Categoría: economía

  • Chínguele más, o el mito del mexicano flojo

    Chínguele más, o el mito del mexicano flojo

    Después del polémico infomercial gubernamental que se aventaron Andrea Legarreta y Raúl Araiza, las críticas no han dejado de llover. Ciertamente, el diagnóstico en lo general que hicieron de la devaluación del dólar (leyendo el teleprompter) no fue del todo desacertado: No erran al decir que nuestra moneda se ha depreciado mayormente por razones externas a nuestro país. El problema a mi parecer no fue el diagnóstico, sino el énfasis que le dieron, donde menospreciaron los efectos negativos y encumbraron los positivos hasta el exceso con el fin de que el Gobierno saliera bien parado. Eso molestó a la sociedad, agregando a ésto el hecho de que era de notarse que no tenían el mínimo dominio del tema.

    maxresdefault (8)

    Lo más penoso fue la reacción de Raúl Araiza a la hora que lo entrevistaron para que diera su punto de vista sobre las críticas. Y no, la intención de este artículo no es hablar de chismes de lavadero, sino que más bien pretendo tratar de explicar ciertos mitos y paradigmas, aprovechando esta circunstancia. El «chínguele más» de Raúl Araiza, como respuesta a los cuestionamientos de la persona que lo entrevistaba, refleja mucho de esos paradigmas que tenemos dentro de nuestra sociedad. Es decir, Raúl Araiza asume que el tiene más dinero que los demás, porque básicamente, los demás son flojos. Su «diagnóstico» no sólo es errado, es insensible. El problema es que en así piensan muchos, y algunos de ellos son tomadores de decisiones que influyen en la vida política del país.

    https://www.youtube.com/watch?v=UYGFu64b4BM

    Para desmentir éste argumento en lo general, voy a traer a colación la siguiente tabla. Aquí podrás ver el número de horas diarias que trabajan los habitantes de los países miembros de la OCDE, conformado casi exclusivamente por países desarrollados, y al cual nosotros logramos entrar porque en tiempos de Salinas se creyó que nuestro país iba directo al desarrollo. ¿Qué logras deducir de esa gráfica?

    Tabla

    La respuesta es obvia. En México le «chingamos más» que en todos los países desarrollados. Nuestro país no está necesariamente atrasado porque esté conformado por «habitantes güevones», lo está por muchos problemas estructurales producto de malas decisiones que se han tomado a través de la historia, por paradigmas culturales (que pueden ser causa o efecto de dichos problemas estructurales), por un mayor índice de corrupción, impunidad, baja productividad, atraso tecnológico, rezago educativo, la dependencia a los rescursos naturales como el petróleo. En resumen, se trata de un problema multidimensional que no puede reducirse al mito del mexicano durmiendo en un nopal.

    Es cierto que en México hay mucha gente mediocre, pero eso no es privativo de alguna clase social. Tan lo es el pobre que duerme en una hamaca, como lo es el junior que dilapida los recursos de su papá en fiestas, mujeres y drogas.

    Si bien, tenemos que considerar que el esfuerzo es una virtud muy importante si se quiere trascender en la vida, también tenemos que admitir que no es el único factor. En su libro «Outliers«, el sociólogo canadiense Malcolm Gladwell, pone entredicho el arquetipo del self made man estadounidense, el cual presupone que sólo con base en esfuerzo y tenacidad, los norteamericanos de éxito han construido su propia vida y han emergido desde abajo para crear un capital importante y sobre todo, un nombre.

    Si bien, una constante en la biografía de estos personajes es el esfuerzo (Bill Gates, Steve Jobs), a éste se tuvieron que sumar varios hechos circunstanciales para que lo pudieran lograr. Por ejemplo, los recursos que tuvieron a la mano (buena educación, personas clave que conocieron de forma fortuita). Incluso Bill Gates tuvo la fortuna de nacer en 1955, ni muy viejo para comenzar su vida productiva cuando las tecnologías de la información todavía no irrumpían, ni muy joven como para insertarse en la vida laboral cuando dichas tecnologías ya tenían la suficiente madurez. Curiosamente tanto él, como Steve Jobs, y demás entrepreneurs que construyeron las empresas de software más importantes tienen casi la misma edad. El timing fue importante.

    Bill Gates también tuvo la fortuna de asistir a Lakeside, una escuela privada en Seattle que tenía su propia computadora de nueva generación (cuando las demás escuelas, tenían ordenadores arcaicos de tarjetas donde era mucho más lento y difícil programar) donde pudo practicar por horas. Sin esa circunstancia, muy posiblemente no habríamos escuchado de Bill Gates.

    Ahora regreso a México. Muy posiblemente en casa de tus papás tienen o tuvieron una señora del aseo viviendo en tu casa como mínimo 5 días a la semana. Su vida consiste en estar en tu casa limpiando toda tu mugre durante 8 horas al día. Mientras tú tomas pastillas multivitanímicas para no dormirte mientras estás pegado a la pantalla, o mientras conduces para ir a visitar a un cliente porque sientes que no tienes la suficiente energía, una señora del aseo hace trabajo físico durante tu misma jornada laboral, cuando mínimo. Ella no tiene motivación alguna para «ascender» y trabaja porque tiene que hacerlo; su trabajo es monótono, rutinario, aburrido, y sobre todo es muy cansado. Te reto a que intentes hacer una jornada de limpieza en tu casa, lavando y trapeando todas las recámaras, cocines 3 veces y laves la ropa.

    ¿Quieres que sea sincero? Posiblemente muchos no podríamos ni física ni mentalmente con un trabajo así. Así que por el esfuerzo no va. Realmente, si hablamos de desgaste, una muchacha «sí le chinga».

    Si conversas con la muchacha, si analizas la ortografía y la redacción que ella tiene, y te platica de sus aspiraciones, verás que la diferencia entre ella y tú muy posiblemente no radique en la cantidad de esfuerzo invertido, sino tanto en las oportunidades como en los paradigmas que ella tiene debido a la educación que ha recibido y a los condicionamientos culturales propios de su clase social.

    Sí, me ha tocado ver a señoras del aseo flojas, pero igualmente me ha tocado ver a personas en una posición acomodada que son igual de flojas, y se permiten vivir en la opulencia. Naturalmente una persona floja tiene más posibilidades de descender en el escalafón social, mientras que una persona que se esfuerza tiene más posibilidades de ascender en él. Pero ahora vamos a ver estas dos gráficas:

    Esta tabla trata sobre la movilidad social en México:

    movsocial-1024x361

    Y estas dos, nos hablan de la movilidad social de nuestro país comparada con otros países:

    26a (1)

    26b

    Fuente: (Fundación ESRU)

    Empezaré explicando la primera: en los valores de la izquierda aparece el índice socioeconómico del hogar de origen de una persona (es decir, el hogar de sus padres) que está dividido en quintiles (que es la mejor manera que existe en la actualidad para explicar la desigualdad, por encima del tan usado coeficiente de GINI), y en los valores superiores aparece el índice socioeconómico actual de dichas personas.

    Tan sólo la mitad de la gente que se ubica en el nivel más bajo, logra subir a otro quintil y la mayoría sólo sube uno. De igual forma, los que crecen dentro del quintil superior (los más ricos), se mantienen ahí, y si caen, generalmente lo hacen sólo al quintil inmediato inferior. La movilidad social en nuestro país es baja, sobre todo cuando hablamos de los extremos: Los pobres no tienen los recursos suficientes para poder prosperar, mientras que varios de los más ricos lo siguen siendo porque parte nuestras élites se alimentan de condiciones monopólicas (tanto en el sector público como privado) más que de un entorno altamente competitivo. En cambio la clase media, que suele no tener tantos privilegios, pero a la vez tiene recursos suficientes como para competir, puede moverse de forma más fácil de un escalón a otro (aunque aún así, la movilidad sigue siendo rígida). Y sabe que si no quiere quedarse rezagada «le tiene que chingar».

    La segunda y tercera gráfica las coloqué para poner los resultados de la primera en contexto, donde se muestra que en México tenemos una menor movilidad social que en otros países donde más de la mitad logra dejar de pertenecer a la base de la pirámide social. Mientras que la mayoría de las élites en nuestro país conservan su posición (59%), en Estados Unidos menos de la mitad la conserva. El dinamismo empresarial y un mercado abierto hace que exista un gran número de actores que suben y bajan dentro de la pirámide social, mientras que los pobres al estar mejor preparados, tienen mayores posibilidades para ascender.

    Si los pobres, son pobres porque quieren ¿Por qué en algunos países tienen mayores posibilidades de ascender? Porque más bien se trata de un fenómeno estructural y multidimensional, y no se trata tanto de «cuanto le chingamos».

    Raúl Araiza asume que la mayoría de las personas ganan mucho menos que él porque no le chingan. Pero las estadísticas nos arrojan lo contrario, en México «se le chinga más» a la vez que se tienen menos posibilidades de ascender o descender en el escalafón social. Seguramente Raúl Araiza se ha esforzado para llegar a donde está, pero también seguramente tuvo circunstancias favorables a la mano, que muchos otros no tuvieron, y que aprovechó para lograr trascender (aunque tendríamos que referirnos al término económico, porque no creo que como actor, artista o conductor tenga algún talento relevante).

    Muchos siguen viendo el problema de la pobreza (o incluso suelen generalizar con aquellas personas que pertenecen a quintiles más bajos que el suyo) como algo relacionado con la flojera y no como consecuencia de los paradigmas (tanto de las personas bien acomodadas, como clasemedieros y pobres) y diversos problemas estructurales enraizados en nuestro país.

    No se trata de promover una lucha de clases, ni de satanizar a los ricos (que ciertamente crean empleos) ni glorificar a los pobres. Se trata de generar consciencia para tratar de resolver nuestros problemas con base en hechos y no con base en mitos o tabúes.

    Tenemos que pensar en mejorar la calidad de la educación de nuestro país, tenemos que pensar en acabar con los privilegios, los de la clase política (como el Partido Verde, gracias al cual Raúl Araiza ha ganado dinero por el concepto de spots ilegales), los de los monopolios privados (como los de la Televisa que también le da chamba), y los públicos (Pemex, CFE y esos que tanto alaban los de la izquierda nacionalista mexicana) para después pensar sí, en una división de clases (que naturalmente sería más tenue) basada más en el mérito y el esfuerzo, y menos en privilegios o paradigmas.

    Y no Araiza, no fueron los de «izquierda elevada» los que se molestaron, ni fueron tres idiotas. Fueron muchos, demasiados diría yo.

  • Andrea Legarreta y el dólar no es culpa de Peña

    Andrea Legarreta y el dólar no es culpa de Peña

    Me sorprendió un poco el ruido que generaron las «declaraciones», por llamarlo así, de Andrea Legarreta.

    Me sorprende, porque primero que nada, no sé que haría una persona con estudios universitarios cuando menos (que representa el grueso de las personas que utilizan las redes sociales) viendo ese programa.

    https://www.youtube.com/watch?v=a16sF1q9thg

    Me sorprende porque no debería de sorprender que Andrea Legarreta y Raúl Araiza hagan infomerciales a favor del Gobierno de Peña Nieto. Ya lo han hecho varias veces, y no sólo eso, también han hecho proselitismo a favor del Partido Verde. ¿O qué? ¿No recuerdas cuando ibas a ver alguna película el cine durante las campañas electorales de 2012 o 2015? ¿O no recuerdas los tweets que publicaron junto con muchas otras celebridades que debió merecer la pérdida del registro del partido al que apoyan?

    Legarreta y Araiza son artistas, no son analistas, no son economistas. Es completamente natural que no puedan expresarse bien cuando tratan de hablar de un tema que no dominan en lo absoluto. Ellos siguen un guión y tienen que hacerlo suyo, pero no entienden bien lo que dicen.

    Voy a ser franco y lo que voy a decir posiblemente va a molestar a más de uno. Lo que en realidad me viene importando un pepino:

    En lo realidad, parte de lo que dijeron Legarreta y Araiza es cierto (esto si quitamos el tufo oficialista y nos remitimos a los meros datos).

    Andrea Legarreta y el dólar no es culpa de Peña

    Si el Gobierno usa este tipo de estrategias para tratar de engañarnos y para meternos cierta idea en nuestra cabeza, no es como que cuando les asista la verdad vayan a prescindir de este tipo de recursos, al contrario. Mucha gente cree que la «devaluación» (porque hablamos más bien de una depreciación y es importante entender la diferencia) es culpa de Peña Nieto y su Gobierno. Lo relacionan con las devaluaciones del 82 y del 94. Una diferencia importante es que en ese entonces, el Gobierno «devaluaba» la moneda. Ahora, el valor del peso está sujeto a los vaivenes del mercado.

    De hecho, como comenté hace unos días, son varias las monedas las que se han depreciado. No soy economista, pero allá afuera en Internet hay muchas fuentes que puedes consultar para entender por qué el peso sufrió una depreciación. En resumen:

    • La FED sube sus tasas de interés
    • La economía de China
    • La caída de los precios del crudo (en parte porque han levantado sanciones a Irán)

    Y te preguntarás por qué a pesar de todo no hay crisis. Ciertamente, no es una buena temporada para comprar productos en Amazon ni para adquirir el nuevo iPhone, pero la inflación (que en este caso, sería sintomática de una crisis provocada por una devaluación) se mantiene estable. La mayoría de los productos mantienen sus precios, y las familias casi no han visto reducir su poder adquisitivo. De hecho, los problemas económicos que pueda tener México en la actualidad, algunos sí, derivados de la corrupción de este Gobierno que hace que los inversionistas se la piensen dos veces antes de invertir en nuestro país, junto con reformas fiscales que han estancado nuestra economía.

    Y tal vez podrías argumentarme, que si tuviéramos una economía más fuerte, el peso no se devaluaría tanto. Pero este fenómeno como tal no es culpa del Gobierno.

    Técnicamente lo que dicen Legarreta y Araiza es cierto, claro, agregando claro, algunos apuntes triunfalistas para ensalzar a este Gobierno: -Quesque la gasolina y la luz bajó. Naturalmente un argumento pierde peso cuando quienes lo emiten no dominan el tema y sólo improvisan siguiendo un guión, como ocurre en el caso de estos actores. Pero basta ver la opinión de gente experta en la materia (muchos de ellos, duros críticos de este Gobierno) para darse cuenta que no están tan alejados de la realidad.

    El gobierno de Peña Nieto tiene muchos defectos, y en este blog he hecho sobradas críticas sobre ellos. Pero en el caso de la depreciación del peso frente al dólar, no, no es culpa de Peña, y sí se explica más por medio de fenómenos exógenos como los que ya he mencionado.

    Más que el dólar, me preocupa más que veas ese programa por las mañanas.

  • Ser capitalista y socialista al mismo tiempo

    Ser capitalista y socialista al mismo tiempo

    El capitalismo y el socialismo han sido los eternos rivales dentro de la teoría económica desde hace algunos siglos, y su eterna enemistad se hizo más patente al entrar en el terreno de lo político durante la Guerra Fría con la vertiente más extrema del socialismo. Se consideran opuestas porque uno defiende la libertad económica sobre la igualdad y otro hace lo contrario.

    Ser capitalista y socialista al mismo tiempo

    Los términos se han ido moldeando con el tiempo. Por ejemplo, no es lo mismo un socialista soviético de mediados del siglo pasado a un socialista europeo de nuestros tiempos, pero en realidad la esencia se mantiene intacta. El capitalismo pugna por la libertad económica, y el socialismo busca crear un mundo más igual y más justo.

    Entonces pensé. ¿Por qué capitalismo y socialismo deben de ser enemigos eternos?

    Si partimos de esos valores esenciales, posiblemente podamos encontrar un punto de inflexión donde ambas corrientes puedan coincidir. Muchas de las políticas socialistas han quedado en descrédito, pero no así su esencia. No porque el comunismo soviético y el chavismo hayan mostrado su inviabilidad significa que aspirar a un mundo más justo y humano sea inviable.

    Para tener un mundo más justo, donde la pobreza extrema pueda pasar a la historia, necesitamos no solamente redistribuir mejor la riqueza, tenemos que crear más riqueza. La historia nos ha enseñado que esta sólo se puede crear a través de la innovación y el desarrollo tecnológico, y también nos ha mostrado que la competencia entre empresas privadas ha sido el modelo más eficiente para hacerlo. Eso sí, sin ignorar el papel que puede tener el Estado en la investigación básica y como agente que pueda crear sinergia con las empresas e instituciones académicas.

    De hecho, a pesar de muchas inconformidades y a pesar de los defectos del sistema económico que prevalece, erradicar la pobreza extrema es una posibilidad y muy posiblemente vivas para contarlo. Y uno de los agentes importantes en esa lucha (porque es quien genera la mayor parte del dinero que se dona o se recauda vía impuestos para la campaña de United Nations Millennium Development Goals, que lidera estos esfuerzos) es la propiedad privada.

    Entonces, desde un punto de vista social, la competencia entre empresas privadas no es algo totalmente indeseable.

    Las empresas, en tanto tienen la capacidad de crear riqueza, de alguna forma colaboran para el bienestar de los habitantes de nuestro planeta. Naturalmente no pueden ser los únicos agentes: Los gobiernos y las instituciones no gubernamentales deben de jugar un papel muy activo.

    Por su parte, los gobiernos pueden implementar mecanismos de redistribución que no desincentiven la competitividad en el terreno privado, llegando un punto en que sea posible crear un ambiente propicio para la innovación y al mismo tiempo que los ciudadanos tengan garantizada una base sobre la cual partir, de tal forma que gobierno e iniciativa privada no se estorben entre sí, sino que se complementen.

    Por ejemplo, un gobierno que pueda garantizar la salud y educación a sus gobernados, crea las condiciones para que la iniciativa privada pueda contar con mano de obra calificada, o bien, que dichas condiciones fomenten la innovación y el desarrollo de empresas por parte de nuevos emprendedores (así fomentando la creación de nuevas empresas en vez de que el capital se concentre en un pequeño conglomerado privado). Un gobierno, proveyendo educación y una mejor salud, con la iniciativa privada que crea empleos, pueden dar mayor posibilidad para que los pobres aspiren a una mayor movilidad social. De tal forma que las generaciones subsecuentes tengan un rol importante en la sociedad y no se queden rezagados.

    En este escenario es donde el capitalismo y el socialismo pueden encontrar su punto de inflexión, donde la iniciativa privada cree la riqueza, y el gobierno se encargue de crear mecanismos para que más personas puedan aspirar a ella. En vez de redistribuir ésta directamente, los impuestos se deben utilizar para que una mayor parte de la población tenga más oportunidades.

    Así podríamos aspirar a vivir en un mundo donde puedan coexistir el emprendurismo y la justicia social.

    Y no hay que olvidar como es que las nuevas tecnologías cambian la dinámica la economía y la política. Ahora los ciudadanos podemos tener un poco más injerencia en el terreno de lo público y lo político gracias a Internet y las redes sociales. Del mismo modo tenemos mayor capacidad de «regular» a las empresas sin el brazo interventor del Estado al denunciar sus malas prácticas que pueden orillarlas a dejar sus nocivas prácticas a un lado al poner su prestigio en entredicho.

    Pero para llegar a ello tenemos que acabar con los dogmas. Tenemos que aceptar que las políticas socialistas tradicionales que pugnan por un Estado fuerte han fracasado no sólo una, sino varias veces. Y por otro lado también debemos de aceptar que el mercado no puede hacer la tarea sólo y que el progreso nunca podrá ser producto de la simplista proposición de «desaparecer al Estado».

  • México es un delicioso pastel que pueden comerse unos pocos

    México es un delicioso pastel que pueden comerse unos pocos

    Cada cierto tiempo en México algunos medios y opinólogos nos alertan sobre el peligro del populismo. Lo hacen incesantemente. El primer nombre que viene a la cabeza es el de López Obrador, y tal vez en mucho menor medida, el de «El Bronco».

    México es un delicioso pastel que pueden comerse unos pocos

    Existen videos realizados por estos medios que explican las características del populista, y de alguna forma aciertan en su crítica. Su discurso es maniqueo, dividen al país entre el pueblo bueno el cual siempre tiene la razón (y con tener la razón me refiero a que cómo el líder no se equivoca, y el pueblo cree ciegamente en él, entonces el pueblo no se equivoca) y los bandidos, los empresarios, los imperialistas, la mafia en el poder.

    Pero quienes hacen esas críticas suelen olvidar una cosa: Las causas por las cuales surge el populista.

    En realidad no es que las olviden, es que muchas veces son parte del problema y prefieren ignorarlas. Una televisora coludida con el gobierno puede hablar en su noticiero sobre como México podría desmoronarse si «el populista» llega al poder, cuando en realidad esa dinámica donde dicha empresa recibe favores del gobierno a cambio de concesiones, está destruyendo el país.

    Ni la Venezuela antes de Chávez, ni la Cuba antes de Castro, ni la Bolivia antes de Evo eran ejemplos de democracias funcionales. En realidad eran países muy injustos donde algunos pocos capitalistas estaban coludidos con el aparato gubernamental, lo que se traduce en mayores beneficios para ellos en perjuicio de la población, se enriquecen a costa de los demás y generan un país más desigual. Es decir, un juego de suma cero, cuando en un mercado libre, el juego no es de suma cero, sino que ambos ganan.

    Y ese es el estado actual de México. El México de hoy se parece mucho a la «Venezuela antes de Chávez».

    A la fecha, empresas como Televisa siguen ejerciendo poder sobre la clase política para beneficiarse. A la fecha, a las empresas que crecieron al cobijo del gobierno no se les ha hecho participar en un esquema de libre mercado. Las élites son las mismas, no cambian, y eso es sintomático de la concentración de poder en la parte más alta de la pirámide.

    No es casualidad que en México existan 50 millones de pobres coexistiendo con algunos de los empresarios más ricos del planeta.

    Es fácil para demagogos como López Obrador etiquetar a esa clase beneficiada como la «mafia en el poder». De hecho dicha etiqueta no es del todo errónea, porque es un pequeño grupo que posee la mayor parte del poder del país, como si se tratara, sí, de una pequeña mafia.

    El problema está en que personas como AMLO usan dicha circunstancia para crear un discurso maniqueo de buenos contra malos y erigirse como líderes espirituales; peor aún, aseguran que el culpable es el mercado, el neoliberalismo; y entonces pugnan por una mayor intervención del Estado en la economía y en la vida cotidiana. Pero en realidad es todo lo contrario. A esa dicha concentración de poder se les debería de quitar los privilegios que tienen con el gobierno y hacerlos competir justamente en un mercado libre, donde sea la calidad de los productos y servicios, y no de las relaciones que tienen con el Presidente, o con los diputados que ellos mismos han colocado en las cámaras (telebancada), los que determinen su éxito.

    En realidad, una mayor intervención del Estado propiciará a la larga la aparición de más «Televisas» y «Carlos Slim». Democracias disfuncionales e inequitativa como las de México y Rusia han sido antecedidas por una fuerte intervención del Estado en la economía. Ahora tanto México como Rusia presumen de tener magnates poco innovadores y sí muy hábiles políticamente para saber jugar con la ley a su antojo.

    Entonces para evitar la llegada de un «populista» como muchos temen, primero se debería modificar este orden donde unos pocos concentran la riqueza del país por su cercanía con el poder. Si no se hace, será cuestión de tiempo para que uno arribe al poder.

    Los partidos políticos no tienen intención alguna de hacer algo. México es un delicioso pastel que pueden comerse unos pocos, y los partidos entonces prefieren comer un pedazo grande en vez de crear las condiciones para que toda la población pueda aspirar a comer una rebanada del pastel.

    Al final tenemos un país muy dividido donde algunos de los políticos prefieren alinearse con «la mafia» mientras otros se preocupan más por alinearse al demagogo, sin que queden muchos que puedan, desde un postura objetiva, luchar por un México más justo por medio de un Estado de derecho que funcione para todos y no líderes demagogos que la violen porque la consideran injusta, en vez de legislar para hacer reformas a ésta y exigir su cumplimiento.

    Dentro de ese punto medio y objetivo podemos vislumbrar a algunos académicos, intelectuales u opinólogos, pero los políticos ubicados ahí son muy escasos.

    Entonces llegamos a la conclusión de que antes de alertar sobre los populistas, deberíamos alertar sobre lo que ya está pasando y arreglarlo. Porque de lo contrario no tendremos siquiera la autoridad moral de emitir dichas alertas.

  • Así que esperas el Buen Fin ansioso, entonces primero deberías leer esto

    Así que esperas el Buen Fin ansioso, entonces primero deberías leer esto

    Amigo, te voy a contar como son las cosas para ponerte en contexto.

    Las empresas son creadas para generar dinero. Si tú abres un negocio propio, lo haces pensando en el dinero. Sí, tal vez pienses que lo haces porque quieres trascender y sentirte feliz haciendo lo que te gusta, pero sabes que si no te genera billetes, lo dejarás de hacer, porque necesitas esos billetes para vivir ¿no?

    Bueno, entonces las empresas grandes donde compras productos y servicios buscan ganar una utilidad cuando te ofrecen su producto por medio de un intercambio. Tú y yo sabemos que si actuáramos por medio de la razón, seríamos más inteligentes a la hora de hacer las compras, pero lo que las empresas quieren es que gastes y gastes más. Por más compulsivo seas a la hora de comprar, mejor cliente eres para determinada empresa.

    Así que esperas el Buen Fin ansioso, deberías primero leer esto

    Vamos entendiendo como va la cosa. Bueno, para explicarlo mejor, las empresas contratan gente especializada para hacer que pagues más y más por lo que sea: Mercadólogos, psicólogos y hasta antropólogos. Por ejemplo, las tiendas de supermercado están distribuidas de tal forma que aumente la posibilidad de que gastes el mayor dinero posible. Los productos básicos (carne, leche) están hasta al final para que recorras el mayor número de anaqueles y compres cualquier chuchería que te encuentres. Las revistas y los cigarros se colocan en la caja, porque mientras esperas a ser atendido puede que te llame la portada del TvNotas y compres la revista. Básicamente eres una ratón de laboratorio de Skinner al cual le dan incentivos para que compre.

    Es más, ¿Te has preguntado por qué los cines casi siempre están en el último piso del centro comercial? Bueno, creo que con lo que te conté, ya lo puedes deducir.

    Entonces entendemos que a cualquier persona o empresa con fines de lucro que quiere venderte algo no le interesa que seas un consumidor racional y realices compras inteligentes. Puede que a los seminaristas de finanzas personales les interese, pero al final del día también usan este tipo de artimañas para venderte sus cursos:

    Asiste al seminario «Cómo ser un consumidor inteligente». Si compras tu boleto antes del 10 de Marzo, sólo te costará $999,90. Después de esa fecha, el costo será de $1099.90 ¡Aprovecha y aprende a usar tu dinero! ¡Hazlo por ti y tu familia, no les falles!

    El Buen Fin lo ha promovido el Gobierno con el argumento de fortalecer el mercado interno incitando a la gente a comprar y así poner una mayor cantidad de dinero en circulación. En realidad es una estupidez.

    Las empresas no te van a regalar nada, y si pareciera que lo hacen, es porque van a obtener algo a cambio que al final se traduzca en una mayor utilidad para ellos. Si las empresas bajan los precios de un producto, se debe a la competencia (buscan una ecuación donde les compren más que a los competidores bajando el precio sólo lo necesario), porque quieren deshacerse de inventario, o porque quieren crear lealtad (te venden un producto a un precio más bajo, esperando que consumas posteriormente en el mismo lugar).

    Las empresas no van a bajar los precios nada más porque sí, no te van a regalar nada ¿O tú le regalarías algo algún desconocido sin ninguna razón?

    Y como se promueve el Buen Fin como, valga la redundancia, un fin de semana de descuentos, entonces las empresas solamente te van a ofrecer descuentos si obtienen algo a cambio (deshacerse de inventario, generar lealtad, vender a un costo más bajo para ganar por volumen), o bien, van a hacer como que bajan los precios. Es decir, los días previos subirán el precio de algún determinado producto (de lo que naturalmente no te vas a dar cuenta) para luego «bajarlo» al precio normal.

    Buen Fin, consumismo

    Si bien te puedes encontrar algunos descuentos reales, los que valen la pena serán pocos. Si de verdad quieres aprovechar el Buen Fin, deberías haber planeado con días (o semanas) de antelación tus compras, comparando precios en varios establecimientos y analizando su comportamiento hasta llegados los días de las ofertas para dar con precios reales. Pero eso nadie lo hace.

    Como la gente es irracional (y eso, los expertos que diseñan las estrategias de precios lo saben) entonces las tiendas hacen como que ponen todo en promoción. El consumidor promedio entra a las tiendas y ve cualquier cantidad de etiquetas ofreciendo descuentos. entonces asume que todo tiene descuento, y por lo tanto cree que sería estúpido desaprovechar el Buen Fin. Pero en realidad la mayoría de esos descuentos no son reales.

    A todo esto hay que sumarle que nuestro mercado no es muy dinámico y está más monopolizado que el de Estados Unidos. Eso explica en parte que en el Black Friday sea más fácil encontrar descuentos que valgan la pena que en el Buen Fin.

    Y las empresas saben que los consumidores pueden comprar cualquier chuchería que «tiene promoción» nada más porque tiene promoción.

    Y los que dicen que aprovecharon los descuentos pueden llegar a endeudarse por pagar esas mensualidades «facilitas» que les ofrecieron, o pueden gastar todo su aguinaldo que su empleador le adelantó para llegar a navidad sin un clavo. ¡Pero tenía descuento!

    Lo curioso es que cuando es «Buen Fin» no puedo salir a la calle porque el tráfico es insoportable, algunos incluso se muestran torpes al conducir por la ansiedad de llegar al establecimiento para encontrar promociones, que según ellos, nunca se repetirán.

    Las empresas en realidad no tienen la culpa (aunque a veces algunas prácticas sí deberían ser sancionadas por las instituciones correspondientes), por naturaleza siempre buscarán ganar dinero. El problema es que los clientes no saben ser racionales al consumir, no piensan bien, no analizan. Porque el que piensa está en ventaja sobre el que no. Y en realidad no se trata de aprender bien las «artimañas» de las empresas, se trata de ser inteligentes al adquirir productos, se trata de comprar lo que se necesita y no por mero impulso.

    Así que si estás preparando tu billetera para el Buen Fin, piénsalo dos veces. No vaya a ser que en una de esas…

  • AEROAMLO, y el aeropuerto patito para volar a la Presidencia en 2018

    AEROAMLO, y el aeropuerto patito para volar a la Presidencia en 2018

    Dicen que la primera impresión jamás se olvida. Lo primero que ve un extranjero al llegar a un país es su aeropuerto, y el primer juicio que dicho extranjero hará de ese país tiene que ver con éste. Por eso es que en general los aeropuertos tienden a estar bien cuidados y uno se puede encontrar obras llamativas en un país que no ha alcanzado el desarrollo.

    Norman Foster

    El actual aeropuerto de México, además de estar saturado, está obsoleto. Es un vil parche, y a excepción de segunda terminal encargada al arquitecto Francisco Serrano que se ve bien a secas, la capital no puede presumir de un gran aeropuerto. No, no está a la altura siquiera de la Ciudad de México.

    La propuesta del Gobierno Federal para construir un nuevo aeropuerto en sensata y completamente lógica. Pagarle a Norman Foster (uno de los arquitectos más importantes del mundo, y por cierto, especialista en aeropuertos) quien con Fernando Romero, estará encargado del diseño del nuevo aeropuerto no es un contrasentido. México merece un aeropuerto que se encuentre a la altura.

    López Obrador no está de acuerdo y para eso pretende proponer una solución, que no es digna siquiera de un alumno de primaria.

    En un punto tiene razón, y tiene que ver con la corrupción. Seguramente con el nuevo aeropuerto, algunos funcionarios están sacando baba por la boca con el «negociazo» que van a hacer, y más en este gobierno de casas blancas y corrupción. Pero el problema no es el proyecto del aeropuerto, que puede tener sus defectos y críticas, sino que más bien que tanto opositores como ciudadanos deberíamos hacer un frente para vigilar que esta obra no sirva para que algunos funcionarios se jubilen con todas las comodidades que otorga el erario público.

    AEROAMLO, y el aeropuerto patito para volar a la Presidencia en 2018

    El proyecto de López Obrador es una burla a la inteligencia de los mexicanos.

    AMLO afirma que es un despropósito cerrar dos aeropuertos (el actual y el de Santa Lucía, que hasta la fecha sólo ha servido para propósitos militares) por interferencia en el espacio aéreo. Para eso, él y sus «expertos» proponen construir una nueva pista en el aeropuerto de Santa Lucía. De esa forma el actual AICM serviría sólo para viajes nacionales, y el de Santa Lucía para vuelos internacionales.

    ¿Saben que significa eso para los que no vivimos en el DF y tenemos que hacer escala en la ciudad, lo que ocurre muy seguido, o para los extranjeros que viajan a otra ciudad que no es el DF y no hay conexiones directas desde su ciudad de origen?

    Eso significa viajar 48 kilómetros de carretera de un punto a otro. Es decir, si hoy quiero ir de Guadalajara a Washington en Aeroméxico, hago escala en el DF donde tengo que esperar de dos a tres horas y de ahí viajo a la capital estadounidense (lo cual ya no es de lo más cómodo). Con la propuesta de AMLO tendría que llegar al aeropuerto actual y de ahí desplazarme 48 kilómetros (un viaje de una hora si bien me va), con lo cual pierdo mucho tiempo, dinero, y además termino más agotado.

    Eso incluso podría hacer desistir a algunos extranjeros de viajar a nuestro país. No quiero pensar el ridículo que haríamos cuando en el extranjero se enteren que «así son las cosas» para viajar.

    López Obrador naturalmente tiene el propósito de exponerse y hacer campaña rumbo al 2018. La propuesta está demasiado improvisada, no hay siquiera un estudio técnico detrás. Toda la propuesta (él afirma que se ahorrará el 70% del dinero) está hecha con base en suposiciones, porque un anteproyecto serio costaría millones de dólares (que sabemos no los tiene).

    Y si lo que se debería de proponer es evitar la corrupción dentro del nuevo aeropuerto, de una vez deberíamos proponer quitarle el registro a López Obrador para que no pueda participar en el 2018, porque lo que está haciendo, es una forma de corrupción.

     

  • Desmitificando el nacionalismo bananero pt 1: Las empresas mexicanas

    Desmitificando el nacionalismo bananero pt 1: Las empresas mexicanas

    A partir de hoy estaré escribiendo una serie de artículos que subiré a este sitio esporádicamente y donde intentaré desmitificar todas esas creencias nacionalistas absurdas que tenemos y que nos han tratado de repetir por generaciones dentro de nuestras cabezas. No, no haré lo que hacen sitios como el Mitófago donde solamente cambian la versión oficial por la versión de «la derecha»; y no hablaré necesariamente de historia, sino de creencias que llevamos a lo cotidiano, que tomamos como normales pero son absurdas.

    Desmitificando el nacionalismo bananero pt1: Las empresas mexicanas

    Hoy empezaré con el tema de las empresas mexicanas: Siento que los mexicanos somos aprehensivos con lo «nacional», es algo que no se nos debe de escapar de las manos. Por más mexicano sea algo más mexicano será, si alguien se envuelve en la bandera mexicana más mexicano es, como si importara más la forma que el fondo.

    La gente se sintió orgullosa porque supuestamente el novio de Emma Watson era mexicano. ¡Eso lo dice todo, carajo!

    Cuando se habla de empresas mexicanas salen muchas voces críticas (algunas críticas acertadas, otras absurdamente erróneas o sacadas de contexto): -Son monopolios, son corruptas, no generan competencia, son parte de «la mafia del poder». Pero cuando una de esas empresas es vendida a algún conglomerado extranjero los sastres se llenan de trabajo porque hay muchas vestiduras rasgadas. La venta de una empresa mexicana al extranjero es una derrota, una humillación, un gol de Landon Donovan en un Mundial.

    Pero las empresas son de sus accionistas, no de México.

    Los accionistas tienen todo el derecho a hacer lo que quieran con sus empresas. Las empresas la trabajaron ellos, no son una concesión del gobierno, no nos deben nada; por el contrario, han generado empleos y en la gran mayoría de los casos, después de que estas empresas pasaron a manos de extranjeros, esos empleos siguen ahí.

    Pero algunos insisten que con la venta de la Cervecería Moctezuma y la Corona a conglomerados extranjeros, hemos perdido algo de «nuestro México».

    Venden Corona al extranjero

    Vivimos en un mundo cada vez más globalizado, agentes extranjeros intervienen cada vez más en nuestra economía, no porque seamos necesariamente más débiles, sino porque los progresos tecnológicos y sociales fomentan esta dinámica. Esto no sólo pasa en México, en Estados Unidos pasa lo mismo.

    Para muestra basta un botón, o muchos: Me imagino que ustedes saben que Detroit es una ciudad decadente. Esto lo es porque esta ciudad dependía mucho de la industria automotriz. Muchos de los empleos que generaban en esa ciudad se fueron ¿Y a donde se fueron? En gran parte a nuestro país.

    O sea, empresas estadounidenses, con el fin de abaratar costos dejaron de dar empleos a su país para traerlos al nuestro. En México por menos que eso estarían solicitando la nacionalización de las empresas, dirían que vendieron su alma al diablo. Pero esto en realidad es un proceso natural. Los países en desarrollo pueden ofrecer mano de obra barata (otra cosa es que algunas de estas empresas abusen y contraten trabajadores en condiciones infrahumanas como China), conforme estos países crecen y el poder adquisitivo también, esa ventaja competitiva naturalmente se pierde, pero dado el crecimiento (con una sociedad más educada y con más capacidad de compra) entonces pueden aspirar a generar empleos más cualificados (en lugar de obreros que maquilen, se opta por ingenieros que tienen una mayor preparación).

    Y hablando de empresas que se venden, sucede lo contrario. Por ejemplo, Carlos Slim va a Estados Unidos y ya es el mayor accionista de The New York Times con el 16.8% de los papeles clase A. ¿Los gringos se rasgaron las vestiduras? No (bueno, tal vez Donald Trump si tenga posibilidades de pegar un grito). Por otro lado, Bimbo tiene una considerable participación de mercado en Estados Unidos, y Cemex es una de las cementeras más importantes de Europa.

    Y si Corona, nuestra cerveza emblemática ya no es «mexicana», la Budweiser, la cerveza más emblemática de Estados Unidos ¡ya no es gringa! La vendieron a un consorcio brasileño-belga.

    Ustedes saben que la India con Bollywood es la segunda meca del cine y ellos tienen una considerable influencia en Asia y Europa del Este sobre todo. Bueno, resulta que alumnos de Stanford le sugirieron a Alejandro Ramirez dueño de Cinépolis, que invirtiera en ese país porque a pesar de la importancia que tiene la industria cinematográfica en ese país, las salas no eran de la mejor calidad. Ahora si vas a India, te vas a topar con uno o varios Cinépolis, te vas a sentir casi como en casa. Los inconformes (muchos de izquierda y algunos conservadores colados) seguramente no conocen esta historia. Y menos saben que Cinépolis tiene presencia también en Turquía, Brasil, Colombia e incluso Estados Unidos – ¡Pero Corona es de México, no se la lleven!

    Cinépolis en la India

    Y menos conocen a los mexicanos que fabrican drones y los exportan. No conocen la historia de Jordi Muñoz y Guillermo Romero quienes sólo después de los chinos son quienes venden más drones para uso civil ¡En el mundo!

    En lugar de esperar que el gobierno venga y proteja a nuestras empresas (cosa que ya hizo con el modelo de sustitución de importaciones y salió mal), y peor aún, tachar de antinacionalistas a aquellos que decidan vender sus acciones al extranjero, se debería de promover más el emprendedurismo y la innovación en nuestro país. En vez de llorar porque la Corona se fue, deberíamos de enfocarnos en generar más empresarios mexicanos. En resumen: en vez de cerrar nuestros mercados deberíamos de abrir más nuestras mentes. En vez de rasgarnos nuestras vestiduras, deberíamos crear emprendedores que diseñen vestiduras que no se rompan.

    Es sentido común, pero nuestros traumas nacionalistas a veces nos nublan la mente.

    Esperen mi siguiente entrega.

  • Vivir sin capitalismo

    Vivir sin capitalismo

    Me despierto un lunes por la mañana para ir a una sesión del consejo de Mural (Grupo Reforma). Quienes somos parte de éste consejo, fuimos invitados por el Mural debido a que tenemos cierto perfil que les puede ayudar a mejorar la calidad de la información del periódico; es una relación de ganar ganar, porque ser parte del consejo de Mural es un prestigio (además del desayuno gratis) y tus sugerencias muchas veces se ven reflejadas en ese medio. Mural gana calidad y al mismo tiempo no tiene que invertir tanto dinero en hacer estudios de mercado, eso incide en las ventas del periódico.

    Vivir sin capitalismo

    Después tengo una cita con un amigo en Zapopan, el cual quiere crear un sitio en línea y para eso necesita un desarrollador web, o sea ¡yo! El me contrata y yo gano dinero (lo necesito para vivir decentemente), si le gusta mi proyecto me recomendará con otras personas, y si la calidad de mi trabajo es bueno, le ayudaré a satisfacer sus necesidades de una forma más óptima, lo cual a él también le genera dinero. Pero no sólo se trata del dinero porque la vida no es sólo dinero y no debería de serlo, yo al trabajar crezco profesionalmente lo cual me trae una satisfacción (lograr cosas, cumplir metas). Si el proyecto de mi amigo funciona, él se sentirá satisfecho consigo mismo. No es sólo cuestión de dinero, sino de autorrealización.

    La libertad económica (que en México es muy imperfecta) te permite realizar tu propio proyecto de vida mediante acuerdos que mantienes con terceras personas de tal forma que se teje una infinita red donde todos los puntos tienen cierta correlación. Somos un punto en un sistema que funciona de forma autónoma; si queremos satisfacer nuestras necesidades, tenemos que satisfacer las de los demás; si quiero un auto tengo que trabajar (satisfaciendo las necesidades de otros) para obtenerlo, al tiempo que el automóvil que deseo comprarme es fabricado por otras personas que tienen una motivación específica para ganar dinero y/o autorrealización personal.

    La dependencia del individuo con el Estado atrofia la capacidad de iniciativa del primero y le da más poder al segundo para que siga atrofiando más mentes.

    El sistema es imperfecto, pero es el que mejor funciona. El sistema en algunos casos puede necesitar algunas regulaciones (la ortodoxia económica muy posiblemente no sea el modelo óptimo), por ejemplo: yo pienso que el Estado debería de garantizar la salud, la educación, el agua y ciertos servicios básicos. También deberían existir mecanismos para evitar la creación de monopolios y fomentar la competitividad.  Pero el Estado sólo se debe de limitar a eso, a intervenir sólo en aquello en que el mercado no pudiera funcionar de forma óptima.

    Cuando el Estado interviene en lo que no debería de intervenir, las cosas se ponen mal. En Venezuela con el exceso de intervención estatal se ha lacerado el mecanismo que hace que las cosas funcionen. En ese país, quienes tienen trasplantes de órganos tienen que consumir medicamento para animales equivalentes porque hay escasez de medicinas. A pesar de que los Venezolanos han reducido sus niveles de desigualdad, lo han hecho empobreciendo a los ricos y no enriqueciendo a los pobres. Si un pobre tuviera educación, salud, y un mercado más abierto, tendría más posibilidades de escalar socialmente que si el Estado lo mantiene (con un beneficio e interés para éste último, porque los seres humanos nunca hacemos nada si no tenemos algún interés en ello) porque el Estado paternalista inhibe su capacidad para salir adelante.

    No, no estoy diciendo que los pobres son pobres porque quieren. México es un país desigual donde unos pocos ricos concentran casi todo y muchos tienen poco. Pero ¡adivina! La desigualdad no es producto del capitalismo, sino de la intervención del Estado en éste. Carlos Slim, Emilio Azcárraga y demás magnates no tendrían lo que tienen sin la complicidad del Estado. Televisa, por un ejemplo, fue creada por empresarios muy cercanos al Estado y como lo dijo Azcárraga Milmo, eran soldados del PRI. Gracias a esa complicidad se enriquecieron, tenían el monopolio de la información. Telmex de Carlos Slim, fue privatizada de una forma muy ineficiente, el monopolio público se convirtió en monopolio privado. Debido a las complicidades, quienes crecen en el mundo de dinero lo hacen por las «relaciones y palancas» y no por su capacidad de innovar. En México casi no hay empresas que hayan empezado en un garage y que se hayan beneficiado de la libertad económica para crecer y volverse pioneras en el país.

    Los taxis son otro claro ejemplo, el monopolio del taxi se mantuvo debido a que el mercado no tenía forma de ofrecer un servicio más eficiente. Pero gracias a los avances tecnológicos (las aplicaciones y smartphones), la iniciativa privada encontró una forma de satisfacer de una forma más eficiente las necesidades de un minoritario sector de éste mercado (quienes tienen tarjeta de débito o crédito, y un smartphone), y la resistencia del monopolio sólo ha logrado exhibir la pobredumbre (característica de los monopolios) en sus entrañas, sindicatos, mafias, grupos de interés.

    El capitalismo es dinámico y cambiante, nos obliga a adaptarnos y a actualizarnos. Si el Estado controlara la economía tendríamos que por principio, ser sumisos al Estado quien nos proveería de todos los recursos para sobrevivir, lo cual generaría un Estado autoritario gobernado por déspotas (casos en la actualidad hay muchos), el Estado controlaría nuestras vidas y nos diría como vivir (ahí está el caso de Corea del Norte, y de esas características fueron todos los gobiernos comunistas).

    Bien se le achaca al capitalismo su ineficiencia para crear un estado igualitario, y la acusación hasta cierta punto puede ser verdadera. Pero también es cierto que el mismo capitalismo puede también crear mecanismos para generar cierta justicia y ayudar a quienes se encuentran en situaciones más vulnerables. Las empresas sociales son un concepto relativamente nuevo, pero son una realidad y han estado creciendo en los últimos años; las empresas sociales son una forma en que las sociedades pueden autorregularse sin la necesidad de que un estado rector lo haga.

    Para contrarrestar la desigualdad en México no necesitamos más intervención estatal, por el contrario, necesitamos gente que crezca desde abajo, gente con ideas, que la moneda de cambio sea la innovación y no el compadrazgo con los gobernantes, que su objetivo sea someterse a las necesidades del mercado y no que sean «soldados del PRI, o de algún otro partido o gobierno, que la transferencia de conocimiento las impulse y no las licitaciones amañadas. El Estado puede colaborar por medio de una mejor educación y con un sistema de salud más sólido para tener una sociedad más sana, pero la iniciativa personal es la que debe de ser el motor para que una sociedad crezca.