Autor: Cerebro

  • La teoría de la tolerancia

    La teoría de la tolerancia

     

    La teoría de la tolerancia

    A raíz de la grosera relativización que hiciera Donald Trump sobre la violencia de los supremacistas blancos se ha hecho un acalorado debate sobre si a los nazis y a los blancos supremacistas deberíamos colocarlos a la derecha política o a la izquierda, como atreven hacer algunos por el término «nacionalsocialista», término que fue más bien producto de una estrategia para atraer a los obreros a su movimiento. En realidad, a pesar de que el nazismo buscó, en un principio, tener una retórica de izquierda, sus acciones fueron más bien de «derecha».

    A pesar de ser un movimiento ateo (lo cual debo señalar en tanto se suele asociar a la derecha con la religión), el nazismo (porque el fascismo como tal en Italia o en España sí llegó a tener una relación estrecha con la Iglesia) tiene que ver más bien poco con la justicia social y mucho con mantener un status quo basado en la superioridad racial, la expansión de sus territorios (el espacio vital) y la consolidación del capital, donde la empresa privada estaba permitida en tanto estuviera alineada con el Estado (a diferencia de los regímenes comunistas donde era más bien poseída por el Estado).

    En la práctica hemos visto que cuando un individuo se inclina mucho hacia la derecha, comienza a adoptar algunas creencias fascistas, en tanto que quien se inclina muy a la izquierda comienza a adoptar ideales marxistas. Así también, dentro de los partidos de derecha, las células radicales (dentro de partidos que como tal no lo son) tienden hacia el fascismo (por ejemplo, en México los simpatizantes nazis suelen encontrarse más bien en el PAN o en alguna otra organización de derecha). 

    Se dice que lo ideal es un justo medio, que la política no debe estar muy cargada a ninguno de esos dos extremos. Pero también es cierto que en la práctica ese justo medio no es algo estático ni un pensamiento único, sino que producto de la suma de la interacción de varias corrientes (que se ubican en la derecha o en la izquierda).

    Pero hoy me quiero enfocar en el ámbito social y hacer el tema económico a un lado.

    Y con ámbito social también me refiero al rol que juegan los individuos. Ciertamente un partido político que presuma estar cercano al centro puede corromperse e incluso incurrir en prácticas autoritarias, pero la siguiente definición que hago tiene que ver un poco más con el rol de la sociedad y no tanto de los partidos en sí.

    Empecemos pues, con lo que he decidido llamar la teoría de la tolerancia

    Dentro de la mayoría de los esquemas de espectros ideológicos se propone la vertiente liberalismo vs conservadurismo. Pero yo he decidido no hacerlo así, y he preferido emular, de alguna forma, el concepto de moral de Aristóteles con relación a las virtudes y a los vicios en la que la virtud es el medio y los vicios son los extremos para así tratar de aplicarlo dentro del espectro político dentro de su vertiente social. Por ejemplo, para Aristóteles una virtud es la amistad, la cual se encuentra en el punto medio; el odio se encuentra en un extremo, y la adulación en el otro.

    De la misma forma, yo podría decir que la democracia es una virtud en tanto que el ultraconservadurismo o el fascismo son defectos y el progresismo radical es un exceso (o bien, se puede hacer el mismo ejercicio a la inversa). El ultraconservadurismo usa la coerción para mantener el estado de las cosas en tanto que el progresismo radical también es coercitivo cuando se trata de promover cambios radicales.  

    La democracia liberal, por el contrario, cree en la libertad y que mediante el diálogo, el debate y el consenso, la sociedad puede ir construyendo y reformando el estado de las cosas. 

    Si en el mundo dominara el conservadurismo, la especie humana se mantendría estancada y no avanzaría, además de que se perpetuarían las injusticias y la inequidad. En cambio, si en el mundo dominara el progresismo radical, se generaría un estado de caos donde el individuo no tendría ninguna base ética ni moral sobre la cual sostenerse. 

    Con la siguiente imagen, se puede entender mejor el esquema que propongo. A diferencia de las virtudes de Aristóteles donde uno es amistoso o aduloso a la vez, con las corrientes políticas el punto medio abarcaría no sólo un punto, sino todo un tramo de la franja. Explicaba que no se trata de un pensamiento único, sino que el punto medio es producto de la interacción de corrientes políticas que se contraponen entre sí.

    Dicho esto, el liberalismo (lo que entendemos por democracia liberal y no tanto lo que se entiende por liberalismo en Estados Unidos) no sólo es un punto que se encuentra en el medio, sino que es capaz de abarcar parte del espectro político en el que pueden caber el progresismo moderado y el conservadurismo moderado. Slavoj Zizek sugiere que el punto medio (lo que llama el centro radical) está carente de ideología y es apolítico. Aquí no lo considero así, el punto medio es más bien consecuencia del jaloneo entre conservadores y progresistas. Es decir, es el justo medio al que se suele aproximar el estado de las cosas producto de dos batallas políticas.

    No debemos aspirar a un pensamiento único que se inserte en el justo medio, hacer eso implicaría una paradoja dado que el pensamiento único es por definición antidemocrático. También hay que señalar que los individuos (en gran medida por su temperamento, pero también por su experiencia de vida) suelen ubicarse en uno de ambos espectros ideológicos, lo cual no sólo es natural, sino que es deseable. Por ejemplo, las personas de izquierda suelen ser creativas pero no son muy hábiles para implementar sistemas porque están acostumbradas al cambio y no al orden; y por otro lado, las personas de derechas son poco creativas, pero sí son hábiles cuando de implementar sistemas se trata porque están acostumbradas al orden y no al cambio. No es coincidencia que empresas como Google o Facebook tengan una tendencia progresista, ni que las empresas financieras suelan ser más bien conservadoras.  

    Pero hablamos de que el progresismo y el conservadurismo deberían mantenerse dentro de lo que consideramos una democracia liberal. Cuando las corrientes políticas se mantienen dentro de ella, el estado de las cosas suele inclinarse hacia el punto medio (como si fuera una campana de Gauss), y cuando se concentran fuera de ella, suelen más bien polarizarse. En el primer estado, las distintas facciones son capaces de llegar a consensos, en la segunda se polarizan y atrincheran y apelan a un discurso de odio que justifica la radicalización de la contraparte cayendo así en un círculo vicioso: 

    Entendemos que quienes se inserten dentro de la democracia liberal podrán tener muchas diferencias ideológicas, pero también comparten algunas similitudes que les permiten estar dentro de lo que llamamos democracia liberal y son las siguientes:

    • Creen en el debate como mecanismo para resolver conflictos.
    • Creen en la libertad de expresión.
    • Respetan la independencia de la ciencia con respecto de las doctrinas ideológicas.
    • Creen que una sociedad con diversidad de opiniones es deseable.
    • Respetan la libertad del individuo y no utilizan la coerción para llegar a sus fines. 

    Eso no implica que sus peticiones deban ser timoratas. Algunas pueden llegar a ser un tanto radicales, pero siempre se deben insertar en la lógica de la democracia liberal donde se respeta la integridad del otro. 

    De esta forma, podemos analizar si los canales de comunicación, la forma en que hacemos política y nos organizamos, contribuyen a la polarización; o bien, a llevar al estado de las cosas cerca del justo medio. Por ejemplo, podríamos pensar que gracias a Internet, que almacena información de las distintas corrientes ideológicas, el individuo estaría expuesto ante contenidos diversos lo cual lo haría una persona más abierta y tolerante. Pero en ocasiones ocurre lo contrario: por medio de las cámaras de eco que se forman en las redes (que suelen mostrar a los usuarios los contenidos que les interesan) los usuarios suelen más bien atrincherarse, lo que fomenta la polarización.

    A continuación muestro algunos roles que suelen tomar las 3 posturas que he mencionado con respecto de distintos temas. Ciertamente, una persona puede no compartir todos los rasgos propios de una postura pero sí tenderá hacia una. Recordemos que aquí hablamos meramente del ámbito social. Hay quienes, por ejemplo, pueden considerarse de izquierda en el ámbito económico mientras que en el social suelen ser más bien conservadores:

    La democracia liberal asume que el ser humano es digno, valioso y es libre. También asume que la democracia es conflicto y que el disentimiento es esencial, que no se trata de un pensamiento único, pero que sí debe coincidir en el respeto al prójimo y a sus libertades. Es válido que los conservadores, dentro de una democracia liberal, vivan plenamente sus creencias religiosas y se sientan inspirados por ellas, de la misma forma que es completamente válido que los progresistas utilicen la teoría crítica para analizar las condiciones de inequidad que existen en la sociedad. 

    Y para terminar, debo de decir que más que como una referencia para elegir el voto en las siguientes elecciones, esto que acabo de explicar debería funcionar más bien a nivel individual y colectivo. Que el individuo, preocupado por la creciente polarización política cuestione si es tolerante con la demás personas, o por el contrario, suele relegar a quienes no piensan como él. Este esquema puede servir incluso para revisar nuestras conductas en redes sociales y en las discusiones en la sobremesa. La radicalización no sólo no construye una sociedad incluyente, también puede hacernos perder amigos y seres queridos. 

  • El automóvil como arma

    El automóvil como arma

    El automóvil como arma
    Fuente: NBC News

    Los terroristas han encontrado un modus operandi muy sencillo:

    Rentan o consiguen una vagoneta, o cualquier automóvil pesado que pueda ser estrellado contra un tumulto de personas en una plaza pública.

    Así, como sucedió en Barcelona y ya ha sucedido en muchas ciudades más, el terrorista puede matar a más de una docena de personas.

    La primera vez que escuché de un acto así fue durante los festejos de los franceses por el triunfo de su selección en el mundial de 1998. Una persona estrelló un automóvil contra la multitud. No había sido un acto de terrorismo como tal, sino al parecer de una persona con severos problemas. 

    Ahora, gracias al Estado Islámico, se ha popularizado el uso del automóvil como arma:

    ¿Cómo puedes rastrear a un grupo terrorista que pretende llevar a cabo un atentado con un automóvil o una vagoneta? ¿Acaso tendríamos que considerar sospechosos a todos aquellos que compren o renten una vagoneta? Miles de personas compran y rentan vagonetas a diario en ciudades como Barcelona, Londres y París. ¿Tendríamos entonces que investigar sólo a los que son de origen árabe? ¿No sería un acto de discriminación hacer eso? 

    ¿O se tendría que negar la entrada de automóviles de este tipo a los lugares públicos?

    Pero entonces, el terrorista podría optar por un automóvil, el impacto es menor; pero bien podrían organizarse y hacerlo con dos automóviles. Un terrorista en un punto distinto de la plaza pública que se pretende atacar.

    Y si no se permite la entrada a los automóviles a las plazas públicas, entonces los terroristas podrían optar por otros lugares concurridos donde sea muy difícil prohibir el uso de un automóvil. Por ejemplo, las afueras de un estadio al comenzar o terminar un partido de futbol. 

    Y como es muy difícil prevenir este tipo de ataques, se entiende que se estén popularizando tanto. Ya no sólo son los terroristas islámicos, sino también es algo a lo que han recurrido los blancos supremacistas como ocurrió en Charlottesville. 

    Básicamente cualquier persona podría hacerlo. Yo podría ser una persona antisocial con desequilibrios mentales y estrellar mi coche en una plaza concurrida de una ciudad importante de la República Mexicana. Podría hacerlo en el Zócalo o en la Minerva. 

    Basta tener acceso a una vagoneta y estar dispuesto a pagar el precio (prisión) de privar de la vida a varias personas con el fin de dejar un mensaje, o simplemente de saciar mis desequilibrios personales. 

    No es que a nadie se le haya ocurrido ese modus operandi, pero su uso constante por parte de los terroristas islámicos lo convierte en un meme (en el estricto sentido de la palabra). Ahora todo mundo sabe lo fácil que es operar de esta forma.

    Vaya lío. Los terroristas no sólo han encontrado una forma fácil de sembrar terror, sino que han propagado una mortal idea. 

  • La ciencia no tiene la culpa

    La ciencia no tiene la culpa

    La ciencia no tiene la culpa

    Desde la extrema izquierda se han hecho últimamente ataques a la ciencia. Nos piden que dejemos de considerar a la ciencia como una verdad

    Dicen, que la ciencia se ha utilizado para discriminar e incluso para impulsar políticas fascistas como es el caso de la eugenesia o el uso que Hitler le dio a la teoría de la evolución. De la misma forma dicen, que la ciencia evolutiva (la psicología y la biología evolutiva) busca oprimir a la mujer diciendo que existen diferencias en el comportamiento y en el cerebro.

    Pero ¿que Hitler haya usado la teoría evolutiva para fines oscuros le quita validez a dicha teoría? No, de hecho se mantiene más vigente que nunca. 

    Estas personas críticas de la ciencia (que sólo la defienden cuando es atacada desde el conservadurismo pero no desde el progresismo) no entienden que las ciencias (refiriéndome a las naturales y a las exactas) son meramente descriptivas; es decir, describen como son los fenómenos: se enfocan en el ser y no en el deber ser; por tanto, la ciencia descriptiva es amoral, no te puede decir qué es bueno y qué es malo (aunque sí te pueden llegar a decir qué es beneficioso y qué es perjudicial).

    Entonces, si Hitler se justificó en la teoría evolutiva para cometer atrocidades, la culpa no es de la teoría evolutiva sino de quien la usa (o en este caso, la malinterpreta). 

    Algunos progresistas acusan a los biólogos evolutivos de promover el machismo porque constantemente señalan que hay diferencias entre hombres y mujeres que inciden en el comportamiento. Pero los biólogos, al hacer ese descubrimiento, no están haciendo ningún juicio de valor, tan sólo están describiendo las diferencias de comportamiento que han encontrado a través del método científico. 

    ¿Pueden estar equivocados los biólogos en ese hallazgo? La posibilidad existe, la ciencia no es infalible, pero es la misma ciencia la que se autocorrige. Si una persona no está de acuerdo, puede investigar haciendo uso de los recursos que la ciencia misma le da, con el fin de refutar la teoría que dice que los cerebros son diferentes. Pero el posmodernismo rara vez busca argumentar por medio de la ciencia sino por medio de la doctrina ideológica. Le dan atribuciones a la filosofía que son exclusivas para la ciencia.

    Decíamos que la ciencia (descriptiva) es amoral y por lo tanto no puede otorgar una escala ética o moral. Para eso se encuentran las ciencias normativas o tradicionalmente conocidas como humanidades donde entran la filosofía, la sociología y demás. Me referiré de aquí en adelante como ciencia a las ciencias descriptivas y como humanidades a las ciencias normativas. 

    Tanto la ciencia como las humanidades se complementan, no se puede entender una sin la otra; pero a la vez, ninguna puede invadir arbitrariamente el terreno de la otra. La ciencia no puede decir por sí misma qué es moralmente bueno o malo y las humanidades no pueden cuestionar un hecho científico como tal. 

    La ciencia dice, por poner un ejemplo, que existen algunas diferencias biológicas que inciden en el comportamiento de los hombres y las mujeres. La filosofía por sí misma no puede refutar ese argumento como hacen los postestructuralistas al decir que las diferencias entre géneros son meramente performativas y que las diferencias sexuales son meramente anatómicas. Si se quiere llegar a esa conclusión sólo se puede hacer por medio de la ciencia. Es decir, tendrían que refutar la teoría que dice que sí hay diferencias y comprobar científicamente que no las hay. El ser humano no puede decidir la naturaleza de las cosas por medio de la interpretación, el humano no puede decidir por mera interpretación la edad que tiene, sólo puede limitarse a describirla. 

    Dicho esto, la ciencia debe preguntarse ¿existen diferencias biológicas que inciden en el comportamiento de ambos sexos? ¿en qué medida influyen las condiciones biológicas y en qué medida inciden los factores culturales en el comportamiento?

    Tomando el caso de que las diferencias biológicas fueran ciertas, las humanidades y la filosofía se deberían preguntar cosas como: Tomando esto como una realidad objetiva que no podemos refutar dado que no nos compete ¿es moralmente justificable discriminar a la mujer tomando como referencia estas diferencias? ¿Estas diferencias hacen a un género más valioso que el otro? ¿Con base en los hallazgos científicos, cómo es que podríamos aspirar a la equidad de género o cómo debería ser el modelo de sociedad para que sea más justa y equitativa para todos?

    Si entendemos esto, podemos darnos cuenta que la ciencia por sí misma nunca discrimina porque no puede hacer juicios de valor, tan sólo describe la naturaleza de las cosas. Es la calidad ética y moral de quien usa la ciencia la que determina si se usa para un acto discriminatorio. Si una persona dice que hay que relegar o discriminar a las mujeres (con base en los hallazgos científicos) el problema no es de la ciencia, es del uso de la ética que la persona está haciendo, la ciencia simplemente se limita a describir hechos. 

    Quienes critican a la ciencia de ser opresiva o hasta patriarcal deberían en su caso criticar a la ética de quienes hacen mal uso de ella.  Querer desconstruir o negar un hecho científico en aras de la igualdad es algo muy peligroso. 

  • Peña, Lozoya y Rafa

    Peña, Lozoya y Rafa

    Peña, Lozoya y Rafa

    Ni a Rafa Márquez ni a Julión Álvarez se les ha comprobado culpabilidad alguna y sus cuentas están bloqueadas. Ni Rafa ni su familia pueden ir al cajero siquiera, porque nuestras instituciones asumen que ahí hay dinero malhabido. Tanto Rafa como Julión son inocentes hasta que se compruebe lo contrario.

    Pero las acusaciones contra Lozoya Austin, acusado de recibir decenas de millones como parte de un soborno de Odebrecht, son algo más contundentes

    A Lozoya no sólo no le congelaron sus cuentas para investigar el «dinero mal habido» sino que el trato de los medios ha sido bastante diferente. El escándalo de Rafa Márquez y Julión acaparó todas las primeras planas, el de Lozoya, no tanto.

    Las autoridades son muy eficaces cuando se habla de Rafa Márquez. Su reacción es «pronta y expedita». No sucede lo mismo con los funcionarios del gobierno, ni con Javier Duarte, a quien absuelven una y otra vez. 

    De Márquez se hacen transmisiones especiales y se habla hasta en los programas de chismes. De Lozoya se habla de forma tímida en las noticias y algunas cubren más bien sus palabras donde niega cualquier culpabilidad. 

    Y el problema de Lozoya, en caso de ser cierto (lo cual es altamente probable) es más grave en tanto es un miembro del Gobierno Federal, muy cercano al presidente Enrique Peña Nieto. Ciertamente, sería un golpe doloroso para el inconsciente colectivo que se encuentre a Rafa Márquez, uno de los pocos ídolos que todavía fungen como ejemplos a seguir, culpable de tener algún nexo con el narco; pero no hay nada más grave que los delitos sean cometidos por aquellos que se supone conducen los hilos de este país y los intereses de los ciudadanos.

    De Márquez se hacen muchas suposiciones: que era amigo del narco, que le pusieron una trampa, que no sabía. Las hipótesis rondan dentro de la comentocracia y de las personas interesadas en el chisme; pero pocos advierten que el escándalo donde Lozoya fue exhibido por recibir millonarios sobornos salió a la luz apenas un día después de aquella asamblea del PRI,  cuando Peña Nieto, el Presidente de la República, hablaba de su compromiso al combate contra la corrupción. Peña se limitó a borrar las fotografías en las que él aperecía con Lozoya Austin y Marcelo Odebrecht.

    Pensar que Márquez pudiera tener algún involucramiento con el narco genera mucho escándalo; pensar que un importante miembro del Gobierno Federal esté envuelto en actos de corrupción grave no lo hace. Este gobierno es tan corrupto que ya le aprendimos a normalizar su corrupción. Es una de tantas, dirán. Los sobornos de esta empresa en otros países han logrado meter a algunos políticos a la cárcel, aquí no pasa nada, todos hacen como que nadie vio, esperan a que se tranquilice la tormenta para seguir con su vida normal. Eso parece haberle dado suerte a Ruiz Esparza después del socavón donde murieron dos personas por la negligencia de las autoridades (tanto lo que tiene que ver con la construcción de la vía exprés, como al momento del rescate). 

    Y así, parece, terminará el sexenio. Actos de corrupción que florecen una y otra vez, mientras Peña sigue «comprometido» con el combate a la corrupción. 

  • Los blancos supremacistas y la radicalización ideológica de la sociedad

    Los blancos supremacistas y la radicalización ideológica de la sociedad

    Los blancos supremacistas y la radicalización ideológica de la sociedad

    Un amigo me decía, considero de forma acertada, que hay que temer más a los movimientos de ultraderecha que al radicalismo de algunos progresistas. Los ultraderechistas pueden imponerse más fácilmente en tanto los progresistas terminan, con el tiempo, siendo víctimas de sus propias contradicciones. Podemos condenar la corrección política que se promueve desde el progresismo, pero son más graves los actos racistas de la ultraderecha que per sé incitan a la violencia y que no se pueden explicar sin ella. 

    Lo que ocurrió en Virginia es una muestra de ello. Charlottesville tiene la peculiaridad, como algunas otras ciudades de Estados Unidos, de tener varios monumentos confederados, por lo cual Alt-Right decidió llevar a cabo su manifestación con antorchas ahí (dicha ciudad había decidido remover la estatua de Robert E. Lee), para que un día después, en la «contramanifestación», algunos ultraderechistas estamparan su automóvil contra los manifestantes liberales matando a uno e hiriendo a casi veinte más. 

    Pero las dos facciones políticas, que explican la polarización ideológica en Estados Unidos, no pueden entenderse sin su contraparte. El progresismo radical y el ultraderechismo son antípodas, pero como lo sugiere la teoría de la herradura, los extremos ideológicos suelen parecerse más bien:

    Entiéndase aquí muy liberal como muy progresista. Fuente: Pew Research Center.

    Ambos movimientos son utópicos, románticos (en el sentido de que son excesivamente idealistas) y tienen sus orígenes en la «contrailustración». Es decir, ambos movimientos son antiliberales (aunque algunos de izquierda se hagan llamar liberales) y están influenciados por corrientes de pensamiento irracionales. Son utópicos porque quieren establecer un modelo de sociedad de forma artificial. uno con base en el racismo y otro en el igualitarismo.

    Ambos se fortalecen y se radicalizan gracias a la presencia de su contraparte. Por un decir: la ultraderecha defiende un modelo de sociedad de supremacía blanca; luego, en consecuencia, el progresismo encuentra un argumento para fortalecer su discurso del «white privilege«. Entonces sugieren políticas públicas orientadas a buscar un estado de igualitarismo artificial por medio de políticas de acción afirmativa (que no debe de confundirse con acceso a oportunidades a todos con independencia de su raza, género y demás), y eso a su vez fortalece el discurso de la ultraderecha. Ahí está el ejemplo del ex empleado de Google, James Damore, que fue despedido y linchado en las redes sociales por sugerir que la diferencia entre la representación de género en las STEM se debía a ciertas diferencias de carácter biológico. Alt-Right ha decidido presentar a Damore como víctima, como mártir del progresismo, para así, fortalecer su discurso racista.

    Así, ambas facciones caen en un círculo vicioso. Peor aún, piensan que para combatir a su contraparte deben ser más beligerantes, pero eso sólo termina fortaleciendo a su oposición. Conforme crece más, entonces creen que deben serlo aún más.

    Ambas facciones son proclives a la generalización o incluso a la adopción de mitos para sostener sus argumentos. Mientras la ultraderecha afirmará que los negros son menos inteligentes, los progresistas radicales dirán que todos los hombres blancos son patriarcas opresores hasta que no demuestren lo contrario. Ambos optan por la coerción y en muchos casos la violencia para impulsar sus agendas. Los ultraconservadores buscan controlar a la mujer condenándola a roles tradicionales, pero los progresistas radicales también buscan controlarla para que adopte una forma de ser que no represente aquello que asumen que es parte de la «cultura del patriarcado». Así, mientras unos le prohiben a la mujer tener un rol activo en la sociedad, otros le prohiben ser tiernas, sensibles o sentirse orgullosas de su maternidad

    Es también una generalización decir que el feminismo como tal es una conspiración marxista (el espíritu marxista es patente sólo en sus vertientes radicales, que ciertamente hacen mucho ruido) o que todos los conservadores son racistas o machistas (de la misma forma, es algo que se ve más bien en sus vertientes extremistas). Pero los extremos intentan convencer al individuo que la otra facción política (desde la moderada a la radical) es completamente igual para así fortalecer su discurso: Todas las feministas son «locas feminazis marxistas» o todos los conservadores son «mochos blancos supremacistas». 

    Entonces, lo que sucede es que las posiciones moderadas, aquellas que van de la centro-izquierda a la centro-derecha, terminan en el limbo y poco a poco son superadas por sus vertientes extremistas. Este fenómeno es muy peligroso y es algo que tenemos que aprender a parar.

    Y no puedo terminar este artículo diciendo que el ascenso de Donald Trump (quien relativizó descaradamente el atentado de los supremacistas blancos) y los amagos de la ultraderecha en Europa se explican, entre otras muchas razones, por este fenómeno que acabo de explicar.

  • Rafa Márquez es inocente

    Rafa Márquez es inocente

    Rafa Márquez es inocente

    Rafa Márquez es inocente. Lo sé de primera mano. No es que el gobierno de Estados Unidos se haya equivocado precisamente en su investigación, ellos simplemente hicieron su trabajo; pero las cosas no ocurrieron tal y como se sugiere en algunos medios o algunos podrían pensar. Con el tiempo las cosas se esclarecerán y se sabrá lo que realmente ocurrió. Al tiempo.

    Tristemente, para el jugador del Atlas, esto tendrá un impacto tanto en su vida personal, profesional y en sus organizaciones civiles gracias a los cuales muchos niños han sido beneficiados.

    Pero independientemente de que estoy completamente seguro de la inocencia de Rafa Márquez, la noticia como tal es escandalosa y deja ver qué tanto ha penetrado el narcotráfico en el teijdo social.

    Es sabida la importancia que Guadalajara tiene para el narcotráfico. A excepción de algunas eventualidades muy esporádicas (como algunos narcobloqueos), Guadalajara no sufre de la violencia del narcotráfico porque no es tanto una plaza en disputa sino la sede donde algunos de ellos tienen su residencia y desde donde operan. Los tapatíos en su vida cotidiana no sienten mucho la presencia del narcotráfico pero ahí está. El narcotráfico tiene que ver con varios de los restaurantes de caché que visitan, con la gran cantidad de torres de departamentos lujosos cuyo número no corresponde con la demanda que puede generar la la ciudad, con los centros comerciales, con las discotecas, con casas lujosas en Colinas de San Javier, con parte de las inversiones que se hacen.

    El narco es para la ciudad como lo es la materia oscura para el universo. No se ve mucho, algunos ni lo perciben y creen que no existe porque mientras otras ciudades viven días de terror y miedo en Guadalajara se vive con relativa calma, pero está ahí y tiene una función muy importante dentro de la vida cotidiana de nuestra ciudad. 

    Hay un dicho que dice, si no te relacionas con ellos, si no te metes con ellos, nunca te va a pasar nada. El narcotráfico no es un riesgo, a diferencia de otras ciudades, para los turistas ni para la gente de a pie. Por eso es que de forma consciente, inconsciente, o por desconocimiento, los tapatíos hemos aprendido a convivir con esta realidad. Gran parte de la historia del narcotráfico, sobre todo en sus inicios, se encuentra escrita en esta ciudad. No sólo por el asesinato del Cardenal Posadas, sino por el asesinato de algunos de los más emblemáticos miembros de la DEA cerca de la Minerva en los años 80 y por el secuestro de Enrique Camarena Salazar quien se había infiltrado en el Cártel de Guadalajara. 

    El escándalo es tan sólo la punta del iceberg. Confío en la inocencia de Rafa Márquez pero si se escarbara más, seguramente muchas personas, varios otros nombres conocidos y tal vez alguno emblemático, saldrían a la luz.

    Entiendo la frustración de pensar que una figura como Rafael Márquez (quien junto con el cantante Julión Álvarez fue señalado por el Gobierno de Estados Unidos), ejemplo para las nuevas generaciones no sólo por su calidad como futbolista sino por su actitud fuera de la cancha, estuviera involucrada con el narcotráfico. Entiendo muy bien la frustración que siente León Krauze al escribir su columna donde toca el tema en un contexto en el cual las nuevas generaciones tienen cada vez menos modelos de referencia. 

    Es triste, aunque algunos insistan en no reconocerlo, que el narco es parte del tejido social. Es parte de la economía, y en algunos casos, hasta de la política. 

  • San Google, el sexismo y la corrección política

    San Google, el sexismo y la corrección política

    San Google, el sexismo y la corrección política.

    El día en que escribo este artículo se suscitó un escándalo porque Google despidió a un empleado suyo por criticar sus ideas progresistas y porque el memorandum que envió (y que se filtró), llamado «Google’s Ideological Echo Chamber» (La Cámara de Eco de Google) iba en contra de las políticas de inclusión y diversidad de la empresa. 

    No quiero culpar a Google porque hablamos de un empleado que criticó a la empresa en la que trabaja dentro de la empresa. Dicho esto, Google tiene derecho a despedirlo. (no, no estoy exculpando a Google porque tema que penalice a mi blog).

    Pero sí quiero criticar a quienes han linchado a este ex empleado y lo han tachado de sexista.

    Me molesté en leer ese memorandum que pueden encontrar aquí y yo no veo el sexismo por ningún lado.

    El autor, entre otras cosas, quiso decir que no hay tantas mujeres en STEM (ciencia, tecnología, ingenierías y matemáticas) porque dice, que como resultado de la biología, hay diferencias de personalidad que provocan que los hombres estén más orientados a los objetos y las mujeres a las personas. Por eso, dice, los hombres prefieren estudiar ingenierías y matemáticas, mientras que las mujeres estudian biología, psicología entre otros temas. Dice también que las mujeres experimentan mayores niveles de ansiedad, lo cual hace que sean menos mujeres las que ocupen cargos de mucho estrés. 

    Nunca dijo que las mujeres son inferiores, dijo que son diferentes. 

    La afirmación de que hay diferencias biológicas que inciden en la psique de ambos sexos no lleva implícita una discriminación. La llevaría si dicha afirmación la justificara o se utilizara dicho argumento para promoverla, lo cual no sucede aquí. 

    Algunos sospecharán de sexismo porque, de acuerdo a su argumento, menos mujeres se encuentran en posiciones de alto estrés o en ingenierías. Pero los sospechosistas no se indignarán por el hecho de que haya menos hombres en campo como la biología o en aquellas áreas donde se requiera una mayor interacción humana. 

    Pero el autor no sólo no es sexista, sino que esboza una serie de propuestas para combatir la discriminación y eliminar los sesgos ideológicos. Dice:

    Afortunadamente, los científicos y los biólogos no están en la derecha conservadora, pero la mayoría de los sociólogos y personas involucradas en humanidades sí están muy cargados a la izquierda.

    No se trata siquiera de una persona conservadora.

    ¿Es correcto el argumento del exempleado de Google?

    Es una pregunta compleja de responder, no concuerdo del todo con el autor (creo que le da más importancia a la biología de la que realmente tiene) aunque hace algunos señalamientos interesantes. Incluso dentro la ciencia parece que no ha sido fácil determinar contundentemente hasta donde las diferencias entre ambos géneros son producto de construcciones sociales y hasta que punto influye la biología. Sabemos que los roles como tales no son fijamente establecidos por la biología como se señala desde algunos círculos conservadores, pero tampoco podemos dar por sentado que la biología no ejerce ninguna influencia: No hay un cromosoma que diga que la mujer deba quedarse en casa o que el niño debe vestir azul y la niña rosa. 

    Por un lado podríamos argumentar que a los hombres se les enseña a ser más competitivos y menos sensibles que a las mujeres, y que por eso les atraen más las vocaciones orientadas a objetos, mientras que a la mujer se le enseña a ser más sensible y por lo tanto tiene una mayor empatía con otras personas. También podríamos pensar que algunos estudios científicos no toman esto en cuenta de la mejor forma a la hora de hacer sus estudios. Es decir, que en las distribuciones de las gráficas que presentan muestran la diferencia de preferencias entre hombres y mujeres les es difícil medir cómo es que las convenciones sociales influyen para que así sea.

    Pero por otro podríamos discutir, por un decir, el efecto que las hormonas tienen dentro del comportamiento: por ejemplo, la forma en que influye la testosterona en el comportamiento de los hombres. También podría decir que quienes promueven la idea de que el género es meramente performativo lo hacen desde una postura meramente filosófica y no basada en la ciencia. 

    Yo me atrevería a hacer la siguiente afirmación:

    Parte de la diferencia de roles entre ambos géneros son producto de construcciones sociales, pero sí podrían existir algunas diferencias de orden biológico que incidan de alguna manera en el comportamiento, y por ende, en algunas de las decisiones que el individuo tome a lo largo de su vida. Si estas existen, no justifican de ninguna manera la supremacía de un género sobre otro ni mucho menos la inequidad.  

    Y lo razonable a mi parecer para evitar cualquier tipo de discriminación es que ambos géneros tuvieran las puertas abiertas en las distintas áreas de trabajo, que en su proceso educativo se les de herramientas tanto para habilidades orientadas a objetos como a personas y que sean las mismas personas las que decidan qué camino tomar. 

    Esté en lo correcto o no, el exempleado no fue sexista, nunca buscó poner a la mujer en un peldaño inferior al hombre. Su planteamiento empieza mencionando que pueden existir sesgos tanto a la izquierda política como a la derecha, menciona algunos ejemplos de sesgos (la izquierda es muy idealista, la derecha muy pragmática, la izquierda suele ser muy cooperativa en tanto la derecha es muy competitiva), explica los vicios de las empresas cargadas a ambas orientaciones del espectro político y argumenta que Google está cargado a la izquierda. 

    El planteamiento que hace es de carácter político e ideológico, y lo hace evidentemente desde el centro político: a partir de ahí es que busca explicar las diferencias de género. El documento ni siquiera parte de un argumento relacionado con el género. Su argumento es, ¡Oigan Google, estoy a favor de la diversidad racial y la equidad de género, pero hay un sesgo ideológico y propongo algunas formas para abordar el tema de una mejor manera!

    El error del empleado fue criticar a su empresa dentro de la empresa y difundir a través de un memo su opinión. Google está en el derecho de despedirlo porque su acción no fue profesionalmente ética. Técnicamente Google también tiene derecho a tener el código que la empresa desee y si quiere cargarse a la izquierda o a la derecha lo puede hacer porque se trata de una empresa privada. Lo que es reprobable es que, por argumentar un supuesto sexismo, se restrinja su libertad de expresión al buscar ser censurado y linchado por usuarios de las redes sociales.

    Este es el peligro de la corrección política, que en aras de una supuesta igualdad se censuren cada vez más opiniones en vez de llevarlas a la mesa de debate. Ni siquiera se toleran ya las discrepancias sobre cómo es que se puede aspirar a ese mundo más equitativo que muchos deseamos. 

    Gracias a quienes llevaron a cabo este linchamiento la organización ultraderechista Alt-Right ya encontró un nuevo mártir ¡Gracias!

  • México está mejor que Venezuela

    México está mejor que Venezuela

    México está mejor que Venezuela

    El Gobierno Federal y algunos miembros de nuestra clase política han insistido en el tema de Venezuela porque saben que en el inconsciente colectivo todavía se encuentra aquella relación «Venezuela – López Obrador». Ante un tabasqueño al cual todavía no saben como bajar de las encuestas, asumen que el miedo a que México sufra lo que están sufriendo los venezolanos debe generar un efecto.

    Y en efecto, hay algunos miembros de MORENA que simpatizan con el régimen venezolano, y la crítica de la izquierda y López Obrador a este régimen o es muy tenue, o brilla por su ausencia. 

    Algunas personas identificadas con las facciones lopezobradoristas insisten en la hipocresía del gobierno mexicano por denunciar lo que ocurre en el cono sur. Pero van más allá, dicen que México está peor que Venezuela. 

    Para decir ello se basan en la violencia (evidente) que existe en nuestro país. Dicen que nuestro país es mucho más violento que el del país que gobierna Nicolás Maduro porque allá no hay narcotráfico ni «nada de esas cosas» aunque los números son claros: De cada 100,000 mexicanos 16 son asesinados (lo cual ya es una cifra muy alta), pero en Venezuela matan a 71 de cada 100,000 ¡más del triple!

    Ciertamente México es un país muy corrupto. La corrupción y la impunidad se han incrementado considerablemente en este sexenio. Pero el nivel de corrupción no se equipara con el de Venezuela que es el país más corrupto de América Latina de acuerdo a Transparencia Internacional. Nuestro país tiene, sí, un gobierno muy deficiente y prácticas que distorsionan severamente lo que debería ser una democracia, pero a Venezuela, después de la Constituyente de Maduro, ya se le puede considerar una dictadura donde la libertad política es muy escasa, donde mantienen prisioneros políticos, y donde prácticamente todos los medios están controlados por el régimen.

    México no es el mejor ejemplo de democracia y libertad, al punto en que se han utilizado herramientas de espionaje para vigilar a los «incómodos al régimen». Pero por otro lado no vemos a miembros de MORENA u otros movimientos opuestos al régimen tomados como prisioneros políticos como ocurre con Leopoldo López. 

    El estado de la economía de nuestro país no es el mejor, pero mal que bien se encuentra estable y no tiene esos índices de inflación desproporcionada que hacen que el valor del material de los billetes de los bolívares venezolanos sea más alto que su valor nominal. En nuestro país no hay desabasto de comida, ni de pan, ni se deben hacer largas filas:

    Muchas de estas afirmaciones tienen un origen ideológico: «Al menos Venezuela no es víctima del imperialismo», «Venezuela es un país socialista y revolucionario donde el gobierno se preocupa por todos y no por los ricos», «Venezuela es un país más igualitario que México (aunque esa igualdad se procure «bajando a los de arriba» y no «subiendo a los de abajo»).

    Concedo la crítica de que es hipócrita que el gobierno mexicano exija a Venezuela prácticas democráticas cuando nuestro gobierno no es un paladín de la democracia (véase Coahuila y el Estado de México). Pero por otro lado es mejor que esos pronunciamientos se hagan a que no se hagan porque el régimen ya dictatorial de Nicolás Maduro sólo puede terminar con la presión de la comunidad internacional.

    Es fácil idealizar a Venezuela sin investigar mucho de lo que realmente sucede allá, sin platicar con los venezolanos, quienes saben que manifestarse implica arriesgar su vida y su integridad. Es más sencillo pensar que todo se trata de una conspiración, de que los contenidos son arreglados, de que se le paga a la gente, de que se trata de reflejar una realidad distorsionada para «desacreditar al socialismo». 

    México está mal, absolutamente. Pero Venezuela está peor. 

    No nos engañemos.