¿Qué se necesita para que las instituciones funcionen bien y cumplan cabalmente su papel?
Primero: deben de ser fuertes, sólidas, eficaces, y sobre todo, deben de ser incorruptibles.
Segundo: Nadie debe ponerse por encima de ellas y nadie debe de usarlas para servir a sus propios intereses. Sus competencias y atribuciones están potenciadas, y a la vez, restringidas por las leyes.
Tercero: deben de estar sujetas a la rendición de cuentas. Deben de ser transparentes y también deben ser objeto de crítica para que con base en ésta, puedan renovarse y mejorar.
Dicho esto. Peña Nieto lamenta que se haga «bullying a las instituciones» porque no se reconoce los supuestos avances que se han logrado.
Pero los ciudadanos no están obligados a aplaudir dichos avances, cualesquiera que esos sean. Más bien, entregar buenos resultados es obligación del gobierno. Si se considera que las cosas se hicieron bien, entonces el pueblo emitirá su opinión dentro de la boleta. El gobierno espera que con base en números y estadisticas (que en muchas ocasiones se sacan deliberadamente de contexto), los ciudadanos aplaudan y reconozcan al gobierno.
Pero el gobierno no tiene derecho a exigir a los ciudadanos que se le reconozca, peor aún que lo haga cuando los resultados presentados contrastan mucho con la percepción que la gente tiene (como ocurre en materia de seguridad). Son los ciudadanos quienes deciden si el gobierno merece dicho reconocimiento o no. El gobierno no puede decidir si merece ser reconocido porque sería juez y par te.
Pero vamos más allá. ¿Se cumplen los requisitos (que mencioné anteriormente) para que las instituciones funcionen bien? La respuesta es que no.
¿Son fuertes, sólidas y eficaces? En general podemos decir que no. ¿Son estas utilizadas para servir a sus propios intereses? Sí. ¿Se respeta la ley con cabalidad? La respuesta, en este caso, es un rotundo «no». Y el propio gobierno, ávido de aplausos, pone el ejemplo al usar a dichas instituciones una y otra vez haciéndolas partícipes de actos de corrupción o para satisfacer sus intereses propios. Ahí están el INE y la Secretaría de la Función Pública (Virgilio Andrade) como grandes ejemplos.
Pero tampoco el gobierno está dispuesto a que se cumpla el tercer punto. No quiere que se critique a «sus instituciones», no quiere que se hable mal de ellas. Espera que las malas críticas sean sólo algunas observaciones puntuales dentro de todos los aplausos: «Muy bien señor presidente, sus instituciones son excelsas, le recomendaría nada más ajustar esto y aquello, pequeñitas fallas humanas entre los destacados logros históricos que todos los mexicanos vemos y aplaudimos».
Desde luego, con este reproche, no sólo se refiere a los ciudadanos de a pie. De hecho, parecerse referirse a todas aquellas organizaciones de la sociedad civil que, por medio de investigaciones y estudios, han exhibido el mal funcionamiento de las instituciones. La molestia del gobierno con organizaciones tales como Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad (recuérdese que Peña le recriminó a Claudio X González el «activismo» que estaba teniendo su hijo señalando la corrupción del gobierno), o con la de la propia Maria Elena Morera, que en ese mismo evento, denunció los alarmantes índices de violencia en México:
https://www.youtube.com/watch?v=aYNAgVIxbHQ
Es cierto que siempre existirán actores que quieran, de forma intencionada y convenenciera, exagerar o agrandar los errores del gobierno (como si la realidad ya no fuera lo suficiente grande). Pero si algo tiene el gobierno que no tiene casi nadie más son millonarios recursos económicos en comunicación para promover sus logros y comunicar sus puntos de vista. Así lo hacen, tanto que son capaces de recortar dinero a sectores más prioritarios. Aún así, la sentencia de la sociedad civil (esa que condena tanto Peña Nieto) es reprobatoria. Los anuncios que se repiten en cadena nacional una y otra vez hasta el hartazgo no generan el efecto deseado porque contrastan tremendamente con la realidad.
En su columna de hoy, Diego Petersen dice que algo bien hemos de estar haciendo la sociedad civil para que el gobierno se queje de los que se quejan. Evidentemente el gobierno priísta de Peña Nieto está acostumbrado a un estado de las cosas que ya no existe. Por el contrario, la molestia del gobierno es un reflejo de que nuestra sociedad como tal ya no es tan sumisa.
El único bullying que él recibe es el que es consecuencia de sus constantes pifias. En cambio cualquier bully parecería un pan de Dios comparado con su gobierno. Los bullies nada más te quitaban el dinero para el lonche del recreo. Este gobierno se roba millones de nuestros impuestos, cuando menos.
Ferriz de Con trató de crear muchas expectativas con su candidatura independiente. Todo empezó cuando, como comunicador, comenzó a criticar de frente al Gobierno Federal. Así, se volvió una especie de voz para las clases medias conservadoras cuya indignación ante el gobierno de Enrique Peña Nieto fue in crescendo, para después, como respuesta a la censura del propio gobierno que sufrió y lo sacó del aire, crear su plataforma digital Ferriz Live TV. Luego decidió que podría ser Presidente de la República.
Y se dedicó a hacer campaña, se presentó en foros, universidades, usó constantemente las redes sociales para exponer su imagen y criticar de forma constante al gobierno para así mostrarse como una especie de opositor.
Luego le dijeron a Pedro Ferriz que tenía que juntar casi 900,000 firmas para poder ser candidato independiente. Poco menos de 1 de cada 100 mexicanos tendría que darle su firma.
Ferriz, sabiendo que es figura pública, dijo: ¡va! No sólo él pensaba que podía conseguir las firmas que necesitaba. También así lo afirmaron algunos «comentócratas» e incluso varias encuestadoras colocaron a Pedro Ferriz en la posible terna para conocer las preferencias de los ciudadanos de cara a las elecciones de 2018.
Pero su campaña ha resultado un fiasco.
La pongo de este tamaño. El 11 de octubre inició el plazo para recabar las firmas y dicho plazo termina el 12 de febrero. Van 3 semanas y faltan 15 semanas. Al último corte del INE (las últimas 3 semanas), Pedro Ferriz es quien ha conseguido recabar menos firmas de los cinco candidatos principales (a los que se suman Ríos Piter, Marichuy, El Bronco y Margarita Zavala).
Pedro Ferriz lleva 4,928 firmas en 3 semanas. Si faltan 15 semanas y sigue la misma tendencia, Ferriz va a lograr recabar 29.568, lo que implica que sólo logrará juntar el 3%. Los demás contendientes tienen un panorama casi igual de desolador. Incluso Margarita Zavala, a este ritmo, tan sólo juntaría un cuarto de las firmas que necesita:
Evidentemente la recolección de firmas no es lineal (en unas semanas se podrá recabar mucho más que en otras), pero haciendo este ejercicio podemos hacernos un poco a la idea de las posibilidades que tienen.
Los candidatos le echan la culpa a la app, a veces porque no entienden bien cómo funciona, o porque demandan al INE que «la abran al público» y así cualquiera pueda dar su firma en vez de que se tengan que registrar como auxiliares. Ciertamente, las barreras de entrada puestas por el INE son altísimas, pero también es cierto que conocían las reglas del juego antes de entrar.
Llama la atención, por ejemplo, que Marichuy y El Bronco son los que recaban más firmas por auxiliar (la primera con 3.5 y el segundo con 3.1) Pedro Ferriz es el que menos recaba con 1.4 firmas. Entonces no sólo es un problema de la app, sino también de organización.
Durante años, Pedro Ferriz ha presumido formar un movimiento a través de la República Mexicana, la «Revolución del Intelecto» le llamaba. Pero en el momento justo cuando necesitaba uno demostró que no tiene ninguna estructura ni una base sólida de seguidores.
Para demostrar el tamaño de fracaso de su campaña, más allá de las altas barreras de entrada, hay que compararlo con Pedro Kumamoto, quien está buscando firmas para ser Senador de la República (lo cual sólo está llevando a cabo en la Zona Metropolitana de Guadalajara). Kuma ya tiene más de 16,000 firmas contabilizadas, utilizando «la misma app inservible». ¿Por qué Kumamoto, en una sola ciudad, puede recabar más de tres veces lo que ha recabado Pedro Ferriz?
Porque, debemos ser sinceros, la campaña de Pedro Ferriz es un fiasco. Su candidatura no tiene empuje. Pedro Ferriz pensó que bastaba con ser un comunicador medio famoso para que todos se unieran a su causa, eso no ocurrió. Posiblemente tenga cierta reputación como comunicador, pero no son muchos los que lo ven o consideran como el próximo Presidente de la República.
Aunque no creo que de ninguna otra manera hubiera tenido mucho mejor suerte, bochornos como el ocurrido en una universidad donde insultó a un joven por preguntarle sobre sus problemas conyugales lo dejan ver como una persona poco capaz para llegar al cargo. Ferriz no logró trasladar su «aura de comunicador» a su intención de ser presidente. Una cosa es comunicar, otra cosa es dirigir un país.
Las candidaturas independientes generaron muchas expectativas, se decía que podríamos tener dos o tres candidatos independientes en las elecciones venideras. La realidad es que con suerte solo se tendrá una, y sería la de Margarita Zavala, quien sólo es independiente por los obstáculos que le pusieron en el PAN.
Al parecer, los «nuevos mecanismos» no son suficientes para que un candidato realmente ciudadano pueda contender por la presidencia. La clase política, enraizada en el poder, puede dormir tranquila, porque no habrá alguna amenaza seria dentro de las elecciones venideras.
Pero no. Ferriz no sólo es víctima del INE ni de la clase política. Es víctima de sí mismo. No es un candidato competitivo.
Y por cierto, lo había dicho hace tiempo (cosa que molestó a algunos).
En el contexto de una clase política cada vez más distanciada de los ciudadanos, ensimismada y recluida en una especie de esfera de donde no es capaz de salir ni de tener contacto con el exterior, surge Wikipolítica. Pero ¿qué es?
Wikipolítica es un movimiento que parece fungir como un partido desde fuera del sistema. Es decir, en cierto sentido se porta como tal porque actúa como una facción política, pero lo hace desde fuera al no estar registrado ni recibir las prerrogativas que un partido común y corriente recibe. De este movimiento-partido surgió tal vez el único candidato independiente que hasta la fecha se ha ganado la simpatía de la mayoría de los ciudadanos: Pedro Kumamoto.
Wikipolítica es un movimiento que representa, sobre todo, a la clase media que ha visto surgir desde ella una mayor participación ciudadana. Wikipolítica surge de una clase media universitaria que tal vez se acerque a la socialdemocracia (sobre todo por las corrientes políticas que los han influido y por su agenda) y que ha sido influenciada, en cierta medida, por universidades jesuitas. También, hasta cierto punto, es heredera del movimiento #YoSoy132, sobre todo de aquel surgido en la Ibero (más cercanos a esa izquierda liberal y más alejados de la izquierda nacionalista).
Pero si lo queremos definir de mejor forma, Wikipolítica es algo así como la prueba de fuego de la ciudadanía. ¿Por qué? Porque básicamente está compuesto de ciudadanos que son parte de esta nueva ola de activismo y participación ciudadana. Son «nuevos en esto», y no están contaminados de los vicios de la anquilosada clase política.
Tampoco son jóvenes «entrenados en los cuadros del PRI, el PAN o MORENA», ni políticos creados a la vieja usanza. Su movimiento ha crecido muy aparte de la clase política (cosa que ni los partidos chicos pueden presumir). Básicamente, es el «activismo ciudadano queriendo entrarle a la política».
Wikipolítica dice que quiere recuperar la política para las personas. Creo que su argumento está mal planteado porque en México la política nunca ha sido de las personas, sino de grupos de interés. Pero se entiende su idea, dicen que quieren ponerla al servicio de ellas.
La forma en que busca operar Wikipolítica es un tanto diferente. Parece ser un proyecto con objetivos a largo plazo, y un claro ejemplo de ello es que decidieron no postular a ningún candidato independiente que busque la Presidencia de la República. En vez de eso, decidieron postular a Pedro Kumamoto para buscar una curul en el Senado así como a varios diputados locales en varios estados, de tal forma que este movimiento vaya, poco a poco, penetrando dentro de la clase política para aspirar a renovarla.
¿Lo lograrán? Es una gran interrogante. Muchos tienen confianza dado que Pedro Kumamoto, siendo candidato local, logró poner en la mesa varios temas importantes y logró, junto con el movimiento al que pertenece, pasar una iniciativa con el fin de reducir el presupuesto público de los partidos y vincularlo a los votos que obtengan (y no a la proporción de estos).
En 2018 Wikipolítica no sólo tendrá un representante, seguramente tendrá varios, estarán mejor estructurados y posiblemente tengan mayor experiencia. Su forma horizontal de organizarse, y el hecho de que sea una organización que se involucre desde fuera, está generando mucha empatía desde las clases medias y medias altas de la población, que es desde donde están partiendo. Y ya están generando temor dentro de los partidos en aquellos lugares donde amenazan con penetrar y ocupar espacios, tal y cómo sucede con Movimiento Ciudadano en Guadalajara, donde parte de su capital político se ve amenazado ante la irrupción de Wikipolítica, quienes además amenaza con arrebatarles el mote de «ciudadanos», y con quienes hasta hace muy poco podían trabajar juntos.
Pero la prueba de fuego vendrá después, cuando ya hayan acaparado cierto capital político (es decir, poder). Ahí es donde veremos cuál es el comportamiento de los políticos que surgieron de la ola de participación ciudadana que vive nuestro país y ahí sabremos de qué están hechos. ¿Se comportarán igual? ¿Adquirirán los mismos vicios? ¿O lograrán revolucionar la forma de hacer política en nuestro país? Son preguntas que sólo el tiempo logrará contestar.
Y por eso es la prueba de fuego. Como herederos (por un decirlo) del activismo ciudadano de este nuevo siglo, se tiene mucha expectativa sobre ellos. La pregunta es si, una vez que estén ejerciendo el poder, lograrán estar a la altura.
En esta semana, The New York Times publicó un artículo polémico, donde aseguró que una organización (más bien secta) liderada por Keith Raniere llamada NXIVM marcaba mujeres como si se trataran de ganado. Dicha organización está vinculada con Emiliano Salinas (hijo de Carlos Salinas de Gortari) quien tiene vínculos con esa organización a través de un programa de superación personal llamado Executive Success Program y que trabaja tanto en Estados Unidos, como en México y Canadá. Dicha organización, a través de Mark Vicente (según narra León Krauze) vino a México a filmar una cinta llamada Encender el Corazón, en la cual participa el activista Julian LeBarón, y la cual tenía la intención de «despertar al país de su apatía frente a la criminalidad».
La opinión pública se volcó sobre el hecho de que esta secta marcara mujeres (lo cual evidentemente es algo grave) y que Emiliano Salinas tiene nexos con ésta. Pero no se habla tanto del papel y el objetivo al que aspira dicha organización dentro de las sociedades donde se encuentra establecida. Su propósito es, parece ser, ejercer influencia sobre las élites. ¿Con qué propósito? con el fin de promover una serie de preceptos filosóficos e ideológicos.
No soy de las personas que piensan que el mundo está dominado por un selecto grupo oculto o unos pocos como algunos afirman. Más bien pienso que nuestra civilización es una especie de arena donde existe una constante batalla ideológica (la cual puede pasar advertida por quien es ingenuo), y esto ocurre porque las ideas generan poder, y una forma de ejercer poder es estableciendo una doctrina ideológica.
A través de la historia, las doctrinas y las corrientes de pensamiento (sean religiosas o ideológicas) se han establecido de dos formas: la primera es aquella que se ha instaurado a través de las guerras, golpes de Estado y conquistas: la cultura que gana la guerra busca imponer su cultura a aquella que la pierde. La segunda se establece de una forma más progresiva y tiene que ver más con la evolución de una sociedad determinada: ese fue el caso de la Ilustración que fue más bien producto de los avances científicos y el progreso del hombre, del poder blando que naciones ejercen sobre otras (a través de la cultura o medios de comunicación) o incluso producto de discusiones académicas o intelectuales. Immanuel Kant decía, dado que quería conservar su fe, que la Ilustración debería «adoptarse de forma progresiva». Eso fue básicamente lo que ocurrió.
Las dos formas modifican los equilibrios de poder dentro de una sociedad dada, algunas corrientes u organizaciones adquieren más poder mientras otras lo ven disminuir. Pero la diferencia estriba en que la primera forma lo hace de una manera intempestiva destruyendo la estructura social para ser sustituida por otra, por lo cual tiene más posibilidades de crear regímenes opresivos (necesita de un Estado o ejército muy fuerte u opresor). En tanto, la segunda no destruye la estructura social, sino que la va modificando con el tiempo (lo cual, es básicamente lo que sucede dentro de las sociedades occidentales), los equilibrios de poder van modificándose por el tiempo pero no se hace de forma abrupta, por lo cual es muy difícil que un tirano pueda acapararlo todo.
Las dos formas no son mutuamente excluyentes. Es decir, una «revolución ideológica o de pensamiento» puede contener un poco de la primera forma y otro tanto de la segunda. Que tanto tenga de la primera o de la segunda determina si genera cambios abruptos o progresivos.
Quienes aspiran al poder por medio de un orden de ideas no son necesariamente quienes crean las revoluciones ideológicas: Rousseau nunca propuso una revolución sangrienta como la que llevó a cabo Robespierre, quien, influido en las ideas del filósofo francés, instauró el terror en Francia para deshacerse de sus opositores. Seguramente Marx nunca imaginó que sus ideas derivarían en una dictadura tan totalitaria y sangrienta como la Rusia de Stalin o la China de Mao, ni imaginaba que así se manifestaría la «dictadura del proletariado». Los marxistas esperaban en un inicio que la revolución se diera de forma más bien progresiva, como consecuencia del «fracaso del capitalismo». Dicho fracaso nunca llegó y en un segundo intento buscaron establecer el comunismo por medio de guerras y golpes de Estado.
Imponer una doctrina ideológica es una empresa muy complicada. Lo es porque eso significaría romper los cimientos de las estructuras sociales que sostienen a determinadas sociedades y cuyo sistema de valores y principios dan sentido a la vida de las personas que habitan en ellas. Dichas estructuras no son estáticas sino que van renovándose de forma progresiva con el tiempo para sobrevivir y evolucionar. El individuo se enfrenta constantemente a lo desconocido (a lo novedoso) y lo va adoptando dentro de las estructuras ya existentes. Como afirma Jordan Peterson, una sociedad estática y rígida que nunca se enfrenta a lo desconocido se estanca y se degenera mientras que una que se expone demasiado y niega las estructuras sociales corre el riesgo de sumirse en el caos.
Confrontar el orden social con lo desconocido de forma moderada es algo muy saludable para las sociedades, porque así se van perfeccionando y evolucionando. Hemos visto, por ejemplo, que dentro de nuestro sistema de valores occidentales hemos agregado el tema de los derechos de la mujer o de las minorías. Hoy, una mujer, una persona afroamericana o un homosexual tienen mayor reconocimiento y aceptación en la sociedad que nunca (aunque en muchos casos no sea suficiente). Aunque también es cierto que existen corrientes que influyen dentro de estas causas (sobre todo en los últimos años) que buscan tornarse un poco más intempestivas o abruptas, buscando «deconstruir» el orden social en vez de implementar cambios o mejoras dentro del orden de las cosas ya existente. Aunque claro está, no al grado de promover guerras o regímenes dictatoriales.
Hitler y Stalin lo entendieron muy bien, y para poder instalar su régimen totalitario pulverizaron y fragmentaron el tejido social hasta lo más profundo, rompiendo incluso vínculos familiares, para dejar al individuo desamparado con una severa crisis existencial. Así, sumido en la ansiedad, el individuo vio en el nuevo régimen la mejor alternativa para volver a aspirar a una suerte de equilibrio psicológico.
Ante un mundo cada vez más pacífico y donde el costo de involucrarse en una guerra es mucho mayor al beneficio, se han buscado otras formas de promover, e incluso imponer, doctrinas ideológicas o corrientes de pensamiento para acaparar poder sin tener que derramar sangre o involucrarse en un conflicto internacional. Un claro ejemplo son este tipo de sectas u organizaciones.
¿Qué es lo que buscan sectas como NXIVM (o Nexium)? Lo que buscan es adoctrinar a individuos pertenecientes a las élites (dado que por su condición privilegiada son quienes tienen mayor capacidad de ejercer influencia sobre el resto de la sociedad), porque de esta manera, a través de las ideas, aspiran a acaparar poder. El método aquí no es tanto progresivo sino más bien intempestivo, porque aunque no modifican el ethos de la sociedad de golpe (básicamente porque no tienen la capacidad de hacerlo), sí buscan destruir las estructuras de pensamiento de los individuos que ingresan a estas organizaciones para ser suplantadas por otras nuevas (a menos que la filosofía anterior del individuo coincidiera demasiado con la de la organización).
Por lo que se sabe, dado que es una organización secreta, no se puede conocer la filosofía que promueven del todo, sino sólo a través de testimonios e información disponible. Según algunos testimonios, NXIVM promueve un culto al dinero y a la acaparación material. En su página web, esta organización habla más bien poco de lo que realmente es y explica su filosofía más bien de manera ambigua. Parece que se presentan como racionalistas:
The less factual data with which we sustain our opinions, the more likely we may become invested in them; the more invested we are, the more our disputes on differences of opinion are likely to escalate. Disagreement soon begets conflict, and conflict soon begets war.
Pero dentro del supuesto racionalismo (basado en datos objetivos) que promueven en este argumento, se logra respirar una suerte de pensamiento único y sectario (el cual no se define bien). La frase dice que por menos datos objetivos se utilicen, más serán las disputas y diferencias de opinión, y que las diferencias de opinión generan conflictos, y los conflictos generan guerras. A pesar de presumirse como racionalistas, rompen con el concepto de la democracia, donde en democracia el conflicto de ideas es deseable.
Así, la organización de Keith Raniere busca «reprogramar» a las élites con una forma de pensamiento que no conocemos a la perfección, de tal forma que cuando salgan y ocupen puestos dentro de empresas, en el gobierno o incluso dentro de organizaciones civiles, propaguen las ideas de Raniere como ciertas y absolutas. De esta forma, buscan influir en la cultura, y lo hacen también a través de filmes como Encender el Corazón, o por medio de personajes clave como Emiliano Salinas para que propague la doctrina dentro de las élites mexicanas. Por ejemplo, la empresa Anima Inc, una empresa que sigue la filosofía de Keith Raniere, fue quien organizó el desfile del Día de Muertos de 2016 y 2017, así como las ceremonias de los Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011 y los Centroamericanos de Veracruz en 2014.
Habría entonces que preguntarnos hasta qué grado este tipo de organizaciones buscan influir en nuestra cultura para perservar o modificar corrientes de pensamiento. No es un secreto que varias organizaciones, tanto progresistas como conservadoras, buscan ejercer cierta influencia dentro de nuestra sociedad. Los primeros lo hacen a través de los medios de comunicación y el lobbying en gobiernos y organismos internacionales, los últimos lo hacen educando a las élites en escuelas confesionales (como ocurre con los institutos del Opus Dei y los Legionarios de Cristo). Pero en el caso de organizaciones como NXIVM, a diferencia del modus operandi de las organizaciones que acabo de mencionar, buscan despersonalizar al individuo y reprogramarlo con una corriente de pensamiento que no podemos conocer del todo porque tampoco conocemos del todo la forma en que busca implantarse.
¿Qué tanto poder y alcance tienen estas organizaciones? ¿Qué tanta influencia ya han ejercido sobre empresas y gobiernos de los países en los que se encuentran? Estas son preguntas serias que nos deberíamos hacer. Porque si bien, es natural que haya quienes busquen ejercer influencia dentro de la sociedad, es indispensable saber quienes son y cómo lo hacen. Que esto se haga desde la secrecía puede ser algo muy peligroso.
Las elecciones del 2018, por un decirlo, ya comenzaron. Y comenzaron con los candidatos independientes que se cuentan por decenas, quienes se registraron ante el INE y que ahora tienen el objetivo (imposible para unos, no tanto para otros) de recabar casi un millón de firmas.
El panorama se complica si partimos de que los ciudadanos no le pueden dar su firma a más de un candidato independiente. Por un decir, si ya firmaste por la candidatura de Margarita Zavala, no lo puedes hacer por la de Pedro Ferriz.
No creo que Margarita ni Pedro tengan demasiados problemas para conseguir las firmas. Margarita tiene una base electoral lo suficientemente firme y Pedro Ferriz es un comunicador muy conocido. Incluso pienso que a Marichuy le alcanzará. Los otros candidatos, los menos conocidos, verán que su travesía es casi imposible.
Entonces, si hablamos de que varios candidatos independientes aspiran a juntar un millón de firmas, y que algunos (como el propio Pedro o Margarita) aspiran hacerlo dentro de las zonas urbanas que es donde su imagen está más posicionada, es probable que alguien de ellos te pida su firma. Pero ¿vale la pena?
Los candidatos independientes no son garantía de nada, su condición de independientes no garantiza que gobiernen bien ni garantiza que estén libres de intereses. Son una alternativa a los candidatos partidistas, no vienen a sustituirlos. Por lo cual, a la hora de hacer una elección, a los independientes se les debe de medir con la misma vara.
También, aunque coincidan en ser independientes, lo son por razones muy distintas, y dichas razones tienen mucho peso. Margarita, Armando Ríos Piter y El Bronco militaron en partidos políticos durante toda su vida, de los cuales sólo se salieron cuando decidieron que era políticamente rentable hacerlo. Tampoco es lo mismo Marichuy que viene de una comunidad indígena que Pedro Ferriz quien es uno de los comunicadores más conocidos del país. Las propuestas de los independientes (que importan mucho) varían de forma considerable, y su ideología política (que también importa) muestra muchas variaciones: Mientras que Ferriz y Margarita se pueden ubicar a la derecha, Ríos Piter puede ser calificado de socialdemócrata. Ferriz quiere ser presidente, porque dice, está harto de la corrupción, Margarita porque no la dejan ser candidata del PAN, Marichuy, ante la imposibilidad de ganar, quiere poner en la mesa temas relacionados con el género y el indigenismo. Otros tienen un interés más oscuro, como ayudar a fragmentar el voto opositor a favor del PRI.
A pesar de que son candidatos muy disimiles, coinciden en una cosa: todos atacan al establishment, adoptan el discurso de que los partidos ya no sirven y que debemos sacar a la clase política a patadas.
Todos prometen un cambio, hasta los que están construyendo su propia candidatura como Edgar Portillo. Apelan a representar «ahora sí» a los ciudadanos, se venden como si fueran parte de la propia ciudadanía y no de la clase política (aunque algunos de ellos apenas hayan salido de ahí), publican videos y mensajes motivadores. Mercadológicamente es lo que funciona. Lo primero que se le viene a la mente al asesor político es que la frase «candidato independiente» puede disociarse de la frase «clase política» porque formalmente no es parte de ella. Y como puede disociarse, entonces también puede separarse de sus vicios (aunque en la práctica sea algo bastante más complejo):
Pero prometer un cambio y señalar la corrupción es fácil (sobre todo para un independiente que no tiene compromiso alguno y que no va a pagar ningún precio por ello), crear un discurso alentador como ellos hacen no sólo es algo que no cueste mucho trabajo sino que es algo más bien bastante predecible. Estoy seguro que entre los independientes, hay quienes tienen más autoridad moral para representar a la ciudadanía que otros.
Y como prometer es fácil, entonces no debería ser una de las razones por la que le vas a dar tu firma a un candidato. Por eso, considero que es importante tomar en cuenta las siguientes características.
1) El candidato deberá mostrar un plan de gobierno sensato y creíble. Es cierto que a estas alturas es difícil que puedan presentar algo muy concreto, pero es importante, al menos, que sepan qué es lo que van a hacer si llegan a Los Pinos. Frases como «vamos a combatir la corrupción» o «voy a fortalecer a la ciudadanía» suenan muy bonitas pero no dicen nada. Tampoco promesas absurdas como «voy a hacer que México gane el mundial». Pregúntate: ¿lo que promete es viable? ¿Sus promesas van relacionadas con las necesidades que el país tiene?
2) Deberás investigar quien acompaña al candidato. Eso habla mucho de él o ella. Por ejemplo, si muchos académicos apoyan una candidatura dice una cosa, si ex presidentes lo hacen, dice otra cosa. Si nadie lo acompaña, también dice algo. Aunque no tengan partido, es muy difícil (y absurdo) que vayan completamente solos. Necesitan un equipo, gente u organizaciones que les de soporte. Aquí pregúntate: ¿quienes lo acompañan me inspiran confianza? ¿Me representan de alguna forma o percibo que nada más son grupos de interés?
3) Trayectoria. No bastan las buenas intenciones para gobernar, también es importante que el candidato esté preparado para hacerlo. Aunque no haya participado directamente en política, deberá mostrar que su trayectoria lo capacita para el cargo, que se haya molestado en prepararse (por medio de estudios o similares) y que dicha trayectoria sea honorable: ¿su trayectoria lo capacita para el cargo? ¿Su trayectoria es honorable y me inspira confianza?
4) Es importante tomar en cuenta todo lo que ya había mencionado. Pregúntate ¿Por qué quiere ser candidato independiente? ¿De dónde viene? ¿Me inspira confianza? ¿Cuál es su postura política con respecto a diversos temas? Incluso analiza su carácter, su lenguaje corporal. ¿Es una persona abierta o es una persona necia? ¿Parece sincero o siento que nada más está actuando para convencerme?
Una vez que te hayas contestado estas preguntas, podrás determinar si vale la pena darle la firma al candidato independiente que te lo pida. Así, nos ayudarás a hacer el favor de que quienes estén en la boleta sean candidatos independientes que tengan un propuesta y sí puedan ser una buena oposición.
Porque hasta para elegir al candidato independiente a quien le vas a dar tu firma tienes que pensar con la cabeza.
En México, las encuestas se han convertido en un instrumento de propaganda con la finalidad de generar un efecto determinado en los votantes. El orden en el que aparezcan los candidatos en cuestión puede influir en la percepción que el votante tiene de ellos, y por lo tanto, puede influir en su decisión.
Pero no solo tienen esa función. Las encuestas generan noticia. Cuando un medio publica su encuesta, los líderes de opinión empiezan a hablar de ellas, los medios la replican y rondan, al menos por un rato, en las redes sociales.
Si un candidato, dice la encuesta, va arriba, entonces todos dirán que dicho candidato va arriba e intentarán explicar las razones.
A pesar de que las encuestas a modo son una práctica cada vez más recurrente, parece que la opinión pública (líderes de opinión incluidos) quiere seguir creyendo en ellas. En principio, porque no parece existir otro medio fidedigno para saber quién va adelante. Al final, la estadística siempre «sonará más correcta» a la intuición, aunque dicha estadística esté corrompida. Será preferible creer en un instrumento que pueda ser fidedigno o no, a no ver nada y opinar desde la oscuridad.
Las encuestas también sirven para crear encabezados. Aunque los errores metodológicos estén a la vista (porque vaya, las mayorías no son expertas en estadística o investigación cuantitativa). Los encabezados «Margarita va en primero», «El PRI está de regreso» o «AMLO es imparable» por sí solos generan un efecto en el lector, quien se limitará a ver de reojo la gráfica donde el candidato va en primer lugar. No serán muchos quienes se molestarán en interpretar las gráficas, y serán todavía menos quienes revisen la metodología del estudio.
Y no son solo los medios de comunicación. Son también los propios candidatos, sus cercanos y los miembros de partido quienes las comparten para asegurar que su candidatura «es muy fuerte», que van a ganar o al menos van a ser competitivos. En muchos casos lo hacen con la suficiente enjundia a pesar de que saben que esos números no son ciertos y que las encuestas internas, esas que ellos mismos mandan a hacer y nunca se publican, dicen otra cosa.
Paradójicamente, inventan encuestas para incidir en el lector y que la realidad se parezca más a la encuesta inventada que a la encuesta real, la cual sólo ellos tienen en sus manos.
Cuando se les cuestione, dirán que el estudio se llevó a cabo por una empresa reconocida. A veces son empresas que se prestan para ese juego, que modifican la metodología para esperar un resultado determinado: -Señor, le llamamos para preguntarle sobre su voto en el 2018, ¿votará usted por el candidato A que tiene una gran experiencia, o por el candidato B que es un demagogo populista? Pero en otros casos, son nombres de «casas encuestadoras» que no existen o son irrelevantes. Les ponen nombres chic para que la gente crea que esas empresas existen (porque la mayoría de la gente ni se molestará en verificar si tiene página web).
Saben que la mayoría de las personas ve la información de reojo, se dejan llevar por la «emoción del encabezado». Aunque no le pongan mucha atención, se dirán «por ahí me enteré que Anaya va ganando». Luego, en la comida con los familiares, dirán: –Oye, que Anaya va en primero ¿no? Si es así, mejor votar por el frente y no por Margarita porque no quiero que gane el PRI ni AMLO.
Es difícil medir el impacto que tiene esta práctica. Pienso, que es mayor al que se imaginan los escépticos, pero a la vez menor al que esperan los interesados. Lo cierto, es que la proliferación de encuestas a modo ha pervertido de una forma muy grosera esta herramienta que es muy fundamental en las democracias.
Las candidaturas independientes fueron resultado de la presión ciudadana. Se aspiraba, con ellas, no a acabar con los partidos (los cuales, a pesar de todo, son necesarios en una democracia) sino que fungieran como contrapeso para así desarticular ese monolito en el que se ha convertido la partidocracia. Como si fuera un fenómeno de mercado, pensamos que ante «más competencia», tendríamos «mejor calidad en el servicio».
En el 2015 Pedro Kumamoto ganó el distrito 10 de Zapopan, y automáticamente se convirtió en el referente de los independientes. De alguna manera también lo haría El Bronco, aunque éste, a diferencia de Kumamoto, terminaría decepcionando al llegar al poder.
Pero hasta la fecha sólo Kumamoto se convertido en una suerte de inspiración. Fue, al parecer, la única manifestación de que con los independientes podríamos aspirar a algo más, a una bocanada de aire fresco dentro de una clase política cada vez más lejana de la sociedad.
Para 2018, las candidaturas independientes no sólo no parecen tener el empuje para contrarrestar al sistema, sino que parecen fortalecer al régimen priísta que aspira, a pesar de todo, a la continuidad. El PRI, con todo el oficio que le caracteriza, vio en las candidaturas independientes una herramienta que puede usar a su favor para desarticular a toda la oposición y que la batalla sea entre ellos y López Obrador.
La idea era que sólo hubiera una candidatura independiente y todos se unieran en torno a ella; se decía que lanzarían al candidato con más posibilidades de ganar y todos lo apoyarían. No fue así. Basta ver la lista de los candidatos independientes para ver que su principal función será pulverizar el voto de la oposición. Algunos, sin quererlo, podrán volverse parte del juego (como Pedro Ferriz y tal vez Margarita Zavala) mientras que otros, como El Bronco, saben muy bien qué papel van a jugar.
Al ver los nombres como los de Pedro Ferriz, Margarita Zavala, junto con Ricardo Anaya que van por el frente, podemos anticipar que el voto de la derecha se puede fragmentar. Además de que el conflicto entre Ricardo Anaya y Margarita Zavala reducen las posibilidades de negociación en un momento posterior. Por la izquierda también vemos un intento de fragmentación, aunque AMLO se sigue viendo más fuerte que cualquier candidato de derecha, incluso sin el PRD. La postulación de Marichuy por parte de los zapatistas podría afectar la candidatura de López Obrador. El Bronco podría aspirar a ganarse unos votos tanto de la derecha como de la izquierda, y a pesar de que no pueda aspirar a mucho dados sus magros resultados a Nuevo León, quitar poco es mucho mejor a quitar nada.
Este escenario es el ideal para el PRI porque si bien el voto duro que posee, como ya he explicado en este espacio, va disminuyendo y ya no es suficiente para ganar elecciones, sí puede funcionar como comodín ante un escenario muy fragmentado. El hombre a vencer es López Obrador, y Antonio Meade, quien seguramente será su candidato y quien no tiene «pasado priísta» (lo cual le podría dar algo de voto útil, sobre todo entre quienes teman que AMLO gane) tendrá el comodín del voto duro.
Esto no significa que necesariamente vaya a funcionar la estrategia, pero al menos sí muestra que el PRI tendrá con qué competir. Al final, las elecciones presidenciales terminan siendo una competencia de dos, y existe la posibilidad que de entre la oposición (exceptuando, claro está, a AMLO) alguien suba y saque al PRI de la contienda.
La oposición debe aprender que está lidiando con un partido con mucho oficio y debe saber leer la jugarreta para así poder contraatacar. Tendrán que jugar el juego del PRI, el de la unidad, para evitar que López Obrador o el propio PRI ganen.
Un grave error es la salida de Margarita Zavala del PAN. Un acierto es que Emilio Álvarez Icaza declinara a su candidatura independiente para «no jugar el juego del PRI». Lo ideal sería que dentro del frente conformado por el PAN, PRD y MC se postulara a un candidato independiente, no partidista, de buena reputación, para así poder fortalecer todo el movimiento opositor. Si el PRI puede aspirar a «bajar un poco sus negativos» postulando a un candidato no priísta como Meade, el frente lo puede hacer aún más postulando a un candidato independiente.
El PRI, por su parte, debe de ser sumamente cauteloso para no dilapidar el voto útil que pueda ganar Antonio Meade. Por ejemplo, si las prácticas electorales que caracterizan al PRI (acarreo, compra de votos) quedan a la vista como ha sucedido en las últimas elecciones, si sobresale más el «priísmo tradicional» que la «independencia de Meade», la posibilidad de que el voto útil se concentre en otro candidato es muy plausible y la candidatura quedará condenada al fracaso. La República Mexicana no es el Estado de México (donde apenas pudieron ganar) por lo cual la estrategia de fragmentación tendrá que ser mejor pulida y elaborada, cualquier error puede echar todo a perder.
Entre las candidaturas independientes existen buenas intenciones, personas que desean entrarle más por la intención de hacer algo que por acaparar poder. Pero el mundo está lleno de buenas intenciones, y en el juego del poder, la política, el oficio y el pragmatismo son muy importantes. Los independientes «bienintencionados» deberán preguntarse si su candidatura terminará beneficiando más bien al PRI, o en su caso, a López Obrador, quienes son los mayores beneficiarios de la fragmentación que están promoviendo sin querer.
Al menos ya se ha entendido al juego que quiere jugar el PRI, lo que sigue es saber responder.
Y vive a pesar de la desaprobación del gobierno actual y del encono generalizado.
El PRI vive por la incapacidad que tienen los demás actores de ponerse de acuerdo. El PRI nos recuerda que tiene oficio político en tanto los demás actores parecen ser más bien una suerte de niños de primaria peleándose en el recreo.
Divide y vencerás. Y la oposición está más dividida que nunca.
Al PAN ya le renunció Margarita Zavala (quien no tiene posibilidad alguna como independiente). Posiblemente Ricardo Anaya, un personaje gris e insípido termine encabezando el frente opositor. No les cabe por la cabeza la idea de nombrar a un candidato no partidista para que la gente no sienta que va a votar por la misma clase política.
La izquierda está partida en dos. Por un lado, el PRD y MC están con el frente. Morena y PT son el «otro frente».
A los independientes se les olvidó que la mejor estrategia era nombrar a uno y que todos lo apoyaran, como se decía que le harían. Ahora tenemos a Ríos Piter, Pedro Ferriz, El Bronco (que es inepto pero no tonto), y posiblemente Álvarez Icaza. Y a ellos se les sumará Margarita Zavala. 5 independientes intentarán ser candidatos.
Divide y vencerás.
En el PRI también pueden haber pugnas internas. Pero si algo sabe hacer el PRI es que al final todos se alineen. Seguramente el PRI se decantará por Meade, el menos priísta de los priístas, de tal forma que puedan vender la idea de un cambio, la antítesis de Peña Nieto (un hombre preparado, estudiado e inteligente) dentro del propio PRI. Un buen candidato dentro de un mal partido. Incluso algunos antipeñistas podrían votar por él ante la debilidad de Anaya y el «populismo» de López Obrador.
En un escenario así, todo podría quedar entre PRI y López Obrador (quien de alguna forma también se beneficia de esta fragmentación). Porque el primero tiene la mayor estructura y porque el segundo tiene una cantidad considerable de seguidores a quienes persuade con un discurso simple e incluso algo primitivo.
Y Meade, con su perfil técnico «apartidista» y no de priísta rancio o corrupto (como Osorio Chong e incluso Videgaray) es el candidato que podría beneficiarse más de la incertidumbre que genere López Obrador.
El PRI tiene la cabeza muy fría, todos los demás la tienen muy caliente. El PRI, a diferencia de los demás, no improvisa, sabe lo que hace, no se sale del guión.
El PRI está jugando sus cartas, y las está jugando muy bien. Difícilmente podría considerarlo favorito, pero lo que sé es que el PRI está vivo y sí tiene posibilidades de ganar.
Y las tiene, a pesar de todo el descontento, a pesar del encono de la gente hacia el PRI y al gobierno de Peña Nieto.