Categoría: política

  • Peña Nieto y Carmen Aristegui, plagios y venganzas fuera de control C + control V

    Peña Nieto y Carmen Aristegui, plagios y venganzas fuera de control C + control V

    Carmen Aristegui estaba ansiosa de perpetrarle tremendo golpe a Enrique Peña Nieto, sobre todo después de que su gobierno operara para que ella fuera despedida de MVS. Y lo logró, llamó la atención de todo el mundo con una nota que habla muy mal de la figura de nuestro Presidente de la República, pero que en realidad no es tan trascendente para la vida nacional. Tan sólo refuerza la idea que muchos teníamos del mandatario, que se trata de una persona que no respeta las reglas ni las leyes, y hace trampa para salirse con la suya.

    Recuerdo cuando hice la tesis en mi universidad hace más de 10 años. Me quedé con un sentimiento ambivalente porque por un lado me gustaba redactarla y darle forma, y por otro lado todo el proceso fue un dolor de cabeza porque tenía que estar yendo una y otra vez a revisión para que la corrigiera hasta que quedara lista.

    Mi universidad (la UNIVA) no es la más estricta, sobre todo si la comparamos con la UP, el ITESM, y similares. Sin embargo, la tesis tenía que cumplir con todos los requisitos necesarios para que pudieran otorgarte el título. Uno de esos requisitos era citar las fuentes como se debía hacer, no era lo más complicado de llevar a cabo, pero era de lo más básico y elemental. Por eso no puedo concebir la respuesta del gobierno a la investigación de Carmen Aristegui, donde afirman que se trata de errores de estilo, cito al vocero de la Presidencia:

    Por lo visto errores de estilo como citas sin entrecomillar o falta de referencia a autores que incluyó en la bibliografía son, dos décadas y media después, materia de interés periodístico.

    Plagiar en una tesis es algo grave. Me sorprende que muchas personas relativicen el hecho en las redes, que no es tan malo, que es un «error menor».

    Otros lo justifican porque simpatizan con él, es de su partido, o les cae mal Carmen Aristegui. El hecho es que más allá de filias o fobias, Peña plagió parte de su tesis y eso es un acto grave desde cualquier punto de vista, vayan a cualquier universidad y pregunten.

    Y entiendo esa reacción por parte de algunos, en la escuela aprendimos que «copiar en el examen» no era tan malo. Muchas personas pasaron el grado gracias a ello, tenían un amigo aplicado el cual permitía que le copiara sus respuestas. Pero que sea «normal» no significa que esté bien. Luego nos preguntamos por qué los niveles de corrupción en el país son altos. Peña Nieto era como uno de tantos alumnos que copiaba en el examen, según sus propias palabras:

    peña

    Una tesis no es cualquier cosa, es el acto culminante de una carrera universitaria o post-universitaria. Es donde, se supone, un estudiante va a reflejar todos los conocimientos adquiridos en la carrera. Algunos incluso le tenemos algo de cariño a nuestra tesis.

    Cuando digo que no es un tema lo suficientemente trascendente para la vida nacional, no me refiero a que el asunto no tenga importancia ni que «plagiar una tesis no es tan malo». El hecho habla muy mal del Presidente Peña Nieto. Sin embargo, a diferencia de la casa blanca, no se trata de un acto cometido durante el gobierno ni tiene que ver con su papel de mandatario.

    De hecho, es un asunto que debería resolver más bien la Universidad Panamericana, universidad en la cual, Peña Nieto elaboró su tesis. La UP se encuentra en una encrucijada. Si no toma algún tipo de represalia, el mensaje que estará mandando al alumnado (si plagias tu tesis, no tomaremos cartas en el asunto) irá en contra de los principios de la propia universidad. Pero por otro lado, si decide hacerlo, es decir, que la UP decida retirar el título a Peña Nieto, la universidad se podría meter en graves problemas. El gobierno podría tomar duras represalias.

    Peña Nieto y Carmen Aristegui, plagios y venganzas fuera de control C + control V

    El tema sería más relevante, si por ejemplo, la nota se hubiera publicado en tiempos de elecciones. En vez de eso, fue lanzada cuando a Peña Nieto le hacen falta dos años para dejar el poder. El reportaje lastimará la ya muy deteriorada imagen de Peña Nieto, pero a nivel político no tendrá mucha trascendencia. Por esto es que pienso que la motivación de Carmen Aristegui al lanzar esta investigación fue vengarse de Peña Nieto. Es personal.

    Porque aunque el reportaje parece estar bien hecho y con base en información fundamentada, no es la máxima expresión de la ética periodística lanzar una nota para cobrar facturas a alguien más. Carmen no estaba interesada en relevar algo trascendente a la nación, sino en asestarle un buen golpe a Peña. Llena de coraje por haber sido censurada a raíz del exitoso reportaje de la casa blanca, Carmen Aristegui se ha dado a la tarea de sacar reportajes para vengarse. Primero fue aquel que cuestionaba el uso de influencias para poder anular un matrimonio, y ahora este reportaje que exhibe a Peña Nieto plagiando su tesis, éste último mediáticamente más exitoso que el primero, lo suficiente como para que The New York Times lo replicara.

    Carmen Aristegui anticipó a su audiencia. Lanzó un video previo para mantener a todos intrigados. Todos esperaron a que terminara la ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos para que dieran las 10 y vieran de que se trataba.

    Muchos esperábamos «algo más», algo realmente trascendente. No lo fue, aunque lo que se denuncia es grave para efectos del Presidente como persona, estudiante y profesionista, no sé si es tan relevante para la vida pública y política de nuestro país. Es cierto que en otros países, políticos de alto nivel han renunciado a sus cargos después de comprobarse que habían plagiado su tesis, pero todos sabemos que Peña no va a renunciar, ni tampoco se le podría exigir que lo hiciera, es una cuestión de dignidad personal, dignidad que Peña no tiene.

    Eso es todo lo que evidenció el reportaje de Carmen Aristegui. Un Enrique Peña Nieto intelectualmente limitado y acostumbrado a hacer trampa, porque esa es la educación que recibió desde casa, y porque esas son las formas dentro del grupo político que lo vio nacer; y una Carmen Aristegui enojada por ser víctima de un acto de censura, pero que ha dado a la tarea de vengarse una y otra vez utilizando al periodismo como pretexto para cobrar facturas.

    Y mientras, hay muchos otros temas de mayor trascendencia nacional de los que se deberían hablar, y se mantienen en lo oscurito.

  • Te cambio una medalla en clavados por una tele

    Te cambio una medalla en clavados por una tele

    No sé ustedes, pero yo noté a los jueces de los clavados algo estrictos con los mexicanos. De pronto algún connacional tenía un muy buen clavado y obtenía 7.5 u ochos, mientras que un clavadista de otro país por esa misma ejecución podía obtener calificaciones de entre ocho, y 8.5. Aunque no es mucha la variación, sí pudo ser la suficiente como para marcar la diferencia entre ganar una medalla o no, como fue el caso de Paola Espinosa quien se quedó muy cerca de subir al podio.

    Pero en el deporte como en la vida son más las razones que las casualidades, y esto tiene una razón de ser.

    Te cambio una medalla en clavados por una tele

    La historia comienza así, Guadalajara iba a organizar el Mundial de Natación en el 2017, todos los tapatíos estábamos contentos porque íbamos a ver a los grandes atletas de la piscina mundial con nuestros propios ojos. Después, de buenas a primeras, el Gobierno Federal llegó a la conclusión de que no podía reunir los cien millones de dólares requeridos y canceló el evento, no sin omitir pagar la multa de 5 millones como penalización a la Federación Internacional de Natación (FINA) por dicha cancelación, y que era cláusula del contrato firmado.

    Al parecer, desde ese momento se creó un roce entre la FINA y nuestro país. México no llevó (o no lo dejaron llevar como consecuencia de ese conflicto, según comenta la propia Paola Espinosa) a un juez en los clavados, y extrañamente los jueces se comportaron un tanto estrictos con nuestros atletas. México se vio perjudicado. Primero, porque tener un juez representa una ventaja, lo voy a explicar con este ejemplo:

    jueces

    Tomando estas calificaciones hipotéticas como referencia y conociendo que se toman como referencia las tres calificaciones «de en medio» discriminando las más altas y las más bajas, sin un juez mexicano Paola obtendría 7.5, 8.0 y 8.0. Si quitamos a cualquier juez (como el que señalé con una X), lo reemplazamos por uno mexicano, y suponemos que la calificación más alta la da este último (sabemos de antemano que no se tomará en cuenta por el criterio que se utiliza), las calificaciones que recibirá Paola son más favorables porque uno de los jueces no mexicanos que dio una calificación más alta (8.5) verá que su calificación sí contará en el resultado final.

    Segundo, porque además de esto, podemos sospechar que los jueces en sí fueron más estrictos al dar las calificaciones a nuestros nadadores. Alfredo Castillo posiblemente no se equivoque al hacer notar este sesgo que muchos de nosotros vimos y que Paola Espinosa (como lo comentó con José Ramón Fernández) también vio.

    No es un acto muy profesional ni ético de la FINA «castigar» a México de esa manera. Para eso debería tener reglamento y normas que especifiquen que ocurriría si un país cancela un mundial que está casi a la puerta y no se molesta en pagar la multa. De hecho, posiblemente nos hubiera ido peor y la FINA posiblemente nos hubiera suspendido de los clavados olímpicos.

    Rommel Pacheco
    Rommel Pacheco al momento de recibir el Oro en el mundial. No se escuchó el himno nacional ni pudo usar el uniforme por la suspensión a la que México se había hecho acreedor.

    Pero es peor lo que hizo el Gobierno de México. Podríamos entender que un mundial se cancele cuando un país pase por una grave crisis económica, no así que no se pague una multa estipulado en el contrato firmado, 5 millones de dólares es una cantidad pírrica cuando hablamos de una economía grande como la de nuestro país. Pero nunca se pagó.

    El argumento de Alfredo Castillo es que como Hungría reemplazó a Guadalajara en la organización, la FINA no tendría pérdidas económicas y por eso era «injusto» pagar la penalización. El presidente de la CONADE además exigía que la FINA regresara el adelanto que México ya había pagado. La realidad es que la pena venía como cláusula del contrato que se había firmado a la hora que se le otorgó la sede a Guadalajara. Y pues cuando firmas un contrato, aceptas todas las cláusulas y condiciones que éste tiene. Es decir, todo eso lo tuviste que discutir antes de firmar, mi chato.

    ¿En el 2015, cuando se tomó la decisión, estábamos inmersos en una crisis económica? No. Cierto, la economía de nuestro país no era la mejor, pero no estábamos ni en una crisis ni en una recesión. El Gobierno Federal aseguraba que no podía reunir los 100 millones de dólares, pero…

    … en ese mismo año, con el pretexto del apagón digital, el Gobierno Federal decidió repartir 13 millones de televisores. Es decir, nuestras autoridades regalaron televisores para que aquellos que no contaban con un aparato digital pudieran sintonizar la televisión abierta con programas educativos como La Rosa de Guadalupe y la muy interesante publicidad del gobierno.

    https://www.youtube.com/watch?v=4BW3eK6BTBk

    Cada televisión tenía un costo al gobierno de 150 dólares, por 13 millones de televisiones, el costo total fue de 1,950 millones de dólares. Con ese dinero se podrían organizar casi 20 mundiales de natación al mismo tiempo. Dinero sí había, lo que no había era un interés por el deporte y sí un interés por las elecciones intermedias que se desarrollarían en unos meses, donde a pesar del desprestigio de Peña Nieto, el PRI mantuvo su mayoría relativa dentro de las cámaras.

    Si no hemos obtenido medalla alguna, en parte es porque nuestras autoridades prefirieron regalar televisiones que organizar un mundial de natación. Las televisiones importaron más que las olimpiadas que aprovechar la proyección que implicaría realizar un evento de ese tamaño.

    Como lo electoral fue más importante, la decisión del gobierno tuvo tres consecuencias de peso: 1.- Que perdiéramos la oportunidad de organizar un mundial de natación, oportunidad que no veremos en muchos años. 2.- El papelón y la vergüenza, lo mal que nos exhibimos al no disponernos siquiera a respetar un contrato. 3.- Que eso afectara en los resultados de nuestros atletas de clavados olímpicos.

    Esto debe de quedar en la memoria ahora que nuestro gobierno jura y perjura que sí le interesa el deporte, que Alfredo Castillo simula defender a nuestra patria, y que seguramente, dentro del gobierno «harán como que harán cambios» para tratar de satisfacer a todos los que están indignados y evitar que esta ola de indignación por los pésimos resultados en Río 2016 afecte a la imagen del gobierno.

    Paradójicamente, como consecuencia de la Reforma de Telecomunicaciones (una de las pocas que sí ha traído ciertos beneficios a la población, sobre todo en la telefonía móvil) y de la venganza de Carlos Slim a las televisoras apapachadas por la Presidencia, quienes recibieron gratis uno de esos aparatos, no pudieron ver desde su flamante televisión ni los clavados de Paola Espinosa, ni la plata de María Guadalupe González, menos a Phelps ni a Bolt. Tan sólo (a menos que hayan adquirido algún servicio de cable) pueden sintonizar los canales de TV abierta, que por cierto, están inmersos en una crisis de la cual posiblemente nunca salgan.

    Por último, quiero felicitar a María Guadalupe González por ganar la medalla de plata, y también a Diego del Real, un nuevo deportista que sin ser favorito, estuvo a punto de ganar la medalla de bronce en lanzamiento de martillo. Muchas felicidades a nuestros mexicanos que se la parten y ponen a nuestro país en alto.

  • López Obrador, la amnistía para la mafia, y la otra mejilla

    López Obrador, la amnistía para la mafia, y la otra mejilla

    La campaña (eterna) de López Obrador ha tenido un viraje. El tabasqueño ha decidido moderar su discurso para atraer a los votantes de centro. De apoyar abiertamente a la CNTE, se ha mostrado en favor de una negociación entre el gobierno y esta organización, al tiempo que ha sido menos beligerante con la Reforma Educativa propuesta por Aurelio Nuño.

    López Obrador, la amnistía para la mafia, y la otra mejilla
    Revista Alto Nivel

    Recordemos que en 2012 la estrategia le funcionó, quedó cerca de ganar la elección pero el ultimo mes volvió a radicalizarse con lo cual ahuyentó votos y sentenció su derrota (a esto podemos sumar otros factores como la compra de votos del PRI). López Obrador contrató en ese entonces a Luis Costa Bonino, quien fue el artífice de las exitosas campañas de François Miterrand y Lula da Silva, y casi logra colocar a AMLO en la silla presidencial. Parece que López Obrador ha optado por una estrategia similar de camino al 2018.

    Pero hay algo que me ha llamado mucho la atención, y es que en ese afán de moderarse, López Obrador propone una amnistía (la cual incluye a Peña Nieto y a todos sus colaboradores). Más propio de un pasaje bíblico que de una estrategia política, el argumento de López Obrador es que él no se quiere vengar y optará por el perdón para poder sacar adelante al país.

    A mí me parece una propuesta errónea.

    Es errónea, porque la justicia no se debe de regir por el «perdón» ni la «venganza», sino por el imperio de la ley.

    Si Peña Nieto, sus colaboradores, o la «mafia del poder» cometieron actos ilegales, deben de pagar por ellos y deben recibir un castigo de acuerdo a la ley. Si López Obrador fuera ese presidente tan «honesto y democrático» que dice ser, su tarea no debe de ser el perdón ni la venganza, sino la aplicación de la ley; y si a los actos cometidos por sus «adversarios» les corresponde un castigo por sus actos, éstos se deben aplicar.

    Posiblemente pienses que soy iluso, que en México las cosas así no funcionan, que es imposible. Pero es a lo que deberíamos aspirar si queremos tener un Estado fuerte con instituciones que funcionen.

    Si la ley queda sujeta a los deseos de justicia o perdón de un mandatario, además de ser un acto de autoritarismo, ésta terminaría usándose a discreción, deteriorando aún más unas instituciones que ya han sido demasiado laceradas en este sexenio. Si AMLO considera tener el derecho de «perdonar», entonces también asumirá el derecho de «vengarse» y aplicar la ley a su conveniencia.

    Peor aún, si quienes hayan cometido algún acto ilícito son perdonados, seguirán disfrutando impunemente de los recursos que han despojado a terceros, o de los beneficios de haber violado la ley sin recibir castigo. López Obrador no sólo estaría «perdonando» a los «mafiosos», estaría validando sus actos, y dejaría impunes actos que se cometieron contra la sociedad.

    O acaso, si Peña Nieto cometió actos ilícitos que merecen un castigo ¿Estarías de acuerdo con que él fuera perdonado?

    No se trata de iniciar una cacería de brujas, se trata de aplicar la ley. Se trata de que nuestras instituciones funcionen, de tener un Estado fuerte, pero a que la vez sea limitado por la rendición de cuentas, y que la sociedad organizada sea partícipe. No se trata de un caudillo que desea o no perdonar a otros al margen de la ley por conveniencia política, que se encuentra entre la mitad de un pasaje bíblico y las viejas formas del PRI (que son las mismas que las «nuevas»).

    No se trata de aparentar o ser más moderado, se trata de gobernar con las instituciones. Además no es una estrategia política inteligente, porque a estas alturas, no son muchos los mexicanos (ni los moderados, ni los panistas, menos los suyos) que están de acuerdo con que Peña Nieto no pague todos aquellos actos ilícitos que él o su gobierno cometieron.

    Yo no quiero venganza ni perdón, yo quiero que la ley se haga cumplir, y punto.

  • El mesías Trumpical

    El mesías Trumpical

    El mesías Trumpical
    Revista Alto Nivel

    Seguramente lo has pensado, sobre todo si López Obrador no te simpatiza en lo absoluto.

    Seguramente te has imaginado al «Peje» al frente de nuestro país, mientras Donald Trump gobierna el país del norte. A pesar de que en el papel tienen posturas políticas muy distintas, encuentras muchas similitudes y te reprimes por esa contradicción. Pero no lo es, en política, los extremos tienden a parecerse por más se odien en el discurso. Es como aquellos dos compañeros de tu salón que siempre se odiaban a muerte, pero se te hacían muy parecidos. Es como aquel dicho de «lo que te choca, te checa».

    Este juego y aparente contradicción será la regla si ambos candidatos llegan al poder. El primero, aunque con menos vehemencia que sus pares sudamericanos, no simpatiza con la apertura comercial con países como Estados Unidos y ve con mucho escepticismo el Tratado de Libre Comercio. Para sus seguidores es una gran tragedia… así como lo es para Donald Trump. Para un sector de la izquierda mexicana, Estados Unidos y su «imperialismo» es el culpable de todos los males. Para Trump y los suyos, México es el culpable de todos los del país del norte. AMLO y Trump se presentan como víctimas de una misma cosa y señalan como victimario al otro país.

    También hay que tomar en cuenta. Los dos son outsiders de la política (lo cual no es necesariamente malo, pero sí en sendos casos), son antisistema y hasta hablan de un posible fraude electoral.

    Imaginar a un México con una economía más cerrada con un López Obrador al frente del poder, mientras que nuestro vecino hace lo mismo con Trump en la Casa Blanca, sería algo esquizofrénico, pero es algo que puede ocurrir.

    Llegara o no López Obrador al poder, si Donald Trump arribara a la Casa Blanca y se esforzara por cumplir sus promesas de campaña, tales como construir un muro que nosotros pagaríamos, o una mayor intervención en la economía para que «regresen los trabajos a Estados Unidos», nuestro país tendría que pensar en alternativas. A sabiendas de que ya tenemos tratados comerciales con medio mundo (y firmar más no terminaría por reemplazar el vacío que significaría una relación comercial deteriorada con Estados Unidos), una opción podría ser fortalecer el mercado interno, trabajar desde adentro mientras consolidamos nuestros acuerdos comerciales con otros países.

    AMLO y Donald Trump

    ¿Pero qué ocurriría si fuera López Obrador el que estuviera al frente del país? Antes hay que explicar algo muy importante:

    Esa combinación que tantos temen podría ser posible. No sólo porque ambos son candidatos competitivos, sino porque el ascenso de Donald Trump, podría a su vez, favorecer considerablemente el ascenso de López Obrador. Explicaré por qué.

    La respuesta mexicana ante un político «políticamente incorrecto», podría ser otro «políticamente incorrecto».

    Donald Trump básicamente nos declaró la guerra, nos señaló como el culpable de todos los problemas que su país tiene, que exportamos violadores y secuestradores a su nación al tiempo que nos quedamos con sus empleos. No sólo se trata de lo que México puede perder con su llegada en materia económica, social y de migración; se trata también de orgullo y nacionalismo. Un golpe así calaría hondo en nuestro patriotismo. Y para muestra clara está el hecho de que la herida de los territorios perdidos hace dos siglos sigue muy abierta.

    Y si Donald Trump despierta pasiones por ser «políticamente incorrecto», el remedio para muchos mexicanos será, una respuesta similar, otro «políticamente incorrecto» que le haga frente al «tirano gringo». Y a quien le queda mejor ese papel es a López Obrador.

    Trato de imaginarme a Margarita Zavala, a Miguel Angel Mancera o a Aurelio Nuño tratando de criticar a Trump con toda esa parsimonia característica de la clase política tradicional. Me los imagino diciendo que van a «negociar con Estados Unidos para salvaguardar nuestros intereses».

    Este gobierno sí cumple. Gracias a nuestras sólidas instituciones y a la debida intervención de la Secretaría de Relaciones Exteriores, he logrado la condonación del 25% de la inversión del muro que nos tocará pagar a los mexicanos – Margarita Zavala, Presidenta de México.  

    No, no va a funcionar.

    El ciudadano mexicano se sentirá herido en el orgullo, va a querer que lo defiendan como a un perro. No importa si en la práctica no se puede hacer mucho porque Estados Unidos es una nación mucho más poderosa o si lo más conveniente es efectivamente algún tipo de negociación.

    Niños héroes bandera
    Rafael Dorantes / Flickr

    Un discurso incendiario como los de López Obrador vendrá como anillo al dedo. Un López Obrador que se le ponga de frente como lo hace con la mafia del poder.

    Y créanme que con el orgullo herido, varios que jamás hubieran votado por López Obrador en otras circunstancias, podrían estar dispuestos a hacerlo. Ya no se trata de propuestas económicas o que es lo que funciona, ¡se trata de nuestro pinche país carajo!

    Y así como un demagogo puede jugar con los hilos del sentimiento nacionalista como lo hicieron Boris Johnson y Nigel Farage con el #Brexit, o como lo hace el propio Donald Trump en Estados Unidos, López Obrador podría hacerlo sin ningún problema en México. Con Trump al frente, el nacionalismo podría desplazar a la corrupción o a los temas económicos como tema principal dentro de la campaña electoral, y ahí quien gana es López Obrador.

    Ante un muro que hay que pagar, el mexicano no querrá escuchar sobre negociaciones, sino sobre justicia.

    Para terminar, contestemos la pregunta que lancé antes. ¿Qué ocurriría si ambos llegaran al poder? En realidad es algo más difícil de saber de lo que parece, pero por principio, podríamos olvidarnos del TLC (a menos de que las cámaras legislativas de uno o ambos países lo impidan). Tal vez López Obrador ya no tendría tiempo de hacer sus típicos referendums (el #Mexit) para hacer como que le pregunta a la gente porque Trump posiblemente ya habría tronado el TLC desde antes. Segundo. Habría que imaginarnos la relación de ambos países con dos presidentes impulsivos que no presumen de una gran inteligencia emocional, que no entienden mucho de diplomacia y sí de confrontaciones. López Obrador podría terminar acentuando las consecuencias que la llegada de Donald Trump pudiera generar en nuestro país, como la crisis económica que vendría en consecuencia.

    Pero lo que es seguro, es que un escenario así no es el más deseable.

    Y menos porque también hay que considerar las implicaciones internacionales y geopolíticas que puedan tener el ascenso de Donald Trump y cómo éstas pueden impactar a nuestro país.

    El ascenso de Trump es algo indeseable tanto para Estados Unidos, nuestro país, e incluso para la estabilidad en Occidente que comienza a ser tentada por demagogos de izquierda o derecha. Pero de igual forma no creo ver en López Obrador al mandatario que México necesita para hacer frente a esas calamidades.

    Los únicos que ganarán algo, eso sí, son los politólogos. En un escenario tan esquizofrénico, aprenderán más que en una universidad de la Ivy League.

  • Heil Trump!

    Heil Trump!

    Hace algunos pocos siglos. Estados Unidos era un país muy corrupto, donde la llegada de la democracia antes de la creación de instituciones fuertes hizo que se conviertiera en el país pionero del clientelismo (no fue el PRI, ni el peronismo, ni algún país latinoamericano, el creador del clientelismo, ni su máxima expresión: fue Estados Unidos). En esos tiempos, los políticos y el gobierno beneficiaban a quienes los apoyaban, por medio de puestos de trabajo, o hasta ¡pavos para navidad! A diferencia de otros países como Grecia o Italia, donde el clientelismo surgió por las mismas razones (la democratización antes de la creación de instituciones sólidas), Estados Unidos superó esa condición entre finales del siglo XIX e inicios del siglo XX.

    La superó por dos razones: primero, por el surgimiento de una clase media que quería un espacio dentro del poder y que no quería trabajar por medio de las viejas formas; segundo, gracias al nacionalismo y al amor a un país cuyos ideales están impresos tanto en la declaración de la independencia, como en la constitución. Eso hizo que estos nuevos grupos supeditaran sus intereses al de la nación. Y en parte, por eso, se entiende el patriotismo que existe dentro de Estados Unidos. Pero dentro de ese modelo de sociedad también se encuentra su talón de aquiles, el cual puede ser explotado por un oportunista, y ese oportunista es Donald Trump.

    https://www.youtube.com/watch?v=34Svt3kfq1c

    Donald Trump tiene mucho que ver con el espíritu nacionalista de Estados Unidos, pero tiene que ver más bien muy poco con sus raíces o ideales de libertad y democracia. Trump ha llegado para demostrar que el autoritarismo sí tiene cabida dentro de los Estados Unidos. Algunos pensaban que era imposible que en un país donde muchos (sobre todo en su partido) claman por un gobierno lo suficientemente pequeño como para que no se meta en la vida de las personas pudiera surgir un demagogo populista. Trump dio con la fórmula, ahí lo tienen.

    Su discurso en la convención del GOP (que acabo de postear aquí) no deja lugar a dudas. Trump está más cerca de Mussolini o del gran hermano de 1984 que de cualquier político estadounidense. Los rasgos fascistoides quedan expuestos en su discurso. Basta ver su grandilocuente entrada al escenario donde es notorio que lo que importa es él mismo y no él como representante de otros, una idea o pensamiento. Basta ver todas sus expresiones y las formas que juega con el entorno. Hace pausas para ser aplaudido, juega con las emociones del público, usa constantemente gestos de desaprobación para reforzar su crítica sobre cierto tema. Sus argumentos son simples y fácilmente rebatibles. Pero Trump no entiende de razones, sino de emociones. Trump quiere asustar a los norteamericanos para luego afirmar que el hará a Estados Unidos grande otra vez.

    Estados Unidos está mejor que hace 8 años, tiene una tasa de desempleo menor, y a diferencia de varios países, ha logrado ya sortear la crisis ocurrida a finales de la década pasada. No todos los indicadores son esperanzadores, pero Estados Unidos no está tan mal como Trump lo quiere pintar. Trump solo menciona aquellos datos que le conviene mencionar, los tergiversa y los saca de contexto. Incluso se da el lujo de esconder aquellos datos negativos que son irrelevantes para su candidatura. Trump no quiere «hacer otra vez grande a Estados Unidos», Donald Trump quiere llegar al poder.

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    Trump no tiene mucho que ofrecer en realidad, e incluso parece no tener autocontrol sobre sí mismo. A diferencia de muchos demagogos y dictadores donde cada grito y cada acto está muy bien calculado, con Trump podemos percibir a un individuo muy impulsivo que no sabe controlar del todo sus emociones.

    Por ésto y por el hecho de que Trump pretende hacer ver a Estados Unidos mucho peor de lo que es, creo que Trump no llegará a la presidencia. A diferencia de muchos demagogos, Trump no parece haber creado una doctrina alrededor de su discurso. Trump, como buen empresario que es, tan sólo ha amalgamado varias ideas y conceptos (basados en la ignorancia en gran parte) con base en lo que parte del electorado reclama: Que muchos (a pesar de la baja tasa de desempleo) se han quedado sin trabajo porque las fábricas se fueron a países como México, que los inmigrantes les están quitando oportunidades, el peligro del terrorismo, ISIS, y demás. También apela a los prejuicios que deberían haber quedado en el pasado, como relegar a la mujer, discriminar a quienes tienen diferente preferencia sexual, o a aquellos tan sólo por tener un origen diferente.

    Pero eso junto todo no genera nada, no genera un producto creíble. Tan sólo es un demagogo diciendo lo que algunos quieren oír. Porque hasta para eso, se necesita tener habilidad. Hasta para ser demagogo hay que ofrecer algo tangible y no un cúmulo de ideas aleatorias.

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    John Moore / © Getty Images

    Por ejemplo, Donald Trump promete una y otra vez restaurar la ley el orden. Pero sus propuestas parecen ir en sentido contrario, de crear división y caos dentro de ese país. Promete volver a hacer a Estados Unidos un país grande, pero sus resultados podrían generar un resultado inverso.

    Quienes creemos en la democracia liberal, vemos en Donald Trump un gran riesgo. Un demagogo en la potencia dominante no es cualquier cosa, puede tener el suficiente peso para romper el equilibrio que permite a los países de Occidente vivir en sociedades democráticas (unas más, otras menos). Un demagogo que quiere romper lazos con diversos países, ignorar tratados o desdeñar organizaciones dentro de las cuales Estados Unidos tiene una posición estratégica es un gran riesgo. Las libertades que tenemos hoy en Occidente las damos por sentado porque los jóvenes y no tan jóvenes hemos vivido con ellas, pero éstas penden de diversos factores, el equilibro que sostiene al régimen occidental puede ser roto con tan sólo mover algunas piezas del tablero. Al menos una de ellas se moverá si Trump se convierte en Presidente.

    Ahí está, Donald Trump poniendo en jaque a los valores de Estados Unidos, aunque trate de presentarse como el máximo representante de ellos. Ahí está, la muestra de que en pleno siglo XXI, aún los más países desarrollados no están completamente blindados de la demagogia, el autoritarismo, y el fascismo.

  • Peña. Es mejor pedir perdón que rendir cuentas

    Peña. Es mejor pedir perdón que rendir cuentas

    Si algo siempre reclamamos a los políticos es que acepten sus errores. De acuerdo a nuestro juicio, que un político pida disculpas, es un caso extraordinario; pedir perdón lo es aún más. Lo que hizo Peña Nieto no sucedía desde José López Portillo. Quienes apenas rebasamos los 30 años nunca fuimos testigos de algo así. Peña Nieto pidió perdón por la Casa Blanca. Sí, el mismo día que Virgilio Andrade presentó su renuncia.

    https://www.youtube.com/watch?v=KjVfV96BLSk

    Pedir perdón es muy válido, sin embargo no es suficiente cuando no viene acompañado de acciones para resarcir el daño causado. Por el contrario, Peña Nieto pidió perdón y al mismo tiempo reiteró que actuó conforme a la ley.

    Hay una gran diferencia entre pedir disculpas y pedir perdón. Pedimos disculpas cuando alguna acción nuestra perjudica a un tercero de forma accidental. Por ejemplo, si voy caminando con prisa, y sin querer tumbo a una persona de la tercera edad, ahí caben las disculpas, puesto que no tuve ninguna intención. Pedimos perdón cuando cometemos un acto el cual de antemano sabemos que perjudicará a un tercero. Si engaño a mi mujer con otra persona, soy consciente de las repercusiones de mis actos, y soy consciente de que mi acto perjudicará a una tercera persona.

    Es una contradicción que Peña Nieto pida perdón y al mismo tiempo afirme que actuó conforme a la ley. Si actuó conforme a la ley y el problema fueron «las formas» (que es lo que ellos piensan), entonces cabe una disculpa. Si Peña Nieto pide perdón, es porque sabe de antemano que llevó a cabo una acción que perjudicaría a terceros.

    Y si un acto perjudica a terceros previo conocimiento de quien lo ejecuta, y como hay leyes que penan ese tipo de actos, Peña Nieto entonces debería someterse a esas leyes. ¿Lo hizo? No.

    Peña. Pedir perdón después del fin del mundo
    Fan Page de Facebook de la Presidencia.

    Peña Nieto también se comprometió a acabar con la corrupción en medio de la promulgación de las leyes secundarias del Sistema Nacional Anticorrupción. Pero hace unas semanas, su partido cambió la propuesta original de la #Ley3de3 con el fin de que los políticos no hicieran público sus bienes ni patrimonios. En un escenario así, es difícil creer en las disculpas del Presidente.

    Peor aún, Peña colocó a un cercano suyo como Presidente del CEN del PRI, a Ochoa Reza, quien mintió y negó su afiliación al partido.

    En mi particular opinión, creo que este «perdón» no viene tanto del corazón de Peña Nieto, sino del war room del PRI. Saben que las posibilidades de ganar en el 2018 son cada vez más remotas, y por lo tanto, consideran necesario cambiar el discurso.

    También con esto buscan aumentar su margen de maniobra. Un gobierno sin legitimidad (lo cual aceptó el propio Peña), es un gobierno que no tiene capacidad de reacción. Paradójico es, que a pesar de tener mayoría en el congreso, el gobierno de Peña no tiene margen de acción. Ello es causa de que por ejemplo, el gobierno no pueda resolver el conflicto con la CNTE y tenga que negociar con ellos la Reforma Educativa. Ello también es causa de que la mayoría de la población le de la espalda ante cualquier decisión difícil que deba de tomar.

    Posiblemente tengan que ceder, dado que el juego de la «simulación» ya no funciona. Posiblemente será tiempo de cerrarle a la llave del erario de donde se enriquecen muchos. Posiblemente será tiempo de encarcelar a algún gobernador corrupto (como Javier Duarte) para esperar una aprobación más benévola, y menos críticas desde el extranjero. Posiblemente veamos algunos cambios para bien dentro de la estructura que sostiene a nuestro país y sus instituciones, aunque éstos se den por mera conveniencia.

    De hecho, me atrevo a pronosticar  que los dos años que vienen serán los «menos malos» de Peña Nieto. Su presidencia tendrá que dar un viraje si quieren que su partido pueda aspirar a algo en el 2018. Un tanto será simulación, en el otro tanto, cederán un poco.

    Pero desde mi punto de vista, es demasiado tarde. Aunque se hagan las cosas mejor, los 4 años ya cursados pesan demasiado. El gobierno actual mintió una y otra vez a sus gobernados. La mayoría de los ciudadanos se sienten agraviados, y cuando eso sucede, las disculpas no bastan.

    Aunque pedir perdón sea válido, no, no basta.

  • 10 libros sobre política que deberías de leer ya

    10 libros sobre política que deberías de leer ya

    porlamirilla.com
    porlamirilla.com

    Saber de política no es mentar madres del gobierno en la mesa, ni subir insultos diariamente a la Fan Page de Peña Nieto para ver si así renuncia. Saber de política es leer, informarse, adquirir conocimientos y tener una gran capacidad de hacer análisis. Por eso es que he molestado en hacer esta lista de libros que deberías de leer si quieres estar «al tiro».

    Prescindí de autores clásicos como Hobbes, Rousseau, Platón, Maquiavelo o Marx, y decidí enfocarme en obras contemporáneas. Algunos autores son mexicanos, otros son extranjeros, pero estoy seguro que después de leer estos libros tu visión sobre la política va a dar un giro de 180 grados. Empezamos:

     1.- ¿Qué es la democracia? Giovanni Sartori

    Giovanni Sartori es uno de los mejores politólogos que nos ha entregado el mundo moderno. Este es un libro básico si quieres entender qué es la democracia liberal, cómo funciona, de donde viene, qué sí es democracia y qué no es democracia.

    Por ejemplo, Giovanni Sartori te ilustrará por qué la democracia directa no funciona (ejem, referendums como el #Brexit)

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    2.- El Fin del Poder – Moises Naim

    Este libro de este escritor venezolano es muy interesante porque habla sobre cómo es que el poder en el mundo moderno se ha fragmentado y qué consecuencias ha tenido para el mundo (positivas y negativas). Básicamente entenderás la dinámica del poder y las relaciones políticas en este mundo contemporáneo.

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    3.- El Capital en el Siglo XXI – Thomas Piketty

    A pesar de algunas imprecisiones y que tiene algunos argumentos rebatibles, este libro es obligatorio en tanto que logró colocar el tema de la desigualdad en la mesa de los académicos y políticos. Si quieres entender por qué el mundo es desigual, y cómo es que la desigualdad se ha comportado desde tiempos remotos hasta la actualidad, éste es tu libro.

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    4.- El Manual del Dictador – Burce Bueno de Mezquita

    Si quieres entender por qué en el mundo hay países con muchos recursos con una población muy pobre, o por qué los regímenes autocráticos casi siempre terminan concentrando el poder en manos de unos pocos, éste es un buen libro. El título habla mucho sobre la esencia de esta obra, la cual es una extensa descripción y análisis de las dictaduras a lo largo de la historia.

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    5.- The Righteous Mind – Jonathan Haidt

    ¿Por qué los liberales son liberales y los conservadores son conservadores? Este psicólogo moral, desde una perspectiva evolutiva, trata de explicar por qué la gente abraza distintas posturas ideológicas, y cómo es que ésto tiene sentido. Este libro te ayudará mucho a tolerar más a quienes no piensan como tú.

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    6.- Por eso estamos como estamos: La economía política de un crecimiento mediocre – Carlos Elizondo Mayer-Serra

    Este es uno de los mejores libros sobre política mexicana que he leído últimamente. El análisis que hace sobre la situación política, social y económica del México actual es excelso. De igual forma lo son las recomendaciones que sugiere Mayer-Serra en su texto.

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    7.- The Origins of Political Order – Francis Fukuyama

    Se trata de un compendio de dos libros, uno es continuación del otro: El primero se llama The Origins of Political Order: From Prehuman Times to the French Revolution, y el otro, Political Order and Political Decay: From the Industrial Revolution to the Globalization.

    A grandes rasgos, Fukuyama hace un extenso análisis sobre cómo surgió el Estado, desde  las formas primitivas de organización de los humanos como las tribus, hasta conformar el Estado moderno, el Estado de derecho, la rendición de cuentas, y cómo es que nos encontramos aquí. Si te interesa la política, esta obra debe sí o sí estar en tu librero.

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    8.- Trilogía Histórica – Enrique Krauze

    Si eres mexicano y te interesa la política, no puedes no conocer la historia moderna de México. Para eso está este compendio de tres libros (Siglo de Caudillos, Biografía del Poder, y La Presidencia Imperial) escritos por este historiador, y que es a mi parecer, una de las mejores obras de la historia de México. Lejos del oficialismo de la SEP, del conservadurismo, o del «chairismo», propone un relato de la historia mexicana desde una perspectiva liberal y más objetiva.

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    9.- El Perfil Del Hombre Y La Cultura En Mexico – Samuel Ramos

    Pensaba recomendar El Laberinto de la Soledad de Octavio Paz (sumamente recomendable también), pero preferí mejor este libro que es el que inspiró a que Paz escribiera su obra. Este libro de Samuel Ramos hace un interesante análisis del mexicano con base en el trabajo de los psicólogos Adler y Carl Jung. Muy bueno para entender la idiosincrasia del mexicano.

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    10.- Vigilar y Castigar – Michel Foucault

    Este libro no es tan actual como los otros, pero vale mucho la pena leer esta espléndida obra de este gran filósofo francés, en la cual habla de la evolución de las prisiones bajo el contexto social de las distintas épocas en que dicho proceso se llevó a cabo.

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    Bonus: Rebelión en la Granja – George Orwell

    Es cierto, este libro contrasta con los demás. Es una novela. Pero si he agregado a este libro, es porque, por medio de una fábula de animales, parodia muy bien (tomando como referencia a la Unión Soviética) al hombre dentro de las relaciones de política y poder. «Todos somos iguales, pero unos somos más iguales que otros».

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  • La insoportable levedad de burlarse de Peña Nieto

    La insoportable levedad de burlarse de Peña Nieto

    ¿Recuerdas este video, verdad?

    https://www.youtube.com/watch?v=COUctQWpqBs

    Hasta por meras cuestiones diplomáticas, un mandatario nunca sería grosero con otro. Pero el lenguaje corporal delata lo que no se quiere decir, y al menos en mi particular opinión, es de notar que para Obama y Justin Trudeau, Primer Ministro de Canadá, Enrique Peña Nieto se encuentra «un peldaño abajo». El video es un tanto penoso por lo que delata.

    Peña con su mano (en un gesto de amabilidad, con esas formas tan particulares del PRI) invita a sus homólogos a bajar las escaleras. De forma inconsciente, Obama y Trudeau lo ignoran, siguen platicando, y Peña vuelve a subir las escaleras para integrarse a una conversación de la que no es parte. Posiblemente su poco dominio del inglés tenga algo que ver ahí y no termine de entender bien lo que están hablando. Es de notar que Peña se siente muy incómodo, y lo primero que viene a la mente es ese niño de la escuela que es rechazado por sus compañeros, y aún así, intenta integrarse al grupo.

    Muchos se preguntan que dirán los demás presidentes de Peña Nieto tras bambalinas. Si Obama y Angela Merkel sueltan algunas risitas por las ocurrencias de Peña Nieto. Eso no lo sabemos, y posiblemente en el gobierno no lo sepan tampoco. Cuando se trata de diplomacia hay que aprender a cuidar las formas y a ser muy respetuoso con los mandatarios de otros países. Dentro de un apretón de manos entre dos presidentes hay muchos intereses de por medio, tratados, acuerdos, intereses económicos y geopolíticos. Por eso es este tipo de relaciones tienen que ser muy cuidadosas. Esto hay que tomarlo en cuenta porque a veces se ignora rotundamente cuando se trata de analizar una situación donde dos mandatarios o dos gobiernos forman parte.

    La insoportable levedad de burlarse de Peña Nieto
    Fuente: El País.

    Estoy seguro que la imagen de Enrique Peña Nieto allá afuera no es muy benéfica para México. Creo que es un lastre, tanto en los medios de comunicación (cosa de la que sí tenemos pruebas) como dentro de muchos otros gobiernos (donde no las tenemos del todo). Podemos inferir lo último cuando otros organismos (como la ONU) emiten una dura crítica, o con videos como el que acabo de publicar. Peña Nieto no da una buena imagen al país.

    Y me preocupa que nuestra intención como ciudadanos sea ridiculizarlo más. Que se note que es un bufón, que es un idiota. No importa que efectos tenga esto en la imagen de nuestro país.

    Porque una cosa es la crítica a su gobierno, y otra cosa es la burla. La crítica no sólo es válida, es necesaria en un país democrático (o que trata de serlo). La burla superficial no abona, porque no lleva a nada, es un mero acto de catarsis en el mejor de los casos.

    Pero a veces la burla se hace sin informarse antes. Todo sea por ver a Peña fracasar. Si fracasa, si muere, si se estrella el avión que «no tiene ni Obama» será el mejor día de nuestra vidas. Un ejemplo claro es aquella conferencia de prensa donde muchos afirmaron que «Obama calló a Peña Nieto».

    Peña Nieto criticó y alertó el creciente populismo (con clara referencia a López Obrador) mientras que Obama se autonombró populista. Pero Obama nunca respondió a Peña Nieto, sino a la prensa (los únicos que afirmaron que «Obama respondió a Peña» fueron algunos medios mexicanos, ningún extranjero). Además el término populismo tiene una connotación diferente en Estados Unidos (un tanto más benigna y moderada que en América Latina donde se usa de forma peyorativa), lo suficiente como para que Obama pueda describirse  como populista.

    Por ejemplo, para nuestro concepto de populista, López Obrador sería un populista, Donald Trump también, pero Obama no. Para el concepto estadounidense, que es un tanto más moderado, Donald Trump no es un populista y Obama sí.

    https://www.youtube.com/watch?v=nzPS-UpRfy4

    Pero esto se ignoró, el chiste era ver a Peña Nieto caer y sangrar.

    ¿Y sabes por qué me preocupa?

    Por el nivel de discurso. En lugar de hacer críticas más profundas (que vaya que el gobierno de Peña tiene mucho material) que abonen a la construcción de una nación fuerte, estás se limitan a burlas, a memes, a anécdotas, y demás. La crítica profunda queda en un segundo plano.

    Parece que la premisa no es esta: Estoy muy molesto con la forma en que se está gobernando el país; por lo tanto, estoy muy molesto con Peña Nieto.

    Sino más bien a la inversa: Como me cae mal Peña Nieto, entonces quiero que meta la pata; por más veces, mejor. 

    No importa que se ignore el entorno. Retomando el tema de la diplomacia, sería absurdo que Obama contradijera y expusiera en público a Peña Nieto por el mero uso de un término. México es lo suficientemente importante para Estados Unidos como para que Obama se de el lujo de deteriorar una relación contradiciendo a Peña Nieto frente a las cámaras, cuyo gobierno (el de Peña) es lo suficientemente esquizofrénico como para limitar el número de preguntas que se le podían hacer al mandatario en esa cumbre.

    Pero lo que importa es lo fácil, lo superficial:

    Por ejemplo, pocos están hablando de la #Ley3de3 donde el gobierno de Peña perdonó a los empresarios, pero no vetó los artículos donde no se obliga a los políticos presentar sus declaraciones.

    Y todos hacen memes de Peña Nieto siendo ignorado por Obama y Trudeau.