Categoría: política

  • El candidato meme

    El candidato meme

    Una curiosa tendencia ha aparecido dentro de estas elecciones. Si recuerdan, hace unas semanas hice una crítica de la politóloga Denise Dresser, quien decía que los millennials quieren un presidente cool. Pues, como un amigo me decía, pareciera que dentro de los cuartos de guerra tomaron nota, porque parece que la estrategia de campaña será convertir a los candidatos en memes «que se vean bien cool«. 

    Y la estrategia podría tener sentido, porque los memes se replican y se viralizan, de tal forma que, cuando es bien ideado, logra tener un largo alcance que tal vez sólo hubiera sido posible alcanzar con una considerable cantidad de dinero invertida en propaganda política. A través del meme se puede hilar una narrativa donde intenten generar la percepción en el público de que el candidato es de tal o tal forma. 

    Los estrategas de campaña saben la importancia que los jóvenes tendrán en estas elecciones. Parte del voto indeciso se encuentra en ese sector que votará por primera vez y por eso han tomado nota de lo que se han hecho en otros países para tropicalizarlo y aplicarlo aquí en México. Si los candidatos no son cool, entonces hay que hacer que parezcan serlo: hay que obamizarlos o macronizarlos

    Ricardo Anaya aparece «echándose un palomazo» con Juan Zepeda del PRD para intentar conectar con los jóvenes. Los asesores buscaron algún ambiente en el cual Anaya se sintiera cómodo y familiarizado, y si algo sabe hacer él es tocar instrumentos.

    Aunque parece que la estrategia no ayudo mucho, ya que en realidad los jóvenes recuerdan más bien el «insulting and unacceptable«. El meme de Anaya no fue el que habían planeado dentro del cuarto de guerra, sino el que los usuarios crearon. 

    A López Obrador le ha sido más redituable este tipo de estrategias ya que las ha aprovechado muy bien para reducir la imagen de rijoso y autoritario que muchos tienen de él. Sus spots de «amlodipino» y «andresmanuelovsky» se han viralizado y él sí que ha conseguido establecer cuál es el meme. Tuvieron tanto éxito que más de un amigo priísta me comentó que estuvo a punto de compartirlo porque estaba «muy cagado». Desde luego que el carisma de AMLO ayuda mucho ya que él suele ser más natural y auténtico que el político promedio a la hora de hablar. A diferencia de lo que sucede con Ricardo Anaya y Pepe Meade, la primera impresión no pareciera ser la de una estrategia diseñada por el equipo de comunicación sino una ocurrencia del candidato. 

    En la campaña del PRI se tardaron en echar mano de estos recursos pero lo hicieron. Después de que José Antonio Meade errara en un mitin al decir «resolvido» en vez de «resuelto», a su equipo de campaña le pareció una gran idea que Pepe Meade publicara en su Twitter una imagen donde hiciera planas que dijeran «se dice resuelto, no resolvido» para darle la vuelta al incidente y apoderarse de la narrativa. La idea, a mi parecer, fue buena,  aunque no tuvo el alcance o el impacto esperado. 

    La intención con este tipo de estrategias es buscar que los candidatos aparezcan lo más naturales y cercanos al electorado, sobre todo al juvenil que gusta mucho de utilizar las redes sociales como Facebook y Twitter. Hay que quitarles el saco, la corbata y el atril y «subirlos al tren del mame», convertirlos en memes que circulen por las redes.

    Pero no siempre funciona: por lo visto en esta campaña, el éxito de este tipo de estrategias depende en cierta medida del carisma del candidato. Obama o Trudeau pueden hacer un meme de su persona porque son personas «carismáticas que caen bien» y porque conectar con el público es algo que se les da de forma natural, a diferencia de Ricardo Anaya (quien puede resultar antipático) o José Antonio Meade (cuya personalidad es más bien débil). 

    Los memes son graciosos, pero en realidad no comunican nada y no deberían ser siquiera referencia para elegir por quien votar, aunque en la práctica sí pueden tener cierta incidencia. Los equipos de comunicación tampoco se dan cuenta que jugar con ellos los puede meter en un terreno escabroso, porque si la estrategia no sale muy bien pueden hacer que quien cree los memes sea el propio público y a costa de la imagen del candidato en cuestión como lo que ya hemos visto en las últimas semanas. 

    Porque parece ser que estas elecciones no constarán de contrastar plataformas, sino memes. 

  • Imaginando a AMLO en Los Pinos

    Imaginando a AMLO en Los Pinos

    Imaginando a AMLO en Los Pinos
    Foto: Eneyas de Troya / Flickr

    Es probable que cuando busques la palabra México en Google en 2019, en la descripción aparezca «Presidente: Andrés Manuel López Obrador».

    Como lo he señalado en este espacio (desde hace algunos años inclusive) vaticino que él será el próximo Presidente de la República. Ciertamente no hay nada seguro, cualquier cosa puede pasar, pero pareciera que todo se está configurando para que así sea. 

    El día de ayer, Roberto Gil Zuarth, el senador panista (ahora rebelde del PAN), escribió un artículo interesante en el que hace un buen análisis del panorama electoral pero que se vuelve más interesante si lo leemos entre líneas. Pareciera que el senador ya imaginó a López Obrador en Los Pinos, y aunque delineó algunas sugerencias para hacerle frente, parece notarse cierta resignación al punto en que al final del artículo propone ponerle una agenda al «probable presidente» en la mesa.

    Conforme el tiempo pasa, la sensación de que el Peje triunfará crece. 

    Como habrán visto en este espacio, he sido crítico con muchas de las decisiones de López Obrador. Sin embargo, esas decisiones han resultado acertadas desde una perspectiva de estrategia electoral. Las alianzas con el PES, con Alfonso Romo, Esteban Moctezuma (TV Azteca), el suegro de Azcárraga, el nombramiento de Tatiana Clouthier como coordinadora de campaña, la incorporación de panistas, la alianza con Elba Esther, la inclusión de actores o futbolistas, son decisiones, a mi parecer, bastante acertadas desde una perspectiva electoral.

    Parece que López Obrador ha entendido que las estructuras de relaciones personales y políticas son importantes. Uno de los rasgos que diferencian a los seres humanos de los animales y que explican por qué nuestra especie ha llegado a dominar el planeta tierra es que tienen una gran capacidad de crear relaciones personales de largo alcance. El PRI ganaba, sobre todo, por ello: por sus estructuras que incluían el voto duro y por sus relaciones políticas y su capacidad de llegar a acuerdos con otras facciones. Mientras que el PRI no se encuentra en las mejores condiciones actualmente por su falta de legitimidad, AMLO sabe que es su oportunidad de tejer relaciones y alianzas que coadyuven en un triunfo electoral aunque eso implique que AMLO tenga que ceder (algo que antes era impensable). Mientras el PRI tiene su legitimidad por los suelos y Anaya intentó hacer lo propio con la configuración del frente, pero conformado por partidos divididos o pequeños, AMLO toma todo lo que puede tomar para crear una estructura importante de cara a las elecciones. 

    Si no puedes con el enemigo, únetele. Si no puedes con la mafia del poder, hazte de una porción de esta para que la restante pierda fuerza. Tal vez sus seguidores no vean con buenos ojos varios de estos movimientos (algunos otros incluso harán malabares intelectuales para justificarlos) pero al final lo seguirán prefiriendo por mucho a Ricardo Anaya y José Antonio Meade.

    López Obrador está logrando atraer a parte del poder político y económico a su movimiento. Ese efecto es muy poderoso porque también tiene un impacto mediático, más en un escenario electoral donde quien gana suele ser quien parece que va a ganar. 

    Ciertamente, con estas decisiones, López Obrador podría perder algo de capital político a largo plazo. Su imagen como la alternativa a la «política tradicional» tenía como base, en parte, su renuencia a negociar y pactar con «los malos». Pero en realidad eso no importa porque Andrés Manuel sabe que esta es su última oportunidad para llegar a Los Pinos y es necesario poner toda la carne en el asador.  

    Esta faceta más pragmática le ha podido valer muchas críticas, pero también ha reducido un poco, a mi parecer, el miedo que genera en varios sectores. Al menos parece haber convencido a alguno que otro dentro del círculo rojo (líderes de opinión) de que igual no es tan malo o tan riesgoso. Algunos de los mismos que lo critican por algunas de estas alianzas advierten también un cambio en López Obrador, uno menos berrincudo y necio, y más dispuesto a dialogar; uno menos dogmático y más pragmático. Incluso los errores que ha cometido López Obrador parece que le terminaron redituando beneficios (como aquello de la amnistía) ya que AMLO se ha convertido en el tema de conversación principal en un momento donde sus adversarios están urgidos de construir una narrativa creíble. Si antes López Obrador se quejaba de los medios que no le daban cobertura, ahora él es el que lleva la agenda, el que está a la vanguardia, el que hace ruido. Todos hablan del Peje y de sus videos chuscos, pocos hablan de Meade y su nuevo «giro de campaña» donde busca aparentar ser más conciliador. Tampoco son muchos los que hablan de su propuesta para combatir la corrupción.

    Pero Meade no logra convencer a los líderes de opinión. No es que AMLO haya convencido a todos, tan solo ha reducido su imagen negativa en algunos de ellos. Pero tal vez eso le sea suficiente.

    Posiblemente hagan bien quienes se imaginen a López Obrador en Los Pinos y se planteen escenarios en caso de que esto suceda, como aquellos que guardan (guardamos) un cierto escepticismo sobre su postura económica. Si bien su triunfo no es seguro, sí es bastante probable. Me parece acertada la propuesta de Gil Zuarth de plantearle una agenda, incluso podrían llegar a acuerdos donde, en caso de que AMLO gane, él respete esta agenda a cambio de otras concesiones que consideren no impliquen un riesgo (dando por sentado que AMLO llegará con una minoría en las cámaras). Podrían contrastar esa agenda con la suya desde la campaña (acierta Zuarth cuando dice que una de las mejores estrategias electorales contra AMLO es presentar una agenda sólida y contrastarla con la del tabasqueño en vez de insistir en que es un peligro y que México se convertirá en Venezuela). 

    Aunque sea por sugerencia de sus coordinadores de campaña o sus asesores políticos, el hecho de que AMLO tenga la capacidad de llegar a acuerdos con otras fuerzas muestra que tendría la capacidad de hacer lo mismo siendo presidente. Sus alianzas también dejan entrever, aunque sea un poco, que la idea de la «mafia en el poder» es más bien algo retórico o demagógico, que al final podría estar más dispuesto a «hacer política» y a conceder con el fin de lograr ciertos objetivos de lo que muchos pensábamos, si bien su carácter necio y reacio nadie se lo quita. 

    Hacer el ejercicio no nos haría daño: imaginar escenarios de cómo sería una eventual presidencia de López Obrador. Las otras fuerzas políticas no harían mal en imaginar cuál sería su postura ante esos escenarios y tampoco haríamos mal los ciudadanos en hacer lo mismo: ¿qué es lo que haremos en caso de que se presenten ciertas situaciones? 

    Si bien tengo escepticismo sobre la presidencia de López Obrador y hay propuestas que me preocupan y considero un tanto riesgosas así como algunos de los rasgos del personaje, no creo que México se convierta en una «dictadura venezolana» ni creo que ocurra una catástrofe histórica. Creo que la evolución que ya ha mostrado la participación ciudadana seguirá su curso y eso López Obrador tendrá que saberlo (a diferencia del gobierno de Peña Nieto quien nunca lo entendió). Andrés Manuel tendrá, en caso de ganar, a un conglomerado ciudadano todavía más fuerte y organizado que ya no podrá subestimar ni ningunear.  

    Lo cierto es que la posibilidad de triunfo de López Obrador es más probable que nunca (incluso me atrevería a decir que más que en 2006 cuando tenía una ventaja mayor en las encuestas, dado el contexto actual). Tal vez, imaginarlo en la silla presidencial no sea, al final del día, tan mala idea. 

  • López Obrador, o cómo aferrarse a un espejismo de esperanza

    López Obrador, o cómo aferrarse a un espejismo de esperanza

    López Obrador, o cómo aferrarse a un espejismo de esperanza
    Foto: Fox, Los Simpson

    A López Obrador le dijeron que tenía que recorrerse al centro para ganar voto útil, pero no se si entendió mal el mensaje porque más que hacer eso parece que está adoptando los vicios de la clase política tradicional, esa que llama la mafia en el poder, para poder llegar a como dé lugar a Los Pinos. Vicios que sus seguidores criticaban en los otros pero que ahora callan cuando se trata de su líder.

    Me explico. En estos últimos días hemos visto nombramientos y postulaciones de actores, futbolistas de la peor calaña (Cuauhtémoc Blanco), ex priistas, ex panistas que ya fueron “perdonados”. Coincide que hasta hace muy poco estos personajes se expresaban pésimamente de López Obrador. Lilly Téllez incluso se ruborizaba ante la presencia de Peña Nieto, pero ahora, súbitamente, habla de AMLO como si fuera la única esperanza de cambio.

    Gaby Cuevas, ahora ex panista, se había unido al intento de desafuero contra López Obrador cuando él era jefa de gobierno; algunos seguidores del tabasqueño la llamaban “delegata”. Ahora, al no haber encontrado hueso en el PAN, decide moverse a MORENA. De un día para otro se volvió porrista de AMLO.

    AMLO se da el lujo de ser pragmático, y en parte porque sus seguidores no le van a reprochar nada. No importa si antes criticaban a las televisoras con vehemencia y ahora su líder tiene de aliada a TV Azteca. No importa que muchos de los suyos tengan una aversión al libre mercado mientras él incluye a Alfonso Romo en su equipo o tiene como cercano a Carlos Slim. No importa que se haya aliado con el PES. No importa la presencia de Bartlett, el arquitecto del fraude de 1988.

    Siendo realistas, no parece haber algo que indique que AMLO vaya a ser muy diferente del común denominador del político mexicano. Ante la desesperación por la situación política muchos se aferran a la figura del candidato de Macuspana esperando ver una suerte de cambio y también se aferran al discurso maniqueo de su líder porque, gracias a éste, ellos creen sentirse representados por alguien que, dicen, irrumpirá dentro de la arena política para construir un México más justo.

    A pesar de las evidencias de que Rusia ha intentado intervenir en cualquier elección en Occidente, sus seguidores y AMLO mismo se burlan de la posibilidad de que el régimen de Putin lo haga en favor de AMLO. Si bien es cierto que los opositores han sacado de contexto esta posibilidad con propósitos electorales (casi como si Putin fuera el poder detrás de AMLO), los suyos se han dado a la tarea de linchar a quienes simplemente advierten de esta posibilidad y le piden a AMLO que tenga cuidado, tal y como ha ocurrido con León Krauze, quien ha recibido en Twitter varios ataques con un aroma antisemita, incluido John Ackerman, quien es columnista en RT Noticias (el brazo propagandístico del régimen de Putin).

    López Obrador es el favorito en estas elecciones porque se ha convertido en el único recurso del cual agarrarse para soñar con un cambio. Aunque, de forma paradójica, sea quien más representa ese rancio paradigma paternalista donde el individuo espera que su líder le resuelva todos sus problemas. Por eso AMLO se ha vuelto inmune a la crítica, porque para muchos es difícil aceptar que él es parte de la decadencia política que vive nuestro país, aceptarlo es destruir cualquier forma de esperanza de «cambio verdadero, prefieren el engaño a terminar de aceptar que los ciudadanos hemos sido dejados a la deriva y que nosotros deberíamos comenzar a construir ese cambio». El Peje se ha vuelto una suerte de Homero Simpson boxeador, a quien golpearán una y otra vez hasta el cansancio para que el, con un solo empujón, termine saliendo victorioso.

    Y sus seguidores no lo van a cuestionar. Les será más fácil retorcer la realidad, dirán que cualquier crítica (este artículo incluido) contra AMLO es parte de una agenda política macabra. Incluso podrán sugerir que somos priistas (lo cual es casi ofensivo) o que somos seguidores del infame Ricardo Alemán. Y aunque yo no creo que AMLO vaya a convertir a México en Venezuela como algunos siguieren, si creo que es heredero de las más rancias formas de hacer política del PRI, al igual que su visión económica obsoleta.

    Y mi intención no es convencerlos de no votar por AMLO. Ante las pésimas ofertas que hay comprendo que para muchos esa opción sea razonable (incluso si se le ve en su justa medida) y lo respeto. Lo que sugiero es que lo bajen de ese pedestal en el cual no merece estar.

  • Amlodipino, el remedio contra la guerra sucia

    Amlodipino, el remedio contra la guerra sucia

    Amlodipino, el remedio contra la guerra sucia

    Apuesto que dentro del equipo de campaña de José Antonio Meade se encuentran nerviosos y bastante preocupados. No sólo no saben cómo hacer que «Pepe» levante, sino que tampoco entienden por qué López Obrador no ha caído ni un punto porcentual después de tanto ataque. Ellos apostaban  a que con una buena dosis de guerra sucia López Obrador fuera perdiendo terreno: por eso hicieron un circo mediático con el caso de Eva Cadena, por eso compararon una y otra vez a López Obrador con Maduro cuando los venezolanos eran reprimidos en las calles y había un terrible desabasto de productos básicos. Así, una y otra vez, y no pasó nada. 

    Creo yo que no están entendiendo. 

    2006 era una época muy diferente: López Obrador, quien todavía no era tan conocido fuera de la Ciudad de México, tenía que preocuparse por construir una narrativa para posicionarse ante el electorado. Su arrogancia y la ansiedad de ver que su margen de superioridad se reducía lo hizo cometer varios errores. La campaña del PAN aprovechó la coyuntura (los propios errores de AMLO) para construir una propia narrativa del tabasqueño que le quitaron votos, así acuñaron la frase «un peligro para México» que doce años después sigue resonando. López Obrador perdió por varias razones (independientemente de la discusión de si dichas elecciones se apegaron a la legalidad) y una de ellas fue la guerra sucia.

    Pero 2018 no es 2006. López Obrador no tiene que construir una narrativa porque ya todo mundo lo conoce, con sus virtudes y sus defectos. López Obrador tiene a sus incondicionales y también tienen a aquellos que le tienen miedo. La suma de estos dos grupos representa la mayoría de la población, pero sobra una minoría, la que se la está pensando en darle una oportunidad a López Obrador. dicha minoría podrá ser pequeña, tal vez de una sola cifra, pero es la que podría decidir si AMLO gana o no.  

    Pero no se trata de una minoría que no lo conozca; por el contrario, ya tiene un concepto hecho del tabasqueño, y su indecisión es producto de dicho concepto sumado al panorama político y electoral (por ejemplo, su postura frente al partido en el gobierno, entre muchas otras cosas). Si el PRI quisiera ganar la presidencia (además de que tendrá que levantar la candidatura de Meade, algo que cada día que pasa se antoja más difícil) tendría que evitar que dicha minoría vote por López Obrador. Aquí viene el principal problema: es muy probable que esa minoría tenga un pésimo concepto del propio PRI, y esto es muy importante decirlo.

    Parece que el PRI va a apostar por una «guerra frontal» en contra del tabasqueño. Creo yo que algo así sería un error, más si se hace en la misma tesitura que hemos visto durante los últimos meses. Lo sabemos por las declaraciones de su asesor de campaña J.J. Rendón, quien en una revista afirmó que hará «todo lo que esté a su alcance dentro de la ley para evitar que López Obrador gane». Esa es casi una declaración abierta de guerra, y posiblemente sea una estupidez porque esto implica que su campaña está enseñando sus cartas. 

    ¿Qué reacción ya están provocando en sus adversarios? Una postura defensiva, no sólo de los seguidores de AMLO (quienes se prepararán para recibir los embates) sino incluso de varios de sus críticos. Si ya declararon la guerra, entonces cualquier cosa que parezca guerra sucia será guerra sucia. El gran ejemplo fueron las pintas en Venezuela, los tuiteros les ganaron la batalla con sus bromas; lo mismo ocurre al tratar de tejer nexos de la campaña de López Obrador con Rusia: si bien, es cierto que el régimen de Putin podría llegar a influir a favor de la campaña de AMLO, la forma en que los priístas intentan amplificar y tergiversar el mensaje es lo suficientemente irrisorio como para que la gente siquiera lo considere. 

    La forma tan torpe y predecible en que intentan aprovechar los errores de López Obrador o en que sacan de contexto información publicada por medios nacionales e internacionales se vuelve muy irrisoria y hasta cómica. En vez de amplificar un hecho que puede afectar a López Obrador terminan, sin querer, por atenuarlo. Basta escuchar los discursos de Ochoa Reza, no sólo suena poco creíble y acartonado, sino que también despliega una gran dosis de cinismo.

    El PRI no tiene legitimidad ante un gran sector de la población (incluyendo esa importante masa de indecisos) y cualquier mensaje que tenga la etiqueta del PRI será descartado por ellos. Esto es un problema porque la guerra sucia, que aspira a ser muy predecible (insistir en los nexos con Venezuela y en el peligro que representa para la economía), podría generar el efecto adverso: si un partido tan «nefasto» como el PRI se le lanza a la yugular a López Obrador entonces algo bueno ha de haber, seguramente pensará más de uno. 

    Otro problema con la guerra sucia frontal es que refleja desesperación, y la deseperación no vende. Por el contrario, refleja que la oferta que tiene quien lanza dicha guerra sucia es más bien pobre. Es un síntoma de debilidad, y si una lección podemos aprender de diversas campañas es que los electores suelen verse más motivados a darle su voto a quien se ve fuerte. 

    https://www.youtube.com/watch?v=bnGKo3m9RDw

    Eso no es todo, en la campaña de López Obrador saben que en el PRI están desesperados y han empezado a jugar con ello. La estrategia del tabasqueño es muy buena, no sólo porque busca reducir esa mala impresión que genera dentro de esos sectores a los que todavía puede convencer, sino porque demuestra que es él quien marca la pauta, quien es el rival más fuerte y quien se encuentra seguro «allá arriba» mostrando a los otros como quienes se encuentran desesperados revueltos en un severo conflicto. 

    La campaña de López Obrador utiliza eso que siempre está muy presente en el ethos mexicano: la comedia. AMLO se ríe hasta de sí mismo y, después de encontrar un medicamento llamado Amlodipino (que coincide no sólo con las siglas del tabasqueño sino con Los Pinos, al lugar donde aspira llegar), le responde a Peña Nieto de una forma burlona y cómica sin llegar a faltarle al respeto. Así, AMLO muestra que es quien tiene el control de las cosas, puede reírse, puede tomarse todo a la ligera; los otros son los que están desesperados, los que están ansiosos. 

    https://www.youtube.com/watch?v=Xk3tQoq1xqI

    ¿Cómo podría el PRI evitar que López Obrador gane? Tendría que llevar a cabo una estrategia quirúrgica y muy focalizada (eso fue lo que le dio la victoria a Donald Trump, una estrategia muy bien dirigida en redes sociales) y buscar que López Obrador caiga en desesperación para que cometa errores. Pero los priístas cometieron un primer error al poner en evidencia que diseñarán una campaña de guerra sucia para evitar que López Obrador llegue al poder. Peor aún, siguen sin entender que los «voceros» de estas campañas, llámese Ochoa Reza y similares» tienen muy poca credibilidad como para que el mensaje genere impacto alguno.

    Si los errores de AMLO le dieron el triunfo al PRI en 2012, los priístas podrían regresarle el favor con sus propios errores. 

  • Ricardo Anaya se columpiaba en el mitín de precampaña

    Ricardo Anaya se columpiaba en el mitín de precampaña

    Ricardo Anaya se columpiaba en el mitín de precampaña
    Foto: PAN

    Dentro de la «semifinal electoral», el propósito del PRI es crear la percepción de que Ricardo Anaya va abajo y que no tiene gas para que así sea Meade quien pase a la final y logre captar, una vez que se ha derrotado a Anaya, el voto útil del PAN. La realidad es que Ricardo Anaya no va tan abajo, y de hecho es quien tiene un mayor potencial para competirle a Andrés Manuel López Obrador. 

    La campaña de Anaya es como un columpio:  tiene mucho potencial, ya que puede hablar descalificar frontalmente la corrupción de este gobierno y puede hablar de cambio sin que ello se perciba como un riesgo, pero también tiene muchos enemigos en su contra (sobre todo dentro de su propio partido). De llegar Margarita Zavala a la boleta (cosa que es muy probable) Anaya tendrá otra piedra en el zapato con la cual lidiar. Ante la imposibilidad de que Margarita gane la presidencia, es muy probable que su tarea, junto con la ayuda de su esposo Calderón y los «rebeldes del PAN», sea descalificar a Anaya para que su voto útil se vaya a la campaña de José Antonio Meade. 

    Otra figura que operará contra Anaya será Javier Lozano, quien no tendrá piedad para señalar al panista como «pequeño dictador».  Pero Lozano cometió un error al salirse del PAN para unirse a la campaña de Meade, y es que dentro del PRI su palabra tendrá mucho menor peso. Difícil que un político que se haya pasado «al bando del enemigo» tenga autoridad moral para acusar a un candidato de traidor. La reputación que Lozano tiene es más bien bastante mala, basta ver las reacciones que en las redes genera, las peleas que ha tenido con líderes de la sociedad civil e incluso con figuras públicas como Gael García.  

    Con la personalidad ocurre algo parecido: Anaya tiene potencial pero tiene áreas en las que debe trabajar mucho. Por un lado, Anaya no es una persona muy empática, no es carismático y puede llegar a caer mal, pero también es una persona que tiene una gran elocuencia y un gran don de palabra, lo cual será muy útil a la hora de atacar a sus adversarios. Posiblemente Anaya gane los debates, en ese sentido tiene mucho más tablas que Meade y que López Obrador. 

    El planteamiento dentro de su campaña es, a mi parecer, la correcta: Anaya debe apuntar a los más jóvenes, a los que van a votar por primera vez, y hay que robarle el perfil académico a Meade (por eso sus spots donde habla en varios idiomas). Sin embargo, la ejecución de la estrategia no me parece la mejor. El palomazo con Zepeda no generó el impacto que se esperaba, la respuesta del público fue un tanto ambigua.

    https://www.youtube.com/watch?v=iq1mXezHAgo

    El carisma te permite hacer muchas cosas en campaña, por ello es que en el artículo pasado mencioné que a AMLO se le da muy bien mostrarse cantando con su esposa o comiendo con sus hijos. Anaya ha intentado una y otra vez mostrarse como «el padre de familia» cantando con sus hijos y presumiendo en sus redes que fue a recoger a su hijo Mateo a la escuela. Pero no le sale tan bien, se percibe un tanto falso, acartonado. Incluso no son pocas las personas que dicen que «está utilizando a su familia con propósitos electorales» ya que ha recurrido de forma constante a los videos y publicaciones donde aparece interactuando con sus hijos. 

    Otro flanco para derrotar a Meade en la semifinal es insistir en la corrupción del PRI. Ahí, creo yo, la estrategia ha funcionado mejor. La campaña de Anaya metió un gol tempranero (de esos que duelen) con el caso de Javier Corral quien, con justa razón, reclama al gobierno que no se haya detenido a César Duarte e insiste en el desvío de recursos públicos para campañas electorales. El PRI mordió el anzuelo, se lo tragó, Meade reaccionó mal y su campaña amenazó con censurar a Animal Político. Corral ni siquiera debería tener prisa por cerrar el asunto (que se procese a Duarte, por ejemplo), lo mejor para la campaña de Anaya debería ser darle largas al asunto, mantenerlo ahí presente y jugar con él para que tenga un efecto mayor durante toda la campaña. Funciona, porque además, aunque la estrategia tenga intereses electorales, el reclamo de Corral es completamente justo y válido. 

    Anaya acierta, a mi parecer, al no pronunciar palabra alguna sobre el asunto. Así, quien recibe los ataques de la maquinaria priísta para contrarrestar el escándalo es Corral y no Anaya. Primero, porque Corral es un hombre que se ha conducido de forma honesta en su carrera política; segundo, porque él no es el candidato a la presidencia; y tercero, porque de esa forma, la percepción de que se trata de una estrategia electoral es menor y le da mayor legitimidad a la causa. Ya llegará el momento en que sea propio hacer un pronunciamiento al respecto, cuando el daño infligido sea mayor.  

    https://www.youtube.com/watch?v=a0rrFxi9qE8

    Esta estrategia también acierta porque logró que gran parte de la opinión pública (círculo rojo) se sumara a la causa. Eso no implica de ninguna manera que se hayan sumado a la campaña de Anaya, sino que más bien le terminaron de dar la espalda a Meade. La opinión pública (con excepto de aquellos medios oficialistas) mantendrá una postura recelosa y hasta beligerante hacia la campaña de Meade, lo cual le quita al priísta mucho margen de maniobra y prácticamente destruye cualquier posibilidad de presentarse como ciudadano. El PRI se siente desesperado y está tratando de destruir la reputación de Corral, quienes a mi parecer uno de los políticos más respetables de México. Pero esta desesperación puede jugar en su contra, cosa que es muy común cuando se intenta desacreditar a quien tiene una buena reputación personal (independientemente de que el gobierno de Corral esté dejando algo que desear en materia de seguridad en su estado). 

    También creo que Anaya, una vez «calificado a la final», tiene más posibilidades de derrotar a López Obrador que Meade ya que no carga con los negativos del PRI, que pesan mucho más que cualquier discurso de traición que se le pueda achacar. La traición puede ser percibida también como astucia política (más cuando los afectados, los «rebeldes del PAN» no presumen una reputación para presumir) pero la corrupción no, la corrupción es corrupción. 

    Ricardo Anaya necesita crear un buena campaña y una buena narrativa sobre su persona (la ventaja y desventaja a la vez es que todavía no es muy conocido). Debería echar mano del equipo de comunicación de Movimiento Ciudadano y tienen a todos cantando su jingle de Movimiento Naranja, quienes a través de la propaganda lograron encumbrar a políticos como Enrique Alfaro. Anaya es el que más margen de maniobra tiene para crear una campaña fresca y creativa, y con esta tratar de aminorar las desventajas (como su poco carisma). Anaya también puede convertir algunas de sus desventajas en ventajas. Por ejemplo, su distanciamiento con Calderón podría ser una desventaja, pero también podría criticar algunos rasgos de su gestión (por ejemplo, la guerra contra el narco) para obtener algo de voto útil de aquella gente que no quedó muy conforme con el gobierno del michoacano. 

    ¿Lo logrará? Es una buena pregunta. Posiblemente las decisiones que tome ahorita pesen mucho dentro de la elección regular, como definir cuál será su equipo de comunicación y qué mensaje crearán. 

  • López Obrador, la mejor campaña hasta el momento

    López Obrador, la mejor campaña hasta el momento

    López Obrador, la mejor campaña hasta el momento
    Foto: Eje central

    Cuando se juntan los términos «López Obrador» y «campaña política», el primer argumento que sale a flote es el que dice que AMLO tiene una gran capacidad para autoboicotearse y perder elecciones. Dirían muchos que el Peje es la antítesis de lo que una campaña ganadora debería de ser. Pero hasta el momento ha ocurrido lo opuesto. Al día de hoy, López Obrador y su equipo han desarrollado la mejor campaña. Me explico:

    Uno de los primeros aciertos de López ha sido marcar la agenda, no sólo porque es el candidato a vencer o porque es el más conocido, sino porque marca la pauta: Obrador fue el primero (y el único hasta el momento) en presentar su gabinete, y si bien no todos los nombramientos fueron del gusto de todos, si logró, creo, su propósito principal que era reducir el miedo y el recelo a su figura dentro de los sectores empresariales. Había que dar certeza y, aunque su movimiento fue un tanto apresurado, de lo que se habló fue de ello, que dentro de los asuntos económicos López Obrador estaba enviando un mensaje de que habría responsabilidad. 

    Cierto que AMLO ha cometido algunos errores, como la declaración de la amnistía a los delincuentes relacionados con el narco, la cual me parece absurda pero que también, como parte de esta dinámica electoral, fue sacada de contexto. Pero lamentablemente para su adversarios, ese fue un error que no aprovecharon ni capitalizaron bien, y cuando se quisieron subir al «tren del mame» ya era demasiado tarde. 

    López Obrador ha estado activo en redes sociales, sobre todo en Youtube. Su documental, dirigido por Epigmenio Ibarra y Verónica Velasco, así como los videos que ha estado publicando, buscan contrarrestar esa imagen de autoritario y rijoso que pesa sobre gran parte de la población. Estos contenidos no están dirigidos especialmente a «los suyos», sino a aquellos que todavía no deciden su voto y que, producto de su indignación con el gobierno actual, podrían pensar en darle el beneficio de la duda. 

    En dicho documental, López Obrador intenta mostrar parte de su vida íntima al público, abre las puertas de su casa donde come con su familia y nos presume que le da permiso a su hijo Jesús Ernesto de irle al América. Aquí es donde AMLO se siente cómodo ya que no se percibe algún acartonamiento, se muestra genuino ante las cámaras, es su zona de confort. 

    Los videos de Youtube donde aparece liberando tortugas, donde se corta el pelo o donde le canta las mañanitas a su esposa son un ejemplo de ello. López Obrador no es el primer candidato que se muestra cortándose el pelo, pero su perfil le ayuda mucho, y le ayuda porque en esos escenarios se siente cómodo y puede mostrarse tal como es; algo que podrán agradecer muchos dentro de un mundo lleno de políticos acartonados y falsos. 

    El video con su esposa, por ejemplo, se percibe genuino porque no está editado ni se ve ensayado. En algún momento los videos sobreproducidos con música de fondo dejaron de tener impacto ya que ese formato se ha usado en exceso. En un contexto de redes sociales y de videos grabados con el celular, un formato así parece más auténtico. El video de López Obrador no contiene toda esa parsimonia que los videos de los candidatos o presidentes con su esposa presentan. 

    https://www.youtube.com/watch?v=dk2h3SLcnTM

    No es casualidad que, de acuerdo a Roy Campos de Consulta Mitofsky, los videos de López Obrador sean los más recordados. Se habla (para bien o para mal) mucho más del spot de «ya sabes quien» que de los spots de Anaya, y sobre todo, los de Meade. Tan sólo el famoso spot de Movimiento Naranja de Movimiento Ciudadano (quienes por cierto, tienen un muy buen equipo de comunicación, del que debería echar mano Ricardo Anaya) ha superado a los de López Obrador. 

    La alianza que tejió con el PES a muchos nos parece aberrante: la izquierda nacionalista con el conservadurismo rancio. Pero estratégicamente es un acierto. Ciertamente, la decisión molestó a algunos de sus seguidores, sobre todo quienes son más progresistas (sobre todo porque AMLO ha dado visos de ser una persona conservadora), pero dichos seguidores votarán por él de todos modos (sobre todo si las opciones son Meade, Anaya o Margarita, quienes no aportan nada distinto sobre el tema). Posteriormente, en un mitín, López Obrador accedió para que una persona del colectivo LGBT se subiera al estrado, se parara al lado de él portando la bandera del arcoiris, con lo cual atenuó las críticas. Mientras que la alianza no le quitará votos, sí ganará los que el PES pueda aportar. Un 1% o 2% no sólo son muy bienvenidos, pueden determinar la elección. 

    Además, hay otras maniobras que yo en lo personal aborrezco y que le he criticado duramente porque me parecen populistas y demagogas, pero de que funcionan, funcionan. Me refiero a aquellas puestas en escena donde aprovecha la religiosidad de los mexicanos mostrándose como si fuera un cura de pueblo y donde utiliza varios símbolos religiosos (MORENA = morenita de Guadalupe).

    Esta elección no será como la del 2006 ni la del 2012, sobre todo para López Obrador. La guerra sucia sobre su figura seguramente tendrá un impacto menor sobre en las elecciones pasadas. Al haber contendido en varias elecciones, ya no hay nada nuevo que se pueda mostrar sobre este personaje. Ya se ha repetido hasta el hastío que convertirá a México en Venezuela, que él es el nuevo Hugo Chávez, que es un dictador y que va a crear una profunda crisis económica. Los ataques que ha recibido en los últimos meses le han hecho «lo que el viendo a Juárez» y parece que la estrategia de la oposición, sobre todo la del PRI, será un ataque abierto. Basta escuchar a su asesor político J.J. Rendón quien dice que hará todo lo posible para que AMLO no sea Presidente.

    Una guerra abierta, donde el elector vea por todos lados videos y declaraciones sobre el peligro que es México, podría resultar contraproducente, y con mayor razón si quienes pronuncian esas declaraciones son otros actores políticos. Si la intención es desprestigiar a AMLO tendrán que utilizar estrategias muy focalizadas y bien pensadas. La declaración abierta de guerra que han hecho es, a mi manera de ver, un error. Porque la gente tiene en un muy mal concepto a la clase política, y si ellos son los que están haciendo una campaña tan negativa y agresiva, es probable que se detengan en seco y se pregunten que si la nefasta clase es tan agresiva es porque «chanza igual algo bueno debe de tener». 

    López Obrador ya es una figura conocida, no hay narrativa qué crear sobre él ni historia que contar, ya todos la conocen. Las comparaciones y los ataques le harán más bien poco e incluso podrá jugar con ellas a su favor. 

    Una muestra de ello fueron las pintas que los priístas mandaron a hacer en Venezuela con la ayuda de un grupo opositor al régimen de ese país, donde supuestamente López Obrador es apoyado por el PSUV (el partido oficialista), los priístas, los bots y aledaños propagaron la noticia en redes de forma muy articulada. Los usuarios se dieron cuenta en el instante que se trataba de una estrategia de descalificación y se mofaron de ella por medio de varios memes graciosos:

    Una guerra sucia frontal también se puede percibir como un acto de desesperación y puede terminar fortaleciendo al candidato al que se ataca. La tarea que tiene López Obrador (y que hasta el momento está haciendo) es tratar de alejarse del personaje que de él quieren crear sus opositores. Si reiteran que es Chávez o que es muy intolerante, pero López Obrador aparece como bohemio y calmado tal cual lo hace en sus videos, se percibirá una disonancia entre lo que es y lo que dicen que, sobre todo en aquellos que van a votar por primera vez o no recuerdan tanto lo que ha sucedido en elecciones pasadas. Si López Obrador se esmera en crear y acrecentar esa disonancia, se habrá ganado el voto útil suficiente para garantizar su triunfo.

    Podemos pensar muchas cosas de López Obrador, pero lo cierto es que está haciendo una buena campaña y que si sus opositores siguen «haciendo lo de siempre» y cometiendo los mismos errores, le habrán puesto la silla presidencial en bandeja de plata. 

  • El día que Meade dejó de ser ciudadano y se volvió priísta

    El día que Meade dejó de ser ciudadano y se volvió priísta

    El día que Meade dejó de ser ciudadano y se volvió priísta
    Foto: Página oficial del PRI

    La campaña de Meade no levanta. Y no sólo no lo hace, sino que han cometido varios errores estratégicos, me explico.

    Según narra Riva Palacio, la estrategia que seguirá el PRI es intentar ganar el segundo lugar en todos los estados (asumiendo que en los estados del norte ganará el frente y en los del sur ganará AMLO) y evitar que el voto útil se incline por López Obrador. Para esto van a «echar toda la maquinaria a andar». Se trata, básicamente, de un malabarismo. 

    Hace algunas semanas consideré que habían acertado en nombrar a un candidato que no fuera parte de las filas del PRI, incluso varias personas vieron casi inevitable su triunfo dentro de las elecciones y todo el aparato mediático priísta trató de generar esa sensación: Meade es el candidato ciudadano, el académico, el burócrata eficaz. 

    Una estrategia sensata con el fin de obtener voto útil era buscar que el círculo rojo (líderes de opinión) diera el beneficio de la duda a la candidatura de Meade, en especial aquellos que se encuentran cerca del centro del espectro político tales como León Krauze, Silva Herzog, Elizondo Mayer, Leo Zuckerman entre muchos otros. Naturalmente no es que fueran a abrazar la candidatura de Meade debido al desgaste del partido y del gobierno actual, pero bastaba con que dijeran algo así como «igual y no es tan malo», «va por el PRI corrupto de siempre, aunque Meade no es corrupto y es inteligente» o «al menos va a manejar bien la economía». Bastaba con eso para que el círculo verde (los ciudadanos sobre quienes ejercen influencia los líderes) se quedara con esa idea, que hubiera podido ser suficiente para decidir votar por él en vez de hacerlo por López Obrador. 

    Eso no sucedió, porque para lograr eso Meade tendría que haber encontrado una narrativa fresca que contrastara con el priísmo clásico. Algunos llegamos a pensar que tal vez sí podría llegar a hacerlo, pero no solo no lo hizo, sino que ha adoptado un discurso fuertemente priísta: ha saludado a Carlos Romero Deschamps después de hablar del combate a la corrupción, y lo peor, acusó a Javier Corral de torturar (por denunciar el desvío de recursos del Estado de Chihuahua a la campaña del PRI) y amagó con demandar a Animal Político por publicar una nota relativa a la Estafa Maestra.

    «Tenemos que movernos en un esquema en el que la pregunta no sea válida.» – Respondió José Antonio Meade al diario El País cuando se le preguntó si estaría dispuesto a investigar los casos de corrupción de esta administración.

    El círculo rojo no sólo no le da el beneficio de la duda sino que se ha encargado de «desenmascarar al ciudadano». Nadie habla de sus facultades como académico o burócrata, todos hablan de «Meade el priísta», son implacables con él. Señalan lo priísta que es y lo poco ciudadano que es, advierten que su discurso se ha vuelto muy tricolor, advierten que es tan solo uno más, y con la amenaza a Animal Político ya advierten visos de autoritarismo. La sociedad civil ya la dio la espalda y tan sólo se ha quedado con la maquinaria del PRI en una elección donde las estructuras no podrán, por sí solas, otorgar el triunfo. 

    A esto tenemos que sumar lo que expliqué en un artículo pasado, que Meade no ha encontrado una narrativa, que es un candidato que no es elocuente en lo absoluto, no convence, no inspira. Pronuncia un discurso oficialista y acartonado y saluda a personajes impresentables casi como si fueran sus amigos, lo cual contrasta con un rostro muy inocente y acompañado de algunos tics nerviosos.  El momentum (cuando fue ungido como candidato) ha desaparecido. Por más ruido tratan de hacer, Meade se vuelve irrelevante. 

    Un eventual triunfo del PRI se sostendría en tres pilares: Que Meade brille por sí mismo y logre contrastar con la administración actual, que contraste con López Obrador y, por último, el trabajo de la maquinaria priísta. El primer pilar ya quedó muy comprometido y el segundo podría comprometerse también si continúan amenazando a los diarios como Animal Político.

    Y la maquinaria no es garantía alguna. Hemos visto en los últimos años, como en muchas ocasiones (como ha ocurrido en Jalisco o Veracruz) que la maquinaria priísta a veces deja de responder. 

    Me temo que el PRI tiene una tarea muy difícil. 

  • Javier Lozano, el lobo del PRIAN

    Javier Lozano, el lobo del PRIAN

    Javier Lozano, el lobo del PRIAN

    Javier Lozano es uno de esos políticos folclóricos que tienen presencia dentro de la opinión pública por su personalidad. Y no porque dicha personalidad sea atractiva; por el contrario, es una persona que cae mal, es intransigente, tiene cara de pocos amigos, pocas veces se le ve sonriendo y cuando sonríe lo hace de forma mezquina. También es cínico, mentiroso, autoritario, hábil, y no es algo que a Lozano le moleste, esa es la imagen que ha querido proyectar en los medios y, sobre todo, en Twitter. 

    «No sean ordinarios», reza su hashtag con el cual reta a la opinión pública. Como un perro que enseña sus dientes, advierte que siempre está en posición de atacar; no importa si se trata de actores, activistas, políticos o tuiteros comunes y corrientes, Lozano está listo para clavar los colmillos sobre sus opositores. En Twitter se comporta como un Donald Trump atacando a diestra y siniestra pero, a diferencia del mandatario estadounidense, es más frío y calculador, sabe qué fibras tocar para encolerizar a quienes se oponen a él. 

    Para Javier Lozano todo se vale, es uno de esos políticos modelo que representan la ambición desmedida de poder, el vacío ideológico y de convicciones y al cual no le preocupa que lo dejen en evidencia. Así, puede un día renunciar al PAN argumentando que dicho partido ha perdido sus valores y ha sido secuestrado por un «pequeño dictador» para presumir, al día siguiente, una fotografía integrándose a la campaña de «Pepe Meade» con el candidato y el presidente del PRI Enrique Ochoa Reza (la marcha imperial de Star Wars comienza a sonar). 

    No importa que su cinismo lo deje en evidencia. Por el contrario, pareciera ser su propósito: criticó a Anaya porque dice que él hizo cualquier cosa para ser candidato del PAN: impuso su candidatura, se hizo del partido y traicionó gente. Pero eso algo muy parecido a lo que ha hecho el propio Lozano dentro del servicio público. Como panista que era hasta hace un par de días se comportó como priísta en las redes compartiendo y retuiteando tuits del candidato Meade y de otras cuentas priístas. Lozano traicionó al PAN dentro del PAN, traicionó a sus simpatizantes legislando, en muchas ocasiones, en contra de sus intereses y del pueblo en general.

    Tal vez le moleste que la ambición de Anaya le haya sido suficiente para ser candidato presidencial (y en una de esas, presidente) mientras que él, con toda su grandilocuencia y su adicción por los reflectores, aspira casi siempre a puestos un poco más medianos: vicecoordinador de mensaje de la campaña de «Pepe Meade». 

    A Lozano le gusta el protagonismo, le gusta que lo vean, le gusta hacerse notar, le gusta provocar. Se presenta como un hombre muy docto y culto, hasta corrige la ortografía de sus críticos (aunque luego la RAE diga que él era el que estaba mal) pero a pesar de su cultura todo es relativo para él, la única cosa que es absoluta es su ambición.  

    Si el PRIAN existe ese es Lozano y sus amigos, quienes se autonombraron los «rebeldes del PAN» y cuya rebeldía consistía en trabajar en favor del régimen del PRI, y a pesar de esa traición hacia el electorado panista, se presentaron como víctimas, se quejaron de que el partido ha perdido su esencia cuando ellos la mataron una y otra vez. Lozano nunca perdió su piel priísta, fue un lobo del PRI que sobrevivió en las aguas panistas por más de una década. 

    Personas ambiciosas que hacen lo que sea por ganar poder hay muchas, pero a Lozano le gusta presumirlo. Por eso cae tan mal.