Categoría: política

  • Las redes y los saqueos ¿quién fue?

    Las redes y los saqueos ¿quién fue?

    La mano negra detrás de los actos vandálicos

    Hoy hablaré del tema menos importante -que no por eso deja de ser importante- con respecto al tema del gasolinazo. Lo considero así porque aunque los saqueos no son cualquier cosa -es un atentado contra la propiedad privada, y a la vez, se dice, es una expresión llevada al extremo de la indignación que el gasolinazo ha causado- tienen menos importancia que aquello sobre lo que se debate, que es de interés nacional y no se debe de dejar al lado: primero, entender por qué se ha elevado el precio de la gasolina; y segundo, cuál es el origen del problema -que a la vez exhibe las fallas dentro del gobierno como el mal manejo de las finanzas, el ordeñamiento de Pemex, la corrupción, entre otros temas.

    Pero hablemos pues, de los saqueos.

    Primero puedo advertir que las redes se han convertido en una batalla campal, algunos no se han percatado que dentro de esa batalla hay quienes buscan manipular la opinión pública -cosa que ya se ha vuelto costumbre en las redes-. Esto ocurre dentro de los dos bandos, en mayor o menor medida. Por ejemplo, cadenas de Whatsapp invitando a no salir a manifestarse por el peligro que esto conlleva, y otros mostrando textos apócrifos donde algunos aseguran que el PRI los invitó a saquear tiendas.

    También se percibe esa ya clásica polarización donde las etiquetas caben más que los argumentos: «chairos», «vendido del sistema», «eres de Televisa» y demás, para desprestigiar así al otro bando sin siquiera haber debatido el argumento. Me alejaré de esas malas prácticas que enturbian el debate para poder hacer mi argumentación.

    ¿Son los saqueos manifestaciones espontáneas, son orquestados por alguien, o es una estrategia del gobierno?

    Los saqueos y el vandalismo pueden ser una manifestación espontánea producto del enojo y la indignación, como ha ocurrido en mucho lados. Por ejemplo, en el diario The Guardian, Bryn Phillips, quien participó en los actos vandálicos que ocurrieron en 2011 en Londres, afirma que estaban muy enojados y no sabían como expresar su enojo. Una investigación posterior de la Universidad de Oxford afirma que la desconfianza en la policía y la desigualdad fueron los detonantes. 

    Si uno compara los actos vandálicos de Londres con los ocurridos en México va a encontrar algunas diferencias notables. En el caso de Londres, es evidente que es el enojo el móvil, los manifestantes trataron de destrozar todo lo que había a su paso, prendieron fuego y agredieron a los policías. 

    En el caso de México, aunque sí hubo vidrios rotos y agresiones en algunos casos -un policía murió y en algunos casos se escucharon balazos-, nunca adquirieron la intensidad de los hechos que ocurrieron en Londres. No vimos comercios prendidos con fuego ni vimos batallas campales entre los vándalos y la autoridad. De hecho, hay videos donde usuarios aseguran que la propia autoridad participó en los saqueos

    El propósito, más que destrozar lo que había a su paso, era hurtar tiendas y robar televisiones o productos perecederos. Si uno observa los videos de los actos se podrá dar cuenta que quienes participan no están invadidos por el odio; en algunos casos parecen estar más bien divirtiéndose, e incluso entran a hurtar en las tiendas de una forma muy tranquila.

    Entonces lanzaría la pregunta ¿sí están estos vándalos movidos por la indignación provocada ya sea por el gasolinazo o el gobierno de Peña Nieto, o porque quieren una nueva televisión? Si uno observa detenidamente, estos saqueos tienen más en común con los que ocurrieron en Los Cabos después del huracán Odile, que con los actos de violencia de Londres. Analice su comportamiento y compare. 

    Por ejemplo, en el siguiente video podemos observar que algunos de los saqueadores salían de las tiendas tranquilamente, y quienes no, lo hacían para huir de las autoridades:

    https://www.youtube.com/watch?v=0PtWkhnKPug

    La segunda cuestión es, si el vandalismo es producto del gasolinazo, entonces esperaría que ocurrieran dos cosas: que los vándalos atacaran oficinas o establecimientos que tienen relación alguna con el gobierno o Pemex, o que lo hicieran de forma indiscriminada contra cualquier establecimiento -sea cualquier comercio-, porque una persona llena de cólera no es alguien que se vaya a comportar de una forma racional. Nunca vimos casetas quemadas, ni siquiera una gasolinera, y sí saqueos bien focalizados en tiendas de autoservicio como Soriana, Coppel u Oxxo.

    Llama la atención que este vandalismo «focalizado» se haya reproducido de la misma forma en varias entidades de la República donde atacaron las mismas cadenas de autoservicio, tal vez con excepción del Palacio de Gobierno de Monterrey donde rompieron vitrinas y voltearon algunos carros de medios de comunicación y donde los manifestantes -pacíficos- se deslindaron señalándolos. Pero incluso en este caso no vemos individuos que estén movidos por el rencor o la indignación, compare a éstos vándalos con aquellos de Londres. 

    La tercera es que en las redes sociales aparecieron cuentas convocando a saquear tiendas, no fueron cuentas aisladas sino bots programados para amplificar el mensaje.

    Entonces puedo pensar lo siguiente. Que difícilmente esta puede tratarse de un acto espontáneo, porque no parece que la rabia o los sentimientos desbordados sean el móvil, y junto con la aparición de convocatorias en redes sociales programadas con alguna entidad que tiene algún interés podemos pensar que están orquestados o incitados por alguien.

    Entonces, si fueron orquestadas, ¿quién fue?

    La primera teoría, y que sostienen muchos, es que fue el Gobierno Federal. Algunos argumentos a favor de esta teoría son los siguientes:

    La credibilidad que el gobierno tiene es muy baja, y pueden temer que las manifestaciones logren crear una suficiente masa crítica como para que el problema adquiera otra dimensión. A diferencia de otras ocasiones, los manifestantes se han sentido lastimados en los bolsillos, por lo cual muchas personas -sobre todo de clase media- que antes no estarían dispuestas a manifestarse, lo harían. Una manifestación heterogénea sería más preocupante para el gobierno que una propia de un sector focalizado, porque se trataría de un repudio generalizado -que no respeta clase social, posición económica, etc-.

    Los saqueos inhibirían a los manifestantes a salir a las calles al crear una sensación de psicosis, esto sin importar que las manifestaciones no quedaran deslegitimadas -por ejemplo, con manifestantes capaces de deslindarse de los vándalos-, porque pueden creer que su integridad podría estar en riesgo si salen a la calle.

    Bien, podría pensar que esto también podría servir para desviar la atención. Que se hable más de los saqueos que de las malas finanzas públicas y el endeudamiento del gobierno que hacen mandatorio mantener a las gasolinas gravadas con impuestos. 

    Otro argumento es que la policía no se anticipó a los saqueos, los cuales fueron convocados en las redes sociales. Cuando los saqueadores llegaron al establecimiento, no se toparon con policías que les prohibieran el acceso. Basta ver varios videos, como los que puedes encontrar en Youtube, donde la autoridad brilla por su ausencia. 

    Otra es que la mayoría de los saqueos se llevaron a cabo en el Estado de México, que es básicamente el centro de operaciones del partido del gobierno, y de donde suelen reclutar acarreados -como es el caso de las ceremonias del Grito de Independencia-.  

    Y la última es que se propagaron mensajes -que recibieron familiares, amigos, y conocidos míos- por Whatsapp invitando a la gente a no salir a manifestarse porque podrían arriesgarse y el entorno podría volverse violento. Con lo cual sí podemos confirmar que hay alguien interesado en que estas manifestaciones no crezcan. Adjunto una imagen que me compartió un amigo desde su Whatsapp:

    Un argumento en contra de esa teoría es la reacción que podrían tener las empresas que sufrieron agresiones, que son grandes y cuyas inversiones son fuertes: -FEMSA, Wal Mart-, de saber que esos vándalos fueron enviados, o de menos incitados, por las autoridades. Esto en un contexto donde la relación entre el gobierno de Peña y la cúpula empresarial ya no es muy buena.

    Y si no fue el gobierno quien participó en la organización o en la promoción de estos saqueos ¿quién pudo ser?

    La primera respuesta que viene a la mente de muchos es López Obrador. Pero en el contexto actual, lo que menos le conviene a López Obrador es ese escenario, no sólo porque las posibilidades de que quede exhibido son altas -empezando porque el gobierno concentra a los servicios de inteligencia- sino porque a López Obrador, quien aspira a ganar las elecciones del 2018, le conviene un escenario donde el gobierno sea lo más impopular posible para rentabilizar la indignación de la gente, pero donde el país, a su vez, sea lo suficientemente estable para que pueda gobernar. A año y medio de una elección en la cual tiene serias posibilidades de ganar, desestabilizar al país sería un suicidio. 

    La segunda es que se podría tratar de algún grupo anarquista o extremista opuesto al gobierno, pero este tipo de grupos suelen adjudicarse sus actos. A juzgar por la vestimenta de los manifestantes, no parecen pertenecer a algún tipo de organización.

    Otra teoría sería que a alguna agrupación -que posiblemente no sea lejana a la clase política- tenga algún interés específico en mostrar al país y al gobierno de Peña Nieto en descontrol. Quienes consideran esta teoría, dicen que la mayoría de las manifestaciones ocurrieron en el Estado de México porque es un estado muy importante para el PRI, y donde se llevarán a cabo las siguientes elecciones. Entonces mostrar caos y una autoridad inoperante podrían influir en el resultado de las elecciones. 

    ¿Quién fue? Lo dejo a consideración al lector, yo simplemente he trazado los argumentos que se me vienen a la cabeza. Si llegas a una conclusión, puedes dejar tu comentario abajo.

  • ¿Gasolinazo? Mejor vamos a marchar por una Reforma Política

    ¿Gasolinazo? Mejor vamos a marchar por una Reforma Política

    ¿Gasolinazo? Mejor vamos a marchar por una Reforma Política

    Si tú estás leyendo esto, seguramente estás indignado. Naturalmente ver un incremento del 20% de la gasolina, que reduce tu capacidad de compra -y que puede afectar en algún grado tu calidad de vida-, es un motivo para sentirte frustrado. Peor aún, cuando los políticos, en vez de hacer sacrificios, se autoregalan bonos, iPhones, y demás, la indignación se hace más grande.

    He leído muchas peticiones para que eliminen el IEPS o subsidien la gasolina. Déjame decirte algo, este gobierno está en serios aprietos económicos, han manejado tan mal las finanzas que no tienen margen de maniobra. Gran parte del dinero -porque hace dos años, el gobierno de Peña tenía mucho dinero- se ha utilizado para programas sociales electoreros y asistencialistas, alguna otra porción no sabemos donde está (tal vez en los bolsillos de los gobernadores prófugos). 

    La cuestión es que estamos en una situación tal que eliminar el IEPS puede meternos en un problema económico serio, también subsidiar la gasolina. Entonces pensarás que no se puede hacer nada si no es viable revertir el gasolinazo.

    Pero sí se puede hacer algo, no para bajar el precio de la gasolina, pero sí para combatir las causas.

    ¿Cómo?

    ¿Por qué la economía está mal? Básicamente porque tenemos un gobierno corrupto, que gasta mucho, que roba mucho, cuyas políticas son un desastre. La oposición, ya sean azules, verdes, naranjas o morenos, no se puede lavar las manos. Son en cierta medida parte del problema. todos ellos son parte de una clase política amoral, sin principios, y que no funciona. Entonces ataquemos ese problema. ¿Cómo? Con una Reforma Política rompedora. 

    Cierto que hay avances en la materia, existen candidaturas independientes, se han logrado avances en transparencia. Todo esto gracias a la presión de la ciudadanía. 

    Entonces si vamos a salir a marchar, lo hagamos para pedir una Reforma Política de gran calado que cimbre las estructuras de este país, donde los ciudadanos tengan un papel más importante, y donde los políticos estén limitados por la rendición de cuentas y la vigilancia ciudadana.

    Y claro, que no tengan privilegios. Eso significa, para empezar, quitarles el fuero

    Además de eso que se me hace indispensable se podrían proponer otras cosas, por ejemplo:

    1. Que los servidores públicos demuestren la capacidad para desempeñarse en su cargo: a) Qué muestren llevar una vida honrada b) Qué se les apliquen exámenes psicológicos y de conocimiento c) Qué el Presidente, diputados, senadores, y gobernadores tengan estudios de maestría en áreas afines.
    2. Que los políticos paguen su jubilación, su seguro de salud, y que no puedan votar su propio aumento de salario. Que transparenten y justifiquen sus viajes al extranjero.
    3. Que se implemente la #Ley3de3 como estaba concebida originalmente, donde los políticos estén obligados a presentar sus 3 declaraciones. 
    4. Que se pongan menos candados a las candidaturas independientes.

    Seguramente hay muchas más cosas que podemos proponer, ya hay un trabajo de organizaciones civiles con respecto al tema y que podrían colaborar, pero necesitamos que esta indignación la traslademos a lo que realmente importa, a las causas reales que hacen que nuestros políticos trabajen para sí mismos y no para nosotros. 

    Que toda esa desobediencia civil -no, eso no incluye saqueos-, todas las propuestas para presionar al gobierno, vayan en ese sentido. Hoy México está enojado, pero hay que utilizar ese coraje productivamente. Si vas a marchar hoy sábado o en los días que vienen, sal con tu pancarta que clame por una Reforma Política, convence a los tuyos, comparte este artículo. Vamos a luchar por los cambios que México necesita.

  • ¿Qué hubiera hecho yo? Le respondo a Peña

    ¿Qué hubiera hecho yo? Le respondo a Peña

    Siempre que veo alguna intervención de Peña Nieto me pregunto cómo puede ser posible, cómo es que no pueden salir de la burbuja en la que se encuentran, cómo es que no pueden tener empatía alguna con la ciudadanía, cómo es que sigue apareciendo ese ente alienado con una mirada perdida, sin expresión alguna, y con un lenguaje corporal lamentable. Esta no es la excepción, pero ciertamente he hecho este ejercicio tantas veces (el de asombrarme de mala gana) que ya me acostumbré.

    ¿Qué hubiera hecho yo? Le respondo a Peña

    Empiezo por decir que el problema no es tanto lo que dijo, sino lo que dejó de decir, que le resta mérito a eso que sí dijo y que convierte a sus palabras en un acto de cinismo puro. Por ejemplo, el diagnóstico que hace Peña no es del todo falso, de hecho podría decir que es acertado pero convenientemente incompleto.

    Es decir, es cierto que la Reforma Energética como tal no es la culpable, sino que el precio internacional del petróleo se incrementó, y ante la liberalización de precios al mercado, el precio aumentó un 20%. Es cierto también que no se puede dar el lujo de eliminar el IEPS porque tendría que hacer un duro recorte en el gasto, cuyas consecuencias también indignarían a la gente; y es cierto también por lo que no dice, que el país está cada vez más endeudado y que su gobierno ha manejado muy mal las finanzas. Ese impuesto es el que naturalmente hace que el petróleo sea más caro que en Estados Unidos y otras latitudes del mundo.

    El error de su discurso está en la omisión. ¿Cómo llegamos a este escenario donde Peña no se puede dar el lujo de quitar a este impuesto? Lo explica la pésima forma en que ha administrado las finanzas, la corrupción, el saqueo de Pemex, las pésimas decisiones. Eso Peña no lo dijo, más bien se dedicó a buscar culpables. Criticó al gobierno de Calderón, porque dice, el expresidente tiró el dinero en subsidiar a la gasolina, dinero que hubiera podido servir para construir infraestructuras y escuelas.  La realidad es que el PRI le bloqueó la Reforma Energética a Calderón.

    Pero luego, después tratar de aparentar ser una suerte de héroe nacional que hace las cosas por nuestro bien, nos preguntó qué hubiéramos hecho nosotros, como esperando que le dieran la razón al argumentar por qué tuvo que tomar la decisión, porque posiblemente alguna persona sensata en su lugar, ya con todo el daño hecho -el país endeudado, las finanzas destrozadas-, hubiera hecho lo mismo; pero entonces tendríamos que hablar de todo lo que no se hizo antes. Ahí yo tendría muchas respuestas para su pregunta, tales como:

    1. Yo no hubiera endeudado al país como él y su gobierno lo están haciendo.
    2. Yo no hubiera permitido tanta corrupción, ni hubiera sido partícipe de esta, ni mucho menos hubiera permitido que políticos y gobernadores como Javier Duarte, quien desvió recursos de Veracruz a la campaña de Peña, saquearan sus entidades.
    3. Yo no hubiera permitido que saquearan Pemex, como lo hicieron algunos compañeros de partido como Romero Deschamps.
    4. Yo no hubiera tirado el dinero en programas dizque sociales pero que tienen un propósito asistencialista-electoral como Prospera. 
    5. Yo hubiera reducido el gasto público.
    6. No hubiera hecho derroches frívolos como llevar familiares y comitivas de viaje, o comprarle vestidos lujosos a mis hijas. Aunque el impacto económico de eso sea casi nulo, sí manda el mensaje de que su gobierno sería capaz de derrochar dinero en cualquier cosa. 
    7. Yo me hubiera preocupado por ser empático con mis gobernados y hubiera acompañado el «gasolinazo» con políticas de austeridad dentro de mi gobierno en vez de permitir que se otorguen bonos y se regalen iPhones -aunque la suma monetaria sea simbólica-. Tal vez así, la gente hubiera comprendido un poco más la medida y hubiera sentido que el gobierno también está dispuesto a hacer sacrificios. 
    8. Yo no me hubiera involucrado en conflictos de interés, hubiera tomado el liderazgo para hacer justicia en Ayotzinapa y tomaría una postura más digna ante Donald Trump, así tendría más respeto por parte de mis gobernados, gracias a lo cual tendría más margen de acción para aplicar medidas impopulares. 
    9. Yo no le hubiera mentido a la gente diciendo que el costo de la gasolina iba a bajar con la Reforma Energética y la luz, porque el precio depende de muchas variables que le son ajenas -es el mercado quien determina si está más barato o no-.

    Estas son las cosas que hubiera o no hubiera hecho que se me vienen a la cabeza, seguramente hay muchas más.

    Para terminar, debo decir que entendido esto, deberíamos replantear las protestas y manifestaciones, porque el gasolinazo no sólo no es la causa, sino que los paliativos para eliminar el impacto podrían ser contraproducentes. Esa energía se debería utilizar para impulsar una Reforma Política de gran calado que reestructure nuestras instituciones, donde nuestros políticos no tengan fuero, donde se exija que estén aptos para su cargo, que tengan estudios, que hayan probado que son gente honesta y confiable, que se les haga exámenes psicológicos y de conocimientos; que la #Ley3de3 se aplique como está concebida originalmente y sin parches, entre muchas otras propuestas. Ya hay varios organismos con un gran expertise en el tema que podrían ayudar a formular la propuesta, como ya se intentó anteriormente. Necesitamos reestructurar de raíz un sistema que ya está decadente para que sea más democrático y esté sujeto a la rendición de cuentas. 

    Ojalá que en las manifestaciones que vienen se solicite eso. Las cosas no van a cambiar mientras no modifiquemos las estructuras bajo las cuales nos gobernamos. 

  • México, tan lejos de Dios, tan cerca de los 16 pesos de Magna

    México, tan lejos de Dios, tan cerca de los 16 pesos de Magna

     México, tan lejos de Dios, tan cerca de los 16 pesos de Magna

    Los gobiernos de vez en cuando tienen que tomar medidas impopulares; medidas que en el corto plazo tendrán una afectación en la ciudadanía, pero que sin ellas, las consecuencias a mediano y largo plazo serían más graves. 

    Muchos de los afectados no entienden la necesidad de implementar medidas, ya no tanto porque piensen a corto plazo, sino porque no tienen el conocimiento que se supone tienen quienes son especialistas dentro del gobierno, o bien, porque las simpatías políticas o ideológicas pueden nublar la razón. 

    Sabiendo esto, que el gobierno necesita de la legitimidad del pueblo para gobernar pero que no siempre le puede dar gusto -quien lo hace, se dice, se convierte en demagogo-, entonces tiene que jugar bien sus fichas. El gobierno tiene que procurar mantener la suficiente legitimidad para poder tomar una medida impopular sin que lo ponga en jaque. 

    El problema se agrava cuando la medida no sólo es impopular, sino que no está completamente justificada. Cuando pasa eso, entonces la mayoría de los líderes de opinión -y no sólo los que simpatizan con la facción opositora- se lanzan contra el gobierno o contra su medida, amplificando todavía más el descontento de la sociedad. 

    Habiendo dicho esto, el tema del gasolinazo es uno muy complejo. Se trata de una medida impopular, que se pudo evitar, y cuyo ejecutor -no sólo el gobierno al mando, sino las facciones involucradas- no tiene legitimidad.

    Pero a la vez es un tema que la gente desconoce. Es decir, la indignación puede estar justificada, pero el diagnóstico que hacen suele estar errado, movido por las emociones, y en algunos casos, por intereses políticos que buscan manipularles:

    Por ejemplo, una de las primeras reacciones tiene que ver con culpar a la Reforma Energética. Si el precio de la gasolina subió y los precios se liberaron -fenómeno propio de la Reforma-, entonces la liberación de precios es responsable del incremento de la gasolina. Pero en realidad el precio no está tan liberado porque tiene una fuerte carga impositiva que el gobierno dice necesitar para poder financiar el gasto público y que deriva de la Reforma Fiscal que impulsaron PRI y PRD.

    El gobierno, por su parte, busca manipular a la opinión pública culpando a agentes externos, que si bien existen y sí juegan un papel, no son los únicos actores. Ellos hablan del alza del precio internacional del petróleo o del contexto mundial.  Las facciones opositoras, sobre todo las que se presentan como las más fuertes en 2018 -PAN y MORENA- juegan su papel tratando de obtener un beneficio del descontento de la gente. El PAN desde la derecha pide que eliminen el IEPS, y López Obrador desde la izquierda culpa más bien a la Reforma Energética impulsada por la «mafia en el poder».

    En realidad el gobierno no tiene otra ruta más que esperar que esta decisión no impacte tanto, que las manifestaciones no sean lo suficientemente grandes para que puedan poner en riesgo la estabilidad, y que la cantidad de legitimidad que se pierda -y de la cual ya no tienen mucha- sea la menor posible.

    El gobierno ya no puede utilizar la alternativa que en muchos otros escenarios sería la más sensata, la de explicar al pueblo la necesidad de tomar esa medida y esperar que lo entiendan, o que al menos no se opongan tanto, oposición que lograrían contener con sus «reservas de legitimidad».

    No se puede hacer porque los gobernados los perciben con una gran falta de legitimidad y autoridad moral. Basta ver los escándalos de corrupción en los que se vieron directa o indirectamente involucrados, los gobernadores que desfalcaron estados y que no han pasado por la justicia. 

    Peor aún, el gobierno tampoco tiene alternativas si hablamos de políticas que podría implementar para aminorar el descontento. Todos sabemos que el gobierno ha manejado pésimamente las finanzas de este país, y por eso se entiende que el gobierno no pueda prescindir en ningún grado de esa carga impositiva que tienen las gasolinas. Es decir, el impuesto está ahí para cerrar los boquetes producto de su ineptitud, pero si el gobierno decide eliminar el impuesto (IEPS), el problema en realidad podría tornarse aún más grave. Volver a subsidiar la gasolina para aminorar el descontento es dar un paso atrás. 

    Tal vez quienes se manifiestan ahora debieron ser más insistentes desde hace algunos años sobre la forma en que el gobierno manejaba las finanzas, sobre los escándalos de corrupción, sobre las programas sociales que se han convertido en mecanismos clientelistas y electorales -como Prospera- pero que tan necesarios son para el partido en turno -basta ver a Ochoa Reza decir que sin el impuesto a la gasolina no podrían financiar dichos programas «tan necesarios»-. sobre la forma en que esa élite política ordeñaba Pemex, o sobre aquel PRI y PRD que bloquearon la Reforma Energética el sexenio pasado y que aprobaron la Reforma Fiscal en este sexenio. De hecho no sólo es este gobierno el «culpable», y tendríamos que preguntarnos sobre lo que hicieron o dejaron de hacer pasadas administraciones. 

    Ahora no hay margen de salida, el aumento del costo de la gasolina puede ser injusto por las razones que mencioné anteriormente, pero cualquier intento por aminorar el impacto o satisfacer a la población legítimamente indignada podría terminar creando un problema todavía peor. 

    No se me haría demasiado descabellado que el gasolinazo se termine convirtiendo en la gota que derrame el vaso. A diferencia de todos esos episodios bochornosos e indignantes -Casa Blanca, Reunión Peña-Trump, huída del Chapo-, este evento afecta directamente a los bolsillos de los ciudadanos, y algunos de quienes nunca pusieron un pie en el asfalto para manifestarse por el conflicto de intereses de la Casa Blanca, Ayotzinapa, Trump y demás, ya están en las calles. Ante tal nivel de indignación y ante aquella acumulada a través del sexenio, la mecha podría encenderse.   

  • Tanque vacío ¡por favor!

    Tanque vacío ¡por favor!

    Tanque vacío ¡por favor!

    Hoy veo a una ciudadanía enojada, arrojada en cólera. Tienen razón para estarlo, un fuerte incremento a la gasolina no es algo que agrade a nadie. Menos cuando las razones a las que esta decisión obedece no tienen justificación alguna más que llenar las arcas de un gobierno que no trabaja para sus ciudadanos, un gobierno que ya está planeando estrategias de corte asistencialista -y que requieren de dinero del erario público- para tratar de ganar las elecciones venideras. 

    A esto hay que agregar el desabasto que es resultado de lo mismo. Personas que tienen que formarse para poder ponerle un poco de gasolina al auto y puedan desplazarse, mientras las autoridades (como ocurrió en San Luis Potosí) estaban asistiendo a los XV años de Rubí. La gente tiene todo el derecho a estar enojada, aunque a veces fallen un poco en la interpretación de aquello que está sucediendo.

    Por ejemplo, a diferencia de lo que muchos piensan y de lo que algunos políticos -dizque progresistas- quieren hacer creer, el alza a la gasolina y el desabasto no son producto de la Reforma Energética, ni a que le «vamos a entregar Pemex a las transnacionales»; no es culpa del neoliberalismo, sino de la Reforma Fiscal que planteó el PRI junto con el PRD. Por el contrario, lo que ocurre es que a nuestro flamante gobierno se le ocurrió gravar la gasolina con ese impuesto especial llamdo IEPS que representa el 26% del total del consumo. Como un amigo mío economista lo explica, así se divide el costo de la gasolina:

    a) 43% como Precio de referencia internacional.
    b) 26% de Impuesto Especial a la Producción y Servicios (IEPS).
    c) 14% de Margen comercial, mermas y costos de transporte.
    d) 17% por Impuesto al Valor Agregado (IVA) más otros conceptos.

    Es decir, si ese impuesto no existiera, al liberar el costo de la gasolina a precios de mercado éste sería todavía más bajo de lo que la gasolina cuesta actualmente. No es culpa de la Reforma Fiscal, ni de las transnacionales, sino del PRI y del PRD que diseñaron ese bodrio llamado Reforma Fiscal, y claro está, del gobierno de Peña Nieto.

    Supongo que el gobierno espera recaudar más dinero no sólo por el impacto de la economía y política mundial, sino por la ineptitud del propio gobierno que ha manejado mal las finanzas de este país.

    Podría «entender» este incremento si tuviéramos a un gobierno cuyo trabajo fuera palpable, donde los ciudadanos puedan percatarse de la inversión cuando salen a la calle, donde hay servicios dignos. Pero no hay eso, en realidad tenemos a varios gobernadores que desfalcaron estados y que el Gobierno Federal hace como que persigue después de estar varios años consintiéndolos.

    Si el gobierno tuviera sus finanzas sanas y fuera responsable, posiblemente la gasolina no necesitaría estar gravada con este impuesto.

    Entiendo completamente -disculpen por la majadería que diré- que los ciudadanos sientan esto como una patada en los huevos.

    Algunos plantean como manifestación que la gente llene su tanque antes del primero de enero y que los siguientes 3 días no carguen gasolina. En realidad, creo que el impacto que tendrá dicha manifestación será mínima sino es que nula. Primero, porque podrían incluso agravar el problema de desabasto, y porque si piensan castigar al gobierno de esa forma, la realidad es que sólo perderán la diferencia del IEPS de un año a otro en una sola carga. De hecho, incluso sin «castigo», muchas personas «yo me incluyo» llenamos el tanque en vez de hacerlo en enero para que «nos saliera un poco más barato».

    En ese caso, me parecería un poco más sensato lo siguiente y  que seguramente no generará tanta convocatoria por la indisposición de algunas personas para usar el transporte público -en algunos casos porque lo suficiente malo e ineficiente como para que sea opción-: dejar de usar el auto durante un tiempo, puede ser una semana por ejemplo; y en vez de eso usar la bicicleta, el transporte público, o si es posible, trabajar desde casa. De esta forma el impacto económico sería mucho mayor. Y sí, de una vez eso ayudaría a desincentivar a que sea un poquito, la cultura del automóvil en el país donde los carros per cápita superan el de algunos países desarrollados.  

    Bueno, en realidad mi propuesta sólo serviría para que aprendas a no depender tanto del coche, aunque tan sólo una semana no creo que ayude de mucho. 

    El gasolinazo no es tanto una «medida impopular pero necesaria» sino más bien reflejo de la ineptitud del gobierno de Peña Nieto, que observa pasivamente como el país se le cae a pedazos, un país de simulación, de improvisación y de parches. 

    Pobre México, tan lejos de Dios, tan cerca de los 13.40 por litro de Magna. 

  • Las elecciones del 2018 serán un cochinero

    Las elecciones del 2018 serán un cochinero

    Las elecciones del 2018 serán un cochinero
    Foto: Daniel Acker/Bloomberg

    Si crees que las próximas elecciones van a tratar de debates y contrastes de los programas de gobierno, tengo que decirte que estás equivocado. Las elecciones del 2018 van a ser un lodazal.

    Sí, veremos a cerdos pelear en lodo, veremos difamaciones, frivolidades, ridiculeces, candidatos que se suben al tren del mame del meme más absurdo, veremos notas abundantes notas falsas en las redes sociales, descalificaciones. ¿Por qué?

    Primero, porque la calidad de las campañas electorales tienen cierta relación con el nivel cultural e intelectual de las personas que participan en las elecciones. Segundo, porque, a pesar de que nuestra clase política tiene una autoridad moral lamentable, no es que quieran hacer más tonto a su electorado, sino que asumen que tratándolos de esa forma van a obtener un mayor número de votos. 

    Eso no quiere decir que siempre acierten a la hora de diagnosticar qué es lo que va a seducir a la población. En algunos casos la subestiman de más, a veces no entienden a las generaciones más jóvenes que las de ellos y terminan haciendo el ridículo:

    La falta de cercanía de los políticos con la sociedad ha provocado que no puedan hacer un diagnóstico de ella dejando todo el trabajo a terceras personas -como comunicólogos, estrategas digitales y demás-. Pero aún con su ayuda, cuando pretenden acercarse terminan haciendo el ridículo.

    Pero estos detalles no eximen a la sociedad, ni en México ni en muchos países un intercambio de profundas ideas es muy rentable si se quiere ganar una elección. El grueso de la gente no contrasta proyectos de nación ni los analiza. Si la gente que no toma las elecciones en serio votara aleatoriamente como consecuencia de su desconocimiento, entonces podríamos pensar que le dejarían la iniciativa a quienes sí se preocupan por informarse antes de emitir su voto. Pero la gente que no se informa y concibe una elección como un burdo espectáculo suele inclinar la balanza, de tal forma que se trate de una elección poco razonada y el país en conjunto termine tomando una mala decisión.

    Y como son más los que no se informan, ellos tienen una mayor posibilidad de determinar al ganador. Entonces las campañas apuntarán con más enjundia a esas mayorías y no tanto a las minorías que se supone, están más informadas. Si un político recibe el apoyo de dichas minorías, no sólo tendrá que garantizar ese apoyo el día de la elección, sino tendrá que convencer a alguna porción de las mayorías para poder obtener el triunfo. 

    Muy posiblemente los temas centrales sean la corrupción y la relación entre México y el Estados Unidos de Donald Trump. Se hablará mucho de dichos temas, pero se abordarán de tal forma que la calidad del intercambio de ideas se degrade a un espectáculo bochornoso. En pleno 2016 ya hemos podido ver algunos avisos de ello. El PRI está desafiliando de su partido a varios gobernadores corruptos sin que el Gobierno Federal, del mismo partido, haga algo por llevarlos ante la ley. Quieren lavarse la cara y decir que sí combatieron la corrupción… que ellos mismos generaron. Y de la misma forma, López Obrador afirma que perdonará a sus adversarios porque basta con un espíritu bienintencionado para terminar con el cáncer de la corrupción.

    Los equipos de campaña se dirigirán a las vísceras de los electores. -yo soy menos corrupto que «y», yo tengo las manos limpias-; tratarán de apuntalar hacia aquello que les enoja aunque no tengan calidad moral para hacerlo (insisto en el PRI desafiliando exgobernadores como ejemplo), y como se darán cuenta que sus estrategias no logran el impacto necesario, tratarán de «subirse al tren del mame». El estratega digital hará un análisis de los memes y temas en boga en el «feis» para ver a cual se puede subir el candidato. 

    https://www.youtube.com/watch?v=yDcbrMLnvSc

    Las campañas del miedo -que llaman de forma errónea de contraste, porque no hay necesariamente una comparación- serán constante, más con un López Obrador que encabeza las preferencias electorales. Seguramente lo harán de forma vulgar, alertarán y aterrarán al elector de todo lo que puede perder si AMLO gana la elección -dentro de lo que permite una ley electoral cada vez más restrictiva-. Pero como comenté la otra vez, la pérdida de legitimidad de la clase política y algunos medios de comunicación posiblemente hará que el efecto de la campaña del miedo no sólo no sea la misma del 2006, sino que pueda resultar contraproducente.

    Por eso, los partidos no harán la guerra directamente, sino que veremos un montón de ruido en las redes, notas falsas, bots -ahora sí, con una estrategia mucho más refinada y mejor pensada- que tratarán de manipular a la opinión pública en Twitter. Combatirán en una arena donde parezca que ellos no son los emisores y donde la normativa electoral no tiene alcance. 

    Tal vez les alcance para comprar algún influencer de Youtube, algún «líder de opinión». Con los perfiles de estrategas de redes mucho más evolucionados que en 2012, podrán echar mano de las herramientas publicitarias de las redes sociales -vaya que Facebook Ads y Google Adwords son un monstruo para ese propósito- para tratar de mandar el mensaje adecuado justamente a aquellos que necesitan convencer, persuadir, o manipular para que hagan diferencia en la elección. Si en el 2012 las estrategias en redes -sobre todo la del PRI- eran obvias y predecibles, ahora estarán mejor ejecutadas, pensadas y con más especialistas en el ramo detrás de las estrategias. 

    ¿Y por qué no? No sería raro -sobre todo el gobierno que está en el poder y tiene los instrumentos a su alcance- el uso de servicios de inteligencia, que contraten hackers -cosa que ya han hecho- o neurocientíficos. Detrás de una campaña burda y vulgar podrá haber un equipo de expertos trabajando de forma quirúrgica sobre el electorado. 

    El golpeteo disfrazado por medio de sketches políticos «dizque cómicos», diarios comprados o incluso creados para tal propósito estará ahí de forma constante tratando de incidir en el voto del ciudadano:

    Termino como inicié, lo que veremos en el 2018 será un lodazal, un cochinero lleno de frivolidades y escaso de debate y contenido. 

    Sí, posíblemente te frustres con lo frívola que será la campaña. Y posiblemente también te frustres con el resultado. 

  • Aleppo, la ciudad que nadie ve y nadie oye

    Aleppo, la ciudad que nadie ve y nadie oye

    Aleppo, la ciudad que nadie ve y nadie oye
    Imagen: Al Jazeera

    Arthur Dent, un inglés que vive en las afueras de Londres, es avisado de que su casa será demolida para construir una autopista. Ese mismo día, de forma irónica, los vogones anuncian a los terrícolas que su planeta será destruido en tan solo unos minutos para dar paso a una autopista intergaláctica. Prácticamente todos los humanos mueren, pero Arthur salva su pellejo gracias a su amigo Ford Prefect quien viviò 15 años en la tierra haciéndose pasar por ser humano. La novela The Hitchhiker’s Guide to the Galaxy, de Douglas Adams, relata que ya después, estando en el planeta Magrathea donde se construyen planetas a cargo de adinerados clientes, Arthur descubre gracias a Slartibartfast que el planeta Tierra en realidad había sido un experimento creado para conocer «la pregunta a la respuesta definitiva» -el sentido de la vida, el universo etc.- y que había sido destruida tan sólo 5 minutos antes de que los ratones, quienes eran en realidad más inteligentes que los humanos y experimentaban con ellos sin que se dieran cuenta, lograran responder esa pregunta.

    Cuando escucho hablar de Siria y Aleppo recuerdo a la Tierra de la novela de Douglas Adams, como si fuera una suerte de experimento que sirve a otros intereses y que puede ser «apagado» en caso de ya no necesitarse. Al menos lo que se buscaba en el mundo de Arthur Dent era noble, conocer la «última pregunta a la respuesta definitiva». Mientras tanto, Siria y gran parte de la región árabe han sido un experimento que sirve a varios intereses geopolíticos. 

    Con la misma falta de sensibilidad de los vogones al anunciar a los terrícolas que su planeta sería destruido han actuado los gobiernos y la comunidad internacional con respecto a lo que pasa en Aleppo, una ciudad que ya fue tomada por el gobierno de Assad -auspiciado por Rusia-.

    Creo que tienen razón los que dicen que no podemos observar esta tragedia humanitaria desde la perspectiva de los buenos y los malos, porque vaya, todas las facciones involucradas tienen algo de responsabilidad. Más bien, deberíamos observarla desde la perspectiva del sufrimiento de miles de personas que están atrapadas en esta ciudad gracias a la configuración geopolítica que han trazado en el mapa el gobierno de Assad y los rebeldes, y que han creado un especie de cárcel de donde no pueden salir, porque su integridad importó menos que los intereses que algunos tienen ahí puestos. 

    El gobierno de Assad -apoyado por rusos e iraníes-, restringió el acceso a víveres y artículos de primera necesidad a la zona ocupada por los rebeldes porque entonces así, unos rebeldes mal alimentados serían más débiles, y por tanto más fáciles de combatir. Pero los estadounidenses, quienes armaron a los rebeldesno han querido meter mucho las manos para no verse involucrados en un conflicto directo con Rusia, país con el que ya tienen tensas relaciones por haber influido en las elecciones que le dieron el triunfo a Donald Trump. 

    Aleppo, una ciudad otrora pujante, con vida y cultura, ha sido convertida en ruinas, donde los habitantes que quedan ahí atrapados no saben si seguirán vivos el día siguiente, porque quienes se supone deberían proteger su integridad -desde su gobierno, hasta las instancias internacionales- están protegiendo sus propios intereses.

    El Medio Oriente ha sido siempre una región vulnerable, no solo por las creencias de los islámicos radicales, sino porque ha sido históricamente un campo de experimento para Occidente y las potencias mundiales: primero con una Inglaterra que partió al mundo árabe en varios países -lo cual naturalmente ha derivado en varios conflictos entre dichos países-, luego con la Guerra Fría donde Estados Unidos y la Unión Soviética se pelearon la zona armando a individuos que después terminarían creando movimientos radicales, movimientos que ya han sido capaces de matar centenas de civiles inocentes en las ciudades más importantes de Europa.

    Pero ahí vamos de nuevo, la historia se repite. Los intereses geopolíticos importan mucho, los habitantes importan más bien poco. Posiblemente, al final del conflicto, los habitantes de la zona hayan adquirido mayor resentimiento, para que en algunos años o décadas después, nos preguntemos por qué ellos se volvieron muy hostiles con nosotros. 

    Posiblemente el mundo creado por Douglas Adams en su novela no sea tan diferente al nuestro cuando dice que los ratones son más inteligentes que los humanos, también posiblemente a los hombres del poder les haga falta un «Pez de Babel» para entender y ser más empáticos con aquellos con quien han experimentado tanto. 

  • 5 libros para entender el triunfo de Donald Trump, y que no hablan de él

    5 libros para entender el triunfo de Donald Trump, y que no hablan de él

    5 libros para entender el triunfo de Donald Trump, y que no hablan de él
    Fotografía por Sarah MacKinnon and Richard Redditt

    Hay quienes dicen que tratar de analizar la política es perder el tiempo, que ese tiempo podríamos utilizarlo en emprender un nuevo negocio o estudiar algo. No concuerdo con ello -aunque sí creo que hacen falta más emprendedores- y creo que si bien no es que todos deban ser conocedores absolutos de la política ni apasionarse con ella como sucede con algunos de nosotros, sí pienso que estar al tanto y tener ciertas bases es algo que debería de esperarse de cualquier ciudadano. Claro, una cosa es tratar de entender la política y otra cosa es ver los debates de Trump y Hillary para hablar de lo chusco o esparcir memes por la red, ahí tal vez la idea de usar ese tiempo en otras cosas más productivas sí puede aplicar. 

    El propósito de este artículo es, efectivamente, analizar la política; y un buen ejercicio de ello es tratar de entender el triunfo de Donald Trump. Porque tratar de entender su triunfo implica necesariamente entender muchas variables, conductas, eventos y manifestaciones que afectan no sólo a lo político y a lo social, y que puede ayudarnos a entender más a la política como tal e incluso al ser humano. Analizar la victoria del magnate puede ser mucho más enriquecedor porque nos dará conocimientos que podremos utilizar en diversas áreas y que no sólo están restringidas a estudiar este caso. 

    Para hacer este ejercicio decidí recomendar 5 libros. ¿Qué tienen estos libros en común? Bueno, básicamente que no hablan de Donald Trump ni de las elecciones. Todavía, a un mes, es muy pronto esperar un buen libro que haga un buen análisis de lo ocurrido. Pero recurrir a bibliografía que ni siquiera habla de las elecciones puede ser mucho más enriquecedor. Vamos, pues:

    1.- El Fin del Poder – Moisés Naim

    Ese periodista e intelectual venezolano que ha adquirido mucha relevancia en los últimos años habla en su libro de cómo es que el poder se está fragmentando, está cambiando de manos rápidamente y en muchos casos se está volviendo inoperante (el poder distribuido en muchas manos hace mucho más difícil que se tomen decisiones inmediatas). Moisés Naim no toca mucho el tema del ascenso del nacionalismo pero entender este fenómeno nos puede ayudar a comprender que esa excesiva fragmentación, cuando los ciudadanos no se sienten satisfechos con sus gobernantes (cuyo margen de maniobra es bastante menor que el de sus antecesores), puede tentar a los electores a optar por líderes autoritarios que concentren más poder para que resuelva aquellos problemas que los aquejan, los cuales, dicen, no pueden ser resueltos por líderes democráticos quienes tienen las manos atadas por los mecanismos que los limitan, producto de la distribución del poder. 

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    2.- ¿Qué es la democracia? – Giovanni Sartori

    Este libro lo leí ya hace varios años y es una obra indispensable para, como dice su título, entender a la democracia, sus pilares, cómo funciona, qué es y qué no es. Esta obra me gusta sobre todo por la crítica que hace a la democracia directa, es decir, aquella donde los ciudadanos votan directamente los asuntos o las políticas a implementar, en vez de dejarlos en mano de quienes los van a representar (democracia representativa). En este sentido, Giovanni Sartori anticipa los nefastos resultados que puede tener dejar en manos de los votantes la elección de asuntos que desconocen o que no tienen la preparación suficiente para tomar una decisión, como sucedió con el Brexit o las votaciones para el acuerdo de paz en Colombia. Pero más allá de esto, es muy importante conocer bien a la democracia para entender los riesgos de su ausencia, o por qué algunas personas se están decepcionando de ella. 

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    3.- Los Orígenes del Orden Político y Orden y Decadencia de la Política – Francis Fukuyama

    Coloco estos dos libros como si fuera uno solo porque ambos completan una misma obra. Para entender por qué un Estado que muestra cierto desgaste como el de Estados Unidos se permitió el triunfo de Donald Trump, o por qué la gente en Occidente opta por candidatos fuera de las instituciones, se hace obligatorio entender cómo surgió el Estado como forma de organización humana, cómo ha mutado y evolucionado con el tiempo para llegar a conformar una democracia donde el poder del Estado puede coexistir con el Estado de derecho (o imperio de la ley) y la rendición de cuentas, para después, como parte de su ciclo natural, entrar en un período de decadencia. A diferencia de los libros anteriores, Fukuyama sí baraja la posibilidad del surgimiento de estados autoritarios ante el proceso de decadencia de los estados occidentales o procesos que son parte de la evolución humana como la automatización.

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    https://www.youtube.com/watch?v=oQ3IpcRfSnM
     

    4.- Hillbilly Elegy, A Memoir of a Family and Culture in Crisis – Vance J.D.

    Sin hablar de las elecciones ni de Donald Trump, este libro se acerca más a lo que ocurrió en Estados Unidos. Vance nos cuenta su historia de vida, que comienza en Kentucky dentro de esa clase blanca trabajadora de los montes apalaches y que en el mes pasado votaron de forma contundente  por Donald Trump. Vance logró prosperar ante condiciones muy difíciles, familias destruidas, violencia y drogadicción para estudiar en la Universidad de Yale, y nos narra como a pesar de que es cierto que la partida de las manufactureras afectó a esta clase blanca trabajadora, también su cultura y sus paradigmas han incidido para que ésta haya entrado en un proceso de decadencia que se refleja incluso en la falta de valores y profundos problemas sociales. Hillbilly Elegy ha sido catalogado por muchos como el libro de las elecciones estadounidenses. 

    Parece que el libro solamente está disponible en inglés, así que tendrás que tener un aceptable dominio del idioma para poder leer el libro (o esperar a que se publique la versión en español).

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    En el ícono de engrane del video puedes seleccionar subtítulos en español.
     

    5.- El Mito del Votante Racional – Bryan Caplan

    En esta obra, el economista libertario Bryan Caplan explica por qué el votante no suele ser racional a la hora de ir a votar. Básicamente explica que el ser humano tiende a ser irracional cuando el costo por serlo es bajo, en tanto que suele ser más bien racional cuando el costo por ser irracional es muy alto. Básicamente podemos entender que un voto emitido de forma irracional (entre cientos de miles o millones de votantes) tiene un costo muy bajo, por lo cual el votante puede optar por un orden de creencias -votar por aquel que represente la igualdad social aunque las propuestas no tengan fundamento alguno- o para reafirmar sus valores, pertenencias, o simplemente votar con el hígado en vez de hacer un riguroso análisis de los candidatos. Este fenómeno bien puede explicar que muchos hayan votado por Trump aún sabiendo de la inviabilidad de sus propuestas o de su postura ante algunos sectores (mujeres, migrantes, etc.).

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    Conclusión

    Espero que esta lista de libros que he propuesto les pueda servir no sólo para entender la victoria de Donald Trump, simo para tener un mayor entendimiento de la política. Seguramente habrán más libros muy ilustrativos en este sentido y que no he tenido la oportunidad de leer, o bien, que no conozco. Si sabes de algún libro indispensable, no dudes en recomendarlo aquí en la sección de comentarios.