Categoría: Negocios

  • Cuando los capitalistas te robaron tu bandera

    Cuando los capitalistas te robaron tu bandera

    Cuando los capitalistas te robaron tu bandera
    Foto: sophiadigital.es

    Es junio, la señora Godínez se levanta temprano porque tiene que ir al banco. Su coche se le había descompuesto, así que tuvo que pedir un Uber.

    La señora Godínez nota algo raro en la aplicación, «¿por qué hay un arcoiris?», dice. No se percata de que se trata de la bandera LGBT+. Luego llega al banco y nota que la sucursal está muy colorida: el logotipo del banco ahora tiene esa misma banderita. La señora Godínez se empieza a dar cuenta que toda su ciudad está invadida con la bandera del arcoiris. Los bancos, los Doritos, el Uber, el Gatorade que acaba de comprar, la marca de su coche y hasta el escudo del América.

    La señora Godínez pega un grito en el cielo ¡Es el arcoiris del demonio! ¡Los gays y los comunistas están imponiéndonos la ideología de género, es el marxismo cultural (¿comunistas capitalistas?)! ¡Es parte del Foro de Sao Paulo!

    Pero del otro lado, no necesariamente todos los gays y simpatizantes de los colectivos LGBT+ están contentos porque sienten que las empresas están mercantilizando su causa. De pronto vieron que esas banderas y eslóganes con los que salían a la calle estaban ahora impresos en los nuevos tenis Nike. Vieron cómo carros alegóricos de las empresas portaban sus banderas. Así como el sistema se había apoderado del rock unas décadas atrás, ahora se apoderaba de su causa.

    Muchos otros están contentos porque el hecho de que las marcas se suban al mame de la causa de los gays hace que su causa se propague, lo cual no es falso en lo absoluto. Otros se sienten muy agradecidos porque las empresas se están sensibilizando con ellos, pero, ¿quién tiene la razón?

    ¿Cuál es la tarea de los capitalistas? Generar utilidades. Su tarea es ello y siempre lo va a ser. Para ello tienen que satisfacer las necesidades de su mercado para que este esté dispuesto a comprar sus productos y/o servicios.

    No me atrevería a decir que el capitalismo no influye en la cultura porque sí lo hace al modificar los patrones de consumo, y al ofrecer nuevos productos y servicios que en muchos casos crean modas y afectan los patrones de comportamiento, pero el capitalismo no suele proponer cambios culturales en sí.

    El capitalismo no tiene una causa social (aunque ciertamente genera empleos, es capaz de innovar, satisface las necesidades de los consumidores e incluso puede sumarse a proyectos sociales si estos se traducen en un beneficio para la marca que se traduzca en utilidades). El capitalismo más bien adopta el panorama vigente y lo amplifica, replica y propaga lo que ya existe. Si el mercado potencial de una marca es muy conservadora, entonces eso se va a reflejar en la publicidad de dicha marca y en el tipo de productos que ofrece. Si el mercado es liberal, entonces ocurrirá lo contrario.

    Entonces ¿por qué las empresas se subieron al mame del orgullo gay? ¿Hay una conspiración como dice la señora Godínez? ¿Es que ya son solidarias y se van a sumar con todo para acabar con la discriminación contra gays, lesbianas, trans y demás? La respuesta es más simple: negocio.

    Antes de tomar esa decisión (la de subirse al mame), las empresas naturalmente tuvieron acceso a estudios demográficos (o tal vez ellos mismos los llevaron a cabo) que dicen que la gente más joven (incluída la de México) es bastante más abierta a las personas del mismo sexo que la gente más grande, y que el matrimonio igualitario está teniendo una aceptación cada vez mayor dentro de la sociedad en general. Es natural que veamos una mayor presencia de marcas con valores más progresistas (como aquellas relacionadas con la tecnología e innovación) pero también vemos marcas de consumo masivo como refresqueras y hasta bancos (que tendrían un perfil un poco más conservador). Esto es porque, en lo general, la sociedad está más abierta hacia las personas con orientación sexual por personas del mismo sexo que antes.

    Es decir, la distribución demográfica del mercado meta de muchas de estas marcas que generalmente se concentran en clase media, media-alta y alta, hace que sea muy rentable para las marcas subirse al tren del orgullo gay.

    No solo eso, el tema del orgullo gay refleja valores que a las marcas les conviene transmitir: apertura a los cambios, innovación, un ambiente fresco, colorido y festivo y hasta empatía. O sea, para ellos es un negocio redondo.

    Lo que estamos viendo es una edición más de la ya conocida historia del capitalismo absorbiendo causas que, hasta hace poco, eran relativamente marginales. Así como el capitalismo comenzó a vender camisas hippies y a crear grupos de rock plásticos, ahora ha comenzado a adoptar la causa de los colectivos LGBT+.

    Afortunadamente, para estos colectivos, no aparece en este caso esa contradicción que suele acompañar a este fenómeno de absorción. Cuando el capitalismo absorbe una causa rebelde o marginal, ésta simplemente deja de serlo, ya que se vuelve una contrariedad vender un producto rebelde desde el mainstream. El rebelde, de cierta forma, ve en su rebeldía su propia causa. Pero en este caso, la causa en sí (la aceptación de los gays, lesbianas y demás identidades de género) no es irreconciliable con el capitalismo ni con el mainstream. No es que no tenga nada de rebeldía cambiar estructuras sociales, es que el fin último es cambiarlas y no ser rebelde en sí. En realidad ello es lo que buscan, que ellos sean parte de las estructuras sociales y no algo marginal o relegado de ella.

    En cierta medida, este fenómeno podría ser visto como un triunfo para estos colectivos (aunque las empresas lo hagan por interés propio) ya que es muestra patente de que su causa logró la suficiente masa crítica como para que las empresas se subieran. Y no solo eso, ya que las empresas logran, a la vez, propagar y dar más difusión a su causa, lo cual coadyuva a su anhelo de que puedan integrarse a la sociedad. Si bien las empresas se suben por interés propio, el hecho de hacerlo les genera un compromiso con su mercado: sería un golpe duro para la marca que el público se enteraron que dentro de la empresa rechazaron a alguien por ser homosexual cuando antes se habían «subido» a la causa del orgullo gay.

    Tal vez con excepción del cine y de las artes, donde se pueden promover agendas por medio de los contenidos (generalmente más liberales que conservadores), el capitalismo más bien refleja lo que ya pasa y lo amplifica, ya que para generar utilidades tiene que satisfacer las necesidades del mercado vigente que está condicionado por el ethos cultural vigente. La forma en que el capitalismo se expresa es en cierta medida un reflejo de la cultura de la sociedad en la que se encuentra insertada, no es un invento del propio capitalismo y no es, mucho menos, una causa social promovida por los capitalistas.

  • ¿Cómo vender humo y hacerte rico? Parte 2

    ¿Cómo vender humo y hacerte rico? Parte 2

    La respuesta de Carlos Muñoz 11. ¿Cómo vender humo y hacerte rico? Parte 2

    A raíz de la publicación de mi primer artículo donde narré cómo los modelos de negocio como los de Carlos Muñoz 11 buscan embaucar a la gente y el cual fue leído en su fan page, apareció en sus redes sociales un video donde le responde a sus «haters». La referencia a mi artículo fue obvia e incluso después me respondió directamente.

    No me quise quedar callado porque evidentemente esa respuesta simplemente muestra más de lo mismo: una persona que busca enriquecerse sin ofrecer productos de valor reales que ayuden a la gente a emprender. Lo he dicho anteriormente, Carlos Muñoz es un hombre inteligente, estudió bien a su nicho de mercado y creó un producto: «él mismo», que pudiera hacer clic con cierto público. Lo dije también anteriormente: él se vende como un símbolo que apela a las emociones, que utiliza anglicismos y tecnicismos para mostrar una sofisticación que no tiene, y eso se vuelve a reiterar en el video con el cual nos respondió a los que ya nos etiquetó como «haters» (tal cual como político demagogo).

    Corre video.

    Me llama la atención la forma en que responde porque pretende sonar sofisticado como para mostrarle a su público que sí sabe, pero basta hacer un pequeño análisis para darse cuenta de que sigue vendiendo humo.

    Carlos Muñoz nos muestra una gráfica donde en su eje vertical agrega las temáticas y en el eje horizontal el tiempo y experiencia que tiene el emprendedor para decir que sus contenidos van dirigidos a novatos en el mundo del emprendimiento. El primer error (y considero grave) es que mide la experiencia en número de empleados; es decir, por más empleados tienes más experiencia debes de tener, está correlacionado, piensa Carlos Muñoz 11. Pero la realidad es que no se puede medir de esa forma. Muchas empresas exitosas, que incluso operan internacionalmente, no tienen más de 100 empleados (pregúntenle a muchas startups de Silicon Valley), mientras que otras, que tienen un modelo más arcaico y que están reacias a modernizarse, pueden presumir tener más de 1,000 empleados (pregúntenle a muchas empresas mexicanas).

    Simplemente, no puedes medir el éxito de un emprendedor con base en el tamaño de los empleados que tiene porque el número de empleados de una empresa depende de muchos otros factores (como el modelo de negocio).

    El siguiente problema son las temáticas que ofrece en sus cápsulas que ya de por sí están mal enfocadas en muchos de los casos. Él asume que el emprendedor debe de saber incluso de sitios web y big data (cosas que él ni siquiera entiende), es decir, necesita saber de todo menos de la creación de productos o servicios de valor y de innovación (de lo cual, naturalmente no habla, porque no parece convenir mucho para su estrategia). La realidad es que los emprendedores no dominan todo ni necesitan hacerlo, los emprendedores exitosos delegan muchas tareas a expertos en ellas. Muchos emprendedores que conozco no saben nada de páginas web, pero saben que son importantes y contratan a una agencia o a un experto que les haga una estrategia de comunicación. Evidentemente habla del tema en sus cápsulas para verse sofisticado y nada más.

    ¿O de verdad un emprendedor debe saber cuánto debe durar un video de Youtube? (lo cual ni siquiera explica bien) Si ya de por sí emprender te quita muchísimo tiempo y es muy desgastante, ¿creen que se va a poner a sentarse en su computadora a editar los videos de su compañía? ¿De verdad?

    Después dice que sus cápsulas no pretenden ser el contenido completo: bueno, cualquier persona con dos neuronas en la cabeza sabe que no, pero vaya, ni siquiera está ofreciendo nada, sino puro humo, solo está vendiendo su imagen para embaucar gente. Dice que esos videos te dan la llave para que «busques un concepto» y tú te pongas a buscar en Google ¿de verdad? Es que muchos videos suyos ni siquiera cumplen con esa función. Si la función de sus cápsulas es ofrecer una introducción sobre el tema y que luego los usuarios se empapen más por su cuenta, generalmente se ofrece literatura, libros, sitios web especializados sobre el tema (que es lo común en Youtube). Carlos Muñoz no lo hace, y ni siquiera nunca había dicho que ese era el propósito. No es que haya asumido que la gente entendió que esa era la dinámica (lo cual habría sido absurdo) sino que nunca fue el propósito y ahora que se siente acorralado por tantos cuestionamientos y burlas, se lo sacó de la manga.

    Otra cosa curiosa es que Carlos Muñoz habla de «un nuevo modelo educativo» (la ironía de alguien que dice haber estudiado dos carreras, tres posgrados y luego dice que las universidades son una mierda) y para ello recurre al concepto de in-time microlearning, pero no es un nuevo modelo educativo, es tan solo un método que parece que ni domina bien y del cual puedes encontrar mucha información en Google.

    Luego dice que la gente le está diciendo adiós a los «profesores profesionales» y que quieren profesores prácticos (vaya, emprendedores). Ciertamente la dinámica educativa se ha estado modificando en los últimos años y lo hará aún más en los próximos, pero no hay absolutamente nada que nos diga que esos profesores que Carlos Muñoz tanto dice odiar vaya a desaparecer. Tal vez algunos ya no estén en un salón frente a 50 alumnos, pero sí aparecen en MOOC’s y cursos en línea como Coursera o edX. Pero bueno, no se puede esperar nada de alguien que diga que las universidades son una mierda y, al mismo tiempo, presuma no sé cuántas licenciaturas y posgrados en quién sabe dónde.

    Carlos Muñoz les dice a los que él llama haters que «ya se vayan de su canal y que no estén chingando» y que, a juzgar por los comentarios, son más de la mitad. Él dice que hay que sumar y no restar:

    Pero él no está sumando porque está haciendo perder el tiempo (y dinero) de la gente en productos que no tienen valor y que podrían gastar bien en educación o conferencias que sí les puedan servir para ser emprendedores o desarrollar la actividad que desean desarrollar. Si escribo estos artículos es para evidenciar a esta nueva corriente de pseudogurús que se están aprovechando de la gente para ganar dinero, y no solo se vale, es necesario.

    Esta idea de «sumar, aportar y no restar o criticar» es muy típica de este tipo de personajes que buscan etiquetar a sus críticos como «nocivos y tóxicos» para ellos vestirse de una pureza que no tienen y que así el auditorio relegue a los primeros. Esto también queda patente en la respuesta que Carlos Muñoz me dejó en sus comentarios:

    Es el típico «en lugar de estar criticando, ayúdanos» para crear la sensación de que él es una persona humilde que está dispuesto a emprender. La última vez que vi este recurso fue cuando el periodista Zul de la Cueva confrontó a Lagrimita, un conocido payaso de Guadalajara que se lanzó como candidato «independiente» para beneficiar (sin éxito) a otro candidato restando votos de su contendiente.

    Pero Carlos Muñoz está lejos de ser una persona humilde porque, además de burlarse de aquellos que llama haters, se refiere con desprecio a las universidades, a los profesores y a los empleados. No estoy seguro que Carlos Muñoz no va a estudiar y mejorar nada si le mando contenidos, porque eso no es lo que le importa, lo que le importa es el bluff, porque esa es su estrategia de negocio.

    Y no, sus críticos no son tóxicos y nocivos. Si lo fueran (a juzgar por el porcentaje de críticos que tiene en su sitio) este país ya habría desaparecido.

  • ¿Cómo vender humo y hacerte rico?

    ¿Cómo vender humo y hacerte rico?

    En algún momento no muy lejano, emergió una suerte de cultura del emprendimiento cuyo relato nos decía que no teníamos que conformarnos con ser empleados y que el emprender podía ser una buena alternativa para quienes no gustaran de esa cultura godínez de 9-7 (más las horas extras impagas).

    Hacía sentido, porque ante un mercado cada vez más dinámico que ya no garantizaba desarrollar una carrera de por vida en una corporación (algo que Alvin Toffler presagió muy bien) , el emprendimiento surgio como una buena opción incluso para crear nuevas empresas que significaran un cambio de valores y de enfoque con respecto del empresariado tradicional; uno que tuviera ese espíritu más global, más competitivo y que estuviera abierto a la innovación. El Internet y una sociedad más globalizada le dieron al individuo más herramientas para poder emprender como no habría podido hacerlo antes.

    Pero con esta nueva cultura también llegaron los «trepadores», aquellos que vieron en la mera narrativa emprendedora un modelo de negocio. La narrativa (o más bien su perversión) era el producto en sí, y el mercado potencial eran aquellas personas que querían ganar dinero y querían «emanciparse» del godinato. Ya no era necesario hablar del materialismo dialéctico histórico para explicar cómo es que el trabajador iba a romper con sus cadenas, mucho menos hacer revoluciones, bastaba con que te convirtieras en un emprendedor para liberarte de ellas.

    Si hace poco más de un siglo se hablaba del Manifiesto Comunista de Marx y Engels, el «Padre Rico, Padre Pobre» de Kiyosaki parecería convertirse en su análogo del siglo XXI (sin intención de ninguna manera de demeritar todo el trabajo de Marx y Engels ni mucho menos de bajarlos tanto de nivel), ya que gracias a esta obra se comenzó a propagar esta narrativa del emprendimiento como una forma de emancipación del empleo tradicional. Pero mientras que los marxistas vieron en la burguesía al enemigo que tenían que liquidar, el kiyosakismo apuntó al empleado en sí, aquel que iba a la escuela para después buscar un trabajo.

    Esta perversión de la narrativa emprendedora terminó progresivamente ridiculizando al empleado (y de paso a la educación formal), pero en realidad ofrecía poco a cambio: consigue un mentor, independízate, piensa en una cifra grande, en el Lamborghini, adquiere educación financiera (muchas veces sin reparar en los métodos) y «piensa positivo». Se enfocaron en polarizar el mundo profesional haciendo una marcada distinción entre los emprendedores (exitosos) y los empleados (perdedores). Culparon a los empleos y a la educación tradicional casi sin reparar la indispensable función que tiene dentro de la sociedad. Pero ni Marx habría sido tan ingenuo como para pensar que una sociedad con emprendedores y sin empleados podría sostenerse.

    En este contexto presentamos a Carlos Muñoz, una suerte de coach o influencer neokiyosakiano quien, al parecer, ha hecho un muy buen negocio a través de la propagación de esta narrativa emprendedora.

    La venta de una narrativa como producto de consumo, en tanto esta no esté acompañada de una metodología muy clara, termina ofreciendo algo muy estéril. Pero para Carlos Muñoz y sus pares lo importante no es el producto (prácticamente inexistente), sino el mensaje, el simbolismo, el discurso aspiracional. Seguramente Carlos Muñoz, al igual que muchos de sus pares, ha hecho un mayor esfuerzo y una mayor inversión en el símbolo que en el producto en sí. Importan más sus trajes extravagantes, su speech (es muy malhablado, lo cual en este contexto puede ser una ventaja, ya que se le puede percibir como una persona más directa u honesta, e incluso la arrogancia puede jugar a su favor dentro de su nicho de mercado). Básicamente se presenta como el individuo que los clientes que componen su nicho quisieran llegar a ser: una persona adinerada, exitosa, arrogante, que tiene cierto poder, que puede romper barreras y puede hacer básicamente lo que sea. Básicamente propone una visión muy nihilista y amoral de lo que debe de ser el acaparamiento (y no tanto creación) de la riqueza.

    La estrategia de polarización que utiliza ayuda mucho a su causa. Básicamente se trata de la versión análoga del político demagogo pero en el sector privado, y no dudo que haya aprendido algo de los demagogos y la forma en que manipulan a las masas: Carlos Muñoz insiste en la división entre los grandes emprendedores y los pobres y perdedores empleados (a quien llama nacos en más de una ocasión). Constantemente se refiere a sus críticos como sus haters para así estigmatizarlos: «Ellos son unos pobres perdedores, en cambio tú y yo somos unos emprendedores chingones y ganadores«. Pareciera un discurso del pueblo bueno y las élites malas y corrompidas pero a la inversa.

    Pero si la estrategia de venta podría parecer casi impecable (tiene un número de seguidores nada despreciable), cuando nos asomamos a ver el producto otro gallo es el que canta. Básicamente se trata de desinformación. Tomemos este video por ejemplo.

    El mensaje inicial es igual de enérgico y contundente que erróneo: «las universidades son una mierda», dice nuestro amigo. Afirma que lo son básicamente porque los maestros que la componen no son emprendedores sino empleados con un sueldo mediocre. Luego presume que tiene dos carreras. ¿Y entonces si las universidades son una mierda, por qué demonios estudió dos carreras?

    Su sugerencia es que todos los maestros deberían ser emprendedores. Carlos Muñoz evidentemente no conoce siquiera cuál es la función de una universidad en una sociedad. No creo que Marx hubiera sido tan ingenuo como para afirmar que una sociedad compuesta con puros emprendedores y sin empleados podría llevarse a cabo.

    Carlos Muñoz ignora, deliberadamente, otra cuestión: no todas las personas quieren ser emprendedoras, no todas las personas tienen la capacidad ni la personalidad para ser emprendedoras, y no todas las personas se sienten autorrealizadas por medio del emprendimiento. Hay gente que es empleada y que es feliz con su trabajo, que se siente satisfecha con el ingreso que tiene, y ello no tiene nada de malo.

    Sí es importante fomentar el emprendimiento, pero no es para cualquiera. Para que una sociedad funcione también se necesitan empleados, profesores y profesionistas que juegan un papel igual de valioso en la sociedad.

    Pero Carlos Muñoz sabe lo que hace, porque no está vendiendo un producto que funcione, está vendiendo humo. Lo que importa no es el producto, son las emociones: se trata de estimular a la gente que desea ser rica, que quiere sentirse parte de una élite que está por encima de las personas comunes y corrientes. Lo importante es hacer la distinción: «Ellos son unos pobres losers que van a la universidad compuesta por perdedores, pero en cambio tú, que pagas mis conferencias a precios exorbitantes, eres un ser superior, que puede tener su coche de lujo, que puede ser millonario». Es esa distinción el producto de venta, es esa distinción la que le da likes y la que anima a más de uno a pagar hasta decenas de miles de pesos por conferencias que está compuesta, sí, de más palabrería que apela a las emociones.

    Lo peor del caso es que dentro de su discurso no hay un método tangible que ayude a la gente a emprender. Carlos Muñoz apenas se ha molestado en recopilar consejos que encuentra en la literatura afín. Para poner un ejemplo preciso de esto busqué un video que tiene relación con el que ha sido mi profesión durante varios años (desarrollo web):

    El video es un tanto penoso porque digamos que lo que ha dice lo ha sabido cualquier agencia de desarrollo web, freelancers y cualquier persona que está en el medio sabe desde hace más de 10 años, pero Carlos Muñoz lo vende como algo novedoso, y lo busca transmitir con la edición del video (donde evidentemente puso la mayor parte de su esfuerzo y su inversión). Ni siquiera te dice como hacerlo, no te ofrece ningún método ni literatura de referencia alguna (que vaya que en Internet hay mucha al respecto). Pero, de nuevo, lo importante no es el contenido, es la emoción a la que apela, es la forma en la que él se quiere vender para que lo percibas como un referente a quien seguir.

    Carlos Muñoz estigmatiza y ridiculiza tanto a los empleados como a la educación formal. Pero dice haber estudiado dos carreras y tiene empleados que le ayudan a que su negocio funcione.

    Si uno escarba en los videos puede encontrarse con lo mismo: una producción cara y casi impecable, un discurso bien pensado e incluso una vestimenta arrebatadora (que a mí me parece de mal gusto pero que posiblemente funciona con su nicho de mercado). Pero no ofrece nada nuevo (bueno, aquí se tardó 10 años), te dice cosas que ya se han dicho una y otra vez, pero con una sofisticación tal que al ingenuo le podría parecer algo novedoso. ¿Por qué podría esperar que una conferencia suya, de esas que vende tan caro, me dé las herramientas que necesito para ser un emprendedor, si en sus videos no me ofrece nada nuevo ni nada que no se haya dicho ya? Luego también difunde ideas que pueden ser fácilmente refutadas por un estudiante de primer semestre de economía:

    Se trata de un vendedor de humo que embauca a sus empleados vendiéndoles emociones y aspiraciones, pero sin decirles en lo absoluto cómo hacerle. Tan no lo sabe que se limita, como ya había dicho, a recopilar información y consejos que está disponible desde hace tiempo, que pareciera que en algunos casos ni siquiera domina bien, pero la cual ofrece con una sofisticación tal que más de uno puede salir engañado.

    Para emprender es importante especializarte en aquello en lo que quieres aprender, y en muchas ocasiones los estudios y la educación continua serán muy útiles. Los trepadores del emprendimiento nunca te insistirán en ello ni te dirán que gran parte del éxito reside en ello.

    Me atrevo a decir que Carlos Muñoz es el estereotipo claro de esta corriente pseudoemprendedora que ha logrado crear toda una cultura que solo enriquece a quienes han sabido cómo venderla y que poco beneficia a sus clientes, quienes tal vez solo podrán aspirar a salir de sus talleres emocionados e inspirados.

    ¿Y qué tal si estoy equivocado? ¿Y qué tal si se está reservando todo para las magistrales conferencias que imparte? Bueno, pues basta ver una cápsula de una de ellas para darme cuenta de la misma constante:

    Y nos topamos con lo mismo. Cualquier persona con conocimientos básicos en Youtube sabe que los videos cortos funcionan mejor. ¡Todos los pinches influencers lo saben! Lo peor es que, si bien Carlos Muñoz acierta al decir que los videos en general no deben de ser de una duración muy larga y que en Facebook deben, en general, durar menos, ni siquiera entiende exactamente por qué. Pero tiene la osadía de utilizar como referencia un estudio de consumo en Internet ¡del 2012! En el cual el usuario pasa 34 minutos al día en Internet (lo cual seguramente ha cambiado mucho). Ignora también que el número de minutos puede variar de acuerdo al tipo de contenido. Por ejemplo, él dice que en Youtube un video debe durar 420 segundos (7 minutos), lo cual suena sensato para cierto tipo de contenidos, pero muchos influencers pueden darse el lujo de hacer videos de 10 a 15 minutos en Youtube y funcionan muy bien. El problema es que él ni siquiera toma esto al pie de la letra porque sus videos en todas las redes sociales ¡duran lo mismo!

    Luego es cómico porque dice que muchos haters lo juzgan por los videos que hace, que le dicen que está vendiendo humo, que lo están juzgando solo por sus videos y que no conocen todo lo que ha hecho. Pero es fácil dilucidar que nuestro querido Carlos Muñoz entonces tiene problemas de comunicación graves. ¿Por qué si su modelo funciona tiene tantos haters? Y si su respuesta es que no conocen todo lo que ha hecho y todos los libros que ha publicado, entonces es que Carlos ha fallado en su estrategia de comunicación para que la gente sepa realmente quien es. Y en lugar de preocuparse por eso, se limita a estigmatizar a la gran cantidad de haters que tiene señalándolos como perdedores. Ya ni que decir de su pésima analogía al afirmar que «The Avengers estuvo de la verga» porque duró mucho, afirmación con la que seguramente discrepan muchísimas personas que fueron a ver la película.

    La mayoría de los emprendedores tienen éxito porque tuvieron una gran idea que supieron desarrollar y que los apasionó. Los trepadores del emprendimiento, por el contrario, insiste en que te fijes en el dinero y en los autos deportivos.

    Si Carlos Muñoz ve este artículo, posiblemente diga que está muy largo, posiblemente diga que soy un hater más, que no soy un emprendedor millonario como él y por tanto diría «no sé del pedo». Pero el problema es que él tampoco lo sabe, su éxito reside en saber vender algo que no sabe bien siquiera como funciona. Su éxito es venderse él como marca para apelar a un nicho de mercado nihilista que su máxima aspiración es acaparar dinero por acapararlo.

    Tal vez alguno más diga que le estamos dando importancia y difusión a este tipo de personajes. El problema es que si para algo son buenos es para difundirse y propagarse en las redes (eso es lo único que les importa porque es lo que les da dinero), y en este sentido me parece importante decir las cosas tal y como son.

  • La mentira del neurocoaching cuántico

    La mentira del neurocoaching cuántico

    La mentira del neurocoaching cuántico

    ¿Qué es la física cuántica? ¿Qué es la neurología? Basta con plantearse esas preguntas para entender que no cualquier persona puede contestarlas. Se necesitan estudios especializados en la materia para contestarlos ¿o no? Y cuando me refiero a estudios, me refiero a estudios académicos y no talleres dados por «gurús» en algún salón de conferencias de un hotel.

    Entonces, si estos conceptos no son fáciles de entender o explicar por la gran mayoría de la población ¿por qué es común escuchar sobre muchos gurús o especialistas que se asumen como «neuro-coaches» o como «especialistas de la transformación cuántica» que venden talleres de superación personal?

    La respuesta es fácil, lo hacen porque esos conceptos suenan lo suficientemente sofisticados o inclusive intrigantes para llamar la atención de los incautos. Con esos términos, los gurús de la autoayuda pretender darle a sus cursos una sofisticación que no tienen. Se trata de cualquier curso o seminario de autoayuda, de esos que tanto abundan en el mercado y que no es otra cosa más que una estrategia de ventas deshonesta. Basta ver este video de alguien que dice ser neurocoach y que tiene la ocurrencia de decir que a partir de la tercer semana de gestación la personalidad ya se comienza a formar siendo que las primeras conexiones neuronales ocurren después y ya no digamos la actividad del cerebro.

    Cuando ellos tratan de definir su profesión (si es que se le puede llamar de esa forma) redundan mucho. Presumen tener un gran currículum y se presentan como «trainers» como «masters en programación neurolinguística»; hablan mucho de PNL pero no son expertos en ello y se limitan a aprender algunas «técnicas». El neurocoach no tiene alguna especialización científica destacable como para considerarlo un especialista tal y como podríamos considerar a un buen psicoterapeuta profesional o ya no digamos un psiquiatra o un neurólogo. Mientras que los neurólogos estudian muchos años carreras y maestrías para poder ser capaces de dar un buen servicio a sus pacientes, a los neurocoaches les basta con tomar ciertos talleres y capacitaciones para venderse como tales.

    Estos términos tan sofisticados son usados para vender lo que siempre han vendido. Estos solo sirven como una forma de adornar el empaque de un producto cuya calidad podemos cuestionar.

    Básicamente, con el término «neuro» buscan venderse como especialistas que conocen muy bien el funcionamiento del cerebro y que por lo tanto pueden lograr cambios significativos en las personas. Pero en realidad, del cerebro conocen poco más que la persona común. Con el término «cuántico», tan usado estos últimos años, profundizan ese supuesto halo de especialización que se dan y se muestran como conocedores de una ciencia que a le gente les parece extraña y enigmática. Pero basta con hacerle un pequeño examen sobre física cuántica a estos charlatanes, acércate con uno de ellos y pregúntale si:

    Basta con que le pidas que te lo explique de una forma cotidiana, como lo explicaría algún curioso que se metió a Youtube a ver videos o leyó algún libro. Te vas a dar cuenta que la gran mayoría de ellos ni siquiera saben a qué te estás refiriendo.

    Si ellos fueran «psicólogos o coaches cuánticos» no solo deberías obligarles a contestar esas preguntas. Tendrían que explicarte las fórmulas por medio de las cuales se han desarrollado esos conceptos. Peor aún para ellos, deberían decirte la relación que tiene esa ciencia con la mente y cómo es que a través de ella pueden lograr cambios significativos.

    Naturalmente, se van a quedar en blanco. La realidad es que ellos no saben nada de neurología ni mucho menos de física cuántica. Utilizan términos que ellos mismos no entienden y hasta es posible que ni conozcan.

    Sabemos que, a través de la historia, el lenguaje ha sido utilizado como estrategia de manipulación: lo que se dice, la forma en que se dice, el contexto en el que se dice. Esta no es más que otro de esos abusos lingüísticos con los cuales buscan manipular o engañar a los individuos para que tomen una decisión que les convenga a ellos. Lo peor del caso es que estos erróneos conceptos pueden transmitirse y multiplicarse. No es imposible ver neurocoaches (sobre todo aquellos primerizos) que ni siquiera son conscientes de que ese término está siendo usado de forma engañosa, que no buscan engañar a los demás, pero que cayeron en el engaño de otros y se encargan de transmitirlo.

    Lo más triste es que estos cursos venden. Primero, porque mucha gente se deja impactar por lo primero que ve ya que no tiene el conocimiento suficiente para sospechar de ello y, segundo, porque en nuestra sociedad existe una urgencia de hacer cualquier cosa para encontrar la felicidad y el sentido a su vida cuando allá afuera existen psicoterapeutas, o incluso psiquiatría o medicación (para aquellos que confunden una depresión clínica con una falta de «echarle ganitas») que pueden ayudarles a mejorar su calidad de vida de forma mucho más eficiente.

  • Los empresarios buenos y los empresarios malos

    Los empresarios buenos y los empresarios malos

    Los empresarios buenos y los empresarios malos

    Dentro de un ambiente polarizado y lleno de emociones como el que genera esta elección que está movida mayormente por el encono y el hartazgo, y en menor proporción (pero de todos modos de un tamaño considerable) el miedo a un candidato, podemos correr el riesgo de ignorar muchas de las señales de los fenómenos que tenemos enfrente, de lo que se dice, de lo que se quiso decir. El sesgo de confirmación que a veces abunda en ambos lados de la trinchera no nos permite en muchas ocasiones hacer ese ejercicio que considero necesario para entender las causas y no sólo conocer los efectos superficiales de lo que ocurre en las campañas y con los candidatos. 

    Cuando el conflicto de López Obrador con los empresarios llegó a su punto álgido (y que ahora parece haberse tranquilizado ya que ambas partes parecen haber comprendido que sería una pérdida de tiempo y hasta nocivo tener una confrontación directa a estas alturas del juego) se tomaron dos posturas muy claras: por un lado, aquellos que defendieron a capa y espada a los empresarios, ya que dicen que ellos son los que generan empleos en tanto los políticos son poco menos que parásitos y peor aún cuando hablamos de un López Obrador a quien le gusta la confrontación. Luego están quienes (siguiendo el tono de López Obrador) perciben a algunas estas cúpulas empresariales como una especie de mafia que quiere preservar sus intereses y por lo cual buscan atacar al candidato que promete un cambio.

    El problema es mucho más complejo que eso. Estoy convencido de que López Obrador cometió un error y un acto de poca tolerancia al señalar y lanzarse contra un grupo de los empresarios que no quieren que llegue a la presidencia (deseo legítimo mientras ello se mantenga en terreno legal y no distorsione la voluntad del electorado). No todos los empresarios a los que señaló se han hecho ricos al amparo del gobierno, ese no es el caso de Alejandro Ramírez de Cinépolis cuya familia ha forjado una cadena de salas de cines que tiene presencia hasta en la India. Naturalmente estas declaraciones calaron hondo en las organizaciones empresariales ya que, si bien es cierto que AMLO no se lanzó contra todos los empresarios, puso a algunos dentro de una canasta donde no merecen estar. Naturalmente, declaraciones como esas van a molestar, cuando menos, a quienes han creado sus empresas con el sudor de su frente. 

    Pero más allá de estos errores y arbitrariedades que López Obrador ha cometido, se ha olvidado un argumento en el que el tabasqueño sí acierta y es que dice que se debe independizar el sector empresarial del gobierno. Es decir, que los empresarios creen su riqueza por medio de su trabajo y el talento y no por medio de los privilegios que el gobierno les da. 

    Es importante mencionarlo porque la independencia de ambos sectores (que no implica que no tengan canales de comunicación sino que no se involucren en conflictos de interés) es clave cuando hablamos de la construcción de un Estado de derecho sólido. En una sociedad democrática y justa, una persona sólo puede ser privilegiada por su posición dentro del ámbito en que se desenvuelve. Así, sus beneficios son producto del mérito y no del influyentismo: un gran empresario puede ser millonario producto de su trabajo y esfuerzo, pero no puede hacerlo cuando se entrecruza con otro ámbito que no le compete. 

    El problema es que en México el rentismo (llamado también capitalismo de cuates o crony capitalism) es un problema considerablemente grave y creo que explica en parte los altos índices de desigualdad ya que fomenta una concentración de la riqueza en manos de unos pocos y que no es producto del mérito. Cuando los empresarios tienen privilegios dentro del sector público, estos terminan adquiriendo privilegios dentro de los organismos de justicia (los cuales, en teoría, deberían trabajar igual para todos, sin distingo de clase social o posición socioeconómica) lo cual los puede llevar a cometer ilegalidades ya que quedarán impunes con facilidad. Las afectaciones también se ven dentro del sector económico ya que los empresarios que se enriquecen al amparo del gobierno suelen distorsionar el mercado, y si bien crean empleos, su condición privilegiada evita que surja una competencia tal que podría generar muchos más de los que ellos crean. No sólo se generan menos empleos, sino que los productos y servicios tienden, en muchos casos, a ser de menor calidad. 

    Este es un mal que ha estado enquistado en nuestro país producto del PRI hegemónico donde la relación entre la empresa y el gobierno era más bien estrecha. Cuando se «liberalizó» el mercado muchas de las empresas fueron compradas por los mismos oligarcas y se enriquecieron más. Es decir, la liberalización de la economía no acabó con las estructuras patrimonialistas y clientelares, estas sólo se adaptaron a la nueva realidad. Varios de los empresarios mexicanos que aparecen en listas de Forbes están involucrados en distintos ramos, pero muchos de ellos se caracterizan por innovar más bien poco dentro de sus empresas. 

    Imagen relacionada
    Imagen: The Economist

    López Obrador se equivoca rotundamente al poner a todos los empresarios a los que denunció en una misma canasta. Un estadista no debe involucrarse en peleas absurdas como esa y simplemente debe preocuparse por aplicar el Estado de derecho y parar ese tipo de relaciones nocivas ya que no se trata de una batalla maniquea, sino de problemas estructurales que deben irse modificando con voluntad política y con el apego irrestricto de la ley. López Obrador no puede decidir quienes son los buenos y los malos malos, son los órganos de justicia los que deben determinar quienes están trasgrediendo el Estado de derecho. 

    Las cámaras empresariales, que están compuestas en su mayoría por empresas que se conducen de buena forma, deben también poner de su parte para desincentivar este tipo de prácticas y vigilar que sus miembros las eviten. Deben procurar, dentro del entorno empresarial, una cultura en la cual se fomente al empresario que se desarrolla por medio de su talento y esfuerzo, y desincentivar e incluso señalar a las empresas que hacen negocios turbios, o que se benefician de sus relaciones con el gobierno.

    También es cierto que el modelo económico de Andrés Manuel, orientado a la sustitución de importaciones, parecería más bien fomentar este tipo de relaciones (ya que estas surgieron dentro de un entorno bastante similar), por lo que habríamos que preguntarnos si en la práctica lograría combatir este problema. Pero la animadversión hacia López Obrador que puedan tener muchas personas no debe hacernos olvidar que ese problema existe. López Obrador lo aborda sin proponer una hoja de ruta creíble, pero yo no he visto a los otros candidatos que hablen de ello: hablan de competitividad, de desarrollo económico, pero hablan poco del mal endémico donde algunos empresarios se enriquecen al amparo del gobierno, y se necesita combatir lo segundo para poder lograr lo primero.

  • La nueva cara noticiosa de Televisa

    La nueva cara noticiosa de Televisa

    La nueva cara de Televisa
    Foto: Noticieros Televisa

    Hasta el año 2012, Televisa se había convertido en una suerte de «promotor comercial» de Enrique Peña Nieto, lo cual seguramente era producto de un acuerdo económico entre la campaña del ahora presidente y la televisora. Bastaba ver las noticias para ver la promoción que el candidato recibía: el candidato de Televisa, lo llamaban en ese entonces, y aunque yo argumento que no fue tanto una imposición de Televisa sino que el PRI se hizo de «los servicios» de la televisora para darle promoción al candidato, el mote tenía algo de cierto. Esa parcialidad de la televisora no gustó a muchos e incluso prendió la chispa para el surgimiento del movimiento #YoSoy132.

    Posteriormente,  los números de Televisa se empezaron a ir abajo. La convergencia tecnológica explica mucho de lo que ha ocurrido, pero el desgaste de la imagen de la televisora por dicha parcialidad también jugó su papel. La televisora no ha logrado recuperar los números que en ese entonces presumía y posiblemente no los vuelva a recuperar.

    El papel que juega Televisa en estas elecciones es diametralmente diferente. Tal vez, a raíz del desprestigio sufrido en el último sexenio, esté buscando recuperar algo de credibilidad; pero lo cierto es que la programación de Televisa con respecto a estas elecciones es destacable, plural y debe reconocerse.

    ¿Qué es lo que están haciendo bien? Primero, que no se ve alguna tendencia favorable hacia candidato alguno (a diferencia de programas de las elecciones pasadas como Tercer Grado donde los candidatos no recibían el mismo trato). Segundo, las mesas de debate que han organizado y a las cuales asisten los representantes o coordinadores de campaña de todos los candidatos. Tercero, las barras de opinión como La Hora de Opinar donde invitan a personajes de todas las posturas políticas como el propio Gerardo Esquivel, quien es asesor económico de López Obrador. 

    Ciertamente que algunas de las mesas de debate dejan algo que desear, pero no es culpa del formato sino de los propios estrategas de campaña que mantienen un nivel discursivo que en muchos casos raya en lo infantil. De hecho, los formatos me parecen buenos, tanto el del programa de la mañana de Loret de Mola como el del programa «Si Me Dicen No Vengo» de Joaquín López-Dóriga. 

    La Hora de Opinar que conduce Leo Zuckermann también me parece un buen ejercicio. Es cierto que el formato principal donde participan Jorge Castañeda o Aguilar Camín tiene una tendencia liberal (que tiene poco que ver con la izquierda nacionalista de López Obrador) pero aún así no se percibe un sesgo hacia el régimen (vaya que han sido críticos con el sexenio de Peña) o algún candidato en específico. Los otros formatos que incluyen invitados son todavía más interesantes ya que incluyen actores de todas las corrientes políticas. Todos tienen voz. 

    ¿Qué fue lo que pasó para que Televisa mostrara una cara más plural? Intuyo que tiene que ver más con una estrategia de supervivencia, además de los cambios directivos que ha habido en estos últimos años. La presencia de Denisse Maerker en el noticiero principal fue un paso en este sentido, en reconocer que su postura excesivamente parcial y sesgada le había hecho mucho daño a la marca. Y si bien el noticiero puede tener algunas cosas criticables, la mera presencia de Denisse (quien a mi parecer es una buena conductora, al punto que era casi la única que contrastaba en ese bodrio llamado Tercer Grado) ha aminorado, cuando menos, esa faceta de Televisa como televisora oficialista. 

    Televisa nunca va a volver a ser lo que fue antes, los cambios generacionales y tecnológicos la han condenado a convertirse en un actor menos importante del escenario político y de la comunicación en el país. Tal vez eso era lo que necesitaba, que no detentara tanto poder y que se quedara orillada a crear mejores contenidos.  

  • Twitter: De opinantes y legiones de idiotas en 280 caracteres

    Twitter: De opinantes y legiones de idiotas en 280 caracteres

    Twitter: De opinantes y legiones de idiotas en 280 caracteres

    Soy usuario de Twitter desde 2008. 

    Esta red social, con todas sus virtudes y defectos, se ha convertido para mí en el principal recurso para consumir noticias, compartir opiniones y generar discusiones. Gracias a Twitter la información vuela. Es en esta red social, y no en los portales de los medios tradicionales, donde la gente espera la información más fresca y de primera mano.

    Pero, a diferencia de los medios tradicionales, es el propio usuario el que tiene que saber «colocar los filtros» para que la información sea lo más fidedigna posible. Yo, por ejemplo, he creado varias listas de columnistas (tanto de izquierda como de derecha), políticos, diarios, medios alternativos, para poder consultar ahí la información que se va haciendo pública y poder contrastarla. Si se habla de un tema, no sólo quiero saber qué ocurrió, sino también conocer la mirada de dicho tema desde distintas perspectivas.

    Es decir, para que Twitter sea funcional y productivo, hay que saber usar bien la herramienta. Más vale lo que aparezca en mi muro sea información que me sirva y no comentarios desagradables de la «legión de idiotas», como los llamaba Umberto Eco. Porque Twitter, vale decirlo, también es una herramienta que ha sido aprovechada por gente con fuertes resentimientos e incluso problemas psicológicos y de conducta para poder ser lo que no se atreverían a ser en la vida real. Varias de esas personas, que allá afuera son pusilánimes, inseguros, y tal vez hasta sumisos, se «desatan» en las redes. Se burlan de piedad de personas con síndrome de Down, atacan verbalmente a las mujeres que han sido violentadas o abusadas, critican igual a homosexuales que a religiosos.  

    La poca habilidad o más bien disposición de muchas personas en Twitter ha hecho que dicha red termine creando una especie de cámara de eco que polariza la opinión pública, creando cierto ambiente de intolerancia hacia el que piensa distinto. Es decir, muchos usuarios solamente siguen a aquellos líderes de opinión con los que simpatizan y les dicen lo que quieren escuchar. Prácticamente se aíslan de la gran diversidad de opiniones que uno pudiera encontrar dentro de la red social  y sólo salen de su burbuja para atacar y linchar a quienes están fuera de ella, sobre todo a los líderes de opinión que no piensan como ellos. 

    El «chiste» de Twitter era que, hasta el día de hoy, sólo podías utilizar 140 caracteres a la hora de redactar. Si a algo te obligaba la red era a sintetizar (creo que en demasía). No pocas veces nos acostumbramos a abreviar el «qué» con una «q» o la palabra «por» con la letra «x». Es cierto que por un lado nos obligaba a desarrollar una gran capacidad de síntesis, pero creo que el límite era tan estricto que muchas veces le terminaba quitando naturaleza al lenguaje. Tener una idea o un argumento y tratar de hacer malabares con él para que cupiera en un tuit (cosa que era bastante común) terminaba, de alguna u otra forma, empobreciendo el lenguaje. A veces alguna persona decidía sacrificar el punto y final o romper alguna regla ortográfica para que «quepa todo». 

    Tal vez, en este sentido, creo que el aumento a 280 caracteres fue acertado. Para que el cambio fuera menos drástico, Twitter cambió la tipografía y redujo su tamaño hace apenas unos meses, y después habilitó el cambio del límite de caracteres sólo a unas cuentas seleccionadas para comprobar la experiencia de usuario. Yo, en lo particular, he visto varios beneficios:

    Para empezar, gracias a la reducción del tamaño de la fuente y el cambio de tipografía, los tuits de 280 caracteres ocupan más o menos el mismo espacio (tanto en la PC como en el celular) que antes ocupaban los de 140, así que en cuestión de experiencia de usuario dicho cambio no significa, al menos para mí, un problema. Los 280 caracteres ya alcanzan para poder escribir un argumento corto sin preocuparte demasiado de llegar al límite de caracteres. 280 es lo suficientemente extenso para poder hacerlo y lo suficientemente restrictivo como para evitar que la gente use la red como si fuera un blog. Twitter no pierde la esencia de lo que es. 

    De alguna forma, todavía es necesario aprender a sintetizar, pero ya no al grado de quitarle elegancia al lenguaje y de permitirse algunos errores ortográficos y de puntuación para no vernos limitados. 

    Algunas personas están molestas con el cambio (tal vez por conservadurismo innato o aversión al cambio) pero me sigue siendo muy fácil navegar entre los tuits y el tamaño de ellos sigue siendo lo suficientemente corto. Naturalmente, algunas personas aprovechan dicha extensión para emitir puro ruido, tratar de hacer chistes, o incluso publicidad ingeniosa (como en el caso de algunas marcas), cosa que es natural ahora que se trata de una novedad. Pero puedo ver que, por ejemplo, los líderes de opinión a los que sigo se perciben escribiendo más cómodos. Ya pueden compartir información de forma más eficiente (evitando así colocar imágenes para completar el texto que no cabía en un tuit).

    Mientras Facebook ha relegado el texto en favor de frases muy cortas, fotografías y videos, haciéndolo cada vez más torpe como herramienta de opinión o información y más eficiente como una herramienta para estar en contacto con tus seres cercanos y compartir experiencias, Twitter tomó un paso acertado al hacer más eficiente su herramienta con el fin con el que fue pensado, como una herramienta de microblogging donde los usuarios pueden opinar, discutir y compartir información en tiempo real. Así, creo que Twitter, poco a poco, puede absorber esa función que Facebook está dejando cada vez más en un segundo plano.

    Pero quienes al final dibujan el ambiente de las redes sociales son sus usuarios. La capacidad de debatir, la capacidad de escuchar al otro y respetar su integridad no es algo que se pueda cambiar con unas líneas de código. Para que la herramienta funcione de mejor manera para todos, es indispensable que los individuos que participan en ella funcionen mejor.

  • Blim. Televisa y su pésima propuesta que no podrá lavarte el cerebro

    Blim. Televisa y su pésima propuesta que no podrá lavarte el cerebro

    A Televisa le dijeron que su audiencia estaba bajando porque ya nadie veía la televisión abierta y todos preferían entonces, ver series en Internet. El comportamiento del consumidor, les dijeron, había cambiado. Y no, no se equivocaban, con la abundancia de laptops, tablets y smartphones, la televisión ha dejado de tener el monopolio del entretenimiento.

    Blim. Televisa y su pésima propuesta que no podrá lavarte el cerebro

    Lo que parece que a Televisa no le dijeron, es que la gente también está dejando de verla porque sus contenidos son, digamos, «chafitas». Todo el mundo veía Televisa porque ésta tenía el monopolio del entretenimiento en el país, no tenía mucha competencia en cuanto a contenidos se refiere. ¿Quién ve Sabadazo, y Hoy?, o ¿Quién ve Telenovelas hoy en día? Estas últimas suelen ser personas mayores de edad que crecieron con ellas. Televisa está dejando de ser referencia para las nuevas generaciones.

    Televisa entendió lo primero, no lo segundo. Y entonces creó Blim, una plataforma digital para competirle a Netflix, Claro Video y demás aplicaciones digitales donde el usuario puede consumir contenido en línea.

    Pero se trajo toda su «basura». Bastó con usar la promoción de los 30 días gratis para probar su nueva propuesta llamada Blim y navegar en ella para percatarme de eso. ¿Qué es Blim? Es básicamente Televisa, tal y como la conocemos, pero digitalizada.

    Primero, trae un repertorio muy limitado de películas y series, pareciera que estuviéramos hablando de un «Canal 5 digital» (aunque aquí no tienes por qué conformarte con esos horribles doblajes al español), trae su repertorio de telenovelas (limitado también): Muchachitas, Rosa Salvaje, Clase 406 (pfftt), María Mercedes. Vaya, ni Rebelde aparece ahí. Además también te ofrece programas por si te perdiste Acción el domingo pasado, o La Jugada. Sí, esto cuesta lo mismo que el Netflix.

    Cierto, Netflix casi no te ofrece telenovelas, ni puedes ver Acción para ver los goles de Oribe Peralta. Pero ¿A quién le importa ver Acción en línea? ¿Para qué ver Acción si puedes ver los goles en Youtube poco después del fin del partido? Seguramente en Televisa pensaron que eso era una gran idea, que la gente iba a ver la repetición de los programas deportivos para ahí informarse, cuando la información vuela, cuando cualquier diario digital comprime los videos de los goles en Vine y junto a estos redactan la nota del partido.

    La gente está harta de Televisa porque sus contenidos, en la mayor parte de los casos, son una basura. Cuando la televisión abierta se molesta en crear algún contenido de calidad decente, como Master Chef de TV Azteca, la gente se molesta en verlo.

    Televisa nació cerrada, como una industria protegida  y aliada al Gobierno en una época donde las importaciones estaban restringidas. Después de la apertura, Televisa no terminó de «agarrar la onda» y trató de adaptarse a las «nuevas formas» mediante las «viejas formas»; aunque a pesar de eso tuvo algunas chispas de creatividad. Ahora ni siquiera ocurre eso. Televisa cree que sigue siendo respetada por el público, y que basta trasladar sus contenidos a donde el público está para que vuelva a ser vista.

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    Y siento decir que esa plataforma malograda llamada Blim, solo servirá para aquellos nostálgicos que quieren ver esas novelas que marcaron su juventud.

    Su interfaz naturalmente es una copia un tanto malograda de la que despliega Netflix, Y sé que se entiende que la empresa estadounidense puede disponer de los mejores programadores y UX designers del mundo y Televisa no tanto (aunque hablamos de una de los medios de comunicación más grandes de América Latina, no de una startup creada por dos jóvenes). Pero ni siquiera pretendieron hacer innovación alguna en la interfaz, simplemente la copiaron. Y se ve mal, porque basta con navegar un poco para darse cuenta de la escasez de opciones, como si se tratara de una copia un iPhone por una marca de bajo costo (por no decir pirata).

    Peor aún, tiene errores en su interfaz, aunque esto podemos atribuirlo a que se trata de una nueva plataforma que está tratando de arreglar sus últimas imperfecciones (bugs). En Google Chrome, si quiero ver, por un decir, Muchachitas, el video se congela después de unos cuantos segundos. En cualquier navegador, pasados unos segundos, la calidad del video se vuelve muy mala, para después ya desplegar una calidad HD y después volverse a caer. En resumen, noto mucha improvisación en su plataforma.

    Esta propuesta no ha sido bien recibida en las redes sociales. Sí, quienes más consumen Internet son millennials que no suelen ver televisión, a los cuales no les gusta mucho las novelas, y nunca ven Televisa. ¿Para qué les traes lo que no quieren ver?

    Si Televisa quiere que Blim pegue, tiene que crear contenidos independientes. Netflix es exitoso no sólo por su gran variedad de contenidos, lo es más por sus contenidos propios. Incluso en México lanzaron la serie Club de Cuervos, que digamos, estuvo decente.

    Televisa necesita salir de la cerrazón y entender que le tiene que dar oportunidad a personas creativas y talentosas que no forman parte de su cerrado y arcaico grupo de productores y artistas con quienes ha trabajado de la misma forma desde hace años. Televisa tiene que entender que su fórmula «de siempre» le pudo funcionar en la televisión abierta, pero que ya no le funciona siquiera ahí, y que lo peor que puede hacerlo es trasladarlo a los formatos digitales. Netflix tiene éxito porque puede producir series que no están sujetas a restricciones, por eso puede crear una serie House of Cards. En Televisa en cambio pretenden hacerlo (si es que lo hacen) con su misma fórmula, con los mismos productores y actrices del CEA.

    Televisa tiene que parecerse más a Netflix (en la generación de contenidos, no en la copia del layout de la página web) y menos a ella misma promocionando candidatos a la presidencia. Televisa tiene que dejar de ser «Televisa en línea». No, no está mal que suban sus contenidos como telenovelas o programas que ellos han producido, pero no pueden pretender que eso sea su ventaja competitiva y tienen que empezar a hacer cosas nuevas, a innovar y romper esquemas.

    Para su fortuna, este tipo de plataformas puede mejorarse con el tiempo, pueda que en algún futuro nos sorprendan. Pero la resistencia al cambio es una hueso duro de roer, y tanto Emilio Azcárrraga como Pepe Bastón y Bernardo Gómez tendrán que empezar a «salir de la caja» si es que no quieren que esta propuesta termine condenada al fracaso.