Categoría: El Cerebro Mundialista

  • Mucho Messi y poco Qatar ¿Qué le dejó el mundial a la sede?

    Mucho Messi y poco Qatar ¿Qué le dejó el mundial a la sede?

    Mucho Messi y poco Qatar ¿Qué le dejó el mundial a la sede?

    Qatar compró el mundial no para hacer un negociazo en sí, sino como herramienta de propaganda, para ejercer influencia sobre el mundo “abriéndose a él”: eso que los internacionalistas llaman poder blando.

    Y es que un país que ha extraído todas sus riquezas del petróleo, el cual comenzará a escasear en no mucho tiempo, tiene que comenzar a reinvertirlas para volverse autosustentable y no depender del oro negro, igual como lo están haciendo los Emiratos Árabes Unidos reinvirtiendo sus recursos en torres, hoteles, negocios e infraestructura. Que los ojos del mundo apunten a Qatar ayudará a que más turistas derramen su dinero allá, a que más empresarios inviertan ahí.

    ¿Habrá logrado su cometido? La respuesta puede ser debatible. Qatar tiró la casa por la ventana para traernos un mundial muy bien organizado, con estadios de primer nivel, luces y espectáculo, promovió sus aerolíneas y negocios, pero hoy se habla más de lo excelso que fue el mundial en la cancha, de la mejor final de la historia, de Messi levantando la copa y de Mbappe anotando tres goles.

    El problema es que cuando se habla de Qatar se recuerda la corrupción de la FIFA que los involucra a ellos, de los jeques autócratas, de la incompatibilidad de su idiosincrasia con la de Occidente, de los escasos derechos humanos donde las mujeres son personas de segunda y las personas con otra orientación sexual son castigados.

    Como sede, Qatar fue algo artificial, como si les fuese prestada, como si no hubiese nada a que ir ahí más que al futbol, una sede donde no existe pasión por este deporte. Incluso varios de los estadios desaparecerán, serán transformados en otra cosa o reducidos drásticamente en su capacidad.

    Seguramente hoy más gente conoce que existe un país que se llama Qatar, pero no necesariamente todos tienen la mejor percepción de ese país ni creció una gran admiración por éste.

    Uno agradece el gran futbol que hubo en este mundial, pero ese lo dan los jugadores y la pelota. Esas son las hazañas de Messi, Mbappe, Luka Modric o la selección marroquí Afortunadamente, el futbol regresará a sedes más decentes donde en mayor o menor medida existe alguna pasión por el futbol (Estados Unidos, México y Canadá)

  • ¿Por qué la selección mexicana debe quedar eliminada del Mundial?

    ¿Por qué la selección mexicana debe quedar eliminada del Mundial?

    ¿Por qué la selección mexicana debe quedar eliminada del Mundial?

    Dentro de todo lo mediocre que existe en el país, existe algo que si destaca por su mediocridad, y tan solo por eso, es el balompié mexicano.

    México es un país que tiene más de 100 millones de habitantes, es una nación donde el futbol es, por mucho, el deporte más importante. Si bien no es un país desarrollado, tiene la infraestructura y el capital. En resumen, el país tiene las condiciones socioeconómicas del país le dan la posibilidad potencial de que su selección sea, si no potencia mundial, cuando menos una de esas naciones que están ahí muy cerca de esa élite y que tienen la capacidad de ser protagonistas.

    Pero la selección nacional se ha convertido en un loop de la mediocridad que se repite cada cuatro años: van al Mundial, los eliminan en octavos de final, luego regresan a jugar algunos partidos moleros contra selecciones mediocres en su mayoría y la infame Copa Oro (con puras selecciones mediocres también) para después sobrellevar la clasificación al siguiente Mundial (a veces de forma cómoda y a veces con muchos problemas) en donde participan puras selecciones mediocres. No sé ustedes, pero en mi caso ya me da una tremenda pereza ver cualquier partido de la selección mexicana y de hecho no recuerdo haber visto alguno después del último juego en Rusia 2018. Todo es predecible, ya sabemos lo que va a pasar.

    Peor aún, los hombres de pantalón lograron que México ya no asista a la Copa América. También, gracias a ellos, los equipos de nuestro país ya no asisten a la Copa Libertadores. Los pocos torneos que nuestro país tenía para foguearse ya no existen más.

    ¿Por qué, a pesar del potencial que ahí existe, nuestra selección es una muy mediocre e irrelevante que, exceptuando una ya lejana Copa Confederaciones y algunos títulos en selecciones menores (una medalla de oro olímpica y dos mundiales Sub 17), no ha ganado nada? Me parece que la respuesta es simple: los hombres de pantalón no tienen los incentivos para hacer que la selección nacional sea competitiva. ¿Por qué? Porque la selección ya es un negociazo, es una de las naciones que más dinero genera y el hecho de volverla una «potencia mundial» no hará que generen mucho más dinero que el que ya ingresan. El negocio está garantizado en tanto la selección clasifique al Mundial.

    Está garantizado porque el aficionado mexicano es cortoplacista y poco exigente. La gente sigue comprando camisetas y sigue asistiendo a los estadios, sobre todo en Estados Unidos donde la nostalgia por las raíces de los mexicanos que viven allá hace que no se pierdan ningún partido cuando la selección juega cerca de su ciudad. Los de pantalón hasta afortunados son de tener dos mercados (el mexicano y el hispano-estadounidense), privilegio que prácticamente ningún otro país tiene.

    Y también los de pantalón tienen su negocio garantizado porque la Selección Nacional es una de los pocos medios por los cuales la gente percibe que puede expresar su patriotismo. En México no solemos estar orgullosos de muchas cosas y, por lo general, aquello que nos da una identidad natural tiene que ver más con los recursos naturales y las tradiciones (que si el mariachi, que si los tacos) que con las victorias o las hazañas. El aficionado, por lo tanto, no va a desprenderse de su selección nada más porque sí y la va a apoyar casi hasta el último momento. Ahí la razón por la cual nuestro país tiene una de las aficiones más populosas y más llamativas en todos los mundiales. La afición misma se vuelve motivo de orgullo.

    Todos estos incentivos perversos, aunados a la corrupción y la terrible improvisación en la que está sumida la liga, tienen atorada a la selección en un círculo vicioso que no le permite trascender. Para modificar esta serie de incentivos perversos se necesita una sacudida que ponga en aprietos a los hombres de pantalón. Una de ellas es la clasificación al Mundial.

    Es curioso, porque la última «revolución» ocurrió justo después del escándalo ocurrido a finales de los años 80 cuando la selección quedó eliminada de Italia 90 y demás competiciones por el escándalo de los cachirules. Justo ahí, los hombres de pantalón se sintieron orillados a hacer algo. La selección subió un peldaño más: comenzó a tener mejores resultados en mundiales, comenzó a ganar algunos títulos (aunque ninguno de ellos equiparable a una Copa América y ya no digamos un Mundial), algunos jugadores empezaron a migrar a Europa, pero ahí se quedó atorada la selección y ya no subió más.

    Antes de esa «revolución» no existían tantos intereses económicos, y aún así, los hombres de pantalón vieron necesario ponerse a trabajar para lograr que la selección subiera de nivel. Tal vez solo ello, un cisma que comprometa sus ingresos y les de un sape en sus pequeñas cabezas, hará que vuelvan a poner manos a la obra. Es claro que una eliminación es algo que les dolería en lo más profundo del alma. Basta recordar las eliminatorias del 2014 que, ante la inminente posibilidad de ver a la selección eliminada, movieron mar y tierra para que eso no ocurriera: eso les genera temor y mucha preocupación. Por ello es que es necesario que ocurra.

    También una eliminación vendría bien para sacudir al aficionado conformista, mediocre y cortoplacista cuya presencia es un gran activo para el negocio de los hombres de pantalón: aquél aficionado que, a pesar de los escasos resultados sigue yendo al estadio a cantar el cielito lindo, sigue comprando camisetas y sigue falsamente esperanzado en que «esta vez sí vamos a llegar al quinto partido».

    Tal vez sean los aficionados más primitivos los que nos hagan el favor: aquellos que, a pesar de las advertencias y amenazas de la FIFA (más allá de la terrible incongruencia que supone organizar dos mundiales seguidos en países con regímenes homofóbicos) siguen haciendo el grito homofóbico. Tal vez serán ellos (aunque la selección actual con su pésimo nivel también podría hacernos el favor) los que se encarguen de dilapidar, al menos por un momento, los intereses económicos de aquellos que han sabido lucrar con la mediocridad tanto de la selección como del aficionado que se conforma con tan poco.

  • México, de la histeria a la historia

    México, de la histeria a la historia

    México, de la histeria a la historia
    Foto: EFE

    A diferencia de lo que piensan algunas personas, yo sí creo que un triunfo como éste es benéfico para la sociedad e incluso para la autoestima nacional. Es importante por varias razones: porque la selección es uno de los pocos elementos que crea una cierta cohesión y orgullo patriótico, y porque en un país donde las malas noticias y la frustración son la constante, una victoria de este tamaño, y que debe ser considerada la victoria más importante de México en la historia de los mundiales, ayuda, aunque sea de forma temporal, a mantener cierta fe, cierta esperanza en su país.

    Las élites políticas de los países lo saben, por eso es que se suele edulcorar la historia nacional de tal forma que los ciudadanos puedan forjar una identidad de la que se sientan orgullosos: los padres fundadores en Estados Unidos, los héroes de la Patria en México, por poner un ejemplo. Las selecciones nacionales fungen para los habitantes de su país como una extensión de esa identidad. Por eso es que los mundiales generan una gran expectación. Los aficionados asisten a las gradas con elementos típicos de su nación: los mexicanos acuden con sus sombreros o sus máscaras de lucha libre, los alemanes con sus cánticos que se pueden remontar hasta la Prusia de hace dos siglos. 

    La narrativa de México en los mundiales es la de un país entrón, que le echa ganas, que no se raja (como diría Octavio Paz) pero que en el momento más importante le flaquea las piernas. El aficionado relaciona dicha narrativa con lo que ve en su país: una nación de gente brava y trabajadora, pero que es incapaz de organizarse, que en los momentos importantes no logra trascender y se queda en la orilla. Por eso se dice que México tiene todos los recursos para ser un país de primer mundo y nada más no lo logra.

    La victoria sabe muy bien por eso, porque rompe de forma contundente con una narrativa mediocre con la que se suele representar a la selección, y de la que se dice, es reflejo de lo que ocurre en nuestro país (independientemente de qué tan certero pueda ser este argumento). Sabe muy bien porque México venció a una selección caracterizada por su disciplina, trabajo en equipo y mentalidad ganadora, precisamente los valores de los que se dice, México carece, tanto como selección como en el ámbito cultural. Haberle ganado a una selección de tales proporciones hace sentir al mexicano muy orgulloso; pero lo más importante, le hace sentir que tiene menos limitaciones de las que creía tener. La victoria es de tales proporciones que casi nadie la pronosticó, y quienes lo hicieron, lo hicieron como consecuencia de un acto de fe ciega más que del análisis de las selecciones y de su historial.

    También sabe bien porque la selección venía muy cuestionada, tanto por su desempeño futbolístico, por las decisiones del técnico, así como por el comportamiento de los jugadores (a quienes se les criticó por contratar escorts). En realidad, los analistas y la mayoría de la afición, tenían pocas expectativas. Algunos se daban con que México no fuera goleado. 

    Festejar esta victoria es muy válido. Sí, técnicamente los artífices de la victoria son los jugadores y el cuerpo técnico y no nosotros, pero una selección va a representar toda una cultura ante el mundo, ante los demás países, ante la prensa. Si no se concibiera a las selecciones nacionales como representantes de naciones, de culturas, de sistemas de creencias, la Copa del Mundo no tendría razón alguna de existir. El Mundial es un escaparate donde los jugadores van a representar a sus países y todo lo que ello significa. 

    Esta victoria es, hasta el día de hoy, la más importante para México en la historia de los mundiales. México nunca había vencido a una potencia de élite en un mundial ni había vencido a Alemania. Hace dos mundiales venció a Francia, pero esa selección venía bastante desdibujada que incluso se había clasificado injustamente. Hoy se enfrentó a una Alemania que tiene una selección de élite, que era (y tal vez sigue siendo), junto con Brasil, una de las favoritas para ganar la Copa del Mundo.

    Festejar este triunfo, producto de un gol de «El Chucky» Lozano, de un primer tiempo donde le dio un baile a los alemanes y de un segundo donde defendieron con sudor y cansancio la ventaja, es completamente válido. Decir que se trata de una distracción «de lo que más importa» es un absurdo. Cualquier persona sabe la real dimensión que tiene este triunfo y nadie en su sano juicio pensaría que un triunfo de estas magnitudes acabará con los problemas de nuestro país. Termino como comencé: es muy sano festejar en medio de un México que habla de corrupción, inseguridad e impunidad, y es sano recordar que México es más que eso.  

  • México, las migajas de la Copa del Mundo

    México, las migajas de la Copa del Mundo

    México, las migajas de la Copa del Mundo

    Cualquier persona (bueno, casi) que sea aficionada al futbol, verá con mucho agrado que su país sea sede de la Copa del Mundo. Digo que casi porque las últimas experiencias nos han demostrado que el derroche que el gobierno hace para construir los inmuebles y la infraestructura tienden a generar descontento, sobre todo en aquellos países que no presumen de una economía sólida. 

    Muchos se preguntaban cuándo es que nuestro país organizaría un Mundial con el antecedente de ya haberlo hecho dos veces. Esto muy probablemente ocurrirá en 2026, en conjunto con Estados Unidos y Canadá (a menos que ocurra algo extraño). Hasta aquí terminan las buenas noticias para el aficionado del futbol.

    Las malas noticias comienzan cuando el aficionado se entera que de los 80 juegos de los cuales constará el Mundial, sólo 10 se llevarán a cabo en México. Esto sumado a la otra mala noticia a partir de los cuartos de final, los partidos se llevarán a cabo en Estados Unidos. Aquí es donde termina el júbilo y comienza la indignación.

    Peor aún, lo más probable es que México aloje casi ningún partido de élite o tal vez de ninguna potencia. Se tantea que de los 10 partidos, 3 serán de la selección mexicana más alguno que otro molero. Hay que recordar que para este mundial, la FIFA ha aumentado el número de equipos con lo cual tendremos más equipos mediocres (negocio redondo).

    Enojado, el aficionado se cuestiona «¿Por qué diez malditos partidos? ¡Estados Unidos nos pisotea otra vez, nos da migajas! ¿Dónde quedó nuestro espíritu y nuestra grandeza futbolera? ¿Vamos a pisotear nuestra dignidad otra vez?», a la vez que sube memes de los directivos y de lo mal que está México. 

    Ciertamente 10 partidos son muy pocos, y los directivos de nuestro futbol no deberían conformarse con eso, pero también es injusto que el número de partidos sea repartido equitativamente. ¿Por qué?

    Primero están las razones geográficas y económicas. Estados Unidos tiene mayor infraestructura y es más grande. Si a Estados Unidos le piden organizar un mundial en un mes, lo puede hacer sin ningún problema, tiene decenas de estadios (que aunque son de futbol americano y se pueden acondicionar) que cumplen con los requisitos de la FIFA. En cambio, México sólo tiene 3 o 4 estadios que cumplen dichos requisitos. Sólo el de las Chivas y el de Monterrey están «listos», mientras que el Azteca y el de Puebla necesitarían un reacondicionamiento. El de Torreón se podría ampliar para ese efecto. Eso es lo único que hay. 

    Luego, están las razones meritocráticas. Estados Unidos tiene tiempo peleando esa sede, Hay que recordar que la peleó y la perdió en 2022, y que de forma sospechosa cayó en manos de Qatar. México en realidad ha hecho poco; tan es así que muchos aficionados de nuestro país ni siquiera sabían que se estaba planeando lanzar la candidatura. Entonces, el trabajo es de Estados Unidos, y así, Estados Unidos pone las condiciones. 

    Dicho esto, Estados Unidos merece tener un mayor número de partidos, no hay «abuso» ahí. Los estadounidenses tienen el derecho a negociar lo que se les pegue la gana. 

    Si esperaban que México albergara una gran cantidad de partidos, la FMF tuvo que haberse involucrado desde antes en una constante batalla para buscar la sede como lo hizo Estados Unidos. ¿Sería justo, por ejemplo, que México pugne fuertemente por la sede y de buenas a primeras, Centroamérica, entidad de países que hizo poco, le exigiera la mitad de las sedes?

    El mundial es un negocio, y como en todo negocio, como su propia raíz etimológica lo dice, está sujeto a «negociaciones». Nuestro país podría albergar, sin grandes inversiones en infraestructura (es decir, poco más que lo que ya se va a hacer) unos 20 partidos, y que dentro de esos 20 pueda obtener algún partido de cuartos de final o incluso semifinales. Esto dentro de un escenario económicamente responsable y prudente. 

    Nuestro país, como en cualquier negocio, debe buscar el mejor escenario posible. No hacerlo sería un acto de conformismo por parte de quienes rigen el futbol mexicano. México, con su tradición futbolera y con el dinero que se puede generar a través de este deporte, podría obtener. 

    Porque no sólo hablamos de un deporte, hablamos de que estos eventos, bien planeados y llevados a cabo, generan beneficios a través turismo y del posicionamiento de México como «marca-país», algo que nos seria de mucha utilidad debido a que la imagen de México allá afuera no es la mejor por el problema del narcotráfico y la corrupción. Un mundial que no implique fuertes gastos en infraestructura ni tirar la casa por la ventana como lo hizo Brasil sí termina siendo un «negocio» capaz de generar buenos dividendos, tanto en lo económico como en imagen, a nuestro país. 

    Al final si Estados Unidos tiene más partidos es porque es un país más fuerte y desarrollado que el nuestro (sí, con todo y Trump), no sólo porque eso se percibe con la infraestructura y la capacidad económica que tiene, sino inclusive por la ambición de salir y pelear por ser sede de la Copa del Mundo. Diez partidos son muy pocos, pero la verdad es que nos cayeron sin que moviéramos un dedo y sin que los directivos hicieran mucho. Si se quieren más sedes, habrá que pelearlas negociando. 

  • Una selección de futbol con motivos políticos

    Una selección de futbol con motivos políticos

    En América Latina las selecciones nacionales suelen ser utilizadas por sus gobiernos para tratar de generar cohesión social, o bien para que esta cohesión signifique la permanencia en el poder del gobierno en turno, la mejora de la percepción de los mandatarios en las encuestas o la aspiración de políticos a cargos importantes. En América Latina a su vez, la gente tiene más dificultades para separar al equipo de futbol de su país, y de alguna forma piensan que si a su selección le va bien, al país le va bien. Países como Brasil, México, Argentina, Colombia, incluso otros países menores como Guatemala.

    image53bcbf133e30b0.68739689

    A diferencia de las Olimpiadas donde técnicamente los participantes sí representan a su país como tal (los organismos nacionales tienen dependencia con el Gobierno), en los mundiales no sucede exactamente lo mismo. En realidad quienes van a competir son las federaciones de cada país, que suelen ser más bien privadas. Por eso es que a diferencia de las olimpiadas, en los diseños utilizados en las transmisiones se utilizan los escudos de las federaciones y no las banderas de los países. Igualmente en los jerseys de los equipos se utilizan dichos escudos.

    Esto es importante notarlo porque una selección nacional no es producto de las políticas de algún gobierno de un país. Más bien es un ente formado por instituciones privadas y los resultados de una selección tienen que ver con el manejo que estas le hagan. Entonces tratar de relacionar los triunfos y los fracasos de una selección con los de un país, haciendo una analogía, sería como relacionar la economía de México con los números de la empresa Bimbo.

    Pero al final los gobiernos en los países subdesarrollados tratan de utilizar mediáticamente el futbol para su beneficio. Y el problema es que no siempre sale bien, como les ha ocurrido a los brasileños. El gobierno de Dilma Rousseff lo sabe, porque desde un principio, la organización del mundial le trajo muchas críticas y dolores de cabeza, y lo sabe porque las goleadas que la selección brasileña sufrió por parte de Alemania y Holanda seguramente serán una goleada para sus aspiraciones de reelección. Esa intentona por relacionar al futbol con la política hace que los brasileños sientan que no fue el fracaso de su selección, sino de todo su país. Al pensar en la palabra Brasil, no pensarán en el BRIC, ni en Lula, ni en las playas de Copacabana, sino en la goleada ante Alemania.

    Los alemanes se sienten orgullosos por la aplanadora que su su selección fue en semifinales, y tal vez lo recordarán por muchos años. Pero los alemanes no sienten que su país esté mucho mejor por dicha goleada. Incluso las caras de los jugadores en la semifinal lo dice mucho. Los alemanes saben que es un juego de futbol, muy apasionante sí, por eso es que lanzan cánticos con sus tarros de cerveza, pero saben que el futbol es una cosa y el país es otra cosa. En cambio para los brasileños, esa derrota de alguna forma hablará sobre el dudoso futuro de Brasil después de varios años de ilusiones y promesas.

    El Gobierno de México no tiene tantas cosas que lamentar puesto que la Selección Nacional salió avante después de que todos pronosticaron (o más bien pronosticamos) que harían el ridículo y serían despachados en la primera fase. Peña Nieto se podrá sentir tranquilo, porque su apuesta de hacer un pomposo homenaje a la selección y portar su corbata verde, no resultó contraproducente. Aunque el tratar de colgarse de la selección para aumentar sus números tampoco le trajo muy buenos dividendos, sobre todo por su editada y ensayada llamada a Miguel Herrera para felicitarlo por su calificación a la siguiente ronda.

    Tal vez esto puede explicar un poco esa percepción que existe en países como en México de que el futbol es un distractor, mientras que en los países desarrollados los aficionados saben separar su desbordante pasión por el futbol, de la política y de su país. Y también tiene que ver con que en países donde hay carencias y falta de esperanzas, el futbol es un aliciente para que la gente se sienta, al menos, un poco mejor.

  • No era penal

    No era penal

    Los mexicanos somos muy curiosos, tendemos mucho a burlarnos de las tragedias. Ese repentino meme de «no era penal» es claro ejemplo de ello. A esto habría que sumarle todos los videos creados para mentarles la madre a los holandeses, especialmente a Arjen Robben que se ha vuelto el segundo individuo más odiado del país. A los mexicanos nos dolió mucho la eliminación de la selección por la forma en que ocurrió (en los últimos minutos cuando ya se sentíamos en cuartos de final y con un penal un tanto dudoso), pero también tiene que ver con no saber perder, porque a los tricolores les perdonaron un penal en el primer tiempo, cosa que nunca se recuerda.

    No era penal

    Si esa es una constante en la sociedad es un poco preocupante porque quienes vimos y pusimos atención al partido, observamos que al final la selección que venía jugando bien, terminó entregando el partido. Pero la crítica ha quedado en segundo plano y más bien esto se ha tratado de buscar culpables. Es un juego sí, pero en un maldito simple juego se puede reflejar nuestra idiosincrasia.

    Si hubiera ocurrido al revés. Que Rafael Márquez se hubiera tirado un clavado en el área grande en el último minuto con el partido 1-1 por una falta que Robben no cometió, entonces no se estaría hablando del «No era penal», sino de la «picardía» mexicana. El hecho se hubiera minimizado, y no sabría si los holandeses hubieran creado su meme «Het was «penalty». Y tampoco sé si Márquez sería vilipendiado en las conversaciones de las calles de Amsterdam.

    Con este meme se hace crítica de una injusticia (existente tal vez, pero donde el árbitro fue injusto para ambos lados), aunque la realidad es que en nuestro país tenemos muchas razones para hacer millones de memes parecidos, debido a que muchos mexicanos pierden o perdemos, por lo que muchos otros hacen en su vida diaria. Temas que tienen que ver con la corrupción y la injusticia.

    Si comparáramos a México con Holanda como países, la frase sería más absurda, porque los Países Bajos ( en realidad Holanda a Países Bajos es como Jalisco a México) nos ganan en prácticamente todos los indicadores, y no sólo esos que son difíciles de modificar en el corto plazo, sino esos que sí pueden ser modificables en el corto plazo.

    Tal vez nos falta más autocrítica. Es que perder con la frente en alto varias veces es ya no perder con la frente en alto, y la gente está ávida de logros y emociones, aunque sea por parte de su selección de futbol. Y quienes vimos y pusimos atención a ese juego, insisto, México perdió porque se le aparecieron los fantasmas al final y lo boicotearon, el incidente final sólo fue un accesorio más del juego que como iba, parecía que de todos modos ganarían los holandeses aunque fuera en tiempos extras.

    Hay temas trascendentales como el hecho de que hoy se vota la Reforma de Telecomunicaciones, y a pesar de que a la propuesta final se le eliminó algunos elementos relacionados con la censura, sigue siendo en parte preocupante, y beneficia totalmente a Televisa y sólo se pone en su lugar al monopolio de Carlos Slim. El problema es que si esa reforma se aprueba en este preocupante escenario (el más probable), no servirá de nada inventarnos una frase tal cual «no era penal».

    Pero eso no quita mérito al ingenio que de pronto tenemos los mexicanos como para hacer y deshacer lo que se quiera con una frase

     

  • Estamos eliminados México

    Estamos eliminados México

    México. Estamos eliminados.

    2389864_big-lnd

    Hay pocos que se pueden sentir héroes hoy, uno es Miguel Herrera que rescató a la Selección Nacional de la basura, de la vergüenza. Es más, la selección no había merecido ir al mundial.

    El otro es Guillermo Ochoa, un porterazo, si no ocurre nada profundamente espectacular en los partidos que restan del mundial, debe llevarse el premio al mejor portero del mundial.

    Los demás seleccionados jugaron bien, a pesar de los errores que se pudieron cometer, se debería apuntar la mirada inquisitoria hacia otro lado, hacia los de pantalón largo. Hacia esos mismos que manejan el futbol y al mismo tiempo tienen preferencia presidencial en la Reforma de Telecomunicaciones.

    Pero estamos eliminados.

    La sensación tal vez fue un poco diferente. Antes la selección llegaba con expectativas, se soñaba con el quinto partido, y no pasaba nada. Ahora temíamos lo peor y vimos una selección que volvió a hacer soñar a sus aficionados, pero cuando comenzaron a soñar volvió a pasar lo mismo.

    No hay que buscar culpables. Mi muro de Facebook se llena de memes criticando al árbitro por marcar penal un clavado de Robben, pero se olvida que el árbitro no marcó un penal a favor de Holanda. El partido mostró la realidad del seleccionado, se juega bien contra los grandes, pero en algún momento aparecen los fantasmas.

    Y algunos creyeron, o más bien creíamos que se vencerían los fantasmas porque las selecciones menores y los jugadores olímpicos lo habían hecho. Pero estamos eliminados.

    Y posiblemente este sea el peor escenario para el futuro del futbol. Si México fracasaba estrepitosamente en el mundial se tocaría fondo y habría una urgente necesidad para quienes lo manejan de hacerlo crecer. Si se avanzaba a cuartos de final, las expectativas en los mundiales consecuentes serían más amplias y los hombres de pantalón largo tendrían que trabajar más. Pero al llegar a octavos, quedará muy bien el discurso de -Se hizo un mundial decoroso, rescatamos a la selección, el Piojo y bla bla-, y entonces no hay necesidad de hacer nada más que de mantener todo igual. Los bares se llenaron, todos contrataron Sky, Business are done. Y Televisa parece que será ganón en las reformas que se están discutendo en las cámaras.

    En esta historia hay héroes o villanos. Los héroes (director técnico y algunos jugadores) lo son a pesar de los villanos (directivos). El mal que aqueja al futbol es muy parecido al mal que aqueja a México como país, los intereses, la corrupción.

    Aunque el rendimiento de la selección no se puede comparar directamente con la situación actual del país. La selección dio motivos para soñar, el gobierno actual no. Y como sociedad incluso todavía no nos damos motivos para soñar.

    Y menos se puede equiparar a la afición. Todos, hasta los antifutbol y los que se referían a los demás como enajenados y que vieron al final todos los partidos, todo se unieron y se vistieron de verde y crearon una de las mejores aficiones del mundial. En la realidad no pasa eso, nuestro país está polarizado, somos intolerantes, discriminamos, somos clasistas (excepto cuando hay mundial, ahí sí abrazamos al «junior hijo de papi» o al «naco» para festejar). Y nuestros profundos análisis futboleros tampoco son equiparables contra nuestra profunda ignorancia y displicencia sobre lo que ocurre en el país.

    Y al final, el futbol es un espectáculo, que nos apasiona mucho, pero es un espectáculo. Ya lo dijo Jorge Valdano, el futbol es lo más importante de las cosas menos importantes.

     

     

  • Y si el amor por México fuera en los 365 días del año

    Y si el amor por México fuera en los 365 días del año

    Y retiemble el eeeeeh puto en las gradas.

    El país vive momentos de júbilo, no, no te confundas, la economía no ha repuntado, ni la corrupción ha desaparecido, ni la inseguridad ha sido erradicado. Se trata de un grupo de 11 futbolistas junto con los suplentes y su peculiar entrenador, que representando a nuestro país, han vencido a su similar de Croacia, ese equipo que viste a cuadros tal cual mantel de día de campo, como el que se dio la selección en el segundo tiempo.

    Y si el amor por México fuera en los 365 días del año

    Hace mucho no veía a los mexicanos tan unidos por una sola causa. No es que en temas políticos todos deban de opinar o pensar lo mismo, pero sí pueden tener el mismo fin de ver bien a su país. Eso que ni los partidos políticos ni la sociedad por iniciativa propia, la hizo un equipo de futbol que representa a México en un mundial, y a sus dueños, y los intereses que hay detrás. En la apariencia pareció que los aficionados quieren demasiado a su país y gastan todos sus ahorros para estar ahí con su selección que hasta hace pocos días, estaba muy por debajo de las expectativas, y que ahora al menos ya merecieron ser apoyados.

    No está mal apoyar a la selección, celebrar los goles de Oribe Peralta, el Chicharito, los desplantes del peculiar «Piojo» Herrera. El problema viene cuando ese amor se muestra solamente al equipo de futbol y no al equipo en su conjunto. De esta forma se termina convirtiendo en un falso nacionalismo, simbólico, que se apoya en tres pilares cuyos otros dos son el grito y la defensa del petróleo.

    ¿Qué pasaría si la energía para gritarle «puto» a los porteros del equipo rival se utilizara además para hacer de este país una sociedad mejor? ¿Qué pasaría si esa crítica permanente al estilo de juego de la selección se convirtiera en una sana autocrítica?

    Cuando llegué al aeropuerto de la Ciudad de México (sólo a mí se me ocurre empalmar mi vuelo con el horario del partido del cual sólo pude disfrutar el primer tiempo) una de cada cuatro personas vestía una camisa verde alusiva a la selección. Algunos incluso tenían la cara pintada. Se veía una cohesión, una unión que generalmente no se ve durante cuatro años. Personas de distintas clases sociales, que en días comunes suelen rechazarse, compartían una misma pasión. El tricolor, y la esperanza (cumplida) de ver a su selección en los octavos de final.

    Al sentarme en el restaurant donde comí antes de abordar el avión, otra persona compartió mesa conmigo para poder ver el partido. Platicamos de ello e incluso me terminó invitando a un evento en el cual participaría él en mi ciudad, Guadalajara. Ese patrón se repetía a mi alrededor. Un deporte podía unir a los mexicanos. ¿Por qué no podemos hacer eso por nosotros mismos?

    Al final el fútbol es un espectáculo, te proporciona grandes júbilos, pero son efímeros y tienen poca duración. Al menos se podría esperar que este efímero sentimiento de gloria sirviera como aliciente para cambiar las cosas, y no para evadirlas como sucede en muchos casos.

    Al final del día, los indicadores del país siguen siendo magros, los problemas existen. Y como alguna vez dijo algún comentarista de Televisa (sí, de Televisa), el mérito es de ellos y los ganadores son ellos. Este fenómeno de la gran afición que apoya orgullosamente en un mundial, es una muestra de que los mexicanos podrían unirse por un bien común. Pero pareciera que no tenemos los incentivos para mantener ese júbilo los 365 días del año, y así como el aficionado hace profundas críticas sobre el funcionamiento del cuadro titular, deberíamos hacerla también sobre el funcionamiento de nosotros como sociedad.