Categoría: economía

  • Y por qué tener auto o casa ya se volvió menos importante

    Y por qué tener auto o casa ya se volvió menos importante

    En tiempos de mis padres, era un must of pensar en como adquirir una casa; rentar una era algo así como «pobre tipo, no tiene mucho dinero». En mi generación es importante pero ya no tanto como antes. A mis 30, pocos de mis amigos, parientes o personas cercanas tienen una. Muchos están cómodos con la idea de rentar un departamento y vivir ahí, solos, con amigos, con su pareja (casados o en unión libre), o incluso seguir viviendo con sus padres. Los jóvenes de ahora viajan más que los de antes, prefieren «vivir» en vez de pensar en ahorcarse con alguna hipoteca o algún plan. Esto podrá ser una «mala intuición mía» pero no lo es. Por ejemplo, según el Banco Interamericano de Desarrollo, los llamados Millenials (o Generación Y) de Estados Unidos piensan más en tener un celular, una tablet o viajar, que en tener un automóvil o una casa.

    CherryCaloncho

    Es curioso cuando menos este cambio en los patrones de consumo. En Guadalajara (patrón que se repite en casi todas las grandes ciudades) se construyen torres de departamentos en la Colonia Americana, una zona llena de jóvenes que se trasladan en bicicleta, donde se encuentra una gran oferta de bares, centros de entretenimiento, cultura y arte. Lo mismo pasa en el caso de las colonias Roma y Condesa en el Distrito Federal. Hay una tendencia creciente donde los jóvenes buscan vivir «cerca de todo» donde puedan caminar más, andar en bicicleta y convivir a nivel calle. En las ciudades mexicanas este cambio que ha gentrificado zonas que hasta hace poco no tenían mucho poder adquisitivo todavía es algo incipiente, pero es una marcada tendencia global. Los jóvenes ya no piensan tanto en el coche cuando ahí está la bici o pueden pedir un Uber, los jóvenes ya no piensan en hoteles caros cuando ahí está airbnb.com donde pueden vivir «más experiencias» y conocer más gente.

    Las aspiraciones cambian, en lo particular antes de pensar en una casa o incluso en pensar en un coche, pienso en viajar (recorrer varios países de Europa) o en estudiar una maestría. Posiblemente esas cuestiones serán planteadas cuando me decida casar y tener hijos, pero muchas personas se casan a edades más tardías.

    Posiblemente este cambio tiene que ver con que la forma en que las ciudades se han desarrollado se ha vuelto insostenible: Largas distancias, ciudades con poca convivencia en las calles, tráfico, falta de ejercicio. La gente está volviendo a repoblar el centro de las ciudades, del cual había escapado hace décadas por la inseguridad y por aspirar a vivir en un espacio mayor. Para muchos ahora no es tan importante el jardin grande y el coto exclusivo, ahora lo es un departamento del cual puedan caminar a su trabajo, al bar y otros lugares a convivir con más personas.

    El modelo del carro ya no será tan importante para tratar de «destacar en sociedad», ahora son los viajes, la convivencia, los lugares alternativos a los cuales se va a comer. Las ciudades deben de preocuparse más por mejorar el transporte público, por inhibir el uso de automóviles en zonas pobladas, por promover el uso de la bicicleta, por crear espacios públicos donde los habitantes puedan convivir o hacer ejercicio. Los mismos ciudadanos en su lógica natural han desafiado a la planeación urbana de las ciudades debido a su deficiencia, como una forma de protesta inconsciente (a veces), y las ciudades, unas más, otras menos, han empezado a entenderlo. Nuestras aspiraciones no son las mismas que las de nuestros papás cuando eran jóvenes.

  • El IVA y los godínez

    El IVA y los godínez

    El Gobierno necesita más dinero, o cree que necesita más dinero, o más bien lo han gastado mal y de pronto se dan cuenta que se necesita más dinero. Para crear necesidades hay que inventarlas, o hay que decirle a la gente que es por su bien. México recauda poco, recauda menos que el promedio de los países miembros de la OCDE, recauda menos que la mayoría de América Latina, y si queremos depender del petróleo debemos de buscar otras formas de recaudar dinero; eso no necesariamente es malo, de hecho los gobiernos que obtienen sus recursos vía impuestos tienden a ser más democráticos que aquellos que los obtienen por medio de los recursos naturales.

    El IVA y los godínez

    Se habló de una Reforma Fiscal donde se aumentara el ISR (que desaceleró la economía), luego el aumento del IVA lo vendieron como una supuesta cruzada en contra de la obesidad, ahora el gobierno grava a los productos procesados o preparados. Le llaman el «IVA Godínez» porque son los empleados a quienes más les pegará esta medida, empleados que van al Oxxo a comprar su comida, sus burritos empaquetados, su pizza «abre fácil». El SAT afirma que el impuesto ya existía, nada más que no se cobraba:

    «No generamos un nuevo impuesto sólo aclaramos para que se pague lo que ya señala la ley: Jefe del SAT»

    Aumentar los impuestos siempre será impopular en cualquier extremo del mundo, aumentarlos a veces es necesario, pero en México el Gobierno no recauda lo suficiente porque los mexicanos hacen lo posible (de forma legal o ilegal) para no pagarlos. Trabajo como freelance y son muchos los clientes los que prefieren darte un fajo de billetes en efectivo para no meterse en problemas con Hacienda. Si el SAT ahora revisa todos los movimientos de tu tarjeta, entonces no queda de otra. Yo: – Juan, ésta es mi número de cuenta para depositarme, ¿Me podría pasar sus datos de facturación? – No, es más, si quiere le llevo el efectivo a su casa, dígame a que horas y ahí llega el mensajero.

    Uno de los motivos por los cuales el Gobierno no recauda lo suficiente es porque la gente no siente que sirva de algo pagar impuestos. No es que un noruego vaya muy feliz a pagarle al fisco, pero allá sienten que el dinero que pagan sirve de algo, ven los servicios que reciben, su gobierno generalmente no roba dinero, entonces aunque les sea molesto están dispuestos a cooperar. En México no, en México la gente paga por miedo a ser sancionado, por miedo a que lleguen esas multas de varios ceros. Mucha gente evade porque asume que su dinero se va a utilizar mal, se lo van a robar, lo van a malgastar en campañas electorales, lo van a usar para programas sociales asistencialistas y que generan codependencia.

    Si el Gobierno quiere recaudar más, debe de invertir mejor el dinero que recibe, que los ciudadanos salgan a la calle y vean que sus recursos se invirtieron en algo, que no construyan una obra con un costo de un millón de pesos con materiales de quinientos mil para quedarse con lo restante y ni hagan negocio con nuestro dinero. Lo que digo suena fácil, obvio y algo cantado, pero es que por más duro se ponga el SAT, no van a lograr recaudar más cosa mientras los contribuyentes busquen evadirlo a toda costa.

    Y el Godinez llegará muy malhumorado a su oficina por la tarde, cuando ese hot dog con catsup que le costó 16% más de lo acostumbrado se le embarre en el traje debido a que tropezó con una banqueta que las autoridades nunca arreglaron.

     

     

  • La relación del hombre con el dinero

    La relación del hombre con el dinero

    Hay cosas que el dinero no puede comprar, para todo lo demás existe una marca de tarjetas de crédito que no está interesada en anunciarse en este sitio web.

    La relación del hombre con el dinero

    Desmond Covey es un hipotético gurú de los libros de autoayuda, sus libros son unos best-sellers. Se encuentran a la vista en las estanterías del Sanborns y aparece como una de las obras recomendadas en el Apple Store. Su nueva obra (hipotética, claro), la cual se ha anunciado con bombo y platillo, se llama «El dinero no da la Felicidad». En la obra, esta autor de literatura ligera (un buen eufemismo que aplica a muchos libros de autoayuda), explica como es que el dinero no hace feliz a la gente; trae incluso datos duros donde estudiosos han demostrado que la acumulación de dinero no trae felicidad. Covey afirma que la felicidad tiene que ver con las relaciones con los pares, con el nivel de satisfacción personal, con los proyectos realizados. Covey no tiene la intención de engañar a su público, su tesis la ha desarrollado en base a sus creencias, pero…

    Covey vive en una residencia en los suburbios de una ciudad estadounidense importante. A éste personaje nunca le ha gustado presumir de sus recursos y riquezas, e incluso algunos de sus amigos que ha ganado desde la infancia, son de estratos sociales inferiores y no son tan acaudalados. Covey tiene la capacidad de verlos como iguales y no de subestimarlos por sus recursos. Esto ha servido como argumento para que nuestro amigo Desmond Covey se sienta congruente con la tesis que plantea en este libro. -Sí, vivo cómodamente, pero no me gusta presumir mis recursos e incluso una parte de ellos los dono a ONG’s para sentirme responsable con la sociedad.

    La editorial llama por teléfono a Covey para hablarle de los ingresos que ha obtenido con éste libro. Desmond Covey se alegra, porque con ese dinero, podrá pagar la ansiada carrera universitaria de su hijo en el MIT, porque gracias a ese dinero también podrá financiar la nueva obra que está escribiendo y publicitarla en diversas latitudes del mundo.

    Hay que hacer un rewind y hablar de la infancia de Desmond Covey. Éste personaje empezó desde abajo, y su padre, a pesar de que no tuvo muchos recursos, siempre se la partió por traer algo de dinero a la familia. Covey trabajó doble turno para obtener el dinero que necesitaba para estudiar literatura en una universidad estatal. Se dio cuenta de sus talentos y consiguió un préstamo (que lo deja casi sin comer por un mes) para financiar la imprenta de su primera obra, la cual le trabajo los suficientes beneficios para escribir otro y poco a poco ir amasando su fortuna.

    Después de narrar esta hipotética historia, ¿qué pasa si quitamos el dinero de la ecuación? ¿qué queda? Absolutamente nada, de hecho no habría historia que contar. De hecho este cuestionamiento pone en duda la tesis del nuevo libro de Desmond Covey.

    La realidad es que nosotros los seres humanos necesitamos del dinero y las posesiones para autorrealizarnos. La tesis de Covey no es completamente falsa pero no termina de ser verdadera. Sería más prudente decir que el dinero como un fin no da la felicidad, el acumular riquezas por acumularlas no las da, pero como herramienta para lograr objetivos sí que es necesaria para la felicidad.

    Covey cree estar desapegado al dinero, es su filosofía de vida; pero en realidad depende del dinero. Necesitó de él para lograr estudiar una carrera, necesitó de él para que su hijo pudiera estudiar en el MIT. Incluso para desapegarse de él, hizo donaciones, es decir, entregó «su» dinero a una buena causa, lo cual le proporcionó felicidad. Sin su dinero no hubiera podido haberlo hecho.

    Así como hay corrientes de pensamiento y «gurús» que nos hacen creer que el dinero lo es todo y que nuestra vida debe de girar alrededor de los billetes (Donald Trump, Kiyosaki, muchas empresas piramidales y demás estafadores) hay otros que quieren hacer creer que el dinero no importa, que es poco menos que un pecado. Y la realidad no es de ninguna de las dos formas.

    El dinero es una herramienta que nos ayuda a vivir mejor, a realizar nuestros propósitos y nuestros objetivos, pero lo importante, son los propósitos mismos. Pero para ir a una dirección necesitamos recursos, eso lo sabe desde un empresario capitalista hasta un dictador comunista.

     

  • México, país de mirreyes y no de emprendedores

    México, país de mirreyes y no de emprendedores

    En todos los países existen élites (hasta en el más igualitario) y en cierta forma, más que indeseables, son necesarias. Existen seres humanos más fuertes y capaces que otros; es parte de la naturaleza de nuestra especie. Pero las élites al estar en la parte más alta de la sociedad, tienen una mayor responsabilidad para con ella. Sí, son privilegiados, y por ese hecho es que se espera más de ellos. Pero en México no pasa eso, las élites viven aisladas, viven un un mundo propio, aislados del resto de la sociedad de la cual sólo se sirven.

    México, país de mirreyes y no de emprendedores

    A Bill Gates, a Steve Jobs y a Mark Zuckerberg se les percibe como líderes. Pregúntale a los americanos cuales son los líderes de Estados Unidos en este momento y algunos mencionarán sus nombres. Sin ser perfectos y necesariamente puros, los americanos se benefician de la mayoría de sus élites (no por eso, no existen algunos prietitos en el arroz, ni por eso tampoco existen quienes buscan enriquecerse desmedidamente) por el simple hecho de que ascendieron fruto de su esfuerzo y su inventiva.

    Mientras el próximo nuevo empresario está en su garage, o está en un sucio cuarto planeando una nueva idea; en México, los mirreyes están gastando toda la fortuna de sus papás en darse una vida. Educados en el Colegio Miraflores, o en el Instituto Cumbres, escuelas de «vocación religiosa», se sienten herederos de lo que hicieron otros, más que pensar en forjar su propio camino. Los nuevos mirreyes están muy lejos de ser parte de la nueva camada empresarial global a quienes tratan de imitar mediocremente (porque no saben trabajar), y están muy cerca de el Orgullo y Prejuicio de Jane Austen, aunque ni Elizabeth, ni siquiera Darcy, llegaban a ser tan pedantes como nuestros jovencitos privilegiados, que preocupan más del vestir, de las marcas, que de las nuevas ideas y de los nuevos proyectos.

    En México todavía no somos muchos los que hablamos en término de start ups (más visto en una clase media con mayor responsabilidad social) y en nuestro país faltan muchos ricos que lo sean gracias a su emprendedurismo. Muchos buscan irse por el camino fácil de la política (algunos ni siquiera se corrompen en el transcurso, sino que inician ya corrompidos y con la convicción de que van a hacer negocio y no a servir, y ya lo están antes de afiliarse al Partido Verde), o piensan más en términos de herencia; mientras que emprender es como un «juego secundario», como la «gasonilera» de Javi Noble .

    Los mirreyes no son el futuro del país, son el pasado, son aquello que los países desarrollados han dejado atrás. Más proclives al rentismo, a la misoginia, a la petulencia, a la discriminación y a la falta de sensibilidad. Más parte de ese mundo que culminó en la belle epoque y que fue destruido con las guerras mundiales, donde los hijos de los rentistas se dieron cuenta de que se tenían que poner a trabajar. Si bien, nuestra fallida Revolución Mexicana podría haber tenido efectos similares (frente al rentismo en épocas del porfiriato), sólo consolidó a nuevos potestados que se sirvieron de los demás para continuar con la tradición rentista: Políticos, empresarios al servicio de los políticos, empresas que crecieron gracias al cobijo del gobierno y al sometimiento ante éste, y no gracias al libre mercado. Al menos los empresarios de esa época de alguna manera se tuvieron que poner a trabajar, sus herederos ni siquiera hacen eso.

    México está podrido porque sus élites lo están. Porque sus élites se han acostumbrado a servirse de la sociedad en vez de dirigirla. Ellos ya perdieron esa posibilidad, y tal vez habrá que depositar la esperanza en las clases medias de donde ciudadanos busquen surgir para posteriormente reemplazarlos, aprovechando la cultura del mundo global, que en este aspecto, es mucho más benévola que la nuestra.

    Y los mirreyes se esmeraron en buscar grabar el video de graduación del Colegio Cumbres con la misma cámara que rodaron House of Cards. Pero se les olvidó que para que el producto quede igual, hace falta edición, fotografía, y sobre todo, actores profesionales y no jovencitos misóginos petulantes:

     

  • Trabajar por tu cuenta es bien padre

    Trabajar por tu cuenta es bien padre

    Los Godínez, sentados desde el escritorio de la opresiva oficina que se encuentra a un lado del garrafón con sus conos de agua reutilizables, afirman que quienes trabajamos como freelance (condición que no me durará mucho al estar montando una agencia con otros socios), somos algo así como «ninis» no asumidos. Los entiendo, yo fui Godínez en un buen tiempo de mi vida. Recuerdo esos momentos en que tenía que despertarme temprano para empezar a trabajar de 9 a 7 (aunque técnicamente lo sigo haciendo), pero a pesar de que la carga de trabajo es la misma, o incluso puede llegar a ser más, no tengo esa sensación de opresión, de «debo de ir a trabajar».

    Trabajar por tu cuenta es bien padre

    Creo que tener un ingreso fijo le quita un poco de diversión al trabajo, y si a eso le sumas tener que depender de un único jefe y tener horarios y normas preestablecidas (aunque los que freelanceamos debemos autoimponerlas) entonces se comprende esa atmósfera opresiva que a veces se siente en una oficina. A algunos les gusta ser empleados, a otros como a mí no tanto, es cuestión de personalidades. A nosotros tal vez no nos pese tanto levantarnos a trabajar, porque al no tener ingreso fijo y a sabiendas que volumen de trabajo significa nivel de ingresos, nos preocupamos por sacar la chamba, por hacerla lo más rápido posible. Que pagar el viaje, que los impuestos, los gastos fijos, es un mundo.

    Esta parte que yo veo como divertida, otras personas lo verán como algo indeseable. Los freelance no tenemos tanta seguridad, si queremos ahorrar para un carro, para un viaje caro, o queremos pagar un departamento, tenemos que ser muy meticulosos con nuestras finanzas, y debemos de rogar que «nos caiga una iguala». Los ingresos dependen directamente de nosotros, lo cual conlleva una mayor responsabilidad, tenemos que estar cobrando, lidiando con clientes. No basta con «tener contento al jefe» para asegurar tu quincena.

    A nosotros nos da mucho ese sentimiento de «trabajar mucho y andar de pobres» que luego es recompensado con varios pagos en un mismo mes cuyo monto total podrá superar por bastante el sueldo de un Godínez. Eso nos obliga a administrar nuestro dinero, en saber en que lo vamos a gastar porque no sabemos cuanto nos llegará después.

    Pero lo disfrutamos, el tener que lidiar, que pensar, que crear estrategias, mantiene ocupada tu cabeza. Las opciones para que un Godínez aumente su ingreso se reducen a dos: Pedir un aumento (lo cual con la situación actual no es algo fácil) o buscar otro trabajo. Nosotros pensamos continuamente en diversas estrategias, en hacer networking, en comprar publicidad, en ir a fiestas, eventos, en capacitarnos continuamente u ofrecer nuevos servicios, lo cual lo hace todo más divertido.

    Hay una falsa creencia de que los freelancers tenemos mucho tiempo libre. Es falso. Es cierto, tenemos mayor flexibilidad de horarios. Pero en mi caso, tiendo a trabajar las mismas horas que trabajaría en una oficina. A veces puedo «salir antes» porque cuando no hay trabajo, no necesito quedarme a calentar la silla. En otras ocasiones debo trabajar hasta tarde, o trabajar sábado o domingo. Muchas veces las juntas con los clientes son en sábado o incluso domingo en la tarde. Aunque administres tu tiempo, el número de horas que trabajas son más o menos las mismas, e incluso más.

    Lo que sí es cierto es que al tener una mayor flexibilidad de horarios podemos hacer más cosas. ¿Queremos salir a comer con una amiga? No hay problema, puedo organizar mis horarios. ¿Queremos salir de viaje sin tener que pedir permiso? Vemos cuando es más prudente irnos (hay que tomar en cuenta la carga de trabajo) nos organizamos y lo hacemos. Por eso es que nosotros tenemos esa sensación de libertad que no se tiene en una oficina, porque el trabajo y el tiempo es nuestro.

    Pero conlleva autodisciplina, como no tienes jefe (aunque digan que tus clientes son tus jefes, al final no juegan el rol de jefe de empresa tal cual) entonces debes de organizarte tú solo. En mi caso, suelo levantarme a las 8, suelo correr (cuando no, corro al finalizar la jornada), regreso a las 9, desayuno rápido, a las 9:20 ya estoy en mi computadora trabajando y así hasta pasadas las 2:00. A esa hora hago alguna actividad lúdica como leer o escribir un artículo en mi blog, a las 3:00 como, a las 3:20 tomo una pequeña siesta y algo así como a las 3:45 ya estoy de vuelta trabajando, hasta las 6:30 – 7:00. Esto es un día normal. Cuando el trabajo es mucho, suelo terminar más tarde, en algunos casos hasta la madrugada. Cuando hay días en que casi no hay trabajo (muchas veces los proyectos que estás realizando quedan en stand by por uno o dos días porque tienes que juntarte con tu cliente para ver avances y dudas) uso el «horario de oficina» en algo productivo, como salir a correr (si no lo hice en la mañana), leer, o capacitarme en cosas relacionadas con mi trabajo.

    Mi trabajo (desarrollo web) hace que te concentres tanto que abusar de ello te puede llegar a desgastar. Como en mi caso trabajo solo y no tengo compañeros con los cuales bromear, me doy pequeños recesos en los que voy a la tienda, veo redes sociales o leo artículos (de política o interés general). el 70% del tiempo de mi trabajo transcurre frente a una computadora y el 30% en la calle (hay que visitar clientes, ver avances y demás). Como les comentaba, una cita puede ser desde un lunes a las 12:00 hasta un sábado en la tarde.

    Procuro siempre manejar este horario. Tengo suerte de no tener un jefe que me jale las orejas si me levanto tarde, pero en este caso lo hago yo solo, aunque es muy raro que llegue a levantarme tarde por cuestiones de mi organismo.

    Luego aparte del trabajo normal, hay que pensar en pagar impuestos, si no hay tanto trabajo hay que ir a prospectar, hay que ir a tejer relaciones (si no confías en ti mismo, posiblemente te quede mejor un trabajo de oficina donde no tienes que tomar muchas decisiones). Hay que ir planeando el futuro, hay que ir tomando muchas decisiones, unas no van a salir, otras sí. No te puedes quedar estático ni haciendo lo mismo todo el rato.

    ¿Y que decir de saber que el proyecto es tuyo, que la aventura es tuya y no estás trabajando en la aventura de alguien más? Este punto para mí es el que hace la diferencia entre trabajar por tu cuenta y trabajar para una empresa.

    No es que trabajar por tu cuenta sea mejor. Depende de tu personalidad, posiblemente estás contento yendo a una oficina. Pero en mi caso trabajar por mi propia cuenta es gratificante, y sé que cuando termine de dar el siguiente paso (montar una agencia), el número de responsabilidades aumentarán, y el volumen de trabajo también, habrá todavía más trabajo duro y sacrificios.

     

  • 10 cosas que tienes que saber sobre la desigualdad social

    10 cosas que tienes que saber sobre la desigualdad social

    A veces es bueno escribir las cosas que me vienen a la cabeza en puntos, porque creo que con este tipo de artículos Google te posiciona mejor en su buscador uno logra ser más conciso con sus ideas, y pues en la mañana estaba haciendo un profundo análisis con mi cerebro sobre la desigualdad social, así que quise aprovechar:

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    1.- No, no es un secreto que los ricos sean más ricos y que la desigualdad esté aumentando. En 2016 el 1% más rico tendrá más que el resto de la población mundial. Las 80 personas más ricas del mundo tienen el mismo dinero que tres mil quinientos millones de pobres. Algunos consideran que es muy injusto, otros dicen que mientras los pobres sean cada vez menos pobres está bien.

    2.- El ser humano siempre tenderá a la desigualdad, es parte de su naturaleza. Hay que ser sinceros, a los seres humanos nos gusta destacar sobre los demás, nos gusta tener más y más (no necesariamente cosas materiales). En un mundo donde todos tuviéramos exactamente lo mismo nos aburriríamos. No sólo eso, ese concepto de justicia sería injusta, porque una persona fuerte tendría lo mismo que una débil, una persona trabajadora obtendría lo mismo que una persona floja. No habría incentivos para progresar y la sociedad se estancaría.

    3.- Pero a la vez, también es parte de la naturaleza que el ser humano repudie fuertes niveles de desigualdad cuando a éste le toca estar ya no en la base de la pirámide, sino fuera del primer decil cuyas riquezas aumentan constantemente mientras las suyas (escasas) aumentan raquíticamente. Esto se hace más notorio cuando los individuos son más conscientes de la existencia de dicho decil y por lo tanto de la desigualdad.

    4.- Creo yo que la desigualdad es buena cuando esta está dada por el mérito y no por los privilegios. Quien se esfuerza más y quien innova más, debería tener más, quien lo hace menos, quien es más débil de carácter debería de tener menos. Pero la realidad nos indica que no es tan así (a pesar de que así nos lo han querido vender). Muchos empresarios y políticos con base en el poder que obtienen con su crecimiento en la pirámide social, se enriquecen impunemente, más por actos corruptos que por inventiva. Podemos hablar de un dócil Bill Gates o Steve Jobs a quienes se les aplaude por su innovación, pero por otros lares hay otros (que tienden a ser muy vistos también en países emergentes) no necesariamente tan reconocidos y aplaudidos que no tienen con qué para ser presentados en la portada de una revista como ejemplo.

    5.- Los seres humanos no somos iguales, esa es una de las falacias más repetidas en la historia. Podemos procurar ser iguales ante la ley, procurar tener los mismo derechos y está bien. Pero en la práctica somos diferentes e irrepetibles. Por eso hay unos mejores que otros, unos son más carismáticos, otros más inteligentes que otros, otros más sociables que otros. Quienes destaquen en más variables (o cuyas variables sean más aptas en cierto entorno) destacarán más, y eso no es injusto, es algo completamente natural, es parte de la naturaleza.

    6.- Pero también es cierto que los seres humanos creamos instituciones y leyes para procurar que esas naturales diferencias no terminen lacerando el tejido social. Porque los individuos aunque seamos diferentes y unos seamos más capaces que otros, somos seres sociales y necesitamos vivir en comunidad para lograr satisfacer nuestras necesidades individuales. Entonces se procuran que los resultados obtenidos debido a esas naturales diferencias se hagan dentro de un marco legal y ético.

    7.- ¿Entonces eres mejor que la muchacha de tu casa y mereces más que ella? Naturalmente tienes más herramientas que ella, pero no necesariamente tienes más méritos que ella. Tu muy posiblemente creciste en un entorno más favorable, tuviste mejor educación (posiblemente pagada del bolsillo de tus padres) y eso tal vez podría ser calificado de injusto, aunque ya sé que piensas que tu vida ha sido muy injusta y tal vez tengas razón, nada más es cuestión de enfoques.

    8.- Acabar con la desigualdad es una utopía, cierta cantidad de desigualdad es necesaria para el progreso. El hombre inventa porque quiere destacar y quiere sobresalir, porque quiere ser alguien, porque quiere subir en la pirámide social. Pero a la vez cuando hay demasiada desigualdad, tenderán a ser más pocos los que se beneficien de dicho progreso, lo que implica encontrar un punto de equilibrio.

    9.- Propuestas para acabar (o reducir) la desigualdad han existido muchas, la mayoría de ellas han fracasado, otras incluso han sido inhumanas. Incluso, Thomas Piketty en su revolucionario libro «El Capital en el Siglo XXI» afirma que una de las más grandes razones por la cuales la desigualdad disminuyó en el siglo pasado, fue porque durante las guerras mundiales muchos perdieron sus grandes patrimonios, por lo cual muchos rentistas desaparecieron y la gente entendió que tendría que ganarse la vida trabajando y no heredando.

    10.- Porque ya lo decía George Orwell en su «Rebelión en la Granja», que todos somos iguales, pero unos somos más iguales que otros.

  • El mal llamado neoliberalismo mexicano

    El mal llamado neoliberalismo mexicano

    -Carlos Salinas (refiriéndose a la época de las privatizaciones) no tocó las estructuras corporativas, sólo hubo un cambio de personas – Macario Schettino.

    El mal llamado neoliberalismo mexicano

    Thomas Piketty en su libro «Capital» habla mayormente sobre la desigualdad que existe en el mundo, habla sobre sus causas, y sobre las razones por las que ésta disminuyó en el siglo XX (Guerras Mundiales que acabaron con los patrimonios así como las políticas redistributivas implementadas) para que en las últimas décadas esta volviera a aumentar debido a la disminución de impuestos así como por el surgimiento de los súper-ejecutivos. La realidad (que coincide con las proyecciones de Piketty) es que las 80 personas más ricas del mundo, poseen la misma cantidad de dinero que tiene el 50% de los habitantes más pobres del planeta, lo que seguramente está generando debates, donde muchos cuestionarán al libre mercado, y otros lo apoyarán afirmando que a pesar del incremento de la desigualdad, el bienestar de la mayoría de los habitantes del planeta ha aumentado con el tiempo.

    El debate sobre estas políticas (llamadas por muchos como neoliberales) es necesario. El problema es que no tienen la misma dimensión en México, o más bien en nuestro país existen otros factores que exacerban más la desigualdad (aunado a un aumento del bienestar raquítico). Entonces nos damos cuenta que culpar directamente al «neoliberalismo» por la situación actual (como generalmente lo ha hecho la izquierda) es un error. En el caso de México tiene que ver más con el estado (es que temen que desaparezca, pero que al mismo tiempo detestan) y al régimen vertical heredado del PRI que ha oscilado desde el socialismo hasta el corporativismo (que es a lo que se llama erróneamente «neoliberalismo»).

    López Obrador, crítico del sistema, pero a la vez, asiduo y promotor de regímenes verticales como el que sigue sosteniendo al país, habla de la «mafia en el poder», el término es contestatario y adecuado a su discurso populista, pero de alguna forma, tiene alguna razón de ser. Cuando se habla de potentados y privilegiados, no hablamos de empresas privadas que surgieron de la competencia y la innovación. Muchas de las grandes empresas en México surgieron al amparo del Estado y crecieron gracias a él. Eso ha generado una mayor concentración de la riqueza, al tiempo que ha obstaculizado el crecimiento de la ciudadanía.

    Cuando hablamos de Telmex, Televisa, y demás empresas grandes, no hablamos de innovadores, ni de súper-ejecutivos que tuvieron una idea en un garage. Hablamos de empresarios que tuvieron las suficientes amistades dentro del gobierno para que en base a privilegios, pudieran crecer por encima de quienes no los tuvieron. Porque no es lo mismo Mark Zuckerberg que Carlos Slim (ambos en el ramo de las comunicaciones) ni es lo mismo la familia Rockefeller a Grupo Higa. Y el problema es que este régimen vertical sigue siendo promovido.

    El llamado neoliberalismo tiene sus defectos, y entre ellos está el que por sí sólo no logra disminuir la desigualdad, sino por el contrario. Pero no es el caso de México. Estados Unidos es mucho más «neoliberal» que México (la intervención estatal es menor). El coeficiente de Gini de Estados Unidos es de 41.1 y el de México es de 48.1 (donde 1 es igualdad perfecta y 100 inequidad perfecta).

    Si queremos combatir la desigualdad, tendremos que cambiar de enfoque y saber utilizar los términos. Por contradictoria que pudiera parecer la afirmación, en México, la intervención estatal en la economía es la que ha producido los niveles de desigualdad que ahora tenemos. El hecho de que existan corporaciones públicas y privadas que abusen de quienes no forman parte de ellos, provoca que casi no exista movilidad social (es decir, que las personas puedan aspirar a cambiar de posición social), ni competitividad. Necesitamos mexicanos que logren crear grandes empresas en base a su creatividad, innovación y esfuerzo, y no en base a los amigos o palancas que puedan tener en el gobierno.

  • Recuerdos del error de diciembre

    Recuerdos del error de diciembre

    Dicen que ese término fue acuñado por el propio Carlos Salinas cuando quiso culpar de la crisis a Ernesto Zedillo, después este afirmó que su antecesor le había entregado un país en alfileres. A 20 años de este lamentable episodio, ambos ex mandatarios siguen tirándose la culpa, y no han aceptado su responsabilidad, aunque en realidad la historia los ha incluido a los dos (quizá se le da más autoría a Carlos Salinas, y posiblemente con justa razón).

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    Tenía 12 años y no me cuestioné por qué el niño Dios me trajo menos regalos ese día. No es que todos los niños del país hayan conspirado en secreto para portarse mal ese año, más bien yo entendía lo que pasaba, porque a mi corta edad, palabras y términos como crisis, devaluación, peso, «no hay dinero» y demás fueron parte de mi vida cotidiana. Por fortuna en mi familia la crisis no tuvo un impacto tan profundo porque el puesto de mi padre en su compañía estaba asegurado, pero se tuvieron que hacer recortes, cancelar clases de Karate, empezar a medir el dinero y los gastos (cosa que nunca me había tocado ver); pero muchas otras personas, entre ellas cercanas hacia mí, sufrieron mucho. Algunos «amiguitos» de la escuela, tuvieron que mudarse a casas más chicas, algunos de sus papás cerraron sus negocios, alguno tuvo que salir de la escuela y terminar en alguna de gobierno.

    Y tuve la fortuna de crecer en una posición económica relativamente acomodada. Hasta ese año todos mis tíos me obsequiaban regalos de navidad, eso ya jamás ocurrió posteriormente, mis papás ya no me regalaron tantas cosas. Algunos hábitos cambiaron y se mantuvieron de esa forma los siguientes años. Esa crisis había cambiado nuestra forma de vivir. Porque a diferencia de la crisis de 2008 donde los ajustes y el apretón fue algo temporal, la de 1994 impactó incluso en nuestra cultura.

    No quiero imaginar como vivieron ese episodio la gente que tenía pocos recursos, o aquellos que fueron incluidos por primera vez en su vida en la categoría de pobres. No quiero imaginar el impacto de los sueños truncados, del anhelo de estudiar, de abrir el primer negocio, de ser alguien, de darles una casita propia a la familia. Fue impactante, y lo más triste es que nadie pagó por ello. No sólo eso, lo más doloroso es que tenemos la lastimosa capacidad de elegir en las urnas a quienes tienen la posibilidad de volver a hacer lo mismo.

    A 20 años después tenemos un dolar cotizado a 15 pesos (aunque la diferencia consiste en que ahora el tipo de cambio es flotante y no era controlado), tenemos factores exógenos como la caída del petróleo, y endógenos como el pésimo manejo de la economía por parte del gobierno. Algunos sugieren que vivimos una especie de déjà vu, y hasta los economistas más reconocidos hablan de que el 2015 será difícil en lo que toca a la economía. No sabemos con que profundidad, pero quienes éramos niños en 1994 y veíamos a nuestros padres como protectores, ahora tenemos un plan de vida, y ante la impotencia tendremos que ser más creativos para poder seguir soñando con nuestras metas y aspiraciones.

    Para terminar, quiero desearles a todos los lectores una muy feliz navidad y desearles (aunque posiblemente ya los asusté un poco) que todos sus sueños y anhelos se hagan realidad.