Categoría: política

  • La lenta pero evidente extinción del PRI, explicada con peras y manzanas

    La lenta pero evidente extinción del PRI, explicada con peras y manzanas

    Bueno, no lo explicaré con peras y manzanas, pero sí con datos duros:

    Cuando tuve la oportunidad de ver o asistir a un mitin del PRI, algo me llamó la atención, y fue la cantidad de personas de la tercera edad que ahí había. Muy orgullosos con su gorra del PRI, su camisa, su torta (o la comida que dieran). Y es que en sus estructuras abunda la gente mayor y los jóvenes son los menos.

    La lenta pero evidente extinción del PRI, explicada con peras y manzanas

    Pronto van a fallecer producto de su edad, y a veces parece que en el PRI no se quieren percatar de ello.

    Y no lo hacen porque ya ni siquiera se molestan en hacer el esfuerzo por atraer a los votantes independientes. Me refiero a esos votantes que «con el PRI ni a la esquina» porque para tratar de hacerlo, no podrían seguir operando bajo ese modelo arcaico de partido-familia que no fomenta la rendición de cuentas (ni dentro ni fuera del partido) y que se percibe como corrupto, opaco, y lejano de la ciudadanía.

    El PRI está dependiendo de sus bases que cada vez son más pequeñas. Porque insisto, muchas son personas mayores que en algunos años ya no nos acompañarán en este hermoso y todavía verde planeta tierra.

    Siempre se ha hablado que la transición a la democracia (al fin, no muy bien lograda) haría desaparecer al PRI. Se pensó que después de la victoria de Fox en el 2000, el PRI desaparecería. No fue así, gracias a la lealtad dentro del partido y a sus estructuras pudieron mantenerse a flote.

    Pero lo que sí ha venido sucediendo es un proceso con un impacto más a largo plazo, de cambio generacional, y que está matando al partido lentamente. Este proceso tiene décadas, desde antes de la victoria de Salinas por medio de un fraude electoral, y quien fuera el último en «ganar» con mayoría absoluta.

    Estos son los resultados que han obtenido los candidatos a la Presidencia del PRI, independientemente si ganaron o no:

    • 1982: Miguel de la Madrid (70.99%)
    • 1988: Carlos Salinas (50.36%)
    • 1994: Ernesto Zedillo (48.69%)
    • 2000: Francisco Labastida (36.11%)
    • 2006: Roberto Madrazo (22.26%)
    • 2012: Enrique Peña Nieto (38.21%)

    Podemos observar que Peña Nieto, aunque ganó la elección del 2012, apenas obtuvo un mayor porcentaje que Francisco Labastida en 2000 quien perdiera con Vicente Fox. Peña Nieto fue ayudado también por el voto útil de quienes vieron que Josefina Vázquez Mota se desinflaba, y lo consideraban menos peligroso que López Obrador. Un escenario así (sumando los negativos producto de la presidencia de Peña) muy posiblemente no se vuelva a presentar para el PRI en 2018.

    El objetivo de la campaña de Peña era que ningún candidato se hiciera fuerte para ganar con sus bases y «ese poquito más». Y por eso es que parte de la estrategia del gobierno actual ha sido debilitar a los partidos de oposición (que además su debilitamiento también ha obedecido a errores propios) para dividir el voto, porque ante una base que se hace más estrecha, al PRI ya no le alcanza para hacer mayorías.

    Esta estrategia (a excepción de Aguascalientes e Hidalgo donde tienen una ventaja considerable) de dividir el voto (con la presencia de otros partidos o candidatos independientes) ha sido la constante en las elecciones estatales de este mes de Junio. Esperan ganar con sus bases mientras que los demás candidatos se reparten el voto independiente.

    Ciertamente otros partidos tienen porcentajes similares, pero éstos no dependen se su voto duro ni sus bases para ganar.

    Pero vámonos a los datos duros. Voy a traer una de esas gráficas muy contundentes y demoledoras de un estudio que Parametría levantó el año pasado. Obsérvala bien.

    Porcentaje de la población que simpatiza con el PRI

    grafia

    La conclusión es demoledora. A menor edad, menor posibilidad de que un individuo simpatice con el PRI.

    Cada 10 años, el PRI pierde algo así como el 5% de simpatizantes con respecto al total de la población. Pareciera no ser un número muy grande, pero lo es poniéndolo en contexto. Por ejemplo: suponiendo que las elecciones estatales de este fin de semana se llevaran a cabo dentro de 6 años (una pérdida de poco más del 2.5%), el PRI aseguraría su derrota en Veracruz (donde todavía puede ganar); y estados como Oaxaca y Durango donde ya está casi cantada su victoria estarían en riesgo de perderse. En vez de perder en 2 estados como seguramente sucederá este domingo (más Veracruz que se tambalea), perderían 3 o 4, o más.  Si están en juego 12 estados en esta elección, pasado un sexenio, cuando ya se habrían llevado a cabo elecciones dentro de todos los estados, podrían perder aún más, los suficientes como para perder mucha fuerza.

    En 10 años la situación sería bastante peor. Para ese entonces, de seguir la tendencia, el color rojo podría perder la mayoría absoluta (más de la mitad) de los estados que gobierna. Peor todavía sería que alguno de los otros partidos (que dependen más de su voto útil), recobrara legitimidad, que surgieran otros con más aceptación, o candidatos independientes (que ya les arrebataron el estado de Nuevo León), lo cual haría más pronunciado este efecto. El PRI actualmente puede apostar al «divide y vencerás» porque los otros partidos también cargan con una fuerte crisis de legitimidad.

    Pero este análisis hasta ahora lo hemos estado haciendo tomando en cuenta que el ingreso y el nivel educativo de la población no se incrementará en los próximos años y se mantendrá estable.

    Entonces aquí va otra mala noticia para el PRI. Su voto depende de las personas menos educadas y con menos ingresos:

    grafica2

    A mayor educación, es menos probable que un individuo vote por el PRI.

    A pesar de que nos quejamos del nivel educativo de nuestro país que ciertamente es malo, lo cierto es que cada vez más personas tienen acceso a mejor educación como lo muestra esta gráfica, que aunque no está muy actualizada, sirve de mucho para entender el contexto:

    ind_ed8

    Si observas la gráfica pasada, verás hay una gran brecha entre secundaria y preparatoria. Cuando un alumno pasa a preparatoria, las posibilidades que tiene de votar por el PRI disminuyen drásticamente. La mayoría (relativa) de los estudiantes en el 2005 llegaron a estudiar secundaria completa. Cuando esa mayoría relativa se empiece a concentrar en la educación media superior y superior, el PRI se podrá ver afectado.

    Y si analizas la última (donde se muestra claramente que son cada vez más mexicanos con mayor nivel de educación) entenderás el impacto que la educación tiene en contra de los intereses del PRI.

    Naturalmente esta gráfica tiene cierta correlación con la primera. Los jóvenes votan menos por el PRI, en parte porque tienen una mayor educación, lo cual significa que las nuevas generaciones, los que están estudiando actualmente, van a simpatizar todavía menos con ese partido.

    Y hay una tercera variable, el ingreso de cada persona.

    Por menos dinero gane una persona, más probabilidades tiene de votar por el PRI.

    Si bien, el aumento del ingreso no es muy grande, no debemos sacarlo de la ecuación porque importa mucho:

    graf3

    Es paradójico, pero técnicamente al PRI no le conviene que México crezca. Me explico:

    El nivel de desarrollo del país es inversamente proporcional al tamaño de las estructuras del PRI.

    Ciertamente, si dentro de un gobierno priísta se diera un fuerte crecimiento o un progreso social tal que fuera palpable, el PRI podría ganar más adeptos. Pero en tanto esos adeptos son más educados, son más volátiles. Un gobierno posterior que decepcione haría que esos adeptos le den la espalda, tal y como sucede con los otros partidos.

    En cambio,  la mayoría de los votantes del PRI, cuya gran mayoría son pobres y poco educados, siempre son leales al partido. No importa que el Presidente de la República sea partícipe de un conflicto de interés, que un gobernador tenga algún nexo con el narcotráfico o que la economía no vaya muy bien. Mientras el PRI «les trabaje a ellos» su voto estará garantizado.

    Habría que añadir otras variables que no habíamos tomado en cuenta para efectos de este análisis y que podrían acelerar más el proceso. Por ejemplo, el acceso a Internet, la penetración de banda ancha, y que cada vez un mayor número de mexicanos tiene acceso a más medios de información. En un escenario así, es más difícil crear individuos leales y dependientes del partido.

    Habiendo explicado esto, vemos como el panorama para el PRI no es nada alentador.

    Lo peor es que parecen no actuar en consecuencia, siguen apostando a su bases, y parecen haberse resignado al no tratar de hacer un gran esfuerzo para convencer a los votantes independientes. Su estructura partido-familia donde lo que está dentro del PRI es la ley y lo que está fuera no, no ayuda mucho al partido. Por más intensa sea su cerrazón, por más fuerte sea su resistencia al cambio, y por más grande sea su necedad de no combatir todos los vicios dentro del partido, más rápido se llevará a cabo este proceso.

    Claro que en muchos años todo puede pasar, pueden aparecer nuevas variables en el juego, que el tablero geopolítico internacional cambie y eso afecte a nuestro país, o de plano que irrumpa intempestivamente. Pero el proceso ahí está, existe, y las noticias para los tricolores, y para quien aspiran hacer una carrera ahí, no son nada alentadoras.

  • Alan Pulido y el mal humor social

    Alan Pulido y el mal humor social

    A veces no dimensionamos el tamaño del problema hasta que nos toca, le toca a algún familiar o amigo querido, o a un futbolista (o cualquier persona considerada héroe o modelo a seguir). Todos hablamos de lo mal que está México, pero nos hemos acostumbrado a ello. Es decir, el México «cuasi-fallido» es ya la regla y no la excepción.

    Alan Pulido y el mal humor social

    El secuestro de Alan Pulido nos recuerda un poco lo que se vive en el país y de pronto olvidamos, o ya damos por sentado. Lo que ha ocurrido al futbolista es lo que le ocurre a miles de mexicanos.

    También nos recuerda cómo es que trabaja la justicia en México. La justicia es selectiva, y su trabajo es directamente proporcional al impacto que cada caso pueda tener en sus intereses. Es decir, si es una persona famosa, un artista, un político, toda la maquinaria se pone a trabajar, si no, no.

    Alan Pulido es privilegiado. Y no es su culpa, yo no puedo «no congratularme» por haber sido liberado un día después. La maquinaria trabajó porque es un jugador importante, independientemente de que posiblemente haya escapado por cuenta propia.

    Lo que me preocupa es que tuvo que ser Alan Pulido para que el gobierno se pusiera a trabajar. Que el crimen atente contra un jugador de futbol relevante, es algo imperdonable a los ojos de la opinión pública. Si por ejemplo, Pulido hubiera muerto, el gobierno hubiera quedado exhibido en todos los niveles, y el tema hubiera tenido repercusiones internacionales; porque es un jugador importante y juega fuera de nuestro país (en Grecia).

    Y porque a todo el mundo le gusta el futbol. Para muchas personas, un jugador es una suerte de héroe que lo saca de su vida rutinaria cada semana. No sólo es la tragedia, sino pensar en quien lo va a reemplazar en la alineación cuando la selección vaya a la Copa América Centenario.

    El Gobierno, por ejemplo, no reaccionó cuando desaparecieron los 43 estudiantes de Ayotzinapa. Se pusieron a hacer algo (o al menos simularon) cuando toda la opinión pública estaba volcada hacia ellos, cuando todo México quería respuestas. Pero la intención nunca fue resolver el caso, las acciones fueron resultados de su estrategia de control de daños (que ni eso les salió bien). Hay que invitar a los familiares con el Presidente para dialogar, hay que traer al GIEI para que los quejosos piensen que estamos haciendo algo, para luego sacarlos a patadas cuando se vuelvan incómodos a nuestros intereses.

    Los estudiantes no tienen muchos recursos, no son gente de poder, no son gente de influencia, son comunistas, son morenitos (por no decir, naquitos, de acuerdo a la jerga usada para discriminar a las demás personas). No importaron, y sólo importaron (dizque), cuando la presión de la sociedad los asfixió.

    ¿Se ha resuelto el caso? No.

    La justicia en México es para los privilegiados, para quienes tienen los mejores abogados, para quienes tienen dinero, influencia o poder con los que al gobierno no le conviene pelearse; para quienes tienen «conectes» en el partido en el gobierno. El Estado de derecho existe para unos pocos, las personas de a pie no importan mucho, si son pobres menos. A las personas de escasos recursos se les detiene constantemente por fumar un porro. Es que los policías tienen que cumplir con sus cuotas:

    – Mira Julián, ahí agárrate a ese bato que parece que trae un porro en la mano, así ya cumplimos nuestras cuotas el día de hoy. – Oye, ¿pero ese bato no es el defensa del Puebla? – No, disculpe señor, lo confundimos, no vuelve a pasar; mi hijo ve sus partidos, oiga ¿no me puede dar un autógrafo? Mi hijo va a llorar de la emoción. Ya sabe, cuando necesite algo de la ley, pues ai tamos, pa’poyar a la Franja, y si alguna vez tiene un pedo, que andaba chupando y manejando, ahí nos da un pitón. Pero no con el pito de Mancera, ¡por favor!

    Gracias a estos organismos de justicia selectivos que no tienen que rendir cuentas, es que México es un país compuesto por unas élites privilegiadas y por una gran masa de mexicanos para los cuales, el gobierno no trabaja. Nuestro país no es meritocrático, el sistema no está hecho para premiar a quien se esfuerza más, sino a quien es más leal al sistema y a quienes se benefician de éste. Pero no sólo ganan recursos, influencia, y poder. También tienen privilegios en aquello que debería de ser «para todos», la justicia trabaja mejor para ellos, incluso los defienden de gente inocente. Pueden madrear gente y casi esperar que la víctima termine tras las rejas. El sistema no sólo consiente a las élites, las refuerza.

    Figuras como López Obrador se entienden perfectamente en este contexto. En México no es difícil crear el discurso de la mafia en el poder, discurso aprovechado por demagogos como el tabasqueño para reemplazar a las élites actuales, por otras.

    Y todo esto, si es que este secuestro no fue una puesta en escena porque pues… elecciones.

  • ¿Por qué la gente simpatiza con López Obrador?

    ¿Por qué la gente simpatiza con López Obrador?

    Días atrás, escribí un extenso artículo explicando por qué la gente simpatiza con el PRI. Lo hice con base en mi experiencia y mis conocimientos. Para conocerlos tuve que conocer al partido, dado su carácter hermético.

    En el caso de López Obrador, el procedimiento que he hecho es distinto. Primero, porque a diferencia de los priístas quienes no utilizan mucho las redes sociales para manifestarse, los que simpatizan con López Obrador han encontrado en Internet y las redes, un campo de batalla.

    ¿Por qué la gente simpatiza con López Obrador?

    Desde el 2006, antes que existiera Facebook o Twitter, ya existían portales web de sus simpatizantes para denunciar lo que llamaron el fraude del 2006: portales como El Sendero del Peje, y otros que tenían como objetivo criticar a Felipe Calderón con el mote de «Fecal» y su cara caricaturizada de tal forma que pareciera un pedazo de excremento.

    Para hacer el ejercicio me enfocaré en sus simpatizantes, quienes conforman su voto duro, y quienes ven a AMLO como la única posibilidad de que México cambie. No tomo en cuenta a quienes han votado por él de forma esporádica (como varios hicieron en 2006 y 2012).

    La pregunta de la cual partía el artículo anterior era ¿por qué la gente simpatiza por el PRI a pesar de su pésimo desempeño? López Obrador, en cambio, no ha gobernado nuestro país.

    Muchos, a pesar de la evidencia y experiencia de otros países, presuponen que al presentarse como el opositor u outsider, (de quien cuyas declaraciones tienen mucho contenido moral y se presenta como una político moralmente superior a todos los demás,  no se corrompe, no roba, dice) es la opción que México necesita.

    La pregunta en este caso sería un poco más extensa: ¿por qué la gente simpatiza con López Obrador a pesar de que el modelo político y económico que propone ya ha fracasado en diversas latitudes del mundo (sobre todo en Sudamérica) y a pesar de sus rasgos mesiánicos que balancean a su personaje entre el populismo latinoamericano y el PRI de los años 70?

    Hace unos pocos días tuve una discusión con un tuitero. Yo había criticado a López Obrador porque al oponerse a la #Ley3de3, coincidía con la mafia en el poder. El PRI, el PVEM y Morena son los más fervientes opositores a esta ley. Este usuario me criticó mostrando una columna que afirmaba que la #Ley3de3 había sido una invención de Televisa. La leí, y resultó que la columnista no sólo era seguidora de AMLO, sino que era miembro de Morena. A pesar de reparar en ese detalle, siguió mandándome tuits con el mismo link, y me mostró incluso pantallazos del artículo, como si fuera una verdad irrefutable, como si no estuviera entendiendo su texto.

    Acto seguido, esta persona me mostró artículos que él no había leído completamente, o al menos eso pensé cuando terminé de leerlo y encontré que tenía información que lo contradecía. Por ejemplo, me trataba de explicar que México creció menos que muchos países de Sudamérica (mi intención nunca fue defender el desempeño económico del gobierno actual), pero al final mostraba que Brasil y Venezuela, a quienes yo me refería, habían crecido menos que el propio México. Luego entonces, preferí no seguir el debate porque no tenía sentido. No se trataba de un debate de argumentos, sino de cuestión de fe.

    Seguidores de Morena

    La otra vez había dicho que los priístas suelen serlo por pertenencia y que eso los lleva muchas veces a asumir posturas maniqueas. Con los seguidores de López Obrador, la piedra angular es la fe, que de igual forma los lleva a asumir también ese tipo de posturas, las cuales son más notorias no necesariamente porque ese maniqueísmo sea más intenso, sino porque hacen más ruido mientras que los priístas mantienen un perfil bajo.

    Hablar de sus seguidores como «buenos para nada, mantenidos, ignorantes», es muy superficial e irresponsable y sería una absurda generalización. Antes que todo eso, está la fe. Y eso tiene raíces muy profundas, más en un México con abundantes rasgos verticales y un gobierno que siempre se asumió como dador. Es decir, sus seguidores asumen que para que haya un cambio en el país, se debe de apostar a una persona y no a ellos mismos. Una sociedad como la mexicana es más proclive a caer rendida a los pies de un demagogo; aunque Estados Unidos ya nos ha mostrado el ejemplo de que un país más democrático y desarrollado tampoco está exento de caer en ese tipo de trampas.

    En este sentido, López Obrador tiene varias coincidencias con el PRI.  López Obrador fue priísta y absorbió gran parte de su modus operandi. Muchos rasgos propios del PRI están muy presentes en su persona y organización.

    Si bien AMLO no tiene una estructura sólida (que trata de construir con Morena) como para replicar un club-partido a gran escala como lo hace el PRI (muchos simpatizantes ni siquiera están afiliados), varias de sus formas se replican (la sumisión y el alineamiento), pero en vez de tratarse de un partido, se trata de una persona. Se trata de una organización paternalista más que de grupo.

    Al igual que con el PRI, se está dentro, o se está fuera. Ser parte del movimiento de AMLO es un privilegio, «es un honor estar con Obrador». Como se presenta como moralmente intachable, entonces los que lo critican son «moralmente reprobables», o cuando menos, engañados: – Ya no veas Televisa. Si un columnista critica a AMLO, ya es considerado parte de la Mafia en el Poder. No importa si es Ciro Gómez-Leyva, Denise Dresser o Julio Astillero.

    A diferencia del PRI, la relación entre los simpatizantes y la figura en cuestión sí está cargada de elementos ideológicos. Es decir, no pertenecen por pertenecer, sino porque López Obrador representa la respuesta al diagnóstico que han hecho del país:

    Sus simpatizantes tienen una escala de valores, luego entonces, simpatizan con López Obrador, pero al simpatizar absorben todo su credo, como si esto fuera necesario para reafirmar su propia escala de valores.

    Pero no se trata de una postura ideológica muy definida, más que la confrontación con las élites. Su discurso contra la corrupción, la desigualdad y falta de oportunidades va en ese sentido. en confrontar las élites y defender la soberanía con argumentos nacionalistas, aunque con mucho menos vehemencia que Chávez o Maduro; en tanto para él y sus simpatizantes el enemigo está dentro del país y «el imperialismo» queda un poco más en segundo plano.

    La postura en temas que no tienen que ver con esta confrontación es muy vaga y no tiene relación con las corrientes progresistas, claro ejemplo es la postura de López Obrador en temas sociales como el matrimonio gay o la despenalización de la mariguana. En ese sentido, López Obrador muestra un pragmatismo parecido al de los priístas, donde la política importa más que las convicciones.

    El diagnóstico a priori puede no ser erróneo. Por ejemplo, en México existe mucha corrupción, desigualdad, injusticia, o unas élites rígidas que no permiten el desarrollo pleno del país. López Obrador coincide con esas críticas, les pone nombre y etiquetas. A esa élite le llama «la mafia en el poder» y todos aquellos problemas son a causa de la Mafia en el Poder. Toma verdades, o medias verdades y las generaliza para crear una retórica donde se asuma como el líder absoluto, tal y como lo han hecho los demagogos populistas como Hugo Chávez, o inclusive Donald Trump: El pueblo pobre contra la élite mala. Se asume como antisistema.

    AMLO Morena

    La solución que propone es fácil (cuando la realidad es opuesta), se trata de presentarse como impecable, impoluto; de mostrar que el problema tan sólo es de carácter moral, y basta ser recto para resolverlo. Basta con ser bueno.

    Basta con tratar de entender un poco de psicología, economía y otras disciplinas más para entender que esto no es así. Pero seguir a una persona que se asume como recta, es mucho más fácil que trazar una estrategia para combatir estos problemas. A esto se le debe sumar que la mayoría de los ciudadanos no creen que por sí solos tengan la capacidad de transformar su realidad (cuando la realidad, al menos al día de hoy, es que sólo desde la ciudadanía puede venir un cambio). Y de la misma forma, se debe sumar la desesperación. El resultado es un líder populista con un considerable número de seguidores.

    No podemos hablar de «personas ignorantes» como algunos sugieren cuando hablamos de los simpatizantes. Varios de sus seguidores tienen un nivel de educación relativamente alto, incluso no son muy pocos los llegan a estudiar en el extranjero y llegan a destacar en su área profesional (conozco quienes pisaron Harvard). Pero su vínculo con López Obrador sigue siendo eso, un acto de fe. No importa que los argumentos y postulados del tabasqueño puedan ser fácilmente rebatibles.

    No tiene que ver con la inteligencia en tanto la gente con un mayor cociente intelectual no siempre es «más objetiva» que el resto. De hecho, pueden utilizar su propia inteligencia para tratar de reforzar y justificar su postura.

    López Obrador y sus seguidores son parte de un mundo que tiene muchos enemigos en común y que se repiten a cada rato: «La mafia en el poder», «Los potestados»,  «Televisa», «Peña Nieto», «El Prian», etc. Son entidades o personas, que en su mayoría pueden ser duramente criticadas por quienes no simpatizan con López Obrador, pero que son un todo para quienes sí simpatizan con él, son un sólo enemigo.

    La premisa de López Obrador, y por consecuencia, de sus seguidores es: si estas entidades desaparecen, entonces México será otro. Reparan en ellas, y no en las causas que las hicieron surgir. Es más fácil decirlo así, es más fácil crear un enemigo en común. El político que quiera ganar poder creando una masa de simpatizantes leal y cohesionada, sabe que debe de crear un enemigo en común.

    Los lopezobradoristas son leales entre ellos, al menos ideológicamente. Acceden a las mismas fuentes de información (Proceso y La Jornada principalmente) porque son a su parecer, las únicas que presentan una realidad objetiva. En general tienden a ser más bien incapaces de aceptar críticas, y dan por descontado algún artículo crítico, porque la oposición a López Obrador tendrá siempre una oscura intención. No se puede ser opositor a López Obrador desde el bien. Como comenté anteriormente, la única alternativa es estar engañado.

    Muchos de sus seguidores son bienintencionados, pero les es más esperanzador sujetarse a los designios de un líder, que pensar que la ciudadanía por sí misma puede generar cambios dentro de la sociedad.

    De esta forma, al igual que el PRI, tienen sus propios ritos y costumbres. También se trata de pertenecer, pero esta pertenencia conlleva una carga ideológica, y dicha carga es la que da cohesión al movimiento.

    A diferencia de los priístas, dicha carga ideológica puede hacer que algunos de sus seguidores caigan en alguna especie de arrogancia intelectual. Sus seguidores suelen estar más leídos e informados (aunque de forma parcial) que quienes pertenecen al PRI (especialmente sus bases cuyos miembros poseen una baja escolaridad). Eso, más la postura moral que encarna el movimiento, puede hacer que en algunos casos se muestren moralmente superiores a los demás: «tenemos conciencia crítica, leemos y nos informamos».

    Aunque al mismo tiempo refutan argumentaciones críticas hacia la figura de López Obrador o su programa político y económico, sin importar si son contundentes. Porque, es un acto de fe.

    De esta forma, López Obrador sigue teniendo una base sólida de seguidores incondicionales, muchos de los cuales se asumen como agentes de transformación (supeditados a un líder). La crítica dentro del movimiento es escasa, en especial cuando va dirigida al propio líder. Quienes terminan desencantados terminan abandonando el movimiento, porque no se puede entender la pertenencia sin la sumisión ideológica a López Obrador. También, quien se decanta y muestra una postura crítica, termina siendo rechazado por los miembros del movimiento, quien a sus ojos, puede tener un interés particular: -Ya se vendió a la mafia del poder.

  • ¿Por qué la gente simpatiza con el PRI?

    ¿Por qué la gente simpatiza con el PRI?

    Tal vez te habrás preguntado por qué a pesar de que el gobierno actual emanado del PRI tiene un nivel de popularidad sumamente bajo (producto de actos de corrupción, conflictos de interés y demás), sigue manteniéndose fuerte como partido; o por qué mucha gente sigue simpatizando con el Revolucionario Institucional a pesar de todo. Posiblemente la primer respuesta que venga a tu mente es que tienen mucho poder, que quienes entran ahí lo hacen por puro interés y porque quieren robar. De hecho es posible que creas que todo priísta es corrupto por definición y mala persona.

    ¿Por qué la gente simpatiza con el PRI?

    Pero en realidad esa es una forma muy simplista y superficial de ver las cosas. En realidad el PRI es un partido muy peculiar con una forma de ser y una estructura también muy peculiar que sabe más que ningún otro partido satisfacer las necesidades de sus miembros (incluidas necesidades básicas como el sentimiento de pertenencia).

    Una vez que entiendas esto, tu concepto del PRI no va a cambiar mucho (porque lo que ves afuera son los resultados inobjetables de su esencia como partido), pero posiblemente entiendas más a sus integrantes, pienses dos veces antes de emitir un juicio categórico, tales como «vendido» o «ratero»; y veas que no todos ellos son así, ni todos están involucrados en actos de corrupción.

    Naturalmente yo no soy priísta y el concepto que tengo de ese partido está demasiado lejos de ser bueno. Sin embargo, he convivido de cerca con ese partido (manteniéndome siempre al margen) y he logrado entender un poco más por qué el PRI es como es, y por qué funciona tan bien. Tengo amigos queridos dentro del PRI, he asistido a mítines, cierres de campaña, conferencias, etcétera. De alguna manera logré conocer al «monstruo» por dentro.

    Habrá cosas que no narraré por cuestiones de ética profesional (tampoco es que tenga algo escandaloso que contar), pero sí puedo dar un panorama general y, con base en mi experiencia, hablar de lo que es ese partido.

    Antes de hablar de personas que entran por interés, por chamba o para hacer negocio (que las hay), tenemos que hablar del sentido de la pertenencia. Eso es algo que en el PRI se ha trabajado mucho más que los otros partidos y lo cual se ha desarrollado desde la formación del partido para darle un cauce institucional a la Revolución Mexicana (lo cual de la misma forma ha agrandado sus vicios).

    A diferencia de los otros partidos que se quiebran ante sus malos gobiernos (ahí están el PAN y PRD), el PRI puede permanecer relativamente intacto. Mientras haya acceso a presupuesto y poder, todo está bien.

    Pensar que el priísta lo es porque quiere robar o beneficiarse, es un argumento muy simplista. El sentido de pertenencia explica mejor por qué el PRI es fuerte.

    Todos los seres humanos tenemos la necesidad de pertenecer a algo. Quienes profesan una religión no siempre están ahí estrictamente porque se convencieron firmemente de su credo religioso y entonces buscaron grupos afines con quienes lo compartieran. Muchas veces la ecuación es inversa, la gente profesa una religión por sentirse parte de, y luego entonces, adopta el credo. La mayoría de los que crecimos en familias que profesaban una religión, la adoptamos de esa forma. Porque era la religión que profesaba nuestro círculo más cercano (nuestros padres), y luego entonces, por medio de ellos, adoptamos el credo. Nos hicimos religiosos porque nuestro padres, que nos quisieron mucho, nos dijeron que ese era el camino.

    De igual forma, aficionados pueden simpatizar con un equipo con un escaso palmarés como el Atlas o un equipo sin aspiración alguna de España, no por las glorias (escasas) que le puede traer su equipo, sino porque los simpatizantes son parte de una cultura, de un grupo cohesivo, porque pertenecen a algo, a una cultura con símbolos propios. Los aficionados del Atlas, por ejemplo, festejarán en raras ocasiones éxitos de su equipo, pero se sienten muy orgullosos de formar parte de.

    El sentido de pertenencia dentro del PRI

    Algo similar pasa con el PRI. El PRI es como una especie de familia, es un club selecto al cual es un orgullo pertenecer. De hecho es su esencia y es su modus operandi. Quien es priísta es parte de un grupo selecto, el cual a cambio le pide disciplina, y en cierta medida, sumisión (aunque dentro de las élites del partido, las desavenencias, que pueden permanecer lo más ocultas posible al público, son más comunes de lo que se cree).

    Desde las bases hasta las cúpulas, ser priísta es un privilegio. El simpatizante de base gana trato preferencial en programas gubernamentales y despensas, quien se encuentra en la cúpula gana influencia y poder. Desde la torta y el refresco hasta los contratos o los puestos de poder, esos, y muchos otros, son los beneficios de esa membresía «VIP» que se obtiene al estar en el partido.

    Cuando fui a los mítines y dejé mis prejuicios al lado, empecé a entender un poco más la esencia del PRI. Lo primero que vi no son «psicópatas hambrientos de poder» como podrías suponer, sino un ambiente de camaradería (más sólido y patente que el que he observado en otros partidos).

    El modelo PRI funciona tan bien, que no sólo los partidos de oposición han emulado algunas de sus características, sino también partidos de otros países de América Latina.

    A pesar de ser un partido jerárquico, las diferencias se difuminan dentro de un mitín. Los candidatos van vestidos con unas camisas más parecidas a un traje de Fórmula Uno con su nombre y los nombres de los candidatos superiores a él; aunque esa camisa es lo suficientemente casual como para que el candidato pueda colocarse al nivel de «su gente», abrazarla, platicar con ella, y por supuesto, pedirle su voto (el cual está casi dado por sentado debido a que la gente está ahí por ser parte de).

    Para alguien que piensa en términos de democracia y discusión de ideas, esto puede ser un tanto frustrante. No se trata de ir a hablar de ideas y proyectos, sino como «el PRI trabaja para ti, tú que eres priísta». Algunos candidatos con ideas frescas que adquirieron desde fuera del partido, tendrán que acordarse necesariamente de su gente y entrar en esta dinámica. Se trata de hablar del club, del orgullo de pertenecer al partido, de los colores. Entonces en este punto verás que tiene un poco más sentido aquella mayor de edad orgullosa de votar por el PRI, porque éste tiene los colores de la bandera nacional.

    priístas en un mitín

    El PRI es peculiar porque no es un partido de ideas, su ideología siempre ha sido muy ambigua y lo único que permanece constante es que se asumen como herederos de la Revolución Mexicana. Critican al socialismo, al neoliberalismo, al populismo demagogo, al tiempo que han coqueteado muy de cerca tanto con el neoliberalismo (Salinas), como con el populismo y el socialismo (desde Lázaro Cárdenas hasta Echeverría y López Portillo). El PRI es un partido pragmático cuyo credo se adapta a las circunstancias, lo que lo hace más fuerte que los otros partidos porque básicamente la discusión de ideas no es su fuerte, sino el club, el ser parte del PRI.

    En un partido político común, los simpatizantes primero tienen un orden de valores, y luego entonces buscan pertenecer a ese partido que represente ese orden. Con el PRI, los simpatizantes primero son priístas, y luego adoptan el orden de valores propio del partido.

    Entendido esto, podrás entender que los que están ahí, no están necesariamente por conveniencia o porque quieren robar o ganar contratos. Muchos están ahí por ser parte de. De hecho conozco priístas (de muchas edades) quienes nunca han formado parte de un acto ilegal o de corrupción, porque no están ahí necesariamente por el «contrato» por el poder o el dinero, sino por el mero hecho de pertenecer a una familia. Es decir, no se suman al PRI para ser parte de actos de corrupción, sino para pertenecer a un club muy unido, con sus simbolismos, rituales y valores muy propios.

    El problema del PRI no son tanto sus personas, sino su estructura. Este modelo de «partido-club» (así fue concebido desde su creación) es lo que ha hecho que el PRI sea lo que es, un partido opaco, donde varios de sus miembros, sobre todo en las altas esferas del poder, están involucrados con actos de corrupción cuando menos.

    Al no tener alguna ideología o convicción sólida que prevalezca sobre el sentimiento de pertenencia, sus miembros pueden ser más proclives a ser parte de actos de corrupción. Primero, porque no están actuando en contra de doctrina propia o escala de valores alguno (aunque exista en el papel), y segundo, porque las posibilidades de que el partido cierre filas ante ellos es más fácil que en cualquier otro. Primero son los colores, y luego es el país, aunque algunos de ellos quieran con sinceridad a México. Es decir, muchos de ellos quieren a México, desde el PRI, con todo lo que eso implica.

    Es completamente normal que los humanos, como parte de un sesgo cognitivo natural, tendamos a inclinar nuestro juicio a favor de aquello a lo que pertenecemos. Pero este sesgo dentro del PRI es más notorio que en otros partidos (excepto Morena, liderado por el ex priísta López Obrador)  porque no hay doctrina ni orden de ideas con las cuales confrontar los juicios. Para muchos priístas, ser parte del partido será más importante que reconocer un acto de corrupción dentro de éste y denunciarlo; en otros partidos en cambio, un acto de corrupción puede causar una desbandada masiva.

    La familia del PRI

    El sentimiento de pertenencia puede ser fuerte al grado de que algunos de sus integrantes pueden caer en actitudes maniqueas (donde todo es blanco o negro). sus símbolos son sagrados, de igual forma sus rituales y sus formas. Una cosa es estar dentro del PRI, y otra cosa es estar fuera del PRI.

    Ser parte del PRI es algo que es «para siempre». Los panistas, por ejemplo, pueden dejar el barco cuando sienten que la doctrina del partido se ha desviado, porque es la ideología la que mantiene la cohesión dentro del partido más que la pertenencia. En el PAN están los empresarios y los religiosos, porque básicamente un partido de derecha se amolda a sus intereses. En el PRI están todos, porque la ideología y la forma de pensamiento no importa, al menos no tanto como la pertenencia a ese algo. No es raro ver a algún empresario, una persona con inclinaciones socialistas, o un ex anarquista defendiendo lo mismo. El empresario será útil cuando al PRI le convenga virar a la derecha porque así lo indica su «olfato de poder», el socialista cuando lo más conveninente sea «arrinconarse en la izquierda».

    Dentro del PRI pueden cambiar de ideas de acuerdo al escenario político. Peña Nieto, por ejemplo, puede estar en contra del matrimonio igualitario, y luego mostrarse a favor, pero no por convicción, sino para arrebatarle el discurso a la izquierda, o quedar bien con la ONU, organismo con quien su relación (véase GIEI) parecía deteriorarse.

    Eso le da más margen de maniobra al PRI. PAN y PRD tienen que conformarse con defender (aunque sin faltar a la verdad, tampoco lo hacen siempre) aquello que está alineado a sus principios ideológicos. En el PRI están más preocupados por pertenecer, y aspirar a que ese club sea quien esté a cargo de los hilos que conducen a este país, no importa como, porque el fin justifica los medios.

    Y el fin justificará más los medios, cuando sabes que puedes dar casi por sentado, que tus simpatizantes cerrarán filas contigo.

  • Esta campaña no la tiene ni Obama. La inteligente estrategia de AMLO

    Esta campaña no la tiene ni Obama. La inteligente estrategia de AMLO

    López Obrador está haciendo una buena campaña presidencial, es decir, está cumpliendo con su cometido de mantenerse vigente. Muchos hablan de él, lo defienden, lo critican, está haciendo ruido.

    A mí en lo particular, me parece un insulto a la inteligencia de los mexicanos. Sigue empotrado en el argumento del avión, que es un robo, que va en contra de la austeridad y los valores de los héroes de la patria ¿De verdad crees que todos nuestros «héroes» eran austeros y rectos? Habría que recalcar que ese avión lo compró la administración de Felipe Calderón y el gasto se entiende porque por más grande sea nuestra antipatía con el gobierno, no podemos darnos el lujo de arriesgar su vida (amén de todos los secretarios de Gobernación que perecieron en el sexenio de Calderón). Si las cabezas del país murieran, en un país infestado por el narcotráfico y el descontrol, las cosas podrían ponerse muy complicadas. Además, es una herramienta de trabajo, no es un lujo.

    Esta campaña no la tiene ni Obama. La inteligente estrategia de AMLO

    Y me parece un insulto que diga que le va a decir a Obama, cuyo gobierno comprará un avión del mismo modelo, que «se espere al 2018» para comprar el suyo. Para mí es una burla, pero para muchos no.

    Es decir, tantos casos de corrupción e impunidad dentro del gobierno actual como para escoger ese tema, parece algo estúpido. Pero un avión es algo concreto, es una «forma de darle forma» a la corrupción y descrédito del gobierno de Peña Nieto.

    Pero a pesar de que me parezca un insulto y una burla, su campaña funciona. Porque si AMLO quiere tener posibilidades en el 2018, debe mantenerse vigente, y debe de canalizar todo el descontento.

    López Obrador actualmente no está haciendo nada, no está gobernando entidad alguna y simplemente está haciendo política con su partido cuyo fin principal es hacer que gane la presidencia en 2018. AMLO no sólo es fuerte en la capital; su candidato de Veracruz, Cuitláhuac García, está dando pelea; también ocurre lo mismo en Zacatecas con Ricardo Monreal. Considerar que López Obrador no tiene posibilidad alguna de ganar por sus negativos sería ingenuo. López Obrador se presenta como un outsider, igual que Donald Trump en Estados Unidos.

    El Peje está teniendo fuerte presencia en redes. Por ejemplo, constantemente publica videos y pensamientos en medio de su recorrido por todo el país. Habla principalmente de la corrupción, de lo corruptos y cínicos que «son ellos» contra lo rectos e impolutos que «somos nosotros» por medio de esa ya clásica visión maniquea que pudiera llegar a ser más exitosa gracias al descrédito de la clase política (no pocas personas podrían estar de acuerdo con que hay una especie de «mafia del poder» en las élites de nuestro país con lo que ha sucedido en los últimos años). Repite las mismas frases, las mismas palabras, pero el contexto no es exactamente igual al 2006, ni siquiera al 2012. A veces no hay que hacer las cosas diferentes para obtener resultados diferentes, sino hacer lo mismo en tanto el entorno es el que ha cambiado.

    Su famosa frase de «este avión no lo tiene ni Obama» se ha propagado por las redes. No sé quien esté ayudando a manejar la campaña de López Obrador (quien aprovecha las lagunas legales y la displicencia de un desacreditado INE), y no sé si esa frase fue planeada para generar cierto impacto, o se viralizó de forma sorpresiva. Me inclino un poco más por lo segundo, sobre todo al tratar de entender como es que se viralizan los contenidos en Internet. Pero es de notar también que el copy del anuncio estuvo bien planeado y estructurado para obtener un propósito.

    El mensaje es muy sencillo y claro:

    Esa frase ha funcionado muy bien, tan bien, que AMLO la sigue repitiendo en los videos en que aparece. Es su grito de batalla ante la corrupción de la clase política (de la cual en realidad es parte), mientras que él se presenta como un outsider. Más que ser una burla, es un estandarte, «ese avión no lo tiene ni Obama». Hasta los críticos de López Obrador suben memes con la frase, incluso algunos presentadores y «comentócratas» la utilizan en son de broma. Es la frase del momento: «ese avión no lo tiene ni Obama». tan así que ya lleva algunos meses entre nosotros.

    Andrés Manuel sigue vigente, más vigente que nunca. Y el primer paso es ese.

    Actualmente Andrés Manuel no puede mencionar propuesta alguna ni puede hacer muchas cosas que se podrían hacer dentro de una campaña por las restricciones del INE (se limita a aprovechar, como ya dije, las lagunas legales). Pero sí puede diferenciarse del resto presentando a su partido como algo impoluto, cuyos valores rayan en lo religioso, tan puro y tan santo. Y vaya que en un país lleno de corrupción, una alternativa así (aunque no lo sea tan así en la práctica) puede llegar a sonar atractiva para muchos.

    AMLO y su equipo saben lo que hacen. No me parece que estén improvisando, saben que tienen una coyuntura a su favor que nunca han tenido: un gobierno y una clase política tan desacreditada como nunca antes. ¿Le alcanzará a López Obrador? No lo sé, los negativos que tiene, acumulados por varios eventos a través de los años, van a jugar un papel importante. Pero casi toda la clase política actual «tiene muchos negativos también». Si no aparece un líder o una figura destacada que despierte pasiones (sólo se antoja por medio de las candidaturas independientes), podría volverse muy competitivo; sobre todo si el voto se fragmenta.

    Y como la intención del PRI es fragmentar el voto lo más posible, en una mala jugada López Obrador podría terminar como beneficiario.

    Pero también el principal enemigo de López Obrador podría ser él mismo. Como ya ha ocurrido en ocasiones pasadas.

  • El pacto entre Peña Nieto y Felipe Calderón que nadie quiere que sepas

    El pacto entre Peña Nieto y Felipe Calderón que nadie quiere que sepas

    Si entras a la cuenta de Twitter de Felipe Calderón vas a encontrar todo menos una cosa: una crítica al Gobierno Federal o a Peña Nieto. De todas las veces que he visto su cuenta no he encontrado absolutamente ninguna. Incluso es más fácil encontrar críticas a su antecesor Vicente Fox que al hombre del copete prominente.

    Calderón habla de todo en Twitter menos del gobierno de Peña: de la injusta encarcelación de Leopoldo López en Venezuela, del cambio climático, de Donald Trump, hasta manda aplausos al gobierno cuando atrapa a un capo (y luego, cuando se le escapa, Calderón permanece callado).

    El pacto entre Peña Nieto y Felipe Calderón que nadie quiere que sepas

    Mientras sus simpatizantes suben memes comparando al gran Calderón como una suerte de Roosevelt mexicano con Peña Nieto, quien para ellos es una desgracia, Calderón no dice nada, ni pío. Sus críticas al PRI como partido son tibias y parece que sólo las hace cuando está en campaña apoyando a otros candidatos de su partido.

    Rumores que cada vez se convierten más en verdad, que pasan de pláticas a lo oscurito a estar escritas en libros de Jorge Castañeda. Y es que la teoría de que Felipe Calderón y Peña Nieto pactaron la victoria de este último toma fuerza.

    ¿Cómo? Había que «desinflar» la candidatura de Josefina Vázquez Mota sabiendo que la mayoría de estos votos se irían con Peña Nieto. Algunos simpatizantes de Josefina, al ver como se desinflaba, abandonaron a su candidata para darle su voto a Peña (otros, los menos, se lo dieron a López Obrador). De esta forma se fortalecía Peña Nieto y AMLO perdía.

    Aunque independientemente de esto creo que AMLO perdió por varios errores estratégicos suyos en el último mes, y posiblemente sin pacto, AMLO no hubiera ganado. Es algo difícil de saber.

    Puedo decir que en el transcurso de la campaña del 2012 noté una fractura dentro del PAN, percibí que un sector de éste había abandonado a Josefina Vázquez Mota. Aunque a mi parecer, no todo el PAN habría formado parte de este supuesto pacto.

    Después de las elecciones, éste sector del PAN se unió al PRD para demandar la compra de votos del PRI. Esa facción fue la de Madero, la que está peleada a muerte con la facción calderonista.

    Alguien podrá decirme desde una perspectiva pragmática que «fue lo mejor». Que Peña Nieto era menos peligroso que López Obrador. No lo sé, más viendo los resultados del populismo de izquierdas de América Latina y su estrepitoso fracaso, desde el moderado Brasil hasta la Venezuela chavista que se vuelve cada vez más pobre y la gente tiene que buscar medicamentos en el mercado negro. Pero de todos modos, en caso de que ese argumento fuera cierto, considero que lo que hizo Felipe Calderón y su camarilla fue traicionar a quienes simpatizaban con el PAN y votaron por Josefina Vázquez Mota (no es que fuera tampoco demasiado imposible que ella hubiera podido ganar si hubiera hecho una campaña sobresaliente).

    Las condiciones actuales del país, sumido en la corrupción, impunidad y violaciones constantes a los derechos humanos, no son algo que podrían congratular mucho a Calderón después de su «decisión por apoyar lo menos peor».

    Pero si ese pacto se dio, no sólo fue para evitar que «el peligro para México» llegara. Dicen varias voces, entre ellas, la de Jorge Castañeda, que Calderón pactó para que éste no fuera enjuiciado en La Haya como muchos aspiraban, y también para que parte de su equipo que se vio envuelto en escándalos de corrupción i.e. Genaro García Luna o Alejandra Sota.

    Felipe Calderón y Peña Nieto

    Seguramente un pacto así era más propicio con Peña Nieto que con López Obrador quien durante 6 años lo llamó «espurio, usurpador» mientras los simpatizantes de éste le llamaban «fecal». Castañeda dijo que también, el PAN (al menos la bancada de Calderón) se mostró más condescendiente con el PRI, por ejemplo, para evitar la instauración de reformas que afectaran los intereses del PRI y el propio Presidente Peña, como la segunda vuelta presidencial (donde el PRI se vería más afectado, puesto que sus estructuras no le alcanzan para que alguno de sus candidatos pueda obtener el 50%), entre otros.

    Si esto fue así, entonces tendríamos que hacer responsable en parte a Felipe Calderón por el estado actual de las cosas en nuestro país y bajarlo de esa nube «Rooseveltiana».

    ¿Por qué?

    Porque este pacto habría sido entonces el inicio del acuerdo entre partidos políticos para solaparse. Es decir, a partir de ahí, los partidos habrían empezado a taparse entre ellos los actos de corrupción como ha venido sucediendo. Por la misma razón que la oposición (sobre todo el PAN) se mostró muy displicente con el tema de las casas blancas, de Ayotzinapa y de todos los escándalos en que se ha involucrado el gobierno. Incluso, el PAN tuvo la desfachatez de no apoyar la #Ley3de3 después de negociar con el PRI.

    Pero los cálculos en política son impredecibles. La política no es algo que se pueda medir con ciencias exactas y por lo tanto, no se puede esperar un resultado totalmente acorde a cierto acto. De esto se han empezado dar cuenta en Estados Unidos al ver como alguien a quien subestimaron, como Donald Trump, tiene ya algunas posibilidades de gobernar ese país.

    De la misma forma, todos los actos encaminados para que López Obrador no sea presidente, ya sea porque podría en jaque sus intereses, o porque hay una legítima creencia de que su políticas podrían perjudicar al país, pueden ser los que hagan que el candidato de Morena logre ganar las elecciones en 2018. Cierto, López Obrador tiene muchos negativos (mucha gente que no votaría por él), pero hasta el momento es quien ha sabido capitalizar más el desencanto con la clase política (de la cual Calderón y Peña Nieto son parte), así que una posible victoria en 2018 no debe de descartarse. No está de más decir que con este supuesto pacto, López Obrador podría reforzar su teoría sobre el PRIAN y su argumento de que son lo mismo.

    Y créanme que un AMLO en 2006 o 2012 hubiera resultado menos peligroso que uno en 2018 (a los contenidos que sube el amado lider de Morena a Facebook me remito).

    Si esto sucede, entonces tendríamos que hacer responsable a Felipe Calderón de muchas cosas más. Porque su mal «cálculo político» además de haber detenido reformas necesarias, pactar con quien a la postre se convirtiera en uno de los peores presidentes de la historia moderna de México (Peña Nieto) y provocar que la clase política se solapara sus actos de corrupción, habría abierto las puestas de Los Pinos a la peor versión de AMLO.

    Y una historia así, «no la tiene ni Obama».

  • Tú que odias a los famosos tomándose la foto con Peña

    Tú que odias a los famosos tomándose la foto con Peña

    Una de las estrategias de «comunicación» del gobierno actual ha sido llevar a cabo reuniones donde Peña Nieto se encuentre con personas famosas o reconocidas. Ya sea Kevin Spacey, el Chicharito. Mark Zuckerberg, la selección mexicana, la #LadyMatemáticas, Bono de U2 (donde Peña mostró que mejoró un poco su inglés) y un sin fin de personalidades.

    ¿Le ha ayudado a su popularidad? Por supuesto que no. Menos lo ha ayudado a legitimarse con la gente. La mayoría de la gente entiende que se trata de una puesta en escena en favor del Presidente, bajo el pretexto de reconocer a algún mexicano destacado, participar en alguna cumbre, qué se yo.

    Tú que odias a los famosos tomándose la foto con Peña

    Donde creo que se comete un error, es cuando se hace un juicio a quienes «se prestan» para aparecer en la foto. Cuando el Chicharito asistió a una reunión con nuestro querido presidente allá en Alemania, las redes sociales explotaron y tacharon al jugador de traidor, sobre todo porque hace menos de dos años publicó una foto solidarizándose con los estudiantes de Ayotzinapa.

    Yo no sé bien a ciencia cierta que opinión tiene el Chicharito de Peña Nieto. Me atrevo a sugerir que es más bien mala, por el tuit de Ayotzinapa, porque mostró su simpatía (con todas las restricciones que los futbolistas tienen en la política) a Josefina Vázquez Mota en las elecciones pasadas, y porque no presumió en sus redes su encuentro con Peña Nieto, menos puso frases como «Aquí con un gran Presidente» o algo por el estilo (a diferencia de las cuentas de Peña Nieto, llenas de fotos con el futbolista). Se vieron, el Chicharito le entregó una camiseta firmada, platicaron un poco y nada más.

    Por ese encuentro, muchos tildaron al Chicharito de traidor.

    Peña Nieto es Peña Nieto, un político deleznable y uno de los peores presidentes de la historia moderna de nuestro país, pero también es Presidente de la República y quien representa al país.  Bajo este contexto yo no veo reprobable que el Chicharito, o la #LadyMatemáticas tengan alguna reunión de este tipo, incluso si el propósito del gobierno es tratar de «elevar» la figura del Presidente (que el criticado debería ser más bien éste último). Al final el Presidente no es sólo una persona, representa una investidura, una institución.

    Cuando la #LadyMatemáticas fue a Los Pinos a recibir el reconocimiento del Presidente, fue un honor para ella porque fue reconocida por la máxima institución del país (independientemente del valor que tengan quienes estén ahí), ser reconocido por quien es la máxima cabeza del país no es algo despreciable. Además no sólo se trata del «reconocimiento presidencial», se trata de la proyección que recibe, que el país vea lo que ha logrado. No es cualquier cosa

    #LadyMatemáticas

    Si el Chicharito o la #LadyMatemáticas se negaran a ver a Peña como protesta ante x o y situación, podrían hacerlo sin tener que recibir críticas por ello.

    No me imagino, por ejemplo, a Iñárritu o Alfonso Cuarón en una visita a Los Pinos, porque ellos se han manifestado públicamente en contra del Presidente; y conociendo la urgencia de Peña por tomarse fotos con gente famosa, pudo ocurrir que, o el gobierno los invitó y no aceptaron, o bien, decidieron no invitarlos sabiendo que el Presidente podría recibir duras críticas por parte de sus «invitados».

    Mucha gente juzga lo que ve por encima, tan sólo lo que ve en la superficie. Que si tal figura estrechó la mano del Presidente entonces ya es un vendido, o simpatiza con él, cuando no reparan que la presidencia no se trata sólo de una persona, sino de una investidura.

    Además, creo también injusto hacer un juicio tan duro a aquellas personas que han luchado tan duro para llegar a donde están. El Chicharito destaca por su trayectoria futbolística, la #LadyMatemáticas lo dice su propia etiqueta. No son activistas de tiempo completo ni politólogos como para juzgar su trayectoria de acuerdo a una simpatía (que posiblemente ni tienen).

    Pero tú ya los convertiste en enemigos.

  • Pobre de Estados Unidos, tan lejos de Dios, tan cerca de Donald Trump

    Pobre de Estados Unidos, tan lejos de Dios, tan cerca de Donald Trump

    Para entender por qué la gente vota de cierta manera, tenemos que ir más allá de hacer afirmaciones como «es que son bien ignorantes, o les lavaron el cerebro». Aunque a diferencia de los animales nosotros tenemos la capacidad de razonar, no significa que seamos «racionales» a la hora de decantarnos por un candidato. Por el contrario, a veces usamos la razón más para tratar de justificar nuestras posturas que para llegar a una «verdad objetiva». Si no me creen, entren a Twitter y lo podrán corroborar.

    Pobre de Estados Unidos, tan lejos de Dios, tan cerca de Donald Trump

    Antes de entrar a detalle sobre la ya inminente nominación de Donald Trump por parte del Partido Republicano trataré de explicar por qué la gente vota como vota, y así explicar de mejor manera el apoyo que tiene este magnate.

    Hay un libro muy interesante que se llama Righteous Mind, escrito por el psicólogo moral Jonathan Haidt, quien trata de responder este cuestionamiento en su libro (por qué la gente vota de cierta forma). Haidt afirma que las raíces de la moral pueden ser encontradas en 5 fundamentos, (lo que él llama «fundamentos de la moral»). Es decir, los seres humanos podemos tener valores morales muy distintos de acuerdo a nuestra cultura, creencias o incluso rasgos de personalidad, pero estos valores siempre tendrán como raíz los siguientes 5 fundamentos:

    1. El cuidado y la atención a los demás, o care en inglés (la capacidad que tenemos por preocuparnos por el bienestar de las demás personas)
    2. Justicia, o fairness en inglés (la capacidad de buscar aquello que sea justo)
    3. Lealtad, o loyalty en inglés (la necesidad de ser parte de un equipo u organización, y ser leal a éste)
    4. Necesidad de autoridad, o authority en ingles (la necesidad de tener una autoridad en un grupo o comunidad determinada)
    5. Santidad o sanctity en inglés (la necesidad de buscar lo puro y de rechazar lo que nos genere disgusto o desagrade).

    Generalmente, la postura política de las personas va en el sentido de la importancia que un individuo dado le de a estos fundamentos. Por ejemplo, tomando el espectro político estadounidense, los liberales le dan más importancia a los primeros dos, y los conservadores a los otros tres. Un liberal tenderá a preocuparse más por una tragedia ocurrida en otro país (care) o que la distribución de la riqueza sea más equitativa (fairness). En cambio, un conservador considerará que debe de permanecer leal a su patria y el gobierno (loyalty), que debe respetar a la autoridad (authority), y sentirá más disgusto que un liberal al ver o pensar sobre aquello que no es puro; como cuando se dice que un conservador es es muy «persignado» o «se rasga las vestiduras». (sanctity).

    Pero en este sentido, los conservadores la llevan de ganar porque son capaces de tocar «más fibras sensibles». Es decir, los liberales le dan poca importancia a los valores 3,4 y 5, pero los conservadores no dejan de darle importancia al 1 y 2, en su peculiar manera. Por ejemplo, un conservador, aunque no se preocupe por los refugiados de Siria, sí se preocupa por los suyos. Ellos también buscan justicia, pero no en el sentido de igualdad, sino de proporcionalidad, es decir, que la gente gane de acuerdo a su esfuerzo, al tiempo que consideran injusto que el gobierno les quite parte de sus riquezas para dárselos a aquellos que «producen menos».

    Fundamentos morales

    En esta gráfica te podrás dar cuenta cómo los más liberales están cerca de prescindir de los valores como autoridad, lealtad y santidad. En cambio los conservadores son capaces de adoptar los 5 al mismo tiempo.

    Si quieres entender por qué Donald Trump es candidato del GOP y tiene posibilidades (aún menores que Hillary Clinton) de ganar la Presidencia de los Estados Unidos, más que apelar a la ignorancia (que ciertamente juega su papel), tenemos que fijarnos en estos fundamentos morales.

    Por ejemplo, Donald Trump puede apelar al fundamento moral de la justicia de una forma muy contundente. No sólo como tradicionalmente lo hace la derecha (en el sentido de la proporcionalidad), sino como lo hace la izquierda también. Gran parte de su electorado existe porque muchas empresas norteamericanas se han desplazado a otros países, y los han dejado sin trabajo. Con su frase «make america great again» y su apología al nacionalismo, refuerza el fundamento de lealtad, y con sus críticas al aborto y otras políticas que son parte de las agendas liberales (aunque en el pasado no se haya opuesto a ellas), refuerza el fundamento de la santidad.

    Trump tiene posibilidades de ganar porque tiene la capacidad de tocar fibras sensibles. En 2008 Obama ganó porque apeló a algunos fundamentos morales propios de los conservadores (sobre todo el que tiene que ver con la lealtad al país). Generalmente, cuando los demócratas no lo hacen, pierden las elecciones. La pregunta reside en si Hillary lo logrará hacer. Trump tiene muchos negativos, pero Hillary no se queda atrás. De hecho, según The Washington Post, esta es la campaña presidencial en la que los candidatos a la Presidencia entran con el mayor porcentaje de negativos.

    Negativos de Hillary Clinton y Donald Trump

    Ted Cruz, al abandonar la campaña (después de su estrepitosa derrota en Indiana), dejó el camino abierto a Donald Trump quien ahora sólo compite con John Kasich, quien sólo ha ganado un estado y no tiene posibilidad alguna. Algunos (ilusamente) pensaron que Trump podría no ganar los suficientes delegados, de tal forma que tuviera que ir a la convención y, que ahí, se tumbara su candidatura. Eso al parecer ya no sucedió, y junto con Hillary, quien ya consolidó su candidatura (a pesar de un Bernie Sanders que en algún momento puso en aprietos su campaña) serán quienes contiendan por la Presidencia que se definirá en noviembre.

    Trump ya tiene su boleto en la mano, con todo y el riesgo que una figura camaleónica y proto-fascista como ésta representaría para los Estados Unidos. Estados Unidos está cerca de cometer un error, pero ojalá entiendan allá que no sólo se trata tildar a sus seguidores de ignorantes, trata también sobre los valores, y como este tipo de demagogos con capaces de mover las fibras sensibles de los votantes. Si Hillary no quiere una sorpresa, también se tendrá que dedicar a eso (como de alguna forma sí lo hizo Obama), a apelar a los fundamentos morales que no son necesariamente propios de los liberales.

    Actualización: Kasich ya se retiró también. El magnate ya es candidato oficial del GOP.