Categoría: política

  • Una muerte lamentable, el sospechosismo y un silogismo abductivo

    Una muerte lamentable, el sospechosismo y un silogismo abductivo

    La abducción es un silogismo que ofrece, como conclusión y a partir de sus premisas, una hipótesis. A diferencia de la deducción, este silogismo no es lógicamente válido en tanto no exista una ratificación empírica.

    Por ejemplo:

    -Todos los lápices de la bolsa X son negros
    -Estos lápices son negros
    -Por lo tanto, estos lápices proceden de la bolsa X

    Si se fijan, en este razonamiento abductivo no se puede inferir de forma categórica su conclusión a partir de sus premisas. El hecho de que los lápices de la bolsa X sean negros no implica que todos los lápices negros sean de la bolsa X.

    Ahora hagamos otro ejercicio:

    -En la guerra sucia de los años 70, los gobiernos del PRI desaparecían a los guerrilleros y activistas sociales de izquierda
    -Los estudiantes de Ayotzinapa desaparecieron
    -El gobierno de Peña (del PRI) los desapareció.

    Otro más:

    -El triunfo de Martha Érika Alonso afecta los intereses de MORENA ya que Puebla se convertiría en un estado opositor.
    -Martha Érika Alonso y su esposo Moreno Valle, quienes afectaron los intereses de MORENA, fallecieron al desplomarse un helicóptero.
    -El gobierno de AMLO fue responsable de su fallecimiento

    ¿En qué coinciden todos estos silogismos abductivos? En que las conclusiones no pueden ser lógicamente válidas en tanto no se comprueben de forma empírica. Si bien los silogismos abductivos pueden ser útiles para buscar hipótesis novedosas (por lo cual varias ramas de la ciencia que se utilizan para establecer conjeturas a partir de las cuales se hará una posterior investigación empírica) no se puede derivar de ellas una afirmación categórica porque entonces no sería válida. Los teóricos de la conspiración como los terraplanistas utilizan este tipo de razonamiento para construir sus teorías (evidentemente, para hacer juicios categóricos a partir de este silogismo, pero sin una búsqueda de evidencia empírica posterior).

    Entonces ¿por qué deberíamos de dar un trato diferente a las conjeturas que muchos hacen (incluidos uno que otro malo periodista) y que toman por verdades categóricas?

    Y si alguien cuestiona su afirmación categórica a partir de dicho silogismo abductivo, entonces utilizan otro silogismo abductivo: «Oye, Álvaro, es que aunque me digas que fuera un suicidio político o un riesgo innecesario para AMLO, recuerda que AMLO tomó decisiones irracionales como el aeropuerto: está loco y está tonto»:

    -Cancelar el aeropuerto de Texcoco es irracional
    -Que AMLO estuviera involucrado en el desplome del helicóptero sería un acto irracional
    -Por lo tanto, AMLO está involucrado en el desplome del helicóptero

    ¿Qué pasó entonces? ¿Estoy seguro que fue un accidente? ¿Puedo afirmar de forma categórica que fue un atentado?

    Lo más que puedo hacer son conjeturas, y no puedo hacer una afirmación categórica a partir de ellas. Siempre existirán posibilidades de que esté equivocado.

    Por más grosero que pueda escucharse, existe la posibilidad de que haya sido un mero accidente. Las coincidencias existen. Puedo incluso hacer silogismos como éste para establecer la hipótesis del accidente a partir del hecho de que no son raros los accidentes aéreos en helicópteros o aviones pequeños.

    -Los accidentes aéreos en helicópteros o aviones son algo comunes
    -Martha Érika Alonso y su esposo Moreno Valle, quienes afectaron los intereses de MORENA, fallecieron al desplomarse un helicóptero.
    -Por lo tanto, fue un accidente

    No se puede descartar la posibilidad de un atentado, ya que no tenemos información o elementos para hacer afirmaciones categóricas. Esto es, no tenemos evidencia empírica sobre lo ocurrido. Y en tanto no la tengamos, es irresponsable pasar una conjetura por afirmación categórica. Incluso es irresponsable hacer sugerencias apuntando y acusando a ciertos actores políticos con base en conjeturas y pidiendo que prueben su inocencia ante una acusación que parte de una hipótesis (es la presunción de inocencia, amiguito). Esto es algo que los periodistas deben saber y acatar, de lo contrario estarían faltando a su ética periodística. Los de a pie pueden hacer conjeturas, pero deben saber que sus afirmaciones no pueden pasar de ser una mera hipótesis que puede ser falsa.

    A mí me parece, por ejemplo, muy difícil que el Gobierno Federal tuviera algo que ver, sería un pésimo cálculo político donde el riesgo es mucho más alto que el beneficio (vaya, que una entidad federativa sea oposición o no no hace mucha diferencia). Podría sospechar un poco más de Barbosa, o tal vez de algún cercano, o del narcotráfico, pero igualmente, no hay elementos suficientes para acusarlo a él. No descarto que haya sido un atentado, pero no es poco probable tampoco que haya sido un accidente.

    Lo que sí sería responsable es solicitar una investigación imparcial de lo ocurrido de tal forma de que podamos obtener información empírica a partir de la cual podamos hacer racionamientos deductivos (que sí son lógicamente válidos).

    Entiendo el sospechosismo, y de alguna forma es natural en un país donde los abusos del poder público y la poca transparencia han sido una constante en la historia de este país. Pero siento decirles que sus argumentos no pueden pasar de ser meras conjeturas, las cuales muchas veces están muy afectadas por las simpatías y fobias políticas.

    Y siento decirles que, en caso de que sí sea un atentado, lo más probable es que no sepas quienes fueron los responsables (ya fuera el Gobierno Federal, Miguel Barbosa o el narco, como muchas de las conjeturas de los tuiteros apuntan) por diversas razones. Y es posible, que, aunque el gobierno muestre pruebas contundentes, las desestimes.

    Dicho esto, lo más probable es que te quedes con la duda.

    Vaya lío, pero así es.

    Lamento el deceso de Martha Érika Alonso y Rafael Moreno Valle. Antes que políticos, eran seres humanos. Que descansen en paz.

  • AMLO: Tan cerca de la austeridad, tan lejos de Venezuela

    AMLO: Tan cerca de la austeridad, tan lejos de Venezuela

    Imagen: Publimetro

    Malas noticias para quienes desean con todo su corazón que México se convierta en Venezuela. Después de varios tropiezos, errores y decisiones que a mi juicio son absurdas, AMLO ha tenido una muy buena semana. 

    Y todo tiene que ver con su equipo económico, del que creo que es la parte más destacable de su gabinete. Y que tenga un buen equipo económico también son buenas noticias (con excepto, sí, de los que les urge que AMLO pacte con Maduro para que nos suma en la pobreza).

    El simple hecho de que AMLO esté escuchando a los moderados y a los sensatos, más que a los radicales, es, en materia económica, algo que debería de tranquilizarnos un poco después de todos los errores y desplantes que tanta incertidumbre han causado.

    El aumento al salario mínimo es, a mi parecer, un gran acierto. Éste aumentó de forma mesurada con lo que se asume que no causará inflación, pero es lo suficientemente grande para que cualquier mexicano que esté dentro de la formalidad se encuentre por encima de la línea de bienestar. Los más ortodoxos tal vez vean con escepticismo esta medida, pero parece que está lo suficientemente diseñada como para que los empresarios vean,  apoyen y promuevan este aumento.  Incluso Juan Pablo Castañón, director del Consejo Coordinador Empresarial, estuvo presente en la conferencia en la que se hizo el anuncio. 

    El otro acierto tiene que ver con el presupuesto del 2019. No está exento de críticas pero logra su cometido: es fiscal y macroeconómicamente responsable.  Algunas de las críticas (que dábamos por hecho porque no esperaba otra cosa) que le haría tienen que ver con algunas de las asignaciones presupuestales. Por ejemplo, el que quiera construir una refinería, que reduzca el presupuesto del Conacyt (y se otorguen menos becas para estudiantes), o que haga recortes presupuestales a las universidades públicas y a Cultura (aunque también es cierto que en estos últimos casos, muchos de los recursos se van a burocracia o a proyectos culturales inútiles). No me termina de gustar mucho de la visión de AMLO sobre la política y no está ausente de demagogia, pero al menos podemos estar tranquilos porque, al menos este primer año, vamos a tener un gobierno austero que sea respetuoso de los equilibrios macroeconómicos. 

    Que señale estos aciertos no excluye, desde luego, muchos de los errores y despropósitos que siguen ahí. Ya no solo el caso de la refinería, sino el del aeropuerto de Texcoco cuya cancelación, decisión de la que AMLO no quiere desligarse por el costo político que le podría acarrear, se vuelve cada vez más costosa. 

    Pero al menos no ocurrió algo que algunos temíamos dada la improvisación que veíamos en este gobierno: que tuviéramos un presupuesto improvisado y mal hecho que pudiera dar pie a generar distorsiones económicas. Eso no pasó: el presupuesto, con sus aristas, fue bien visto en general por el sector empresarial. 

    Algunos criticamos que AMLO sea muy reacio a los contrapesos, pero al menos se molesta a escuchar a su equipo económico y eso es muy bueno. Espero que su gobierno se trate de una izquierda que haya aprendido la lección de todos los errores que hemos visto una y otra vez en el cono sur de nuestro continente. 

  • Y sin embargo, el chayote se mueve

    Y sin embargo, el chayote se mueve

    La verdad, así, la verdad, es que nuestro «cuarto poder», es decir, los medios de comunicación en México, son más bien chafas. Y basta la llegada de un nuevo presidente al poder para que muchos de ellos queden en evidencia y nos demuestren que su compromiso no es tanto con el público sino con el presidente en turno. Ya sea porque esa cultura viciada donde había una relación cercana entre el gobierno y los medios no se ha ido del todo, o porque muchos de los medios viven más de la publicidad gubernamental que de otra cosa. 

    En países como Estados Unidos, con todos los defectos que tiene su prensa, podemos de antemano saber cuál va a ser la postura que tomen hacia el presidente en turno, basta conocer la inclinación ideológica de los diarios. Todos saben cuáles son los medios liberales y cuáles son los conservadores. En México es mucho más difícil de definirlo debido a esta viciada dinámica que impera dentro de los medios de comunicación. Con excepción de diarios como Proceso y La Jornada que, mal que bien, han tratado de mantener una línea ideológica, la postura de nuestros medios de comunicación tienden a girar hacia el poder en turno.

    Es comprensible que un medio de comunicación apoye al gobierno si dicha simpatía es producto de una afinidad ideológica con éste. En teoría todas las posturas políticas deberían estar representadas de tal forma que tanto el lector de izquierda o de derecha pueda consultar diarios afines a su forma de pensar, pero ¿cómo podría justificar el hecho de que Salinas Pliego promoviera durante tanto tiempo el liberalismo económico y la libre empresa (aunque sea un crony capitalist) y ahora parezca rendir pleitesía a López Obrador, lo llene de adulaciones y amague con convertirse en el medio oficial del pejismo?

    Radio Centro es otra muestra palpable de esta viciada dinámica. Algunos han sugerido que la salida de Carlos Loret de Mola es producto de la «mano censora de la cuarta transformación». Sin embargo, el analista Enrique Toussaint cree que se trata de algo que en realidad es todavía peor: que AMLO no pidió su salida sino que Radio Centro le «cortó la cabeza» a Loret de Mola como ofrenda al nuevo gobierno para quedar bien con AMLO. En su lugar, Radio Centro colocó al izquierdista Julio Astillero, quien si bien es una persona que ha llegado a mostrar ciertas discrepancias con AMLO y que le ha valido férreas críticas de los simpatizantes más duros del Peje, lo cierto es que su crítica será menos incómoda que la de Carlos Loret de Mola.  

    Esta dinámica es muy parecida a la que vimos cuando Peña Nieto llegó al poder (la descara propaganda de Televisa en favor de Peña incluida) donde Pedro Ferriz fue el que fue puesto en ofrenda. Esa dinámica fue la que, en gran medida, generó el surgimiento del movimiento #YoSoy132. Dicha dinámica tampoco estuvo completamente ausente de la presidencia de Felipe Calderón donde en aquella ocasión fue quien recibió un trato preferencial en algunos medios, sobre todo dentro del conflicto postelectoral en el que el ahora presidente López Obrador lo acusó de robarse las elecciones.  

    Lo más triste del asunto es que ni los medios digitales han estado exentos de este vicio. Por ejemplo, Sin Embargo, un diario digital de inclinación socialdemócrata que en sus inicios tenía a varias plumas con inclinaciones diversas, que era crítico con todas las facciones, que jugó un papel relevante en las elecciones del 2012 y que estaba comprometido con la libertad de expresión, ha tomado una postura cada vez más afín al gobierno de López Obrador, además del amarillismo y la falta de rigor periodístico (contrario a su slogan) que ha manifestado en estos últimos tiempos.  La columna que escribió Ivonne Ojeda de la Torre señalando a todos los influencers o grupos que critican a AMLO parecería más una versión izquierdista de cualquier escrito de Ricardo Alemán o Pablo Hiriart que otra cosa. 

    El compromiso de los medios debe ser siempre con su público. Su tarea es informarlos, hacer buen periodismo y de forma ética, y ser congruentes con su postura ideológica la cual siempre debería ser consistente, ya se sea de izquierda, derecha, o se pretenda tratar de abarcar todo el espectro político. Es una falta de respeto a su público que los medios cambien de parecer porque haya cambiado el gobierno en turno y porque les interese quedar bien con éste. 

    Tal parece que el cuarto poder no ha madurado lo suficiente no ha terminado de emanciparse del poder público, del cual se benefician con su onerosa publicidad gracias a la cual pueden seguir operando. 

  • ¿Y quién va a ser la oposición de López Obrador?

    ¿Y quién va a ser la oposición de López Obrador?

    ¿Y quién va a ser la oposición de López Obrador?

    Lo voy a decir de una forma clara: si las cosas siguen como van en la oposición y el gobierno de AMLO no se convierte en un desastre, MORENA va a repetir en 2024.

    ¿Por qué? Porque la oposición al gobierno de López Obrador es algo lamentable y casi inexistente. Para mí lo que sucedió en la toma de posesión de AMLO resume muy bien lo que es la oposición hoy en día: a los panistas se les ocurrió sacar carteles pidiendo bajar la gasolina y el propio López Obrador les recriminó el haber votado por subirla en el sexenio de Peña Nieto. AMLO los exhibió.

    La oposición partidista, a pesar de la sacudida que recibieron y que los dejó casi en la irrelevancia, no ha logrado entender el mensaje ni el contexto. Siguen enfrascados en una forma de hacer política que fue casi unánimemente rechazada en las urnas en las elecciones federales. Otra muestra de ello es el spot que el PAN acaba de sacar donde compara a López Obrador con los líderes autoritarios históricos que van desde Hitler hasta Chávez; la misma estrategia que no funcionó en lo absoluto en la campaña:

    La oposición partidista cree que va a lograr crear un movimiento de oposición por medio de mensajes acartonados, que no dicen nada, que son creados por agencias de comunicación y que son pronunciados por políticos tibios, falsos y oportunistas que en todo el sexenio de Peña Nieto no se comportaron a la altura de lo que una oposición debe ser ¿por qué pensar que las cosas van a ser diferentes esta vez?

    López Obrador, mal que bien, tiene ideales y es en cierta forma congruente con ellos (que sea o no congruente con sus mensajes hacia la opinión pública es otra cosa) a diferencia de la gran mayoría de los políticos ahora de oposición que creen poderse mover, despachando desde sus oficinas aisladas del resto del país, dentro de un mar de pragmatismo político excesivo movido por las meras conveniencias y aspiraciones personales. Que AMLO tenga ideales claros y ellos no, los deja en una clara desventaja y casi fuera de competencia.

    Pero hasta el momento, dentro de la sociedad civil las cosas no se ven mucho mejores. Es cierto que ha habido marchas para oponerse a las decisiones de AMLO, pero no hay un hilo conductor ni parece haber una buena articulación. Parece más bien un colectivo de gente cuya coincidencia es el desdén hacia la figura de López Obrador, el miedo a que México se convierta en Venezuela y un discurso no rebasa por mucho lo que uno puede leer en los chats de los familiares de Whatsapp. No se percibe al menos en el corto plazo que vayan a surgir liderazgos políticos de éstas y tampoco hay actualmente líderes que le den forma y contenido político a estas marchas. Las entrevistas que realizó el periodista Hernán Gómez (con todo y el sesgo que pueda haber dada su simpatía con López Obrador) me parece que refleja muy bien esto.

    También se ve difícil que estas marchas vayan a generar masa crítica ya que sus formas son más propias de una minoritaria clase acomodada de clase media-alta y alta que hasta este momento solía tener una postura más apática hacia lo público (y que se puede palpar en la forma en que llevan a cabo las marchas). El hecho de que vayan vestidos de luto en un país donde hay muchas más razones de peso para vestirse así genera rechazo en un sector importante de la población.

    Estas marchas parecen no tener el expertise ni sus integrantes parecen estar lo suficientemente politizados como para profundizar en las demandas que le plantean a López Obrador y articular un discurso en el cual los opositores a López Obrador puedan sentirse integrados. Por el contrario, en el colectivo se siente como si solo representaran a una minoría (producto de su inexperiencia al tratar de entender y empatizar con el «México mayoritario», lo cual podría alienar a quienes no simpatizan con AMLO pero que no se sienten identificados con estas marchas). No son pocos los que han dicho en las redes que se puede estar perfectamente en contra de AMLO pero también de estas «marchas fifí». 

    Tal vez las organizaciones que representan al sector civil y el privado puedan hacer una mejor tarea ya que tienen más organización y más conocimiento de lo político. Las cámaras empresariales como la Coparmex (que mantuvo una postura de oposición al gobierno de Peña Nieto en los últimos años y que es, a mi parecer, la única cámara que tiene un sentido social) y las organizaciones como el IMCO o Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad podrían articularse de mejor forma e ir creando un frente de oposición.

    Pero, con independencia de la sociedad civil, es necesaria una oposición política. ¿De dónde van a surgir los nuevos liderazgos? Es casi una obviedad que es cada vez menos probable que surjan de las fuerzas políticas tradicionales. ¿Serán necesarios nuevos partidos? ¿Podrán movimientos como Wikipolítica lograr articular algún movimiento de oposición y desde ahí ingresar al poder político como lo intentaron sin éxito en las elecciones pasadas? Gobernadores como Javier Corral y Enrique Alfaro (por su cuenta y no producto de sus partidos) parecieron ejercer una forma de liderazgo como gobernadores, sobre todo por los superdelegados que les restaban poder. Pero López Obrador ya se ha dado a la tarea de neutralizarlos al darles ciertas concesiones. 

    Lo cierto es que este gobierno necesita una oposición, y en medio de un presidente muy dado a basar su legitimidad en narrativas y simbolismos, en tanto la oposición no encuentre una narrativa convincente, se va a ver rebasada. Pero lo cierto es que no se ve donde se encuentra esa oposición y por dónde pueda surgir. Está muy desarticulada y López Obrador y los suyos sienten que están casi en un día de campo.

  • AMLO vs Peña Nieto, el contraste

    AMLO vs Peña Nieto, el contraste

    AMLO vs Peña Nieto, el contraste

    La presidencia ha cambiado de forma radical en tan solo unos días. La mayoría de los mexicanos, ante un estado de las cosas del cual estaba muy inconforme y harto, querían un cambio radical, un giro de 180 grados.

    AMLO ya se los dio, al menos en lo simbólico que es lo único que el actual presidente puede ofrecer, porque lo otro, en caso de que llegue, va a tardar más en llegar. En los símbolos, en las formas y en la narrativa, el cambio es muy palpable.

    Pasamos de un presidente ausente, que no salía de espacios muy controlados (nunca salió ante un público abierto más que en las dos primeras ceremonias del Grito de la Independencia), que daba pocas entrevistas y que parecía esconderse en un refugio desde el cual gobernar, a uno muy presente (tal vez en exceso) que se rodea de la gente, del pueblo, que da discursos largos, que da conferencias mañaneras.

    Pasamos de un presidente muy odiado, que se fue siendo aprobado por menos del 25% de la población, a uno que llega con índices de aprobación cerca del 70%. Peña Nieto no se atrevía a salir a la calle porque sabía que no era querido. López Obrador, en cambio, toma vuelos comerciales confiado, excesivamente, en que el pueblo lo va a cuidar. Mientras que Peña Nieto se cuidaba del pueblo, AMLO dice deberse al pueblo.

    También vemos un contraste entre el derrochamiento y la ostentación de Peña Nieto y su familia: de ropa fina, de tatuadores de Hollywood que iban a Los Pinos a hacerles un tatuaje bien pinche a las hijas a uno que abre las puertas de Los Pinos para que la prole pueda entrar al cuarto donde habitaba Paulina Peña. Vemos, al menos en lo simbólico, el cambio de una presidencia ensimismada a una que se dice que no se pertenece ya, porque pertenece al pueblo.

    El ambiente que se percibe afuera es muy diferente. Hasta hace pocos días, había una suerte consenso de hartazgo y casi hasta de encono hacia lo político. Ahora el sentimiento predominante en un gran sector de la población es la esperanza y la algarabía, otro sector vive dentro de la incertidumbre (por una parte le gusta el cambio, pero también guarda cierto recelo y escepticismo) y otro, más pequeño, pero significante, que tiene miedo de forma abierta. En pocos días, la dinámica social en torno a lo político ha cambiado de forma drástica.

    Pero, al final, AMLO sabe que lo simbólico sirve para darle legitimidad y margen de tiempo para mostrar resultados tangibles, porque serán esos resultados con los que la historia haga el juicio sobre él.

    Pero en tanto, la oposición (política y civil) deberá buscar apelar también a lo simbólico. De lo contrario, se encontrará en franca desventaja ante este alud llamado López Obrador.

  • La foto de AMLO y Maduro

    La foto de AMLO y Maduro

    En las redes, la imagen de AMLO con Nicolás Maduro ha generado mucho escándalo. «¿Cómo puede apoyar a un dictador?», «¡Prueba inequívoca de que México se va a convertir en Venezuela!». «¡Ahí está la prueba! ¿Ves? ¡Te lo dije!»

    La imagen de AMLO con Maduro en realidad dice muy poco, no explica casi nada y no es un argumento para decir que México se va a convertir en Venezuela. AMLO también se tomó fotografías con Ivanka Trump y Mike Pence.

    El gobierno de AMLO lo invitó porque su concepción de las relaciones exteriores consiste en «el respeto, la no intervención y la autodeterminación de los pueblos». No coincido mucho con esa visión porque yo creo que sí se debe tomar una postura ante las dictaduras (de izquierda y de derecha), pero es la concepción que el Presidente López Obrador y el gobierno entrante tienen de la diplomacia. Eso, más que una alianza de facto, explica mucho de por qué Maduro fue invitado y de por qué, AMLO se tomó la foto (así como lo hizo con Ivanka, Pence y otros mandatario de otros países).

    Muchos otros presidentes no vinieron porque estaban en el G-20 y varios de ellos mandaron representantes. En todo caso, parece ser que fue Maduro quien quiso venir para llegar a Venezuela y decir que tiene en México a un aliado, más en estos tiempos en que necesita agarrar legitimidad porque su gobierno se está tambaleando, pero de momento no parece haber una relación muy cercana. Incluso, hay un video donde AMLO y Maduro se saludan, AMLO es cordial con él y no más, no denotó un trato preferencial ni cercanía o alguna forma de fraternidad.

    No sé si en el futuro AMLO y Maduro se alíen o no, pero querer hacer inferencias con base en una fotografía (práctica, que por cierto, ha sido muy común en los propios seguidores de AMLO) va a llevar necesariamente a conclusiones erróneas. Al menos, por el momento, me parece que el gobierno de AMLO no buscará en el corto plazo desligarse de su relación con Estados Unidos, a la cual le ha tomado mucha importancia. Su comitiva liderada por Jesús Seade participó en la negociación del TLCAN (ahora llamado T-Mec, nombre que fue votado por los usuarios de Twitter en la cuenta de López Obrador). Ya veremos cómo evoluciona su gobierno y se ve en la tentación de aliarse con esas fuerzas bolivarianas (que están en decadencia, por cierto) o termina, como todos los gobiernos, más bien cercano a los EEUU.

  • ¿Por qué la toma de posesión de López Obrador será histórica?

    ¿Por qué la toma de posesión de López Obrador será histórica?

    ¿Por qué la toma de posesión de López Obrador será histórica?

    La toma de protesta del día de mañana va a ser una histórica. No será cualquier toma de protesta porque no solo hablamos de un cambio de Presidente o de partido político, ya que la sucesión presidencial representará un cambio de paradigma sobre la forma en que se concibe el servicio público, cuando menos será diferente de la ortodoxia implementada desde 1982. De la misma forma, en la era moderna no tenemos recuerdo de algún presidente que haya creado su capital político desde algún liderazgo social, y menos el que se considera, para bien o para mal, el líder político más importante de México.

    Una de las motivaciones de López Obrador es imprimir su nombre en los anales de la historia. Él quiere ser recordado como esos líderes y esos mitos de los que siempre hecha mano como Hidalgo, Benito Juárez, Madero o Lázaro Cárdenas. El nombre de la Cuarta Transformación no es en vano.

    López Obrador no apuesta al futuro, a la creación de algo completamente nuevo. Más bien, con una visión más nacionalista que globalista, busca rescatar el pasado. Apela sobre todo a ese milagro económico de mediados de siglo pasado en el cual el país tuvo un crecimiento sostenido. AMLO no está tan preocupado por la Inteligencia Artificial o por el Blockchain como lo está por su añoranza por Lázaro Cárdenas o López Mateos, por esos momentos posrevolucionarios en que nuestro país comenzó a tomar forma, esa etapa en la que se creyó que México apuntaría al progreso. AMLO no busca construir algo nuevo, busca rescatar algo que dice se perdió e intentará adaptarlo a los tiempos actuales.

    Independientemente de si haya responsabilidad financiera o no, vamos a ver tomar al Estado un rol más importante en la economía. La prioridad ya no va a ser tanto la globalización, sino el desarrollo interno. La comunicación institucional también cambiará radicalmente, comenzando porque AMLO es una figura que genera todo menos indiferencia y que tiene un gran capital político, a diferencia de Peña Nieto, que se mostró siempre como un presidente ausente. El nuevo régimen va apelar constantemente a la historia, palabras como «pueblo» y «progreso», enterrados desde el inicio de lo que algunos llaman «neoliberalismo» serán revividos. Algo que es muy seguro es que AMLO no va a generar indiferencia.

    Lo que está más en duda es la permanencia o la desaparición de los vicios de la clase política que han sobrevivido a gobiernos de izquierda y de derecha: la corrupción, el compadrazgo, la creación de élites económicas al amparo del gobierno. Aunque el discurso confronta esto, en la práctica, parece no existir un fuerte compromiso para combatir este mal.

    Así, mañana 1ro de diciembre, se comenzará a escribir una nueva página en la historia de México, el día de mañana no va a ser cualquier día.

  • No, López Obrador no está tonto

    No, López Obrador no está tonto

    Foto: Azteca Noticias

    Diré algo políticamente incorrecto: aunque pueda no tener gran conocimiento en algunas cuestiones, AMLO es una persona sumamente inteligente y con mucho oficio político.

    La gente que hace juicios y análisis bajo el falso supuesto de que es ignorante o es una persona tonta porque habla lento o porque obtuvo calificación de 7 en su carrera de ciencias políticas, está haciendo una mala lectura porque está partiendo de un supuesto falso. Es absurdo pensar que un presidente, que es un político de carrera, no se dé cuenta de lo que todos nos damos cuenta (todo eso que parloteamos a cada rato en las redes sociales), menos teniendo asesores, a todos los medios encima, y diferentes actores tratando de cabildear o influir en su opinión.

    Hay algunas decisiones que nos pueden aparecer aberrantes o engañabobos, pero esto ocurre porque en muchos de los casos no se está dirigiendo al público que lo critica, sino al otro, al de sus fieles seguidores que es al que debe mantener contento porque es en donde basa su legitimidad (la consulta es un gran ejemplo de ello). Muchas decisiones me parece son equivocadas desde lo económico, pero no necesariamente lo son desde lo político; y López Obrador está privilegiando lo político sobre lo económico, al menos al inicio de su mandato. Un ejemplo es el aeropuerto, a muchos de nosotros nos parece, desde nuestra lógica, un craso error, y pienso que desde el terreno económico y comercial lo es. Pero si se ve desde la perspectiva donde necesita fortalecer a ese sector que simpatiza con él, y cuya existencia (debido al tamaño y a la fidelidad) puede bastar para poder gobernar, las cosas pintan un poco distintas. 

    Luego, muchos decimos que varias decisiones que está tomando (sobre todo aquellas que afectan el comportamiento de los mercados) se hacen bajo un supuesto de irracionalidad. ¡Pero claro que AMLO entiende las consecuencias, los costos y beneficios! Máxime que tiene economistas que le asesoran, aunque muchos digamos que muchas de sus decisiones no sean buenas. AMLO sabe que sus decisiones tienen un impacto en los mercados y está asumiendo el riesgo. Claro que sabe lo que todos vemos, con todo y que en su gobierno haya mucha improvisación y mucho trabajo a marchas forzadas (en gran medida, porque se trata de un equipo nuevo dentro de un partido recién formado que todavía no termina de cohesionar, donde todos tratan de meter su cuchara y que busca crear un cambio de paradigma en lo económico).

    Los riesgos de los que muchos hemos alertado (y que no tienen que ver con un supuesto parecido con Chávez) no son producto de su falta de inteligencia, sino de su necedad que le puede llevar a tomar decisiones equivocadas (ser necio no está peleado con la inteligencia, incluso hay quienes se sirven de ella para ser necios) y de ese atrevimiento para supeditar lo económico a lo político.

    Podrás argumentar que AMLO está idiota porque habla lento, repite lo mismo o porque en algunas de sus propuestas económicas no les salen las cuentas, pero no se convirtió en el líder social más importante de los últimos 20 años de la nada, es el único político que tiene una base de fieles que no le cuestionan nada, ahí te tiene repitiendo sus mismas frases una y otra vez: aunque seas opositor conoces y has usado términos como fifí o mafia del poder. Una mente promedio no logra eso, una persona «cualquiera» no logra desde la nada, llegar a la presidencia siendo el político más importante y reconocido de México. Estamos hablando de quien fue el líder social más importante dentro de un país que tiene más de cien millones de habitantes. Sinceramente, no creo que eso sea producto del azar. 

    Por eso, los análisis que hagamos a partir de hoy, no deberían de partir del supuesto de que AMLO es alguien tonto o que no es inteligente. De hacerlo, el nivel de nuestras críticas no serán más elevados que el chat de los tíos de Whatsapp.