Categoría: política

  • Trump es nuestra culpa

    Trump es nuestra culpa

    Todo aquello que existe tiende a la entropía, nada es estático, ni siquiera las doctrinas de orden y social que consideramos «más nobles». Los occidentales nos hemos decantado por la democracia liberal después de ver que las demás corrientes ideológicas tales como el marxismo o el fascismo fracasaron en su implementación. Que hayamos considerado a la democracia liberal la menos peor de las opciones no significa que sea perfecta, y los hechos actuales nos lo están demostrando.

    Trump es nuestra culpa

    Y no porque la teoría que sostiene a esta doctrina sea endeble, sino porque creíamos que se trataba de ponerle play y sentarse en el sillón para ver correr la cinta.

    Brexits, Donald Trump, las ultraderechas e izquierdas extremas en el mundo son producto de una democracia liberal que no fue perfeccionada ni re-encausada. Los teóricos de las doctrinas del mercado nos dijeron que no nos teníamos que preocupar por la desigualdad; que combatirla crearía distorsiones en el mercado; que el mercado libre iba a incentivar a las empresas a desarrollar mejores productos y más innovación. El argumento esgrimido no es del todo falso, pero tampoco fue una verdad absoluta.

    Es una paradoja que en esos países acusados de imperialistas por sus pares del tercer mundo es donde ha crecido este descontento. Mientras los demagogos en México nos insistieron en que el TLC fue un error, y que fue un tratado para que «los gringos nos explotaran», los de allá, los demagogos naranjas del país norteamericano, maldicen el TLC porque se han llevado los empleos al país de donde llegan los violadores, secuestradores, y flojos que se duermen bajo un nopal.

    Tal vez Occidente debió preocuparse un poco más por la desigualdad. El welfare state (estado de bienestar) fue creado, en gran medida, por los partidos conservadores de Europa para contrarrestar la tentación comunista. Ahora que la tentación ha sido neutralizada de sobra, en conjunto con el descenso poblacional que hace más costosas las pensiones, los mecanismos de redistribución de riqueza se han reducido, y la izquierda, quien ha adoptado el modelo del welfare state como suyo, se ha quedado sin un discurso sólido.

    Aquellos países desiguales que nunca han ostentado una clase media de tamaño considerable han sido menos insistentes. Los muy pobres no suelen participar activamente en cuestiones políticas porque suelen estar más preocupados por sus necesidades básicas y tienen menor capacidad de organización. Pero los países donde las clases medias -aquellas que son las causantes de todos los cambios políticos y revoluciones- sienten que ni sus ingresos ni bienestar aumenta sino que se estanca y disminuye, son más proclives a esperar una reacción hacia el gobierno y el status quo.

    Y son esas, las clases medias empobrecidas, las que se han convertido en la base electoral de Donald Trump. El magnate además no se olvida de culpar a los migrantes de todas las tragedias nacionales: el terrorismo, el desempleo.

    Para muchos de nosotros queda claro que las propuestas de Donald Trump no tienen fundamento, de hecho seguramente traerán más problemas de los que existen actualmente. Pero ante la incapacidad de quienes cargan la bandera de la democracia liberal de enmendar los errores producto del desgaste de un sistema que al final ha terminando beneficiando a un grupo reducido de la población, han sucumbido en el discurso ante los demagogos.

    Ahí está la campaña en Estados Unidos. Según las encuestas todavía va ganando Hillary Clinton, pero Donald Trump lleva la batuta. Él, a diferencia de Hillary -cuyo discurso parece inocuo ante el contexto actual- depende de sí mismo, depende de sus aciertos y sus errores, o de la forma en que aprovecha los errores -o desmayos- de la contrincante. Donald Trump ha ganado el discurso, se ha impuesto, y por más tramposo y mentiroso sea o parezca éste, la desesperación de muchos estadounidenses, quienes no cuentan en su mayoría con la suficiente educación, los lleva a decantarse con el demagogo de Nueva York. Cualquier cambio, piensan, es mejor al estado actual de las cosas, donde muchos pierden sus empleos porque las empresas migran, o son contagiados por el miedo ante la noticia de una bomba o un atentado terrorista.

    El ejercicio no sólo debería de consistir en advertir los rasgos demagógicos del magnate ni invitar a las estrellas de Hollywood a invitar a votar contra él. Se trata de entender por qué es que llegó ahí y por qué es fuerte. El ejercicio debería ser más bien uno de autocrítica, de revisar las doctrinas ideológicas y económicas, y entender por qué no están funcionando el todo bien.

    Tal vez eviten que Trump llegue a la presidencia. Pero si el contexto no cambia, lo inevitable podrá suceder en 4 años o menos. La moneda está en el aire: ¿cómo traer prosperidad y desarrollo de tal forma que sean más quienes se beneficien de ello? Es un pregunta muy difícil de contestar, pero debe de contestarse.

  • Del mito de la decadencia moral

    Del mito de la decadencia moral

    Hace no mucho, escribí frustrado una columna donde relacionaba el caso de los Panama Papers con la pobredumbre de valores, en este momento sigo defendiendo la relación que hice, pero con la cabeza más fría ya no puedo defender de forma tan sólida el argumento de que «se están perdiendo los valores», esa frase tan usada y reciclada sin importar en la época en que se encuentre. En algunas etapas de la historia, los números pueden parecer respaldar el argumento, en otros no. Lo cierto es que tenemos una tendencia natural a sentir que los valores se están perdiendo y que la sociedad está en declive. La percepción es muy poderosa, pero engañosa a la vez.

    Del mito de la decadencia moral
    Julia Rodríguez Villar

    Nuestro mundo es uno imperfecto, actos que vayan en contra de la dignidad humana se han repetido una y otra vez por medio de diferentes manifestaciones. Personas que abandonan un determinado orden de valores para obtener algo a cambio a costa de la sociedad siempre han existido, y muchos de ellos se encuentran en importantes cargos públicos. Pero tampoco es que vivamos en un mundo que se esté cayendo al precipicio, aunque así nos parezca.

    Vivimos inmersos en un mundo globalizado donde tenemos millones de terabytes al alcance de un clic. Por ende, estamos expuestos a mucha información que no podíamos ver antes. Sí, esa información incluyen noticias relacionadas con actos que degradan al ser humano. Noticias de violaciones, acosadores, asesinatos.

    Hace 20 o 30 años no estábamos expuestos a tal cantidad de noticias, entonces no nos enterábamos de lo que ocurría. Posiblemente en un mundo sin Internet y con medios de comunicación cerrados no nos hubiéramos enterado del caso de los Porky’s. Hoy hablamos de Peña Nieto como un hombre degradante y corrupto. Pero hace 20 años, la estructura de nuestro país más autoritaria no hubiera permitido a Carmen Aristegui publicar el escándalo de la Casa Blanca.

    No, no es que el mundo esté bien, de hecho tiene muchos problemas; pero de cierto modo, con algunas variantes, siempre los ha tenido.

    Por ejemplo, te sorprendería si te digo que en Estados Unidos, el número de adolescentes menores de 13 años que ha tenido sexo se ha reducido. Y no sólo eso:

    Según Youth Risk Behavior Surveillance Survey, una encuesta de los «Centers for Disease Control and Prevention» muestra que los jóvenes estadounidenses son más sanos que hace 25 años:

    datosalcohol

    Los adolescentes estadounidenses son menos activos sexualmente que hace 24 años, de la misma forma consumen menos alcohol y tabaco, y menos se han involucrado en una pelea física. En lo que toca a las drogas, hubo un incremento sustancial hasta entrado el nuevo milenio, dentro del cual, el número de consumidores ha vuelto a reducirse.

    Seguramente estas estadísticas chocan con nuestra percepción generada a través de contenido en Internet que habla sobre violaciones sexuales o matanzas que nos hace pensar que el mundo cada vez está peor. Pero las estadísticas son muy concluyentes.

    Los medios y la exposición a muchos canales de información nos han mostrado la pobredumbre que hay en el mundo, pero no la conocimos porque haya emergido de pronto y sea el resultado de una preocupante pérdida de valores, sino porque antes no la veíamos, pero estaba ahí.

    Otro ejemplo que usaré para cuestionar la teoría de la «sociedad decadente» es este video escalofriante. Obsérvalo bajo tu propio riesgo:

    https://www.youtube.com/watch?v=MW9220F7SQc

    ¿Sabías que ese conductor no fue a parar en la cárcel en su momento? No, ni siquiera perdió su trabajo. Peor aún,  ese video no produjo escándalo alguno en su época, pasó inadvertido.

    ¿Sabes que hubiera pasado hoy? El escándalo se hubiera esparcido por todo el globo terráqueo, varias peticiones online se hubieran creado para pedir al gobierno que actúe contra este pervertido sexual y varias organizaciones hubieran ejercido presión. En un mundo aparentemente decadente como el nuestro, nuestra postura hacia los pedófilos y acosadores sexuales es mucho más dura e inquisitoria que hace unas décadas. Entonces podríamos hablado de un valor adquirido y reforzado en vez de uno perdido.

    Pasar de justificar el acoso a una mujer, cosa más común en tiempos pasados, a condenarlo, también puede contarse como un valor adquirido. De igual forma, reprobar conductas déspotas como ha ocurrido últimamente habla muy bien de nosotros cuando hablamos de valores.

    Ciertamente, si queremos analizar cualquier variable, no todos los indicadores van a ser positivos (sobre todo en un país con serios problemas con los cárteles de la droga y su impacto negativo en nuestra sociedad). Así como se adquieren nuevos valores, habrán otros que pierden fuerza. Pero no podemos hablar de una decadencia como tal, sino más bien de alguna especie de mutación, reinterpretación, o reforzamiento de los valores benéficos para la sociedad, mientras que ciertamente, algunos otros valores, útiles o importantes, pueden perder importancia al grado que eso afecte a nuestra comunidad.

    Y no estoy sugiriendo «desvalorizar» a los valores como si pudieran aparecer y desaparecer a cada rato, mucho menos caer en el relativismo moral y peor, modificarlos a nuestra conveniencia. Por el contrario, como seres humanos hemos concebido a algunos valores como universales e inamovibles, pero dentro de éstos, y obedeciendo éstos, se desprenden otros cuya forma puede cambiar.

    No vivimos en un mundo estático, al contrario, la sociedad cambia, las instituciones cambian y evolucionan, y de la misma manera, nuestro orden de valores sufre modificaciones de acuerdo al entorno en el que vivimos. No siempre hacemos la mejor elección, y en otras ocasiones lo hacemos muy bien.

    Nhil Banda
    Nhil Banda

    Y eso no significa que el mundo esté bien ni que deba de dejar de preocuparnos. Por el contrario, deberíamos de procurar tener más valores y ser más reactivos hacia aquellas conductas que atentan contra nuestra dignidad humana para así construir una sociedad mejor. Los problemas son reales, violencia, acosadores sexuales, el hecho de que podemos llegar a ser muy individualistas, egoísmo, consumismo desenfrenado, familias destruidas, padres permisivos, padres represivos, racismo, discriminación, desigualdad, corrupción, niños a los cuales se les incita a bailar reaggeton. Los antivalores existen, ahí están, y deberíamos tomar cartas en el asunto.

    Pero no, la humanidad no está encaminándose a una decadencia moral, más bien es muy imperfecta. De acuerdo a las tendencias de hace 20 años y al pesimismo de algunos círculos, hoy tendríamos que vivir inmersos en una comunidad con el tejido social destruido, llena de depravados sexuales y adictos a las drogas. En realidad, los depravados sexuales representan un sector muy minúsculo de la sociedad quienes ahora pueden ser más fácilmente exhibidos, y los adictos a las drogas siguen siendo los menos.

    Como lo dije, la percepción es muy poderosa, pero a veces puede ser muy engañosa.

    En realidad, al diablo no le va tan bien en su trabajo como tú crees.

  • Por qué #YoExijoTuRenunciaEPN y por qué deberías unirte

    Por qué #YoExijoTuRenunciaEPN y por qué deberías unirte

    Por qué #YoExijoTuRenunciaEPN y por qué deberías unirte

    Nos han vendido la idea de que México es un país estable porque desde Lázaro Cárdenas todos los presidentes han cumplido su sexenio. Ni siquiera países como España o Estados Unidos pueden presumir de ello. Pero esa «estabilidad» que tanto cacarean es más cuantitativa y de forma, que cualitativa y de fondo. Esa anécdota numérica no termina de explicar qué tan «estable» es el país. Dentro de esos ciclos sexenales se han perpetrado masacres estudiantiles, severas crisis económicas, y hasta magnicidios. En cambio, la última vez que Estados Unidos rompió con su ciclo ocurrió en las década de los 70 cuando Nixon dimitió a raíz del famoso escándalo de Watergate en el que estuvo envuelto, un escándalo que se puede antojar menor comparado con algunos en que se han involucrado algunos presidentes de nuestro país.

    Pensar que es algo absurdo pedir la renuncia de Peña Nieto con base en esta «tradición» es caer en el error. Bajo esta premisa, algunos afirmarán que con la renuncia de Peña Nieto se rompe toda la estabilidad y el país podría convertirse en un caos. En realidad es a la inversa, la permanencia de Peña Nieto en el poder puede comprometer la estabilidad del país, tanto política como económicamente.

    Después de hace muchos años parece existir un consenso dentro de la sociedad, entre los analistas e incluso mayoría de los comunicadores. Ese consenso es que Peña Nieto es un lastre para México. Tanto izquierdistas, derechistas, conservadores y liberales (no, el PRI no es liberal), todos concordamos en que estamos siendo pésimamente gobernados.

    No se trata de llamar la anarquía, ni mucho menos de revolución. Por el contrario, queremos una vida institucional y por ende buscamos que Peña Nieto, cuyo gobierno le ha hecho daño a las instituciones, renuncie.

    Un gobierno envuelto en casos de corrupción e interés y que ha permitido que humillen a México no es funcional, peor aún cuando los niveles de aprobación son tan raquíticos al grado en que su ilegitimidad le quita cualquier margen de maniobra. Un presidente siempre tiene que tomar decisiones difíciles en su mandato que causarán resquemor en algún sector, y para poder hacerlo es necesario tener la suficiente aprobación en los otros. Cuando ningún sector te apoya, no puedes darte el lujo de hacer eso. El gobierno de Peña Nieto ha llegado al punto en que la estabilidad de este país, tanto política como económica, puede estar en riesgo.

    Es falso que la renuncia de un presidente traiga forzosamente un episodio de inestabilidad prolongada como algunos sugieren. El claro ejemplo de ello es Guatemala cuando Otto Pérez tuvo que dimitir ante los escándalos de corrupción en los que se ha visto envuelto. Guatemala no cayó en una crisis y hoy es un país absolutamente gobernable, más que lo que lo era con Otto Pérez con todo y que los guatemaltecos se decantaron por un comediante. Lo mismo se puede decir de la renuncia de Nixon en Estados Unidos.

    Peña Nieto debe renunciar

    Algunas voces, como la de la doctora Viridiana Ríos, claman por exigir resultados en vez de realizar una marcha. Respeto esas opiniones más no concuerdo con ellas, no porque se me haga mala idea «exigir resultados», sino porque veo imposible que dentro del régimen peñanietista, tan acostumbrado a la simulación, eso pueda ocurrir. Peña Nieto y su gobierno ya demostraron que no son capaces de ceder un ápice, ni tienen capacidad real de diálogo con la oposición (más allá de intentar cooptarla), ni menos de entender a la ciudadanía. Incluso hasta un escenario con Osorio Chong (quien sustituiría temporal a Peña Nieto mientras el Congreso elige a un sustituto) se antojaría un poco mejor para esperar algún tipo de cambio producto de la respuesta de la ciudadanía.

    Otras voces como la de Martí Batrés de Morena, dicen que su renuncia es innecesaria y que hay que esperar hasta el «cambio verdadero» en 2018. La realidad es que a López Obrador no le convendría a estas alturas que Peña Nieto renuncie, sino que permanezca en el poder y su gobierno se desgaste lo más posible para que de esa forma llegué en el escenario más óptimo, como el cambio necesario que México necesita después del gobierno más oscuro. Paradójicamente, a quien se le ha relacionado todos los intentos por deponer al presidente, no le conviene que esto suceda.

    Pero Peña Nieto tiene que irse. Su renuncia es la condición sine qua non para poder aspirar a cualquier tipo de cambio en este gobierno. Las propuestas de Viridiana Ríos son válidas, pero dudo muchísimo que se puedan implementar en este escenario, y éstas podrían servir más bien para ejercer presión sobre quienes quieren contender en 2018, quienes seguramente tratarán de abrazar las causas de la sociedad indignada para tratar de marcar un cambio con respecto a la administración pasada. Incluso este paquete de propuestas podrían proponerse al gobierno que supla a Peña Nieto si éste renuncia.

    Si Peña renuncia sería un gran logro para la ciudadanía. En un país donde los ciudadanos tradicionalmente han tenido poco peso y han sido ninguneados por los gobernantes, un hecho de ese calado obligaría a la clase política a prestarles más atención al menos. Tal vez el que reemplace a Peña Nieto no nos termine de gustar o inclusive sea del mismo partido y las estructuras no cambien como quisiéramos en los dos años faltantes, pero la clase política recibirá el mensaje de que la ciudadanía no está dispuesta a tolerar gobiernos de tan baja calidad acostumbrados a la simulación y al teatro, creyentes de que puedan hacer lo que les plazca y permitan que nos humillen, como ocurrió cuando Peña invitó a Donald Trump a Los Pinos.

    Si Peña renuncia, México no se convertirá en una nación de primer mundo, ni se va a disparar el Producto Interno Bruto. Pero se habrá creado un antecedente si queremos hablar de ciudadanía y rendición de cuentas. Los ciudadanos deben de exigir buenos gobiernos a sus servidores públicos quienes tienen la obligación de crear las condiciones para que los primeros construyan su proyecto de vida.

    Por eso es que deberías unirte. En la CDMX se llevará a cabo el 15 de septiembre una marcha del Ángel de la Independencia al Zócalo para coincidir con el grito que hará Peña Nieto. Esta marcha debería de replicarse en otras ciudades, esto debe de convertirse en un movimiento nacional. Los mexicanos tenemos que salir a la calle a exigir la renuncia de Peña Nieto. ¡Es momento de actuar! #YoExijoTuRenunciaEPN

  • El informe y el hundimiento del barco Peña Nieto

    El informe y el hundimiento del barco Peña Nieto

    Peña Nieto redondeó su semana, o dos semanas fatídicas con su informe. Digo dos, porque su informe se suma al escándalo del plagio de la tesis, y la vergüenza histórica que significó su reunión con Donald Trump. Peña Nieto está más sólo que nunca, y es de notar que cada vez son los que están abandonado su barco. Pero vamos a empezar con el informe.

    Como comenté en Periscope, Peña Nieto tiene un buen equipo de comunicación detrás de sí liderado por Alejandra Lagunes. Posiblemente debamos a su equipo el nuevo formato del informe. El formato, el cual consistió en un diálogo con jóvenes en vez de un monólogo, se me hizo agradable, rompió esquemas y creo que se debería de considerar un punto de referencia para las siguientes ocasiones. Pero esas ideas innovadoras de Lagunes contrastan con las viejas formas y la falta de autocrítica del PRI, y eso se notó en este ejercicio que fue una muy buena idea pero cuya ejecución dejó mucho que desear.

    Primero, porque varios de los jóvenes asistentes eran sembrados. Como lo ha mostrado la evidencia, varios formaban del PRI o de sus instituciones afines que estaban ahí con la finalidad de adular a Peña Nieto. La primera intervención en la cual un joven afirmó que le debía todo, que estaba haciendo todo bien y qué más haría bien lo dejó muy en claro. Con excepción de la última intervención de un joven llamado José Ramón, quien temerosamente se animó a cuestionar al presidente y le pidió dejar del lado toda esa «coreografía», todas parecieron intervenciones a modo, adulaciones, jóvenes pidiendo becas para todo, cuestionamientos tímidos.

    Segundo, porque fue curioso que las preguntas críticas procedieran de la tómbola que contenía, supuestamente, preguntas que se hacían desde las redes sociales. Pero curiosamente también Peña Nieto estaba «muy preparado» para responderlas con un discurso muy ensayado. Así contestó todas las dudas con respecto a su invitación a Donald Trump, el plagio que cometió en su tesis, y las críticas que había recibido por subir la gasolina después de prometer que eso ya no sucedería. Dijo mucho y no dijo nada, con un lenguaje acartonado buscó justificaciones que no complacieron a nadie.

    El desinforme y el hundimiento del barco Peña Nieto
    Fan Page de Enrique Peña Nieto

    Lo que me pregunto es ¿por qué usan formas tan gastadas y tan predecibles? ¿Por qué siguen utilizando gente sembrada cuando una y otra vez son puestos en evidencia en las redes? ¿Por qué siguen creando teatros ensayados y parsimoniosos que desde hace años han causado un enorme disgusto en la población? El informe en realidad sí fue un informe, porque reflejó de forma concreta (no por lo que hicieron parecer ver, sino por lo que realmente se vio) lo que ha sido este mandato.

    Mientras todo esto ocurre, mientras Peña Nieto se deslegitima, muchos han decidido abandonar el barco, o al menos han cuestionado en mantener su apoyo. La dura entrevista que Denise Marker hizo a Peña Nieto, así como los duros cuestionamientos de Loret de Mola, han dejado en claro que la postura de Televisa frente a Peña ya es menos benévola. Así como la televisora promocionó su campaña para ganar un beneficio (reformas a su favor), ahora que se ha vuelto un lastre para sus intereses, le da la espalda. De la misma forma, periodistas afines como Ciro Gómez-Leyva, quien hace pocos años tratara de presentar a #YoSoy132 como porros agresivos a las órdenes de López Obrador, ahora permite que en su programa se destape el hecho de que varios jóvenes de su informe fueron sembrados por el PRI.

    Pero la deserción en los medios de comunicación es la menos grave. Raymundo Riva Palacio explicó en su última columna las fracturas que existen al interior de su gobierno a causa de la visita de Donald Trump. La canciller Claudia Ruiz Massieu amagó con renunciar porque nadie le informó de la decisión, sugerida por Luis Videgaray, de recibir a Donald Trump en Los Pinos. A ello también se opuso Osorio Chong, quien después, ya con la decisión tomada, ofreció su renuncia con el fin de que el «recibiera las críticas» y pudiera salvar este barco que está a punto de hundirse por completo.

    Jóvenes infiltrados

    Muchos, priístas inclusive, están indignados con la humillación histórica que recibió nuestro país. Tal parece que el asunto llegó a un punto donde el patriotismo terminó siendo más importante que los intereses o la disciplina partidista. A muchos les dolió ver a su país humillado, y algunos incondicionales se sumaron a las críticas contra Peña Nieto. Mientras tanto, la indignación dentro de los opinólogos, intelectuales y plumas, ya sea de izquierda, centro o derecha, llegó a un punto que jamás había visto en mi vida.

    La legitimidad de Peña Nieto caerá por lo suelos, y no sé si México tenga la capacidad de sostener por dos años una situación así. Como lo he insistido, lo recomendable sería que Peña se hiciera a un lado (entiendo que por ley, sólo se puede renunciar por causas de fuerza mayor), no importa que sea Osorio Chong quien termine el sexenio, pero no nos podemos dar el lujo de mantener las cosas como están.

  • Peña Nieto y Donald Trump, ¡Vergüenza histórica!

    Peña Nieto y Donald Trump, ¡Vergüenza histórica!

    «Ha habido malas interpretaciones o afirmaciones que lamentablemente han lastimado o afectado a los mexicanos por la percepción de su candidatura, de la cual soy respetuoso, que el pueblo de México se había sentido agraviado por comentarios que se habían formulado, pero que yo estaba seguro que su interés genuino es por construir una relación que nos lleve a darle a nuestras sociedades, condiciones de mayor bienestar» Enrique Peña Nieto.

    Lo que vivimos hoy fue una humillación de proporciones históricas.

    Lo que vivimos hoy seguramente será algo que recordemos en muchos años con mucha pena, no sólo eso.

    Lo que vivimos hoy podría beneficiar a la candidatura de Donald Trump. El magnate se ha salido con la suya, y lo peor es que tampoco era como que pudiéramos esperar otra cosa. Muchos teníamos razones para ser pesimistas y no esperar una disculpa de Trump ni una postura enérgica de Peña Nieto. Trump hizo campaña a costa de nuestro presidente.

    Ahí, estaban frente a la prensa, los dos hombres más odiados en México.

    Peña Nieto empezó a hablar, el discurso no fue malo. Por el contrario, estuvo bien preparado e incluso afirmaba que defendería a los mexicanos que viven en Estados Unidos. Tal vez ese fue el único acierto en esta tarde triste.

    Pero las formas cuentan. Peña se veía tímido, alienado, se veía pequeño, no inspiraba respeto. Aún así yo agradecía que pronunciara esas palabras, en algún momento esperé de forma ingenua un «as bajo la manga». Peña enfatizaba los beneficios mutuos de la relación entre México y Estados Unidos. Pero esa debilidad de carácter, porque en la política no puedes ser débil, dejó a Trump un Peña Nieto fácil de rematar.

    Peña Nieto y Donald Trump, ¡Vergüenza histórica!

    Lo que me preocupaba no era tanto lo que Peña Nieto había pronunciado, sino la respuesta de Trump. Ahí, en su casa, Donald Trump humilló a Peña.

    Trump empezó a adular a los mexicanos y al presidente Peña Nieto, pero pronto comenzó a transitar a su discurso de forma «políticamente correcta» debido al escenario que se encontraba, Donald Trump insistió en la necesidad de construir el muro.

    Trump se apropió del discurso y mostró que quien tenía la batuta es él mientras Peña reaccionaba reactivamente, Trump dominó el encuentro de visitante en Los Pinos. Y no hablamos de un estadista entrenado en oratoria, sino un demagogo altamente sobrevalorado como empresario. Mientras Peña se mostraba timorato y acartonado, Trump se mostraba seguro y parecía estar en casa. Trump ni siquiera hizo algo sobresaliente para dejar a Peña Nieto humillado.

    Cuando Peña Nieto tuvo la oportunidad enfrente de él. cuando le pudo decir frente al público que no pagaremos el infame muro, prefirió asegurar que las palabras de Trump que agraviaron a los mexicanos eran malinterpretaciones.

    Trump sacó lo que quería, una foto con el Presidente de México para fortalecer su imagen de estadista. Peña no sacó nada, perdió, y tendremos que esperar a las siguientes encuestas para ver si su porcentaje de aprobación sigue siendo de dos dígitos.

    Humillación histórica

    En lo personal, como ciudadano mexicano, me siento humillado. Tal y como cuando Estados Unidos invadió México y colocó su bandera en el Palacio Presidencial, Trump se metió hasta la cocina sin ser exigido y sin ofrecer disculpa alguna por agraviar a nuestro país. Pero Trump no peleó para llegar ahí, Peña lo invitó, Peña le dio la gran oportunidad, Trump la aprovechó y se fue con los dividendos. Para fortuna de Peña, es difícil que Trump gane las elecciones en noviembre próximo, la vergüenza sería mayor si este bochorno le ayudara a Trump a catapultarse hacia la Casa Blanca.

    No cabe diplomacia que pase por encima de la dignidad de una nación. Un acto de diplomacia que atenta contra la integridad de un país no puede llamarse diplomacia. No cabe recibir con los brazos abiertos a quien se ha encargado de denigrar a tu país para obtener un beneficio electoral, ¿en qué mente cabe? ¿Qué es lo que quiso hacer Peña Nieto?

    Tuvo que llegar la estrategia de control de daños después de evaluar el negativo impacto que tuvo esta reunión. Peña Nieto declaró en un tweet que le dijo en privado a Donald Trump que no pagaría por el muro. Una declaración que nos es un insulto a los mexicanos, se ha convertido también, abordado de manera inteligente, en una estrategia de la campaña e Hillary para mostrar a Trump como débil y mentiroso.

    Peña Nieto, uno de los peores presidentes de la historia de México, ha perdido todo el respeto tanto de los mexicanos como de la comunidad internacional. En México se ha convertido en un bufón, todos se burlan de él, su nombre se ha convertido en un insulto, las estrategias de comunicación de Alejandra Lagunes para reposicionarlo y limpiar su imagen no han funcionado, no porque el trabajo de la comunicadora sea malo, sino porque el producto que trata de vender es pésimo.

    De nuevo, Peña no nos representó, no tuvo la hechura para defender con ahínco a la nación que gobierna. El juicio histórico será muy duro con él, y el legado que dejará al país será lamentable.

    Y los ánimos de los mexicanos siguen por los suelos. ¿Cómo no lo van a estar?

    Actualización:

    Trump regresó a Arizona a confirmar cómo es que había utilizado a Peña Nieto para sus propósitos, reafirmó su intención de construir el muro y hacer que los mexicanos lo paguen. Se redondeó la humillación que sufrimos como país.

    Nunca había visto tanta indignación en mi feed de Twitter. No sólo usuarios comunes, también comentócratas, plumas, políticos, ex-presidentes. Hoy México perdió un pedazo de dignidad. Si a Peña Nieto le queda un poco de dignidad, debería de presentar su renuncia, aunque la ley diga que debe haber un causal grave para que esto suceda (una enfermedad). Ayer Peña Nieto traicionó a México y dejó que el peor enemigo declarado se metiera a nuestra casa a escupirnos en la cara.

  • Guelcom Jom Donald Trump

    Guelcom Jom Donald Trump

    Moctezuma invitó a almorzar a Hernán Cortés y le fue súper bien. Eso le dijeron sus asesores a Peña Nieto. Y allá vamos. – Antonio Ortuño

    Hay cosas que mi mente no puede entender, una de esas es que Peña Nieto haya invitado a Donald Trump a Los Pinos. Sí, el Donald Trump que aseguraba que nosotros exportábamos violadores y criminales, el Donald Trump que está dispuesto a construir un muro, hecho que se ha convertido en uno de los pilares de sus propuestas de campaña.

    Guelcom Jom Donald Trump

    No lo puedo entender, porque no sé cómo México podría salir beneficiado, ni siquiera la figura de Peña Nieto. No hay forma.

    No sólo los comentócratas e intelectuales de este país están anonadados, también lo están los americanos. No entienden cómo es que esto se pudo dar.

    Primero, se antoja imposible que Donald Trump pida perdón por todas sus declaraciones. Si lo hace será como parte de un viraje de su estrategia de campaña. Posiblemente esa movida no sea una jugada inteligente para Trump, podrá ganar la simpatía de algunos latinoamericanos, pero seguramente perderá la de muchos simpatizantes a quienes los convenció de que México era la raíz de todos sus males.

    Segundo, de igual forma se me antoja difícil que Peña Nieto exija de forma vehemente unas disculpas a Donald Trump. Y si lo hace, tendría que despojarse de la oratoria parsimoniosa que lo hace ver tan falso y acartonado. Peña Nieto tendría no sólo que pronunciar aquellas palabras, tendría que hacerlo con firmeza, con rudeza, con güevos, esos que nunca ha mostrado, ni siquiera para dar el Grito de Independencia.

    Incluso si esto sucede, el cual sería por un decir el mejor escenario en una invitación que no tiene sentido alguno, la opinión pública podría considerar que Peña Nieto fue utilizado por Donald Trump para revirar su estrategia de campaña. Esa percepción se puede incrementar si Peña Nieto exige disculpas de una forma más protocolaria (como acostumbra a hacer).

    Algunos insisten que no entendemos de diplomacia. Pero de ninguna forma es un acto diplomático invitar a quien agredió a tu país para tratarlo de convencer de que los mexicanos no somos así. Con un tirano no se puede negociar, Donald Trump es una pared tan sólida como el muro que quiere construir.

    Este tweet dejará bien en claro el contexto a los que esperan una «estrategia diplomática audaz por parte de Enrique Peña Nieto:

    Lo pongo de esta manera. En Reino Unido, país que nunca ha sido denigrado por el magnate, se plantearon no recibir a Donald Trump por lo que representa. Lo mismo sucedió con algunos republicanos (sí, de su mismo partido). Y Peña Nieto, por el contrario, lo invita a desayunar. Si alguna habilidad tenía su partido era el de la diplomacia, lo que vamos a presenciar no tiene precedentes, así que ve preparando las cervezas y las palomitas.

    Y de la misma forma tenemos que hablar de las repercusiones que esta visita puede tener con Hillary Clinton, quien tiene más posibilidades de ganara las elecciones. Si bien, Peña invitó a los dos candidatos (no sin antes perjurar que no se metería en las elecciones de nuestro vecino del norte) por separado. Hillary no ha respondido, Trump sí lo hizo e irá antes. Trump buscará beneficiarse electoralmente de la visita.

    Se trata de dignidad, se trata de respetar a nuestro país. No volvamos a caer en el error que siempre hemos cometido y cuya historia nos he dejado lecciones bien claras.

    Nosotros no le debemos una explicación a nadie, menos a Donald Trump. Lo que sí merecemos son unas efusivas disculpas acompañadas de acciones para reparar el daño que ya hizo a nuestro país.

    Con un tirano no se puede negociar.

  • ¿Qué hay dentro de la cabeza de Peña Nieto?

    ¿Qué hay dentro de la cabeza de Peña Nieto?

    ¿Qué hay dentro de la cabeza de Peña Nieto?

    A lo largo de todo este sexenio siempre me he preguntado qué hay dentro de la cabeza de Peña Nieto. ¿Qué piensa? ¿Cuáles son sus sentimientos?

    Es difícil saberlo, más difícil que con otros presidentes. Concordarán conmigo en que Peña parece acartonado, un personaje alienado, como si no tuviera personalidad, como si algo faltara, como si estuviera siguiendo un guión.

    Ese acartonamiento es una máscara, una máscara que siempre lleva puesta. Todo lo que habla, comunica, y todos los movimientos de manos tienen un propósito (que este a veces no se cumpla, es otra cosa) que no es el de expresarse como es él tal cual.

    Lo que en realidad piensa y siente no se muestra al público, es un misterio.

    Y lo es más cuando se trata de un hombre sumamente golpeado durante el sexenio. Su nivel de aprobación lo dice, la forma en que ha sido ridiculizado en las redes también. Todos los periodicazos, las críticas  (sean justas o injustas), todo ha caído sobre él sin piedad.

    ¿Y cómo reacciona Peña Nieto ante esto? ¿Qué es lo que piensa?

    Imaginemos el domingo pasado. Justo cuando tenía presupuestado ver la clausura olímpica con su familia (es una suposición mía), se entera que a las 10, Carmen Aristegui divulgará una investigación sobre él. ¿Qué habrá pensado en ese momento? ¿La ansiedad le corrió por las venas y esperó la hora indicada, tal cual estudiante con muy malas notas que espera a que su padre llegue del trabajo? ¿Cómo lo manejó psicológicamente?

    ¿Cómo maneja todas las críticas como persona? ¿Qué piensa sobre el hecho de que el juicio histórico será implacable sobre él y que será más recordado por sus pifias y los agravios que por sus logros? ¿Le angustia mucho?

    Por otro lado, cabe la posibilidad de que Peña Nieto, por su posición y su educación dentro de una élite política, se sienta superior a toda «la prole», y que este sentimiento de superioridad actúa como mecanismo de defensa: «Más del 70% me odia, pero yo soy presidente, yo tengo poder, tengo dinero, y soy parte de una de las élites políticas más importantes de México. Me la pelan».

    Pero es que imagina el desgaste. Ya de entrada, ser presidente es muy desgastante. Ahora súmale a eso el desprecio de la sociedad, los periodicazos y las notas que lo exhiben como corrupto (casa blanca) o ignorante (el plagio de la tesis), aunado al número de críticas que llegan desde los medios internacionales.

    ¿Cómo es la reacción de su familia? ¿Qué platican en la mesa? ¿Qué sienten sus hijos, sobre todo los suyos, al ver todos los ataques que recibe su padre?

    Peña Nieto sabe que terminando su gestión no podrá salir a la calle, será un gran riesgo. Tendrán que pasar unos años para que quede relegado a un segundo plano mientras la población se concentra en otras realidades. ¿Qué piensa de eso? ¿Qué piensa sobre el desprecio de la población? ¿Qué piensa sobre el hecho de que quedará marcado por las mayorías?

    Todo eso es una incógnita, cómo lidia psicológicamente Peña Nieto con la adversidad es una incógnita. La única manifestación la podemos ver en su estado físico, más demacrado y ojeroso que al principio de su sexenio, sumado a dos operaciones que podrían llegar a tener relación con su estado de ánimo.

    Incluso algunos se atrevían a decir que no terminaría el sexenio, que se quebraría. Ello no ha ocurrido. Golpe tras golpe, sigue de pie, como aquel episodio de Los Simpsons donde Homero se convierte en un boxeador que tiene que recibir golpes hasta que el oponente se canse de darlos para «noquearlo» con tan sólo un empujón.

    ¿Cómo se mantiene de pie? ¿Tiene un temple de hierro? ¿Le suministran alguna droga ilegal o alguna sustancia?

    Escándalo tras escándalo, sin dar la cara por el escándalo en cuestión, aparece como si nada, ya sea al lado de unos niños, firmando algún documento o inaugurando una obra. No importa que ese día se haya enterado de la severa crítica de la academia mexicana por el asunto de su tesis, que los empresarios llenos de cólera por su ineficacia le pidan que «le eche güevos al asunto de la CNTE», que la Iglesia lo condene, que todos los sectores se lancen en su contra. Un presidente con una legitimidad aceptable puede enfrentarse a ciertos sectores en tanto tiene el respaldo de otros. Peña ni siquiera tiene eso, incluso muchos de quienes están con él, lo están por interés, porque buscan un beneficio político o alguna carrera, no porque crean en él no en su proyecto. O porque el PRI les construyó la carretera, o les dio su monedero de Soriana hace algunos años.

    Alejandra Lagunes y todo su equipo de comunicación digital hacen el esfuerzo para presentar a Peña como un «producto que vende», no es culpa de la comunicóloga a la cual talento no le falta, tiene un producto muy difícil de vender: un producto que no expresa nada y no se conecta con nadie. Por ejemplo, el famoso #calcetagate hubiera sido una muy buena puntada para un presidente que tiene cierto grado de aceptación, y que fue objeto de burla por «ponerse mal las calcetas». Pero en el caso de Peña, la «puntada» resultó ser contraproducente e incluso generó indignación. Burlas, una tras otra. Me imagino que manejar las cuentas digitales de la Presidencia de la República ha de ser un trabajo muy frustrante para Alejandra y su equipo.

    Peña se esconde en sí mismo, al verdadero Peña nadie lo conoce, todo lo que vemos es una puesta en escena, un hombre que no puede salirse del guión, que es lo suficientemente disciplinado para apegarse a él, porque si una cualidad tiene el de Atlacomulco, es el de la disciplina. Seguramente su tenacidad también, porque en su lugar muchas personas ya se habrían quebrado.

    Posiblemente nunca sepamos que hubo en su cabeza. Lo más probable, es que, al terminar su mandato, saldrá inmediatamente de las cámaras y tratará pasar lo más inadvertido posible. Veo difícil que de declaraciones, y menos que se ponga de «opinador en Twitter» como lo hacen Vicente Fox y Felipe Calderón.

    Nuestra única esperanza es que algún colaborador cercano se anime a escribir un libro, o al menos un artículo, de aquello que vivió con Peña Nieto, y revele algunas anécdotas que no conocíamos. Pero lo más probable es que nos quedemos con las ganas.

    Y lo más cercano a ello que quisiéramos saber sean deducciones y suposiciones nuestras.

  • ¿Por qué Carmen Aristegui no tiene la obligación de exhibir a López Obrador?

    ¿Por qué Carmen Aristegui no tiene la obligación de exhibir a López Obrador?

    La democracia es conflicto, la democracia no es un sistema en donde todos estamos de acuerdo. Por el contrario, una democracia le da espacio a diferentes facciones para que puedan expresarse, confrontarse, y promover aquello que quieren promover.

    Sé que me vas a decir que México no es una democracia perfecta, o incluso dirás que ni democracia es. Pero se supone que casi todos concordamos en que queremos hacer de este país, una nación más democrática.

    Y entendiendo que la democracia es conflicto y que en ella coexisten diferentes facciones, lo mismo ocurre con el periodismo.

    ¿Por qué Carmen Aristegui no tiene la obligación de exhibir a López Obrador?

    He encontrado en las redes sociales muchas críticas a Aristegui donde se le exige denunciar de la misma manera a López Obrador. A veces con calificativos como chaira o chairistegui, los indignados y críticos de la periodista caen en el mismo juego de aquellos que la idealizan: pensar que un comunicador es o debe ser completamente objetivo y que tiene o debería de tener la capacidad de poseer la verdad absoluta, pero eso es imposible.

    Es imposible, porque por un lado nuestra experiencia con el mundo es subjetiva (es decir, percibimos aquello que vemos y tocamos, y hacemos un juicio o interpretación sobre ello), y por otro lado, porque el ser humano, animal político por naturaleza, siempre simpatizará con una corriente ideológica o de pensamiento y no con todas al mismo tiempo. Tanto factores genéticos como aquellos que tienen que ver con la experiencia de vida y la formación inciden para que nos inclinemos por una ideología en particular.

    Carmen Aristegui tiene su línea política, que es de izquierda, y desde esa trinchera, Carmen confronta al status quo (a veces con buen periodismo, alguna que otra vez, con afán de venganza). Naturalmente ella será proclive a exhibir más a aquellos políticos que no sean de su misma línea, y ello no tiene que ser malo. Pedir a Carmen Aristegui que haga lo mismo con López Obrador es asumir que ella debe de ser impoluta y completamente objetiva.

    Por más que se hable del rigor periodístico, es prácticamente imposible que un periodista no tenga alguna inclinación. De hecho el rigor periodístico entre otras cosas busca que dichas inclinaciones no terminen afectando la calidad lo que se investiga. Es decir, el periodista, inclinado a cierta corriente política e ideológica por naturaleza, deberá seguir ciertos lineamientos a la hora de hacer periodismo para que eso que se investigue sea verdadero y confiable. Pero el «rigor periodístico» no obliga a un periodista a no tomar una posición.

    Quienes deberían exhibir a López Obrador son aquellos periodistas que precisamente siguen una línea muy diferente a la del tabasqueño y tienen desavenencias con él. Quienes no simpatizan con este personaje, deberían esperar a que quienes lo denostan, lleven a cabo una investigación para conocer su historial educativo, o sus verdaderas posesiones patrimoniales (esto a raíz de su declaración 3 de 3 que tanta polémica causó).

    Las democracias más desarrolladas no tienen a lo que se supone que debería ser Carmen Aristegui: impoluta y completamente objetiva; sino que todas las facciones están representadas dentro del periodismo, las cuales tienen libertad de expresión garantizada, y desde su trinchera hacen investigaciones e informan a la gente. Si has tenido la oportunidad de consumir contenidos noticiosos de Estados Unidos, verás, por un decir, que la NBC tiende a simpatizar más con los demócratas, y FOX con los republicanos. Algunos lo hacen más, otros menos, pero nadie se queda en el medio. Así ocurre en todo el mundo.

    A pesar del «rigor periodístico», es responsabilidad de la gente contrastar información e intentar llegar a la verdad más objetiva posible (que vuelvo a lo mismo, verdad que estará condicionada por el cristal de cada persona). Posiblemente por nuestra tradición jerárquica y vertical, producto tanto de nuestra historia como del gobierno de un sólo partido durante varias décadas y una democracia tan imperfecta a la que le cuesta trabajo defender su condición y tan demasiado nueva, esperamos que una persona nos de todo peladito y en la boca. Pero el periodismo no funciona así.

    Y no, Aristegui no tiene la obligación de exhibir a López Obrador, así como Loret de Mola no tiene la obligación de exhibir a Peña, ni Pedro Ferriz a Calderón. Los que esperan un reportaje similar sobre el tabasqueño, deberían esperar que sea llevado a cabo por medio de periodistas que pelean desde otra trinchera.

    Termino con lo que inicié, la democracia es conflicto, es contraste, es el derecho de todas las facciones a pelear por lo que cree dentro de un marco legal y de respeto a los derechos humanos el otro. Una democracia entonces supone una mayor responsabilidad e involucramiento de los ciudadanos, y aprender a contrastar información en lugar de esperar que un tlatoani se encargue de todo, es un claro ejemplo.