Categoría: política

  • El PRI se renueva, el PRI ya cambió

    El PRI se renueva, el PRI ya cambió

    El PRI se renueva, el PRI ya cambió
    Fotover

    Hace algunos años como candidato, Enrique Peña Nieto explicaba como el PRI era un partido renovado lleno de jóvenes que contrastaban con ese «viejo PRI». Ahí, en el programa Tercer Grado, mencionó nombres como Javier Duarte, César Duarte y Roberto Borge. El nombre de Javier Duarte en esa lista de la «camada de priístas jóvenes» no era gratuito. El veracruzano tuvo un papel importante en el triunfo electoral de Peña Nieto, no sólo porque Duarte fue quien destapó a Peña, como comenta Raymundo Riva Palacio en una de sus columnas, sino por las carretadas de dinero que Javier Duarte «transfirió» a la campaña de Peña Nieto.

    Hoy, Javier Duarte, junto con alguno que otro gobernador ejemplo de juventud para Peña Nieto, es candidato a pisar la cárcel.

    En el PRI parece que se dieron cuenta de la escasez de legitimidad que su partido y el Presidente de la República emanado de éste tienen, saben que el 2018 está cerca, y por lo tanto saben que tendrán que hacer algunos sacrificios (sacrificar a algunos de los suyos) para poder recobrar cierta legitimidad.

    Están ansiosos de que cuando aparezcan los encabezados de «Javier Duarte en prisión» en las primeras planas, gocen una eventual subida en las encuestas y mediciones de popularidad.

    Tener al frente del PRI a un miembro joven como Enrique Ochoa Reza no es casualidad, había que inspirar frescura en un partido tan opaco. Una persona que hable directo y de frente, que se muestre jovial y dinámico -aunque el movimiento de manos no deja de recordar a la clásica oratoria priísta-. Con él al frente, quieren mostrar que son un partido renovado.

    Por eso, es que con Enrique Ochoa Reza, se habían decidido a liderar el combate en contra de la corrupción invitando a los demás partidos a hacer lo mismo con sus propias «fichitas». Ciertamente, todos los partidos, el PRI, PAN, Morena, Movimiento Ciudadano o PRD tienen gente impresentable dentro de sus filas, y cierto es que la postura de los partidos con respecto a ellos no es firme, sino más bien complaciente.

    El PRI condicionó a los demás partidos, lo cual desde un punto de vista pragmático es algo bueno. Los otros partidos tendrían que hacer lo propio si quieren desligarse de la imagen corrupta que gran parte de la sociedad tiene del PRI y de ellos. Si el PAN no hace lo propio con el Gobernador de Sonora, Guillermo Padrés, por poner un ejemplo, y lo cual implica desafiliarlo del partido, el mensaje que le darán a la sociedad es uno muy malo: -Hasta el PRI nos rebasó en materia de corrupción-, eso no es cualquier cosa.

    https://www.youtube.com/watch?v=NdsStc-BWf0

    Pero el problema es el siguiente y trata de una falta de autoridad moral. ¿Qué tanto se le puede creer al PRI cuando el propio Presidente de la República está envuelto en casos de corrupción y conflictos de interés? ¿Qué tanto se puede creer que dejar caer la justicia sobre Javier Duarte es símbolo inequívoco de la renovación del PRI cuando éste desvió dinero del Estado de Veracruz para apoyar a Enrique Peña Nieto?. El mismo Ochoa Reza había negado su simpatía y afiliación priísta cuando quiso pertenecer al consejo general del IFE, siendo que estaba afiliado a este partido desde 1991.

    Naturalmente no son pocos quienes esperan ver con muchas ansias a Javier Duarte en prisión, ni son pocos los que quieren que se haga justicia. Pero no hay que engañarnos, esto no se trata de una renovación del PRI sino de una estrategia con motivos electorales. De hecho, es selectiva, porque toca a Javier Duarte por ejemplo, pero no hace lo mismo con Humberto Moreira. Es la justicia quien debe de castigar a quienes infringen la ley y no el PRI, su presidente o Peña Nieto, porque caerían en los mismos arrebatos autoritarios de Donald Trump.

    En realidad el PRI sigue siendo el mismo de siempre, y el arte de la simulación es una de las cosas que más caracterizan a este partido. Estamos pues, en otra puesta en escena, de esas que tanto gusta ejecutar al partido triculor.

  • El #PRIennial, el dinosario vintage old-fashioned

    El #PRIennial, el dinosario vintage old-fashioned

    El #PRIennial, el dinosario vintage old-fashioned

    Uno de los problemas que la clase política tiene en México es la de no poder -o querer- entender a las nuevas generaciones. Parecen verlas con desprecio, con una mirada de inferioridad, como si se tratara de puros adolescentes caguengues llenos de espinillas que no le entienden -al rollo- y los cuales pueden ser educados y moldeados a su antojo.

    La clase política -junto con sus satélites empresariales y medios de comunicación- que creció en ese México autoritario y que a veces parece que no ha terminado de entender el nuevo entorno en que se encuentran, falla incluso al tratar de utilizar el lenguaje de los jóvenes, adaptando clichés superficiales de su lenguaje a su discurso con lo cual, por más que traten de dar a entender lo contrario, muestran un total desconocimiento y desprecio por las nuevas generaciones: -los chavos de hoy le están picando al Snapchat-, -traen otro chip, están interconectados-.

    Conocen términos como «millennials» porque en todos lados se habla de eso, en revistas y artículos. Conocen las aplicaciones que usan pero pocas veces entienden bien para qué sirven. Desde lejos, tratan de ver «de qué están hablando» para limitarse a copiar algunas palabras, frases y expresiones, pensando que de esa forma, van a poder estar «en su canal.

    Pero lo paradójico aquí es que quien acuñó el término #PRIennial es un joven no tan joven, uno de esos que llamamos chavorrucos, esas personas cuya edad ronda por los 30 años. Y lo digo, porque muchos de los jóvenes que han entrado a las filas de este partido, que hay que recordar que su forma de organización más bien parecido al de una familia o club privado al cual es un orgullo pertenecer, adoptan el discurso y la visión de los más grandes en vez de traer nuevos bríos al PRI. Es decir, con algunas excepciones, los jóvenes que llegan al partido se mimetizan en él, y no terminan por convertirse en agentes de cambio que su partido tanto necesita al ver el cambio generacional que ya está en puerta y que reducirá sus bases de forma considerable.

    Rodrigo Escalante, el militante priísta que inventó el término, parece no terminar de entender siquiera a su propia generación. Por eso se extrañó al ver el mar de bromas, descalificaciones, críticas y memes que generó su post.

    priennial

    ¿Por qué entran jóvenes al PRI? Existen muchas razones para ello, pero de entre esas razones, me atrevo a decir que las siguientes son las más comunes: por un lado, algunos de los jóvenes que se adhieren a sus filas crecieron en entornos priístas (familiares o parientes simpatizaban con el partido) y, por otro lado, algunos otros porque buscan hacer carrera en el partido como si hacer política se tratara de una empresa para ganar dinero y aspirar a una mejor posición social más allá de la convicción de ser un servidor público. Es decir, los primeros lo hacen por una suerte de convicción (crecieron queriendo a su partido) y los otros lo hacen por conveniencia. Así podemos entender que los «agentes de cambio» en realidad son pocos. Podemos esperar algunos dentro de la primera categoría -y aún así son los menos-, priístas de cuño que pueden ser capaces, al menos parcialmente, de ser críticos con el partido, tienen convicciones o abrazan cierto tipo de idealismo; no así de los segundos, de quienes las convicciones no importan porque están obviamente supeditadas al beneficio personal.

    El PRI, reacio al cambio y a una revolución estructural -a pesar de la R que sobresale en su logotipo-, prefiere moldear a los jóvenes que entran, engañarse y engañar a los de afuera con meros cambios cosméticos. La desconexión de sus miembros con las nuevas generaciones (aunque algunos de ellos pertenezcan a ellas) lo deja patente. El modelo de «club privado» donde todos están alineados le ha dado mucha fuerza, porque como había mencionado anteriormente, más que los ideales, lo que importa es pertenecer a dicho club y ser un orgulloso miembro de, con lo cual son más inmunes a las derrotas electorales y al mal comportamiento de sus miembros. Pero a largo plazo, ese modelo «club» es una apuesta contraproducente. A pesar de que algunos jóvenes entran al partido, son cada vez menos los jóvenes que deciden simpatizar, y basta un cambio generacional para que el partido se debilite debido al envejecimiento de sus bases.

    La incapacidad del PRI de entender a las nuevas generaciones que no sólo se limitan a repetir términos como «millennial«, «eco-friendly«, o a subir fotos en Instagram como ellos creen, poco a poco está fracturando las bases de ese partido. Las nuevas generaciones no son «PRI-friendly«, de hecho, aprendieron a repudiar al PRI, práctica que se agravó con el gobierno de Enrique Peña Nieto.

    Por eso no es de extrañarse que campañas invitando a los jóvenes a convertirse en «PRIennials» con frases inocuas y hasta cínicas tales como «no seguimos intereses, nos mueven las causas» generen desde risa hasta indignación. Los «chavos de hoy» perciben más bien a un PRI demasiado alejado de ellos, que no sólo no los entiende, sino que los desprecia y les da la espalda. Pero por lo mismo tampoco es de extrañarse que los propios priístas se extrañen de la reacción de la gente, porque se han ensimismado tanto en su club, que han olvidado lo que hay fuera de éste.

  • El dictador naranja, round 2

    El dictador naranja, round 2

    REUTERS/Karen Pulfer Focht
    REUTERS/Karen Pulfer Focht

    Después del debate, quien todavía no crea que Donald Trump tiene inclinaciones dictatoriales es porque no lo observó bien, o se quiere cegar. Basta observar su lenguaje corporal: se mostraba imponente y hasta acosador. Hillary respondía las preguntas mientras Trump caminaba a sus espaldas, como el stalker perfecto, casi respirándole al cuello. A diferencia de Hillary, Donald Trump no se acercaba a la gente cuando respondía sus preguntas, marcaba su distancia, interrumpía a los moderadores del debate.

    Trump inició el debate con un semblante devastador, nuevamente inhalando aire una y otra vez, no sé si debido a una enfermedad, o como consecuencia de lo que sugieren las malas voces, de la cocaína importada por los mexicanos secuestradores, violadores o asesinos. Después, Donald se recuperó y por momentos tomó el control del debate. Hillary Clinton esta vez mostró que el carisma no es lo suyo, le faltó contundencia, no mató, dejó ir vivo a Donald Trump del debate y no le puso el clavo final a su candidatura, aunque ese clavo tal vez Donald ya se lo había puesto solo con el video que lo exhibe como depredador sexual. Trump, antes del debate había llevado a mujeres que presuntamente acusan de acoso sexual a Bill Clinton como respuesta, y pretendió que éstas entraran al recinto donde se llevaría a cabo. Trump hizo todo lo posible para ensuciar todo, para mostrar las «porquerías» de Hillary, verdades, medias verdades, mentiras, muchas mentiras.

    El punto culmen del debate fue cuando Trump le dijo a Hillary que de llegar a la Casa Blanca daría órdenes para investigar el caso de Hillary Clinton y así, poder meterla a la cárcel por el escándalo de los correos. Fue el punto culmen porque la persecución política es característica de dictadores y demagogos y no de presidentes democráticos, porque la investigación corresponde al poder judicial y no a los caprichos del legislativo. La simpatía, a veces expresa, de Donald Trump por Vladimir Putin no es coincidencia.

    Donald Trump una vez más mostró que el respeto por el Estado de derecho y las instituciones no es lo suyo: se ufana de no pagar impuestos, amenaza con encarcelar oponentes o por cancelar tratados internacionales. El talante autoritario de Trump está muy presente, no es ni siquiera parte de una estrategia de campaña, es él mismo en un desplante sincero de su esencia como persona, lo ha mostrado durante toda su carrera como hombre de negocios con el (mal)trato hacia las mujeres, sus escándalos sexuales -que llevan implícitos una falta de respeto hacia su propia esposa-.

    El resultado del debate no fue tan holgado como el de la otra vez, de hecho no me atrevo a decir que Hillary lo haya ganado. A pesar de sus mentiras, Trump se vio más presente, menos caricaturesco, y se molestó más en preparar sus intervenciones. Hillary ahora no pudo darle una de esas estocadas penetrantes que vimos en el primer debate. Pareciera que la estrategia de Hillary fue defensiva, parece que decidió apostar a que el escándalo de los videos hicieran todo el trabajo para tumbar a Trump a la lona y que no pudiera usar el debate para quitarle el momentum a Hillary. Si esa fue la estrategia, funcionó, porque a pesar de que Trump estuvo mejor, el debate no incidirá mucho en las preferencias como ya lo estamos viendo, pero Hillary pudo rematarlo y decidió no hacerlo.

    A pesar de que mejoró mucho en su desempeño, Trump no pudo frenar la picada en la que se enfrenta su campaña. Parece que ahora sólo podrá apostar a un milagro si quiere ganar la candidatura, en la cual, al menos hasta unas pocas semanas, se veía muy competitivo.

    A pesar del duro golpe, los medios aciertan en no subestimarlo. No se puede subestimar a un personaje de la talla de Trump a estas alturas del juego donde votaciones como las del Brexit y los tratados de paz de Colombia, ya nos han enseñado a que no podemos dar nada por sentado.

  • Un México de ciudadanos armados

    Un México de ciudadanos armados

    Los seres humanos hemos, con el tiempo, aprendido a dejar las armas para resolver nuestros conflictos y diferencias.  A pesar de las constantes noticias sobre casos de violencia, vivimos en el mundo menos violento de la historia de la humanidad. Las organizaciones que han sido creadas para ejercer el uso de la violencia, tales como el ejército, siguen existiendo y al parecer lo seguirán haciendo por un buen tiempo; pero las diferencias entre naciones y comunidades tienden cada vez más a resolverse de otras formas, menos violentas. Las guerras son cada vez menos comunes y en éstas suelen estar involucradas países que muestran cierto rezago en su desarrollo.

    Un México de ciudadanos armados

    La propuesta que hizo el senador José Luis Preciado del PAN es un paso atrás en esa intención de dirimir las diferencias y conflictos de formas cada vez menos violentas. Su iniciativa consiste en reformar el artículo 10 constitucional para que los ciudadanos puedan portar armas en su automóvil y en su negocio para así poderse «defenderse legítimamente del crimen».

    En los países democráticos, el Estado tiene el monopolio legítimo de la violencia y la ejerce para proteger a los ciudadanos de las amenazas tanto internas como externas. Permitir que los ciudadanos usen armas para defenderse es una forma de claudicar y mandar un mensaje a la ciudadanía de que están incapacitados e imposibilitados de defenderla. En lugar de crear estrategias para tratar de combatir el problema de la inseguridad creciente en nuestro país, le pasan la estafeta del combate de la violencia a los ciudadanos: -yo no te puedo defender, así que defiéndete tú solo-.

    Un Estado fuerte es capaz de proteger a la población de la violencia por medio de estrategias tanto violentas como no violentas, para que así los ciudadanos no necesiten usar la violencia para defenderse de amenazas externas. Una policía eficiente disuade a los criminales de llevar a cabo sus fechorías, con lo cual el ciudadano no tiene la necesidad de defenderse. Pero el Estado fuerte no es sólo quien ejerce el monopolio de la violencia, sino quien es capaz de crear políticas públicas que ayuden al desarrollo de un tejido social de donde no surjan nuevos criminales y se cree una cultura de la legalidad donde ser criminal sea cada vez menos redituable.

    Armar al ciudadano entonces, es asumir que el Estado es débil y que éste se siente completamente imposibilitado de ejercer sus tareas de protección a la ciudadanía. La incapacidad del Estado para ejercer el uso de la violencia es la misma que ha permitido el surgimiento de grupos de autodefensa que en un principio parezcan legítimos, pero que pueden pervertirse y usar la violencia con el fin de satisfacer sus intereses y no los de la población en común. Ejemplos como los de grupos de autodefensa en Colombia o la mafia italiana que surgieron como respuesta a la incapacidad del Estado para proteger a los ciudadanos nos han mostrado como permitir el uso de la fuerza desde fuera del Estado puede convertirse en un riesgo muy serio para las estructuras sociales e institucionales.

    Nuestro gobierno no debería de preocuparse por armar a los ciudadanos, sino por fortalecerse y poder diseñar estrategias efectivas que disminuyan el problema de la violencia. Pero no sólo se trata del diseño de estrategias, porque ante un Estado tan débil y deteriorado por la corrupción, es muy difícil que pueda proteger a la sociedad de los criminales.

  • Un voto por la oscuridad

    Un voto por la oscuridad

    Un voto por la oscuridad

    Lo que sucedió con Colombia el día de hoy nos deja una gran lección.

    Primero, que los votantes son más bien irracionales y no racionales; segundo, que las encuestas no son una herramienta de referencia fidedigna; y tercero, que el miedo es un gran arma electoral, mueve masas de forma inimaginable.

    Cierto, mencioné tres lecciones y no una. Pero es que sabiéndolas interpretar, se resumen en una sola: Donald Trump puede ganar la presidencia el 8 de noviembre.

    Quienes claman que los acuerdos de paz en Colombia no eran justos posiblemente tengan razón. Muchos esperaban ver a los miembros de las FARC enjuiciados y no «legalizados». Pero también es muy cierto que con estos acuerdos se terminaría una guerra que ha lastimado tanto a este país y que no tenía salida. Curiosamente el SÍ ganó en aquellas regiones más lastimadas por la guerra, y el NO ganó en aquellas regiones «cómodas» que posiblemente no entienden que significa vivir en esas circunstancias y no les ha tocado.

    Un día que pudo ser histórico se convirtió en uno oscuro. Los colombianos votaron por la guerra movidas por el miedo, así hay que decirlo, no es necesario ser políticamente correcto. Paradójicamente, un dos de octubre, ese día infame para la historia mexicana por la masacre de Tlatelolco, en Colombia se votó SÍ a la guerra.

    Me siento apenado por mis amigos colombianos que están consternados por la decisión que han tomado sus connacionales. Pero lo que me preocupa más es lo que falta por venir.

    El miedo, la ignorancia y los sentimientos viscerales están ganando terreno en un año oscuro para la democracia liberal. Los muros, la nostalgia por el pasado, la cerrazón. Si uno quiere buscar paralelismos con el escenario de entre-guerras, posiblemente los encuentre y seguramente no serán pocos. Son esos mismos sentimientos los que dieron pie para que el fascismo ascendiera y causara una gran tragedia global.

    El 8 de noviembre podría convertirse en uno histórico, pero no por tratarse de el fin de alguna dictadura, del derrocamiento de un régimen opresor o el fin de una guerra, sino todo lo contrario. A estas alturas, mucha gente sigue confiada y piensa que Donald Trump tiene la elección perdida. Las encuestas no lo marcan como favorito, pero las encuestas tampoco marcaron como favorito al Brexit, y mucho menos al NO en colombia. Puede pasar cualquier cosa.

    Habría qué preguntarse qué está pasando en el mundo para que esta ola de retrocesos se expanda por todo Occidente. ¿Está la democracia en crisis?

    La respuesta no es simple. En algunos países las clases medias se han estancado, y a diferencia de décadas anteriores, no sienten que el futuro les vaya a ser muy promisorio. ¿Las razones? Varias, entre ellas están los avances tecnológicos. propios de la transición de una sociedad industrial a otra de las tecnologías de la información, que están desapareciendo puestos de trabajo poco cualificados que serán sustituidos por máquinas o inteligencia artificial -Trump tiene mayoría de votantes en estados donde este tipo de empleos están desapareciendo, y el Brexit ganó mayoría de adeptos en regiones similares-. Por otro lado, el deterioro del estado de bienestar (welfare state) causado por un lado por lo insostenibles que son las pensiones y porque políticamente ya no ha sido tan rentable sostenerlas -recordemos que en muchos casos se implementaron con el fin de contrarrestar fuerzas con el comunismo soviético-, así como la concentración de recursos en una minoría también ha creado una sociedad más desigual.

    Es cierto, este es un problema real que invita a replantear el sistema bajo el cual vivimos. Francis Fukuyama alerta sobre un deterioro en el sistema político de Estados Unidos, fenómeno que se replica en muchos países occidentales. El politólogo estadounidense afirma que los sistemas no son eternos y tienden a la entropía, cosa que ocurre con los Estados. Ese deterioro ocurre cuando el Estado se vuelve incapaz de adaptarse a las circunstancias para poder satisfacer las necesidades de sus gobernados. En muchos países, el sistema democrático ha mostrado cierto deterioro. La sociedad occidental ha sufrido muchos cambios mientras que sus gobiernos se han mostrado rezagados. Fukuyama afirma que el sistema político estadounidense se ha mostrado inoperante. Moises Naím por su parte, afirma que el poder se ha fragmentado de tal forma que los gobiernos son incapaces de tomar decisiones determinantes por el «exceso» de contrapesos, mecanismos y trabas que fueron concebidos originalmente para evitar el exceso de poder.

    La misma desigualdad puede ser un peligro para la democracia. Como sostiene el propio Fukuyama, las democracias surgieron en países con una clase media de tamaño considerable. Aquellos países cuya clase media es reducida, han tenido más problemas para sostener un régimen democrático, o bien, son regímenes autoritarios. En este sentido no es raro que muchas manifestaciones que van en contra, como las de Donald Trump, se den en países, o regiones, donde la clase media está estancada, de la misma forma en que ocurrió con el debilitamiento de las clases medias tras la crisis de 1929 que prendió la mecha para que los regímenes fascistas ascendieran.

    Pero si bien, estos signos son reales, la reacción es bastante desproporcionada. Y me atrevo a decir que es así, porque dicha reacción no sólo se alimenta de este estado de las cosas, sino de los discursos demagógicos y de miedo pronunciados por aquellos que afirman, con cifras irreales a la mano, que el mundo está peor que nunca. En realidad, a pesar de lo que acabo de mencionar, hay muchos otros indicadores que contradicen los discursos de estos demagogos que desde la extrema izquierda o derecha, buscan engañar a sus simpatizantes.

    Por ejemplo, a pesar de los atentados en varias ciudades de Europa, la violencia en el mundo se encuentra en su mínimo histórico:

    ourworldindata_global-war-deaths-1400-today-size-of-the-bubble-shows-percentage-of-world-population-killed_the-hague-centre-for-strategic-studies0
    The Washington Post

    De la misma forma, la pobreza extrema se ha reducido de forma considerable.

    www.brookings.edu
    www.brookings.edu

    A pesar de que las cifras no son tan pesimistas como muchos creen, la percepción tiene un papel muy importante en el discurso de aquellos demagogos que buscan poner la reversa. Un atentado en una ciudad como París donde 80 o 100 personas mueren no tiene gran relevancia estadísticamente hablando, pero sí lo tiene de forma simbólica, París es considerada la capital cultural de Occidente y un atentado contra esa ciudad, es un atentado contra el corazón occidental. DAESH y demás organizaciones terroristas, han sido de alguna forma efectivos en su intención de debilitar a Occidente. Los atentados perpetrados han alimentado el discurso de los demagogos como Trump, y quienes podrían alterar el orden.

    El caso de Colombia posiblemente no tenga mucha relación con el estancamiento de las clases medias y demás factores que mencioné, pero sí ejemplifica el papel que tiene el miedo a la hora de salir a votar.

    A pesar de que Hillary va a la cabeza en las encuestas, los discursos irracionales basados en los sentimientos más primitivos y viscerales pueden terminar modificando las tendencias. ¿Habremos aprendido la lección? Lo sabremos el 8 de noviembre. Y espero que sí lo hayamos hecho, de lo contrario, podrían venirse tiempos muy oscuros.

    Nota al pie: Desde aquí aprovecho para lamentar la muerte de Luis González de Alba. Quien fuera manifestante en la Masacre de Tlatelolco en 1968 y  estuvo preso dos años por la misma razón, murió quitándose la vida en su casa de la Colonia Americana en Guadalajara. No, no es casual que haya muerto un 2 de Octubre. Así lo decidió hacer porque esta fecha marcó su vida. El escritor fue polémico por las confrontaciones que tuvo con la izquierda, varias veces no concordé con él, pero fue una persona muy inteligente y culta, lo cual siempre dejó impreso en sus escritos. Que en paz descanse.

  • Por qué Roger Waters desearía que Peña ya no estuviera aquí

    Por qué Roger Waters desearía que Peña ya no estuviera aquí

    Por qué Roger Waters desearía que Peña ya no estuviera aquí

    Todos los que conocemos el trabajo de Roger Waters -y vaya, de Pink Floyd-, entendemos la carga política que tienen sus letras, sus composiciones y sus conciertos. Ni Waters ni Pink Floyd se pueden entender sin ello. Ir a un concierto de Roger Waters y esperar que no se hable de política es como ir a un mundial de natación y esperar que no haya alberca alguna. El proselitismo político de quien primero se consideró comunista para luego pasar a ser una suerte de liberal de izquierda, es uno de los sellos de este bajista que fuera miembro de una de las bandas más importantes de la historia de la música.

    No tuve la oportunidad de ir a la CDMX a ver el espectáculo de Roger Waters y me tuve que conformar con el recuerdo de aquel 2007 cuando vino a Guadalajara. El cerdo volador, en ese entonces, tenía escritas frases como ¡Fuera Bush! El cual se paseó por todo el 3 de Marzo para caer en una casa contigua.

    El proselitismo político de Roger Waters fue más intenso y más polémico en esta ocasión. Llamò pendejo a Trump, el cerdo ahora tenía inscripciones como «nos faltan 43» y «Fue el estado». Más polémico aún, criticó duramente a Peña Nieto en un discurso, reclamándole por la violencia y por preocuparse por «sus amigos» antes que por los demás. Claro, no sin olvidar replicar la consigna #RenunciaYa en la pantalla gigante, lo cual a mi parecer no tuvo tanto que ver con una pedida explícita de renuncia a Peña Nieto, y sí más como una forma de replicar el hartazgo que se vive dentro del país.

    Si nos atenemos estrictamente a derecho, a lo legal, Roger Waters pudo cometer una ilegalidad:

    «Artículo 33 de la Constitución.- … Los extranjeros no podrán de ninguna manera inmiscuirse en los asuntos políticos del país.

    Naturalmente, la mayoría de los asistentes y la sociedad en general aplaudió el acto. -Roger Waters hizo lo que ni nosotros hacemos-. Algunos otros, simpatizantes del gobierno o del PRI manifestaron su inconformidad y molestia con el músico -Pinche chairo, lo sabía, se le notaba lo chairo desde el Dark Side of the Moon-.

    Mi pregunta va en este sentido: ¿hasta donde se debería permitir o restringir la libertad de expresión a un extranjero en nuestro país? Cierto que somos mexicanos, pero cierto también es, que gracias a los nuevos medios de comunicación y tecnología que permiten el intercambio de información somos una sociedad más global. Por ejemplo, Ayotzinapa no es algo que solo duela a los mexicanos, también a muchos extranjeros (como Roger Waters) les duelen los 43. A muchos «nos duele» lo que está pasando en Venezuela por ejemplo. También nos duelen los atentados en Francia o la tragedia humanitaria que vive Siria.

    Trump eres un pendejo

    Entiendo que un país deba protegerse de ciertas amenazas que vienen del exterior. Pero no es lo mismo que ese reclamo lo haga un gobierno extranjero, o un grupo que tiene algún interés político o comercial, a un músico que quiso dar un concierto y solidarizarse con los mexicanos.

    No es lo mismo tampoco que Roger Waters muestre estos mensajes, a que él mismo realice una revuelta en México para derrocar a Peña Nieto. Conociendo el proselitismo de Waters, es notorio que éste usó su libertad de expresión más para solidarizarse con un país cuya gran mayoría de miembros está indignada por lo que sucede actualmente con la violencia y la corrupción en el gobierno, que para organizar una revuelta o entrometerse activamente.

    ¿Qué no tampoco hemos hecho los mismo nosotros con Trump? ¿Qué no grupos como Maná han criticado duramente al magnate en suelo norteamericano? ¿Qué no Vicente Fernández dedicó una canción a Hillary Clinton, la cual fue replicada por la candidata? ¿Qué no, U2, cuyos miembros son británicos o irlandeses y no norteamericanos, hicieron proselitismo contra Trump en Las Vegas? ¿Qué no aseguraron algunos políticos en México, que tratarían de incidir en Estados Unidos para que no ganara Trump?

    Cierto que en México aprendimos a ver a lo extranjero como una amenaza, muchos gobiernos nacionalistas junto con nuestro pasado victimista moldearon ese pensamiento que en pleno siglo XXI no se ha erradicado. Roger Waters no representa amenaza alguna, ni es un enviado del gobierno británico (al cual generalmente critica), simplemente es un individuo que quiso expresarse y compartir una postura política con la cual, por cierto, la mayoría de los mexicanos compartimos.

    Que un extranjero se exprese o se preocupe por lo que pasa en este país debería de considerarse como libertad de expresión. No sólo porque una sociedad global como en la que vivimos no sólo esta lo suficientemente interconectada para que los actos que se cometan en un país pueda afectar a otro, sino porque ya no vivimos encerrados en un pedazo de territorio (son los fascistas los que insisten con los muros), cada vez tenemos más que ver con lo que pasa allá afuera, y cada vez nos importa más.

    https://www.youtube.com/watch?v=P325QhU9WIw

  • Hillary baila a Donald Trump, todos brincan y cantan, pero él sigue vivo

    Hillary baila a Donald Trump, todos brincan y cantan, pero él sigue vivo

    Hillary baila a Donald Trump, todos brincan y cantan, pero él sigue vivo

    Vi el debate el día de ayer.

    Hillary Clinton le puso una arrastrada a Donald Trump. Al menos todos los que nos creemos pensantes, nos sentimos quesque intelectuales y nos encanta opinar de todo, lo vimos así. En la batalla de los argumentos, Hillary le dio una repasada al populista naranja, lo exhibió, una y otra vez lo dejó ver como un mentiroso. Recordé ese Chile  7-0 México que tanto disfrutamos y gozamos pero en versión debate. A pesar de que al principio Donald Trump no picaba el anzuelo, Hillary no tardó mucho en encontrar al modo y lo exhibió.

    Eso es lo que pensamos nosotros.

    Pero no es lo que piensa todo el mundo, menos «esa masa» del electorado estadounidense.

    Digamos que parte del electorado de Donald Trump vió ese «7-0» desde otra perspectiva. Para ellos, el 7 va antes que el 0.

    Es decir, la base de votantes de Donald Trump está movida por la indignación, por aquellos que se sienten  «traicionados» por su país, quienes han perdido sus empleos porque las empresas se han ido a otros países para abaratar costos, y sus escasas habilidades técnicas y de conocimiento no dan para encontrar empleos igualmente remunerados.

    Trump había encontrado el discurso perfecto, se había inventado enemigos como México, China, los migrantes asiáticos. Aprovechó la ignorancia, que es una constante en esos sectores deprimidos, y pasó de ser un pre-candidato irrelevante del GOP, a un serio contendiente por la presidencia.

    Los argumentos no importan tanto para sus electores, sino aquello que significa Donald Trump, el outsider, el showman.

    Hillary hizo lo que tenía que hacer. Se notó que, a diferencia de Trump, preparó muy bien todos los escenarios posibles, tanto de ataque como de defensa. Sobre todo, logró mostrarse como una estadista, como una mujer fuerte (reduciendo los cuestionamientos sobre su desmayo a cero) que tiene idea de lo que va a hacer cuando llegue a la Casa Blanca. Vaya, se le vieron tablas. Se notó que la batalla era entre una política de carrera y un empresario demagogo.

    https://www.youtube.com/watch?v=ZEHPrYUcoi0

    Más que quitarle puntos al otro, lo que debía hacer Hillary era sumar los propios. Trump no iba a perder mucho por los ataques que recibiera por lo antes mencionado, pero Hillary podía ganar los suyos. En cada ataque imprimió ese perfil que sabe que le conviene mostrar, el de una mujer determinante, que sabe lo que hace. Había que ganarse a los indecisos, la pregunta es a cuántos.

    Pero si piensas que este debate, uno de los más disparejos que recuerde, va a noquear a Donald Trump, estás equivocado. Hillary ganó una batalla, no la guerra.

    Y no hablo de los dos debates que todavía tienen que llevarse a cabo, sino de «todo lo demás» que puede pasar en este mes y medio que falta para que los estadounidenses salgan a votar: algún atentado, alguna declaración, algún escándalo. Según fivethirtyeight.com, las posibilidades de que Hillary gane son 55%, mientras que las de Trump son 44%. Clinton es favorita, pero la contienda está cerrada. Según este mismo medio, las posibilidades de Hillary sólo aumentaron un 1% después del debate (esperando lo que ocurra los días que faltan). La buena noticia para Hillary, es que al parecer, al menos logró romper la racha de Donald Trump.

    Trump vs Hillary
    fivethirtyeight.com

    ¿Qué quiero decir?, que la contienda sigue estando lo suficientemente competida como para pensar que ya hay ganador, como para pensar que Hillary será la próxima presidenta. El riesgo llamado Donald Trump sigue latente, y aute algún exceso de confianza puede pasar cualquier cosa.

    Hillary debe de capitalizar lo sucedido en el debate para seguir sumando puntos, de la misma forma debe de aprovechar los otros dos que faltan. Veo difícil que Donald Trump pueda mostrar algo muy diferente a lo que pudimos a ver. A pesar de su carácter irracional y de los absurdos de sus planteamientos, Trump logró verse más elocuente que en los debates de las elecciones primarias, y aún así le fue muy mal.

    Y créanme, en mes y medio puede pasar cualquier cosa. Afortunadamente los medios y los opositores a Trump entendieron el mensaje de las ocasiones pasadas, saben que a estas alturas del juego no pueden bajar la guardia. Son cada vez más voces las que se suman en su contra, artistas, actores, famosos, gente que sabe que al ser celebridad o alguien reconocido puede influir en la elección de los votantes.

    Ah sí, y el precio del dólar bajó gracias a la derrota de Trump.

  • El #DiaMundialSinAuto, ni demagogia

    El #DiaMundialSinAuto, ni demagogia

    Cuando los urbanistas de finales de siglo XIX e inicios del XX terminaron de trazar las calles y avenidas de varias de las ciudades más importantes, nunca pensaron en que el automóvil iba a convertirse en un medio de transporte masivo accesible a las masas. Ellos pensaron que éstos serían utilizados solamente por las clases más acomodadas mientras que la mayoría de la gente lo haría por medio del transporte público (tranvías, autobuses, y demás). Inesperadamente llegó Henry Ford con su mítico Ford T, quien inició la fabricación de autos en serie, lo cual redujo considerablemente los costos de los automóviles, y así, muchas personas pudieron comprar el suyo.

    El #DiaMundialSinAuto, ni demagogia
    El Reportero Hidalgo

    Los urbanistas no lo previeron. A partir de ahí, más como medida correctiva y de improvisación, trataron de solucionar el problema. Freeways, segundos pisos, nodos viales. Había que buscar la manera de que todos los autos cupieran en la ciudad. El automóvil era el rey y el «motor del progreso», las automotrices y las petroleras veían como sus ingresos se disparaban. Parecía ser un contrasentido restringirlo. Las ciudades se tenían que adaptar a los autos, no los autos a las ciudades.

    Después, los urbanistas toparon con pared.

    A partir de 1973, producto de la crisis petrolera, aparecieron las primeros intentos para desincentivar el uso del automóvil en favor de otros medios de transporte. Fue hasta 1994, en ciudades como Reikiavik (Islandia), Bath (Reino Unido) y Le Rochelle (Francia), donde se implementó por primera vez el día mundial sin automóvil, iniciando así un cambio de una cultura centrada en el automóvil, a otra que opta por transportes alternativos.

    Varias ciudades han decidido desplazar al auto como medio principal de transporte. Sobre todo aquellas ubicadas en Europa, donde estacionamientos públicos se han convertido en parques. Londres decidió cobrar un impuesto a los automóviles que decidieran ingresar a las zonas céntricas de la ciudad. La torre más alta de esa ciudad, The Shard, tan solo tiene 48 cajones de estacionamiento para más de 70 pisos. Ciudades de España y Corea del Sur han dinamitado sus freeways para construir ahí parques públicos. Muchas otras han instalado sistemas públicos de bicicleta y han mejorado su transporte público, tanto en calidad como en cobertura.

    Esas ciudades entendieron que el automóvil ya no podía ser el rey. Estrés, tráfico, contaminación, traslados más extensos, disminución en la calidad de vida. Entonces decidieron desincentivarlo, y hacer «más ciudad» con esos espacios. Es decir, bajar a la gente del auto para crear ciudades más vivibles.

    El #DiaMundialSinAuto tiene ese propósito, el de crear una cultura que se aleje del «autocentrismo». Lamentablemente los pocos que dejan el automóvil ese día son los políticos.

    Mientras que las políticas públicas para desincentivar el uso del automóvil siguen siendo tímidas, todos los días, en las principales ciudades de México, el #DíaMundialSinAuto sirve para que los políticos se den baños de pueblo. Todos los 22 de septiembre, los políticos más prominentes, alcaldes, gobernadores, o quienes ven la campaña electoral cerca, se bajan del auto por un día y se trepan al camión, no sin olvidar su ejército de fotógrafos, community managers, y de seguridad, los cuales deben de estar siempre detrás de la escena. Que se vea que detrás del alcalde hay una señora que carga su bolsa de naranjas. -quítese la corbata, señor alcalde, para que se vea que es de pueblo-.

    En la vida real, las políticas públicas implementadas con el fin de desincentivar el auto en México tienden a ser producto de la presión de la sociedad civil. Las vías recreativas que se establecen los domingos en algunas ciudades importantes del país, los servicios de bicicleta pública, y las ciclovías, fueron en gran parte idea de ciudadanos que decidieron «importar» modelos de otros países. En realidad, siguen siendo escasas las estrategias iniciativa de los gobiernos (ya que ellos los diseñen o que contraten a un grupo de expertos).

    Los políticos se toman la foto. Pero en realidad, pocos de ellos han impulsado programas que desincentiven el automóvil en la ciudad. Las principales ciudades como la CDMX, Guadalajara y Monterrey sufren de problemas de tráfico que indice desfavorablemente en la calidad de vida de los ciudadanos. Los gobierno no han hecho lo suficiente, y tampoco han hecho mucho para sensibilizar a una población que sigue pensando que los automovilistas tienen más derechos y que son capaces de organizarse para evitar la construcción de una ciclovía.

    Las fotos de los políticos en el camión o en la bici son muchos, las políticas públicas no son tantas. En cuestión de movilidad falta muchísimo para hacer. Máxime cuando se sigue pensando que el transporte público es para «los jodidos», y que algunos sectores acomodados de la sociedad no están dispuestos a compartir asiento con «la raza».