Categoría: música

  • Chris Cornell y el fin del rock

    Chris Cornell y el fin del rock

    Chris Cornell y el fin del rock

    Hoy se fue uno de los más grandes íconos del grunge: Chris Cornell. El famoso vocalista de Soundgarden, quien sólo horas después de tocar en el que sería su último concierto, decidiera quitarse la vida al igual que lo hiciera Kurt Cobain. Ciertamente, a diferencia de Cobain (que era una estrella a la cual le faltaba mucho por brillar), Cornell se fue ya a los 52 años, cuando posiblemente ya había dado lo mejor de sí, aunque ciertamente conservaba esa gran y potente voz que siempre le caracterizó.

    Su partida es un golpe para quienes nos empapamos y crecimos con la música de los 90. Y es que después de eso ya nada volvería a ser igual dentro del mundo de la música.

    Cuando hablamos de rock, quienes fueron o fuimos parte de esas generaciones que transcurrieron desde los años 60 hasta los 90 (de los baby boomers a la generación X) coincidimos en que algo se perdió, que la música actual ya no tiene esa capacidad de marcar generaciones y darles una identidad como hasta los años 90 ocurría. No es necesariamente ese sentimiento fatalista al que el humano está tan acostumbrao donde percibe que el pasado siempre ha sido mejor. Esto es algo que va más allá. 

    Al menos yo no recuerdo casi ninguna banda actual de rock que haya tenido tal impacto cultural como lo pudieron tener los Beatles, los Rolling Stones, Led Zeppelin, Metallica, Nirvana o el propio Soundgarden. No es cuestión de falta de talento, talentos musicales allá afuera hay muchos e incluso muchos músicos que trabajan dentro de la industria musical componiendo esas «rolas pop» pegajosas pueden presumir que las dotes musicales les sobran. Se trata más bien del rol que la música juega en la vida del individuo y la sociedad.

    Me atrevería a decir que lo que hemos vivido es una progresiva pérdida de «espíritu musical». Trataré de explicar desde mi punto de vista cuales pudieron haber sido las razones para que esto sucediera. 

    El primer argumento que se me viene a la mente y del que hablan todos es la hipercomercialización de la música: La industria musical, especialmente en el rock, fungía como distribuidora del talento de otros para después tener un papel cada vez más activo y preponderante en el producto en sí. Anteriormente las bandas llevaban sus LP a las disqueras y éstas determinaban si valían la pena. Ahora parecen tratarse de involucrarse más en la música, les piden a las bandas, por más experimentales que sean, que compongan «una rola pegadora para la radio» (en el mejor de los casos). No son lo mismo las letras depresivas de Nirvana y Radiohead que obedecen más al estado de ánimo de los músicos, que las de grupos como Linkin Park y otras bandas cuyas letras parecen obedecer más a un «mercado de consumo». Pero ésta es tan sólo una respuesta parcial y ni siquiera es la más importante. La hipercomercialización de la música no lo termina de explicar todo.

    Mi segundo argumento que viene a la mente, y que a mi consideración tiene más peso que el primero, tiene que ver con la forma en que el individuo consume la música, así como el entorno en que se desenvuelve. Con el Internet y el Mp3, creímos ingenuamente que un gran abanico de posibilidades se abría, que la «opresión de la industria musical» había acabado, que todo el mundo tendría acceso a toda la música, y por lo tanto, aquellos más talentosos tendrían menos problemas para armarla y convertirse en rock stars, en los Freddie Mercury del nuevo milenio. Eso no ocurrió.

    En la actualidad hay muchos guitarristas cuyas manos vuelan más rápido que los de los guitar hero de los años 80 y 90, aprendieron a ser maestros de la guitarra gracias a infinidad de tutoriales y videos que se encontraron en Internet (algunos de ellos con un muy buen sentido musical). Los mejores, aquellos que hubieran sido la envidia de las bandas de los 80 tratando de reclutar nuevos guitarristas, no tocan conciertos; muchos de ellos ganan algo de dinero, sí, pero con la publicidad de Youtube:

    Muchos pensamos que se crearía una especie de meritocracia musical. Pocos años después incluso nos dimos cuenta que ya no había que pagar raudales de dinero en un estudio para grabar un disco, que bastaba con que cada integrante tuviera su equipo (su guitarra, el ampli, la batería), algún software no mucho más caro que el Microsoft Office y cascarón de huevo que aislara el sonido para poder grabar un disco cuya calidad no le pidiera mucho a los grabados en estudios profesionales. Por poco más de mil de pesos, el aficionado podía hacerse de simuladores de esos sintetizadores tan caros y que suenan casi igual de bien. Se supone que cualquier persona podría crear su grupo de rock desde su casa y de ahí saltar a los escenarios. No es que eso no haya pasado nunca, pero ciertamente no ocurrió como se esperaba.

    Paradójicamente, podríamos decir que hoy tenemos más músicos talentosos que nunca porque el costo para ser un buen músico es cada vez más bajo y el acceso al conocimiento para poder entrenarse es cada vez más accesible. Basta darse una vuelta por soundcloud.com para darnos cuenta que no es el talento el que falta. ¿Entonces, qué está pasando?

    Más bien parece que esa «nueva libertad» generó una suerte de fragmentación musical. Hay tanta música allá afuera que parece no haber por donde empezar. Los grupos de rock ya no son «los grupos de rock», más bien son uno entre tantos. El consumidor de música actual ya no compra «el disco», más bien crea playlists de las canciones que más le gustan. Esa ansiedad por conocer el nuevo disco de su banda favorita ha ido menguando y sólo se preocupa por ver qué dos o tres canciones le gustan para meterla en el bonche de canciones que escuchará en el automóvil o mientras trota. El placer de escuchar un disco desde el principio hasta el final ha desaparecido, los amigos ya no se juntan en alguna casa para escucharlo completo y dar sus opiniones al respecto. Por esto, los artistas se sienten forzados a sacar algún éxito que sobresalga de los demás en vez de preocuparse por terminar una obra que tenga coherencia entre sí, que en su conjunto logre transmitir algo. Un Dark Side of the Moon ya no es viable porque la mayoría de los consumidores no están acostumbrados a escuchar discos completos. 

    La sociedad contemporánea, acostumbrada a la inmediatez, a la novedad y a la excesiva experimentación, tampoco ayuda mucho. Las generaciones anteriores «se clavaban» con las bandas. Compraban el nuevo disco y lo escuchaban una y otra vez. Tener «el disco» era importante, no sólo era un conjunto de canciones, era toda una obra. Los más conocedores creaban sus colecciones de discos y atiborraban sus recámaras de ellos, se pegaban a la TV para ver los especiales de su banda favorita y para enterarse de la nueva gira. Antes, ver un especial de su banda en concierto era casi excusa para dejar lo que se estaba haciendo; ahora los usuarios pueden ver miles de conciertos y bootlegs en Youtube (varios de ellos con muy buena calidad) con tan sólo hacer un clic. 

    El acceso a la música es cada vez más fácil, pero eso también le ha quitado un poco de magia a la relación que el individuo tiene con los conjuntos musicales que más le gustan. 

    Un tercer argumento que puedo esbozar es la finitud de la música. ¿Qué quiero decir con ello? Básicamente, una escala musical se compone de 8 notas y 5 semitonos y cualquier canción (con excepción de la música microtonal que es muy difícil encontrar en la música de rock) está sujeta a dicha escala que tiene siempre a una de esas 8 notas como nota base o tónica. La combinación de estas notas sujeta a un ritmo (ritmo, melodía y armonía) compone las piezas musicales. El rock, a diferencia de la música clásica o el jazz, no suele ser muy complejo en la forma en que utiliza estos recursos (tal vez con excepción del rock progresivo), por lo tanto las limitaciones son todavía mucho mayores. Entendiendo esto, y entendiendo que el rock tiene más de 50 años con nosotros, podemos llegar a la conclusión de que cada vez es más complicado crear una pieza musical nueva o un estilo nuevo. Así, es cada vez más común que artistas se acusen de plagio sin que haya una intención explícita.

    En algún momento, las bandas se dejaron de preocupar por la armonía musical porque ya casi todo estaba hecho. Entonces se enfocaron en los arreglos, a ese círculo de acordes tan repetidos había que ponerle algo de delay, chorus o incluso shimmer (tan recurrente en bandas como U2) para que sonara a otra cosa. También ya eran muchos guitarristas cuyas manos en el diapasón volaban, parecía que todo estaba dicho en el shred y ya eran demasiados solos largos, entonces había que experimentar con sonidos raros y tecnificados elaborados con whammys y pedales modificados a propósito, algo que supo hacer muy bien Tom Morello, aquel guitarrista simpatizante del comunismo y del EZLN que acompañó a Chris Cornell en Audioslave.

    Cuando ya se ha experimentado casi todo, cuando las bandas actuales han tenido que recurrir insistentemente a la fusión e incorporación de otros estilos para tratar de encrontar algo, o cuando se han aferrado a las bases, es más difícil aspirar a crear un estilo propio y un arte que logre por sí mismo generar un impacto cultural.

    Otro argumento que me atrevo a plantear tiene que ver con el número creciente de alternativas culturales más allá del rock. El rock fungió como música de protesta y de rebeldía ante lo establecido, y para muchos era casi el único medio por el cual podían escapar de la «opresión». El rock era la vía para ser uno mismo y expresar sus sentimientos. Si algo abunda en el siglo XXI son los medios por los cuales el sujeto puede escapar de la realidad y expresar su inconformidad. Incluso la rebeldía ya no es algo que necesariamente esté prohibido sino es más bien algo que se empaqueta constantemente en productos de consumo. Hasta hemos aprendido a hipercomercializar la rebeldía.

    Los puntos álgidos de la música suelen, o más bien, solían coincidir coyunturas sociales o políticas. El rock de los años 60 y 70 y el movimiento hippie que se oponía a la guerra de Vietnam, o la música de fines de los 80 y el grunge de la generación X, de los jóvenes «sin futuro» en medio de drásticos reajustes económicos llevados a cabo por líderes como Ronald Reagan o Margaret Thatcher, donde los últimos años de la guerra fría marcaron el fin del idealismo. En este sentido, las convulsiones económicas y políticas que comenzaron en 2008 para arreciar con la amenaza de la ultraderecha xenófoba no trajeron consigo expresión alguna dentro del rock. 

    La realidad es que los festivales de rock como Glastonbury o Lollapalooza, tan de moda en los últimos años, suelen tener a la cabeza a grupos ya consolidados. Todas las bandas nuevas buscan hacerse un hueco entre los gustos de los aficionados a la música, pero las que destacan son las de antaño; ellas son las que encabezan dichos festivales, bandas que muy rara vez debutaron después de los años 90. Ahí tenemos con la letra más grande de los carteles a U2, Red Hot Chilli Pepers, Coldplay, Foo Fighters, Radiohead, Metallica, Blur, Oasis, The Rolling Stones, y en el mejor de los casos, bandas de principios de la década pasada como Arcade Fire.  

    Las canciones más épicas, las que son capaces de seguir vigentes, son aquellas que fueron compuestas entre los años 60 y 90. Incluso las nuevas generaciones, los millennials, las conocen. No son pocos los jóvenes que conocen Bohemian Rhapsody o Smells Like Teen Spirit. Seguramente, de entre la infinidad de músicos ciberconectados, hay piezas musicales que pudieron haberse convertido en un himno generacional si hubieran sido creadas 20 años antes, pero que están condenadas a vivir solamente en la nube con algunos miles de likes y comentarios de usuarios anónimos tales como «hey bro, tienes talento». 

    Es paradójica la coexistencia de la abundancia de talento con la escasez de música y de bandas que logran marcar generaciones, que logran ser parte de la historia social y cultural de una determinada sociedad. Esa paradoja se explica porque no es el talento el problema, el mundo actual les exige a los músicos talentosos saber de muchos otros temas (negocios o relaciones públicas) si quieren alcanzar el estrellato en medio de una sociedad y un mercado cada vez más complicado que prefiere navegar entre un mar de música en vez de concentrarse en el arte de una banda especial. El problema es que la mayoría de los músicos talentosos o no tienen tiempo para convertirse en hombres de negocios y con extraordinarias habilidades interpersonales, o no tienen o no han desarrollado dichas habilidades. 

    Los tiempos cambian y la sociedad cambia. El rock poco a poco parece quedar relegado en el pasado, la música de los 80 y los 90 están cada vez más cerca de considerarse «oldies». Muchos de quienes se juntan a rockear con sus guitarras con covers de Pearl Jam y Guns N’ Roses presumen una barba canosa y llevan a sus hijos al toquín: -Mira mijo, esto es lo que nosotros tocábamos en nuestros tiempos-, y entonces el padre pisa el pedal de la distorsión para hacer sonar ese famoso riff de Nirvana. Para mí, por ejemplo, causó un gran impacto ver en el concierto de Pearl Jam en México en 2011, a muchas personas que ya rebasaban los 30 o 40 años cuando en aquel del 2003 el público estaba compuesto por puros jóvenes enardecidos. 

    Con la muerte de Chris Cornell se va un cachito de ese espíritu musical ausente en este nuevo siglo, un cachito que nos marcó a muchos y que deja sólo a Eddie Vedder ya como el único heredero del grunge que se encuentra todavía entre nosotros. El líder de Pearl Jam ahora tiene la tarea de cargar con esa responsabilidad, sin la ayuda de nadie más. Extrañaremos la potente voz del vocalista de Soundgarden y Audioslave, aquel cuya voz pudo adaptar a varios estilos musicales, y que se arriesgó a hacer «covers prohibidos» como Billie Jean, de una manera excelsa

    QEPD. Chris Cornell.

     

     

  • ¿Está sobrevalorado Kurt Cobain?

    ¿Está sobrevalorado Kurt Cobain?

    ¿Está sobrevalorado Kurt Cobain?

    Un día como hoy, el legendario guitarrista de Nirvana, Kurt Cobain, habría cumplido 50 años de edad. Las canas ya se asomarían entre su rubia cabellera, así como en su barba de 3 días sin rasurar. Lo más intrigante es qué estaría haciendo Kurt en estos momentos ¿Seguiría existiendo Nirvana? Y si sí, ¿Cómo sería su música? ¿Vivirían enclaustrados en la misma fórmula heredada de los Pixies de verso tranquilo – coro ruidoso, que tanto éxito les dio? ¿Hubieran experimentado con otros estilos o se hubieran reinventado como lo hizo U2 con el Achtung Baby? ¿Se hubieran subido al tren del mame de finales de los noventa y hubieran incorporado loops electrónicos en su música? ¿Se hubieran «vendido al mainstream» y hubiéramos visto, no sé, a Kurt Cobain junto con Beyoncé cantar en el medio tiempo del Superbowl? ¿O seguiría siendo ese músico desenfadado que no dejaría de aprovechar cualquier concierto para hacer campaña contra Donald Trump? De ninguna forma lo vamos a saber porque eso jamás sucedió.

    Lo cierto es que su muerte le dio a él y a Nirvana un aire místico, engrandeció el mito. Su muerte de alguna forma lo consolidó como una leyenda del rock. Pero dicho esto, ¿Está sobrevalorado Kurt Cobain?

    Si dijéramos que fue un gran músico en el sentido estricto de la palabra, lo estaríamos sobrevalorando en demasía. Era notorio que Kurt Cobain no tenía gran conocimiento de armonía moderna, tampoco era muy bueno con la técnica -se equivocaba constantemente al tocar el solo de Smells Like Teen Spirit, que dicho sea de paso, es muy fácil de tocar- al punto que no es necesario hacer referencias con guitarristas como Steve Vai o Joe Satriani para advertir su falta de habilidad, sino con cualquier guitarrista intermedio que toca con sus amigos en su recámara. 

    Pero también es cierto que al final el rock -el de verdad- es de cierta forma, más música de protesta que obra de arte. Al final, a diferencia de la música clásica o el jazz donde el músico debe ser virtuoso, el rock no te obliga a ello. De hecho, el virtuosismo en el rock, cuando se admira, no se hace de la misma forma que se hace con aquel de los músicos de Jazz o de las orquestas, sino como de una puesta en escena donde el músico intenta impresionar son sus solos incendiarios. Pero esas puestas en escena no son obligatorias si se quiere hablar de un buen grupo de rock. 

    Si entendemos el legado cultural que dejó Kurt Cobain y Nirvana, ahí podemos decir que no está sobrevalorado -no sin antes ignorar que con muy poco hizo mucho, que con canciones de varios simples acordes despertó pasiones en una generación X que se buscaba una identidad-.

    Kurt no se destacó por ser un músico virtuoso y no creo que nadie lo reconozca como tal. No recuerdo a nadie que hiciera alarde de su técnica con la guitarra ni mucho menos. Fue su imagen de desenfado con la que los jóvenes que vivían dentro de un panorama político y social muy peculiar -la caída el muro de Berlín, las desregularizaciones que tuvieron cierto impacto en las clases medias estaban a la orden del día, una sociedad estadounidense que en ese entonces era más decadente que la actual-.

    Pero eso no significa que no haya habido nada de genialidad en Kurt Cobain. Con todos sus escasos recursos, un alto grado de sinceridad y pocas pretensiones, logró cambiar el curso del rock que parecido vivir estancado en el Glam Metal. Si bien, no es como que Nirvana haya creado un estilo completamente nuevo -tuvieron a los Pixies como gran influencia-, si lo supieron moldear, adaptar, y llevar a otras latitudes. Adaptaron la música a la percepción que tenían de la vida y de lo que los rodeaba -la cual coincidía con la de un gran número de jóvenes de la generación X-.

    Aquellos quienes trascienden y se vuelven íconos también lo hacen gracias al factor suerte. Así como Malcolm Gladwell afirma que Bill Gates o Steve Jobs trascendieron porque nacieron en una edad tal que el inicio de su edad productiva coincidía con el punto crítico del desarrollo de las industrias tecnológicas, Kurt Cobain tuvo suerte de formar su grupo en un específico periodo de tiempo, cuando la Generación X comenzaban a dejar a los Baby Boomers atrás, cuando cayó el muro de Berlín, y el curso de la historia tomó uno diferente.

    Algo de genialidad tuvo que haber, a pesar de la falta de técnica y teoría musical, para que una banda, con todas sus limitaciones, marcara un hito en la historia musical y sirviera de influencia -tanto en la música como en el concepto- a muchas otras. Porque Nirvana tampoco fue un producto de la industria y la mercadotecnia, sino de ellos mismos. 

    A más de 25 años de Nirvana, todos lo siguen recordando, sus canciones siguen sonando, y siguen inspirando a muchos. Eso no puede ser producto de cualquiera.

  • Por qué Roger Waters desearía que Peña ya no estuviera aquí

    Por qué Roger Waters desearía que Peña ya no estuviera aquí

    Por qué Roger Waters desearía que Peña ya no estuviera aquí

    Todos los que conocemos el trabajo de Roger Waters -y vaya, de Pink Floyd-, entendemos la carga política que tienen sus letras, sus composiciones y sus conciertos. Ni Waters ni Pink Floyd se pueden entender sin ello. Ir a un concierto de Roger Waters y esperar que no se hable de política es como ir a un mundial de natación y esperar que no haya alberca alguna. El proselitismo político de quien primero se consideró comunista para luego pasar a ser una suerte de liberal de izquierda, es uno de los sellos de este bajista que fuera miembro de una de las bandas más importantes de la historia de la música.

    No tuve la oportunidad de ir a la CDMX a ver el espectáculo de Roger Waters y me tuve que conformar con el recuerdo de aquel 2007 cuando vino a Guadalajara. El cerdo volador, en ese entonces, tenía escritas frases como ¡Fuera Bush! El cual se paseó por todo el 3 de Marzo para caer en una casa contigua.

    El proselitismo político de Roger Waters fue más intenso y más polémico en esta ocasión. Llamò pendejo a Trump, el cerdo ahora tenía inscripciones como «nos faltan 43» y «Fue el estado». Más polémico aún, criticó duramente a Peña Nieto en un discurso, reclamándole por la violencia y por preocuparse por «sus amigos» antes que por los demás. Claro, no sin olvidar replicar la consigna #RenunciaYa en la pantalla gigante, lo cual a mi parecer no tuvo tanto que ver con una pedida explícita de renuncia a Peña Nieto, y sí más como una forma de replicar el hartazgo que se vive dentro del país.

    Si nos atenemos estrictamente a derecho, a lo legal, Roger Waters pudo cometer una ilegalidad:

    «Artículo 33 de la Constitución.- … Los extranjeros no podrán de ninguna manera inmiscuirse en los asuntos políticos del país.

    Naturalmente, la mayoría de los asistentes y la sociedad en general aplaudió el acto. -Roger Waters hizo lo que ni nosotros hacemos-. Algunos otros, simpatizantes del gobierno o del PRI manifestaron su inconformidad y molestia con el músico -Pinche chairo, lo sabía, se le notaba lo chairo desde el Dark Side of the Moon-.

    Mi pregunta va en este sentido: ¿hasta donde se debería permitir o restringir la libertad de expresión a un extranjero en nuestro país? Cierto que somos mexicanos, pero cierto también es, que gracias a los nuevos medios de comunicación y tecnología que permiten el intercambio de información somos una sociedad más global. Por ejemplo, Ayotzinapa no es algo que solo duela a los mexicanos, también a muchos extranjeros (como Roger Waters) les duelen los 43. A muchos «nos duele» lo que está pasando en Venezuela por ejemplo. También nos duelen los atentados en Francia o la tragedia humanitaria que vive Siria.

    Trump eres un pendejo

    Entiendo que un país deba protegerse de ciertas amenazas que vienen del exterior. Pero no es lo mismo que ese reclamo lo haga un gobierno extranjero, o un grupo que tiene algún interés político o comercial, a un músico que quiso dar un concierto y solidarizarse con los mexicanos.

    No es lo mismo tampoco que Roger Waters muestre estos mensajes, a que él mismo realice una revuelta en México para derrocar a Peña Nieto. Conociendo el proselitismo de Waters, es notorio que éste usó su libertad de expresión más para solidarizarse con un país cuya gran mayoría de miembros está indignada por lo que sucede actualmente con la violencia y la corrupción en el gobierno, que para organizar una revuelta o entrometerse activamente.

    ¿Qué no tampoco hemos hecho los mismo nosotros con Trump? ¿Qué no grupos como Maná han criticado duramente al magnate en suelo norteamericano? ¿Qué no Vicente Fernández dedicó una canción a Hillary Clinton, la cual fue replicada por la candidata? ¿Qué no, U2, cuyos miembros son británicos o irlandeses y no norteamericanos, hicieron proselitismo contra Trump en Las Vegas? ¿Qué no aseguraron algunos políticos en México, que tratarían de incidir en Estados Unidos para que no ganara Trump?

    Cierto que en México aprendimos a ver a lo extranjero como una amenaza, muchos gobiernos nacionalistas junto con nuestro pasado victimista moldearon ese pensamiento que en pleno siglo XXI no se ha erradicado. Roger Waters no representa amenaza alguna, ni es un enviado del gobierno británico (al cual generalmente critica), simplemente es un individuo que quiso expresarse y compartir una postura política con la cual, por cierto, la mayoría de los mexicanos compartimos.

    Que un extranjero se exprese o se preocupe por lo que pasa en este país debería de considerarse como libertad de expresión. No sólo porque una sociedad global como en la que vivimos no sólo esta lo suficientemente interconectada para que los actos que se cometan en un país pueda afectar a otro, sino porque ya no vivimos encerrados en un pedazo de territorio (son los fascistas los que insisten con los muros), cada vez tenemos más que ver con lo que pasa allá afuera, y cada vez nos importa más.

    https://www.youtube.com/watch?v=P325QhU9WIw

  • Cuando yo tenía pesadillas con David Bowie

    Cuando yo tenía pesadillas con David Bowie

    Cuando era niño tenía pesadillas con David Bowie, y ahora creo que las volví a tener.

    Me explico. Mis papás me rentaron la película de Laberinto en el Videocentro. En la trama de esa película aparecía un personaje muy excéntrico (sobre todo por la edad que tenía en ese entonces) cargando un bebé, hermano de Sarah. Dicho personaje (Jareth) fungía como el rey de los goblins, quien retó a Sarah a cruzar un laberinto que tenía un sinnúmero de acertijos en 13 horas para que su hermano no se convirtiera en un goblin.

    Tuve pesadillas con dicho personaje. Después, tiempo después, me daría cuenta que quien había entrado a mis sueños con saña era David Bowie.

    Décadas después, no pedo dejar de admirar el escalofriante video de Lazarus que se desprende de su último disco Black Star. Esto por varias razones:

    Porque la canción es realmente buena, porque esa línea de bajo tan trip hop acompañada por unos muy exquisitos y oscuros arreglos la convierten en una gran obra.

    Segundo, porque el video es «escalofriantemente bueno».

    Y tercero, porque hablamos de una de las mejores canciones de un disco que se lanzó días antes de su muerte. De hecho queda muy patente en esta obra la lucha de Bowie contra el cáncer. Ver este video recién publicado, tomando en cuenta que él acaba de morir y que lo hizo días después de lanzar este disco, le da un gran valor. Se pone la piel china al ver y escuchar Lazarus en estas circunstancias.

    Basta escuchar la letra para entender de que trata y cómo es que se vuelve muy significativa en el lecho de su muerte:

    Look up here, I’m in heaven

    I’ve got scars that can’t be seen

    I’ve got drama, can’t be stolen

    Everybody knows me now

    Se dice (y generalmente así ocurre) que los cantantes y bandas de rock llegan a un climax creativo del cual después bajan. En el caso de Queen (otra banda grandiosa) no se terminó ese ciclo y la banda dejó de existir cuando mantenían un gran nivel compositivo y creativo. Pero fue la muerte de Freddie Mercury la que se cruzó en el camino. Freddie y su banda se despidieron de gran forma con The Show Must Go On meses antes de morir. Freddie estaba muy enfermo y ya sabía lo que venía. Los genios lo son hasta el momento el adiós, y habiéndose ido lo siguen siendo.

    A diferencia de Queen, Bowie murió a los 69 años. A esa edad, quienes continúan activos, siguen viviendo de glorias pasadas y creando espectáculos (algunos bastante buenos) dirigidos a aquellos quienes fueron sus seguidores y a los más jóvenes curiosos de conocer a «esa leyenda»; en tanto que siguen publicando discos mediocres o decentes cuando mucho (o simplemente ya no lo hacen y se dedican a dar conciertos). Los Rolling Stones son un ejemplo.

    Pero David Bowie no se fue con un disco mediocre, ni con una obra que simplemente rememorara al Bowie de antes. Lo hizo con una gran obra, básicamente una gran obra de despedida: Las letras, la música y los videoclips lo delatan.

    Y Bowie desde hace más de una década se rehusó a dar conciertos y a hablar en público.

    Son muy pocos los artistas que se pueden dar el lujo de despedirse de esa forma. Bowie lo hizo con Blackstar, donde prácticamente «rompió» con lo establecido, y en vez de pretender que músicos de rock trataran de tocar jazz en su último álbum, decidió hacer lo opuesto: que músicos de jazz trataran de hacer rock, y el resultado es admirable.

    Bowie se fue haciendo lo que mejor sabe, romper esquemas:  Los genios lo son hasta el momento el adiós, y habiéndose ido lo siguen siendo.

    Nunca fui un gran fan de David Bowie en el sentido de que «no compraba todos sus discos» y conozco tan sólo sus obras principales (no más allá de 20 canciones). Pero no es necesario romperse mucho la cabeza para entender que fue un genio, una persona irreverente que marcó a muchas generaciones, que creó sus propios alter-egos (como Ziggy Stardust), y se codeó con otras grandes bandas como Queen o Pink Floyd, además de influir musicalmente en muchas otras.

    Tan grande que tuvo el honor de ver a un astronauta interpretar su Space Oddity:

    Y da gusto ver que un genio se vaya así, dignificándose; recordándonos en su último respiro su capacidad para sorprendernos. Casi en el lecho de su muerte emitió su última chispa, pero fue una grande, o más bien un luminoso fuego pirotécnico.

    DEP David Bowie

  • Flos Mariae ¿Qué rayos es eso?

    Flos Mariae ¿Qué rayos es eso?

    Los españoles no me terminan de sorprender cuando se trata de cosas ridículas y cursis. Ya hace unos años de que el famoso «Amo a Laura» se popularizara en las redes (cuando redes sociales como Youtube y Facebook daban sus primeros pasos). Este video donde se invitaba a tener sexo hasta después del matrimonio fue en realidad parte de una campaña de MTV. Luego aparecieron aberraciones como «Ponte el Cinturón» que se hicieron famosos gracias a esos programas de concurso vocal.

    Flos Mariae ¿Qué rayos es eso?

    Pero los seres humanos no nos terminamos de sorprender con las cosas que podemos hacer. ¿Había algo todavía más cursi y aberrante que eso? Sí: Flos Mariae:

    Flos Mariae es un grupo creado por las hermanas Bellido Durán como una promesa que habían hecho a la Virgen y a Jesús si su madre sanaba de un tumor maligno. Hasta aquí todo bien. Esta familia conservadora y sumamente tradicional en una España donde los templos están cada vez más vacíos (compuesta por 13 hijos, entre ellos las 7 hijas que integran este grupo) compone este grupo, aparentemente de clase acomodada, y dedicada por completo a la religión. Uno esperaría que lo cursi de este grupo sea la «mojigatería» que pudieran tener sus letras (como en el caso de Amo a Laura). Pero no es así, las letras en muchos casos pasan a segundo plano. Es que, como me dijeron: -Esto es tan malo, tan malo, que está muy bueno.

    No tengo nada en contra de que la gente quiera hacer temas que guardan relación con sus creencias, ni este artículo es una crítica contra la religión ni la trata de ridiculizar (el tema no es la religión), pero ¡háganlo bien! Veamos el primer video, que es lo más ridículo que he escuchado en mi vida entera (y no lo digo en sentido figurado):

    ¡No puedo creer lo que veo! Pareciera que la canción fue hecha deliberadamente así para que sonara ridícula. Podría pensar que es parte de una campaña o como dijo algún videoblogger, que se trata de una treta satánica. Pero no, aparentemente esto es real, la familia existe, e incluso tienen varios sitios web (todos muy feos) católicos. Como si el catolicismo tuviera que estar peleado siempre con el buen gusto y la modernidad.

    Sólo bastan 10 segundos para tener un ataque de risa. La puesta en escena es de locos. Si Flos Mariae presumen tener cuatro discos ¿No les dijo nadie que deberían mejorar su voz? ¿De verdad nadie las alertó? Pobres, están tan desafinadas, y la composición musical es horrible. Supongo que la música la hacen con algún programa que tiene loops (pìstas) prediseñados y tú sólo tienes que molestarte en armar ese tema ordenando dichos loops, porque ni siquiera eso sale bien. Escuchen sus canciones, todas son planas, no tienen ninguna estructura, orden o armonía; usan los cambios de ritmo como si fueran un verso, un coro como si fuera cambio de ritmo, y un verso como si fuera un coro. ¡Fatal!. Las voces están totalmente descuadradas, desafinadas; está tan mal cantado al punto que no entiendes que rayos están diciendo.

    Y que puedo decir de la puesta en escena, de la expresión corporal. Me desesperan que mientras no cantan, están paradas sin expresión alguna, como autómatas. Lo más cursi es ver la madre ahí desentonando en algo que ya de por sí se veía ridículo ¿Por qué no hay alguien que las asesore? ¿No les dicen nada sus familiares, sus amigos? Nuestras amigas ni siquiera entienden el género que están cantando. Simplemente improvisan cualquier melodía mal estructurada sobre una base que también lo está.

    Las letras no tienen mucha explicación:

    Como una loncha de queso en un sandwich preso, te sientes sin sosiego entre la duda y el miedo, y gritas ¡No puedo!

    No todos tenemos talento, no todos somos buenos artistas o cantantes y tenemos muchas limitaciones en muchas áreas. El problema es cuando uno pretende ser algo que no es. Las Flos Mariae se dan el lujo de «no dar entrevistas y no hacer giras» al tiempo que suben videos autocomplacientes explicando el significado de las canciones, o quien es la líder, o quien hizo la mezcla, o como escriben las letras. ¡Y se dan el lujo de vender sus discos! (más bien nos deberían de pagar por escucharlos)

    Videos en Youtube de gente sin talento cantando hay muchos, y muchos de ellos pasan desapercibidos. Pero Flos Mariae no, porque ellas quisieron montar toda una puesta en escena y tienen más de 4 discos con más de 20 canciones creados todos el año pasado con su respectivo videoclip. Y si a esto le agregamos que las Bellido Durán van a la escuela y estudian, entonces también entendemos por que el producto final sale tan mal.

    Y sí, se han vuelto famosas. Pero lo han hecho por el morbo y las risas que generan sus canciones. Seguramente lo saben porque han desactivado el rating en Youtube y moderan los comentarios. Y aquí llega el punto en que uno se pregunta si esto es real.

    Si ellas quisieron propagar la palabra de Dios, tengo que decir que de esta forma no sólo no lo van a lograr, sino que pueden llegar a lograr lo contrario.

    Y si quieren terminar de torturarse, visiten su página de Youtube:

  • U2 – Songs of Innocence – Reseña

    U2 – Songs of Innocence – Reseña

    U2, haciendo una analogía sería esa hermosa jóven (o hermoso jóven) que tanto te encantó físicamente pero que ahora a los 50 años no está en forma, tiene arrugas, pero todavía conserva un poco de ese algo que te hacía llamar la atención. U2 se encontró en una escalada de innovación desde el Boy hasta el Achtung Baby donde el nuevo disco era mejor que el anterior. Zooropa fue una excepción por la forma en que ese disco se concibió, pero a partir del Pop las cosas empezaron a no funcionar tan bien y la banda cayó en cierto declive creativo (cosa que es normal con la gran mayoría de las bandas). Todo esto es importante tomarlo en cuenta para entender Songs of Innocence.

    U2 - Songs of Innocence - Reseña

    El declive ha sido tal que ya es costumbre esperar lo peor cuando se trata del nuevo disco de U2. Cuando escuché el «Vértigo» de How to Dismantle an Atomic Bomb me dio un infarto, aunque al final ese tema funcionó bien en conciertos. En el más que mediocre No Line on the Horizon el sencillo fue «Get in Your Boots» que a mi consideración ha sido el peor sencillo de la historia, y es por eso que en Songs of Innocence se agradece que la banda no haya decidir algún sencillo que tenga el fin de ser un hit de radio. Eso ha hecho que este disco se perciba como más íntimo y hasta cierto punto más honesto.

    Que U2 presentara Songs of Innocence en la presentación de Apple (y éste lo regalara en iTunes) no me daba un muy buen augurio, tal vez por el paralelismo de dos grandes (U2 y Apple) que se encuentran en cierto estancamiento creativo, y porque eso le daba una connotación muy comercial. Debido a eso podría esperar adefecios como Get in your Boots pero no fue así. ¿Cómo decirlo? Después de varias escuchas, dentro de este U2 que ya no es el de antes puedo decir que se trata de algo rescatable, incluso bastante mejor que No Line of the Horizon (que fuera de Magnificent tiene casi nada que valga la pena).

    Yo siempre había sido fan del U2 de Brian Eno, ese U2 más atmosférico con las guitarras de The Edge aderezadas con shimmer y delays largos. Acá no fue así y creo que el resultado no ha sido tan malo, incluso mejor que el disco pasado donde sí recurrieron al afamado productor. Los clásicos delays de The Edge los escuchamos sólo en una que otra canción. Con Songs of Innocence tenemos un disco muy íntimo y poco pretencioso. No es un gran disco, y para nada es el U2 de antes. Si tienes las expectativas de algo así como un Joshua Tree o un Achtung Baby seguramente el disco te decepcionará, pero si tú como yo te has resignado al hecho de que el gran U2 ya se fue, entonces tenemos un disco que no es muy sobresaliente, pero que cumple y termina siendo agradable a los oídos.

    Este disco tiene la particularidad de que no tiene algún tema que destaque mucho, incluso las primeras escuchadas dan la impresión de que no vas a saber cual es cual. Pero escuchando este disco varias veces, vas descubriendo matices y detalles interesantes en las composiciones. El primer tema, The Miracle (of Joey Ramone) lo último que me recuerda es a The Ramones y me suena más bien a… U2. El tema no es malo, pero no tiene algo que me llame mucho la atención. Luego viene Every Breaking Wave, cuya introducción me recuerda mucho a Every Break you Take de The Police, que por el parecido del nombre y del hecho de que en este disco buscan ir a sus raíces e influencias. El tema tranquilo, emotivo, con un aire a The Killers en el coro, y en lo particular creo que es una de las mejores del disco.

    Luego viene California (There is no End of Love) que inicio con un juego de voces y termina con un coro emotivo, que entra a las constantes de casi todas las canciones del disco, que no son malas, pero les falta ese algo para que se nos pegue a la cabeza. Después viene Song for Someone, una de esas típicas canciones de las que nadie se va a acordar en algún tiempo y cuyo sonido podría encajar perfectamente en el No Line of the Horizon. Luego viene Iris (Hold me Close), un tema que Bono dedica a su madre, cuyo intro con ese ritmo producido por los delays de la guitarra nos recuerda al The Joshua Tree. Iris es otra de las canciones que mejor funcionan en este disco y que creo que funcionarán muy bien en vivo. Después viene Volcano, un tema que no me gustó, tal vez por cierta influencia de Franz Ferninand (no me gusta la música de ese grupo). Ese tema es el que mejor podría parecer por sencillo como lo fue Vértigo o Get in Your Boots aunque no es tan nefasto como éste último.

    Después viene Raised by Wolves, un tema prescindible y que hubiera podido ser mejor si hubieran resuelto de mejor manera, que tiene algunos detalles interesantes (el coro tiene buenos destellos) pero que como composición no funciona. Luego viene Cedarwood Road, un tema interesante con The Edge haciendo uno de los riffs más pesados que le haya escuchado. La canción tiene algo que te llama la atención y me gusta como la canta Bono. Luego viene la extraña Sleep Like a Baby Tonight. Con este tema me pasa lo que me pasó cuando escuché Lemon (salvando las distancias), me dije ¿Qué rayos es esto? y después la terminé apreciando. Posiblemente es el tema más experimental sobre todo por ese extraño loop que acompaña a la canción, pero a pesar de todo eso tiene algo que yo sé que si lo escucho varias veces la voy a valorar más.

    There is Where You Can Reach Me Now es el tema que más me gusta del disco y es el único tema que me logró atrapar completamente, sobre todo por ese inicio, por los arreglos de guitarra y por las armonías. Este tema tiene un poco de ese U2 que nos sorprendía en esos buenos tiempos. El tema termina con The Troubles la cual está muy bien producida y donde como invitada aparece Lykke Li logrando un buen tema para cerrar este disco, algo así como lo hicieron con The Wanderer en Zooropa.

    El disco es rescatable y muy íntimo. Siendo sincero me esperaba algo peor, sobre todo porque en todo este tanto tiempo que se habló de este disco se le vio como una segunda parte del No Line of the Horizon (Songs of Ascent) pero creo que han logrado cumplir con decencia (y nada más), en esta época donde la creatividad a raudales ya no es la constante en este grupo a pesar de que en este disco vemos algunas pequeñas pinceladas.

    La duda será si este debería ser ya el último disco de la banda o si tienen la capacidad de dar algo más y no sólo ser un fantasma de lo que llegaron a ser. Otra duda es cómo será el formato de los conciertos de esta gira, porque el disco se oye muy íntimo como para hacer conciertos en estadios.

  • Eruviel y el Hell and Heaven. Democracia, Seek & Destroy

    Eruviel y el Hell and Heaven. Democracia, Seek & Destroy

    Hasta hace poco, mi ciudad Guadalajara estaba llena de publicidad sobre el Hell & Heaven, un festival de metal que iba a traer a grandes bandas como Kiss, Gun’s N Roses (aunque éste es más bien hard rock), Opeth, Korn, Rob Zombie y demás grupos que tocarían en el aire libre en Texcoco. No era el primero de su especie, ya se habían creado ediciones anteriores en ciudades como la mía, pero ahora los organizadores lo quisieron llevar a otros niveles trayendo grupos de más trayectoria.

    Eruviel y el Hell and Heaven. Democracia, Seek & Destroy

    Me gusta el metal más no me encanta (prefiero otros géneros), pero entiendo el coraje de los «metaleros». Algunos podrán sacar a la luz prejuicios o realidades sobre los metaleros, pero es que detrás de la cancelación de este tour por parte del Estado de México (Eruviel Ávila afirmó que no se quiere arriesgar a la gente que asiste a esos eventos) hay algún interés o motivo que no tiene que ver con lo que afirman ante los medios (que si a los organizadores les faltó cumplir uno de los tantos trámites, que esto, que aquello).

    Aquí hay dos hipótesis. La primera tiene que ver con OCESA, filial de Televisa, a quien no le gusta mucho la idea de que los competidores organicen un festival que los opaque. Si Televisa ayudó en las elecciones del 2011 donde ganó Eruviel Ávila con camionetas para acarrear gente, o si el Gobierno de Eruviel prestó a Televisa un helicóptero a Laura Bozzo para que fuera hacer sus ridiculeces,  entonces no sería raro que el Gobierno del Estado de México le haya dado una ayudadita a su filial OCESA. La otra tiene que ver con la tradicional postura del régimen oficial con la música. No es que regresemos tan así  a las épocas de Avándaro y a la creación de figuras como César Costa o Enrique Guzmán para no permitir que música como la de los Beatles o los Rolling Stones entraran a México, pero tal vez al gobernador no le gusten este tipo de espectáculos y tal cual autócrata, cancela uno si no le parece.

    Eruviel afirma que mandó a cancelar el Hell and Heaven para no arriesgar a la gente. Pero si partimos de esa premisa, entonces tendría que cancelar al Estado de México, líder en feminicidios, inseguridad y delincuencia en todo el país. Esa entidad es un constante riesgo para sus habitantes.

    Eventos de tal magnitud se llevan a cabo en muchas latitudes del mundo, esencialmente en países democráticos, y donde tanto los organizadores como las autoridades tienen la capacidad de que dichos eventos se lleven a cabo sin incidentes. Cuando la URSS estaba a punto de desintegrarse y Rusia comenzó una transición a la democracia (de la que ahora parece estar regresando), Metallica fue la primera banda de rock en presentarse en dicho país. Los países escandinavos quienes presumen el más alto desarrollo del mundo producen muchas bandas de Metal. Estados Unidos, el Reino Unidos y demás países, acogen este tipo de eventos sin problemas y sin la censura por parte de gobernadores.

    Cualquiera que sea el motivo de la cancelación, analizando de fondo, muy de fondo, esto nos refleja a un país que no se ha podido consolidar democráticamente y donde algunos pugnan discretamente por una regresión. Ya sea por que un Gobernador pueda decidir arbitrariamente cancelar un evento, o ya sea que una empresa privada se pueda valer de sus influencias en el gobierno para imponerse sobre otra.

    Y sí, yo sé que pueden haber metaleros revoltosos. Pero no sé si su «inadaptación social» los podría orillar a ir a lugares aledaños a cometer masacres (Atenco queda muy cerca de Texcoco), cometer feminicidios, acarrear a fanáticos a sus conciertos, secudir a mujeres con tarjetas de supermercado para después «cog…» y luego abandonarlas a su suerte. O bien, sacrificar niños y esconderlos en la cama. No, no sé si sean capaces de tanto.

  • ¿Por qué tengo que escuchar música mexicana?

    ¿Por qué tengo que escuchar música mexicana?

    En mi recámara tengo una colección de más de 100 cd’s. Serían más a no ser porque ahora con Spotify ya no tengo que estar comprando discos. Antes tenía la costumbre de bajar música y si el disco me gustaba, me lo compraba. Ahora no, bajo muy poco y este servicio de streaming hace el resto. Sucede que entre esa colección muy pocos álbumes son de grupos mexicanos. Es más, de los no muchos discos que tengo en español la mayoría no son mexicanos, más bien están repartidos entre varias nacionalidades.

    ¿Por qué tengo que escuchar música mexicana?

    -¡Cerebro antipatriota, primero nos criticas por que le exigimos a Cuarón que reparta su Óscar entre todos los mexicanos, y ahora resulta que no oyes música mexicana! ¿Dónde está tu país maldito? ¿Por qué no apoyas al talento nacional?-.

    Yo cuando escucho música, lo hago porque esa música me gusta, y no me importa si es de Estados Unidos, Inglaterra, Timbuktú o México. Si los grupos mexicanos quieren tener relevancia a nivel internacional, no deben de esperar a que todos los mexicanos les hagamos el favor de escucharlos. Por el contrario, estaríamos fomentando de cierta forma la mediocridad.

    ¿Qué hay músicos mexicanos talentosos? Sí, los hay muchos, hay muchas bandas muy buenas, grupos que muchos no conocen, otros que fueron estudiar a Berklee. Bandas que son ignoradas por los mismos nacionalmente nacionalistas pero que tienen éxito en el extranjero (véase el caso de Rodrigo y Gabriela). Pero si en México hay 20 grupos buenos, y en Inglaterra por un decir 200, entonces es natural que tenga 9 discos británicos y uno mexicano.

    Pareciera que a incluso a los músicos se le exige un compromiso con su país, y no es así. Carlos Santana siempre se ha asumido como ciudadano del mundo y ha afirmado no tener nacionalidad (ni mexicano, ni estadounidense) a pesar de ser de Autlán Jalisco y haber podido desarrollarse en Estados Unidos. Los chauvinistas seguramente empezarán a jugar con su apellido al hacerlo pasar de Santana a Santa Anna, de comparar los solos de su Europa con la cesión de territorios a los estadounidenses.

    Otra cosa es que en México pareciera que los músicos deben acostumbrarse a ponerle «detalles mexicanos» a su música, para recordar a ese país que «tanto le debe». Cierto, hay grupos que añaden folklor mexicano a su música con muy buenos resultados como Café Tacvba, pero si uno analiza el escenario musical, vemos que llega un momento en que los músicos parecen tentados a hacerlo y no tienen por qué. Si yo quiero escuchar música vernácula puedo comprar el disco de Alejandro Fernández y no necesito comprar un disco de metal con los guitarristas con trajes de charro.

    Ese nacionalismo mal entendido y acomplejado donde hay que resaltar al país ante la escasez de triunfos también invade a la música. Cierto que la nacionalidad y la cultura pueden llegar a influenciar la música (algo relativamente notorio entre EEUU e Inglaterra, o la música tendiente a lo alegre de los países cercanos al Ecuador y la melancolía de los septentrionales), pero otra cosa es pretender que hay un compromiso donde el músico le tiene que poner siempre lo mexicano a sus composiciones.

    A veces se llega a criticar a bandas que adquieren un estilo en boga de otro país: -Suena muy británico, es un Massive Attack región 4, guácatelas-. Pero yo no he visto que en Inglaterra hayan criticado a Muse por tener influencias de músicos como Rachmaninov (ruso) o Wagner (alemán). Ni he visto que critiquen a las bandas de metal nórdicas como Opeth por un genero que se empezó a cocinar en Inglaterra y tuvo su apogeo en Estados Unidos. La música debería ser vista como algo internacional y globalizado, que sí, puede estar influenciada por la región de origen de los músicos, pero no por la razón de sentir que le deben algo a su país, sino porque les gusta.