Autor: Cerebro

  • Ese México, ese México que quiero tanto

    Ese México, ese México que quiero tanto

    Ese México, ese México que quiero tanto

    Llevo dos días sin despegar la pestaña desde la computadora para tratar de ayudar desde aquí, sin importar si me tengo que desvelar. A veces angustiado por la situación, otras veces contento por ver todas las manifestaciones de solidaridad. Sólo me levanto para comer, cuando necesito hacer llamadas telefónicas y cuando voy a centros de acopio. Apenas este es uno de mis pocos descansos en que me doy tiempo de escribir.

    He tenido una sensación de impotencia, como deseando tener dos cabezas, ocho brazos, o estar en tres partes al mismo tiempo, como si pudiera hacer más, porque llego a ser poco consciente de mis limitaciones. Preocupado por el estado anímico por mis amigos y seres queridos que viven allá, porque si yo estaba shockeado ellos debían estarlo mucho más. Me sentía impotente porque sólo les puedo mandar mensajes de Whatsapp o una llamada (por Internet) y no podía darles un abrazo para ayudar a que bajara un poco la angustia. 

    Y sé que lo que hago no es nada a comparación de lo que muchos están haciendo, muchos están allá afuera arriesgando su integridad por salvar la de los demás, aquellos héroes que salieron de la nada, aquellos que borran cualquier sentimiento de pesimismo hacia la sociedad mexicana, esos que te dicen que otro México sí es posible, que la materia prima para ello existe y que basta con voluntad, de esa que se ha manifestado en estos difíciles días en la Morelos, Puebla, Oaxaca y la Ciudad de México. Esos que te animan, esos que vale la pena compartir una y otra vez para que las «neuronas espejo» hagan su trabajo e inspiren a otros más. 

    Y, al menos esta vez, quiero hablar de algo positivo. Ya después habrá tiempo para las críticas y análisis profundos de lo que se puede hacer mejor. Hay cosas que criticar y a quienes señalar, pero este no es el momento.

    Hoy quiero hablar de ese México del que me siento orgulloso. Ese que es mucho más grande, tanto en cantidad como en calidad, que aquel México que no deseamos y tanto criticamos:

    Ese México que veo en todos mis amigos, seres queridos y conocidos que me preguntan cómo pueden ayudar, con los que le pido ayuda y con todo gusto acceden, con aquellos con los que hacemos equipo, que nos unimos, a pesar de las diferencias o algún conflicto personal reciente. 

    Ese México que veo en las redes sociales donde todos tratan de hacer algo. Donde el caos no es tanto producto de la improvisación, sino del deseo desbordado de ayudar.

    Ese México donde las manos sobran, y si faltan, siempre hay alguien que dice, vamos para allá. 

    Ese México que demuestra la validez de los estudios neuropsicológicos recientes que afirman que el individuo es altruista por naturaleza. Nuestro impulso fue natural. 

    Ese México real, ese México que habíamos olvidado en nuestra vida rutinaria, ese México que quiere superarse a sí mismo, que quiere trascender y que sabe que tiene con qué. 

    Ese México del que ahora los medios extranjeros hablan muy bien por su capacidad para solidarizarse con su prójimo. Ese que no da material para la nota roja sino para la nota de esperanza.

    El mexicano, con todos sus talentos, con su ingenio, con su esfuerzo, puso lo que tenía que dar. Se sacrificó por los demás; y buscó, desde su trinchera, hacer lo mejor posible de acuerdo sus capacidades. 

    Los jóvenes, los millennials tan vilipendiados, tan criticados y señalados de flojos y apáticos, fueron quienes pusieron el mayor esfuerzo, quienes utilizaron la fuerza que les dota su juventud para remover escombros, para rescatar gente, para cargar con víveres, para organizar. La milicia, tan vilipendiada por algunos líderes políticos, fue aplaudida por la gente por su incansable labor. La gran mayoría hizo algo,  los que se quedaron atrás, lo que quisieron no participar, hacer memes y reírse de la tragedia fueron pocos, muy pocos. 

    México no se cayó, todos lo estamos sosteniendo, todos estamos manteniendo esto de pie. 

    Hoy no nos dueles México, hoy nos sentimos bien orgullosos de ti. 

    En estos momentos tan difíciles, salió el México bueno al rescate. Ese México del que somos parte tú y yo.

    ¡Gracias! ¡Gracias por ayudar!

    ¡Y vamos a seguirle!

  • ¿Cómo ayudar a las víctimas del terremoto de la CDMX?

    ¿Cómo ayudar a las víctimas del terremoto de la CDMX?

    Aquí iré compartiendo información sobre cómo pueden ayudar a las víctimas del terremoto. Si tienen más información háganmela llegar en los comentarios o en la Fan Page. 

     

    En la siguiente aplicación creada por alumnos del MIT puedes pedir ayuda u ofrecer ayuda:

    Entra aquí

    Y aquí en versión mapa. 

    Herramienta de Facebook para localizar personas y ayudar

    Entra aquí

    Localizador de personas en Google

    Entra aquí 

    Mapa con Google para ubicar edificios derrumbados, en riesgo de derrumbarse, centros de acopio y albergues:

    Ciudad de México

    Morelos

    Mapa de zonas críticas de Codeando México:

    Entra aquí

    Info para colaborar desde tu comunidad:

    Entra aquí 

    Compartir donativos en Amazon

    Entra aquí

    Lista de albergues

    Entra aquí 

    Sismomex, sitio web con info para centros de acopio:

    Entra aquí

    Otra de centros de acopio en toda la república:

    Entra aquí

    No divulgues las siguientes noticias falsas:

    Entra aquí

    Info sobre camiones de volteo, herramientas, insumos y demás:

    Evaluación de edificios

    ¿Cómo donar a las entidades afectadas?

    Donar a los Topos

    Donar  (ponen ellos la misma cantidad o más)

    Donar a la Cruz Roja

    Aquí información de centros de acopio dentro de la CDMX

    Centros de acopio en Jalisco:

    Centro de acopio en Monterrey:

    Teléfonos de contacto:


    En estos hospitales puedes recibir ayuda gratuita. 

    Requisitos para donar sangre:

    Recomendaciones:

    ¿Cómo abrir el wifi de tu casa para que quienes estén en la vía pública lo utilicen?

    Personas trasladadas a hospitales

    ¿Qué hacer después de un sismo?

    Revistar la estructura de tu casa o edificio para ver si lo debes desalojar

    Armar mochila de emergencia

  • 6 anotaciones sobre la marcha por Mara Fernanda

    6 anotaciones sobre la marcha por Mara Fernanda

    6 anotaciones sobre la marcha por Mara Fernanda

    1.- El asesinato de Mara Fernanda sí debe de ser considerado un feminicidio. No todos los asesinatos a mujeres deben de ser considerados como tal (por ejemplo, una mujer que se resistió a un asalto), sino aquellos donde su condición de mujer fue determinante. En este caso sí lo fue porque el asesino decidió violar a la víctima para obtener placer sexual y luego asesinarla. 

    2.- Las mujeres tienen todo el derecho a indignarse y a salir a las calles. Los hombres tenemos que ser empáticos con las mujeres y entender cómo repercute en las mujeres esta noticia. Las mujeres se sienten más vulnerables e inseguras porque sienten que les puede tocar a ellas un día. Y como los hombres son más fuertes que ellas, saben que es probable que no puedan aplicar mucha resistencia. Nuestro papel debe de ser como el que tomaríamos con cualquier ser humano que se siente vulnerable y en riesgo: el de solidaridad y apoyo.

    3.- Muchas personas argumentan que las mujeres son dramáticas porque «a los hombres también nos matan y nos matan más». Pero también es cierto que el hombre mata más y tiende a involucrarse más en actividades donde su vida está en riesgo (pandillerismo, o incluso narcotráfico). Además, partiendo de que los mexicanos tenemos derecho a la libertad de expresión, ellas tienen derecho a manifestarse como quieran. 

    4.- Si un grupo de mujeres va a organizar una marcha, ellas tienen el derecho de poner sus reglas. Si ellas deciden que los hombres no deben involucrarse en la marcha (como ocurrió en la CDMX), los hombres deben de respetar su decisión ni deben decirles como hacer su marcha. Dicho esto, Jenaro Villamil no fue respetuoso a la hora de intentar integrarse a la marcha a sabiendas de que las mujeres decidieron que la marcha fuera así.

    5.- Que las mujeres no dejaran que los hombres se integraran fue, a mi consideración, una mala decisión. Los hombres que quisieron solidarizarse se sintieron excluidos y creo que las mujeres deberían aceptarlos para tener más aliados a su causa. Algunos recibieron insultos tales como «asesinos» o «represores» por parte de algunas feministas radicales. En cambio, en Guadalajara, al menos por lo que pude ver, los hombres que se incorporaron se mantuvieron en silencio mientras las mujeres gritaban las consignas. Eso mandó un mensaje muy poderoso porque los hombres se mostraron solidarios con su causa y a la vez reconocieron que se trataba de un movimiento de mujeres y que ellas eran las que tenían la batuta. Así, los hombres que son machistas dispuestos a abusar de una mujer se pueden dar cuenta que no sólo son reprobados por las mujeres, sino por cada vez más personas de su mismo género.

    6.- Lamentablemente, el feminismo radical termina desvirtuando mucho estos movimientos. No sólo porque hacen mucho ruido, sino porque empoderan a quienes sí son machistas. Aquel feminismo excluyente (que más que feminismo debe de ser considerado hembrismo) donde los hombres son machistas a priori, y que a veces excluyen a las propias mujeres por ser feministas privilegiadas (por ser blancas o tener dinero) y también aquel que busca atacar al hombre y no al sexismo. Si bien, es un error generalizar y pensar que el feminismo radical es todo el feminismo, lo cierto es que muchas personas, sobre todo aquellas que no se molestan mucho en indagar, tienden a generalizar lo que ven. Es responsabilidad de nosotros los hombres no caer en generalizaciones y ver que el feminismo como tal es diverso, pero también es responsabilidad de ellas de desligarse de los grupos que predican la intolerancia. 

  • El feminismo de la tercera ola ¿es para todos?

    El feminismo de la tercera ola ¿es para todos?

    El feminismo de la tercera ola ¿es para todos?

    Cuando me preguntan si el feminismo es necesario (en el sentido muy amplio de la palabra)  yo respondo que sí, porque a pesar de los grandes avances en materia de género todavía no se ha llegado a la equidad. 

    Todavía existen varias manifestaciones que lo dejan ver así y enumeraré algunas de ellas. Es cierto que yo, al ser hombre, puedo no terminar de entender algunas de las problemáticas que las mujeres viven, pero para eso me he molestado en platicar con varias amigas al respecto:

    • La violencia en contra de las mujeres persiste en algunos sectores. En pleno siglo XXI, las mujeres tienen que cuidarse a ellas mismas para no ser víctimas de una violación o de un homicidio como sucedió con el caso de Mara Fernanda.
    • En algunos sectores sociales, mientras que es un sacrilegio que la mujer sea infiel, el hombre puede serlo sin consecuencias graves.
    • Algunas amigas me han contado que, dentro de las empresas en las que trabajan, han infravalorado en más de una ocasión su trabajo por el hecho de ser mujeres. Esto sobre todo en aquellas áreas que tradicionalmente han estado dominado por los hombres, tales como ingenierías y STEM.
    • La objetivación de la mujer en la publicidad y, especialmente, dentro de la industria pornográfica.
    • Falta de respeto a las mujeres con frases inapropiadas, piropos callejeros insultantes, etc. 

    Pero al mismo tiempo, varias amigas con las que he platicado me han comentado que se les dificulta o no están dispuestas a llamarse feministas por lo que, dicen, ese término representa hoy en día. O bien, me dicen, sí soy feminista, pero «no de esas». Otras señalan que la causa se ha desviado, que se ha atrincherado, o bien, que se ha dogmatizado. 

    Por eso, yo mismo quise analizar al feminismo actual, a ese que llaman «feminismo de la tercera ola», para tratar de entenderlo y así poder emitir una crítica. Anteriormente había hablado de las corrientes filosóficas subyacentes a este tipo de feminismo y de las malas experiencias personales que tuve con algunas personas que dicen representarlo, sobre todo, por la poca disposición a debatir. 

    Para esto me molesté en leer un libro llamado Feminism is for Everybody de Bell Hooks, quien es una de las más importantes representantes del feminismo de la tercera ola. Escogí este libro porque, después de analizar la filosofía que sostiene a esta corriente con anterioridad, se me hizo propio leer una obra que busca introducir al lector al feminismo sin muchas complicaciones. Contrastaré este libro con El Segundo Sexo de Simone de Beauvoir, y también retomaré el tema de las bases filosóficas de este tipo de feminismo. Estas tres herramientas, junto con información que consulté en Internet y otros medios, me ayudarán a hacer la crítica.

    Es paradójico, por ejemplo, que el libro de Hooks se llame Feminism is for Everybody cuando en su libro queda patente una y otra vez lo contrario, y que refleja uno de los más grandes problemas del feminismo actual:

    Mientras Simone de Beauvoir no hace distinciones y describe el problema para plantear algunas soluciones de las cuales todos son parte, Hooks sí las hace y parece sugerir que entre más oprimido sea el individuo, más autoridad moral tiene. Se trata de una especie de «discriminación a la inversa». Hooks no fundamenta mucho sus argumentos en fuentes ni estudios y hace muchas generalizaciones, a diferencia de Beauvoir que sí lo hace (con todas las desventajas de hacerlo en la primera mitad del siglo XX donde el acceso a la información era mucho más escasa), además que es más rigurosa.

    Hooks afirma que no se puede ser feminista y estar en contra del aborto, argumento que contradice el título de su obra porque entonces el feminismo no es para las personas que no son pro-choice. Pero luego muestra de forma constante cierto recelo a las mujeres blancas y de buena posición económica (quienes son privilegiadas). Entonces las puertas del feminismo de Hooks se reducen: el feminismo es para todas las mujeres pro-choice que no sean ricas y no sean blancas. 

    La filosofía posmoderna (postestructuralista), que toma de Foucault el concepto del poder y la opresión, pero sobre todo, la idea derridiana de la oposición binaria y la deconstrucción del lenguaje, ha creado una receta explosiva: la esencia del feminismo de la tercera ola son las relaciones de opresión. Es decir, en todas las categorías binarias una oprime necesariamente a la otra: Así, el hombre oprime a la mujer, la burguesía al proletariado, el blanco al negro. Este concepto, cuya autoría pertenece al filósofo francés Jacques Derrida, queda muy patente en la obra de Bell Hooks.

    Pero luego se le agrega un ingrediente más y es el de la interseccionalidad, un término acuñado por la activista Kimberlé Williams Crenshaw. Este término básicamente refiere a la idea de que los individuos viven identidades múltiples formadas por varias capas, y donde en cada identidad opera una relación de poder binaria donde una oprime a la otra. 

    Por ejemplo, una mujer no sólo es mujer, también puede ser blanca o negra, homosexual u heterosexual, rica o pobre. Con base en las múltiples identidades que un individuo tiene, entonces se puede determinar qué tan privilegiado es. 

    De acuerdo a esta teoría, el indigente de la foto de arriba es un privilegiado de acuerdo a su género, su orientación sexual y el color de su piel, y no lo será de acuerdo a su posición económica. En cambio, Oprah Winfrey es privilegiada solamente por su orientación sexual y su posición económica. Para estas corrientes postestructuralistas que ejercen influencia sobre el feminismo de la tercera ola y varios movimientos de izquierda como los Social Justice Warriors, el indigente puede ser considerado mayormente privilegiado y representante de la «supremacía blanca heteropatriarcal», aunque en la práctica veamos que los privilegios que tiene son más bien pocos. 

    Después de haber explicado las categorizaciones binarias de Dérrida, el concepto de la interseccionalidad y agregando los antecedentes marxistas de los filósofos postestructuralistas, entonces entendemos que en el libro de Bell Hooks se repita ad nauseam la siguiente frase: 

    La supremacía blanca patriarcal capitalista y colonialista. 

    La frase intenta dejar patente una condición de opresión. La supremacía blanca oprime a la gente de otras razas, el patriarcado (hombre) oprime a la mujer, dentro del capitalismo los capitalistas explotan a los trabajadores y a los que menos tienen, y dentro del colonialismo un país oprime al otro. 

    Además, se asume que dentro de las oposiciones binarias hay una relación de suma cero. Por ejemplo, el capitalista siempre oprimirá al pobre o el hombre a la mujer. Como una categoría binaria siempre oprime a la otra, no hay posibilidad de que se complementen.

    Así, se ignora que en la práctica el hombre y la mujer tienen la capacidad de complementarse al tener un objetivo en común como una familia o un equipo de trabajo; se ignora que el capitalismo pueda generar riqueza que terminará elevando el nivel de vida de la mayoría de la población y se ignora el hecho que fue dentro de las sociedades capitalistas donde se vieron los más grandes avances en cuestión de los derechos de la mujer; y de la misma forma, se ignora que la influencia de un país sobre otro no siempre genera resultados negativos. Por ejemplo, los programas de becas ofrecidas a los extranjeros son un claro ejemplo donde un país intenta influir sobre otro y donde a la vez los dos países ganan (el que ejerce la influencia y el estudiante que regresa con conocimientos a su país). 

    Este mismo concepto de la interseccionalidad es propensa a generar severas contradicciones. Una muy conocida es que dentro de estos movimientos no es posible defender a la mujer oprimida en países como Arabia Saudita, de hacerlo, se incurriría en un acto de islamofobia. Consideran que el colonialismo también es una forma de opresión de suma cero, y como todas las culturas deben ser consideradas igualmente valiosas, entonces es incorrecto criticar al Islam. En ese afán de «revisar sus privilegios» son capaces de ser implacables con las religiones propias como el cristianismo, pero a la vez son muy tolerantes con el islamismo, aunque en los países islámicos se oprima a las mujeres con base en El Corán. 

    Peor aún, Bell Hooks se atreve a afirmar que «dentro de las culturas de dominación supremacistas blancas y patriarcales, los niños no tienen derechos«. Yo me pregunto ¿cuáles derechos les están quitando a los niños? ¿Cómo es que el padre blanco y la madre blanca oprimirán al niño blanco por ser blancos? Hooks relaciona al patriarcado con los actos de violencia hacia los niños y también critica a la mujer cuando lo hace, pero aún cuando la mujer lo haga lo sigue llamando «patriarcado» (lo cual no tiene sentido), como si culpara al hombre de los actos que la propia mujer hace, porque hasta donde entiendo, el patriarcado consiste en la autoridad del varón dentro de una sociedad.

    Me es imposible imaginar cómo es que por medio de estas corrientes filosóficas se pueda aspirar a construir un sociedad incluyente, porque asumen que la opresión es una condición necesaria en las oposiciones binarias y que no tienen la capacidad de llegar a acuerdos aceptando sus diferencias, ni de complementarse ni de trabajar en equipo. 

    Al final, lo que obtenemos es un conflicto eterno que sólo puede ser paliado con una igualdad absoluta y artificial ¿les suena?

    Dentro de esta cosmovisión, la identidad no es individual sino colectivista.  Es decir, tu identidad no está dada porque eres un ser único e irrepetible, sino porque eres mujer, eres homosexual o eres negro. Dicha cosmovisión genera actitudes discriminatorias dentro de los colectivos, por ejemplo, hay casos donde las mujeres blancas o gays blancos «privilegiados» son vistos con recelo o son relegados. 

    Por esta razón es que proponen políticas de acción afirmativa (o discriminación positiva) como la cuotas de género o los «safe spaces«, que, con el afán de «proteger a las minorías» los aíslan de las mayorías cerrando la oportunidad del debate y el diálogo. Si los gays o los negros son discriminados, no hay que integrarlos para que quienes son heterosexuales o los blancos los conozcan, empaticen con ellos y hagan sus prejuicios a un lado, más bien hay que separarlos para que estén seguros y no reciban insultos. Así se promueven las cámaras de eco dentro de las minorías que se han aislado de las mayorías y también dentro de las propias mayorías que terminan teniendo menos contacto con dichas minorías. 

    El feminismo de la tercera ola no es un feminismo en el sentido amplio, sino uno sujeto a ciertas ideas filosóficas rígidas pero a la vez subjetivas y relativas. Basta comparar El Segundo Sexo de Simone de Beauvoir con el libro de Bell Hooks. Éste último se ve atado a la filosofía postestructuralista como si de seguir una receta se tratara, aunque no la mencione. Recurre a lugares comunes, a frases trilladas, estigmatiza a quienes dice, se encuentran en una postura de privilegio. En cambio, en el libro de Simone de Beauvoir se advierte una argumentación mucho más libre y flexible, no sin dejar de advertir que el nivel intelectual de Simone de Beauvoir es diametralmente superior al de Bell Hooks. Simone de Beauvoir apuesta al empoderamiento de las mujeres como la solución a la inequidad. Bell Hooks aspira al Estado de bienestar y a la estigmatización de los «opresores». Hooks insiste en que el feminismo no va contra el hombre sino contra el sexismo, pero exhibe constantemente al hombre como culpable de todos los males. 

    El feminismo de la tercera ola insiste tanto en el patriarcado que parece ignorar los logros de sus antecesoras. Si bien todavía no llegamos a una condición de equidad, también es muy cuestionable decir, al menos dentro de las sociedades urbanas occidentales, que vivamos bajo un régimen patriarcal. El patriarcado asume que el varón tiene la autoridad dentro de la sociedad, pero vemos que cada vez más mujeres se integran a puestos de poder, cada vez más mujeres dirigen empresas grandes, son intelectuales o son idolatradas por sus hazañas deportivas. Si bien todavía existe una condición de inequidad, ya no podemos hablar de una sociedad completamente dominada por el hombre, incluso las actitudes del hombre hacia la mujer ha cambiado (gracias, en parte, a la lucha del feminismo). 

    Actitud hacia la mujer (en Estados Unidos los hombres de 1995 eran más feministas que las mujeres de 1970). Fuente: The Better Angels of Our Nature de Steven Pinker. 

    Cuando se habla de una opresión hegemónica patriarcal se ignoran los cambios de actitud, la disposición de cada vez más hombres para darle a la mujer el lugar que merece, tanto en el terreno personal como en el profesional. Así, en lugar de partir de que habría cada vez más hombres aliados a su causa, asumen que el hombre (y todas las personas que se puedan encasillar dentro de las «categorías privilegiadas») es opresor por defecto, como si se tratara de un «pecado original», y que es culpable hasta que demuestre lo contrario. 

    Cuando se habla de una opresión hegemónica patriarcal, también se ignora que cada vez más hombres reprueban la violencia contra las mujeres y que, a pesar de todo, cada vez menos hombres ejercen violencia contra ellas (aún así se debe luchar para erradicarla por completo). 

    Dentro de las sociedades urbanas se puede hablar de manifestaciones patriarcales, machistas o sexistas, pero ya no de un régimen patriarcal como un todo. Eso es importante notarlo para poder atacar de mejor forma los problemas que todavía existen. Asumir que existe un régimen patriarcal como tal sólo alienará a los hombres que ya no presentan rasgos machistas o sexistas.

    A diferencia del Segundo Sexo de Simone de Beauvoir, que me hizo lograr empatizar con la mujer como pocas veces, el libro de Bell Hooks generó en mí el efecto contrario, como si tuviera que sentir alguna especie de conmiseración, como si me tuviera que compadecer de ellas por la constante opresión que sufren. Yo me niego a hacerlo, por el contrario, yo preferiría aplaudirles por todo su esfuerzo, por mostrarnos de que están hechas, por callarles la boca una y otra vez a personas de nuestro género con sus logros, con su esfuerzo y con su dedicación.

    Y para terminar aclaro: con mi crítica no les estoy diciendo a las mujeres lo que tienen que hacer. Nadie puede decirles como hacer su lucha. Pero si yo considero a las mujeres al mismo nivelo que los hombres entonces ejerceré mi crítica sin hacer distinción de género.

  • La muerte de Mara Castilla. Ella no se lo buscó

    La muerte de Mara Castilla. Ella no se lo buscó

    La Muerte de Mara Castilla. Ella no se lo buscó

    La muerte de Mara Castilla es algo que nos consternó a quienes nos enteramos de lo ocurrido.

    La joven, estudiante de Ciencias Políticas, pidió un Cabify a través de su smartphone y nunca volvió a aparecer. Después supimos que había muerto y que el principal responsable había sido el conductor de Cabify, uno de esos servicios que nos prometían, hasta hace poco, mayor seguridad que los taxis convencionales. 

    Muchas amigas mías, cuando toman un taxi, procuran irse en el asiento trasero, mientras que para nosotros los hombres irnos en el asiento delantero no representa ningún problema. Hay quienes no entienden por qué esto sucede. 

    Lo que ocurre es que la mujer suele sentirse vulnerable ante un hombre de quien no tiene referencia. Para entenderla mejor podría decir que un hombre para una mujer es algo así como un negro fornido de dos metros para nosotros. Uno de los grandes miedos de la mujer es que ella sea violada o abusada sexualmente (y dicho miedo tiene bastante justificación ante los constantes abusos), no sólo por la violación en sí, sino porque en algunos lugares todavía existe la creencia de que una mujer violada es algo así como una mujer sucia, una mujer que «ha perdido algo». En ciertos círculos sociales, la mujer que fue violada tiene que cargar, además, con un estigma.

    Dicho esto, una violación es el acabose para la mujer. Pero lo que ocurrió con Mara Castilla es peor, porque ella perdió la vida.

    Me pregunto, frustrado, cómo en pleno siglo XXI, cuando se supone que presumimos tantos avances en materia de derechos humanos y de capacidad para vivir de forma civilizada, existan personas que sean capaces de matar al prójimo a cambio de varios minutos de estímulo genital. 

    Los primeros señalados son el propio Cabify (y de paso Uber) por no ser estrictos a la hora de seleccionar a su personal. Evidentemente, Cabify tiene responsabilidad en lo sucedido, empresa que parece no quiso asumir cuando envió un comunicado que más bien parece sacado de un machote donde lamenta el «fallecimiento» de Mara Castilla (el cual fue un cobarde asesinato y violación perpetrado por uno de sus empleados).

    Tienen razón los colectivos feministas cuando critican a Cabify por relativizar el asesinato de Mara Fernanda Castilla. No se puede hablar de un simple fallecimiento, sino de un asesinato que ocurrió, entre muchas otras cosas, por su poco profesionalismo a la hora de hacer la selección de personal. Quienes usamos servicios privados como Uber y Cabify nos hemos dado cuenta cómo estas empresas son cada vez más laxas al contratar a los choferes.

    Pero si nos quedamos en la crítica a estas empresas no llegaremos al fondo del asunto. ¿Por qué pasan estas cosas? ¿Qué estamos haciendo para que personas que debieran ser hombres de bien se convierten en violadores que impunemente abusan sexualmente de otras personas? ¿Qué es lo que pasa en el tejido social de las comunidades de nuestro país para que esto ocurra? Porque este no es un caso aislado, como este caso hay varios de los cuales no nos enteramos. Las feministas dirán que la raíz de todos los males es el machismo, y en parte tienen razón: ciertamente este es un acto machista, porque el hombre somete a la mujer para obtener un deseo sexual. Pero podemos profundizar todavía un poco más, yo me atrevería a hablar de la impunidad.

    El asesino se atrevió a abusar de Mara Castilla porque, como casi todos los criminales saben, las posibilidades de que sea castigado por su fechoría son bajas. Parece que el chofer pagará por sus actos. Pero si esto ocurre es porque, primero, no planeó muy bien el crimen (al ser conductor de una unidad, es muy fácil rastrearlo), y segundo, por la presión de la familia, de la sociedad y de la gente en las redes sociales.

    Como suele ocurrir, algunas personas empezaron a sugerir que Mara fue violada y asesinada por su culpa. Las frases: «es que ella iba vestida así o ella se lo buscó» volvieron a aparecer.

    Si me matan es porque me gustaba salir de noche y tomar mucha cerveza – Mara Castilla. 

    Las violaciones y los ataques a las mujeres son síntoma de que muchas cosas no están funcionando bien dentro de la sociedad. Tiene que ver no sólo con la cultura, sino con las instituciones débiles, con la impunidad, con la educación en casa. 

    Se entiende completamente por qué las mujeres se la tienen que pensar dos veces a la hora de pedir un taxi o un servicio privado. Como sociedad hemos hecho más bien poco para que eso cambie. Allá afuera hay muchos hombres trastornados que son capaces de violar y matar, y lo peor es que pueden hacerlo con completa impunidad. 

    QEPD Mara Fernanda Castilla. 

  • Apple, la manzana de la discordia se vende muy cara

    Apple, la manzana de la discordia se vende muy cara

    Apple, la manzana de la discordia se vende muy cara
    Imagen: CNET

    Hace 10 años Apple lanzaba el iPhone, ese aparato que revolucionó desde abajo a la telefonía móvil. Los cambios de consumo son radicales, toda la industria se abocó a imitar el nuevo aparato de Apple (algunos con mucho éxito, algunos otros no tanto) y durante 10 años el mercado ha seguido sea línea. Los más reticentes (Blackberry, Nokia) terminaron en la quiebra.

    De ese fue el tamaño de la mente de Steve Jobs, quien, al morir de cáncer, no logró ver todos los resultados de su legado. Su idea, a 10 años, es el estándar de la industria.

    Apple ya no tiene el genio creativo de Steve Jobs (lo cual de alguna manera se resiente). Pero son tantos los que han intentado «matar a Apple» que sigue más vivo que nunca. 

    De hecho, los que intentan matar a Apple se han convertido en una suerte de promotores involuntarios de la marca. La han tratado de matar una y otra vez. Varios años después, lo siguen haciendo. Apple les da gracias porque eso es publicidad gratuita. 

    La «indignación» provocada por el iPhone X tal vez no sea producto de un descomunal fracaso de la empresa de Palo Alto. Si entendemos bien a Apple, podríamos decir que se trata de lo contrario.

    En las redes he escuchado comentarios que dicen «está horrible», «no es innovador», «usa tecnologías que ya se usaban en otros teléfonos», «está bien caro», «los emoticons animados son estúpidos». Sin embargo, todo el mundo habla de él. Ningún otro teléfono ha llamado tanto la atención este año como el iPhone X. 

    Me atrevo a sospechar que el precio es lo que más indignación provoca. De hecho, es muy probable que aquellas «otras cosas que indignan» no indignarían tanto o no indignarían nada si su precio no fuera tan prohibitivo. Como es algo que yo quisiera comprar y no me lo puedo comprar porque Apple me lo puso más lejos de mis manos, entonces voy a buscarle todos los defectos del mundo.

    Si algo sabe hacer Apple es venderse como una compañía de status. Tener un iPhone es un privilegio, todo mundo sabe cual es el iPhone y no tanto cuales son los demás. Nadie presume con tanto ahínco sus Samsung o sus Huawei (aunque sean mejores). Puede que otros teléfonos tengan especificaciones superiores, pero el iPhone es «el teléfono», es el que dio el primer paso, es el que está en la vanguardia (al menos así se han logrado posicionar y así lo ha creído la gente, aunque no siempre sea cierto).

    La estrategia es inteligente, aunque algunos no lo quieran reconocer. Al subir el costo, el privilegio de tener aquél teléfono es todavía más grande. Apple sabe que tal vez venderá menos iPhone X, aunque el precio prohibitivo y la necesidad de «ser privilegiado» hará que muchos decidan «tirar la casa por la ventana» para ser parte del club más selecto. Los que no estén dispuestos a pagar tanto no se le irán a Apple de las manos porque para ellos lanzó el iPhone 8. Estrategia redonda: Para los importantes, el iPhone 8, y para los muy importantes, el iPhone X. 

    Apple lo sabe. Así lo pensó. Al sacar un iPhone muy caro, el mensaje es: «este es un teléfono que no cualquier persona puede aspirar a comprar, por lo tanto, si tú lo compras, podrás sentirte un privilegiado, podrás reforzar tu ego e incrementar tu autoestima». Aunque técnicamente no sea el mejor, «es el mejor». La idea es que la gente lo perciba como «el mejor» y eso es lo que importa. Percepción 1 Realidad 0.

    Apple no apela a la razón por medio de las especificaciones técnicas, apela a las emociones por medio de un sentimiento de pertenencia a algo a lo que no todos pueden pertenecer. 

    Algunos señalan la arrogancia de Apple, pero Apple siempre ha sido arrogante. La arrogancia hace que se pueda diferencias de las demás marcas. No son los nobles los que suelen presumir su status ni sus privilegios. 

    Tienen razón los que dicen que el iPhone X no es el teléfono más innovador ni el que tiene las mejores prestaciones. Entendemos que sin una mente como la de Steve Jobs se antoja complicado innovar como lo llegó a hacer, pero entendemos también que lo que importa más en los teléfonos de Apple no son tanto las especificaciones, sino el status y la experiencia de usuario. Es cierto que desde la partida de Steve Jobs Apple ya no es tan innovador ni irruptivo, pero ha podido mantenerse a flote y seguir viviendo de su legado. Siguen siendo impecables con los acabados de los teléfonos (aunque el hardware no siempre sea el mejor), y sobre todo, siguen vendiendo eso que hace que la gente vea a Apple como algo de otro planeta: el hecho de ser un privilegiado. 

    Y si muchas personas están indignadas por su precio, es porque la estrategia está funcionando. 

    Y si en realidad creyeran que «Apple ya se fue a la mierda» no estarían tan molestos y posiblemente ni siquiera estarían hablando del nuevo teléfono. Pero todos los medios le están dando cobertura. Twitter está lleno de memes y comentarios de su teléfono.

    Para darle un mayor status al teléfono (y a la marca) había que asumir los «daños colaterales», que algunos simpatizantes de la marca queden fuera del selecto club.

    Aunque varios de ellos harán todo lo posible por no quedar fuera. 

    Apple sabe entender muy bien la condición humana. 

    Apple sigue vivo. 

  • La tomadura de pelo de Mancera

    La tomadura de pelo de Mancera

    El día de ayer, después de ir a San Lázaro, me «trepé» a la línea rosa del metro para ir a La Condesa. ¿Qué fue lo que vi? Mancera por todos lados. Mancera tratándome de convencer de que, contrario a lo que piensa todo el mundo, sí había gobernado bien. Esto, en el contexto de su informe y de su ilusa aspiración presidencial.

    Pero de entre toda esta halaraca me llamó la atención una cosa, y es su frase «Cinco años de hechos, no de política». 

    Su frase es una tomadura de pelo ¿Por qué?

    Porque básicamente lo que se debe de esperar de un político es, pues que haga política, porque en su profesión la política es indispensable para gobernar y hacer aquello que la población espere se haga. 

    Es como si un arquitecto dijera «Cinco años de casas bonitas, no de arquitectura». Si yo viviera en una de esas casas entonces estaría muy preocupado porque si no hizo lo que se espera de un arquitecto, entonces posiblemente la casa se vendría abajo y moriría aplastado. 

    No sé si él, o quien le hizo la campaña, crearon esa frase pensando en que muchos ciudadanos, cuando escuchan la palabra política, la asocian con corrupción, despilfarro, y demás términos que se escuchan constantemente en las noticias.

    Pero esa es «mala política», esa es la tergiversación y la corrupción de la política. 

    Los políticos negocian, crean alianzas, son pragmáticos. Es lo que se debe de esperar de ellos. La diferencia estriba en que el buen político lleva a cabo dichas actividades en beneficio de sus gobernados en tanto el mal político las lleva a cabo en beneficio de sus intereses. No es lo mismo negociar y llegar a acuerdos que deriven en la mejora de la educación que el caso del Fiscal Carnal. 

    No hacer política es no hacer lo que le corresponde al político. Si Miguel Mancera no estuvo haciendo política ¿entonces qué diablos estuvo haciendo todos estos años en la Ciudad de México? 

    Si Mancera dijo que «nunca hizo política» entonces entiendo por qué sus resultados son magros. 

    Así, bajo este falso supuesto,  las líneas del metro de la Ciudad de México están tapizadas con su cara y su absurda frase, en tanto que las pantallas transmiten una y otra vez sus spots donde intenta justificar, hasta donde le alcanza, su mediocre gobierno. De igual forma ocurre con el PRD, que de forma desesperada, tapiza los barrios populares recordándole a la gente todos los programas sociales. 

    En una ciudad donde la inseguridad es cada vez mayor, presume como su máximo logro las reformas que convirtieron al «Distrito Federal» en la «Ciudad de México», junto con varias políticas públicas que, a decir verdad, no son trascendentales. 

    Mancera generó muchas expectativas, se presentaba como aquel hombre bienintencionado de «izquierda moderna» que continuaría y amplificaría los logros de su antecesor Marcelo Ebrard. Se quedó corto, se exhibió como un inepto.

    Y pues así no se puede aspirar a la silla presidencial. 

    Bueno, excepto si eres, ya sabes quien. 

  • La madre naturaleza, la señora vengativa

    La madre naturaleza, la señora vengativa

    La madre naturaleza, la señora vengativa
    Fuente: Diario Popular

    Hay quienes dicen que la naturaleza es despiadada, que no se toca el corazón.

    ¿Pero desde cuándo a acá la naturaleza tiene conciencia? 

    La naturaleza no se puede «vengar» del ser humano porque ésta es un ser vivo, ni es una entidad que posea conciencia alguna. La madre naturaleza es, en realidad, el ecosistema de nuestro planeta, el cual está regido por las leyes de la física, y cuyo equilibrio permite nuestra existencia. 

    Los huracanes que han devastado varias ciudades del norte de América no son un acto de venganza, aunque puedan tener relación con el cambio climático provocado por los seres humanos. Simplemente sucede que el ser humano, como una «externalidad» de su voracidad, ha manipulado de alguna forma el equilibrio de nuestro ecosistema, no lo suficiente como para romper con dicho equilibrio (porque de ser así ya no estaríamos aquí) pero sí para desbalancearlo lo suficiente de tal forma que las alteraciones tengan efectos nocivos en algunas comunidades. Después de ser alterada, la naturaleza busca regresar a su punto de equilibrio, para lo cual nosotros debemos pagar los platos rotos. 

    El argumento de la «naturaleza vengativa» es menos válido aún cuando nos referimos a los movimientos telúricos, dado que los terremotos son producidos por la fricción de las placas tectónicas que se encuentran decenas o centenas de kilómetros bajo nuestros pies, a las cuales el hombre no tiene acceso directa o indirectamente. Así, podemos afirmar de forma categórica que el ser humano no ha influido de ninguna forma en estos eventos. Los que crean teorías de la conspiración (por ejemplo, aludiendo a las bombas de Corea del Norte) quedan evidenciados cuando se percatan que dichos terremotos siempre tienen lugar en aquellos lugares de la tierra próximos a las fallas sísmicas, nunca en otro lado.

    Los seres humanos siempre hemos querido explicar por medio de mitos o narraciones románticas aquello que no podemos controlar. Que yo sepa, todavía no tenemos la capacidad de desviar o aniquilar huracanes artificialmente (e incluso sería peligroso hacerlo por el desequilibrio que podríamos causar) y ni siquiera tenemos la capacidad de predecir terremotos. Las alarmas sísmicas, por ejemplo, no predicen terremotos; sino que se activan cuando comienza el temblor en el epicentro que generalmente se encuentra a varios kilómetros de distancia de aquellas ciudades donde se encuentran las alarmas sísmicas (por ejemplo, la Ciudad de México o Puebla).

    Posiblemente en el futuro podamos tener más control sobre la naturaleza. Pero antes de darle vida a aquello que no la tiene por sí misma, tenemos que aceptar que la naturaleza es como es y adaptarnos a ella. No podemos desactivar un terremoto, pero podemos tener mejores códigos de construcción y una sociedad más educada. Lo mismo ocurre con los huracanes, podemos evitar de mejor forma que muchos seres humanos mueran en las catástrofes. 

    Los de este año no serán los últimos huracanes que veamos en nuestra vida (posiblemente veamos algunos más devastadores), de la misma forma, terremotos seguirán habiendo en nuestro país, y algunos de mayor intensidad. 

    La naturaleza es mucho más grande que nosotros. Ella no depende de nosotros (aunque ciertamente, tenemos la capacidad de destruirla), nosotros sí que dependemos de ella. No nos queda de otra que convivir con ella de una forma más armónica. Aunque no tenga vida, no piense y no tome decisiones (porque no tiene una conciencia).