Categoría: economía

  • Millonarios en México

    Millonarios en MéxicoNo entiendo esa obsesión por parte de nuestros connacionales de festejar y enorgullecerse de que en México tenemos al más rico del mundo, y que los que le siguen a Carlos Slim también aparecen en la lista de Forbes. En el top 50 México tiene varios millonetas que salen en la lista al igual que Rusia, ¿Por qué digo esto?, porque estos dos países comparten una trágica experiencia de apertura deficiente a un supuesto libre mercado donde la corrupción y los intereses florecieron, y en lugar de generar beneficios, la riqueza se concentró en unos pocos. Es cierto, existen varios estadounidenses en la lista, pero Estados Unidos es una potencia mundial con empresas altamente competitivas; pero también existen varios jeques árabes que se enriquecieron por el petroleo. Es decir, muchos de los millonarios que aparecen en esta lista, no lo son porque hayan creado una gran innovación, o porque el ofrecer productos de primera calidad haya hecho que sus empresas los hayan enriquecido.

    El problema es que el tener al millonario más grande del mundo en términos prácticos no es un beneficio para el país. Si bien Slim se ha molestado en llevar a cabo proyectos como la remodelación del Centro Histórico de la Ciudad de México, y Paseo de la Reforma de la misma ciudad, su «riqueza» en realidad su posición como millonario no marca una diferencia. Es cierto, Carlos Slim tiene varias empresas, genera muchos empleos, pero ante su ausencia, otras empresas posiblemente más eficientes generarían todavía más empleos y en un ambiente de perfecta competencia los precios serían más bajos. Entonces ¿Por qué estar orgullosos de Carlos Slim?. Nadie niega que tiene un gran olfato para los negocios, esa es una cualidad suya, pero muchos mexicanos lo «adoran» porque dicen, pone el nombre de México en alto.

    Me pregunto si ser el más rico del mundo pone el nombre de tu país en lo más alto, cuando su realidad no representa la del 99% de los mexicanos, y ni siquiera el representa el «buen ejemplo» de como hacerse rico en base a innovación y esfuerzo (haciendo hincapié en la primera palabra). En Estados Unidos se podían sentir orgullosos porque la aparición de nombres como Rockefeller, o Bill Gates representaban el progreso económico del país (aunque en los últimos años esto también empieza ponerse en tela de juicio, con los especuladores), pero Carlos Slim no representa progreso alguno, más bien representa todo lo contrario, como las instituciones favorecen a algunos pocos en perjuicio de la mayoría. Como la gente privilegiada no paga impuestos, mientras que a los pequeños empresarios, quienes son los que mantienen a este país son asediados constantemente por Hacienda, buscándoles el más mínimo centavo.

    Dirán algunos que soy un envidioso. Y en realidad no, porque la riqueza de Carlos Slim sería demasiado para mí. Sabemos que más que riqueza, lo que en realidad buscan gente como Slim, Azcárraga o Salinas Pliego es poder, eso es su móvil, el dinero les sobra. El sentirse como reyes dentro de una monarquía de facto es lo que satisface su apetito, y buscan «colaborar con la sociedad» en su posición de reyes midas. Nos dan pequeñas migajas de su riqueza y poder para hacernos creer que están apoyándonos y quieren lo mejor para nosotros, quieren lo mejor para México, cuando en realidad quieren lo mejor para ellos. Ellos pueden vivir en un micromundo prácticamente fuera de las instituciones que nos regulan, porque tienen los recursos para hacerlo.

    ¿Ese es el tipo de millonarios que deberíamos admirar? ¿O más bien deberíamos a admirar a aquellos que acumulan fortunas por su inventiva, su innovación y su aportación económica real al país?

    Enorgullecerse de nuestros «curiosos» millonarios se me hace algo irrisorio, es como con al admirar al «Chicharito» ya todos los mexicanos nos convertiríamos en unos grandes futbolistas.

     

  • ¿6 millones de empleos?, la chocofantasía de López Obrador

    Andrés Manuel López ObradorEstados Unidos afirma, con todo y sus más de 300 millones de habitantes, que tiene buenas perspectivas y que se crearán 1.6 millones de empleos en su país. Obama es realista y eso es lo que se puede generar. En cambio, un candidato en México, llamado Andrés Manuel López Obrador en un acto claramente demagógico y populista que recuerda a su acérrimo rival Vicente Fox (con eso del 7% de crecimiento y la resolución del conflicto de Chiapas en 15 minutos) nos dice que en el primer año generará 6 millones de empleos, cifra curiosamente muy cercana a los 7 millones de «ninis» que tiene nuestro país. Es decir, en un año se acabarán todos los ninis y todo mundo tendrá empleo, pero ¿de dónde van a salir?

    ¿Del sector privado? Para esto necesitaríamos que se crearan, digamos 500,000 negocios nuevos rentables (asumiendo que en promedio cada empresa genere algo así como 20 empleos directos), ¿Se podría?. Podríamos traer inversión extranjera, pero el «Presidente del Empleo», Felipe Calderón, en sus 5 años donde fue a las convenciones internacionales a rogarles a las transnacionales que invirtieran en nuestro país, no generó prácticamente nada de empleo y no se que tan animadas estén a venir con un país que parece zona de guerra. Así que con el sector privado no podríamos contar mucho.

    ¿Con el sector público? Tendríamos que burocratizar demasiado el aparato gubernamental, crear demasiadas secretarías que no sirvan de nada pero que mantengan a los empleados con los impuestos, o bien, tendríamos que invertir demasiado dinero en infraestructura para generar esos empleos aunque en muchos casos serían temporales, y para generar 6 millones de empleos, el gasto sería tan grande que nuestro país quedaría endeudado. ¿entonces, dónde está la fórmula mágica?, yo no la veo.

    El «rayito de esperanza» tendrá una tarea titánica si quiere llegar al poder, el mismo dijo en una entrevista con Carmen Aristegui que era una persona congruente y cumplía con todo lo que decía. Aunque en realidad en su gestión en México D.F. ni de lejos creó muchos empleos y quedó con alguna cifra parecida a la que arrojó la presidencia de Vicente Fox. Viendo todo esto, yo creo que a López Obrador no le conviene llegar a la presidencia porque así la historia lo juzgará mejor, como un «luchador social» como un Zapata moderno. Si llega y trata de generar esos seis millones de empleos a la mala estamos fritos.

    Igual me estoy equivocando, y de no ganar, posiblemente Sarkozy, Merkel, y Rajoy llamarían a López Obrador para ayudarles a acabar con el paro que existe en Italia, España y Grecia. De esa forma, el candidato del amor llevaría cupidos con flechas que lleven pegado un contrato laboral para así acabar con la crisis en Europa. ¿O qué, no creen que sería buena opción?

     

  • Ni estado ni mercado, empresas sociales una buena alternativa

    Empresas SocialesLo hemos visto, la economía neoliberal no ha cumplido con sus promesas, hablaron de libre competencia y crecimiento económico, y ahora vemos una concentración de poder en unas cuantas empresas que por medio de lobbying (o cabildeo) tienen la posibilidad de coaccionar a los gobiernos para implementar agendas que obedecen a sus intereses y no a los de toda la sociedad; en cuanto al crecimiento económico desde la aplicación de las medidas neoliberales este ha bajado, incluso nos decían que sin la intervención estatal en la economía las crisis económicas simplemente no existirían, en los últimos años hemos llegado a la conclusión de que esto es una falacia.

    Por otro lado podríamos pensar en el estado como una respuesta, quienes se encargarían de redistribuir la riqueza y encargarse de la «justicia social», pero el estado al ser un organismo altamente centralizado, con una alta concentración de poder, muchas veces se presta para fomentar la corrupción dentro de sus dependencias, y la asistencia social o mecanismos distributivos que buscan implementar, en ocasiones están condicionadas a generar una dependencia entre el individuo y el estado. Claro que esto es más notable en algunos países que en otros donde existe una cultura política más avanzada (como el estado de bienestar de los países nórdicos que logran cumplir con su función).

    Entonces ante un mercado que responde a las necesidades de las corporaciones,  donde los ciudadanos obtienen una ínfima ganancia por medio de lo que los mismos neoliberales llaman «el goteo» y ante un estado altamente burocratizado donde en muchas ocasiones se inhibe la productividad y los mecanismos distributivos más que paliar la pobreza generan una dependencia donde los ciudadanos en situaciones más vulnerables (y haciendo énfasis en los que están en una edad productiva) donde estos dependen del gobierno para sobrevivir, por lo cual se convierten en capital político para los partidos, quienes son utilizados como acarreados, se debe de pensar en una alternativa, ¿cuál es?

    Si existe, y estas son las empresass sociales, entidades relativamente nuevas que cumplen tanto con las funciones del mercado que son generar riqueza, empleos; y también cumplen con lo que el estado debería hacer, que es distribuir la riqueza. Estas empresas forman parte del mercado, es cierto, porque para su subsistencia deben de entrar en la dinámica del mercado; pero su finalidad no es solo «generar ganancias para sus accionistas» como dijera el monetario Milton Friedman, sino que una de las razones de su existencia es el apoyo a diversos sectores de la sociedad.

    Muchos dirán que ya existen las «empresas socialmente responsables», pero independientemente de que su filantropía ayude realmente o no a la sociedad no es lo que los mueve a ser empresas; más bien es una forma de legitimarse ante una sociedad que percibe con más frecuencia a las corporacione como máquinas de hacer dinero e incitar al consumo; es más bien una estrategia mercadológica para dar un rostro «más humano» a las empresas; pero su móvil no es la filantropía, es la obtención de máximas ganancias para los accionistas. En cambio las empresas sociales tienen como uno de sus fundamentos el tener una causa social, sin ella no tendrían razón de ser, porque si bien los accionistas obtendrán ganancias, también parte de estas irán destinadas a causas sociales. A diferencia de las empresas comerciales, esta modalidad sí representa un sacrificio real en lo económico porque mientras toda la filantropía de las primeras es deducible de impuestos, las empresas sociales destinan ganancias reales a causas sociales.

    Ahora haciendo la comparación con el papel del estado. La ventaja de las empresas sociales es que son organismos descentralizados, y que no se alimentan de los impuestos de los ciudadanos que en muchas ocasiones se malversan y van a parar a otros rubros que no tienen que ver con la mejora de la sociedad (pagos onerosos a funcionarios públicos, campañas electorales). Los recursos se obtendrán por medio de la innovación y el esfuerzo de los que integran este tipo de empresas, y estas se encargarán de buscar sectores a los cuales se puedan apoyar. Es decir, estas empresas reunen lo mejor tanto del sector privado como del público. Porque no fomentan la concentración del poder de capitales como ocurre en el sistema neoliberal, y además están obligados a obtener los recursos por medio del esfuerzo y el emprendurismo, y no de los impuestos del los ciudadanos.

    En Zapopan, por medio del gobierno se está fomentando este tipo de proyectos por medio de la campaña Incuba, donde a las personas que están dispuestas a emprender una empresa social son capacitadas para que puedan hacerlo. Cabe mencionar que estas empresas no adquieren de ninguna manera algún compromiso con el gobierno, y al arrancar se convierten en empresas totalmente independientes.

    Esta puede ser una muy buena solución para los activistas que además de buscar un cambio por la sociedad, también pueden tener generar ingresos propios o incluso financiar las actividades de las organizaciones civiles en caso de que este tipo de empresas sea creada por una OSC.

  • Neoliberalismo, Patria o Muerte

    Una plática entre unos economistas y políticos estadounidenses de la Reserva Federal quienes tienen también cargos en el FMI, estas personas están preocupadas porque la sociedad mexicana no está contenta con el andar su economía y porque dicen que las políticas neoliberales no han logrado incrementar la riqueza del país y en los últimos años ha aumentado el número de pobres a pesar de que el Presidente Felipe Calderón ha recibido reconocimientos por el «excelente manejo de la macroeconomía» y por ser el «lider del mundo global». Los economistas estadounidenses tienen una solución para el problema que atraviea el país mexicano. Wikileaks encontró una conversación entre dos economistas de muy alto rango, con mucho poder y afiliados al Partido Republicano, el título del cable de Wikileaks se llama «Neoliberalismo, Patria o Muerte».

    John Grasper: Oye, tenemos un problema, los mexicanos nos están reclamando; dicen que con los préstamos no han solucionado sus asuntos de la pobreza, tienen 50 millones de pobres.

    Kevin Heartless: ¿De qué se quejan los cabrones?, sus índices macroeconómicos están muy bien, tienen poca inflación, no se cuantas reservas, el peso no está muy devaluado. ¿Pues que quieren o que?

    John Grasper: Dicen que el problema es como ellos le llaman, el libertinaje de mercado. Que los empleos se han vuelto más precarios, que cada vez hay más pobres. Y todo eso después de ese paquete que el FMI les entregó. Dicen que el mercado no está funcionando como debería, no se está produciendo la «competencia perfecta» que nosotros los promotores del libre mercado dijimos que iba a ocurrir.

    Kevin Heartless: ¿Sábes lo que recomendamos acá en mi rancho en Texas? Que cuando no funciona bien el mercado, hay que aplicar más mercado. ¿Qué queda allá por privatizar?

    John Grasper: Muy poco en realidad, solo tienen dos empresas paraestatales, Pemex, y la Comisión Federal de Electricidad. Ya todo está en manos de empresarios mexicanos y algunos de nuestro país como Banamex que ahora es nuestro, jajajjajajaj

    Kevin Heartless: Mira, para el caso de Pemex pues mi amigo Dick Cheney y Haliburton están interesadísimos en comprarla. Sería una ganga, si sumamos a los pozos petroleros de Irak de la guerra esta que hicimos más lo de Pemex imagínate, y claro Haliburton tiene que quedarse con la mayoría de las acciones, si nó imagínate, estaríamos promoviendo esa palabra que ambos odiamos llamada «socialismo».

    John Grasper: Pero toma en cuena una cosa, si les quitamos Pemex a los mexicanos tendrían mucho menos recursos y el país se vendría abajo.

    Kevin Heartless: A ver, no te me «estalinices», así le vamos a hacer, les quitamos Pemex, no les decimos a la sociedad mexicana que les quitaremos Pemex, sino que se trata de una modernización, que se escuche así muy bonito, «futuro», «progreso». Entonces cuando nos quedemos con Pemex, el gobierno tendrá que subirle los impuestos a las clases medias. No se, el IVA al 25% y el ISR al 50%, por ahí.

    John Grasper: ¿Y que pasará con los millonarios?

    Kevin Heartless: Pues nada, acuérdate que ellos generan empleos y se «esforzaron mucho». Ellos no deben de pagar nada porque si el gobierno los aprieta imagínate, dejan de generar empleos. Además ellos hacen negocios con nosotros. Ah recuerdo, no, mejor hay que decirles que el IVA al 35% y el ISR al 70% porque si aprobamos la Ley SOPA, muchos negocios que tienen software pirata van a quebrar, entonces habrá que apretar más a los que si cumplen con las normas.

    John Grasper: Pero entonces esas empresas van a quebrar

    Kevin Heartless: Yo sé, pero como a Carlos Slim, a Salinas Pliego, a Azcárraga y a todos esos amigos nuestros no les vamos a apretar, entonces ellos se encargarán de toda la economía y los microempresarios pasarán a ser sus empleados, y los empleados de los microempresarios pues terminarán en la calle. Si es cierto, habrá más pobres, pero también habrán más ricos que es el indicador del progreso.

    John Grasper: Y mira que inteligente eres, porque haciendo todo esto, su macroeconomía seguirá estando de lujo y no nos podrán reclamar. Si habrá millones de pobres, desintegración social, epidemias. Pero no habrán devaluaciones, el PIB se mantendrá (porque pasará a ser de nuestros amigos mexicanos), todo muy bien, serán aplaudidos por el FMI, el Banco Mundial, la OCDE no se porque son medio especialitos. Pero en general a todos estos ricachones mexicanos los invitamos a Davos para que nos expliquen su éxito.

    Kevin Heartless: Ah claro, y si funciona lo aplicamos a toda Latinoamérica. Y mira en el caso de que las cosas salgan mal en México y se endeuden por gastos irresponsables, pues les compramos no se, Baja California Norte (imagínate, Rosarito nuestro), algún pedazo de Sonora o qué se yo.

    John Grasper: Y si aumenta demasiado el número de pobres, hacemos la segunda versión de Rápido y Furioso para darle al narco más armas; y como los pobres se volverían narquillos, en uno o dos años morirían y listo, limpieza social. Haríamos algo así como cuando nuestros antepasados colonizaron norteamérica, acabaron con todos los indios. Acá sería más discreto y más bien ellos se autodestruirían, nosotros solo les daríamos las herramientas.

    Kevin Heartless: Otra cosa, como no van a tener liquidez fuera gastos innecesarios, adios Seguro Popular, y el programa Oportunidades, nada de programas comunistoides. Este Felipe Calderón parecía ser nuestro cachorro y de pronto sale con sus tonterías marxistas. Salud para quien lo pueda pagar. Educación para quien la pueda pagar. Si estás jodido te aguantas, así es la vida, es la lucha de los fuertes contra los débiles. ¿Acaso tenemos que ayudar a los débiles?. Para eso nos inventamos este sistema neoliberal tan chingón. Nosotros nos hacemos ricos, y ellos se joden, pero les damos reconocimientos por sus «buenos manejos en la macroeconomía» y al Secretario de Hacienda, ese que se parece a Mr Bean, Ernesto Cordero le damos un buen puesto en la FMI, ¿cual propones?.

    John Grasper: De intendente de limpieza, y le vamos a pagar muy bien, el equivalente a $6,000 pesitos mensuales, así se puede pagar la universidad privada de sus hijos, tener crédito para casa y un carro. ¿Entonces qué?

    Kevin Heartless: Deja arreglo todo para la operación, armamos un fraude electoral para que gane Peña Nieto en el 2012 y el se encargará de pasar todos estos planes. Lo malo es que su hija no podrá criticar a la prole, porque pues ya no habrá prole, esta estará muerta.

  • Manipulación mediática / Libertad de elegir

    La frase «Libertad de Elegir» fue muy usada por el economista neoliberal Milton Friedman, incluso publicó un libro con ese nombre. El aseguraba que sin la intromisión del estado en la economía y con los mercados libres, los seres humanos tendríamos la libertad de elegir, que productos o servicios queremos comprar porque al no haber dicha intervención estatal, pues seríamos completamente libres. La política neoliberal, muy criticada en los últimos años, bien, nunca ha sido implementada al 100% en ningún país, porque se trata de una utopía. Algo así como una especie de anarquía (sobre todo en índole económico), a la cual se le suma un estado de derecho controlado por el gobierno (ese sería prácticamente uno de sus pocos papeles dentro de esta economía); en realidad el neoliberalismo, tal como se concibió en las universidades, en las aulas, es una utopía inalcanzable, algo así como el comunismo, que a pesar de estos dos parecen ideologías extremas entre sí, sus fines, en realidad, bajo una percepción teórica, no parecen ser tan diferentes.

    La libertad de elección es uno de los puntos que se deben de poner dentro de esta discusión, porque hay que preguntarnos si los humanos somos completamente libres de elegir, o bien si se trata de una libertad limitada o condicionada por algunos factores externos. Una libertad «real» de elegir en mi punto de vista es aquel donde el humano consume de una forma racional, es decir, evalúa racionalmente el producto o servicio sobre los demás y lo adquiere porque es el que satisfacerá mejor sus necesidades. Pero en realidad los humanos que viven dentro de una sociedad de consumo no siempre tienen esa libertad real, porque no siempre están capacitados para ejercerla. Esto debido muchas veces a la falta de criterio propio, o bien, al entorno que busca modificar sus patrones de conducta que le señala que producto le es conveniente comprar y cual no. La publicidad (sobre todo la que carece de ética) busca privar de esa «libertad real» a los consumidores, al inducirles a comprar cierto producto. Esto aprovechando las necesidades e impulsos instintivos del ser humano que pueden ser orientados hacia un fin buscado por un tercero.

    A diferencia de una sociedad comunista totalitaria, en una sociedad occidental. Una persona tiene la capacidad de evadir aquellos influjos que buscan moldear su pensamiento, no será llevada a campos de concentración, ni juzgada ni asesinada; en el peor de los escenarios quedaría «fuera del sistema». Pero también es cierto que los métodos publicitarios más agresivos no solo se parecen a la propaganda comunista en su forma y en el fondo, sino que la publicidad actual está muy influenciada de los métodos de manipulación mediática que han existido en regímenes totalitarios, tales como los comunistas, fascistas o nazis (los publicistas deben de considerar a Goebbels como uno de sus mentores). La única diferencia entre la propaganda y la publicidad es que la propaganda son aquellos esfuerzos dirigidos a promover una idea o ideología, a un político, una religión; y la publicidad está dirigida a promover un producto o servicio. Si ignoráramos esa sutil diferencia, propaganda y publicidad serían sinónimos.

    Y no es que la publicidad sea mala per sé. Para una empresa es importante que su mercado potencial conozca su producto, el que una empresa busque posicionar una marca, mediante un slogan, un logotipo, busque segmentar su mercado y ofrecer un producto atractivo que satisfaga las necesidades del cliente, no es algo perjudicial en lo absoluto. El problema es el uso poco ético que muchas veces se le da a la publicidad, y es cierto que en una sociedad de consumo, donde la competencia se vuelve tan feroz, muchas empresas recurren a tipos de publicidad poco éticas y enajenantes con tal de sobrevivir. Como esto sucede, y este tipo de publicidad se vuelve tan cotidiano que ya lo asumimos como normal, entonces estamos expuestos a varios influjos que buscan moldear nuestros patrones de conducta con el objetivo de que compremos sus productos.

    El ser humano es una persona consumidora por naturaleza, necesita del consumo para satisfacer sus necesidades. Pero la diferencia del consumo con el consumismo, es que el primero es un acto totalmente racional y libre, y el segundo no lo es. Es un acto condicionado, porque en realidad el humano no está actuando con el pleno uso de su libertad, porque dentro de un acto consumista, entran otros elementos como lo es la ansiedad provocada deliberadamente para comprar dicho producto (si no compro este producto, no soy parte de este círculo social, o no reflejaré esto o aquello). Este círculo vicioso del consumismo hace que el ser humano tenga como última finalidad el «tener» y no el «ser» y ni siquiera el «hacer». El hedonismo y el materialismo son antivalores que han existido a través de la historia, pero un modelo económico que fomenta (aunque sea indirectamente) el consumismo (sobre el consumo), los agranda, les da más importancia de la que tiene y más personas los adoptan como modelo de vida.

    Más que hombres libres, tenemos entonces hombres programados que buscan solo en el consumismo, satisfacer sus necesidades, de reconocimiento, status y autorrealización. El problema en sí no es el que se fabriquen iPhones, Xbox, o ropa de marca. Muchos de esos productos tienen un uso realmente útil para el ser humano. Una persona puede ver en un Blackberry o un iPhone una forma de poder mejorar su productividad al estar en contacto a cualquier hora con sus clientes, o bien, poder estar en contacto permanente con sus amigos mediante las redes sociales, o hasta tener acceso a Internet para leer las últimas noticias en lugares donde antes no podía hacerlo. Eso es un simple aprovechamiento de las nuevas tecnologías para realizar actividades y satisfacer necesidades de una forma más eficiente. El problema es cuando se induce a las personas a comprarlas en una posición consumista y no consumidora. Cuando esos productos son un fin, y no son lo que realmente deben de ser, un medio; cuando se cree que los productos dan valor a la persona, como si sin ellos, esta perdiera su valor y se denigrara ante la sociedad, entonces estamos hablando del consumismo.

    Es cierto, podemos escapar de ese círculo vicioso. Pero se necesita de tener un amplio criterio, y de tener fuerza de voluntad para no caer en los impulsos externos; y lamentablemente no todos lo tienen. Para ejemplificar la fuerza de manipulación que puede tener una campaña publicitaria sobre una sociedad que se considera, vive bajo un régimen democrático, haré una comparación. El primer video es de unas niñas llorando inconsolablemente por no haber alcanzado boletos para ver a su ídolo musical Justin Bieber y otro donde los norcoreanos lloran la muerte de su «querido lider» Kim-Jong-il. Aquí lanzo la pregunta, ¿en realidad somos libres para elegir?.

    Video de niñas llorando por boletos de Justin Bieber.

    Norcoreanos llorando la muerte de Kim Jong-il.

  • Consumir, consumir y consumir

    Mi padre me regaló de navidad un iPhone, ya mi celular anterior estaba viejito (ni siquiera era un smartphone) y tenía muchos problemas al recibir mensajes. En realidad no estaba muy dispuesto a «estar a la moda» con uno de los teléfonos más solicitados en el mercado, pero ya que me lo regalan, lo mejor que puedo hacer es aprovecharlo, y hacer toda la tramitología que se requiere, ir al Telcel a mover mi número de mi antiguo Nokia al iPhone, pagar como 100 pesos por la tarjeta SIM, luego llegar a mi casa y restaurar todo el sistema (porque como antes lo usaba mi papá, ya estaba lleno de muchas cosas que no) etc. Y digo, para mí es fácil, porque yo seguiré con mi plan amigo, y no necesitaré endeudarme para estar a «la moda», pero me pregunto, ¿cuánta gente si lo hacen con tal de sentirse parte de un grupo, de algo o de alguien?.

    Para que el sistema neoliberal funcione (al menos en teoría), la gente debe de consumir, consumir y consumir. Para los economistas que forman parte de la tecnocracia neoliberal, una persona es como un «objeto que produce y consume«, porque de esta forma se puede evaluar con las estadísticas que tanto les encantan. Lo que no pueden medir estos tipos, es el impacto social (además del cultural y ambiental) de un modelo económico que basa en el consumo su existencia. Debido a las presiones del mercado por esta dinámica, las empresas nos contratan a nosotros los mercadólogos para buscar convertir los deseos de la gente en necesidades. Nuestra actividad no es perjudicial cuando analizamos un mercado, buscamos cuales de esos son clientes potenciales y le ofrecemos el producto que ellos están buscando (darle a la gente lo que necesita), pero a veces podemos ser maquiavélicos cuando buscamos modificar los patrones de conducta de las personas para incitarlas a consumir (decirles que necesitan), algunas veces con engaños (a veces tan simulados que pasan por una actividad normal, y otras veces tan descarados que es ya necesaria la intervención de las autoridades).

    A veces la dinámica consumista es tan fuerte, que crea modelos de conducta en los humanos que los hacen depender de los objetos materiales, ya no tanto para satisfacer sus necesidades, sino para modificar su sentido de pertenencia y de filiación con ciertos sectores sociales. Naturalmente como el humano tiene una tendencia a querer más y más (eso lo sabemos muy bien los mercadólogos) lo aprovechamos para orientar esa tendencia humana hacia la compra de productos; entonces si el consumidor no tiene la capacidad para comprar cierto producto, se frustra, y ahí entra la necesidad de endeudarse, uno de los motivos que a la larga ha deteriorado al mismo sistema económico.

    Este problema no es percibido por un economista, porque no se percibe en el crecimiento del Producto Interno Bruto de un país, o en el Coeficiente de Gini, o en cualquier metodología para evaluar los índices microeconómicos o macroeconómicos de un país. Esto lo perciben ya no los sociólogos, sino los psicólogos y psiquiatras que cada vez reciben a mas pacientes deprimidos porque la dinámica de mercado (quiero aspirar, por lo que tanto tengo que comprar, lo que me causa una frustración, la cual solo podría resolver con el endeudamiento, que a la larga también me causa una frustración) muchas veces socava la integridad no solo mental, sino física de las personas. Lo peor de todo, es que cuando el individuo logra tener su producto, al cabo de un tiempo se acostumbra a él, y ya no satisface la necesidad que si logró al momento de su compra, por lo cual el individuo entra en un círculo vicioso.

    Erich Fromm, cuando el capitalismo no era tan «salvaje» como lo es ahora; decía que los humanos entrábamos en esta dinámica del tener, como si fuéramos engranajes que alimentan al sistema; y que esta dinámica era tan fuerte que los que la promovían no dejaban de ser víctimas de ella. Ahora el ser humano es valorado por los bienes materiales que tiene y por su posición social (dada mayoritariamente por la acumulación de riquezas), ya no es valorado por el ser, ni por sus aportaciones a la sociedad. Una persona que vive en una mansión en uno de los suburbios más prestigiados de Estados Unidos «vale más» que un científico que ha aportado avances en la sociedad, o más que un pensador, o un maestro, o un doctor que se «rompe la madre a diario» para salvar vidas.

    Esta dinámica del consumo, nos está alejando cada vez de nuestra esencia humana, y nos ha orillado hacia un mecanismo de supervivencia. El hombre, independientemente de su posición social, debe de «sobrevivir» de acuerdo a su modus vivendi, cualquier descenso en el escalafón social implica una degradación como persona (recalcando que importa más el tener que el ser). El hombre «moderno» no puede desapegarse de sus bienes materiales, porque son los que lo determinan. El prestigio, el éxito, son dados por la cantidad de bienes materiales que posea. Si tengo muchos bienes, entonces he sido una persona exitosa en la vida, de lo contrario no.

    Somos de cierta forma esclavos del consumo. Nadie nos obliga a hacerlo, como si estuviéramos en una sociedad totalitaria, pero si decidimos no hacerlo, podríamos estar fuera del sistema.

  • El Tecnócrata

    En medio de la crisis europea, me llama sobremanera la atención la forma en que buscan sacar a países como Grecia e Italia de la crisis. Decidieron hacer algo que para mí no es muy democrático, porque con presiones de la Unión Europea y quien sabe que poderes fácticos que están inmiscuídos ahí, hicieron renunciar a sus principales mandatarios, a Silvio Berlusconi de Italia y a Yorgos Papandreu e impusieron a Mario Monti y Lucas Papademos, quienes tienen algo en común, haber trabajado para el banco de inversiones estadounidense Goldman Sachs, que al parecer tiene mucha influencia sobre la Unión Europea. Es cierto que las crisis desatadas en ambos países vienen provocados por gobiernos irresponsables, sobre todo en el caso de Grecia quien les ofrecía a sus habitantes un estilo de vida «artificial» que tarde o temprano tenían que pagar, esto aunado a unas olimpiadas que albergaron en el 2004 que los dejó muy endeudados, aunque algunos presumen que las propias instituciones financieras, entre ellas la misma Goldman Sachs tuvieron alguna responsabilidad en la profundidad de la crisis.

    Ambos mandatarios (que durarán el resto del mandato que les dejó sus antecesores) son tecnócratas. ¿Qué es un tecnócrata?. El término tecnocracia significa «el gobierno de los técnicos», es decir, un tecnócrata busca soluciones técnicas sobre cualquier ideología, o asunto social (aunque en realidad sabemos que los tecnócratas de hoy son neoliberales). Los tecnócratas de hoy son nada más que economistas que, puede ser cierto, son muy hábiles en su campo, que interpretan la situación de una nación en base a gráficas, estadísticas, números, tendencias. Pero a la vez así como brillan en este sector, cuando entramos a terrenos sociales, son unos completos «ignorantes» del tema. Es decir, la especialidad de los tecnócratas está en lo meramente cuantitativo, pero ignoran la parte cualitativa, son incapaces de salir de sus oficinas y conocer el mundo real. No se inmutan si ven en la calle a niños muriendo en completa desnutrición, pero si les llama la atención que las tasas de interés suban o que el PIB no tenga un buen crecimiento.

    Para los tecnócratas solo somos un número y lo que a ellos les importa son que los números sean positivos, que pueden ser indicadores de un crecimiento económico, pero ellos desconocen las implicaciones sociales que pueda tener por ejemplo un sistema económico o alguna decisión económica en el terreno social. Ellos solo buscan que sus «gráficas y tendencias vayan a la alza», y nos presentan como resultados de su gestión, esas gráficas. Aunque en la práctica no sintamos una congruencia entre los que vivimos como ciudadanos y lo que dichas estadísticas dicen.

    Me preocupa por eso que un tecnócrata tome un puesto presidencial o en el caso de Europa, de primer ministro. Porque son tecnócratas, no son políticos en realidad, son técnicos, y en un mandatario se esperaría que tuviera una visión amplia de la sociedad que esté gobernando, y no uno que esté encasillado y cerrado en manejar números. Tal vez un tecnócrata estaría bien para una secretaría de economía o en Hacienda, pero no para estar al frente de una nación. Un ejemplo de tecnócrata es Ernesto Cordero. No dudo que tenga capacidades en economía (a pesar de su desliz de los $6,000 pesos), pero no lo veo enfrentando otros temas que no tengan que ver con la economía, ¿Cómo le hará con los asuntos de la  sociedad?, ¿Cómo le hará para ejercer ese liderazgo que se necesita en un político y no tiene? ¿Cómo le hará en cuestiones de diplomacia? ¿Cómo le hará para atender a los marginados y a las comunidades indígenas?.

    Aristóteles decía que la democracia era una depravación de la timocracia, pues, la tecnocracia es una degeneración de la democracia, donde un todo se reduce a puras cuestiones técnicas.

  • La pobreza y la desigualdad, he ahí la sutil diferencia.

    Yo me pongo a pensar, como es que con tantos avances tecnológicos, biológicos entre un largo etcétera, creemos que la pobreza no ha disminuído, y aún, que la mayoría de las personas en este mundo son pobres. Haciendo una reflexión, llego a la conclusión de que la pobreza es un término en realidad relativo y no absoluto, un término que a través de los años cambia, cambian los parámetros para definir quien es un pobre y quien no lo es, y esos parámetros son determinados más por la desigualdad social, que la pobreza per sé.

    No sé, imagínense a un emperador romano, en su época se consideraba que era una persona rica y abundante, que concentraba las riquezas mientras el pueblo no tenía que comer. Pero si a ese emperador, lo traemos a la época actual, no podríamos considerarlo tan rico y abundante. Imaginemos que traemos al emperador Nerón, o a César Augusto, a quien ustedes decidan, por medio de una máquina del tiempo al mundo actual, y junto con él, traemos su bienes y sus riquezas. Para determinar en que nivel socioeconómico estaría en la actualidad, le aplicaremos un test, y utilizaré el del AMAI, quien es el que determina dichos niveles en México. Iré a la fortaleza de César Augusto y le realizaré las preguntas de dicho cuestionario.

    1. ¿Cual es el total de cuartos, piezas o habitaciones que incluye en su hogar?. Si algo no cambia a través del tiempo, es el tamaño de las propiedades, de hecho en los últimos tiempos se han reducido debido a la escasez de espacio en las urbes. Por eso le daremos la respuesta más alta. César Augusto tiene 7 o más habitaciones
    2. ¿Cuántos baños completos con regadera y W.C. tiene su hogar?. En la épocas romanas, se edificaron baños públicos y termas, en ellas habían baños al vapor, piscinas y no contaban con regadera, y el inodoro como lo conocemos se creó hasta 1597. Pasaremos por buenos estos detalles y entonces determinamos que César Augusto tiene un baño.
    3. ¿En su hogar cuenta con regadera funcionando en los baños? No existían.
    4. ¿Cuantos focos tiene su hogar? En la Roma antigua no existían focos, bien se usaban velas para iluminar los recintos. Pero la AMAI no las contempla como focos, así que determinamos que César Augusto no tiene focos.
    5. ¿Su hogar es de tierra, cemento, u otro tipo de suelo? Los palacios romanos tenían piso.
    6. ¿Cuantos automóviles tienen? En Roma no existían, ninguno.
    7. ¿Cuántas televisiones a color tiene su hogar? Tampoco existían.
    8. ¿Cuantas computadoras personales tiene su hogar? Si las TV no existían, estas menos.
    9. ¿Cuenta con estufa de gas o eléctrica? No existían
    10. ¿Tomando en cuenta el que aporta más ingresos al hogar, cual fue el su último grado de estudios? Si analizamos como era el estudio en Roma (y disculpen por traer un artículo de Wikipedia). Por lo que se les enseñaba a las personas en Roma, vendría a ser algo como lo equivalente a la secundaria.

    Ahora que ya tenemos todas las preguntas contestadas, haremos la suma total, que nos da un valor de 60. César Augusto viviría en el sector socioeconómico más pobre en el México actual que es el E. Y esto se reafirma si tomamos en cuenta que en la Roma antigua no se tenía ni siquiera un servicio médico de la calidad del Seguro Popular, porque los avances médicos eran muy precarios y muchas veces se recurría a ritos como la Alquimia. Tampoco tenían teléfono, ni correo, ni nada por el estilo. La única diferencia a favor del emperador con un mexicano de la pobreza extrema sería el tamaño de sus propiedades o tal vez la comida, en abundancia, pero probablemente no en calidad, por las condiciones higiénicas.

    Así, tal vez en unos 500 años. Una persona que tenga automóvil (o su equivalente, y puede que vuele), Internet, o juegos de video, podria considerárse que vive en pobreza extrema.

    ¿Entonces porque consideramos a los pobres, muy pobres, si tenían un estilo de vida parecido a la de un emperador romano?. Porque usamos como parámetro la desigualdad. Es decir, siempre los que estén abajo del escalafón socioeconómico serán pobres, jodidos o como les quieran llamar. Si combatimos la pobreza y no la desigualdad, seguirán existiendo pobres, porque al aumentar la riqueza en un todo, el concepto de pobre va a cambiar.

    Es la desigualdad, estúpido!!!