Autor: Cerebro

  • Somos huérfanos políticos

    Somos huérfanos políticos

    Somos huérfanos políticos

    En medio de un país paralizado ante los contundentes casos de corrupción evidenciados, los ciudadanos estamos ante la siguiente encrucijada:

    Digamos que los ciudadanos tendremos que elegir en el 2018 a nuestro presidente dentro de una terna que podemos considerar pobre cuando menos, porque al parecer, ninguna de las opciones puede representar cabalmente a la mayoría. Dichas opciones, tomando en cuenta que sólo MORENA ya ha elegido candidato, son las siguientes.

    1.- El PRI: El partido que ha sumido a México en la corrupción y en una severa crisis institucional. El que ahora lidera este país con uno de los presidentes más repudiados de la historia. Aunque seleccionen a un «independiente» como Meade o Narro, al final, el partido cuyos miembros han sumido al país en un mar de corrupción, seguirá gobernando. 

    2.- El Frente Amplio Opositor  (FAO): Compuesto por PAN, PRD y MC, partidos de derecha e izquierda cuyas coincidencias son pocas pero que han decidido amalgamarse, en teoría, para hacer frente a este «régimen corrupto» cuyo fin, dicen, no es meramente electoral cuando en el fondo sí lo es. Como un amigo mío decía, imagina a un Legionario de Cristo que después de misa va a una marcha LGBT, y por último, decide afiliarse a un movimiento marxista. 

    Lo mejor que podría hacer el FAO sería colocar a un independiente. Pero aún con ese escenario no se resolvería de raíz el problema de la degradación política que impera en el país. Al final de cuentas, el independiente estaría de alguna forma sujeto a los intereses de los partidos que lo postularon.

    Y no sin olvidar que dos de los 3 partidos (el PAN y el PRD) viven una severa fractura interna, lo cual, en parte, explica la necesidad de crear este frente. No son lo suficientemente fuertes para «ir solos». 

    3.- El populismo: Representado claramente por MORENA y López Obrador, quien promete acabar tajantemente con la corrupción (aunque incorpore a René Bejarano a su equipo) y propone medidas obsoletas para hacerlo así como para hacer que la economía crezca (por medio de medidas con excesiva intervención del Estado). 

    4.- El independiente: Esta opción podría ser más factible, pero hasta la fecha, el conglomerado de independientes no ha elegido al candidato y existe la posibilidad de que, debido a las barreras de entrada para ellos, sea postulado por el FAO.  

    En este entorno, sólo los que simpatizan con el PRI (que gran parte de ellos lo hacen porque pertenecen a ese partido con los beneficios que ello implica) y los que simpatizan fielmente con López Obrador, pueden sentirse representados. Los suyos son los buenos y los otros son los rivales a vencer.

    Pero todos los demás hemos sido «dejados a la suerte». Somos una especie de huérfanos políticos quienes tenemos que ser pragmáticos a la hora de votar porque no hay alguna opción empate con nuestros valores y principios. No importa si somos progresistas liberales o conservadores. Básicamente no estaremos representados en la terna y tendremos que elegir a aquél que se le parezca un poco más, o bien, votar en contra de la opción que vaya más en contra de nuestros valores (algunos votarán en contra de la corrupción representada en el PRI, otros contra el populismo representado en López Obrador, o bien, contra la incongruencia ideológica del FAO). En realidad, parece haber más razones para votar en contra de alguien que en favor de alguien.  

    En la terna tampoco hay una alternativa que rompa con la degradación política que vive nuestro país. El PRI, naturalmente, representa su continuidad, PAN y PRD, son también parte del problema. MORENA es quien estaría dispuesto a tomar un riesgo mayor, sin embargo, muchos somos escépticos de que dicho riesgo pueda traer buenos dividendos y pensamos que más bien podrían replicar varios de los vicios del régimen actual. De la misma forma, vemos cómo MORENA puede incorporar a varios elementos de «la mafia del poder» en tanto les sean útiles.

    Algunos aseguran que esta condición se puede explicar desde un punto de vista global, donde los gobiernos y partidos occidentales tienden a tener menos credibilidad por su poca capacidad de representar ideológicamente a los ciudadanos. Pero creo que solo lo explica en parte, porque nuestro régimen también tiene sus peculiaridades que no se pueden explicar desde el exterior. La corrupción y el compadrazgo son claros ejemplos.

    Así están las cosas rumbo al 2018. Muchas cosas pueden pasar en un año, pero si no pasa algo raro, todo indica que los ciudadanos no tendremos «mucho de donde escoger». 

  • Al equipo de Animal Político, un gran reconocimiento

    Al equipo de Animal Político, un gran reconocimiento

    Al equipo de Animal Político, un gran reconocimiento

    Intento ver las cosas de una perspectiva positiva. Tal vez sea un mecanismo de defensa, esto ya es demasiado para mi psique. 

    Pero en vez de enfocarme en el atropello que naturalmente luego lo voy a abordar (porque lo que hizo el Gobierno Federal es un atropello a todos los mexicanos que debería poner a Peña Nieto y a todos los involucrados tras las rejas). Esta vez me voy a enfocar en la parte positiva de todo esto. 

    La parte positiva de esta historia tiene que ver con el periodismo.

    Tiene que ver con periodistas que trabajan profesionalmente y ponen en riesgo su integridad (porque vaya, un periodista arriesga su integridad al destapar una cloaca de este tamaño) para decirnos a todos los mexicanos que tenemos un gobierno miserable. 

    Es una noticia devastadora, pero es una noticia que los mexicanos merecemos saber. Grave sería que no nos enteráramos de esto.

    Grábate los siguientes nombres: Salvador Camarena, Daniel Moreno Chávez, Daniel Lizárraga, Francisco Sandoval, y todo el equipo que hizo esto posible. Se merecen un gran reconocimiento. Merecen el aplauso de todos los mexicanos. Lo hicieron con Javier Duarte, ahora exhibieron la putrefacción de todo el Gobierno Federal. También un aplauso para la organización civil Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad presidida por Claudio X González, a quien su padre, el propio Peña Nieto le dijera a su hijo que «ya no hablara tanto de corrupción»:

    Y a pesar de la «amenaza presidencial» Claudio X González no cedió. Explotó la bomba. 

    Ellos nos muestran, que a pesar de todo, hay esperanza. Que dentro de ese México de corrupción, de cinismo y de desfalcos, muy por debajo se está gestando un cambio. A pesar de las amenazas, del espionaje gubernamental, de las campañas de desprestigio, ahí están luchando, luchando por México. Se están arriesgando el pellejo.

    No solamente tenemos que hablar de «los güevos» que mujeres y hombres, profesionistas profesionales, pusieron en esta investigación, sino de la calidad de la propia investigación. Es una joya, es una obra de arte; se nota claramente que es producto de un minucioso trabajo, muy bien planeado, muy bien detallado, fueron hasta el fondo.

    Y el reconocimiento es más grande al ver que éste será uno de varios reportajes que saldrán los siguientes días. El 6 de junio viene un reportaje de la Sedesol y el dinero que no llega a los más pobres, el día siguiente uno de Pemex, y el otro, uno del que no tenemos tantos detalles que trata de un empresario de Villahermosa. 

    De verdad, se merecen un gran reconocimiento. Esto es periodismo ejemplar. 

    Agradéceles, dona dinero a Animal Político para que puedan seguir haciendo estos reportajes que dan un poco de aliento a la moribunda vida democrática de nuestro país. 

    Y por supuesto, consulta su reportaje aquí. Enójate, mienta madres, rompe algo, estás en tu derecho. Nadie que quiera a su país puede sentirse indiferente ante esta noticia.

    ¡Muchas felicidades Animal Político! Gracias por el enorme trabajo. 

  • El 5to informe de Peña Nieto, el informe del México que sí existe

    El 5to informe de Peña Nieto, el informe del México que sí existe

    El 5to informe de Peña Nieto, el informe del México que sí existe
    Fuente: Tomado de Facebook / El País

    Peña Nieto no entiende.

    Ahí, en alguna sala de Los Pinos, en un día nublado que no permite al sol llevar sus rayos ante el recinto donde se encuentra, sentado en una de esas sillas donde también se han postrado varios mandatarios, Peña Nieto reflexiona:

    – ¿Por qué, a pesar de las reformas que yo he impulsado la gente no me quiere?

    Peña Nieto, a sabiendas de que en un año terminará su mandato, está más preocupado que nunca por el juicio que hará de él la historia. Le da un sorbo a su vaso de Coca Cola Light (esa que toma todos los días), y preocupado, comienza a reflexionar:

    ¿Qué dirá la gente de mí en algunos años? ¿Cómo seré visto? ¿Madurarán las reformas que yo implementé y la gente dirá «ah, cuánto estábamos equivocados sobre él, si fue un buen presidente»? Peña Nieto apuesta a las reformas, no tiene nada más. Son, considera él, su salvación.

    De todo lo demás busca excusas. Cree que su mala fama no es producto de sus errores sino producto de factores exógenos.

    – Mira lo que está pasando en todo el mundo, el desencanto de la ciudadanía con los políticos es un «fenómeno mundial, no es mi culpa. Y atribuyo esto a la desinformación que hay en las redes sociales. La población tiene un concepto muy equivocado de mi presidencia, básicamente porque está desinformada y está manipulada.

    En eso, llega al recinto uno de sus asistentes para decirle que en un rato se filmarán los videos promocionales del Informe de Gobierno. Le avisa que el presupuesto para la comunicación tuvo que volver a subir en detrimento del presupuesto de otras secretarías y programas:

    – Nada más no logramos cambiar su imagen ante la sociedad señor Presidente: tenemos a los mejores creativos, gente experta en neuromarketing, y creo que no nos queda de otra que subir el presupuesto para ver si por medio de la repetición convencemos a los ciudadanos de que usted es un gran presidente.

    Peña se mantiene fiel a sus reformas. Ciertamente, algunas de ellas son, o al menos parecen ser, benéficas para el país; y ciertamente, la política hecha para que ocurrieran no se puede demeritar. Pero sólo eso y poco más puede presumir (tal vez el papel de Videgaray en la SRE donde parece que está siendo un muy buen aprendiz). 

    Peña Nieto no ha entrado en razón y no se ha dado cuenta que el juicio de la historia ya se ha emitido. ¿Por qué?

    Porque Peña les falló y les mintió a los ciudadanos (a veces de forma descarada) una y otra vez. Por su casa blanca (y el teatro posterior con Virgilio Andrade), por el espionaje a los opositores, por su postura timorata y displicente ante la masacre de Ayotzinapa, porque su gobierno ha estado manchado de corrupción y porque solapó (y hasta se benefició de) gobiernos corruptos como el de Javier Duarte, a quien sólo se persiguió cuando fue políticamente insostenible mantenerlo. Porque las instituciones, que se supone hacen que la democracia funcione, se han deteriorado como quedó demostrado en las pasadas elecciones de Coahuila y el Estado de México. Porque beneficia a sus contratistas como Grupo Higa y OHL. Ésta última, encargada de construir una vía exprés que produjo en pocos días de inaugurada un socavón donde dos personas, que pudieron ser rescatadas, murieron producto de la indiferencia de las autoridades. Porque cuando recibió a Donald Trump en Los Pinos no tuvo dignidad y permitió que pisotearan a nuestro país. Porque utilizó programas sociales con propósitos asistencialistas y electoreros donde no sólo se distorsiona la democracia, sino que genera dependencia dentro de la población atrofiando la iniciativa de los individuos «beneficiados». 

    Peña Nieto nos insiste sobre las amenazas del populismo autoritario (es decir, López Obrador), pero su gobierno no es paladín de la democracia. Por ejemplo, se ha utilizado al SAT (algo más propio del régimen de Nicolás Maduro que de un país democrático) para acosar a los opositores. También le pidió al padre de Claudio X González que su hijo dejara de ser crítico del gobierno. No sin olvidar las voces silenciadas como la de Carmen Aristegui, la de Pedro Ferriz poco antes de que iniciara su presidencia, y el uso y cooptación de diarios (El Universal es un claro ejemplo) para que escriban a su favor. No sin olvidar el espionaje que sufrieron sus opositores (partidistas, organizaciones civiles y periodistas). 

    De la misma forma, su gobierno está peleado con casi todos los sectores y organizaciones de la sociedad. Desde la Coparmex y la Iglesia Católica, hasta las ONG’s tanto de derecha como de izquierda que cuestionan duramente su presidencia y la corrupción que la ha caracterizado. 

    Peor aún. Peña Nieto insiste en la amenaza de López Obrador, pero si algo ha fortalecido la campaña de AMLO más que nunca es el gobierno de Peña Nieto. Su partido busca difamar a sus opositores (como sucedió con el panista Ricardo Anaya) para dividir el voto y ganar la presidencia (lo que a la vez podría terminar fortaleciendo la propia campaña de AMLO). Peor aún, pactan con los calderonistas para que el presidente Peña Nieto quede impune cuando salga de la presidencia

    Se puede hablar de los aciertos de su presidencia, los hay, nada es blanco y negro. Pero los mexicanos se sintieron varias veces, y con toda razón, traicionados por su gobierno. Que Peña Nieto insista sobre las reformas es como un esposo que recrimina los reclamos que le hace su esposa por sus constantes infidelidades y sus agresiones físicas porque éste lleva pan a la casa. 

    El juicio histórico ya está hecho, y no va cambiar mucho ni con las reformas. Salinas de Gortari se presentó como reformador, pero cometió el error de traicionar a sus gobernados. A la fecha, aunque algunos reconocen su espíritu reformador, casi nadie le perdona sus errores y hasta la fecha es visto como una especie de Maquiavelo. Salinas al menos puede sentirse más tranquilo pensando que, a pesar de todo, infunde respeto. Peña Nieto ni siquiera podrá contar con eso.

    Por más que intente hacer sentir a sus gobernados que el país va mejor, el agravio ya está hecho. 

    Por eso es que creo que su decisión de apartarse completamente de la política es sensata. Lo mejor que puede hacer, entendiendo que ni él ni nadie de su gobierno comparecerá ante la justicia, es desaparecer de foco en cuanto termine su presidencia. Por su bien, y por el bien de todos. 

    Y a pesar de todo, algunos insisten en que los que estamos equivocados y manipulados somos los mexicanos. 

  • ¿Qué es #LaOcupación y qué significa dentro de una sociedad cada vez más participativa?

    ¿Qué es #LaOcupación y qué significa dentro de una sociedad cada vez más participativa?

    ¿Qué es #LaOcupación y qué significa dentro de una sociedad cada vez más participativa?
    Fuente: @WikipoliticaJal

    Guadalajara es una ciudad donde se está sembrando, y se está sembrando muy bien, un futuro promisorio. Por un lado tenemos que hablar de su apuesta como hub tecnológico, donde una comunidad enfocada en tecnologías IT está creciendo de tal forma que está consolidando a nuestra ciudad como pionera en el ramo en Latinoamérica. Colectivos como Hackers & Founders donde cada vez más mujeres y hombres se reúnen, comparten sus iniciativas y crean redes, eventos como Campus Party o iniciativas del propio gobierno estatal que ha entendido muy bien su papel al crear la Secretaría de Innovación y festivales como Epicentro, son un claro ejemplo.

    Pero también, si hablamos de Guadalajara, tenemos que hablar de su «despertar ciudadano». Junto con la Ciudad de México, Guadalajara es una de las ciudades con una mayor cultura de participación ciudadana en nuestro país. Esto hay que decirlo, porque si queremos entender qué es #LaOcupación debemos entender el contexto en el que se lleva a cabo.

    El crecimiento de la participación ciudadana no sólo consta del surgimiento de ciudadanos que deciden involucrarse en el activismo o aquellas personas que crean organizaciones civiles o empresas sociales, sino de su articulación; para que así, todos aquellos individuos que participan activamente sean capaces de generar redes para fortalecer sus causas u organizaciones y puedan ir juntos consolidando una fuerza ciudadana que funja como un nuevo sector que se diferencie del público (gobierno) y del privado (empresas), de tal forma que tenga una mayor incidencia dentro del quehacer público. El tamaño de la fuerza ciudadana no sólo consta del número, sino de la forma en que está organizada.

    Así como Hackers and Founders, Campus Party y Epicentro buscan amalgamar a toda la comunidad tecnológica de la ciudad para consolidarla como tal, el propósito de La Ocupación tiene el mismo propósito dentro de la participación ciudadana. 

    Algunos podrán cuestionar si dicha iniciativa es completamente ciudadana o no porque entre los organizadores se encuentra Wikipolítica (una organización que aspira ser un partido) y Pedro Kumamoto (quien es diputado independiente) quien se ha ganado un respeto dentro de la sociedad tapatía (y nacional) por su forma horizontal de hacer política. Y podrán cuestionar si dichas organizaciones, al llegar al poder o tener más relevancia dentro de la política, seguirán manteniendo su carácter ciudadano, cuestionamientos muy válidos y necesarios. Pero lo que es incuestionable es que este tipo de eventos es resultado de una comunidad (o más bien una ciudad) que ya ha comenzado a consolidar cierta fuerza dentro del «tercer sector», una comunidad que ya tiene la capacidad de articularse y que ya no se trata de meras iniciativas aisladas o ciudadanos participando cada uno por su propio lado. 

    ¿Qué es La Ocupación? Básicamente es una especie de festival o evento que tiene ese fin: articular mejor a la ciudadanía participativa para hacerla más fuerte; y donde pueda, dice en su página web, construir nuevo conocimiento, compartir experiencias de la participación social y diseñar nuevas formas de colaboración. En este evento participan no sólo la sociedad organizada de la ciudad, sino que han sido invitadas organizaciones de todo el país e incluso de otros países de América Latina, de tal forma que los ciudadanos puedan adquirir conocimiento y compartir experiencias no sólo con sus pares, sino con aquellos que están haciendo cosas interesantes dentro de todo nuestro continente. 

    En La Ocupación, por medio de talleres y mesas de trabajo, los participantes pueden hablar, compartir sus experiencias y darse a conocer. Las temáticas son muy variadas: desde la educación, la libertad de expresión, la participación ciudadana, el rol de la mujer, emprendimiento, cultura, economía y muchos otros temas que van encaminados a fortalecer a la sociedad misma. Así, los ciudadanos pueden compartir y escuchar experiencias de personas que trabajan en diversos sectores, de tal forma que pueden enriquecerse al conocer diferentes puntos de vista. 

    Por ejemplo, yo tuve la oportunidad de asistir a una mesa de trabajo de la educación, ahí me tocó escuchar experiencias de personas involucradas en muchos sectores de quienes aprendí mucho: los diversos y a veces contrastantes puntos de vista y perspectivas muy diferentes de abordar un problema me ayudaron a pensar sobre el problema de la educación desde una perspectiva más amplia. Muchos vieron en ésta, una gran oportunidad para tejer redes e incluso hacer alianzas.

    México necesita una ciudadanía más activa y menos apática si se quieren ver cambios sustanciales dentro de nuestro país. Cuando la ciudadanía se fortalece, las mismas instituciones se democratizan e incluso los actores políticos empiezan a entender de mejor forma su rol y a desempeñarse mejor. Ya no sólo porque los políticos saben que el sector ciudadano actúa como contrapeso, sino porque una ciudad más activa, participativa y desarrollada es capaz de engendrar una mejor clase política.

    Al igual que el desarrollo de una comunidad tecnológica dentro de la ciudad ha derivado en políticas públicas orientadas al desarrollo tecnológico, la participación ciudadana engendra una clase política que entiende, cada vez más, que no puede ignorarla. A pesar de que en Guadalajara el nivel de satisfacción que tiene la ciudadanía con la clase política no es la mejor, es muy difícil ver la presencia de regímenes tan despóticos como sucede en entidades como Veracruz o Chihuahua. Incluso, si tomamos como referencia a un mismo partido, el PRI por ejemplo, vemos que su forma de hacer política en Jalisco es un tanto diferente y más abierta que la de otras entidades (donde es más vertical y opaca). 

    La Ocupación es una manifestación de eso, de una «clase ciudadana» que comienza a fortalecerse y a ganar relevancia. Por eso es que hay que festejarlo y hacerlo notar, porque estos eventos no sólo fortalecen a la sociedad, sino que son consecuencia, a la vez, de los años de desarrollo de la ciudadanía participativa.

  • Izquierdistas o derechistas ¿Quiénes son más inteligentes?

    Izquierdistas o derechistas ¿Quiénes son más inteligentes?

    Izquierdistas o derechistas ¿Quiénes son más inteligentes?

    La inteligencia suele utilizarse muchas veces para otorgarse una suerte de superioridad moral.

    De esta forma, vemos constantemente decir a la gente de izquierda que la gente de derecha es más estúpida y viceversa. Es común escuchar afirmaciones como las siguientes:

    1) La gente de derecha es más tonta porque es religiosa, la gente que es religiosa se aferra a un dogma en vez de buscar el conocimiento por sí misma, esto derivado de su falta de inteligencia.

    2) La gente de izquierda es más tonta porque ante su incapacidad para salir adelante por ellos mismos, esperan que el Estado los proteja. Como son poco inteligentes son poco capaces. 

    3) La gente de izquierda es tonta porque tiene baja tolerancia a la frustración.

    4) La gente de derecha es tonta porque le tiene miedo al cambio. Como son poco inteligentes, prefieren que todo siga igual.

    Primero tenemos que decir tanto la gente de izquierda como de derecha tiene conceptos algo distintos de lo que la inteligencia es, y generalmente dicho concepto está sujeto a sus valores políticos: 

    Dentro de la izquierda, que busca la igualdad y la equidad, se tiende a pensar que la inteligencia es muy maleable e incluso algunos de ellos suelen tener mucho recelo a la idea de que la inteligencia puede medirse a través del cociente intelectual. Les desagrada la idea de que la inteligencia esté determinada porque eso significaría que no se podría aspirar a crear una sociedad completamente igualitaria. 

    En la derecha sucede lo contrario, se tiende a pensar que la inteligencia está más bien determinada por la naturaleza e incluso los más extremos suelen hacer uso de ella para promover el racismo o la discriminación hacia las mayorías. La inteligencia es el argumento para mantener el estado de las cosas. 

    La ciencia parece mostrarnos un punto medio entre las dos aseveraciones. La inteligencia sí tiene que ver en parte con la genética pero también existe cierta maleabilidad. Hay quienes nacen más inteligentes que otros, pero los que son menos inteligentes pueden aspirar, al menos, a acortar distancias. 

    Pero a pesar de que no conciban a la inteligencia de la misma forma, los dos bandos sí coinciden en su uso para descalificar al oponente. 

    Uno de los argumentos es que la gente menos inteligente es más influenciable y por tanto susceptible de ser manipulada, lo cual de alguna forma es cierto. Pero también es cierto que la manipulación o el adoctrinamiento ideológico es algo que es muy patente en ambos espectros ideológicos y no sólo en uno.

    Otro argumento es que la gente inteligente es más racional y por tanto es inmune al dogma. Se cree que la gente inteligente es completamente tolerante y abierta a todas las corrientes de pensamiento. Sin embargo esto no siempre sucede así. Como Jonathan Haidt afirma, una persona inteligente puede utilizar sus altas capacidades cognitivas para aferrarse más bien al dogma que defiende y construir argumentos elaborados para combatir a sus opositores. 

    En realidad, las posturas políticas tienen poco que ver con la inteligencia y mucho que ver con otros rasgos: la genética predispone, de forma parcial,la orientación política del individuo; pero también influye mucho el contexto (el entorno en el que crece, las experiencias que viva a lo largo de su vida). Como dice el propio Jonathan Haidt, tiene que ver más con el hecho de que unos valoren más unos fundamentos morales que otros. 

    Resultado de imagen para the righteous mind

    Los estudios que intentan probar alguna relación entre la inteligencia y las posturas políticas suelen contradecirse entre sí. Unos dicen que los liberales son más inteligentes que los conservadores, otros que los inteligentes suelen ubicarse al centro y los menos inteligentes a los extremos, en tanto otros piensan que es a la inversa. No parece existir algo determinante que diga que cierto espectro político sea «más inteligente que el otro». 

    Y de hecho, si analizamos los rasgos que los individuos de izquierda o de derecha suelen tener, tienen que ver más bien poco con la inteligencia. Los progresistas suelen ser más creativos y abiertos al cambio en tanto que los conservadores suelen ser más metódicos y ordenados. Ambos perfiles son necesarios en el desarrollo de la especie humana y nada dice que alguno de éstos dos deba quedar rezagado producto de su «inteligencia menor». 

    Tratar de argumentar las posturas políticas por medio de su supuesta correlación con el grado de inteligencia tan solo trivializa el debate haciéndolo propenso a incurrir en falacias ad hominem (decir que la opinión del oponente tiene validez porque se cree que la gente de su postura política tiene una inteligencia menor). 

    Por lo tanto, apelar a la inteligencia en un debate político es algo absurdo.

    Y poco inteligente. 

  • De verdad, ¿Sirve de algo la ratificación de mandato?

    De verdad, ¿Sirve de algo la ratificación de mandato?

    De verdad, ¿Sirve de algo la ratificación de mandato?
    Fuente: Semanario La Verdad @LaVerdadPrensa

    Dentro de las democracias se han creado instrumentos que tienen como fin mejorarlas. Con ellos se busca ir más allá del clásico concepto de la democracia representativa donde el ciudadano vota por políticos que forman parte de una élite (política) para que lo represente y tome decisiones a su nombre. 

    Una vez que el ciudadano eligió a su representante, éste no tiene forma de castigarlo si ha hecho mal las cosas hasta que se lleven a cabo las siguientes elecciones. Es decir, si su representante faltó a su confianza seguirá gobernando como le plazca hasta que se acerque el proceso electoral, e incluso en ello influirá el interés que tenga el representante en esas elecciones. Por eso se dice que los representantes que aspiran a un cargo más alto (un alcalde que quiere ser gobernador, o un gobernador que quiere llegar a la presidencia) suelen gobernar mejor que quienes no tienen dicha aspiración (aunque ciertamente también suelen implementar políticas populistas y programas a corto plazo).

    La ratificación y la revocación de mandato buscan, al menos en teoría, perfeccionar el funcionamiento de la democracia dándole más poder al ciudadano para que quien lo represente tenga menos incentivos para fallarle. 

    Es decir, el representante (sea alcalde, gobernador o presidente) sabe que en algún momento de su gestión será evaluado por los ciudadanos para determinar si sigue en el poder o no. De esta forma sabe que si traiciona su confianza, estará de patitas en la calle.

    Pero para que la ratificación o la revocación de mandato funcione, necesita estar bien instrumentada. En el caso de la Zona Metropolitana de Guadalajara, donde los alcaldes de Movimiento Ciudadano se sometieron ante esta figura, se han exhibido muchas fallas en la instrumentación y en la concepción de esta herramienta. 

    ¿Qué características debe tener la figura de ratificación / revocación de mandato para que funcione bien?

    Primero, el árbitro debe ser imparcial. Si el propio alcalde o gobierno que se someterá lo convoca, entonces será juez y parte y el ejercicio puede perder credibilidad. 

    Segundo, la figura debe ser institucionalizada. Es decir, si dicha figura se va a implementar, debe aplicarse por ley a todos los alcaldes de todos los partidos que pasen por el puesto y en un determinado tiempo (por ejemplo, a la mitad del mandato). En el caso de Guadalajara no fue así, sino que fue promovida por los mismos alcaldes de Movimiento Ciudadano, argumentando que fue una de sus promesas de campaña. Los opositores afirman que esta medida es convenenciera y tiene propósitos políticos. Esto trae varias distorsiones a dicha figura:

    El representante en cuestión puede apelar a esta figura en un cálculo pragmático sabiendo que obtendrá un beneficio. Por ejemplo, que dicho representante sepa que su popularidad es lo suficientemente alta como para correr el riesgo de perder (porque ya ha hecho mediciones y estudios para conocerla). Así, sabe que con el triunfo asegurado obtendrá mayor legitimidad, lo cual le servirá no sólo para mantener su puesto sino para aspirar a un cargo de mayor rango: así, presumirá en su campaña que los ciudadanos ratificaron su mandato y que por lo tanto la voz del pueblo está con él.

    Tercero, una cantidad considerable de electores debería de participar en dicha convocatoria. Si participa una minoría, serán pocos los que están tomando una decisión a nombre de muchos. El problema se agranda cuando esos pocos pertenecen a un sector social de tal forma que dicho sector toma decisiones por los demás. 

    Movimiento Ciudadano, Enrique Alfaro
    Fuente: @Info_ThamaraV / El Informador

    Pero aunque esta figura fuera bien implementada, con todo y los beneficios que pueda traer, también presenta un problema:

    La permanencia de un representante depende de la popularidad que tenga dentro de la ciudadanía. Pero el buen desempeño de dicho representante no lleva necesariamente una correlación directa con su popularidad. Con el Brexit aprendimos que la población en su conjunto puede tomar malas decisiones. 

    Por ejemplo, imaginemos que un gobernador con buenas intenciones llega al poder. Al darse cuenta de la situación de las cosas sabe que tiene que tomar medidas drásticas que en el corto plazo resentirán los ciudadanos pero que son necesarias y benéficas en el largo plazo. Imaginemos que se ve en la necesidad de subir impuestos porque las arcas están vacías y necesita implementar programas y crear infraestructura la cual es necesaria para reactivar la economía del estado. El gobernador prevé que con esa medida la economía se reactivará hacia el final de su mandato, lo cual derivará en más empleos, un mayor poder adquisitivo y una mejor calidad de vida.

    El problema viene porque a la mitad de su gestión (cuando la gente salga a votar para ratificar su mandato) la gente no percibirá los beneficios; peor aún, sólo habrá visto un aumento en sus impuestos. El gobernador no es popular porque su apuesta es crear un beneficio a largo plazo que sea mayor a los sacrificios a corto plazo. Pero como sabe que su baja popularidad lo tendrá de patitas en la calle, entonces tendrá más bien pocos incentivos para aplicar esas medidas. Incluso, desde un punto de vista pragmático, a él como gobernador le convendrá más aplicar medidas populistas (que tengan malas repercusiones a largo plazo, más grandes que los beneficios a corto plazo) para conservar el poder. Podría entonces pagar el precio y dejar el proyecto a la mitad para que el gobernador que lo reemplace lo termine, pero en realidad no tiene ninguna certeza de que eso vaya a ocurrir. 

    El gobernador podría, sí, tratar de socializar el proyecto, de convencer a los ciudadanos de su plan, pero cuando la gente tiene poco dinero en sus bolsillos no suele ser muy paciente y es difícil (más en estos tiempos) que los ciudadanos depositen toda su confianza en el político esperando que sí de los resultados que prometió.

    ¿Sirve la ratificación o revocación de mandato?

    La respuesta es que depende mucho del contexto y de la instrumentación. No hay nada mejor en una democracia que la creación de un Estado de derecho sólido y un sistema donde los ciudadanos sí se sientan representados por los políticos. La ratificación de mandato, con todo y sus beneficios, no garantiza una mejor representatividad. Es simplemente un instrumento que puede ser útil en ciertos contextos.

    Y también útil para ciertos políticos que buscan legitimarse. 

  • ¿Por qué el mundo está mejor que nunca y la gente piensa que está peor que nunca?

    ¿Por qué el mundo está mejor que nunca y la gente piensa que está peor que nunca?

    ¿Por qué el mundo está mejor que nunca y la gente piensa que está peor que nunca?

    Vamos a recapitular un poquito. ¿El mundo está mejor que antes?

    Bueno, vivimos en el mundo más pacífico de la historia de la humanidad, la brecha entre mujeres y hombres es más estrecha que nunca, la violencia doméstica es cada vez menor y el número de violaciones a mujeres va en picada, cada vez tenemos menos personas dentro de la pobreza extrema, la esperanza de vida es la más alta de la historia y un largo etcétera. Hay datos duros que confirman todo esto.

    Sin embargo, en el mismo mundo se vive un ambiente más bien pesimista, como si todo hubiera sido peor que antes. Este vicio no hace distinciones políticas (tanto desde la derecha como de la izquierda se dice que el pasado fue mejor).

    Va un ejemplo: Aunque la mujer tiene un papel cada vez más preponderante en la sociedad y el hombre es más feminista que la mujer de hace 15 años, hoy se insiste cada vez más en la opresión del patriarcado. Cierto que todavía no se ha llegado al punto ideal y es cierto que las feministas tienen camino por recorrer, pero no se puede negar todo lo que ya se ha avanzado y los cambios dentro de la sociedad con respecto a este tema. 

    Va otro: Hoy más que nunca se habla de la violencia que existe dentro del mundo (excluyo a México porque en nuestro país la violencia ciertamente no ha menguado), se toman como referencia los ataques terroristas en diversas urbe como Europa, pero cuando se suman la cantidad de muertos por año, llegamos fácilmente a la conclusión de que la violencia se ha venido reduciendo de forma dramática. 

    Incluso el siglo pasado, que vivió dos crueles guerras mundiales, fue más pacífico que los siglos pasados. Pero la percepción es que no fue así, se pinta al mundo moderno como el más violento, cuando en realidad el ser humano se ha vuelto más pacífico con el tiempo.

    Y va otro: Hoy cada vez más que nunca se habla de las injusticias sociales que derivan en la pobreza. Ciertamente, nuestro mundo no es muy justo y tampoco es como que la distribución de la riqueza sea algo para presumir. Pero no se habla mucho de la reducción de la pobreza extrema, de cómo muchos países asiáticos se han enriquecido considerablemente elevando la calidad de vida de sus habitantes. Incluso muchos cuestionan la tesis que sostiene que el mundo es cada vez más desigual.

    Ciertamente, falta mucho trabajo por hacer: la violencia y los conflictos bélicos todavía existen; todavía hay un gran porcentaje importante de personas a las que hay que sacar de la pobreza extrema; la violencia contra la mujer no ha desaparecido del todo; de igual forma sucede con la discriminación con las minorías. Pero no, no estamos peor que nunca.

    Gracias a la democracia liberal el mundo se ha vuelto más pacífico. Y no sólo si hablamos de guerras externas, sino de conflictos internos, de violencia doméstica e incluso de las actitudes de los individuos (relacionados con el género, raza, religión).

    Esto se explica por muchas razones. Steven Pinker, tomando a Immanuel Kant como antecedente, afirma que los regímenes democráticos con un Estado de derecho sólido suelen ser más pacíficos. Primero, porque la opinión pública desaprueba las guerras y su voz tiene un peso mayor que en los regímenes autocráticos y fallidos (hay que recordar el costo político que padeció George W Bush por su decisión de llevar a cabo intervenciones militares en Afganistán e Irak). Segundo, porque en una democracia moderna con un Estado de derecho sólido, los individuos confían en las autoridades y por tanto tienen menos necesidad de resolver sus conflictos de forma violenta. Tercero, porque en las naciones que basan su riqueza en el comercio y el intercambio de bienes, es cada vez más provechoso hacer negocios que conquistar territorios. Cuarto, porque en las democracias que garantizan la libertad de expresión y manifestación, los individuos pueden luchar por sus derechos (no es casualidad que prácticamente todos los avances en materia de derechos humanos de los últimos dos siglos como el combate al racismo, el feminismo, y los derechos de la comunidad LGBT+ se hayan dado dentro de democracias liberales).

    Pero las democracias liberales son consideradas más bien las culpables de todos estos males. Los ensayos sobre género hablan sobre el «heteropatriarcado capitalista o neoliberal» (aunque haya sido en gran medida al comercio y a la iniciativa privada que las mujeres empezaron a acceder al mundo laboral), los ensayos de sociología culpan al «neoliberalismo» de la pobreza (aunque la creación de riqueza y el desarrollo de la tecnología, en gran medida desarrollada por entidades privadas, estén sacando a muchas personas de ahí), también la culpan por la violencia y ponen como ejemplo el carácter bélico (menguante) de Estados Unidos. 

    Celebremos que somos más pacíficos, pero no celebremos que estemos educando individuos cada vez más débiles de espíritu a los cuales se les enseñó que deben evitar el dolor a toda costa.

    ¿Por qué, a pesar de todo, existe un ambiente muy pesimista?

    Me preguntaría más bien si no se trata de una paradoja: que gracias a todos los progresos en cuanto a riqueza, a la pacificación de nuestra especie, y a los avances en educación y en acceso a la información, nos estemos volviendo una sociedad comodina que ha llevado su aversión al dolor demasiado lejos. 

    Celebramos que ya no solucionemos nuestros conflictos por medio de la violencia, pero a la vez nos hemos olvidado de que el dolor y el sacrificio son esenciales en el desarrollo del individuo. Ante una sociedad que busca combatir el dolor a como dé lugar, hemos creado una sociedad muy poco tolerante a la frustración (cuando hablo del dolor me refiero al estrés, al miedo, a postergar placeres). Ya no es raro ver que en algunas universidades algunas personas deseen que se considere el estrés como algo malo: si el estudiante se estresa por sus exámenes, entonces hay que consentirlo y apapacharlo para que no sufra.

    Celebremos que somos más pacíficos, pero no celebremos que estemos educando individuos cada vez más débiles de espíritu a los cuales se les enseñó que deben evitar el dolor a toda costa en lugar de enfrentarlo, a los cuales se les dijo que el estrés es indeseable, que la angustia por los exámenes es una forma de opresión.

    Celebremos nuestro evidente progreso en cuanto a derechos humanos producto de los colectivos feministas, pacifistas, y demás, pero no celebremos que recurrimos cada vez más a la victimización en vez del empoderamiento. No celebremos que en vez de mejorar la autoestima de quienes se encuentran en desventaja y abrirles más puertas, tengamos que modificar el lenguaje y promover la corrección política para evitar que se sientan lastimados.

    Y es natural: una sociedad a la que se le enseñó evitar el dolor a toda costa verá que todo a su alrededor es negativo y sombrío porque es muy sensible al dolor, no sabe cómo enfrentarse a él. Verá las injusticias y los actos de maldad (que ciertamente existen) y determinará que vive en un infierno del cual debe de ser protegido. Por esto se entiende que cada vez más personas sean proclives a caer en las garras del populismo y aquellos regímenes que amenazan con regresarnos a una «etapa anterior» que no conocen porque asumen que el pasado fue mejor, que hoy todo es más violento e injusto.

    Ese sí es un peligro latente, más si recurrimos a la dialéctica histórica de Hegel: que ante esta «tesis» liberal, le suceda una «antítesis» muy conservadora y oscurantista. Ver que tanto la derecha como la izquierda nieguen a la ciencia de forma cada vez más constante es algo que sí nos debería de preocupar.

    Algunos podrán decir que esta hipersensibilidad es positiva dado que gracias a ella la gente es más sensible ante lo que le ocurre al prójimo. Pero dicha hipersensibilidad más bien paraliza, porque luchar por las causas también implica dolor y sacrificio, el cual muchos no están dispuestos a pagar. Por eso es que el activismo de sofá, ese que sólo consiste en dar likes y firmar peticiones de change.org, está en boga. También dicha condición hace que se victimice a quien sufre como si fuera un pobre diablo: el hipersensible sentirá compasión por la víctima y poco más, no lo verá siquiera como su igual.

    El mundo avanza, pero la sociedad es cada vez más pesimista. Este estado paradójico de las cosas, de continuar así, comenzará a provocar una fuerte fricción (dado que dicha condición no se puede sostener por mucho tiempo). Tenemos que alertarlo, tenemos que alertar sobre nuestra pérdida de espíritu, de tesón, tenemos que replantearnos como sociedad, una sociedad de principios y valores, que tenga una identidad, que se forje, que sea más culta (la ignorancia y el exceso de información disponible es otra paradoja), que sea crítica (en vez de criticona), que asuma el dolor no como algo inevitable, sino a partir del cual los individuos se forjen como personas de bien. 

    Estamos a tiempo.

  • Los listos sí van al cielo

    Los listos sí van al cielo

    Los listos sí van al cielo

    El ser humano no es unidimensional.

    Es decir, podemos decir que un hombre es feo, pero no sólo es feo, también puede ser inteligente, fuerte, o antisocial. 

    Algunas de estas características pueden ser cambiadas del todo, otras sólo pueden ser cambiadas parcialmente, mientras que hay otras que están completamente determinadas y no se pueden modificar.

    El bienestar del individuo y su supervivencia dependen del papel que dichas características jueguen en un entorno dado, y cómo dicho individuo pueda jugar con ellas.

    Por ejemplo: un hombre que no es atractivo físicamente (aunque los gustos, se diga, se rompen en géneros, el ser humano tiende a considerar bello aquello que es simétrico) sabe que si llega a un bar, las mujeres (u hombres, si es homosexual) no se van a derretir por él ni mucho menos. Pero tal vez aquel hombre sea muy inteligente o sea muy bueno para entablar conversaciones y por medio de esos atributos logre conquistar a una mujer que le atraiga mucho.  

    Y decimos que el entorno importa mucho. Tal vez dicho hombre esté dentro de un grupo de personas que tienen gustos e intereses muy diferentes a los de él y aunque intente usar «su labia» terminará aburriendo a los demás.

    Lo mismo pasa con aquello que determina quienes sobreviven, quienes llegan a formar parte de las élites, quienes tienen una vida más provechosa o quienes quedan rezagados: La supervivencia del más apto. 

    En la antigüedad, la fuerza y la habilidad física era muy importante. Una persona débil (aunque fuera inteligente) no tenía muchas esperanzas de sobrevivir, ya sea porque era menos apto para cazar o recolectar comida o porque era uno de los primeros que sucumbía ante el ataque de una tribu rival. Esto también puede explicar en parte la supremacía del hombre a lo largo de la historia. La mujer, al ser más débil físicamente, tenía entonces un rol secundario.

    Actualmente, en la sociedad de la información, la fuerza y la habilidad física sirve para ser un atleta de élite y poco más. Tan sólo se requiere que mantenga una vida saludable (que haga ejercicio y se alimente bien). La fuerza tiene poca correlación con el bienestar y la prosperidad. En cambio, la inteligencia es determinante. Esto también explica que la mujer tenga un rol cada vez más activo dentro de la sociedad y que la brecha sea menor en aquellos sectores de la sociedad donde se usa la mente producir que en aquellos donde se usa la fuerza. 

    Pero aquí viene un problema: La inteligencia no es una característica muy maleable (está determinado, en parte, por la genética). Las personas que tengan fortuna en adquirir una inteligencia superior tendrán más posibilidades de tener una mejor calidad de vida. Aunque en la actualidad se hable mucho de la inteligencia emocional y de las inteligencias múltiples (que no dejan de ser importantes), lo cierto es que a mayor cociente intelectual hay mayores posibilidades de obtener un ingreso mayor, como podemos ver en esta gráfica:

    También hay una correlación directa entre la puntuación que los alumnos obtienen en el SAT (el examen que se aplica en Estados Unidos para entrar a la universidad) y el ingreso que tendrán. El SAT, el GRE, o el CENEVAL son básicamente exámenes para medir la inteligencia, de tal forma que se da prioridad a quienes son más inteligentes sobre quienes no lo son:

    Entre los especialistas hay discrepancias sobre si el cociente intelectual se puede modificar por medio de entrenamiento. Algunos dicen que sí, pero que hay un techo. También es cierto que la alimentación y educación a edad temprana influye. Es decir, las personas menos inteligentes pueden acortar la brecha con respecto a quienes son más inteligentes pero muy difícilmente podrán alcanzarlos. Las personas menos inteligentes tienen que hacer un mayor esfuerzo no sólo para tratar de no quedarse rezagados en el IQ sino para poder hacer las tareas que hacen las personas más inteligentes, con lo cual quedan en desventaja.

    ¿Cuál es el problema de esto?

    Que la tecnología y la inteligencia artificial están comenzando a sustituir los puestos de trabajo, y como la inteligencia artificial crece «de abajo para arriba» (su inteligencia va creciendo con el paso del tiempo), entonces irá sustituyendo primero aquellos puestos de trabajo que suelen ser hechos por personas menos inteligentes, como los puestos operativos.

    Ciertamente, en una sociedad inequitativa los puestos de trabajo no sólo tienen que ver con la inteligencia sino con la falta de oportunidades y con la poca movilidad social, pero pensemos en una sociedad relativamente equitativa donde los puestos corresponden al mérito y a las capacidades, tal y como suele ocurrir en algunos países desarrollados. 

    Los empleos que se crearán en sustitución de los primeros (si es que se alcanzan a reemplazar todos) serán más complejos porque requerirán una inteligencia mayor. Se requerirá que el individuo tenga más conocimientos en ciencias exactas (matemáticas, lógicas) y una mayor comprensión del lenguaje, lo que le requiere sí o sí, un mayor grado de inteligencia. Las personas menos inteligentes terminarían rezagadas o desempleadas. No cualquier persona puede programar o modificar las máquinas que harán automáticamente las labores que ésta haría manualmente.

    Es cierto que el cociente intelectual a nivel mundial se ha incrementado 20 puntos en los últimos años. Podría argumentarse que cuando «el futuro nos alcance» vamos a ser más inteligentes. Pero lo que han demostrado estos estudios es que el incremento ha ocurrido más bien en los países en desarrollo como China o India. Al parecer, cuando alcancemos un nivel de desarrollo en el que todas las personas estén bien nutridas y tengan un decente nivel de educación, el cociente intelectual tenderá a estancarse. 

    ¿Y cuando eso suceda, podrán absolutamente todos los individuos tener la capacidad cognitiva para ser ingenieros o desempeñarse en profesiones de alta demanda intelectual? ¿Podrá el ser humano, como producto de la evolución, lograr incrementar su cociente intelectual al punto en que practicamente todas las personas puedan desempeñar puestos que hasta ahora son para los «cerebritos»?

    Si eso no sucede, las personas que no son inteligentes estarán en muy serios aprietos. La inteligencia artificial ya está a la vuelta de la esquina. Los expertos en el tema pronostican que a mediados del siglo la inteligencia artificial empatará o incluso superará a la inteligencia del ser humano (sí, si eres millennial, vivirás para contarlo). Está tan próximo que cada vez más expertos hablan del tema y de los riesgos que esto conlleva (que la AI supere nuestra inteligencia conlleva muchos riesgos, en tanto que podría llegar a dominar a nuestra especie).  

    Y ciertamente, esto podría no ser justo. La biología no nos dota con las mismas capacidades a todos los individuos y es un tanto complicado que quienes sean poco inteligentes puedan «inclinar la balanza» con otro de sus rasgos en tanto que los otros rasgos que son y serán requeridos (como la capacidad para socializar) son más maleables y pueden trabajarse más que la propia inteligencia, por lo que pueden ser trabajados por quienes son más inteligentes para perpetuar su superioridad sobre quienes no lo son.

    Termino como empecé, diciendo que el hombre no es unidimensional, sino multidimensional. Pero el contexto importa, y el contexto se está inclinando mucho a favor de la inteligencia.