Categoría: política

  • ¿Y las encuestas? insulto a mi profesión

    ¿Y las encuestas? insulto a mi profesión

    ¿Y las encuestas? Insulto a mi profesión

    Ya ha pasado algo de tiempo, y la verdad es que si algo me ha molestado bastante es el uso que le han dado a las encuestas en las elecciones pasadas. Ciertamente los candidatos siempre nos van a decir que van más arriba de lo que van en realidad, AMLO al final nos dijo que «sus números» le decían que ya había rebasado a Peña Nieto, Josefina decía que solo estaba a 4 puntos cuando en realidad estaba a más de diez. Pero en estos casos, las afirmaciones solo salieron de la boca de los candidatos. Pero lo que hicieron las encuestas a favor del PRI y que si estaban copeteadas no tiene… madre. La primera imagen que les traigo es la tabla de los resultados que arrojaron las encuestas, antes de entrada la veda electoral (unos días antes de las elecciones), donde se comparan los resultados que dan con los resultados del PREP.

    Digo, quien niegue que están copeteadas es que vive en el error, y cualquier persona con nociones en estudios cuantitativos sabe que las encuestas de GEA-ISA (Milenio), Grupo Fórmula, El Universal, Excelsior, Parametría y Mitofsky estuvieron cuchareadas y manipuladas a favor de Enrique Peña Nieto. Afirmar que la distancia entre EPN y AMLO fue de 18.4% y que el resultado oficial sea del 7% termina siendo una mentira insultante.

    Ciertamente una encuesta no puede afirmar el resultado real y sirven para ver tendencias, más no para dar por un hecho algo; esto se debe sobre todo al margen de error. Cuando se hace un estudio de este tipo, lo primero que se hace es tomar una muestra de tantas personas que representen al universo (que en este caso es la población de México), es decir si en México hay no sé 50 millones de hombres, 50 millones de mujeres, de tal edad, tantos ricos y tantos pobres, esos mismos porcentajes extrapolarlos a la muestra, que en este caso rondaba las mil personas. Al ser una muestra del universo, esta tiene un margen de error, por más grande sea la muestra el margen de error se reduce y por más pequeña aumenta. En este caso, el margen de error de las encuestadoras fue de aproximadamente el 3%, ¿Qué quiere decir esto?, que el resultado arrojado puede variar en tres puntos porcentuales (positivos o negativos), es decir, si el resultado de las elecciones arrojó un 7% de diferencia entre los candidatos, para afirmar que las encuestadoras hicieron bien su trabajo, debieron sacar una diferencia de entre 4% y 10%. Generalmente cuando dos candidatos (que pasó en dado momento con Obrador y Vázquez Mota) tienen una diferencia menor al 3%, se dice que están en empate técnico.

    Entonces, si 10% es la mayor ventaja que le debían dar a Peña Nieto, ¿Por qué las primeras cinco encuestadoras, las copeteadas, rebasan por más de 5 puntos ese umbral?, simplemente, porque están manipuladas. Aquí hay que hacer una aclaración, existen las preferencias brutas y las efectivas. Las brutas incluyen a los indecisos, y las efectivas no los incluyen, por lo cual estas últimas tienden a hacer más grande la ventaja de lo que en realidad es. En esta gráfica todos los datos son de preferencias brutas, solo en el caso de Milenio son efectivas, pero aún así, con números brutos el resultado sigue estando arriba de 15%. En el 2006 prácticamente todas las encuestas le daban la victoria a AMLO (menos GEA-ISA), pero aún así caían dentro del margen de error y el que Calderón hubiera ganado por menos de 1% estaba dentro del rango, por lo cual sabemos que en ese entonces las encuestas estaban bien hechas. Ahora no ocurre así, incluso rebasan este rango por 5%, que son más de dos millones de habitantes.

    Las encuestas se convirtieron en propaganda electoral a favor de Enrique Peña Nieto. Es más, las encuestas que podríamos considerar cercanas a AMLO (Covarrubias – SDP Noticias y Uno TV – María de las Heras, esta última de Carlos Slim) hicieron un buen trabajo y no sesgaron los números a favor de López Obrador. Incluso la encuesta «atípica de Reforma» como la llamaron eufemísticamente las demás casas encuestadoras, la cual en mayo le dio a Peña solo 4 puntos de ventaja, alcanzaba a caer dentro del rango permitido. Ahora, no solo están los números manipulados, sino como estos fueron presentados. Casi todas las casas encuestadoras (sobre todo las fidedignas) presentaban sus resultados cada mes o cada dos semanas, pero las copeteadas se mostraban más seguido, y que decir de GEA-ISA quien presentaba su encuesta diaria. Milenio, quien contrató a esta casa encuestadora, se dejó guiar por la máxima de Goebbels: «Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad». Casi todo lo que veía la gente respecto a encuestas era GEA-ISA (aún así muchos no se la creyeron) quienes se encargaron de crear la percepción de que Peña Nieto ya ganó.

    Lo peor es que las encuestas llegan a incidir en cierto punto a las votaciones, cuando se presenta a un candidato con una ventaja exagerada, desincentiva a la gente que quiere votar por la oposición. Y podríamos pensar que los afines a Peña se podrían confiar, pero si analizamos el grueso de los votantes de Peña (gente con poca educación, compra de votos, gente que es parte del PRI de alguna u otra forma) pues no le afecta mucho en realidad.

    No solo de esta manera podemos ver la evidente manipulación, sólo hay que ver el ejercicio que hizo adnpolitico.com donde se concentran los resultados de las encuestas. Vamos a hacer dos ejercicios, primero pondremos a las «copeteadas» y luego a las «no copeteadas, verán ustedes que en la primera, después de marzo, Peña mantiene una ventaja constante, pero las otras, dicen que fue cayendo. Vean como en las primeras EPN aplasta a los opositores y en la segunda se ve que los tres están en la pelea. Digo, esta es una de las tantas razones por las cuales estas elecciones se tienen que volver a hacer.

    Encuestas copeteadas

  • Del caudillismo al racionalismo, por una nueva izquierda

    Del caudillismo al racionalismo, por una nueva izquierda

    Del caudillismo al racionalismo, por una nueva izquierdaSeguramente López Obrador pasará a estar en los libros de historia décadas después a pesar de no haber llegado a la presidencia, generalmente la historia es benevolente con los luchadores sociales. También será benevolente porque al no estar presente, ya no existiría ese miedo que genera en algunos, y al no existir dicho miedo, la gente abordará su figura de otra forma (no toda la población claro). Pongo un ejemplo, Emiliano Zapata. La historia lo ha juzgado positivamente, a un punto en que ha inspirado movimientos contemporaneos (el EZLN), si le preguntas a la mayoría de la gente sobre Zapata, te dará una respuesta positiva de él. Pero si lo traes a la actualidad y lo haces candidato, seguramente será aplastado por los medios, los empresarios, algunos intelectuales; más porque Zapata es un hombre de armas tomar.

    Pero independientemente de este beneficio que recibirá López Obrador de la historia, no significa que sea el político que deba tener México. Naturalmente tiene un historial de luchador social, pero el mundo no se cambia con buenas intenciones, y menos cuando un personaje se aclama una superioridad moral la cual es difícil de sustentar. Ciertamente AMLO es menos corrupto que el político promedio, pero tampoco es una persona totalmente limpia, ciertamente tiene el mejor diagnóstico de los problemas del país, pero su receta es malita, y a veces también peca de incongruente, sobre todo con su relación con Carlos Slim. Ciertamente tiene una vocación para mejorar al país, pero al no controlar dichos impulsos y al dejarse llevar por ellos, se transforma en una megalomanía, que deja rastros caudillistas y redentoristas. Y esto podría resultar contraproducente, porque a la hora de querer «cambiar las cosas» podría caer en la necedad de querer cambiarlas a su manera.

    Los cambios no siempre son benéficos (aunque sean bien intencionados), por lo cual es importante tener líderes capaces que tengan dominio de sí mismos, y donde predomine el uso de la razón. Al haber un cambio, se configura una nueva estructura (no necesariamente se deshace de la anterior, donde se debería procurar conservar las cosas buenas) y para que esta estructura crezca sanamente, se necesita mucha inteligencia y prudencia, si no la hay, crecerá viciada y de esta forma el «cambio» habrá sido en vano. Es aquí donde me pregunto si López Obrador tendría la capacidad de liderar un cambio y aquí es donde tengo mis reservas. Precisamente por ese espíritu caudillista que emana. Que aclaro, no significa que en automático las cosas saldrían mal, podrían salir bien o mal (y dependería de él), podría sorprendernos y convertirse en el Humala, en el Miterrand mexicano (algunos de ellos fueron considerados caudillos y al llegar al poder fueron más pragmáticos), o por el otro lado, podría poner en jaque al país, este riesgo es el que muchos mexicanos no quieren asumir (yo voté por él, porque prefiero el riesgo a la seguridad de que con Peña nos irá mal).

    Pero creo que las izquierdas deben de dar el paso al racionalismo, de la figura predominante donde existe un líder y luego lo demás, a un estadista, alguien que logre cambiar las cosas de una forma efectiva y acertada, y creo ver a un Ebrard o un Mancera en esa necesaria posición. No es que el liderazgo no deba existir, por el contrario, pero este no debe de llegar de un redentorismo donde «el líder hará todo, el líder es el que tiene toda la autoridad moral». Se necesita más bien gente capaz, que gente que despierte emociones. Aunque en una sociedad racional y preparada un político capaz por consecuencia debería despertar emociones. Claro está que muchas de las políticas de AMLO son consideradas populistas, y en realidad no lo son tanto, un claro ejemplo lo vemos en el Presidente de Francia François Hollande,

    Esta diferencia que comento la noto entre López Obrador y el también izquierdista Enrique Alfaro, ex candidato a Gobernador por el Estado de Jalisco. Los dos impugnaron las elecciones y buscan la anulación de la elección (y con razón). Los dos generan esperanza en la sociedad, pero a Alfaro se le ve como un estadista moderado, y a AMLO como estadista más o menos y moderado no. Esto se nota en el discurso de cada uno, a pesar de que buscan el mismo objetivo. Alfaro es un líder, más no es un redentor.

    La izquierda deberá hacer esta transición, más que cada vez aparecen políticos interesantes que en un futuro podrían liderar al país. Por esto, creo que el PRD deberá apostar por sangre nueva. Todos los partidos de izquierda en el mundo ahora considerados moderados han dado este tipo de transición, el PRD tiene que dar en este caso una transición de una izquierda dura (más bien revolucionaria y con aroma a viejo PRI) a una izquierda moderna, que digo, acá en México por más moderna que sea, creo que algunos la querrán ver como peligrosa, porque digo, si un candidato propone políticas como el francés Hollande, seguramente será visto como no sé, dictador venezolano.

  • Del lado de ningún político

    Del lado de ningún político

    Del lado de ningún políticoQuienes me conocen, saben que soy una persona muy poco apegada, no suelo poner mi fe y mi confianza absoluta en algo o alguien (exceptuando a mis seres queridos y amigos cercanos), porque para mi una postura así significaría asumir que aquello a lo que me apego es perfecto, y yo soy demasiado escéptico; por eso creo que no soy tampoco muy apegado siquiera a la religión con la que me educaron. Y bajo este mismo talante, es todavía más difícil que yo me apegue a un político, porque para que pase eso se necesitan muchas cosas que el sistema político mexicano actual no me puede dar, empezando por una postura ideológica afín, siguiendo por la poca integridad de «todos» los políticos que tenemos y sus respectivos partidos. Yo en lo particular no puedo asumir una postura de cerrar filas frente a un político o candidato. El hecho de que haya votado por AMLO lo explica mucho, más cuando ustedes han visto y se han percatado en este blog, que veo con muchas reservas a este personaje. Simplemente no puedo estar del lado de ningún político, soy demasiado escéptico, meticuloso, racional, como para poder hacerlo, más cuando los defectos de todos los políticos están a la vista de todos.

    Por ejemplo, tomo el caso de AMLO, por el cual voté más que nada para evitar la lamentable llegada de Peña Nieto al poder. Yo nunca creí que fuera a ser un dictador, un Hugo Chávez, y si podría decir que es menos corrupto que el político promedio; pero por ejemplo, no puedo cerrar los ojos ante el hecho de que Bartlett irá al senado (él si ganó) por su partido, el hecho de que mientras AMLO critica a las élites es muy cuatacho de Carlos Slim, que uno de sus puntos débiles es su propuesta económica; incluso con el conflicto postelectoral, yo no estaría de acuerdo de ninguna manera, que por ejemplo, bloqueara una avenida como en el 2006, y yo esperaría que si las instituciones fallen en contra de sus impugnaciones acepte el resultado (lo puede hacer bajo protesta e incluso sería mejor, porque de lo contrario sería ser cómplice de las prácticas fraudulentas del PRI).

    Vicente Fox fue el que me quitó todo el apego a los políticos. Creí en el cacareado cambio y nos quedó mucho a deber, no solo eso, recientemente nos insultó a todos aquellos que creemos en la democracia. A partir de ahí he dejado de ilusionarme en políticos. Mucha gente no sé, se ilusionó con López Obrador, o con X o Y político, pero yo no lo puedo hacer, más que todos los candidatos que tenemos son parte de ese mismo entramado político del cual los mexicanos estamos hartos, incluso López Obrador, aunque quiera desligarse de él, es parte, así lo dice su historia y su trayectoria, de esa élite política que se ha distanciado de los ciudadanos, que se cuece aparte, que siente que están a «otro nivel» y que pueden hacer lo que quieran. El PAN alguna vez llegó a tener distancias con esa élite, pero ahora son parte de ella.

    Yo no creo que sea malo que exista un sistema de partidos, que existan políticos, es necesario; el problema es la cultura política mexicana. Hay una decadencia terrible, ahora lo estamos viendo con unas elecciones fraudulentas, y donde a pesar de que hasta ahora los actos de AMLO son los correctos (alguien tiene que sacar el cochinero) hay cosas que nos dejan entrever que esta lucha de López Obrador es más por hambre de poder que por la procuración de la democracia. La posición del PAN ante el hecho es parecida a la de López Obrador (el poder por el poder), nada más que en la coyuntura buscan ver donde pueden quedar mejor parados, se olvidaron de la lucha democrática, como la ejercida en 1988. Bueno, del PRI ni hablamos, porque todo lo que han hecho, es efectivamente el poder por el poder.

    No existe la intención de servir, de participar en la política para buscar incidir en mejoras para la sociedad, tener la motivación de buscar cambios, de dejar huella en la sociedad. Se prefiere el poder, el dinero, las influencias, que el hecho de que la historia te recuerde como un cuidadano ejemplar (los políticos no dejan de ser ciudadanos). Este relativismo moral, donde todo se vale, donde pregono el conservadurismo, el liberalismo, el libre mercado, el socialismo, pero de ahí en más puedo hacer lo que se «me hinche la gana» es causal de la degradación de la política actual.

    En estas circunstancias, no hay razones para apoyar a algún político. Así solo podré pensar en votar por el menos peor o anular mi voto. Si un candidato creado por una televisora, el cual tiene antecedentes como los de Atenco llegó a la presidencia es que estamos muy mal, y hace falta un muy duro replanteamiento como nación.

  • PAN habla de fraude, pero es cómplice de él

    PAN habla de fraude, pero es cómplice de él

    PAN habla de fraude, pero es cómplice de élDe verdad que a veces algunos actores políticos me sorprenden, yo no sé si tengan alguna deuda o que pase pero los argumentos que presenta el PAN donde habla de las «irregularidades» en el proceso electoral son prácticamente las mismas que presenta Andrés Manuel López Obrador, aceptan que se cometieron prácticas fraudulentas en las elecciones pero afirman que no van a impugnar porque no tienen las suficientes pruebas. El PAN habla de fraude, pero es cómplice de él.

    Parece que con esto, el PAN quiere sentenciar su debacle, porque en un momento así ¡no te puedes quedar en medio de todo!, tienes que tomar una posición determinante; y parece que han navegado de una posición a otra, de legitimar a Enrique Peña Nieto, a concordar en «casi todo» con López Obrador, movimiento que más que a una posición legítima y de convicciones, parece obedecer más a intereses electoreros y de partido, donde tratan de posicionarse de acuerdo a lo que dice la gente, ahora como muchos mexicanos dicen que hay fraude, entonces, ¡digamos que hay fraude!, pero eso sí, no vamos a hacer absolutamente nada para denunciarlo. Entendería más la posición si al anular la elección, no sé, López Obrador fuera nombrado Presidente al haber terminado en segundo lugar, pero aún así. Y es que si se anula la elección, el congreso tendría que nombrar a un presidente interino que tomaría posesión el primero de diciembre, y se realizarían elecciones extraordinarias a más tardar en dos años, en las cuales pueden contender todos los partidos.

    Viéndolo bien, al PAN le convendría la anulación de la elección, porque naturalmente, al usar este recurso, las autoridades estarían oficializando las prácticas fraudulentas del PRI con lo cual estos perderían muchos votos, y el PAN podría buscar el voto útil a su favor. Además la anulación de los comicios no pondría en riesgo la estabilidad del país, yo incluso veo más riesgos en la llegada de un Presidente con muy fuertes acusaciones de ilegitimidad, el cual ante cualquier «metedura de pata» podría hacer estallar la olla de presión. Con la anulación de la elección las instituciones podrían recuperar credibilidad, porque la gente diría, -como sea, el sistema funciona-, y la forma en que se llevaría esta, no pondría en riesgo la economía del país ni nada por el estilo. En cambio, si las elecciones no se anularan (lo más probable), las instituciones electorales quedarán muy disminuidas, perderán legitimidad, y sobre todo, quedará una herida más en el inconsciente colectivo mexicano, otro círculo sin cerrar.

    El PAN no necesariamente tiene que «unirse a López Obrador», puede hacer la demanda por su lado. Pero incluso una unión no sería tan descabellada, sobre todo porque esta legitimaría mucho a los azules (siempre y cuando también, guarden distancias en aquellas actitudes de AMLO que no pudieran ser prudentes). El ir juntos no significa que concuerden, Clouthier y Cuauhtémoc Cárdenas tenían ideologías opuestas y aún así pelearon juntos. Ciertamente hubo un fuerte conflicto entre ambas partes en el 2006, pero por eso mismo, un acto así legitimaría mucho al PAN, sobre todo ante sus oponentes. Pero como decía, pueden no ir juntos, pero el PAN debería buscar la anulación de los comicios por principios, claro, dentro de la vía institucional.

    No es una traición que el PAN decida trabajar con el PRI en las reformas, máxime cuando el PAN las apoya y concuerda con ellas de acuerdo a su ideología neoliberal. Pero el impugnar las elecciones no cancela de ninguna manera esa posibilidad, más cuando este tipo de reformas se toman en base a las votaciones en las cámaras. Así como el haber impugnado las elecciones, el hacer esto también mostraría un nivel de civilidad en el PAN. Pero creo que aquí aplica el dicho de «el que nada debe, nada teme«, porque el PAN parece tener todas las ganas de denunciar el fraude y nada más no se atreve…

    Por cierto, el domingo vi a Enrique Alfaro pidiendo la nulidad de la elección (por prácticas fraudulentas del PRI de Aristóteles Sandoval), y creo que López Obrador debería aprender mucho de él en estas cuestiones. Por alguna razón, con toda y la demanda de fraude, a Alfaro se le ve como un personaje moderado, a AMLO no, y creo que tiene que ver por como manejan las cosas, a pesar de que la posición de AMLO es legítima. Y todo esto tiene que ver con la autocrítica, donde Alfaro la sabe ejercer y López Obrador no, a pesar de que ayer, le pidiera al diario español «El País» algo que él no puede dar, ser autocrítico.

    Y para ser sinceros, lo que desearía fuera que se anularan las elecciones, pero que en las extraordinarias, contendiera Ebrard por el PRD y no AMLO.

  • Presidentes mesiánicos contra presidentes moderados

    Presidentes mesiánicos contra presidentes moderados

    Presidentes mesiánicos contra presidentes moderadosEn 2007 (después de que Peña Nieto cumpliera dos años en el gobierno) viajé al Estado de México unos días para trabajar levantando encuestas a empresas, por lo cual me tuve que desplazar en taxis de un lugar a otro, me tocó cubrir toda el área conurbada de la Ciudad de México en el oeste, es decir, estuve en Tultitlán, Atizapán, Tlalnepantla, Naucalpan y Cuautitlán Izcalli. Después de ver la campaña de Enrique Peña Nieto, todas las acusaciones que se vertieron en su contra, me recordaron este viaje, porque por ejemplo, en Cuautitlán me tocó ver pasos a desnivel que estaban a la mitad y habían abandonados a su suerte (Peña no cumple), se notaba ya el contraste con el Distrito Federal que de la mano de Marcelo Ebrard mostraba signos de progreso. También me llamó la atención en Atizapán, toda la propaganda política a favor del gobierno de Peña Nieto cuando ni siquiera era campaña. Un puentecito por aquí, y como 20 lonas y papeletas (de ese tipo de publicidad electoral contaminante del siglo pasado) haciendo alusión al «compromiso con el Estado de México», al ver esto hace ya cinco años, lo primero que dije es, el viejo PRI de aquí no se ha ido, y me marea. Pero toda esta publicidad contrastaba con una mala gestión del Gobierno del Estado de México.

    López Obrador a mi parecer gobernó bastante mejor el Distrito Federal que Peña Nieto el Estado de México, aunque el progreso de la capital creo que se le debe más a Marcelo Ebrard. López Obrador tampoco es un hombre que base su peso político en los resultados (no los presumió mucho en campaña). Más bien ha sido un hombre el cual ha logrado que mucha gente finque su esperanza en él. Más que la viabilidad de las propuestas, más que su capacidad, el hecho de escuchar la palabra cambio y renovación dentro de un país estancado suena atractivo, también su carisma y el ver que el si apunta con los problemas que sí parecen obvios a la vista de todos.

    Tanto Obrador como Peña Nieto comparten algo en común, el mesianismo, el primero es un mesías político, el redentor de la democracia, el líder de las masas; Peña Nieto sale peor parado porque el es un mesías mediático, lo cual es peor dado que la política ni siquiera es su atractivo; el es un galán de telenovela, en sus mítines se sube a las tarimas como rockero, e incluso se balancea al público, más digno de sí, un rockero, o su par intelectual Justin Bieber. Este mesianismo fue la razón por las que muchos los votaron (haciendo hincapié en Peña Nieto), pero si vemos el historial de los presidentes, vemos que los «mesiánicos» han dado peores resultados que los moderados y bajo perfil. Curiosamente desde López Portillo, hay una alternancia entre presidentes moderados y mesiánicos.

    López Portillo fue mesiánico, vean nada más como nos fue, De la Madrid fue moderado, ciertamente no gobernó bien pero lo que se sufrió con él fue consecuencia de la mala administración de López Portilo; Salinas fue mesiánico, se robó las elecciones y nos dejó sumidos en una crisis, Ernesto Zedillo fue moderado, el país con él se recuperó de dicha crisis, y a el le debemos tanto la construcción de una macroeconomía sana como el aumento de la libertad de expresión; Vicente Fox fue mesiánico y populista, si no nos fue mal con él, fue porque los vientos corrieron a nuestro favor, incluida una bonanza petrolera mal aprovechada; Calderón fue moderado, y aunque técnicamente nos fue peor, esto se debió a una crisis externa, incluso las políticas que se podrían considerar más mesiánicas de FCH fueron las que menos éxito tuvieron, como la lucha contra el narco, donde Calderón se erigió vestido de militar como el mesías de la seguridad nacional.

    Ahora dicho patrón nos dice que tendremos un presidente mesiánico, y así lo es con Enrique Peña Nieto. A este mesías muchos lo odian, pero algunos lo aman, como aquellas mujeres que viven pegadas en el televisor viendo la programación de Televisa. El mesianismo le dio el triunfo elecciones (ya de por sí dudoso), también debido a lo que nos dice la historia, no podemos esperar mucho de él, posiblemente nos sumerja en una crisis y anuncie una devaluación guiñando el ojo, o bien, pasándose el puño por el mentón tal cual galán de cine o de telenovela, para de esta forma paliar la frustración que causaría una noticia así en la población.

  • México firma el ACTA, ¿el último golpe de Calderón?

    México firma el ACTA, ¿el último golpe de Calderón?

    México firma el ACTA, ¿el último golpe de Calderón?Si de por sí ya estaba enojado al ver el remedo de democracia que tenemos en México, esto si ya me sacó de mis casillas. Felipe Calderón se saltó a todos y firmó la infame ACTA, tratado que, so pretexto de salvaguardar los derechos de las empresas «víctimas» de la piratería, se puede controlar más lo que hay en Internet, lo que viene siendo la cereza en el pastel para la «dictadura perfecta» que se viene en diciembre. El senado se opuso, los ciudadanos se opusieron, se realizaron sesiones, grupos de trabajo, y todo eso fue mandado al carajo, Felipe Calderón manda el mensaje a México: -al diablo con sus ciudadanos-, y al igual que fue el primero en legitimar el triunfo dudoso de Peña Nieto, ahora pone otro clavo al ataúd democrático.

    Ciertamente esta ley tiene que pasar por el senado y la cámara de diputados, y pues uno podría pensar que no pasaría por el senado porque esta misma instancia fue la que la rechazó anteriormente, nada más que a esta legislatura no le corresponderá aprobarla, si no a la que viene, a esa donde el PRI de Peña Nieto si logra aliarse con el PVEM y PANAL y se compran a uno que otro panista o perredista, tendrá mayoría absoluta. Así no tendrán problema en aprobar esta ley en las dos cámaras, por lo cual la decisión de Felipe Calderón es aberrante, al cabo «el ya se va».

    Esta ley es un golpe a la libertad de expresión, así lo entendieron los europeos y decidieron mandar al carajo esta ley gracias a la ciudadanía que salió a las calles. Por eso Calderón aprovechó el ambiente electoral, y el hecho de que la gente está demasiado concentrada en el títere presidencial  y el fraude «no» electoral cometido con la compra de votos, aprovechando esto como una cortina de humo para que la gente no se de cuenta de lo que se acaba de firmar. Aunque parece que Internet rebasará las intenciones de Felipe Calderón, porque esta noticia se ha empezado a esparcir rápidamente, y no deberá pasar mucho tiempo para que movimientos como #YoSoy132 aborden el tema, ya que es demasiado importante debido a lo que ellos exigen.

    Esta ley solo beneficia a unas cuantas empresas y perjudica al resto de la población, por ejemplo, el ACTA será muy perjudicial para el caso de los medicamentos genéricos (no similares), medicamentos que han logrado beneficiar la economía de muchos al obtener la misma calidad por precios más bajos. Así nos podemos ir por puntos en como nos afectaría el ACTA, pero Calderón como ya se va, como ya no tiene intereses electorales porque su candidata (bueno, ni siquiera la quería) no ganó, entonces decide tomar una decisión para dejar contentos a unos cuantos y pasarse por el arco del triunfo a la población, y a la democracia.

    El presidente del PRI, Pedro Joaquín Coldwell había criticado a Calderón porque empezó a cuestionar la legitimidad de Peña Nieto, Coldwell, un experto, además, en teorías de la conspiración, dijo que el asesor de Felipe Calderón era López Obrador. Pero ahora creo que todas esas molestias del PRI con el presidente se van a disipar, porque les pusieron la presidencia en bandeja de plata, y el mismo presidente les ha dejado la decisión a una Cámara de Diputados y Senadores que llegó al poder, de una forma no muy legítima.

    Ahora, todavía se puede hacer algo, estamos en una situación parecida a la de Europa cuando ellos «firmaron» el ACTA, pero no se logró aprobar. Todos los esfuerzos de la ciudadanía se tendrán que orientar también a esta ley, una vez que se haya calificado la elección (lo que se hará en ya pocos días). Esta noticia es infame, no lo debemos permitir, nos debemos organizar.

  • ¡Qué se vaya Chávez ya!

    ¡Qué se vaya Chávez ya!


    ¡Qué se vaya Chávez ya!
    Nunca he entendido por qué Hugo Chávez ha sido soportado tanto tiempo en Venezuela, la verdad es que el país está muy mal y al ver fotografías de Caracas se confirma lo que una amiga me dijo cuando visitó aquella ciudad, Caracas se quedó atrapada en el tiempo. Prácticamente todos los rascacielos de la ciudad se construyeron en el siglo pasado y viendo fotografías veo uno que otro que se cae a pedazos o quedó construido a la mitad o abandonado. En el siglo pasado las torres gemelas de Parque Central en esta ciudad eran las más altas de Latinoamérica, y no solo ya no lo son (la Torre Mayor de la Ciudad de México les quitó el título), sino que una de las dos sufrió un incendio por lo cual la torre quedó abandonada y a pesar de que han habido labores de reconstrucción, desde el 2004 (cuando se incendió) hasta el 2012, no se ha entregado la obra terminada.

    No solo eso, muchos venezolanos afirman que su país está en decadencia, que su sociedad lo está. La gente no se tolera, te pueden matar por cualquier cosa porque «todo se vale». Este problema no se adjudica solamente a Hugo Chávez (que claro, se agudizó con él) sino que se hace referencia a gobiernos anteriores. El «socialismo» de Chávez no ha logrado reconstruir el tejido social, todo lo contrario, los índices de violencia se han elevado muchísimo en Venezuela, y son mucho más altos que en México (con todo y guerra del narco), a diferencia de la izquierda progresista del Distrito Federal en los últimos años encabezado por Marcelo Ebrard, la izquierda bananera ha deteriorado más el tejido social, y ni los programas sociales han ayudado a disipar esta realidad, por el contrario.

    Por los comentarios que he escuchado de los venezolanos, pareciera ser que la figura de Hugo Chávez como «dictador» está sobrevalorada; es decir, que no es tan dictador como afuera de Venezuela se afirma. Pero lo que si comentan es que Venezuela vive en la anarquía total, que el país nada más no avanza, y están a la espera de que Hugo Chávez pierda las elecciones que se realizarán en octubre donde el mandatario venezolano competirá contra el político centrista Henrique Capriles, aunque sabemos que por la enfermedad que padece, no es totalmente seguro que llegue con vida para esas fechas (aunque el afirma, como siempre, que ya ha vencido al cáncer). Aún así las libertades en Venezuela son limitadas, sobre todo cuando hablamos del cambio de las monedas, donde es prácticamente imposible recibir dólares o enviarlos hacia Estados Unidos.

    Hugo Chávez se ha reelegido varias veces, de una forma técnicamente democrática, sí (recordemos que países como España también contemplan la reelección por cualquier número de veces), pero lo ha hecho gracias al voto duro que tiene en Venezuela y también dicen, por la compra de votos (aunque en Caracas no existen los Soriana). Su régimen pareciera más bien sostenerse, como en México se ha sostenido el PRI. La gente sigue votando por él, a pesar de que varios países le están comiendo el mandado a Venezuela y a pesar de que el crecimiento económico que ha tenido la Venezuela de Chávez durante varios años, no se tradujo en desarrollo palpable, por lo contrario.

    Esperamos que Capriles logre arrebatarle la silla a Chávez, y también esperamos que logre hacer un muy buen gobierno, porque Venezuela no solo está jodida por Chávez, sino también por sus antecesores, como Rafael Caldera, quien en su primer mandato quiso poner un alto al exitoso régimen de Rómulo Betancourt, y en el segudo dejó a Venezuela en condiciones tan decadentes, que permitió la insurrección de Hugo Chávez.

  • Tengo amigos priístas…y panistas y perredistas

    Tengo amigos priístas…y panistas y perredistas

    Tengo amigos priistas... y panistas y perredistas

    El nivel de discusión política que tenemos es igual de mala que la democracia incipiente (o fallida que tenemos), si cuadran las cuentas. Y es que para discutir temas políticos mucha gente es todo menos democrática; y es que en una democracia real se da por entendido que debe existir tolerancia (que no significa de ninguna manera estar de acuerdo) con las diferentes posturas políticas que pueda asumir la gente. Lo malo es que en México no ocurre así. Una amiga contaba que en Argentina, cuando la gente discutía de política se gritaba, pero cuando terminaba la discusión ellos salían siendo buenos amigos, porque sabían separar perfectamente las ideas de la integridad de las personas.  En México insultamos a la gente que piensa diferente a nosotros; los priístas son los ignorantes, los perredistas son los «pejezombies», los panistas son… trasnochados neoliberales y vendepatrias. Y erroneamente queremos clasificar a una persona por su postura política lo cual es un error. La polarización en que a veces cae la sociedad es debido a esto, como si «estuvieras conmigo, o en contra mía».

    Yo cuando discuto soy duro, directo, y evito cualquier tipo de eufemismos. Si creo que Peña Nieto es un «estúpido ignorante» o AMLO un «viejito recalcitrante», o Josefina una «robotina aburrida y sin ideas» (nomás para poner un ejemplo), lo digo. Muchas personas no van a estar de acuerdo conmigo, y van a discutir y tratar de repelerme, y está bien que lo hagan. El problema viene cuando muchas personas creen que dentro de esa crítica se les está criticando a ellas y es donde viene el error, peor aún, algunas otras terminan evaluando la integridad de las personas, casi asumiendo que si Peña Nieto es un inculto y corrupto, entonces todas las personas que votaron por él lo son.

    Yo estaba discutiendo con un amigo que votó por el PRI, y argumentaba la historia corruptil del partido y del candidato que «ganó» la presidencia, la compra de votos y otras cosas más. El no estaba de acuerdo conmigo en lo más mínimo, y yo naturalmente fui tajante y directo. Pero en eso una mujer empezó a cuestionar su persona por el simple hecho de votar por el PRI, que según eso era corrupto, y casi casi que a fuerzas votó por que buscaba «hueso», y pues de ser el adversario en la discusión, me uní a mi amigo, porque esas descalificaciones no me parecieron en lo absoluto. Incluso mi amigo fue muy acertivo a decirle: -a ver, yo colaboro en una AC, ¿tú que haces?-. Si a mí un priísta me pide la opinión de su partido, le diré que el PRI en su generalidad (lo digo así, porque hay muchos priístas que no lo son) es un partido autoritario y corrupto. Tampoco me referiré muy bien cuando un panista o perredista me lo pregunte.

    La gente que descalifica a las personas pierde automáticamente la posibilidad de obtener sabiduría a partir de un debate. Una vez en Facebook comentaba que Peña Nieto era un presidente autoritario, y otra amiga priista me debatió. El debate fue tan fructífero que terminé conociendo a dos sociólogos que no había escuchado nunca, y por los argumentos de mi amiga (aunque no estaba de acuerdo en ellos) dije que tales sociólogos podrían valer la pena. Si hubiera criticado a la persona, no solo no hubiera ganado, sino que hubiera perdido. Naturalmente si existen priístas que buscan su «hueso» (y no es excepción en los otros partidos), pero no es necesario llegar al punto del debate o conocer su preferencia política para saber que esa persona se maneja de esas formas, se nota en su vida diaria.

    Lo mismo pasa con los #YoSoy132, ellos están en el absoluto derecho de mostrar su repudio a un candidato (más que al contrario de lo que se piensa, no es un ataque en contra de su persona, sino de lo que representa, y el efecto que sus acciones podrían tener en el país). Tienen argumentos (sean válidos o no) para hacerlo. Igual la gente está en el derecho de decir que López Obrador es un Hugo Chávez; si nosotros pensamos que no, podemos debatir con argumentos y datos.

    Esto no exime de hacer crítica de las posturas que están realmente mal. No por esto no puedo decir que es lamentable que unos perredistas hayan agredido a Carlos Marín (que por más infame sea, al ser un ser humano no se le puede agredir de nunguna forma), o que unos priístas hayan vendido su voto a cambio de una despensa; o bien, panistas que votaron por Josefina para mantener sus «privilegios fiscales». Porque aquí si los hechos podrían hablar de las personas, dado que el problema no es la ideología, sino las conductas que no necesariamente tienen que ver con una ideología.

    Yo tengo amigos priístas… y panistas y perredistas. Y no puedo hacer un juicio a su persona por su postura. Naturalmente una postura política puede hablar de la forma de pensar de una persona más no de su integridad. Por ejemplo, la gente que votó por AMLO, suelen ser más bien jóvenes que están inconformes con como se han llevado a cabo las cosas, que tienen mucho que ganar y poco que perder (porque para ellos las cosas no están bien, no hay empleo, la democracia no funciona bien), en cambio la gente que votó por Josefina, es más bien gente que ya tiene su vida hecha, y por ende no quiere correr riesgos que sí correrían los jóvenes. Si ven, los dos puntos son válidos, podrán sustentar bien o no sus argumentos, pero esto nunca habla de la integridad de las personas.