Autor: Cerebro

  • EXTRA: Asaltan a la vaquita marina en Ecatepec

    EXTRA: Asaltan a la vaquita marina en Ecatepec

    EXTRA: Asaltan a la vaquita marina en Ecatepec

    No tengo nada en contra de las vaquitas marinas. Es más, aplaudo a Leonardo DiCaprio quien insiste en reunirse con los mandatarios para evitar que esta sea una de tantas especies que se extinguen

    ¿Está Peña Nieto preocupado por las vaquitas marinas? Posiblemente Peña esté igualmente preocupado con las vaquitas marinas que por la corrupción, la inseguridad, los periodistas desaparecidos o los fraudes electorales. Es decir, realmente le importa un comino.

    Pero Leonardo DiCaprio no es un opositor ni mucho menos, es un actor. Seguramente el equipo de comunicación de Peña Nieto (que tal vez tenga ingenuas esperanzas en levantar la tan pisoteada y escupida imagen presidencial) pensó que era una muy buena idea: – que la gente vea a Peña con el del Titanic, igual así gana simpatías.

    Mientras DiCaprio persuade a Peña Nieto de salvar a la vaquita y su hijo presume las fotos con el actor en Instagram, los que estamos fuera de esa burbuja podemos ver como el Estado de derecho se deteriora, vemos cómo la corrupción invade de forma creciente a las instituciones que se supone, deberían fortalecer el entramado social y garantizar en la medida de lo posible que los ciudadanos puedan desarrollar sus proyectos de vida. De la misma forma vemos como regresamos a los tiempos de los fraudes electorales, tal como ocurrió en Coahuila y el Estado de México (que el fraude no se haya llevado a cabo en el conteo no significa que no haya ocurrido en el transcurso de la campaña). 

    El deterioro es evidente. Ya no tenemos que hablar de transición democrática, sino de una suerte de involución. No sólo es una crisis de representatividad (como dicen muchos para aminorar el trabajo del problema) sino un intento de restauración pero de forma más improvisada, donde el cochinero ya no se esconde, más bien se presume. 

    Es decir, parte de lo que se llegó a construir se está viniendo abajo. Ya habíamos sido capaces de organizar elecciones relativamente limpias, ahora el proceso se ha distorsionado completamente porque en las elecciones el votante cada vez decide menos de forma libre y sí lo hace bajo el acarreo, bajo la compra de su voto o la amenaza de la desaparición de los programas sociales. A quienes vivimos dentro de la clase media o la clase alta, una tarjeta con 1500 pesos o una despensa de 600 pesos mensuales podría sonar a nada, pero para la gente pobre, esa con la cual el PRI lucra tanto, hace una gran diferencia. 

    Para Peña Nieto, la opinión de Leonardo DiCaprio importa más que la de todos los ciudadanos a los que dice gobernar. Todo el que está preocupado por la economía (a menos que sean grupos de interés demasiado influyentes como para ignorarlos), por la seguridad, o por la corrupción, tiene cerrada la puerta de Los Pinos. Su voz no importa. 

    Pero no es sólo que sean indiferentes ante el problema, es que son parte de, y es que ellos mismos han propiciado de forma deliberada este estado de las cosas. Ellos son los que han corrompido a las instituciones que se dice, están para servir al pueblo, con el fin de servirse a ellos mismos. 

    Si la vaquita marina es rescatada, más le vale a Leonardo DiCaprio que no la deje en Ecatepec porque seguramente la van a asaltar o secuestrar. Y si contiende por una elección, su opositora, la rata, le robará el triunfo. 

  • ¿Y dónde está el fraude?

    ¿Y dónde está el fraude?

    ¿Y dónde está el fraude?

    Por más cerrados sean los resultados de una elección, más posibilidades existen de que uno de los actores se muestre inconforme. Primero, porque evidentemente por menor sea la diferencia es más fácil llevar a cabo un fraude o una ilegalidad que modifique los resultados; y segundo, porque quien se encuentra abajo tiene la esperanza de encontrar irregularidades para darle vuelta a la tortilla. No sólo es común en México, podíamos recurrir a la polémica elección entre George W Bush y Al Gore en el 2000

    Pero ese no es tanto el propósito de López Obrador. Las elecciones del Estado de México no eran un fin para él, sino un medio.

    Yo he dicho en este espacio que las elecciones del Estado de México deberían de anularse. Se trató de una elección de Estado que distorsiona de forma flagrante a la democracia representativa electoral porque muchos, sobre todo aquellos que votaron por el ganador, no votaron de forma libre. Muchos de ellos fueron coaccionados, en los mismos spots el candidato del PRI amenazó que los programas sociales desaparecerían si su partido no ganaba. También se rebasaron los topes de campaña y se inhibió el voto con mensajes en plena veda electoral. Por su parte, López Obrador utilizó la candidatura de Delfina para promocionar su imagen, lo cual también es ilegal.

    Pero más que anular los comicios, me parece que López Obrador busca construir una narrativa donde intenta reforzar esta idea de que la «mafia del poder» está conspirando contra él. Evidentemente tener la arcas del Estado de México no era nada desdeñable, pero también era evidente que AMLO ya tenía una hoja de ruta en caso de que perdiera. Bastaba con que Delfina no quedara muy abajo de Del Mazo, para que en conjunto de todas las tropelías cometidas por los priístas, pudieran armar un discurso donde AMLO se asumiera como víctima de la mafia que le hace fraudes. 

    Ahora el señalamiento es que el fraude se encuentra en el conteo de votos. Sin prueba alguna, López Obrador criticó el conteo rápido, muchos de los suyos lo tomaron como si fuera prueba del fraude porque discrepaba de las actas que el PREP llevaba computadas. Algunos sospecharon porque dicho conteo rápido estaba hecha sobre la base del 70% de las actas, aunque los resultados que arrojó tomaban en cuenta ese detalle. Muchos denunciaron esa discrepancia, pero conforme avanzó el PREP, éste le dió la razón al conteo rápido. 

    Muchos dudaron del PREP y trataron de encontrar inconsistencias, ejercicio que en realidad es muy válido y tal vez hasta necesario dado los antecedentes del PRI: compararon actas, buscaron irregularidades, buscaron que las sumas cuadraran, pero más allá de algunos detalles no hubo nada que indicara un fraude cibernético. Algunos encontraron que las sumas en realidad no cuadraban, pero lo que había ocurrido era que el PRI había sido el único partido que había ido en coalición y que debían sumarse todos los partidos (es muy entendible, no todos son expertos con los números ni todos están familiarizados con la estadística). El profesor del CIDE, Javier Aparicio, hizo el ejercicio por sí mismo para demostrar que no había inconsistencias y que los resultados sí correspondían. La ciencia dura y exacta había hablado.

    También les recomiendo leer este otro artículo de Javier Aparicio que escribió a propósito de las elecciones 2012 para entender mejor el funcionamiento del conteo y las razones por las que aparecen los errores que muchos ven. 

    Aún así, Javier Aparicio recibió insultos:

    Otra «prueba del fraude» fue lo ocurrido en la casilla 966, cuya imagen se replicó una y otra vez por las redes sociales, donde aparentemente le habían sumado los votos de MORENA al PRI. Esos es lo que pareciera que ocurrió a simple vista:

    En realidad se trató de un error humano donde en el acta los votos de MORENA se colocaron en la casilla de arriba (de Nueva Alianza y que era parte de la coalición de Alfredo del Mazo), error que se corregirá en el conteo distrital. Con todo y eso, el acta tiene la firma del representante de MORENA:

    También apareció un video donde aparentemente se estaban contando mal los votos. Pero la gente no se preguntó por qué en el conteo, donde están los representantes de todos los partidos, nadie dijo nada. Aparentemente quien contaba las boletas lo hacía de una forma flagrante, se saltaba del 40 al 50 y luego al 80, enfrente de todos los representantes. El video resultó estar editado.

    https://www.youtube.com/watch?v=Keyn6bm77dA

    La realidad es que no se ha mostrado al momento ningún tipo de fraude en el conteo. Si lo hubiera, tendría que demostrarse en el cómputo distrital y en las instancias asignadas para ello. El escepticismo de la gente es evidente y en cierta medida se entiende tomando en cuenta que el PRI podría hacer todo lo posible por retener el Estado de México. Que el PRI buscara alterar de alguna forma el proceso podría haber sido considerado como una posibilidad.

    Pero las sospechas y los antecedentes no son probatorios por sí mismos. Si se quiere exhibir un fraude se debe usar el rigor a la hora de mostrar las pruebas. Es irresponsable por parte de un candidato afirmar de forma categórica que ha existido un fraude cuando no se han presentado las pruebas que lo evidencian, o peor aún, ni un indicio (como sí ocurrió en Coahuila). Peor aún es hacerlo con suposiciones como «mostraron el conteo rápido para distraer y confundir a la gente». 

    La impugnación del EdoMex tiene que apuntar más al proceso que al resultado: la lógica no puede ser voto por voto, sino despensa por despensa – Carlos Bravo.

    Muchos de quienes insistimos en explicar esto recibimos críticas, nos dijeron por qué «nos indignamos con el fraude cometido en Coahuila» donde hay más razones para sospechar en tanto el PREP se detuvo inesperadamente y no lo hicimos con el del Estado de México. Nos acusan, falsamente, de avalar «el fraude del Estado de México» cuando en realidad lo que dijimos que lo que no se ha mostrado es un fraude en el proceso de conteo de votos, pero no ignoramos de ninguna forma todas las ilegalidades cometidas, en su mayoría por el PRI, en toda la campaña y que incluyó robo de urnas e inhibición del voto. Tampoco negamos nunca que ésta se haya tratado de una elección de Estado donde el gobierno de Peña Nieto envió a sus miembros de gabinete a hacer campaña. 

    Yo he insistido en que esta elección debería anularse porque lo sucedido es una gran falta de respeto al Estado de derecho. Pero también quiero alertar de una manipulación discursiva de López Obrador, quien busca crear una narrativa para fortalecerse hacia el 2018. López Obrador no aparenta estar muy indignado en sus videos, posiblemente ni siquiera se encuentre de malas. El triunfo no era un fin, era sólo un medio para sus aspiraciones a la presidencia. Por eso ya había creado estrategias en el escenario donde su partido (o sea, él) no ganara la elección, escenario que seguramente considero como bastante probable, para así aprovecharlas en su afán de ganar la presidencia en 2018.

    Cierto, la cancha no fue pareja y el PRI cometió irregularidades, pero ¿por qué ni siquiera el partido de AMLO o sus cercanos que lo representan en las cámaras han buscado legislar para acabar con esas tropelías? Lo que les interesa no es construir instituciones fuertes, sino llevar a su candidato a la presidencia a como dé lugar. 

    López Obrador está interesado en crear la percepción de que un gran fraude se ha orquestado en su contra. Por más sean los que sospechan de la «manipulación del PREP, de las actas, y similares», mejor para él, para sí convencer de que es víctima de la mafia del poder, del PRIAN, de aquellos que tienen a México sumido en la inseguridad y en la corrupción (lo cual no es falso). AMLO quiere fortalecer el discurso maniqueo donde él es el bueno y todos los demás son los malos.

    Porque el maniqueísmo mueve montañas, aunque no siempre gana elecciones.  

  • El dinosaurio feliz. Reflexión sobre las elecciones

    El dinosaurio feliz. Reflexión sobre las elecciones

    El dinosaurio feliz. Reflexión sobre las elecciones

    Seguramente, como yo, te sientes muy frustrado porque es casi un hecho que el PRI ganó el Estado de México y Coahuila. 

    Te preguntarás como yo, cómo es que después de todo lo que ha sucedido la gente sigue votando por el PRI. Te preguntarás cómo es posible que a pesar de los evidentes actos de corrupción y de cinismo, ellos sigan ahí. Me sorprende todavía más de Coahuila que el Estado de México. 

    Incluso podrías cuestionar a la democracia misma, que cómo una democracia puede funcionar si los votantes son tan irracionales al pararse frente a las urnas. Tal vez te consueles un poco al saber que en países como Estados Unidos o Reino Unido ha llegado a ocurrir algo similar. 

    Pero lo que da tristeza no es sólo la victoria del PRI, sino que todavía somos incapaces de organizar unas elecciones limpias donde quienes participan respeten el Estado de derecho. Evidentemente estas elecciones deberían de ser anuladas, hay elementos de sobra para hacerlo. Los más importantes son todos los actos ilegales en los que incurrió el PRI, que se trató evidentemente de una elección de Estado donde el gobierno de Peña Nieto intervino de forma flagrante utilizando incluso a su gabinete, pero de igual forma López Obrador utilizó estas elecciones para promocionar su imagen de cara al 2018. Las autoridades hicieron como que no vieron nada. Los ganadores proclamaron que «triunfó la democracia», yo por el contrario, veo algunos deterioros en esa transición democrática que quedó incompleta, especialmente por la incapacidad o falta de voluntad de las autoridades electorales para castigar de forma flagrante este tipo de «irregularidades».

    Los priístas pueden respirar tranquilos, de momento. Perder el Estado de México hubiera significado casi un tiro de gracia para el partido. Se salvaron, con todo y la candidatura gris de Del Mazo. Una victoria apretada donde apenas poco más de 16% del electorado (partiendo de que votó poco más del 50% del padrón) votó por el PRI, en el Estado priísta por excelencia y que funge como su centro neurálgico, es símbolo inequívoco del deterioro de ese partido. Aún con la victoria, y aún cuando intenten replicar el mismo método (dividiendo el voto), se sigue antojando difícil que el PRI gane las elecciones de 2018, e incluso se sigue antojando difícil que en un futuro vuelvan acaparar la cantidad de poder que ostentaron, sobre todo los primeros años dentro de este sexenio. Recordemos que estos resultados se pueden ver desde distintas perspectivas, porque los datos fríos nos dicen que el PRI perdió un Estado más. 

    La victoria en Coahuila y en Estado de México pareciera postergar lo inevitable. El PRI sigue dependiendo de su voto duro, y conforme éste envejece, se le hará cada vez más difícil ganar elecciones. Repito, el PRI ganó EdoMex con aproximadamente el 16% del padrón electoral. Si el PRI no entra en un serio proceso de renovación, podría caer en la irrelevancia y desaparecer de la arena electoral en un tiempo no tan lejano. El PRI ya no puede ganar elecciones por sí mismo, para ganar «su estado» tuvo que dividir el voto de una forma tan creativa y maquiavélica utilizando incluso candidatos «independientes» (Teresa Castell) así como incurrir en ilegalidades. 

    MORENA y AMLO, por el contrario, no deberían sentirse tan derrotados esta campaña. No ganaron, pero en realidad no perdieron nada y el orden de las cosas sigue igual. Evidentemente, tener acceso a las arcas del Estado de México hubiera sido un gran recurso para las elecciones de 2018; pero por otro lado, ante un López Obrador que ofrece expectativas delirantes (como decir que con su sola voluntad podría acabar con la corrupción), ver a MORENA gobernar en la práctica y con toda la oposición exhaustivamente vigilante de cualquier acto dentro de ese gobierno podría haber resultado contraproducente. 

    Por otro lado, López Obrador podría agarrar impulso hacia 2018 por medio de una protesta por los resultados en el Estado de México (siempre y cuando lo haga de una forma inteligente). Las elecciones fueron muy sucias y eso podría ayudarle a fortalecer su argumento. Aún con la derrota, López Obrador tiene varios escenarios a su favor de cara a las elecciones presidenciales. Recordemos que más que una victoria de Peña sobre AMLO, es una victoria muy apretada de Peña sobre AMLO donde se suponía, el primero tenía una gran ventaja sobre el segundo. 

    El PRD es el otro partido que también respira: ha encontrado en Juan Zepeda, quien se volvió el caballo negro de la elección, un activo muy importante, además que ganó Nayarit en coalición con el PAN, mientras que el partido azul de Anaya queda comprometido con la humillante derrota que sufrió Josefina. La derrota del PAN fortalece así, la candidatura de Margarita Zavala. 

    Como ha ocurrido ya en varias ocasiones, la presencia de López Obrador termina fortaleciendo al PRI. Así ocurrió en 2012 y ha ocurrido en 2018. Lo mejor que le puede ocurrir a un partido con negativos tan altos como el PRI es tener un contendiente con negativos tan altos como López Obrador (por vía de su candidata Delfina), dado que tiene mayor dificultad para acaparar el voto útil. De igual forma, si la victoria del PRI en 2018 es improbable pero no imposible es porque el candidato a vencer será López Obrador y no otro candidato cuyos negativos sean bajos y tenga la capacidad de acaparar el descontento y la indignación de la gente. Por eso es que es casi seguro que la estrategia del PRI para 2018 será la misma, pulverizar el voto y aprovechar que AMLO será el candidato a vencer. Si alguien puede volver a resucitar al PRI e incluso hacer que a pesar de todos los pesares, el PRI gane 2018 (que repito, sigue siendo difícil) es AMLO. 

    Para muestra, basta un botón. López Obrador genera mucha incertidumbre y eso le hace difícil rebasar su techo de votos. El comportamiento del peso es una clara muestra de ello, la gente sigue temiéndole. 

    Los obradoristas insisten en que hubo fraude porque López Obrador considera al conteo rápido una manipulación. El argumento es que el resultado era muy diferente al avance del PREP, aunque pudimos ver con el tiempo cómo el PREP comenzó a empatar lo que el conteo rápido decía. Insistieron en que hay actas manipuladas, pero casi no han mostrado nada, más que la «casilla 966» donde se colocaron (por error posiblemente) los votos de MORENA en los de Nueva Alianza. Casilla, por cierto, firmada por el propio representante de MORENA.

    Los seguidores de López Obrador insisten en que son algoritmos, manipulaciones de la mafia en el poder. Ciertamente, como dije, estas elecciones deberían anularse (no sólo por lo que hizo el PRI, sino por lo que hizo AMLO). Posiblemente, como ya ha sucedido en anteriores ocasiones, en lugar de centrarse en armar un buen caso con pruebas en mano. se preocuparán por manipular a la opinión pública con teorías de la conspiración para fortalecer el discurso de López Obrador. 

    López Obrador tampoco fue capaz de tejer una alianza con el PRD. Lo exprimió, se peleó con ellos, pensó que era prescindible y que iba absorber todo para dejar solamente el cascarón. Se dio cuenta que el PRD seguía vivo, y peor aún, decidió amenazar al partido para así responsabilizarlo de la derrota. El discurso de sus huestes es que «Zepeda se vendió». Ante la carencia de autocrítica dentro de MORENA la respuesta es la más simple y la más sencilla: «nosotros ganamos y la mafia del poder nos hizo fraude». MORENA y AMLO cometieron muchos errores que los privaron de su triunfo. 

    Dicen que el 2017 es un ensayo del 2018. Lo que queda claro es que una profunda renovación política es indispensable. No sólo porque tenemos una clase política incapaz de representar a la ciudadanía (y que explica en parte que el PRI pueda ganar con el 16% del total del padrón), sino por la incapacidad de la propia clase política de respetar el Estado de derecho. No son pocos los ciudadanos que no se sienten representados ante una clase política ensimismada, ante unas élites que no se ven forzadas a rendir cuentas ni a entregar resultados ¡Por Dios, volvió a ganar el PRI!

    Los cambios casi siempre tienen su origen en la clase media, y es precisamente la clase media la que está más indignada y la que se siente menos representada. Queda muy claro que si la clase media no toma un rol más activo, los partidos seguirán haciendo lo mismo, pactando, dividiéndose los votos o pronunciando discursos populistas para seducir a los más ingenuos. 

    Sí, despertamos y el dinosaurio seguía ahí. Estaba feliz, pero a pesar de su felicidad, se le veía algo decrépito, debilitado, y con un respirador que lo mantiene con vida.

  • Kuma y las formas de liderazgo

    Kuma y las formas de liderazgo

    Kuma y las formas de liderazgo

    Un problema que adolece la sociedad contemporánea es la ausencia de liderazgos. Algunos insisten, cuando hablamos de política, en que no son necesarios, como si el líder necesariamente tejiera una relación paternalista con sus seguidores (aunque se ha insistido que el buen líder no crea seguidores sino nuevos líderes).

    Dicen que la horizontalidad a la que dicen aspirar las sociedades modernas (que se muestra patente no sólo en las organizaciones sociales, sino también dentro de las empresas vanguardistas) no requiere de líderes sino de colectivos autónomos, que todo sea producto de la votación y deliberación del colectivo.  La realidad es que dentro de las organizaciones humanas siempre emergen líderes, es parte de nuestra naturaleza. Deberíamos preguntarnos más bien qué tipo de líderes necesitamos. 

    Las organizaciones horizontales son vistas como parte de una evolución que comenzó con las organizaciones jerárquicas, donde existía una estructura fija en la que el líder era quien se encontraba al tope. Él ordenaba y encargaba a las ramas que se encontraban debajo de él que dichas órdenes se ejecutaran, y para satisfacer la orden del superior los de estas ramas, a su vez, encargaban tareas a las que estaban por debajo de ellos. De tal forma, toda la maquinaria trabajaba para cumplir lo que el líder ordenaba. Bajo un orden social donde se obedece al superior no es difícil adivinar que se esperara que el «líder o la autoridad» resolviera los problemas de los demás dada la poca autonomía de los individuos y la cantidad de poder que el primero acumulaba.

    En este sentido, Max Weber hablaba de 3 tipos de autoridad: El líder carismático cuyo poder era producto de su carisma y la fe (a veces irracional) que le gente depositaba en él. El líder legal, cuya autoridad está regida por las leyes, y el tradicional, cuyo poder depende de la tradición o el orden ya establecido. 

    Tiempo después, las estructuras comenzaron a cambiar y a modernizarse. Así, apareció aquel líder cuya tarea no era ejecutar órdenes sino involucrar a todos en el proceso. El líder generalmente tiene la última palabra, pero sus subordinados pueden opinar y proponer e incluso tomar decisiones. El líder aprendió a delegar no sólo funciones sino parte de la toma de decisiones. Poco a poco, el líder comenzó a forjar su liderazgo desde el mérito y la legitimidad, y no por medio de la coerción. Así dio paso a lo que conocemos como el líder moderno, ese liderazgo del que tanto se habla.

    El líder moderno no da órdenes porque «se le antoja la gana», persuade y empodera. El líder moderno no entra del todo en las definiciones que hizo Max Weber, sino que toma esa posición por mérito, tiene el consentimiento de los demás para serlo y aunque pueda fungir como autoridad legal (en el sentido weberiano) en algunos casos, sabe que esa condición no es suficiente para poder ser un buen líder que sea reconocido por su comunidad. 

    Cuando se habla de que en el mundo faltan líderes no nos referimos a los primeros, de quienes se espera que resuelva los problemas de los demás, sino a los últimos, quienes tengan la capacidad de inspirar, quienes estén bajo el escrutinio de sus gobernados o de quienes lo consienten. 

    Habiendo explicado esto, traigo a colación un artículo que causó mucha polémica y con el que tuve muchas discrepancias. La autora Ana G. González, tomando como referencia el fenómeno «Kumamoto», alertó sobre el potencial mesianismo que podría gestarse. El planteamiento del problema no es malo (el mesianismo siempre es peligroso e indeseable), el enfoque es más bien el problema no considera, como acabo de explicar, que hay distintos tipos de liderazgo y confunde el liderazgo de Kumamoto como fenómeno con un liderazgo meramente carismático (tomando como referencia a Max Weber de nuevo) donde irracionalmente sus seguidores depositan su fe esperando que resuelvan sus problemas. El argumento que Ana esboza en dicho artículo para alertar sobre el mesianismo es el siguiente:

    Me preguntan que si conoces al muchacho que está haciendo política diferente en Guadalajara. Que ya no le creen ni al PRI ni al PAN ni a nadie, solo a Pedro Kumamoto. La mera mención de Pedro está acompañada ya de un aura de “sí se puede”. Lo peligroso de creer a Pedro Kumamoto el mesías de la política es creerlo incorrompible, invencible.

    ¿Usted ve un mesianismo implícito en este argumento? Yo no. Decir «no le creo al PRI ni al PAN y sólo a Pedro Kumamoto» no lleva un mesianismo implícito. Ana asumió con esto (no se lo dijeron) que Kumamoto era invencible e incorrompible. Partiendo de que Kumamoto, hasta la fecha, no se ha involucrado en un acto de corrupción y ha hecho bien su trabajo, hasta lo podría interpretar de la forma inversa: no creo en el PRI ni en el PAN porque ya se corrompieron, creo en Kumamoto porque él no se ha corrompido, ergo, si Kumamoto se corrompe ya no voy a creer en él.  

    Cuando uno navega por las redes sociales uno se da cuenta que muchas personas admiran a Pedro Kumamoto, pero eso por sí sólo no es un rasgo de mesianismo, admirar a alguien no es malo per sé, puede ser algo muy bueno si el líder en cuestión es positivo y congruente. Para que pudiéramos hablar de mesianismo se tendrían que dar las siguientes condiciones:

    1. Que la admiración sea irracional y se le atribuya a quien es objeto de admiración poderes o capacidades que no tiene. Que la admiración sea producto del carisma del líder y que el propio carisma tenga más relevancia que los propios actos o los resultados.
    2. Que quien es objeto de admiración busque deliberadamente ungirse como líder carismático, que se otorgue poderes o facultades que no tiene, y que adopte un discurso maniqueo que polarice a la sociedad creando una batalla entre los buenos (quienes simpatizan con él) contra los malos (quienes rivalizan con él).

    En la mayoría de los casos, el primer punto no se cumple: al decir «yo sí le creo a Kumamoto» no se le está otorgando ni poderes ni capacidades de las cuales carece. Por ejemplo, Juan Pardinas, director del IMCO y quien si de algo entiende muy bien es de participación ciudadana, dice:

    Pardinas, a pesar de ser muy halagador, no le está dando un cheque en blanco a Kumamoto. Por el contrario, Pardinas considera héroe a Kumamoto  por sus actos a los cuales considera heroicos (como promover y lograr que #SinVotoNoHayDinero se convirtiera en una reforma en Jalisco), su admiración está condicionada por dichos actos y por la congruencia de Pedro Kumamoto. A diferencia de los líderes carismáticos, Kumamoto no da discursos incendiarios ni invita a la confrontación, mucho menos es un líder que se impone. 

    Habrá quienes (excepción y no regla) idealicen en exceso a Pedro Kumamoto, digan que debería apuntarse a la Presidencia de la República (no tiene la edad para hacerlo, y yo considero que todavía está muy verde para ello) y que lo puede todo, pero eso también tiene que ver mucho con la ignorancia y el desconocimiento de cómo funcionan las instituciones. 

    El segundo no se cumple en lo absoluto en tanto Kumamoto nunca ha pretendido ser un líder carismático, incluso ni siquiera se trata de una persona que presuma un gran carisma. Por el contrario, siempre reconoce a su equipo como parte esencial para que sus logros se pudieran llevar a cabo. Es decir, el mismo Pedro Kumamoto no se entiende sin su equipo:

     

    ¡Se aprobó #SinVotoNoHayDinero en Jalisco!

    Posted by Pedro Kumamoto on jueves, 1 de junio de 2017

    Los líderes mesiánicos se otorgan todo el crédito, hablan de «yo». Kumamoto no lo hace, habla de «nosotros» y en el video sale junto con su equipo para mostrar que no es él, sino muchos los que lograron que la iniciativa pasara. El lenguaje corporal y las posturas hablan mucho de un tipo del liderazgo que se aleja mucho del «liderazgo mesiánico». 

    Para alertar sobre el mesianismo, Ana G. Gonzalez intenta relativizar el logro de Pedro Kumamoto insistiendo en el contexto:

    Pedro llegó a un Congreso de Jalisco que tiene la mitad de diputados del PRI y la mitad de diputados de Movimiento Ciudadano… los diputados de Movimiento Ciudadano ya habían presentado su propia versión de éstas iniciativas. Es natural, que estando más o menos alineados a la izquierda, MC y Pedro tengan coincidencias, pero sin la voluntad política de Movimiento Ciudadano, las iniciativas de Pedro no habrían llegado muy lejos.

    En política el contexto siempre importa, tanto que se debe de dar por sentado. Las decisiones políticas más importantes de la historia de la humanidad no se entienden sin el contexto bajo el que éstas se tomaron. Pedro Kumamoto encontró un escenario relativamente favorable pero eso no demerita su logro. Por ejemplo, Ana G. González dice que Movimiento Ciudadano (MC) ya había presentado su «propia versión». Pero entonces ¿por qué no la habían logrado pasar? ¿Por qué Kumamoto, diputado independiente, quien por tanto no tiene bancada en el congreso sí la logró impulsar?  

    Ana también ignora que Kuma y su equipo (recordemos que no es sólo un individuo sino varios) lograron colocar #SinVotoNoHayDinero en la agenda nacional. Kumamoto no fue el autor intelectual de esa iniciativa, Manuel Clouthier ya la había promovido antes y otros actores habían creado iniciativas parecidas, pero Kumamoto y su equipo (prácticamente sin recursos económicos) colocaron el tema dentro de la comentocracia nacional y las mesas de debate. 

    Ana no se equivoca cuando dice lo siguiente: 

    Nadie por sí solo puede cambiar al sistema, se necesitan muchos Kumas, muchos agentes de cambio, para romper con la política sucia. Necesitamos construir ciudadanía en lo político, regresar a las mesas de trabajo, a la consulta pública, al diálogo con la gente.

    Pero erra de nuevo al decir que la admiración que muchos tienen por Pedro Kumamoto se contrapone con esta idea. Por el contrario, si hablamos de un líder, que no es mesiánico, y que creció desde la participación ciudadana, su admiración puede lograr más bien que más personas se animen y se involucren. Si los líderes de ahora tienen sus propios modelos de referencia (como el empresario que admira a Steve Jobs o el ciudadano que admira a Mandela) ¿por qué deberíamos cuestionar a la gente por admirar a Pedro Kumamoto y creer en él? 

    Admirarlo tampoco está o debería estar peleado con exigirle cuentas. Se le admira porque precisamente, a la hora de exigirle cuentas, ha traído buenos dividendos. Efectivamente a Kumamoto se le debe exigir y si se involucrara en un acto de corrupción se le debería juzgar de forma determinante como se hace o se debería hacer con todos los políticos. 

    Ciertamente eso es lo que deberíamos esperar de todos los políticos. En un país con un clase política ideal Kumamoto debería ser un político común y no el sobresaliente. Kumamoto sobresale no porque tenga ningún superpoder, sino porque hace lo que le toca, representar a los ciudadanos y trabajar por ellos. Como dice Ana, en la política debería haber «muchos Kumas», gente que construya ciudadanía y que trabaje. Pero precisamente, el modelo de Kuma puede alentar a muchas personas a hacerlo, como aquellos que admiraron a líderes importantes y que, gracias a esa admiración, se animaron a hacer cosas grandes. 

    En el mundo actual faltan líderes que inspiren a la gente. Son ellos, quienes con sus actos y su congruencia, pueden inspirar a muchas otras personas a hacer lo mismo. 

  • Cómo quisiera poder vivir sin aire

    Cómo quisiera poder vivir sin aire

    Cómo quisiera poder vivir sin aire

    La ciencia es la manifestación suprema del hombre como individuo terrenal.

    Lo es porque la ciencia es el producto de sus más altas capacidades cognitivas. La ciencia no es perfecta en tanto el ser humano no es perfecto, pero tiene la capacidad de autolimitarse, regularse y de ponerse a prueba a sí misma a través del método empírico. Es decir, la ciencia no puede ser producto de arrebatos y arbitrariedades, ella misma funge como filtro ante las ocurrencias de nuestra especie. 

    La única forma en que se puede negar a la ciencia es con más ciencia. Si alguien duda de alguna teoría o hipótesis, debe plantear otra nueva que evidencie la hipótesis anterior y la sustituya. Quien pretenda negar a la ciencia fuera de esa dinámica es un charlatán.

    Pero esa negación, tomando en cuenta que el progreso humano y su autosustentabilidad tiene como base a la ciencia misma (y claramente a la filosofía que no contradice a la ciencia sino que le da sustancia), puede ser muy peligrosa. 

    Lo que acaba de hacer hoy Donald Trump es una rotunda negación de la ciencia. El cambio climático no es un concepto esotérico ni una arbitrariedad, es un hecho comprobable a través de la ciencia. Salirse del acuerdo climático de París es una de las decisiones más bárbaras que ha tomado Estados Unidos desde hace tiempo. 

    El pobre Donald Trump no entiende a la ciencia, básicamente porque su ignorancia y su desmedida ambición pesa más que la razón, porque el beneficio inmediato (si es que hay un beneficio tangible) importa más que la sustentabilidad a largo plazo. No entiende, el pobre Donald, que si no se toman medidas enérgicas (parte de la razón de ser del tratado) al planeta se lo va a cargar el payaso. Por ejemplo, se estima que en algunos años o décadas las principales ciudades del mundo tendrán un clima más cálido que cualquier otro año hasta 2005

    La ciencia es tan evidente que muchas empresas estadounidenses se opusieron a esta medida (porque recordemos que Trump busca, entre otras cosas, aumentar la productividad en su país al deshacerse de los «represivos protocolos ambientales»). Empresarios como Elon Musk y el CEO de Disney decidieron renunciar a los consejos consultivos de la Casa Blanca

    Nuestros antepasados creían que con el avance de la ciencia, la charlatanería terminaría siendo una anécdota histórica. Creían que bastaba con demostrar que algo era cierto o erróneo para que se estableciera de esa forma. Nos hemos dado cuenta que no es así, mucho de lo que ya puede ser afirmado o negado categóricamente por medio de la ciencia es ignorado (a veces de forma deliberada) para así crear una «interpretación alternativa» de la realidad, a pesar de que las evidencias son claras. El menosprecio por la ciencia que tienen algunos sectores de la sociedad estadounidense se ha traducido en políticas públicas tangibles. El dogma que puede ser fácilmente evidenciado ha logrado imponerse sobre la razón.

    La decisión de Trump hará mucho daño al planeta tierra (por el tamaño, importancia y el peso económico del país al que gobierna), un planeta cuyo ecosistema ha visto deteriorarse por la supremacía del ser humano sobre todas las demás especies. Justo cuando empezamos a tomar responsabilidad sobre ello, y justo cuando posiblemente lo hicimos tarde, la ambición de un líder, alimentado por la ignorancia y el dogma, pueden comprometer la sustentabilidad de nuestro planeta en un futuro que ya no es tan lejano.

    Y claro, la reacción de la comunidad internacional apareció al instante: 

  • El pobre es pobre porque quiere

    El pobre es pobre porque quiere

    El pobre es pobre porque quiere

    Pepe es un clasemediero (posiblemente esté condenado toda su vida a ser clasemediero).

    A Pepe le gusta mucho leer esos libros para cambiar y mejorar su relación con el dinero, ama a esos autores que presumen vastas riquezas a pesar de que la mayor parte es producto de las ventas de sus libros. Así, Pepe carga un libro de Robert Kiyosaki en su mano y afirma de manera categórica:

    – Los pobres son pobres porque quieren, los pobres deben de cambiar su actitud. Los ricos, en cambio (él no es rico) tienen una actitud positiva, se esfuerzan, saben ahorrar y «no tienen un problema personal con el dinero», no le tienen miedo. De hecho, hacen que el dinero trabaje para ellos -.

    Pepe trae datos para sostener su argumento. Dice, que leyó un estudio que decía que mientras los ricos ahorran dinero, los pobres se gastan los recursos que tienen enfrente, no tienen una cultura del ahorro. El estudio que leyó no es falso y tiene rigor académico.

    Pepe dice: -Ahí está, es su culpa. Ellos no tienen una cultura del ahorro, no se han molestado en aprender a entablar una «mejor relación con su dinero».

    Así, Pepe presume todo aquello que le ha forjado (según él) una actitud de éxito que le permite (según él, nuevamente) criticar de forma altiva a los pobres. Pepe presume sus cursos de superación personal, su diplomado de educación financiera, todos ellos con un costo no módico (que tal vez le pagaron sus papás): – yo me he molestado en tomar estos cursos, en educarme continuamente, y los pobres nada más no lo hacen, – se dice. – Yo sí me esfuerzo por salir adelante, ¡es la actitud, es la mentalidad! – Insiste.

    Pepe, el clasemediero altivo kiyosakista-multinivelista nunca se preguntó si aquel joven pobre al que desprecia tuvo no sólo el dinero para pagar todos esos cursillos que presume que «cambiaron su mentalidad de víctima a tomar las riendas de su vida» sino el tiempo o incluso el conocimiento de que esos cursos existían. Tampoco se preguntó si él, clasemediero que es, soportaría física o psicológicamente un trabajo de «pobres con actitud negativa que no le echan ganas a la vida» de 10 horas diarias en una construcción o el de la señora del aseo del Estado de México cuyo traslado de su casa a la casa de su patrona en la Colonia del Valle es de dos horas y que tiene que barrer y trapear toda una residencia para después hacer de cocinar.

    Aún así, Pepe se pregunta: – ¡A ver! ¿por que la muchacha de mi casa no ha aprendido a hacer networking? A mí me va bien (no le va tan bien en realidad) gracias a mis conectes y mis relaciones -.

    La cultura del pobre es diferente al del clasemediero y al del acaudalado, eso no queda duda. Los patrones de comportamiento son diferentes. Pepe insiste en que es cuestión de actitud. 

    – Es que a cualquier persona que le echa ganas a la vida le va bien, es cuestión de esfuerzo y nada más. 

    Después de rechazar una invitación de una organización civil que ayuda a los pobres precisamente para darles esos conocimientos que tanto él presume y así tengan mayores posibilidades de movilidad social (eso de ayudar no le gusta porque le quita tiempo para el business), sale a pasear a una colonia opulenta donde decidió no comer porque los costos de los restaurantes eran prohibitivos (dijo que su conciencia kiyosakiana le susurró al oído que tenía que practicar la cultura del ahorro, lo cierto es que no tenía dinero). En eso un joven acaudalado, parte de las élites de la ciudad, se le queda viendo y se dice a sí mismo:

    – Ese clasemediero es clasemediero porque quiere y porque no tiene pantalones. Leyendo a Kiyosaki, que loser. Si se hubiera esforzado como yo me maté cuando estudié en la escuela de negocios de Harvard, no sería un vil clasemediero. De verdad, cómo no tiene la visión para irse a Estados Unidos y tomar los congresos de negocios del MIT. Sí, son caros, pero pues que se ponga a trabajar para pagarlos. Le falta esa actitud que los acaudalados tenemos. 

  • AMLO, y cómo analizar a los políticos de forma objetiva. O tratar, al menos

    AMLO, y cómo analizar a los políticos de forma objetiva. O tratar, al menos

    AMLO, y cómo analizar a los políticos de forma objetiva. O tratar, al menos

    Algo que he repetido hasta el cansancio es que hay una campaña que tiene como fin evitar que López Obrador llegue a la presidencia.

    En realidad no se trata solamente una sola campaña sino varias, llevadas a cabo por distintos actores y que buscan distintos fines. Existen quienes, desde la clase política, pretenden que no llegue AMLO porque su llegada puede implicar cierta irrupción dentro de la estructura política (lo cual puede comprometer sus intereses).  Por otro lado, existen quienes tienen la sincera preocupación de que el tabasqueño pueda significar un riesgo para el país, o hay quienes tienen las dos motivaciones al mismo tiempo y buscan a través de redes sociales, columnas o spots, alertar sobre la llegada del tabasqueño al poder. Estas campañas se irán intensificando conforme se acerque el día de la elección del siguiente año. 

    Dada la existencia de estas dos corrientes, algunos consideran que la diferenciación es una tarea difícil. Esto pasa cuando se hacen juicios a los periodistas, opinadores o intelectuales opuestos a López Obrador. Los más férreos opositores pueden creer que los de la primera campaña (los que tienen un interés) forman parte de la segunda (los que tienen una genuina preocupación), mientras que con sus fieles seguidores ocurre lo contrario, e incluso de forma más determinante: cualquiera que se oponga o critique a López Obrador es parte de una conspiración de la «mafia del poder». 

    En un ambiente deliberadamente polarizado tanto por AMLO como por sus decractores, los actores aspiran a que los individuos tomen una de esas dos posiciones mencionadas, y que desde estas emitan un juicio (predecible por definición). Entendiendo que lo opositores y los simpatizantes ya lo son y difícilmente cambiarán de opinión, buscan que los independientes (quienes determinarán el resultado de la elección) tomen una de ambas posturas.

    Es decir, quieren evitar que los individuos analicen y tomen posturas «desde fuera» (porque las pasiones provocan que los individuos tomen posturas más determinantes e irracionales que si lo hacen por medio de la razón), y eso es lo que trataré de hacer por medio de este artículo. 

    La campaña más visible es la primera, la de los partidos o políticos tradicionales que no quieren que López Obrador llegue a la presidencia porque temen que con su llegada, los intereses y los acuerdos pactados puedan romperse (porque con la llegada de AMLO se pactarían otros donde muchos de ellos ya no formarían parte). Desde esta campaña es donde se han publicado los videos de Eva Cadena y se ha insistido en la supuesta relación de López Obrador con Javier Duarte, o ahora, con Elba Esther Gordillo.

    Los opositores difunden y promueven insistentemente los contenidos donde se intenta exhibir a López Obrador, mientras que los simpatizantes insisten en frenarlos y aseveran que es irresponsable compartirlos porque buscan, dicen, manipular a la población. En realidad, las dos partes buscan manipular asumiendo que el individuo es tonto y carece de criterio propio.

    Los primeros promueven esos contenidos asumiendo que los consumidores son ingenuos y se la van a tragar toda, y que van a creer todo aquello que sea mentira. Los segundos no sólo temen la ingenuidad (y así, que crean sólo lo que es manipulado), sino que por medio del buen juicio puedan discernir aquello que es verdad de entre lo que es «manipulado o premeditado» y que afecte a la imagen de su candidato, en este caso de López Obrador. 

    Como buen ejemplo de lo que digo, veamos el siguiente video:

    https://www.youtube.com/watch?v=C-ECqw56Jr4

    ¿Es José Cardenas parte de la campaña mediática partidista en contra de Obrador y es un pasquín pagado o es un periodista que, desde sus posturas políticas personales o desinteresadas, detesta a López Obrador? En realidad esa respuesta no la sé, en parte porque no conozco mucho a este periodista (aunque de lo poco que le conozco siempre lo recuerdo como un individuo que siempre ha sido beligerante con el tabasqueño).

    Pero responder esa pregunta no importa tanto para lo que quiero ilustrar. Lo que sí es evidente es que José Cárdenas fue muy parcial en su entrevista e intentó exhibir a López Obrador como el epítome de la corrupción. Los seguidores de López Obrador recomiendan no propagar esa entrevista porque es un acto de manipulación; pero a pesar del evidente sesgo, yo no estoy de acuerdo con esa petición, hacerlo sería asumir que el individuo es necesariamente tonto y que carece de criterio propio. 

    José Cárdenas le dice a López Obrador: ¿Estás manchado de huevo o estás manchado de corrupción? Esta pregunta por sí misma exhibe la tesitura con la que se conducirá la entrevista. Cárdenas insistirá en que López Obrador es corrupto, dirá algunas verdades, medias verdades y otras que son mentiras. 

    En la entrevista el espectador tiene dos tareas: comprender la subjetividad del entrevistador, pero a la vez, entender que esa subjetividad no necesariamente anula la validez de todo aquello que se expone en la entrevista. Bajo este entendido, sería tonto decir: «me he dado cuenta que José Cárdenas es parcial, voy a dejar de ver el video o voy a ignorar todo lo que contiene porque es un acto de manipulación», afirmar eso sería un acto de pereza mental, o incluso, una muestra de la inseguridad que el sujeto tiene sobre su propia capacidad intelectual para hacer razonamientos propios.

    A pesar de que el entrevistador está evidentemente sesgado y que su postura no sólo está sesgada, sino que lo está deliberadamente (ya sea por cuestiones personales o por un interés), hay mucha «tela de donde cortar» para poder hacer un análisis del tabasqueño.

    Por ejemplo, la reacción de López Obrador ante un entrevistador no es algo «manipulado» en tanto que se trata de su reacción natural ante un contexto dado. Así como se les dice a las mujeres que analicen el comportamiento que su prometido tiene con su madre porque éste es un reflejo del comportamiento que tendrá con ella en el matrimonio, también la reacción de los políticos ante determinados contextos cuando están en campaña son reflejo de las reacciones que tendrán y las relaciones con diversos actores. Así, la reacción de Peña Nieto en un contexto adverso, cuando se escondió en un baño para evitar a los alumnos que lo cuestionaron, fue muy ejemplar para mostrar la relación que tiene, en la práctica, con la prensa opositora y con quien no simpatiza con él: Peña Nieto se esconde, no da entrevistas, no sale a escenarios donde el público no está controlado, y de una manera silenciosa lleva a cabo actos de censura selectivas para que pasen desapercibidas (como ocurrió con Ferriz de Con y posteriormente con Carmen Aristegui).

    De la misma forma, el comportamiento que López Obrador tiene con los entrevistadores, con quienes lo cuestionan y con quienes no tanto (porque hasta con éstos resbala) habla mucho de la forma en que podría gobernar. 

    En la entrevista con José Cárdenas, López Obrador exhibe rasgos autoritarios. El candidato tiene el derecho a discrepar con la actitud del entrevistador e incluso hacerle notar su postura parcial, pero lo que importan son los «cómos»: Por ejemplo, que López Obrador le exija hacer buen periodismo (quien debería hacer esa exigencia es el público y no el político), y que al final con un tono casi amenazante y déspota le diga «serénate, serénate».

    De igual forma, podemos ver a un López Obrador que exhibe un ego desmedido al exhibirse como determinadamente honesto («Hay aves que cruzan el pantano y no se manchan, mi plumaje es de esos»), como poseedor de la razón y la verdad. De igual forma, ante la incapacidad de elaborar argumentos en el instante recurre a clichés gastados (la mafia del poder, soy peje pero no lagarto, la moronga azul de la monarquía -para referirse al PAN-), cuya repetición ad nauseam ha generado un efecto en sus más fervientes seguidores, quienes repiten las mismas frases para elaborar sus argumentaciones. Insisto en que la reacción per sé no es manipulada porque muchos de estos rasgos se repiten en la reciente entrevista que tuvo con Carmen Aristegui, quien lo abordó desde un postura más objetiva (donde AMLO le sugirió, entre broma y no tanto, que no se pusiera al servicio de Miguel Ángel Yunes, su adversario), y donde de la misma forma exhibió (incluso con mayor insistencia) este tipo de rasgos y características exhibidas con José Cárdenas. 

    Que un elemento sea negro no significa que su opuesto sea blanco. Que lo que él llama «mafia del poder» (esa clase política, que tampoco está muy lejos de poder considerarse mafia) se sirva a sí misma, no implica que AMLO servirá a sus ciudadanos. Que esa misma mafia pretenda evitar que AMLO llegue no implica que López Obrador sea bueno. Esos ejercicios maniqueos son una trampa mental producto de la pereza intelectual. Si el individuo quiere hacer un juicio certero (o lo más aproximado a ello) tiene que analizar a los elementos de forma aislada y separarlos de aquello con lo que busca oponerse. De la misma forma, en vez de negarse a ver «contenidos manipulados» o a hacer juicios a priori al momento de notar el sesgo, deberá aprender a «leer entre líneas» y entender el contexto, para que de acuerdo a éste pueda hacer un juicio objetivo. 

    Posiblemente mis lectores no lleguen a la misma conclusión que a la que yo llego. Posiblemente en donde yo vea autoritarismo ellos vean determinación, o donde yo veo un ego desmedido ellos vean ideales. Se vale y todos tenemos derecho a hacer nuestra propia interpretación, pero lo que tenemos que evitar es que las pasiones desmedidas y nuestras posturas eviten que pensemos y ejercemos el uso de nuestra razón. 

  • México y la libertad de prensa

    México y la libertad de prensa

    México y la libertad de prensa

    Una sociedad democrática no se puede entender sin una prensa libre y abierta. La prensa no sólo es indispensable para poder informar y ayudar a los ciudadanos a formarse una opinión, sino que sirve como contrapeso a los poderes tradicionales: ante el abuso de poder, debe haber un medio que lo exhiba. 

    La prensa, al contrario de lo que muchos piensan (que dicen que los medios deben ser objetivos, lo que en realidad significa que deben ajustarse a su orden de creencias), debe ser ideológicamente diversa. Las distintas corrientes políticas deben estar representadas en los medios de comunicación y todos deben tener voz. Si hay algo peor que una prensa maniquea o sesgada, es que ésta no exista. Incluso, cuando la prensa en su conjunto es capaz de representar a las distintas facciones políticas logra así ser un contrapeso de sí misma. De este modo, ningún medio puede monopolizar la información.

    Comúnmente se dice que el principal enemigo de la prensa es el gobierno. La afirmación es casi una obviedad si hablamos de la prensa opositora o independiente (porque no toda la es), pero no es el único enemigo. Organismos privados con suficiente poder económico se pueden volver adversarios de la prensa. Y desde luego, no podemos olvidar al crimen organizado. 

    En general, el crimen organizado y el gobierno (en ese orden) son los responsables de que en México la libertad de prensa esté comprometida. La mano del gobierno se hace patente dentro de los medios más mainstream, es decir, la televisión abierta, y de alguna forma en algunos medios impresos; esto mientras que dentro de los medios digitales hay una mayor apertura y representatividad (son más difíciles de controlar). Ciertamente,  la «mano del gobierno» dentro de los medios tradicionales no tiene ni de lejos el tamaño que tenía con la casi absoluta monopolización de la información que ostentaba para que todos los medios hablaran bien del régimen. Con el narco, en cambio, cualquier medio que tenga influencia corre un riesgo a la hora de hacer una denuncia o exhibir un problema. También el castigo para sus denunciantes es mayor (la muerte) que el que el gobierno propina a quien se atreva a exhibirlo.

    Para que México se convierta en ese país que todos queremos ver, necesitamos una prensa libre. Las restricciones a la libertad de prensa hablan mucho de la dinámica del poder, donde unos pocos (gobernantes, narcotraficantes) acumulan una considerable cantidad de poder, el cual no está puesto al servicio de la comunidad, sino a su propio servicio. El acecho del narcotráfico a la prensa refleja la incapacidad del gobierno para combatir el problema; el acecho del gobierno a la prensa sólo es reflejo de su opacidad y de la corrupción que practica. 

    Así como hemos visto un crecimiento de organizaciones civiles y de canales para la participación ciudadana, hemos visto cómo la prensa, en calidad y en cantidad, ha mostrado una evolución, lo cual es muy patente en los medios independientes. El problema no tiene que ver tanto con su estructura sino con los agentes (narcotraficantes, gobernantes) que buscan intimidar a la prensa, y que son la razón de que en los rankings de libertad de prensa salgamos mal parados.  

    Es decir, un ciudadano de clase media ya tiene varias opciones para informarse, pero posiblemente algunos de esos medios decidan no abordar ciertos temas (como el de los cárteles de la droga) o lo hagan de una forma «prudente» para no meterse en problemas. Así, ser periodista en México puede ser considerado muy riesgoso y son sólo aquellos que están casi dispuestos a dar su vida los que se atreven a «meterse hasta la cocina». Eso es lo que hizo Javier Valdez, quien ya no se encuentra con nosotros

    En este entendido, tendríamos que preocuparnos por garantizar la libertad de prensa mexicana, la cual, además de sufrir los embates antes ya mencionados, también padece las mismos problemas que la prensa internacional donde el modelo de negocio para algunos medios se ha vuelto obsoleto y por lo cual han tenido que recurrir a otras formas de financiamiento (incluso, pidiendo a sus suscriptores que colaboren voluntariamente). La prensa es indispensable para que un país funcione bien, tenga instituciones sólidas, y garantice las libertades a sus ciudadanos. Quien intenta acechar la prensa no sólo intenta ir contra ella, también va en contra de la ciudadanía al restringirle varias de sus libertades.