Categoría: política

  • ¿Por qué Chile?

    ¿Por qué Chile?

    ¿Por qué Chile?
    Foto: CIDH

    El mundo actual parece muy convulso y muy incierto.

    Hoy más que nunca se discute sobre el futuro de la democracia liberal (incluso se llega a dudar de su futuro mismo), se habla del Brexit, del nuevo reacomodo geopolítico, del nacionalismo, del nativismo. El orden que hasta hace poco dábamos por hecho y que incluso algunos tuvieron la ocurrencia de asegurar que se trataba del fin de la historia se tambalea.

    Por si eso no fuera poco, comenzaron a manifestarse varios brotes de descontento en muchos países y por diversas razones: Hong Kong, España (Cataluña), y ahora gran parte del Cono Sur donde tanto regímenes de derecha como de izquierda vieron cómo la ciudadanía salía a las calles para manifestarse en su contra: ahí tienen a Venezuela, Ecuador, Bolivia, y ahora Chile.

    Pero ¿por qué Chile?

    ¿Por qué Chile si era casi el ejemplo a seguir de América Latina, si es uno de los países que más ha crecido en estos últimos años?

    ¿Por qué ahí la indignación se manifestó con tanta virulencia, con metros y hasta edificios incendiados?

    Algo que me parece que ignoran muchos, es que muchas de las demostraciones de descontento ocurren en países que están creciendo. Fue el caso de México en el 68, fue el caso de la manifestación que derivó en la masacre de Tiananmén en China, por poner uno de varios ejemplos. Suena paradójico pero así ocurre en muchas ocasiones: la gente de las clases altas no tendría muchas razones para manifestarse (a menos con que le amenacen nacionalizar su patrimonio) y la gente pobre no tiene que comer. En cambio, es la clase media, la que ha crecido en las últimas décadas, las que se muestra descontenta e inconforme.

    Lo que disparó la manifestación fue una modesta alza en el metro, y esto, junto con lo anteriormente mencionado, explica por qué hay gente que cree que hay una conjura o un complot. No dudo que existan intereses políticos que aprovechen el descontento, así como seguramente ocurrió en Venezuela, en Ecuador o en Bolivia, pero me parece un despropósito explicar las razones del descontento en tonos conspiranoides. La realidad es que el alza en el metro fue solo la gota que derramó el vaso. El ex presidente Ricardo Lagos afirma que desde hace años venía diciendo que «Aquí hay una situación que va a explotar, porque el país sigue creciendo pero a mí no me toca nada».

    Hay quienes dicen que «falló el neoliberalismo» y otros que no entienden cómo es que con un modelo tan exitoso los chilenos se sientan inconformes. Pero me parece que ambos no terminan de entender todo el fenómeno en su complejidad y están juzgando desde sus afinidades ideológicas.

    Sería precipitado culpar al modelo en sí. Que Chile creció es una realidad que no se puede negar, pero tampoco se puede decir que no existan razones para el descontento y ello debería motivar a los chilenos a ser críticos con ellos mismos. ¿qué sí funciona? ¿Qué es lo que no está funcionando? ¿Que el PIB haya crecido más que ningún país del Cono Sur es suficiente para decir que todo va bien y que no hay razones para que la gente se moleste?

    Una de las razones, me parece, tiene que ver con la tecnocracia y las actitudes de la élite política. En Chile hay una sensación de que muchos no se están beneficiando de las mieles del crecimiento, que a pesar de que escuchan a cada rato lo maravilloso que el país crece, ellos no sienten algo recíproco en su vida diaria. Dicen muchos que los ricos tienen mecanismos y herramientas que ellos no tienen a su alcance para salir adelante, se preguntan por qué, a pesar del crecimiento, los servicios públicos son muy malos, que por qué el transporte público es muy caro. Sienten que no están tan bien como les dicen que están. Esos «recovecos» del sistema que los hizo crecer se manifestaron con más ahínco y dicho sistema se volvió víctima de su propio éxito: engrosó la clase media, pero esa misma clase media salió a las calles a manifestar su indignación.

    El problema es que, si bien el sistema económico ha traído números muy positivos, la tecnocracia no ha salido de su burbuja a entender las necesidades de la gente. Los chilenos sienten a la clase política muy distante, como encerrados en sus oficinas diseñando fórmulas y creyendo que con ver los números positivos ya habían hecho todo su trabajo. Ignoraron que el sistema exitoso también tenía algunos defectos, los subestimaron, y ahora les explotó en las manos. A pesar de que la desigualdad ha disminuido ligeramente en las últimas décadas, el país sigue siendo muy desigual y, a diferencia de todos los países de la OCDE al cual ingresaron precisamente por sus éxitos (excepto México y Turquía), no hay una disminución de la desigualdad después de impuestos.

    Posiblemente el sistema no estaba mal del todo, pero tal vez sí le faltó ese sentido humano que los políticos chilenos ignoraron confiados de que las gráficas se mostraban ascendentes. Al mantenerse distanciados, la izquierda se apoderó de toda la retórica. La derecha no tenía narrativa, no sabía comunicar y tal vez ni siquiera estaba interesada en ello. Creían que con las métricas era suficiente.

    La reacción del gobierno de Piñera ha sido pésima: primero, porque reaccionó tarde, ya que todo explotó de forma violenta en una reacción en cadena que, además, se alimentó de las manifestaciones que surgieron en estos días en otros paìses, y cuando eso ocurrió, le declaró la guerra a los inconformes (como si todos fueran violentos) y, peor aún, reaccionó de forma desproporcionada ocasionando varias muertes en un país donde la herida llamada Augusto Pinochet no termina de cerrar. Aunque cedió y propuso algunas medidas (que suenan un poco más a paliativo), el daño ya está hecho.

    Preocupante sería que Chile termine no reconociendo lo bueno dentro de lo malo y se vea tentado por el populismo, y eso puede ocurrir si el gobierno no reconoce lo malo dentro de lo bueno y se pone manos a la obra, al menos para recuperar algo de todo lo que se perdió en estos días. La reacción del gobierno (tardía y desproporcionada) tan solo reafirma lo que muchos chilenos pensaban de éste: que se trata de una élite que está aislada de la ciudadanía a la cual ni le entiende ni le importa. El gobierno tendrá la difícil tarea de tender puentes (y que se hace más difícil conforme pasa el tiempo), de salir de su burbuja y entender al país al que está gobernando que es mucho más complejo que una gráfica del crecimiento del Producto Interno Bruto.

    Chile se encuentra en el caos. Una turba indignada y un gobierno actuando de forma arbitraria invaden las calles de las principales ciudades del país. Es un asunto muy complejo. Se necesitará de mucho tesón y de mucha paciencia para resolverlo. Pero sobre todo de mucha inteligencia.

  • El FAQ oficial de la responsabilidad de la 4T en Culiacán

    El FAQ oficial de la responsabilidad de la 4T en Culiacán

    El FAQ oficial de la responsabilidad de la 4T en Culiacán

    Me he encontrado con varios argumentos para defender el actuar del gobierno en Culiacán. Son comentarios o cuestionamientos que la gente me ha hecho y que a continuación voy a responder.

    1.- AMLO hizo bien al liberar a Ovidio Guzmán, salvó la vida de muchas personas.

    El problema con este argumento es que ni siquiera responde a lo que estamos cuestionando realmente e ignora deliberadamente el contexto, el cual es el que explica la reponsabilidad tiene la 4T en lo sucedido.

    En un caso hipotético, y desde una moral consecuencialista, donde no liberar a un criminal implica que muchas vidas se pueden perder, lo correcto sería soltar al criminal si es que el nùmero de vidas perdidas fuera menor al número de vidas que se perderían si el criminal estuviera detenido (evidentemente ese mismo acto no podría sostenerse desde una moral deontológica). Este argumento consecuencialista que sostienen López Obrador y sus seguidores, afirmando de forma a priori que se perderán menos vidas al liberar al capo.

    Pero el argumento ignora el contexto que creó ese escenario. El contexto es aquel en el que el gobierno decidió atrapar a un capo sin medir bien las consecuencias y con una estrategia terriblemente ineficiente. Es decir: tuvimos que liberar al capo porque, a consecuencia de nuestro operativo deficiente, nos vimos en desventaja y eso nos orilló a soltar a Ovidio. Aquí, ya con el contexto incluido, podemos ver que el gobierno es responsable de lo sucedido, ya que los propios actos del gobierno derivaron en la liberación de un criminal previamente atrapado, lo cual envía un terrible mensaje.

    También se puede entender este acto desde otra perspectiva: Si el gobierno no hubiera hecho el operativo sabiendo que estaba en desventaja, se habrían evitado los más de 8 muertos que hubo. Entonces, si bien la decisión de liberar a Ovidio tuvo como fin salvar vidas (o al menos eso nos dicen), la decisión de llevar a cabo el operativo no tuvo esa consideración (esto lo retomaré más adelante).

    Ahora, si el argumento de AMLO y los suyos es consecuencialista, entonces desde el mismo consecuencialismo podríamos ponerlo en cuestión. Evidentemente, de no soltarlo, se habrían perdido más vidas que las que se perdieron ese día; pero se puede dar el caso que este grave error y este terrible mensaje mandado fortalezca no solo al Cartel de Sinaloa, sino a los otros y al mismo crimen y, a la larga, provoque más muertes que las que habría provocado la detención de Ovidio. Entonces no hay forma de asegurar de forma categórica que ese hecho por sí mismo haya sido la mejor decisión. La moral deontológica, por su parte, nos hubiera prohibido liberar al capo, ya que ese acto (liberar a un delincuente que debería estar en prisión) es moralmente erróneo porque va en contra del trato que esperaríamos que se diera a un delincuente.

    2.- Antes de criticar, tienes que ver los grises y los matices. La política no es futbol.

    Es curioso, porque yo soy alguien que suele promover la idea de contextualizar y analizar la complejidad de los fenómenos en vez de tomar posturas superficiales binarias y maniqueas. Pero cuando se habla de «ver los grises» no se está diciendo que todos los eventos «son grises», ello nos abocaría a un relativismo brutal sin salida. Lo que se sugiere es más bien que un evento tiene una posición en una escala de grises y que para juzgar esa posición hay que analizar las variables por las que está compuesta ese evento que se está juzgando, con lo cual siempre existe la posibilidad de que un evento sea gris, pero de igual forma, la posibilidad de que ese evento sea «negro o blanco» también existe.

    En este contexto, el argumento es tramposo porque en el fondo lo que busca no es que se analice dicho evento en su complejidad, sino que dicho evento reciba una crítica más condescendiente o incluso se desarme relativizándola. Pero sucede que hay casos en que, habiendo analizando los matices, podemos concluir que debemos hacer una crítica lapidaria. Y creo que este es el caso de Culiacán. Es muy evidente que el operativo fue muy deficiente, y es evidente el terrible mensaje que manda el gobierno de López Obrador.

    3.- Este gobierno es diferente, porque busca la paz y no busca solucionar el problema atrapando capos como hacían los «gobiernos neoliberales».

    Este argumento se ha repetido una y otra vez en las redes sociales, pero es fácilmente desmontable: sucede que el fin del operativo era ¡atrapar a un capo!

    Tampoco vimos siquiera una postura más «pacífica». Lo que vimos fue a un gobierno débil e ineficiente. No es lo mismo ser débil que ser pacífico. Un gobierno pacífico busca acabar con la violencia, pero sabe que habrá casos en que el ejercicio de la violencia, de la cual el Estado tiene el monopolio (por más paradójico que suene), será necesaria para combatir la violencia misma. Si una persona amenaza con quitarme la vida, una autoridad pacífica usaría la violencia legal para evitar que yo sea víctima de la violencia del delincuente. Una autoridad que no intervenga sería una autoridad débil, displicente, que no está cumpliendo con su trabajo y que debido a su pusilanimidad estará generando más violencia porque no habrá quien pare a los violentos.

    Vimos solo a un gobierno débil e ineficiente ejecutar un operativo que trajo como resultado algunos muertos y que fue un rotundo fracaso. Ciro Gómez Leyva se equivoca al decir que fue un estadista al liberar a Ovidio. Lo único que hizo con esa decisión es evitar que su error tuviera más consecuencias (tomando como consideración lo que dije en el primer punto).

    4.- Hay que evitar «daños colaterales» como en la Guerra de Calderón. La 4T no va a arriesgar vidas.

    Al gobierno de Felipe Calderón se le señaló una y otra vez por los daños colaterales de la guerra contra el narco que lanzó su gobierno, pero los muertos en Culiacán fueron también daños colaterales de un operativo que fracasó. Podemos cuestionar las estrategias lanzadas por el gobierno de Calderón, pero lo cierto es que en este caso, la estrategia trajo no solo daños colaterales, sino que estuvo pésimamente diseñada, pésimamente ejecutada, fracasó, y lanzó un mensaje muy peligroso.

    La 4T arriesgó vidas debido a su inoperancia. Se decidió liberar al Chapo para no hacer más grande el error que ha habían cometido y que ha había costado algunas vidas (sea por imprudencia o ignorancia, que es todavía más preocupante). Capos que han sido detenidos en México son muchos, ello implica que el conocimiento procedural no debería ser escaso, y creo que cualquier gobierno debería saber que meterse a Culiacán (centro neurálgico del Cártel de Sinaloa) que tiene presencia internacional no es cualquier cosa.

    5.- El PRIAN nos dejó un cochinero

    Este argumento se repite una y otra vez en muchos temas, y este no es la excepción.

    Sí, los gobiernos pasados no le dejaron a la 4T un México seguro. La inseguridad se fue agravando durante el sexenio de Peña Nieto. Pero esta realidad no tiene relación alguna con la ineficiencia del operativo ejecutado por la presente administración.

    También ha habido otros eventos que explican por sí mismos que la estrategia de este gobierno contra la inseguridad fue muy deficiente. Hemos visto como pobladores y delincuentes han faltado al respeto a la Guardia Nacional, la cual a veces se percibe casi sometida. Hemos visto que los argumentos de López Obrador con respecto al combate al crimen denotan debilidad y displicencia: el «fuchi guácala», el «vamos a acusarlos con sus mamás».

    Que le dejaron un cochinero es una realidad, que la estrategia de este gobierno para limpiarlo ha sido muy contraproducente e incluso lo ha agravado hasta la fecha, es también una realidad innegable.

    Conclusión

    En resumen, no hay argumento racional desde el cual se sostenga que AMLO hizo bien las cosas. Peor aún, no vimos un atisbo de autocrítica ni se percibe que este gobierno vaya a dar un giro en una estrategia que está dejando muchísimas dudas.

  • Fuchiguacalismo, la humillación del Estado

    Fuchiguacalismo, la humillación del Estado

    Preocupante me parece es que este sea el tercer artículo seguido que escribo sobre un tema preocupante de lo que está aconteciendo con el gobierno de López Obrador (y eso que me he guardado otros temas). Pero lo que ocurrió ayer no tiene nombre y no hay manera de justificarlo.

    Lo que ocurrió ayer es tan solo un peldaño más de lo que muchos estábamos alertando: que este gobierno se muestra débil, que a este gobierno le tiembla la mano a la hora de querer aplicar la ley. Lo vimos con las repetidas ocasiones en que el ejército fue humillado por pobladores o delincuentes, en aquellas declaraciones donde decía que el narco es pueblo. Lo vimos en el excesivo buenismo al tratar de abordar un tema tan complejo como es el tema de la inseguridad, el cual, como dice el ya tan cacareado slogan, dicen que puede resolverse con abrazos y no con balazos.

    Que un gobierno haya liberado a un capo de la droga porque «no pudo» no tiene precedentes. Es una humillación histórica, es la renuncia del Estado a una de sus funciones más elementales que es la de proporcionar seguridad a sus gobernados.

    Me dirán que el Estado siempre ha sido incapaz de proporcionar seguridad, lo cual es cierto. Pero aquí hablamos de una renuncia formal traducida en la liberación de un capo previamente capturado producto de una deficiente estrategia que orilló al gobierno a liberarlo para evitar una tragedia.

    El problema no fue tanto la liberación en sí. En ese contexto, tal vez habría sido más grave no hacerlo. El problema fue eso que llevó al gobierno a liberarlo y que se puede resumir en un operativo completamente deficiente. Eso es todavía más grave porque el mensaje que se manda es muy claro:

    Cedemos ante el narco porque no pudimos contra ellos.

    Son preocupantes las imágenes donde la SEDENA, casi sometida, ve pasar a hombres con armas de grueso calibre sin hacer absolutamente nada porque están en desventaja. Ello es tan solo un reflejo de la incapacidad del Estado, del cual se dice tiene el monopolio de la violencia, para hacer frente al crimen. ¿12 años de campaña, 12 años de levantar la mano, para llegar a la presidencia y presentar un gobierno tan débil y tan pusilánime ante una crisis de inseguridad por la cual sufren muchos mexicanos? ¿De verdad?

    Después de desmentir al propio Durazo, López Obrador declara en su mañanera que se tomó la decisión acertada, que había que liberar al hijo del Chapo para evitar un derramamiento de sangre.

    El Presidente dice que en su gobierno «el derramamiento de sangre ya terminó», que no puede «valer más la captura de un delincuente que las vidas de las personas». Se contrasta con los anteriores gobiernos para decirnos que están haciendo las cosas de forma diferente. ¿Y cómo el que ese capo esté libre va a garantizar seguridad a los ciudadanos? ¿Y cómo lo va a hacer los treinta y tantos reos que se fugaron? El ridículo es tan grande que la familia de Ovidio hasta mensaje de gratitud va a enviar.

    Como dije antes, con la situación ya insostenible no quedaba otra que liberarlo, pero ¿entonces por qué hacen un operativo sin pies ni cabeza que va a salir mal? ¿Por qué no lo plantearon de mejor manera? ¿Por qué improvisar de esa manera ante algo tan delicado y sobre lo cual, se supondría, ya existe mucha experiencia porque no son pocos los capos que se han detenido en nuestro país?

    Hoy los cárteles se sentirán más seguros, porque frente a ellos tienen a un Estado débil, uno al que le tiembla la mano, uno que improvisa y luego recula, uno que dice que «no quiere derramamiento de sangre» ni violencia, uno que habla de dar abrazos, de recular a su tarea como poseedor del monopolio de la violencia porque piensa que basta con entender las causas por las cuales alguien se vuelve delincuente para acabar con el narco y el crimen.

    El Estado mexicano fue derrotado, fue humillado. No lo fue tanto por incapacidad sino por incompetencia. El día de hoy se sienta un precedente muy peligroso, incluso para las aspiraciones de López Obrador, ya que si hay algo capaz de matar una narrativa tan poderosa como la que AMLO ha creado es una situación grave de inseguridad.

    Lo que pasó es muy peligroso y preocupante. El ciudadano promedio tiene razones de peso para estar preocupado.

  • Hoy comenzaba Santa Lucía, la confianza caía y el Presidente reía ¿quién diría?

    Hoy comenzaba Santa Lucía, la confianza caía y el Presidente reía ¿quién diría?

    Hoy comenzaba Santa Lucía, la confianza caía y el Presidente reía ¿quién diría?

    El gobierno ha dado banderazo verde a la construcción del aeropuerto Felipe Ángeles en Santa Lucía.

    Déjenme decirlo así. La cancelación del NAICM y su sustitución por Santa Lucía es tal vez la decisión más absurda del México moderno. Tal vez no sea la que mayores implicaciones tiene, pero sí la más absurda.

    Lo es porque no existe ningún argumento técnico, económico o social que lo justifique. Santa Lucía es inferior en todos los sentidos al ya difunto NAIM: no solo en el aspecto estético (que si bien pensé que se trataría de algo más feo, parece más bien un fusil de uno de los proyectos que concursaron por el NAIM que ganaría a la postre Sir Norman Foster) sino en eficiencia, ubicación. Al final, sumando los costos de avances y cancelación del NAIM, ni siquiera podríamos decir que se vaya a ahorrar mucho dinero o siquiera algo.

    Podrían argumentar que lo cancelaron por «la corrupción». Pero bien esta se habría podido combatir sin necesidad de cancelar la obra. Incluso dentro del gobierno no se ponen de acuerdo sobre si dicha corrupción existió. Podrían argumentar razones ecológicas, pero las otras obras de este gobierno los desmentirían: apuestan al carbón y tienen una postura displicente hacia el cambio climático.

    No es una de esas decisiones donde el mandatario no sabe lo que hace. Sabe bien lo que hace, aunque eso sea un absurdo y, a la vez, por eso es un absurdo. Porque es un «absurdo racional». Es decir. López Obrador decidió sacrificar el tema económico por el político. Cancelar el aeropuerto en sí es parte de la narrativa que legitima a este gobierno: esa narrativa que desprecia a la tecnocracia, esa narrativa que habla de un gobierno cercano al pueblo a quien le da (aunque en realidad sea solo de forma simulada) poder de decisión.

    Básicamente sacrificó un aeropuerto necesario para la economía del país para satisfacer sus intereses políticos fortaleciendo su narrativa. Y más le ayuda cuando son básicamente los más indignados aquellos a quienes se ha opuesto: los tecnócratas, los sabiondos, los «fifís», o la opinión pública adversa a su gobierno. Le ayuda que varias organizaciones civiles y empresariales hayan interpuesto demandas y amparos porque ello alimenta su narrativa del pueblo bueno contra mafia del poder. La cancelación del NAIM hace enojar a quien quiere hacer enojar y señalar como sus adversarios. Económicamente es un despropósito, pero políticamente le beneficia.

    El tener un proyecto «mediano» e improvisado también le ayuda a construir una narrativa, aquella que narra a un gobierno austero, que no hace inversiones monumentales en aeropuertos «para los ricos» (aunque un aeropuerto beneficia a toda la economía en conjunto porque no solo mueve pasajeros, sino productos y servicios).

    Un claro ejemplo de esta torpeza e improvisación, me comenta Carlos Sainz Caccia, urbanista del MIT, es la forma de la construcción del aeropuerto. Todos los aeropuertos que se construyen en la actualidad tienen esta forma (izquierda) donde hay una sola terminal porque permite un mayor flujo de operaciones, mientras que el de Santa Lucía (derecha) tiene una terminal doble con lo cual el flujo se hace más limitado.

    El NAIM iba a actualizar el 100% de la conectividad aérea del país. Es decir, se empezaría desde cero, de forma ordenada, y previendo el futuro. Santa Lucía no, Santa Lucía implica seguir parchando un aeropuerto que es totalmente inviable en la actualidad como el actual Aeropuerto Benito Juárez.

    Incluso basta ver el banderazo de salida para entender como AMLO quiere insistir en una narrativa de austeridad, pero que solo deja augura una obra improvisada y mal hecha:

    Y todo ello por construir una narrativa que lo posicione ante esa tramposa abstracción llamada pueblo, todo por intentar sostener un discurso de austeridad, de un gobierno cercano a la gente, aunque ello implique tomar terribles decisiones económicas que, a la largar, van a terminar afectando al mismo pueblo que AMLO dice representar y a quien dice darle poder de decisión pero al cual más bien utiliza (por medio de consultas a modo) para diluir sobre ellos su responsabilidad y decir que todo esto es una «decisión del pueblo».

    Tal vez no sea la decisión costosa de la era moderna de México, pero sí la más absurda e irresponsable.

  • Las consultas antidemocráticas de la 4T

    Las consultas antidemocráticas de la 4T

    Las consultas antidemocráticas de la 4T

    Lo que ocurrió en Baja California es un atropello a la institucionalidad mexicana y deberíamos estar muy preocupados.

    Es un atropello a la institucionalidad el hecho de que, de forma arbitraria, se cambie el periodo de un gobierno (distinto al que la gente había votado) para que éste dure más tiempo en el poder. Eso va en contra de cualquier espíritu democrático, ya que el candidato ganador gobernará tres años más que los años por los que se le votó.

    Es un atropello aún mayor que, para legitimar esta medida, se decida llevar a cabo una consulta ciudadana por fuera de las instituciones. Esta consulta no está validada por el INE, que es un organismo autónomo y que, en teoría le daría neutralidad a un ejercicio que no lo tuvo. Evidentemente, la consulta es, a todas luces, ilegal.

    Y todavía es más atropello constatar que el diseño de la boleta tiene un claro sesgo en favor de aquella opción que desea el poder. El simple hecho del uso de los términos «mantener la Reforma» o «llevar a cabo una contrarreforma» le da una legalidad que no debería tener a la decisión de ampliar el período a 5 años como si fuera lo que es ex ante y el otro presentado como la alteridad y que representa una suerte de retroceso o marcha atrás.

    Pero todavía es aún más un atropello saber que el proceso estuvo plagado de irregularidades, gente que pudo votar varias veces, urnas que nunca se colocaron, credenciales de elector que no siempre se exigieron, baja participación. Eso hace que el supuesto triunfo del «Proyecto 5» no pueda presumir legitimidad alguna.

    Miembros de la 4T Tatiana Clouthier y el propio Andrés Manuel López Obrador parecen querer deslindarse del hecho. AMLO dice que como ya hay «Estado de derecho» lo decidirá la corte.

    Pero el modus operandi es asombrosamente similar a la consulta mediante la cual se canceló el NAIM, una consulta deliberadamente manipulada para lograr que ganara el «sí» en las urnas.

    Este tipo de prácticas, además de engañar y utilizar al pueblo de tal forma que sirva como instrumento para los intereses políticos de quienes están en el poder. termina lastimando la institucionalidad (ya de por sí endeble) del país. Al pueblo se le hace creer que está participando en las decisiones, pero eso es absolutamente falso, tan solo es utilizado políticamente para legitimar los actos del gobierno de tal forma que sobre de ellos nuestros gobernantes puedan diluir su responsabilidad.

    Y nos debería de preocupar.

  • Papá ¿el cambio climático es culpa del capitalismo?

    Papá ¿el cambio climático es culpa del capitalismo?

    Se ha repetido muchas veces de que el cambio climático es culpa del capitalismo.

    Sabemos que cambio climático es una realidad, sabemos que hay un fuerte consenso científico de que es provocado por el ser humano y que los efectos que causa son nocivos (ya los estamos experimentando en carne propia). Si bien, me parece más complicado de lo que parece pronosticar el impacto que va a tener a mediano y largo plazo, creo que hay suficiente información para preocuparse y tomar cartas en el asunto. Y en un asunto así, es preferible el catastrofismo que la desidia.

    Entonces, si el sistema en el que casi todo el mundo vive es capitalista, el cual se basa en la acumulación de bienes y servicios, y si el cambio climático lo está generando el ser humano, entonces debe ser el capitalismo el culpable del cambio climático ¿no?

    Decir que el cambio climático es producto en sí del capitalismo es una afirmación un tanto imprecisa, con todo y que el capitalismo no sea ajeno al calentamiento global. El problema de esta imprecisión es que puede motivar la búsqueda de otro sistema económico pensando en que ello arreglará el problema.

    Si el calentamiento global fuera un problema exclusivo del capitalismo, entonces tendríamos que mostrar que en otros sistemas como el comunismo el nivel de contaminación es mucho más bajo.

    Pues no, y basta tomar a la ex Unión Soviética como ejemplo. El país comunista era el segundo más grande productor de contaminación en el mundo en 1980 y por cada unidad del producto interno bruto (PIB), contaminaba 1.5% más que Estados Unidos. Países socialistas como Venezuela o Bolivia tampoco son ejemplares en el combate al cambio climático. La condición depredadora del hombre sigue ahí muy presente.

    Entonces, si sabemos que ese carácter depredador del ser humano y que explica el calentamiento global como algo que no es algo característico del capitalismo, tendríamos entonces que dejar de insistir en cambiar el modelo económico en sí para más bien replantearnos qué es lo que podríamos hacer para generar un menos impacto en el medio ambiente. Creo que el punto más endeble del discurso de Greta (esa niña de 16 años con la que la derecha reaccionaria y la izquierda radical sigue obsesionada, como si les hubiera hecho algo indignante) es pensar que el desarrollo económico deba estar peleado con el combate al cambio climático. No tendría por qué estarlo.

    La cuestión no es consumir menos ni crecer menos, sino consumir y crecer de forma más eficiente.

    El cambio climático, a pesar de la urgente atención que merece, no es una de las prioridades de la mayoría de los ciudadanos, porque no es algo que perciban que sientan les esté afectando y porque las consecuencias más duras podrán venir en el corto y en el mediano plazo (lo que también es consecuencia de la deficiente socialización del problema). La gente está pensando en comer, en su seguridad o en su educación.

    Pedirle a la gente que reduzca su consumo o que reduzca su poder adquisitivo es algo complicado y contraproducente. Dudo incluso que la mayoría de los ecologistas estén dispuestos a hacerlo.

    Más contraproducente es esperar que los países en crecimiento dejen de crecer. Ello aumentaría la pobreza y la hambruna.

    Decía que la cuestión es de eficiencia. No es lo mismo usar combustibles fósiles que energías limpias (vaya daño que las empresas petroleras han causado al medio ambiente al retrasar la implementación de energías más limpias). La industria podría implementar procesos más limpios y sustentables para producir sus productos y servicios. La gente podría tomar conciencia racionando la energía que utiliza (por ejemplo, apagar la luz que no se esté utilizando, separar la basura y no gastar recursos innecesarios) y priorizando productos más ecológicos sobre aquellos cuya producción generan un mayor impacto al medio ambiente. Los gobiernos podrían incentivar el transporte público y el transporte alternativo sobre el automóvil a la hora de diseñar sus políticas públicas, cosa que ya está comenzando a ocurrir.

    Es más, la innovación y el desarrollo tecnológico pueden abonar a la creación de procesos más limpios, y esos van ligados con el desarrollo económico. Paradójico es que los países más desarrollados son los que han tomado más conciencia sobre el tema y los que más han mejorado sus procesos.

    En un régimen socialista como el de la URSS sería más complicado tomar cartas en el asunto porque los ciudadanos estarían a la merced del gobierno que concentraría todo el poder de decisión. En un régimen así, los ciudadanos no podrían incidir sobre las decisiones que se tomen, y incluso tendrían menos control sobre su forma de consumo (en el entendido de que no habría competencia y, por lo tanto, no habría variedad de productos para que los consumidores prefieran los más ecológicos).

    En cambio, un sistema capitalista le puede dar la vuelta al problema desde dentro del mismo capitalismo. Si la gente decide consumir productos más ecológicos y menos contaminantes, entonces las empresas invertirán más en ese tipo de productos. Si hay un discurso del medio ambiente en la sociedad, una empresa podrá utilizarla como ventaja competitiva al producir productos o servicios menos contaminantes. La gente, de la misma forma, podrá «castigar» a las empresas contaminantes dejando de comprar sus productos.

    Ello no quiere decir que no haya empresas y corporaciones contaminantes que cabildean para seguir haciendo negocio con factura al medio ambiente y retrasar el surgimiento de alternativas más limpias o que incluso traten de manipular la opinión pública (las grandes empresas petroleras vuelven a ser un ejemplo). Pero incluso este escenario sigue siendo más preferible a uno con un gobierno centralizado que toma las decisiones sin rendir cuentas a los ciudadanos, porque en el primer caso, como ya ha ocurrido, la misma ciudadanía puede llegar a poner en evidencia a ese tipo de empresas.

    Pedir «cancelar» el capitalismo o pedirle a la gente que reduzca su nivel de vida se antoja más bien contraproducente, es una petición simplista porque no toma en cuenta los matices ni las externalidades. Está muy bien que los gobiernos tomen cartas en el asunto y que se exija que lo hagan, más en tiempos donde presidentes demagogos como Donald Trump, Jair Bolsonaro o Andrés Manuel López Obrador no parecen tener ninguna consideración sobre el tema, en ese sentido la intervención de Greta (con las imprecisiones que haya podido tener) es aplaudible. Pero se trata más de un tema de conciencia social, de eficiencia, y en el cual el mismo desarrollo económico puede abonar por medio de la innovación para el desarrollo de energías más limpias y procesos menos contaminantes.

    Solo así podemos hacer frente a este problema, antes de que sea demasiado tarde.

  • Una noche, el 26 de septiembre, 43 disparos sonaron en el cielo de Iguala

    Una noche, el 26 de septiembre, 43 disparos sonaron en el cielo de Iguala

    Una noche, el 26 de septiembre, 43 disparos sonaron en el cielo de Iguala

    Más allá de acotaciones, los 43 de Ayotzinapa se han convertido en un símbolo de la violencia y la injusticia en México.

    Es un símbolo porque ellos representan a tantos jóvenes que mueren producto de la violencia en nuestro país.

    Es un símbolo porque su muerte, ordenada por autoridades gubernamentales, representa la faceta más denigrante y corrompida del servicio público.

    Es un símbolo porque su muerte también nos recuerda los débiles lazos sociales que sostiene a este país, unos que se quiebran de forma muy fácil.

    Es un símbolo porque el papel del presidente Peña Nieto representó la poca empatía que las autoridades tienen con sus gobernados. El vacío tan profundo que dejó despertó las más macabras sospechas y de las cuales algunos sacaron tajada política (como aquella que decía que él estaba involucrado en la masacre)

    Es un símbolo porque sacó a muchos de sus burbujas clasemedieras y les hizo voltear la mirada a ese otro México, ese más pobre, más roto. Muchos, incluso algunas personas de clases medias-altas y altas, salieron a marchar para pedir justicia.

    Es un símbolo porque más allá de que muchos podamos no compartir las ideologías políticas que profesaban ni sus métodos, reconocimos su humanidad.

    Y es un símbolo, sobre todo, porque las dudas que hasta el día de hoy sigue generando tan lamentable conocimiento representa la incapacidad de las autoridades por hacer justicia a aquellas personas que son víctimas de la delincuencia, del crimen, del narcotráfico, y de las autoridades mismas.

    A 5 años, nos siguen faltando 43.

  • Quiúbole con la Ley de Amnistía Federal

    Quiúbole con la Ley de Amnistía Federal

    Quiúbole con la Ley de Amnistía Federal

    El mismo día en que Hidalgo liberó a presos de la cárcel de la congregación de Dolores, el gobierno anuncia la Ley de Amnistía enfocada en la justicia social que se enfoca en tres grupos: mujeres, indígenas y jóvenes, dado que se considera que estos sectores viven o están en condiciones de desigualdad. Esto se da en un contexto en el cual los niveles de inseguridad se han disparado en el país.

    Como se asume que el sistema penal es injusto y no es equitativo (lo cual no es falso), el gobierno busca que quienes se encuentren en desventaja se beneficien de dicha amnistía. En estas categorizaciones entran:

    1. Mujeres encarceladas por abortar.
    2. Personas en situación de pobreza encarceladas por delitos contra la salud por indicación de un tercero (pareja, pariente o delincuencia organizada).
    3. Consumidores de drogas que hayan poseído hasta dos veces la dosis máxima de consumo personal.
    4. Personas que pertenezcan a comunidades indígenas y no contaran con un intérprete o defensor con conocimiento de su lengua y cultura.
    5. Robo simple sin violencia con pena máxima de cuatro años.
    6. Delito de sedición o formar parte de grupos de incitaran a la comisión de otros delitos motivados por ideas políticas para alterar la vía institucional. Se excluyen los actos de terrorismo, secuestro, homicidio o lesiones graves.

    En lo particular veo algunos problemas con esta ley y los describo:

    No sé cuál sea la intención del punto 1, o si tenga un fin más bien retórico, en tanto que a nivel federal no existe una sola mujer procesada por abortar.

    En el punto 2 ¿cómo podemos determinar y demostrar que una persona fue coercionada por un tercero? El problema es que en muchos casos no se podrá probar porque no hay declaración o no hay prueba alguna de que ello haya ocurrido, lo que quiere decir que, a menos que solo se liberen a aquellas personas que puedan probar que fueron coercionadas (que será un porcentaje ínfimo), se correría el riesgo de liberar a personas que delinquieron voluntariamente.

    El punto 5 es el que me parece más preocupante. Aunque se trate de robo simple y sin violencia, se trata, efectivamente, de personas que voluntariamente cometieron un delito. El mensaje que se envía con esto es cuestionable. Si se anuncia que quienes han sido procesados por delitos simples y pequeños serán liberados, ¿cómo podrían tomarlo aquellas personas con el potencial de delinquir o que asuman que pueden apelar a su condición socioeconómica para reducir la pena y así bajar las barreras para cometer este tipo de actos delictivos?

    Es cierto que en México la justicia no es equitativa. Una persona pobre tiene mayor posibilidad de ser detenido que una que no lo es. No es un secreto que los policías, para cumplir sus cuotas, acuden a barrios populares o en situación de pobreza para detener de forma arbitraria a personas que están tomando alcohol en la calle o están consumiendo estupefacientes. Dicho esto, debería reformarse todo el sistema penal y de justicia de tal forma que todas las personas sean, en la práctica, juzgadas sin distingo de clase o condición socioeconómica y que nadie tenga privilegios sobre otros ante la ley.

    Pero hablar de una aplicación asimétrica de la justicia no implica de ninguna forma que vivir en condición de pobreza per sé sea un atenuante a la hora de ser juzgado en tanto no se demuestre en los casos individuales que su condición de pobreza haya sido un factor a la hora de recibir la condena, ya que ello contraviene lo mismo que desea procurarse: unas leyes que apliquen igual para todos. La pobreza o un tejido social roto deben ser considerados a la hora de combatir la delincuencia para inhibirla, pero no deben de ser variables una vez que el individuo ya ha cometido un crimen.

    Tampoco se puede asumir que los pobres son más buenos por ser pobres y, desde esa posición, pretender establecer criterios de justicia. Los delitos deben de ser juzgados de igual forma para todos y se debe evitar que los pobres se encuentren en desventaja frente a la justicia, no promover lo opuesto (que tengan más beneficios o consideraciones).

    Me parece que, más que tener un fin práctico, esta Ley de Amnistía tiene un fin retórico que busca abonar al discurso y a los simbolismos de este gobierno. Si se quiere acabar con la inequidad con respecto a la ley (lo cual es imperativo) entonces debería proponerse una ambiciosa reforma (lo cual no es tan complicado en tanto que MORENA gobierna como mayoría), pero una amnistía, además de ser mucho más fácil de instrumentar, abonaría más al discurso de combate a la desigualdad que a su combate en sí.

    El problema, además, es que la amnistía no soluciona ningún problema de fondo. Pretenden amnistiar a quienes consideras fueron procesados producto de un sistema inequitativo (cuya realización en la práctica queda en duda por lo ya antes mencionado), pero no soluciona el problema de raíz ya que ese sistema no ha cambiado. En tanto no haya reformas, el sistema seguirá replicando aquello que se quiso subsanar mediante la amnistía.