estadounidenses en vivo y a todo color por atreverse a cuestionarla.

    Angélica Rivera y su disco para el Papa. Siempre la misma canción

    De hecho el papel de Primera Dama de Michelle y Angélica muestra el fuerte contraste cultural y político entre México y Estados Unidos. Mientras Michelle es sabedora de que en su país están obligados a rendir cuentas y que ellos se deben al pueblo, Angélica vive en un país que promueve la impunidad y donde, ella, su esposo y sus cercanos creen casi casi, que el pueblo se debe a ellos. Estados Unidos es una democracia funcional donde los mandatarios son servidores públicos, México es, una democracia defectuosa (como lo llamó The Economist) donde Angélica y su marido Peña Nieto muestran que esa sociedad vertical y paternalista no se ha ido del todo.

    No sé quien le dijo a Angélica Rivera que debería hacer un disco para honrar al Papa. Al menos, a mi manera de ver, eso refleja un acto de desesperación por tratar de recomponer su imagen, y la del Gobierno del que ella es parte (aunque sea solo, «la Primera Dama»). En dicho disco participan Belinda, Lucero, Cristian Castro, Pedro Fernández entre otros (naturalmente artistas de Televisa, no es que se pueda pedir algo más.

    No sé si fue su equipo de comunicación, pero es la muestra de que Angélica está muy lejos de ser Michelle. En dicho acto queda patente un fuerte olor a paternalismo, con la Primera Dama dadivosa, quien desde varios escalones arriba del pópulo «consiente» a su gobernados. Angélica aprovecha el todavía fuerte catolicismo arraigado en nuestro país para mejorar su imagen y la del Gobierno. «Si Angélica rinde pleitesía al Papa con un disco, entonces quiere decir que es buena y está bendecida por Dios nuestro señor».

    Si no fuera religioso, tal vez debería estar enojado por que un gobierno que se presume laico, se aprovecha de las creencias de la gente para darse baños de pureza que no le corresponden. Pero si lo fuera, con mayor razón debería estar enojado. Angélica Rivera no representa de ninguna forma los valores de la Iglesia Católica, ni menos, los que ha tratado de promocionar el Papa Francisco.

    No Robarás, no cometerás actos impuros, no dirás falsos testimonios ni mentiras, no consentirás pensamientos ni deseos impuros, no codiciarás bienes ajenos.

    Vaya, no sé si Angélica Rivera, que como suele ocurrir con varias artistas de Televisa, quien en alguna etapa de su carrera llegó a cierto tipo de «acuerdos» con los productores para poder crecer como actriz, sea un ejemplo para una Iglesia muy estricta en relación a los actos sexuales, lo cual incluye la castidad. Tampoco Angélica puede representar esa austeridad que el Papa Francisco promueve, porque su vestimenta (al igual que la de sus hijas y las de su comitiva, que todos pagamos) refleja más bien derroche y materialismo. Es decir, Angélica Rivera representa los valores contrarios que el Papa y la Iglesia promueven o dicen promover.

    Menos lo representa su marido, que sumado a todos esos defectos, habría de incluirse que es una persona sumamente infiel.

    Y no es que quiera parecer pecaminoso, ni mi pretensión es hacer juicios morales de sus actos. Sino que me parece un contrasentido promover a una figura que representa ciertos valores morales que son totalmente opuestos a los propios; lo cual deja entrever un acto ventajoso.

    Eso para mí, es un insulto para los creyentes. Es burlarse de ellos en su cara.

    Entonces, hacer un disco para honrar el Papa, es un acto cínico. De hecho dudo mucho que Angélica Rivera siquiera sea una fiel creyente. Su propuesta es un acto políticamente bien calculado, para generar un efecto dentro de la población que les sea conveniente.

    Pero no es sorprendente en un país donde se practica mucho la doble moral. Las televisoras, cuyos dueños distan muchos del prototipo de fiel creyente, se alistan, y bombardean con anuncios a los televidentes para seguir la transmisión de las actividades del Papa en México llenas de product placement con el fin de obtener el mayor rendimiento, mientras frente a cámaras, presumen sentirse orgullosos por la visita del Papa Francisco.

    Es tanta la necesidad de reconocimiento, que ellos ven necesario ir a buscar a Bono y pedirle a su comitiva que graben al mandatario conversando con él, o también sí, llegan al grado de hacerle un disco al Papa, «a ver si así nuestros críticos se amoldan».

  • Peña, Bono, el Rey de Arabia, y su peculiar forma de lidiar con el mundo exterior

    Peña, Bono, el Rey de Arabia, y su peculiar forma de lidiar con el mundo exterior

    Si antes algo sabían hacer bien los Presidentes emanados del PRI, era la relación que tendían con los demás países. Aunque en ese intento pudieran incurrir en una contradicción que cayera en el cinismo (ahí sus brazos abiertos a los chilenos que huían de Pinochet, con los mismos que bañaron Tlatelolco en sangre). Pero de que tenían la habilidad la tenían.

    Peña, Bono, el Rey de Arabia, y su peculiar forma de lidiar con el mundo exterior

    Luego llegó el PAN, llegaron las torpezas y la falta de oficio (sobre todo con Fox y su «comes y te vas»). Con el regreso del PRI creímos que dicho oficio estaría de regreso, pero ha ocurrido lo contrario. Porque no se puede entender que Peña haya condecorado con el Orden del Águila a Salman bin Abdulaziz, el Rey de Arabia Saudita, quien este mes ha ejecutado a 47 personas.

    Vamos a recapitular. El Orden del Águila Azteca se otorga para:

    Reconocer los servicios prominentes prestados a la Nación Mexicana o a la humanidad, y para corresponder a las distinciones de que sean objeto los servidores públicos mexicanos

    En Arabia Saudita las mujeres no pueden ir al cine, no pueden tomar clases de música, no pueden competir en las olimpiadas, no pueden manejar automóviles ni bicicletas, necesitan un permiso de sus maridos para salir de sus casas. En Arabia Saudita los menores de edad pueden ser sentenciados a la pena de muerte, esta pena se puede aplicar por sospecha de brujería o de adulterio.

    Es decir, Peña Nieto le entregó un orden a un rey retrógrado, autoritario, represivo y dictatorial. ¿Ese es un ejemplo de diplomacia acaso? O tal vez con tantas desapariciones y atentados contra la libertad de expresión en nuestro país que ocurren bajo el gobierno de Peña Nieto podríamos pensar que el acto tiene cierta congruencia.

    Peña básicamente lo que hizo fue pasarse por el arco del triunfo los tratados que ha firmado y la propia Constitución Mexicana que juró respetar el día de su posesión para quedar bien con el Rey de Arabia y promover su Reforma Energética.

    A diferencia de otros gobiernos del PRI, que hasta en los peores momentos lograron mantener cierta imagen de prestigio frente al mundo, el de ahora se humilla, todos los diarios extranjeros hablan mal de nuestro país, que pierde cualquier vestigio de soft power que pudiera quedar en nuestro país. Un México que sigue perdiendo influencia a nivel internacional, que ha sido degradado por The Economist en el ranking de democracia de países latinoamericanos y señalado como «democracia defectuosa».

    El Presidente Peña Nieto no infunde respeto. Basta verlo conversar con Bono en el marco del Foro de Davos. Es evidente que en esa conversación quien tiene más presencia y es más dominante es el vocalista de U2. La conversación y el lenguaje corporal deja ver a Peña Nieto más como un fan de U2 que se ha colado, que como el mandatario del onceavo país más grande del mundo en población. Peña le pregunta a Bono si recuerda quien es, para después pedirle que regrese a México, con el obvio fin complacer con sus gobernados (porque incluso su petición a un vocalista que reanudará su gira hasta en un año y cuyo tour depende de la logística de los organizadores y no del capricho de un mandatario venido a menos, es un acto de simulación). Como si no se hubiera dado cuenta que ni sus reuniones con Kevin Spacey o Mark Zuckerberg logró generar empatía alguna con sus gobernados:

    https://www.youtube.com/watch?v=IJR6rpFb6oI

    Parece que Peña sigue desconectado de la realidad, sigue esperando con ansias el efecto de la detención del Chapo a favor de su gobierno, en tanto calla sobre el «encarcelamiento express» de Humberto Moreira en España y condecora a tiranos autoritarios.

    Peña ha perdido el respeto de la gran mayoría de los mexicanos, de los círculos de poder y de opinión. Peor aún, lo ha perdido en el extranjero. Y siento decirles a los más férreos opositores (aquellos que disfrutan de los fracasos del Presidente), que esto, no es, en lo absoluto, una buena noticia para el país.

     

  • Moreira. De la #MisiónCumplida a la vergüenza nacional

    Moreira. De la #MisiónCumplida a la vergüenza nacional

    Tenía razones para no entusiasmarme con la detención del Chapo. Si bien lo considero un acierto del Gobierno, tampoco es algo que, a mis ojos, le otorgue una mayor legitimidad. Nuestro Gobierno ya ha roto ese delgado hilo de confianza con los ciudadanos y es ya imposible volverlo a unir.

    Moreira. De la #MisiónCumplida a la vergüenza nacional

    El problema es que el tiempo me da pruebas para alimentar mi sano escepticismo frente al Gobierno que sigue sin entender que no entiende.

    Y todo ese ímpetu por la captura del Chapo se perdió en unos pocos días. El Gobierno fue humillado de nuevo.

    Es que es inverosímil que gobiernos extranjeros se encarguen de hacer justicia a los mexicanos haciendo la chamba que le tocaría hacer a nuestras autoridades. No, no es que hayan podido. Es que incluso después de desfalcar Coahuila, Humberto Moreira fue nomprado Presidente del CEN del PRI. Entonces uno entiende por qué este delincuente (porque eso es) haya quedado impune y fuera mandado a «estudiar a Barcelona» para vivir en un chalet de lujo por el cual pagaba más de 80 mil pesos mensuales.

    Mientras el Gobierno presumía ser más fuerte que el crimen organizado al capturar al Chapo (que de alguna forma corrieron con suerte), nos dimos cuenta que un gobierno extranjero tiene mayor capacidad de hacer justicia por nosotros que lo que puede hacer el propio Gobierno. Desde este punto de vista se me antoja muy difícil que el Gobierno realmente sea tan fuerte como lo presumen. O bien, lo puede ser sólo cuando lo que se busca esté alineado con sus intereses.

    Por eso mi escepticismo con Peña Nieto desde un principio: un candidato de un partido que tuvo como Presidente a Humberto Moreira, con sus delitos ya conocidos en todo el país, no puede ser confiable a menos que éste se pronuncie en contra de él.

    Dicen en la página oficial del PRI:

    En relación a las notas periodísticas que aluden a la detención del Lic. Humberto Moreira por autoridades hispanas, en Barajas, España, señalamos que hasta el momento contamos con poca información para emitir un pronunciamiento definitivo. Esperemos el desarrollo de las investigaciones de la justicia española. No hay que anticipar ni defensas ni juicios condenatorios. Las instituciones no son responsables de los actos de los individuos que la integran. (comunicado de Prensa del PRI).

    Hago hincapié en este renglón que he puesto en negritas, porque de verdad me parece un comentario absurdo y cínico. El PRI se deslinda de Moreira porque dice no ser responsable de los actos de quienes integran el partido. Pero los mismos priístas nombraron a Humberto Moreira como su Presidente habiendo ya cometido varios de esos delitos que se le imputan, los cuales ya eran de dominio público.

    Eso es lo que en mi rancho llaman un #EPICFAIL.

    Tuvieron que ser los españoles quienes encarcelaran a Humberto Moreira, y por medio de la cuenta de Twitter, la policía de ese país (quien recibió información de Estados Unidos sobre algunas sospechas de que había transferido dinero al país ibérico mientras era Gobernador de Coahuila) posiblemente de forma involuntaria humilló al Gobierno y al Presidente Peña Nieto al usar la misma frase (#misióncumplida) que éste último utilizó cuando el Gobierno capturó al Chapo.

    Por un lado me da mucho gusto que a Humberto Moreira por fin lo hayan encarcelado, casi digno de una fiesta en un país donde en materia política no tenemos muchas cosas que celebrar. Por otro lado, me siento avergonzado, porque el hecho de que un gobierno extranjero se encargue de hacer la justicia que en nuestro país el Gobierno no pudo, o más bien no quizo hacer, nos deja muy mal parados y nos exhibe como país.

    Y esa es la realidad de nuestras instituciones. Más cercanas a la inoperancia para castigar a Moreira que al júbilo excesivo por haber capturado al Chapo Guzmán.

    Y duele.

  • El Chapo y tu imaginación. Mis primeras impresiones

    El Chapo y tu imaginación. Mis primeras impresiones

    Hace unas horas escribí mi artículo. Por alguna extraña razón técnica desapareció (WordPress, el sistema que sostiene a este sitio, hace continuos respaldos de tal forma que eso no debería de suceder). Ya con las ideas desarrolladas posiblemente logre escribir un mejor artículo que no puede considerarse el definitivo, y sí, una especie un compendio de las primeras impresiones. Considero imprudente escribir un artículo profundo dado que apenas ha pasado medio día de la captura del Chapo, y el Gobierno, hasta lo que he entendido, no ha dado muchas explicaciones.

    El Chapo y tu imaginación. Mis primeras impresiones

    Pero a pesar de esto, hay cosas que son palpables a primera vista, y sobre ellas quiero hablar y hacer mi crítica. Después, conforme pasen los días, podré hacer una crítica más profunda sobre la detención del Chapo, así que ahora me limitaré a analizar lo que rodea a este suceso.

    Hace tiempo no había visto con buen semblante a Peña Nieto. Naturalmente sabe (o al menos piensa) que un suceso de esta naturaleza podrá ayudarle un poco a levantar esa alicaída imagen.

    https://www.youtube.com/watch?v=UYEs3UN_7NI

    Seguramente él o su gente giraron instrucciones a su equipo de comunicación para aprovechar mediáticamente esta detención. Los medios «tradicionales» (cada vez más frecuente eufemismo de «oficialista») harán un gran eco del suceso, del logro del Presidente (porque en México cada acierto es acierto del Presidente y cada error, es error del Presidente), mientras que los medios digitales (en su mayoría) tomarán la noticia con pinzas y un mayor escepticismo.

    Mientras Peña y su equipo anuncian su logro con grandilocuencia y con la parsimonia típica de los gobiernos del PRI, los opositores en las redes (entiéndase desde ciudadanos comunes hasta opinadores, escritores y demás especies) toman la nota con dos formas distintas escepticismo: Una forma de escepticismo sana, y otra más cercana a la teoría de la conspiración.

    Algunos insisten en ver una macrabra relación entre la depreciación del peso frente al dólar y la detención del Chapo. Aunque sería absurdo crear una cortina de humo cuando esta depreciación está a la vista de todos. Además, hay que entender la depreciación del peso como un fenómeno global producido por la devaluación del Yuan, la caída de los precios internacionales del petróleo y el aumento de las tasas de interés de la FED (Reserva Federal de Estados Unidos). De hecho monedas como el peso colombiano, o el won surcoreano se han depreciado más frente a la moneda estadounidense.

    Es decir, al menos en la mayor parte, la depreciación del peso no es culpa del Gobierno Federal, aunque tener un Estado de derecho y una economía poco productiva naturalmente hace que el país resienta mucho más esta coyuntura internacional.

    Pero la realidad es más aburrida y más difícil de entender (requiere imaginar menos y pensar más).

    Y hablando de «inventar historias», el Gobierno Federal también inventa la suya. Se postran como los héroes que han detenido al Chapo.

    Sí, su detención se puede considerar un acierto del Gobierno. Se les puede reconocer, mas no se puede festejar y mucho menos vestirlos como héroes. No se puede levantar en brazos a quien apagó un incendio que él mismo provocó. Menos se puede hacer cuando las raíces del mal, las raíces de la corrupción y de la débil institucionalidad que provocaron la fuga del Chapo siguen ahí y no se ha hecho nada por combatirla.

    Apagaste el fuego de una casa que has quemado y a la hora de salir a celebrar, has dejado prendida la estufa.

    El Gobierno aplaude con grandilocuencia y hasta con una dosis de cinismo su logro. No esperan a ser aplaudidos, ellos lo hacen, se reconocen intentando no con mucho éxito que sus gobernados los emulen. Esto en su ya clásica lejanía aislados en una especie de burbuja o mundo paralelo.

    No recuerdo haber visto a Obama «festejando» el abatimiento de Osama Bin Laden. En cambio, en una detención, que pudo haber tenido su dosis de suerte, dado que el propósito de dicha operación era detener a «El Cholo Iván» y no a Joaquín Guzmán Loera, Osorio Chong (como muestra el video que inserté arriba) festejó, aplaudió y abrazó como si hubiera ganado algún tipo de concurso. En la cuenta de Facebook de Peña Nieto se puede ver a él y a su gabinete de seguridad con una gran sonrisa y una pose triunfalista, como si dicha imagen fuera premeditada o preparada con antelación:

    El chapo y el dólar

    Se habla de Estado de derecho, de misiones cumplidas, de «todos los mexicanos» como esperando que con esto, el pueblo por fin le de un voto de confianza. Pero esa parsimonia, esa simulación, termina creo yo, creando desconfianza. Mientras en un país desarrollado como Estados Unidos o Francia, el mandatario ejerce su figura de líder ante los gobernados, pero no un líder absoluto, sino uno ejercido con seriedad y que pende de su relación con quienes gobierna, en el México que no ha terminado de democratizarse, quien debería ser el líder, considera que tiene el derecho de «auto festejarse y autorreconocerse» antes de que el pueblo lo haga.

    Y ahí está el error:

    Porque el Presidente, si se considera democrático, debería fungir como un empleado con más de 100 millones de jefes.

    Y en una empresa los empleados no se mandan a hacer sus diplomas, ni uno se autodesigna el empleado del año. El Presidente puede hacer o comunicar, pero el que debe de hacer el juicio es el pueblo a quien gobierna.

    El Gobierno se preocupó más por el «auto aplauso» que por darle una explicación de lo ocurrido a la ciudadanía. Pasaron horas para que empezaran a hablar de los detalles cuando ya se habían vanagloriado una y otra vez. Nadie niega que el Gobierno merece una dosis de reconocimiento, pero quien reconoce es la ciudadanía, y la dosis que ha empleado el Gobierno para «auto reconocerse» ha sido bastante excesiva.

    Justo hace dos días escribía sobre la preocupante calma que se vivía en el país, donde parecía que no pasaba nada, donde el Presidente no hacía mucho ruido y sus más férreos opositores dejaban de subir memes. Bastó este acto para recordarnos la realidad de las cosas, que dicha tranquilidad era algo así como una tregua no pactada, un descanso tal vez necesario.

    Pero la realidad sigue ahí, y la cuestión es ¿qué vamos a hacer con ella?

  • Es el 2016, y en México todos estamos dormidos

    Es el 2016, y en México todos estamos dormidos

    No sé ustedes, pero desde hace tiempo llevo escuchando más bien poco sobre nuestro querido, amado y guapetón mandatario Enrique Peña Nieto.

    Parece ser que últimamente no se ha metido en problemas, pero al mismo tiempo se ha exhibido muy poco. No sé por qué sea. Posiblemente han considerado que tiene que mantener un perfil bajo pensando en que las elecciones del 2018 están cada vez más cerca. Posiblemente esperen a que para ese entonces las reformas hayan surtido algún tipo de efecto.

    Es el 2016, y en México no pasa nada, todos siguen durmiendo

    Las redes sociales casi ya no hablan de él, casi no hay memes, ni mentadas de madre. Hay una curiosa y tensa calma. Algo de llamar la atención.

    El sistema sigue trabajando como sabe. El New York Times exhibió duramente en sus planas a nuestro querido presidente, para que después la misma presidencia respondiera afirmando que este diario está tergiversando la información. Lo cuestionaron duro sobre los temas que conocemos: La Casa Blanca, la fuga del Chapo y Ayotzinapa. Y los medios mexicanos callaron. Tan sólo Grupo Reforma, conocido por su enemistad con el gobierno actual, hizo caso de la nota.

    Y esa es una muestra del control que tiene el gobierno sobre los medios tradicionales. La crítica ya todos la conocemos, más bien es el peso de quien ahora emite dicha crítica.

    Pero aún así, esta nota sólo tuvo eco en la comentocracia y en algunos usuarios despistados de las redes sociales. Porque es la misma cantaleta que ya conocemos todos. Incluso me atrevería a apostar que si los medios tradicionales hubieran tomado la noticia, tampoco es como que la sociedad hubiera salido a las calles, ni siquiera habríamos hecho una campaña masiva en las redes sociales.

    Posiblemente porque de alguna forma ya nos resignamos. Ya entendimos que los estudiantes de Ayotzinapa no van a aparecer, y a pesar de que el GIEI y demás instancias han puesto en evidencia la «verdad histórica» posiblemente ya no pase mucho. Ya entendimos que Peña quedará inmune ante el tema de la Casa Blanca, y ya entendimos que el Chapo se escapó poniendo en vergüenza a todo nuestro sistema penal.

    Es decir, ya cerramos las heridas, mal cicatrizadas, por cierto.

    Y por eso, hemos preferido continuar con nuestras vidas. Al cabo ya en dos años ya estaremos eligiendo a quien nos gobierne durante los siguientes ocho.

    ¿Y sabes que es lo peor del caso?

    Que hasta el momento, la terna de candidatos que se perfilan no dan pie a la ilusión:

    Moreno Valle, Osorio Chong, El Bronco, López Obrador, Margarita Zavala. No sólo no ilusionan, sino que no se ve que alguno pueda hacer algo por cambiar el estado de las cosas. Algunos, como los primeros cuatro, cada quien en su forma, representan la forma de hacer política a la vieja usanza. Y la última, pues es una mujer que a mi parecer no tiene el suficiente liderazgo.

    Y es triste porque México supuestamente se encuentra en una coyuntura favorable con el bono demográfico. Es decir, en este lapso de tiempo nuestra población tiene el mayor porcentaje de individuos en edad de ser productivos. Antes, nuestra población era muy joven para que se diera esta condición, y en unos años (poco más de una década) cuando esta coyuntura termine, la población será muy vieja.

    En estas circunstancias es donde un país tiene mayores posibilidades de desarrollarse. Por ejemplo, Corea del Sur aprovechó dicha coyuntura para lanzarse al desarrollo. ¿Y nosotros estamos haciendo algo?

    Exceptuando algunos esfuerzos valiosos, pero todavía aislados (sobre todo en términos de innovación y desarrollo donde algunas cuantas instancias gubernamentales y ciudadanas parecen preocuparse por el tema), creo que estamos desaprovechando esa oportunidad.

    Y es que un país con instituciones tan débiles y con casos de corrupción que involucran al mismo presidente, es difícil pensar en que podamos aprovechar al máximo dicha coyuntura. Y hay que sumarle a candidatos que convencen a su seguidores fieles  de volver a atrás, como López Obrador, de defender «nuestro pinchi petróleo», de regresar la constitución a 1917 y de colgarse de la luz como estrategia de desobediencia civil.

    Es decir, en México no pasa nada cuando debería de estar pasando cosas buenas. Los más entusiastas me hablarán de las reformas, y posiblemente algunas vayan en el sentido correcto (no todas), pero para que funcionen bien se necesita un Estado de derecho sólido. A nuestro gobierno le parece interesar sobremanera los spots donde presumen «sus logros» en vez de tratar de crear las condiciones para que dichas reformas sean ejecutadas de manera óptima.

    Y yo no creo que Osorio Chong, el Bronco o López Obrador den en el clavo. Los distintos personajes por distintas razones.

    Los ciudadanos mientras, nos sentimos tranquilos, a la deriva, esperando que las circunstancias nos lleven por buen puerto.

    Algunos se organizan, crean organizaciones civiles, Think Tanks, pero todavía sin lograr esa masa crítica como para irrumpir en la realidad de nuestro país. No por su culpa, más bien es culpa de esa mayoría que no hace nada.

    Esa mayoría cuya máxima aspiración inmediata es compartir los memes de «sé como José» o de la camioneta dibujada o de Confused Travolta, y demás temas cotidianos.

    Entonces ¿Qué tendría que pasar en un país donde no está pasando nada?

    Y tal vez en 30 o 40 años nos lamentemos cuando algunos países que se encuentran en nuestro nivel, terminen superándonos por goleada, como Chile. Y volvamos a nuestro mantra de que no hicimos nosotros que sí hicieron Corea del Sur y China.

    Y no, no pasa nada…

  • ¿Qué es un chairo? Y lo que no es

    ¿Qué es un chairo? Y lo que no es

    Rogelio Villarreal afirmaba en una columna de Milenio que en los años 60 el término «chairo» se refería al adolescente que se masturbaba mucho y por ende siempre estaba distraído. En general, parece que ese es el origen de la palabra «chairo», de hacerse una chaqueta, «hacerse una chaira». Y en ese sentido uno podría pensar que ese término se usa haciendo referencia a una «chaqueta mental».

    ¿Qué es un chairo? Y lo que no es

    Cuando escuché por primera vez el término, lo hice por medio de un video de Youtube hace unos 4 años donde algunos de ellos mismos se hacían llamar con ese término. Éste no parecía ser tan despectivo como lo es ahora, y académicos de las ciencias sociales trataban de explicar a ese grupo como cualquier otra subcultura, que surge como respuesta a un entorno dado. Los chairos eran definidos como una suerte de neohippies con ideas políticas y económicas anacrónicas: Admiradores del «Ché» Güevara y Pancho Villa, quienes se oponen a la globalización y la economía de mercado porque asumen que ésta es la causante de todas las crisis. Tienden a practicar ritos e ideas ancestrales, utilizan vestimentas autóctonas y muchos de ellos fuman mariguana.

    Yo podría definir a un chairo entonces, como una persona tendiente a ser activista, muy idealistas desde la izquierda política, herederos del victimismo latinoamericano donde los españoles y los estadounidenses son los responsables de todas nuestras desgracias, que se oponen de alguna forma a la economía de mercado y al capital privado, tendientes a creer teorías conspirativas (en distintos grados), y que generalmente creen más en signos e ideales que en hechos y observaciones empíricas: Por eso es que tienden a no fundamentar bien sus argumentos.

    También en algunos de ellos (no en todos) suelo encontrar cierto halo de superioridad moral e intelectual, al encontrarse ellos en una postura adversa al sistema. En muchos casos tienen el tino de advertir sobre los problemas estructurales de determinada sociedad (que un país es corrupto, que hay una élite en el poder), pero no para explicar por qué éstos se producen, y menos para aportar una solución sensata.

    Esa actitud es muy típica dentro del activismo de izquierda, aunque hay que recordar que a diferencia de otros países (como Estados Unidos, y varias naciones de Europa), la derecha en México suele involucrarse poco en el activismo, y las expresiones de fascismo u otro tipo de populismo de derechas son relativamente escasas (no, no tenemos a un Donald Trump y tan solo grupos marginales como El Yunque). En esos casos donde sí existe, se suelen repetir los mismos patrones pero desde la derecha: Idealismo excesivo, teorías de la conspiración, nacionalismo, entre otros…

    También a los chairos se les suele considerar seguidores de López Obrador, aunque no necesariamente todos los seguidores de AMLO son chairos, y tampoco todos los chairos son seguidores de López Obrador (algunos lo ven más bien como parte del problema a combatir, y no como la solución).

    Pero esta etiqueta ha venido cayendo en una generalización con el tiempo.

    Es decir, muchos utilizan el término despectivamente para etiquetar a quienes se oponen fervientemente al gobierno actual; sobre todo por parte de aquellos que son afines a él.

    Por ejemplo, he visto que a periodistas o analistas como Jorge Ramos o Denise Dresser los llaman chairos (hasta a Ferriz de Con lo han llamado así alguna vez en las redes), cuando en realidad sus ideas están a favor de la economía de mercado y de la globalización. Pero así los llaman algunos por su mera animadversión al Gobierno, o bien, porque en algún momento pueden coincidir en algunos temas con los llamados chairos (por ejemplo, la Casa Blanca o Ayotzinapa) al tiempo que difieren en otros. Hacer esa relación es un error, como si etiquetáramos de la misma forma a los otrora rivales pro calderonismo y pro López Obrador porque los dos bandos ahora coinciden en su desprecio hacia el gobierno actual.

    Esta generalización es un tanto peligrosa, ya que se cae en el error de desacreditar a los opositores del Gobierno, dudando de su capacidad intelectual para emitir las críticas, o bien, relacionándolos con ciertos grupos de poder opuestos a quienes gobiernan actualmente.

    Por ejemplo, se cataloga como chairos a aquellos denominados «opositodo», quienes tienden a jugar un papel de confrontación directa contra algún gobierno, ya sea por medio del activismo o las redes sociales, pero que no necesariamente comparten los ideales nacionalistas anti globalización propios de los chairos.

    Y el problema de las etiquetas es que quienes las utilizan terminan siendo incapaces de ver las peculiaridades entre las distintas personas a las que le son adjudicadas. Juan y Paco pueden tener diferencias sustanciales en algunos temas, pero para Pedro son lo mismo porque a los dos los llaman chairos.

    De tal forma, un ferviente opositor al gobierno termina en el riesgo de caer en esa definición, aunque en realidad su perfil esté muy apartado del concepto original de lo que es un chairo.

    Es decir, el término que describía a una subcultura antiglobalización, ancestral y nacionalista, se ha reducido a ser un crítico del gobierno; incluso he escuchado afirmaciones como: – Ahora que tu partido (el PRI) ya no está en el poder, ya te volviste chairo, como si el mero hecho de ser opositor al gobierno fuera algo deleznable, cuando en una democracia es necesario que exista una oposición (política y ciudadana) al gobierno.

    P.D. Aprovecho este espacio para desearles un feliz año nuevo.