Categoría: política

  • Todos, todos, todos los líderes políticos deben ser confrontados

    Todos, todos, todos los líderes políticos deben ser confrontados

    Todos, todos, todos los líderes políticos deben ser confrontados

    Ningún líder, por más noble que sea, puede tener el privilegio de evitar ser confrontado por los periodistas. Ninguno.

    Ocurre que Ciro Gómez Leyva entrevistó al líder de FRENA Gilberto Lozano. Literalmente lo hizo añicos y exhibió su retórica populista y demagoga, e incluso el periodista se veía a cada rato desesperado por la cantidad de incongruencias que escuchaba por parte de Gilberto y parecía tratar de explicar con peras y manzanas por qué aquello que decía no tiene sustento.

    Y en la misma tesitura del sector más rancio del pejismo, sus seguidores se indignaron, lo llamaron vendido y chayotero. Lo más grotesco es que los mismos pejistas llamaron a Ciro chayotero ese mismo día (por otras razones, claro está). Los paralelismos entre el pejismo y los «lozanistas» son preocupantes, pero eso ya será tema de otro artículo.

    Lo que aquí toca es que ningún líder político tendría que ser tratado como un ser mítico al que no se le puede tocar ni cuestionar. Por más noble que sea, por más genuino y hasta iluminado. ¿Por qué?

    Porque la confrontación arroja información, y por más información tengamos en nuestras manos, los ciudadanos tendremos más herramientas para tomar mejores juicios y decisiones.

    ¿Qué información arrojan estos ejercicios? Cuando se confronta a un líder, se le hace salir de su zona de confort, se muestran sus contradicciones que generalmente mantiene a raya y trata de ocultar, se le obliga a sostener y fundamentar sus dichos y se le obliga a tomar posturas respecto de distintos temas; se le coloca en escenarios adversos que nos harán ver de qué está hecho. Dichos escenarios nos revelan información del líder en cuestión que de otra forma no habríamos conocido.

    En muchas ocasiones, el líder sale avante o bien muestra algunas contradicciones que no son muy relevantes y no ponen en entredicho su «estatura moral», pero sí hay otros que muestran una clara incongruencia entre lo que el líder dice ser y lo que en realidad es.

    Cuando la gente se predispone ante este tipo de escenarios, lo hace porque, al tiempo en que su líder es confrontado, teme que su concepto del líder a quien sigue y admira sea confrontado también y pueda quedar en entredicho. Es un mecanismo de defensa, claro está, y no es casualidad que aquellos sectores que rayan en el fanatismo son los que reaccionan con más encono hacia este tipo de ejercicios.

    En una democracia sana, independientemente de su postura política, los líderes son confrontados por algún periodista, en tanto que en los regímenes autocráticos ello o no ocurre o en el mejor de los casos sólo se cuestiona a quienes son un peligro para el régimen. Afortunadamente en México, mal que bien, con lo imperfecta que nuestra prensa es, tenemos de las «dos sopas»: a AMLO y sus acólitos se les ha confrontado igual que a opositores como Gilberto Lozano.

    Los comunicadores no necesariamente son objetivos ya que eso de la «objetividad perfecta» no existe (por eso es que se desea que el periodismo sea plural), pero eso no invalida este tipo de ejercicios, porque aquí lo que importa no es tanto lo que opine el periodista sino la defensa que el líder haga de las críticas y confrontaciones. Ayuda, en este sentido, que el comunicador sea de una ideología distinta del líder en cuestión.

    Insistiendo en el tema del periodista y su pretendida posibilidad de alcanzar un objetivismo que nunca se alcanza por completo, que estos ejercicios sean útiles no implica, por otro lado, que todo lo que dice el periodista sea verdadero o que las acusaciones lo sean. Lo que importa es la defensa que el líder hace de ellas, porque si al líder se le acusa de una injuria que jamás cometió, entonces debería tener la capacidad de refutarla.

    Sabemos que Ciro Gómez Leyva, aunque no es uno de mis periodistas preferidos, de pejista tiene poco. Difícilmente se puede sostener el argumento de que tiene consigna por parte del régimen porque sigue siendo crítico con López Obrador y porque ese mismo día los pejistas lo trataron de la misma forma que los lozanistas.

    A muchos no les gustó ver a su líder confrontado, pero mal que bien los ciudadanos obtuvimos más información de él, y eso siempre es una buena noticia.

  • ¿Crees que se puede sacar a López Obrador?

    ¿Crees que se puede sacar a López Obrador?

    ¿Crees que se puede sacar a López Obrador?

    Algunas personas han estado promoviendo la idea de que López Obrador renuncie y deje el poder. Es su causa.

    Es natural que la gente, enojada, pida la renuncia. Si algo aprendí de la campaña que pedía la renuncia de Peña Nieto y a la que me llegué a sumar en un principio, es que hay que conocer bien lo que dice la ley.

    No es como que muchos estemos contentos con tener a López Obrador e incluso estamos preocupados, pero también es cierto que así como esa idea puede ser «atractiva» para algunos, también es facilona y demagógica por la dificultad que existe para hacerlo (y de lo cual no nos advierten) y porque no reparan en las consecuencias de que el Presidente renuncie.

    Incluso algún que otro despistado que dice ser abogado constitucionalista asegura que sí se puede. Voy a tomar un poco como referencia este video y así refutar los argumentos de quienes creen que se puede sacar a López Obrador con un tronar de dedos:

    La interpretación que aquí se hace es tramposa. No es necesario ser abogado constitucionalista (la gran mayoría de los abogados no va a estar de acuerdo con el licenciado Mario Gallardo Mendiolea) para entender por qué esa promesa es imposible, basta con entender las leyes y conocer los mecanismos.

    Ciertamente, el artículo 39 de la Constitución Mexicana establece que: “la soberanía nacional reside esencial y originalmente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para su beneficio. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar y modificar la forma de gobierno”. Pero esto no implica que el pueblo pueda decidir nada más porque sí prescindir del Presidente de la República como parece sugerir Mario Gallardo. Ya que estamos en una democracia representativa, el pueblo puede acceder a ese derecho «de alterar y modificar la forma de gobierno» a través de sus representantes o de los mecanismos existentes en la ley e incluso así ello tiene muchos candados que evita que se traduzca en la posibilidad de remover al Presidente de la República por petición ciudadana.

    En varios regímenes presidencialistas existen dos formas a través de las cuales el Presidente puede ser removido: el primero es a través del Juicio Político (forma de destitución que no cae en la ciudadanía) y el segundo es la revocación de mandato.

    Hasta hace poco, en México no existía ninguno de esos dos mecanismos. El Presidente no es sujeto a Juicio Político y solo se le puede juzgar por traición a la Patria (en sentido estricto y no como lo vienen manejando los activistas) y delitos graves del orden común (que haya liberado a Ovidio es muy reprochable, pero no es un delito grave comprendiendo el contexto), basta leer el artículo 108 y el 110. Hoy existe la figura de revocación de mandato que es la única figura a través de la cual la ciudadanía puede deponer constitucionalmente a su presidente, pero no existe el mecanismo del juicio político (impeachment). Aquí parece que los que proponen remover a López Obrador tendrían razón, pero ahora habrá que ver qué condicionantes existen para que esto se lleve a cabo.

    Resulta que este mecanismo tiene algunas condicionantes. Solo puede activarse la consulta para ese fin hasta la segunda parte del periodo presidencial (es decir, a partir de 2022), debe ser solicitada por el 2.5% del padrón electoral y solo puede activarse una vez. Una vez que se activa, el INE organizará dicha consulta y la mayoría de los electores tiene que votar por su salida para que eso ocurra.

    Mario Gallardo Mendiolea menciona al artículo 86 pero lo interpreta de una forma tramposa. El artículo dice que: «El cargo de Presidente de la República sólo es renunciable por causa grave, que calificará el Congreso de la Unión, ante el que se presentará la renuncia«. Es decir, AMLO tiene que renunciar por voluntad propia (lo cual sabemos que no va a suceder), tiene que existir una causa grave (por el momento no la hay) y la renuncia tiene que ser avalada por el Congreso (donde MORENA es mayoría).

    Quienes desean restar poder al Presidente de la República tienen que tener en cuenta tres fechas: 1) El 22 de julio de este año (es necesario evitar que el gobierno en el poder coopte al INE). 2) El 2021 (las elecciones intermedias para arrebatarle al gobierno la mayoría en las cámaras y 3) El 2022 para activar la revocatoria de mandato. No hay más, esas son las opciones.

    Por último: sabemos que hacer dimitir a AMLO es prácticamente imposible hasta 2022, pero incluso en el caso hipotético de que se pudiera hacer por una vía no electoral, los proponentes no están considerando los «efectos colaterales». Algo así sería muy desgastante tanto para el país como para el sistema democrático, crearía mucha incertidumbre e incluso conflictos sociales. No hay nada que garantice que una renuncia forzada nos lleve a mejor puerto.

    La oposición en este sentido tiene que ser responsable y tiene que concentrar sus energías en el lugar correcto. Si vamos a defender la democracia, la oposición entonces tiene que conducirse dentro del marco de lo institucional. Prometer renuncias que sabemos no van ni pueden ocurrir es mera demagogia y tan solo va a terminar degradando los esfuerzos opositores.

  • ¿Por qué tenemos que defender al INE?

    ¿Por qué tenemos que defender al INE?

    ¿Por qué tenemos que defender al INE?

    Me sorprendo que a estas alturas haya quien relativiza la importancia del INE y crea que es un instituto prescindible. Pero no lo es, con todo y que es imperfecto, que es mejorable y ha tenido errores.

    Amigos, antes del INE las elecciones eran simuladas. El ganador ya estaba determinado antes de que salieras a votar, las elecciones eran coordinadas desde la Secretaría de Gobernación y siempre ganaba el PRI. Fueron décadas en que ese sistema se mantuvo hasta que, gracias en parte a la presión de la oposición y la misma ciudadanía, se comenzó a resquebrajar.

    Hoy, con todas las imperfecciones que existen, la gente elige a sus gobernantes y no el Presidente en turno.

    Fue el mismo INE validó incluso el triunfo con mayoría absoluta de López Obrador, lo cual es especialmente probatorio de su funcionamiento y gran expresión democrática.

    El mecanismo el día de las elecciones (en el que la gente va a votar, en el que son los ciudadanos quienes están a cargo de las casillas) funciona a la perfección, es virtualmente imposible ejecutar un fraude en este proceso. En otros ámbitos es mejorable y debe arreglarse (como el tema de los topes de campaña y demás), pero, con todos sus defectos, cumple con su función: que la gente elija en elecciones libres al que considera el mejor candidato.

    El INE es pilar fundamental de la democracia, es parte de esa transición de un PRI hegemónico donde la libertad de expresión de manifestación y de prensa estaban muy restringidas a uno de libertades. Sí, nuestra democracia y nuestro sistema de representación tienen muchas cosas mejorables. Sí, la clase política queda mucho a deber y tenemos muchas cosas qué mejorar. Pero no podemos negar los avances, no podemos minimizarlos, tenemos que recordar qué era no tener esto que hoy tenemos.

    Por eso hay que defenderlo. No se trata de «ir contra el gobierno por pelearse con algo» se trata de defender los avances que sí logramos.

    Busca a tus representantes, mándales un correo o un tweet y presiónalos para que se comprometan a defender la autonomía del INE.

    Sin un INE autónomo no hay democracia, así de sencillo.

    Aquí escribo por qué la autonomía del INE está en riesgo

    Aquí puedes consultar el portal #YoDefiendoAlINE para que conozcas bien este proceso

  • El que se enoja pierde, Gilberto Lozano

    El que se enoja pierde, Gilberto Lozano

    El que se enoja pierde, Gilberto Lozano

    El gobierno de López Obrador ha tratado de empujar la narrativa de que hay quienes están interesados en impulsar un golpe de estado en su contra. La intención de ello es polarizar a la sociedad dividiéndola en dos bandos: los buenos (nosotros), los malos (ellos, los fifís y conservadores).

    Como parte de esta estrategia, un periodista claramente adherido al régimen llamado Hans Salazar fue a la mañanera a decirle a AMLO que dentro de FRENA, la organización de Gilberto Lozano, habían intenciones de atentar contra AMLO, lo cual evidentemente era falso y era producto de información sacada de contexto como fotos de Lozano con una máscara de AMLO en un plato, pero que no hacía referencia a alguna decapitación y un tweet de un integrante de FRENA mostrando una bala para «rescatar a México de AMLO» como una forma de catarsis y claramente sin alguna intención seria.

    Gilberto Lozano tenía la oportunidad de exhibir al gobierno, de mostrar cómo a partir de información sacada de contexto querían generar esa percepción para así no caer en su juego, pero la perdió.

    Gilberto Lozano, una persona de mecha corta y talante autoritario, perdió los estribos y cayó en la trampa. En lugar de hacer tener el control de sus emociones prefirió, visiblemente enojado, tomárselo personalmente, y básicamente amenazó al reportero diciéndole que «va a pagar caro» y pidiéndole a su gente que le ayudara a conseguir el nombre del reportero.

    ¿Cuál fue el resultado? Que esa respuesta de Lozano cayó como anillo al dedo al gobierno para presentarlo como un golpista y los «influencers orgánicos» de AMLO ya están trabajando. Ya andan rolando videos de Lozano fuera de sus cabales sugiriendo linchar a los empleados de la CFE o insultando a mujeres con el fin de mostrarlo como un sectario golpista de ultraderechas.

    Peor aún, algunos reporteros opositores al gobierno de AMLO se solidarizaron con Hans Salazar porque aunque no concuerdan con él ni su forma de hacer periodismo, les preocupa que una persona esté amenazando directamente a periodistas en un país donde, vale la pena insistir, es uno de los países donde ser periodista es una de las profesiones más peligrosas en el mundo.

    Seguramente en la 4T habrán tomado nota y ya habrán visto en Gilberto Lozano al chivo expiatorio al cual utilizar para cumplir con su agenda: basta con apretarle los botones indicados y sacarlo de sus casillas para que la figura de Lozano les ayude a etiquetar a la oposición como golpista. Así, incluso corre el riesgo de que su movimiento FRENA, por responsabilidad suya y no la de los ciudadanos que ahí han encontrado un espacio, más que ser incómodo al régimen, le termine siendo útil.

    Porque amigos, en la política como en la vida real, el que se enoja pierde.

    Si México merece mejores presidentes, también merece mejores líderes de oposición, no cabe duda.

  • A López Obrador le fue bien en Washington

    A López Obrador le fue bien en Washington

    A López Obrador le fue bien en Washington

    En Washington vimos a un López Obrador que no solemos ver aquí: a uno más mesurado e incluso con porte de estadista.

    Es cierto que la relación de México con Estados Unidos ha rayado en la sumisión. No son inexistentes los agravios de la ciudadanía mexicana con el presidente Trump, pero cuando de diplomacia se trata el pragmatismo importa.

    López Obrador dio un discurso que funciona bien a todos los niveles, más allá de que le haya «concedido de más» y haya tenido la osadía de decir que Trump se ha portado bien con nosotros (cuando evidentemente no ha sido así), lo cual se le reprochó por no pocas personas.

    Funciona porque su discurso habló de mercados, inversión privada y cooperación internacional. Su discurso seguramente ayudará generar eso que López Obrador no se ha molestado en generar en México: credibilidad y certidumbre en los mercados. No se peleó con los «empresarios fifís», sino más bien hizo énfasis en el papel que éstos tienen en la economía.

    El discurso funciona por el contexto en el que se da. López Obrador sabe que México está cayendo en una crisis económica muy fuerte (parte producto de la pandemia, parte autoinflingida) y sabe que necesitará de Estados Unidos para superarla. Mantener una buena relación comercial con el vecino del norte, con quien tiene el mayor número de importaciones y exportaciones, será crucial.

    ¿Qué habría pasado si, como deseaba la oposición, se hubiera puesto a despotricar contra Trump? Las relaciones se habrían visto muy afectadas con el alto costo político y económico que ello habría significado para el país. Es posible que algunos opositores de todos modos le hubieran reclamado y hubieran interpretado esos reclamos como una muestra de que «nos estamos enfilando ante el chavismo».

    Me sorprende que incluso gente especialista en el tema haya esperado que AMLO confrontara a Trump en este contexto y en estas circunstancias. Ello sólo habría servido como un acto de catarsis con efectos políticos y económicos muy cuestionables.

    Es cierto que no es seguro que Trump gane las elecciones, de hecho Biden tiene una considerable ventaja sobre él (cierto también es que Biden no es fuerte como candidato) y en caso de que los demócratas ganen, no sabremos cómo van a ser las relaciones con ellos. Es válido preguntarse si hubo un buen timing o no por parte de nuestro gobierno, pero aún así, refrendar la alianza de nuestro país con Estados Unidos en estos meses que van a ser muy cruciales era algo muy importante. Era importante mandar un mensaje de certidumbre después de todos los errores que López Obrador y su gobierno ha cometido.

    El discurso que pronunció AMLO de paso le ayuda a «poner quietos» a aquellos opositores que dicen que su gobierno nos va a llevar al comunismo, y tranquilizar un poco a quienes piensan que México va a seguir la ruta de Venezuela. En AMLO no hay un discurso antiimperialista, el mensaje de hoy es que la alianza es con Estados Unidos y no con China o el «Socialismo del Siglo XXI». Ello también es prueba de la imposición del ala moderada de MORENA sobre la radical y eso es una buena noticia.

    Es cierto que López Obrador de alguna manera se contradijo con lo que decía en la campaña (hasta escribió un libro al respecto), pero es mucho mejor que lo haya hecho a que haya sido «consistente» lo cual habría lacerado las relaciones con Estados Unidos. Su incongruencia discursiva es una mera trivialidad frente a lo que realmente importaba: refrendar la alianza con Estados Unidos y generar algo de certidumbre en los mercados internacionales después del cúmulo de errores e ineptitudes de su propio gobierno.

    Hoy muchos vimos al AMLO que todos queríamos ver: uno responsable, que hable de justicia social sí pero también de mercados, inversión y cooperación internacional, un AMLO que no se dedique a polarizar. Lo más probable es que regrese y vuelva a ser como antes, difícil es esperar otra cosa; pero me parece que, incluso contra lo que yo pensaba, la decisión de ir a Washington fue acertada. Trump ni siquiera abusó de él (como algunos temían), todo se dio en un ambiente de cordialidad.

  • El mito del Peje comunista

    El mito del Peje comunista

    El mito del Peje comunista

    Algunas figuras de ultraderecha como Gilberto Lozano han propagado esta idea de que López Obrador nos va a llevar al comunismo. Bajo esa aseveración demagógica, el regiomontano ha logrado crear lo que, al día de hoy, parece ser el bloque opositor más grande y articulado.

    El argumento le funciona por la connotación negativa que el término comunismo tiene, sobre todo en aquel sector de la sociedad que vivió parte de su vida dentro del contexto de la Guerra Fría. No es como que los regímenes comunistas sean defendibles en lo absoluto, pero es claro que haber vivido en un contexto en donde la batalla era entre el capitalismo y comunismo soviético hace que el término genera más temor que entre los más jóvenes quienes no vivieron en esa época.

    Está de más explicar estrictamente el término en este artículo, pero sí es importante entender qué significa para la gente. El comunismo implica, dentro del inconsciente colectivo, que te van a quitar tus bienes, que la propiedad privada va a desaparecer y que todos vamos a caer en la pobreza dentro de un régimen totalitario como en la URSS de Stalin o la Cuba de Fidel. La verdad es que no se ve cómo ello vaya a ocurrir, aunque sí podemos matizar sobre el tema de la pobreza, ya que si bien no «todos los mexicanos se van a volver pobres», las políticas erráticas de este gobierno sí pueden llegar a provocar que no pocos pierdan ingresos y bajen de posición social.

    A esto, Gilberto Lozano agrega la agenda progresista, que es de izquierda evidentemente, pero que no ha formado parte ni del socialismo real ni del populismo latinoamericano que tiende más bien a ser algo conservador en los aspectos sociales. Afirma tramposamente Lozano que todas aquellas políticas que tienen que ver con el género o las minorías son políticas que nos van a llevar al comunismo y que los países «comunistas» como Venezuela, Bolivia o Ecuador ya implementaron. Esto es absolutamente falso.

    López Obrador es un populista, de eso no queda duda y sí hay que abordarlo desde esa perspectiva. ¿Ello implica que su gobierno nos vaya a llegar al comunismo? No.

    En la actualidad solo hay dos naciones comunistas en el sentido tradicional: Cuba y Corea del Norte. Hay otros tres países (China, Laos y Vietnam) que siguen considerándose nominalmente como comunistas y que mantienen la estructura política comunista pero que son más bien «socialismos de mercado» ya que gran parte de los procesos productivos han sido privatizados. Ni Venezuela, mucho menos Bolivia y Ecuador son comunistas. Venezuela es un estado fallido y una dictadura, pero la propiedad privada (con todo y las nacionalizaciones) no ha sido abolida.

    Si López Obrador nos llevara al comunismo como algunos aseguran, entonces México representaría apenas la segunda ocasión en que el comunismo llega a un país por medio de las urnas (la única ocasión en que ha ocurrido eso fue en el Chile de Salvador Allende, quien nunca logró consolidar el Estado socialista que buscaba). Pero nada de eso va a pasar.

    Basta leer los libros autobiográficos de López Obrador y revisar su historia para comprender que no su pensamiento no se forjó dentro del marxismo, AMLO no forma parte de esa tradición. Al menos en este sentido, AMLO parece ser honesto, su ideario político tiene que ver más bien con esa nostalgia posrevolucionaria, ese modelo económico mixto que se considera trajo el «milagro mexicano». En muchos sentidos, AMLO es más priísta (de la vieja guardia) que comunista.

    Otra «prueba de nuestro tránsito al comunismo» es que MORENA pertenece al Foro de Sao Paulo donde se aglomeran los partidos de izquierda de América Latina, desde laboristas y socialdemócratas hasta comunistas. Personas como Gilberto Lozano aseguran que México está siguiendo una supuesta agenda preestablecida para establecer el comunismo en nuestro país. Ciertamente, el partido de Nicolás Maduro o el de Evo Morales pertenecen a este foro, pero también la izquierda del uruguayo Pepe Mujica, el de Michelle Bachelet o el gobierno actual de Panamá forman parte de él y no es como que ellos hayan seguido una agenda para llevar a sus países al comunismo: sus países siguen siendo economías de mercado democráticas.

    En este sentido, MORENA es más parecido al PRI con el que creció López Obrador. El partido ha aglomerado en su seno tanto a gente de extrema izquierda, progresistas e inclusive personas de derecha muy conservadoras (sin olvidar a los evangélicos que han sido «apapachados» por este gobierno). Prueba de ello es la forma en que MORENA suele votar las agendas progresistas en los estados. En la Ciudad de México de Claudia Sheinbaum, MORENA muestra una línea claramente progresista que sigue la línea establecida desde el gobierno de Marcelo Ebrard. En cambio, en Puebla los integrantes de ese mismo partido bloquearon la iniciativa del matrimonio igualitario.

    La agenda progresista es una disputa dentro de ese partido, ya que mientras que unos están a favor y otros en contra, algunos representantes del partido buscan legalizar el matrimonio igualitario en todo el país mientras que el propio López Obrador mantiene una línea bastante más conservadora al respecto, lo cual incluye la abierta displicencia a los grupos feministas y la violencia de género. Esto es algo parecido a lo que ocurre con el PRI respecto a estos temas donde la postura suele ser ambigua y tiene discrepancias a nivel regional.

    En efecto, AMLO desea un papel más activo del Estado en la economía, pero no desea suprimir a la iniciativa privada. Más bien, como en la tradición del viejo PRI, pretende tener cierto control sobre la élite económica (a la cual considera necesaria, aunque no termina de entender ni de dimensionar su importancia del todo). Por ello se explica que lleve a los «peces gordos» como Carlos Slim, Salinas Pliego o Hank González a sus reuniones con Trump. Evidentemente, este tipo de relación entre Estado y élite económica donde la segunda se somete pero obtiene beneficios del primero termina siendo nociva para el país porque tiende, a la larga, a configurar eso que algunos llaman capitalismo de cuates y que termina generando una mayor desigualdad social. Pero eso no es comunismo.

    Luego, dentro de este «Estado más activo» AMLO tiene algunas particularidades que podrían sonar hasta «neoliberales». AMLO, hasta la fecha, ha sido constante con su idea de la austeridad republicana e incluso se le ha pasado la mano, tanto en lo cuantitativo como en lo cualitativo. Su apuesta, a diferencia de la gran mayoría de los gobiernos de izquierda que justo al llegar al poder buscan gravar y recaudar más (si es que podríamos considerar estrictamente a AMLO de izquierda), es hacer más con menos.

    La geopolítica también contraria a quienes sugieren este «establecimiento del comunismo en México». ¿Por qué si López Obrador es comunista tendrá su primer viaje presidencial a Estados Unidos con Donald Trump? ¿Por qué su gobierno se ha sometido a todos los caprichos de Trump y por qué celebra con algarabía la firma del T-MEC? ¿No se supone que si es comunista tendría que sostener un discurso abiertamente anticapitalista, antiestadounidense y antiimperialista? ¿Por qué Estados Unidos permitiría así sin más un gobierno comunista como vecino y recibiría al mandatario a quien «estima como un gran amigo»?

    Nadie niega que el gobierno de López Obrador tenga muchos rasgos preocupantes y tal vez hasta peligrosos. La constante ineptitud de esta gestión y su necedad de tratar de encajar su visión ideal de un México que ya no existe con la realidad está generando serios problemas y podría traducirse en más pobreza y más inseguridad. La degradación institucional es un hecho, la democracia sí está en riesgo y la aspiración de «regresar al pasado» viene incluido con la apuesta de tener todas las variables bajo su control, pero de ahí a que nos quiera convertir en comunistas hay un largo trecho.

    AMLO es, básicamente, un hijo del PRI.

    Quien sugiera que México va a ser comunista y que el martillo y la hoz va a sustituir al escudo del águila y la serpiente de la bandera, o habla desde la ignorancia, o simplemente está engañando deliberadamente.

  • Tenemos que hablar sobre la libertad de expresión y la discriminación

    Tenemos que hablar sobre la libertad de expresión y la discriminación

    Tenemos que hablar sobre la libertad de expresión y la discriminación

    ¿Qué tenemos que decir sobre la discriminación? Tomando los valores liberales como referencia, ¿debe ser permitido o no discriminar? ¿Es que los progresistas están yendo lejos cuando hablamos de discriminación, o los conservadores se quieren quedar muy cortos?

    Algunas personas suelen decir que la libre decisión y la discriminación son sinónimos. Cuando tomamos una decisión elegimos una cosa sobre de otra, por lo tanto discriminamos una cosa en favor de la otra.

    Pero para efectos de este texto habría que hacer una distinción y separar lo que es la libre decisión de las personas y lo que es un acto rampante de discriminación en su contexto negativo.

    Por lo tanto usaré el término discriminación no en el sentido de elegir, sino de relegar, degradar o denigrar a otra persona.

    Libertad de elección

    La gente tiene el derecho a tomar decisiones libres y las autoridades no pueden hacer nada con respecto a ello siempre y cuando los individuos se sujeten al marco normativo y legal y no transgredan los derechos de los demás.

    Cuando la gente toma decisiones, algunas personas se verán favorecidas sobre otras. Por ejemplo, si a la gente le atrae en la mayoría de los casos las personas delgadas las personas con sobrepeso se verán en desventaja y lo tendrán un poco más complicado a la hora de elegir pareja.

    Pero la gente está en su derecho de decidir optar por una persona con tales atributos físicos o color de piel. Puedo decidir tener amigos católicos y no musulmanes porque con los primeros me entiendo mejor, etc. La persona es libre de decidir porque no está buscando perjudicar a las personas que no ha elegido ni ha atentado contra su dignidad.

    Puede parecer injusto, pero no lo es. Los seres humanos no somos iguales, todos tenemos características únicas que nos pueden dejar en ventaja en ciertas circunstancias y en desventaja en otras. De aquí se sigue que tampoco tenemos el derecho de tener los mismos resultados (ej: ganar lo mismo o tener el mismo número de parejas a lo largo de la vida), más bien a lo que tenemos derecho es que no se nos discrimine y, valga la redundancia, a poseer los mismos derechos que los demás tienen. Podemos hablar de otros derechos como los que tienen que ver con la salud y la educación que deben ser para todos porque dichos derechos constituyen una base o punto de partida bajo el cual cada persona puede desarrollarse de acuerdo a sus talentos y necesidades propias.

    Prejuicios

    La gente tiene derecho a albergar prejuicios en su cabeza por el simple hecho de que nadie tiene el derecho a ejercer coerción sobre su conciencia.

    Sabemos que todos en mayor o menor medida albergamos prejuicios y sabemos que lo ideal es que hagamos de forma sistemática exámenes de conciencia para cuestionar nuestros prejuicios, pero siendo ciudadanos mayores edad, nadie puede obligarnos de forma coercitiva a cambiar nuestros pensamientos.

    Dicho esto, si una persona alberga prejuicios homofóbicos o racistas, tiene derecho a tenerlos y nadie le puede obligar por medio de coerción a pensar de tal o cual manera.

    Sin embargo, a lo que esa persona no tiene derecho es a discriminar públicamente con base en su prejuicio. Una persona puede tener el prejuicio de que «los gays son degenerados» pero ello no implica que en lo público pueda discriminar a los gays, por ejemplo, relegándolos, discriminándolos o insultándolos. La persona prejuiciosa bien puede saber que no debe discriminar a los gays y, a pesar de sus prejuicios, puede decidir no hacerlo no considerando la orientación sexual a la hora de contratar empleados.

    Es decir, la gente tiene el derecho a pensar lo que quiera pero no tiene derecho a hacer lo que quiera con aquello que piensa.

    Discriminación

    A diferencia de la libertad de elección, la discriminación no puede estar ética ni moralmente justificada. Si yo decido insultar o degradar a otra persona por su orientación sexual o por su etnia, ello es reprobable.

    Sin embargo, la discriminación solo debe ser sancionada con coerción por el Estado cuando ella pone en peligro la integridad o los derechos fundamentales de la persona a la que se le discrimina.

    Es decir, desde el punto de vista formal, una persona tiene derecho a decir frases machistas o chistes degradantes, tiene la libertad de expresión garantizada por el Estado de hacerlo, pero …

    … ello no implica que la sociedad o un conjunto de personas estén obligados a tolerar ese tipo de frases. Las leyes formales lo pueden permitir, pero no necesariamente las normas o convenciones sociales o de un grupo determinado.

    Dicho esto, una persona o un grupo de personas puede relegar o excluir a aquella persona por decir comentarios machistas ya que es parte de su libertad de elección. En este punto hay quienes dicen que se está vulnerando la libertad de expresión, pero ello no ocurre en tanto no implique que el Estado aplique medidas coercitivas, porque entonces la alternativa sería vulnerar la libertad de elección de las personas que deciden con quienes pueden convivir y asociarse. Si se me obligara a tolerar personas que sostienen discursos racistas o fascistas estarían vulnerando mis derechos.

    El Estado no puede obligar a las empresas privadas a contratar gente de todas etnias o preferencias sexuales en tanto se apeguen a derecho y cumplan son sus obligaciones, pero si una sociedad dada determina que tal empresa discrimina a las mujeres o a los latinos, la sociedad tiene todo el derecho de protestar, indignarse, criticar o presionar a la empresa en cuestión ya que están utilizando su derecho a la manifestación y expresión.

    Lo mismo pasa con la comedia de la que ahora algunos denuncian que la corrección política ya no les permite hacer ciertos tipos de comedia. El Estado no puede decir a los ciudadanos qué tipo de comedia pueden hacer; sin embargo, la gente tiene derecho a protestar por tal o cual tipo de comedia e incluso algún club puede decidir no contratar a comediantes cuyo contenido considere machista o discriminatorio. La sociedad tiene el derecho de establecer sus convenciones o normas sociales y ellas por sí mismas no implican un atentado en contra de la libertad de expresión.

    Conclusión

    El Estado no puede o no debería poder intervenir ni en la libertad de elección ni en la conciencia de las personas ni en la forma en que los ciudadanos se expresan a menos que ello ponga en riesgo la integridad de un tercero (alguien que invite a golpear a las mujeres por un decir). Las campañas contra la discriminación por parte del gobierno serán válidas en tanto no impliquen coerción directa del Estado (a menos, claro, que pongan en riesgo la integridad de terceros).

    Pero la libertad de expresión no implica que la gente esté obligada a tolerar todo aquello que dices. La sociedad y los diversos grupos de la sociedad tienen el derecho de establecer sus normas y convenciones sociales bajo las cuales regularse, y de hecho necesitan de ellas para poder formarse y ser sostenibles.

  • La autonomía del INE está en riesgo

    La autonomía del INE está en riesgo

    La autonomía del INE está en riesgo

    ¿Por qué el 22 de julio te debe importar? ¿Por qué ese día podía ser trascendental para el futuro de la democracia en México?

    El 22 de julio la Cámara de Diputados va a renovar cuatro de los 11 consejeros electorales del INE. ¿Cuál es el problema?

    Que si los cuatro consejeros son del oficialismo (MORENA y partidos satélites) solo bastará con que compren a un solo consejero de los restantes para cooptar al INE. En la actualidad MORENA tiene a un consejero en el INE. Tendrían 5 y con otro más 6 de los 11, con lo cual serían mayoría.

    Una duda razonable sería preguntarnos si lograrán cooptar a uno de los consejeros o si, siendo mayoría, tendrían la tentación de vulnerar al INE. No ma parece nada descabellado que con mayoría terminae vulnerando a un instituto que consideran (dicho por el mismísimo Martí Batres) como de oposición y al cual no le perdonan un fraude electoral, que a la fecha, no han logrado comprobar y sin olvidar que AMLO se ha autoproclamado como guardián electoral para evitar fraudes.

    No vale la pena arriesgarse para ver si sí se atreven a hacer ello o no.

    Y si el oficialismo coopta al INE, entonces la vía electoral para disminuir su poder en 2021 o votar por la alternancia en 2024 se podrá ver comprometida y, con ella, la democracia misma. Un escenario así se podría traducir en un paso importante para el retorno del PRI hegemónico (nada más con otras siglas). Con un INE cooptado, éste comenzará a poner obstáculos a la oposición, incluso con medidas legales o que puedan parecer legales tratando de hacer parecer que el instituto sigue siendo un árbitro confiable.

    En lugar de manifestarse contra el «comunismo» o para sacar a AMLO del poder (lo cual es prácticamente imposible por medios no electorales ya que para activar la revocación de mandato el mandatario deberá haber cumplido ya la primera mitad de su periodo), la oposición debería estar enfocando sus pilas en evitar que la 4T meta a todos los consejeros. Evidentemente los diputados de oposición tendrán que negociar para evitar que eso ocurra, pero la ciudadanía también debe de presionar para ello.

    El riesgo está ahí, latente. Y es un riesgo que no vale la pena tomar.