Autor: Cerebro

  • El jersey y las fosas

    El jersey y las fosas

    El jersey y las fosas

    En Internet se creó un debate a partir del trato que los medios le dieron al tema del jersey de Tom Brady robado por Mauricio Ortega, ex director del diario La Prensa, y al de las fosas encontradas en Veracruz y que contenían centenas de muertos (tal vez más). 

    Naturalmente, la nota de las fosas debe de ser la más preocupante (no es lo mismo la vida de más de 200 personas, muchas de ellas posiblemente inocentes, que un futbolista que sufrió un hurto), pero el tema del jersey robado no deja de ser importante lo que refleja. De hecho, a pesar de que se tratan de notas muy diferentes, comparten algunas causas en común: un país con un Estado de derecho demasiado lacerado, falta de valores y una profunda falta de respeto tanto a las leyes o normas como al prójimo (aún cuando la diferencia entre el hurto a Tom Brady y el asesinato de cientos de personas sea abismal).

    La nota de las fosas pasó relativamente inadvertida, no sólo en los medios tradicionales donde la libertad de expresión está cada vez más restringida, sino también en los medios digitales que son más libres y plurales. En el primer caso podríamos apostar que el gobierno pudo haber ejercido presión para difundir lo menos posible la nota; pero el segundo caso, donde si bien tocaron el tema no lo hicieron con tanto ahínco. es más difícil comprender.

    No sólo fueron los medios, también fue la sociedad que pareció tratar de no darle tanta relevancia al tema de las fosas. Pocos hicieron más preguntas y simplemente se limitaron a blasfemar al gobierno de Javier Duarte; porque no hubo manifestación alguna, ni siquiera recuerdo que se organizara una junta de firmas en change.org (el epítome del activismo de sofá).

    Podría pensar que se trata de cierta normalización de la violencia; donde las fosas, los muertos, los desaparecidos (a quienes prácticamente nunca se les hace justicia) se han vuelto parte de lo cotidiano, de las reglas y no de las excepciones. Los mexicanos somos una sociedad tan resiliente, capaz de adaptarse al entorno, que nos hemos adaptado al punto de dar por sentados estos actos inhumanos.

    En cambio, el jersey robado llamó la atención, en parte, porque la noticia llegó en un momento muy sensible, donde el Presidente de Estados Unidos nos acusa de enviar lo peor a su país, a los violadores, los secuestradores; y claro, porque se trata de uno de los jugadores más populares de toda la NFL.  

    Esta noticia ayudó a legitimar el discurso de Trump. Tom Brady, el quarterback de los Patriotas de Nueva Inglaterra, es amigo de Donald Trump, y Sean Spicer, el vocero de la Casa Blanca, no dejó de aprovechar la ocasión para burlarse del incidente. Pudo ser peor: afortunadamente para nosotros, Donald Trump está tan enfocado en el Obamacare (que no pudo tumbar por falta de votos) que no se molestó en aprovechar el incidente para impulsar la construcción del muro. 

    Que el director del diario La Prensa, uno de esos diarios pasquines del PRI, haya aprovechado el privilegio de entrar a los vestidores para robarse el Jersey de Tom Brady (lo cual no hizo en una sola ocasión), es algo que evidentemente, y más en el contexto actual, nos deja la cara roja de la vergüenza. El acto de una sola persona puede hacer mucho daño a la «marca-país». Llama la atención (lo cual responde a la pregunta de por qué sí encuentran un jersey y no a Javier Duarte) que si no fuera por el FBI quien inició la investigación, nada de esto se hubiera sabido y el «periodista» hubiera podido presumir el jersey enmarcado por el resto de sus días.

    Lo correcto es que Mauricio Ortega enfrente a la justicia, lo cual, evidentemente, no va a suceder. Pero lo que es peor, es que al parecer nadie va a enfrentar a la justicia por el tema de las fosas y los más de 250 muertos. Parece que a Tom Brady no le importó tanto el hurto, pero por otro lado, hablar de 250 muertos es hablar también de 250 o más familias mutiladas y laceradas. Posiblemente nunca se sepa que pasó ahí, si se trata del narcotráfico, o el propio gobierno de Javier Duarte haya tenido algo que ver. 

    Y aunque se trate de dos notas muy distintas, podemos fácilmente llegar a la conclusión de que un país con su tejido social en descomposición, con unas instituciones cada vez más corrompidas, puede explicar fácilmente por qué ocurrieron ambas. 

  • Querida Mars Aguirre, tú que has abandonado la prepa

    Querida Mars Aguirre, tú que has abandonado la prepa

    Querida Mars Aguirre, tú que has abandonado la prepa

    Observé detenidamente tu video, traté de comprenderte palabra por palabra; pero para serte sincero, me dejaste estupefacto. Una jovencita de 16 años grabando un video orgullosa porque decidió dejar la preparatoria no es algo que se vea seguido. ¿Qué habrán dicho tus padres al respecto?

    Intento ponerme en tu lugar, entiendo que el sistema educativo que tenemos está lejos de ser el óptimo, pero ¡no mames!

    Yo tengo prácticamente el doble de tu edad, digamos que he vivido el doble de lo que has vivido, y déjame decirte que no sabes a lo que te vas a enfrentar. La vida allá afuera es mucho más dura de lo que vives en un aula de clases.  En el aula vives protegida, los maestros tan sólo te piden una buena conducta y buenas calificaciones, te piden algo para lo que estás intelectualmente preparada para cumplir.

    Y créeme. Tuve compañeros en la prepa que solicitaron que les quitaran las matemáticas porque eran difíciles y porque no iban a estudiar carrera con matemáticas. Todos recuerdan esos episodios con vergüenza, porque se dieron cuenta que aunque no las hayan usado mucho,  su aprendizaje en matemáticas les ayudó mucho al desempeño de la mente (amén de la gran relevancia que tienen en esta sociedad de las tecnologías de la información). Igualmente, a pesar de que, insisto, el sistema educativo es paupérrimo y es muy mejorable, si decides salirte de la prepa vas a perder muchos conocimientos y habilidades que vas a necesitar. No es casualidad que la diferencia de ingresos entre quienes estudiaron hasta la secundaria, la preparatoria o la universidad, sea muy evidente.  

    Sacar para la papa allá afuera es otra cosa. Lidiar con clientes, lidiar con proveedores, lidiar con tu jefe, con tu mercado, es todo un arte, la escuela es un juego de niños comparado con lo que vas a vivir.

    Tus papás no van a estar ahí siempre para mantenerte, en cualquier momento se pueden ir, y si no estás preparada, vas a tener muchos problemas. Es fácil rebelarte cuando tienes casa, comida y hasta los domingos para el antro asegurados. No sólo es fácil, es hipócrita.

    Si tus papás están pagando tu escuela, es porque quieren que tengas un futuro. Las colegiaturas no son baratas, la UVM no es la preparatoria más barata del mundo. Tus papás tienen que trabajar y esforzarse para que tú puedas tener estudios, y lo menos que deberías hacer es cumplir con tus obligaciones.

    Dices que vas a dejar la escuela para seguir tus sueños, que, al parecer, por lo que veo en tu perfil, quieres ser videoblogger. Déjame decirte varias cosas al respecto.

    Primero, que puedes combinar tu sueño con la escuela. No creo que la escuela te absorba todo el día (tan solo asistes en las mañanas y haces tareas en las tardes), además tienes los fines de semana libres ¡Por favor! Conozco a amigos que se dedican a eso y lo pueden combinar fácilmente con su trabajo. Segundo, ¿crees que encontrar la fórmula como videoblogger, en un mercado que ya está muy saturado, es algo muy fácil? ¿Tienes un plan de acción?

    Si te gusta todo este tema. ¿Por qué no sigues estudiando y estudias una carrera de comunicación o alguna similar que te ayude a reforzar y darte conocimientos necesarios para que puedas llevar a cabo tu sueño de mejor forma? Incluso puede no ser una carrera universitaria como tal sino algún curso especializado. 

    Hablas del sistema opresor, del “sistema pendejo retrógrada” que todos te oprimen (vaya, ni el comunista más recalcitrante se expresa así), que nadie te deja seguir tus sueños, que se espera x o y de ti. Primero, los sistemas, todo eso que aquello te molesta, tienen un propósito, porque resulta que no “vives sola”, vives en una sociedad donde tienes que interactuar con los demás para sobrevivir.

    Resulta que el “sistema opresor” es producto de la sabiduría de muchos siglos, incluso hubo mucha sangre derramada para que al final, por más imperfecta que fuera, se buscara una forma de organización donde el individuo pueda desarrollarse y funcionar en una sociedad que necesita de la interacción humana, porque los humanos necesitamos organizarnos e interactuar para satisfacer nuestras necesidades.

    No, no es un sistema perfecto, tiene muchas deficiencias, pero tiene una función. Incluso muchos estudian posgrados para convertirse en expertos en el arte de arreglar seas deficiencias y hacer un sistema cada vez más justo.  Gracias a ese sistema no vives sola en una selva donde tienes que arriesgar tu vida para buscar comida. Tal vez ya no estarías aquí, o habrías caído presa por una tribu o algún régimen despótico que se aprovecha del vacío anarquista dejado por personas que piensan como tú.

    De hecho, nadie te dice, como afirmas, que te tienes que casar antes de luchar por tus sueños. Lo que se espera de ti es simplemente que estudies y concluyas esa etapa para desarrollarte mejor como profesionista, o hasta como comunicadora o videoblogger. Nadie te dice que no comiences tus sueños, puedes empezar a hacerlo mientras estudias, y hasta puedes, como te dije, usar los estudios universitarios para adquirir el conocimiento que te ayude a realizar tus sueños.

    Lo que más me preocupa es esa visión tan egoísta donde sólo tú importas, dices que vives para “satisfacerte a ti, porque naces solo y mueres solo”. No sólo estás equivocada porque no naciste sola, naciste del vientre de tu madre que te dio todos los cuidados mientras estuviste en su panza; y posiblemente no mueras sola (a menos que sigas con esa actitud) porque ahí estarán tus seres queridos en los últimos días.

    El ser humano es un animal social, el ser humano no se satisface sólo a sí mismo, también se organiza, teje relaciones y funciona en sociedad. Un ser humano íntegro aporta a la sociedad, se preocupa por sus semejantes. Es egoísta hablar de “servirte a ti” debido no sólo al hecho de que vives de tus padres, sino debido a las muchas interacciones humanas que no ves y que gracias a ellas tienes el nivel de vida que tienes, porque eres una privilegiada en un país con más de cincuenta millones de pobres.

    Jovencitas como tú hay muchas en este mundo donde parece que nos enseñan a buscar el placer y a evitar el dolor a toda costa (esa sí es una falla del sistema, para que veas), personas que al rehuir del dolor no se forman un carácter y terminan, en el mejor de los casos, en el anonimato y en la irrelevancia, y eso en el mejor de los casos ¿eso quieres?

    Apenas tienes 16 años. No, no eches tu vida a perder de una forma tan tonta. Agarra tu mochila, saca tus cuadernos y ponte a hacer la tarea porque no, no vas a dejar la prepa.

    https://www.youtube.com/watch?v=5j6RGitG0Vk

  • La familia, los amigos y la religión contra las dictaduras

    La familia, los amigos y la religión contra las dictaduras

    El discurso de la familia o la religión ha quedado confinada, sobre todo en los últimos años, a los círculos conservadores. Pero más allá de los argumentos que son criticados desde el liberalismo por atenerse más a una creencia religiosa que a la ciencia o la método empírico, estas instituciones, al dotarle de una identidad y un sentido de pertenencia al individuo, pueden formar un antídoto contra los regímenes totalitarios. ¿Cómo? Vamos a platicar de eso. 

    Empezaremos diciendo que existen dos tipos de dictaduras, las convencionales y las totalitarias.

    Las convencionales son aquellas donde el dictador aspira a tener todo el poder y el control político de una nación pero no intenta invadir la esfera privada de sus gobernados. Esto es el caso de dictaduras como la de Augusto Pinochet, el fascismo de Mussolini que no alcanzó el totalitarismo o la que ya está viviendo Venezuela. Es decir, mientras el individuo no se involucre en cuestiones políticas ni confronte a las autoridades, no correrá riesgo alguno y podrá llevar su vida normal.

    Las dictaduras totalitarias, por su parte, sí que invaden la esfera privada de los individuos. De hecho, esa intromisión en lo privado es lo que les da fuerza. De este modo, los individuos no sólo no deben confrontar al Estado, sino que deben «vivir la dictadura» y hacer que en mayor o menor medida, ésta esté presente en sus actividades diarias. El nazismo, el comunismo soviético o el de Corea del Norte son ejemplos de dictaduras totalitarias.

    Ahora, hablamos de que las dictaduras totalitarias tienen su fuerza en la invasión de lo privado. Pero ¿cómo lo logran? ¿Cómo convencer al pueblo para hacer que su vida gire en torno a una dictadura? El dictador totalitario no sólo tiene que acaparar todo el poder, tiene que lograr que el pueblo se adhiera al régimen.

    Para eso, como lo explica Hannah Arendt. primero tiene que fragmentar y atomizar a la sociedad. Algo que hicieron bien los nazis, y sobre todo, el régimen de Stalin. ¿Qué quiere decir esto? Que el movimiento totalitario que aspira al poder debe romper todos los lazos sociales que el individuo tiene para dejarlo solo, alienado y abandonado. En ese estado, el individuo estará urgido de buscar una entidad para poder saciar su necesidad de sentido de pertenencia; y qué más que el propio régimen totalitario que no sólo se presenta como la única alternativa, sino que por sus características puede satisfacer sus necesidades con creces.

    Así, el individuo, por medio de estrategias de terror y de propaganda llevadas a cabo por el régimen totalitario, no sólo es separado de todas aquellas agrupaciones que le daban un sentido de pertenencia, sino que es persuadido y convencido para unirse a las filas del régimen, que lo hará sentir tan parte de algo, que será capaz de cometer atrocidades con la finalidad de no perder ese sentido de pertenencia. Esa, y no sólo el mero acaparamiento del poder político, es la principal fuerza de los regímenes totalitarios.

    Los nazis supieron hacerlo muy bien, pero los comunistas lo hicieron mucho mejor, no solamente al suprimir las clases sociales so pretexto de la dictadura del proletariado, sino que se esforzaron en inmiscuirse en las familias de tal forma que la lealtad del individuo estuviera con el Estado y no con éstas. Como dice Arendt en su libro The Origins of Totalitarianism: los individuos que juegan Ajedrez y así pertenecen al grupo de «los que juegan ajedrez», entonces deben de ser desterrados de ese grupo porque les da un sentido de pertenencia, y sólo el Estado debe darles ese sentido de pertenencia para que estos individuos sean irracionalmente leales al régimen.

    Otra razón por la cual estos regímenes tomaron su fuerza, fue porque después de la Revolución Francesa, los derechos humanos que hasta ese entonces eran dados por la religión, pasaron a manos del Estado, para así perder su universalidad. Es decir, a pesar de que en las monarquías que antecedieron a la Revolución Francesa la condición era de una desigualdad y división de clases que el individuo no podía superar, la religión, sobre todo gracias a las aportaciones de filósofos como Santo Tomás de Aquino, consideraba a todos los humanos como dignos y valiosos independientemente de su raza, origen o posición social; visión que contrastaba con la de los regímenes totalitarios, donde por medio de una falsa interpretación de la ciencia y la historia, la raza o la adherencia a una nación determinaba la valía del ser humano.

    Con esto no intento negar las aportaciones de la Revolución Francesa a Occidente que rompieron un orden monárquico donde la posición social del individuo no estaba dada por el mérito ni por una condición de igualdad, sino por herencia y las costumbres. Pero esa característica, la secularización de los derechos humanos y la imposibilidad hasta ese entonces, de crear valores universales, ayudaron a que los regímenes totalitarios surgieran. Fue en gran parte debido a esto, que la ONU creó la Declaración Universal de Derechos Humanos tres años después de concluida la Segunda Guerra Mundial, para que la dignidad del individuo estuviera garantizada indistintamente de la nación a la que perteneciera. 

    Sin unos valores universales que le den dignidad al ser humano y con un individuo atomizado, alienado y con un entorno adverso (una crisis económica que antecedió) se entiende muy bien por qué estos regímenes totalitarios fueron tan exitosos. Entonces habrá que pensar qué es lo que se puede hacer para que este tipo de regímenes no vuelvan a surgir.

    Y aquí es donde tenemos que hablar de un sentido de pertenencia en un mundo donde son cada vez más los individuos que se sienten solos, que viven dentro de familias disfuncionales. Los demagogos (aunque no se trate de regímenes totalitarios o ni siquiera sean dictadores) se alimentan de este estado de las cosas. Así Donald Trump tiene gran parte de sus bases en la clase blanca trabajadora que ha visto sus empleos desaparecer, donde la tasa de divorcios es muy alta, al igual que el consumo de drogas.

    Por más sólidos sean los lazos que tienen los individuos, será más difícil atomizarlos y fragmentarlos. Incluso las habilidades interpersonales pueden jugar un papel importante para que el individuo tenga la capacidad de tejer redes humanas y se adhiera a organizaciones con las que tenga actividades o creencias en común. Las religiones tal vez no funcionen mucho para prevenir los regímenes autoritarios, pero sí lo pueden hacer con creces para prevenir los regímenes totalitarios que intentan implementar un sistema de valores nocivos basados en el odio y al desprecio al diferente porque las religiones son capaces de dar un sentido de identidad a sus miembros.

    No sólo es con decisiones geopolíticas como se puede prevenir el surgimiento y la expansión de los regímenes autoritarios, sino por medio decisiones y políticas públicas en el ámbito local inclusive. Pero no sólo es tarea del gobierno, sino de las instancias privadas, de las organizaciones civiles y de las propias familias que logren crear comunidades con tejidos sociales fuertes y con individuos más felices y realizados. Así, el líder autoritario verá imposible hacer de las suyas. 

  • La Salida de López Obrador. Reseña de quien podría ser nuestro presidente

    La Salida de López Obrador. Reseña de quien podría ser nuestro presidente

    La Salida de López Obrador. Reseña de quien podría ser nuestro presidente

    No sé si lo que leí es un libro, es mera propaganda política o es un evangelio. Sabemos que nada de lo que viene de López Obrador nos puede dejar indiferentes, y su libro «La Salida» (obra obligatoria para poder entender a este personaje en el contexto de las elecciones que vienen) no es la excepción.

    He leído a algunas personas como Genaro Lozano advertir una moderación en el discurso. Yo no veo mucho de eso, AMLO mantiene el discurso de los fraudes, de las élites de poder (aunque se abstenga de utilizar el término «mafia del poder» en este libro), y del neoliberalismo como el problema de todos los males. Lo único que podría advertir es que al menos ya hace una diferenciación entre los empresarios ricos que lo son gracias al producto de su esfuerzo, y entre aquellos que se corrompen al amparo del gobierno; y ciertamente también que habla un poco más (un poco, solamente un poco) de la importancia de la iniciativa privada y el sector de la sociedad civil.

    Digamos que este es el mismo López Obrador de siempre, con algunos leves cambios en la forma, pero con un fondo que se mantiene casi igual. Las ideas son básicamente las mismas, aunque ciertamente hubo quienes (no sé si haya sido Alfonso Romo) le ayudaron a aterrizar más sus ideas así como crear algunas propuestas nuevas que suenan un poco más sensatas que las de cajón.

    Pero para entender este libro hay que entender por dónde parte López Obrador, y tenemos que mencionar los dos argumentos a los cuales recurre constantemente.

    Primero, su diagnóstico. Él decía que antes de que se implementara lo que él llama el neoliberalismo (que yo lo traduciría a un corporativismo o capitalismo de cuates, de acuerdo a su interpretación) no había tanta corrupción, que la corrupción era solamente un conjunto de «prácticas aisladas e inconexas» (sí, incluso con Luis Echeverría y José López Portillo). Él afirma que todo se vino abajo con la adopción del «neoliberalismo» en 1982, porque dice, que los privados saquearon a la nación. Hace énfasis sobre todo en la forma en que se dieron las privatizaciones en tiempos de Salinas (que ciertamente distaron mucho de ser limpias).

    Con todos estos detalles y un diagnóstico que sugiere un regreso al pasado del PRI del régimen de sustitución de importaciones y del PRI del cual formó parte, varias de las críticas como tales (no todas) que López Obrador hace, y que son rotundamente ignoradas por los demás actores de clase política, pueden ser consideradas como válidas y nos pueden ayudar a entender un poco el panorama actual del país. No es una falsedad que el descrédito y los niveles de corrupción, los compadrazgos, y los pactos de impunidad hayan fortalecido el discurso de López Obrador. Ciertamente, algunos argumentos son algo tramposos, maniqueos, y los usa convenientemente para hacerse autopromoción, pero sabemos que el talón de aquiles de AMLO no es tanto el diagnóstico, sino las soluciones que propone. 

    Segundo, dice que habrá que acabar con la corrupción. López Obrador afirma que si él es honesto y no es corrupto, entonces logrará erradicar la corrupción:

    Estos comportamientos corruptos… se van a eliminar con relativa facilidad porque, entre otras cosas, el Presidente de la república no será parte de esos arreglos y se convertirá en el principal guardián del presupuesto. 

    Para López Obrador, el cambio parte necesariamente como un acto de voluntad del Presidente. En una concepción del gobierno como una estructura vertical y jerárquica (más típica del régimen priísta hegemónico en el mejor de los escenarios) donde el Presidente de la república tiene la última palabra, piensa que los cambios que México necesita no se lograrán gracias a la presión de las organizaciones civiles o una regeneración ciudadana (en el libro minimiza el esfuerzo de quienes impulsaron la Ley 3 de 3) ni a un esfuerzo en conjunto, sino por voluntad del Presidente cuyo acto hará que por consecuencia todos los demás «se motiven a cambiar». Los cambios sólo pueden venir «de arriba a abajo»:

    Pero luego viene un contrasentido, porque primero esboza un argumento que me recordó a la absurda respuesta que recibió León Krauze por parte de Enrique Peña Nieto (quien decía que la corrupción es cultural) pero a la inversa:

    Por ello digo que la honestidad es una virtud que forma parte del patrimonio moral del pueblo mexicano. 

    Y luego, páginas más adelante, afirma que todos esos actos de corrupción dentro de la base de la sociedad no importan tanto, tales como las mordidas al tránsito, los viene viene, los sobornos en las ventanillas, o el mal uso de espacios públicos en el comercio informal. Que lo que importa más es la corrupción que se lleva a cabo en las élites. Esos actos de «neoliberalismo».

    Su idea, típica de los demagogos, es que las élites son malas y el pueblo es bueno. Entonces el pueblo ya no tiene que cambiar, y esos «pequeñitos actos de corrupción» son irrelevantes dada la bondad del pueblo.

    Y cuando habla de élites, se refiere a aquellas que son producto del «neoliberalismo», a los arreglos público-privados. Pocas veces critica actos de corrupción dentro del gobierno donde no participa la iniciativa privada; apenas menciona el término «charros» (solo una vez), y casi todas las críticas al gobierno sólo tienen lugar de 1982 a la fecha. No critica a la CNTE, ni critica a los cotos de poder públicos más añejos, los de sus tiempos.

    A diferencia de otros libros que he leído de él, en éste explica sus propuestas de campaña de una forma más aterrizada (que no significa que estén bien diseñadas necesariamente) usa cifras, estadísticas, fuentes de instituciones como la OCDE. El problema es que muchos de estos datos o pronósticos parten de la idea de que logrará acabar completamente con la corrupción y que ya no habrá delincuencia de cuello blanco. Dando por sentado que ésto es prácticamente imposible de realizar en un sexenio, gran parte de sus propuestas y predicciones terminan diluyéndose.

    Hay algunas propuestas como la de recuperar el campo o la de apuntalar a las pequeñas y medianas empresas (esta última me pareció particularmente interesante) que tienen un planteamiento y que merecen analizarse. Pero hay muchas otras que sólo corresponden a un acto populista o demagogo. Por ejemplo, López Obrador dice que venderá toda la flotilla de aviones y helicópteros, y que se moverá por tierra o en vuelos comerciales, de lo cual no podemos dejar de advertir que eso no sólo podrá en mayor riesgo su integridad en un país infestado por el narco, sino que tendrá mucho menos flexibilidad para desplazarse (hasta Evo Morales se mueve en un avión privado). 

    De la misma forma, delinea argumentos de esos «que a todos les gusta oir». Dice que quitará los exámenes de ingreso a las universidades porque son injustos y garantizará el acceso a la universidad a todos. Pero no dice cómo es que lo va a lograr, y sólo recurre a su argumento de que al eliminar la corrupción, recortar sueldos y vender aviones habrá más dinero para hacer eso, para invertir en infraestructura, trenes rápidos, y demás. 

    A pesar de ser un texto que a excepción de las primeras páginas intenta no ser confrontativo y más bien conciliador, no puedo dejar de advertir un tufo autoritario con su idea de un presidente que manda, que es transformador por sí mismo, y que impone su voluntad y sus principios. Tampoco es difícil de advertir su predilección por el Estado como rector de la economía muy por encima del mercado, aunque no ignore completamente a este último.  

    Pero lo que me preocupa más son las páginas finales del libro. Si después de leer sus propuestas habías pensado que se trataba de una persona más sensata y moderada, las últimas páginas son un poema a su mesianismo:

    López Obrador explota en demasía este lado espiritual (al que muchos demagogos recurren) donde cita no sólo a Tolstoi, Aristóteles, Ricardo Flores Magón o Eduardo Galeano, sino que utiliza pasajes bíblicos (el Éxodo, Levítico, y el Deuteronomio) para justificar su proyecto de nación:

    «No oprimirás a tu prójimo, ni lo despojarás. No retendrás el salario del jornalero hasta el día siguiente» (Levítico). «Si prestas dinero a uno de mi pueblo, al pobre que habita contigo, no serás con él un usuriero; no le exigirás interés» (Éxodo). No explotarás al jornalero humilde y pobre, ya sea uno de tus hermanos o un forastero que resida en tus ciudades» (Deuteronomio).

    La situación se pone más preocupante y peligrosa al ver a un López Obrador que pretende imponer una moral a sus gobernados. A pesar de que dice que reunirá a académicos, antropólogos y sociólogos para que le ayuden a crear una «cartilla moral», va mucho más allá de la idea de «el derecho a la búsqueda de la felicidad» de la constitución de Estados Unidos, la cual cita. Porque no sólo propone que esos valores morales que su gobierno ha creado se promuevan en todos los medios de comunicación y en las redes sociales, sino que también el propio López Obrador se da lujo de definir lo que es la felicidad con base en una amalgama de diferentes fuentes que curiosamente coinciden su visión particular y personal:

    La felicidad no se logra acumulando riquezas, títulos o fama, sino mediante la armonía con nuestra conciencia, con nosotros mismos y el prójimo… La felicidad profunda y verdadera no puede basarse únicamente en los placeres momentáneos y fugaces. Estos aportan felicidad sólo en el momento en que existen…

    A diferencia de la constitución estadounidense que afirma que la felicidad es algo que los individuos tienen el derecho a buscar, pero que el gobierno no se las puede dar ni está obligado a dársela, López Obrador se erige como el rector de la moral, de la felicidad y del humanismo, y así, propone tres ideas rectoras: La honestidad, la justicia y el amor. Gran parte de los argumentos de su libro los basa en temas morales y cuasirreligiosos, como un candidato que no sólo propone reformas, sino un sistema de valores, delineados por él, que todo el país debería adoptar. 

    Y ya en la parte final, López Obrador narra como será México en 2024 cuando acabe su gestión:

    Dice que después de 6 años la pobreza extrema desaparecerá (y luego es curioso que proponga un crecimiento del 4% del PIB y que con un crecimiento así, espere que 11.4 millones de mexicanos superen su condición de pobreza extrema), que habrá mucho más trabajo, que a mitad de sexenio se alcanzará la autosuficiencia en maíz y frijol, que la emigración pasará a la historia, que nadie se quedará sin oportunidad de entrar a la universidad, que la delincuencia organizada estará acotada y en retirada, que los índices delictivos serán 50% más bajos, que ya no existirá la delincuencia de cuello blanco. Y todo esto será logrado porque López Obrador no sólo habría acabado con la corrupción, sino gracias a su promoción del fortalecimiento de los valores culturales, morales y espirituales. 

    Es decir, con buenas intenciones y con una cartilla moral, vamos a convertirnos casi en potencia mundial.

    Como dato curioso, a pesar de sus constantes críticas al neoliberalismo, propone una relación no sólo amistosa con Estados Unidos, sino que no hace ningún amago por rechazar al TLCAN. De hecho, todas sus propuestas relativas al campo, están formuladas pensando en que México seguirá formando parte de ese acuerdo. 

    Después de haber hecho una crítica al planteamiento de López Obrador, más desde un punto de vista político que técnico de sus propuestas (porque habrá quien lo pueda hacer mucho mejor que yo), tendría que hablar también de lo positivo, y aquí haría énfasis dos cosas:

    Primero, que de 2006 a la fecha, su conocimiento sobre política exterior ha evolucionado mucho. De ser el tabasqueño que no tenía pasaporte y nunca había salido al extranjero, pasó a ser aquel que va a Nueva York a hablar con los migrantes y que puede crear un argumento relativamente sensato con relación al panorama mundial. Pensando en que él puede ser nuestro presidente, es importante notar esta mejoría en el que era uno de sus puntos más flacos. 

    Segundo, que se puede percibir que se dejó ayudar por alguien más e incluyó algunas propuestas que no son de su autoría (que curiosamente son las más sensatas). Comparado con el 2012 (que pueden consultar en su libro «La Mafia que se Adueñó de Mexico y el 2012«) veo un mejor planteamiento de varias de sus propuestas, están mejor explicadas y algunas tienen más sustancia que antes. A pesar de que el AMLO de 2017 y el del 2012 no tienen muchas diferencias, sus propuestas parecen estar más aterrizadas, y como dije, parece que recibió asesoría y retroalimentación de alguien más en algunos de los casos. Esto, claro, sin dejar de advertir la completa falta de sustento en algunas otras de ellas, como ya lo he mencionado anteriormente.

    Este es López Obrador y este es su libro, sin duda es un texto muy bueno si quieres conocer más de este personaje, y lo que podrías esperar de él en caso de que llegue a la Presidencia. Por mi parte, yo estoy convencido que el tabasqueño está muy lejos de lo que México necesita, y está más cerca de ser un demagogo con algunos tintes autoritarios, que un demócrata o un verdadero reformador que haga diferencia en un México con una clase política completamente ensimismada y desacreditada. 

  • Lo que debes saber sobre el Estado de México y el futuro del PRI

    Lo que debes saber sobre el Estado de México y el futuro del PRI

    Lo que debes saber sobre el Estado de México y el futuro del PRI

    Si fuera priísta yo estaría muy preocupado. Porque aunque en los consejos y reuniones del partido sienten que son fuertes y lo pueden todo, la realidad, este 4 de junio, podría caer como un balde de agua fría, muy fría. -Sí, más que los baldes del Ice Bucket Challenge-.

    Empiezo diciendo que el Estado de México ha sido y es muy importante para el PRI. Esa entidad es casi como si se tratara de su centro de operaciones, porque tanto el voto duro que ahí ostenta como el presupuesto al que tiene acceso ahí, ha permitido que el partido se siga manteniendo como uno de los más importantes de México.

    Por esa razón esta entidad no ha visto la alternancia, porque el PRI tiene un gran poder ahí y ha procurado mantenerlo a costa de lo que sea.

    Pero este año, el PRI podría perder el Estado de México.

    Y las consecuencias que podría tener esto para el PRI podrían ser desastrosas. Podría tratarse casi de su acabose. 

    A corto plazo porque confirmaría lo que ya es casi un hecho, que perderán la presidencia en 2018. No tener disponibles todos los recursos -económicos y humanos- de los que siempre han echado mano será determinante en la elección del año que viene.

    A mediano y a largo plazo porque sumar al descrédito que el partido tiene, el hecho de que perderán las regiones más pobladas y donde se concentra la mayor parte de los recursos económicos -Además del Estado de México seguramente perderán Jalisco, y quien sabe si vuelvan a recuperar Nuevo León-, podría quitarles tal cantidad de poder de tal forma que nunca recuperen la fuerza que hasta hace poco ostentaban.

    No sin olvidar el envejecimiento del voto duro del PRI y de lo cual he hablado con insistencia

    Pero entremos en materia. ¿Por qué el PRI puede perder el Estado de México? La encuesta que lanzó Reforma es muy ilustrativa. 

    Según Reforma, el candidato del PRI, Alfredo del Mazo lleva un punto de ventaja, lo cual se considera un empate técnico. Esto es así, mientras que en 2011, Eruviel Ávila le ganaba por más de 40 puntos al perredista Alejandro Encinas. En 2011 no había nada más que PRI en el Estado de México, ahora la situación es diferente.  

    Fuente: Grupo Reforma.

    Mi pronóstico es que la elección terminará siendo de dos, entre Alfredo del Mazo y Delfina Gómez. Pienso que Josefina Vázquez Mota terminará -una vez más- desinflándose. Y si la elección es de dos, entonces la derrota para el PRI podría ser casi inminente. Es decir, el PRI necesita un escenario donde tanto Delfina y Josefina se mantengan competitivas hasta el final para que ellas dos se dividan el voto opositor como ocurre actualmente.

    Y esto ocurre la mayoría de las veces, tomemos como referencia las elecciones presidenciales donde la contienda siempre termina siendo de dos, mientras que el tercero termina relegándose. En 2000, la contienda fue entre Vicente Fox y Francisco Labastida, relegando a Cuauhtémoc Cárdenas a un tercer lugar. En 2006 fue entre Felipe Calderón y Andrés Manuel López Obrador, relegando a Roberto Madrazo, y en 2012, la propia Josefina Vázquez Mota terminó desfondándose pare dejar la contienda entre Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador. 

    Pero, ¿qué pasaría en ese escenario? Grupo Reforma se molestó en preguntar a la gente cómo votaría si la elección fuera entre dos y no entre tres. En todos los escenarios donde aparece Alfredo del Mazo, el PRI saldría derrotado de forma contundente:

    Fuente: Grupo Reforma

    Peor aún. En el propio Estado de México, el PRI tiene más negativos que cualquier otro partido, así como su candidato quien también tiene más negativos que Josefina Vázquez Mota y Delfina Gómez Álvarez.

    El PRI va en primer lugar -empate técnico- según la encuesta de Reforma, pero todos los otros datos hacen pensar que tendrán una tarea muy difícil. El hartazgo hacia el partido tricolor ya permeó el estado que era intocable, el cual daban por sentado en todas las elecciones. El desgaste de la imagen del partido, aunado a la pérdida progresiva del voto duro debido al cambio generacional puede quitarle al partido tricolor el Estado de México. 

    Y si eso pasa, el PRI podría caer y no recuperarse nunca más. Lecciones como las de Italia y Grecia -países también acostumbrados al patrimonialismo- donde los partidos hegemónicos prácticamente desaparecieron son muestra de que el PRI ni es invencible ni existirá para siempre. 

    Para terminar, les invito a consultar todo el estudio de Reforma para que saquen sus propias conclusiones

  • López Obrador contra los padres «provocadores» de Ayotzinapa

    López Obrador contra los padres «provocadores» de Ayotzinapa

    López Obrador contra los padres "provocadores" de Ayotzinapa

    ¿Se acuerdan cuando les dije que AMLO tenía un pie en Los Pinos, pero que una forma de no llegar ahí era que se boicoteara él mismo?

    Bueno, no es como que lo sucedido en Nueva York lo vaya a tumbar mucho de las encuestas, pero López Obrador nos mostró una vez más que es alguien intolerante que no soporta la crítica ni el disentimiento. Aunque lo intente, aunque hable del amor o aunque cite pasajes religiosos como lo hace en su libro.

    Uno de los padres de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa le reclamó a Andrés Manuel su relación con Luis Abarca. Recordemos que el entonces perredista llamó a votar por Ángel Aguirre, el Gobernador de Guerrero, y Luis Abarca, alcalde de Iguala.

    Y naturalmente el padre tiene derecho a hacer el reclamo. No veo por donde no tenga el derecho a hacerlo. López Obrador pensó que en La Gran Manzana lo iban a recibir con vítores y aplausos, y resultó que no. Así como descalificó a Martín Moreno  por un artículo en el cual lo criticaba -ciertamente es un pésimo historiador-, lo volvió a hacer: tachando al padre, quien perdió a su hijo hace dos años, de provocador. ¡Es una provocación, es un complot! El candidato de MORENA lo trató mal.

    Su puesta en escena, tanto el reclamo como la justificación posterior en los medios, dentro del contexto y el lugar donde todo ello sucedió -Nueva York- me recordó, sí, a Donald Trump; insultando a quien disiente y le emite una crítica, y creando teorías falsas –alternative facts– para deslindarse tanto de su bochornoso y penoso acto, como por haber apoyado a Luis Abarca. Dijo, que era una provocación.

    Quienes les reclamaron fueron los mismos padres que le reclamaron a Enrique Ochoa Reza, el Presidente del PRI, cuando viajó a Estados Unidos para «defender a los migrantes». Con el Presidente del PRI eran «héroes sociales», con López Obrador son provocadores. 

    Ese es el líder que encabeza las encuestas, el López Obrador de verdad. Menos parecido a aquel que se acerca a los empresarios, y más parecido al tabasqueño intolerante, arropado por seguidores que no le cuestionan nada y que linchan a quienes emiten una crítica contra el tabasqueño, como si se tratara de una versión tropicalizada de Alt-Right.

    Y claro, mientras tanto, los demás partidos ya salieron a sacar raja. Ochoa Reza afirmó que López Obrador le debe un disculpa al padre de Ayotzinapa. Naturalmente se la debe, pero el presidente del PRI, del partido del gobierno, que en el más benévolo de los escenarios ignoró completamente el problema y no hizo nada al respecto. no tiene autoridad moral alguna para hacer esa reclamación. 

    https://www.youtube.com/watch?v=9GTmvqLBZkM

  • La imitación del primer mundo para unos pocos

    La imitación del primer mundo para unos pocos

    Leía un interesante artículo donde criticaban la intención del gobierno -de izquierda, dicen- de la Ciudad de México para «recuperar el esplendor de la Avenida Masaryk». Para hacerlo, quisieron equiparar la avenida con los Campos Eliseos de Francia, o la Quinta Avenida de Nueva York. 

    En ese artículo, cuya lectura recomiendo ampliamente, básicamente destrozaron esa comparación. Aún así, alguien como yo que conoce tanto la Avenida Masaryk como la Quinta Avenida, no necesita leer ese artículo para ver la desproporción que hay en esa intención. La única coincidencia que tienen ambas avenidas, es que alojan tiendas de lujo, nada más.

    Pero esa comparación e imitación refleja también la diferencia de culturas: la nuestra, una sumamente clasista.

    Básicamente, el problema es que queremos adoptar las tendencias del primer mundo, ofreciéndolas a las clases muy opulentas con un carácter privado donde todos los demás están prácticamente excluidos. 

    Que recuerde, porque la caminé varias veces, la Quinta Avenida está diseñada para el público, para los peatones. Como dice el artículo, para quienes quieren ir a visitar Central Park, para quienes quieren ir a la Torre Rockefeller y patinar en su pista de hielo. En esa avenida exclusiva hay puestos ambulantes, está llena de gente de todas las clases sociales, y está pensada para que llegues ahí en transporte público. Si llegas en tu auto, te vas a ver en un serio problema al tratar de encontrar estacionamiento.

    En cambio, cuando uno pasea por Masaryk, no solo no hay atractivo turístico alguno para visitar, sino que se percibe como una avenida tal vez lujosa o medianamente atractiva visualmente, pero creada solo para las clases opulentas, para los «políticos y empresarios de baro», para que la gente llegue en su coche, y se paseé por las nuevas banquetas peatonales,  convertidos esporádicamente en peatones mientras observan los aparadores y que volverán a ser conductores inmediatamente después de dejar el automóvil. No está de más decir que a diferencia de la Quinta Avenida, Mazaryk está muy poco conectada con el transporte público.

    Esa avenida es un ejemplo de nuestro empecinamiento de adoptar las tendencias del primer mundo tan sólo para las clases más opulentas y blancas del país.

    Tal vez no estaría de más construir un hotel de Donald Trump ahí. 

    Igualmente ocurre con el crecimiento vertical: mientras que las torres de oficinas y lofts de Estados Unidos están completamente integrados a la ciudad, y las cuales tienen comercios en la planta baja, la mayoría de los nuevos «rascacielos» que se reproducen como virus por las zonas metropolitanas de la Ciudad de México, Guadalajara, Monterrey y Puebla, se conciben como cotos verticales, bardeados, sin ninguna integración a la ciudad, donde los desarrolladores buscan que sus clientes se aíslen por completo de la ciudad. En vez de «hacer comunidad», promueven lo contrario. Algunos asegurarán que se trata de un problema de seguridad, aunque tampoco es como que en la práctica marque una gran diferencia con respecto a los pocos condominios que sí están integrados a las ciudades -cosa que solamente ocurre en algunas zonas de la Ciudad de México y Guadalajara, como en La Condesa o la Colonia Americana respectivamente-.

    Pero nuestro complejo no termina ahí. Incluso cuando hablamos de eventos como algún partido de la NFL hospedado en México, se asume como un evento para ricos. Así, en el Estadio Azteca, desmontaron tribunas para incluir palcos exclusivos, mientras que en Estados Unidos, el futbol americano es el deporte por excelencia para «las masas». 

    Entonces tenemos una cuestión paradójica aquí. Mientras a lo lejos nuestras ciudades parecerían «aspirar al primer mundo», donde algunas de nuestras ciudades ya presumen de skylines de torres parecidos al de algunas ciudades estadounidenses; conforme uno se acerca y ve esos edificios bardeados, con banquetas para peatones muy restringidas o hasta inexistentes y calles que incluso presumen algunos baches, se da cuenta cuenta que eso del «primer mundo» es tan sólo un espejismo pretendido para unos pocos, que quieren replicar de forma muy artificial y torpe, aquello que van cuando viajan a aquellas ciudades de Estados Unidos y Europa.

    No es la primera vez que intentamos imitar al primer mundo, a veces, las pocas veces, lo hemos hecho con relativo éxito, como el Paseo de la Reforma que intentó ser un Campos Eliseos mexicano. Pero si vamos a «imitar al primer mundo», primero «imitemos» su competitividad y su respeto por el Estado de derecho.

    Y para terminar, si bien no es malo adoptar algunas ideas y casos de éxito, tenemos que entender que México es único, que tiene una identidad propia -y muy rica- que merece ser más que un intento wannabe de otros países más desarrollados. 

  • La no verdad

    La no verdad

    En pleno siglo XXI hay quienes creen que la tierra es plana. Que se trata de una conspiración orquestada por una especie de orden mundial, por medio de la NASA, de los gobiernos y hasta de las aerolíneas que «premeditadamente no volarían sus aviones en línea recta para engañarte». 

    Si sometemos los argumentos de estos «escépticos» al método empírico, quedarían completamente destrozados. Hasta la evidencia cotidiana lo hace: como cuando vas al mar y ves que conforme un barco se aleja, parece hundirse. 

    Pero aún así, nuestros amigos de The Flat Earth Society, esbozan argumentos llenos de cifras y de teorías físicas y matemáticas mal interpretadas para engañar al incauto o engañarse a ellos mismos. Es más fácil y hasta divertido imaginar un orden mundial inspirado en los Protocolos de los Sabios de Sion -un panfleto ruso zarista para justificar el linchamiento hacia los judíos- que entender a la ciencia. Sus argumentos suenan muy sofisticados, pero con una explicación simple, éstos pueden ser derribados.

    Aunque la evidencia de la mentira esté ahí, aunque sea irrefutable, aunque las pruebas sean evidentes, muchos siguen creyendo en ella.

    De la misma forma no se puede explicar cómo en este siglo muchos sigan creyendo lo que dice el horóscopo. No es siquiera que se molesten en investigar un poco si la forma en que la posición de los astros relativa al nacimiento de las personas afecta ya no sólo la psique de las personas, sino si determina su temperamento y hasta su destino. Se trata más bien de creer, de sentir, de darle un sentido a sus vidas por medio de aquello que en realidad es mentira.

    Quienes leen el horóscopo no tienen el mínimo interés de saber si aquello en lo que creen es verdad. Pensar que determinado día podrá ocurrir algún evento parece tener mayor motivación que hacer el primer ejercicio. Al cabo, el consumidor de horóscopos se predispondrá a lo que éste dice, y probablemente termine ocurriendo -por su mera predisposición, más que por otra cosa- lo que el horóscopo dice.

    Tauro: el día de hoy terminará una relación importante de tu vida.

    Luego, la orgullosamente «Tauro» irá a cenar con su novio, con el cual inicia una discusión por un tema mundano. En ese momento ella recuerda lo que le dijo el horóscopo, y pensará que es innegable que será la relación con su novio la que termine. Se predispondrá, el conflicto subirá de tono, y vualá, la relación con su novio habrá terminado: ¡el horóscopo dice la verdad!

    A pesar de los avances en materia de ciencia, de tecnología, nuestro progreso en temas sociales y filosóficos, hay quienes deciden negar la verdad. Hay quienes lo hacen por un sentido de pertenencia, o porque alguien ha agitado sus conciencias desde sus entrañas: quienes creen al líder y no a las pruebas empíricas, quienes creen que el calentamiento global es un mito porque Donald Trump lo puso en Twitter.

    Otros creen en líderes que abanderan causas que la historia demostró equivocadas, que causaron tragedias en el pasado. Para evadir la cruel verdad, recurren también a la teoría de la conspiración. Que un orden mundial manipuló, tergiversó. Proponen recetas económicas que un economista de medio pelo puede desmitificar. 

    Se sienten engañados y manipulados por una suerte de orden superior, pero quien lo hace es su líder, al que siguen fielmente.

    Sus argumentos son atractivos por esa mitificación y ese aura que llevan consigo:

    Por un lado, creen que suenan sofisticados, porque pensar en una conspiración es algo que no hace cualquier persona, sino aquellos de «espíritu elevado», aquellos que se sienten especiales porque creen que la familia Rothschild controla al mundo -aunque técnicamente pueda ser la familia más rica del mundo, sus miembros están muy lejos de aparecer incluso en las listas de Forbes porque el dinero está repartido entre cientos de herederos y ni de lejos tienen el poder que ostentaban en el Siglo XIX-, o por la «mano negra del neoliberalismo» -a pesar de que la receta alternativa que su líder promueve ya haya probado reiteradamente su fracaso-.

    Por otro lado, a pesar de la sofisticación, esas teorías son muy fáciles de entender. No se necesita hacer un esfuerzo mental para creer en cualquier de las teorías de la conspiración que por ahí se narran.

    La verdad suele ser más aburrida, y en muchas ocasiones, debe estar acompañada de un ejercicio racional para determinar que eso que se juzga como verdadero, lo sea. Por eso suele ceder en ocasiones ante aquella mentira atractiva y que no requiere un ejercicio intelectual -aunque los crédulos piensen lo contrario, y de esta forma, crean tener una moral más elevada-. 

    Esto puede parecer un problema cotidiano, uno de tantos sesgos cognitivos que tiene el ser humano. La realidad, es que esta aversión a la verdad es capaz de poner en jaque a los equilibrios políticos y sociales bajo los que se sostiene el mundo. Por eso hay que advertirla.

    Porque es más fácil sentir, que corroborar los datos que se presentan.